sábado, 31 de agosto de 2024

Escupiendo Rabia: Las que defienden a las mujeres (pero solo cuando conviene)





Estaba yo el otro día leyendo chorradas en Gúguel, buscando información con la idea de pillar documentación para mis textos, cuando me encuentro con un post de un blog autoproclamado "feminista" (más adelante desglosaré por qué he entrecomillado el término) acerca del tema de moda: el caso Roro.
Os pongo un poco en situación para aquellos que no conozcáis la historia o, para aquellos que, dentro de cinco años, os dé por leer esto que escribo y, a causa de la cultura pop que nos quita la memoria poco a poco, os preguntáis: "¿Y esa quién coño es?".

Roro es una de muchas influencers de las que pululan por la red y que, para mí, ni siquiera existía antes de este caso; no os pongáis dignos, hoy en día hay tanto influencer, tiktoker, youtuber y suputamadrer suelto que es complicado estar al día con todos. Especialmente si sois como yo, que conocéis lo justo y necesario de la farándula de la red. ¿Qué tiene de interesante esta chica y a qué ha venido la movida exactamente? Bueno, hasta donde hemos podido saber todos, Roro es una de las llamadas "tradwives" o, por lo menos, han querido ponerle esa etiqueta. Una tradwife es, básicamente, una moza, señora, chorba o ser vaginoportante que defiende "el papel tradicional de la mujer". Dicho en otras palabras: eso de ser un ama de casa complaciente y enfrascada en tareas hogareñas como cocinar, bordar y demás.


Los 50 están de moda.



La polémica salta en el momento en que la chica admite públicamente que le gusta cocinar para su novio (un tal Pablo) y que tiene por costumbre servirle platos que él tiene ganas de comer. Ya por estas declaraciones (una auténtica blasfemia, al parecer), nos hemos encontrado un caso de cyberbullying de la putísima hostia, parodias de todo tipo (todas con el pretexto del "humor", pero ninguna realizada previamente al caso, qué casualidad) y gente que, simple y llanamente, ha buscado humillarla en redes. Roro, al parecer, se lo ha pasado todo por el mismísimo coño y ha hecho (hasta donde yo sé) quizás lo más sensato: seguir haciendo lo que ha estado haciendo y a tomar por culo.

El post que me encontré, sin ir más lejos, es precisamente uno de esos que, pretendiendo hacer gala de un cultísimo feminismo y una terminología cool sigloveintiunera a más no poder, ha vapuleado con bonitas palabras y un tono académico a una chica que ha mostrado un contenido que, a mí por ejemplo, puede no gustarme (de hecho no es precisamente el prototipo de mujer que me atrae), pero que no considero digno de censura. Qué cojones, ni de crítica. Como si lo que yo escribo o lo que yo posteo fuese moralmente superior a lo que postea ella.


"Lo que digo es muy profundo porque digo 'Cis'. Y hablo de señores 'racializados'. Y de 'impastos de género'. Así que el que no me dé la razón es un hirnorante"



Sin embargo, veo que hay gente que sí se sube a un púlpito para machacar al prójimo con la excusa de una superioridad que le permite ir incluso en contra de los principios que defiende. De hecho, solo tenéis que pasaros un poco por ese post para daros cuenta de que, prácticamente desde el primer párrafo, la persona que lo redacta empieza a destilar insultos contra todo el que tiene a tiro, desde los incels (gente que no logra mantener relaciones sexuales, algo claramente digno de mofa y escarnio, según gente que luego va por la vida hablando de la tolerancia y de que no hay que ir poniendo etiquetas) hasta la manosfera. O sea, la masculinidad, así en general, que todos sabemos que es culturalmente la raíz de toda decadencia y todo mal. Sin odio de género.


"¡Todo el mundo es malo menos quien yo diga! ¡Y esto es así porque aquí manda mi coño moreno!"



El artículo parte del hecho de que lo que cuenta Roro no se ajusta a la realidad y que, mire usted, para hacer lo que hace ella, no da la vida. Y esto, al parecer, es algo terriblemente ofensivo que deja en mal lugar a las "mujeres de verdad", porque "crea unos estándares y unos objetivos imposibles de alcanzar" y blablablá. O eso es lo que yo he creído entender al leer esto. Si resulta ser cierto, es para coger a quien ha escrito esto y regalarle un Phoskito como premio nada más que por el esfuerzo intelectual que le ha debido suponer que alguien que sube algo a Tistós, a Llustube o donde sea NO ESTÁ MOSTRANDO LA REALIDAD. Nos has jodido, colega. Ahora pásate por los vídeos de arte, donde ves a un fulano diciendo que te pinta un retrato realista de un desconocido en el metro, a DOS metros de la jeta de su modelo, con pintura, lienzo, pinceles, y hasta servilletas y NADIE se da cuenta de lo que estaba haciendo hasta que le entrega el retrato, milagrosamente seco, a su sorprendido modelo. O pásate por esos vídeos de cachondeo donde alguien que sale de una caja le mete un susto a un viandante y éste se pone a gritar y a correr por la calle a lo Jim Carrey.


"Entonces... ¿Internet no nos cuenta la verdad?"
Esta queja es de un ingenuo de cagarse, en serio.



Pero no, nos fijamos en Roro. Ahora parece ser que ella es la única que no se ajusta a la realidad en sus vídeos. Y ya por eso, a la hoguera con ella. Por hereje.

El artículo empieza a mezclar churras con merinas y entra en unos discursos más propios del Partido Demócrata estadounidense (gente que ni me parece "de izquierdas", ni feminista ni anti-racista, por mucho que quieran vendernos lo contrario) que de una persona hispanohablante. Sin ir más lejos, empieza a hablar de "feminismo blanco y liberal", de "mujeres heterocis" y demás etiquetas que se alejan de lo que (creo) debería ser el feminismo: la lucha por la igualdad de derechos y oportunidades y alejarse de una puta vez ya de decirle a una mujer lo que puede o no hacer con su vida. Meter la raza de una mujer en esto es, una vez más, la obsesión anglosajona por reducirlo todo a términos como el color de la piel o los orígenes culturales, pasando de largo del hecho fundamental al que debería reducirse todo: que una mujer es una mujer, independientemente de su (puta) raza, de su (puto) origen cultural y de su (puto) estrato social. Y como tal, merece ser respetada. Vote lo que vote. Hable el idioma que hable. Rece a quien rece.
Y decida lo que decida hacer con su (puta) vida.




Pero cuando la decisión ya no te gusta... ¡ah, amiguis! Cuando eso pasa hay que cambiar el discurso rapidito, ¿eins?


Y es aquí donde veo la terrible hipocresía de estos grupos, plataformas, colectivos o bandas callejeras que van enarbolando banderitas, hablando por TODAS las mujeres, pero escuchando solo a las que les interesan. Defendiendo a según qué mujeres (casualmente, todas aquellas que se ajustan a sus paradigmas y a sus cánones), pero permitiéndose el lujo de machacar a todas las demás porque tienen una causa. Tienen un colectivo. Tienen unas consignas. Y por cuestiones de superioridad moral e intelectual. Ciñéndonos al caso concreto de Roro, porque da la impresión (insisto, da, porque no la he tratado personalmente) de que la muchacha ha demostrado una entereza lo bastante firme como para soportar el puteo y el escarnio al que se la ha sometido durante varias semanas. Y menos mal: cualquier otra no lo habría llevado tan bien, y no sería la primera en quitarse la vida ante la presión de un puñado de niñatas haciéndose las interesantes. Haciéndose las feministas. Yendo para ella y machacándola porque no se ajusta a lo que ellas esperan de una "hermana".


"No eres digna. Y como no lo eres, puedo ser condescendiente o agresiva contigo. Lo que me salga del coño, porque mi coño vale más que el tuyo"

Hace unos días, sin ir más lejos, se quitó la vida la Onlyfaner Jill Kandy (en las antípodas de estos grupos de moralistas), sumándose a una larga lista de mujeres muy jóvenes que se sumen en la depresión y a las que el vapuleo constante en redes sociales (su medio de trabajo), en buena parte por parte de otras mujeres (muchas de ellas enarbolando la bandera de la sororidad y el feminismo día sí y día también) las lleva a situaciones muy desesperadas o, como mínimo, no les hace ningún bien. A una nula autoestima. A trastornos como la autolesión o, como he mencionado, el suicidio. Pues de todas las intelectuales que vapulearon a Roro, de todas esas que ejercieron de psiquiatras asegurando saber pensar lo que la trad-wife tiene en la cabeza, lo que piensa realmente más allá de sus declaraciones y hasta cada cuánto se cambia los calcetines, no he visto a NINGUNA decir que lamenta el suicidio de Jill. NINGUNA. Eso sí, para machacarla en vida, como suelen asegurar las Onlyfaners con muchísima frecuencia, no faltó ninguna, tampoco.
Ahora me habláis de sororidad.
Ahora me venís con que estáis con las mujeres.
Con todas.


Luego, que sí, que si campañita contra el acoso en redes, que si fotos con velitas cuando toca y todo lo que os salga del ojete. ¿Pero en el día a día?
En el día a día os gusta más una antorcha que a un tonto un lápiz.



El artículo, a mi juicio, parte de unos supuestos bastante discutibles, como dar por sentado que si una mujer toma una decisión que no casa con sus estándares, automáticamente esa mujer no ha tomado la decisión por sí misma. Dicho de otro modo, es que no está lo bastante concienciada y que es el Patriarcado (una  especie de entidad maligna e invisible, responsable de todo mal y que nos susurra al oído para que nos convirtamos en monstruos... una especie de Satán moderno al que culpar de todo, al parecer) el que ha tomado la decisión por ella.
Y de quedarse tan pancha la persona que ha escrito esto: o sea, que si una mujer no toma la decisión que tú quieres, la solución es automáticamente negar su capacidad de decisión. Y esto, al parecer es feminista, porque lo dice una persona "feminista". Y punto.


"¡QUE TE CALLES, SEÑOROOOO!"



Pero vamos con las burradas que se pueden leer en el artículo: se viene a decir que, si una mujer decide (libremente) convertirse en ama de casa y volver al ámbito privado, se genera una dependencia económica que las convierte en seres vulnerables al control y la violencia. O sea, sin generalizar: esto es casi dar por sentado que, en el momento en que decides dedicarte a las labores de casa, tienes todas las papeletas de convertirte en el objeto deshumanizado de un monstruo peneportante que, cuando llegue a casa, te dará de hostias si no está la comida lista. O sea, ¿soy yo el único en ver el mensajito de mierda que se desprende de esto? ¿Qué se está dando por sentado, que en toda casa en la que entra un sueldo masculino la mujer corre el peligro de convertirse en sumisa y el marido, en un maltratador? ¿Este argumento lo está diciendo alguien completamente en serio? ¿Qué sucede entonces con las jubiladas? ¿Automáticamente se convierten en sacos de boxeo? ¿Y en los matrimonios en que sucede al revés y es el hombre el que se dedica a las labores de casa (por ejemplo, porque se haya quedado en paro o por el motivo que sea) mientras su mujer es la que trae el sueldo? Por favor, no me vengáis ahora con que la violencia es algo estructural y va siempre en la misma dirección, porque por ahí no paso.


El mismo argumento mamporrero que decir que una persona de raza negra no puede ser racista porque su pueblo ha sufrido opresión durante años. Por eso si desprecia a los blancos está justificado porque es "defensa propia" y si desprecia a asiáticos o latinos, pues...
Pues...
Mira, yo qué sé. Me parece una gilipollez tan grande de argumento que ni me voy a molestar en buscarle explicación.



En este argumento lo que veo es una tendencia a la victimización pasmante (pase lo que pase, se decida lo que se decida, se mire por dónde se mire, la mujer siempre es una víctima de todo y el hombre parece nacido para aprovecharse de ella) y una exageración bestial: se pasa del hecho de que una mujer esté en una situación económica desigual a, casi sin transición, ponerla como punto de mira de la violencia. Asumiendo incluso que una cosa implica, prácticamente sin excepción, la otra. Curioso, porque yo pensaba que la violencia se puede ejercer contra mujeres trabajadoras, con éxito y con una buena posición social, y que es bastante más frecuente de lo que parece. Y que para que haya violencia no hace falta que estén en casa (no creo que esto lo agrave siquiera), sino un hecho fundamental: la existencia de alguien que ejerza violencia sobre ellas. Ya podéis soltarme las estadísticas que os dé la gana, pero a mí esto me parece una auténtica chapuza de asociación de ideas.


Yo es que ya no sé ni en qué idioma poner esto ni si merece la pena explicarlo con dibujitos.
Las estadísticas ni reflejan la causalidad ni reflejan la realidad en tanto son fácilmente malinterpretables. O se pueden sacar conclusiones precipitadas de ellas solo en base a la falta de montones de variables.
No tenéis más que ver la de "estadísticas" que salen relacionando inmigración y delincuencia. Si fueran ciertas o si no se estuvieran interpretando con el prepucio, solo con la cantidad de barrios hasta arriba de población inmigrante en nuestras ciudades (en el que llevo diez años trabajando, por ejemplo), deberíamos vivir en unas condiciones de peligrosidad tan grande que Gotham parecería Disneylandia en comparación.



Por otra parte, debo añadir que me hace mucha gracia ver cómo el "feminismo" moderno tiene los santísimos ovarios de sentarse en su trono y juzgar a todo hijo de vecino, dando su aprobación o rechazo ante cualquier puñetera cosa que se les pone por delante, pero con el sentido de autocrítica de un ladrillo. De hablar por quien le sale del culo, a veces hasta sin sentarse a hablar con esa persona. De decidir por un género entero, cuando buena parte de ese género ni siquiera se siente representada por según qué argumentos. Partimos de la base de que aquí hay muchas que se erigen como "El Feminismo" y que todo lo que digan (absolutamente todo) es lo que piensa el movimiento feminista y, ya puestos, todo lo que dicen está bien. Todos sus pensamientos son sublimes. Todas sus conclusiones son la Verdad Absoluta.


"Esta zorra disidente no besa el suelo que pisamos ni agradece lo mucho que estamos haciendo para sacarla de una vida errónea como la suya. ¡QUE LE CORTEN LA CABEZA!"



Habida cuenta de esto, convendría preguntarse qué Feminismo dicen defender, porque hay muchos: ¿El feminismo que tendía a pensar que una mujer no tenía por qué segregarse ni ir con la banderita de "Soy mujer" porque se consideraba exactamente igual en capacidades a los hombres? ¿El feminismo que exigía el voto SOLO para las mujeres burguesas y a las demás que les dieran por el culo? ¿El feminismo que dejó de lado a las mujeres negras (me niego a llamar "racializado" a nadie. Parece como si nos avergonzáramos de hablar del color de la piel, o como si los blancos no tuvieran raza) porque las consideraban inferiores? ¿El feminismo de aquellas que arriesgaron su vida en huelgas de hambre en prisión por pedir igualdad de derechos? ¿O el feminismo de las listas y las caraduras que vienen exigiendo privilegios como cobrar más en la administración por ser mujeres (cuando todos sabemos que precisamente la administración es un ejemplo de igualdad de género y cobras única y exclusivamente en base a tu antigüedad en el puesto)?


O esto, ya puestos: a mucha gente le parece legítimo lo que hacen las Femen. A mí, por ejemplo, me parece una versión activista de las Spice Girls, donde un puñado de tipas de buen ver (que igual me equivoco, pero yo nunca he visto una Femen feúcha que haya durado demasiado en el grupo) montan yesca en iglesias o haciendo flahsmobs en plena calle.
Mucho ruido, sí, muy... ejem, bonito todo, pero más allá de eso no tengo la impresión de que representen ni a la mayor parte del feminismo, ni a la feminidad ni leches en vinagre.



Por eso me hace mucha gracia el argumento mamporrero del artículo cuando dicen: "Nosotras no odiamos a los hombres, pero hay hombres que odian a las feministas". Yo ante esto me planteo una cosa: hace como... diez, quince años, cuando se hablaba de feminismo el asunto estaba mucho más normalizado y menos polarizado que ahora, de una forma muy similar a como sucedía con el ecologismo: nos parecía bien, era socialmente aceptable (o más que ahora, y mucho más que, pongamos, hace dos siglos). Pero desde que surge una ola de "feministas" cuyo argumento es, básicamente, el escarnio al sexo contrario ("¡Machirulo! ¡Señoro! ¡Machete al machote!"), la política del berrido, el victimismo y las lecciones de moral mamporreras, yo mismo he podido ver cómo muchas, muchísimas mujeres que antaño se sentían representadas por el feminismo que conocíamos ahora sienten una profunda vergüenza ajena ante según qué discursos. Partiendo de esto, diría que no existen tantos hombres que odian "el" feminismo, como una cantidad cada vez mayor de personas que se sienten asqueadas por lo que esta pandilla ha hecho del feminismo: adueñarse de él y decir que sus argumentos son la única visión de una ideología que tiene múltiples visiones e interpretaciones. Y de esto, me temo, no tiene la culpa el Patriarcado; la tienen todas aquellas que se han creído que por berrear y menospreciar a quien no les ríe las gracias van a conseguir las cosas más rápido.


Sin embargo, darte cuenta de que no todos tus problemas tienen que ver al hecho de haber nacido con una vagina, ni provienen de un puñado de señoros que quieren tener a todas las mujeres a pata partida en casa, sino de tus mismas acciones, de tus errores y de tu falta de juicio es algo muy duro.
Es mucho más fácil buscarse a un malvado Mago Frestón al que culpar de todo que asumir que igual todo todo no lo estás haciendo bien.



Lo del victimismo se puede ver perfectamente en el post cuando, en pleno s.XXI, nos viene un grupo/plataforma/colectivo y nos suelta que aquí Roro no lo está haciendo muy bien subiendo vídeos de cocina porque mire usted, las mujeres han sido esclavas toda la vida. Tiene influencia cultural o, dicho de otro modo, toda esa sociedad "concienciada", todas esas mujeres "despiertas contra el Patriarcado" que ellas mismas dicen estar creando, son más tontas que un lebrillo, no tienen capacidad de pensamiento y, en cuanto vean el vídeo de Roro va a ser como mirarle el careto a Medusa: te quedas de piedra y, acto seguido, te vuelves un zombi heteropatriarcal; te pones el mandil y a asar chuletas para cuando la Gran Polla vuelva a casa. En un solo párrafo se acude a la lágrima fácil y a insultar a la feminidad, acusándola de ausencia total de personalidad. Que no, Roro: que no deberías subir tus vídeos cocinando porque las mujeres han cocinado en el pasado y eso está muy mal. Ahora lo que hay que hacer es pedir la pitanza a un Glovo, que eso te hace más moderna y libre. Aunque estés explotando a un rider.


"¡Eso, eso, que se joda el rider!"
Fuera de coñas, parece que ahora las mujeres "de verdad" no pueden tener cocinar como afición porque era a lo que estaban obligadas sus abuelas. Les vienen imponiendo que, oiga, lo de querer tener hijos tampoco, que eso es una carga y que hay que viajar e ir al gimnasio y con críos pues como que cuesta. Que hay que estudiar ciencias por putísimos cojones, porque al parecer nunca hemos tenido ni doctoras, ni enfermeras, ni matemáticas ni economistas. Esas nunca han existido, por lo visto.
Y más ingenieras, cojones ya. Que todas y cada una de las mujeres de esta puta sociedad dejen de perder el tiempo estudiando derecho, humanidades o lo que sea, porque hay que petarlo con ingenieras. Importa tres cojones su vocación. Lo que les guste. Eso da igual porque según todos estos, "nunca lo han decidido por sí mismas". Es mucho mejor que un colectivo decida por ti y te diga lo que te conviene.
Y tú te jodes y bailas, no sea que te llamen marioneta del Stereopratiarscado.



Creo que hemos pasado de un extremo a otro: hemos pasado de épocas que a mí, personalmente, no me representan, donde los hombres (y las mujeres, que en esto no hay inocentes) le decían a una mujer que su sitio era la cocina y, en general, la casa: esas madres que, décadas atrás, le decían a sus hijas que tenían que aprender a llevar a una casa para encontrar un buen marido, y esos hombres que aprovechaban la coyuntura... hemos pasado de eso a que ahora lleguen las "feministas" y le digan a otras mujeres que no, que eso no lo puede hacer, porque oiga, resulta que eso de pensar de otra manera, de vivir de otra manera algo más conservadora, ya no tiene cabida en el mundo que ellas están creando para las demás (aunque no se lo hayan pedido). Pensamiento no autorizado. Si es usted mujer, debe usted agachar la cabeza ante lo que diga El Feminismo, o si no, usted es una marioneta. Usted no tiene capacidad de decisión. Usted no tiene personalidad.


Y a callarse la puta boquita.



No deja de hacerme gracia que estos grupos hablen de esa "falta de libertad" de esas mujeres que hayan decidido vivir de según qué manera, pero luego no sean capaces de ver la propia. Cada día es más difícil ajustarse a esos ideales de superioridad moral. Creo que toda miembro de una de estas plataformas debe vivir en una presión constante, por si la decisión que decide tomar un día, del tipo que sea, no es acorde con los Dogmas de su colectivo. Si una buena mañana se levanta, opina sobre algo y resulte que el resto del grupúsculo o plataforma al que pertenece la mira raro porque, casualidades de la vida, no piensen lo mismo. Estas plataformas se han erigido una y mil veces en contra de ese ideal anacrónico de "mujeres perfectas", pero al mismo tiempo se están convirtiendo en lo mismo que critican: en una competición constante por ver quién es más feminista, por ver quién tiene los valores más impolutos y, en definitiva, por demostrar quién defiende su ideología de forma más pura e intachable. Y a la que no dé el mínimo, juicio sumarísimo y cancelación.


"¡Nosotras te declaramos culpable de apostasía! ¡De blasfemia! ¡De alta traición!
¡Exilio! ¡Al gulag! ¡A la puta Siberiaaaaa!"



Más hipocresía veo en una de las frases finales del artículo: "La misoginia castiga a todas aquellas mujeres que no se ajusten al paradigma que promueve Roro"... pero no menciona cómo este "feminismo" castiga (y muy duramente) a todas aquellas que se ajusten. ¿Qué tenemos entonces? ¿La filosofía maquiavélica de que el fin justifica los medios? ¿Que lo único que diferencia a las "feministas" de los misóginos es que su lucha es la correcta y, por tanto, pueden permitirse todo el odio, desprecio y humillación que consideren necesario? Por lo pronto, para no ser misóginas se han sumado a una campaña de cyberbullying sobre Roro (una mujer) por subir vídeos de cocina (algo que le gusta, del mismo modo que si su hobby fuese tocar el laúd o pintar cuadros. Pero el pecado es que lo ha vendido como acto de generosidad hacia un hombre. Y ahí... ahí es cuando ya se encienden las antorchas y comienza el pogromo). Han acosado a centenares de vendedoras de contenido (solo hablad con unas cuantas para daros cuentas de que no son ni mucho menos "casos aislados" y que éstas, a menudo, tienden a quejarse más por el trato de otras mujeres que por el trato que reciben de hombres). Han humillado a todo el que le da la gana (sin ir más lejos, en el artículo no solo aseguran saber qué piensa Roro en su casa, algo que ya me parece atrevido de narices, sino referirse a su pareja como "Pablito" o decir que es un caprichoso, infantilizándolo a más no poder).

Haz lo que te decimos.
Piensa lo que te digamos.
Habla en nuestros términos.
Vive como a nosotras nos salga del potorro.
¿Y si no? Pues como hace todo opresor: acusa al que te lleva la contra de algo para así controlar el relato. Ya lo hemos visto mil veces: si protestas porque Israel lleva (a día de hoy) más de cuarenta mil muertos palestinos a sus espaldas (un porcentaje escandaloso de ellos, niños), eres un antisemita. Si no te parecen bien las políticas de nuestro Honorable Líder, ya puedes ser todo lo de izquierdas que te dé la gana, que eres de la fachosfera. Y si te parece mal que un puñado de listas que no saben hacer ni la O con un canuto aparte de soltar comentarios sesudos acerca de todo lo que ven, y ya, vapuleen a una chica por subir a una red social lo que le sale del coño (contenido que, por cierto, no es ilegal y que, al parecer no se le da nada mal), pues entonces eres un misógino.


"No solo no sabemos cocinar: carecemos de habilidades de cualquier tipo. No tenemos noción artística alguna, ni creativa. No somos capaces de decir una a derechas. No tenemos gracia ni para contar un chiste. Nuestras vidas se basan, a grandes rasgos, en ofendernos por todo y lloriquear. Pero en el momento en que sale alguien que sí hace algo, basta con que no nos entusiasme (o que lo pete) para que saquemos a pasear toda nuestra artillería de comentarios pseudointelectuales".



Quiero aclararlo: a mí el contenido de Roro no me interesa. El tema trad-wife, tampoco, porque no me llama la atención ni se ajusta a mi concepto ideal de una mujer (y esto lo digo por si apareciese por aquí algún intelectual creyéndose mi puto psiquiatra para atribuirme ideologías o gustos que no tengo). Ahora bien, ¿lo de ponerse a defenestrar a alguien que lo hace? ¿De llamarla "sumisa"? (¿Me estáis vacilando, cuando resulta que la literatura dark romance y bdsm lo está petando entre las lectoras?) Creo que hemos llegado a un punto donde no sabemos distinguir lo que no nos gusta de lo que debería ser erradicado de la faz de la tierra. Los grupos que más venden su "tolerancia" y su "absoluto respeto" últimamente son los primeros en buscar la forma de aniquilar toda forma de pensamiento (o de vida) que no case con su Sacrosanto Credo, no sé si por miedo a que alguien le eche un vistazo y le guste o por fanatismo puro y duro. En cualquier caso, soy de pensar que todo viene de vuelta: todos estos que están humillando a Roro o a quien toque, mañana pueden ser los que den un paso en falso y se conviertan en el blanco de las iras de los Niños de la Red, que bajarán el pulgar y dirán "No eres digno".
Y entonces vendrán las lagrimitas de cocodrilo.

miércoles, 7 de agosto de 2024

Tebeos en Vena: Mundowoke, o Progresistas mis cojones



Vamos a dejarnos de hostias y de tonterías: eso de la cultura woke tiene de progresista exactamente lo mismo que un prepucio putrefacto relleno de esmegma purulento tiene de higiénico y culinariamente apetecible. Otra cosa es que los modernitos, los neogafapastas, los culturetas y su puta madre en bicicleta se pasen el día berreando las maravillas de su subcultura y se pongan más chapitas que una adolescente de los 80.

Pero cacarear una cosa a los cuatro vientos las veinticuatro horas del día en caso alguno supone que estés diciendo una verdad.


A menos que seas Goebbels, claro.


En el tema de los cómics, que es el que nos atañe en esta sección, la cosa viene siendo intensita y particularmente hipócrita desde hace ya una buena temporada. Para ilustrar el asunto, permitidme que os cuente una de mis clásicas batallitas de Abuelo Cebolleta para ir ilustrando un poco de qué va la película: hará ya algunos años, tuve el dudoso gusto de cruzar ciertos comentarios en una red social con un subnormal que, a día de hoy, quedaría perfectamente tipificado dentro del wokismo más recalcitrante. Uno de esos que pone su identidad por delante para justificar cualquier ataque gratuito contra quien tuviera delante que no le riese las gracias; un espantajo (porque no tiene otro nombre), que no es que hablase de un tema sin saber, no: es que hacía gala de su supina ignorancia, insinuando que bastaba con tener una causa que defender para ir enarbolando cualquier argumento, por infundado que estuviese ("A ver si voy a necesitar controlar un tema para poder hablar de él", venía a decir la criaturita). Un personaje de esos nobles que, a la que le demuestras con argumentos que lo que está diciendo está lejos de ser cierto, se hace el ofendido y te tacha de seguidor de una ideología que no solo no te representa, sino que es prácticamente lo opuesto a todo cuanto eres tú. Y sin conocerte prácticamente de nada, faltaría más.


"Mira, yo es que soy homoseñorito. Si yo digo que la Tierra es plana, las vacunas causan autismo y que la ciencia en general no sirve para nada y no me das una palmadita en la espalda por lo listo que soy, eres homófobo".


Aquí el intelectual venía a decir que el cómic (el arte entero, sin cortapisas ni excepciones entre autores, décadas, contextos culturales, corrientes, geografía o influencias) viene a ser homófobo y machista por definición. El iluminado no había visto más cómics en su vida que lo que había leído en cuatro blogs hipermegaconcienciados (su principal fuente de lectura, reconocido por él mismo), pero eh, tenía derecho a una opinión y, como tal, tenía que ser respetada y puesta al mismo nivel que la de cualquier otro que sí tenga una mínima idea de esto (ya no hablo ni de ser un experto, hablo de medio saber de qué se está hablando, pero entiendo que en este siglo de soplapollas mentales es mucho pedir). A la que le argumenté con ejemplos de todo tipo, aquí el figurín pues se ofendió: de pronto, el que tenía un problema era yo y, al parecer, no puedo ni ver al colectivo LGTBI porque el caballerete este me pareció de un ignorante que tumba de espaldas. Con dos cojones.


Spoiler: la orientación sexual no tiene nada que ver con la inteligencia. Se puede ser inteligente y ser hetero, gay o bi, del mismo modo que te puede gustar meter maromos en tu catre y ser un perfecto mandril que no junta más de dos neuronas. Pero es una conversación para la que muchos no están preparados.


Pero la raíz del asunto viene a ser la ideología woke, que este tío ya destilaba por los poros de su intelectual pellejo, unos años antes de que acuñásemos el término y esta pandilla de comemierdas se empezasen a adueñar del relato dominante sobre la cultura. Hasta el auge de los Heraldos de la Tolerancia estos, podíamos tener más o menos un punto de vista medianamente razonado (o no) y se podía tener un debate (medio) civilizado acerca de cualquier muestra de cultura moderna: podías hablar de la última peli de Polanski, del último número de X-Men o de si realmente mola tanto la saga de Juego de Tronos. Gente con más razón, gente con menos razón, pero en eso radica debatir con alguien. Al menos, con gente civilizada, claro.


Porque Chiwakas ha habido siempre.

Llegan los wokes y las reglas del juego cambian un poco, porque esto ya no va de tener la razón, sino de gritar más fuerte y de silenciar al prójimo: ahora ya no es que no estés de acuerdo con la chupipandi (como ellos tampoco tienen la obligación de estar de acuerdo contigo); la cosa consiste en aceptar una Única Verdad, Absoluta e Incontestable que, curiosidades de la vida, siempre es la suya. Una Verdad que tienes que suscribir al 100% o prepárate para recibir una batería de insultos: reaccionario, machista, homófobo, fascista, tránsfobo o lo que esté de moda esa semana. Insisto, da igual que el woke tenga razón o se equivoque: esto no va de un debate filosófico acerca de cualquier asunto (trascendental o banal); no va de contrastar ideas; no va de emitir un argumento que puedes aceptar, rebatir o simplemente cuestionar desde una duda medianamente razonable. No. Esto va de imponer una ideología por putos cojones y de machacar, censurar, pisotear y poner una etiquetita a todo el que no compre un discurso que, a la que rascas, tiene más costuras que el pellejo del puto Frankenstein.

El wokismo parece haber encontrado un nicho cómodo en la industria del cómic, lo que demuestra tanto una ignorancia tremenda acerca del medio como una hipocresía bestial: no hay más que ver reportajes como el de la Sexta Noticias hace unos días, donde se argumentaba, sin pudor alguno, que empresas de cómic como Marvel, en los últimos años, se han sumado a la cultura de la diversidad; tenemos autores españoles (no recuerdo el nombre del que salía en este reportaje en concreto, pero si alguien lo conoce, que me lo indique y lo acreditaré) sacando pecho con detallazos como que Loki ahora es "una persona de género fluido en los comics". Y quedarse tan pancho.


Sin etiquetas.
Sin señalar a nadie por su condición.
Todo muy normalizado, para la plena integración en la sociedad.
Macho, les ponéis un crespón en el brazo que los señale y acabáis antes.

Vamos por partes ante esta sarta de burradas emitidas desde lo que se supone que es un medio informativo, al que no le vas a pedir información exhaustiva como si se tratase de un documental del National Geographic, pero al menos sí le puedes pedir que se hayan documentado ligeramente antes de abrir la boquita, que para eso estamos en la era de la información y tardas tres putos minutos en consultar la Wikipedia o lo que te dé la puñetera gana.

"Marvel se ha sumado a la cultura de la diversidad": aquí el argumento da a entender (eso, o que yo ya veo donde no hay, que también puede ser, ahí os dejo la duda razonable) que antes del auge woke Marvel venía a ser una especie de nido de machirulos heteropatriarcales fascistas y opresores que iban quemando cruces en las casas de los negros cada vez que salían del curro. Esto no puede ser más falso, si tenemos en cuenta de que Marvel, nacida hacia 1961, precisamente estuvo destacando durante unas tres décadas por tratar absolutamente todos los temas candentes de la época, con la complicación de que el medio pasaba censura (el Comics Code Authority) y era muchísimo más difícil hablar de drogas, homosexualidad, corrupción política o lo que fuera sin que llegase un señor del gobierno, se fuera para el editor al mando y le dijera "Mire usted, esto no se puede tratar".


El equipo editorial de Marvel de la época, también conocido como bullpen.
Para los mascapollas woke, esto debe ser poco menos que la foto de una reunión del KKK.


Sin embargo, gente como Stan Lee (el viejecito ese que salía en las pelis de Marvel, al que cualquier día de estos pondrán de fascista opresor, viendo cómo está el patio) o Roy Thomas le echaron dos cojones al tema y pusieron a un chaval hasta el culo de drogas a pique de despeñarse por una ventana en el Amazing Spiderman #96 (1971). Este tema, recordemos que en aquella época, era tabú, especialmente en esa época y en una sociedad tan conservadora como la estadounidense, más aún a la hora de tratarlo con los chavales en un medio de entretenimiento; lo curioso es que no fue un tema que pasase de puntillas; algún tiempo después, en la misma serie, un personaje secundario (Harry Osborn, mejor amigo de Spiderman en su identidad civil) acababa también bastante hecho polvo por las drogas. Más adelante, en los 70 y 80 (esta última década en pleno auge del crack, la heroina y la drogadicción juvenil) encontrábamos el tema como algo recurrente en series como Daredevil o Capa y Puñal (esta última, prácticamente centrada en el asunto). Puño de Hierro, X-Men (curiosamente, estas dos series guionizadas por Chris Claremont, del que hablaré algo más adelante), y otras tantas, a su manera, mencionarían el tema como un problema social que resultaba, como poco, preocupante.

"Recordad, shavale: no ze droguei"


Pero no hablamos solo de drogas, sino de temas que hoy en día están en boga y que hace como treinta años no todo el mundo se atrevía a mencionar en medios públicos. Temas en los que los cómics, en buena medida, fueron pioneros, con el handicap de que, en teoría, estaban orientados "a chavales". No en vano, podemos encontrar el tema del maltrato, violencia de género o violencia dentro de la pareja (llamadlo como os dé la gana) en números como The Avengers #213 (1981), violencia sobre los menores (Secret Wars II #5, cuando se plantea la primera aparición de la mutante conocida como Boom-Boom), el suicidio (planteado varias veces en X-Men, de formas bastante diversas a lo largo de un par de décadas), la homosexualidad (por ejemplo, en Capitán América #268 de 1981), la anorexia (X-Factor #12 de 1986) o el racismo, denunciado con personajes como Power Man, a lo largo y ancho de la mayor parte de la colección de X-Men desde sus orígenes o en Capitán América #231 como uno de los ejemplos más significativos en la colección de este personaje. También ha sido desafiado abiertamente a la hora de mostrar a personajes como Robbie Robertson en Spiderman desde 1967 (en una época en la que los negros apenas pisaban la universidad), Pantera Negra, el primer Ave de Trueno en X-Men, Danielle Moonstar en Los Nuevos Mutantes, Wyatt Wingfoot en Los Cuatro Fantásticos, y decenas de tantos otros.


Nótese un chiste muy majo: hoy en día el mundo Woke parece pensar que el racismo solo actúa en contra de los negros, pero luego pasa millas de los nativos americanos, a los que difícilmente vemos en sus reivindicaciones. Esto me hace pensar muchísimo en su supuesto progresismo.


Volviendo al reportaje de la Sexta, se viene a dar a entender que centenares de autores que, en épocas mucho más complicadas que hoy en día, desafiaran las convenciones sociales y los tabús, sencillamente, nunca existieron. Su trabajo nunca fue tal, los riesgos que corrieran jamás tuvieron lugar y, en definitiva, no eran más que unos pobres neanderthales comparados con los moralmente superiores wokes, que han llegado para arrojar la luz sobre la cultura del mundo. Y es ahí donde viene la hipocresía: al ver cómo gente que se erige en progresista no solo habla desde la más profunda ignorancia sino que además es capaz de adueñarse o silenciar el trabajo de aquellos que los precedieron. En el mejor de los casos, hablar con la más absoluta de las condescendencias y dando lecciones de moral cuando ni siquiera se comportan como buenas personas.


De hecho, tener una buena causa (o una causa que tú identifiques como buena) no te convierte en mejor persona. Que se lo digan a todos aquellos que han perpetrado asesinatos, atentados, genocidios y crímenes varios en nombre de la fe, de la pureza de raza, de la identidad nacional o lo que sea: les preguntas a todos y todos creen estar haciendo lo correcto.


Me llegó ayer, por ejemplo, un articulito de El Jueves (supuesta revista progresista, satírica y con mala leche. Subrayo lo de supuesta), que había publicado un monográfico referente a los cómics. El Jueves ha pasado de la transgresión y el rollo casi punk de décadas anteriores a un lacayismo y un lamecimbrelismo al poder dominante que da entre vergüenza ajena y miedo: si bien en su día no tenían el más mínimo pudor al decir que no estaban dispuestos a agachar la cabeza ante un discurso impuesto por una élite del tipo que fuese, ahora el wokismo se ha metido dentro de sus oficinas y ha hecho que la revista se baje los pantalones ante toda esta oleada de corrección política. Cómo no, entrando en el ninguneo de las generaciones anteriores y desde la más absoluta de las ignorancias.


Caye Casas, director de La mesita del comedor, apuntó no hace mucho que España es un país extremadamente políticamente correcto y que, salirse de ese discurso de corrección política implica ser ninguneado por la industria y tener que buscarse la vida en sitios donde la mentalidad hacia cualquier otra forma de pensar divergente sea algo más aceptada. Él se refería en concreto a la industria del cine, pero creo que se puede extrapolar a buena parte de la sociedad española, cada día más obsesionada con lamerle el cipote a los que imponen según qué discurso por la fuerza.


Entre las lindezas que soltaban era la de atacar a William Moulton Marston (creador de Wonder Woman) desde un argumento de lo más rancio y puritano precisamente para ir de modernitos. Según los tragalefas estos, las publicaciones originales de Wonder Woman son un homenaje al machismo porque "Al autor le encantaban las mujeres atadas y aprovechaba la más mínima ocasión para dibujarlas en sus viñetas". Eso es como decir que Batman y Robin son una pareja gay porque van siempre juntos (topicazo ya bastante manido desde los años 60 y que, honestamente, ya aburre) y usar el argumento como algo pernicioso. Para todo el que conozca a Moulton Marston (o por lo menos, que se haya leído algunos cómics de su Wonder Woman, como el caso de un servidor, que no es que sea más listo que los demás, pero por lo menos gusta de tener material de documentación al que agarrarse), sí que es cierto que le iba el bondage. Sí que es cierto que este señor tuvo una vida, digamos, peculiar (por ejemplo, vivió en una relación bígama totalmente consentida por las tres partes). Una vida que, por cierto, desafiaba los valores ultraconservadores de la sociedad americana de los años 40.



Luego nos encontramos que cosas como estas, donde se especifica claramente en su primera página que hay escenas de violencia sexual, relaciones no consentidas, amenazas y muestras de dominación extrema, tanto física como psicológica sobre las mujeres, pueblan las librerías sin ningún problema.
A ver, no voy a ser yo el que pida que cancelen este tipo de literatura ni a rasgarme las vestiduras por temáticas que a mí, personalmente, me atraigan como meter la picha en la Thermomix de mi madre y darle al botoncito de "Sopa cremosa".
Lo único que digo es que cada uno lea lo que le salga de los cojones y nos dejemos ya los discursitos moralistas, porque no cuelan.


En plena Segunda Guerra Mundial tenemos a un señor que gustaba del bondage y vivía en una relación abierta. Y esto, a gente que vive en el s.XXI, que va de modernita, de tolerante y con la mente abierta, esto les resulta escandaloso. Les resulta escandaloso ver una mujer atada en un cómic de los años 40, pero pasan por completo de puntillas ante el hecho de que la mejor amiga del personaje, Etta Candy, era una mujer obesa (lo que llamaríamos hoy en día, un cuerpo no-normativo, empleando la terminología woke) y que tenía un par de ovarios tan grande o más que la propia Wonder Woman, considerando que no tenía poderes. O del hecho de que, si bien en la época, la sociedad americana entendía que el lugar de la mujer era el hogar y punto pelota, nos planteaba una guerrera amazona que se enfrentaba a espías nazis, que curraba para la inteligencia del ejército, que salvaba a soldados (varones) o ayudaba a huérfanos y se convirtió en un puto icono que perdura hoy en día. Pero no, nos vamos a centrar en el argumento puritano de que al hombre le iban las cuerdas y las esposas. Y eso es mal. Mucho mal. Pecaminoso. Sacrílego. Herético.


No hay argumento más rancio e inquisitorial que andar juzgando la obra de alguien por los gustos de su autor. Mucho más, lo de andar jugando a los psiquiatras y asumir que tal o cual cosa es "inculcar ideologías". Luego te encuentras que, dentro del paraguas woke, hay auténtica gentuza que defiende la zoofilia o que la edad no es más que un constructo social (abriendo de paso la puerta a cosas que no tienen cabida como el abuso sexual de animales o la pederastia) y oye, ahí sí que está bien: si un tío de 50 tacos se identifica con un niño de 9 y decide meterse en el catre de un par de crías de primaria, tenemos hordas de wokes diciendo que está genial, que si se siente así, nadie se lo puede impedir.
Un autor tiene una relación polígama consentida y le va el bondage y esos mismos se vuelven locos.
Y hala, a quemar libros se ha dicho.

Los listos de El Jueves arremeten también contra Chris Claremont porque diseñó (junto a John Byrne) los uniformes de las Reinas Blanca y Negra del Club Fuego Infernal de X-Men. Uniformes basados en corsés, similares a los de las cortesanas francesas del s.XVIII, argumentando que eso es "de pajeros" y dando a entender que bueno, eso de vestir corsés, es de machistas. Hala, los genios ya han sentado cátedra y la chiquillería a tocar palmas porque, mire usted, qué feministas que son al decir eso. Machacar a alguien por masturbarse o por gustarle un corset es como muy modernito; no hay nada como pisotear las preferencias sexuales de cada uno (aun siendo legales, porque, que yo sepa, no existe ley alguna contra ponerse pinocho con una pieza de corsetería, ni creo que haga daño a nadie, digan lo que digan) y luego andar predicando la tolerancia y las opciones sexuales como un "rasgo identitario". Sin dobles raseros, sin hipocresías, ni nada. Les ha faltado machacar a los dibujantes de cómics por ser vírgenes (otro topicazo), o por no comerse un torrao (los famosos incels), lo cual viene a ser la carta blanca para denigrar sexualmente a alguien. Pero, como lo hacen los Justicieros de la Sociedad, pues estará bien, supongo.



Toda la puta vida de Dios nos habían enseñado que humillar a alguien sexualmente estaba muy feo: nos dijeron que está mal humillar a los homosexuales. A los impotentes. Que estaba mal humillar a mujeres porque tuvieran poco pecho. Nos parecía cruel humillar a la gente con SIDA, a los transexuales. Decíamos que estaba mal reírse de los eyaculadores precoces, o que era vejatorio hacer chistes con las anorgásmicas. "Frígida" era un insulto, y aludir a la regla de una mujer como causante de cualquier reacción rara era vejatorio.
Sin embargo, si un tío no folla porque no tiene la ocasión, porque no da con alguien para hacerlo y además considera que no es legítimo pagar por sexo, no pasa nada: es un incel y diga lo que diga, como no folla, su opinión es una mierda. Su argumento pierde validez porque todos sabemos que un argumento no vale por sí mismo, sino por lo que folla quien lo emite, por supuesto.
Además, se cuenta con pleno derecho a restregárselo por la cara, siempre que diga algo que no nos guste.
Por gilipollas que sea el tío, sigo considerando una bajeza usar el plano sexual para insultar a nadie.


Ahora voy a hablaros yo de Chris Claremont: yo no sé si este señor será machista o no (no me he ido de cañas con él, y cada uno en su casa puede ser lo que le dé la gana), pero lo que es su obra... pues si alguien ve machismo en lo que escribe este tío, una de dos: o es un ignorante o un mentiroso. El señor Claremont, por ejemplo, trabajó en la serie de Carol Danvers, también conocida hoy en día como la Capitana Marvel, también conocida como el actual Icono Feminista de la Casa de las Ideas. En aquella época, la Capitana Marvel era conocida como Ms. Marvel y solo teneis que leer la serie para ver que era un personaje independiente, audaz y que no tenía absolutamente nada que envidiar a cualquier personaje masculino. Más adelante, le pegaría un lavado de cara bestial al personaje después de una chapuza que se cometiera en la serie de The Avengers (en su número 200 de 1980, por si os da por investigar). Lavado de cara que demuestra que Chris Claremont demostraba una sensibilidad bastante acentuada a la hora de plantear un personaje femenino y un tema tan jodidamente tabú como es el de la violación (esto sucedería en el clásico Annual 10), sin lloriqueos ni victimismos: Carol Danvers sufrió una violación, sí, pero ni se metió a monja, ni se puso a lloriquear ni fue mendigando la pena de nadie; en lugar de eso, cogió a todo el que justificó aquella burrada y lo hundió en la puta vergüenza, dejando claro que habían sido tan partícipes de ello con su tolerancia que el propio violador. Claremont defendió al mismo tiempo el derecho de las mujeres a ser madres solteras, si así lo decidían. Hablamos del año 1981.


Hemos pasado de eso a que ahora, cada puta serie de Marvel protagonizada por una mujer, reciba una visita de Carol Danvers en plan "Como banderita del feminismo con patas que soy, yo te apruebo como superheroína. ¡Mucho ánimo, hermana!". Y arreando, que hay que ir a por la próxima heroína a decirle lo mismo.
Todo muy normal.

Este autor, aparte, es famoso por haber trabajado en series protagonizadas por mujeres (Spider-Woman) o de haber creado personajes femeninos con una fuerza y un peso que dista mucho del machismo que quieren atribuirle. Para muestra, varios botones: Tormenta (creada originalmente por Len Wein, pero desarrollada de forma intensiva por él), la faceta Fénix de Jean Grey, Kitty Pryde, Pícara o Mística son creaciones suyas. Pero claro, siempre podemos fijarnos en que Emma Frost y Jean Grey en su faceta de Reina Negra llevaban corsés, que es mucho más profundo y está mucho más fundado, dónde va a parar.

Y es que el wokismo parece obsesionado por retorcer la verdad y dar a entender que antes de ellos y su Cruzada contra el Mal todo era oscurantismo y machirulismo heteropatriarcal. Se han llenado la boca diciendo que la industria del cómic era una especie de club de pajilleros donde no ha entrado ni una sola mujer para algo que no sea llevar cafés o bajarse las bragas ante un jefazo (que decir esto, al parecer, NO es machista si lo dicen ellos), pero han invisibilizado a señoras como Ann Nocenti, June Brighman, Colleen Doran, Pia Guerra, Louise Simonson, Marie Severin, Leah Moore o Karen Berger al decir que hasta la irrupción de su sacrosanta ideología NO había mujeres en la industria o que las que había nunca se comieron un mojón porque los penes estaban ahí para pisotearlas. Luego miras que Karen Berger es posiblemente la mejor editora de la industria del cómic entre los años 80 y la primera década de 2000 y el argumento se va un poco a cagar. O que Ann Nocenti ha sido desde siempre una de las guionistas más comprometidas de la década de los 80, haciendo auténticas denuncias sociales de cada uno de sus cómics. Otra cosa es que el woke de turno sea un puto ignorante y no sepa ni lo que está criticando.


"Yo no soy ignorante. Es que el heteropatriarcado opresor, fascista y reaccionario ha puesto una venda en mis ojos y ha impedido que esa información, posiblemente falsa, llegue a mi alcance".


También han pasado por alto que la máxima directiva de DC de los últimos años ha sido una mujer, Diane Nelson. Pero como la gestión de esta señora ha sido un auténtico desastre (lo que pasa cuando pones al mando de una empresa a alguien que no tiene ni la menor idea de a lo que se dedica dicha empresa, con unas políticas a la total deriva y una serie de contrataciones y despidos en la cúpula de la editorial a cuál más digno de palmada en la frente), pues aquí se saca menos pecho y luego, ya si eso, pues se jugará la carta del techo de cristal, la de "La obligaron a dimitir por ser mujer" o lo que toque. El caso es darle la vuelta a la tortilla para ajustar la realidad a su santo avolunto.

Quiero volver ahora al tema de la Sexta diciendo que ahora "Loki es una persona de género no binario" y alardear al respecto, en un alarde de diversidad y modernidad. No deja de tener gracia que Marvel en su día transgrediera todo lo que tuviera a tiro y el público lo aceptase durante décadas y que ahora no den un puñetero paso sin convocar una rueda de prensa para sacarse el pene y andar teniendo que demostrar lo chupiguais que son. No deja de ser curioso que lo que hace décadas resultase valiente y orgánico, ahora no parezca sino una muestra de postureo de cara a las redes sociales, con un tufillo a imposición que tira para atrás. La evidencia la tenemos con el hecho de que, hasta el auge woke, los personajes tenían (en líneas generales, claro) una identidad más o menos estable y luego iban apareciendo personajes nuevos que, más acordes con los tiempos en que fueron creados, se fueron ganando al público poco a poco (o no, ya dependiendo de la maestría de sus creadores, porque no te ganas al público solo con  una identidad. Necesitas tener algo que contar).


Por ejemplo esto, la serie de Jon Kent, el hijo de Superman. Lo mismo la serie estaba destinada a ser un pelotazo y tenía un guion que flipas.
Sin embargo, ¿qué fue lo que vendieron?
Pues que el hijo de Superman es bisexual, y ya está.
Ahora, si alguien de verdad se cree que alguien va a comprar una serie SOLO porque su personaje es bi, es de no vivir en el puto planeta Tierra.
Bi, hetero, homo o caballosexual, solo con una orientación no sacas tú una serie ni a tiros.


Hoy en día, sin embargo, todo suena artificial y vacío: cuando no te cambian a un personaje de raza sin razón aparente, te lo cambian de orientación sexual "porque nunca se atrevió a mostrarse como realmente es por miedo" (muy original esto último, considerando que parece ser un mantra que ha caracterizado a CASI TODOS los personajes que han sufrido estos cambios), directamente te sacan de la manga un personaje que, más que personaje, es una especie de banderita con patas sin absolutamente nada más que ofrecer que la representación de un colectivo y poco más. En resumidas cuentas, por un lado tienes que los wokes, o bien viven a costa del trabajo de los demás, "reescribiendo" o barnizando para que todo resulte cool (follándose de camino la esencia primaria de los personajes, descafeinándolos hasta la vergüenza ajena) o bien te muestran algo que, más allá de la etiqueta, carece de la mínima profundidad.


Pero eh, que las etiquetas están mal.


Al mismo tiempo, cuando se han creado personajes diversos y ha habido editores sin luces (porque el machismo, el racismo y la homofobia también ha existido en la industria del cómic, como en cualquier otra parte, y negarlo sería faltar a la verdad) que los han cancelado, no he visto un solo woke poner el grito en el cielo: cuando el orangután de Dan Didio decidió cancelar la genial Batwoman de J.H. Williams III, basándose en el casposo argumento de "No, yo no tengo nada en contra de que el personaje sea lesbiana, pero no me parece buena idea que se case", los que protestaron, ¿quiénes fueron? ¿Los wokes, que mucho lloriquear y protestar, pero no leen cómics así los maten, o los lectores fieles de la serie, que no podían creerse semejante argumento de mierda para cerrar una de las pocas cabeceras en condiciones de esa lamentable etapa editorial de DC comics?

Y así está el patio: los adalides de la justicia social y de la tolerancia basan su modus operandi en invisibilizar a aquellos autores previos a su época; en exigir censura en apropiarse de las ideas de otros y censurar cualquier opinión, ya no que les lleve la contraria, sino que los cuestione o sencillamente no lo comparta todo; en mirar para otro lado cuando no les interesa y, en definitiva, a espurrear mierda sobre el prójimo para autoproclamarse los Defensores de la Moral, como si fueran putos barbudos iraníes lapidando adúlteras. No importa que sus argumentos resulten ser machistas, homófobos o racistas. Que estén basados en estereotipos, revestidos de neologismos superchulis con los que justificarse. No importa que estén usando un ideario lleno de incoherencias, contradicciones e hipocresías para imponer a sangre y fuego una sarta de chorradas. Hace veinte, treinta años, el mundo del cómic era un ejemplo de vanguardia, tolerancia e inclusión: ahora no es más que un nido de niñatos y gilipollas que se creen alguien y que, por berrear en redes sociales, están en posesión de la Verdad Absoluta. Van de progresistas, pero este discurso inquisitorial de acallar disidentes y de quemar toda publicación en su contra es de todo menos eso.


—¡Eh, chicos, esta puta dice que no le gusta que Lobezno ahora diga "Elle"!
—¡Menuda guarra opresora!
—¿Qué hacemos con las zorras que no creen en el respeto ni en la tolerancia?
—¡Las apaleamos y luego les metemos una litrona rajada por el coño!
—¡Eso, eso! ¡A ver que va a ser eso de ir por ahí cuestionando lo que nos gusta a nosotros!


Sí, vamos a dejarnos de tapujos y de tonterías. Es de autócratas. De totalitarios. De fascistas. De estalinistas. De putos nazis. Wokes del mundo, no sois más que eso. Detrás de vuestra palabrería, de vuestras acciones online, de vuestros hashtags y de vuestros simbolitos (porque eso de manifestarse y correr delante de la madera es muy cansado), sois una panda de putos fascistas, que pregonáis libertades que sois incapaces de asumir. Y como nazis que sois, lo único que merecéis en esta vida es que los putos gorilas del Planeta de los Simios tomen en mando de una puñetera vez, huelan el pestuzo de vuestras neuronas oligofrénicas y os ajusticien a todos y cada uno de vosotros metiendóos el rabo por el culo hasta que os dejen la médula a punto de nieve.

Anda y que os follen a todos.