sábado, 30 de abril de 2016

Angst- Cuando la Oscuridad




Cuando la Oscuridad te elige, no hay vuelta atrás. Una vez te toma es para siempre. Se  filtra bajo tu piel, se mezcla con tu sangre, anida en tus músculos y órganos y se cala hasta tus huesos. Dejas de ser la persona que eras para ser algo diferente.
Algo nuevo.
Algo oscuro.

Cuando la Oscuridad te mira a los ojos, dejas de ver el mundo como solías hacerlo. El velo luminoso de ilusión y engaño se desgarra y cede. Ante ti se muestran las cosas de otro modo. Importa poco si esa nueva visión es real o no es más que otro velo; una vez eres marcado, tus ojos se oscurecen.

Cuando la Oscuridad te susurra al oído, pierdes parte de tu alegría. Lo que te rodea deja de resultar tan brillante y encantador, y un tinte sombrío comienza a ensombrecer todo cuanto conoces. Puedes notar incluso el frío y el silencio. Tu Universo adquiere toda una nueva gama de tonos.
Todo es diferente, pero al mismo tiempo, todo es igual.

Cuando la Oscuridad te obliga a caminar, sientes que no perteneces a nada en concreto. Llenas tus botas de polvo de mil caminos. Aquellos a los que quieres, tanto aquellos que no, acaban por convertirse en nombres con los que has rellenado las páginas de tu vida. En recuerdos, agradables o desagradables, que llevas contigo en tu camino sin rumbo aparente. Vagas de un lado para otro, sin echar raíces. Buscas tu sitio, errante, pero tu destino parece ser no encontrarlo jamás. Viajas, pero en el fondo huyes. Crees encontrar, para acabar de vuelta en el punto de partida. Extiendes la mano hacia delante, a través de un Abismo, con la esperanza de alcanzar lo que buscas.
Pero no hay nada al otro lado.

Cuando la Oscuridad se sienta a tu lado, no haces sino escuchar. Escuchar cómo todo el mundo dice saber lo que más te conviene. Hablan sobre tu futuro, sobre lo que te asusta, sobre lo que te importa y lo que no. Escuchas cómo quieren decidir por ti, solucionar tu vida. Todos te dicen lo que deberías hacer, pero pocos te preguntan qué es lo que deseas hacer. Aquello que quieres pasa a convertirse en algo de escasa importancia. En minucias. Te vuelves mudo, ciego y sordo. Tienes las manos atadas, las alas cortadas y un lastre sobre tus pies. Te sientes torpe, estúpido y débil. Todos pueden opinar sobre ti.
Todos, menos tú mismo, por supuesto.

Cuando la Oscuridad te habla, descubres que todo son pautas. Todo parece estar conectado y atender a un ritmo. Ciclos que no puedes detener, ni invertir. Lo que ahora es arriba, luego se convierte en abajo. Te das cuenta de que eres una marioneta de algo mucho mayor. Te sientes ficticio, irreal, como si no fueras más que la creación de alguien o algo, que ya ha elegido por ti. Has visto tu futuro y te sientes prisionero de éste.

Cuando la Oscuridad te visita mientras duermes, el pasado se vuelve presente y el futuro una incógnita. Te sientes triste, incompleto. Quieres, pero no puedes. Intentas, pero no logras. Das lo mejor de ti, sin apenas un resultado satisfactorio. Quieres demostrarte a ti mismo tu valía, pero te quedas en la intención, nada más. Querrías conseguir una pizca de reconocimiento o aprobación del mundo. Sabes que en el fondo no necesitas ninguna de ambas cosas por parte del entorno y que en realidad solo hacen falta las de uno mismo; sin embargo, también sabes que, de tenerlas, lo agradecerías enormemente. Porque sabes que eres humano, y los humanos a veces necesitamos esa calidez que se nos parece negar de forma constante.

Cuando la Oscuridad cae sobre ti, puedes sentir cómo su manto te envuelve y no te deja escapar. Te impregna de su esencia, de su naturaleza hasta la misma alma. Te sientes diferente a los que te rodean, pero no mejor. Es en ese momento cuando tienes la impresión de haber sido arrojado a un mundo al que no perteneces. Que no entiendes. Un lugar extraño en el que todos hablan un idioma incomprensible.

Cuando la Oscuridad decide quedarse, descubres que eres distinto, y al mismo tiempo, que no eres en absoluto especial. Te conviertes en el hijo mediano, en el invitado por error. Pasas a ser la figura en el rincón, en el limbo, en la última mesa del aula.
La maleta vacía que se extravía.
La persona cuyo nombre has olvidado.
Cuyo rostro apenas visualizas aunque se acabe de marchar.

Cuando la Oscuridad te marca, asumes que no eres, ni serás jamás alguien importante. No salvarás al mundo de las Fuerzas del Mal. Probablemente incluso lo tengas difícil para hacer feliz a nadie. Más probablemente aún, incluso te resulte todo un reto hacerte feliz a ti mismo. No serás un héroe, ni una inspiración. Ni siquiera un mártir. El mundo seguirá girando hasta que algún día, tarde o temprano, acabe por olvidarse de ti por completo.

Cuando la Oscuridad dialoga contigo, acabas en un laberinto de preguntas. Preguntas que no tienen respuesta. Preguntas sobre ti mismo. Preguntas que no te hacen feliz. Pero preguntas que no puedes evitar hacerte, una y otra vez.
¿Y si...?
¿Y si no...?
¿Por qué...?
Cada pregunta, una puñalada que te infliges a ti mismo.

Cuado la Oscuridad anida en tu interior, te conviertes en una sombra. Sabes que la felicidad, con toda seguridad, no existe. Que, si tienes suerte, tendrás momentos felices. Que puedes dedicar tu vida a la quimera de perseguirla, pero a sabiendas de que lo haces sencillamente por no entristecer más tu vida. Que tú y todo tu Universo estáis abocados a la separación y al frío. Que toda muestra de luz y calor, tarde o temprano, se acaben extinguiendo. Que, al final, el telón de la obra cae y todo acaba en algún rincón oscuro, a solas y en silencio.

Cuando la Oscuridad te ha tomado, poco hay que puedas hacer.
Puedes contenerla.
Puedes acallarla.
Incluso puedes silenciarla.
Pero no puedes sacarla de tu interior.

lunes, 25 de abril de 2016

Angst- Alien




Vivo entre vosotros.
Estoy ahí, a vuestro alrededor. Me veis cada día; os cruzáis conmigo por la calle. A veces, os dirigís a mí. Otras, incluso leéis lo que escribo.
Pero hay días en que no me siento uno de vosotros.
Hay días en que me siento como un alienígena.

Imaginad que la vida es una fiesta. Partid de esta metáfora e imaginad a aquellos que bailan bajo las luces, seguros, felices y disfrutando de la música. Otros, charlan animadamente, socializan y hacen lo que pueden por divertirse.
Yo nunca me he identificado con ninguno de esos dos grupos. Siempre me he sentido más bien como el que ha sido invitado a la fiesta por error, o el que ha aparecido en ella de forma accidental. En cualquier caso, no estoy en ella por voluntad propia. Imaginad que en esa fiesta no conocéis a nadie y sois de esa clase de gente que se siente incómoda dirigiéndose a desconocidos. Imaginad también que nadie se dirige a vosotros por el mismo motivo. En ese caso, la opción más lógica, o acaso la más cómoda, consiste en agazaparse entre las sombras y permanecer en un lugar tranquilo, lejos de la vista de todo el mundo. Ajeno a la música, ajeno al baile, ajeno a todo.
Ajeno.
Alien.

Lo he intentado una, dos, mil veces, pero no entiendo el mundo en que vivo. Soy un alienígena nacido en la Tierra. Los humanos hablan a mi alrededor, pero no entiendo su lenguaje. No entiendo por qué hacen las cosas. No entiendo su forma de actuar, ni de pensar. No entiendo sus ideas, ni el modo que tienen de defenderlas, pero cada día que pasa me doy más cuenta de que el mundo tampoco parece entenderme a mí. Procuro ser coherente, fiel a lo que pienso y honesto en todo momento. Aun así, todo se reduce a que siempre acabo teniendo que dar más explicaciones de las necesarias. Explicaciones que, bien no se entienden, bien se malinterpretan, o directamente ni siquiera se creen. Malgasto saliva solo porque creo que hago lo correcto, pero sé que la culpa es mía.
Ellos no me entienden.
Yo no les entiendo.
La misma canción, que se repite una y otra vez.


Algo así como hablar con una pared.
A veces yo mismo soy la pared.
Es un interesante juego de cambiar de roles.


Tal vez debería haber nacido en un mundo diferente, o tal vez en una época diferente, donde las cosas fueran más sencillas, o más simples. No me aclaro con esos términos. Tal vez me hubiera gustado vivir en un mundo donde ser honesto resulte ser lo normal y no tengas que andar planificando, midiendo absolutamente todas tus palabras al milímetro, urdiendo estrategias, ocultando unas cosas a unos y sintiéndome obligado a contar otras a otros. Tal vez me hubiera gustado vivir en un mundo o en una sociedad en la que no se espere que tenga que andar mintiendo, ocultando la verdad o usando medias verdades para sobrevivir. Preferiría vivir en un lugar en el que la palabra de uno es sagrada y lo realmente malo sea faltar a ella. Donde realmente seamos dueños de nuestro silencio y esclavos de nuestras palabras, y donde la gente no se contradiga ni cambie de opinión día sí y día también sin motivo aparente, solo porque hacer algo así se vería como algo incoherente.

Si tuviera que elegir un mundo en el que vivir, dudo mucho que fuera este. En un mundo que hubiera elegido yo, los amigos confiarían los unos en los otros y desconfiarían de los que no se han comportado como tales. No encontraría defensas a ultranza de gente que no merece ser defendida, ni vería cómo gente que ha demostrado ser de fiar tiene que defenderse de suspicacias, sospechas o juicios sumarísimos. No sería juzgado cada dos por tres, ni tendría que defenderme de los veredictos ya emitidos.
Sería un mundo donde podría sentirme más útil de lo que me siento aquí. Donde podría ofrecer mi ayuda a quien la necesite sin contar con la posibilidad de que se aprovechen de mí, o me escupan a la cara. Un mundo donde nadie me pudiera devolver a la edad de seis años con solo unas palabras. Donde no tenga necesidad de ponerme una armadura para fingir ser fuerte ante un entorno que no entiendo. En un lugar así, no necesitaría ser invisible, ni encogerme en un rincón. No tendría por qué sentirme débil ni vulnerable, ni tendría jamás la impresión de sufrir un fracaso cada vez que meto la pata.


Un tanto exagerado, pero igualmente metafórico como imagen:
La cagas, la armadura o protección que lleves se viene abajo y caes de rodillas. Así de simple.


Supongo que algunos de vosotros diréis que no se puede hacer nada. Que vivo en el mundo que vivo, y que no puedo cambiarlo. Y tenéis toda la razón del mundo... pero, lo siento. Eso no me vale como excusa. Que no pueda cambiarlo no supone que tenga que aceptarlo. Que me tenga que parecer bien. Podría enfadarme, pero ni me molesto. De la indignación y la ira he pasado a una sensación de desazón, incluso de desidia. Simplemente he llegado al punto de sentirme desubicado, de pensar cada vez con más certeza que no me siento parte de un mundo así. Conforme pasan los años, me siento cada vez menos identificado con la sociedad en la que vivo, con todo lo que me rodea. No puedo identificarme con algo que no entiendo y que, de lo poco que entiendo, ese poco me resulta aberrante.

Pero la culpa no es solo de este mundo. Ni siquiera creo que llegue a tener la mitad de la culpa. No: sé por supuesto, que la culpa es mía. Mía porque me levanto cada mañana esperando poder darme cuenta de que me he equivocado y de que acabaré entendiendo lo que me rodea. Que acabaré comprendiendo por qué las decisiones que me conciernen se toman del modo en que se han tomado, y que no tendré que acabar justificándome. Casi cada noche me acuesto cayendo en la cuenta de que es otro día más en que me voy a dormir, teniendo que reconocer que no ha sido así. Que ha sido otro día de incomprensión. Otro día teñido por esa angustia de no saber por qué suceden según qué cosas, por qué vivimos dobles raseros, hipocresías e injusticias, una detrás de otra. Ese hastío de ver cómo los mismos reciben siempre los golpes que no se merecen, mientras que otros, con total descaro, parecen acabar impunes y con gente que pague por ellos. El cansancio de ser acusado y declarado culpable por crímenes no cometidos, por palabras no dichas o por silencios malinterpretados.


"La pifiaste"
"¿Por qué?"
"Por lo que dijiste"
"Pero si no dije nada"
"Pues por lo que debiste decir y no dijiste"


La culpa es mía porque siempre acabo dejando que mis defensas se vengan abajo. La gente no me hace daño, sino que soy yo el que se lo hace a sí mismo. Mis enfados, mis gruñidos, mis momentos de tristeza no son por culpa de nadie. Me enfado conmigo mismo, me gruño a mí mismo y soy yo quien me hace la vida más triste. Quizás porque no entiendo este mundo y porque preferiría vivir en otro, pero al mismo tiempo el mundo en que vivo me importa lo bastante como para que según qué cosas me afecten. Quizás es que, aunque no sea capaz de conocer del todo mi entorno, sí entiendo que es el entorno que vivo y, por tanto, debo involucrarme en él. Posiblemente es esta contradicción lo que hace que a veces mi vida me resulte así de complicada, cuando supongo que en el fondo no lo es.

En el fondo, tal vez, soy yo el que complica las cosas. El que las saca de quicio, y el que las magnifica. El que, con toda seguridad, da importancia a soberanas estupideces y se siente herido, a menudo, por auténticas tonterías. Cuando vosotros veis una metedura de pata, yo veo un fracaso y me cuesta horrores perdonármelo. Más que nada porque apenas tengo idea de cómo perdonarme a mí mismo. Ni he aprendido a hacerlo, ni nadie me ha enseñado.
Por eso no es raro verme de vez en cuando encerrado en mí mismo, taciturno o callado en un rincón. Es fácil pensar que puedo estar enfadado con alguien (alguna vez aislada puede ser así), pero no os engañéis: si tengo que estar enfadado con alguien es, la inmensa mayoría de ocasiones, conmigo mismo, por permitirme ser así de débil, por no saber encajar según qué cosas. Por no madurar y no saber avanzar. Por pasarme toda una vida estancado, dándole vueltas a las mismas cosas, una y otra, y otra vez. Por venirme abajo cuando no debería ni echar cuentas a según qué cosas. Por ese brutal sentimiento de culpabilidad que me marca desde que puedo recordar, y que me impide tener confianza en mí mismo y las capacidades que puedo (o no) desarrollar.
Mi mayor lastre soy yo mismo, y soy yo quien a menudo me corto las alas antes de emprender el vuelo. Por eso permito lo que permito. Por eso digo "sí", cuando en el fondo estoy pensando "no". Por eso me callo cuando debería hablar. Por eso no creo en mí.
Y supongo que ese es el germen de sentirme extraño. De no entender nada. De tener la impresión de que me ha tocado vivir en una época demasiado complicada para mí.
Tal vez, y solo tal vez, esta es la causa de que me sienta ajeno.
De que me sienta un alien.

jueves, 21 de abril de 2016

Mondo Chorra- Cómo convertirse en un incendiario virtual, manual práctico y sencillo en quince pasos




Ser un incendiario virtual, o al menos uno en condiciones, no es nada fácil. Hay muchos de estos de poca monta, que sueltan cuatro chorradas y nadie les hace ni puñetero caso. A otros incluso les soplan una colleja para que se callen, porque sus paridas están sobrando desde hace un rato. Hoy en día, sin embargo, en un mundo cada vez más competitivo, se impone eso de destacar sobre los demás y una de las grandes ideas es precisamente incendiar las redes defendiendo una causa o perteneciendo (o, mejor dicho, diciendo pertenecer) a tal o cual colectivo. Dada la proliferación de Colectivos, Plataformas, Movimientos y todo tipo de grupúsculos organizados a tal o cual forma de pensar, se hace cada vez más difícil eso de resaltar. Es por eso que se llega a la idea de ser un incendiario virtual. Porque en el mundo moderno te hacen caso cuanto más berreas, y hay que escupir mala leche y violencia verbal por cada poro del cuerpo para que la gente te tome en serio. Hemos reunido, pues, estos sencillos quince pasos para aquellos que se inician en el duro mundo de ir por ahí luchando por vete tú a saber qué; siguiéndolos a rajatabla se garantiza al lector que se convertirá en un aclamado incendiario virtual y que obtendrá el éxito social que tanto ansía.
También está la opción de convertirse en un gilipollas de marca mayor, pero claro... si lo que va uno buscando es hacerse el guai solo por defender tal o cual causa, lo mismo lo era ya de antes, de modo que no es culpa exclusiva de este pequeño manual.
Dicho esto, he aquí los pasos a seguir:

1. Invéntese una ideología. No es necesario que ésta esté razonada, o que tenga unos fundamentos filosóficos serios. Puede ser cualquier cosa, como por ejemplo, basada en darse garbeos por los paseos marítimos en días de temporal intenso, aun a riesgo de ser devorados por las olas.

2. Póngale nombre. Las etiquetas son importantes, aunque hablemos de una soberana estupidez. Los nombres dan poder, y sentirse parte de un grupo que pueda ser etiquetado hace que la pertenencia al grupo haga sentirse poderoso al miembro de dicho grupo. Si el nombre está en inglés, la cosa tiene como más caché. Partiendo del caso de arriba, podemos llamar a la actividad "promenading" y a los que la llevan a cabo "promenaders".

3. Ostente su ideología en todo momento, aunque no venga al caso. Si es usted un "promenader", eso debe aparecer en todas y cada una de las conversaciones en las que participe. No importa que la conversación en sí verse sobre la evolución del uso de las pinzas de depilar de partes íntimas en el África septentrional. Usted es un "promenader" y todos están obligados a saberlo.


No importa que no haya nadie alrededor. Nunca se sabe en qué momento le pueden ver a usted enarbolando su bandera.


4. Habida cuenta del apartado anterior, debe usted llevar a cualquiera a su terreno. Su misión será adoctrinar, aleccionar y abrir los ojos a todos aquellos pobres que no tienen ni idea de lo que es la vida, puesto que no son de su gremio. Porque no basta con que ostente una ideología y la demuestre: además está usted en la obligación de evangelizar al prójimo. Para ello, puede proveerlos de dosis ingentes (o sobredosis) de información que no han pedido, o bien acusarlos de "frívolos" porque tienen aficiones y una vida propia. Usted está más concienciado que ellos, y su labor es que ellos abandonen todo cuanto estén haciendo para que se conciencien también. Identifíquese con la causa que usted ha elegido, de tal manera que todos aquellos que no comulguen como usted no sean "verdaderos defensores". Imparta lecciones de moral, aunque no vengan al caso. Dígale a los demás cómo deben vivir sus vidas, qué deben pensar, qué no deben hacer, recuérdeles que formar parte de la ideología que usted profesa es sinónimo de ser una bellísima persona que está en este mundo para solucionar todos y cada uno de sus males. Hágales pensar en lo vacías que son sus vidas y en lo plena que está la de usted. Guíe a ese puñado de ignorantes de mierda por el Verdadero Camino de la Iluminación y la Sabiduría.

5. Búsquese un colectivo enemigo al que culpar de todos los males de este mundo. Un colectivo moderno, hoy en día, tiende a basar su existencia en la ideología a la que se opone; dicho de otro modo, su ideología no tiene razón de ser a menos que haya algo a lo que atacar, vilipendiar o contra lo que haya que luchar a sangre y fuego. Su objetivo será básico: considerar que todo lo que viene de la ideología propia es guai (pongamos, decir que ser "promenader" es una forma de vida y que, pongamos, acaba con el cáncer de un plumazo, pero eso no interesa a las farmacéuticas, que si tal que si cual, bla bla bla), mientras que el enemigo elegido (supongamos, los amantes de las judías con chorizo, por poner un ejemplo sacado al azar) es la fuente de todo mal. Justifique esa idea del modo que quiera (los amantes de las judías con chorizo, a causa de sus pedos, son los causantes del cambio climático, o bien, el chorizo es fálico y, por tanto, sexista) y use cualquier argumento, por descabellado que sea, para atacar la ideología contraria y, de paso, reafirmar la propia.

6. Use un lenguaje agresivo y violento contra los manifestantes de la ideología contraria. Invéntese insultos específicos para demostrar que éstos son sus enemigos acérrimos ("Judiófilos" o "Choricistas", por ejemplo) y enarbólelos contra todo bicho viviente que no parezca darle la razón en todo. No tema amenazar con matar, mentar a sus madres, decir que todo el que no le lleva la razón merece ser fusilado o cualquier cosa semejante. No olvidemos que su ideología está por encima del bien y del mal, así que el fin justifica los medios. Se diga lo que se diga, en el tono que se diga, quedará perfectamente justificado y todos deberán aplaudirle. Si alguien le dice que se está usted pasando, usted deberá decir que está ejerciendo su derecho a expresarse libremente, y que no está sino dando su opinión.


"¡Yo me cago en todos vuestros muertos, hijos de la grandísima puta! ¡Os voy a dar por el cacas hasta que tengáis el ojo del culo tan grande que tengáis que amarraros los garbanzos con una guita! ¡Cabrones! ¡Mamones! ¡Montones de mierda con ojos!"


7. Exija respeto para sí mismo en todo momento. Esto es fundamental, porque su ideología debe ser respetada y nadie tiene el más mínimo derecho a cuestionarla. Ya puede usted decir que aboga por pegarle un tiro en la nuca a la gente que no piensa como usted, puede abogar por esterilizarlos a todos con una litrona rajada o simplemente justificar que violen a todos los miembros de su familia. No pasa absolutamente nada; si alguna de esas personas, en alguna ocasión, dice no estar de acuerdo con usted, su misión será chillarle en plena cara y exigirle el respeto que usted se merece. Porque, recuerde: usted SÍ lo merece; los demás no, porque están equivocados. Las ideologías erróneas (errónea= la que no es la de usted) no merecen respeto alguno.

8. Diga a los demás que no están informados y que no tienen ni idea de nada, como argumento en cualquier debate. No olvide que los demás están ciegos y que su misión es evangelizarlos, pero eso no quiere decir que usted necesite argumento alguno para hacerlo. Como su ideología es sagrada, su Palabra es la Ley y no hace falta absolutamente nada más. Usted tiene derecho a recordarles su ignorancia y los demás tienen la obligación de agachar la cabeza y aceptar; de lo contrario, pasarán a formar parte del enemigo. Niegue el derecho a otros a opinar acerca de un tema concreto, simplemente porque usted no considera que lo tengan, independientemente de su conocimiento o no acerca de éste. Niegue asimismo el derecho a los demás a estar de acuerdo o apoyar según qué causas solo por el hecho de no pertenecer a un colectivo con el que usted comulgue. Porque las causas solo las deben apoyar aquellos que llevan la chapa que USTED lleva.

9. Provoque conflictos para demostrar a los demás que estamos viviendo en una guerra: la de su ideología contra la del resto del mundo, tirano y opresor, que intenta silenciarle. No importa si la conversación que está teniendo lugar es pacífica y la gente respeta los turnos de palabra. No importa si hay gente reunida con distintas formas de pensar y que llegan a una especie de entendimiento. El entendimiento es para los débiles: el objetivo del debate no es otro sino el de aplastar, del modo que sea, a todos aquellos cuya forma de pensar no es respetable (forma de pensar no respetable= cualquiera menos la propia). No tenga miedo de faltar al respeto, de enfadar a otros o de poner a todo el mundo en su contra; si una sola persona le aplaude, ya habrá triunfado. Y si otras diez hablan de usted, aunque sea para defecar en sus ancestros, ya ha conseguido la atención necesaria para seguir en la brecha otro día más y sentirse como un Verdadero Defensor, que lucha contra un mundo intolerante que le odia solo por profesar su ideología. Haga lo que haga, usted gana.


"¡Venid para acá, que os voy a dar de hostias a todos! ¡A TODOS! ¡Tengo hostias de todo tipo: de vuelta y vuelta, con viento, doble tirabuzón, hostias con reprís, hostias con eco y hostias consagradas! ¡Venid, coño, VENID!"


10. Atribuya ideologías en todo aquel que no le da la razón. Esto se puede aplicar a ámbitos más generales, tales como que no le rían sus chistes o que sus camisas amarillo fosforecente con rayas rosa chicle no les parezcan lo más de lo más. Si esa persona no besa el suelo por donde usted pisa, ya tiene usted el derecho de decir que en realidad es un amante del enemigo, un tirano opresor que favorece un sistema basado en la intolerancia y el miedo y que ha oprimido a su colectivo durante siglos (por oprimir podemos entender desde una opresión real a simplemente importarle un huevo, es otro término amplio) y, por tanto, indigno de respeto. Si alguien le echa en cara no haber dicho eso, no hay problema: dígale que no lo dice, pero es lo que está pensando. Cuando se tiene la ideología correcta, se ve con claridad en el alma del prójimo, como si se tratase de un libro abierto.

11. Manifieste su odio a todos aquellos que no son de su colectivo las veinticuatro horas del día y justifíquelo con un argumento tan sencillo como decir que es usted un discriminado de la sociedad y que, por tanto, tiene todo el derecho del mundo a discriminar a los demás. Porque su odio sí tiene razón de ser, mientras que el de los demás es irracional, injusto y, por tanto, despreciable. Puede manifestar su odio de muy diversas formas: por medio de un discurso agresivo, con sarcasmos, ataques sin provocación, amenazas o lo que sea. Puede ser todo lo creativo que quiera. Al fin y al cabo, su ideología es superior.

12. Créese una imagen de intelectual para revestir sus argumentos, por agresivos que sean, de una especie de halo de sabiduría. Invite a los demás a una reflexión acerca de algo que se ha sacado usted del sobaco. Vea donde no hay, sea creativo en esto también. Invéntese todo cuanto necesite: argumentos, estudios ficticios, estadísticas... todo vale con tal de parecer en posesión de la Verdad Absoluta.


"Según un estudio de la Universidad de Nosédónde, el que no me dé la razón a mi argumento sacado del sobaco es un hijo de puta al que deberían pegarle un tiro en la nuca mientras lo sodomiza un Mihura. Y esto es así porque lo digo yo, ea".


13. Indígnese. Mucho. Todo el rato. Saque cualquier noticia, por irrelevante que sea, de contexto y grite hasta quedarse afónico. Exagere hablando de opresión, como si estuviéramos viviendo en la puta Alemania Nazi y maximice cualquier contrariedad como si se tratase de una muestra de odio extremo desatado. Instigue el miedo a aquellos que no son de su ideología y véndalos como seres violentos, malvados, sin escrúpulos y sin alma, dispuestos a hacer daño (o a matar, ya que estamos) por diversión. Llame hijos de puta al menos a seis personas distintas. Meta al sistema en esto y diga que contribuye a la opresión. Propague toda clase de mentiras por contribuir a su causa; comparta noticias sin contrastar, porque basta con querer ayudar para estar disculpado ante el error que se pueda estar cometiendo a la hora de difundir información falsa. Arregle el mundo, aunque no tenga ni idea de cómo, o sus ideas sean inviables, utópicas o directamente descabelladas. Dé su opinión, aunque no tenga ni la menor idea de lo que está hablando. Eso sí, debe hacerlo indignado. Muy indignado. Estar de mala leche es esencial para incendiar la red, puesto que el odio es atractivo. El odio atrae a las masas. Si usted odia lo bastante, todos le amarán. Es contradictorio, y posiblemente falso, pero, ¿qué más da?

14. Pierda el miedo a ser incoherente. No pasa absolutamente nada si un día dice usted una cosa y al día siguiente dice la contraria. Recuerde que la Red no tiene memoria y que la gente solo recuerda cómo le partió la boca, virtualmente hablando, a alguien que osó contradecirle. Si alguien le dice algo, basta con decir que no ha entendido lo que quería usted decir y que debe informarse mejor. Si es usted un "promenader" y defiende su derecho a saltarse el cordón policial de seguridad para que no se lo traguen las olas, mañana puede usted decir que es algo que debería hacer todo el mundo obligatoriamente, y pasado que solo deben hacerlo aquellos que creen en la filosofía "promenader". Si usted lo está haciendo bien, nadie debería tener el valor necesario de echárselo en cara. Use dobles raseros y pida para unos lo que no pediría para sí mismo; mida la opinión de la gente en base a sus prejuicios personales y quítele la razón en todo momento, sin miedo a ningunear su criterio, faltarle al respeto o directamente reírse de él. Por otra parte, si otra persona más afín a su "perfil" de contertulio dice lo mismo, use un tono mucho más cortés y educado. Todo vale para diferenciar Personas VIP de la puta escoria.


"¿Que yo dije qué?"
("Where I said I said, I said Diego" effect)


15. Únase a los que piensan como usted y haga piña con ellos (y solo con ellos). Conviertan su ideología, no solo en una forma de vida, sino en una divertida competición para ver quién la tiene más grande (la ideología, se entiende). Porque indignarse solo es algo vacío y triste, pero indignarse con amigos y calentarse mutuamente es lo más de lo más. Formen colectivos, pónganle siglas. Repartan chapitas e invéntense consignas que resulten pegadizas. Si las repiten el tiempo suficiente, sonarán tan bien que esas consignas se esparcirán por todas partes y llegarán al Nirvana virtual, que es la Viralidad. Si sus lemas, sus chapitas, sus memes y sus frases se hacen Virales, habrá gente que las repita como papagallos y las compartirá "porque suenan bien", aunque no tengan ni puta idea de lo que usted está hablando. No importa que nadie sepa de lo que usted habla, sino que esto llegue a más gente y su ideología se normalice. Que forme parte de la sociedad. Una vez hayan conseguido que su mensaje de odio esté normalizado, habrá usted ganado, porque aquellos a los que considera usted sus enemigos serán los que tengan que dar explicaciones por su forma de pensar y pedir permiso para respirar.

Si es usted capaz de seguir estos quince pasos, felicidades. Habrá convertido su colectivo en todo un Movimiento, que será ampliamente extendido por la Red. Los enemigos que usted haya elegido tener, por el motivo que sea, pueden echarse a temblar o bien fundar sus propios Movimientos. Pueden incluso llegar a una encarnizada Guerra que dará emoción a sus vidas, aun en caso de que estas sean anodinas, miserables e incluso patéticas. Ustedes habrán dejado de ser pobres individuos aspirantes a un pensamiento más o menos independiente; habrán sacrificado dicho pensamiento en aras del Movimiento, y su ideología será parte de algo más grande, donde no importa la persona sino el grupo social al que pertenece. Usted habrá dejado de ser una persona para convertirse en una pieza más de un Colectivo; será usted un engranaje perfectamente engrasado para mantener viva la máquina. Una herramienta más para seguir adelante con la lucha que usted habrá elegido.
Nuestras más sinceras felicitaciones: habrá usted conseguido que su vida tenga sentido pleno.

martes, 5 de abril de 2016

Escupiendo Rabia- El derecho a vestir como te salga del mismísimo coño, o Lo llaman feminismo y no lo es



Hará cosa de unos días, una amiga compartió una foto de esas, presuntamente graciosas, que abundan por las redes sociales. Se trataba de un meme en el que se mostraba a una señora del año catapúm, con su indumentaria y sus pintas del año catapúm. Justo debajo de esta foto se incluía el texto: "2016: Hey, mamá, he encontrado una foto de la abuela". Al lado de esta foto del año catapúm, se mostraba un selfie de una chica de nuestra época (obviamente, con menos ropa que en la foto del año catapúm) delante de un espejo con un pie que rezaba el mismo texto. Y se supone que nos hemos tenido que partir el ano de la risa al ver esto.


Esta foto. Pues vale.
Ja, ja y puto ja.
No voy ni a entrar en eso de la descontextualización y en cómo evoluciona la figura de la mujer a lo largo del tiempo, ni nada. Para qué. Probablemente unos cuantos todavía sigan esperando que las mujeres deben ir vestidas y recatadas como hace cien años, vayan a cometer algún pecado ignominioso o algo...


No es la primera vez que he visto, con bastante asco, por cierto, cómo se juzga a una mujer por su vestimenta o por su sexualidad. No hablo de los países de oriente medio ni de la sociedad de los años cincuenta, ni mucho menos: hablo de nuestra sociedad occidental de principios del s.XXI, que se autoerige en esa especie de salvaguarda de las libertades individuales contra el mal y la opresión del enemigo, sea este el que sea (por lo visto, todo el que no es occidental nos parece un retrasado, así como hablando en general). No deja de ser curioso que una sociedad como la nuestra, que se jacta de moderna y de tolerante (perdonad que me descojone ante estas afirmaciones) se permita el lujo de hacer chistes con un tufillo tan jodidamente retrógrado, dando a entender que una chica a la que le gusta presumir de cuerpo es una guarrilla, o directamente una puta. Así, sin anestesia ni vaselina, amigos: una puta. Pues vale.



No es la primera vez que he escuchado a gente de mi edad, o acaso más joven (criados ya en plena democracia y en una etapa de supuesta apertura de miras) decir, textualmente, que toda mujer que llevase una falda por encima de la rodilla era una guarra. "Porque se las ponen para enseñar cacho". Cita textual.
Que a ver, a mí me encanta eso de respetar la opinión del prójimo, pero semejante argumento me parece más digno de puro asco que de respeto.
Llamadme intransigente, o intolerante, o lo que os dé la real gana, pero no tengo ninguna intención de respetar esa forma de pensamiento. Me da igual como se pongan.


Lo más lamentable de todo esto es que he tenido que ver, con unas arcadas que flipas, algo verdaderamente alucinante: ya teníamos que soportar a la legión de machitos-alfa de los de siempre, que en el momento en que se enteran de que una chavala posee algún tipo de iniciativa sexual en lugar de dejarse conquistar por sus (ejem) encantos, que viste como le da la puta gana sin tener que dar explicaciones a nadie, o que sencillamente no se deja impresionar por un garrulo que la trata como si fuera una presa, automáticamente es una guarra. No teníamos bastante con estos seres que, dicho sea de paso, dan una imagen bochornosa de mi género y que hacen que, viendo cómo está el patio de gilipollas y restregadores de cebolletas, tengamos que demostrar que no somos así de anormales, se suma un nuevo colectivo. Este colectivo, que podríamos llamar intelectuales de chichinabo, plastas de eso del género o como nos salga del culo llamarlos, son los que usan exactamente los mismos argumentos, pero revistiéndolo de una especie de lucha social que no deja de ser ridícula. Me refiero a esos seres que empiezan con sus payasadas antipatriarcales (como suelo decir, por lo visto la sociedad patriarcal es el Imperio Malvado Nacido del Reverso Tenebroso de la Fuerza que ha traído Todos y Cada Uno de los Males de Este Mundo Sin Excepción... aunque en realidad no hayamos conocido otro tipo de sistema social y no podamos decir a ciencia cierta si cualquier otra cosa será mejor, peor, o sencillamente igual. Yo me decanto por lo último, por ejemplo), dando a entender que una mujer no debe venderse a los roles heteropatriarcales (sea eso lo que coño sea, porque parece una de esas palabritas de diseño que vete tú a saber quién se la ha inventado, y con qué intención) basados en la vestimenta.


"Que si no vistes como dictan los Sagrados Cánones, eres puta y te callas".
"Eso no lo podemos decir así, que no vende"
"Pues vale, decimos que se ha vendido a una sociedad neomachista heteropatriarcal cuasifascista, tirana y opresora y lo petamos".
"Sí, eso mola mucho más"


Traducimos un poco esta última frase: que si no quieres ser el enemigo, te vistas como estos intelectuales te dicen. Si te vistes con un escote o minifalda, según estos seres, lo que buscas es llamar la atención de los tíos, lo que te convierte en una marioneta de la susodicha sociedad patriarcal, y por tanto, en el puto enemigo, junto con los que ningunean a las mujeres, los maltratadores y vete a saber con quién más. Porque si una mujer tiene interés en captar la atención de los hombres, siguiendo este principio, por lo visto es digna de apedreo a la salida del pueblo. Desde mi punto de vista, una puta meada fuera del tiesto, pero que tiene una lectura muchísimo más siniestra y oscura que la pataleta clásica en pos de la lucha de unos derechos sociales que ni siquiera el que los defiende tiene idea de lo que está haciendo. Más allá del fanatismo y de esa especie de cultura de la indignación popular ante la más mínima chorrada, nos encontramos que esta actitud oculta la imposición de un código moral sobre las mujeres que, si lo pensamos en frío, hasta acojona.

Esta política de "Nosotras vs. Vosotras" (o lo que es lo mismo, "las que guerreamos con el puño en alto y vociferamos contra vosotras, que lleváis años luchando por la igualdad de derechos de una forma pacífica") se ha hecho especialmente en la red a lo largo de los últimos tres años, donde algunos (inclúyase aquí a gente de los dos sexos, por favor) hemos alucinado pepinillos viendo cómo un buen número de mujeres con vida pública han sido atacadas, vapuleadas y vejadas verbalmente por especímenes que se autoproclaman feministas, pero que las han juzgado por su forma de vestir; no es el caso solo el de las famosas, por supuesto, aunque sí el más sonado. Si nos vamos a alguna otra red social, tipo Instagram, nos encontramos que cualquier moza que haya subido una foto en bikini o similares se ha visto sometida a toda clase de insultos de ese tipo. En muchos casos, ves a otras chicas diciéndoles que son unas guarras y que, por culpa de ellas, los tíos son unos cerdos o violan a las mujeres. Porque claro, la culpa de que violen a una mujer, es de las tías que los provocan. Un argumento sobradamente "feminista", dónde va a parar.
La clase de comentarios que te dan ganas de ir pillando el napalm y despacharte a gusto con según qué ideologías.


Le joda a quien le joda, el único culpable de una violación es el violador.
Si a estas alturas de la película viene algún imbécil justificándolo porque fue provocado por la víctima, por mí se puede ir a hacer puñetas con todos los gastos pagados. Tampoco tengo mucho interés en respetar ese tipo de argumentos, porque de por sí ya me parecen poco o nada respetables.
Igual de cafre me parece culpar a la víctima que, como también se ha hecho, culpar a todo el género masculino por lo que hacen unos cuantos. Como si el resto de hombres lo viésemos bien, lo ignorásemos o fuésemos violadores en potencia que solo necesitamos "un empujoncito".
Si la gente quiere justicia, que la busque.
Pero esto NO es justicia. Es linchamiento.


A ver si nos vamos enterando de una puñetera vez, porque parece que el personal o no se entera o no le da la puñetera gana enterarse: el feminismo (el de verdad, y no esa mamarrachada que se han inventado un puñado de idiotas) no consiste en decirle a una mujer cómo debe vestir, ni cómo debe comportarse; precisamente consiste en reconocer que una mujer tiene derecho a vestir y comportarse como le salga del mismísimo coño. Si quiere llevar cuello vuelto o si quiere ir en camiseta transparente enseñando las tetas, es decisión suya y solo suya, y ni colectivo ni ideología alguna sobre la faz de la tierra tienen derecho alguno a contrariar esa decisión. Me da igual que eso de "Es que si sales así a la calle te van a violar, por tanto, no te vistas de esa manera" lo diga un intelectual de estos de los de incendiar redes sociales o lo diga un extremista religioso de cualquier creencia. El contenido de fondo (el de limitar la decisión de una mujer) es exactamente el mismo, y por tanto, despreciable. No me valen etiquetas ni prebendas morales del tipo "es que nuestra causa es más justa que las de los demás". Esa es la justificación del fanático, del que considera que el fin justifica los medios y que la única diferencia entre unos y otros es la insignia que enarbolen y no su forma de actuar.


Hoy en día prima eso de hacer ruido por defender algo, por encima de lo que realmente se esté defendiendo, o cómo se esté defendiendo. Están los que prefieren decir que defienden los derechos de la mujer, pero lo único que parecen buscar es tenerlas bien ataditas, no sea que les dé por pensar por sí mismas o algo... Eso sí, estos seres hacen un ruido que flipas. Y a más de uno y más de dos les están vendiendo esta mierda, solo en base al cipote que están armando.


Otra amiga comentó, hace un par de días, que la persona que llama puta a una mujer en calidad de insulto (o, como añado yo a esto, el que lo hace solo para acusarla de no seguir esa especie de rígido código moral inventado por vete a saber quiénes) se retrata a sí misma. No puedo estar más de acuerdo: en estos años de fanatismo que se están viviendo, empiezo a ver que de llamar "puta" a "marioneta del Patriarcado" no está habiendo demasiada diferencia, que se diga. A veces, he llegado a ver que son incluso sinónimos, y se ha llegado a decir (siempre por exquisitas y autoproclamadas "feministas", por supuesto) que esos shorts que enseñan parte de la nalga son de guarras. Y quien no dé la razón a esto, pues resulta que es un machista, alguien con poca autoestima y que lo que busca es que le calienten la polla (sic.).
Hemos tenido que leer auténticas estupideces, tales como que las mujeres no deben querer ser princesas cuando son niñas, que no les debe gustar el rosa o que no deben sentir apego por las tareas domésticas, como si eso las hiciera menos feministas o, según gente que ya es imbécil sin adulterar, incluso menos mujeres "de verdad".
Afirmaciones que a veces nos hemos tenido que comer con patatas porque resulta que quien lo dice lleva su chapita de "Yo soy feminista (y tú no)" junto con la de "No sabes nada, Jon Nieve". En resumidas cuentas, que esa persona parece sentirse por encima del bien y del mal y permitirse el lujo de ir pisoteando el criterio de los demás solo por (decir) defender la sacrosanta ideología de la igualdad de género.


Pasa también que lo mismo no te gusta este tipo de prendas. Bien, no hay problema en eso. Nadie te obliga a que te gusten; a algunos de nosotros no nos gustan los calzoncillos de media pierna y no los llevamos, no pasa absolutamente nada.
Lo que no es de recibo es emprender una guerra contra todas las personas que los lleven, como si no pudieran decidir acerca de enseñar su propio culo. Como si sus posaderas ahora fueran de dominio público y tuvieran que andar pidiendo permiso a las Autoridades Morales acerca de llevar shorts que enseñen el culo.
Porque está claro que aquí todo el mundo tiene la superioridad moral para poder juzgar como visten los demás, y hay que andar dándoles explicaciones a diario acerca de lo que los demás nos ponemos o nos dejamos de poner.
Pues claro que sí, joder.


Lo triste es que no lo hacen. No defienden absolutamente nada y su cruzada es de todo menos noble, por mucho que digan. Lo único que están haciendo es defender unos valores antediluvianos, disfrazados de ideologías hipersupermegaprogresistas, pero lo que se puede extraer de ellas es un mensaje muy simple: "Haz lo que te decimos o te acusaremos de lo que no eres".
Limitar la opinión de las mujeres.
Condicionar su comportamiento o su actitud, bien con otras mujeres, bien con los hombres.
Imponer gustos, criterios, o simplemente formas de ser.
Silenciar su opinión, siempre y cuando no se amolde a esta ideología guai.
Socavar su independencia sexual y dar a entender que si una mujer es sexualmente activa, está mal. Lo mismo si es sexualmente pasiva. La cuestión es tener que dar explicaciones a quien no hay que dárselas (es decir, en ese tema la cosa es clara: no hay que darle explicaciones A NADIE)
Es muy triste, por no decir lamentable, ver cómo cada día, más gente se suma esta política retrógrada, disfrazada de progresismo. Cómo el personal va de feminista por la vida, pero enarbola argumentos que rezuman un arcaísmo de lo más rancio, en el que se le dice a una persona (en este caso a una mujer) lo que debe hacer, cómo debe hablar, con quién ir y cómo relacionarse con el mundo; y si no sigue esta conducta ya impuesta desde algún lugar, permitirse el lujo de humillarla siempre que se pueda.


Lo cachondo es que esos mismos que llevan a cabo este tipo de prácticas, donde todo aquel que no suscribe sus argumentos de odio (no tienen otro nombre) es insultado y atacado hasta rozar el ataque personal, resultan ser los primeros en ponerse la chapita en pos de la libertad de expresión, la tolerancia y el respeto. Son los primeros en manifestarse contra el acoso de cualquier tipo o la violencia verbal...
... Pero luego son incapaces de reconocer su propia agresividad, sus constantes juicios de valor sobre los demás y sus ataques vejatorios sobre todos aquellos que no les ríen las gracias.
Porque, para muchos, eso de la tolerancia va en  una sola dirección.


Ya lo dije en su momento: no creo en esa gente que tiene esa ideología. No creo en lo que dicen defender. No creo en esa política que dice buscar la igualdad, pero en el fondo solo parece buscar beneficiarse más que los demás. No creo en esos chillidos ni en esos ataques a todo aquel que no manifieste un acuerdo al cien por cien con este ideario de revolución de chichinabo.
Pero lo cierto es que tampoco creo en la parte (presutamente) contraria (insignias y chapitas aparte, para mí promulgan lo mismo), en la que da a entender que toda criatura con un potorro entre las patas es una puta en potencia.
El feminismo, y resumo ya todo esto, no es eso: es asumir que una mujer puede vestir como quiera, ya sea enseñando el culo o vistiendo como una monja. Que puede elegir trabajar en lo que quiera, como si prefiere quedarse siendo ama de casa. Puede salir con quien le dé la real gana, hablar con los tíos que le dé la gana; puede tomar la iniciativa sexual si le parece o, si por el contrario, es de otra forma de ser, puede elegir ser conquistada por alguien que le interese. Puede seguir el ideal de un amor para toda la vida o tener sexo sin compromiso. Una mujer no tiene por qué dar explicaciones, ni a los hombres, ni a otras mujeres, acerca de sus decisiones o lo que sea. Puede tener un hijo, dos, o ninguno, bien con un marido, bien por sí misma.
A ver si os enteráis de una puta vez: el feminismo lo que defiende es la libertad de elección. Cualquier bicho viviente que os venga a decir que las mujeres deben comportarse de una determinada manera o ajustarse a según qué perfil puede decir misa si quiere, pero que no os engañe: NO es feminista.