Volvemos a nuestro rollo Orwelliano de siempre. Quejaos lo que os dé la gana, pero no me cansaré de decirlo. George Orwell, pese a no ser liteariamente tan elaborado como su predecesor, Evegny Zamiatin, posee un carácter mucho más profético de lo que nos gustaría reconocer. El año 1984 alternativo que vemos en la novela de dicho nombre, probablemente, plantea una sociedad que probablemente sea una de las mayores mierdas jamás vistas.
Y lo peor es que nos encaminamos día a día a esa mierda.
Hoy quiero hablaros de Emmanuel Goldstein. Un personaje que aparece flotante a lo largo de toda la historia, planteado como una especie de líder intelectual de una rebelión que, supuestamente, amenaza la vida distópica Orwelliana. Este señor, al que nadie ha visto en su puta vida, aparece en documentales donde expone un discurso sedicionista que la sociedad, en los llamados Cinco Minutos del Odio, se dedica a increpar a la pantalla en la que aparece, llegando a lanzarle incluso lo primero que echan a mano.
¿Ficción?
Me pregunto si habéis oído hablar de un fulano llamado Osama Bin Laden. Bin Laden se ha convertido en el principal exponente del Goldsteinismo de nuestra sociedad. Nadie le vio durante años, y todas las informaciones que nos llegaron sobre él era por medio de oportunos videos que nos llegaban por medio de Al-Jazeera, cada vez que la sociedad estadounidense parecía haberse olvidado (sólo un poco) del hostión del 11-S. Su paradero se convirtió en un misterio durante casi una década, hasta que de buenas a primeras, nos dicen que se lo han cargado. Un tiro en el melón, lo tiran al mar (¿En Afganistán?) y hala, familia, santas pascuas. A otra cosa, que tenemos mucho curro por delante imponiendo por cojones la democracia en el planeta. Un premio Nobel de la paz le da pasaporte a un terrorista y el personal sale a celebrarlo a las calles como si les hubieran regalado un bocata de jamón del bueno.
"¡Seguimos en paro! ¡Seguimos jodidos! ¡La mitad de nosotros está muerta de hambre! ¡Pero se han cargado a un tío del que no habíamos oído hablar hasta que reventaron las Torres Gemelas y nos dijeron que había sido él! Dios bendiga a Américaaaa!"
Y ahora es cuando diréis: "Hay que ver cómo son los americanos de brutos".
La paja en el ojo ajeno, como suelo decir.
¿Acaso os creéis que aquí somos distintos?
Pensadlo otra vez.
España, al igual que todo este planeta de asco, es tan distópico o más que nuestros colegas del otro lado del charco. En España, amiguitos distópicos, tenemos nuestros Goldsteins, sin necesidad de buscar una cabeza pensante detrás del 11-M (mayormente porque no hemos tenido huevos de encontrar muchas explicaciones a una salvajada que no tiene explicación), más allá de buscar cabezas de turco echándole la culpa a ETA (sin haberse probado la conexión, pues vale) o bien con la clásica Lucha de Titanes (Gobierno y Oposición, nuestro IngSoc particular) puteándose los unos a los otros, bien acusándose de incompetencia o de falta de apoyo, según que facción del Partido Único abra el buzón que tiene por boca.
"-¡La culpa es tuya!"
"-¡No, tuya!"
"-¡Que no, que es tuya!"
"-¡Tuya, tuya y tuya!"
"- ¡Tuya!"
-"¡HE DICHO QUE ES TUYAAAAA!"
"- ¡BUAAAAAAAA!"
"- ¡BUAAAAAAAA!"
(Y así termina otra gran sesión en el Congreso de los Diputados. Cinco horas poniéndose a caer de un burro y el país mangas por hombro, como siempre)
Pero no hace falta irnos a ejemplos tan extremos. La sociedad necesita siempre gente (o figuras) a las que odiar. Figuras en la sombra o seres con nombres y apellidos, pero el caso es echar el odio y la mala leche con gente que a lo mejor es menos responsable de las cosas de lo que nos creemos. O bien lo es, pero no es la raíz del problema.
Pensad en la movida de los controladores aéreos. Vale que no lo hicieron del todo bien, pero echad un vistazo a la que lió la prensa, siempre tan "objetiva". Aquello no se convirtió en información de una huelga no convocada. Ni siquiera de un incidente. Olvidaos de la palabra información.
La palabra es "lapidación".
Más pajotes en el ojo ajeno. Nos pasamos el día riéndonos de estos tíos, diciendo que si vulneran los derechos fundamentales del ser humano, que si tal, que si cual... y resulta que la única diferencia entre ellos y nosotros es que las piedras que usan ellos son físicas. Para todo lo demás, nosotros somos iguales o peores... porque ellos tal vez no tengan una Constitución; nosotros la tenemos todo el santo día en la boca (como la palabra esa, "democracia", que tanto usan y en el fondo no saben ni lo que es), pero luego nos la pasamos por el culo día sí y día también. Igual somos más civilizados... pero a hipócritas no nos gana nadie.
Se buscó un culpable sobre el que cargar las tintas y sobre el que proyectar la rabia ya caldeada por la crisis, y oye, mire usted que funcionó de putísima madre. Todos como borreguitos a cagarse en la santa madre de los controladores, se fueran de vacaciones o no. Gente que en su puta vida había pisado un aeropuerto ahora de buenas a primeras iba de defensor del currante con su derecho a vacaciones en el puto Cancún diciendo que eso no podía ser. Espantajos como Leo Messi (que no discuto que sea un buen jugador de fútbol, pero tenía que haberse metido la lengua en el culo cuando saltó la mierda esta) diciendo que era una vergüenza que los controladores cobrasen esa burrada. Un fulano que cobra mil veces más de lo que vosotros o yo veremos en la puta vida por pegarle patadas a un balón. Ese tenía derecho a criticar, tócate los huevos.
Para entendernos: es como si Hugh Hefner se pusiese a criticar a aquellos que se pasan el día de fiesta en fiesta rodeados de tías buenas...
Pero no os creáis que aquí se queda la cosa. La desinformación (que no la información) es poder. Toda facción parece tener hoy en día un referente en su enemigo tradicional, como si su propia razón de ser fuera tener un enemigo. Como si los propios arguementos de tal teoría o tal forma de pensar no tuviesen valor por sí mismos a menos que aparezcan opuestos a otros. Como si para que lo que dices tenga sentido necesitases un enemigo.
Hablas con un republicano, por ejemplo. Teoría política que, como sabéis, no comparto del todo, pero me parece tan respetable como cualquier otra, siempre y cuando esa "cualquier otra" no implique genocidios, violencia física o social o demás lindezas que no suelen elevar nuestro karma precisamente. Le dices: "Bueno, cuéntame qué tiene de bueno un sistema de República". Respuesta más o menos básica que se suele extrapolar: "Pues que la Monarquía es una mierda". Y tú pensando: "¿Y ya está? ¿Esto es todo lo que hay que decir de un sistema que (más o menos, con sus luces y sus sombras) viene funcionando desde Roma?" ¿Desde cuando se proclama una idea con el argumento de que al menos no es peor que otra? ¿Y por qué cojones cuando uno tiene una idea automáticamente tiene que cagarse en lo que hay anteriormente, absolutamente en todos sus aspectos? De este modo, vemos como se puede convertir a la Monarquía de un pais en un Emmanuel Goldstein, como sí una casa real fuese la culpable de todos y cada uno de los males de la sociedad. El puto Victor Von Muerte diciendo "Buajajajaja que malo soy" mientras el pueblo sufre.
"Soy tan inmensamente malo que me molo a mí mismo"
¿Os creéis un maniqueísmo tan grande? Porque yo no.
Pero el caso es que es así, no sólo en el tema de los grupos republicanos más beligerantes (ojalá esta tendencia fuese exclusiva de un grupo). Mirad cómo se lo montan los grupos ultracatólicos, que predican la paz, la tolerancia y el respeto y a la más mínima están llamando enfermos a los homosexuales. Mirad a los grupos de extrema izquierda, que predican una tolerancia stalinista. Es decir, que en el momento en que no estás de acuerdo hasta con la última puta cosa que proclaman, ya te acusan de fascista de modo gratuito. Joder, y tú criado en plena democracia, que lo más parecido a Franco que has visto en la vida es la jeta que salía en las antiguas monedas de duro (¿Os acordais?). Los ateos radicales, que en su derecho están de no creer en un Dios, van más allá y se ríen de los creyentes, mostrando tanta intolerancia o más que la misma Iglesia ha mostrado hacia los apóstatas durante años. Los frikis que te miran con asco porque Evangelion te parece la mierda más grande desde el doble álbum en directo de Bom Bom Chip. Los grupos de extrema derecha, que basan sus creencias en odiar a los que son diferentes en lo tocante a raza, credo o tendencia política/sexual. Los vegetarianos cafres que te llaman inmoral, u otros insultos peores, por comerte una loncha de salchichón (como si la Naturaleza que ellos mismos defienden a los cuatro costados no contemplase la dieta carnívora bajo ningún concepto. Partiendo de ese hecho, los leones, tiburones o los lobos son tan inmorales como nosotros, y contra esos no hay quejas)... y podría seguir, porque la lista es tan larga que podría pegarme hasta mañana.
Algo que tiene tanto sentido como amar a la Pantoja por el simple hecho de odiar a La Más Grande.
Supongo que las razones para este esperpento pueden ser muchas, pero para mí provienen de algunos focos muy diferenciados: el ego, el resentimiento y, por último, la mala leche.
El primer factor es simple: cuando nos creemos el ombligo del mundo, automáticamente pensamos que los demás, o bien están equivocados o que son malas personas. A veces incluso las dos cosas a la vez. Mi idea, como es mía y es la que me mola a mí, es la única que puede considerarse como válida; si los demás no están de acuerdo al 100% con todo cuanto digo, pueden ser (dependiendo de mi idea) unos rojos, unos fachas, unos antiespañoles, unos antidemócratas, unos sociatas, unos ignorantes, unos gilipollas y mil calificativos empleados única y exclusivamente para desprestigiar la idea contraria. En resumen, que el concepto fundamental de la dialéctica y el debate se van a tomar por el mismísimo culo. Somos Dioses que Caminamos entre Hombres y deleitamos a los fieles con Nuestra Sabiduría. Y más nos deleitamos si encima nos comen el nabo a cada una de nuestras palabras. Eso sí, no preguntéis si discrepan en alguna cosita. El Pensamiento, como decía Orwell, debe ser Único.
"He dicho. Y todo el mundo a callar"
Pasemos al factor del resentimiento. Aunque no lo parezca en un primer momento, es un factor muy muy importante a la hora de analizar el comportamiento de grupos radicales. Éste suele surgir en el momento en que una idea se impone durante un período de tiempo más o menos considerable. Como ya hemos visto en el factor anterior, ciertas ideas, tienden a acabar tirando hacia el Pensamiento Único, lo que hace que ciertas ideas contrarias se empiecen a cabrear (hasta aquí, comprensible). El problema quizás surge en el momento en que las ideas "aplastadas" tienen la oportunidad de hacer frente hacia las ideas "tiranas", en una especie de teoría del péndulo aplicado a las ideologías. Esas ideas insurgentes empiezan a radicalizarse y a definirse a sí mismas por oposición al régimen contrario, volviéndose cada vez más agresivas y empleando como justificación el haberse sentido oprimidas. El ejemplo más obvio podrían ser los radicales de izquierdas que aluden (como siempre) a la época de la dictadura donde su punto de vista era silenciado bajo pena de cárcel, en el mejor de los casos. Hoy en día tenemos a gente que no vivió jamás esa época, pero aluden a algún antepasado que lleva ya casi medio siglo criando malvas que sí estuvo en esa situación, como justificación para ponerse a la misma altura que los represores. Mostrando la misma falta de respeto hacia ideas que no son las suyas, y con la misma mala leche. Si queréis un ejemplo de esto último, pensad en quiénes son los que más tienen al Tío Paco en la boca. Y no, mucho me temo que no son los de extrema derecha...
Goldstein, Goldstein, Goldstein.
Goldstein, Goldstein, Goldstein.
Saqueo en una tienda de cómics en Villanueva de los Matojos. Llevaban años quejándose del elevado precio del material de grapa, que era proporcionalmente mucho más caro que los recopilatorios. Eso, argumentan, fue excusa más que suficiente para torturar durante horas al dueño de la tienda hasta matarle y pasarse por la piedra a la hija de éste allí mismo por turnos.
Hablando de mala leche, aquí tenemos el tercer factor. Este es un elemento que suele combinarse bastante bien con cualquiera de los dos anteriores. En el momento que se tiene una idea (tesis) o que surge una idea contraria (antítesis), en lugar de aparecer lo que debería ser lógico, que es la resultante entre ambas líneas, dando lugar a algo nuevo (síntesis), surge la mala leche como elemento agravante en la discordia. La mala leche se traduce como el odio cerval a cualquier bicho viviente que se salga del encuadramiento mental al que el personaje o personajillo de a pie anda acostumbrado. En resumen, es el concepto de ver a los demás como "los otros que no son yo" o, más comúnmente, como "el enemigo".
Si bien los conceptos de tesis y antítesis son viejos como el mundo (echadle un vistazo a cualquier manual básico de filosofía o arte y lo veréis), el asunto de radicalizar las cosas hasta el punto de la irreconciliable crispación está cobrando especial auge en los últimos años. No sé si en otra parte sucederá igual, pero en este puto país somos los amos a la hora de tocarnos los cojones mutuamente. De sacarlo absolutamente todo de quicio, de usar la mierda más irrelevante e insignificante como baluarte de una guerra sin cuartel (véanse los acontecimentos revolucionarios de los últimos días en el Parlament de Cataluña y el payaso ese diciendo que qué curioso, que los que les han increpado en la puerta hablaban todos español y que por eso él iba a hablar en catalán).
Somos los putos Lilliput y Blefuscu, que somos capaces de matarnos entre nosotros por la manera más oportuna de comerse un huevo pasado por agua (no os creáis: hace setenta años nos matábamos por el color del uniforme, más allá de ideologías y mierdas. O si no, investigad y descubrid cuántos soldados se alistaban REALMENTE de modo voluntario en algún frente de la Guerra, y comparadlo con el número de soldados reclutados por cojones en ambos frentes. Así veréis lo gilipollas y absurda que es una guerra). Y lo peor es que muchos tontos del culo parecen morirse de ganas por que les den el fusil y puedan ponerse a pegar tiros contra lo que ellos mismos llamarían "los malos". Como si quitar una vida fuese una cosa de risa. Como si hacer daño al prójimo estuviese plenamente justificado simplemente porque uno piensa de una manera concreta. Carta blanca ideológica.
¿De verdad pensais así?
¡Balones fueraaaa!
¿De verdad pensais así?
"Oye, Jackson, ¿tú tienes idea de por qué estamos aquí realmente?"
"Pues creo que teníamos que hacer no sé qué en un pueblecito que está al norte... o al este..."
"¿Hacer no sé qué?"
"¿Hacer no sé qué?"
"Sí, ya sabes. Cosas de estas. Con armas. Uniformes. Disparos"
"¿Y a quién tenemos que disparar? ¿Qué estamos defendiendo?"
"Eh... mira, no le des más vueltas. Nos han mandado aquí. Ahora posa para la puta foto, que haremos historia... y además el sargento nos está mirando mosqueado"
Además, en una era de desinformación (me niego a llamarla información) como esta en la que vivimos las mentiras son capaces de expandirse como la pólvora, lo que hace que la indignación y la mala leche aumenten a pasos de gigante. Veo fotos de las mantas de hostias en Plaza Cataluña durante las jornadas revolucionarias del 15-M y me echo las manos a la cabeza al ver a los antidisturbios apaleando a un señor que dormía en un banco. Pues no fue así: veo la misma foto desde otro ángulo y el señor del banco efectivamente, estaba ahí... pero el cambio de perspectiva nos dice qué estaban haciendo exactamente los polis (básicamente, enfrentarse a una multitud cabreada al otro lado de una balaustrada). Pero la gente se lo tragó sin hacerse preguntas. La gente se cabreó, se acordaron de las madres de esos hombres. Que sí, que puede que tuviesen razón, pero en ningún momento se cuestionaron si las fotos eran reales, si estaban manipuladas con Photoshop o siquiera si eran de ESA manifestación. Nadie se cuestionó nada. Ya lo dieron todo por hecho.
La famosa foto desde el ángulo malo, donde parece que los antidisturbios son unos monstruos horribles sin corazón, que apalean a un pobre señor que sobaba tranquilamente en mitad del follón.
La misma toma, un momento después, desde otro ángulo. Como se ve, el objetivo de los antidisturbios no es el señor que soba en el banco, sino que éstos están más pendientes a la masa enfurecida que está detrás de la balaustrada. ¿Os seguís creyendo ahora todo cuanto veis o todo cuanto os dicen?
Por eso, cuando la gente se cagó en los muertos de los supuestos policías infiltrados en las últimas manifestaciones que se hacían pasar por manifestantes radicales, llegué al proverbial punto muerto: yo ya no sabía qué creerme. No quería ni pensarlo. Bien podía ser que sí, que efectivamente fuesen polis los que montaron aquel descalabro. Bien podían ser radicales (que los hay, en todas partes) con pinganillo, urdiendo una estratagema de desinformación. Incluso Emmanuel Goldstein podría estar detrás de todo esto, quién sabe. El caso es que, si os habéis fijado, no me he pronunciado al respecto de la autoría de esos hechos, porque no lo sé. Porque aquí nadie me ha demostrado nada, ni lo uno ni lo otro. Aquí lo único que tengo son informaciones fragmentadas, donde unos se echan la culpa a otros y ambos esperan que comulgue con el credo y que acepte las cosas sin reservas, sin cuestionarme nada. Que agache la cabeza y les diga "pues es verdad, chavales, qué razón tenéis y qué malos malísimos son los otros". Y si ya nos vamos conociendo de algo, queridos Distópicos, es que sabéis que yo no puedo hacer eso. Por eso a muchos este post les puede inflamar un poco las úlceras estomacales, o directamente provocar una racha de ataques dialécticos de muy diversa índole, pero ya sabéis que me importa un carajo. Ya sabéis que no encajo del todo bien en este mundo porque no lo entiendo. Y de sobra sabéis que no puedo aceptar a pie juntillas algo que no termino de comprender.
¿O preferís ver el mundo en términos como "buenos" y "malos? De ser así, ¿cómo sabeis entonces que es lo que a vosotros os distingue como buenos, si ni siquiera sois capaces de entender o respetar lo que piensa gente que no es como vosotros?
Lo que sí está claro es que a cada día que pasa, veo que todo el mundo parece querer vivir en guerra. Todo el mundo busca un Emmanuel Goldstein al que culpar de sus problemas. Alguien sobre el que descargar su mala leche, su frustración o su odio, como si eso fuese motivo suficiente para dar sentido a sus vidas (como si identificar la causa del mal automáticamente la neutralizase). Siempre con una excusa para estar encabronado. Siempre con un motivo para justificar sus medios, por despiadados o intolerantes que sean. Siempre mirando por encima del hombro a los que son o piensan diferente... o bien con ojos de sospecha, buscando enemigos por todas partes. A la que salta.
Una puta caza de brujas.
Una puta caza de brujas.
Y lo que os digo siempre ante estas cosas: si queréis ir en ese plan y acabar partiéndoos la cara con alguien por unas ideas que os han metido en la cabeza, por mí adelante. Pero conmigo ni se os ocurra contar, porque ya estoy harto de que unos y otros intenten manipularme. De que me vendan ideales de utopía superchachi y de que me digan que tal o cual cosa es luchar por la libertad, la igualdad, la justicia, la democracia, el modo de vida chupiguai, los sandwiches de Nocilla o los tebeos más baratos. Yo ya estoy empezando a cansarme del rollito pelota de pinball.
Bueno, esta chica se ve que no está tan harta y lo acepta con bastante buen humor...
Y desde luego, si algún día de éstos os acaban reventando la boca (porque todos acabamos dando, tarde o temprano con alguien más fuerte, más rápido o mejor armado que nosotros), no vengáis luego a llorar o a quejaros. Vosotros siempre tuvísteis la opción de elegir lo que hacer con vuestras vidas y con vuestras ideas. Si queréis llevarlas hasta las últimas y más descabelladas consecuencias, debéis estar dispuestos a sangrar por ellas. Debéis ser conscientes de que, en algún momento, llegaréis al punto de no retorno. Si lo asumís, entonces podrá decirse que habéis aceptado lo que habéis buscado, con todo lo que ello conlleva. Si no, habréis estado perdiendo el tiempo. Por eso es una elección que debe meditarse fría y seriamente.
Por eso, queridos distópicos, jamás entenderé el fanatismo o el radicalismo visceral. Va en contra de todo lo que debería ser la mente humana.
Esperad un momento.
Me parece que me he equivocado.
Tal vez la mente humana no sea así realmente...
Al fin y al cabo, ahora que me fijo, llevamos años viviendo en nuestra especial Semana del Odio.





























