lunes, 25 de junio de 2018

Mondo Chorra- Exilio (II): Limpieza emocional



Habida cuenta de lo que he venido escribiendo últimamente, es más que probable que algunos de vosotros empecéis a pensar que no quiero saber nada de nadie. Supongo que eso es lo que parece, pero... ciertas cosas merecen ser analizadas y discutidas de una forma extensa. Así es como suelo hacerlo yo; puedo seguir cometiendo errores, sí, pero al menos que no sea por algo que no haya sopesado, o por lo menos, que sea por una cosa que, de entre todas las que he analizado, se me ha podido escapar.

Como decía, supongo que parece que me he vuelto una especie de ermitaño o algo así. Ya aparezco poco por redes sociales (al menos, para hablar) y la frecuencia de los posts de este blog ya no es la que era. Hasta puede decirse que el tono de lo que he venido escribiendo ha cambiado ligeramente con el paso de los últimos meses.
Pero no nos engañemos. No me he apartado de todo, aunque lo parezca; tan solo estoy haciendo una especie de limpieza emocional, tras todo lo vivido... ¿Cuánto? ¿Este último año? ¿Los dos últimos años? ¿Los últimos cuatro, cinco años? Hasta yo mismo he perdido la cuenta de todas las batallas en las que me he visto en vuelto, de todos los tragos que he tenido que ir superando. Los mil enfrentamientos, decepciones y momentos de profunda tristeza, que acaban de manera inevitable pasándote factura. No sales de uno cuando te encuentras en otro. A veces, con no uno, sino con dos o tres frentes abiertos. No sé cuántas veces me he sentido en un auténtico campo de minas. He perdido ya la cuenta de todos esos momentos en que me he sentido obligado a cerrar la boca, bien porque no he sabido qué decir, bien porque he tenido miedo a hablar, o bien porque me han dicho abiertamente que me calle.


"A callar".


Soy humano, y esas cosas suponen un desgaste de energías tremendo. Ahora mismo mi sentimiento general no es de enfado. Ni siquiera de molestia.
No.
Lo que siento es desgaste.
Cansancio.
Me siento muy cansado de ver cómo todas y cada una de mis decisiones son cuestionadas, sean erróneas o no. De no poder desahogarme en muchas ocasiones, por miedo a que se malinterprete cómo me siento y, en lugar un mínimo de empatía  comprensión, lo que me encuentre sean más juicios. Más reprimendas. Más acusaciones.
De tener que justificar todo cuanto digo o hago. De tener que dar una, diez, mil explicaciones, y pese a todo, encontrar que no he conseguido hacerme entender. Que mis intenciones y mis actos se han visto como lo contrario de lo que yo quería hacer. De sentir no solo la incomprensión a mi alrededor, sino también la falta de confianza al no recibir el más mínimo beneficio de la duda al no pensar que, si hago algo, es porque tengo no uno, sino unos cuantos motivos de peso.
De ser censurado de manera sistemática. De sentir que yo parezco ser el único obligado a rendir cuentas, cuando a mi alrededor, los demás parecen gozar de una libertad de acción que ellos mismos me restringen. No es la primera vez que he visto que aquellos que me lanzan duras acusaciones por aquello que hago o dejo de hacer son quienes hacen exactamente lo mismo, o peor que yo sin sentir que tengan que dar una sola explicación. Mucho menos una disculpa.
De ser tratado de manera condescendiente. De no ser tomado en serio. De que me culpen de todo lo habido y por haber, sea responsabilidad mía o no. Cansa mucho convertirse en el saco de boxeo de los demás, al que metafóricamente pueden golpear cuando tienen un mal día, o cuando no tienen los arrestos de afrontar los problemas que tienen con otras personas.
De ver cómo deciden por mí. Sentir que no se me quiere en un sitio bajo el pretexto de que como no es un sitio al que iría por mí mismo, mi presencia no se requiere, pese a que para mí eso es secundario (por no decir prescindible) si la gente con la que estoy me aporta algo.
De ser comparado y descartado ante gente que en apariencia brilla más que yo. Ese momento en que tu entorno deja de contar contigo porque han parecido encontrar alguien más acorde a lo que están buscando es algo que también pasa factura, porque hacen que te sientas desechado, obsoleto. Que no eres nadie, o si acaso, alguien temporal, hasta que aparece algo mejor.


"Busque, compare, y si encuentra algo mejor, mande lo que tenía a su lado a cagar".


Todo esto es con lo que quiero (debo) romper. Mi principal prioridad en estos momentos es precisamente salir de esa espiral descendente donde los sentimientos predominantes son de culpa e inferioridad. Para ello, tendré que asumir una tarea bastante dura: poner tierra por medio con todos aquellos que, voluntariamente o no, me han hecho sentir así. Limpiarme emocionalmente y asumir que no tienen razón, por mucho que intenten convencerme de lo contrario (y por mucho que lo hayan estado consiguiendo últimamente, debo decir). Tendré que encontrar el modo de plantar los pies en el suelo y trazar las líneas necesarias para decir "NO" cuando me siento ninguneado. Esto, por supuesto, no implica conflicto. Para mí todo eso está empezando a quedar atrás: esas interminables discusiones, donde tenía que andar defendiéndome (sin mucho éxito, me temo) ante cualquier reproche que me tocara comerme. Esos episodios en los que se me mandaba callar porque lo que tuviera que decir, bien no interesaba, bien era considerado una estupidez antes incluso de que abriera la boca, están pasando (o deben pasar) a mejor vida. Simplemente desapareciendo, dejando de lado según qué actitudes, compañías o situaciones, todo empieza a fluir.


Reconocedlo: cuando he dicho lo de "fluir" estabais pensando en alguna guarrada, ¿verdad?
Por cierto, lo de la foto no sé exactamente lo que es. La he encontrado en un blog sobre medicina holística.
Tampoco sé lo que es eso de medicina holística.


Respiro hondo y me doy cuenta, por fin, de que no soy tan rematadamente inútil como me han estado haciendo ver. Que, muchas de las veces, cuando se me ha puesto en entredicho y se han tomado mis cursos de acción como pataletas o actos de cobardía o soberanas estupideces, he acabado teniendo razón. O resulta que mis decisiones no eran tan malas. En el peor de los casos, simplemente estaba haciendo las cosas a mi manera, lo que no implica que sean peores que las de cualquier otro. Solo son las mías.
Y oye, pese a todo, lo que encontré tras haber sido cuestionado fue una total y absoluta falta de reconocimiento. Lejos de que nadie me dijera que se habían equivocado conmigo, que alguien hubiera lamentado su falta de fe o respeto ante lo que estaba haciendo, lo que encontré fueron más reproches. Reproches acerca de por qué no di una información detallada de lo que estaba haciendo y de lo que pretendía. Reproches por no haber tomado caminos que a otros les hubieran parecido más correctos.
La perpetua sensación de que, haga lo que haga, nunca está bien. Nunca lo bastante bien.
Nunca soy bueno para determinadas personas.
Y sí, ya he hablado de esto mil veces. Pero no estoy de humor para andar dando explicaciones sobre lo que escribo o dejo de escribir. Punto.


Más inútil que los pezones de una armadura


Respiro hondo y me doy cuenta de que me merezco algo mejor. De que si tengo que vivir intentando ser mejor para alguien, es que ese alguien no es lo bastante bueno para mí. No es fácil, porque siempre resulta doloroso dejar ir a gente que te ha importado, pero hablamos de una cuestión de supervivencia. Algo básico si uno quiere avanzar y seguir adelante. Si quiere desprenderse de las cruces que le han hecho cargar.
Si quieres liberarte, debes romper las cadenas que tú solo te has puesto.

La cuestión es que esto no implica que rompa contacto con todo el mundo. Aquellos que se han portado bien conmigo, que han hecho por escucharme, que se han esforzado por comprender lo que digo y por ayudarme a salir del bache podrán atestiguar que NO he desaparecido. Ellos podrán corroboraros que sigo trabajando en mis proyectos y que, poquito a poco, voy encontrándome algo mejor.
De hecho, creo que está siendo una época bastante buena, no solo para limpiarme de todas esas emociones negativas que he venido experimentando durante tanto tiempo; diría que es una buena oportunidad para dar rienda suelta a mi creatividad. El arte siempre ha sido un compañero silencioso que me ha acompañado, de una forma u otra, y me ha servido para purgarme de todo aquello que llevo dentro y de lo que me quiero liberar. Así que, si hasta la fecha ya estaba explorando mis límites como artista, ahora se abre ante mí la oportunidad de llevarlos hasta el siguiente nivel. De seguir explotando lo que creo que soy capaz de hacer y descubrir que puedo hacer cosas que hasta ahora creía que escapaban a mis posibilidades.


"Y con este me salí del pellejo"


Porque en todo lo malo podemos encontrar algo bueno. Y si esta etapa que va cerrando ha sido un episodio bastante oscuro en mi vida, quiero pensar que lo que se abre ante mí es un terreno fértil lleno de posibilidades. Tan solo tengo que desprenderme de todo aquello que me ha estado lastrando. Abandonar pensamientos inútiles y autodestructivos. Demostrarme a mí mismo que estoy por encima de lo que se espera de mí. Que puedo aspirar a ser mejor de lo que soy, pero no otra persona.
Tengo que asumir que yo no soy el dinero que gano, el éxito que tengo o lo reconocida que es mi figura públicamente. Que no necesito hacer nada para impresionar a nadie. Que no tengo nada que demostrar, salvo a mí mismo.
Cometo mis errores, como todo el mundo, pero yo NO soy mis errores. Y, como tales que son, no necesito andar cargando con las culpas. Ni las mías ni las de nadie.

Por eso muchos de vosotros no estáis sabiendo gran cosa de mí últimamente. Porque, a lo largo de todo este tiempo, no habéis entendido absolutamente nada que no sea lo que habéis querido entender. Me visteis mal y no solo no me escuchasteis, sino que aprovechasteis para pisotearme. Cuando hablé, me dijisteis que debía haberme callado y, cuando me callé, me dijisteis que debía haber hablado. Pregunté y no me contestasteis, pero cuando preguntasteis vosotros, exigisteis que contestara yo. Me reprochasteis que las cosas me sentaran mal, pero yo no pude decir ni media palabra cuando descargasteis vuestra ira sobre mí. Me ignorasteis de la forma más descarada, pero luego vinisteis a lanzarme reprimendas cuando me harté de todo eso.
Me encontré mal, emocionalmente débil y lo único que pudisteis decir fue que yo no estaba allí para formar parte de vuestra diversión, pero en ningún momento os planteáis que vosotros no estuvisteis allí cuando os necesité.


Y seamos serios: no voy a esperaros toda la vida.


Es en ese momento cuando, escribiendo estas líneas, tomo un poco de aliento y me paro a pensar. Reflexiono acerca de lo que seríais capaces de decirme, ahora que todo esto por fin está pasando. Qué palabras escogeríais para justificaros, para hacerme quedar como lo que me habéis hecho quedar siempre. Para poder seguir con vuestras historias, desprendiéndoos de toda responsabilidad como una serpiente se despoja de su antigua piel.
Pero lo pienso por un instante, nada más. Porque ya estáis viendo que, poco a poco, estoy desapareciendo de las vidas de muchos de vosotros. Y debo decir que cada vez lo siento menos. A vosotros nunca pareció importaros y yo... Bueno, ya he dicho que yo estoy haciendo lo posible por no asumir más responsabilidades que las mías propias. No puedo preocuparme por algo que a vosotros ni siquiera parece importaros.
Es física pura, después de todo: al final, toda acción conlleva una reacción. No habéis estado cuando yo sí estuve. ¿Por qué debo seguir ahí para vosotros?

domingo, 3 de junio de 2018

Mondo Chorra- Exilio



A veces, llegas a un punto en tu vida en que no puedes más. Intentas hacer las cosas bien y no lo consigues. Miras a tu alrededor y lo único que encuentras son juicios de valor, reproches y reprimendas que tú no lanzarías sobre nadie. No a conciencia, sobre nadie que te importa, y mucho menos sobre alguien que te importa y sabes que no se encuentra en su mejor momento.
Cuando ves todas y cada una de tus decisiones puestas en tela de juicio, así como tus actos, tus pensamientos e incluso tus valores, es el momento en que tienes que detenerte para hacer un pequeño balance de cómo están saliendo las cosas en tu Universo personal. Cuando te das cuenta de que estás midiendo cada gesto y cada palabra dicha (o no) en un entorno en el que se supone que deberías sentirte cómodo, debes enfriar tu cabeza y pensar en frío. Tomar aliento y valorar por ti mismo si, en efecto, tú eres el responsable de todos y cada uno de los males que suceden a tu alrededor o, por el contrario, solo lo eres de lo que has hecho tú y el resto de tu carga consiste en pagar platos rotos y culpas por cosas que, en el fondo, ni siquiera tienen que ver contigo realmente.

Es entonces cuando te llegas a recargar un poquito, y te dices a ti mismo "NO".
NO. No eres tan horrible ni tan mala persona.
NO. No obras de una forma tan espantosa como te han estado dando a pensar. Sí, has cometido errores... pero es que ni eres el único en haberlos cometido, ni tal vez sean tan imperdonables como te han hecho creer.
NO. No eres peor que los demás.
NO. No vas a dejar de nuevo que te tasen, evalúen, comparen y juzguen. No vas a permitir que nadie te silencie, ni te censure, cuando tú jamás lo has hecho.


Y ciertas cadenas empiezan a romperse...


Ante eso tienes dos vías: la vía del conflicto, que en líneas generales consiste en trazar una línea y arrearte a dentelladas con el primer ser viviente que vuelva a pisotearte, y la vía del exilio.
Sé que para muchos la primera vía es la correcta, porque bueno... implica enfrentarte de una vez a aquellos que te dicen A cuando tú piensas B, y si no piensas A eres (inserte aquí insulto adecuado al contexto que se tercie), y supongo que tienen su parte de razón... pero esto no se puede aplicar siempre.
Cuando te das cuenta de que el conflicto tan sólo te va a aportar un desgaste de energías tremendo y nada más, porque no vas a convencer a nadie de lo que ya piensan, esa vía del conflicto se transforma en una total y absoluta pérdida de tiempo. Hagas lo que hagas, en según qué contextos, en según qué círculos, será considerado un error, una decisión catastrófica o una maldad absoluta y nada de lo que hagas será tenido en cuenta de la forma que esperas. No por lo que hayas hecho o dejado de hacer, sino porque lo has hecho tú. Piensa, pues, si esas decisiones que has tomado la tomarían (o ya tomado) otros en tu lugar, y piensa si se hubieran percibido de la misma manera. Si tu respuesta es "No", ya tenemos ante nuestras narices un doble rasero que deja claro que hagas lo que hagas, se va a ver como lo incorrecto.
¿Para qué desgastar energías en entrar en un conflicto que no te va a aportar más que una situación desagradable o, en el peor de los casos, una pelea abierta?


Ya lo dijeron estos tíos: "¿Me quedo o me voy?"


Es aquí cuando se plantea la idea del exilio.
Puede que a muchos os parezca una cobardía, pero permitidme compararlo con lo que supone tener a alguien que se supone que aprecias, que sabes que está mal y al que estás:
a) ignorando
b) machacando
c) alternando a) y b) en una especie de tira y afloja emocional la mar de curioso.
Decidme qué valor hay en pisotear al que se encuentra débil y andar restregándole todas sus miserias por la cara hasta el punto de que ya ni se atreva a hablar. Decidme lo valiente que es la persona que aprovecha la excusa de la sinceridad y la confianza para comportarse de una forma cruel, metiendo el dedo en la llaga en sus puntos débiles, sin atisbo de empatía ni tacto alguno a la hora de hablar. Si sois de la clase de gente que justificaría este tipo de actitudes en aras de "una amistad sincera", mucho me temo que vosotros y yo no nos vamos a entender. Podéis seguir leyendo lo que diré a continuación, si queréis, pero me temo que no os va a decir mucho.

Y es que, cuando sientes que los demás se portan contigo de una manera que, bajo ningún concepto, usarías tú para tratar a los demás, ves que esto no marcha. Y hay que poner una solución, tirando a drástica.
Por una vez y sin que sirva de precedente (al menos, en comparación con la imagen que tenéis muchos de mí), la solución por la que yo optaría no sería la de coger a esa persona y decirle que se vaya a cagar, ni mucho menos. No es algo que nos gustaría que nos hicieran a nosotros, por tanto sería algo injusto recomendarla.
A veces, la mejor opción consiste simplemente en exiliarte. Desaparecer. Alejar de tu vida a aquella gente que ves que no te está aportando más que dolor, incomprensión y, sobre todo, un terrible sentimiento de culpa por cualquier cosa que hagas, pienses, digas, o dejes de hacer, pensar o decir, sin importar el hecho de que intentes siempre hacerlo todo lo mejor que sabes, que actúes según tus valores o que antepongas el bienestar de otros al tuyo propio.
Si no se entiende o no se valora todo eso, entonces es que sobras. Ese no es tu lugar y, por duro que sea llegar a una conclusión de este tipo, estás perdiendo el tiempo ahí, porque tu verdadero sitio te está esperando en alguna otra parte.


Ve tirando.


Por otra parte, debo decir que no es para nada fácil acabar tomando este tipo de decisiones, y necesitas una tremenda cantidad de fuerzas que no siempre tienes. Supongo que, para ello, tienes que tocar fondo y, una vez ahí abajo, mirar arriba y darte cuenta de que a partir de aquí tu camino debe ser ascendente. Que, por mucho que duela, debes dejar que se marche de tu lado aquella gente por la que te has desvivido y que te ha devuelto dolor. Por mucho que sigas teniendo buenos sentimientos hacia ellos, por mucho que los eches de menos. Es una dependencia que, en el momento en que puedas tomar aliento y reunir las mínimas fuerzas, debes superar. Por tu propio bien. Porque no puedes seguir viviendo en una nube de culpa constante, ni bajo el miedo a hablar por ser avasallado una y otra vez.
Sí, es algo muy duro, créeme. Es como desprenderte de algo que crees que es vital para ti, y empezar desde cero. Pierdes la orientación y te preguntas a dónde ir ahora. Qué hacer. Te planteas incluso si es cierto que eres tú el desastre y que esto no es otro error más que añadir a tu lista.


Y este es solo el Volumen 1.


Pero, si resulta que has tomado la decisión en ese momento en que has tocado fondo, sentirás algo muy diferente: sentirás que, poco a poco, ciertas cargas dejan de recaer sobre tus espaldas. Abres los ojos y descubres que aquellos que parecían tan moralmente superiores a ti no son más que humanos. Humanos que también han cometido sus errores y que tú, tan abatido y silenciado como estabas, ni siquiera lo habías visto.
Con ese nuevo pensamiento en mente, inicias una nueva andadura, consciente de lo que sí hiciste y que estuvo mal, pero trazando una nueva línea:
Cometiste errores, sí, pero no obraste a mala fe.
No fuiste el único en cometerlos, además.
Estos pensamientos se convierten en el primer paso para tener la conciencia tranquila. Algo que, quién sabe, puede diferenciarte de aquellos que te han tratado de un modo que (a la larga y tras un período de debida reflexión) sabes que no te mereces.


Dormir a gusto es algo que no tiene precio.


El Universo es grande. Tarde o temprano acaban apareciendo aquellos que, en tu hora más oscura, te tienden la mano y te dicen "Yo te entiendo" cuando nadie más lo ha hecho. Los que se han puesto en tu lugar y, lejos de darte la razón en todo (porque no es eso lo que necesitas), te abren su corazón y te dan ánimos y fuerzas para seguir adelante. Para desprenderte de todo aquello que lo único que te ha hecho ha sido abrirte heridas muy profundas.
Porque, en muchas, muchas ocasiones, lo que te hace feliz no es ver a alguien a diario, o irte con esa persona a tal o cual sitio. Ni que te regalen nada, ni te que acuestes con tal o cual. No, lo que te hace feliz es que alguien sepa leer en tu silencio y te diga "Oye, ¿cómo estás?". Que te mande un chiste que no tiene ni puñetera gracia, pero sabe que te vas a reír y que vas a agradecer el gesto. Que te escriba cualquier chorrada solo para que sepas que está ahí. A tu lado pese a que viva en otro país.
Da toda la fuerza de este mundo saber que alguien a quien no has visto en una buena temporada se reúna contigo un buen día y te haga  sentir especial, que te haga saber que aunque ha estado en algún otro lugar, lejos, se ha acordado mucho de ti y te ha echado un montón de menos.
Te sientes realmente fuerte cuando empiezas a encontrar gente que aprecia lo que haces bien, te orienta acerca de aquello que puedes mejorar y que se siente orgulloso de tus progresos, por lentos que estos sean. Que, para variar, agradezcan que, pese a tus errores, te esfuerces por hacer mejor las cosas. Por mejorar tú mismo y por querer mejorar el entorno que te rodea.
Te sientes menos solo cuando puedes estar horas enteras charlando con alguien de auténticas tonterías sin sentirte juzgado. Que puedas pasar de debatir por qué crees que Emma Frost es mejor pareja que Jean Grey y de ahí a pasar a algo como cuáles eran los principios filosóficos que regían el pensamiento en la Ilustración. La sensación de entender a la persona con la que estás hablando, independientemente de que estés de acuerdo con ella o no.


De eso va esto: de entenderse. De no tener que andar justificándose, ni sintiéndose culpable. De sentirte lo bastante cómodo como para poder hablar, sin censuras, ni el miedo a que te la líen cada vez que abres la boca.


Pero, insisto, no es fácil. Para echar a andar, tienes que empezar cayendo de bruces no una, sino mil veces. Dejar ir aquello que querías con todo tu corazón, pero que te negabas a reconocer que te hacía daño. Limpiar tus heridas e iniciar descalzo un camino tortuoso. Empapar el suelo con tu sangre a cada paso, pero no desfallecer. Seguir equivocándote y ser consciente de ello, pero no convertirlo en algo por lo que mortificarte. Aceptar más responsabilidades que cargar con culpas.
Sin embargo, para ello cuentas con algo con lo que no contabas antes: a fuerza de haber pasado por lo que has pasado, ahora eres consciente de la clase de persona que eres y de la que no eres. Quizás no tengas muy claro lo que deseas, pero sí lo que no quieres. Puede que no consigas algunas cosas que te gustaría conseguir, pero sí debes ser tener el objetivo de conseguir aquello que sabes que necesitas y abjurar de todo aquello que no te aporta nada.

Bienvenido al Exilio.
Que tengas un buen viaje.