sábado, 31 de agosto de 2024
Escupiendo Rabia: Las que defienden a las mujeres (pero solo cuando conviene)
miércoles, 7 de agosto de 2024
Tebeos en Vena: Mundowoke, o Progresistas mis cojones
Vamos a dejarnos de hostias y de tonterías: eso de la cultura woke tiene de progresista exactamente lo mismo que un prepucio putrefacto relleno de esmegma purulento tiene de higiénico y culinariamente apetecible. Otra cosa es que los modernitos, los neogafapastas, los culturetas y su puta madre en bicicleta se pasen el día berreando las maravillas de su subcultura y se pongan más chapitas que una adolescente de los 80.
Pero cacarear una cosa a los cuatro vientos las veinticuatro horas del día en caso alguno supone que estés diciendo una verdad.
A menos que seas Goebbels, claro.
En el tema de los cómics, que es el que nos atañe en esta sección, la cosa viene siendo intensita y particularmente hipócrita desde hace ya una buena temporada. Para ilustrar el asunto, permitidme que os cuente una de mis clásicas batallitas de Abuelo Cebolleta para ir ilustrando un poco de qué va la película: hará ya algunos años, tuve el dudoso gusto de cruzar ciertos comentarios en una red social con un subnormal que, a día de hoy, quedaría perfectamente tipificado dentro del wokismo más recalcitrante. Uno de esos que pone su identidad por delante para justificar cualquier ataque gratuito contra quien tuviera delante que no le riese las gracias; un espantajo (porque no tiene otro nombre), que no es que hablase de un tema sin saber, no: es que hacía gala de su supina ignorancia, insinuando que bastaba con tener una causa que defender para ir enarbolando cualquier argumento, por infundado que estuviese ("A ver si voy a necesitar controlar un tema para poder hablar de él", venía a decir la criaturita). Un personaje de esos nobles que, a la que le demuestras con argumentos que lo que está diciendo está lejos de ser cierto, se hace el ofendido y te tacha de seguidor de una ideología que no solo no te representa, sino que es prácticamente lo opuesto a todo cuanto eres tú. Y sin conocerte prácticamente de nada, faltaría más.
"Mira, yo es que soy homoseñorito. Si yo digo que la Tierra es plana, las vacunas causan autismo y que la ciencia en general no sirve para nada y no me das una palmadita en la espalda por lo listo que soy, eres homófobo".
Aquí el intelectual venía a decir que el cómic (el arte entero, sin cortapisas ni excepciones entre autores, décadas, contextos culturales, corrientes, geografía o influencias) viene a ser homófobo y machista por definición. El iluminado no había visto más cómics en su vida que lo que había leído en cuatro blogs hipermegaconcienciados (su principal fuente de lectura, reconocido por él mismo), pero eh, tenía derecho a una opinión y, como tal, tenía que ser respetada y puesta al mismo nivel que la de cualquier otro que sí tenga una mínima idea de esto (ya no hablo ni de ser un experto, hablo de medio saber de qué se está hablando, pero entiendo que en este siglo de soplapollas mentales es mucho pedir). A la que le argumenté con ejemplos de todo tipo, aquí el figurín pues se ofendió: de pronto, el que tenía un problema era yo y, al parecer, no puedo ni ver al colectivo LGTBI porque el caballerete este me pareció de un ignorante que tumba de espaldas. Con dos cojones.
Spoiler: la orientación sexual no tiene nada que ver con la inteligencia. Se puede ser inteligente y ser hetero, gay o bi, del mismo modo que te puede gustar meter maromos en tu catre y ser un perfecto mandril que no junta más de dos neuronas. Pero es una conversación para la que muchos no están preparados.
Pero la raíz del asunto viene a ser la ideología woke, que este tío ya destilaba por los poros de su intelectual pellejo, unos años antes de que acuñásemos el término y esta pandilla de comemierdas se empezasen a adueñar del relato dominante sobre la cultura. Hasta el auge de los Heraldos de la Tolerancia estos, podíamos tener más o menos un punto de vista medianamente razonado (o no) y se podía tener un debate (medio) civilizado acerca de cualquier muestra de cultura moderna: podías hablar de la última peli de Polanski, del último número de X-Men o de si realmente mola tanto la saga de Juego de Tronos. Gente con más razón, gente con menos razón, pero en eso radica debatir con alguien. Al menos, con gente civilizada, claro.
Porque Chiwakas ha habido siempre.
Llegan los wokes y las reglas del juego cambian un poco, porque esto ya no va de tener la razón, sino de gritar más fuerte y de silenciar al prójimo: ahora ya no es que no estés de acuerdo con la chupipandi (como ellos tampoco tienen la obligación de estar de acuerdo contigo); la cosa consiste en aceptar una Única Verdad, Absoluta e Incontestable que, curiosidades de la vida, siempre es la suya. Una Verdad que tienes que suscribir al 100% o prepárate para recibir una batería de insultos: reaccionario, machista, homófobo, fascista, tránsfobo o lo que esté de moda esa semana. Insisto, da igual que el woke tenga razón o se equivoque: esto no va de un debate filosófico acerca de cualquier asunto (trascendental o banal); no va de contrastar ideas; no va de emitir un argumento que puedes aceptar, rebatir o simplemente cuestionar desde una duda medianamente razonable. No. Esto va de imponer una ideología por putos cojones y de machacar, censurar, pisotear y poner una etiquetita a todo el que no compre un discurso que, a la que rascas, tiene más costuras que el pellejo del puto Frankenstein.
El wokismo parece haber encontrado un nicho cómodo en la industria del cómic, lo que demuestra tanto una ignorancia tremenda acerca del medio como una hipocresía bestial: no hay más que ver reportajes como el de la Sexta Noticias hace unos días, donde se argumentaba, sin pudor alguno, que empresas de cómic como Marvel, en los últimos años, se han sumado a la cultura de la diversidad; tenemos autores españoles (no recuerdo el nombre del que salía en este reportaje en concreto, pero si alguien lo conoce, que me lo indique y lo acreditaré) sacando pecho con detallazos como que Loki ahora es "una persona de género fluido en los comics". Y quedarse tan pancho.
Vamos por partes ante esta sarta de burradas emitidas desde lo que se supone que es un medio informativo, al que no le vas a pedir información exhaustiva como si se tratase de un documental del National Geographic, pero al menos sí le puedes pedir que se hayan documentado ligeramente antes de abrir la boquita, que para eso estamos en la era de la información y tardas tres putos minutos en consultar la Wikipedia o lo que te dé la puñetera gana.
"Marvel se ha sumado a la cultura de la diversidad": aquí el argumento da a entender (eso, o que yo ya veo donde no hay, que también puede ser, ahí os dejo la duda razonable) que antes del auge woke Marvel venía a ser una especie de nido de machirulos heteropatriarcales fascistas y opresores que iban quemando cruces en las casas de los negros cada vez que salían del curro. Esto no puede ser más falso, si tenemos en cuenta de que Marvel, nacida hacia 1961, precisamente estuvo destacando durante unas tres décadas por tratar absolutamente todos los temas candentes de la época, con la complicación de que el medio pasaba censura (el Comics Code Authority) y era muchísimo más difícil hablar de drogas, homosexualidad, corrupción política o lo que fuera sin que llegase un señor del gobierno, se fuera para el editor al mando y le dijera "Mire usted, esto no se puede tratar".
Sin embargo, gente como Stan Lee (el viejecito ese que salía en las pelis de Marvel, al que cualquier día de estos pondrán de fascista opresor, viendo cómo está el patio) o Roy Thomas le echaron dos cojones al tema y pusieron a un chaval hasta el culo de drogas a pique de despeñarse por una ventana en el Amazing Spiderman #96 (1971). Este tema, recordemos que en aquella época, era tabú, especialmente en esa época y en una sociedad tan conservadora como la estadounidense, más aún a la hora de tratarlo con los chavales en un medio de entretenimiento; lo curioso es que no fue un tema que pasase de puntillas; algún tiempo después, en la misma serie, un personaje secundario (Harry Osborn, mejor amigo de Spiderman en su identidad civil) acababa también bastante hecho polvo por las drogas. Más adelante, en los 70 y 80 (esta última década en pleno auge del crack, la heroina y la drogadicción juvenil) encontrábamos el tema como algo recurrente en series como Daredevil o Capa y Puñal (esta última, prácticamente centrada en el asunto). Puño de Hierro, X-Men (curiosamente, estas dos series guionizadas por Chris Claremont, del que hablaré algo más adelante), y otras tantas, a su manera, mencionarían el tema como un problema social que resultaba, como poco, preocupante.
Pero no hablamos solo de drogas, sino de temas que hoy en día están en boga y que hace como treinta años no todo el mundo se atrevía a mencionar en medios públicos. Temas en los que los cómics, en buena medida, fueron pioneros, con el handicap de que, en teoría, estaban orientados "a chavales". No en vano, podemos encontrar el tema del maltrato, violencia de género o violencia dentro de la pareja (llamadlo como os dé la gana) en números como The Avengers #213 (1981), violencia sobre los menores (Secret Wars II #5, cuando se plantea la primera aparición de la mutante conocida como Boom-Boom), el suicidio (planteado varias veces en X-Men, de formas bastante diversas a lo largo de un par de décadas), la homosexualidad (por ejemplo, en Capitán América #268 de 1981), la anorexia (X-Factor #12 de 1986) o el racismo, denunciado con personajes como Power Man, a lo largo y ancho de la mayor parte de la colección de X-Men desde sus orígenes o en Capitán América #231 como uno de los ejemplos más significativos en la colección de este personaje. También ha sido desafiado abiertamente a la hora de mostrar a personajes como Robbie Robertson en Spiderman desde 1967 (en una época en la que los negros apenas pisaban la universidad), Pantera Negra, el primer Ave de Trueno en X-Men, Danielle Moonstar en Los Nuevos Mutantes, Wyatt Wingfoot en Los Cuatro Fantásticos, y decenas de tantos otros.
Nótese un chiste muy majo: hoy en día el mundo Woke parece pensar que el racismo solo actúa en contra de los negros, pero luego pasa millas de los nativos americanos, a los que difícilmente vemos en sus reivindicaciones. Esto me hace pensar muchísimo en su supuesto progresismo.
Volviendo al reportaje de la Sexta, se viene a dar a entender que centenares de autores que, en épocas mucho más complicadas que hoy en día, desafiaran las convenciones sociales y los tabús, sencillamente, nunca existieron. Su trabajo nunca fue tal, los riesgos que corrieran jamás tuvieron lugar y, en definitiva, no eran más que unos pobres neanderthales comparados con los moralmente superiores wokes, que han llegado para arrojar la luz sobre la cultura del mundo. Y es ahí donde viene la hipocresía: al ver cómo gente que se erige en progresista no solo habla desde la más profunda ignorancia sino que además es capaz de adueñarse o silenciar el trabajo de aquellos que los precedieron. En el mejor de los casos, hablar con la más absoluta de las condescendencias y dando lecciones de moral cuando ni siquiera se comportan como buenas personas.
De hecho, tener una buena causa (o una causa que tú identifiques como buena) no te convierte en mejor persona. Que se lo digan a todos aquellos que han perpetrado asesinatos, atentados, genocidios y crímenes varios en nombre de la fe, de la pureza de raza, de la identidad nacional o lo que sea: les preguntas a todos y todos creen estar haciendo lo correcto.
Me llegó ayer, por ejemplo, un articulito de El Jueves (supuesta revista progresista, satírica y con mala leche. Subrayo lo de supuesta), que había publicado un monográfico referente a los cómics. El Jueves ha pasado de la transgresión y el rollo casi punk de décadas anteriores a un lacayismo y un lamecimbrelismo al poder dominante que da entre vergüenza ajena y miedo: si bien en su día no tenían el más mínimo pudor al decir que no estaban dispuestos a agachar la cabeza ante un discurso impuesto por una élite del tipo que fuese, ahora el wokismo se ha metido dentro de sus oficinas y ha hecho que la revista se baje los pantalones ante toda esta oleada de corrección política. Cómo no, entrando en el ninguneo de las generaciones anteriores y desde la más absoluta de las ignorancias.
Caye Casas, director de La mesita del comedor, apuntó no hace mucho que España es un país extremadamente políticamente correcto y que, salirse de ese discurso de corrección política implica ser ninguneado por la industria y tener que buscarse la vida en sitios donde la mentalidad hacia cualquier otra forma de pensar divergente sea algo más aceptada. Él se refería en concreto a la industria del cine, pero creo que se puede extrapolar a buena parte de la sociedad española, cada día más obsesionada con lamerle el cipote a los que imponen según qué discurso por la fuerza.
Entre las lindezas que soltaban era la de atacar a William Moulton Marston (creador de Wonder Woman) desde un argumento de lo más rancio y puritano precisamente para ir de modernitos. Según los tragalefas estos, las publicaciones originales de Wonder Woman son un homenaje al machismo porque "Al autor le encantaban las mujeres atadas y aprovechaba la más mínima ocasión para dibujarlas en sus viñetas". Eso es como decir que Batman y Robin son una pareja gay porque van siempre juntos (topicazo ya bastante manido desde los años 60 y que, honestamente, ya aburre) y usar el argumento como algo pernicioso. Para todo el que conozca a Moulton Marston (o por lo menos, que se haya leído algunos cómics de su Wonder Woman, como el caso de un servidor, que no es que sea más listo que los demás, pero por lo menos gusta de tener material de documentación al que agarrarse), sí que es cierto que le iba el bondage. Sí que es cierto que este señor tuvo una vida, digamos, peculiar (por ejemplo, vivió en una relación bígama totalmente consentida por las tres partes). Una vida que, por cierto, desafiaba los valores ultraconservadores de la sociedad americana de los años 40.
En plena Segunda Guerra Mundial tenemos a un señor que gustaba del bondage y vivía en una relación abierta. Y esto, a gente que vive en el s.XXI, que va de modernita, de tolerante y con la mente abierta, esto les resulta escandaloso. Les resulta escandaloso ver una mujer atada en un cómic de los años 40, pero pasan por completo de puntillas ante el hecho de que la mejor amiga del personaje, Etta Candy, era una mujer obesa (lo que llamaríamos hoy en día, un cuerpo no-normativo, empleando la terminología woke) y que tenía un par de ovarios tan grande o más que la propia Wonder Woman, considerando que no tenía poderes. O del hecho de que, si bien en la época, la sociedad americana entendía que el lugar de la mujer era el hogar y punto pelota, nos planteaba una guerrera amazona que se enfrentaba a espías nazis, que curraba para la inteligencia del ejército, que salvaba a soldados (varones) o ayudaba a huérfanos y se convirtió en un puto icono que perdura hoy en día. Pero no, nos vamos a centrar en el argumento puritano de que al hombre le iban las cuerdas y las esposas. Y eso es mal. Mucho mal. Pecaminoso. Sacrílego. Herético.
Los listos de El Jueves arremeten también contra Chris Claremont porque diseñó (junto a John Byrne) los uniformes de las Reinas Blanca y Negra del Club Fuego Infernal de X-Men. Uniformes basados en corsés, similares a los de las cortesanas francesas del s.XVIII, argumentando que eso es "de pajeros" y dando a entender que bueno, eso de vestir corsés, es de machistas. Hala, los genios ya han sentado cátedra y la chiquillería a tocar palmas porque, mire usted, qué feministas que son al decir eso. Machacar a alguien por masturbarse o por gustarle un corset es como muy modernito; no hay nada como pisotear las preferencias sexuales de cada uno (aun siendo legales, porque, que yo sepa, no existe ley alguna contra ponerse pinocho con una pieza de corsetería, ni creo que haga daño a nadie, digan lo que digan) y luego andar predicando la tolerancia y las opciones sexuales como un "rasgo identitario". Sin dobles raseros, sin hipocresías, ni nada. Les ha faltado machacar a los dibujantes de cómics por ser vírgenes (otro topicazo), o por no comerse un torrao (los famosos incels), lo cual viene a ser la carta blanca para denigrar sexualmente a alguien. Pero, como lo hacen los Justicieros de la Sociedad, pues estará bien, supongo.
Ahora voy a hablaros yo de Chris Claremont: yo no sé si este señor será machista o no (no me he ido de cañas con él, y cada uno en su casa puede ser lo que le dé la gana), pero lo que es su obra... pues si alguien ve machismo en lo que escribe este tío, una de dos: o es un ignorante o un mentiroso. El señor Claremont, por ejemplo, trabajó en la serie de Carol Danvers, también conocida hoy en día como la Capitana Marvel, también conocida como el actual Icono Feminista de la Casa de las Ideas. En aquella época, la Capitana Marvel era conocida como Ms. Marvel y solo teneis que leer la serie para ver que era un personaje independiente, audaz y que no tenía absolutamente nada que envidiar a cualquier personaje masculino. Más adelante, le pegaría un lavado de cara bestial al personaje después de una chapuza que se cometiera en la serie de The Avengers (en su número 200 de 1980, por si os da por investigar). Lavado de cara que demuestra que Chris Claremont demostraba una sensibilidad bastante acentuada a la hora de plantear un personaje femenino y un tema tan jodidamente tabú como es el de la violación (esto sucedería en el clásico Annual 10), sin lloriqueos ni victimismos: Carol Danvers sufrió una violación, sí, pero ni se metió a monja, ni se puso a lloriquear ni fue mendigando la pena de nadie; en lugar de eso, cogió a todo el que justificó aquella burrada y lo hundió en la puta vergüenza, dejando claro que habían sido tan partícipes de ello con su tolerancia que el propio violador. Claremont defendió al mismo tiempo el derecho de las mujeres a ser madres solteras, si así lo decidían. Hablamos del año 1981.
Este autor, aparte, es famoso por haber trabajado en series protagonizadas por mujeres (Spider-Woman) o de haber creado personajes femeninos con una fuerza y un peso que dista mucho del machismo que quieren atribuirle. Para muestra, varios botones: Tormenta (creada originalmente por Len Wein, pero desarrollada de forma intensiva por él), la faceta Fénix de Jean Grey, Kitty Pryde, Pícara o Mística son creaciones suyas. Pero claro, siempre podemos fijarnos en que Emma Frost y Jean Grey en su faceta de Reina Negra llevaban corsés, que es mucho más profundo y está mucho más fundado, dónde va a parar.
Y es que el wokismo parece obsesionado por retorcer la verdad y dar a entender que antes de ellos y su Cruzada contra el Mal todo era oscurantismo y machirulismo heteropatriarcal. Se han llenado la boca diciendo que la industria del cómic era una especie de club de pajilleros donde no ha entrado ni una sola mujer para algo que no sea llevar cafés o bajarse las bragas ante un jefazo (que decir esto, al parecer, NO es machista si lo dicen ellos), pero han invisibilizado a señoras como Ann Nocenti, June Brighman, Colleen Doran, Pia Guerra, Louise Simonson, Marie Severin, Leah Moore o Karen Berger al decir que hasta la irrupción de su sacrosanta ideología NO había mujeres en la industria o que las que había nunca se comieron un mojón porque los penes estaban ahí para pisotearlas. Luego miras que Karen Berger es posiblemente la mejor editora de la industria del cómic entre los años 80 y la primera década de 2000 y el argumento se va un poco a cagar. O que Ann Nocenti ha sido desde siempre una de las guionistas más comprometidas de la década de los 80, haciendo auténticas denuncias sociales de cada uno de sus cómics. Otra cosa es que el woke de turno sea un puto ignorante y no sepa ni lo que está criticando.
También han pasado por alto que la máxima directiva de DC de los últimos años ha sido una mujer, Diane Nelson. Pero como la gestión de esta señora ha sido un auténtico desastre (lo que pasa cuando pones al mando de una empresa a alguien que no tiene ni la menor idea de a lo que se dedica dicha empresa, con unas políticas a la total deriva y una serie de contrataciones y despidos en la cúpula de la editorial a cuál más digno de palmada en la frente), pues aquí se saca menos pecho y luego, ya si eso, pues se jugará la carta del techo de cristal, la de "La obligaron a dimitir por ser mujer" o lo que toque. El caso es darle la vuelta a la tortilla para ajustar la realidad a su santo avolunto.
Quiero volver ahora al tema de la Sexta diciendo que ahora "Loki es una persona de género no binario" y alardear al respecto, en un alarde de diversidad y modernidad. No deja de tener gracia que Marvel en su día transgrediera todo lo que tuviera a tiro y el público lo aceptase durante décadas y que ahora no den un puñetero paso sin convocar una rueda de prensa para sacarse el pene y andar teniendo que demostrar lo chupiguais que son. No deja de ser curioso que lo que hace décadas resultase valiente y orgánico, ahora no parezca sino una muestra de postureo de cara a las redes sociales, con un tufillo a imposición que tira para atrás. La evidencia la tenemos con el hecho de que, hasta el auge woke, los personajes tenían (en líneas generales, claro) una identidad más o menos estable y luego iban apareciendo personajes nuevos que, más acordes con los tiempos en que fueron creados, se fueron ganando al público poco a poco (o no, ya dependiendo de la maestría de sus creadores, porque no te ganas al público solo con una identidad. Necesitas tener algo que contar).
Hoy en día, sin embargo, todo suena artificial y vacío: cuando no te cambian a un personaje de raza sin razón aparente, te lo cambian de orientación sexual "porque nunca se atrevió a mostrarse como realmente es por miedo" (muy original esto último, considerando que parece ser un mantra que ha caracterizado a CASI TODOS los personajes que han sufrido estos cambios), directamente te sacan de la manga un personaje que, más que personaje, es una especie de banderita con patas sin absolutamente nada más que ofrecer que la representación de un colectivo y poco más. En resumidas cuentas, por un lado tienes que los wokes, o bien viven a costa del trabajo de los demás, "reescribiendo" o barnizando para que todo resulte cool (follándose de camino la esencia primaria de los personajes, descafeinándolos hasta la vergüenza ajena) o bien te muestran algo que, más allá de la etiqueta, carece de la mínima profundidad.
Pero eh, que las etiquetas están mal.
Al mismo tiempo, cuando se han creado personajes diversos y ha habido editores sin luces (porque el machismo, el racismo y la homofobia también ha existido en la industria del cómic, como en cualquier otra parte, y negarlo sería faltar a la verdad) que los han cancelado, no he visto un solo woke poner el grito en el cielo: cuando el orangután de Dan Didio decidió cancelar la genial Batwoman de J.H. Williams III, basándose en el casposo argumento de "No, yo no tengo nada en contra de que el personaje sea lesbiana, pero no me parece buena idea que se case", los que protestaron, ¿quiénes fueron? ¿Los wokes, que mucho lloriquear y protestar, pero no leen cómics así los maten, o los lectores fieles de la serie, que no podían creerse semejante argumento de mierda para cerrar una de las pocas cabeceras en condiciones de esa lamentable etapa editorial de DC comics?
Y así está el patio: los adalides de la justicia social y de la tolerancia basan su modus operandi en invisibilizar a aquellos autores previos a su época; en exigir censura; en apropiarse de las ideas de otros y censurar cualquier opinión, ya no que les lleve la contraria, sino que los cuestione o sencillamente no lo comparta todo; en mirar para otro lado cuando no les interesa y, en definitiva, a espurrear mierda sobre el prójimo para autoproclamarse los Defensores de la Moral, como si fueran putos barbudos iraníes lapidando adúlteras. No importa que sus argumentos resulten ser machistas, homófobos o racistas. Que estén basados en estereotipos, revestidos de neologismos superchulis con los que justificarse. No importa que estén usando un ideario lleno de incoherencias, contradicciones e hipocresías para imponer a sangre y fuego una sarta de chorradas. Hace veinte, treinta años, el mundo del cómic era un ejemplo de vanguardia, tolerancia e inclusión: ahora no es más que un nido de niñatos y gilipollas que se creen alguien y que, por berrear en redes sociales, están en posesión de la Verdad Absoluta. Van de progresistas, pero este discurso inquisitorial de acallar disidentes y de quemar toda publicación en su contra es de todo menos eso.
Sí, vamos a dejarnos de tapujos y de tonterías. Es de autócratas. De totalitarios. De fascistas. De estalinistas. De putos nazis. Wokes del mundo, no sois más que eso. Detrás de vuestra palabrería, de vuestras acciones online, de vuestros hashtags y de vuestros simbolitos (porque eso de manifestarse y correr delante de la madera es muy cansado), sois una panda de putos fascistas, que pregonáis libertades que sois incapaces de asumir. Y como nazis que sois, lo único que merecéis en esta vida es que los putos gorilas del Planeta de los Simios tomen en mando de una puñetera vez, huelan el pestuzo de vuestras neuronas oligofrénicas y os ajusticien a todos y cada uno de vosotros metiendóos el rabo por el culo hasta que os dejen la médula a punto de nieve.
Anda y que os follen a todos.
sábado, 6 de julio de 2024
Escupiendo Rabia- Sobre tiranos, lecciones de moral y pelis guarras
Cada día estoy más convencido de que nos gobierna un tirano. No hace falta dar un golpe de estado ni andar ejecutando disidentes para serlo. Basta con creerte el puto Dios por ganar unas elecciones (o, en este caso, por andar pactando con gente totalmente contraria a tu ideología para plantar tu culo cuatro años más en la Moncloa) y andar repartiendo lecciones de moral como si fueran Lacasitos al tiempo que haces y deshaces al avolunto de tus santos huevos. Pegando puñaladas traperas a tus socios de gobierno, a miembros de tu propio partido y hasta a tus votantes, si hace falta.
Hay tiranos que se pasan el día hablando de la Democracia, como si ellos mismos fueran su personificación. Se la saltan a la torera cuando les sale del alma, pero todo el que les lleva la contra es un antidemócrata. Allá donde otros tiranos levantaran pantanos para decirle a la gente que estaban haciendo cosas por el país, aquí otros viven de la renta de reformas laborales y subidas del sueldo mínimo (necesarias, por supuesto, pero que en caso alguno justifican tropelías constantes a los derechos individuales, a la separación de poderes o lo que sea); allá donde otros veían conspiraciones judeomasónicas cada vez que alguien les tosía, aquí el enemigo es "la alianza de la derecha y la ultra-derecha", dispuesta a soltar bulos para desestabilizar al sacrosanto gobierno y sus incuestionables ideales. ¿Que la derecha y la ultra-derecha no son precisamente unos benditos y espurrean mierda por doquier? Sí. Pero seamos honestos, ¿de verdad nos tenemos que creer, por putísimos cojones, que todo el que esté descontento con el Honorable Líder es ahora un fachoesférico (no me invento el término. Viene precisamente rescatado por nuestro presidente, ese al que se le llena la boca con eso de combatir "la máquina del fango") que se traga los bulos o que alza el brazo mirando al sol? ¿De verdad va a resultar que aquí El Amo es telépata y cualquier pensamiento crítico contra el sistema (o contra él, como él mismo afirma cada vez que le dejan el micro abierto más de dos minutos) es, por sus putos huevos toreros, un alzamiento reaccionario contra las libertades?
Allá donde otros tiranos se dedicaran a silenciar las voces disidentes con censura y cárcel, aquí el planazo propuesto (que, de momento no ha salido) ha sido "Habilitar un espacio de información gubernamental en todos los informativos nacionales a fin de evitar desinformación". Porque parece ser que toda la información que viene del Estado es pura y santa y todo el que no esté de acuerdo con ella, la cuestione o la refute, es un vendido a siniestros señores que se sientan en la sombra y dicen "Buajajaja" mientras entonan sus planes en voz alta. Y a ese no le pegan un tiro en la nuca, pero le hacen la vida imposible con mensajitos del Gobierno (pagados con nuestros impuestos o con fondos de la UE, que no sé qué es peor en cuanto a cara dura) para señalarlo con el dedo y ponerlo de enemigo del Estado.
Allá donde otros tiranos tuviesen una serie de medios de comunicación nacionalizados para irradiar su ideología día sí y día también, aquí tenemos un caballerete al que le falta sacarse el pene cuando acude a una entrevista (pactada, sin mucho lugar a dudas) y el lacayo de turno se dedica, durante quince minutitos o así, a darle un masajito, un cepilladito a su traje (que por cierto, le queda genial, Honorable Líder) y, si el horario infantil lo permite, una felación dialéctica, cargada de insinuaciones erótico-festivas cruzadas, para dejar claro que nuestro Amo no solo es un hombre elegante, atractivo y dotado de un magnetismo animal; también es un cachondo (en el estricto sentido de la palabra) que no duda en insinuarse lascivamente ante todo aquel que lama el Escroto Presidencial delante de toda España.
Nótese, por cierto, la bipolaridad rampante cuando, en lugar de aterrizar en un nido de lacayos, mete el pescuezo en un programa de máxima audiencia pero que, o bien no es de su ideología (ideología que ni yo mismo comparto, pero que reconozco como legal) o bien da con un presentador que no se considera vasallo de este caballero. Entonces, las sacadas de chorra, los chistes de humor blanco acerca de su masculina belleza y el aura superheroica desaparecen y se convierte en un mártir. Las bravuconadas se convierten en lágrimas de cocodrilo y de pronto el presentador es un villano que ha sido muy malo con él, con lo bien que se porta el Líder con sus súbditos.
Y allá donde otros tiranos hablasen de los "valores tradicionales cristianos de España", impusiesen una censura ultraconservadora, harían que todo el que tuviera recursos acabaran en Perpignan para ver una peli donde se viera una tetilla o un culete, aquí el demócrata inicia toda una cruzada contra la industria adulta. Aquí el progresista y el rancioconservador se dan la manita a la hora de creerse los padres de la nación y decirle a la gente lo que está bien y lo que está mal. Lo que pueden ver o lo que no pueden ver.
Tiranos de un color y de otro, diciéndole a la gente lo que le tiene que gustar, lo que tienen que despreciar, lo que tienen que pensar y, en definitiva, cómo tienen que vivir.
Me gustaría hacer varias especificaciones acerca de esto, porque es un tema que me resulta bastante interesante, en el sentido de cómo el "progresismo" (lo entrecomillo, porque me niego a reconocer como progresista a nadie que intente inculcarle un código de moral al prójimo, bajo amenaza de insulto, cancelación o cárcel, dependiendo de lo intensito que se ponga) parece tener una percepción bastante rancia de la industria adulta y, carambolas e ironías de la vida, bastante machista.
Vamos a ir arrancando. Como siempre, aquí podéis pensar lo que queráis. No estáis obligados a estar de acuerdo conmigo, ya lo sabéis. De hecho, yo mismo podría equivocarme, lo cual no me convertiría ni en un monstruo ni en un defensor de aberraciones. Sencillamente en alguien cuyo punto de vista no ha estado muy fino. Pero también podría tener mi parte de razón, así que tomad esto un poco como algo que, como mínimo os haga reflexionar, aunque sea para afianzaros en lo que ya pensabais.
Punto 1: La mezcla de churras con merinas. Según el "Progresismo", tanto industria adulta (hay quien lo llama "trabajo sexual"; no es un término que me entusiasme y no porque no lo considere trabajo. Sencillamente, me resulta un término quizás demasiado simplista, demasiado estigmatizante, pero es una opinión mía y allá cada uno) como prostitución pura y dura como trata de blancas y esclavitud humana son exactamente lo mismo. Términos indivisibles que tienen por objetivo humillar, maltratar y destruir a las mujeres, por lo tanto estamos hablando de un mundo que debería ser exterminado de arriba abajo.
Vamos a matizar un poco esto, porque a mí me parece una auténtica burrada, propia de alguien que ve las cosas un poco como le da la gana: por un lado existe la trata de blancas, también conocida como esclavitud sexual. Esto está tipificado como delito y muy bien tipificado que está, si me preguntáis. ¿Por qué? Me parece ridículo tener que explicar esto, pero creo que está claro que atentar contra la libertad sexual de nadie es una cosa tan grave que, si por mí fuera, cogía al responsable y le estaba zurrando patadas en los cojones hasta hundirle la bota en el puto esternón. No hablemos ya de la esclavitud, hablando en términos generales (sí, incluyendo esa esclavitud proveniente de las multinacionales, donde se toma a niños para trabajar en fábricas de ropa, contra la que se cacarea bastante menos).
Por otro lado existe la prostitución. Bien cierto es que la prostitución, alegal en España (de momento), es un nido para la trata de blancas y la esclavitud sexual. Todos sabemos de mafias organizadas en nuestras ciudades que comercian con mujeres, por lo general extranjeras, chicas captadas por redes de explotación y demás, que son extorsionadas, amenazadas físicamente, vejadas y torturadas de las formas más crueles imaginables para no salirse un pelo del redil. Sí, eso es lo que hacen las mafias y los tratantes de blancas, y son gente a la que yo mismo incluiría como sujetos de ese pateo cojonal constante. Y sin piedad, oiga. La piedad es para los que se piensan que todo el mundo es bueno y la sociedad es mala malísima y corrompe a auténticos santos.
Sin embargo, hay un porcentaje de prostitución (no tengo el dato, pero me gusta especificarlo precisamente por no generalizar) donde la prostituta, por el motivo que sea (luego hablaré de esto), decide voluntariamente dedicarse a esto. No sé cuántas son, pero sé que existen, y no por eso creo que haya que correr un tupido velo sobre ellas, ni ejercer ninguna atribución causal sobre ellas. Ni mucho menos ignorarlas como argumento para ilegalizar la prostitución y convertirla en algo abiertamente criminal. Me resulta muy graciosa toda esa beligerancia hacia la prostitución, en general, pero luego muchísima menos pasión cuando se habla de perseguir con más dureza a las mafias que trafican con personas (más concretamente, mujeres, en este caso). Mucho hablar de derechos humanos y de dignidad, pero invito a quien sea a que se pase por cualquier polígono industrial a las dos de la mañana y vea las condiciones infrahumanas de las mujeres (o transexuales, tema de moda) que allí se encuentran. Que miren el tema a pie de calle y luego tengan los cojones de dar lecciones, si es que tienen un ápice de humanidad. Que desde un despachito, en un hemiciclo, o en un mítin, lo hace cualquier tonto de la polla. Literalmente, cualquier tonto de la polla.
Luego tenemos la industria adulta: aquí podríamos englobar muy diversas actividades relacionadas con el ámbito sexual, pero que no implican necesariamente un ñaka-ñaka remunerado. Encontraríamos aquí desde la industria de las pelis guarras hasta las webcammers, pasando por las modelos eróticas por suscripción y, si nos ponemos muy estrictos, hasta las strippers. La mayoría de estos trabajos, formando parte de una industria por completo legal, con gente que paga sus impuestos (o pagando los impuestos como los paga un español de a pie, no nos pongamos dignos ahora con ese tema) y que cobra por sus servicios, como cobro yo los míos por dar clases o los paga Manolo por levantarte un tabique en el baño, con sus azulejos y todo.
El "Progresismo" parte de la base de que, mire usted, como esto va de vender carne, automáticamente no es un trabajo, porque eso es inmoral, dando entender que la sexualidad debe ser SIEMPRE un contexto íntimo y nadie pueda ni plantearse comerciar con ella, aunque no vea la sexualidad así, bajo pena de "cosificarse", "perder la dignidad" o "mercantilizar con su cuerpo". Argumento culpabilizante que, coincidencias de la vida, es el mismo que me enseñaron a mí en catequesis a los nueve años cuando me hablaban de María Magdalena. Ironías de la vida, Cristo no se puso digno y acabó acogiendo a esta señora, viendo más allá de su profesión. Hipocresías de la vida, el "Progresismo" resulta ser, literalmente, más papista que el Papa y tiene la curiosa tendencia de demonizar no solo a estas mujeres, acusándolas prácticamente de todo (aunque luego se desdigan), sino a todo el mundo que las rodea, entrando en una bipolaridad de lo más deliciosa: o bien son partícipes de una industria que humilla a las mujeres o bien son pobres corderitas que tienen el cerebro lavado y no tienen decisión por sí mismas, o bien que han vivido en una mentira y tampoco tienen capacidad para distinguir La Verdad. Muy feminista el concepto.
Punto 2: "Tu cuerpo, mis normas". El "Progresismo" ha entrado en una espiral de puritanismo encubierto bastante interesante, si se tiene en cuenta el punto arriba mencionado acerca de que están tocando sus argumentos con los de la Iglesia Católica (a la que consideran su encarnizada enemiga porque, mire usted, le dice a la gente cómo tiene que pensar. Perdonad que me ría un poco a este último respecto). Yo igual me equivoco, pero veo un doble argumento bastante peliagudo en todo esto: cada vez que vemos manifestaciones "Progresistas", vemos influencers "Progresistas" levantar el puñito por "la defensa de las mujeres" o escuchamos a ciertos elementos del equipo de gobierno (o aliados), el discurso es, como poco, curioso: una mujer, según ellos, tiene derecho a abortar sin pedir permiso a nadie (lo que me parece bien, siempre dentro de unos mínimos parámetros y supuestos legales que ejerzan una mínima regulación, como en prácticamente todo en esta vida); tiene derecho a manejar su propio dinero, a votar, a tirarse a quien le dé la gana, etcétera. Derechos que, como es lógico, consideramos impepinables y legítimos.
Pero en el momento en que una mujer dice, por voluntad propia, "Voy a vender fotos y vídeos de mi potorro caldoso en Onlyfans o voy a crearme un perfil en una plataforma de vídeos guarros para ganar pasta con mi coño moreno", el discurso cambia radicalmente y esa mujer, como he aludido arriba, resulta que ya no tiene decisión propia y su decisión sobre su propio cuerpo ya no depende única y exclusivamente de ella: es el Patriarcado (entidad invisible, pero tentadora, presente en cualquier esquina, en cualquier rincón, susurrando maldades a nuestro oído) el que ha lavado el cerebro a estas pobres criaturitas para convertirse en unas máquinas del pecad... digooo, de la explotación sexual. Aquí la mujer resulta que ya no es libre de decidir qué hacer con su cuerpo, sino que necesita, si bien no un permiso expreso del poder (o de elementos cercanos a éste, con una capacidad de presión acojonante), sí su aprobación. Muy democrático, muy feminista eso de decirle a las mujeres lo que pueden o no pueden hacer con su vida, su cuerpo o su coño.
Punto 3: Los estereotipos y los bulos. El "Progresismo" tiene una curiosa tendencia a hablar de La Verdad, como si solo ellos estuvieran en posesión de ella, pero en este tema tienen una facilidad pasmante de hacerse ecos de estereotipos rancios de cojones y unos bulos que les cuelan por la escuadra (o bien que usan ellos mismos para su propio beneficio. Recordemos las críticas sobre el CIS, hablando de otros ámbitos donde los bulos ahí, pues oiga, resulta que no están tan mal). Para machacar, ningunear y pisotear a la gente que forma parte de una empresa que, por poco que les guste, es legal, el "Progresismo" nos mete por el pescuezo clichés de lo más rancios como partir de la base de que toda trabajadora de la industria es, en ocasiones, una pobre oveja descarriada sin un mendrugo de pan que echarse a la boca y, si los escuchamos el tiempo suficiente, con tres bocas que alimentar, una pensión de mierda por discapacidad mental y un pobre padre veterano de la guerra del Sahara que no llega a fin de mes; en plan peli de sobremesa de Antena 3, la pobre y sufriente mujer se baja las bragas, se traga las lágrimas y deja que un monstruo gordo y peludo le meta el salami repetidas veces por un par de migajas.
Otras veces tiran del cliché de la tipa de barrio sin estudios que se baja las bragas para pagarse caballo y que, si bien no pilla un sidazo después de que un choni la empotre en el váter de una discoteca, palmará de sobredosis porque aparte de puta es yonki. Eso no lo cuentan así, claro, sino con el toque victimizador (y paternalista) de "Era una pobre víctima de la sociedad, que acabó cayendo en las redes de la droga hasta que encontró su triste fin". Semántica. La cosa es que ninguno de estos intelectuales de chichinabo, que tiene los huevazos de hablar por las mujeres que se dedican a esto, pero en su puta vida ha hablado con mujeres que se dedican a esto, han tenido el detalle de preguntarles por sus estudios. Por si tienen carrera. Ni por aquello a lo que se dedicaban antes de dar el paso hacia la industria. No, es mucho más fácil dejarse guiar por el prejuicio y ponerse la chapita.
No falta tampoco el caso de la pobre víctima de abusos infantiles que, en un acto de tara mental galopante, se tiñe el pelo de rosa, se tatúa un "Fóllame duro" en la barriga y se quita el trastorno límite de la personalidad a golpe de pollazo, preferiblemente a manos de un tipo que le dobla la edad y le recuerda poderosamente al padrastro que la visitaba en su habitación tres veces por semana a las tantas de la madrugada. Otro dramón de tres pares de pelotas, que posiblemente acabe con depresión, suicidio o lo que nos quieran contar.
¿Que estos casos existen? Pues claro, y sería ridículo decir que eso no pasa (pero ojo, pasa como en cualquier otro ámbito laboral. Poneos a mirar en ámbitos como la medicina, la educación o el funcionariado y decidme que no hay mujeres dentro de ese perfil ejerciendo en esos puestos de trabajo, lo cual, además de ser falso, sería caer un poco en "correlación implica causa": si hay sexo en el trabajo, es porque la trabajadora tiene un trauma; si no hay sexo en el trabajo, la trabajadora debería tener una mente sana. Esto cae por su propio peso a la que escarbas un poco). Ahora bien, ¿representan un porcentaje tan asquerosamente grande de tooooda la industria como para generalizar, demonizar y señalar con el dedo a todo bicho viviente que forma parte de ella? Pues aquí, permitídmelo, queridos y queridas, tengo mis dudas. El "Progresismo" se esfuerza tela en hacernos creer que todo aquí, absolutamente todo aquí, es malo malísimo. Inmoral. Pernicioso. Peligroso. Radiactivo. Han tirado de estudios de psiquiatras que, si bien hace veinte años, entendían la industria adulta como un complemento a las relaciones sexuales (como lo es comprarte un consolador o untarte el cirulo con aceites de olor a frambuesas o, qué cojones, ponerte un disfraz de Pikachu para cuando vayas a hacértelo con tu chorba), ahora cambian su discurso y les falta arrojar biblias en la cabeza a toda modelo erótica, actriz porno, webcammer, y a toda entidad vaginoportante que medio quiera enseñar el culo. Conste que no pongo en cuestión a la psiquiatría en general: cuestiono a esos psiquiatras que se sacan estudios de la manga dependiendo de cómo sople el viento ideológico. A Fredric Wertham me remito, por enésima vez en este blog.
Casos como el de Mia Khalifa, Amouranth o incluso el de Adriana Chechik han ido saltando de vídeo viral en vídeo viral, de cuenta de insta a cuenta de tuiter y tiro porque me toca, hablando de cómo estas pobres corderitas dijeron "Eh, voy a hacer porno" sin tener ni pajolera idea de lo que era eso. Ellas, pobres vírgenes e inocentes, que nunca habían visto Pollazos en la Cara 4 y se pensaban que iban a rodar una peli de animación tipo Chicken Run, de pronto acabaron en un sórdido plató, donde cuarenta negros las rellenaron como un pavo y...
Tío, que no. Que esto no cuela: esto es otro guión de peli de Antena 3 de los años 80, de la época en que los telepredicadores pegaban fuerte en Estados Unidos y tildaban de "oveja descarriada" a cualquier tía que fuera fan de Ozzy Osbourne. No cuela porque la industria, como industria que es, se atiene a contratos, guiones y demás medidas legales. Las actrices tienen abogados, representantes y demás asesores legales. Los productores y los directores forman parte de empresas dadas de alta, y se la juegan si cometen una gilipollez en su estudio. Otra cosa es que nos encontremos ante el caso de Torbe (tampoco vamos a negar que haya gente que cometa mala praxis, o incluso delito, como en cualquier puta profesión), que dudo enormemente que sea lo normal.
Actrices como Alyx Lynx tienen blogs donde precisamente desmitifican todo esto, y dejan claro que es un trabajo, donde llegas, cobras y te vas. Donde desmienten eso de que los estudios sean un antro de drogas y perversión y las actrices sean barra libre para un puñado de mastodontes y donde folla hasta el tío que sostiene el micro (el micro del equipo de audio, a ese me refiero; entiendo que los actores no necesitan sostenerse el micro). La propia Alyx ha comentado que sí, ha podido tener alguna (ALGUNA) mala experiencia, del tipo "Pues mira, con este director no me he sentido cómoda", pero eso no es para demonizar a la industria entera; sencillamente, no ha vuelto a trabajar con tal director y punto pelota. Porque esto no es una industria donde vas por la calle, te cogen con un saco, te meten en una furgona y te están zurrando por todas partes hasta dejarte como un donut relleno, joder. Y si se hacen prácticas así, no son parte de la industria: son grupos clandestinos de gente que realiza vídeos ilegales, como el que habla de una snuff o de peleas de vagabundos. No mezclemos cosas.
Esto es como si, partiendo de la base de la cantidad de abusos sexuales cometidos contra menores dentro de las líneas del profesorado, abogamos por la persecución de todo el sistema educativo, desde profesores hasta directores de colegio, pasando por conserjes y limpiadores, dando a entender que absolutamente todos son cómplices de abusos continuados. Si esto nos parece ridículo y no nos lo parece participar en una cruzada contra la industria del cine para adultos partiendo exactamente del mismo argumento, es algo sobre lo que quizás merecería la pena reflexionar.
Volviendo a lo de Mia Khalifa y compañía, se ve que el "Progresismo" ve solo lo que le sale de los cojones: el relato lacrimógeno de la pobre y dulce muchachita que fue engañada para rodar 200 vídeos de pollazos al año, y que ahora va por las esquinas diciendo que el porno le ha arruinado la vida. Y oye, puede ser cierto, no seamos tan rápidos a la hora de juzgar la historia de una señorita con la que yo no he hablado en mi puta vida y con la que nunca me he ido de cañas para escuchar su versión, sin tropecientos millones de personas pendientes de lo que diga de cara a la galería. Lo que pasa es que el "Progresismo" se queda solo en eso y no se plantea que la criaturita, como en el caso de Mia, no solo no dejó el porno al darse cuenta de que aquello no iba con ella (algo que puede ser a las pocas semanas o a los pocos meses, no a los AÑOS, me parece a mí), sino que amasó una pasta bastante bestial (porque aquí la corderita inocente resultó ser una estrella dentro del mundillo), usó su fama para saltar al mundo del periodismo deportivo y... oh, sorpresa... CONTINÚA en la industria, montándoselo por su cuenta en Onlyfans. Ante esto, pues yo tengo mis dudas: ¿Es completamente cierto el relato de Mia Khalifa, fue un calentón del momento al convertirse en un meme, o bien sencillamente se dio cuenta de que al adoptar el discurso ranciopuritano de algunas élites ganaba más seguidores y, por tanto, más pasta? Pues a saber. Yo tengo mi propia teoría, pero os dejo que elaboreis la vuestra.
Por cierto, poco saben los modernos que buena parte de las cruzadas antiporno provenientes de Estados Unidos (el lugar del que viene todo lo que nos meten con cucharones, como siempre), resultan estar financiadas por grupos extremistas religiosos, tanto allí como en Europa. Una vez más, los que abogan por las libertades parecen repetir los discursos de la gente a la que juraron oponerse...
La historia de Amouranth es parecida: dejó boquiabiertos a sus seguidores contándonos un buen día que estaba casada, que su marido era una especie de monstruo psicópata que la tenía amenazada con matar a sus perros si no grababa contenido sexy a diario, y... resulta que, justo después de estas escalofriantes declaraciones y de un supuesto divorcio (o algo así, no me enteré muy bien de esto último), te encuentras que ahora, en su cuenta de Onlyfans, anda degustando polos de carne. Como que no cuadra la primera mitad del discurso con la segunda: no resulta muy coherente decir que has estado bailando en bikini obligada, que tú en realidad eres una chica tímida que no se identifica con ese tipo de prácticas y luego montártelo, de forma totalmente autónoma, de una forma mucho más hardcore, con juegos manuales, orales y chorrazos sobre tu cutis. O se mintió en el primer o momento o se miente en el segundo, pero es complicado decir una cosa y luego la contraria sin dejar al personal, como poco, algo descolocado. Dejémoslo en que es algo que plantea las suficientes dudas como para poder afirmar nada con rotundidad.
En cuanto a Adriana Chechik, yo diría que esto es ya directamente bulo: el "Progresismo" la puso de pobre víctima para arriba, al revelar unas presuntas declaraciones emitidas por ella, en la cual ésta decía que el porno literalmente la había destrozado, causándole unos terribles desgarros en sus orificios corporales provocados por unos brutales pollazos sin piedad y blablabla... Ajá. Según estas presuntas declaraciones, Adriana Chechik advierte a las jóvenes que el porno es chochodestructivo, humillante y que nadie debería dedicarse a ello. Entonces supongo que el "Progresismo" podrá explicarme por qué, tras unas palabras tan espeluznantes, esta señorita participa en un podcast donde, no solo desmitifica el porno, sino que cuenta anécdotas divertidas a lo largo de su carrera. Carrera que, no estoy del todo al día, pero creo que sigue manteniendo en activo a día de hoy. Se pueden sacar una explicación mágica de la manga, aludiendo que, yo qué sé... su productor la está amenazando a punta de pistola con ir al casting y tirará a su madre de un puente si no sigue rodando. También tenemos la posibilidad de que el "Progresismo" nos esté mintiendo a la puta cara y nos esté tomando por subnormales.
"¡No pasa nada! ¡Si lo digo yo se lo tienen que comer! Y si me cuestionan, me critican o dicen cualquier cosa que no me guste, pues digo que son de la fachoesfera y que forman parte de la máquina del fango! ¡Pues ya está!"
Punto 4: ¿Es que nadie piensa en los niños? Uno de mis argumentos mamporreros favoritos acerca de la demonización de toda la industria para adultos es la demagogia barata acerca del acceso al porno por parte de menores. Aquí seguramente más de uno se me va a echar al cuello, pero yo suelto mis argumentos y ya decidís si os gustan o no. Insisto, yo puedo equivocarme, pero es así como veo las cosas.
Este punto alude que el acceso temprano al porno es directamente responsable de yo no sé cuántas violaciones masivas a manos de menores a lo largo y ancho de nuestro planeta y, muy en especial, en nuestro país. Según indica el "Progresismo" y la nube de psiquiatras y sociólogos que lo rodean, el cine de puñalada de carne fríe las neuronas de los críos y éstos, que son gilipollas crónicos e incapaces de distinguir entre ficción y realidad, considerarían muy divertido coger a una chorba entre siete y reventarla por todos los orificios del cuerpo. Yo este argumento ni lo voy a afirmar de forma categórica ni lo voy a desmentir, no tanto por una cuestión de ideología (ya sabéis lo que pienso de los que hacen esto y me la suda que sean menores. Yo los tiraba a todos de un puto barranco con un pedrusco de cuarenta kilos encadenado al nabo y luego me iría a comerme un bocata sin atisbo alguno de conciencia), sino por falta de datos de los que me fíe: ya veo la profesión de la psiquiatría y la psicología, por este y muchos otros motivos aparte, bastante politizada como para poder hacerme eco de sus estudios, así que lo dejo en "es posible".
Vamos a poner incluso que sí, que es cierto: que si ves una peli guarra con nueve años se te va la chaveta y te conviertes en un violador de primaria. Mi pregunta al respecto es: si los críos acceden al porno, ¿de quién es culpa? ¿De una industria que crea contenido que NO es para ellos, o de unos padres que han fallado en el momento en que le han soplado a un enano un smartphone sin absolutamente ningún control, para que vean lo que les dé la puta gana, para que compartan lo que les dé la puta gana o para que suelten por redes sociales lo que les dé la puta gana?
Y es aquí donde el "Progresismo", una vez más, ha caído exactamente en el mismo fallo que aquellos a los que critica o a los que dice oponerse: en cargar las antorchas en una dirección totalmente errónea y matar mosquitos a cañonazos. Si bien en Estados Unidos en los 50 la culpa de la conducta delictiva o inmoral de los jóvenes provenía de los cómics, en los 60 fueron el movimiento hippy (pacifista, por cierto) y las drogas; en los 70, el heavy metal; en los 80, la tele; en los 90 (al menos en España), de los juegos de rol, o bien el anime, dependiendo de a quién le preguntes. También, los videojuegos, que te vuelven agresivo; Marilyn Manson, que te dice que te líes a tiros en el instituto en la hora del comedor; Harry Potter te vuelve satanista; Madonna te volvía una fulana. El reggaeton te licua el cerebro y acabas por la vida yonki perdido, apaleando mujeres y hablando como Bad Bunny. En todos, en absolutamente todos estos casos, salió un psiquiatra con un estudio sacado del sobaco y sin apenas respaldo serio de una comunidad científica, politizado y demonizante; se ha buscado un culpable generacional al que señalar con el dedo y en caso alguno se ha reconocido que los padres han fallado.
Los padres han fallado al soplarle móviles a críos de tres años (esto no me lo invento, cojo el metro a menudo y lo veo en directo) para que se callen y no den por culo. Han fallado al dejar máquinas que te conectan con el planeta entero (con todo lo bueno y todo lo malo) sin absolutamente ningún control ni vigilancia. Han fallado al no enseñar a sus hijos lo que está bien y lo que está mal; a distinguir lo falso de lo verdadero. A desentenderse por completo en eso de inculcar unos valores mínimamente acordes con la sociedad y dejarlos que se conviertan en una panda de neandertales, egocéntricos, narcisistas y por completo carentes de empatía alguna o sentido de la responsabilidad. Han fallado en todos estos puntos uno por uno y ahora resulta que la culpa es del porno. Como lo fueran los juegos de rol, el heavy metal o las pelis del puto Jean Claude Van Damme.
El "Progresismo" hace gala de una hipocresía tremenda al ir de defensor de los desvalidos, y al mismo tiempo dejar que esto se convierta en el coño de la Bernarda al desentenderse de una educación de calidad, basada en valores de sanidad (sí, las charlas sobre identidad de género estarán muy bien, pero los he visto mucho más intensitos obligando a los chavales a asistir a charlas por completo politizadas antes que a charlas donde se deje claro que el porno es una fantasía y no es una práctica real. Todo lo más, decirles que es "malo". Como en una puta catequesis, solo falta que digan que irán al Infierno si ven una peli guarra). Participan y colaboran con esos padres que aseguran "no tener tiempo" para dar una educación a sus hijos y decir, con sus cojones toreros, que para eso está el colegio. Eso sí, para pegar el pollazo y atiborrar a sus hijos con un iPhone nuevecito cada año, sí que hay tiempo, oiga.
Y, una vez establecidos estos cuatro puntos, a cuál más demagógico, rancio y machista al respecto de la industria (por no contar con la homofobia al ignorar que también existe un porno gay, los cuales, mire usted, nunca sufren de explotación, nunca se meten en la industria por error ni nada por el estilo, sencillamente no existen. No importan. Que se jodan todos, por lo visto), nos encontramos con la Medida Estrella de nuestro Sacrosanto Gobierno para erradicar esa enfermedad de pornofilia infantil. ¿En qué consiste esa medida, queridos Distópicos? ¿Acaso en prohibir por ley el uso de móviles a menores de cierta edad, a menos que se estipulen unos motivos concretos? ¿Tal vez en obligar por ley a que los móviles de los menores de edad dispongan de una supervisión parental? ¿En sancionar duramente a aquellos padres que hayan consentido, de forma expresa o tácita, que sus hijos accedan a contenido prohibido para su edad o lo anden compartiendo por ahí?
Me olvidaba de otro detallito machista de cojones a la hora de demonizar a la industria, que es invisibilizar a todas aquellas actrices de cine para adultos que llevan AÑOS guionizando, produciendo y dirigiendo sus propias películas (como el caso de Catalina May, sobre estas líneas; no la conocía hasta que me puse a investigar un poco. No necesité ni dos minutos para encontrar información sobre directoras de cine para adultos). Porque, según aquí los Defensores de la Fe, la industria es por y para hombres heteros, y a tomar por culo con todo. Y como ellos están en posesión de La Verdad Absoluta, tú te callas.
Pues no: resulta que la medida consiste en que, todos aquellos usuarios de plataformas donde se aloje contenido para adultos, tengan que registrarse en una aplicación para acreditar su mayoría de edad. Dicho de otro modo, que un adulto (y no un niño), si quiere ver un vídeo guarrindongo, tiene que acreditar su mayoría de edad aunque sea perfectamente legal que él lo vea, lo que viene ser una matanza de mosquitos a cañonazos que ríete tú de la que se lio en el Abismo de Helm.
La cosa no se queda ahí, ojo, porque el acceso debe acreditarse desde una aplicación que te bajas desde el Gobierno, donde ya que estás, puedes acreditar cosas tan majas como el certificado de penales para demostrar que no tienes delitos por agresión sexual o, yo qué sé... para pedir una vida laboral. O sea, un duplicado del puto certificado digital que, según ellos (y aquí es donde tenemos que tirar de fe en el Honorable Líder y sus Acólitos), no deja tus datos registrados en ninguna parte. Sea como sea, ahora si quieres estrujarte el platanito con lo último de Gabbie Carter o Dredd, tienes que pedirle permiso a Papá Gobierno, que magnánimamente, te soplará un bono con un número determinado de visualizaciones al mes. Y si un mes concreto estás más cachondo de la cuenta, pues ese mismo gobierno que dice que no registra tus datos te mandará un mensajito para decirte que igual andas demasiado salido y que te relajes. O que busques terapia. Sí, con esos terapeutas que, gracias a un sistema de salud mental de puta mierda, te dan cita para cuatro o cinco años porque están saturados, o bien con los que te pagues tú de tu puto bolsillo. En cualquier caso, ya hemos llegado al punto de tener que rendirle cuentas a los subalternos del Honorable Líder cuántas pajas caen en un mes viendo guarreo. Y esto, amigos Distópicos, es Democracia. No sea que te pase como al Quijote y, justo antes de la sobredosis de gallardas, se te seque el cerebro junto con los cojones y te vayas a algún callejón oscuro a asaltar jovencitas en minifalda. Eso de que la mayor parte de violaciones y agresiones sexuales se suelen producir dentro de un ámbito familiar o entre conocidos, ya si eso, lo dejamos para el otro día: vamos a quedarnos con el hecho de que al Gobierno sólo parecen interesarle los asaltos fortuitos (a ser posible entre varios, que tiene como más pegada en la prensa) y, ya que estamos, pues le echamos la culpa al porno, que siempre está bien señalar un enemigo del Estado. O, en un momento dado, nos podemos terminar de partir el bullarengue con el despropósito porque los adalides de la moral incorrupta resulta que se han rasgado las vestiduras cargando contra las páginas de guarreo y, tras gastarse una pasta indecente en echar a rodar una aplicación que viene a darte permiso para el número de gallofas que te puedes hacer al mes bajo su consentimiento expreso, ni siquiera contempla esas mismas webs que critica dentro de su "filtro antimenores".
Dicho de otro modo: ni están impidiendo nada, ni están mejorando la vida de nadie ni están consiguiendo una sociedad más sana e igualitaria con esto. Si acaso, están gastándose una pasta de nuestros impuestos para dictar moral y, si cae algún pobre diablo, pues tenerlo vigilado. Que ellos dicen que no, pero a ver quién es el guapo que se lo cree. Y si no, quiero que me respondáis a esta pregunta: Si el bono de los cojones es totalmente anónimo y está pensado para que los menores no vean contenido de puñalada de carne... ¿por qué cojones está limitado a un número concreto de visualizaciones al mes?
O el hecho de que auténticas burradas como los intentos de secuestro de jóvenes se han estado saldando con una orden de alejamiento hacia la joven en cuestión que se ha querido secuestrar y libertad con cargos, como sucedió con el secuestrador de Teatinos (Málaga), que estuvo MESES acechando a chicas sin que las autoridades hicieran un coño zurrido en aceite y hasta que no intentó meter a una chica en el maletero de su coche, no le dio a nadie por detenerle. Para nada, porque el tío está en la calle y a saber qué se le ocurre hacer ahora. Pero sí, queda mucho más guai alzar el puño contra las pelis guarras legales y disuadir a cualquier consumidor standard con una zarandaja administrativa que apesta a Ministerio de la Verdad. La deep web, donde está el contenido ilegal de verdad, ni tocarla. Porque como los que nos gobiernan son una panda de cobardes sin cojones, es mucho más fácil y chuli amonestar y paternalizar al ciudadano de a pie que al auténtico delincuente.
Y es aquí donde entramos un poco en la reflexión acerca de la Democracia y el Progreso: si la idea de ambos es dotar al ciudadano de unas ciertas libertades individuales siempre y cuando no infrinja la ley, ¿qué podemos decir de un Estado que se mea en ellas, atentando contra la libertad de elección de un modo paternalista, decidiendo por la gente (especialmente las mujeres, como he explicado arriba) y actuando de un modo pre-activo (es decir, culpabilizando antes de que llegue a producirse un delito, si es que llega a producirse)? ¿Qué podemos decir de un sector de la población que, a tenor de unas noticias que inculcan un terror desorbitado (recordemos los famosos pinchazos en discotecas que, de buenas a primeras, desaparecieron de los medios al demostrarse que, EN NINGÚN CASO, ni existió rastro de droga alguna ni hubo abusos sexuales por medio) empiezan a pedir censura y el recorte de libertades como el derecho a la intimidad o a la presunción de inocencia?
A ver, yo entiendo que haya gente a la que no le guste el porno. Como hay gente a la que no le gusta el gore, las pelis de kung-fu o los partidos de la liga. Todo eso va en el gusto personal de cada uno y a nadie se le puede obligar a que le guste algo por putos cojones. Me parece legítimo. Lo que no me parece legítimo es esa costumbre que está tomando el Poder de que, si no les gusta algo, no les basta con no verlo, como haría cualquier hijo de vecino; parece ser que, inflados de un halo de poder absoluto, se ven con la categoría moral (JA, JA) de erigirse en las guías espirituales del pueblo llano y poder permitirse el derechazo de exterminar de la faz de la tierra cualquier cosa que no case con su ideología para que nadie pueda siquiera elegir si les gusta o no. Y esa es la parte que me parece realmente peligrosa: la de decidir por la gente "por su bien". Hoy es el porno. Mañana lo mismo es el reggaeton (música que no me gusta, pero que yo tampoco me pondría a prohibir); pasado mañana, cualquier otra cosa que no le guste a nuestros Honorables Sátrapas. Y, cuando nos queramos dar cuenta, no podremos ni abrir la puta boca, porque llevar la contraria a estas Ilustrísimas Mercedes, Libres de Tacha, Pecado o Mancha Alguna, que estarán en posesión de La Verdad Absoluta, te llamarán machista, terrorista, reaccionario, fascista o lo que toque.
Queridos Distópicos, ya vivimos en la Distopía. Por lo menos, no seamos tan gilipollas como para aplaudirla.



































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