lunes, 22 de noviembre de 2010

Escupiendo Rabia- Distopía T.V.

Estaba yo la semana pasada alegremente en casa de un amigo cuando me llegó este mensajito por parte de una de las Distópicas más activas de este blog. Os dejo el enlace por aquí para que le echéis un vistazo:
http://es.globedia.com/telebasura-juego-inteligencia-aborregar-publico

Al leerlo, imaginaos: casi me quedo muerto porque, pese a estar de acuerdo con lo que se dice aquí, no tenía ni idea de cómo funcionaba el asunto. Es decir, no conocía los principios que se mencionan en este artículo, lo que por supuesto, no hace que me escalofríe menos.

Sin embargo, casi se puede ver un poco el tufillo de resquemor por parte del autor del artículo en contra de cierto presentador y cierto programa en concreto. Como idea base, no está nada mal, pero desde mi punto de vista y mi opinión, se queda corto. Muy corto.
Otra amiga mía y además de mis grandes aliadas en una y mil cruzadas estuvo trabajando un tiempo en esta cadena; sumado a su experiencia como comunicadora audiovisual, podemos fiarnos de lo que sabe, amén de lo que vio. Sabéis cuáles son sus palabras? "TODO lo que vemos en la tele es MENTIRA".

Sin querer entrar a parafrasear lo que se menciona en el artículo (que me parece, salvando lo arriba mencionado, para quitarse el sombrero), esta amiga mía desde que la conozco ha hecho hincapié siempre en lo que quiere una cadena de televisión (no digo ni tal ni cual, porque ese es el objetivo principal de todas). Una cadena busca ESPECTÁCULO. Cueste lo que cueste. No importa que lo que veamos sea mentira. No importa que esas mentiras hagan que la gente piense que viven en otro planeta. Nada de eso importa.

Pensad en las audiencias. ¿De verdad pensáis que lo que nos dicen que ha sido líder de audiencia realmente lo ha sido? ¿A quién le han preguntado? ¿A vosotros? ¿A alguien que conocéis? Muy probablemente, queridos Distópicos y Distópicas, la respuesta sea negativa. Esas decisiones vienen de arriba, como siempre.
Me viene el caso de un amigo mío que trabaja en la radio. Me contó hace algún tiempo que sus jefes (el trabaja de lo que le gusta, a golpe de micro, pero las decisiones, ya sabéis... son cosas de otros seres, más poderosos y con muchos menos escrúpulos) habían lanzado una encuesta acerca de lo que le interesaba al público, especialmente en lo tocante a la publicidad. Resultado: EXACTAMENTE el mismo. Ni él ni nadie conocían a aquellos que fueron objetivos de la encuesta, pero "casualmente", la decisión se tomó. ¿Coincidencia? Puede. ¿Demasiada coincidencia? Seguro.

Nos dicen que lo que vemos es lo que la gente quiere, pero luego preguntas y muy poca gente reconoce gustarle lo que ve en la tele. También tenemos que admitir que el personal es muy hipócrita y, si de ellos dependiese, lo que más audiencia tiene serían los documentales. De sobra conocemos la respuesta.

Que la gente miente es un hecho. Pero que los medios mienten constantemente lo es también, y la gente sin embargo no parece prestar atención.
Olvidaos de la prensa libre. No existe la libertad de expresión. No en el sentido que creemos. Las cadenas de televisión, de radio, los periódicos y hasta las revistas de cotilleos dependen de los intereses de otros Seres Invisibles que manejan los hilos. Detrás de todos estos medios hay gigantes corporativos con sus propios intereses políticos y sociales.

Pensad por qué la telebasura triunfa precisamente ahora. ¿Os habéis fijado en la época que nos ha tocado vivir? En un país donde nos están acribillando a impuestos, donde la tasa de paro empieza a resultar tan vergonzosa que casi preferimos no leer las noticias (pero acabamos haciéndolo). Donde los jubilados tienen que pagar multas por apostarse unos céntimos al bingo en los centros de día (no es coña).
Los poderosos, los banqueros y toda esa caterva de carroñeros se han adueñado del país, como hacen siempre. Pero no contentos con ello, lo han estrujado y le han sacado hasta la última gota de sangre. ¿Qué es lo que evita que la gente se cabree y decida echarlos a patadas? La "información libre". Sí, amiguitos. Esa misma que nos ofrece extensores de pene, máquinas de abdominales que no necesitamos y la que nos cuenta que cierto torero se lo está montando con cierta señorita nacida en Matalascañas, Alhaurín o vete a saber dónde. En realidad, TODOS quieren una sola cosa:



Ya lo habéis leido en el artículo. Nos meten en la cabeza información que no necesitamos. Nos generan necesidades totalmente superfluas. Nos hablan de vida de gente que, en otra situación, o en otra época, nos habría importado un carajo. Nos sumergen en ese estado de felicidad impuesta. Nos empiezan a enseñar que vender nuestra intimidad no está tan mal (irónico que los mismos que lo hacen hablan de Orwell y casi nadie lo sabe). Nos venden mentiras de todo tipo (por ejemplo, nos muestran supuestos juicios encabezados por actores que simulan esos juicios). Intentan que nos riamos, que le veamos la gracia a todo, para quitarle importancia.
¿Qué genera eso? Gente que ama al Gran Hermano (al de Orwell, no al de la tele). Gente que JAMÁS se rebelará contra el sistema. Ovejas perfectas. Rebaños a los que no tardarán en afeitarles la cabeza e implantarles el código de barras (literal o metafóricamente). Para darle vueltas al coco, os recomiendo que veais la peli Videodrome, de David Cronemberg. Exageradilla en cuanto a argumento, pero la idea está ahí, implícita.




La Distopía siempre ha estado ahí. La vimos cuando se inventó la propaganda nazi. ¿En serio creíais que la gente era idiota? En absoluto: pero preferían creer mentiras cómodas a verdades incómodas. Por eso nadie se preguntaba a dónde puñetas iba tanto judío en tren.
¿Qué os creéis que pasa en China, donde la propaganda es más salvaje y desenfrenada que en casi cualquier otra parte del mundo? El chino medio no se pregunta cosas. Vive feliz en ese estado de ensoñamiento social. Los que piensan son rápidamente escindidos del sistema (véase ese periodista que se ha pegado yo no sé cuánto tiempo bajo arresto domiciliario por decir lo que piensa). Esos tipos no son idiotas. Son unos maestros, y saben que una revolución en China es virtualmente imposible. No queráis saber cuántos se acordarán allí de la que se lió en Tiana-Meng (o como se escriba) allá por el 86. O lo que se les ha contado de aquella masacre.

¿Y aquí es distinto? No os vayáis a creer; la diferencia quizás es que nuestros expertos en propaganda no son tan expertos. Pero fijáos en la diferencia de opiniones cada vez que se monta una huelga general o una manifestación contra el gobierno.
Y no sólo eso. La prensa ejerce de juez, jurado y verdugo. Cada vez que una mujer muere en su casa, se apunta directamente a caso de violencia de género y se sacan los dobermans y las antorchas en busca y captura de su pareja o expareja, tenga o no que ver con la muerte. Me viene al caso el pobre chaval aquel al que se le murió la hijastra en un accidente en un parque infantil y la prensa lo acribilló acusándolo de abusos sexuales. Hubo una neglicencia médica, pero ni siquiera se esperó a que el chico se le juzgara. Se le acusó directamente. A punto de suicidarse que estuvo el muchacho.

A Dolores Vázquez, imputada en el caso de la pobre Rocío Wanninkhopf, la encerraron TRES años (si no más), y era inocente. La prensa ejerció tal presión mediática que, pese a no tener pruebas, acabó en prisión. Luego se demostró que era inocente. Qué risa (y qué vergüenza) ver listas del carajo como Ana Rosa pidiendo perdón tras haberla humillado y acusado públicamente. Sin embargo, ahí está la señora Quintana, con un par de ovarios. Juzgada y obligada a retirar sus libros por plagio y todavía va por ahí de intelectual por la vida.

Y podría seguir. La lista, como la que hice de víctimas de juegos macabros cuando hice la autopsia de Ketchum, podría ser eterna. Así va el tema. Si la justicia ya iba como el puto culo (no olvidéis a ese pobre hombre que se ha pasado 11 años en la cárcel siendo inocente de violación; no quiero imaginar por lo que habrá pasado ese hombre, de verdad), resulta que aquí los amigos de la prensa van de cruzados por la vida, metiendo la zarpa donde nadie les ha llamado. Me acuerdo todavía de Mercedes Milá, por encima del bien y del mal, como es tipico en ella, cazando pederastas en Madrid. A la mierda los juzgados. Donde esté el doble ese del zombi de Iron Maiden, que se quite la Policía y todo lo demás.

Pero el problema es el de siempre. Hay gente que se traga la mierda. Lo mismo con ketchup o mostaza, o con aritos de cebolla de guarnición. Pero la mierda, aunque disfrazada, no deja de ser mierda. Deshechos. Basura. Llamadlo como os dé la gana. Pero nos la tragamos. Ellos quieren que lo hagamos, porque no quieren que pensemos. No quieren que un día nos levantemos diciendo "Joder, qué mal está la cosa, alguien debería hacer algo". Que esa gente, que empieza a tener ideas similares se diga un día "pues no, vamos a tener que hacer algo porque esto no puede seguir así". Que alguien diga algún día: "no quiero que mis hijos pasen hambre por culpa de estos cabrones que van en Audi a hacer que curran, pero lo que hacen todo el santo día es tocarse los huevos e insultarse unos a otros".

Esto ya se inventó en Roma, hasta donde llega mi documentación. Se llama "Dale al pueblo pan y circo". Lo que estos listos no saben es que hasta el Imperio Romano cayó. La pregunta es: ¿hasta cuándo estais dispuestos a tragar mierda?

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