sábado, 27 de abril de 2013

Escupiendo Rabia- Pidiendo guerra



Coger el transporte público es toda una experiencia, os lo digo en serio. Si ya leísteis aquel artículo donde relataba lo que era una tarde en un autobús, este artículo podría empezar de una manera similar: conmigo, sentado en un asiento, dirección al centro, intentando leer el libro que una amiga ha lanzado hace unos meses.
Intentando, sí.
Porque se pone a berrear la gente y te cuesta meterte en una intriga de corte. De estas cosas que, lo quieras o no, ya estás en el plato y en la tajada... porque, cojones, a ese volumen digno de los Motörhead en directo, no hay quien se concentre.
Total, que ya que estás forzado a escuchar a la señora, pues prestas atención a su discurso: lo de siempre, que las cosas están muy mal, que en la zona que vive (una zona deprimida de mi ciudad) las cosas van cada vez peor, que los tienen allí como si fueran perros, rodeados de ratas... En fin, no es que me vaya a poner insensible, pero es que cuando escuchas lo mismo cuarenta mil veces, por duro que sea, llega un momento en que no te sorprendes de nada. Como mucho, te limitas a dar gracias por haber nacido en un entorno menos jodido y sigues con tu vida.

El discurso de la señora acaba por convertirse en un debate. En uno de esos donde, si hay alguien que no está de acuerdo con la nota dominante ("Estamos jodidos/somos unas víctimas del mundo") se calla como una puta en cuaresma a menos que quiera recibir hostias hasta en el carnet de identidad. En pocas palabras, lo que se tiene es un puñado de gente que se suma al monólogo para asentir con la cabeza, darse la razón mutuamente y demás.
Hasta aquí, nada digno de mención. Visto una vez, visto mil. Lo que me hace saltar las alarmas es, quizás, la intervención de una señora, respaldada por la de un señor, que se han sumado al coloquio gratuito.

- De lo que no se quieren enterar- dice, refiriéndose a los políticos- es que ellos son unos pocos, y nosotros muchos más.
- Y esto- interviene el hombre que estaba sentado al lado-, o lo solucionamos como lo tenemos que solucionar o vendrá algún hijoputa que nos haga lo mismo que hace cuarenta años.

La conversación termina aquí, ya que la gente empieza a bajarse en la última parada; cuando salgo del autobús, no dejo de darle vueltas a eso a lo que el hombre ha aludido a lo largo de media conversación y que ha rubricado con esto último que he citado. Junto a lo que ha mencionado la señora, no deja de ponerme los vellos de punta.
Y es que ahora parece que está de moda ser un revolucionario. Un guerrillero. Un puto Pancho Villa, de esos que quedan superguais en las pelis, que derrocan al malvado poder a tiro limpio, que cortan las cabezas de los tiranos y las clavan en una pica en la puerta del congreso para que todos vean que la cosa va en serio.
Hemos pasado de algo tan respetable como reivindicar los derechos que poco a poco estamos perdiendo a su extremo más claro, que es abogar por la muerte sistemática de aquellos que no están haciendo las cosas como se esperaría.

"¡MUERTE! ¡MUERTE! ¡MUERTE"
Tus vecinos y gente de tu ciudad, abogando por la ejecución de la gente que no mola.
Cómo mola.


Lo más descojonante de todo es justo el hecho de que estas movidas precisamente provocan lo que nos hicieron hace cuarenta años: en su momento, ante una situación política que no satisfacía a según quiénes, hubo un hijo de la grandísima puta que dijo que eso no podía ser, se alzó contra el gobierno regente y nos la metió por el culo cuatro décadas. Fue un militar y usó el poder del ejército para iniciar el desastre más gordo que ha parido madre en este país a lo largo de más de un siglo.
Llamadme animal, pero para mí no sería mucho mejor si un nuevo desastre lo provocasen civiles. Si el pueblo llano, en un arranque de "sabiduría popular" (en serio, me encanta este oxímoron) dijese que hay que derrocar al gobierno e instaurar otra cosa.
Hacer eso, así visto desde fuera, en una taberna, en el sofá de tu casa y demás, suena de puta madre.
En la práctica es iniciar una guerra.

Por eso me hace mucha gracia escuchar cómo gente que ha sido criada en plena democracia... o incluso en una época más relajada de la dictadura (cuando aquí Paco estaba con un pie en la tumba y las cosas no eran ni mucho menos tan jodidas como en la posguerra) hablan con una pasmosa facilidad de lo que es iniciar una revuelta, un conflicto armado. De coger y rebanar pescuezos, liarse a tiros y derrocar el sistema tirano y opresor que nos atenaza.
Eso queda superchulo si nos hemos criado viendo pelis de indios y vaqueros, donde unos son el bien absoluto, los otros el mal más zafio y el mundo se alía en dos bandos que se enfrentan entre sí. Donde no hay consecuencias posteriores y donde no pasa absolutamente nada si le partes a un orco la cabeza en dos con un hacha. En la ficción, todo eso es muy bonito... y oye, sabiendo que es ficción, pues mola ver pelis en ese plan. Te diviertes y eso.

Salir a la calle a liarse a tiros para acabar "con los hijoputas esos" no es algo que nadie deba decir en serio. Nadie que pase un examen psicológico, al menos. Estamos hablando de combatir la opresión (que oye, no es que estemos flipando, pero me voy a Afganistán o a Sierra Leona y me queda claro lo que es opresión de verdad; lo que tenemos aquí no será la libertad absoluta, pero yo no tengo los cojones de decir que tengo miedo de salir a la calle, vaya a ser que el gobierno me abata a tiros. No aún, por lo menos) por medio de la violencia, la sinrazón y, en definitiva, comportándonos como se supone que un pueblo "sabio" no debería comportarse.
Los que dicen este tipo de burradas, apoyando una revuelta manchada de sangre, para mí que no han leído a Asimov, que era el que decía que la violencia es el último recurso del incompetente. Los hijos de puta de arriba ya nos han demostrado sobradas veces su incompetencia, y a menudo la han firmado abatiendo a palos manifestaciones pacíficas, con auténticas meadas del tiesto de las que te dejan a cuadros.
Sí.
Pero que los de arriba sean unos hijos de puta, unos cobardes que se abren el ojo del culo ante la banca, Alemania, el BCE, el FMI y ante cualquier sigla que no sean los AC/DC en caso alguno puede justificar que nosotros nos subamos al carro de la subnormalidad. De que cojamos esa política de "Pues si ellos lo hacen, hala, yo también".

"¡Voy a matarlos a todooooosss!"


En serio, si nace un solo gilipollas más en este país, nos hundiremos. Como la puta Atlántida.
Estoy hasta los mismísimos cojones ya de que la gente se haga esas pajas mentales y empiece hablando de utopías que no han funcionado en la puta vida. Que me hablen de la Revolución Francesa como lo mejor que le pudo pasar a Francia, cuando lo que se hizo fue deponer a un cabrón para instaurar el Terror (tócate los cojones con la utopía). Que me identifiquen república (algo que, insisto, no comparto, pero que me parece respetable como sistema de gobierno) con la solución a todos los putos males. Que si hay corrupción, la república es la solución. Que si nuestros sueldos son bajos, la república es la solución. Que si mi polla no mide veinte centímetros de largo y al menos cuatro de gordo, la república es la solución.
Me tienen ya hasta los cojones con identificarme un sistema republicano con la izquierda, cuando da la puta casualidad de que en un sistema republicano (y aquí es donde defiendo algunas ideas de este sistema, para que luego digan) existen partidos de ambas índoles. Por eso me inflama tantísimo los cojones que cualquier payaso de los de puñito en alto me defienda un sistema que, como tal, no es ni derechista ni izquierdista, apropiándoselo como "de su ideología".

Pero, payasadas extremistas aparte, lo que acojona es lo que estaba mencionando arriba: que es el hecho de que el propio pueblo está, cada día más, usando su descontento para hacer apología de la violencia. Para justificarla.
Si mañana abaten a tiros a un político, pocos lo verán como lo que es: un asesino. Para muchos, será un héroe, para otros una inspiración. Unos dirán que ha hecho lo que mucha gente estaba deseando hacer, y otros dirán que lo raro es que no haya sucedido antes.
Y todos estos que menciono, de una manera u otra, lo que estarán haciendo es caer en la justificación barata. En apoyar la violencia desmedida, el asesinato de una persona (político o no) y revestirlo de una "causa".
Así es como se empiezan las guerras, Distópicos míos: con mártires. Con gente que es asesinada y que unos usan para ensalzarla y emprender así una cruzada de odio. Por otra parte, los que apoyan al asesino verán un héroe al que seguir y la conducta, como el que habla de un virus, se intentará imitar una y otra vez.
Cada día saldrán más cretinos, con el cerebro lavado por esa ideología de "libertad e igualdad" y la emprenderán a palos, golpes o incluso tiros contra los que ellos consideran "el enemigo".
El enemigo.
Traduzco: todo bicho viviente que no case con la ideología del tío que lleva el arma. En momentos donde la razón cae, no basta con ser el enemigo, sino con parecerlo. Alguien que te lleva la contra en una discusión política, cuando las cosas se ponen así de jodidas, es carne de perdigón. Ya pasó en la guerra, sin ir más lejos. Sí, esa guerra de la que tanto os gusta hablar. Ahí se mató gente que no había participado en absolutamente nada, que no se mostraba necesariamente partidaria de un bando u otro; a muchos, muchísimos, se los cargaron por rencillas personales, revestidas de ideología polarizada. Un señor quería las tierras de otro y lo denunciaba como enemigo ante las autoridades. Cuando un ejército (da igual cual, los colores pierden sentido en una guerra; más todavía si es fratricida) tomaba una ciudad, lo primero era buscar a los que se suponía que apoyaban al enemigo.
Y no les daban un cachete ni les decían "No lo vuelvas a hacer".

Es algo más en este plan.


Cuando esa revolución por la que tanto tonto del culo aboga, nos podemos ir olvidando de conceptos como paz. Actividades tan sencillas como ir a comprar el pan se convierten en experiencias bastante desagradables, donde no sabes si en cualquier momento se puede estar liando. Porque si un pueblo se alza contra el poder, el poder no se mea en los pantalones, grita "Mamá miedo" y corre a esconderse. Hace lo que mejor sabe hacer, que es contener a la población. Por las buenas o por las malas... y cuando tienes un puñado de fulanos a golpe de cóctel Molotov limpio, por las buenas para mí que no va a ser.
Berrear hablando de una revolucíon suena de lo más chupiguai, sí. Romántico que te cagas, ese chulazo con la camisa abierta hasta el pecho, ese pañuelo en la cabeza, entonando cánticos de libertad, mientras abate a tiros a un monstruo engendrado por Satán al otro lado de la calle. Qué imparcial todo, qué coherente. Qué realista.

Te vas a la antigua Yugoslavia hace unos poquitos de años. Te vas a Kosovo hace menos. Te vas a Grecia, de la que se nos cuenta de la misa la mitad, y lo que ves es gente llevándose hostias. Tiros. Palmando en las calles. Y en España lo que tenemos es un número creciente de tontos del culo que, en vez de decir "Coño, tenemos que hacer lo posible por no llegar a esto", ven a esa gente como "Hermanos revolucionarios" y parecen querer seguir por el mismo camino.
Hay que ser imbécil.
Mi país se llega a meter en una guerra y lo último que hago es esperar a que algún otro país siga mi ejemplo. Que parece que no nos hemos enterado todavía, no nos sale de los cojones enterarnos, o es que somos tan jodidamente ignorantes que nos la sopla todo: una guerra es la mayor vergüenza por la que puede pasar un país. La mayor lacra que puede pesar sobre su historia. No hemos superado la que tuvimos en los años treinta y muchos de vosotros, Cheguevaras de poca monta, ya estáis haciéndoos pajas mientras habláis de la siguiente. Demostrando que no habéis aprendido una puta mierda de esos ancestros caídos en el conflicto que mencionáis todo el puto día.

"Es que no entienden otro lenguaje", decís.
Vosotros estáis demostrando que tampoco: os habéis pegado dos décadas dando por culo con el bipartidismo y ahora rajáis de la casta política. Una casta que está acomodada en su sitio precisamente porque la habéis puesto ahí... no ahora, con este gobierno de coña marinera. Desde hace muchos, muchos años, porque "son los que yo voto siempre, hagan lo que hagan", como si fuera un puto equipo de fútbol.
Tenéis la conciencia de Estado completamente perdida y esperáis que el político dé ejemplo.
No podéis ser más inocentes.
Ni más hipócritas, cuando vosotros también habéis cometido vuestras propias faltas (puede que no tan graves ni tan exageradas como los de arriba, pero eso no os convierte en inocentes). Si los políticos tienen que dar ejemplo (que no sé a quién, para mí una persona digna de ejemplo es una persona digna de ejemplo, sin que eso venga condicionado por su profesión), que alguien me explique qué puto ejemplo habéis dado vosotros durante décadas, barriendo para casa y haciendo lo que os sale de los huevos. Y ahora tenéis los cojones de pedir que los de arriba den ejemplo.

De putísima madre, en serio.


Pero venga, asumamos eso por un momento. Asumamos que vuestra revolución de chupiguais le corta la cabeza aquí al Barbas y a su pandilla, que dejáis el Congreso más pelado que el potorro de una Nancy y decidís empezar de nuevo.
¿Y luego qué?
¿A quién vais a poner a gobernar?
¿Qué coño pensáis hacer con el país, William Wallaces? Con la conciencia de Estado que habéis demostrado tener, ¿qué hostias pensáis que se puede hacer ahora para mejorar la situación? Y no, no me vengáis con lo de "Cualquier cosa la mejora", porque no cuela. Sumir el país en el caos más absoluto jamás puede ser mejor que la situación que estamos viviendo, por jodida que esté. Puede que el pueblo esté pasando hambre (que sí), que la gente se esté quedando en la puta calle (que también) o que incluso tengamos una tasa de parados comparable a la Franja de Gaza (o eso dicen)... pero que de buenas a primeras, todo el entramado social que tenemos se vaya a tomar por saco, que no exista un mínimo de seguridad y que esto se convierta en la ley del más fuerte JAMÁS puede mejorar esa situación. Tú puedes estar en paro, pero hoy por hoy puedes bajar al centro de tu ciudad sin que un puñado de insurgentes (o de partidarios del gobierno) te ametralle. En un país sin ley, lo que consideramos propiedad se difumina y las cosas ya no nos pertenecen porque las hayamos comprado o porque tengamos papeles que lo demuestran. Son nuestras mientras podamos defenderlas a hostias limpias. Y oye, podemos defender una pata de jamón durante un día. Puede que durante dos. Pero llegará el momento en que demos con alguien más fuerte que nosotros y, no ya que nos parta la cara para quedarse con nuestra comida. Es que igual nos pega dos puñaladas para mandarnos al otro barrio. ¿Es eso mejor que lo que estamos viviendo ahora mismo? ¿Es mejor que alguien piense algún día que le gusta tu casa y decida echarte de ella a escopetazo limpio? ¿Que le guste tu pareja y decida follársela, quiera ella o no?



Venga, a la ley de la puta jungla, ¿no?


Pues esta es la clase de cosas que te puedes encontrar en el momento en que el sistema, ese sistema al que tanto odiamos y despreciamos, se va al carajo. Es la clase de cosas que suceden cuando queremos cambiar las cosas, no por medio de lo que tenemos (que no es mucho, pero es más que nada), sino por medio de la violencia. Por medio de la pataleta social y, lo que es más preocupante, por medio de la sinrazón.
Y lo peor de todo no es eso. Lo peor de todo es que, por pataletas como esa, se arrastra a mucha gente que no quiere meterse en un conflicto. Cuando el país se desangra a sí mismo en historias tan salvajes e inhumanas, los inocentes se ven forzados a elegir bando o escapar del país como puedan. Algo que habéis idealizado hasta la saciedad. Qué bonita la imagen del exiliado.
Mis cojones, bonita. Que hablamos de alguien que ha huido del país para sobrevivir, no por gusto ni por hacer turismo, a ver si nos enteramos de una puta vez. No hay nada romántico ni bonito en tener que salir por patas para que no te vuelen la chota en la tapia de un cementerio. No es agradable escapar de tu hogar sin saber qué le ha pasado a tu familia, a tus amigos. Será tope novelesco y quedará de puta madre si luego tu tataranieto lo va contando por ahí en plan proeza, pero para ti, que has tenido que huir, es una pedazo de putada.

Manda cojones que muchos de estos digan que algunos conceptos religiosos les resultan maniqueos y demás, y luego salgan con que hay que luchar contra el mal que nos oprime.
No siempre lo llaman mal, pero para el caso el maniqueísmo es el mismo.
Muy lógico y coherente todo.


Es esto lo más patético y lamentable: que desde la ignorancia y desde la literatura, la tele y demás, todo nos parece superchuli. Qué bonito queda eso de matar gente (coño, matar gente, personas, que parece que no pasa nada) por un ideal. Qué bonito eso de decir "venga, vamos a acabar con el mal", a lo Star Wars. Los buenos aquí, con nosotros, los malos malísimos allí. Qué pequeños se ven los toros desde la barrera, pidiendo que nos carguemos a los malos. Que los matemos a todos. Qué coño, ya puestos, a ellos y a toda su familia, como el que mata a los zares. Y luego, despúes del conflicto (si es que ganamos, que aquí nadie nos garantiza nada), pues hala, a vivir felices y contentos en el país de Nunca Jamás. Todo arreglado, sin pensar en la cantidad de sangre vertida por una parte y por otra. Sin pensar que cada conflicto en el suelo de nuestro país, lejos de cerrar heridas, lo que hace es mantenerlas abiertas. Abiertas, en carne viva y con una infección de tres pares de pelotas.
Pero seguid así. Seguid pidiendo guerra.
Que como la acabéis teniendo, luego habrá que escucharos lloriquear una vez más, diciendo que no os lo merecíais. Que no era eso lo que queríais.
Y habrá que creeros.

lunes, 22 de abril de 2013

Spanish Bizarro- Visitando una franquicia Hi-Tech



Tengo un colega al que esto de la tecnología le encanta. De estas cosas que a un palurdo como yo, que ni siquiera sabe cómo coño se programa el dvd del salón, le causan entre admiración y el más descarado estupor. Gracias a él me entero un poco cómo van los entresijos de las grandes compañías que venden ordenatas, portátiles, teléfonos móviles y demás cacharros que me hacen sentirme como un puto cavernícola. Así es un poco como medio aprendo a defenderme en un siglo que, obviamente, no parece ser el mío.
En una de estas historias, para variar, es su equipo el que se escoña y no el mío. Toco madera, porque de momento este trasto no ha decidido darme por el tracatrás y, desde el último formateo, la cosa parece funcionar de un modo medio decente.

Total, que me dice un día de acompañarlo para llevar su cacharro al servicio técnico. Y yo, pues sin ningún problema, para eso estamos los amigos; rollo a lo road movie, dos colegas en la carretera hablando de cómo va el mundo y todo eso. Le pones música country y esto podría pasar por una peli de finales de los 80.
Que yo esté sentado en el asiento de atrás, vigilando que un ordenador de última generación no se menee ni un pelo del asiento, es un detalle sin importancia.

Algo así. No me digáis que la estampa no mola.


Así que allá vamos. Salimos de nuestra clase de yoga matinal y, ni cortos ni perezosos, nos zambullimos en el coche hacia una de las localidades más pijas de la provincia. Para huevos, los nuestros.
Resulta que el servicio técnico de la marca del ordenador de mi amigo (al que me referiré simplemente como La Pera, para no herir sensibilidades ni ganarme una demanda) no funciona como un servicio técnico normal. Allí acudes por cita, lo que te hace pensar "Pues coño, estos tíos funcionan, y no como en otros sitios". De una forma similar al INEM, tu pides tu cita online y cuando llegas, tienes que avisar de que ya estás allí. Luego el dependiente, en el momento que ha despachado a algún otro previo, se va para ti y te atiende.
Esto, en la teoría, claro.

Llegamos al sitio, bastante prontito si tenemos en cuenta los cuarenta y pico de kilómetros de carretera que nos hemos metido entre pecho y espalda. Hemos llegado tan pronto que resulta que nos falta como media hora para llegar a la hora exacta de la cita. Sin embargo, nos presentamos igualmente en la tienda y decimos al primer fulano en polo "Mira, ya hemos llegado".
Es curioso el tema este de las citas; puedes pensar que es como cuando vas al médico, que si no hay nadie te atienden antes. Nosotros contábamos con el hecho de que, en resumidas cuentas, íbamos a dejar el cacharro y largarnos, una operación que puede tardar no más de cinco minutos. No es difícil pensar: "Bueno, en el momento en que uno tenga un hueco, le dejamos el trasto y nos vamos".
¿A que la idea, como tal, sonaba sencilla?
Pues os lo digo desde ya:
Los cojones.
Nos tocó esperar hasta la hora reglamentaria, lo cual es medio comprensible; lo curioso es que, cuando ya casi nos toca, nos acercamos hacia uno de los dependientes, para ver si nos hace caso alguien. Llevamos como media hora sentados en una cosa a la que llaman "Bar" (para mí un bar es un sitio en el que te ponen unas cañas, unos cacahuetes o unas putas cortezas, aquí todo es más aséptico que la oficina de Grey). Tras un ratazo largo, donde habíamos tenido una apasionada conversación hacia la calidad de los productos de las empresas de la competencia y viendo cómo los dependientes que no estaban hablando con nadie se dedicaban a enderezar las cajas de las estanterías con tanta obsesión como un afectado de TOC, pillamos a uno por banda.

- Sí, perdona- le dice mi amigo-, es que teníamos aquí el ordenador para que os lo llevéis y tal...
- Ah, sí- responde el chaval-, pero es que antes tengo que atender a Philip.

Miramos hacia dónde él señala. Vemos un señor allí sentado. Y no, en contra de lo que puede haber parecido, ni mi amigo ni yo tenemos ni zorra de quién es el tal Philip, por mucho que el dependiente diese a entender lo contrario. Total, que dejamos al dependiente con Philip, el Philip de toda la vida, allí los dos a su rollo, y nosotros al nuestro.

Un rato después, nos atiende un chaval y aquí termina la cosa el primer día. Todo con un trato como muy  de supercolegasdelamuerte, que dices tú "Cinco minutos más y le pregunto a este cuando sale, porque llevárselo de cañas tiene que ser la leche". En ese instante de despedida, cuando mi amigo da su nombre una vez más, el chaval le reconoce por su trabajo. Puede que incluso sea fan, teniendo en cuenta esa rápida asociación de nombre y profesión. Más puntos para llevarnos a este tío de cañas.
Así que, con estas, nos largamos y volvemos para la ciudad... pero aquí no queda la cosa.

Así, que se vea, que aquí es donde pasa lo gordo.


El segundo día, cuando vamos a recoger el equipo, es cuando se produce la bizarrada padre.
Conscientes de que llegar antes de tiempo era algo inviable, mi amigo decide pedir una cita algo más ajustada para no tener que estar tocando las palmas en mitad del bar (insisto, en un bar te ponen priva. Eso es un puto bloque de madera alargado). Cogemos la carretera de peaje para no pasarnos de la hora y llegamos a la tienda más o menos a la hora estipulada.
Dejadme que os aclare un detalle: cuando pides cita en esta tienda, te dan un margen de quince minutos, así que si la pides a las doce, en realidad tienes un período de doce a doce y cuarto para llegar, buscar al primer dependiente que encuentres y decirle que ya has llegado.
Nosotros plantamos los pinreles en la tienda a las doce y cinco, que ni siquiera habían llegado a dar.
Pasa un rato y vemos que, de los doce dependientes que hay (no me lo invento, he invertido ese tiempo en contarlos), ni uno se ha acercado para preguntar qué deseamos. Es más, ni uno parece estar disponible. Cada uno con sus historias, y los clientes que vamos llegando nuevos, casi pensando en montar un botellón. Porque total, estamos en un bar que en realidad no es un bar, somos suficientes y empezamos a aburrirnos.

"¿Alguien sabe quién lleva aquí lo de las citas?"


Al rato, cuando los recién llegados ya empezamos a estorbar a los dependientes que están por ahí en lo suyo, aparece un clon de Torbe que se pasa por el forro del escroto esa política de sonrisa en la jeta y tratar al cliente como un colega. Le decimos que llevamos un rato (todavía no son y cuarto) y nos dice que nos han cancelado la cita porque no habíamos avisado de que estábamos allí. Dicho de otro modo, llegamos en el período que nos da la cita y no nos hace caso ni Cristo, pero la culpa es nuestra y nos anulan la cita. Una chica que estaba por allí dando vueltas se encuentra en el caso de que llegó a su hora, no la atendieron en un cuarto de hora y también le han anulado la cita.
A mí como que se me empieza a cambiar la cara ante tal mamarrachada; mayormente, porque si se tienen doce dependientes en una tienda, no es tan difícil lo de poner a uno que se dedique a atender a la gente que llega. Pero claro, esta empresa viene con protocolos prefabricados de arriba y no pueden mover un dedo.
La Pera, vaya.
O La Repera.

Algo como esto, pero con unas gafas más nuevas, unos dientes algo mejores, un uniforme distinto y, lo que es más evidente, sin la chica en el regazo. Al menos eso último habría sido un aliciente de interés.



Nos toca por fin, tras otro rato de despotrique contra esa política de usar a los dependientes como si fueran robots y al cliente como un puto rebaño al que ir lanzando forraje cuando les toca. Nos atiende un tío que parece el clon de un escritor al que conozco (y no es el único, un tercer dependiente a su vez es clon de un amigo nuestro, recordándonos tanto a él que incluso nos hemos llegado a referir a éste por su nombre y todo) y nos planta el trasto en el mostrador. El bicho, para variar, parece arrancar en condiciones y todo (que yo sepa, dado mi limitado conocimiento de estas bestias de Satán) está en orden.
El tío nos pide los papeles del ordenador (los cuales no nos pidieron la vez anterior, dicho sea de paso), lo que implica que mi amigo tenga que salir del centro comercial donde se aloja la tienda, en dirección al aparcamiento y volver. Casi diez minutos con la guasa.
A lo largo de la conversación subsiguiente, mi amigo le comenta al dependiente-clon que no es la primera vez que se le jode el equipo. Esta, en concreto, es la segunda o tercera. El tipo de la tienda casi se echa las manos a la cabeza, recitando eso de "NO PUEDE SER". Yo tengo un momento troll en que le digo a mi colega que igual es que la electricidad de su casa es la que jode los equipos.
Llega la hora de soplar la pasta y mi amigo saca su tarjeta. El dependiente-clon la mira y presta atención a la marca en concreto de ésta. Como Drácula mirando una Biblia, nos dice que la tienda no acepta tarjetas de esa red, con lo que va a tocar pagar al contado. Así, mi amigo me deja en el bar y va a buscar un cajero. Situación que, sacada de contexto, podría parecerse a la de un sábado por la noche entre colegas, solo que todo mucho más aséptico.
Sí. He repetido la palabra aséptico. Si una autora de best-sellers lo ha hecho y tiene fans que la defienden a capa y espada, exijo ya mi ración de lamidas de culo.

Mi amigo regresa; en el tiempo en que ha estado fuera, el tipo de la tienda (bastante simpático, por cierto), se ha estirado y nos ha regalado una funda de protección para el ordenador justo antes de desaparecer por una puerta supermoderna de esas que se abre con una tarjeta personalizada. Como las de Terminator.
Pasaré por alto el hecho de que la funda es de color rosa.
Ahora el ordenador de mi amigo es una Pera en dulce.
Cuando vuelve, resulta que las noticias son de todo menos alentadoras: de los dos cajeros que hay, uno están reparándolo y el otro no le ha dado dinero.
Yo me pregunto si en ese bar habrá platos que limpiar cuando un cliente no paga.
En un arranque de autodeterminación, mi amigo le dice al dependiente que pruebe a pasar la tarjeta por el lector. Este le mira extrañado, pero éste insiste:
- Yo pagué el ordenador en esta tienda con esa tarjeta.
El argumento no pude ser más contundente.
Rompiendo su propio protocolo, el dependiente accede, más en plan "No pasará nada por intentarlo y que este tío se quede tranquilo" que porque realmente cuente con que la movida vaya a funcionar.
Inserta la tarjeta...
Un segundo...
Dos...
Cinco...

- Parece que tenemos algún problemilla con el servidor- dice.
Luego me pregunta la gente por qué abjuro de la tecnología.

Creo que mi cara, a estas alturas de la peli, venía a ser tal que así.

Tras un rato esperando a que el puñetero servidor funcione, la tarjeta hace sus chiribitas en la pantalla y, ¡OH, ALBRICIAS! ¡FUNCIONA! La explicación es que por lo visto las tarjetas de esa red deben activarse especialmente, pero eso en caso alguno implica que no funcionen con la empresa de la tienda.
Acabamos de enseñarle algo al dependiente.

Por fin hemos terminado la odisea. Cuando echamos mano del reloj, nos damos cuenta de que, entre pitos y flautas, hemos invertido alrededor de cincuenta minutos en algo que podía haberse resuelto en apenas cinco. Vamos entonando un mantra acerca de lo chuliguai que es esa compañía electrónica, mientras vamos más chulos que un ocho con el ordenador a cuestas, cubierto por su flamante fundita rosa.
Otra aventura bizarra más.

sábado, 20 de abril de 2013

Mondo Chorra- La falacia de la víctima



Hace algún tiempo estuve haciendo un análisis sobre el concepto distópico de la falacia. De estas cosas que te das cuenta de que, lejos de parecer absurdas, cada día se vuelven más y más patentes, hasta el punto de tener que volver al tema, ahondando en uno de los puntos que tratamos en su momento.
El caso de hoy, como indica el título de este post, es el de la falacia de la víctima.

No voy a hablar de casos concretos, sino de la falacia en sí. Esa falacia en la que un tema no puede ser argumentado debidamente, siempre y cuando haya alguien que haga una defensa de su tesis desde el punto de vista victimista. Ese que plantea que todo aquel criaturo que no le da la razón es automáticamente un enemigo (pongo aquí algunos ejemplos de términos que esa persona emplea para referirse a aquellos que no comulgan con sus ideas: fascista, rojo, reaccionario, retrógrado, ignorante y adoctrinado... y puedo seguir, si me pongo a analizar cada uno de los temas que he visto donde se usa ese recurso).

Subo por aquí el enlace de la Wikipedia donde, grosso modo, se define el término:


Habida cuenta de esto, nos ponemos a echar un vistazo al asunto y oye, como que la cosa acojona un poco. El que más y el que menos ha visto cómo existe gente que, lejos de defender su tesis con un argumento razonable (que tampoco es necesaria una documentación académica de 500 folios, sino simplemente tener un mínimo de conocimiento sobre el asunto y exponerlo de una forma ordenada, más allá del "Esto es así porque yo sé más que tú"), básicamente toman la posición contraria: la del "Si no estás de acuerdo conmigo, eres X".

Este tipo de posturas, si lo analizamos con la meolla bien fresquita, nos damos cuenta de que es uno de los argumentos esgrimidos por casi cualquier grupo minoritario con tendencias más o menos radicalizadas, o bien por defensores de dichos grupos que tienden a ser más papistas que el Papa. De según qué colectivos que, tras una buena temporada habiendo sufrido exclusión social, se agrupan entre sí y deciden que ellos también van a participar en el juego: en lugar de demostrar que han aprendido lo mala que es esa exclusión social que han recibido (y que nadie niega), coger y subirse al carro y volverse exactamente iguales (o peores) que la gente que les ha puteado de lo lindo. Y todo aquel que no les lleve la razón en su odio cerval (y vengativo) contra el terrible mundo circundante, pasa a ser bien el enemigo, bien simpatizante del enemigo.
Yo no sé a vosotros, pero a mí esto me acojona que te cagas.

Pero de  cagarse, no cualquier cosa.


No deja de ser curioso como existen colectivos de todo tipo (raciales, de género, sociales, por tendencias culturales, etc.) que practican este tipo de conductas, escudándose en eso de "Hemos sufrido mucho durante años/décadas/siglos, es perfectamente comprensible que ahora nosotros nos autoexcluyamos y nos dediquemos a odiar a la gente que no es como nosotros, pues eso es lo que hemos recibido".
¿Lógico? Pues claro, considerando que lo que tenemos es un puñado de especímenes que se han llevado hostias (dialécticas o físicas) de todos colores.
¿Justificable? Ni de puta coña. Si bien una víctima (sea del colectivo que sea) me parece digna de mi respeto, lo que no soporto es al sujeto que va de víctima por la vida y, aprovechándose de ello, se dedica a hacer lo que le sale de los cojones, pensando que ya tiene una dispensa moral para cualquier cosa.

El otro día tuve una discusión con uno de mis alumnos, que tiene la costumbre de echarme las culpas cada vez que descubro que no ha estudiado: cuando no me dice que una palabra que le he puesto en un ejercicio de vocabulario no estaba en los apuntes (curioso, considerando que cuando le pongo los ejercicios, él me ve con total claridad copiar las palabras de ahí), me suelta que le he escrito la palabra en su cuaderno DESPUÉS de haberle puesto el ejercicio. Y cuando no, me espeta que "Eso no le toca estudiarlo", por muy básico y fundamental que sea ese vocabulario.
Así que en la última clase, hasta los huevos como estaba ya de tanta echada de balones fuera, se lo dije:

-A ver si lo he entendido... ¿no estudias y la culpa es mía?
El chaval ya reculó un poco porque, puede que sea bastante inteligente para su corta edad, pero desde luego que sabe en qué pantanos no debe meterse, a menos que quiera pringarse de barro (o mierda) hasta las napias.
- Estas son palabras- le aclaro- que te tienes que saber sí o sí, porque ya no es que no las estés dando en el tema... es que son palabras que se dan en los primeros años de primaria. Y además- prosigo, para dejar las cosas todavía con menos lugar a dudas-, creo que ya te estás dando cuenta de que venirme con rollos y culparme a mí de tus faltas no te está sirviendo absolutamente de nada. O estudias o no, pero a mí las excusas y las historias no me sirven.
El crío, lejos de arrugarse ante lo que le suelto, me dice algo que viene mucho al caso de este tema que estoy tratando:
- Es que eso a mí me lo hacen constantemente, lo de echarme las culpas.

Chavales de primaria que ya vienen con esta falacia insertada en el código genético.
Mi respuesta ante eso (ya me conozco la historia y resulta, como poco, curioso, de que él jamás haya hecho nada a nadie y que el mundo alrededor sea malo malísimo) no es menos contundente:

- Y con eso, ¿qué me quieres decir? ¿Que ya tienes carta blanca para hacer lo que te dé la gana? ¿Que por el hecho de que te lo hagan a ti ya tienes derecho para hacerle lo mismo a los demás?
No obtuve respuesta ante esa pregunta, y no porque fuese una pregunta difícil. Este chaval, insisto, no es idiota. Lo más probable es que jamás se hubiese planteado algo tan sencillo como eso.

A veces, las preguntas más sencillas son las más difíciles de plantearnos a nosotros mismos.


No es tan raro: pensad en cualquier colectivo minoritario y en sus variantes más beligerantes y extremistas. Si os fijáis, no serán ni los primeros ni los únicos que veáis que toman este recurso de "Si no estás conmigo estás contra mí" y asumen que todo bicho viviente que no comparte su ideología al cien por cien, ya no es que sea el enemigo: es que además comparte rasgos ideológicos que ellos atribuyen a sus enemigos. Pongo un caso extremo y exagerado, pero en absoluto imposible, en esta sociedad absurda que corre:

- Pues yo creo que la iniciativa tal es una maravilla.
- Hombre, en fondo sí... pero no me terminan de gustar las formas.
- Eso es porque eres un aborregado y un profascista.

No deja de resultar curioso el hecho de cómo, de toda esta gente que ha sido acusada de algo tan grave en nuestro país como es el fascismo (insulto que el garrulo de a pie utiliza con una facilidad pasmosa y de cuyas connotaciones históricas no parece ser consciente ni de coña) a menudo es gente que no casa ni por asomo con esa ideología: en muchos casos, la gente acusada de "fascistas" ha sido gente de ideología de izquierdas, demócratas o gente con una apertura mental que ya quisieran más de uno y más de dos. El chiste es que se convierten en "fascistas" si y solo si llevan la contraria a según qué personajes.
Pongo la palabra fascista porque quizás es de las más usadas, pero ojo, insisto: no es la única que se emplea para desprestigiar al prójimo en el momento en que no está de acuerdo con la primera barrabasada que se suelta; que aquí para ponerse el puñal en el pecho, entonar el Hipogrifo Maldito y berrear que hay una conspiración mundial que busca aplasta la ideología que tan amorosamente defendemos hay términos de sobra.
Qué malos que son todos, y qué buenos los que están de nuestra parte.
Cuán terribles son sus actos, y qué justificados están los de nuestro bando, aunque sean iguales (o incluso peores) que los del bando contrario.

Eso o esa tendencia tan cojonuda, que yo llamo "falacia del partido de fútbol", consistente en decir que lo que ha hecho uno no está tan mal, porque X lo hace (o hizo) peor. Es como si yo entro en un supermercado, me lío a tiros, y cuando me lo echan en cara (porque, coño, matar gente así por el morro muy bonito no es que esté), suelto "Pero es que el mes pasado hubo un señor en Torrelodones que mató a más gente que yo y nadie le ha dado tanta importancia; por tanto, yo no soy tan malo".
Puto lógico.
O patológico, no sé.

U otra de mis favoritas, consistente en definir la ideología por oposición: defiendes una idea y la defines en base a la idea contraria; dicho de otro modo, escuchas jebi porque odias a los canis que no lo hacen. En lugar de defender que te guste tal o cual sonido, la estética... lo que quieras, es mucho más fácil decir "Yo escucho buena música y no la mierda que oye el vecino". Hala, ya tienes un argumento razonado ahí.
Con dos cojones.

"Escucho jebi porque molo, y molo porque escucho jebi, no como las guarras subnormales de mi clase que escuchan a Llustinbiber".
Así se exponen unos argumentos, criatura.

Al final, todo se resume en lo de siempre: usar la pertenencia a tal colectivo o a cualquier ideología para justificar el odio hacia otro colectivo o ideología contraria. Y enarbolar, a modo de defensa o justificación, que los otros le odian a uno.
Y qué queréis que os diga: a mí como que no me van esas cosas... no en el sentido de que yo, para defender una ideología hasta la última de sus consecuencias, no valgo. No sirvo para eso, ¿por qué? Porque en el momento en que tal grupito chupiguai comete lo que creo que es una salvajada, me da igual que comulguen con mis ideales (o yo con ellos): los mando a hacer gárgaras. Si con mis amigos de siempre no soy capaz de hacer esa defensa a capa y espada, donde todo lo que hacen los míos está justificado, aunque luego mida por el doble rasero y critique a otros por hacer justo lo mismo, imaginad con un colectivo entero.
Cortes de manga en cantidades industriales.
Quizás porque, aparte de enterarme de las cosas (por ambos lados) y quedarme con lo que más me convence, a mí eso de coger y posicionarme al lado de tal o cual, haga lo que haga, como que no me va. Eso de mirar para otro lado cuando "Los míos" se portan como unos maleducados, unos salvajes o simplemente unos gilipollas me parece la ridiculez padre, porque hace que mi objetividad se vaya a tomar por donde amargan los pepinos.
Llamadme desconfiado, pero en cuestión de grupos, colectivos, ideologías o rebaños, mi lealtad tiende prácticamente a cero. Más aún cuando lo que se pretende es que agache la cabeza, que pase por el aro y que defienda algo que (al igual que como con todo), tiendo a cuestionar día sí y día también. De poco sirve que me llegue un señor diciendo "Esto es así porque lo demuestra la historia".
Falacia: la historia está escrita por gente que ha ganado guerras, o bien por "historiadores" que la han manipulado en base a sus ideales.
"Esto es así porque yo estoy informado"
Falacia: Mayor cantidad de información no siempre significa calidad. Atibórrate de mentiras una detrás de otra y da exactamente igual lo que se supone que sepas.
"Esto es así porque conozco gente que sabe del tema"
Falacia: Conocemos gente que DICE saber del tema.

Raramente (o casi nunca) me veréis poner la mano en el fuego por nadie.
Sin embargo, si veis que me posiciono defendiendo a alguien, no es por filia personal: es porque esa persona me ha demostrado de una forma fehaciente y más o menos prolongada que tiene un criterio o un conocimiento digno de respeto.


Por eso muchos consideréis que no doy fácilmente mi brazo a torcer en cualquier discusión... y es verdad, no voy a negarlo, pero:
Primero: Los argumentos del tipo "Esto es así porque tú estás equivocado y yo no" para mí tienen tanta utilidad como los pezones de una armadura y tanta credibilidad como Marianete hablándome de crecimiento de empleo.
Segundo: Las cosas me gusta comprobarlas por mí mismo, y siempre tras un tiempo analizando el tema. Y es solo si me convence lo que he descubierto cuando a lo mejor doy mi brazo a torcer, no porque alguien me diga "Tienes que pensar esto, que es lo verdadero".
Tercero: Tiendo a pensar que creamos el mundo conforme lo vemos y según lo experimentamos. Las cosas no son objetivamente "buenas" o "malas" a menos que nos tomemos a nosotros como referencia a ellas y actuemos en consecuencia. Por tanto, si alguien llega diciendo "Esto es así", la respuesta más evidente que puedo pensar es "Más bien tú lo ves así".

La leyenda de los ciegos y el elefante: un puñado de sabios ciegos (varían según la versión) se acercan a un elefante para saber cómo es. Cada uno toca una parte del animal, extrayendo una conclusión que, si bien no es de todo errónea, tampoco es del todo correcta. Al poner sus ideas en común con los demás, cada uno se posiciona en su punto de vista, de manera que jamás llegan a ponerse de acuerdo.
Todos tienen su parte de razón, pero al mismo tiempo están todos incurriendo en un error tremendo:
Son incapaces de aceptar otras posibilidades bajo ningún concepto.


Y es que la verdad puede ser algo objetivo, eso nadie lo niega, pero también es algo que aparece sesgado por nuestra percepción, y a menudo inalcanzable. Algo similar a los ciegos aquellos de la fábula que discutían acerca de un elefante: cada uno enfrascado en su propio punto de vista, negándose a aceptar que el otro pudiera tener parte de razón.
Así es un poco como vivimos hoy en día, en nuestro particular Reino de la Verdad. Muchos de vosotros consideráis que con lo que conocéis es suficiente: no os esforzáis en buscar vías de pensamiento alternativas, que contradigan o cuestionen lo que os han enseñado a creer, o aquello que por afinidad personal creéis. Es el miedo a dar un paso más allá de la Frontera de vuestra ideología, de vuestro pensamiento. El de adentraros en un mundo desconocido que igual os echa abajo los esquemas. Ese mundo donde aquellos que consideráis los "vuestros" igual no sean tan buenos, inocentes e inmaculados. Donde vuestras ideas igual no están tan reñidas con las de vuestros "enemigos".
No, es mucho más fácil encerrarse en la burbuja de uno mismo. Trazar la línea del "nosotros" frente a "ellos". No aceptar cualquier otro punto de vista, o bien tolerarlo con condescendencia, desde el prejuicio clásico de "están equivocados, están adoctrinados, todos los demás son unos ignorantes que no saben nada, salvo yo. Yo sí sé, yo sí estoy informado. Yo soy un experto en la materia. Lo que yo he leído vale cien veces más que lo que hayan leído otros. Yo conozco la Verdad, todo lo demás son errores, mentiras, simples idioteces que no merece la pena ni tener en consideración".
Ese es un argumento que he oído demasiadas veces ya. Un argumento que, para mí, no demuestra más que un miedo cerval a todo aquello que desafíe nuestro sistema de creencias. Un sistema en el que nos sentimos seguros, cómodos, arropados. La seguridad de la cueva de la que he hablado mil veces, frente al frío del exterior. Ese mundo hostil lleno de Grendels que buscan destruirnos, devorarnos.
Cuán terrible es ese miedo.
Y qué pocos son los que he conocido que se atreven a afrontarlo.

miércoles, 10 de abril de 2013

Mondo Chorra- Quién nos ha visto y quién nos ve, o La caducidad del hijoputismo



Los que me conocéis bien sabéis que soy una persona tirando a extraña. No ya por aficiones y demás, que es lo superficial, sino porque reconozco que a menudo soy complicado de tratar. Sí, tengo mis historias, y es cierto que las relaciones con las personas se me dan tirando a regular. Que no todos los días está uno tratable, o se tienen rachas en que lo mandaría todo a hacer puñetas: en plan reset del entorno, con exterminio de todo bicho viviente y vuelta a empezar, a ver si la siguiente remesa sale menos rana.

Puede pareceros exagerado, pero estos días he estado haciendo un repaso de mi vida social (los hago de vez en cuando, un poco para ver cómo evolucionan las cosas y demás) y me doy cuenta de que conservo poca gente de mi pasado más o menos remoto; algunos de mi pasado a medio plazo, y de momento tengo a los que he conocido como quien dice hace dos telediarios. Supongo que a muchos os pasa, no lo sé.
Pero el caso es que cuando te pones a repasar este tipo de cosas te das cuenta de que cambias más de pellejo que una serpiente. Andas rulando de un grupo a otro, con unos amigos y con otros, hasta que las circunstancias os separan, o hasta que os mandáis a tomar por culo.

Y supongo que aquí entra mi parte de culpa, que uno no es un santo.
Lo fácil sería decir que me he distanciado de tantísima gente porque me han decepcionado. Ay, sí, pobrecito, que el mundo es malo... pero quizás no sea algo tan simple. Quizás no sea algo tan unilateral. Si no me gustan las personas o colectivos que se cuelgan el cartel de víctimas y van por la vida en plan "entiéndeme, soy una víctima", imaginad lo que me gusta eso para mí.
Hará cosa de unos doce, puede que trece años, conocí a alguien que me abrió los ojos un poco al respecto. Me vino a decir que en realidad nadie sabe como es el prójimo; como mucho, aspiramos a forjarnos una imagen de él, que a veces se puede corresponder más con lo que es la persona en sí, a veces menos. En resumidas cuentas, que en realidad la gente no te decepciona como tal: el que lo haces eres tú solito, al forjarte unas expectativas sobre el fulano que tienes al lado que no se han correspondido con lo que el panorama ha resultado ser. Y ojo, que conocer a alguien de toda la vida no tiene tampoco por qué ser la solución a esto; no es la primera vez que me he sentido realmente defraudado por gente a la que conozco desde hace siglos.
Pero supongo que es cierto, la culpa no es de ellos, sino mía. Nadie me ha puesto una pistola en la cabeza para pensar que ciertas actitudes se perpetuarían con el tiempo. Nadie me ha obligado a creerme que gente de la que yo tenía una imagen (subrayo esto, imagen, porque al final no es más que eso) iba a hacer cosas que me iban a dejar los ojos como dos huevos duros.

Algo así.


Esto, por supuesto, tampoco es un consuelo. Por decir "venga, va, la culpa es mía" tampoco es que me sienta mejor al ver cómo tooooda esa gente que ha ido de super sincera por la vida al cabo de unos años muestra su verdadero pelaje y demuestran ser tan hipócritas como cualquier hijo de vecino. Puede que incluso más, porque a algunos que son más falsos que Judas los ves de venir; los que se venden a sí mismos como el paradigma con patas de "Yo es que voy de cara" y luego resultan ser otra panda de bienquedas son la clase de seres que no sabes si te causan más risa o pena.

No tienes más que ver el mundillo digital, donde coincide gente que ha estado (físicamente) cerca de ti. Gente que se conoce entre sí, y que, gracias a la confianza que te daban, te contaban quiénes le caían mal, quiénes les parecían buena gente y a los que llamaban directamente "hijo de puta".
Qué risa me da cuando ahora veo que toda esa gente que se hablaba por compromiso (y gracias) ahora parecen amiguitos del alma. Cómo se mandan mensajitos pelotas, cómo se preguntan los unos por los otros, como si realmente les importase una triste mierda qué es de la vida de tal payaso al que no podían ni ver, o de la petarda de turno de la que decían que era imposible de tragar.
De verdad, me causa una tremenda risa cuando, tras años escuchando frases del tipo "No puedo con esta tía", "Este tío es gilipollas profundo" y otras maravillas de la lengua hispana, todos se buscan voluntariamente unos a otros y empiezan a mandarse mensajes en plan "Os echo de menos"; "A ver si nos vemos, que ya va tocando". A etiquetarse en fotitos recordando unos viejos tiempos que igual nunca fueron tan chuliguais como los pintan, porque en su momento no se tragaron.

De verdad que me tengo que reír, quién nos ha visto y quién nos ve. Cuando el personal, que era cordial por educación, iba a su santo avío en el momento en que la situación era propicia: te juntabas para algún proyecto común con la gente y eras culo y mierda con ellos, pero en el momento en que te buscabas a alguien con quien frotarte, desaparecías como si te hubieras muerto. Nadie volvía a saber de ti.
Me descojono cuando veo que gente que ni siquiera se sabía los nombres de la mitad de la gente que le rodeaba, ahora parece haberse dado un golpe en la cabeza y desearle a la gente por la que ni siquiera se preocupaba que todo vaya bien. Que todos seamos felices.
Resulta directamente alucinante que te encuentres casos de gente que te manda a la mismísima mierda por un quítame allá esas pajas y que aparezcan terceras personas con complejo de Kofi Annan, diciéndote que una conversación para arreglar las cosas no estaría ni mal. Claro que sí, como los perros: te dan la patada por el puto careto y vas tú a buscarlos con la sonrisita en la boca. Y con la lengua fuera. Y meneando el rabo, ya puestos, no te jode.
Resulta curioso enterarte después de un tiempo que gente que te deja de hablar por los motivos que sean tiene los santos cojones de preguntar por ti a un amigo común. A ver, criatura, si me has dejado de hablar, quiere decir que ya no te interesa mi vida. Que para ti me he muerto. Y si has cambiado de opinión, me parece cojonudo, pero le echas agallas y me buscas A MÍ. No te vas al primero que me conoce que te encuentras y le preguntas, porque eso es una puta hipocresía, y de las gordas.
Gente que se cree que eso de mandarte a tomar por culo es como comprarte un jersey y descambiarlo. Algo que puedes deshacer cuando te salga del orificio rectal.
El puto "Donde dije digo dije Diego".

"Pero eso lo dije hace un año. Es el equivalente a no haberlo dicho nunca, porque todo el mundo sabe que las cosas se resetean en cuanto pasan doce meses"


Por eso mucha gente suele decir que soy un rencoroso: por pensar que este tipo de cosas (al menos para mí) son lo bastante serias como para tener claro que, si mandas a tomar por culo a alguien, es de una forma definitiva. Algo que te tienes que pensar muy bien, porque no hay vuelta atrás. Todo lo demás que se quiera contar al respecto, para mí son adornos. Pijadas. Excusas baratas.
Eso explica por qué yo no estoy mandando a la gente a la mierda cada dos por tres (aunque haya tenido que hacerlo muchas veces a lo largo de mi vida), pero cuando lo he hecho ha sido de una forma definitiva e irrevocable. Y creedme cuando os digo que no son cosas que no me haya pensado ni sopesado; pero supongo que tiendo a poner en la balanza lo que es justo y lo que no. Y pasar por alto según qué cosas sería injusto, porque sería darle a mucha gente mucho más de lo que se merece.

Mentes más bienintencionadas que la mía pueden decir que lo suyo es el perdón incondicional.
Perdonad que me ría.
El perdón está bien cuando lo que te han hecho es perdonable; el perdón incondicional para mí es la actitud de la persona que espera que el mundo sea de colorines, que los pajaritos canten cada mañana y que un sol con cara de bebé rollizo nos sonría cuando vamos por la calle. No le vas a volar la chota a tiros a un colega al que se le ha escapado contarte el final de una película, pero a un cabronazo que se ha aprovechado de ti en tus horas más bajas, que se ha regodeado en tus miserias y que ha metido el dedo en la llaga cuando no tenías ni fuerzas para poder defenderte lo va a perdonar su puta madre. A una desgraciada que se ha dedicado a técnicas tan hermosas como el chantaje emocional y la manipulación la va a perdonar su puta madre. Y es que hay cosas y cosas. Y lo digo por experiencia: perdona a hijos de puta que te hacen eso una vez y te lo vuelven a hacer. Y dos, y tres.

Quizás por eso prefiero ser visto como una persona rencorosa y difícil, independientemente de que lo sea o no; como decía mi abuela, una de las personas más sabias que he conocido, "las cosas en el momento, a toro pasado no sirven para nada". De nada me sirve tener que ver cómo a estas alturas ahora el personal parece ser de lo más chuliguai y pararte cuando estás esperando al autobús para contarte su puta vida, cuando saben de sobra que te importa tres cojones. No por otra cosa, sino porque esa misma persona que te la está contando como si fuera tu amiga, resulta que no lo es. Es la clase de persona que ha buscado aprovecharse de tus debilidades para sentirse superior. La clase de gentuza que se ha dedicado a insultar indiscriminadamente a toda criatura viva, conocida o no, bajo el pretexto "Yo es que soy sincero". El bastardo que humilla, ridiculiza y que hace daño.
Lo siento si tu vida me importa tres cojones, colega, pero es que te lo has ganado a pulso. Y si pretendes que te cuente yo la mía, ya sabes dónde tienes la puerta.

Lo que hay es lo que puto hay.


Hace algunos años conocí a otra persona de la que aprendí mucho, que solía decir que tonterías, las mínimas. Que de ponerle buena cara a alguien por no quedar mal, nada. Que al que le gustase, bien; al que no, pues que se fuera a hacer puñetas. Porque luego te das cuenta de que eres tú el que estás haciendo el gilipollas: el que finge llevarse bien con una persona que, a tus espaldas, se está riendo de ti. De esos payasos que van de guais, que te chocan la mano como colegas de toda la vida cuando te ven, pero que luego se van para otra gente y declaran abiertamente que no te tragan.
Pues si no me tragas, macho, no me trates, que nadie te obliga. No dan puntos para las oposiciones, ni hay una cuota mensual por trato a gente que no se soporta y tampoco te van a crecer las tetas dos tallas.
Tener las ideas así de claras igual me convierte en un monstruo, pero con este tipo de imbecilidades es que no puedo. Eso de ponerme una máscara y fingir que alguien me caiga bien solo para dar una imagen correcta en esta pantomima que es la sociedad en que vivimos me revuelve las tripas. Si os digo, me hace sentir que mi dignidad se va por el retrete. Y esta persona de la que aprendí solía decir que en esta vida la dignidad es una de las pocas cosas que tienes que son realmente tuyas y que no puedes permitir que te la quiten.
Intento aprender de ello.

Repasando el asunto, te pones a echar cuentas y dices, joder, son muchos años ya.
Por motivos personales que no me apetece mencionar aquí, suelo marcar 1995 como el año que marcaría el punto de inflexión entre la primera etapa de mi vida y la segunda. Dieciocho años ya, que se dice pronto. Dieciocho años de luchas, batallas y disputas de todo tipo. De pelear contra el mundo, la adversidad, de tener que ver cada día cómo este sistema social no es más que un entramado de mentiras, donde la gente ya no es que tome una actitud neutral con la gente a la que no soporta para no acabar matándose; es que le dan la vuelta a la tortilla y se comportan como amiguitos de toda la vida. Gente que hace guarradas enormes a gente ahora acaban quedando y tomando café como si nada. Sin hablar del tema, sin disculparse simplemente haciendo como que no les importa, por gorda que haya sido la putada. A veces, ni siquiera saben lo que piensan realmente el uno del otro. Una persona putea a otra durante años a sus espaldas y, cuando no le queda nadie con quien hablarse, recurre a ella como un clavo ardiendo. Y la otra persona que, bien no se ha enterado de la película, bien no ha querido enterarse. Pero el caso es que así se forjan algunas alianzas, basándose en la desesperación y la trapería. En las mentiras, en la hipocresía.

Van pasando los años y ves cómo gente parece ser amiga tuya solo porque esperan que les des la razón en todo: en el momento en que le dices "Oye, pues no creo que esto sea así" y lo razones, la reacción es la de "¿A ti te pasa algo conmigo?", como si no dar la razón a alguien, o el simple hecho de matizar algo ya implique un insulto personal. Y de tener que deshacerte en explicaciones y escuchar una respuesta tan alucinante como "Vale, queda aclarado, ahora a esperar a que se me pase el cabreo que tengo contigo".
Tócate los cojones aquí con la indignación. Te ponen en entredicho y resulta que encima son ellos los ofendidos.
De auténticos subnormales que van con el rollo mesiánico del tipo "Tú te crees lo que yo te diga, que todo lo que te digan otros es una mentira". No preguntes, no cuestiones, acepta La Verdad. Y mientras oyes estas palabras, cuchicheos a tu alrededor, en plan "Este tío no es de fiar".
Verdaderos desgraciados que no han tenido pareja en su puta vida pero que luego se permiten unas libertades descomunales para decirte cómo tienes que ir tú con la tuya por la calle. Cretinos e hijos de madres mal folladas que se creen con derecho a meterse en la vida de los demás, a dar lecciones de moral y a entremeter en asuntos en los que nadie les ha dado vela.

Que no hay que dar explicaciones, cojones ya.


Y es que en este mundo hay una proporción de hijos de la grandísima puta por metro cuadrado que a veces te dan ganas de provocar un puto genocidio, a ver si por lo menos sirven como abono para las plantas. De que te lleguen auténticos mierdecillas con amenazas del tipo "A mí es que no me habéis visto de mala leche", como si nos estuvieran perdonando la puta vida, cuando en realidad el favor se lo hacen los demás al no mandarlo a la mierda y consintiendo sus gilipolleces de payaso frustrado. Esos genios, expertos de la vida autoproclamados, que predicen lo que va a suceder entre tu grupo (o ya puestos, en tu propia familia, porque puestos a echarle pelotas al tema, algunos las tienen de amianto), fallando más que una escopeta de caña y acertando solo en las cosas que han sucedido a base de ir con mentiras, medias verdades y estratagemas de capullo integral que igual lo que necesita son más hostias en la cara y menos palmaditas en la espalda.

Puedo seguir, mencionando a esos pobres diablos que se creen mierda y no llegan ni a pedo, que van dándote lecciones y que resultan ser unos seres patéticos que, en el momento en que la cagan y se quedan con el puto culo al aire, lo único que pueden hacer (porque no hay cojones de más) es culpar al de al lado para ver si así cuela y salvan el pellejo. Los triunfos para uno, las miserias, culpa de los demás.
Muy bonito.
Os puedo hablar de gente que te dice con quién debes hablarte, o con quién no debes hablarte. De quién te puedes fiar y de quién no, con el simple pretexto de "Confía en mí, que yo conozco a la gente", obviando la parte de "No te puedes fiar de esa persona porque reconozco a los hijos de puta que son del mismo pelaje que yo, y para joderte la vida no me interesa competencia". O de gente que decide dejar de hablarte porque les sale del culo y van pregonando por ahí que fuiste tú el que se distanció de ellos. Y gente más imbécil aún que, pregonando que eres su mejor amigo, en vez de preguntarte tu versión, cargan su ladrillo y te dicen "eso es porque tú le hiciste algo".
Gracias por la defensa y por el mínimo voto de confianza, ¿eh? No sé que haría con amigos así.

Anda que estamos salvaos, en serio.


Pues toda esa gente, tarde o temprano, acaba revelando, ya no esa magnífica catadura moral, sino una intachable coherencia cuando, tras un tiempecillo en que consideran que todo este repertorio de putadas (no son desavenencias, ni malentendidos. Son, simple y llanamente PUTADAS) ha preescrito, van a buscarte. Porque se pensarán que eres tan gilipuertas como ellos, no sé. No conozco otra razón.
El caso es que es raro el que, al año o dos años de haberla cagado estrepitosamente, van y te llaman por teléfono. Te mandan un mail. Te agregan hasta tres putas veces al feisbu, pensando que, oye, como ha pasado un tiempo, igual se te pasa el cabreo.
A ver, panda de tontos de la polla: que vosotros parezcáis tener memoria de pez o que vayáis por la vida jodiendo al prójimo pero pensando que eso no es nada, que coger y usar a la gente como el que se limpia los mocos y tira el pañuelo no es algo grave es vuestro puto problema.
Que vosotros penséis que todos los demás vamos a seguir vuestra danza de títeres, jugando al juego de máscaras, donde todo el mundo tiene que dar una buena imagen de sí mismo, no vaya a ser que se convierta en un proscrito es la paja mental que os estáis haciendo vosotros a dos manos. Eso no implica que los demás tengamos obligación alguna de poneros buena cara; de que nos comportemos ante la galería como amiguitos del alma, que hagamos borrón y cuenta nueva como si no hubiera pasado nada... porque la putada la habéis hecho y no habéis pedido ni perdón, panda de desgraciados. Y los que lo habéis hecho, da la puta casualidad, os habéis pegado unos pasotes tan grandes que os va a perdonar vuestra puta madre. Porque a veces con pedir perdón no se arreglan las cosas. No cuando han sido cometidas adrede, con premeditación y alevosía. Cuando habéis disfrutado con ello. Si ahora habéis cambiado, me parece de puta madre, pero no me sale de los cojones ser testigo de ello. Mi vida está mucho, muchísimo mejor sin vosotros, panda de cabrones. Aceptadlo o no lo aceptéis. Ese sigue siendo vuestro puto problema, pero coño, dejad ya en paz al prójimo. Que si la putada, en vez de haberla hecho vosotros, la recibís, dudo que fueseis tan de buen rollito por la vida. Si fueseis vosotros los que hubiesen sido utilizados, mangoneados y despellejados a las espaldas, ahora no iríais de ONU por la vida, deshaciendo entuertos y diciendo "Todo el mundo es bueno". Probablemente os estaríais cagando en la puta madre del que os lo ha hecho.
O bien, puede que no tengáis ni sangre en las venas ni las agallas que decíais tener, todos vosotros. Puede que a esa gente que os ponía a caer de un burro la tratéis con mensajitos de paz y amor. Puede que, tras haberos llamado perros judíos, ahora os comáis los mocos juntos, como suelen decir en mi casa.

Yo seré un borde, un rencoroso, un tío raro. Lo que os salga de la punta del cipote. Pero si hay algo que no puedo evitar cuando me encuentro de bruces ante estas cosas (porque lo más gracioso es que me acaban buscando a mí), son las arcadas.
Estas actitudes de hipócritas y de bienquedas, cuando presumíais de ser personas claras, transparentes y sinceras, dice mucho de vosotros y de la resistencia de mis tripas: manifiesta con claridad lo que os gusta quedar bien y lo mucho que me cuesta a mí resistir las ganas de vomitar hasta quedarme seco.

jueves, 4 de abril de 2013

Escupiendo Rabia- El Pensamiento Único



George Orwell hablaba ya, hace algunas décadas, del concepto de Pensamiento Único. En su novela 1984 pudimos leer cómo aquellos que se desmarcaban de las directrices marcadas por el gobierno pasaban a desaparecer misteriosamente de la faz de la tierra. Su ideología pasaba a ser anatema y blanco de las iras de los Cinco Minutos de Odio, donde todos los simpatizantes de ese mundo distópico se dedicaban a descargar su ira y su frustración contra cosas que, lejos de entenderlas, parecían estar contrapuestas a su sistema de creencias.

No deja de ser curioso como, décadas después el amigo George ha demostrado ser un profeta con una precisión que ríete tú de Nostradamus. Esto, si lo pensamos, toca tela los cojones... porque nos pasamos todo el puto día haciéndonos pajas mentales con profecías mayas, idas de pelota monumentales a cargo de santos y visionarios y pasamos como de la mierda de un autor que ha demostrado que lo que predecía era más cierto que una patada en la cara.

"Esta semana: Profecías Orwellianas. ¿Qué hay de verdad en todo esto?"
Echa un vistazo por la ventana y me cuentas, Iker, que lo mismo se te caen los pantalones del susto.


Podéis no creerme, como podéis decidir ignorar a Orwell, en vuestro derecho estáis... pero si sois asiduos de este blog, sabéis que aquí raramente se cuenta lo que queréis escuchar. Somos el dedo en el ojo de la sociedad hipócrita que nos domina. Somos el grano en el culo del pensamiento dominante.
Así que arrancamos.

Este artículo que escribo no viene sacado de la manga, ni mucho menos. Llevo ya varios días hablando con gente que, lejos de ser imbécil, tiene la malsana costumbre de documentarse, contrastar las cosas y, sobre todo, tener las ideas muy claras acerca del tema que están tratando. Hablo de gente con la que podéis estar o no de acuerdo (yo mismo no coincido siempre con ellos), pero de la que raramente podéis decir que no tienen ni puta idea de nada. Existe gente que, en lugar de aceptar lo que le impone esta sociedad de asco como verdades universales, tienen la curiosa (e incómoda) manía de comprobar las cosas por sí mismos. De no aceptar nada porque todo el mundo lo diga.
¿Cómo se lo paga el prójimo?
Desde el escarnio o desde los argumentos de siempre: "Tú es que no tienes ni idea", "Infórmate" o el simple y llano "¿Cómo puedes decir eso?" Podría poner todo un repertorio de insultos asociados a todo aquel que se sale de la línea de pensamiento dominante, pero este es un blog dirigido a un público familiar, así que me meteré esa lista por el culo.

Y es que esto no es una cuestión de ideas que te imponga el malvado gobierno. No en el cien por cien de los casos; muchos de los temas donde estos amigos míos, o yo mismo en alguna ocasión, hemos sido crucificados, son cosas que no tienen en absoluto que ver con la política: es más una cuestión social, humana. Ante tal o cual concepción, aunque sea algo tan básico como cortar las patatas en rodajas o en juliana, se suele dar siempre una Concepción Regente o Pensamiento Dominante. Insisto en el adjetivo dominante, porque aquí aparece en toda su majestuosidad: dominante, que domina y se impone sobre los demás, pero no como una tendencia común, ojo; me refiero al hecho de que se impone a sangre y fuego, a costa de aplastar a los demás.

La receta es muy simple:

Tomad una idea.
Esperad a que esa idea se extienda.
Cuando se extienda, esperad a que se asuma popularmente.

Luego, buscad a alguien que no acepta las ideas porque las piense mucha gente, sino que busca experimentarlas por sí mismo. Alguien que confía más en el criterio propio que en el de la masa.
Dejad que ese alguien exprese su idea.
Esperad la tormenta de pedradas.

"Se te acusa de no comerte los huevos pasados por agua empezando por la parte delgada"
"'¡MUERTE! ¡MUERTE! ¡MUERTE"
Ridículo, sí. Pero si leéis a Jonathan Swift, veréis que este ejemplo no sirve más que para ilustrar la imbecilidad humana a la hora de aceptar ideas contrarias.


No deja de ser curioso cómo la sociedad manifiesta su hipocresía supina en el momento de lanzar las piedras: es al oír un pensamiento divergente (por muy razonado o apoyado por testimonios lógicos o fehacientes), la masa parece resultar incapaz de aceptar que éste exista; en un alarde de cinismo, sienten cómo su respeto es vulnerado y, usando esto como argumento, se sienten en el derecho de vulnerar el de los demás. Por medio de esa excusa, lo que viene siendo una opinión diferente se convierte en el objeto de insultos y alusiones a una ignorancia del tema que, bien no existe, bien es menor a la del propio atacante. A veces, no es de extrañar, se llega incluso a las manos. No es la primera vez que hemos visto actitudes violentas en campos de fútbol por hechos tan curiosos como animar a equipos diferentes, o bien cuando el fan de tal o cual serie de la tele se caga en la puta madre de un detractor de ésta. De este fanatismo ideológico no parece escaparse ningún sector de la población; no hay ideología que no cuente con sus propios fanáticos y sus legiones de palmeros que se dedican a alabar a ultranza lo que hacen "los suyos" (o, como mucho, mirar para otro lado cuando estos la cagan bien cagada) y cagarse en los muertos de "esos" que hacen lo mismo que "los suyos".
Esto ya lo he comentado en artículos anteriores; mi interés se centra más en lo que sucede cuando una ideología en concreto (al respecto de cualquier tema) se convierte en un pensamiento dominante. Imaginad a qué queda relegado cualquier pensamiento divergente, cualquier teoría alternativa. Cualquier disensión.

No hace falta que hablemos de fascismos o dictaduras, amigos Distópicos. Analizad cómo la sociedad trata a aquellos a los que no consigue entender. Cómo ciertas tendencias sociales, políticas, religiosas (o no religiosas, si hablamos del laicismo salvaje que se está imponiendo últimamente, basándose en la total falta de respeto hacia cualquier creencia) o de lo que sea se empiezan a ver como "las guais"; las que no, empiezan a mirarse mal. A los que las profesan se les empieza a mirar mal, como gente rara, como apestados, como radicales (¿?), como "esos majarones que no tienen ni puta idea de nada".
Cada día que pasa, veo con más miedo cómo la gente defiende cosas que dice conocer, pero quedándose en la consigna y en el lema insertado en el córtex cerebral como un puto código de barras... y usando este conocimiento prefabricado para mearse en lo que puedan pensar los demás. En decir "Lo mío mola más y lo que pienses tú no me interesa una mierda porque fijo que estás equivocado".
Es un poco lo de "Yo soy el Camino, La Verdad y la Vida", pero con un par de milenios de transformación, ampliación y extremismo a lo bestia.
Ahora, la Verdad, en mayúsculas, no es una verdad contrastada o probada. Es la Verdad porque te han dicho que es la Verdad y te callas. No cuestiones, no preguntes, no intentes pensar por ti mismo, que eso está feo. Y si lo haces, que nadie se entere, porque entonces serás el malo. Y si no te importa ser el malo, vete preparando para tu ración de hostias. Para que un puñado de palurdos que dicen saber leer, pero que luego entienden lo que les sale de los cojones de lo que leen, te digan que despiertes. Que tienes los ojos cerrados. Que vives en la oscuridad y ellos en la luz.
Joder, milenios de humanidad y seguimos con la misma mierda. Cada día salen más predicadores, aunque no siempre hablen de un Dios en las alturas. Cada día más gente intenta autoerigirse tu maestra, inculcándote valores que, ya no es que los conozcas o los dejes de conocer, es que ni te interesan. Y por el hecho de no interesarte (nadie te obliga a ello, que para eso se supone que tenemos una libertad ideológica... o eso predican estos fulanos, al menos) comienza el desprestigio. El "No tienes ni puta idea de nada", el "Sigue, sigue como vas, que te espera un futuro que te cagas" ("Porque el mío es mucho mejor, sin duda"). La tiranía de la masa, la de intimidar a los que piensan distinto.
El uso del miedo.

"Me han dicho que si no me pienso que Paco, el de la planta 8, es un tío de puta madre, me van a dar de hostias. Que me van a hacer la vida imposible. Que me vaya olvidando de poder ir tranquilo a trabajar. Y joder, Paco el de la planta 8 se folló a mi mujer delante de mis narices. Lo cuento y no me creen, me dicen que es que le tengo envidia."


Lo peor es que si esto mismo lo practica gente que no forma parte de la masa se les llama beligerantes, vehementes, intolerantes. Qué bien visto está cuando la masa no tolera a la minoría. Qué bien visto está cuando se juntan cuatro fulanos y se dedican a insultar a uno porque no está de acuerdo con ellos. Qué bonito es eso de usar el número para aplastar a otros.
Y eso NO es ser hipócrita, por lo visto.

Anda que no llevamos tiempo viendo gente apostar por una Revolución de Vete a Saber Qué Cojones, pero luego la mitad o te salen con ideas tan utópicas que dan risa (porque para llevarnos a una Distopía como la que empezamos a vivir han hecho falta mogollón de décadas, a ver cómo coño ahora hablan de una revolución de YA PARA YA) o directamente te salen que no tienen ni puta idea de qué nuevo sistema ofrecer, "pero hay que acabar con el que hay". Que escuches gente que te diga que tal delito o tal aberración (inserte aquí la que más le guste) está justificada porque hay otros que han cometido cosas peores o porque durante lo que viene siendo la historia estas cosas han estado permitidas en sentido contrario (es decir, que lo que están haciendo ahora se lo hacían a ellos) y te quedas con la cara partida al ver que el personal al final se toma las cosas como si fuera un partido de fútbol: no eres tan malo o eres incluso bueno porque hay gente que es o ha sido peor que tú.
Con cosas así de razonadas, es lógico (o no, pero tampoco indigno de respeto) que uno no apoye según qué ideas. Que uno diga que, por muy mal que estén las cosas, tenemos el beneficio de la ley y que no podemos saltárnosla a la torera porque los de arriba sí lo hagan. Soy más de pensar que en lugar de convertir esto en el coño de la Bernarda, lo suyo es luchar porque la justicia sea igual para todos. Y por igual, digo que se persiga tanto al gran delincuente como al bajuno. No indultar al bajuno porque el grande se va de rositas.
Y esa concepción es aberrante para muchos. Porque ahora lo guai es el berreo indiscriminado, el defender al currito haga lo que haga y cagarse en el político, haga lo que haga. Porque unos son buenos y lo tienen todo perdonado, todo cuanto hagan tiene justificación y son "de los nuestros" y los otros unos hijos de la gran puta a los que tendríamos que matar a base de patadas en la cabeza. Y si hay que apoyar que se vaya a casa de un político (no a su trabajo, que es donde el político tiene su vida pública, sino a su casa, ojo, donde tiene su vida privada, separada de su trabajo) pues se va, que para eso es un hijo de la gran puta y para eso ha jodido a tanta gente. Porque se lo merece y porque el pueblo, en ese oxímoron llamado "Sabiduría popular" dicta sentencia, mejor, más rápido y de un modo más justo para todos.
Y como yo no estoy de acuerdo con las putadas que los políticos nos hacen a diario, pues tengo que apoyar estas ideítas (ellos las llaman "Iniciativas", "Acciones" y otros términos neológicos que le dan un aire cool y posmoderno a todo), so pena de convertirme en un prosistema, en un aburguesado o vete a saber qué. Porque no estar de acuerdo con una cosa implica apoyar la contraria, de toda la vida.
Así, a pelo.
Luego estos mismos son los de decir que la justicia tiene que ser igual para todos y que no se respeta la Constitución y demás cosas superdemocráticas. Te sueltan eso y al mismo tiempo se autoerigen en jueces y jurados y se toman la justicia por su mano para hacer presión, porque el fin (que nadie dice que no sea bueno) justifica los medios, sean cuales sean. Los que apoyan o participan en ciertas actividades que rozan lo vandálico o lo directamente delictivo porque "su objetivo es bueno". Con eso ya tienen la dispensa moral, damas y caballeros. Libres de pecado.
Llamadme colgado o lo que os salga del forro del escroto, pero aquí no veo la coherencia por ninguna parte.

De lo que se deduce que:
TODOS decimos que TODOS somos iguales, 
PERO
En la práctica, unos son más iguales que otros.
O bien, podemos traducirlo a un contexto algo más contemporáneo:
TODOS tenemos los mismos derechos,
PERO cuando se trata de cagarnos en la puta madre de alguien, unos parecen sentirse con más derecho que otros.
Qué cojones, esos "otros" no tienen ese derecho, porque cada vez que abren la boca, ofenden.
Y la ofensa (entendiendo por "ofensa" decir algo que va contra corriente) es un pecado capital.


Y así con todo.

De estas cosas que dices "A ver, resulta que ahora la gente tiene razón solo porque son más, y la mayoría es algo que respalda para atacar a la minoría". No te extrañe que luego cualquier colectivo minoritario se suba al carro y diga "Pues hala, yo también me ofendo". Montamos una guerra ideológica por cualquier soplapollez y hala, crispación al canto.
Eso lo vemos en el Congreso. En el puto Sálvame. Hasta en la cola del supermercado. Amigos, se ha puesto de moda lo de tirarnos de los pelos con la gente que no ve las cosas como nosotros. En lo de no escuchar, en darse media vuelta a la primera de cambio en que oímos algo que no nos interesa o que no casa con nuestra visión. En la política de las voces limpias, del berrido y del insulto. Y luego nos cabrea que no nos tomen en serio, cuando nosotros mismos somos los que nos meamos en nuestra propia ideología, comportándonos de esta manera. Flaco favor hacemos a nuestros ideales si, en el momento en que encontramos a alguien que no los comparte lo ponemos a caer de un burro y los defendemos sin más argumento que el ataque indiscriminado hacia los demás. Haciendo el capullo todo el santo día. Buscando el pelillo y el higuillo para cabrearnos, para sentirnos ofendidos (joder, ¿que otro no piense lo que tú es un insulto?) en el momento en que escuchamos media puta cosa que no va con lo nuestro.
Luego ponemos el grito en el cielo cuando vemos que hay censura, pero nunca pensamos en el hecho de que los primeros en censurar al prójimo somos nosotros, con esta actitud.

"Señora Potórrez, ya que usted no manifiesta su total acuerdo con mis teorías, tengo que comunicarle que me siento con la total libertad y el pleno derecho a decirle a usted que es una zorra de mierda y una hija de la gran puta".
Puede que os parezca grosero y exagerado. Rebajad un poco el tono y veréis que esta actitud no es ni tan rara.


Todo el puto día usando falacias con las que intentar que nuestra posición quede como la dominante y las de los demás como una puta mierda, o buscando el modo de justificar nuestros actos. "No pasa nada que esté mal, hay otros que lo hacen peor, lo que me convierte a mí en inocente o menos culpable", por citar el ejemplo que he puesto más arriba, pero no es el único. "Si no eres la solución es porque eres parte del problema". "Si no defiendes MIS ideas es porque te opones a ellas y estás defendiendo a la gente que ataco yo". Decidme si este tipo de actitudes no os suenan. Si no las estáis viendo más de la cuenta últimamente.
Al final todo se reduce a eso: a gente que busca enemigos aunque en realidad no les hagan ninguna falta. En sentirse intelectual o moralmente superiores al resto por seguir tal credo, tal ideología, por pertenecer a tal grupo. Como si la razón de la felicidad de cada uno fuese precisamente esa, la de decir "soy mejor que tú y tú eres un pedazo de mierda que existe solo porque soy así de buen tío y no te pego dos tiros aquí mismo por no estar de acuerdo conmigo": extremistas religiosos, fanáticos deportivos, grupos de corrientes políticas de tendencia extrema (izquierdas o derechas, para mí un extremista no es más que un fanático y me suda el rabo el color de la banderita que enarbole), vegetarianos, académicos, colectivos de muy diversa índole sexual, frikis, fans de tal o cual tendencia cultural (musical, audiovisual, literaria), razas urbanas, defensores de tal o cual causa, patriotas, antipatriotas, prosistemas, antisistemas... todos, absolutamente todos estos colectivos y muchos más tienen algo en común:

1) Son humanos, a diferencia de lo que sus detractores opinan
2) Se unen para hacer causa común en base a una idea o sistema de creencias
3) Al unirse, cuentan con la posibilidad de perder el norte, o bien de que muchos de sus integrantes no estén del todo enterados de lo que es la idea en sí
4) Pueden crear (de hecho, generan, si analizáis los ejemplos que pongo) fanáticos que al final lo que hacen es empobrecer y echar por tierra la idea que supuestamente defienden.

Y un fanático, nos pongamos como nos pongamos, no es precisamente la clase de gente que ninguno de estos colectivos necesita en sus filas. No si quieres que tu idea llegue a buen puerto. Si quieres defenderla de un modo justo, como una persona civilizada. No necesitamos gente que nos defienda a capa y espada, que solo vea virtudes en lo propio y solo maldades en lo ajeno. No necesitamos gente que nos defienda sin sabr siquiera qué coño está defendiendo.
No necesitamos ignorantes en nuestra vida, a menos que sea para ensalzar nuestro ego.

Al final, todo se reduce a ideas que buscan, ya sea de modo consciente o no, aplastar a otras.
Al final, el ser humano busca lo que viene buscando desde que el mundo es mundo: que los demás bailen a su son, exterminar a los diferentes e imponer su sistema de creencias sobre los demás, quieran estos o no.
Así es como nace el Pensamiento Único.
Y, si en tal o cual tema, coincidimos con la idea de la masa, no necesitamos cuestionarnos nada más. Lo único que necesitamos es buscar a los indeseables que se oponen a ella y exterminarlos. Dialécticamente hablando la mayoría de las veces... pero no siempre.
Podéis decir que no, pero respondedme: ¿Cuántas veces habéis escuchado a alguien que expone una idea con la que no comulgáis en absoluto? ¿Cuántas veces habéis atendido sus razones o sus argumentos, en caso de tenerlos? ¿Cuántas veces, a gente así, habéis acabado profiriendo más insultos que la niña de El Exorcista?
Pensad en ello.