domingo, 19 de junio de 2011

Escupiendo Rabia- ¡Emmanuel Goldstein existe!



Volvemos a nuestro rollo Orwelliano de siempre. Quejaos lo que os dé la gana, pero no me cansaré de decirlo. George Orwell, pese a no ser liteariamente tan elaborado como su predecesor, Evegny Zamiatin, posee un carácter mucho más profético de lo que nos gustaría reconocer. El año 1984 alternativo que vemos en la novela de dicho nombre, probablemente, plantea una sociedad que probablemente sea una de las mayores mierdas jamás vistas.
Y lo peor es que nos encaminamos día a día a esa mierda.

Hoy quiero hablaros de Emmanuel Goldstein. Un personaje que aparece flotante a lo largo de toda la historia, planteado como una especie de líder intelectual de una rebelión que, supuestamente, amenaza la vida distópica Orwelliana. Este señor, al que nadie ha visto en su puta vida, aparece en documentales donde expone un discurso sedicionista que la sociedad, en los llamados Cinco Minutos del Odio, se dedica a increpar a la pantalla en la que aparece, llegando a lanzarle incluso lo primero que echan a mano.

¿Ficción?

Me pregunto si habéis oído hablar de un fulano llamado Osama Bin Laden. Bin Laden se ha convertido en el principal exponente del Goldsteinismo de nuestra sociedad. Nadie le vio durante años, y todas las informaciones que nos llegaron sobre él era por medio de oportunos videos que nos llegaban por medio de Al-Jazeera, cada vez que la sociedad estadounidense parecía haberse olvidado (sólo un poco) del hostión del 11-S. Su paradero se convirtió en un misterio durante casi una década, hasta que de buenas a primeras, nos dicen que se lo han cargado. Un tiro en el melón, lo tiran al mar (¿En Afganistán?) y hala, familia, santas pascuas. A otra cosa, que tenemos mucho curro por delante imponiendo por cojones la democracia en el planeta. Un premio Nobel de la paz le da pasaporte a un terrorista y el personal sale a celebrarlo a las calles como si les hubieran regalado un bocata de jamón del bueno.


"¡Seguimos en paro! ¡Seguimos jodidos! ¡La mitad de nosotros está muerta de hambre! ¡Pero se han cargado a un tío del que no habíamos oído hablar hasta que reventaron las Torres Gemelas y nos dijeron que había sido él! Dios bendiga a Américaaaa!"


Y ahora es cuando diréis: "Hay que ver cómo son los americanos de brutos".
La paja en el ojo ajeno, como suelo decir.

¿Acaso os creéis que aquí somos distintos?
Pensadlo otra vez.
España, al igual que todo este planeta de asco, es tan distópico o más que nuestros colegas del otro lado del charco. En España, amiguitos distópicos, tenemos nuestros Goldsteins, sin necesidad de buscar una cabeza pensante detrás del 11-M (mayormente porque no hemos tenido huevos de encontrar muchas explicaciones a una salvajada que no tiene explicación), más allá de buscar cabezas de turco echándole la culpa a ETA (sin haberse probado la conexión, pues vale) o bien con la clásica Lucha de Titanes (Gobierno y Oposición, nuestro IngSoc particular) puteándose los unos a los otros, bien acusándose de incompetencia o de falta de apoyo, según que facción del Partido Único abra el buzón que tiene por boca.


"-¡La culpa es tuya!"
"-¡No, tuya!"
"-¡Que no, que es tuya!"
"-¡Tuya, tuya y tuya!"
"- ¡Tuya!"
-"¡HE DICHO QUE ES TUYAAAAA!"
"- ¡BUAAAAAAAA!"
"- ¡BUAAAAAAAA!"
(Y así termina otra gran sesión en el Congreso de los Diputados. Cinco horas poniéndose a caer de un burro y el país mangas por hombro, como siempre)


Pero no hace falta irnos a ejemplos tan extremos. La sociedad necesita siempre gente (o figuras) a las que odiar. Figuras en la sombra o seres con nombres y apellidos, pero el caso es echar el odio y la mala leche con gente que a lo mejor es menos responsable de las cosas de lo que nos creemos. O bien lo es, pero no es la raíz del problema.
Pensad en la movida de los controladores aéreos. Vale que no lo hicieron del todo bien, pero echad un vistazo a la que lió la prensa, siempre tan "objetiva". Aquello no se convirtió en información de una huelga no convocada. Ni siquiera de un incidente. Olvidaos de la palabra información.
La palabra es "lapidación".


Más pajotes en el ojo ajeno. Nos pasamos el día riéndonos de estos tíos, diciendo que si vulneran los derechos fundamentales del ser humano, que si tal, que si cual... y resulta que la única diferencia entre ellos y nosotros es que las piedras que usan ellos son físicas. Para todo lo demás, nosotros somos iguales o peores... porque ellos tal vez no tengan una Constitución; nosotros la tenemos todo el santo día en la boca (como la palabra esa, "democracia", que tanto usan y en el fondo no saben ni lo que es), pero luego nos la pasamos por el culo día sí y día también. Igual somos más civilizados... pero a hipócritas no nos gana nadie.

Se buscó un culpable sobre el que cargar las tintas y sobre el que proyectar la rabia ya caldeada por la crisis, y oye, mire usted que funcionó de putísima madre. Todos como borreguitos a cagarse en la santa madre de los controladores, se fueran de vacaciones o no. Gente que en su puta vida había pisado un aeropuerto ahora de buenas a primeras iba de defensor del currante con su derecho a vacaciones en el puto Cancún diciendo que eso no podía ser. Espantajos como Leo Messi (que no discuto que sea un buen jugador de fútbol, pero tenía que haberse metido la lengua en el culo cuando saltó la mierda esta) diciendo que era una vergüenza que los controladores cobrasen esa burrada. Un fulano que cobra mil veces más de lo que vosotros o yo veremos en la puta vida por pegarle patadas a un balón. Ese tenía derecho a criticar, tócate los huevos.



Para entendernos: es como si Hugh Hefner se pusiese a criticar a aquellos que se pasan el día de fiesta en fiesta rodeados de tías buenas...

Pero no os creáis que aquí se queda la cosa. La desinformación (que no la información) es poder. Toda facción parece tener hoy en día un referente en su enemigo tradicional, como si su propia razón de ser fuera tener un enemigo. Como si los propios arguementos de tal teoría o tal forma de pensar no tuviesen valor por sí mismos a menos que aparezcan opuestos a otros. Como si para que lo que dices tenga sentido necesitases un enemigo.
Hablas con un republicano, por ejemplo. Teoría política que, como sabéis, no comparto del todo, pero me parece tan respetable como cualquier otra, siempre y cuando esa "cualquier otra" no implique genocidios, violencia física o social o demás lindezas que no suelen elevar nuestro karma precisamente. Le dices: "Bueno, cuéntame qué tiene de bueno un sistema de República". Respuesta más o menos básica que se suele extrapolar: "Pues que la Monarquía es una mierda". Y tú pensando: "¿Y ya está? ¿Esto es todo lo que hay que decir de un sistema que (más o menos, con sus luces y sus sombras) viene funcionando desde Roma?" ¿Desde cuando se proclama una idea con el argumento de que al menos no es peor que otra? ¿Y por qué cojones cuando uno tiene una idea automáticamente tiene que cagarse en lo que hay anteriormente, absolutamente en todos sus aspectos? De este modo, vemos como se puede convertir a la Monarquía de un pais en un Emmanuel Goldstein, como sí una casa real fuese la culpable de todos y cada uno de los males de la sociedad. El puto Victor Von Muerte diciendo "Buajajajaja que malo soy" mientras el pueblo sufre.


"Soy tan inmensamente malo que me molo a mí mismo"


¿Os creéis un maniqueísmo tan grande? Porque yo no.

Pero el caso es que es así, no sólo en el tema de los grupos republicanos más beligerantes (ojalá esta tendencia fuese exclusiva de un grupo). Mirad cómo se lo montan los grupos ultracatólicos, que predican la paz, la tolerancia y el respeto y a la más mínima están llamando enfermos a los homosexuales. Mirad a los grupos de extrema izquierda, que predican una tolerancia stalinista. Es decir, que en el momento en que no estás de acuerdo hasta con la última puta cosa que proclaman, ya te acusan de fascista de modo gratuito. Joder, y tú criado en plena democracia, que lo más parecido a Franco que has visto en la vida es la jeta que salía en las antiguas monedas de duro (¿Os acordais?). Los ateos radicales, que en su derecho están de no creer en un Dios, van más allá y se ríen de los creyentes, mostrando tanta intolerancia o más que la misma Iglesia ha mostrado hacia los apóstatas durante años. Los frikis que te miran con asco porque Evangelion te parece la mierda más grande desde el doble álbum en directo de Bom Bom Chip. Los grupos de extrema derecha, que basan sus creencias en odiar a los que son diferentes en lo tocante a raza, credo o tendencia política/sexual. Los vegetarianos cafres que te llaman inmoral, u otros insultos peores, por comerte una loncha de salchichón (como si la Naturaleza que ellos mismos defienden a los cuatro costados no contemplase la dieta carnívora bajo ningún concepto. Partiendo de ese hecho, los leones, tiburones o los lobos son tan inmorales como nosotros, y contra esos no hay quejas)... y podría seguir, porque la lista es tan larga que podría pegarme hasta mañana.


Algo que tiene tanto sentido como amar a la Pantoja por el simple hecho de odiar a La Más Grande.


Supongo que las razones para este esperpento pueden ser muchas, pero para mí provienen de algunos focos muy diferenciados: el ego, el resentimiento y, por último, la mala leche.
El primer factor es simple: cuando nos creemos el ombligo del mundo, automáticamente pensamos que los demás, o bien están equivocados o que son malas personas. A veces incluso las dos cosas a la vez. Mi idea, como es mía y es la que me mola a mí, es la única que puede considerarse como válida; si los demás no están de acuerdo al 100% con todo cuanto digo, pueden ser (dependiendo de mi idea) unos rojos, unos fachas, unos antiespañoles, unos antidemócratas, unos sociatas, unos ignorantes, unos gilipollas y mil calificativos empleados única y exclusivamente para desprestigiar la idea contraria. En resumen, que el concepto fundamental de la dialéctica y el debate se van a tomar por el mismísimo culo. Somos Dioses que Caminamos entre Hombres y deleitamos a los fieles con Nuestra Sabiduría. Y más nos deleitamos si encima nos comen el nabo a cada una de nuestras palabras. Eso sí, no preguntéis si discrepan en alguna cosita. El Pensamiento, como decía Orwell, debe ser Único.


"He dicho. Y todo el mundo a callar"

Pasemos al factor del resentimiento. Aunque no lo parezca en un primer momento, es un factor muy muy importante a la hora de analizar el comportamiento de grupos radicales. Éste suele surgir en el momento en que una idea se impone durante un período de tiempo más o menos considerable. Como ya hemos visto en el factor anterior, ciertas ideas, tienden a acabar tirando hacia el Pensamiento Único, lo que hace que ciertas ideas contrarias se empiecen a cabrear (hasta aquí, comprensible). El problema quizás surge en el momento en que las ideas "aplastadas" tienen la oportunidad de hacer frente hacia las ideas "tiranas", en una especie de teoría del péndulo aplicado a las ideologías. Esas ideas insurgentes empiezan a radicalizarse y a definirse a sí mismas por oposición al régimen contrario, volviéndose cada vez más agresivas y empleando como justificación el haberse sentido oprimidas. El ejemplo más obvio podrían ser los radicales de izquierdas que aluden (como siempre) a la época de la dictadura donde su punto de vista era silenciado bajo pena de cárcel, en el mejor de los casos. Hoy en día tenemos a gente que no vivió jamás esa época, pero aluden a algún antepasado que lleva ya casi medio siglo criando malvas que sí estuvo en esa situación, como justificación para ponerse a la misma altura que los represores. Mostrando la misma falta de respeto hacia ideas que no son las suyas, y con la misma mala leche. Si queréis un ejemplo de esto último, pensad en quiénes son los que más tienen al Tío Paco en la boca. Y no, mucho me temo que no son los de extrema derecha...
Goldstein, Goldstein, Goldstein.


Saqueo en una tienda de cómics en Villanueva de los Matojos. Llevaban años quejándose del elevado precio del material de grapa, que era proporcionalmente mucho más caro que los recopilatorios. Eso, argumentan, fue excusa más que suficiente para torturar durante horas al dueño de la tienda hasta matarle y pasarse por la piedra a la hija de éste allí mismo por turnos.

Hablando de mala leche, aquí tenemos el tercer factor. Este es un elemento que suele combinarse bastante bien con cualquiera de los dos anteriores. En el momento que se tiene una idea (tesis) o que surge una idea contraria (antítesis), en lugar de aparecer lo que debería ser lógico, que es la resultante entre ambas líneas, dando lugar a algo nuevo (síntesis), surge la mala leche como elemento agravante en la discordia. La mala leche se traduce como el odio cerval a cualquier bicho viviente que se salga del encuadramiento mental al que el personaje o personajillo de a pie anda acostumbrado. En resumen, es el concepto de ver a los demás como "los otros que no son yo" o, más comúnmente, como "el enemigo".

Si bien los conceptos de tesis y antítesis son viejos como el mundo (echadle un vistazo a cualquier manual básico de filosofía o arte y lo veréis), el asunto de radicalizar las cosas hasta el punto de la irreconciliable crispación está cobrando especial auge en los últimos años. No sé si en otra parte sucederá igual, pero en este puto país somos los amos a la hora de tocarnos los cojones mutuamente. De sacarlo absolutamente todo de quicio, de usar la mierda más irrelevante e insignificante como baluarte de una guerra sin cuartel (véanse los acontecimentos revolucionarios de los últimos días en el Parlament de Cataluña y el payaso ese diciendo que qué curioso, que los que les han increpado en la puerta hablaban todos español y que por eso él iba a hablar en catalán).


¡Balones fueraaaa!

Somos los putos Lilliput y Blefuscu, que somos capaces de matarnos entre nosotros por la manera más oportuna de comerse un huevo pasado por agua (no os creáis: hace setenta años nos matábamos por el color del uniforme, más allá de ideologías y mierdas. O si no, investigad y descubrid cuántos soldados se alistaban REALMENTE de modo voluntario en algún frente de la Guerra, y comparadlo con el número de soldados reclutados por cojones en ambos frentes. Así veréis lo gilipollas y absurda que es una guerra). Y lo peor es que muchos tontos del culo parecen morirse de ganas por que les den el fusil y puedan ponerse a pegar tiros contra lo que ellos mismos llamarían "los malos". Como si quitar una vida fuese una cosa de risa. Como si hacer daño al prójimo estuviese plenamente justificado simplemente porque uno piensa de una manera concreta. Carta blanca ideológica.
¿De verdad pensais así?


"Oye, Jackson, ¿tú tienes idea de por qué estamos aquí realmente?"
"Pues creo que teníamos que hacer no sé qué en un pueblecito que está al norte... o al este..."
"¿Hacer no sé qué?"
"Sí, ya sabes. Cosas de estas. Con armas. Uniformes. Disparos"
"¿Y a quién tenemos que disparar? ¿Qué estamos defendiendo?"
"Eh... mira, no le des más vueltas. Nos han mandado aquí. Ahora posa para la puta foto, que haremos historia... y además el sargento nos está mirando mosqueado"

Además, en una era de desinformación (me niego a llamarla información) como esta en la que vivimos las mentiras son capaces de expandirse como la pólvora, lo que hace que la indignación y la mala leche aumenten a pasos de gigante. Veo fotos de las mantas de hostias en Plaza Cataluña durante las jornadas revolucionarias del 15-M y me echo las manos a la cabeza al ver a los antidisturbios apaleando a un señor que dormía en un banco. Pues no fue así: veo la misma foto desde otro ángulo y el señor del banco efectivamente, estaba ahí... pero el cambio de perspectiva nos dice qué estaban haciendo exactamente los polis (básicamente, enfrentarse a una multitud cabreada al otro lado de una balaustrada). Pero la gente se lo tragó sin hacerse preguntas. La gente se cabreó, se acordaron de las madres de esos hombres. Que sí, que puede que tuviesen razón, pero en ningún momento se cuestionaron si las fotos eran reales, si estaban manipuladas con Photoshop o siquiera si eran de ESA manifestación. Nadie se cuestionó nada. Ya lo dieron todo por hecho.


La famosa foto desde el ángulo malo, donde parece que los antidisturbios son unos monstruos horribles sin corazón, que apalean a un pobre señor que sobaba tranquilamente en mitad del follón.


La misma toma, un momento después, desde otro ángulo. Como se ve, el objetivo de los antidisturbios no es el señor que soba en el banco, sino que éstos están más pendientes a la masa enfurecida que está detrás de la balaustrada. ¿Os seguís creyendo ahora todo cuanto veis o todo cuanto os dicen?

Por eso, cuando la gente se cagó en los muertos de los supuestos policías infiltrados en las últimas manifestaciones que se hacían pasar por manifestantes radicales, llegué al proverbial punto muerto: yo ya no sabía qué creerme. No quería ni pensarlo. Bien podía ser que sí, que efectivamente fuesen polis los que montaron aquel descalabro. Bien podían ser radicales (que los hay, en todas partes) con pinganillo, urdiendo una estratagema de desinformación. Incluso Emmanuel Goldstein podría estar detrás de todo esto, quién sabe. El caso es que, si os habéis fijado, no me he pronunciado al respecto de la autoría de esos hechos, porque no lo sé. Porque aquí nadie me ha demostrado nada, ni lo uno ni lo otro. Aquí lo único que tengo son informaciones fragmentadas, donde unos se echan la culpa a otros y ambos esperan que comulgue con el credo y que acepte las cosas sin reservas, sin cuestionarme nada. Que agache la cabeza y les diga "pues es verdad, chavales, qué razón tenéis y qué malos malísimos son los otros". Y si ya nos vamos conociendo de algo, queridos Distópicos, es que sabéis que yo no puedo hacer eso. Por eso a muchos este post les puede inflamar un poco las úlceras estomacales, o directamente provocar una racha de ataques dialécticos de muy diversa índole, pero ya sabéis que me importa un carajo. Ya sabéis que no encajo del todo bien en este mundo porque no lo entiendo. Y de sobra sabéis que no puedo aceptar a pie juntillas algo que no termino de comprender.


¿O preferís ver el mundo en términos como "buenos" y "malos? De ser así, ¿cómo sabeis entonces que es lo que a vosotros os distingue como buenos, si ni siquiera sois capaces de entender o respetar lo que piensa gente que no es como vosotros?

Lo que sí está claro es que a cada día que pasa, veo que todo el mundo parece querer vivir en guerra. Todo el mundo busca un Emmanuel Goldstein al que culpar de sus problemas. Alguien sobre el que descargar su mala leche, su frustración o su odio, como si eso fuese motivo suficiente para dar sentido a sus vidas (como si identificar la causa del mal automáticamente la neutralizase). Siempre con una excusa para estar encabronado. Siempre con un motivo para justificar sus medios, por despiadados o intolerantes que sean. Siempre mirando por encima del hombro a los que son o piensan diferente... o bien con ojos de sospecha, buscando enemigos por todas partes. A la que salta.
Una puta caza de brujas.
Y lo que os digo siempre ante estas cosas: si queréis ir en ese plan y acabar partiéndoos la cara con alguien por unas ideas que os han metido en la cabeza, por mí adelante. Pero conmigo ni se os ocurra contar, porque ya estoy harto de que unos y otros intenten manipularme. De que me vendan ideales de utopía superchachi y de que me digan que tal o cual cosa es luchar por la libertad, la igualdad, la justicia, la democracia, el modo de vida chupiguai, los sandwiches de Nocilla o los tebeos más baratos. Yo ya estoy empezando a cansarme del rollito pelota de pinball.

Bueno, esta chica se ve que no está tan harta y lo acepta con bastante buen humor...


Y desde luego, si algún día de éstos os acaban reventando la boca (porque todos acabamos dando, tarde o temprano con alguien más fuerte, más rápido o mejor armado que nosotros), no vengáis luego a llorar o a quejaros. Vosotros siempre tuvísteis la opción de elegir lo que hacer con vuestras vidas y con vuestras ideas. Si queréis llevarlas hasta las últimas y más descabelladas consecuencias, debéis estar dispuestos a sangrar por ellas. Debéis ser conscientes de que, en algún momento, llegaréis al punto de no retorno. Si lo asumís, entonces podrá decirse que habéis aceptado lo que habéis buscado, con todo lo que ello conlleva. Si no, habréis estado perdiendo el tiempo. Por eso es una elección que debe meditarse fría y seriamente.

Por eso, queridos distópicos, jamás entenderé el fanatismo o el radicalismo visceral. Va en contra de todo lo que debería ser la mente humana.
Esperad un momento.
Me parece que me he equivocado.
Tal vez la mente humana no sea así realmente...
Al fin y al cabo, ahora que me fijo, llevamos años viviendo en nuestra especial Semana del Odio.


miércoles, 15 de junio de 2011

Mesa de Autopsias: La serie Saw, o No Sólo Gore



A lo largo de estos últimos días tuve la oportunidad de hacer algo que, debido a cuestiones de tiempo, o bien cuestiones ajenas a mi voluntad (véase el fulano aquel que me robó todas mis películas un día que aprovechaba para dar un paseíto por la playa), me había sido imposible hasta ahora: ver todas las películas de la serie Saw hasta la fecha (es decir, siete) de un tirón. Necesité un Sábado por la tarde íntegro y luego un par de días más salpicados para rematar la faena.

Pero bueno, lo he conseguido y gracias a eso, me dispongo a hacer una autopsia de lo que me ha parecido la serie en sí, ahora que he podido verla más o menos en conjunto (eso si los guionistas/directores/productores no se sacan una octava de la manga, claro...)



Empezamos por Saw. Concebida como una película más o menos independiente y con un presupuesto no excesivamente elevado, se planteaba como una película de asesinos en serie más. ¿Seguro? Pues no. Aquí el aliciente se encontraba en el hecho de que el asesino no mataba directamente a sus víctimas, sino que las obligaba a matarse entre sí mientras él las observaba. Para ello, vemos, tiene la costumbre de estar una temporada siguiendo a sus objetivos para estudiar su rutina de vida: a dónde van, en qué momentos se quedan solos, etcétera. Cuando llega el momento, el asesino llamado "puzzle" ("Jigsaw" en inglés, de donde deriva el título de la serie) se embute en una cazadora de rapero con capucha y todo, se coloca una máscara de cerdo y pilla desprevenido al pobre desgraciado al que le ha tocado participar en el juego. De un modo muy similar a como haría nuestro querido Dexter Morgan, les inyecta un sedante y los lleva a algún sito apartado, lo que haría pensar al espectador en una mezcla entre Seven (por lo del asesino en serie empleando métodos como poco "exóticos") y  Cube (en lo tocante a que las víctimas se despiertan en un sitio, a menudo rodeada de desconocidos, sin recordar gran cosa de las últimas horas)
Esta primera parte es la más tranquila de todas y en ningún caso puede considerarse "gore" en el estricto sentido de la palabra (salvando una escena en la que a una yonqui le toca buscar unas llaves) y, si uno se mete a verla pensando en que se va a encontrar la típica película de asesinos en serie de final predecible, más vale que se vaya preparando. El final posee un giro de guión tan sorprendente (pero coherente, no como las bazofias Shayamalanicas) que nos deja claro que los espectadores hemos sido víctimas también del juego.



Pasamos a Saw II. Conectada directamente con la primera parte, empezamos a tener una noción algo más clara del equipo de policía que va detrás de Puzzle. En esta continuación, vemos cómo los crímenes aumentan en brutalidad... y en número: si bien en la película anterior veíamos una o dos víctimas por escena, aquí tenemos una especie de Gran Hermano de la Muerte, donde la supervivencia se convierte en un factor que cobra (incluso) más protagonismo. Las tramas empiezan a complicarse y vemos una constante que se repetirá hasta el último capítulo de la serie: los personajes "rescatados". No penséis que las torturas en la serie Saw son totalmente gratuitas; no será la primera vez que veais a algún superviviente reaparecer en algún episodio posterior, y cuyo papel será (si no determinante) de considerable importancia. En este caso, la principal "rescatada" será Amanda, la chica yonqui de la que hablé antes.
Otro detalle es el hecho de que Puzzle juega a engañar al espectador. No haré spoiler, pero deberéis tener muy muy en cuenta de que no todo lo que vais a ver, pese a ser cierto, es del todo cierto. Entenderéis lo que digo cuando lleguéis al giro argumental (tan sorprendente o más que el de la primera parte) del final de la película. Aquí el gore aumenta bastante más, y se pone más de manifiesto la naturaleza salvaje del ser humano por sobrevivir (en la anterior película todavía se veía un factor de colaboración, que aquí se diluye bastante)



Saw III está íntimamente conectada con su secuela posterior, por lo que al espectador que va siguiendo la serie en un principio la trama le puede resultar un poco inconexa; los asesinatos de Puzzle continúan, pero encontramos un detalle curioso: ya no parecen un juego...
Salvando esto (que al espectador poco avispado igual no le dice gran cosa, si no ha prestado atención a la dinámica de las partes anteriores), vemos que la trama se centra en el secuestro de una doctora y (paralelamente) de un señor que perdió a su hijo por culpa de un conductor borracho. Esta continuación viene a hablar un poco de lo que sería el vivir consumido por la ansia ciega de venganza y hasta dónde es capaz de llegar una persona por consumarla. También continúa (aunque en un plano bastante secundario) toda la subtrama referente a la unidad de Policía encargada de investigar el caso Puzzle. Nuevamente, el final tiene un giro bastante inesperado (quizás no tan espectacular como los anteriores, pero aun así, nos indica que la serie se renueva en cuanto a argumento en cada película). Mi consejo para el espectador: MUY ATENTOS a lo que dicen los personajes (no digo ni qué ni quién para no hacer spoiler).



Saw IV es, argumentalmente, la parte más compleja de toda la serie. Si se ve sin prestar mucha atención, puede dar la impresión de incoherencia o de falta de conexión entre los acontecimientos. Si os fijáis bien, esta película es un flashback que tiene su comienzo una vez transcurridos los primeros cinco minutos de película (si habéis sobrevivido a la cruda escena inicial, una de las más fuertes de toda la saga). Dentro de ese flashback, se hacen referencia a escenas anteriores (o sea, flashbacks dentro de flashbacks) y además, nos va a contar acontecimientos paralelos a lo sucedido en Saw III.
En esta parte regresamos a la subtrama de la unidad policial, centrándonos en el último del grupo original que queda en pie. Se van sumando otros personajes, como el agente especial Stratham, y otros que aparecían casi de pasada en entregas anteriores (como el detective Hoffman) empiezan a cobrar más protagonismo. También aparecerá algún "rescatado" de alguna película anterior; las escenas de "flash flashback" nos aclararán de dónde sale dicho personaje y por qué está ahí. No digo más.



Llegamos a Saw V. Comienza inmediatamente a continuación de lo visto en la película anterior, y descubrimos qué ha pasado con algún personaje que se nos había quedado perdido por alguna parte. La investigación sobre los asesinatos de Puzzle continúa, al tiempo que un nuevo juego tiene lugar. Esta vez éste se asemeja al de Saw II, donde tendremos a un grupo de personas desconocidas entre sí (¿Del todo? Eso ya se verá) que se ven obligadas a elegir entre luchar entre sí o colaborar para sobrevivir.
Otro punto de interés de esta entrega es el hecho de que empezamos a conocer un poco mejor el pasado de Puzzle, lo que nos hace darnos cuenta de que sabíamos mucho menos de lo que pensábamos. En las secuencias de flashback veremos algunos de sus primeros crímenes y qué les llevó a cometerlos. Al final, nosotros tendremos la elección: podremos estar de parte de lo que hace Puzzle o no. Pero lo que sí es cierto es que lo entenderemos. Un personaje, ya aparecido brevemente en Saw III, Jill Tuck, entrará en escena: la que solía ser mujer de Puzzle.
Saw V viene a ser una especie de juego del gato y el ratón entre dos fuerzas claramente opuestas. Al mismo tiempo, nos mostrará una especie de "Tras las escenas" de algunas entregas anteriores de la serie, de modo que aquí vemos con mayor claridad cómo todo está conectado entre sí y que las cosas no están colocadas al azar. El final de esta parte quizás es el menos sorprendente de toda la serie, ya que contamos con los datos de lo que ha venido sucediendo a lo largo de las demás películas y la escena final viene a ser una especie de resolución de dicho conflicto, sin más aspavientos.



Saw VI pasará a la historia por haber sufrido la censura de un gobierno español supuestamente democrático, que decidió pasar esta película única y exclusivamente en salas X (las cuales por cierto, ya no existen en la mayor parte del territorio nacional) sólo en base a la escena inicial. Esta no es ni mucho menos la más desagradable de las entregas de la serie en conjunto (personalmente pienso que las partes tercera y cuarta, en general, son bastante más fuertes), aunque hay que reconocer que la escena de automutilación que tiene lugar al comienzo no es en absoluto recomendable para estómagos sensibles. Pero nuevamente, se emplea la demagogia para llevar a cabo una censura que NO se ha aplicado ni en Europa ni en Estados Unidos, con el ridículo pretexto de "es un mal ejemplo para nuestros niños", como si la calificación por edades estuviese puesta por adorno, o como si los padres de las criaturas no tuviesen responsabilidad sobre sus hijos.
Críticas aparte, esta película comienza como las últimas entregas, continuando exactamente por el punto donde se dejó la anterior. Ahora que tenemos los datos, como espectadores nos queda seguir la trama para ver hacia dónde se encamina. Después de todo lo que ha pasado a lo largo de cinco entregas, nos resulta bastante incierto sacar una predicción fiable.
Ahora la trama parece tener que ver con un despiadado agente de seguros que, como no cabría esperar menos, desaparece para formar parte del juego enfermizo de Puzzle. Con él encontraremos a sus subalternos, que nos demostrarán cómo funciona la naturaleza humana a la hora de la supervivencia. Nihilistas y misántropos, esta es vuestra escena.
Al mismo tiempo, cobra fuerza el personaje de Pamela Jenkins, una ambiciosa reportera que parece más interesada en hacer caja con los asesinatos de Puzzle que por informar verazmente acerca de sus crímenes. Jill, la ex del propio Puzzle, continúa como un personaje cuya presencia todavía nos seguirá haciéndonos preguntar qué pinta en todo el embolado. Más cuando aparece en la lectura de testamento de su ex-marido y éste le dona una misteriosa caja, de cuyo contenido no tendremos ni la menor idea...de momento.
Se irán rellenando flashbacks vistos en otros episodios de la serie con hechos y detalles que tienden a completar y dar sentido a todo lo visto. Aquí, por ejemplo, se verá con mayor lógica la dependencia de ciertas personas hacia Puzzle y por qué. Lo forzado que podía resultar este hecho en películas como Saw II o Saw III ya queda aclarado de un modo más o menos creíble.
Aquí el final viene a ser un cruce entre el giro argumental sorpresa de las primeras partes y el clímax de la película anterior. Si nos deja sensación de algo es de que todo debería resolverse ya en la siguiente entrega.



Saw VII (también conocida como Saw 3D) posee un componente crítico que hace ganar puntos a una serie que, a estas alturas, debería haber perdido fuelle por los cuatro costados. Si en Saw V se cuestionaba la "maldad" de las torturas de Puzzle, aquí damos un paso más y nos cuestionamos si los malos podemos ser los demás: la prueba se ve en la primera escena que, para romper con la tónica habitual, se produce en un lugar público. Magistral el hecho de que la tortura de Puzzle tiene lugar ante la mirada de decenas de personas que lo están grabando todo con un móvil antes de pedir ayuda. También se ve con total claridad el hecho de cómo existe gente que se aprovecha de las tragedias más espeluznantes para ganar dinero a costa de las víctimas. Cómo el deseo de fama y notoriedad mediática convierte a las supuestas víctimas en parásitos, rodeados a su vez de otros parásitos que están ahí, repartiéndose el pastel.
De un modo lógico, también se hace mucho hincapié en los diferentes puntos de vista entre los supervivientes de las torturas de Puzzle a lo largo de películas anteriores. A la mayoría los vamos a conocer, pero también hay sorpresas en este punto...
El juego, sin embargo, continúa. La guerra secreta que llevamos viendo desde Saw V puede haber cambiado a algún jugador, pero llega a un nuevo nivel, donde sus contendientes se verán obligados a hacer ciertos sacrificios personales para sobrevivir. Pactos y desenmascaramientos tendrán lugar mientras un mediático escritor se ve inmerso en las torturas de Puzzle, de un modo muy similar al que vimos en Saw III, Saw IV o en Saw VI.
Quizás lo más interesante de toda esta película es su final, que recupera el giro sorpresa de las primeras entregas, devolviéndonos a hechos vistos muy, muy atrás. Aquí los guionistas (como se ha ido viendo a lo largo de más de media serie) nos demuestran que prácticamente nada es casual ni aleatorio. Que todo está conectado y que cada detalle (aparentemente nimio e insignificante) cuenta. Al mismo tiempo, es un final ligeramente abierto: podría haber una octava parte, pero tal y como concluye ésta, no tenemos en ningún momento la sensación de que queden flecos o cosas sin aclarar.


Valoración: Como veis, he obviado dar detalles sobre las escenas gore o sobre acontecimientos especialmente desagradables; esto tampoco es casual: he querido dejar claro que esta serie, pese a ser sangrienta y desagradable como ella sola (si las veis en el cine y no os las tomáis demasiado a cachondeo os pueden poner el estómago de punta), no es ni mucho menos lo que ha criticado mucha gente, argumentando que es violencia por violencia o casquería barata. Puedo llegar a entender que ver cafradas como las que salen en esta serie no sea de gusto de todo el mundo y lo respeto. Lo que no llego a entender es el juicio de valor acerca de la falta de argumento por parte de gente que no ha llegado a ver ni una sola de sus entregas, o las ha visto simplemente a trozos (ya habéis visto que la trama es muy compleja, de manera que uno no entiende gran cosa si no lo ve todo en conjunto).

Al mismo tiempo que respeto a la gente que no le gusta ver sangre, tripas, muerte y dolor de mil maneras diferentes, me resulta INCONCEBIBLE que esa misma gente que merece (o debería merecer) respeto, sean incapaces de respetar algo que está a todas luces bien hecho. Gente o gentuza que se permite ejercer un juicio de valor cuasi-divino y habla de malos ejemplos sobre la gente como si prohibir a los demás su derecho de libre elección no fuese un mal ejemplo.
O tal vez es la hipocresía, como apuntaba una amiga, de negarse a reconocer que el ser humano puede ser un ser oscuro y malvado (véase el hecho de que historias como An American Crime o La Chica de al Lado están basadas en hechos REALES, lo que las hace más escalofriantes pese a no haber ni una gota de sangre en comparación) y la subsiguiente tendencia a censurar, mirar para otro lado y negar la existencia de  la maldad como parte de la naturaleza humana. La serie Saw, en ese aspecto, resulta tan exagerada y sus torturas tan inverosímiles, que esa maldad queda por completo eclipsada e impide que nos podamos tomar la muerte de los pobres diablos que se someten a esos juegos del todo en serio.


El verdadero demonio humano no es un tipo que se pone una máscara de cerdo y te secuestra para que te cortes los dedos antes de que te caiga una plancha con pinchos en la cabeza. No, el demonio humano no es tan complicado, sino que es terriblemente simple... y mucho más malvado. Es el que encierra a sus propias hijas en un sótano y las convierte en esclavas sexuales. El que apalea a su mujer y a sus hijos porque ha tenido un mal día. El que raja el cuello a sus hijos mientras se lo cuenta a su mujer por teléfono. El que manda a alguien a cuidados intensivos porque vota a un partido distinto, sigue a un equipo de fútbol que no es el suyo, el que viene de otro país, o el que le ha mirado mal.

Si alguien es capaz de cometer censura sobre hechos que son FICCIÓN, pero que al mismo tiempo es capaz de tragarse las consecuencias REALES de un acto terrorista a todo color o de la última violación REAL en un pueblo de nuestro amado país mientras está comiendo, yo me pregunto: ¿Dónde empieza el mal ejemplo y dónde acaba el límite de lo que se puede mostrar en una televisión? ¿Por qué parece que tenemos derecho a elegir unas cosas (como nuestros políticos, en apariencia) pero otras nos son impuestas o directamente prohibidas?


La serie Saw no se limita a la casquería fina, aunque ésta esté presente a lo largo de todas sus entregas. Si sabemos mirar hacia donde debemos mirar, podemos ver que, lejos de enseñarnos una filosofía de vida (para eso ya tenemos las pseudoreligiones freak de Matrix o Star Wars), lo que nos enseña es que a pesar de todo, se puede crear una estructura argumental compleja que no se contradice demasiado. Es muy difícil mantener la frescura a lo largo de más de media docena de películas o de sorprender al espectador, y sin embargo, sus guiones lo logran: siempre encontramos cosas en las que no habíamos reparado. Siempre hay algún cabo que creíamos suelto que aparece atado más adelante.

Otro punto interesante (y muy de agradecer) es el hecho de que es una de las pocas películas de terror actuales que no se ha sentido tentada de usar (y abusar) constantemente de los efectos digitales hasta para ir al baño. Si recordais la rosa digital de Daredevil (se ve que filmar una flor cayendo por un edificio debía ser harto difícil), entenderéis a lo que me refiero. En Saw las torturas son inverosímiles, pero no por ello da la impresión de estar viendo algo mal hecho. A veces llega un momento en que ciertos juegos son tan descabellados que pueden causar la risa en los estómagos más fuertes, en plan "pero macho, ¿a quién se le ha ocurrido semejante chorrada para matar a alguien?", pero por disparatados que resulten, en ningún caso nos van a parecer cutres. Eso hace ganar muchos más puntos a una serie denostada por la mayor parte del público.

Para terminar, varias recomendaciones:
1) Haced lo posible por verlas todas seguidas, así no perderéis detalle.
2) No os toméis demasiado en serio las torturas. La mayoría son imposibles de creérselas (además, el aspecto cacharrero de los aparatos a mí me recordaban a los inventos que montaba mi abuelo en vida para entretenerse, a partir de trastos viejos, desde baúles de casi 40 kilos hasta quemadores de gas, pasando por peceras artesanales. No es coña)
3) Muy atentos a los diálogos.
4) Quedaos con las caras de los torturados (o al menos con aquellas de los que no mueren, claro), porque puede que los veáis más adelante.
5) Los flashbacks a menudo van a tener una iluminación distinta. Eso evita despistes.

Y ya esta. ¡Que el juego comience!

jueves, 9 de junio de 2011

Escupiendo Rabia- Mein sphincter ist für dich, part zwei




En serio, no sé qué es lo que nos pasa como nación., pero así está claro que no vamos a ninguna parte.

Después de la movida con los ingenieros (ver la primera parte de este post, publicada anteriormente en Rumbo a la Distopía aquí http://rumboaladistopia.blogspot.com/2011/02/fuga-de-cerebros-o-mein-sfincter-ist.html), aquí la Señora sigue tocándonos los cojones cosa mala. No sé, parece que está de moda eso de putear a los españoles, o que aquí la Suprema Canciller le tenga una tirria especial a los países más jodidos por la crisis, o qué sé yo. Pero a mí me tiene harto. Y fijaos, que me habré pasado cantidad de posts puteando a mi propio país... pero que venga una tía del quinto coño a ponernos a caldo, como si fuésemos niños pequeños, me repatea. Como si ella fuese doña perfecta. Como si su país no tuviese fallo alguno en nada. Como si nosotros no fuésemos personas, sino que fuesemos una panda de gusanos que le debemos un favor a la señora por respirar el mismo aire que ella.



¡¡¡Gracias por dejarnos existir!!!

Resulta que la muy hija de la grandísima puta (porque no tiene otro nombre; en Alemania la señora será la polla en verso. Aquí es una desgraciada que parece disfrutar jodiéndonos cada vez que abre la boca) va y, sin informes previos, se pone a soltar que los españoles no trabajamos el número suficiente de horas, que a ver qué va a pasar. Ole su puto coño. Como es Dios, puede piar sin pruebas, que nadie le va a rendir cuentas ni decirle que se meta la lengua en el culo de una vez, que tanta mierda superior ya nos está cabreando. Lo más gracioso es que luego le ponen los informes por delante y resulta que España, fíjate tú, es de los países que echan más horas. Aquí viene lo gracioso: ¿se retracta la señora? ¿Reconoce haberse equivocado? Pues no. Dice que lo que pasa es que Alemania, en su Santa Superioridad Otorgada por los Dioses Teutónicos, es mucho más productiva: por tanto, según su Coño Todopoderoso, ahora tenemos que bajarnos los sueldos y echar más horas.

De puta madre, Ángela. Te has lucido. Un país que, junto con Portugal, Grecia, Irlanda y casi casi Italia, está tan jodido que nos falta el canto de un duro para ponernos a pedir limosna a la UE (o que nos rescaten económicamente, que significaría convertirnos más todavía en unos putos lacayos cogidos por las pelotas), resulta que tiene que bajarse los sueldos. Pues bien, ya que eres tan lista, a ver si me explicas cómo cojones vamos a vivir. No, en serio, dímelo, que a mí no me salen las cuentas. Porque aquí hay gente (y cada día más, ojalá fuese mentira) que es que no llega a final de mes. Que cada día se ve más y más gente buscando en los cubos de la basura para poder comer (no para comprar droga, como decíamos antes. Ahora es para cubrir necesidades básicas, para sacar familias enteras adelante). Que cada día más gente pierde su trabajo y no encuentra nada. Personas que no pueden pagar las hipotecas y se están teniendo que ir a vivir bajo un puente, literalmente. Y tú les quieres bajar los sueldos. Qué par de ovarios tienes, tía.


Nada, que no. Que cobráis demasiado.

Pero es que aquí no acaba el puteo, no señor.
Ahora como está de moda putear a los españoles (igual es que a la señora Merkel le pusieron sangría en mal estado la última vez que fue a tostarse las berzas a Mallorca), resulta que la señora no para hasta hundirnos en la puta miseria. Hablo, cómo no, de la crisis del pepino mutante.
Con respecto a este tema, he escuchado de todo. Mucha gente de mi propio país ha justificado la política germánica del "dispara primero, pregunta después", empleada para soltar la alarma en Alemania y cerrar el comercio de verduras con España. Eso no suele ser lo incorrecto en líneas generales. Se hizo con Inglaterra cuando la crisis de las Vacas Locas y con el asunto de la peste porcina. Y cosas similares se hicieron con la gripe aviar, salvando una diferencia. Una minúscula y (casi) imperceptible diferencia.

En esos casos, se sabía exactamente de dónde provenía la amenaza biológica. En todos esos casos, hubo informes que respaldaron los hechos y mediante los cuales se pudo obrar en consecuencia.

Pensemos en el caso de España y los pepinos mutantes. La alarma salta en el momento en que la gente empieza a ser intoxicada por una especie de bacteria bastante chunga, APARENTEMENTE, alojada en una partida de pepinos provenientes de España. Acto seguido, SINa tener pruebas concluyentes de la proveniencia de dicha bacteria (se sabía de dónde venía la verdura, pero no de dónde coño había salido la bacteria), se acusa al país de origen de los dichosos pepinos, conllevando así:

Histeria colectiva
Paranoia
Y, lo peor de todo, la destrucción ÍNTEGRA de una ingente cantidad de cosechas previa orden de los Altos Señores de Alemania.

¿En qué se traduce esto? En el cierre de varias cooperativas. Cosechas enteras de alimento destruidas. Una pérdida de dinero BRUTAL en un país que ya estaba castigado por una crisis de tres pares de narices, y que podía ver el campo como una posible medida para paliarla (prueba de ello es el hecho de que muchos españoles están volviendo al campo, cosa que hasta hace unos años quedaba relegado a la mano de obra inmigrante árabe o sudamericana). Pues nada, esa medida a tomar por culo momentáneamente porque aquí a la señora se le ha puesto en el potorro echar mierda sobre España.


Toneladas de mierda.


¿Justificado? Por los cojones. Pensad que hoy en día vivimos una época bastante incierta en lo tocante a armas biológicas. En que la guerra tal y como la hemos conocido hasta ahora es un concepto que está cambiando, pasando del campo de batalla tradicional y las invasiones a las células terroristas y los ataques con armas biológicas, químicas y nucleares. Supongamos por un momento que el Frente de Liberación de Chorrilandia decide luchar por su independencia de Cipotistán y lo hace por medio de un acto de protesta, envenenando a media Europa. Espolvorean el primer camión que se les pone por delante en las carreteras europeas con una bacteria mutante con mala leche que convierte a la gente en fans de Bustamante. Y pensad que el país afectado, en este caso Alemania, en vez de buscar la verdadera raíz del problema, se dedica a montar un boycott encubierto en modo castigo a quien menos se lo merece. Injusto, ¿verdad? Pues ahí lo tenéis. Ahora, quien quiera que me lo justifique, pero que no me venga con polladas del tipo "es que los alemanes estaban en su derecho porque son más guais". No. Para argumentar una afrenta semejante al comercio internacional, hacen falta ARGUMENTOS en condiciones. Nada de echar mierda a España, por favor, que seremos más pobres, pero no subnormales.


Y más mierda, más...


Y claro, ahora viene el tema del vacile. El asunto de "tranquilos, chavales, que esto os lo pagamos"; la clásica mierda de superioridad que tenemos que comernos día sí y día también por parte de media Europa. De que encima parezca que nos están haciendo un favor. Que nos van a dar el dinero para que no nos quejemos, no porque merezcamos ser compensados por una afrenta económica tan grande. Pues no, señores. Ni favor ni putas pollas. Si los afrentados hubiesen sido los alemanes en vez de nosotros, seguramente España se estaría comiendo el marrón del siglo por haber cometido semejante insulto al haber hablado antes de tiempo. Pero no, resulta que como aquí los que han metido la pata son nuestros amos, parece ser que tenemos que transigir con las limosnas de mierda que pretenden darnos. Y nuestro gobierno tan contento.

Tengo hasta que reírme, porque de unos años para acá parece que España se ha convertido en el equivalente internacional de la hermana aquella que tenía Borat. Sí, esa que era la prostituta número 2 de todo Kazajstan. Nosotros somos similares: expertos en meternos (metafóricamente hablando) los miembros viriles de los poderosos hasta la garganta hasta quedarnos azules de asfixia, simplemente por dar placer a nuestros amos. Ya lo vimos con la guerra de Irak y la famosa conferencia de las Azores, donde parecíamos el primo tonto que quería salir en la fotito. Más de media España veía claro que comerle el nabo al borracho yanki aquel no nos iba a aportar nada bueno, pero aquí nuestro Honorable Líder, que se le puso en los cojones que teníamos que ir a la guerra. Se fue a la guerra por sus huevos y al final las cosas quedaron como siempre: seguimos siendo los primos tontos.



Ahora no os creáis que es diferente, ni mucho menos: hemos pasado de lamerle la chorra a un borracho de mierda que no sabía dónde cojones estaba nuestro puto país a comerle el chochete a una señora que sólo sabe hablar de España para cagarse en ella o para hundirla todavía más de lo que ya está.

Y que sí. Que Alemania hace las cosas mejor que España en líneas generales. Que nosotros tenemos un índice de corrupción de padre y señor mío. Que tenemos unos problemas internos de la puta hostia. Que nos va mal. Que el paro aumenta. Todo eso soy el primero en decirlo (leed otros posts y tendréis la prueba palpable). Pero la pregunta que tengo yo es: ¿Es que eso le da derecho a la cabrona esta a seguir jodiéndonos? ¿Es que acaso somos los únicos que hacemos las cosas mal?
Porque en corrupción tendremos unas cotas elevadas, pero echad un vistazo a Italia. La gente está hasta los cojones de Berlusconi, pero el puto viejo verde ese sale SIEMPRE elegido en sus elecciones. El muy cabronazo tiene comprado el 90% de los medios de comunicación escrita y audiovisual, y maneja Italia (o la parte que no está controlada por el crimen organizado) como su puto cortijo. Y si hablamos de países que abusan del turismo o donde la picaresca está presente constantemente... ¿Cuántos de vosotros habéis ido a Italia y os han dicho que las carteras os las escondáis? En España también pasa... pero entonces, ¿por qué parece entonces que los malos somos nosotros?



Hablemos del paro. ¿Os creéis que España es la única que tiene tasas de paro de la hostia? Eso es porque no habéis visto Grecia. Ni Inglaterra. Ni Irlanda. Ni Portugal. Está media Europa hecha unos zorros, salvando Alemania, los países Nórdicos, Suiza y poco más. Pero parece que España es la única. Y me tengo que reir, porque resulta que hasta no hace demasiado, la mitad de Europa del Este, Marruecos y Sudamérica, venía aquí en busca de trabajo. Joder, estos pobres inmigrantes, qué mala puntería tienen, ¿no?

La gran pregunta es: ¿Qué pasa entonces? ¿Por qué hay algunos que se han salvado de la quema y otros que no? Lo más fácil sería pensar que es porque los nórdicos y los alemanes son unos máquinas que lo hacen todo tan bien que jamás podrán tener problemas económicos. Que son gente tan meticulosa, metódica y perfecta que una crisis no les va a afectar en la vida.

Yo estoy harto ya de que me choteen. Quiero ser perfecto y que todo cuanto diga o haga esté perfectamente justificado por la inmensa mayoría de la humanidad, así pinte al óleo o me dedique a afeitar cabras. Ser perfecto es un chollo. Hace que nuestra vida sea más guai, que tengamos la autoestima más alta y que los demás nos adoren hagamos lo que hagamos...
Y una leche.
Los países nórdicos, al igual que Suiza, son unos máquinas en economía (aparte de por tener buenos gestores, que aquí no se niega) gracias a que en las últimas guerras mundiales se han mostrado neutrales. ¿Qué quiere decir eso? Que han podido negociar con unos y con otros, organizando un colchón económico mientras el resto del continente se va a pique. Luego, basta con mantener esas políticas a lo largo de los años (cosa no del todo difícil, considerando que son países con muy poca población, lo que se puede traducir en una calidad de servicios inmejorable, pese a los altos impuestos que se pagan). Una mentalidad de trabajo más o menos férrea, un sistema en condis y ahí lo tenéis.

En cuanto a Alemania, el gran ejemplo lo dieron después de la Segunda Guerra Mundial, con su política de trabajo intenso y todo eso. Curioso el hecho de que nadie menciona que gran parte de su reconstrucción y su auge a lo largo de los sesenta se produjo gracias a la mano de obra inmigrante (en gran parte española) que ayudó a levantar sus empresas hasta los niveles que venimos conociendo desde los años ochenta. A partir de ahí se hacen fuertes y tienen a toda Europa cogida por los huevos en el momento de la verdad: la conversión al euro.

Habladme de disciplina. Habladme de metodología de trabajo. Habladme de los putos dioses germánicos reencarnados si queréis. Alemania lo viene teniendo fácil de cojones desde que impuso la dichosa monedita europea y no tuvo que hacer ningún cambio monetario. En otras palabras, no tuvo que hacer frente a la inflación bestial que, junto con el boom de la burbuja inmobiliaria que tendría su origen en Estados Unidos, daría pie a esta crisis. Ahora es muy fácil criticar al resto de países, ¿verdad? Es muy fácil decir que el resto de Europa tiene que apretarse el cinturón, que vienen curvas. Es muy fácil decir que los demás somos unos mierdas, que no damos un palo al agua o que producimos menos. Es muy fácil llamarnos chorizos, mangantes, vagos y más cosas que me revientan (va a resultar ahora que somos el único puto país con corrupción de todo el planeta y los demás son naciones sin mancha concebidas que se sienten con la superioridad moral suficiente para decirnos cómo tenemos que vivir, no te jode).
Porque parece ser que el gobernante alemán medio ya no se acuerda de la cantidad de españoles que se partieron el lomo hace cuarenta años en sus fábricas. No, es más fácil acordarse de Manolo Escobar y Pajares y Esteso intentando zumbar con las guiris en las playas de Torremolinos. De eso sí se acuerdan. Cómo mola la Impresionante Memoria Superior de los Alemanes.

Y nosotros aquí, mientras, intentando olvidarnos de ellos...

Pero esto no es lo único que me hace reir. Me descojona bestialmente que los españoles transijamos con estas mierdas. Que veamos la puta Mallorca tomada por una panda de carcamales que vienen de un país que presume de educación y buenos modales y no tienen la decencia (ni las ganas) de aprender el idioma local, siendo residentes (aquí podría meter en el mismo saco a los ingleses en la Costa del Sol, que cojean del mismo pie, pero estamos hablando de los Supremos Líderes de la Unión Europea. De esos se podría hablar otro día). De ver cómo esos mismos desgraciados (no tienen otro nombre) van al médico y OBLIGAN al Estado Español a plantarle un intérprete, viviendo aquí desde hace más de veinte años (que no hablamos de un turista que echa un fin de semana aquí, oiga). De ver como, con toda su cara, EXIGEN en los hospitales tratamientos carísimos que sólo funcionan en Alemania, como si fueran los señoritos del cortijo.
¿Y qué hacemos los españoles? Pues como gilipollas que somos, entramos por todas. Cuando lo primero que tendríamos que hacer es deportar a esos cabrones nada más que por demostrar una falta de educación supina, nos abrimos el culo en canal para que nos la metan a gusto. Hasta les damos vaselina y cremita para que la pilila no les escueza. ¿Pero toserle a nuestros amos? Por favor, eso no va ya con nosotros.

Algo en este plan. Los lubricantes y las cremitas quedaron fuera de plano cuando se tomó esta foto.

Y es así como nos va, amigos distópicos. En Europa saben que somos los últimos monos. Que estamos sin un duro. Que a lo mejor no trabajamos de un modo tan "productivo" como dicen ellos, pero bien que se llevan nuestros trabajadores a currar a su país sin pensárselo dos veces (joder, si tan malos somos, ¿para qué coño nos quieren entonces?). Que las cosas les salen rana, la culpa es de los putos españoles, que son la peor escoria que ha parido madre. Que salen bien, es cosa de ellos, que son superiores. El caso, como ya se ha visto, es ponernos a parir. Jodernos. Hundirnos cada día más. Apañárselas para cortarnos las alas y hacer que sigamos pensando que les debemos un favor simplemente por dejarnos existir. Que creamos que tienen todo el derecho del mundo a mirarnos por encima del hombro simplemente porque les va mejor. Habrá quien lo justifique diciendo que es que el mundo globalizado es así, que así son las cosas y demás mierdas. Sí, también podemos decir entonces que todo vale si tienes poder. Si mañana los alemanes desembarcan en nuestras costas diciendo "Venimos a follar a vuestras mujeres", pues seguro que alguien vendrá diciendo que están en su derecho porque están al mando. Y si también dicen que a los niños hay que esclavizarlos y ponerlos a dar vueltas a una rueda de molino a golpe de látigo, pues también.
Tener poder implica también emplearlo con sabiduría. Ya hablé en otros posts que una monarquía se puede convertir en una tiranía si se corrompe. Alemania no es una monarquía, pero fijaos: está funcionando, desde el punto de vista económico, como el "rey" de Europa, en el sentido de que es la que marca las pautas de lo que se hace o de lo que no se hace. Eso, a grandes rasgos, es lo que hace un monarca. La cuestión está en si el monarca en sí es alguien sabio (los republicanos diréis que no, que un monarca JAMÁS es sabio, pero echad un vistazo a la historia de la humanidad y veréis que no todos han sido malos malísimos; nada más que por estadística, joder, alguno tiene que haberse comportado de una manera medianamente decente con su pueblo) o se corrompe y se convierte en un tirano que hace las cosas en base a sus caprichos. Teniendo en cuenta cómo se está ensañando Alemania con España últimamente, tengo mis motivos para pensar que la racionalidad típicamente germánica se la está pasando la señora Merkel por su Santa Raja para chotearse de nosotros y tratarnos con la punta del pie. En otras palabras, la actitud del señorito que desprecia a los que trabajan para el.


"Aquí se hace lo que me da a mí la real gana. Y a callar todo el mundo"

 
Ante eso, sólo tengo algo que decir: todos, absolutamente todos los Imperios, acaban cayendo. Macedonia, Roma, Genghis Khan, Napoleón. Todos acaban siendo destruidos, bien por si mismos, bien por aquellos a los que ellos mismos más desprecian, pues no existe un imperio que dure mil años ni unas fronteras que resistan eternamente. Recuerde, señora Merkel, que las torres altas son aquellas que hacen más ruido al caer. Y usted mira al resto del mundo como si viviera en la puta torre de Babel, ahí tocando el cielo y mirando a la escoria que tiene abajo. Pues, señora Merkel, ojo dónde pone el pie. Igual quien ríe el último ríe mejor...

sábado, 4 de junio de 2011

Mondo Chorra- Palabras en vía de extinción



Si no fallan mis conocimientos de lingüística básica (o muy básica, según se mire; lo mío siempre ha sido más la literatura, y muchos pueden atestiguaros que soy de todo menos un experto), se dice que el desuso de una palabra conlleva su extinción más inmediata. Esto es algo que dictamina el principio de la economía del lenguaje, que tiende a simplificarse a sí mismo, al mismo tiempo que elimina los "lastres" léxicos, evolucionando así constantemente y (en teoría, por supuesto) procurando tener la mayor cantidad de conceptos empleando lo mínimo posible de palabras, variando el uso de éstas básicamente por el contexto.
Por tanto, técnicamente hablando, cuando la población deja de usar una palabra, ésta empieza a entrar en una especie de "vía muerta" lingüística, quedando el conocimiento de su existencia relegado a los filólogos, lingüistas y demás seres raros que viven (o vivimos) entre libros. Esto es un hecho.

Pero a veces, da la impresión de que no sólo desaparece la palabra en sí y es sustituida por un término más moderno (lo que llamamos un neologismo). En ciertas ocasiones, resulta que lo que desaparece es el concepto que permanece subyacente. El significado real tras el término lingüístico.

Echad un vistazo a esta palabra, por favor:

Coherencia. (del lat. cohaerentia), f. Conexión, relación o unión de unas cosas con otras. 2. Actitud lógica y consecuente con una posición anterior. Lo hago por coherencia con mis principios. (Fragmento extraido del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española).

Es entonces cuando me pregunto: ¿Cuánto le queda de vida a esta palabra?
Echad un vistazo a la segunda acepción (había más, pero he considerado que con las dos primeras bastaba para ilustrar lo que quiero contar en este post) y haceos esta misma pregunta. Puede, me temo, que la respuesta no os guste.



Y es que esto es algo que cada día me sorprende más. Cada día, con mayor frecuencia e intensidad (y creciente disgusto) veo cómo la sociedad, nuestra sociedad en concreto o tal vez la sociedad mundial (no lo sé, y casi prefiero vivir en la ignorancia) se convierte a cada día que pasa en una experta en sostener fervientemente una cosa y al momento sostener justo la contraria sin motivo aparente.
Veo cómo aquellos que son enemigos declarados y sentenciados se convierten en los mejores amigos por un bien común y cómo al mismo tiempo se siguen escarniando a las espaldas de otros. Llamadlo hipocresía también. Son términos compatibles aquí.

La coherencia muere en el momento en que declaras tus intenciones y/o principios, bien de palabra o bien por tu actuación y los prostituyes haciendo justo lo contrario. Bien por dinero, bien por sexo, bien por el "qué dirán" o simplemente porque eres incapaz de mantener tu palabra.
Otra vez la palabra.
Eso en España no existe. Puede que tampoco en otro lugar pero, como digo, no quiero saberlo. Sólo sé que aquí somos expertos en prometer y en comprometernos, en declarar y ofrecer nuestra amistad, nuestro dinero o nuestra ayuda, pero cuando llega la hora de la verdad... cuando hay que arrimar el hombro, cuando hay que respaldar las palabras con hechos, amigo, todo eso se lo lleva el viento.

¿Qué es una persona que no tiene palabra? ¿Qué valía tiene? ¿Cómo puedes fiarte de ella? Aquí dejo el debate abierto, pero para mí las respuestas (llamadme radical una vez más) son claras.




La incoherencia existe a muchos niveles. El primero ya citado es el de la incoherencia hipócrita... pero se puede actuar así de muchas, muchísimas maneras. Por un lado están los hipócritas. Por otro, los cínicos. Hablo de esos espantajos que actúan de una manera que puede ser más o menos respetable, más o menos censurable y a los que uno (por prudencia, por respeto o simplemente por vagancia) no les reprocha nada. Cada uno es como es y aquí que cada cual haga de su capa un sayo, sin problemas. Pero en el momento en que hagas algo mínimamente parecido o simplemente decidas pagarles con la misma moneda, es cuando vienen las críticas y (mi favorito) la actitud de víctima. Sería el caso claro de la amiga petarda que desaparece de tu vida en el momento en que se echa un novio, pero cuando decides pasar de ella porque ves que le mueve la pura conveniencia, viene a ti echándotelo en cara. Creo que la mayoría habéis tenido que tratar con gente así. Otros, puede que seais gente así, incluso.


Todos hemos visto esta expresión en la cara de personas que deberían ser las últimas en mostrarla...


Otro tipo de ser incoherente es lo que yo llamo el "Tipo Alzheimer" o el "Tipo Orwelliano". ¿Habéis visto la adaptación de 1984, protagonizada por John Hurt? (venga, ya podeis decir que soy un pesado con el puñetero Orwell... pero es que esto es La Distopía. Si queréis otros contenidos, probad suerte en Google) Nada más empezar aparece un cartelazo de esos de letras blancas sobre fondo negro que te dice: "Quien controla el pasado, controla el presente". Dicho de otro modo, que si haces que los demás no se acuerden de lo que pasó ayer, les puedes soltar la trola que te dé la gana. El incoherente de este tipo es el fulano que de joven es más radical que un puñado de hooligans cabreados y cuando llega a los treintaypico y tiene un trabajo estable se vuelve más conservador que un profesor de derecho del Opus. Eso podría ser un cambio de opinión (que no tiene nada que ver con la incoherencia); pero yo me refiero al que además critica y demoniza a aquellos que fueron tan radicales (o menos) que él. El que no se acuerda de dónde proviene o de que ayer te dijo que EN LA VIDA se tiraría a tu mejor amiga para luego pasar de ella porque te respeta y al día siguiente se encoge de hombros, como dando a entender que jamás ha pretendido tal cosa. No sé a vosotros, pero a mí me resulta insultante: el que miente a alguien, por lo general, es porque pretende que la otra persona le crea. Cuanto más descarada es la mentira, más subestima la inteligencia del prójimo. Y hay mentiras que llegan a eso y a más.



"En serio, tío. Que yo con tus amigas no busco nada. Que les haya pedido el móvil, las haya agregado a Messenter, Facebook, Twitter, Tuenti y que las haya invitado a MySpace, Hi5 y Orkut para mandarles mensajes con piropos descarados y poemitas cutres no significa absolutamente nada. Con mi madre me comporto igual, ¿sabes?"

La incoherencia, como habéis visto, viene a menudo recubierta de hipocresía... pero también de imbecilidad crónica. Existe también el incoherente que no sabe lo que quiere en esta vida (respetable, y ni mucho menos rasgo de imbecilidad), y que puede tomar decisiones erróneas (eso tampoco le convierte en alguien más imbécil que el resto de humanos). La imbecilidad viene justo en el momento en que esas decisiones erróneas, tomadas a la ligera y sin pararse a pensar ni un segundo arrastran a otras personas. Estoy seguro de que habréis conocido a un montón de imbéciles que os han prometido mil cosas u os han hablado de sus más sinceros sentimientos para, poco después, deciros: "es que en realidad no lo tenía muy claro".
Y ya está. Carta blanca. Con eso ya tiene todo el derecho a meterte en su terreno pantanoso de dimes y diretes. Con eso los demás ya estamos obligados a perder tiempo de nuestras vidas en ver como un perfecto imbécil se sume en su propia indecisión y nos convierte en forzados espectadores de sus monólogos shakespearianos. Esa actitud, amigos, la habreis oido justificar mil veces, pero en el momento en que una persona que no tiene las cosas claras (en el terreno que sea: sentimental, laboral, etc.) y se lleva a otros consigo para que éstos vean lo inconsistente de su forma de pensar no sólo demuestra ser incoherente. Demuestra un egoismo tremendo ("te obligo a que contemples lo confuso que me siento, lo quieras tú o no"), además de una irresponsabilidad supina. Si quieres comerte la cabeza, adelante. Nadie te lo prohibe. Pero eso no te da derecho a comérsela a los demás.


Sólo pensad en este tío y la de gente que palma por su culpa. Y lo más gracioso es que, pese a sus dudas, al menos tenía claro lo que tenía que hacer (otra cosa es que tuviese fuerzas para hacerlo). Muchos no llegan ni a eso.

La incoherencia es, además, injusticia. Esto se estila especialmente en este país. España, como decía un buen amigo y mentor, se ve a sí misma como (cito textualmente) "adalid de los valores democráticos allá por donde va". Lo gracioso es que, allá por donde va, se alía con los países más antidemocráticos que existen (es decir, aquellos que implantan la democracia por la fuerza, sin dar a elegir a nadie) para bombardear y atacar a aquellos otros a los que vende armas. ¿Sabíais que, durante años, nuestro país ha sido uno de los principales vendedores de minas antipersona? Sí, esas mismas que ahora intenta erradicar en el tercer mundo.
Hablamos de una sociedad que predica con la tolerancia, el orden y demás chorradas cuando al mismo tiempo es capaz de disolver toda aquella muestra de pensamiento divergente con el sistema establecido a golpe de prohibición (las leyes antidescarga, por ejemplo, que andan pensadas básicamente para favorecer a la industria privada por medio de impuestos y cánones totalmente anticonstitucionales) o directamente a golpe de porra (véanse las manifestaciones del 15-M y su desarrollo durante la Plaza Cataluña). Al mismo tiempo que se hace esto (sigo citando a mi amigo), vemos cómo nuestro magnífico sistema penal absuelve a terroristas o los saca de la cárcel, o se queda impotente al ver cómo un hijo de la grandísima puta como el payaso aquel que se cargó a Marta del Castillo se ríe del sistema penal (literalmente) junto a los desgraciados de sus amiguitos, algunos de los cuales quedarán libres por ser menores.
Delincuentes confesos que se ríen del sistema y son absueltos, mientras que otra gente por mucho menos acaba con sus huesos en la cárcel. ¿Es esto coherencia?


En realidad nos parecemos más a esto: un país donde estamos todos chalados y convertimos tanto leyes como la sociedad entera en una pantomima o una parodia de las malas de lo que deberían ser en realidad.


Pero no nos vayamos a casos tan flagrantes o extremos. Esto es algo que lo vemos día a día. Casos como el del colega que te dice "Venga, esto lo sacamos tú y yo adelante" y al día siguiente resulta que se va a trabajar con la competencia, dejándote a ti con cara de póker. El que un día va de comprensivo contigo porque una novia o un amigo te han puesto a parir y al día siguiente los defiende a capa y espada, como si les fuera la vida en ello. El profesor que en clase te habla sobre la ética y el honor, y lo que supone hacer bien las cosas, y un par de años después te miente descaradamente con tal de no reconocer que se ha equivocado o que no se ha portado tan bien como él mismo decía. Los colegas de muchos años que vienen a la ciudad por una temporada y no te avisan ni para dar un recado (o lo hacen a última hora, cuando ya tienes planes hechos), pero luego se sienten terriblemente ofendidos cuando les demuestras que tienes cosas mejores que hacer que esperar a que suene el teléfono. La señora con la que tienes un trato o negocio entre manos y que empeña su palabra, para echarse atrás a las dos horas y desdecirse de un modo trapero y cutre. El compañero de curro rémora, que se compromete a llevar algo a cabo, pero que te va cargando el muerto poco a poco para que al final lo hagas tú todo, y que además se hace el dolido (o se cabrea) cuando le dejas las cosas claras. La que tacha a la hija de la vecina de "guarra" e "indecente" por morrearse con su novio en el portal, pero cuya hija se queda preñada de penalti y se corre un velo tan tupido que no pasa ni el aire. La pareja que te dice lo mucho que te quiere y lo feliz que está contigo para, un día o dos después, decirte que en realidad nunca lo tuvo tan claro y que mejor se busca a otro, al que casualmente ya le ha echado el ojo.

Hay gente que hace con frecuencia la clase de cosas que entendemos genéricamente como "Ver la paja sólo en el ojo ajeno".

 
Y puedo seguir citando miles, millones, cientos de millones de ejemplos. Llegados a este punto podréis decir que soy una persona anacrónica por pensar que la palabra de una persona debería valer algo. Por pensar en conceptos tan arcaicos como el honor (que no orgullo) o la honradez. En dejar clara la postura en que si mandas a un tío a hacer puñetas, una de dos: o te disculpas con ese tío o ese tío se disculpa contigo. Pero JAMÁS hacer borrón y cuenta nueva, como si no hubiese pasado nada, porque eso implicaría una bajada de pantalones en toda regla por una de las dos partes (o por ambas) y nos mearíamos en nuestros propios principios.
Llamadme raro si un amigo o amiga deja de hablarme y le digo al Kofi Annan de turno que una vez hecho eso yo ya con esa persona no tengo nada que hablar. Que lo del buen rollito se fue por el desagüe en el momento en que me mandó al carajo y que, quien quiera peces que se moje el culete. Es decir, que venga esa persona y me de una explicación (ya ni una disculpa, sino contar a qué vino lo que hizo). Pero moverme yo para hablar con alguien que me ha demostrado esa forma de proceder, JAMÁS. No lo confundais con el orgullo, amigos Distópicos. No es rencor, tampoco. Lo primero es cuando ni siquiera transiges con las explicaciones y no das nunca tu brazo a torcer, haga lo que haga la otra parte; lo segundo es cuando montas la de Dios es Cristo por una cosa que no tiene importancia. Vosotros y yo sabemos que no me estoy refiriendo a esas cosas en absoluto.



Quizás por eso, en contra de lo quizás algunos de vosotros penséis, me considero una persona solitaria. Yo no creo en la lealtad a la gente, sino en la lealtad a causas superiores, como ya he mencionado alguna vez. En valores o principios. Llamadlos morales, si quereis. Yo personalmente no llego a tanto y me limito a llamarlo "pauta de comportamiento" o chorradas similares. Es decir: si te comportas de una manera más o menos aceptable y no te dedicas a tocarme la moral, bien. Si no, pues nada, amigo, ahí tienes la puerta, que otros llegarán.
Eso explica un poco por qué confío en poca gente. Por qué me considero una persona solitaria (que no antisocial, ojo). Para mí, la confianza es como un jarrón chino de estos que cuestan un ojo de la cara: si se rompe, se puede pegar... pero oye, no queda igual.
Quizás también explique por qué, a lo largo de mi vida, mucha gente ha considerado que les he traicionado. Error, caballeros: traicionas a alguien a quien le juras lealtad. Y la lealtad es algo demasiado caro para darlo a la ligera. Si yo juro lealtad, no será a alguien, sino a lo que ese alguien dice representar. Por eso muchas veces parezco cambiar de "bando": son ellos los que han traicionado antes a sus propios ideales. Si esperaban otra cosa de mí, lamento haber causado una imagen errónea, pero lo que hay es lo que hay.

Con esto, por supuesto, no es que esté haciendo una declaración de mis superiores valores morales, ni mucho menos. Es tan sólo que últimamente empieza a tocarme bastante las narices ver (y oir) cómo ciertos seres me pueden poner a caer de un burro como si yo fuese el Anticristo y ellos unos pobrecitos. O bien escuchar cómo la gente defiende a tíos que han demostrado (ya no unos valores morales aceptables) sino una terrible falta de educación hacia mí (yo puedo ser un salvaje, pero raramente me vereis de faltarle el respeto a nadie. Jamás sin provocación), justificando lo injustificable.

Pues bien, hoy es uno de esos días en que, tras darle muchas vueltas al tema, uno se acaba hartando y necesita vomitar su reacción ante tanta pamplina y tanta chorrada. Los que me conocéis ya sabeis a estas alturas que yo suelo ser (en contra de las apariencias) una persona pacífica que no busca molestar a nadie, porque no me gusta que me molesten a mí. Con lo cual, este tipo de actitudes resulta tan invasiva como insultante. Y claro, luego si uno se cabrea y dice las cuatro verdades (como ya ha venido pasando últimamente) resulta que es un borde, que vive envenenado, que está lleno de rencor y no sé qué chorradas más.

Quizás la diferencia entre esos seres no es que yo sea mejor persona. Ni que esté mejor educado. Ni que sea más guapo (ojalá). Quizás la diferencia radica en que lo que yo digo, lo mantengo hasta que admito que me he equivocado. Quizás es que siento que yo no debo ni vasallaje a nadie, ni que nadie me lo debe a mí. Que no tengo que lamerle el culo a nadie ni poner buena cara a quien se ha portado como un bastardo conmigo.


Pues lo digo así de claro: "Antes lobo solitario que perro faldero"

Y así me va. Que este mundo cada día me resulta cada vez más difícil de entender. Que cada día me cuesta más aceptar cómo es la especie que me rodea. Y tal vez por eso es por lo que cada día la raza humana me revuelve más y más las tripas.