sábado, 27 de noviembre de 2010

Escupiendo Rabia- La guerra llega a las aulas!!!



Estaba yo la otra tarde con mis cosas cuando mi amiga Rocío (otra luchadora distópica donde las haya) me pasa este artículo: http://www.facebook.com/l.php?u=http%3A%2F%2Fwww.publico.es%2Fespana%2F348011%2Flos-universitarios-se-rebelan-contra-los-que-hacen-apologia-del-fascismo&h=2eb2f, una de esas cosas que dices "¡Coño!" y acto seguido se te atragantan los chococrispis. ¿Apología del fascismo en una Universidad española, con todo lo que hemos pasado con la dictadura?

El caso es que este no es el primer caso de movidas así. No tenemos más que pensar en la famosa escena de Aznar y su dedo, o el recibimiento que le hicieron a Rosa Díez, poco después.

Ante esto, he oido cosas muy diversas: en el caso concreto  de Aznar, es cierto que un ex-presidente JAMÁS debería sacarle el dedo a un estudiante. Bueno, ni a un estudiante ni a nadie, ya puestos, que para eso ha sido cabeza del Estado y tiene un sueldo vitalicio. Por muy humano que sea, tenemos que tener en cuenta que NO todas las personas están a un mismo nivel social (nos guste o no, es un hecho) y unas tienen que dar más ejemplo que otras. Por eso nos sienta tan mal cuando vemos a un poli cogiendo una cogorza o a un político riéndose de gente, pongamos por ejemplo, los andaluces (ejem, ejem!)

Pero también tenemos que ver el punto de vista contrario. Maniqueismo el justo. Ya sabéis que yo no soy el más ferviente defensor de la casta política. A mis posts anteriores me remito como prueba. Pero por otra parte, pese a NO defender el caso de Aznar, ni al sujeto éste de extrema derecha que fue a la Carlos III a dar su conferencia (Dios me libre de hacerlo), también tengo que decir que ciertas actitudes son INADMISIBLES.
Como antiguo universitario, yo también he formado parte de revoluciones. También me he opuesto al pensamiento regente (los que hayáis estudiado conmigo durante mis últimos años de carrera entenderéis a lo que me refiero), con tanto fervor como el que más. Pero lo que NUNCA he hecho, ni me oiréis jamás justificar, es precisamente esta mamarrachada: el montar cipotes como el que ahora se están montando, día sí y día también, en nuestras universidades.

A ver, señores: una Universidad es un centro CULTURAL, no sólo educativo (que también). Si la apertura de miras y la tolerancia a otros puntos de vista tiene que darse en alguna institución de nuestro país, la Universidad, si no es el primero, debería encabezar el Top Ten. Lo que no se puede hacer es que, si no os gusta quien viene a la ponencia, es hacer el cretino y liarla. ¿Por qué? Porque comportándoos como putos neanderthales, pegando chillidos y haciendo "actos de protesta" que tan guais os creéis que son, os estáis meando en todo aquello que defendéis. Si os ponéis al mismo nivel que la gente a la que odiáis. Si ni siquiera les dejáis que abran la boca para defenderse... ¿sois acaso mejores que ellos? ¿No estáis atacando acaso a los intolerantes? El fuego no se combate con el fuego, chavales. Por muy encabronados que estéis. Por mucho que os toque los cojones que no haya gente que piensa como vosotros. Cada vez que faltáis al respeto a alguien que viene a dar una conferencia, por muy justificado que os creéis que esté, os estáis convirtiendo en seres de la misma calaña.

Pero esto no se queda aquí. Allá por la época del famoso "dedazo" de Aznar, escuché un debate en la tele que me hizo reflexionar bastante. En este debate (creo que fue en la Televisión Nacional, en un programa que huye bastante de la polémica y que suele permitir bastantes puntos de vista diferentes, cosa que es de agradecer tal y como está la cosa) un señor (no recuerdo el nombre, pero si lo sabéis, por favor, decídmelo) hablaba de la cantidad de grupos extremistas que se están colando en las Universidades bajo el amable disfraz de "asociaciones estudiantiles". Y fue ahí donde me preocupé.

Como he dicho, la Universidad DEBE ser un centro de libre expresión. Para eso vivimos en un estado de derecho, cojones. Lo que no se puede tolerar de ninguna manera es ver cómo se convierte día a día en un escenario político. Ver cómo, cada año, la lucha de poder que tanto nos está tocando los huevos en el Congreso de los Di-puta-dos, se traslada a nuestros estudiantes... que deberían ser la generación que redima a la mierda que nos está gobernando ahora.
Esto no es nuevo. Allá por 2002 o así, ya me tragué mierdas por el estilo. Recuerdo cuando las eleccíones que tuvieron como consecuencia el ascenso de la actual Rectora de mi Universidad (para nada amiga mía, que conste, que ya le tocó bastante la moral a mi facultad en concreto), llegaron un par de chavales, superalternativos, trencita en ristre y muy cools, de esos de "este año a Benicassim". ¿Sabéis que decían aquí los tolerantes? Pues nos decían que no venían a decirnos a quién votar (gracias, chicos), sino que NO votásemos a aquella candidata en concreto (la futura Rectora) porque era... agarraos: de derechas.

Ahora me lo justificáis si podéis, o simplemente me explicáis de dónde coño sale esa mierda. Se puede no ser de derechas, o bien sí. No pasa nada. Eso no te convierte en peor persona, ni en un fascista ni mucho menos en un nazi. El ser un cabrón o un hijo de la grandísima puta no va con tus ideales políticos, sino con lo que llevas dentro.
La hipocresía es el hecho de que te llegue gente de supertolerante y diciéndote al mismo tiempo que no votes a alguien. Si sois capaces de entenderlo, por favor, me lo argumentais. Yo llevo años sin pillarlo.

Lo de Aznar, lo de Rosa Díez y lo del pavo este de extrema derecha es más de lo mismo. La gente ve a alguien que no es de su credo (por impresentable que sea) y vuelve a la puta Edad Media. Pero eso entra dentro de lo esperable. Lo que me toca los cojones de una manera intempestiva y realmente furibunda es el hecho de que haya hijos de puta tan grandes o mayores que se dedican a encuadrar el cerebro a los estudiantes, al más puro estilo de propaganda nazi (hoy en día, grupos extremistas de izquierda y derecha se valen de esta mierda), haciéndoles creer que siendo comprometidos serán mejores. Que liándola parda por todas partes te harán más caso. Que comportándote como un soplapollas y montando pollos eres un héroe, aunque no tengas ni puta idea de lo que defiendes (en el caso de Aznar encontramos MUCHA gente cagándose en él porque nos metió en la guerra. Bueno, vale. Contad ahora con el hecho de que, cuando eso sucedió, más de la mitad tenían unos 12 años. Calculad cuántos de todos esos estaban REALMENTE comprometidos con ese asunto y cuántos eran totalmente conscientes de lo que eso significaba. ¿Cuántos de vosotros habéis tenido una tendencia política concreta u os habéis informado de algo así a esa edad? Puede que algunos de vosotros, queridos distópicos, lo hayáis hecho, estoy seguro. Pero ya sabéis que eso no suele ser lo normal, ¿verdad?)

En resumen, que tenemos grupos muy bien organizados que van de superguais. De extrema derecha o de extrema izquierda, tenemos de todo, oiga. Que nos quieren hacer creer que son superprogres y que les importa el estudiante. Nos intentan convencer tanto de eso, que si sumamos dos y dos no hay narices de creérselo. Pensemos en el caso del chaval antifascista que se cargó un skin en el metro. ¿Sabéis que pasó después? Manifestación de antifascistas. Vale, bien. ¿Sabéis lo que les requisó la Policía? Más de sesenta HACHAS, según el portavoz. Chicos, un hacha no es para una manifestación pacífica, ni para exponer vuestros ideales. Ni siquiera para protestar. Un hacha es para joder al prójimo.


No nos engañemos. La verdadera contra de una lacra como el fascismo NO es el antifascismo. Es la democracia. Para eso se inventó, joder. Para que cuatro gatos no tuvieran el poder. Para que no nos presionasen con la tiranía. Odiar al que odia no nos hará mejores, ni más guais. Nos convierte en los mismos putos perros, pero con otro collar. En ovejas de un rebaño diferente, pero un rebaño al fin y al cabo.

Y de aquí me paso a la Universidad, tras haber pegado el tirón de orejas. De esto no se libra nadie. Si la postura del estudiante medio, ahora convertido en una marioneta cojonuda de otros seres mucho más listos y sutiles, la de la Universidad me da ASCO. Así os lo digo. Como ya he mencionado antes, no todos podemos permitirnos los mismos lujos, desde un punto de vista social. La Universidad, como centro educativo y de formación, debe dar ejemplo. Lo que no puede BAJO NINGÚN CONCEPTO es organizar conferencias para montar mítines políticos. Ni para traer a sujetos de tendencias extremistas, ni de derechas ni de izquierdas. Ni siquiera tiene derecho (se pongan como se pongan) a posicionarse ante una determinada postura política.

Un profesor Universitario, o un rector, pueden ser personas. Pero eso no da carta blanca. No son personas corrientes. Son EDUCADORES. Un educador (del nivel que sea, hablo aquí de la Universidad porque es el tema del post, pero aplicadlo al ámbito que queráis) debe tener una ética. Debe tener unos principios. Y esos principios dicen que la libertad de expresión está muy bien, pero NO debes usarla para encuadrar la mente de tus alumnos. Ni meterles ideas en la cabeza. Eso no es educar.
Si una institución hace eso, hace lo mismo que los estudiantes al faltar al respeto: se mea en todo aquello que representa. Prostituyen la sagrada labor de la educación y demuestran la irresponsabilidad más grande y repugnante que pueda echarse a la cara todo aquel que tiene un mínimo aprecio por la profesión.


O, si nos ponemos paranoicos, puede que todo esto sea deliberado. Puede que eso sea justamente lo que buscan: echar abajo el último resquicio posible de librepensamiento, cabreando a los estudiantes y alzándolos unos contra otros. Sí, a esos estudiantes que no vivieron la Guerra de Irak, ni la Guerra del Golfo, ni siquiera la puta Guerra Civil. Pero lavándoles tanto el cerebro que parece que hayan estado toda su puta vida con un rifle en la mano y odiando al enemigo. Ese enemigo que, en otras circunstancias, podría ser el compañero de clase que tienen al lado.

Vedlo de esta manera: ¿Mataríais a alguien SÓLO por su forma de pensar?

Como véis, hay muchos hijos de puta que se esfuerzan mucho en que no superemos jamás las heridas que abrieron nuestros abuelos y bisabuelos. Mi pregunta es: si los alemanes de veinte años no se sienten en absoluto responsables por lo que hicieron sus antepasados (a los que ni siquiera llegaron a conocer) hace ya más de sesenta años... ¿Por qué nosotros seguimos dándole vueltas a esta mierda? ¿Por qué tenemos que , en unos caso, cargar con los crímenes de nuestros antepasados, o en otros, tener que vengarlos? ¿Es que no hemos aprendido nada? ¿O es que no nos sale de los huevos aprender?

lunes, 22 de noviembre de 2010

Escupiendo Rabia- Distopía T.V.

Estaba yo la semana pasada alegremente en casa de un amigo cuando me llegó este mensajito por parte de una de las Distópicas más activas de este blog. Os dejo el enlace por aquí para que le echéis un vistazo:
http://es.globedia.com/telebasura-juego-inteligencia-aborregar-publico

Al leerlo, imaginaos: casi me quedo muerto porque, pese a estar de acuerdo con lo que se dice aquí, no tenía ni idea de cómo funcionaba el asunto. Es decir, no conocía los principios que se mencionan en este artículo, lo que por supuesto, no hace que me escalofríe menos.

Sin embargo, casi se puede ver un poco el tufillo de resquemor por parte del autor del artículo en contra de cierto presentador y cierto programa en concreto. Como idea base, no está nada mal, pero desde mi punto de vista y mi opinión, se queda corto. Muy corto.
Otra amiga mía y además de mis grandes aliadas en una y mil cruzadas estuvo trabajando un tiempo en esta cadena; sumado a su experiencia como comunicadora audiovisual, podemos fiarnos de lo que sabe, amén de lo que vio. Sabéis cuáles son sus palabras? "TODO lo que vemos en la tele es MENTIRA".

Sin querer entrar a parafrasear lo que se menciona en el artículo (que me parece, salvando lo arriba mencionado, para quitarse el sombrero), esta amiga mía desde que la conozco ha hecho hincapié siempre en lo que quiere una cadena de televisión (no digo ni tal ni cual, porque ese es el objetivo principal de todas). Una cadena busca ESPECTÁCULO. Cueste lo que cueste. No importa que lo que veamos sea mentira. No importa que esas mentiras hagan que la gente piense que viven en otro planeta. Nada de eso importa.

Pensad en las audiencias. ¿De verdad pensáis que lo que nos dicen que ha sido líder de audiencia realmente lo ha sido? ¿A quién le han preguntado? ¿A vosotros? ¿A alguien que conocéis? Muy probablemente, queridos Distópicos y Distópicas, la respuesta sea negativa. Esas decisiones vienen de arriba, como siempre.
Me viene el caso de un amigo mío que trabaja en la radio. Me contó hace algún tiempo que sus jefes (el trabaja de lo que le gusta, a golpe de micro, pero las decisiones, ya sabéis... son cosas de otros seres, más poderosos y con muchos menos escrúpulos) habían lanzado una encuesta acerca de lo que le interesaba al público, especialmente en lo tocante a la publicidad. Resultado: EXACTAMENTE el mismo. Ni él ni nadie conocían a aquellos que fueron objetivos de la encuesta, pero "casualmente", la decisión se tomó. ¿Coincidencia? Puede. ¿Demasiada coincidencia? Seguro.

Nos dicen que lo que vemos es lo que la gente quiere, pero luego preguntas y muy poca gente reconoce gustarle lo que ve en la tele. También tenemos que admitir que el personal es muy hipócrita y, si de ellos dependiese, lo que más audiencia tiene serían los documentales. De sobra conocemos la respuesta.

Que la gente miente es un hecho. Pero que los medios mienten constantemente lo es también, y la gente sin embargo no parece prestar atención.
Olvidaos de la prensa libre. No existe la libertad de expresión. No en el sentido que creemos. Las cadenas de televisión, de radio, los periódicos y hasta las revistas de cotilleos dependen de los intereses de otros Seres Invisibles que manejan los hilos. Detrás de todos estos medios hay gigantes corporativos con sus propios intereses políticos y sociales.

Pensad por qué la telebasura triunfa precisamente ahora. ¿Os habéis fijado en la época que nos ha tocado vivir? En un país donde nos están acribillando a impuestos, donde la tasa de paro empieza a resultar tan vergonzosa que casi preferimos no leer las noticias (pero acabamos haciéndolo). Donde los jubilados tienen que pagar multas por apostarse unos céntimos al bingo en los centros de día (no es coña).
Los poderosos, los banqueros y toda esa caterva de carroñeros se han adueñado del país, como hacen siempre. Pero no contentos con ello, lo han estrujado y le han sacado hasta la última gota de sangre. ¿Qué es lo que evita que la gente se cabree y decida echarlos a patadas? La "información libre". Sí, amiguitos. Esa misma que nos ofrece extensores de pene, máquinas de abdominales que no necesitamos y la que nos cuenta que cierto torero se lo está montando con cierta señorita nacida en Matalascañas, Alhaurín o vete a saber dónde. En realidad, TODOS quieren una sola cosa:



Ya lo habéis leido en el artículo. Nos meten en la cabeza información que no necesitamos. Nos generan necesidades totalmente superfluas. Nos hablan de vida de gente que, en otra situación, o en otra época, nos habría importado un carajo. Nos sumergen en ese estado de felicidad impuesta. Nos empiezan a enseñar que vender nuestra intimidad no está tan mal (irónico que los mismos que lo hacen hablan de Orwell y casi nadie lo sabe). Nos venden mentiras de todo tipo (por ejemplo, nos muestran supuestos juicios encabezados por actores que simulan esos juicios). Intentan que nos riamos, que le veamos la gracia a todo, para quitarle importancia.
¿Qué genera eso? Gente que ama al Gran Hermano (al de Orwell, no al de la tele). Gente que JAMÁS se rebelará contra el sistema. Ovejas perfectas. Rebaños a los que no tardarán en afeitarles la cabeza e implantarles el código de barras (literal o metafóricamente). Para darle vueltas al coco, os recomiendo que veais la peli Videodrome, de David Cronemberg. Exageradilla en cuanto a argumento, pero la idea está ahí, implícita.




La Distopía siempre ha estado ahí. La vimos cuando se inventó la propaganda nazi. ¿En serio creíais que la gente era idiota? En absoluto: pero preferían creer mentiras cómodas a verdades incómodas. Por eso nadie se preguntaba a dónde puñetas iba tanto judío en tren.
¿Qué os creéis que pasa en China, donde la propaganda es más salvaje y desenfrenada que en casi cualquier otra parte del mundo? El chino medio no se pregunta cosas. Vive feliz en ese estado de ensoñamiento social. Los que piensan son rápidamente escindidos del sistema (véase ese periodista que se ha pegado yo no sé cuánto tiempo bajo arresto domiciliario por decir lo que piensa). Esos tipos no son idiotas. Son unos maestros, y saben que una revolución en China es virtualmente imposible. No queráis saber cuántos se acordarán allí de la que se lió en Tiana-Meng (o como se escriba) allá por el 86. O lo que se les ha contado de aquella masacre.

¿Y aquí es distinto? No os vayáis a creer; la diferencia quizás es que nuestros expertos en propaganda no son tan expertos. Pero fijáos en la diferencia de opiniones cada vez que se monta una huelga general o una manifestación contra el gobierno.
Y no sólo eso. La prensa ejerce de juez, jurado y verdugo. Cada vez que una mujer muere en su casa, se apunta directamente a caso de violencia de género y se sacan los dobermans y las antorchas en busca y captura de su pareja o expareja, tenga o no que ver con la muerte. Me viene al caso el pobre chaval aquel al que se le murió la hijastra en un accidente en un parque infantil y la prensa lo acribilló acusándolo de abusos sexuales. Hubo una neglicencia médica, pero ni siquiera se esperó a que el chico se le juzgara. Se le acusó directamente. A punto de suicidarse que estuvo el muchacho.

A Dolores Vázquez, imputada en el caso de la pobre Rocío Wanninkhopf, la encerraron TRES años (si no más), y era inocente. La prensa ejerció tal presión mediática que, pese a no tener pruebas, acabó en prisión. Luego se demostró que era inocente. Qué risa (y qué vergüenza) ver listas del carajo como Ana Rosa pidiendo perdón tras haberla humillado y acusado públicamente. Sin embargo, ahí está la señora Quintana, con un par de ovarios. Juzgada y obligada a retirar sus libros por plagio y todavía va por ahí de intelectual por la vida.

Y podría seguir. La lista, como la que hice de víctimas de juegos macabros cuando hice la autopsia de Ketchum, podría ser eterna. Así va el tema. Si la justicia ya iba como el puto culo (no olvidéis a ese pobre hombre que se ha pasado 11 años en la cárcel siendo inocente de violación; no quiero imaginar por lo que habrá pasado ese hombre, de verdad), resulta que aquí los amigos de la prensa van de cruzados por la vida, metiendo la zarpa donde nadie les ha llamado. Me acuerdo todavía de Mercedes Milá, por encima del bien y del mal, como es tipico en ella, cazando pederastas en Madrid. A la mierda los juzgados. Donde esté el doble ese del zombi de Iron Maiden, que se quite la Policía y todo lo demás.

Pero el problema es el de siempre. Hay gente que se traga la mierda. Lo mismo con ketchup o mostaza, o con aritos de cebolla de guarnición. Pero la mierda, aunque disfrazada, no deja de ser mierda. Deshechos. Basura. Llamadlo como os dé la gana. Pero nos la tragamos. Ellos quieren que lo hagamos, porque no quieren que pensemos. No quieren que un día nos levantemos diciendo "Joder, qué mal está la cosa, alguien debería hacer algo". Que esa gente, que empieza a tener ideas similares se diga un día "pues no, vamos a tener que hacer algo porque esto no puede seguir así". Que alguien diga algún día: "no quiero que mis hijos pasen hambre por culpa de estos cabrones que van en Audi a hacer que curran, pero lo que hacen todo el santo día es tocarse los huevos e insultarse unos a otros".

Esto ya se inventó en Roma, hasta donde llega mi documentación. Se llama "Dale al pueblo pan y circo". Lo que estos listos no saben es que hasta el Imperio Romano cayó. La pregunta es: ¿hasta cuándo estais dispuestos a tragar mierda?

martes, 16 de noviembre de 2010

Mondo Chorra- Viaje de Ida y Vuelta al Infierno


Sucedió el Sábado pasado. Estaba yo en mi casa cuando mi padre vino a mí diciendo "Debes venir conmigo al INFIERNO. Tenemos asuntos pendientes allí". Ante la magnitud de la petición, acepté. Lo que se hace por la familia, como suele decirse. Además de eso, yo también tenía que descender a los Pozos del Averno por unos asuntos personales. No había más remedio. Partimos.
La Autopista hacia el Infierno, como la llamarían Bon Scott y sus secuaces no está pavimentada con buenas intenciones. No tardamos mucho en llegar y allí que nos presentamos. Fue sorprendente no encontrar al Perro de las leyendas, al temido Cerbero, vigilando la puerta. Qué va. Las puertas del INFIERNO estaban abiertas de par en par, esperando a las almas de los pecadores internarse a través de ellas. Lo más curioso resultaba ser el hecho de que éstos acudían voluntariamente y en masa. El mensaje de Dante grabado en sus puertas "Abandonad pues, toda esperanza" perdía, por tanto, sentido. Entiendo que los Duques Infernales lo hubiesen retirado.

Las masas acudían al interior, y nosotros no fuimos menos. Pese a que la gente que me rodeaba parecía feliz (incluso ilusionada, diría yo), a mí me asaltó un sentimiento de anticipación. Esa desazón que te roe el alma cuando sabes que algo malo va a suceder.
Tal y como indicaba Dante, lo primero que mi padre y yo encontramos fue el Limbo, donde se encontraban las almas de niños y nonatos. Allí estaban, recorriendo incesantemente unos extraños tubos de madera y vidrio, huyendo de algo que no fui capaz de ver. Tampoco deseaba saberlo.

El avance era lento y tortuoso. Las masas caminaban lentamente, como ríos de cemento, a través de angostos pasillos. Los demonios, lejanos a esas imágenes medievales de cabras sobre dos patas con rabo y tridente, ahora tenían un aspecto deshumanizado. Para mi sorpresa, sus nombres aparecían grabados en placas. Siempre había pensado que conocer el nombre de un demonio da poder sobre él. Así era el INFIERNO, donde los demonios eran los señores del lugar y podían ostentar su nombre (un incomprensible galimatías de vocales y consonantes que no me decían gran cosa) sin temor alguno.

Se dice que el INFIERNO es un lugar donde no hay esperanza. Totalmente cierto. No importaba cuánto avanzases. Jamás podías volver atrás. No había forma humana de ver la luz. De respirar aire puro. Era un foso claustrofóbico, lleno de almas torturadas de ojos desorbitados. Codiciosos, envidiosos, e incluso coléricos campaban por aquí y allá. En algún momento, escuché a una mujer que no encontraba a su hija y gritaba su nombre por aquí y por allá. Horrible.

Más adelante, encontramos un tablón donde se mostraban los Mapas del INFIERNO. Se dice que éste es un lugar cambiante. Puede ser; yo suelo pensar que cuanto más cambia una cosa, más sigue siendo la misma. No era una excepción. No importaba cuánto mirases los mapas de aquel Abismo. No entendías nada. No calculabas las distancias. No había un Sol, una Luna o unas estrellas que tomar como referencias. Una vez allí dentro, un corredor que parece sencillo de recorrer se convierte en un laberinto. Vuelves una y otra vez al mismo sitio. Resultaba extraño no ver a nadie derrumbado en una esquina.

De vez en cuando podíamos ver a alguno de los esclavos del INFIERNO, tan humanos como vosotros o como yo, guiar a las pobres almas. Sabía que no podía confiar en ellos. No en vano Lucifer es el Señor de las Mentiras y sus esclavos, sus pobres marionetas. Dios sabía a qué horribles lugares podían guiarte. A qué extraños demonios arrodillarte. No, seguimos avanzando, tras una tortuosa y accidentada marcha hacia la parte más profunda.

La parte más profunda del INFIERNO, como ya decía Dante, es el rumbo hacia la salida. Llega hasta el corazón de todo mal y ya sólo quedará lugar para la redención. Tras haber sido golpeado incesantemente por los aparejos de algunas almas torturadas, que parecían llevar pesadas cargas sobre sus hombros, nos dirigimos a hacer los pactos que forzosamente nos habían obligado a bajar hacia los pozos Infernales. Allí el ambiente era más denso incluso que antes. La atmósfera era opresiva y el aire, ahora pude notarlo, estaba cargado con una horrible melodía. No supe distinguir si se trataba de algún demonio con inspiración artística, o directamente de un alma torturada. No quise averiguarlo.

Las mentiras de los demonios, como sucedía en Fausto, se hacen patentes en sus pactos. Habíamos bajado a lo más profundo del INFIERNO a causa de una promesa y, cuando llegamos, vimos que esa promesa se había roto de tal manera que no había vuelta atrás. Nunca hay vuelta atrás en el INFIERNO. Nos vimos obligados a claudicar y aceptar lo que se nos ofrecía. El pago, como suele suceder con estos seres, era el doble del previsto. Habíamos condenado nuestras almas.

Seguimos avanzando, contemplando como las demás almas giraban la vista hacia algunos demonios que les atraían. Al igual que con el canto de las sirenas, procuramos ignorarlos. Escuchar esas palabras podía significar que tu estancia en el INFIERNO se podía prolongar más de lo previsto... hasta el punto de que, cuando volvieras a casa, no reconocieras tu hogar.
Finalmente, llegamos a los estadios más profundos. Lo que se conoce como la Fragua de Satanás. Un lugar enorme, cavernoso, donde tu voz se puede perder a lo largo de interminables galerías de hierro. Allí, los demonios duermen, esperando aferrarse a las almas cual parásitos. Poseerlas a todas para no despegarse de ellas jamás. En aquellos lugares fue donde me vi obligado a recurrir a uno de los esclavos para sellar mi pacto. Intenté invocar a uno de los Altos Señores, pero éste me ignoraba. Sólo obtuve un mensaje que me forzaba a buscar un intermediario humano, cosa que hice.

Imaginad mi cara de desesperación y de horror, cuando tras horas interminables que me parecieron años, descubrí que a mí también me habían engañado los demonios. Que mi viaje al INFIERNO había sido en vano y que había sido testigo de todo aquel horror para nada. Me prometieron que en un futuro podríamos resolver esa cuenta pendiente, ese pacto diabólico. ¿Qué podía hacer yo, pues necesitaba de ellos? Sí, amigos. Yo también me vi obligado a claudicar... pero al menos tuve suerte y pude encaminarme hacia la salida del Infierno. Hacia la luz y el aire. Hacia la vida.

Pero no era tan sencillo. Mi padre empezó a dudar. Yo, recordando la leyenda de Orfeo, le dije que para salir del INFIERNO, jamás, JAMÁS, debes mirar atrás. Un sólo vistazo y condenarás tu alma. Te quedarás allí años. Será el principio de tu fin.
Fue difícil, pero lo conseguimos, no sin terribles esfuerzos. Salimos de allí, con la terrible sensación de haber perdido en aquel terrible lugar parte de nosotros, de nuestra vida, de nuestro yo. Los demonios se habían burlado de nosotros una vez más. Es lo que tiene. Si pactas con ellos, de algún modo u otro lo acabas pagando.

Y hasta aquí mi viaje. Si pensáis que hablo de una pesadilla que tuve, de una revelación extracorpórea o algún desafortunado encuentro con los alucinógenos, pensadlo nuevamente. Esto no es nada tan psicodélico, creedme.
Y si no lo haceis, sólo teneis que cambiar donde pone INFIERNO y todos sus sinónimos por la palabra IKEA.
Escalofriante, ¿a que sí?

lunes, 8 de noviembre de 2010

Escupiendo Rabia- El Abuelete que vino a darnos lecciones de moral y se creyó que éramos idiotas


Hoy vamos a empezar planteando un caso hipotético: los que queráis participar, vais a imaginar por un instante que en vuestro barrio hay alguien insigne, ¿vale? Ese alguien puede ser, pongamos, un abuelete de esos que todo el mundo admira y respeta. Uno de esos que, de algún modo u otro, te sientes socialmente impelido a llevarte bien con él. Puede ser vecino, familiar, conocido...
Así que para estrechar relaciones con él y no parecer uno de esos raritos que hay en cada barrio, decides invitarle a tu casa a cenar o a pasar un fin de semana. Total, puedes verlo como una inversión si quieres, ya que hay gente (piensas) con la que es mejor llevarte bien.

Resulta que le llamas por teléfono y él te pregunta si corres tú con los gastos. Claro, respondes. He ahí el concepto de una invitación, ¿no? Nada más responder, te dice el buen hombre que ni se te ocurra comprar marisco. Que la ternera tiene que ser de la buena y que pasando del vino Mercadona. Que él por menos de un Chianti no menea el culo de su casa.
Tras las negociaciones culinarias, te enteras esa misma mañana que el personaje en cuestión te ha puesto a parir en el autobús. Que dice que ha escuchado por ahí que eres un guarro, que tienes la casa llena de pelusas y que te cambias de gayumbos sólo una vez a la semana.
Y llega a tu casa, se pone hasta el culo de comer y encima te dice que tu familia es una panda de maleducados que le revuelven las tripas. Que tu hermano, que es más bueno que el pan Bimbo con Nocilla por lo alto es un enfermo porque resulta que en vez de una mujer tiene un marido. Que tu forma de pensar y la de tu familia es una mierda y que sólo la suya es la que vale.
¿Qué pensaríais de semejante personaje cuando este salga por la puerta de la calle?
Si estais de acuerdo conmigo, os pregunto entonces: ¿por qué hemos perdido tiempo y dinero invitando al Papa? ¿Y quién se ha creido el Papa que es para mearse sobre un país que le invita?

Bueno, sí, es la cabeza de la Iglesia, vale... pero sigo preguntándolo. ¿Quién se ha creido la cabeza de la Iglesia para darnos lecciones de moral a los demás?

Para ahondar en esta pregunta, vamos a analizar un poco el papel de la Iglesia a lo largo de la Historia a nivel general:

Oficialmente hablando, la Iglesia la funda Jesús de Nazaret en la última cena. Le dice a su colegui Pedro (San Pedro para algunos) que él será la cabeza de la Iglesia y que él y el resto de la pandilla (véase Apóstoles, más unos cuantos más, mártires, devotos y gente de diversa índole y motivación) se dedicarán a predicar la Palabra de Cristo.
Como tal, podemos decir que más allá de la leyenda, la Iglesia se viene fundando poco después de la muerte de Jesús de Nazaret y dividiéndose en dos grupos bien diferenciados: por un lado, el grupo de José de Arimatea (el hombre rico que se ganó la parcela en el Cielo enterrando a Cristo) y por otro el del susodicho San Pedro. Ambos grupos coexisten durante una temporadilla, sobreviviendo el último. Tras un montón de años, persecuciones y demás atrocidades, los que antaño predicaban el amor entre los hombres se arriman por primera vez al poder.
Le acabarían por coger el gustillo...

Pasada la época de la barbarie, de las persecuciones romanas, de los leones y demás, nos metemos en plena Edad Media. El Imperio se ha desmoronado, no sin antes haberse proclamado el Cristianismo como religión oficial. Tras las oleadas bárbaras, resulta que la Europa "civilizada" (tampoco os creáis que los Romanos eran seres mucho más benévolos que los que vivían más allá de las fronteras) se va al carajo y empieza una época conocida como el Feudalismo. Las provincias imperiales se independizan, surgen pequeños reinos por todas partes y el gobierno centralizado desaparece. Una vuelta, más o menos, a lo que había antes. La Iglesia no desaparece en esta época. Como ya he dicho, le cogieron el gustillo a eso del poder y la Fe Cristiana se convirtió en lo único que podía medianamente cohesionar la cultura europea.
Medianamente.
En una época de incultura total, adivinad en qué lugar quedan relegadas la mayor parte de obras de arte y literatura. Podríamos decir que, en cierto sentido, la Iglesia ejerció de "conservadora" de obras paganas y sacras. Lástima que esa conservación fuese tan hermética que SÓLO los miembros de la Iglesia tuviesen acceso a ellas. El pueblo llano... a currar, que era lo que tocaba. A ninguno de los amigos de las sotanas se les ocurrió implantar un sistema educativo. Las condiciones socioeconómicas y políticas tampoco ayudaban mucho.
Podemos decir entonces que la Iglesia hizo lo que pudo, ¿no? Sólo a medias. Si vamos analizando el asunto, vemos que la Cristiandad no sólo se dedica a conservar obras escritas o pictóricas. Resulta que los Papas empiezan a tener sus propios ejércitos. Vaya, algo muy extraño si hablamos de una religión que predica el amor, incluso hacia los enemigos...
Y no sólo eso: se convocan Cruzadas para acabar con los enemigos de la Cristiandad. Recuerdo una cita acerca de algo que tuvo lugar hacia 1209: a los cruzados se les ordenó matar a 30000 personas que se habían refugiado en Bezier, Francia. Con la intención expresa de eliminar a los cátaros (una rama de disidentes, "herejes" que los llamaban) el Papa Inocencio III (tócate las narices con el nombre del tipo) envió a un representante para dar un mensaje al general al mando de la masacre. El mensaje decía "Mátalos a todos que Dios reconocerá a los suyos". Otros dicen que fue el propio Simon de Bonfort (el general al mando) el que dijo esto. Fuese quien fuese el que lo dijese, las intenciones quedaron claras. Como este, mil casos.

Se venden bulas, que son papelotes que compras para que el Papa te exima y te perdone de un pecado. No importa lo atroz que sea, cuanto más pagues, más atroz es el pecado del que puedes liberarte. También se venden reliquias de todo tipo (falsas en su mayor parte, pero es un producto que funciona en una época donde la tasa de ignorancia es del 98%)

Nace la Inquisición, de la que se ha hablado una y mil veces. Como resumen rápido, diremos que a los que no pensaban EXACTAMENTE igual que las doctrinas del Vaticano. A lo largo de toda esta racha, podemos hablar de miles de cosas superguais en lo tocante a sus creencias, como una marcadísima misoginia (me viene a la cabeza el Concilio de Nicea, en el año 234 en el que, dependiendo de la versión de la historia que leáis, admitían que las mujeres tenían alma o que su alma estaba a la altura espiritual del hombre y no de los animales. Ahí queda eso). Véase el caso de las monjas que, con el paso del tiempo, resulta que no están en la misma paridad que los sacerdotes: estos últimos tienen un sueldo y ellas están obligadas a vender mantecados o coser para poder subsistir (esto no es sólo medieval: sigue pasando hoy en día).

Llegamos al Renacimiento. La Iglesia se ha afincado ya en su Sede y se convierten en mecenas de arte. Miguel Ángel pinta la Capilla Sixtina, Leonardo DaVinci diseña la iglesia de Santa Maria de las Flores en Florencia y tenemos además muestras de arte sacro por toda Europa. Véase NotreDame, Santiago de Compostela, y un largo etcétera que llenaría libros y libros de arte.
Se producen cismas. Hay gente que empieza a pensar que las cosas no se hacen como se deberían. Aparece un señor que clava en una puerta algunas protestas al respecto. La Iglesia se cabrea. Surgen, nuevamente, mil ramas que proceden de la Cristiandad, del mismo modo que el Cristianismo empezó siendo nada más que una de las miles de sectas del Judaismo (concretamente, los Esenios). Con esto surgen guerras que machacan Europa de punta a punta. Nuevamente, el Dios de Amor que predicaba Cristo se convierte en el estandarte de batalla de muchos hijos de puta que lo único que quieren es pillar recursos naturales del vecino.
Nos vamos a las Indias. Con el propósito de evangelizar, la Iglesia Católica permite la masacre y violación de miles de indígenas. Su máxima: "convierte a los paganos o mándalos al Infierno". La posición sexual del "Misionero" no tiene ese nombre porque suene erótica...

Con el paso de los siglos, la Iglesia sigue imponiendo sus dogmas de fe de un modo u otro. En el caso concreto de España, la Inquisición permanece hasta el siglo XVIII más o menos. En contra de la creencia popular, había nacido en Francia, pero aquí fue de los últimos sitios en irse. En el resto de Europa, sigue manteniéndose fuerte en aquellos lugares de credo cristiano (no siendo así entre los protestantes, por supuesto).

Llegados al siglo XX, nos encontramos con dos Guerras Mundiales. La Iglesia no hizo ABSOLUTAMENTE nada. De hecho, todavía se les acusa de haber mirado para otro lado en aquella época, mientras seis millones de judíos eran masacrados. Supongo que les importó una mierda porque como no eran cristianos...

Y pasamos al siglo XXI. La Iglesia va de modernita, predicando el buen rollito allá por donde va (o eso dice), aunque manteniéndose firme con respecto a sus ideales. Eso estaría bien, si no tuviésemos en cuenta que las cosas han cambiado bastante en dos mil y pico de años. Con problemas tales como la proliferación del SIDA  o la superpoblación, no se puede hablar de negarse a la medida de métodos anticonceptivos. Y aunque, por circunstancias recientes que no vienen al caso, yo me muestro también contrario al aborto, lo que no se puede tampoco es coger y decir: "ni aborto ni preservativos". Hay que ser coherentes en esta vida y vivir en el planeta. A la gente, por mucho que a ellos les joda, le gusta acostarse juntos. Y no todos pueden permitirse (o no quieren) tener críos. Ya que lo del aborto puede ser bastante fuerte (al menos, si no consideramos los hechos que hay en el Código Penal antes de la última reforma: violación, malformación o riesgo para la madre), lo que no se puede hacer es coger y cortarle todas las vías posibles a la gente. Para empezar, es vulnerar el derecho a la elección. Es decirle "si no quieres tener críos no te acuestes con nadie". En resumen, decirle a los demás cómo vivir. Y si les llevan la contra... "Viven una vida inmoral y separada del camino de Cristo".

Hablemos un poco de esto último. Y, antes de que me echeis a los perros, os diré que pese a no considerarme ni totalmente cristiano ni (mucho menos) católico, me he criado durante años bajo la enseñanza cristiana y he leido gran parte de la Biblia. De hecho, ahora mismo me encuentro leyendo los Evangelios Apócrifos y no me resulta ningún problema. El problema son los que dicen hablar en nombre de un Hombre al que se cargaron los de su propia etnia por ser fiel a lo que predicaba.
Para empezar, ya hemos visto que Cristo no sólo predicaba el amor que sus seguidores no han tenido huevos de mantener. Aparte de eso, Cristo era alguien que se juntaba con lo peorcito de la sociedad y les ayudaba a seguir adelante con lo que tenía: sus palabras (lo de los milagros mola mucho, pero me interesa más lo que hacía como persona más que los efectos especiales de un Mesías). Se juntaba con mujeres. Con prostitutas. Con leprosos. Si sabeis de algún Papa (no sacerdote, de esos me consta que los hay, y con más cojones y más fe que sus jefes) que haya hecho eso, por favor, me lo notificais.

Si hay algo que me gusta de la figura que nos ha llegado de Cristo es que denunciaba la hipocresía: era capaz de cagarse en la madre de un tipo que se negaba a sacar a su burra de un pozo por ser Sábado (en resumidas cuentas, que se meaba sobre la gente que anteponía los preceptos y las leyes a lo que estaba bien o mal). La clase de persona a la que le inflaban los huevos cuando convertían el templo en un negocio (Esto sucede en San Juan II, 13-22).

Ahora, veamos qué tenemos hoy en día. En qué se ha quedado la doctrina.
Resulta que viene el Papa. No hace 30 años ni en la Edad Media. Viene en 2010. Lo primero que hace es cagarse en los que no piensan como su Corporación (véase la Iglesia): homosexuales, librepensadores, familias no tradicionales... y habla del peligro que corre "su" familia tradicional, como si el hecho de que se casasen dos gays ahora implicase que dos heteros no puedan seguir haciéndolo.
Luego vemos que la visita se convierte en lo más parecido a un concierto de los Metallica: fans por todas partes exhibiendo camisetas y merchandising... sí, sí: merchandising. Además, tiene que ser auténtico, el que lleva el sello del Vaticano. Cristo expulsando mercaderes y estos mamones sacando su propia marca de artículos.

Hablemos entonces del dinero que se sacan con esto.
Ya hemos visto que desde siempre la Iglesia ha hecho merchandising con sus cosas. Ya he hablado arriba de las bulas. La preguna es: ¿A dónde os creéis que va todo ese dinero a parar? Por favor, no me digais que TODO va a parar al Tercer Mundo, que puedo morirme de la risa, y no con la intención de faltaros al respeto. Es que tal idea, viendo lo visto, me cuesta demasiado creerla. Ojalá fuera cierto, pero entonces, decidme: si tan buena es la Iglesia, ¿por qué coño no ha vendido TODO lo que tiene, como dijo Jesús de Nazaret a sus seguidores, y lo ha dado todo a los pobres? ¿Por qué no han seguido ese ejemplo y se han puesto a predicar por ahí con una túnica y cuatro pedazos de pan?

No voy a entrar en cómo se rasga las vestiduras un viejo con un pasado de presunta reputación filonazi que mira para otro lado con la cantidad de casos de pedofilia entre sus propias ramas (mucho lamentarlo, mucho condenarlo, pero no cuentan como crímenes ni se hacen los juicios pertinentes). De eso ya se ha hablado largo y tendido. En realidad este post trata sobre cómo él y toda la casta de carroñeros que tiene a su alrededor (repito: me refiero a LA CÚPULA de la Iglesia; luego, entre sus filas hay gente buena y mala, como en todas partes) se pasan por el culo las enseñanzas de su Mentor y Líder Espiritual. Pero lo peor es que luego, con esa fingida superioridad moral, nos vienen a los demás, como si ellos estuvieran por encima del bien y del mal y nos dicen que nuestras vidas son las de gente perdida. Que, por no pensar como ellos, por no someternos a su control, nos estamos desviando del camino recto.

Por supuesto, el suyo lo es mucho más, dónde va a parar: por eso se dan el lujo de opinar sobre la última puta cosa del planeta, les ataña o no (Dios está en todas partes y el Vaticano se mete donde le sale de los cojones, supongo que es su filosofía). Y de paso, permitiendo (y casi casi animando a) que la superpoblación y el SIDA campen por toda la puñetera África. Que la población del Tercer Mundo mande a la mismísima mierda toda la sostenibilidad; que toda esa cantidad de gente que pasa hambre consuma una cantidad tan grande de recursos que sea imposible reponerlos a tiempo. Que todo eso genere además un consumo de energía. Que el consumo de energía lleve a un cambio climático cada vez mayor. Catásfrofes naturales que se propagan a lo largo y ancho del globo.
Odio por todas partes: a los que no creen en SU Dios, a los que no creen en ningún Dios, o a los que creen en un Dios similar al suyo pero que no están de acuerdo con todas las doctrinas, los dogmas de fe y muchas de las mierdas con las que la Iglesia se las ha metido doblada al creyente de a pie.
Odio a las madres solteras, o más bien odio encubierto a la mujer en general (se salva la Virgen María, que no tiene un papel del todo claro en la religión cristiana. Lo de "Madre de Dios" no convence, cuando otras religiones han hablado de Diosas o Semidiosas sin miedo), la cual debe respetar al hombre como su superior (de hecho, el Génesis apunta a Eva como responsable directa del Pecado Original; los Apócrifos repudian a Lilith como aquella que no se sometió a los deseos sexuales de Adán; San Agustín opinando que las mujeres deben ser segregadas de la sociedad por "causar erecciones en los santos varones", y podría seguir...)
Odio a los homosexuales a los que consideran enfermos, pero cuando los homosexuales llevan una sotana no pasa absolutamente nada, predicando así el amor entre dos personas, pero del modo que ellos dicen. Si no, esas personas están enfermas.

A veces pienso que si Satán era conocido por ser el Señor de las Mentiras, ¿no sería posible que nos hayamos equivocado de doctrina? ¿No es acaso posible que aquellos que dicen representar a Dios nos la estén colando tranquilamente y nos estén jodiendo desde hace ya casi dos mil años mientras nos ponen buena cara? ¿Y si esta panda de falsos profetas, mentirosos, hipócritas y cínicos en realidad no representen al Dios que leí cuando era pequeño? ¿Y si en realidad fue la Serpiente la que se quedó con el cielo y nos lo hayamos tragado sin haberlo pensado siquiera?

Por sus hechos les conoceréis, decía San Mateo. Guardaos de los falsos profetas. La visita del Papa a mi país y todo el follón mediático a lo concierto de U2, (tan cercano a la idolatría que tanto castigaba el Yahveh chungo del Antiguo Testamento), me hacen pensar que a lo mejor esos falsos profetas son los que llevan años diciéndonos lo que está bien y lo que está mal.

Sólo una última cosa y os dejo hasta el siguiente post: aparte de vuestras creencias religiosas, si considerais por un segundo el hecho de que Cristo pudiese regresar y echar un vistazo al mundo para ver cómo ha ido desde que se fue... ¿Qué creéis que pensaría acerca de lo que han hecho sus "seguidores" con lo que él predicaba? ¿Y qué haríais vosotros en su lugar?
Pensadlo y me contais.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Tebeos en Vena- V de Vendetta, de Alan Moore y David Lloyd



Cómo no. Tenía que ir tocando comentar alguna obra maestra del cómic en esta sección de análisis pormenorizado de cosas que me resultan interesantes. Como no podía ser menos, el primero en caer bajo mi bisturí es Alan Moore. No necesariamente mi autor de cómic favorito, pero sí uno de aquellos a los que tengo más respeto.
Si no os suena el nombre de este señor, dejadme que os ponga un poco en situación. Aquí el caballero (de sospechoso parecido con un ser que podría ser un cruce entre Charles Manson, Lemmy de Motörhead, Rasputín y cualquier bicho peludo y mirada ojerosa) es autor de grandes obras del Noveno Arte que luego han sido adaptadas con mejor o peor suerte al Séptimo. Entre éstas, tenemos Watchmen From Hell (pasad de la película, que es una mierda de las que hacen historia). Aparte, se encargó de convertir la simpleza de la historia original de La Cosa del Pantano (imaginaos, un señor que por medio de un accidente se convierte en una puta lechuga radiactiva) en todo un intrincado laberinto narrativo que lavó la cara al personaje por completo (¡y sin desdecir prácticamente nada de la historia original, ojo! Esto tiene MUCHO mérito), creando de paso a uno de mis personajes favoritos del cómic: John Constantine (al que muchos conoceréis por la bazofia de película que sacaron hace algunos años). También se ha inmiscuido en el género X con Lost Girls, dando una visión digamos "picantona" (y me quedo corto)  de Alicia, Wendy y Dorothy.

Y, por supuesto, se encargó de escribir V de Vendetta.
Para mucha gente, es Watchmen su obra maestra, quedando entre una de las joyas del cómic más grandes de todos los tiempos. Aunque respeto mucho la calidad argumental de ésta, desde mi punto de vista personal, la obra que analizo aquí me resulta mucho más atractiva.

Finalizada en 1988, V de Vendetta nos presenta una Inglaterra distópica (vale, mientras escribo estas líneas descubro uno de los motivos por los que me atrae personalmente), situada cronológicamente tras una guerra nuclear. Si conoceis un poco el contexto artístico, en los años 80 el terror nuclear estaba bastante de moda. Pelis como Mad Max y demás nos mostraban un mundo arrasado, desértico y lleno de chatarra donde los supervivientes, embutidos en cuero que iban por ahí pululando por gasolina, agua o comida.
A Alan Moore nunca le han gustado los tópicos. La Inglaterra que nos muestra es precisamente lo contrario: en lugar de punks en moto aquí tenemos una Inglaterra ordenada. Muy ordenada. Demasiado ordenada. De hecho, lo que nos encontramos aquí es a un grupo llamado Fuego Nórdico que ha tomado el país bajo un gobierno totalitario.
La primera escena nos presenta a una joven llamada Evey Hammond que escucha la radio mientras se maquilla. Sólo al escuchar lo que dice la emisora, ya sabemos lo que sucede: no necesitamos un prólogo. Todo se nos cuenta con una sencillez y con un respeto absoluto por el lector, que no necesita que le expliquen las cosas como si fuera idiota.
Evey Hammond, a diferencia de como sucedía en la versión cinematográfica, es una chica pobre que tiene que ganarse un dinero extra para subsistir. ¿Cómo? Prostituyéndose. Duro, pero coherente. El personaje va a ser nuestros ojos a lo largo de la mayor parte de la historia (de vez en cuando veremos algunos saltos de enfoque)y vamos a ser testigo de su evolución como persona. Gracias a ella, tanto como al resto de personajes, veremos cómo se desenvuelve esta Inglaterra totalitaria.

En su primera noche como prostituta, aparecerá V, un misterioso personaje que parece salido de un teatro (no en vano sus primeras líneas son citando a Macbeth), aunque con las habilidades combativas de un Batman carente de escrúpulos y unos ideales revolucionarios que nos recuerdan poderosamente a héroes populares como Robin Hood, el Zorro, la Pimpinela Escarlata o muchos otros enmascarados. V, tras este accidental encuentro con Evey Hammond, decide (a petición de ésta) quedarse con ella y adoptarla como discípula. Aquí comienza para la chica un viaje de aprendizaje que culmina de un modo que hace que se me lleguen a saltar las lágrimas.

Una vez establecido el argumento, paso a continuar la autopsia, punto por punto.

Estructura: Concebida originalmente en diez capítulos y luego reunida en un único volumen de tres partes, V de Vendetta recuerda poderosamente a las obras del teatro clásico: los primeros capítulos nos van presentando a los diversos personajes y las relaciones entre ellos. No tardamos en reconocer a los "malos" y a los "regulares" (salvando quizás -y sólo quizás- a Evey, no he encontrado personajes "buenos" aquí, lo cual hace que la obra sea muy adulta), y sus relaciones entre ellos. Interesante el concepto que vamos viendo acerca de cómo algunos de los totalitaristas o sus simpatizantes justifican sus acciones, llegando a hacernos creer en algún momento, que pueden llegar a tener razón (me viene a la cabeza el caso de la doctora Delia Surridge, que recuerda poderosamente al Josef Mengele de la Alemania Nazi)... aunque sin convencernos del todo.
A partir de esta presentación de personajes, del mismo modo clásico, se van desarrollando los conflictos, en distintos frentes (por un lado V, por otro los hombres a los que combate y el trasfondo personal de cada uno) en un crescendo que hace presentir al lector que va a encontrarse con un clímax a la altura de las expectativas que crea. Alan Moore no defrauda en esto. Nos muestra una historia de seguimiento sencillo, con un giro temático que le da a la historia la frescura necesaria para evitar lo predecible:

(ATENTOS QUE EN ESTA LÍNEA SE DESVELA LIGERAMENTE PARTE DEL PASTEL DE LA HISTORIA. SI NO LA HABEIS LEIDO, PASAD INMEDIATAMENTE AL PÁRRAFO SIGUIENTE)--- lo que creíamos al principio que era una simple venganza resulta que no se limita eso. Es toda una revolución.

Temática: El punto que me resulta más importante de la obra. El autor concebió la historia como un himno a la anarquía; más allá de eso, hace una crítica no solamente a las sociedades totalitarias, sino al borreguismo de la gente que cree en ellos. De aquellos que, movidos por la desesperación, sacrifican su libertad y su individualidad para que otros piensen por ellos y les digan cómo vivir. Una bofetada en la cara a aquellos que se obcecan en ideas fanáticas.
Por supuesto, Moore no se queda aquí y nos muestra otras temáticas tangenciales: la violencia de género, la homofobia, la corrupción o la hipocresía del sistema (véase el obispo con una debilidad enfermiza por las niñas, o los cabarets donde, sin pudor, se enseña carne (y otras cosas) a los miembros del Gobierno (que deberían ser el paradigma de la represión) sin pudor alguno. A casi todas estas temáticas, Alan Moore nos hace siempre la misma pregunta: "¿Por qué?" La respuesta queda en el aire, casi esperando que seamos nosotros quienes la respondamos.

Personajes: Aquí Alan Moore exhibe tanto lo mejor como lo peor de su estilo. En V de Vendetta encontraremos personajes terriblemente coherentes y realistas. El autor huye de los blancos y negros en muchos aspectos (aunque no siempre) y no vamos a ver malvados nazis en todos los casos (aunque en algunos sí vamos a ver seres realmente despreciables, como pasa en la vida real). Desde mi punto de vista, Alan Moore tiene su punto débil en la creación de personajes femeninos. Muchos no están de acuerdo conmigo (posiblemente aquellos que han leido obras suyas que yo no he leido), pero para mí sus mujeres son de dos tipos: la comparsa que no sabe valerse por sí misma y la harpía.
Podríamos decir que Evey Hammond está en el primer grupo durante la mayor parte de la historia (de niña, bajo la protección de su padre; luego de V, luego de Gordon y finalmente de V otra vez) y acaba evolucionando para convertirse en alguien relativamente independiente (dada la temática de dejar de ser uno más en el sistema que nos va contando la obra, no cabría esperar menos).
Helen Heyer, esposa de uno de los encargados de seguridad del Gobierno, encaja a la perfección con el segundo grupo. Una mujer despiadada a la vez que frívola, que maneja a los hombres para satisfacer todas sus ambiciones. Odiosa a más no poder.
En el caso de V, podemos decir que ni siquiera él es un personaje totalmente benévolo. Con un estado mental que nos hace dudar si está tan cuerdo como debería ser un héroe o tan loco como alguien que ha visto la verdad y se la muestra a otros, sus acciones son de una moralidad discutible (véase el caso de la lección magistral a Evey Hammond), aunque revestida de buenas intenciones.
El resto de personajes, a veces ligeramente homogéneos entre ellos (puede ser intencionado para indicar así la supresión de la individualidad) se muestran agresivos y altaneros a la vez que débiles y falibles. Notable el hecho de que son precisamente esas debilidades las responsables de su caida.

Valoración: V de Vendetta podría parecer un panfleto político en favor de la anarquía. Quizás fue concebida así. Pero el caso es que, leyéndola, no tenemos esa impresión. Alan Moore la reviste con un halo de romanticismo que resulta sobrecogedor. V no se limita a mostrarse como un terrorista medio psicótico con ganas de aplastar a sus enemigos y a sus ideas. Es además el último hombre que ha leido poesía, que ha disfrutado del cine; que ha amado el jazz o que ha conocido el teatro (para él, citando a Shakespeare, el mundo es un escenario... "y todo lo demás es vodevil"), puesto que el mundo en el que vive ha erradicado la mayor parte de la cultura. Es el vengador de libro: frío, irónico, a menudo amoral y con un magnetismo que pocas veces se ha podido ver en una obra escrita.
Este romanticismo se impregna en cada página de la obra desde el principio (me resulta particularmente emotiva la escena en que Evey narra cómo vivió la guerra siendo una niña, ante un V que casi me pareció que disfrutaba escuchando aquello), llegando a uno de los puntos que me resultan más emotivos: la historia de Valerie. Un contrapunto a todo lo que vemos que podría ser una terrible bajada de ritmo. Todo lo contrario: nos muestra por qué V hace lo que hace (o al menos, nos da parte de la respuesta a esa pregunta). A partir de aquí y de la lección de Evey que comenté arriba ya sólo nos queda una cosa por saber: que el fin está por llegar. No os cuento más. Tenéis que leerlo.

El dibujo de David Lloyd, de notable concepción cinematográfica a la hora de concebir las escenas (también gracias al hecho de que Alan Moore es terriblemente minucioso cuando da detalles a sus ilustradores),cargado de manchas de sombras y coloreado a base de tonos grisáceos, verdosos y azulados apagados confiere la atmósfera deprimente que cabría esperar en una historia con este tono. No puedo olvidar mencionar aquí la fortísima carga simbólica, presente tanto en las imágenes como en el contenido. Observad con atención la cantidad de escenas con simbología visual (los fuegos artificiales mostrando la V o las rosas para simbolizar una vida humana) anafóricas (como por ejemplo, en una de las escenas finales, donde Evey ve el rostro de su padre y de otras personas importantes para ella en un cadáver), los paralelismos (las piezas de dominó que se van colocando paralelamente a cómo se va desarrollando la trama de la historia) o mensajes subliminales, del tipo que hacen que cada vez que leas la historia encuentres alguna cosa (uno de los más claros que me viene a la mente es la estrella de cinco puntas invertida en el edredón de la alcoba del Obispo Lilliman, en clara alusión a la perversión del Catolicismo, convirtiéndose en satanismo). La misma trama también nos revela detalles simbólicos, como sucede con la "V", que aparece aludida de mil maneras (en el código morse, por ejemplo, es '...-', que a su vez es el primer acorde de la Quinta Sinfonía de Beethoven) al tiempo que significa varias cosas: no sólo es el nombre del personaje sin más: es la Vendetta, la Sala V o el 5 de Noviembre. Otro detallazo es el tema de la "epifanía" de Evey y V, simbolizada por medio de elementos naturales como el agua y el fuego, respectivamente. Podría seguir, pero sería un post eterno.

Mi consejo final es que, si os ha gustado la película (una adaptación curiosa, pero que se deja algunas de estas ideas en el tintero, metiendo una trama de conspiración que parece gustarle mucho al público americano) no tengáis miedo a que os tachen de frikis por compraros este cómic. Una buena idea puede aparecer ilustrada y eso no tiene por qué convertiros en el dueño de la tienda de cómics de Los Simpson. No hagáis caso de esos gilipollas ignorantes que se dedican a ponerle etiquetas a las cosas que no les gusta o que no entienden ("Buah! Tebeos! Eso es para niños y para chalados!", idea al respecto que flotaba en los años 50 en EEUU) y dejaos sumergir por los ideales revolucionarios de V.

Y cuando lo hagais, pensaos si nos falta mucho a nosotros para vivir en esa sociedad de mierda. Y si, viendo cómo están las cosas y la apatía que nos apresa, planteaos si nosotros tendremos la suerte de tener un V que nos abra los ojos...