Sí, sé que este título os escandaliza a muchos de vosotros. Sé que habrá quien se tire de los pelos al escuchar la afirmación de que toda criatura bípeda en este puto país es por definición imbécil... Pero me gustaría que dejásemos de rasgarnos las vestiduras por un momento y pensásemos en esto que acabo de decir. Este título en realidad no refleja lo que pienso yo, sino lo que piensa este puto país de palurdos de mierda.
¿Que no?
Echad un vistazo a cómo se aprende en España. Ya he hablado de esto antes, en otros artículos referentes al sistema educativo, pero os hago un resumen rápido: aquí lo que prima es aprender de memoria y por repetición, por si no nos habíamos dado cuenta antes. En la materia que me compete a mí (inglés), el tema es patético: cada temario es prácticamente IGUAL al del año anterior, salvando un detalle o dos, lo que se conoce como los drillings. Para profanos, la cosa consiste en hacerles repetir una y otra vez lo mismo hasta que se les quede en el cerebro, en plan mantra. Así, hasta más de cinco putos años, cuando llegan a bachiller y les meten todo lo que no les han metido de golpe, con calzador y sin vaselina. Todo esto se hace, por supuesto, sin incentivar en ningún momento el libre pensamiento o la creatividad del alumno, limitando su autonomía y haciendo que eso de razonar y entender las cosas suene como a chino. De paso, pues tenemos que el estudiante, en contra de la creencia popular, NO es gilipollas, pero sí que puede sentir que lo tratan como tal cuando se pegan más de la mitad de su vida académica sin un puto desafío, sin un avance o sin nada que ya le suene, lo que lleva a una profunda desmotivación.
Esto, como digo, es en inglés, esa asignatura que ahora, de la noche a la mañana, se espera que un crío hable como si hubiera sido parido en Oxford, cuando aquí la enseñanza de idiomas es algo que se ha tratado como si fuera la asignatura-cachondeo oficial, junto con educación física y música... Pero si alguno de vosotros, humanos que me estáis leyendo, puede atestiguar que el planteamiento del resto de asignaturas es similar, por favor, que me lo confirme o desmienta.
Esto, como digo, es en inglés, esa asignatura que ahora, de la noche a la mañana, se espera que un crío hable como si hubiera sido parido en Oxford, cuando aquí la enseñanza de idiomas es algo que se ha tratado como si fuera la asignatura-cachondeo oficial, junto con educación física y música... Pero si alguno de vosotros, humanos que me estáis leyendo, puede atestiguar que el planteamiento del resto de asignaturas es similar, por favor, que me lo confirme o desmienta.
Pero claro, aquí la gente es tan jodidamente soplapollas que solo ven los numeritos de las estadísticas y demás polladas: solo ven que los chavales suspenden y la respuesta es mantener el sistema de repetición, porque confían en que algún día la cosa saldrá bien y todo.
"El-Libre-Pensamiento-Es-Un-Error. La-Autonomía-Está-Obsoleta.Vivimos-Para-Hacer-Lo-Que-Nos-Digan."
Podemos decir, sin embargo, que es el único caso, que la sociedad de la calle, fuera de las aulas, ve a los menores de edad como personas autónomas, eficientes y demás chorradas, pero nos damos cuenta de que en realidad la sociedad es hipócrita de cojones al decir que no, cuando en realidad todavía pensamos que todo bicho viviente por debajo de los dieciocho es impresionable, inocentón y, ya puestos, medio lerdo. No puedo parar de reírme cuando me hablan de la protección de contenidos en televisión para que los pobres menores puedan ver cosas adaptadas a su edad. Lo que en principio resulta lógico (no le vas a poner porno duro a un crío de seis años porque eso igual es llevar un poco al extremo lo que digo) al final no es sino coger y sacar la idea de esa protección necesaria de madre y retorcerla hasta convertirla en una censura ridícula. Al igual que sucede con poner contenidos algo más desafiantes a la inteligencia en un libro de texto, el pretexto es que "los menores no están preparados para ello". Por eso, se sacan de parrilla series de animación porque "son violentas" o "groseras", sin pararse a pensar siquiera que un crío de unos diez o doce años (por lo general, porque siempre hay excepciones y gente con problemas... pero eso es tanto entre menores como entre mayores de edad) ya anda bastante preparado psicológicamente para distinguir la realidad de la ficción. La idea aquí no es proteger, sino sobreproteger, limitando la capacidad de decisión de una persona (sí, un menor es una persona aunque no se lo quieran creer) acerca de si el contenido que están viendo les gusta o no. La idea es decidir por ellos, sin preguntar su opinión (porque al parecer no cuenta) ante cosas como esta, en la que no es malo saber qué piensa una persona de poca edad y ver a este sector de la población (como ya he contado alguna vez en mi etapa de prácticas) como si fueran objetos de estudio, o más directamente, putos alienígenas.
Antes de que me saltéis al cuello: ¿Estoy diciendo entonces que a los menores no se les debe proteger?
NO.
Lo que digo es que hay una diferencia muy grande entre proteger a un menor de los peligros que le rodean (que hay muchos) y sobreprotegerle, considerando hasta la puta cosa más insignificante "Una amenaza potencial". Porque no es lo mismo proteger a un chaval de un pederasta (lo que es razonable, respetable y necesario) que de una serie donde sale una tía en topless (que no pasa de la chuminada).
Irónicamente, los dibujos animados han sido sustituidos por programas del corazón, que son moralmente mucho más elevados, dónde va a parar (nótese mi amarga ironía al decir esto, viendo la pelea de perros constante a las putas seis de la tarde, donde todo es un despliegue de insultos y apología de la violencia verbal)... Y las escenas gore de los telediarios de nuestro país jamás han pasado por ese filtro "porque están para informar" y se da por hecho de que alguien que no ha llegado a la mayoría de edad no se interesa por "las cosas de los mayores". Luego es curioso, porque nos damos cuenta de que los jóvenes de la generación actual son gente mucho más preparada (hablo, por supuesto, en general) para tolerar imágenes violentas sin que ello los convierta en los psicópatas que vociferan los conservadores más beligerantes. Solo tenemos que ver que hoy en día juegos como Call of Duty y demás lo petan entre la chiquillería y tampoco es que veamos asesinatos (no necesariamente con armas de fuego) a diario a manos de menores. Supongo que es más fácil pensar que un chaval, además de ser tonto, es impresionable hasta la médula y se cree cualquier gilipollez que les cuenten. Algo así como hacen los adultos cuando un soplagaitas les dice que nos va a sacar de la crisis sin explicar cómo y va y deposita su confianza en él, pero con superpoderes, metralletas y ataques combo de por medio.
En Andalucía, por ejemplo, Bola de Dragón fue retirada de la televisión autonómica hacia 1994 (año arriba, año abajo) porque hubo mucha gente que protestó por el contenido violento que esta serie destilaba. Aparte de las consabidas peleas, parece ser que nadie se puso a ver la serie con un mínimo de objetividad como para darse cuenta de que ensalzaba muchos otros valores, tales como la amistad o la voluntad por ser mejor día a día. De esa generación, supuestamente "Marcada por la violencia" de Son Goku diría que no han salido tantos asesinos psicópatas como pensaban.
Y mira que la veían chavales antes de que la retirasen...
Frase lapidaria soltada en un capítulo de South Park (animación PARA ADULTOS, que también existe), en el que los protagonistas se meten en un terrible follón mientras sus padres están en la gran ciudad, llevando a cabo una campaña para retirar un programa de humor "para salvaguardar la inocencia de sus hijos":
"Esto no estaría pasando si nuestros padres estuvieran junto a nosotros, en vez de estar por ahí luchando para protegernos"
No, es muy fácil caer en ese prejuicio de que un crío (como es imbécil) imita lo que ve y, es más fácil aún exigir la censura "por la protección de nuestros menores" (total, para mierdas, porque luego se lo pueden bajar tranquilamente de Internet y ver lo que les salga del culo si nadie está ahí para decirles "Oye, chaval, que eso es demasiado bestia como para que lo veas todavía"). Lo jodido, amiguitos, lo verdaderamente jodido es comunicarse con un hijo y enseñarle valores. Lo mismo, si se hiciera, no haría falta censura. No harían falta esas oleadas de protestas para que retiren tal película de cartelera o esos colectivos de padres encabronados (en realidad esas pelis están pensadas para que las vean los adultos, debido a referencias históricas o a una recreación de la violencia algo extrema para gente algo sensible... pero su retirada a menudo se exige porque hay adultos lo bastante idiotas como para meter a los críos en pelis como Kick-Ass o El Pianista sin preguntarse siquiera si es un contenido recomendable para criaturas de nueve años, como he llegado a ver en alguna sala de cine con mis propios ojitos), berreando para que saquen según qué series de la parrilla televisiva, etcétera. Igual los chavales hasta las seguirían viendo, pero siendo más conscientes de que lo que pasa en una pantalla, en una pantalla se queda y a tomar por culo con tanta chorrada.
Para entendernos, es tan absurdo y tan hipócrita como mudarte a una casa en la que sabes que hay prostitutas a menos de cien metros (pero te la compras porque está barata) y luego exigir a las autoridades que te las saquen de allí a patadas porque dan mala imagen, haciéndote el indignado de la vida.
Otra prueba de ello la tenemos en la tele, donde ha empezado a surgir toda una franquicia de realities en los que un menor (niño pequeño en unos casos, ya adolescente en otros) la lía parda y el objetivo es "reeducarlo". Si bien en el caso de los más mayores se opta un poco por la charlita y demás (no todo iba a ser malo), el caso más duro lo tenemos en el de los niños, donde el método para encauzarlos consiste en una especie de adiestramiento para el caso que sea: ¿Que su hijo dice palabrotas constantemente? No pasa nada, la solución está en ponerle unas pautas y hacer que ponga la mesa a diario. ¿Que tiene un auténtico problema con la autoridad? Sin problemas, la solución está en ponerle unas pautas y hacer que ponga la mesa a diario. ¿Qué adora a Satán? Sin problemas, la solución está en ponerle unas pautas y hacer que ponga la mesa a diario. Esto, que luego hace que toquemos las palmas a lo bestia desde nuestros sofás cuando vemos los resultados y los niños satánicos rebeldes con Tourette se convierten en pequeñajos modelo recién salidos de una cadena de montaje, en realidad no es más que condicionamiento del más clásico: estímulo y refuerzo, y sus correspondientes respuestas. En esencia, algo muy similar a adiestrar perros. Nos puede parecer aberrante y escandaloso así contado... pero joder, es que el procedimiento es el mismo. Si en vez de poner que el niño ponga la mesa y recoja sus juguetes, ponemos en la tablita de tareas que sale en el programa que le traiga las zapatillas a papá cuando llegue y dé la manita para recibir una loncha de mortadela, nos damos cuenta de que en esencia, estamos haciendo lo mismo.
Adiestrar por medio de la repetición, sin razonar las cosas y sin que el niño entienda por qué se tiene que hacer, o cómo se hace. Sólo obedecer, y nada más que obedecer. Y, como he mencionado arriba, pues también a memorizar cosas como un papagayo, con autonomía cero, para que el día de mañana pueda ser un alegre consumidor que no se cuestiona nada y vive feliz ganando cuatro perras gordas mientras otros lo explotan.
Así se hace, campeones.
Para entendernos, es tan absurdo y tan hipócrita como mudarte a una casa en la que sabes que hay prostitutas a menos de cien metros (pero te la compras porque está barata) y luego exigir a las autoridades que te las saquen de allí a patadas porque dan mala imagen, haciéndote el indignado de la vida.
Otro gran ejemplo de gilipollez absoluta: esta pegatinita se empezó a poner allá por los años 90 en los discos con la idea de proteger a los chavales de contenido explícito. Dicho de forma más sencilla, advertía que había palabrotas.
Porque claro, toda persona por debajo de dieciocho no ha soltado un "Coño" en su vida.
Si nos vamos a otras épocas, podemos ver cómo los menores eran vistos de otra manera: una chica de trece años en la Edad Media, por ejemplo podía ya estar perfectamente casada y a cargo de una casa. A lo largo de la historia, los niños han trabajado en granjas, fábricas o incluso han ido a la guerra. Los tiempos han cambiado, desde luego, y la situación hoy en día es diferente. Sin embargo, no deja de ser curioso que, lo que antes se consideraba normal (es decir, el hecho concreto de que una persona a cierta edad ya pudiese tener responsabilidades) hoy en día resulta aberrante.
No es que vayamos a mandar a fábricas a niños de nueve años de nuevo (no en el primer mundo, claro, que aquí está feo)... pero, ¿tan difícil es tratarlos con el respeto que se merecen?
Otra prueba de ello la tenemos en la tele, donde ha empezado a surgir toda una franquicia de realities en los que un menor (niño pequeño en unos casos, ya adolescente en otros) la lía parda y el objetivo es "reeducarlo". Si bien en el caso de los más mayores se opta un poco por la charlita y demás (no todo iba a ser malo), el caso más duro lo tenemos en el de los niños, donde el método para encauzarlos consiste en una especie de adiestramiento para el caso que sea: ¿Que su hijo dice palabrotas constantemente? No pasa nada, la solución está en ponerle unas pautas y hacer que ponga la mesa a diario. ¿Que tiene un auténtico problema con la autoridad? Sin problemas, la solución está en ponerle unas pautas y hacer que ponga la mesa a diario. ¿Qué adora a Satán? Sin problemas, la solución está en ponerle unas pautas y hacer que ponga la mesa a diario. Esto, que luego hace que toquemos las palmas a lo bestia desde nuestros sofás cuando vemos los resultados y los niños satánicos rebeldes con Tourette se convierten en pequeñajos modelo recién salidos de una cadena de montaje, en realidad no es más que condicionamiento del más clásico: estímulo y refuerzo, y sus correspondientes respuestas. En esencia, algo muy similar a adiestrar perros. Nos puede parecer aberrante y escandaloso así contado... pero joder, es que el procedimiento es el mismo. Si en vez de poner que el niño ponga la mesa y recoja sus juguetes, ponemos en la tablita de tareas que sale en el programa que le traiga las zapatillas a papá cuando llegue y dé la manita para recibir una loncha de mortadela, nos damos cuenta de que en esencia, estamos haciendo lo mismo.
Resulta descacharrante que la gente que en su día se escandalizase viendo La Naranja Mecánica y el concepto del condicionamiento para que la gente adquiera una conducta sea capaz hoy de aprobar técnicas del mismo corte, solo porque el resultado sea bueno.
A tomar por culo la ética, usemos a los chavales como ratas de laboratorio.
Adiestrar por medio de la repetición, sin razonar las cosas y sin que el niño entienda por qué se tiene que hacer, o cómo se hace. Sólo obedecer, y nada más que obedecer. Y, como he mencionado arriba, pues también a memorizar cosas como un papagayo, con autonomía cero, para que el día de mañana pueda ser un alegre consumidor que no se cuestiona nada y vive feliz ganando cuatro perras gordas mientras otros lo explotan.
Así se hace, campeones.
Podemos ir más allá: fijémonos en cómo trata la sociedad al menor en el ámbito de la cultura, especialmente en la literatura. Hay libros que podría ser puto necesario leer, precisamente para abrir las miras de una persona (al igual que decía un profesor de mi carrera, considero que 1984 es uno de esos libros que deberían ser lectura obligada); en otros casos, hay clásicos que, como dije en un post anterior, se han convertido en clásicos por mérito propio gracias a que la gente (grande y pequeña) los ha leído a lo largo de los siglos... hasta ahora. Hoy en día, el mantra de moda (o insulto soterrado de los gordos, si pasamos de eufemismos y de mierdas varias) de "Es que los chavales no están preparados" (que viene a ser lo mismo que decir "Son gilipollas del culo", pero en fino) y, cuando esos libros no llegan a su alcance, se los encuentran "adaptados". En otras palabras, se encuentran mutilaciones de clásicos, con un uso del idioma más chupiguai, y todo puto masticadito para que no se pierdan, que eso de leer cansa. Es decir, lo que se supone que hace un favor a los lectores jóvenes, no es más que una muestra de condescendencia y un insulto soterrado a la gente más joven, que de tonta no tiene un pelo. Lo mismo sucede con el teatro, donde ya me han llegado noticias de una compañía que va a sacar el lado cómico a tragedias de Shakespeare, como si precisamente este autor no tuviese comedias de por sí cómicas, o como si la tragedia fuese un concepto demasiado horrible como para que un niño lo pueda entender (apenas veinte años atrás, los niños podían leer una tragedia donde moría gente y no pasaba absolutamente nada. Ni se creaban traumas, si los niños vivían mas tristes, ni perdían su alma ni hostias en vinagre). Todo muy chuli, todo muy guai, todo tiene que ser divertido y todo tiene que ser de colorines.
Por cojones.
El menor de edad está casi obligado a ver la vida así, tenga un buen día o no.
Si no, de cabeza al psicólogo, porque siendo niño o adolescente hay que ser feliz por huevos. Se quiera o no.
Acerca de eso de no tener un pelo de tonto, puedo comentar algunas anécdotas para resumir lo expuesto arriba. Puedo poner el caso de una antigua alumna que tuve hace algunos años. En el caso que menciono, la criatura debía andar por los doce o trece y acababa de empezar el curso. Lo primero que un servidor suele hacer al inicio de cada año es echar un vistazo al temario para ir organizando la asignatura. Al ver que el temario era EXACTAMENTE IGUAL que el del año anterior, la niña resopla y me dice una frase que me resulta reveladora:
—¿Otra vez vamos a dar lo mismo? ¿Es que se han pensado que somos idiotas o qué?
—Sí, eso es lo que han pensado —respondí yo, con la misma indignación. Negarlo era ofender a su inteligencia del mismo modo que lo hizo el payaso que ordenó que se redactara un temario así.
Tengo que decir que precisamente esta chica, así de entrada, era bastante mejor con cualquier aparato tecnológico que yo. Quizás esto no os diga gran cosa, ya que los que me conocéis sabéis que me llevo fatal con las máquinas... El dato lo tenemos en que era también mejor que sus padres y, muy probablemente, mejor que cualquiera que se haya criado tan solo unos diez años antes. Eso de pensar que los críos, por el mero hecho de ser críos, son tontitos, es el pensamiento que solo alguien con un severo problema mental puede tener. Una persona joven puede ser inexperta; puede que le falten conocimientos o simplemente que no haya terminado de cogerle el tranquillo a algo... Pero eso no la convierte en idiota. Los chavales, a ver si nos vamos enterando de una puta vez, no son gilipollas. Tienen perfecta constancia de lo que les gusta y de lo que no. A partir de cierta edad (más temprana de lo que la mayoría se cree), son gente con la que se puede razonar y hablar como si se estuviera hablando con un mayor de edad (a veces, incluso mejor que con mucha gente mayor de edad). Esta generación que ahora mismo está en el colegio se ha criado con un acceso a la tecnología que nosotros no conocimos, lo que les permite desenvolverse con mayor facilidad en un mundo en el que los aparatos electrónicos tienen cada día más peso. En el que todo es digital. Es muy fácil, en nuestra condescendencia y en nuestro sempiterno desprecio hacia las generaciones posteriores, decir que eso en realidad los convierte en zombis aislados, que no saben relacionarse con la gente. Parece que ya nos hemos olvidado de que eso es exactamente lo mismo que oímos nosotros, oh, generación de la tele, cuando éramos pequeños.
En la mentalidad bipolar española, lo normal es pensar que si es adolescente, un chaval debe ser cani por cojones. El retrato robot de la persona joven hoy en día es una especie de primate con ropa llamativa, que se comunica a base de berridos y que solo vive para follar y tomar droga.
El objetivo deseable parece ser el otro extremo: que los alumnos, o la gente joven en general, sea una especie de ejército de robots que no sean capaces de cuestionar nada, ni hacer preguntas. Maquinaria engrasada para aceptar lo que les digan sin pensar.
El tema suma y sigue. He hablado de esos clásicos mutilados para convertirse en "versiones que los niños pueden entender" (porque como un chaval de dieciséis años es gilipollas profundo, lo mismo es imposible que lea literatura rusa. Y los adultos no tienen prejuicios contra los jóvenes, claro), pero esto va más allá. Pensad en la literatura a la que llaman "juvenil", como tal, y nos reiremos tela con el asunto. Fijaos cómo en las aulas no se tiene cojones de poner a leer a los chavales un libro clásico, entre otras razones, "porque es muy largo"... y de estos chavales, a los que les gusta leer este tipo de libros (que tampoco es obligatorio que tenga que gustarles, qué cojones) se zampan los Harry Potter, que son siete tochos como siete soles. Libros que lo petan, más complejos que su santa madre en cuanto a tramas, subtramas e historias varias y a ningún chaval le ha reventado el córtex cerebral. En vez de elogiarse este tipo de cosas, ¿qué es lo que sucede? que ya tiene que salir algún soplapollas diciendo que incitan al satanismo y a la brujería, lo que demuestra que para tener problemas para distinguir entre realidad y ficción (y a conciencia, no hablo de esquizofrénico, sino de un obcecado de la vida que no ve más allá de su culo) la edad no tiene nada que ver. Basta con tener mucho tiempo libre y pocas neuronas.
Más hipocresía cuando vemos que en ese zoológico humano que es el mundillo escritoril el escritor de juvenil es visto muchísimas veces con condescendencia (y casi desprecio) por otros autores. El concepto mismo de novela juvenil, a menudo se traduce como "Novela plana, simplona y arquetípica", llegando a ser muchas veces una lacra para un autor. Algo de lo que tuviera que avergonzarse... como si hoy en día escribir "Narrativa adulta", "Terror" o cualquier otro género te convirtiese automáticamente en mejor escritor. Es precisamente bajo esta catalogación donde se ve una cantidad de censura tremenda; donde más de un autor se ve obligado a morderse la lengua a la hora de escribir y mostrar cosas que, lejos de ser porno o gore brutal del de tripas colgando, se muestren temáticas que no sean de princesitas que mojan las bragas (metafóricamente, por supuesto, algo más prosaico es anatema) por un héroe. Imagino que en los últimos años se habrán publicado novelas juveniles en que se retrate de forma normalizada y natural que un personaje sea homosexual, o que la familia de algún otro ande mal de dinero y haya que apretarse los machos para sobrevivir. Estas son cosas reales, de la vida, a las que nadie, por muy por debajo de los dieciocho que sea, debería ser ajeno. Lamentablemente, esas novelas no parecen haberse publicitado lo bastante como para llegar a convertirse en éxitos. Sin embargo, no quiero ser categórico en este punto; si conocéis algún caso, me gustaría que me lo confirmáseis.
Con el caso de Harry Potter, tampoco descarto que el ataque compulsivo se deba a lo típico:
"Vamos a atacar un fenómeno de masas, que si lo sigue mucha gente muy bueno no debe ser".
Un puñado de cretinos se pone a buscar mensajes subliminales, y bueno... a Led Zeppelin, a KISS y a Judas Priest les pasó algo parecido en los setenta con un montón de padres que parecía que no podían entender que sus hijos tenían sus propios gustos y que podían decidir por sí mismos lo que escuchar.
El caso es tocar los cojones, por un lado, y empezar a intentar adiestrar a los chavales por otro, diciendo que lo que hay que leer es la Biblia.
Porque si vemos violencia en la Biblia a punta pala, no pasa nada. Si viene de Dios está justificada y los chavales pueden ver masacres, pueblos reventando a pepinazos, inundaciones que barren el planeta, plagas de todo tipo, flagelamientos, decapitaciones, crucifixiones, suicidios, lapidaciones, incesto.
Eso JAMÁS genera asesinos, ni gente violenta ni nada. La culpa es de los libros de fantasía, de los videojuegos, de los cómics, del rock duro y, en general, de los niños, que son imbéciles por apartarse de la Senda Luminosa de Nuestro Señor.
Yeeeeaaahhh.
¿Exagero con eso del público juvenil? Pensad entonces cuando habéis ido a ver una película. No es lo mismo decir que habéis visto una película, no sé... de suspense o de acción que decir que habéis visto una película para público infantil. Al igual que sucede con los dibujos animados o con los cómics, lo más normal es que se rían de vosotros, que den a entender que sois retrasados, etcétera, sin caer en que... joder, si os gusta os gusta, no hay nada malo en ello. Es muy fácil pensar, y hablo especialmente por el caso de los cómics y los dibujos animados, que un formato está dirigido única y exclusivamente a un público. Si ese público es el infantil, el prejuicio es brutal.
El cantante Marilyn Manson es otra víctima de esas cruzadas de padres preocupados y, por lo general, gilipollas del culo, que pasan de sus hijos, los dejan delante de la televisión o Internet todo el puto día, los ignoran y ni se preocupan por ellos cuando les dan de hostias en la escuela. No conocen para nada a sus propios hijos, pero tienen los huevos de ir por la vida decidiendo qué es lo que les conviene y qué es lo que no. Se preocupan por ellos lo justo, pero para menospreciar su criterio personal son los primeros, echándole la culpa de los fracasos de sus hijos a cualquier cosa (cine, televisión, videojuegos, Internet), salvo a ellos mismos.
Cuando la famosa matanza de Columbine, le pusieron en la picota simplemente porque los asesinos llevaban camisetas suyas.
Este se defendió diciendo que en sus canciones no decía a nadie que matara a nadie. Dijo que él no vendía armas, ni creaba asesinos de masas con un sistema educativo deficiente, cosa que sí hace su "sagrada" nación.
Cuando le preguntaron qué diría a las víctimas de aquella matanza, su respuesta fue:
"No les diría nada; haría algo que nadie parece haber hecho hasta ahora: escucharlos".
De ahí que se me inflamen las bilis ante algunos casos que he oído de pasada, donde hay gente que se niega a llevar a sus hijos (no hablo niñitos de dos o tres años, sino chavales ya rozando la adolescencia) a un entierro porque "es algo demasiado triste" o a un hospital a ver a un pariente enfermo porque "los hospitales no son agradables"... o como ha salido el genio del director de la Marca España, diciendo que es bueno que los niños vivan en este país sin saber que hubo una guerra y un dictador, y las consecuencias que todavía estamos acarreando. Muy inteligente, caballero: mejor no saber nada de historia, especialmente las partes chungas, donde muere gente y tal, que eso está feo. Así, seguramente, el día que haya opción a repetir todas y cada una de las gilipolleces que ha cometido esta nación de charanga, pandereta y superpoblación de gilipollas crónicos, lo tengamos más fácil para partirnos la cara los unos a los otros y montar otro cipote del mismo palo, o peor, si cabe.
Cerrar los ojos a alguien y criarlo entre algodones, creedme, es lo peor que se le puede hacer a nadie. Aislarlo de ese tipo de conceptos (por tristes que sean, forman parte de nuestra vida y nuestra existencia, nos gusten o no) lo único para lo que sirven es para hacer que una persona viva en constantes mentiras. Que piense que vive en un mundo de piruletas, donde nunca pasa nada malo, donde el bien triunfa sobre el mal y donde todo el mundo es amiguísimo de la vida. Que sí, que lo de La Vida es Bella se veía muy bonito en una peli y nos emocionó, pero tenemos que distinguir la vida real de la ficción, que para eso se supone que somos los adultos responsables. Las cosas no siempre salen bien; una persona de corta edad no está obligada a vivir feliz y contenta durante todos los putos días hasta que cumple los dieciocho. Ni traumas ni putas hostias, a ver si nos quitamos ya las chorradas de la cabeza: las cosas que no logramos, las frustraciones y las derrotas (eso que dicen que nos causa traumita) son las que, en esencia, nos fortalecen. Las que nos dan el coraje para superarnos, para pelear y para, algún día y si la cosa sale bien, salir adelante. Vivir en una sociedad que sobreprotege a los críos y se tira años insultando a su inteligencia, haciéndoles creer que hagan lo que hagan todo va a salir bien lo único que genera es una generación de gente pasiva, comodona y que no valora el esfuerzo. Aquellos con un mínimo de inteligencia se aburrirá cuando vean que las cosas se repiten una y otra vez en clase para que los resultados académicos mejoren en las estadísticas. Por culpa de eso, es posible que perdamos gente que vale muchísimo, que podría estar preparada y que podría ser el futuro de este país. Supongo que trae más cuenta tener una generación de gente que realmente se crea que es idiota, que no piense por sí misma, que solo haga las cosas cuando les dicen que tienen que hacerlas (y ya puestos, que les recuerden constantemente cómo). Gente que esté acostumbrada a que, cuando lloren, haya al menos dos o tres personas dispuestas a socorrerla y a darle más de lo que necesitan.
¿Con esto estoy diciendo que no hay gilipollas entre los chavales y que son todos listos listísimos?
No. Con esto digo que en realidad, no hay más gilipollas entre los chavales que entre la gente adulta.
Lo sentimos, pero los gilipollas existen. Algunos se hacen y otros, lamentablemente, también nacen.
Y hay otros, que cuando crecen, se toman eso de ser más gilipollas que el resto como un reto personal.
Gilipollez aprendida, el concepto de moda.
Cerrar los ojos a alguien y criarlo entre algodones, creedme, es lo peor que se le puede hacer a nadie. Aislarlo de ese tipo de conceptos (por tristes que sean, forman parte de nuestra vida y nuestra existencia, nos gusten o no) lo único para lo que sirven es para hacer que una persona viva en constantes mentiras. Que piense que vive en un mundo de piruletas, donde nunca pasa nada malo, donde el bien triunfa sobre el mal y donde todo el mundo es amiguísimo de la vida. Que sí, que lo de La Vida es Bella se veía muy bonito en una peli y nos emocionó, pero tenemos que distinguir la vida real de la ficción, que para eso se supone que somos los adultos responsables. Las cosas no siempre salen bien; una persona de corta edad no está obligada a vivir feliz y contenta durante todos los putos días hasta que cumple los dieciocho. Ni traumas ni putas hostias, a ver si nos quitamos ya las chorradas de la cabeza: las cosas que no logramos, las frustraciones y las derrotas (eso que dicen que nos causa traumita) son las que, en esencia, nos fortalecen. Las que nos dan el coraje para superarnos, para pelear y para, algún día y si la cosa sale bien, salir adelante. Vivir en una sociedad que sobreprotege a los críos y se tira años insultando a su inteligencia, haciéndoles creer que hagan lo que hagan todo va a salir bien lo único que genera es una generación de gente pasiva, comodona y que no valora el esfuerzo. Aquellos con un mínimo de inteligencia se aburrirá cuando vean que las cosas se repiten una y otra vez en clase para que los resultados académicos mejoren en las estadísticas. Por culpa de eso, es posible que perdamos gente que vale muchísimo, que podría estar preparada y que podría ser el futuro de este país. Supongo que trae más cuenta tener una generación de gente que realmente se crea que es idiota, que no piense por sí misma, que solo haga las cosas cuando les dicen que tienen que hacerlas (y ya puestos, que les recuerden constantemente cómo). Gente que esté acostumbrada a que, cuando lloren, haya al menos dos o tres personas dispuestas a socorrerla y a darle más de lo que necesitan.
Cuando echemos un vistazo a, no sé... diez, quince, veinte años hacia atrás y veamos lo que hemos creado, con ese sentimiento de superioridad y esa suficiencia con la que tratamos a la gente joven, igual nos daremos cuenta (si nos sale de los cojones, claro) de que los imbéciles redomados no han sido ellos.




.jpg)







































