miércoles, 30 de julio de 2014

Mondo Chorra- Desmontando al Rey




Que sí. Que Stephen King es lo más, y los que no lo vemos es porque no tenemos ni idea de literatura de terror. Que el hombre es un genio y ante los genios, uno se agacha, hace la reverencia y se maravilla ante cualquier puta cosa que salga de sus fauces. Algunos somos unos ignorantes de la vida y cometemos el pecado mortal de considerar al señor King sobrevalorado, algo que es irónico, cuando él mismo (no es que me guste como escritor, pero sí le reconozco su honestidad) ha declarado mil veces que lo que escribe es el equivalente al Burger King. Por eso, y desde la más profunda ignorancia (leed mi ironía, Ygrittes de la vida) tras haberme leído unos cuantos libros de este tío en mi adolescencia y parte de mi juventud, voy a romper una lanza en favor de esos amantes del Rey. Me voy a poner a hacer un análisis acerca de los elementos clave de este genialérrimo escritor, presentes no en una, sino en unas pocas de sus novelas y relatos. Porque, si un autor ha conectado con tantísima gente a lo largo y ancho de todo el mundo es porque tiene algo. No, olvidaos de la publicidad; olvidaos de que compren los derechos de la mayoría de sus libros para hacer pelis y series. Eso no tiene absolutamente nada que ver para petarlo cuando uno es un genio de las letras. Ni Shakespeare, que era un aficionadillo de poca monta al que ya nadie lee, ni representa sus obras y del que tampoco se hacen películas basadas en ellas, no. El que mola es King y nos callamos todos.


En este artículo, por tanto, vamos a ir pormenorizando cuáles son los elementos que convierten las novelas de King en genialidades absolutas e indiscutibles que conectan con el público. Esas pequeñas pizcas de genialidad de las que todos los demás humanos, pobres mortales, debemos aprender si queremos ser esos autores originales e innovadores que nos gustaría ser. Así pues, Kingeros, id tomando nota, que vamos:



1) Sheriffs de pueblo paletos: Pues sí, son un factor recurrente. La imagen, la típica que nos viene al melón: hombres uniformados, con sombreros de cuatro bollos. A menudo estos sheriffs son tíos de mediana edad y, dependiendo del caso, tenemos el sheriff bonachón que no quiere que se monte un follón en el pueblo, bien es el sheriff redneck que masca tabaco y no quiere negros cerca. Junto a él, suele ir un tío llamado Billy-Bob o algo así de ayudante, que es todavía más paleto que el sheriff. Generalmente es gordo y rematadamente gilipollas. Tarda la vida en palmar. En la versión carcelaria de las novelas Kingosas, tenemos que estos dos personajes son sustituidos por un alguacil bueno y uno malo, que se rifan a ver cuál de los dos es más famosete entre los presos.



"Demonios, algo chungo sucede en este pueblo..."



2) Malotes rocabilis: una pandilla de varios de estos suelen ser antagonistas clásicos. ¿Os acordáis de los de Regreso al Futuro? Pues del estilo, solo que más desagradables, más hijoputas, armados con navajas y con tendencias racistas, sexistas, o todo a la vez. A menudo los vamos a ver como procedentes de familias desestructuradas (algo muy original), con antecedentes de maltrato o incluso psicopatías crecientes. Es frecuente verlos torturando inocentes animalillos solo porque se aburren. En su defecto, si el malote rocabili ya no tiene edad para tener una chupipandi de macarras, lo que tenemos son borrachos maltratadores, de los de camiseta de tirantes, que dan de hostias a sus hijos (para así crear más malotes rocabilis) o abusando de sus hijitas. Si la novela es lo bastante larga (por una novela larga de Stephen King, entiéndase un mínimo de 650 páginas; por debajo de esto es una novela de las normales), podemos encontrarlo todo a la vez.


3) Sexo by the face: No vamos a ponernos mojigatos con esto. Mola leer carne de vez en cuando. No vamos a ser lo bastante meapilas como para decir que cuando dos personajes se amanceban es inmoral ni nada por el estilo... La genialidad de King reside en trascender este concepto y plantear jincamiento y puñaladas de carne cuando menos te lo esperas, usando detalles de lo más finos, como "miembros palpitantes bajo el pantalón" y otras cosas así de bonitas. Por ser revolucionario, hasta podemos presenciar orgías en chavales de diez años, porque King es transgresión. Otro de los grandes elementos Kingeros por definición es describir gente haciéndose pajas, tan extenso en detalles como al menos dos parrafos, o bien una pagina entera.


4) Escatología con calzador: Este concepto consiste principalmente en describir por la puta cara gente pegándose pedos, lo que sería normal, si leyésemos comedias. King, como clásico moderno que es, trasciende el género y es capaz de contarte sin motivo justificado alguno, cómo un cartero se pega pedos mientras hace el reparto de la mañana, con frases tan sutiles como "Levantó una nalga y tocó el trombón". Porque otros autores se molestarían en darle sentido a estas cosas. King es el Rey y no lo necesita. Una variante son los tíos que se comunican a base de eructos, o que eructan más fuerte que ninguna otra criatura viva.


"¡Pedo vaaaaaaaaa!"



5) Los niños revejidos: No estoy seguro de que este término se conozca por encima de Despeñaperros. No pasa nada, traduzco: un niño revejido es un personaje siniestro, que biológicamente no pasará de los diez o doce años, pero que en cuanto abre la boca parece que tiene sesenta. Enteradillo, repelente y en ocasiones chulesco, es la clase de niños que parecen un cruce entre la Melody y los niños de El Pueblo de los Malditos. Cuando los presenta el Rey, es frecuente además que los niños revejidos aparezcan fumando como putos extras de las pelis de Tarantino y diciendo palabrotas. No solo eso, a menudo aparecen con ideas y planteamientos geniales para salvar el pellejo que no es que no se le ocurran a un adulto...es que no se le ocurren a nadie, directamente. Una nota curiosa es que los niños hablan de otros niños usando nombre y apellidos, aunque no haya otro en todo el puto pueblo que tenga el mismo nombre de pila. En estos grupos debe haber al menos un gordo y un gafotas, del que hablaré más abajo.

6) La animadora fulana: La villana por definición, cuando King nos plantea una de sus historias de instituto, es una especie de Lady Macbeth de dieciséis años, conocida por cepillarse a todo lo que se menea, pero prestar devoción a un neanderthal de poca monta que, bien es un rocabili de los mencionados arriba, bien es un capitán del equipo de fútbol. La animadora fulana no conoce la compasión, ni la piedad. Es fría, manipuladora, presuntamente ninfómana y seguramente desayuna bebés vivos por las mañanas. Tiene pelas, está buena y si quisiera podría hacer realidad tus fantasías más cerdas.
Lo que pasa es que no quiere.


"Hola, soy Cindy Stratocaster, y esto de atrás es mi novio, Tom Janderklander. Domino el instituto con puño de hierro, torturando psicológicamente a las tías gordas con gafas y haciendo que todas las demás perras hagan lo que yo digo".


7) El gafotas: Personaje relativamente recurrente en Mundo King. El gafotas (o entiéndase, discriminado genérico) forma parte del grupo de chavales revejidos, fácilmente reconocible por sus gafas de pasta. Tiene una madre castrante a la que odia en secreto, un colega guai que le apoya con tanta intensidad como lástima le tiene. Cuando avanza la novela, encontramos que el gafotas es igual de pringao aunque pasen treinta años o, por el contrario, se convierte radicalmente en un majarón sin remedio, histriónico, agresivo y, sobre todo, muy, muy chillón.

8) El gordo: El gordo en las historias de King es un romántico empedernido. Por debajo de esas ocho arrobas de grasa pura hay un corazón sensible que se muere por demostrarle a la muchachita que tiene al lado que es un poeta, un héroe y un alma noble. Silencioso y tímido, pero honesto y leal, el gordo también se muere de ganas por meterle el cipote a su amiguita y reventarle el coño hasta que se le quede el churro más seco que la mojama. Pero no se atreve.


9) Bichos desparramados: En King no pueden faltar jamás descripciones detalladas de gatos atropellados, de perros envenenados u otros animales domésticos torturados salvajemente, con tripas fuera y demás. A veces, la muerte del bicho es rápida o fuera de escena (por ejemplo, encontrarse el gato de la casa hecho un cromo en mitad de la carretera tras días desaparecido), pero en otras ocasiones, el pobre animal se pega sufriendo vejaciones una temporada hasta que le da por morirse. Estas escenas, dependiendo de quién las cuente o protagonice, aparecen entre risas o entre lágrimas. Sin embargo, esto no supone impedimento alguno para que las descripciones sean igualmente detalladas.



"Estupendo. Genial".



10) Fluidos corporales: Un elemento que encumbra a King como el Rey del terror más sutil (porque todos sabemos que el buen terror, el de calidad indiscutible, es ese visceral, donde las vísceras están al aire y, con ellas, todo lo que hay dentro). En King, dichos fluidos fluyen exageradamente, venga o no a cuento: véase sangre, semen, heces, orina, vomitos, o todo junto a la vez, en mezclas de lo más exóticas, como orinar sangre y ponerse a describir la mezcla de caldichis. A veces dichos fluidos se repellan por el cuerpo, brotan como fuentes o impregnan las fosas nasales del protagonista con su hedor. La quintaesencia de la sutileza y la elegancia.


11) El lenguaje natural y refinado: Todos sabemos que un autor normal tiene casi la obligación de usar un lenguaje acorde con sus personajes, que suene natural y fluido. Un lenguaje que haga que el autor se crea lo que está diciendo y que resulte coherente con la situación, huyendo de sobreactuaciones, exageraciones o de inverosimilitud. King trasciende esa simpleza y ese encorsetamiento, evolucionando en la democratización del lenguaje garrotero, que aplica a cualquier personaje (salvando ciertos personajes muy concretos, como protagonistas o fanáticos religiosos, que sí tienen su forma de hablar) independientemente de su edad, sexo o condición. Otra muestra de genialidad absoluta es cuando vemos que el palabroteo a mansalva se produce sin que haya una situación real para ello. Que gente que dice palabrotas aunque no tenga motivos para ello, con una naturalidad aplastante. Ponemos un ejemplo inventado de lo que podría ser un diálogo made in King, (pero por supuesto, sin llegar a su nivel excelso como genio de las letras, que quede claro):

—Hola, Joe, ¿qué tal?
—Me pica la polla.
—Cojones, eres un puto fenómeno.
—Lo sé, es que estuve follando con mi señora a cuatro patas anoche.
—Me cago en Dios, Joe, eres la puta hostia.
—Eso dijo tu parienta también.
—¿Te follaste a mi parienta, hijo de la gran puta?
—No, ella solo miraba, tocándose el coño a dos manos.
—Me dejas mucho más tranquilo, joder.
—Vale, ¿a qué hora empieza el juicio? Quiero irme a casa a que mi señora me la coma un rato.
—Dentro de un minuto. Es que no encuentro la puta toga.
—Coño, eso es porque la tienes arrugada debajo del estrado, puto soplapollas, ¿No te acuerdas de cuando te tiraste a la hija de los Henderson el verano pasado, durante la fiesta de la cosecha?
—Mierda, es verdad. No sé qué haría sin un cabronazo como tú, Joe.


"Carapichas, cagones de mierda. Hijos de puta. Mierdecitas secas".
"¿Y a ti qué te pasa?"
"Nada, solo decía hola"



12) Los finales al estilo "Vamos, vamos, vamos": Si somos conscientes de que Stephen King no es como el resto de los mortales ni para cagar, tenemos que ser conscientes de que su proceso creativo tampoco puede ser menos. Aquellos que no sepáis cómo lo hace lo entenderán en estas líneas: está por un lado el escritor normal, que es el que parte de una idea, la desarrolla con un poco de planificación y luego la acaba, para pulir o repulir, según lo mijitas que sea. Otros escritores van más o menos improvisando y, una vez han terminado su historia (que al menos habrían medio visualizado previamente), hacen una fase de corrección y refinan todo aquello que no les había cuadrado durante la etapa inicial. Stephen King no es humano. Stephen King es un dios vivo, y no necesita mangurrineces como esta. Lo que hace es sentarse de cara a la pared del granero de su casa, con heavy metal a toda hostia y va escribiendo conforme le sale de su Sagrado Sobaco. De ahí, va pariendo conforme se le van ocurriendo cosas, sin revisar ni leerse a sí mismo, porque eso de la autolectura es para pringaos, juntaletras y aficionadillos de poca monta. Si no se le ocurre cómo terminar una obra a la primera, la mete en un cajón y a lo mejor dentro de veinte años se le ocurre cómo acabarla. De ahí que las conclusiones de las historias de Stephen King sean una genialidad detrás de otra. Porque para qué cerrarte una novela de tropecientas páginas con un final que siga el ritmo de lo ya visto, cuando puedes finalizarla en un par de páginas, sin necesidad de un capítulo de epílogo. Para qué usar algún elemento visto a lo largo de la novela, cuando te puedes inventar uno que aparezca al final y lo resuelva todo. Olvidaos del concepto del deus ex machina, lectorzuelos. King es Dios, por tanto es King ex machina. No lo hizo un mago. O sí. Porque King es MAGIA.



"¿Has terminado ya? Es que vamos a rodar y eso"
"Sí, en cinco minutos os pongo las treinta páginas que os faltan".


13) Los fanáticos religiosos: La religión es el opio de las masas y el mal absoluto. La gente con firmes creencias religiosas no son más que lerdos que viven como ovejas y a los que hay que sacar de su ignorancia. ¿Quién mejor que el Rey para ello? Por eso, es relativamente frecuente ver en sus novelas algún fanático religioso por medio. Este bien puede aparecer solo, o bien con adeptos que le siguen fielmente, sin importar lo gorda que sea la gilipollez que diga. Lo importante es el mensaje: si eres una persona de firmes convicciones religiosas, corres el riesgo de convertirte en un pirado que ve brujas en pleno siglo XX, a convertirte en un maltratador psicológico y a conductas tan estimulantes como la autolesión... O, en otros casos, a convertirte en un zombi que sigue al líder espiritual, que también es posible. Este fanático puede ser bien un cura viciosete con gustirrinín por los culitos de los mancebos o una mujer de mediana edad, tirando a oronda, de pechos y caderas amplios que habla muy fuerte.


"Aleluyaaaa, ¿adivinas por dónde te pienso meter este cuchillo cebollero si no me demuestras que has rezado tus oraciones?"



14) Marcas a punta pala: La publicidad es DINERO, y la calidad de una novela deriva de su capacidad de hacer dinero, todo el mundo con criterio literario lo sabe. King es un visionario y, perfectamente consciente de ello, es un pionero en eso de especificar la marca de algo venga a cuento o no (lo que podemos llamar bookvertising, término que me acabo de sacar del culo y acuñado especialmente para tal genio de las letras), como cuando el Jake de la Torre Oscura, en vez de tropezar con un mensajero, dice haber tropezado con un tío de la UPS, que por lo que se ve, no es lo mismo. Todo como mucho más natural, y menos forzado publicitariamente hablando, dónde va a parar. Nadie se bebe una birra, pide una Bud. Nadie se toma unos cereales, se coge una caja de Tinkiwinkis. Nadie tiene un coche normal. Tiene un Plymouth Fury del 55. Y así con todo, porque gracias a King conocemos el mundo. Y el mundo son las marcas.


15) El homenaje lovecraftiano: En este mundo, si no haces referencia a Lovecraft no eres nadie, es un hecho. Antes de Lovecraft no existía el terror, y todo lo que había eran mierdecillas infumables que no importaban a nadie. Pero oye, fue llegar el tipo este, hablando de pulpos, batracios y Cosas Ignotas Surgidas del Tiempo que parecían Zurullos Primigenios y todo cambió... O casi todo, hasta que llegó King, que fue el que le dio el puntillo al tema, haciendo que Lovecraft en comparación fuese un besugo sin ideas propias. ¿Que éste escribía ambientando sus historias en un triángulo de ciudades imaginarias como Innsmouth, Arkham y Dunwich? Caca de la vaca, donde estén Bangor, Maine y Castle Rock que se quiten gilipolleces. ¿Horrores preternaturales de otro mundo? Una payasada comparada con el payaso Pennywise. Si Lovecraft levantara la cabeza, se daría cuenta de que habría estado perdiendo el tiempo: King le demostraría que éste había estado plagiándolo antes de que naciera. Porque solo King es King, y los que vinieron antes que él eran unos simples imitadores.



"¡Es la hora del pulpooooo!"



16) El majara que pierde la olla: En muchas de las obras maestras de este revolucionario del terror contemporáneo (qué cojones, del terror a secas, de todos los tiempos), aparece siempre un personajillo que está como unas maracas así como de entrada. Este personaje, poco a poco, va perdiendo la chaveta, no sin pasar antes por todo un compendio de manías insoportables, tales como romper papeles, clavarse analgésicos como si no hubiera un mañana o, ya puestos, poniéndose a cantar en voz alta temas de los chunguitos. Suelen ser personajes atormentados, cuyo único objetivo en la vida parece ser dar por saco con alguna obsesión sin motivo aparente (por ejemplo, pelusas, atribuyéndoles una especie de naturaleza sobrenatural). En ocasiones, su conducta de chiflado integral suele acabar provocando, por acción u omisión, la muerte de alguien. En prácticamente todos los casos, a este puto chalado te dan ganas durante todo el libro de aplastarle el coco con un martillo pilón.


"¡Ju, ju, ju, que estoy mu loco!"



17) La ambientación variada y heterogénea: King es un hombre (¿Hombre? ¿Seguro? ¿No es más que un hombre? ¿ Tal vez un iluminado de nuestro tiempo que viene a traernos la literatura de verdad?) arraigado en sus raíces norteamericanas, sus costumbres y sus paisajes. Esto, traducido para aquellos que no lo ven muy claro, se traduce en maizales. Muchos maizales. Maizales por todas partes, salpicados de algún granero para dar color al tema y, poniéndonos sofisticados, una vía de tren. En segundo lugar, tenemos cafés de carretera, desguaces y, cosa que se está convirtiendo en un bastión relativamente reciente de la ambientacion Kingera, cárceles.


18) La catársis literaria: King es la metáfora, la simbología, la alegoría más exquisita jamás concebida en toda la historia de la literatura desde que estábamos contándonos historias alrededor del fuego tras zurrarle a los de la tribu de al lado. Por eso, no es difícil descubrir cómo él mismo nos muestra el mundo a través de los ojos de sus personajes, cosa que ningún autor sobre la faz de la tierra hace. Solo King sabe meterse en la piel de sus protagonistas, y de la forma más sutil conocida. De ahí que sea común encontrar novelas suyas en las que el protagonista (o al menos uno de los personajes más relevantes) es un escritor. A menudo de éxito, aunque también emergente. Ese personaje tiende a ser, cómo no, más creativo y observador que cualquiera de los mortales, porque todo el mundo sabe que para ser un escritor de éxito esas dos habilidades son imprescindibles para parir una novela buena (o sea, una novela que se venda de la hostia). Otras chorradas, como eso de la documentación, la autocrítica, la revisión o la organización son para juntaletras.



"Vale, ser creativo me salvará la vida. Lo sé."


Y estos son los dieciocho elementos que caracterizan la obra de ese magnífico e imprescindible emperador de las letras. El ayatolá del terror. Estos son los elementos que todo escritor emergente debe aprender a manejar para convertirse en un autor original, fresco y de estilo propio. Y lo que es más importante, para poder crear novelones que vendan mucho, lleguen a todo el planeta, y generen tal horda de fans que sea absolutamente imposible desviarse del Camino Sagrado del Rey y corromperse, cayendo en las repugnantes fauces de la mediocridad.
Aprended, mortales.
Aprended del Rey.

lunes, 28 de julio de 2014

Tebeos en Vena- Más papistas que el Papa, o Aprended a leer de una puta vez y dejad de buscar motivos para vivir de mala hostia




Cansinos. De verdad que sois muy cansinos cada vez que alguien saca noticias sobre lo que las grandes franquicias de cómic anuncian. Que si Thor ahora es una mujer, que si el Capi ahora es negro. Cansinos, por no llamaros ignorantes. Causa risa ver cómo muchos de vosotros os echáis las manos a la cabeza, cómo os rasgáis las vestiduras y cómo predicáis en plan Moisés con las tablas de la Ley bajo el brazo, berreando porque tal autor o tal editor se ha meado en el concepto básico del personaje, como si la estética o la identidad fueran el fondo y no la forma. Muchas majaronadas y muchas chorradas, viniendo de gente que demuestra que lleva leyendo cómics muy poquito tiempo y que parece que todavía no se ha enterado de que, al menos en lo que toca a las franquicias más gordas (Marvel y DC, pero a ver si nos enteramos de que hay más superhéroes repartidos por editoriales no tan grandes, pero sí emergentes y muy respetables,como puede ser Dark Horse) estas cosas son cíclicas y no. En absoluto nuevas.

Me causa una risa descojonante ver cómo vociferáis, indignadísimos, que el Capi es ahora negro porque se está atendiendo a no sé qué mierda de discriminación positiva, y que Marvel, desde que la ha trincado Disney, es la aborrecible corrección política. Ante esto, a ver si nos enteramos: la corrección política está por todas partes y, pese a que yo no soy el mayor fan de Disney y que éstos han propiciado muchas majaronadas en Marvel (véanse los chascarrillos en las pelis cada treinta segundos), tengo que romper una lanza en favor de estos tíos (por monopolizadores y metezarpas que sean) y decir que estas cosas no vienen pasando desde que están mandando, ni mucho menos. Tirad de hemerotecas, pequeños fans de última generación, y os daréis cuenta de que esto no es nuevo. Ha venido pasando cuarenta mil veces y parece que a muchos de vosotros (por lo genera, los que más gritáis) se os había pasado. Porque si berreáis con esto, me pregunto dónde estabais cuando Iron Man fue negro, allá por los ochenta. ¿Fue acaso un caso de discriminación positiva cuando Tony Stark andaba que no se tenía en pie por culpa de la bebida y James Rhodes (más afro que Shaft) asumió el manto del Hombre de Hierro? Quizás nadie dijo nada porque resultaba hasta lógico... incluso acertado, que un cómic denunciase una lacra como podía ser el alcoholismo y que un superhéroe, en el fondo, no fuese sino un manto que, tarde o temprano, recogería otro personaje.
No, parece ser que en lugar de decir "Coño, están tocando el tema del alcoholismo", lo suyo es poner el grito en el cielo por lo superficial, que es que la armadura de Iron Man la lleve un negro (cosa que, así vista, a mí me da un tufo raro de cojones). Es mucho más fácil protestar por lo que no se hace, en lugar de fijarse en lo que ya se está haciendo, dónde va a parar.


Tony Stark dándole al pirriaque.


Podemos seguir, que la lista de idioteces por parte del fan de última hornada es larga. He visto mucha mamarrachada sobre lo del "cambio de sexo" de Thor, concepto naaaada tendencioso en los medios y con unas revisiones presuntamente feministas (y digo "presuntamente" porque me niego a llamar "feminista", término que respeto y defiendo, a alguien que se dedica a soltar gilipolleces de género acerca de una cosa que no tiene ni puta idea de lo que es, en realidad, y utilizando cualquier puta cosa que se le pone a tiro para largar una parrafada sobre la discriminación de la mujer, venga o no a cuento, haya discriminación real o no, para mearse alegremente sobre lo que, en resumidas cuentas, ni sabe lo que es, e interpreta como le sale del ojete) de las de reírse por no llorar.

Hablemos de esto, porque parece que muchos se han creído que el martillo de Thor solo lo ha llevado Thor. Por poner un ejemplo, tenemos a Bill Rayos Beta, que es un fulano alienígena de aspecto equino que, en una contienda con el Dios del Trueno, le arrebató el martillo... y lo consiguió levantar. ¿Por qué? Por una razón muy sencilla: Bill era digno. Pues esto es lo mismo que ha venido a pasar ahora, por lo que están contando las noticias. Ha aparecido un personaje femenino que, por el motivo que sea, ha sido lo bastante digno de levantar el martillo y ha recibido los atributos del dios nórdico, sin que eso la convierta en "una comparsa" o "una versión femenina sin más añadidos", que la historia y el argumento para liarla ya me los conozco. De ser así, Bill también sería una comparsa y demostró ser un personaje con una profundidad que flipas y con un trasfondo que no tenía absolutamente nada que ver con Thor. Como mucho una pinta lejanamente similar (coño, de lógica: estás adquiriendo los atributos de un dios, que llevan su configuración de serie, no nos pongamos ahora mijitas con el concepto estético, que es una meada fuera de tiesto de tres pares de cojones). De hecho, y parece que no lo sabía casi nadie, ha habido hasta versiones no asgardianas de Thor. En los noventa tuvimos a Thunderstrike, que gozó de la suficiente popularidad para tener incluso serie propia.


La Diosa del Trueno del universo alternativo de Tierra-X, colección publicada allá por 1999.
La mayoría no había oído hablar de ella, por lo visto. De lo contrario, no habrían soltado la mitad de la sarta de gilipolleces que están soltando ahora.


Si nos ponemos incluso a putear eso de "Es que se han cargado el concepto original", por favor, dejémonos de gilipolleces: si hubo un Thor-Rana (no es coña), narrado por el magistral Walter Simonson... y funcionó (sabíamos que era algo temporal, ya que esto surgió después de que Loki lanzara una maldición cabrona a Thor, pero qué coño, nos lo pasamos muy bien con aquello), ya nos vamos dando cuenta que, de vez en cuando, una línea editorial se tiene que inclinar por ideas que supongan una puta gamberrada solo para azuzar al público (y para que no se aburra siempre con lo mismo) y, tarde o temprano, volver a los márgenes originales. Lo que vengo diciendo, un ciclo.

No, no me vengáis ahora con idioteces de estética. Parece que no os acordáis (o no sabéis) que el Capi cambió de traje durante un tiempo (vistiendo de negro, oiga), y hasta de nombre, haciéndose llamar El Capitán, a secas, por no mencionar su breve temporada como El Nómada. Que tras su máscara ha habido al menos hasta cuatro personas diferentes. Que el Capitán Marvel, tras su muerte, fue seguido por una personaje femenina que solo compartía con él el nombre... que, además de ser mujer (y con una personalidad bastante fuerte, por cierto), era afroamericana, llegando al punto de compartir como mucho el nombre y prácticamente nada más, y que una de sus últimas encarnaciones era un alienígena de pellejo azul. Que Thor ha llevado una armadura casi completa tras la Maldición de Hela, apareciendo de paso con unos barbones cual motero en una Harley. Spiderman (bastión presuntamente inalterable de la franquicia Marvel) ha estado llevando un traje negro, simbionte primero, normal después, y que tras su máscara también ha habido un par de personas (la última de ellas, un chico latino, ya que se ha comprobado que es un público en alza en los últimos años). Iron Man no siempre ha sido rojo y dorado; de hecho, al principio era solamente dorado. En los ochenta, cuando Tony Stark estaba en los Vengadores Costa Oeste, su armadura era roja y plateada. Los Cuatro Fantásticos, en la era Byrne, iban de blanco y negro y no de azul. Y también han metido a algún afroamericano de vez en cuando en sus filas, como en el caso de Luke Cage. Hulk empezó siendo gris, luego verde, en los noventa volvió a ser gris de nuevo y por último lo hemos visto rojo. Su inteligencia ha subido y bajado más rápido que los pantalones de un político. Daredevil empezó siendo amarillo. Ejemplos, mil.
Y no ha pasado absolutamente nada. Nadie en su momento, que yo recuerde, montó los cirios que se están montando hoy en día ante la más mínima imbecilidad. Nos limitábamos a hacer lo que parece que hoy en día no se hace, que es disfrutar y dejarnos de buscarle los tres pies al gato y de sacarnos paridas de la manga para pasarnos todo el puto día de mala hostia. Sin ganas de ver como "El enemigo" a la gente que nos suministra la mierda con la que echamos el rato.


Thor rana. Como os dije, no es coña.


Me descojono cuando, habiendo leído solo los cómics de los últimos años para acá, venís algunos con monsergas en plan "Pero es que han cambiado por completo la alineación del equipo" como si fuera una puta blasfemia, sin pensar que Lobezno NO estuvo en la Patrulla-X desde el principio, sino que harían falta casi diez años (si no más) hasta que un tipo llamado Len Wein apareciese y optase por renovar la alineación de una colección que llevaba casi cinco años cancelada debido a las malas ventas. Y es una jugada que muchos de vosotros, queridos expertillos, todavía seguís agradeciendo, porque sois incapaces de concebir un equipo mutante sin el garras canadiense.
Más de treinta años de aquel cambio bestial y oye, poquitos se han quejado. Y los que en su día se quejaron, no fue porque fueran de puristas por la vida: sencillamente es que no les caía bien Lobezno. Y todo esto sin entrar en conceptos como lo de las muertes de Ave de Trueno o la de Fénix, que con el tiempo se han convertido en clásicos y referentes del cómic de superhéroes. ¿Quizás porque se llegaron a asentar tras haber sido leídos y han soportado el paso del tiempo, en lugar de que la gente despotricase de lo lindo solo leyendo el avance de noticias?



Denuncia social: allá por los 70, Denny O'Neil y Neal Adams hicieron, en su serie Green Lantern/Green Arrow, todo un recorrido por América, denunciando desigualdades sociales y otros temas que preocupaban a la sociedad de aquella época. El culmen, en el momento en que se nos cuenta que Speedy, antiguo compañero de Green Arrow, le estaba dando a las drogas duras.


Y supongo que os creeréis que esto solo pasa en Marvel, que veo mucho genio que oye nombres de otras editoriales y el tema les suena a marcianada. Vámonos un ratito para DC, entonces. Aquellos que habéis puesto el berrido en el cielo una y otra vez con esta movida del Capi y demás, parece que no os habéis enterado de que tras la máscara de Batman hemos tenido, así como poco, hasta tres personas diferentes: Bruce Wayne, Jean-Paul Valley (después de que Bane le partiera la espalda al Hombre-Murciélago) y, en dos ocasiones, Dick Grayson (el primer Robin). Y esto forma parte ya de la historia a medio plazo del universo DC, no hablo de notitas a pie de página, ni de hechos puntuales que no cuentan.
Hablando de Robin, la cosa no es menos: si bien sabemos que Dick Grayson es el Robin al que ha conocido la mayoría de la gente (sí, esos que lo han puteado de lo lindo sin tener muy clara la psicología del personaje), tengo que contaros que el amigo dejó esa identidad allá por el año 84 (justo antes de la Crisis en Tierras Infinitas), en la serie de los Nuevos Titanes, en plena saga del Contrato de Judas... tras una larguísima temporada en que estaba el muchacho un poco harto de ser la sombra de Batman (casi cuatro años llevaba en ese plan). Por aquel entonces, Batman ya tenía un segundo Robin, cuya identidad civil era Jason Todd. Jason moriría algún tiempo después, y entraría en escena un tercer Robin, encarnado por Tim Drake, que ha estado ejerciendo como tal hasta no hace demasiados años. Ha habido también mujeres en el papel de Robin (Carrie Kelley, en la no canónica The Dark Knight Returns y Stephanie Brown, en la serie regular), y nadie ha soltado mamarrachadas del tipo "Es que es una mujer con los atributos del personaje original, y poco más", sino todo lo contrario: se las ha visto como PERSONAS que asumen un MANTO, sin importar que sean hombres o mujeres, blancos o negros o vete a saber qué. En muchos casos, queridos genios, esos personajes que asumen el manto del héroe son sus allegados más cercanos, que pueden ser de cualquier tipo, por lo que la variedad está ahí. Más casos así ha habido, por ejemplo, con Manhunter, cuya nueva encarnación, a manos de Kate Spencer, que tenía su propia idiosincrasia, alejándola considerablemente de las previas encarnaciones del personaje. Podemos hablar de Wildcat, que tuvo una encarnación allá por los ochenta no solo femenina, sino latina, en la persona de Yolanda Móntez.



Aquí la tenemos. Y no, no se limitaba a imitar al personaje original. Yolanda tenía más de gato que el propio Wildcat original, siendo una especie de Tigra con sentidos agudizados, agilidad sobre humana... y garras que podían rajar el pellejo hasta el hueso.


Superman mismo durante un tiempo fue sustituido por Acero, un señor afroamericano que diseñó una armadura que homenajeaba al Hombre de Acero, mientras este estaba en el otro barrio, tras la manta de hostias que le había propinado Juicio Final, allá por el año 93. A principios de los ochenta, hubo un Green Lantern afroamericano. Allá por 1985, hubo una Doctora Medianoche negra, y una dueña del rayo que controlaba Johnny Thunder que, por compartir, lo único que compartía era el nombre y poco más (y ni eso, porque la grafía de éste era diferente, conociéndose como Jonni Thunder). Durante la Crisis, una mujer japonesa asumió la identidad del villano Doctor Luz, pasando a ser heroína. A mediados de los noventa, el Doctor Destino original fue sustituido por un binomio mágico hombre-mujer en el que el cuerpo físico era enteramente femenino. A principios de 2000, nuevamente, Johnny Thunder es reemplazado por Jakeem Thunder, un niño afroamericano. El manto de Batgirl, por su parte, ha sufrido al menos tres o cuatro encarnaciones, una de ellas de origen asiático.
Esto es un no parar al que los que solemos ver las cosas con un mínimo de perspectiva estamos más que acostumbrados y aquí nadie parecía haberse enterado. Es mejor liarla, dónde va a parar.


Y para nada una modita pasajera. John Stewart, el Green Lantern afroamericano, llegó para quedarse. De vez en cuando retirado parcialmente (al igual que prácticamente TODOS los Green Lantern en una etapa u otra de su vida), pero todavía dando caña.


Podemos mearnos si queremos fuera del tiesto y ver donde nos da la gana. Podemos ir añadiendo nuestra propia ideología a lo que vemos, buscando los tres pies al gato y sacando conclusiones basadas única y exclusivamente en lo que llevamos dentro. Podemos incluso berrear como posesos y decir "Es que esto no es así", pero ignorar hechos evidentes: el primero, como he mencionado arriba y que repito, no sea que alguno no se haya coscado, es que todas estas idas y venidas son CÍCLICAS y más viejas que el mear. Que, si pensamos que vienen sucediendo desde hace, no sé... más de treinta años, por no decir más, no necesariamente atienden a chorradas de discriminación positiva o de lo que queráis sacar. Es una cuestión de querer renovar personajes y, si esa renovación funciona, mantenerla y, si no, pues oye, volver a la fórmula original... Pero experimentar de vez en cuando. Que esos cambios pueden o no gustarnos, eso ya es harina de otro costal. A mí personalmente no me hizo ni puta gracia que Spiderman revelase públicamente su identidad porque llevaba leyendo casi treinta años de colección de este tío para que ahora llegase alguien y se mease en uno de los puntales de la colección (para mí esto es una cuestión de fondo y no de forma ni estética). Pero ojo, eso es una impresión MÍA. Es decir, no es algo con lo que yo comulgue y, como no me convence, no me compro esos cómics y a tomar por culo. Lo mismo me pasa con el NUDC, que tampoco termina de excitarme, precisamente... Pero, ¿montar en cólera por una cosa que al final es decisión del editor de una franquicia (como puede ser McDonalds o Burger King, pero con tebeos) y que funcionará en base a los ejemplares que venda? Por favor, esa etapa de talibanismo la superé hace ya mucho. Y la superé a fuerza de leer un montón de cosas que en su momento supusieron un cambio, mejor o peor acogido y que he decidido por voluntad propia si me convencen o no (que a veces sí, a veces me han parecido ideas muy desacertadas). Por ejemplo, el segundo Batman: fue un cambio, sí. ¿Acertado? En absoluto, para mí fue una pifia de tres pares de cojones, pero oye: si las ventas repercutieron ante lo que pasó (ya no fue solo por cambiar la identidad, sino ponernos un Batman hortera que parecía un Transformer, entre otras cosas que no tenían ni pies ni cabeza), acabaron por volver a la fórmula original... si es que eso no es lo que ya tenían pensado desde un principio.


Que vale, renovar está bien... pero tampoco nos pasemos. No todo lo nuevo es forzosamente mejor.


El segundo hecho evidente es que tras esto, queramos ver las conspiraciones que nos den la gana, simplemente atienden a hechos comerciales, y nada más: si un sector del público manifiesta interés por los cómics (en los sesenta y setenta fueron afroamericanos, ahora son hispanos u homosexuales... o incluso mujeres, que han empezado a manifestar bastante más interés hoy en día que como lo hicieran... no sé, diez, quince años atrás), los creadores y editores responden a ese interés. Dejaos la paranoia del odio a tal sector en casa, niños (y subrayo la palabra "niños"), que por ahí no van los tiros. Nadie en sus cabales (menos una franquicia de las gordas) antepondría un supuesto odio hacia según qué grupo a las ventas. Sería como negarse a vender el material a según qué gente, cuando las grandes empresas lo que quieren es llegar al mayor número de gente posible... siempre y cuando el colectivo meta muestre un mínimo de interés.

Quizás, cuando pasen unos añitos y no hayáis dejado de leer, os acordaréis de lo que digo: quizás veréis cómo van volviendo las cosas a su "cauce" y se optará por las fórmulas originales, y no pasará absolutamente nada, para más adelante aún, volver con los cambios. Iréis viendo que, con el tiempo, cambian las sensibilidades (como con el tema de los homosexuales que, por cierto, llevan ya tiempo campando por las viñetas y solo unos pocos os habéis fijado... Porque decís Estrella del Norte, que salió en los periódicos cuando lo sacaron del armario. Yo os digo Obsidian, unos diez años antes. Os hablo del Starman de los setenta, mostrando su relación homosexual a finales de los noventa.


Atentos: una versión alienígena de Starman de piel azul (sí, como sucediese al Capitán Marvel de Marvel), que mantiene una relación homosexual con un hombre de raza negra.
Aquellos que lo leímos y disfrutamos nos pareció algo natural en una pareja. Puede que incluso bonito, teniendo en cuenta que lo que se muestra es un acto de amor entre dos personas.
No necesitamos hacer actos reivindicativos de cosas así, ni convertirlos en una apología de nada.
Simplemente, disfrutar de ellos y alegrarnos de que estas cosas empiecen a suceder, en lugar de protestar por que no hayan sucedido antes, o de sacarnos de la manga ideítas chorras en plan "Esto lo hacen por quedar bien".


Hay varios casos más, que se me ocurren así a bote pronto, como el de de Scandal Savage, Batwoman o la nueva Question,  esta última surgida en 52 que, además de ser lesbiana, es de origen latino (el apellido Montoya no es precisamente sueco). En Marvel ya se dejaba entrever una relación entre Hulkling y Asgardian (los cuales, de paso, eran recreaciones sui generis de los Vengadores). En Wildstorm, os puedo hablar de Apollo y Midnighter. En Vertigo ya ni os cuento, que lleva habiendo gays, lesbianas, bisexuales y transexuales desde hace ya casi dos décadas, algunos de ellos tan representativos como el puto John Constantine, claramente bisexual, o Lord Fanny, el transexual de Los Invisibles). Llevan ahí unos cuantos años y no habían protagonizado ningún polémico revuelo. Y no es coña: cuando en Starman, James Robinson planificó lo que podría ser la primera escena de un beso homosexual en un comic mainstream, pensó que igual iba a pasarse de polémico... y al final no pasó absolutamente nada, ¿por qué? Porque igual la sociedad ha cambiado lo justo (no voy a lanzar tampoco las campanas al vuelo) como para estar por encima de según qué cosas. A los que somos seguidores en realidad nos ha dado igual, son buenos personajes y no hemos hecho ni apologías ni reivindicaciones ni leches. Solo queremos buenos personajes, y no necesitamos hacer de cualquier puta cosa que se nos ponga por delante un acto de reivindicación o convertirlo absolutamente todo en una causa que defender. Puede que, por frikis que les parezcamos a algunos, igual lo que pasa es que tenemos una vida y somos conscientes de que lo suyo es vivirla disfrutando, y no buscando motivos para estar encabronados.



Sobre estas líneas, Mia Dearden, la segunda Speedy: este personaje, creado hacia 2001, es un buen ejemplo de lo que vengo a decir acerca de temáticas que se pueden contar abiertamente en comic mainstream desde unos cuantos años para acá: abusos infantiles, prostitución y explotación de menores y, como consecuencia de estos últimos factores, la infección del virus VIH. ¿Por qué? Tal vez porque la sociedad de 2001 anda algo más sensibilizada y tiene menos tapujos a la hora de hablar de temas como estos que podía tener hace veinte o treinta años.
No hay más.


Por otra parte, tenemos que tener en cuenta que cambian las preocupaciones sociales (antiguamente eran las drogas, como sucedería en Spiderman a principios de los setenta con Harry Osborn; hoy en día es el terrorismo, o incluso el SIDA, cosas de las que se habla con muchos menos tapujos), y no pasa absolutamente nada. Los que leemos y disfrutamos (no solo comics, sino también con los libros sucede, en una medida algo diferente) sabemos que las cosas hay que verlas en su contexto sociocultural, pensando en cómo se vivía en la época en que las cosas se escribieron, y en cómo actuaba en general la sociedad que era testigo de estas cosas que leemos. Que podemos sacar las interpretaciones que queramos, y es respetable... Pero que no dejan de ser eso, interpretaciones. Y que para interpretar, cuando alguien no está lo bastante preparado para ello (por "preparado" me refiero a una formación que te enseñe a analizar un texto u obra artística, y al que me diga que puede analizar en su totalidad un texto sin necesidad de entender cuándo y cómo se escribió, le diré que no tiene ni zorra de lo que habla y, lo que resulta más triste, parece estar orgulloso de ello), se incurre en el factor sesgo, que es el que hace que proyectemos nuestras filias y nuestras fobias sobre aquello que estamos analizando. Esto conlleva que el análisis ya no sea objetivo y que, en vez de sacar una interpretación que merezca la pena tomarse en serio, lo que estamos haciendo es lo contrario: es volcar la mierda que llevamos dentro en algo que igual no tiene esa intención que queremos darle. Es más, puede que ni se acerque.


Aquí, Jane Austen, autora que denunció la hipocresía de su época desde la escritura... algo tan mal visto en una mujer de finales del s.XVIII que tenía que escribir a escondidas.
Si la pobre Jane levantase la cabeza hoy en día y descubriese que hay gente tan cenutria que la llama "machista", probablemente se armaría con un atún de ocho kilos y se dedicaría a arrear atunazos al primer imbécil que se le cruce por delante.


Igual exagero (me encanta cuando os sacáis ese argumento del sobaco cada vez que meto el dedo en la llega y doy a entender que a menudo el que más chilla es el que menos idea tiene para hacerlo), pero vayámonos al terreno de la literatura, donde cualquiera con 15 pavos para comprarse un libro se cree con derecho a analizar un libro y sentar cátedra sobre él, sin tener ni idea siquiera de lo que está leyendo y sin pararse a pensar cuándo y cómo fue escrito: pongo el caso de Jane Austen, que fue una autora que en su día desafió a no pocas convenciones sociales (el hecho mismo de que ella escribiese YA era un desafío), riéndose de ellas por medio de una sutil ironía. Esto es lo que se ha venido interpretando de forma académica (no por mí, que ya sé lo dados que sois a decir que lo mío es lo único que vale, cosa que dice mucho acerca de lo que estoy diciendo en este artículo... sino por académicos y estudiosos a lo largo de décadas, que saben del tema bastante más que yo); sin embargo, lectores (o peor aún, gente que dice que escribe pero que no entiende un coño de lo que lee) que van de estrellitas, pero que se limitan a entender las cosas como les sale del culo, atribuyendo a un texto su propia mierda interna y sin contextualizar lo que leen, tienden a ver a Austen como una "Autora machista", con dos cojones. Las mismas idioteces me he encontrado cuando he escuchado que hay gente que proclama que Lolita es una obra sobre la pederastia, y quedarse tan panchos. Y con estos ejemplos, empezaría una lista larguísima de verdaderas animaladas que estoy oyendo por parte de gente que se piensa que analizar un texto lo hace cualquiera o, mejor aún: que incluso sin haber leído mucho en su vida, se sienten con los santos cojones de dar lecciones a los que, por una razón tan buena como puede ser masoquismo mental, sí nos ha dado por estudiar la literatura de manera exhaustiva. Es como si yo cojo, me voy a un médico y le digo que su diagnóstico es una mierda porque a mí me apasiona la medicina tras haberme chupado un par de temporadas de House. O si me voy para un químico y le digo que mi forma de formular es mejor porque me invento las valencias químicas, que me gustan más así. O si me voy a un abogado y le digo que él no tiene ni puta idea de leyes porque las que tenemos (aunque no me las haya leído) no me parecen justas.
Vamos, no me jodas.
Amigos, leer no significa coger y plantar los ojos delante de un libro, para luego decir que leéis mucho y parecer más cultos. Leer implica calidad, no cantidad. Implica introspección, análisis y contextualización. Implica entender lo que estáis leyendo en lugar de volcar vuestras fobias sobre un texto y decir verdaderas soplapolleces como que Tolkien no merece la pena ser leído porque era un autor racista y describía a los orcos como si fueran zulúes (semejante idiotez la he tenido que oír y dejarle clarito a la persona que me la ha dicho que, si va a hacer un análisis crítico de lo que está leyendo, por favor, que aprenda a leer en lugar de coger sus neuras mentales y plasmarlas sobre una historia cuyo trasfondo se ve que no entiende muy bien).


"Anda, vaya tetas que tiene Power Girl. Esto es machista".
Vale, leed algo sobre el personaje: os enteraréis de que es justo lo contrario. Es una tipa dura, de carácter fuerte y que está más que harta de tener que demostrar nada. Citándola, tenemos frases como esta: "Sé lo que dicen de mí a mis espaldas los otro supertipos. Dicen que soy arrogante dura y me dicen cosas que riman con fruta. Pero si fuera Power Man y fuera un hombre arrogante, resultaría ser lo normal".
Esto, sumado al hecho de que es una mujer independiente, decidida, valiente y que en su identidad secreta es dueña de su propia compañía (una de software, además, algo más que respetable), dice mucho de los que putean al personaje solo por su talla de sujetador.


Con los cómics viene a ser algo similar: mucha rasgada de vestidura, mucha tontuna generalizada y lo que me encuentro, cada día más, es gente que no tiene ni puta idea de lo que está leyendo... si es que de verdad lo está leyendo (lo cual ya dice mucho de lo triste que es el panorama, cuando ya la idea de que alguien ponga a parir lo que no lee no me resulte ni descabellada). O que se ha leído lo justo (por "Lo justo" me refiero a las novedades de los últimos cuatro o cinco años y quedarse ahí) y ya piensa que todo el monte es orégano, olvidándose de que los conceptos del cómic cambian conforme van cambiando las percepciones sociales, a veces yendo de la mano junto a ellas (lo que viene siendo el cómic como objeto artístico que refleja la sociedad contemporánea a él), a veces desafiándolas abiertamente (de ahí el "gamberrismo" de ciertas historias, como puede suceder en cómics como El Bruto, donde vemos a un mastuerzo liándose a hostias con una vaca, sin que nadie tenga que tomarse en serio semejante escena ni ponerse a berrear contra el maltrato animal, o Kick-Ass, donde vemos niñitas de diez años metiéndose coca por las napias). Si un tema es tabú en determinada época (véase la homosexualidad), no os rasguéis las vestiduras con la mamarrachada de que el cómic (en su totalidad absoluta) es tal o cual cosa mala malísima, porque no van por ahí los tiros. Es sencillamente un tema del que se prefiere no hablar, como tampoco se ha venido hablando de la anorexia, del divorcio, el maltrato o incluso de la proliferación de las armas entre los jóvenes hasta que ha llegado el momento de hacerlo o hasta que alguien se ha atrevido (que la censura en cómic existe y es mucho más brutal que en literatura. Si no, buscad de donde viene el Comics Code Authority y luego me contáis). Si sois incapaces de entender que estos temas no fuesen temas para todos los públicos (sí, los comics mainstream tipo Marvel o DC lo son, y si queréis cosas más controvertidas, hay millares de cómics independientes), entonces es más problema vuestro y de vuestras ganas de estar cabreados con el mundo que del sector en sí. Más bien es cuestión de dar gracias a una sociedad que, poco a poco, va permitiendo que esas cosas se incorporen poquito a poco en la cultura mainstream, en vez de putear lo que no se podía hacer hace treinta años... e ignorar, como he comentado arriba, las denuncias sociales que YA se estaban haciendo (pongo el caso de Ann Nocenti, autora de marcada índole progresista que me ha agradado especialmente con su trabajo en Daredevil a finales de los ochenta y principios de los noventa, haciendo denuncias de todo tipo, desde el corporativismo que lleva hundiendo a la clase trabajadora norteamericana, hasta la violencia callejera, el maltrato psicológico, o las desigualdades sociales, solo por poner unos ejemplos).


En el número #283, por ejemplo, se hace toda una denuncia acerca de cómo Estados Unidos se ha prostituido a sí misma, vendiendo la dignidad de sus ciudadanos ante los intereses de las grandes corporaciones, como el petróleo... hasta el punto de llegar a amenazar a aquellos ciudadanos que inventen formas de energía alternativas.
Imprescindible el discurso que lanza el Capitán América (otro de los grandes puteados del cómic, tildado de "facha" solo por tener los colores de su bandera en el traje) al respecto. No tiene desperdicio.


En fin, esto es todo lo que tengo que decir. Como siempre, yo procuro hablar muy clarito, pero estoy más que seguro que me encontraré diez, veinte o mil que vendrán interpretando (o tergiversando) mis palabras, añadiendo su propia mierda personal a su interpretación, retorciendo mi mensaje y poniendo palabras en mi boca, o incluso sacando temas de los que ni estoy hablando. Por mi parte, esa gente que lo único que busca es un motivo para buscar bronca, para mí (y en esto espero no tener doble lectura) se puede ir a cagar. Si otros sacan interpretaciones malignas cuando digo que se dejen de chorradas y aprendan a leer de una forma medianamente objetiva, es su puto problema y no el mío. Hasta los cojones que ando de tener que explicarme a cada puta frase ante gente que entiende lo que les sale del ojete, que tiene tantos o más prejuicios que aquellos contra los que despotrican y que, en definitiva, son más papistas que el papa.
Ahí queda eso.

domingo, 20 de julio de 2014

Spanish Bizarro- ¡Sacadnos de aquí!




Hace cosa de un par de semanas atrás, mi pareja me comentó que iban a organizar un reestreno de la película de Miyazaki La Princesa Mononoke en un cine de mi ciudad. Aunque yo la peli la había visto ya un par de veces, es cierto que no me acordaba mucho de ella (la última vez que la vi debió ser hace más de tres años) y oye, tengo el suficiente buen recuerdo de ella como para querer verla en pantalla grande. Aparte, según pudimos comprobar, la entrada estaba a un precio más que razonable. Por tanto, un día que fuimos a darnos una vuelta, aprovechamos para meternos en una de las tiendas de merchandising, juegos de rol y otras zarandajas frikis (sí, hay algunos comics y libros también ahí) y comprarlas. Mi pareja suelta la pasta y me dice que ya se lo pagaré. Invitándola a cenar, a un helado o cosas así.

Unos días después, me comenta que por razones laborales y logísticas (traducido: curro al día siguiente y sin coche para poder desplazarse), no puede venir conmigo al reestreno, de forma que me da las entradas y me dice que busque a alguno de mis camaradas de armas para que me acompañe. Espero hasta el día antes, por si la cosa se le arregla, pero en vano, así que toca ir tirando de lista de colegas. En un primer momento pienso en Dan, al que muchos conocéis ya como mi compañero de aventuras en las Crónicas del Yoga, y con el que hace algún tiempo que no quedo para tomarme un algo o para echarnos un cine. Él me responde diciéndome que tiene esa tarde cubierta, así que mi segunda opción es El Deivi.

No os he hablado de El Deivi antes en estos artículos, creo. Bueno, en resumen, diré que es un buen colega; siempre dispuesto a echar un cable en lo que sea y que, por lo general, se apunta a un bombardeo.
Ah, sí, también tiene costumbre de responder a lo que sea con la palabra CULO.
Le mando un mensaje, y con solo mencionar la palabra "Mononoke" se apunta. Yo contaba con eso.


CULO.


Total, que allá que vamos. Salgo de currar y quedo con él en mi casa. El puto cine donde se estrena la película tiene una combinación de transporte tan cojonuda (está en un complejo comercial situado entre una autovía y un polígono industrial famoso por sus almacenes de chinos, sus burdeles, sus prostitutas esquineras y la total falta de vigilancia en varios metros a la redonda, sin acceso conocido por tren de cercanías o una línea de autobús que se pueda coger en algún sitio cercano) que nos vemos obligados a ir en coche. Allá que vamos, hablando de lo nuestro y elucubrando acerca de si ciertos especímenes que (por desgracia para nosotros) conocemos se han podido enterar del estreno de la peli, y en diversas formas de darles esquinazo posibles.

Hablemos un poco de la peli en sí: Mononoke es una peli del genial Miyazaki, autor de otras cositas tan notables como Mi Vecino Totoro o El Viaje de Chihiro. También diseñó los personajes de series todavía más míticas como Heidi o aquella versión de Sherlock Holmes con perros y gatos. La Princesa Mononoke tiene fecha de estreno original en 1997 y, si mi memoria no me falla, debió llegar a España cosa de un año y pico después (si no recuerdo mal, a mí me pilló ya en mi segundo año en la universidad, lo que debería ser hacia 1998 o así). No es difícil pensar, por tanto, que la gente que acude al reestreno es gente de unos treinta y pocos o así. Veintimuchos, como mínimo. La visión de un melenas sin afeitar en el aparcamiento acudiendo hacia el edificio del cine nos lleva en esa dirección, así que Deivi y yo hacemos lo propio y, una vez aparcado el Deivimóvil, tiramos para allá.


"¡Vamos para allá!"


Ahí estamos, Deivi y yo, hablando de nuestras cosas, en el momento en que los dos nos quedamos callados. Se nos congela la sonrisa y los ojos se nos ponen como platos, víctimas del horror más primario. ¿Recordáis la fecha de estreno? ¿Os ha parecido lógico mi cálculo acerca de la edad media de los espectadores?
Pues a tomar por culo.
Lo que Deivi y yo encontramos es la chiquillería más absoluta... lo que no tendría que ser malo si aquello no pareciese una especie de concurso de a ver quién chilla más o le demuestra a los demás quién es más friki, o "más especial" que el resto de la masa circundante. La media de edad, en contra de lo que habíamos pensado, es de apenas veinte años, si no menor (en la edad mental, ni entro). Es decir, gente que, mucha de ella, ni había nacido cuando estrenaron la peli en su día.
Mis ojos se clavan con horror sobre una criatura que va vestida de Princesa Mononoke, mientras recuerdo el espectáculo bochornoso sufrido unos años atrás, cuando visité por última vez un salón del cómic en mi ciudad.

Deivi no es que se lo esté pasando mucho mejor. Los que tenemos delante no parecen haber superado la adolescencia (qué cojones, ni siquiera parecen haber llegado mentalmente a ella) y están follándose la escala decibélica con las cuerdas vocales, que si jiji, que si jajá. Él posa la mirada sobre el cartel de una peli de terror, con el significativo título de Líbranos del Mal.
Seguimos avanzando y descubrimos con desesperación que, pese a haber subido más de media hora antes a la sala, hay una cola de más de cien personas, en su mayoría no muy diferentes que los banshees que tenemos delante.
Ganas de matar aumentando.


Nuestras jetas, tal que así.


Al internarnos en el pasillo de entrada a lo que es la sala en sí, tenemos otro grupo de gente delante de nosotros (no sé dónde cojones fueron los que estaban berreando a lo basto cuando entramos al recinto; tampoco es que me importe) que, en un espectáculo de madurez absoluta y a sus veintipocos años de edad (es decir, con las entrepatas negras), se están dedicando a darse collejitas y empujones, cada vez más bastos. Deivi y yo seguimos a lo nuestro, pero bastante atentos a que ninguno de estos empuje a nadie sobre nosotros. Este tipo de ambientes nos matan y no estamos para gilipolleces de criajos. Nuestra frase es algo así como "Yo solo digo que como me caiga alguien encima se la carga". Creo recordar que en nuestro pacífico discurso, mencionamos cosas como dar patadas en las costillas o algo así. Llevamos más de un cuarto de hora en cola escuchando idioteces y procurando que no empujen a nadie "en bromita" encima de nosotros.

La sala, hasta la puta pelota. Un acomodador nos pide que por favor, no dejemos huecos entre las butacas, a fin de que todo el mundo se pueda sentar de una forma cómoda y ordenada, lo que nos resulta lógico. Llegamos a una de las primeras filas de butacas, que vemos vacía. Es poner el pie en la fila y una señora nos dice que esa fila "Está ocupada".
La fila entera.
Subimos por las escaleras, entonces, a fin de encontrar localidades que anden más o menos centradas. En una de las superiores, encontramos un sitio que está de puta madre. Allí vemos que hay otro personaje que pone la mano en la butaca de al lado para que nadie se siente a su lado. Nosotros ignoramos lo que hace y nos sentamos en las que nos deja libres.

Es sentarnos y lo notamos.
Es algo inherente a todo sitio en que la proporción de frikis acérrimos (sí, de esos que convierten el frikismo en una "forma de vida" y que dedican la mayor parte de sus esfuerzos en demostrar al mundo lo frikis que son y lo especial que es su forma de vida, frente a los demás, que son aburridos, van al fútbol y en general son gilipollas) supera el 25% de los asistentes. Algo muy propio de convenciones, jornadas, salones de cómic y algunas tiendas donde se consiente que el chiquillerío campase a sus anchas como si, en vez de un local de venta, fuera un puto parque de atracciones.
No me refiero al vocerío (que también).
No me refiero a los disfraces (ya hemos visto un par de ellos).
No, amigos Distópicos, esto es mucho, mucho peor.
Me refiero al Peste a Choto.


Posible indumentaria que El Deivi y yo deberíamos haber llevado.
Incluido el bombardero de detrás.


Para entenderlo imaginad una sala cerrada, en la que se agolpan alrededor de doscientas almas (cálculo a ojo; nuestras entradas, para entendernos, son las 180 y 181) de las cuales, juraría que la mitad, friki arriba, friki abajo, viene sin duchar. Algo así como un autobús público, pero a lo bestia. Deivi tiene la mala suerte de que uno de estos enemigos del agüita de la chachi se le ha colocado justo al lado. Y al colocarse, pues coloca a Deivi, al que le falta un tris para crecer tres metros, volverse verde y liarse a hostias. En lugar de eso se pregunta por qué cojones la gente no se ducha. Que le parece muy bien que le gusten las frikadas y demás, pero que no entiende por qué cojones no se dan un agua.
A mí no es que me vaya mucho mejor. De vez en cuando, me llegan vaharadas de algo que, por Dios, espero que sea chorizo.

Miro a mi alrededor. Las conversaciones dan como risa, por no llorar. A nuestra izquierda y nuestra derecha tenemos especímenes de gente que se conoce entre sí, lo que implica que se están hablando (casi voceando) entre ellos con nosotros en medio.

—Llevo ya dos semanas sin afeitar —dice uno de ellos, de forma triunfal.
—Pues yo tres —responde su interlocutor, atusándose una masa de pelos informes que me recuerda a una espesa formación de musgo y líquen que se crece y se apelmaza en esa vasta zona situada entre debajo de la nariz y la garganta. Entiendo que hay una boca por alguna parte, porque el fulano no para de parlotear.
Muy maduro todo.

En mi observación me doy cuenta de que aquí el público viene como de uniforme: la nota dominante es la susodicha plasta de pelo descuidado y sin un puto recorte siquiera conocida como barba, pero también me doy cuenta de que muchos de ellos llevan camisita de leñador abierta y gafas.
Tampoco parecen saber muy bien para qué vale un peine.
En las chicas, la cosa varía un poco y algunas parecen hasta ir camufladas de persona normal... Sin embargo, abren la boca y se descubren por completo. Imaginadlo: berridos a todo volumen, risotadas y demás.
Al sentarnos, nos damos cuenta de que la película está en pantalla. Concretamente, lo que está proyectado es el inicio del blu-ray, que tienen puesto en bucle durante más de un cuarto de hora que nos tienen esperando. Aquello empezaba a las nueve, y son casi las nueve y veinte y lo único que vemos es lo típico de "Empezar película", "Audio" y "Subtítulos".
Hemos ido al cine para que nos planten un puto dvd.
Pasa el tiempo y los frikis empiezan a berrear cual gremlins cada vez que el menú termina el bucle y empieza de nuevo. El peste a choto se intensifica, hasta hacerse tan denso como el interior de un bote de Nocilla.
Alguien me deja ciego a golpe de flash en la fila de delante, haciéndose selfies con el móvil compulsivamente.


"Hola, estamos en el cine. Y como tenemos la obligación de demostrarlo, os dejamos una fotito. #enlabutaca #instacine #porculeandoenlaoscuridad"


Casi a las nueve y veinte, aparecen un puñado de personas abajo, a las que no termino de reconocer del todo, considerando que la sala no está del todo iluminada (las luces están encendidas, pero no todas) y que yo tengo las retinas quemadas por culpa del flash del móvil del tipo de delante. Por la silueta, reconozco a uno de la tienda de merchandising y, ocasionalmente, cómics (un "experto" al que escuché una vez hablar sobre Batman, al que definió como "No es un superhéroe, sino un tío con dinero" y el cual recomendó a gente que no había leído nada sobre el personaje los cómics más modernos que tenía, casi todos relacionados con tramas anteriores que no había mencionado y que supondrían que el pobre lector novicio no se enteraría de un coño al leer dicha recomendación) dando el clásico discursito en modo arenga en plan "Gracias por haber venido, espero que podamos hacer esto más veces, bla bla bla". Me planteo la cuestión filosófica allí mismo acerca de por qué coño no se calla y nos pone la película de una santa vez.

—Si vais a traer a la misma pandilla, conmigo no contéis para la próxima— respondo yo.

Nos cuentan que van a hacer un sorteo del blu-ray de la peli. Sacamos nuestras entradas y el que tenga el número de localidad premiado, se lo lleva. Llaman a la chica vestida de Mononoke a hacer de "mano inocente". El blu-ray le toca a un tipo que tengo a unas filas más abajo. Lo hacen levantarse, mientras alrededor, la masa informe de barbas y gafas empieza a aplaudir histéricamente y a hacer ruídos con la boca.
Por algún motivo, me viene a la cabeza la imagen de un puñado de focas de circo.
El chaval va a abandonar su butaca para ir a recoger el premio y, ya está en camino, cuando los de abajo se lo piensan y le dicen que mejor no, que mejor se espera a que termine la película.
Más risotadas.
Por una vez en mi vida, me alegro de que no me haya tocado un premio.


"¡SI! ¡JODER, SÍ! ¡LE HA TOCADO A OTRO, BIEN!"


El concurso está a punto de concluir, cuando Mononoke dice que quiere decir algo al público. Deivi y yo nos preguntamos qué carajo puede tener que decir. No tardamos en descubrirlo.

—Ahora —dice, con entusiasmo— quiero que nos levantemos todos y gritemos a la vez "MONONOKE", ¿vale?
— ¿CÓMO?— digo yo.
— No puede ser —añade Deivi.

Doscientas almas.
Doscientas almas que se levantan, al unísono y berrean "MONONOKE" mientras la chica disfrazada (las llaman "Cosplayers". Para mí es una tía disfrazada, se ponga como se ponga) levanta su bastón en modo "Todos unidos, con un solo espíritu, un solo corazón". En mitad de este apoteósico momento, encienden TODAS las luces del cine.
Deivi y yo, hundiéndonos cada vez más en nuestros asientos, queremos que nos disparen allí mismo.
Un cargador entero, por favor.

La peli se proyecta, sin más incidentes, salvando el peste a choto. De vez en cuando las vaharadas choriceras atacan, compitiendo con el pestazo que el fulano que tengo a mi izquierda va soltando a patatas sabor Receta Campesina, que engulle a lo largo de toda la puta película. Menos mal que lo que es la peli en sí está bien, porque si no, podéis reíros del tío aquel que irrumpió con una motosierra en el estreno de la versión original de La Matanza de Texas.
Cómo no, la peli termina y tenemos el orgasmo friki, con aplausos. Como si Miyazaki estuviese allí para recibir los elogios, o como si una compañía de actores hubiera representado la historia y se sintiesen halagados al escuchar el reconocimiento del público. Alguien quita el puto dvd y la gente empieza a largarse.


Y yo preguntándome de qué coño se ríe este.


Mientras vemos como alguien ha colocado un cartel bajo la pantalla (parecido a los de promoción que pone 40 Principales en sus preestrenos, solo que hecho a mano y escrito en japonés), bajamos por la escalinata que nos lleva al vestíbulo de la sala y descubro que no hay forma humana de avanzar: al final de ésta, hay un nota vestido del protagonista de la historia haciéndose fotitos con los chavales, lo que me parece bien... si las hace en un puto sitio donde no corte el tránsito de la gente, que la sala es de sobra grande como para poder hacerlo. Mis opciones son básicamente abrirme paso a empujones o bien tomar un camino secundario, atravesando una fila de butacas vacía. Tomo la segunda, con la esperanza de que ninguno de los presentes se me acerque a menos de tres metros. Deivi me acompaña, usando como acompañamiento el rechinar de sus dientes y sus gruñidos. Al salir de la sala descubrimos que la chica vestida de Princesa Mononoke no ha tenido bastante con el numerito: en alguna columna del recibidor del cine, encontramos que ha puesto pósters con su foto caracterizada del personaje para que todo el mundo sea consciente de lo que va a ver.
Encima tenemos un hambre que flipas y no hay un puto sitio abierto para comer en ese centro comercial: el McDonalds ha cerrado (por cerrado no quiero decir que hayan terminado el horario comercial, quiero decir que ya lo han retirado de allí), el Cien Montaditos acaba de cerrar la cocina y los otros dos restaurantes se nos escapan de nuestro presupuesto. ¿Siete pavos por una ración de aritos de cebolla? ¿Estamos locos o qué?


"¡Pero qué dices, tronco! ¿Nos vas a cobrar lo mismo por unos aros de cebolla que por una puta pizza?"


Pensamos en ir al Burger King que hay a unos metros. Recién cerrado, literalmente: encontramos a los camareros en el aparcamiento, cogiendo los coches para largarse. Salimos del polígono, en busca de algún sitio donde estén las cocinas abiertas. Con la gilipollez, son las doce y pico. A ver quién es el guapo que cena algo.
En el coche, mi pareja me llama para preguntar qué coño ha pasado, ya que antes de que empezase la peli le escribí un angustioso mensaje de auxilio. Al contarle por encima toda la movida, estalla en una sonora carcajada, mientras Deivi y yo nos miramos, lamentándonos de la absurda miseria en que se ha convertido nuestra vida a lo largo de las últimas horas.
Qué bien se lo ha hecho al no poder venir.
No tiene ni idea de lo que se ha perdido.
—Esto ha sido una puta encerrona —gruñe Deivi, que asegura querer hacer tragar su entrada a mi señora.
Yo me digo a mí mismo que ella habrá pagado las entradas, pero el espectáculo que hemos presenciado no está pagado. No hay forma de compensar esto, ni en esta vida ni en ninguna otra.

Nos meneamos para mi barrio, hacia una zona de tapas y bocatas. No uno ni dos, sino tres son los sitios que encontramos ya cerrando, hasta que damos con una pizzería donde una simpática chica de acento rumano nos atiende y nos hace sentarnos. Nos planta la cena (bastante recomendable, por cierto) por apenas seis pavos por cabeza y, la verdad sea dicha, resulta ser lo mejor de una desastrosa noche. Qué menos que dejarle una propina a la moza.

Yo me recojo ya para mi casa, y dejo a Deivi en la avenida principal de mi barrio, a la espera de que por lo menos podamos descansar y nos quitemos el mal sabor de boca de la peli (no de la cena, claro). Por mi parte, lo logro, pero para el pobre Deivi las cosas no son tan fáciles: se ha topado por delante con un camión de la basura al que le toca seguir un rato... hasta el momentazo en que uno de los basureros se baja del camión y se pone a mear delante de sus narices.
Noches para el olvido.