domingo, 30 de enero de 2011

Mis Truños Favoritos- El Retrato de Dorian Gray, de Oliver Parker



Pues nada, hoy le ha tocado el repaso a la última pseudoadaptación literaria de uno de los grandes clásicos de la Literatura Inglesa. Me refiero, tal y como indica el título de este post, a la novela de Oscar Wilde.

Esta versión de 2009 está dirigida por Oliver Parker, que ya había dirigido en su día La Importancia de llamarse Ernesto, tambien de Wilde, y Othello, protagonizada por Laurence Fishburne, entre otras. De estas dos, vi la primera en el cine y no me pareció una adaptación del todo mala, pese a poner a la infumable Reese Witherspoon en el reparto (en mi opinión, me da igual que la hayan nominado a los Óscar, que haya tenido no se cuántas mil estatuillas o que le esculpan una efigie en mármol y oro. Yo la mandaba a la cola del paro) y a Rupert Everett en un papel que no le pegaba ni con cola. De la versión de Othello, sólo vi algunas escenas en uno de mis cursos sobre adaptaciones cinematográficas de obras de Shakespeare en el doctorado. No tuve ocasión de verla entera, ya que había montones de obras por analizar y estábamos haciendo un repaso rápido. Sin embargo, lo que vi no me parecio que desmereciese en absoluto la obra original.

Laurence Fishburne como el Moro de Venecia.

Pues nada, llegamos a esto y me quedo con las patas colgando.
Había terminado de leer la novela tan sólo un par de semanas antes y me dispuse a hacer mi clásica autopsia de la adaptación. Cabe decir que no me esperaba gran cosa cuando vi el trailer, porque me dio la impresión de que ponían a un Dorian Gray bastante hetero. Un par de amigas que la habían visto antes que yo me contaron que no, que la bisexualidad que se insinúa en la novela constantemente también aparece en la peli. "Bien", me dije. Salvado ese pequeño escollo que me echaba para atrás, ya no tenía reparos para verla.

Yo y mis prejuicios.

Resulta que me pongo a verla con mis padres. En casos como este, para saber si una adaptación de una novela es buena o mala, se sugiere encarecidamente verla con alguien que no haya leído el libro. Así, si como adaptación no os convence, siempre podéis preguntar al que tenéis al lado y ver, de un modo más o menos objetivo, si funciona como peli. Pues nada, ni una ni otra.

Así estaba yo tragándome la peli.

Os cuento: la adaptación empieza un poco a lo Tarantino. No, nada de diálogos ingeniosos ni violencia de esa que hace que os partáis el pecho mientras ametrallan a algún pobre desgraciado. Ojalá. Me refiero a que empieza por la mitad de la historia (tirando para el final) y, acto seguido, nos planta un flashback que dura media película. Esto no es del todo mal recurso, pero aquí... no termina de funcionar. ¿Por qué?
Bueno, en la novela (y a diferencia de la adaptación), Dorian Gray no es el primer personaje en aparecer ni mucho menos. Si medio habéis oído hablar de Oscar Wilde, entenderéis que era de la clase de personas a las que le encantaba poner a parir a la sociedad inglesa de la época, a la que consideraba (como mínimo y siendo muy, muy suaves), hipócrita. Es por eso por lo que Gray no aparece desde el primer momento, sino que aparece referenciado por Lord Henry Wotton y por el pintor Basil Hallward. Con esto, Wilde nos plantea una serie de expectativas sobre el personaje que hacen que, cuando tenga aparición por primera vez, un capítulo más tarde, llene la habitación con su presencia.

¿Qué hace Parker en esta adaptación? Nos planta a Dorian el primero, como en las obras de teatro del colegio, para que la gente sepa quién es el protagonista y no se pierda, vaya a ser que sean idiotas... Luego, una vez en el flashback, nos muestra cuando el protagonista llega a Londres. Eso podría estar bien... si no nos plantease un Dorian Gray que parece, simplemente, idiota. La elección de Ben Barnes como protagonista lo mismo podría funcionar con El Príncipe Caspian (el día que me arme de valor para verla os lo confirmo), pero en esta adaptación resulta, a todas luces, ridícula. Dorian Gray era un caballerete de la época, no un pelele que va por ahí con cara de tonto en plan "a ver qué me encuentro".


Aquí, Ben Barnes, otro actor de la generación "Non-actor", junto con Shia Laboeuf o Sam Worthington. Para poner su jeta en las carpetas de las chicas lo mismo cuela, pero como Dorian Gray no termino yo de verlo...

Conforme va avanzando la película, vamos viendo que la elección del protagonista, desgraciadamente, no es el único fallo: las cosas suceden de un modo descarado y atropellado. Para empezar, nos muestran a Henry Wotton como una especie de diablo de segunda (pese a estar interpretado por el gran Colin Firth, que hace lo que puede por salvar una película que se hunde ella solita) que se dedica a tentar a un gazmoño Dorian Gray llevándoselo a burdeles e incitándole a convertirse en un libertino. Los que hayáis leído el libro, corregidme si me equivoco, pero yo no vi eso en Henry Wotton ni por asomo. Yo vi un personaje ingenioso, con teorías radicales que quizás fascina a Dorian... pero de ahí a tentarle de esa manera tan descarada, no.

Más adelante, cuando se termina el famoso retrato, vemos que lo que parecía ser un deseo hecho realidad en la novela (el de ser eternamente joven) está planteado como un pacto con el Diablo. Por si no nos hemos enterado de qué va la historia, conforme va avanzando la peli, vemos que el cuadro hace ciertas chorradas gracias a la tecnología digital como meneítos cutres del lienzo, parir gusanos por un ojo o (mucho más adelante) estar a punto de salirse del cuadro. Tíos, era ver aquello y no tener la impresión de estar viendo El Retrato de Dorian Gray. Eso era Viggo el Cárpato de Cazafantasmas II.


Este tío.

Aparte, nos quieren colar una especie de trasfondo de maltrato sobre el personaje que, si aparecía en la novela (tampoco lo recuerdo), era una cosa tan sutil que Wilde no hacía un excesivo hincapié. Creo recordar que el padre de Dorian sí culpaba a éste de haber matado a su madre en el parto; de ahí a encerrarlo en el desván y darle de hostias con un bastón, hay un mundo de distancia.

Otro punto que me ha llamado la atención es que me ha dado la impresión de que Parker quería parecerse aquí a Coppola en Drácula: añade tramas sexuales que, si bien no desentonan para nada con la novela (Dorian Gray, al ser eternamente joven, da rienda suelta a sus deseos más salvajes), lo convierte en un absurdo de tetas y culos. Para empezar, me parece muy buena la idea de que el protagonista seduzca a una dama que apenas acaba de tener su primer período. Vale, no es del todo descabellado si lees el libro; lo que es una chorrada como la copa de un pino es que la seduzca en mitad de una fiesta con su madre en el piso de abajo. Otro punto similar es el hecho de que Gray monte orgías en su propia casa en plan Hugh Hefner. Vamos a ver: que sí, que a Dorian Gray le iba todo ese rollo, pero no olvidemos que vivía en una sociedad Victoriana. Wilde, al escribir la novela, hace gala de lo que podríamos llamar "trama en dos niveles": por un lado, la fachada "social" de Dorian, que acude a las fiestas de la alta sociedad como un caballero más, aunque dotado de un cierto carisma gracias a su belleza y su porte; por otro, el verdadero Dorian, el hombre que no envejece y que da rienda suelta a sus perversiones, peleando a brazo partido con los marineros en los puertos. Yéndose de prostitutas durante décadas. Que fuese eternamente joven no implicaba que fuera eternamente estúpido para hacer las cosas de un modo tan descarado.



Llegamos al tema de Sibyl Vane. La ridiculez en estado puro, y que demuestra que el guionista no ha pillado ni papa de la historia. Para empezar, nos colocan a la pobre Sibyl en un burdel dando vueltas para que la recoja su hermano; en la novela, la primera vez que aparece es donde tiene que estar: sobre un escenario, como actriz que es. El personaje refleja uno de los grandes temas de la novela, que es la inmutabilidad del arte: Sibyl capta la atención de Dorian en tanto en cuanto es una buena actriz, pero en el momento en que se compromete con él, se desconcentra y pierde su "brillo". Dorian (que es mucho más amoral que el pelele que nos muestra Parker) nunca estuvo enamorado de ella, sino del arte que desprendía (una especie de paralelismo con el retrato y con su belleza inmortal, si os fijáis); en el momento en que ella deja de ser una fuera de serie, la abandona. En esta versión, la explicación es simplista: Dorian abandona a Sibyl básicamente porque ella le echa en cara irse de putas. Pues vale, pues muy bien.

Quizás el punto mejor reflejado de la adaptación es la relación entre el pintor Basil Hallward y Dorian, aunque quizás demasiado explícita. En la novela se alude constantemente a la bisexualidad del protagonismo y a la homosexualidad del artista. En la película empieza bastante bien, con cruces de miradas cómplices. La va pifiando conforme avanza; nuevamente, vemos que todo se vuelve muy descarado, como si el director pensase que el espectador es tonto y no entendiese las cosas a menos que se las pongan en bandeja: el compromiso con Sibyl, que en la novela es anunciado a Basil casi en último lugar, nos pone de manifiesto que los sentimientos de Dorian (si es que tiene) son efímeros y se olvida rápidamente de amigos (o posibles amantes) cuando tiene a una nueva persona en su ángulo de visión (la visión romántica y pasajera del amor o el deseo). Basil ahí se siente herido y el distanciamiento se vuelve progresivo hasta la última aparición de éste. Aquí está con todo el mundo y simplemente pone mala cara cuando se entera.


Más adelante, vemos que sí, que Dorian sí le hace caso y, en vez de expresarlo con algún ingenioso diálogo, ¿qué hace Parker? Pues lo plantea con las libertades que se tomó Coppola en Drácula... pero sin ser Coppola, claro: Dorian se baja la bragueta y Basil se pone de rodillas. Adiós insinuación. Adios sutileza.


Poner tetas en una peli Victoriana no es necesariamente malo, si sabes qué dosis de carne debes incluir. Coppola lo hizo con su libre adaptación de Drácula; salvando el hecho de que justificaba al vampiro y lo ponía como un romántico empedernido, fue bastante más respetuoso que Parker...

Desaparecen personajes de la novela que, si bien no son puntales, sí que ayudan a entender un poco la maldición de Dorian. Me refiero al caso concreto de Alan Cambpell, un joven científico al que [SPOILER, SI NO HABÉIS LEÍDO LA NOVELA NI HABÉIS VISTO LA PELÍCULA, NO LEÁIS ESTE APARTADO] el protagonista chantajea para que haga desaparecer el cuerpo de Basil Hallward una vez éste lo ha asesinado a puñaladas (leo en Sparknotes que hay muchos críticos piensan que el chantaje es de índole sexual, aunque aparece descrito en la novela de un modo implícito y discreto); al ser incapaz de soportar la carga de un secreto tan grande y el chantaje, Campbell se suicida. Este suicidio, al igual que el de Sybil, nos muestra que la eterna juventud no es más que una maldición: saca lo peor de una persona y hace que todos cuanto rodean a Dorian acaben muriendo por su culpa.

Aparecen personajes que en la novela no existían, como la hija de Lord Wotton, con la que aparece una subtrama romántica/sexual cuya función no queda del todo clara: al principio Lord Henry odia a Dorian por acostarse con su hija (cómo no, viendo cómo las gasta el muy truhán), pero poco después parece aceptarlo de buen grado. La razón (así lo entendí yo) aparentemente es como una especie de trampa que Henry tiende a Dorian: hace que esté distraído con su hija para así poder echar un vistazo al cuadro. Si esta interpretación es correcta, no sé cuál de los dos es más cabrón: si Gray por no tener corazón o Wotton, por tenerlo y usar a su hija como peón. En fin, esto es interpretación mía.

[SPOILER: NO LEÁIS ESTE PÁRRAFO SI NO HABÉIS LEÍDO LA NOVELA O NO HABÉIS VISTO LA PELÍCULA] Llegamos al final, donde Wotton y su hija tienen una especie de duelo con Dorian Gray por ver el retrato. En la novela era algo mucho más discreto, con un protagonista hastiado de todo apuñalando el cuadro, donde vemos que hay retratado un hombre viejo, feo y amargado. Aquí tenemos la típica escena cutre con llamas por medio y una tubería de gas que nos anticipa una explosión (menos mal que no tiene lugar, porque Hollywood ya es experta en chorradas como esa). Dorian mata a su retrato (que está a punto de salir del lienzo) a espadazo limpio, a lo Alatriste y el fuego, por algún motivo que no alcanzo a imaginar, no lo quema. Es decir, un final películero y efectista que no es en absoluto necesario.


Tomad nota, futuros directores: si vuestra peli no acaba así, Hollywood pasará de vosotros como de la mierda.

Aparte de todo esto, la película como película, aburre: la primera media hora va echando hostias de velocidad y te cuenta todo lo importante en apenas un rato (no se cuenta cómo ve Basil su propia obra ni por qué no se atreve en un principio a exponerla); a partir de ahí, languidece mientras intenta captar la atención poniéndote tetas que revientan entre los corsés y danzas africanas en mansiones Victorianas. Mucha imagen en plan postal de lo guapo (e insulso) que es Ben Barnes. El lenguaje cargado de ingenio y los comentarios incendiarios contra la hipócrita sociedad Victoriana se reducen a su mínima expresión; los chascarrillos donde se ridiculiza a los americanos simplemente desaparecen prácticamente en su totalidad (creo que ya vamos viendo a qué público está dirigida la película) y todo lo que podía hacer pensar al espectador se convierte en una cosa tan puesta en bandeja que hace que éste se aburra de verlo todo tan claro. Aquí hablo por la experiencia a la que sometí a mis pobres padres, que a la mitad de la película dijeron lindezas como "Por mí puedes quitarla ya, porque esto es un coñazo".
La ambientación es sencillamente penosa, con edificios hechos con un 3-D tan malo que da la impresión de que estás viendo un puñetero videojuego y con decorados que se nota que son decorados la mayor parte de las veces (véase el cementerio donde está la tumba de Sybil). La música normalita y las actuaciones, salvando la de Colin Firth, olvidables al ratillo de haber terminado de verla.

En resumidas cuentas, que no sé qué puñetas le ha pasado a Oliver Parker. No es que me haya parecido un pedazo de director nunca, ni mucho menos... pero lo que no me podía esperar era que se sacase de la manga esta pedazo de chorrada tan grande y encima tener la cara de decir que está basada en la novela de Oscar Wilde. Sinceramente, si Oscar Wilde se levantase de la tumba, muy probablemente escribiría la segunda parte de De Profundis para dejar claro lo que le parece este truño. Si yo fuera él, lo haría; y tengo mucha menos mala leche que el escritor irlandés.

martes, 18 de enero de 2011

Escupiendo Rabia- Historias de la Puta Guerra

No falla.
Vas a una Feria del Libro, te metes en cualquier librería donde el material básico sean best-sellers, y ahí lo tienes: libro sí y libro también que trata sobre el temita de marras. Te vas al cine a ver una peli hecha en nuestro país y, oye, la mitad de lo que sale en pantalla, o bien las películas que pegan el pelotazo con yo no sé cuántos premios de crítica y esas cosas, igual.

Todo el mundo dándole vueltas a la puta Guerra Civil, como si no nos hubiéramos enterado de que hubo una que puso España patas arriba.

Pero el hecho de que se hable del tema no es lo malo, ni mucho menos. Es un episodio de nuestra historia y, de entre los más recientes, quizás sea el más importante. Lo que me cabrea es el hecho de que algo tan bestia y destructivo se haya convertido en un fenómeno de masas, como si el hecho de leer salvajadas (reales o ficticias, pero plausibles en un contexto similar) nos gustase. Como si eso alimentase el morbo.

Muchos ven el que probablemente sea uno de los capítulos más vergonzosos de la Historia Española como algo romántico: para unos, la caida de la República fue la solución (más o menos justificada, más o menos comprensible) a años de corrupción política; otros, en cambio, piensan que la rebelión contra el autoritarismo que empezaba a despuntar en nuestro país era una defensa en pos de las libertades.

Os voy a decir qué pienso yo: la guerra es una mierda.



Me hace muchísima gracia cuando veo chavales de veinte años que hablan del tema con una facilidad pasmosa, viviéndolo con fervor. Sintiéndose parte (a estas alturas de la película) como integrantes de un bando u otro. Tomándose como algo estrictamente personal lo que hicieron antepasados suyos a los que ni siquiera conocieron. La mayoría ni siquiera saben qué hicieron sus bisabuelos exactamente durante el conflicto; no tienen ni idea de si ese hombre (o mujer) mató inocentes. No saben si violó a alguien, si saqueó un pueblo. Si le voló la cabeza a un crío de ocho años a punta de pistola en la tapia de un cementerio. Esos episodios jamás trascienden de una generación a otra. Son secretos que se van a la tumba.

Lo poco que yo sé de la Guerra es lo que contaron mis abuelos. Vivieron el conflicto cuando eran niños y no recordaban demasiado, aunque sus hermanos mayores sí que estuvieron en el frente. No, no me preguntéis en qué bando. Nunca lo he sabido, ni me he molestado en preguntarlo. No me ha interesado nunca saberlo. ¿Por qué? Porque una guerra es algo que atañe a la gente de la generación que vive en ella: lo que hicieran los hermanos mayores de mis abuelos, o puede que sus padres incluso, es algo que les pertenece a ellos y a la gente que vivió en esa época. Yo apenas les conocí. Por muy familia mía que fuesen, no me siento con las fuerzas para apoyar a alguien de quien no sé apenas nada. Y por mucho que me contasen, si esos familiares míos hubiesen cometido algún crimen de guerra, sería imposible que esa noticia me hubiese llegado a los oidos. No son cosas para irlas aireando.


Niños jugando a fusilamientos durante la Guerra. Señal de que las cosas iban rematadamente mal. Hoy en día también tenemos niños que juegan a fusilarse unos a otros, sólo que dialécticamente.

Por eso me resulta todo esto tan irónico. Todos hablamos de nuestros antepasados como héroes, sean del bando que sean. Pero, al mismo tiempo, sabemos que en la Guerra Civil se cometieron atrocidades que todavía hoy hacen que se nos caiga la cara de vergüenza. Es muy inocente pensar que los nuestros eran bellísimas personas y los otros eran los malos. Es ingenuo ir por ahí diciendo que a no sé quién lo mataron en el frente, sin pensar en cuántos pudo matar él antes. No, eso no es hablar de la Guerra Civil. Es hablar de La Guerra de las Galaxias.


Y hasta los soldados imperiales eran personas de carne y hueso con sus necesidades...

Algo tan salvaje no puede ser en la vida romántico, por mucho que se quiera revestir de ideales. Cuando tienes a tu hermano o tu vecino al otro lado de tu trinchera y tus superiores te obligan a dispararle no hay ideales que valgan. Ni siquiera los ideales eran verdaderos ideales: salvando los fanáticos (que había como en cualquier otra guerra) la mitad de los soldados eran chavales reclutados en sus pueblos por los distintos bandos. Estaban tan tranquilos una mañana sembrando patatas y al día siguiente eran Azules o Rojos. Obligados a matar. Nada puede justificar esas burradas.
Y es que la guerra (ya no la Civil Española, sino cualquiera) es la clase de sucesos que sacan lo peor de cada uno: en la guerra mueren civiles, se violan mujeres; se tortura a gente. Se mata a hombres desarmados. Se saquean pueblos. Se queman casas con la gente dentro. Se mata a otros porque, supuestamente, no piensan como tú. Se denuncia a gente que a uno le cae mal para que los soldados le "den un paseo" y se lo carguen. Los soldados son lanzados a morir en misiones suicidas; en el mejor de los casos, mueren. En el peor de los casos, sobreviven recordando esas atrocidades todos los días de su vida, cuando no mutilados o directamente locos. Es la clase de sitios donde te despiertan en mitad de la noche para que corras a refugiarte, que hay un bombardeo. Te escondes debajo de la cama y te echas a rezar porque las bombas no alcancen tu casa. Esperas no perder a tu familia, ni tu hogar. Donde puedes pasar de vivir de un modo más o menos estable a estar en la puta calle.
Eso es una guerra y no la mierda que nos venden de los buenos contra los malos. Ni siquiera el exilio, tan puesto de moda en las biografías de artistas y poetas, como si eso fuese un orgullo, era algo agradable: ¿A quién le hace gracia que le recuerden por haberse tenido que ir de su país por miedo? ¿Qué orgullo hay en tener que abandonar tu hogar?
Por eso me sigo preguntando por qué hay gente que se comporta como si todo eso hubiese sido algo glorioso. Por qué hay gente que parece querer que sigamos en guerra.


Johnny cogió su fusil. Una peli para que los más belicosos os vayáis enterando de lo que es ir a la guerra. Si os gusta Metallica, la cancion One es una referencia directa a esta historia.

La Guerra sigue ahí. No, no la hemos superado. Seguimos siendo Dos Españas. Rojos contra Fachas, palabras que deberían haberse borrado de nuestros diccionarios hace siglos, siguen vigentes. Quizás con otro disfraz (a los rojos los llaman progres, y a los fachas, directamente de todo), pero el odio sigue ahí. Diréis: "es que es nuestra historia, es que son nuestros abuelos". Sí. No lo niego. Pero entonces explicadme por qué la juventud de Alemania, que ha tenido durante años el estigma de los Nazis (algo a nivel mundial mucho más deleznable que nuestra Guerra, quizás por la repercusión mediática) no se siente en absoluto responsable de lo que hicieron sus antepasados. Lo que hacemos, si os fijáis, es tan ridículo como empezar a pensar lo que hicieron, no ya nuestros abuelos, sino nuestros ancestros en la Guerra de Independencia, las Guerras Carlistas o en las mismas Cruzadas. ¿De verdad queréis seguir anclandoos en el pasado?

Alguien dijo una vez que conocer la Historia es el mejor modo de no repetirla. Y es verdad, hasta cierto punto. Ahora hay más información que nunca sobre la Guerra Civil Española, pero se usa como propaganda política: gracias a las Dos Españas de entonces, tenemos el bipartidismo político que tenemos. La gente se obceca en una facción concreta, gobiernen bien o mal, porque piensan que le deben algo a sus padres o abuelos. "Porque es tradición". Porque si hiciesen lo contrario, traicionarían un legado.


Simbología de las Dos Españas. Cuadro de Goya, que vivió antes de la Guerra Civil, pero sabía de qué iba el rollo...

Despertad.
¿Qué creéis que dirían nuestros antepasados? ¿Qué diría mi abuelo, o los hermanos de mi abuelo, ante la escalada de odio entre las mismas facciones? Yo no sé los vuestros, pero si los míos hubiesen sido personas en su sano juicio, habrían dicho: "¿Es que no habéis aprendido nada? No hagáis los gilipollas y no os metáis en esta mierda". Y si no lo hubiesen dicho, sinceramente, me importa un bledo su legado.
Llamadlo ignorancia, si quereis. Puedo aceptarlo. Prefiero aceptar ser un ignorante que no quiere regodearse en detalles de lo sangrienta que fue la vida de la gente que nos precedió. No quiero recrearme en las miserias de mi país, ni pensar en la cantidad de cosas que AMBOS bandos hicieron. Sí, digo ambos, leed por ahí. No hubo víctimas ni verdugos. Ni buenos ni malos. Ni héroes ni villanos. Cuando UNO SÓLO de los supuestos héroes (da igual la facción) llega y viola a una mujer, mata a soldados que se han rendido, saquea un pueblo o protagoniza una masacre, me importa una mierda el bando al que pertenezcan. Se han manchado las manos de sangre. Se han meado sobre los supuestos ideales que representan y hacen que siga sintiendo asco de lo cerda que puede ser la especie humana.


Si os gusta Black Sabbath, la canción War Pigs es precisamente un alegato en contra de esto. Podéis encontrarla en el disco Paranoid, que tiene otras canciones sobre la militarización y la guerra como Iron Man, Electric Funeral o Hand of Doom.

Pero son cosas que se hicieron en el pasado. Son cosas que ahí se quedaron. Por duro que suene, lo hecho hecho está y cabrearnos más o menos no va a cambiar absolutamente nada a estas alturas de la película. Lo importante es no repetirlas. Para ello, tenemos que aprender a pasar página y no cometer los mismos errores que la gente que vivió en los años 30. Pasar ya de gilipollces como "es que este tío es facha", "es que este tío va de progre". Hay ideas buenas y malas en todas partes. Hoy en día, como en aquella época, no hay víctimas ni verdugos. Todos, absolutamente todos, somos responsables de esto. Podemos unirnos y hacer algo grande o podemos estar todo el puto día divididos, cabreados, que es lo que conviene a los de arriba. Podemos seguir en guerra unos contra otros, si os da la gana.
Pero luego no tengáis la cara dura de quejaros.

miércoles, 12 de enero de 2011

Escupiendo Rabia- Se venden filólogos al peso, o "Parados porque a más de uno se le ha puesto en los cojones"



Pues nada, otra vez que el personal me toca la moral. ¿De qué va el rollo esta vez?

Os pongo en situación. Hará cosa de un año y pico me llamó una amiga de la carrera diciéndome que conocía a una directora de un colegio. Según lo que decía esta amiga mía, necesitaban urgentemente un Licenciado en Filología Inglesa que tuviese hecho el CAP. Allá que fui, porque ya sabéis lo malo que es esto de cobrar en negro. Con suerte, tendría un contratito de unas pocas de horas, cobraría poco... pero oye, un trabajo es un trabajo. Más si cotizas y esas cosas.

Total, que llamo a esta buena mujer por teléfono: me pregunta por mi formación y le dije que, tal y como pedía, tenía la licenciatura, el CAP, acababa de terminar un Doctorado en Lecturas Modernas de la Literatura Inglesa, que tenía además varios cursos específicos de inglés y Formador de Formadores (algunos lo conoceréis como Formador Ocupacional). Sin ánimo de pegarme el vacile, la tía flipando. Tampoco tiene tanto mérito cuando te pegas casi cinco años dando tumbos desde que terminaste la carrera, de un curso para otro para no morirte de asco...
Total, que yo pensando "bueno, a ver si me hace hueco"... hasta que la colega me pregunta esto: "¿Y cómo andas de francés?"
Por un momento pensé que se trataba de un chiste guarro, pero ya que la mujer no me había visto en su vida y que era la primera vez que hablaba con ella, descarté la idea de pleno: la tía me preguntaba cómo ando de conocimientos en lengua francesa.
Mi respuesta, como habreis imaginado, fue la de una persona honesta que ha estudiado Filología INGLESA: "Pues no tengo ni la menor idea, señora".

No os cuento cómo terminó aquella entrevista, porque ya sabéis que sigo sin contrato por ninguna parte.


Ya lo habéis adivinado: a la puta calle.

Bueno, después de este antecedente, me llama mi tía hace un rato, informándome de cómo está el mundo del empleo. Me cuenta que sí, que están pidiendo Licenciados en Filología Inglesa, pero agarraos: ahora no piden francés.
¿Sabeis qué piden?
Piden conocimientos medios (no cualquier cosa, ojo) de Francés y además, conocimientos de Alemán como para poder impartir clases.

Para tocarse los cojones y dejárselos en carne viva a base de tocada máxima.

Para los que no provengáis de una Filología, os cuento: estudiar Filología consiste en aprender lo principal de una lengua a lo largo del tiempo, así como su literatura y su historia. Se imparten también nociones de lingüística general o lingüística aplicada a determinados ámbitos.
Subrayo: el objetivo es el de la lengua INGLESA, y la literatura y la cultura de países de habla INGLESA.

La soplapollez esta que me he encontrado, para entendernos, es como si alguno de vosotros es informático y os piden conocimientos de cristalería: "claro, en un ordenador hay cristal... en la pantalla", o si sois neurocirujanos y os dicen en un hospital que sí, que buscan uno, pero que no te contratan porque no tienes conocimientos de oftalmología.

Al final sólo podrá currar este tío... el Kyle XY, que sabe de todo y no se queja de nada.

Por otra parte, es cierto también que en las Filologías suele haber cursos optativos de un segundo idioma. Vale, ya podemos corrernos todos de gusto. Os explico en qué consisten esos cursos, para responder a todos aquellos que piensen que con eso queda cubierta la necesidad: los cursos de segundo idioma son optativas de pocos créditos que se imparten durante DOS años de la carrera. Esto quiere decir que vienen a ser poco más o menos que asignaturas "marías" (aunque a mí me jodieron a base de bien dando literatura francesa por la putísima cara) que te dan de un modo más o menos de aquella manera. Añado también el hecho de que si no se consigue aprender una lengua decentemente en cuatro años de carrera (no voy a dar nombres, pero sé de más de uno y de más de dos compañeros que se sacaron la licenciatura con un inglés tipo "My tailor is rich" que podéis quedaros con la mandíbula colgando), mejor no os imaginéis lo que se puede aprender en dos cursos, dando sólo un par de horas a la semana.

El estudio de un idioma es un sacrificio que conlleva AÑOS. Más que lo que dura una titulación. E implica mucho esfuerzo y ganas de currárselo por cuenta propia. Prueba de ello son los tropecientos cursos de inglés específico que he dado aparte y mi pensamiento de que todavía no domino esa lengua ni por asomo sigue ahí.

Lo que me toca la moral es el hecho de que parece que vivimos en una sociedad de putos ignorantes, que se piensan que por haberte pegado siglos de tu vida (no cuento la etapa de primaria y secundaria porque el nivel que se imparte ahí, me consta, ofende la inteligencia de cualquier criaturilla por debajo de los dieciocho años) estudiando una lengua y una literatura específicas como un cabrón ahora resulta que puedes controlar cualquier otra lengua que se ponga por delante. Hala, como los putos robots. "Si sabes un idioma extranjero, ¿qué más te da saber otro?"


Lección número 1: Estos son ingleses.


Y esto un francés. Las diferencias son claras y evidentes...

Pues mi explicación va aquí: porque para un puto idioma que medio hablo, lo que quiero es hablarlo BIEN. Que se me entienda y que cuando me pregunten por qué algo se dice de una determinada manera no me salgan los colores por no tener ni puta idea. Porque mis sacrificios van para un idioma que entiendo y que me gusta, y no para la moda de lo que se pida en la temporada.
Porque me cabrea enormemente que los centros educativos y de formación se pasen por el culo el hecho de que una persona se puede especializar en uno o dos, o incluso tres idiomas y lo que prefieran es el número al dominio: si dices saber ocho idiomas pero no pasas del "hola que tal" te cojan antes que si sabes uno o dos pero controlándolos: el hecho de contratar profesores licenciados en Filología Inglesa pero que sepan de todo es simplemente por el triste hecho de no querer pagar a más gente. Así de claro: la pasta antes que la educación.

Así, en plan masivo. Alumnos como pollitos con profesores a los que han formado indebidamente  en lo que se pide.

Y aparte, la hipocresía del personal, diciendo que conviene especializarse en una materia y dominarla, para que luego te digan que no, que tienes que estar abierto a una educación plural. Os pongo el ejemplo de la enseñanza bilingüe para que veáis la pedazo de mentira que nos quieren vender con eso: quieren implantar el sistema de enseñanza bilingüe para equipararnos con la UE. Guai. Chuli. Supermegachupi, si se me permite la expresión... pero, ¿qué pasa ahora? Pues que entre las reformas y contrarreformas en las carreras de idiomas (otro día hablo de esto, que va para largo) y la falta de puestos disponibles para formadores, los profesores que pueden llevar veinte años impartiendo su asignatura ahora tienen que ir reciclándose. Bueno, normal... lo que quizás no os parezca tan normal es el hecho de que para eso se imparten cursos de la Escuela Oficial de Idiomas que duran unos dos añitos.
Dos añitos para enseñar matemáticas, historia, conocimiento del medio o economía en otra lengua (preferiblemente inglés o francés, a convenir, dependiendo del centro). Qué par de pelotas hay que tener para aventurarse en esto (y proponerlo). Pasaos por los colegios e institutos y entendereis a lo que me refiero. Y no queráis imaginar quién se va a llevar la culpa cuando el fracaso escolar aumente a pasos de gigante en los primeros años de implantación de este sistema.

Exacto: estos.

Puede que muchos de vosotros no terminéis de ver del todo claro lo que quiero decir. En ese caso, quiero que penséis atentamente en algo a lo que hayáis dedicado mucho tiempo de vuestra vida; que estéis en una situación, que no es crítica, pero que desde luego que os gustaría mejorar. Y que un buen día, aparezca alguien diciendo: "buscamos gente como tú, que haya hecho eso que te ha costado tanto". Me imagino que vosotros seréis de los que levantaréis el dedo diciendo "pues cuenta conmigo". Pues tan sólo imaginad la cara que se os queda cuando os rechacen diciendoos que no sois lo que buscan porque no sabeis tocar la balalaika, que está muy de moda en centros formativos. Y que cuando aprendáis a medio tocarla, os digan que eso no sirve para nada, que se lleva la flauta travesera. Y así una y otra vez, y otra, y otra.

Supongo que os parecerá absurdo... Pues en ese caso, creo que ya vais pillando el por qué me cabrea esto tanto.

Pero vamos a evitar malas interpretaciones: con estas palabras, no digo en ningún caso que la gente no deba ampliar conocimientos, ni que no tenga por qué estudiar más idiomas, si le apetece. Soy el primero en decir que debemos aprender todo cuanto podamos en nuestra vida y que no debemos caer en la medianía de autolimitarnos.
No, lo que vengo a denunciar aquí es la falsedad de los contratadores, que piden una cosa concreta cuando realmente lo que quieren es otra, sin importarles nada más que el dinero que se van a ahorrar. Porque fijaos, a mí me pidieron Francés la primera vez; imaginaos si lo hubiera estudiado: ahora lo tendría a medias, posiblemente en un segundo de la Escuela de Idiomas (o equivalente homologado) y ¿qué pasaría a continuación? Que ahora piden alemán. Estudias alemán y a lo mejor piden, no sé, sueco el año que viene. O chino. O lengua aborigen australiana. Que oye, no es por no estudiarlo, pero que al menos te valga para algo... y todo por no pagar a más gente. ESO es lo que me enferma sobremanera. El racanear con la formación. Eso es vergonzoso.

Mirad bien a C-3PO y recordad que el día que inventen una máquina que pueda hablar nueve millones de formas de comunicación lo contratarán a él y los que hemos pringado como tolais en la Universidad o centros especializados en la enseñanza de idiomas nos dedicaremos al oficio más antiguo del mundo.

Pero ya el descojone es cuando veo la entrevista a nuestro Líder, al que le falta sacarse la chorra y meneársela de gusto al escuchar sus propias gilipolleces, diciendo que el futuro está en la formación. ¿Sí? Pues venga, ahora me explicas para qué coño sirven los cursos de Formador Ocupacional cuando Gobierno, Autonomías y Sindicatos recortan la salida de esos cursos. Para qué nos hemos pegado seis o nueve meses haciendo eso, para que luego nos digáis: "no, es que ahora necesitamos uno de orientador laboral". Luego haremos el de orientador laboral y nos diréis "sí, pero ahora vamos a pedir el de masturbador ambidextro". O bien cuando te enteras de que las empresas ahora no contratan a licenciados porque tienen "demasiados estudios". Y así la misma puta mierda de siempre.

Haciendo trabajos muy por debajo de nuestras posibilidades, con jefes que saben mucho menos de ello que nosotros...
"Hacemos trabajos que no queremos para comprar coches que no necesitamos"...

Porque lo que hacéis es crear puestos de trabajo para vuestros putos colegas; los metéis a ellos en esos cursos y poco después los exigís. Así ya tenéis colocados a vuestros amiguitos y vuestros sobrinos... que pueden estar mejor o peor preparados que nosotros, pero volvéis a demostrarnos que en este puto país de subnormales y trogloditas NO somos todos iguales.

Y luego están los otros cursos. Esos a los que entras. Esos que te prometen el puto oro y el moro, pero que cuando sales te quedas como estabas, sólo que con un año más de vida y exctamente con las mismas expectativas de curro... y es cuando te das cuenta de que eso de "el futuro está en la formación" quiere decir que lo está para ellos. Para llevarse subvenciones y chupar pasta. Así funciona esto.
Me partía el invierno pasado cuando llega nuestro Honorable Líder diciendo que la formación equivalía a estar trabajando. Bueno, pues si se dice eso, que predique con el ejemplo; que sea consecuente y que nos pague las putas horas del curso, ¿no?


Respuesta del Gobierno ante mi propuesta.

Pero no. No soñemos despiertos. Aquí el personal va a seguir mareándonos, pero al mismo tiempo diciendo que van a crear empleo. Y al mismo tiempo de chotear a la gente que está en edad de currar y que tiene ganas de tener un puto contrato de una vez y dejarse ya de mierdas que tienen la misma estabilidad del puente aquel que salía en Indiana Jones y el Templo Maldito, se aumenta la edad de jubilación en dos años de modo INNEGOCIABLE.
Por favor, que ningún político venga a hablarme a estas alturas de la peli de que están abiertos al diálogo y que son personas que luchan en pos de la democracia. No sólo no me lo voy a creer, sino que me voy a partir el pecho de la risa en su jeta.

domingo, 9 de enero de 2011

Mondo Chorra- Sobre creación de historias y demás cosas




No todo lo que veis en este blog va a ser mala leche condensada (aunque muchas veces sea así, claro). Hoy, por ejemplo, me apetece explotar la vena de escritor cutre, por lo que me he propuesto hacer una pequeña guía sobre la forma que tengo de concebir una historia. Esto no quiere decir que el método que uso sea mejor o peor que algunos otros que ya conozcáis, en el caso de aquellos Distópicos que también tengáis como afición eso de aporrear teclas... simplemente es una especie de análisis descriptivo. Conociéndome, lo más probable es que de aquí a cuatro años lo revise y lo acabe reubicando en la sección de Mis Truños Favoritos (como si lo viera). En cuanto a aquellos que estéis buscando un método para escribir, espero que al menos esto os sirva como orientación... ¡aunque sólo sea para saber lo que no tenéis que hacer!

Empezamos:


1. Dándole vueltas a la idea principal: Muchos escritores, algunos de ellos amigos míos, empiezan sus historias por la historia y luego van añadiendo subtramas y personajes. Este es el método que, hasta ahora, he visto más frecuente en la mayoría de gente que escribe con la que he hablado. Es decir, planteas el tema del que quieres hablar, y a partir de ahi, vas insertando los personajes que más te convienen. Por ejemplo, Alejandro Castroguer (amigo y seguidor de este blog, así que cuidadito con los comentarios que soltáis) me ha comentado alguna vez que a veces incluso deja el personaje vacío y va escribiendo la trama. Más adelante, añade ese personaje (a veces basado en gente real a la que conoce) y lo va adaptando poco a poco a lo que quiere contar.
Como estoy como una cabra, resulta que no me apaño con ese método. Voy lo hago justo al revés. A mí me gusta partir un poco de la idea que se llevaba en el Renacimiento: que más que la idea de lo que cuentas, lo que importa es cómo la cuentas (véase el caso de que, por esa época, no había historias originales, sino que la mayoría eran versiones de leyendas medievales, romances, etc. Tomad como ejemplo Hamlet, que estaba basada en un Ur-Hamlet alemán, y éste a su vez, en una leyenda danesa). Lo que hago entonces es pensar en una idea básica (apenas un par de líneas) y centro los esfuerzos en crear personajes.





2. Personajes: esos colegas inexistentes: Este es quizás mi apartado favorito. Para mí una novela no es más que una serie de acontecimientos que hacen que los personajes evolucionen y se adapten al medio: en otras palabras, una excusa para ver como éstos crecen y se desarrollan (o mueren). Algo del estilo a lo que en literatura se llama Bildungsroman o, en cristiano, "Novela de desarrollo de personajes".
¿Por qué esto y no lo otro? La respuesta es obvia: a mí me resulta más sencillo. Cualquier otra explicación que os dé es una chorrada.
Llamadlo también influencia del teatro, donde lo que es la acción viene determinada, en gran parte, por la actuación de cada personaje; donde cada papel tiene un peso particular en la obra y va activando acciones como si se tratase de un resorte. Aparte de eso, soy de la creencia que una novela ya puede contarte lo que le de la gana, que si los personajes son gente a la que detestas, con la que no te identificas o simplemente carecen de interés alguno, te acabas distanciando de lo que se te cuenta y te acabas aburriendo.

Concebir a un personaje puede ser tan intenso o extenso como queráis. El primer paso es visualizarlo como si se tratase de una persona real (incluso podéis basarlos en gente que conozcáis). Mi amigo Carlos López me habló en su día de las "escaletas": aparece un personaje en tu historia y creas una ficha (o bien la creas antes, como prefieras). En esa ficha lo suyo es poner todos los datos posibles, aparezcan o no en la historia: bien físicos como la altura, el peso, el color de ojos, etc; bien personales, como música favorita, cosas que le gustan o las que odia.


Al respecto de esto, me acuerdo de una charla que dio Salvador Navarro, escritor de No te supe perder, donde él contaba el método de las 100 preguntas para diseñar un personaje. Él coge un personaje y le hace una entrevista con 100 preguntas, pasando desde lo más trascendental a lo más mundano, con la intención de que su personaje esté totalmente definido. Para la última revisión de mis historias adapté esa idea, con algunas preguntas de menos (yo me quedé en unas 40 o así), y la verdad es que funciona muy muy bien. Cuando consigues visualizar tu personaje, darle una voz propia, y que cada respuesta la dé él y sólo él, ya podemos hablar de un personaje más o menos preparado para la acción: su personalidad servirá para hacerle reaccionar ante el episodio más simple que le pongáis por delante. En el momento en que haya una acción externa y una reacción por parte del personaje, ya podemos iniciar una trama. Con el pequeño plot básico que habéis concebido al principio, ya tenemos el principio de algo.


Si os gusta dibujar, incluso podéis añadir vuestros propios diseños para los rasgos faciales o incluso el vestuario.

También hay que destacar el papel de los personajes secundarios. Esto ya es particularmente personal, así que podéis pensar que estoy completamente loco, o bien estar de acuerdo conmigo. Ambas posibilidades son más que factibles.
Un secundario puede convertirse en un personaje principal en cualquier momento, si concebís la novela como algo coral. Es decir, que la voz del protagonista o protagonistas no es la única en ningún momento. ¿Qué aporta esta concepción? Aporta pluralidad de puntos de vista y evita la tiranía de ciertos personajes. Yendo aún más lejos, si el lector no se siente identificado con el protagonista (no es imprescindible) siempre puede quedarse con un secundario que capte su atención.

Ejemplo de secundario que mola: el Cazador de Judíos de Malditos Bastardos.

Otra cosa: nunca nunca nunca os hartéis de un personaje. No hagáis como esos directores de cine que desprecian a un personaje y los llevan a una dinámica de ridiculización (me viene el caso del sobrevalorado Álex de la Iglesia, que demuestra un desprecio injustificado por ciertos personajes que se ve que, simplemente, le caen mal. Ejemplo: el padre de la chica secuestrada en Perdita Durango). Todo personaje, bueno o malo, debe tratarse con respeto. ¿Qué queréis hacer una caricatura? Hacedla, pero no caigáis en la ridiculización simplona: si el personaje tiene algo que queréis denunciar, debe tener algo bueno aunque sea mínimo. Si no, más que un personaje, se tiene un arquetipo.
Por supuesto, podéis hacer una caricatura completa, como hacía Toole en La Conjura de los Necios. Sin embargo, si vemos el personaje de Ignatius en esa novela, no vemos desprecio alguno por parte del escritor hacia el personaje: lo que vemos es que el personaje es un simple que va de intelectual y Toole nos lo muestra tal cual. Se enfrenta a situaciones ridículas en las que el personaje se humilla él solito. No necesita que un narrador le humille (una novela puede ser lo que queramos, pero no necesariamente un altar para predicar nuestras ideas descaradamente; si lo hacemos, tendremos que entender que el lector puede no estar de acuerdo y sembrar discordia. En todo caso, exponed un punto de vista y argumentadlo: el lector no es imbécil, así que dejad que sea él quien saque sus propias conclusiones). Esa es un poco la diferencia de la que os hablo.

Por último, forzad a vuestros personajes al máximo: los personajes a los que no les pasa nada acaban en el olvido. Los que están jodidos son aquellos a los que queremos ver sobreponerse, o bien queremos que se terminen de joder aún más. Pero no nos olvidamos de ellos cuando los conocemos.



3. Temática: Ya tenemos personajes y una trama básica. Ahora biene lo gordo: ¿De qué queremos hablar? La respuesta a esto es muy amplia. En realidad podemos hablar de lo que nos dé la gana, pero desde mi punto de vista no podemos caer jamás en lo que yo considero un error básico: que la historia no cuente absolutamente nada.
Vale que escribamos ficción. Vale que escribamos terror. Llámalo fantasía, si quieres. Eso no justifica una historia sin trasfondo ni contenido. Las buenas historias son aquellas que, además de entretenerte, te aportan algo. Las que te hacen pensar o las que te plantean dudas sobre cosas que creías inamovibles.
Con esto no quiero decir que tengáis que poneros trascendentales, ni mucho menos: si os pasáis de rebuscados, convertís una buena historia en una cosa pretenciosa y eso hace que el lector os coja asco. Probad con temas muy sencillos. Os pongo el caso de Shakespeare, que hablaba sobre la ambición, los celos o las dudas. Temas que no decaen con el paso del tiempo y que, con un toque muy personal, funcionan muy bien.

No os centréis en un único tema, del mismo modo que os digo que no os centréis en uno o dos personajes (al menos, como os digo, a mí no me funciona). Una novela monotemática, desde mi punto de vista, o está muy muy bien expuesta y abarca el tema desde muy diversos prismas, o es muy corta. Si no se cumplen estas dos cosas, a menos que el escritor se las apañe muy bien, tiene propensión a aburrir.
Pensad en lo que os he dicho de los personajes arriba: a más personajes desarrollados, más puntos de vista; si están en conflicto ante una situación concreta, puede salir un tema nuevo. Bien principal, bien un tema secundario. La idea es que la novela siempre tenga varios niveles de lectura.


4. Las tramas: Como habéis visto, este método está basado exclusivamente en los personajes. Las tramas no son una excepción a esto. Si tenemos personajes principales y secundarios que van reaccionando ante distintos hechos, generando así distintos temas, esto pasa igual con las tramas.
Aquí se abre un abanico bastante bestia sobre el que trabajar: tenéis una trama principal, sobre la que los protagonistas se van a mover la mayor parte del tiempo; los secundarios hacen lo mismo sobre las tramas secundarias... pero a veces podéis intercambiar papeles. Lo que es secundario se puede convertir en principal y, con eso, captar la atención del lector; los principales pueden descansar un ratito mientras lo hacéis, de manera que no estén demasiado tiempo expuestos ante la "cámara".
Luego tenemos tramas cruzadas: a veces, principales y secundarios van a coincidir en algún momento o en un sitio determinado. Al igual que en un cruce de caminos, las tramas pueden entrecruzarse. Un secundario puede informar a un principal de cómo le van las cosas, por ejemplo. Volvemos a captar la atención sobre ese personaje.
Si habéis visto series como Perdidos o Héroes, esto se emplea muchísimo, generando todo un trasfondo y un Universo que puede ampliarse hasta donde queráis: recordad que no es necesario que todos los personajes se conozcan entre sí, pero podéis conectarlos por medio de personajes "puente", que sí conocen a unos y a otros... o situaciones concretas como acontecimientos donde haya mucha gente (fiestas, conciertos, reuniones, disturbios): eso aporta de nuevo puntos de vistas distintos y... la rueda sigue girando.



5. Estilo: Vamos de lo más sencillo a lo más difícil de categorizar. El estilo es lo más personal que existe a la hora de escribir. Silvia Ibáñez Cambra, amiga mía y escritora de El Cementerio de los Reflejos argumenta a menudo que nadie puede enseñarte a escribir. No os imagináis la de veces que hemos hablado ella y yo del tema. En gran parte, le doy la razón, aunque no niego que a veces lo que es el estudio de la literatura puede echarte una mano; no a escribir, claro... pero sí a analizar cada elemento de una obra como parte de un conjunto. Usando una metáfora arquitectónica, conocer los elementos de una catedral no te enseña a construirla, pero te da una idea de cómo puedes concebirla.
El estilo es algo que nunca permanece igual: varía de un escritor a otro y frecuentemente, también en el mismo escritor a lo largo del tiempo. Unos libros pueden tener un tono satírico, otros humorístico, o bien todo lo contrario. Lo que hay que tener muy en cuenta a la hora de escribir es una cosa: no podemos pasarnos ni de escuetos ni de barrocos; somos el "medium" entre el mundo que hemos imaginado y el real, el nuestro: dar por hechas algunas cosas puede ser tan peligroso como resaltar lo evidente. De hecho, para mí es lo más difícil y sigo sin tener claro cómo solucionar ese problema del todo...

"Emm... chicos... ¿Estáis seguros de que es así como hacemos de médiums con el mundo imaginario?"

Alejandro Castroguer me dio el consejo de que una cosa muy interesante era procurar ser muy visual en todo momento. El ser humano, en líneas generales, hace contacto con el mundo por medio de la vista y el oido (a menos que haya algún problema en la vista o que estéis más sordos que una tapia, como un servidor). Aprovechadlo, pero no os quedéis ahí: hay cinco sentidos y podéis usarlos a vuestro antojo en las descripciones. La idea es que si un personaje se corta con un folio y eso es importante para la trama, al lector le tiene que doler como si fuera ese personaje. Si el personaje tiene hambre y ve un bollo, hacedlo como queráis, pero hay que conseguir que al que lo esté leyendo se le haga la boca agua. Lo que os dije antes: me gusta que el lector se identifique con el personaje, que sienta lo mismo que él. Que le entienda aunque no esté de acuerdo.

Otra gran idea para el estilo es el tema de la voz del narrador. A menudo caemos en la preconcepción de que la voz del narrador es la nuestra. Nada de eso. El escritor tiene que ser un actor también y meterse en todos y cada uno de los papeles. En todas y cada una de las cabezas de los personajes. Al hacerlo, varía también la voz... y su lenguaje. El modo de expresarse es un filón que podemos (y pienso que debemos) explotar al máximo.
Yo mismo empecé escribiendo en lo que en crítica literaria se llama "narrador en focalización interna". Para aquellos que no estáis familiarizados con el término, os lo explico: se escribe en tercera persona, pero la narración no sale de un punto de vista determinado. Ejemplos, Harry Potter o cada personaje de la serie de Canción de Hielo y Fuego. Si os fijáis, en ambos casos, vemos UN punto de vista y no salimos de ahí. En el primer caso, son raras las escenas donde el mago no aparece y todo cuanto se ve, se ve desde su prisma. En el segundo, la focalización se limita a cada capítulo, dando el aspecto de lo que se llama "obra coral".
Pues me acabé hartando de eso. No hay razón, sencillamente me acabó por resultar más cómodo el omnisciente. Cada capítulo de los que estoy reescribiendo en la actualidad puede tener uno o dos puntos de vista; cuando veo que el punto de vista de un personaje no tiene nada que decir en ese capítulo, salto a otro. Mi objetivo (que todavía no sé si he cumplido, la verdad) es que el lector esté siempre recibiendo información de mayor o menor utilidad.


Información a punta pala, pero útil.

Moraleja: no contéis por contar. Todo debe estar conectado. Todo debe servir para algo.
Si usamos referencias a otras novelas (Castroguer, por ejemplo, tiene mucha costumbre de ello), que sirvan para algo: bien para jugar con los conocimientos previos del lector (un juego encantador, si habéis leido El Niño con el Pijama de Rayas), con su propia cultura literaria o cinematográfica, o bien para despertar su curiosidad. Todo eso vale. Pero no hagáis como los guionistas de Evangelion, que hacían referencias bíblicas en sus películas sin ton ni son (llamar a un ordenador como los Tres Reyes Magos sin ningún motivo aparente, o identificar a Lilith, la primera mujer de Adán, como un ángel caído, además de no tener ni pies ni cabeza hacen gala de una ignorancia supina). Las referencias pueden ser usadas como metáforas, como analogías visuales, como arquetipos... pero nunca sin motivo.



6. Escenarios: Un tema algo más sencillo. Con creciente disgusto, he visto como muchos escritores plantean historias enteras en Nueva York, Londres y otras ciudades que jamás han pisado. Mi pregunta es: ¿por qué? Al ver estos casos, no puedo evitar pensar en el listo de Dan Brown cuando escribió La Fortaleza Digital. La descripción que hace de Sevilla (concretamente, Triana) y la cultura española es, como mínimo, insultante. Por eso mi consejo es que si váis a crear un escenario, que sea uno que conozcáis al dedillo. Vuestra propia ciudad no tiene por qué estar mal. Al cuerno ya con los prejuicios sobre escribir sobre nuestro país o nuestro hogar. Pensad que en Inglaterra o Estados Unidos NO suelen escribir sobre España. Pasad de modas.
Con eso no quiero deciros que no os salgáis de vuestro entorno, ni mucho menos. Podéis usar escenarios en otros sitios, pero SIEMPRE con documentación: bien fotos y mapas, bien lo que os hayan contado los amigos que hayan estado ahí... incluso documentales, si queréis. Pero nunca os lancéis a escribir sobre un sitio del que no sabéis ni papa.
También podéis inventaros el lugar donde se desarrolla la acción, que es muy socorrido. Si lo hacéis, no caigáis en lo de "es que me lo he inventado". El lugar debe ser tan creíble como lo que contáis. Más, porque contáis con el handicap de que no existe y el lector se lo tiene que creer. Probad a pensar en el escenario como un personaje más, con su propia personalidad y su propio espíritu. Evitad la simpleza.

Hay muchos otros trucos que podéis usar a vuestra conveniencia, como por ejemplo, la convención Romántica de la atmósfera como proyección del estado de ánimo del personaje. ¡Hay veces que eso puede crear unos efectos fenomenales!



7. Tiempo. Tempo y línea temporal: Uno de los puntos más divertidos. El tempo es lo que entendemos como "ritmo narrativo", es decir, la velocidad a la que se desarrollan las cosas.
Una novela "lenta" no tiene por qué ser aburrida; simplemente puede tomarse su tiempo para contarte algo, nada más. A lo largo de una narración puedes establecer pausas digresivas, donde los personajes se dediquen a reponer fuerzas, por ejemplo. ¿De qué sirve eso? Puede dar credibilidad, si el personaje está cansado o herido. No te pones malo y te recobras en un momento.
Pensad también que el tiempo es relativo y varía según la percepción del personaje... o del lector. Podéis jugar con ello. El tempo se puede reducir en situaciones dramáticas, incluso detenerse. En escenas de acción, puede acelerarse. Jugad con el ritmo.

La línea temporal es algo con lo que podemos jugar también, pero con cuidado. Si estamos añadiendo flashbacks en lugar de usar una línea "lineal", os sugiero haceros una lista de acontecimientos en orden cronológico. Señaláis un "punto cero" o de origen y colocáis hechos previos y posteriores. Eso evitará muchos problemas de continuidad o incoherencias. Y de paso, os dará una aproximación sobre la duración de las cosas: por ejemplo, que un personaje encuentre a otros personajes en el período de tres días, mientras se suceden otras cosas a la vez, se ve con mucha claridad en estas cosas y nos da mejor noción de si es mucho o poco tiempo, dependiendo de lo que queramos contar.


Ejemplo de lo que es una hora en una clase de muermología...


La misma clase de muermología, la misma duración, pero con Maripili en el pupitre de al lado y con la profe Maripuri. Os digo yo que para el chico de la derecha esa hora pasa más deprisa...

Y bueno, creo que con esto queda dicha la mayor parte. Para terminar, quiero recalcar las palabras de mi antiguo coordinador de doctorado (ya mencionado alguna vez en este blog) acerca de lo que es escribir; él se refería para escribir referencias bibliográficas y artículos, pero se aplica a todo lo que acabo de contaros: Escribir es reescribir.

Pasad de tonterías de "esto es inmejorable", o de "es que quiero tenerlo listo antes de tal fecha". La escritura se toma su tiempo; en realidad, vosotros no contáis la historia, sino que es la historia la que os cuenta a vosotros, la que os elige para que seáis los narradores. Yo la veo como un cuadro: cada cierto tiempo vamos añadiendo capas, nuevas tonalidades y matices y colores nuevos.
Inspiraos leyendo cosas que os llamen, o bien cosas que creáis que pueden aportar algo a lo que queráis contar: podéis absorber el lenguaje de Oscar Wilde para algún personaje, la mala leche de Jack Ketchum si os van las emociones fuertes, el dramatismo de Shakespeare o el desparpajo de Terry Pratchett. Sed miméticos. Arriesgaos a todo. Cread y destruid. Alan Moore decía que no estaba satisfecho hasta que había destruido a un personaje por completo y lo había recreado. No le faltaba razón: debéis ser vuestros críticos más feroces y ser unos verdaderos bastardos con vosotros mismos cuando reviséis lo que escribís. No caigáis en la autoindulgencia. Nada de "es que mejor no lo puedo hacer". Siempre hay algo que podéis mejorar, que podéis pulir. Tan sólo daos el tiempo suficiente.


Ya sabéis: ¡Hay que partirse la cabeza!

Para terminar, quiero reiterarme en que estas guías que os dejo por aquí EN NINGÚN CASO son algo inamovible que jamás se pueda desafiar. Sólo son las que a mí me están sirviendo en la actualidad; aquellos que ya habéis escrito y publicado podéis estar de acuerdo conmigo tan sólo en alguna cosa, o bien en ninguna, y no por ello tendréis menos razón (puede que incluso más, lo digo en serio). Otros que estéis empezando a escribir y le echéis un vistazo a este post puede que lo veáis muy claro, o muy confuso. Puede que os venga bien todo esto o que no os sirva para mucho. Tan sólo os dejo claro que hay tantos métodos como personas.
Espero que, de todo este rollo macabeo que os he soltado, al menos alguna cosita os haya servido para algo... ¡Aunque sea para pensar que podéis mejorar este sistema! En caso de que sea así, ¡no seáis bordes y contadme qué podéis mejorar, que me interesa!

sábado, 1 de enero de 2011

Escupiendo Rabia- Amando al Gran Hermano



Ya hemos hablado del tema alguna vez, pero parece ser que es algo que no nos deja ni a sol ni a sombra. Está ahí y puede que no pare jamás, quién sabe.
Amamos al Gran Hermano.
Ahora, la noticia cobra nueva forma. No hablamos (de momento) de un Gran Hermano Orwelliano, que nos vigila en nuestras casas, vaya a ser que pensemos en contra del sistema, no. Hablamos de un concurso en el que la gente se muestra voluntariamente a perder su intimidad. Unos dicen que es un programa donde guarras y canis van a montárselo debajo de un edredón para luego salir en pelotingas en cierta publicación que todos conocemos.
Yo os digo más: aunque metiésemos doctores en Filosofía ahí dentro, la idea seguiría siendo aberrante. La intimidad es un valor sagrado, y un rasgo de nuestra sociedad occidental. El hecho de que la gente se preste voluntariamente a perderla no es algo que lo justifique, en mi opinión; en todo caso, es una muestra del masoquismo al que nos venimos viendo sometidos a lo largo de los últimos quince años.

Todo esto viene a colación del hecho de que a causa de este Gran Hermano televisivo desaparece CNN+, uno de los pocos canales españoles que emitían veinticuatro horas de noticias. El responsable de perpetrar semejante burrada no es otro que Paolo Vasile, que ha barrido a dicho canal de su parrilla de un soberbio plumazo. Luego entro en valoraciones.
Paolo Vasile, autoproclamado mandamás del espectáculo, es el cabecilla de Telecinco y se ha hecho famoso en los últimos años por instaurar una férrea disciplina televisiva. Cuando hablo de "disciplina" no os engañeis: ni ha vuelto la señora Rotenmeyer ni los debates horteras de las cuatro de la tarde han desaparecido (ojalá). Me refiero más bien a una disciplina mediática, consistente en "Yo puedo tocarle las pelotas a quien quiera, pero a mí ni mentarme".

"Esos jóvenes insolentes me han faltado al respeto. Habrá que hacer algo..."

Me viene a la cabeza el famoso caso contra la Sexta. Cierto programa que todos conocemos tenía como contenido principal dar caña a los programas del corazón. Idea fresca que además sugería lo que todos ya sabemos: que la tele es un antro de basura donde todo lo que nos cuentan o es mentira o es inventado... y que, muchas veces, los cacareados "profesionales" no son más que una tanda de cenutrios, como cualquiera de nuestros jefes, a los que los becarios les salvan el culo día sí y día también.


Muestra de jefazo explotando a becario cincuentón al que todavía no han contratado como Dios manda en la cadena:
"A ver, becario, me redactas una noticia en la que haya mucha sangre para tener a la gente acojonada sólo con salir de casa... pero me la aderezas con algún chiste reconfortante".
"Señor, sí señor".

Vasile, líder de una cadena que basa su contenido en programas del corazón y realities de dudoso gusto, no tardó en pillarse un cabreo de aquí te espero y emprendió acciones legales contra el programa y, por extensión, contra la cadena. Hasta aquí,bien, si lo que se denunciaba eran calumnias. Lo más gracioso fue el resultado de dicho litigio: hasta donde sabemos, en España, cuando hay un caso de este tipo, donde un periodista miente (recordemos Urdaci con aquella famosa huelga general), el juez lo que hace es obligar al calumniador o injuriador a hacer fe de erratas, y ahí termina la cosa.
Paolo Vasile no.
No olvidemos que es amigo de Berlusconi, otro famoso por manipular medios a su antojo. Lo que hizo aquí el caballero fue sentar un precedente al prohibir a la Sexta emitir imágenes de Telecinco. Ataque preventivo en toda regla: no sólo este programa lo tenía prohibido, sino cualquier otro de esta cadena, creado antes o después. Vemos una vez más, como en estos tiempos de "libertad de expresión" (la hay, para lo que nos da la gana; para todo lo demás, calladitos estamos más guapos), las cosas se acotan, se coartan y se encorsetan en aras de unos valores que todavía no termino de entender.



Pues aquí tenemos a este amigo, tan cordial y tolerante con la crítica (ya sea fundada o infundada), que coge y se fusiona con otra cadena, en este caso con Cuatro. Cuatro provenía del gigante empresarial fundado por el señor Polanco y era la responsable de la sucursal de CNN en España. Vasile, ahora dueño y señor de esta fusión, pone el material sobre la mesa y decide que no se ajusta a los contenidos que él desea; ¿qué hace? Sustituye CNN+ por un canal 24 horas destinado a vigilar la casa de Gran Hermano. Ole sus cojones.

Ante esto, las opiniones son contrarias: hay quien piensa que ese canal de noticias no es precisamente un gran ejemplo de lo que debe ser la información, que si tal que si cual. Respetable opinión, desde luego. Lo que quizás no me parece tan respetable es la sustitución que se hace: se elimina un canal de noticias (pueden no estar de parte de vuestro credo político personal, pero no deja de ser información. La CNN no deja de contar lo que sucede en el mundo... que tú lo creas o no, que quieras contrastarlo con otra fuente, es cosa tuya, pero la noticia está ahí, no nos olvidemos) para poner uno en el que, bueno... lo más interesante es ver que cierta moza se saca la pechuga delante de las cámaras o que cierta pareja se pega un homenaje a base de amor del bueno (bueno, que yo sepa, eso no ha pasado nunca en la edición española; vamos de modernos, pero tendríais que ver cómo las gastan en otros países, según tengo entendido)...

Cosas como esta, pero más a lo bestia...
Por cierto, ¿Qué le pasa a la tipa de la derecha? Parece horrorizada...

En resumen, que la información da un paso atrás en pro del espectáculo más chusquero.
Hablaba con un amigo de la infancia el otro día sobre esto y me invitó a una reflexión en la que no había caido (si alguno de vosotros lee esto y me odia porque parece que estoy en posesión de la verdad, creo que con esto os dejo claro que yo también aprendo cosas de la gente y que, si se me razonan las cosas de un modo convincente, no es complicado en absoluto demostrarme que me equivoco; de hecho, pasa muy a menudo, en serio): este amigo mío sostenía que no es culpa del sistema, sino nuestra.

Ante esto, como comprenderéis, casi me echo las manos a la cabeza en un principio... es decir, siempre me habréis oido decir que suelo pensar que las audiencias no existen y que las encuestas de share son mentiras a cargo de las empresas de sondeos, que están muy bien pagadas; que eso de que "es que esto es lo que el pueblo quiere ver" es mentira. Que el pueblo, la gente como tú y como yo, se espatarra delante de la tele después de una tarde currando (o buscando curro, según se mire) y que se come lo que le echen. He dicho una y mil veces que las ventas en cuanto a libros, discos o las audiencias televisivas generalmente son gracias a una publicidad masiva que te obliga a necesitar ver cosas que en realidad te importan un carajo. Que al final siempre compramos cosas que no necesitamos, que si tal que si cual.


"Veo todo este potencial y veo que está desperdiciándose. Maldita sea, una generación entera trabajando en gasolineras o sirviendo mesas; esclavos con cuellos de camisa. La publicidad nos hace desear coches y ropas, en puestos de trabajo que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos medianos de la historia. Sin propósito ni sitio. No hemos vivido una gran guerra ni una gran depresión. Nuestra guerra es una guerra espiritual, nuestra gran depresión son nuestras vidas. Hemos sido criados con la tele, creyendo que algún día seremos millonarios, actores de cine o estrellas del rock. Pero no lo seremos. Y lentamente estamos asumiendo eso. Y estamos, muy, muy cabreados". Tyler Durden.

Si. No me retracto. Lo pienso y lo sostengo.

Pero mi amigo abrió un nuevo frente a dicha línea de pensamiento. Me dijo que, por otra parte, es muy fácil echar la culpa al sistema. Que con eso eludimos nuestra responsabilidad como individuos. Y que con eso, cada día más nos ponemos en manos de otra gente que piense por nosotros. Eso, quieras que no, es mucho más fácil...

Vivir como robots, como piezas de un engranaje, pero sin un concepto del "Yo"... esa sería un poco la idea del Pensamiento Único.

Y oye, no le voy a quitar la razón. Se puede pensar tanto lo primero como lo segundo, o incluso ambas cosas a la vez.
Pensad en esto: el sistema lo conforman personas, como vosotros o yo. Nosotros somos el sistema. Cada vez que nos quejamos y que no hacemos nada, alimentamos a una Bestia para dar carta ancha a estas cosas. Puede que la publicidad, la prensa y a saber quién más nos lave el cerebro a diario... pero nosotros somos los que, en última instancia, podemos elegir adorar a ese Gran Hermano (aquí no me refiero tanto al programa como a toda la bola de mierda en que se ha convertido nuestra sociedad en los últimos años) o escupirle en la cara. Y fijáos en una cosa: ¿Cómo son de grandes las colas para los castings de los realities? ¿No da la impresión de que la gente está acostumbrándose con demasiada facilidad a eso de sentirse vigilado? ¿Tal vez el próximo paso será instalar Telepantallas en casa para prevenir la violencia doméstica? A mí ya no me extrañaría...

En Nochebuena estuve hablando con un familiar al respecto de cómo iban las cosas en general en nuestro país, y me dijo otra cosa en la que no había pensado con detenimiento: ¿Están luchando las generaciones más jóvenes para detener esto? Me refiero a lucha de verdad, no a actos chorras convocados en Facebook ni manifestaciones en plan animal en la que el objetivo es romper escaparates. Digo pelear de verdad. Romper este círculo vicioso. Ser verdaderamente conscientes de los problemas que nos rodean y oponerse a ellos. Me dio mucho que pensar.

Y aquí llega la reflexión a la que quería llegar: Los medios nos ofrecen cosas. Si somos muy paranoicos, es posible que incluso ellos mismos nos hayan lavado el cráneo desde que eramos mocos para desearlas, de manera que no haya una salida fácil. Pero pensad por un momento en el hecho de que podemos elegir. Puede que nuestras elecciones nos conviertan en bichos raros a lo mejor (o seguro, teniendo en cuenta la intolerancia a la que nuestra sociedad ha derivado últimamente)... pero la elección está ahí. Entonces, os pregunto: ¿Sois de los que créeis que el Pensamiento Único es la respuesta a las lacras de nuestra sociedad, de los que piensan que la ignorancia nos hará libres? ¿O tal vez preferís ser más tristes pero más sabios?
¿Qué bando elegís vosotros?