domingo, 28 de mayo de 2017

Mondo Chorra- La epidemia de los Cuñaos



Todos conocemos a alguno.
Están ahí, a nuestro alrededor. Puede que los hayamos visto en la parada del autobús, o que estén infiltrados en nuestro grupo de amigos. Incluso en nuestras familias. Empezaron siendo pocos pero, poco a poco, hay más y más de ellos día a día. Ya sabéis a lo que me refiero.
Hablo de los Cuñaos.

Pero, ¿qué es exactamente un Cuñao? ¿De dónde proceden? ¿Cómo viven? ¿Qué comen? Vamos a echar un vistazo a este curioso grupo social e intentar arrojar luz sobre estos seres.
Es vulgarmente conocido que en nuestro país el españolito medio lleva en su interior a un juez, un árbitro, un alcalde, un entrenador de fútbol y un abogado. Todo el mundo sabe de todo, aunque en el fondo no tenga ni pajolera idea de lo que está hablando. Hemos vivido esto una y otra vez, ¿verdad? Pues bien, el Cuñao viene a ser la versión extremista de esto. No es que tenga un juez, un árbitro, un alcalde, un entrenador de fútbol y un abogado en su interior; también tiene un ingeniero, un astrofísico, un economista, un médico de todas y cada una de las especialidades conocidas por la ciencia humana, un filósofo (preferiblemente nihilista, aunque también los hay new age, cuando no de ambas corrientes a la vez), un experto en literatura universal de todos los períodos y géneros posibles, un teórico musical, un historiador versado en cualquier punto de nuestra historia, una eminencia en el campo de la tecnología más avanzada, un nutricionista, un psicólogo, un psiquiatra, un defensor de los derechos de vete a saber qué, un experto en ciencias de la educación, en artes de todo tipo (pasando del cine hasta la construcción de obras arquitectónicas con palillos de helado), en primeros auxilios, en cocina, en arquitectura, deportes (incluyendo los más minoritarios) y en cualquier puta cosa que se os ocurra. No contento con eso, el Cuñao no es que sea experto en todas estas disciplinas: es el experto definitivo y su conocimiento es putamente incontestable. No es que sepa más que tú de lo que está hablando (aunque tú lo hayas estudiado también)... es que sabe más que cualquier ser humano, vivo o muerto, sobre dicha materia.


"Siempre tengo razón en todo, siempre sé más que todo el mundo de todo y todos los demás son gilipollas del culo".


Un Cuñao viene a ser un poco así: no tiene un criterio, sino que tiene EL criterio y su palabra va a misa. Ya puedes tú haberte pasado una vida estudiando lo que sea, que viene el Cuñao y te da lecciones, dándote a entender que tú no tienes ni puta idea de nada. Lo mejor de todo es que además no necesita ni argumentarte las cosas: donde los demás podemos no estar de acuerdo con alguien y explicamos por qué, razonando nuestra opinión, aportando información que contraste o contradiga lo ya expuesto y que nos respalde un poco para que nuestro argumento tenga solidez, el Cuñao llega y te suelta un "Esto es así" y te tienes que callar, porque a un Cuñao no se le contesta. Sienta cátedra sobre lo expuesto y todo el mundo tiene el imperativo categórico de agachar la cabeza.

También tienes la opción de cuestionarte el argumento cuñadil, pero no se recomienda: si lo haces, entras en una especie de lógica circular en bucle infinito que implica el riesgo de que te reviente el puto cerebro en cuestión de segundos. Por ejemplo: tú estás debatiendo sobre si una peli es buena o no, ¿vale? Puedes empezar a plantear argumentos como que el argumento sea medianamente sólido, que la dirección de la peli esté bien, que tenga una buena fotografía, un reparto acertado... lo que vienen siendo elementos que puedan más o menos apoyar tu tesis. Entonces el Cuñao entra y te suelta: "Ese es un puto peliculón". Si le preguntas qué hace a esa peli un peliculón, te puede soltar un argumento críptico como:
—Esa peli entretiene. Y si entretiene, es buena.
Se hace el silencio. Dios ha hablado.

Pasa que el Cuñao no conoce de placeres culpables. Esas cosas que sabemos que son objetivamente cutres pero que reconocemos que nos gustan. Si al Cuñao le gusta algo, es bueno y, si no le gusta, es una puta mierda pinchada en un palo que habría que quemar para luego echar sus restos en una letrina y dejar que el resto de los mortales nos caguemos sobre ellos. Estás tú escuchando música, ¿vale? Y entra el Cuñao y te dice que eso que estás escuchando es una mierda de grupo.
—Estoy escuchando a (inserte aquí grupo relativamente conocido) —dices.
—Esos son unos maricones. Hacen una música demasiado comercial, y la música comercial es una mierda.
Y hasta aquí, lo más profunda que llega a ser la argumentación de un Cuñao. No le pidáis más. La guasa es que este ejemplo que he puesto de la música comercial no es más que un pretexto para no sonar categórico (el Cuñao en el fondo es humilde): en realidad el grupo le parece una mierda simplemente porque no le gusta, y punto. Ni se va a molestar en hacer un análisis de su trayectoria musical, si en sus temas realmente gozan de un nivel de elaboración, ni leches en vinagre. En resumidas cuentas, si al Cuñao le gusta algo, es bueno, y si no, no lo es. No hay más que rascar.


El Cuñao no conoce el término medio. No existen las cosas que no le entusiasman, o las que no le gustan demasiado. Si hay algo que no le parece SUBLIME se parece a esto.
No, no me refiero al elefante.


Otro rasgo que identifica al Cuñao no es su inmensa objetividad en cuanto a gustos, sino su constante y persistente costumbre en pisotear no solo el criterio, sino los actos de los demás. Pongamos que tú estás valorando para comprarte algo. Un rodillo para amasar pan, por ejemplo. La mayoría de los mortales le damos las vueltas justas al asunto: buscamos una cosa que se ajuste medianamente a lo que buscamos y luego vemos la opción más económica. El Cuñao está por encima de esas nimiedades: el tío ha hecho un estudio de mercado y ha valorado las puntuaciones en los tests más prestigiosos que existen (que solo él conoce) para decirte que tu compra es una puta mierda pinchada en un palo y que has perdido miserablemente el dinero. Te dirá que el rodillo para el pan tradicional está obsoleto y te dirá que tenías que haberte gastado el doble de pasta (que no se lo dices, pero sabes que no te puedes permitir) en pillarte un Janderkländer-Grömenawer de fibra de carbono, especialmente diseñado para hacer masas extrafinas no superiores a dos milímetros de grosor. Tú, de buenas, le explicas (que no tendrías por qué, pero lo acabas haciendo pa que deje de dar por culo) al Cuñao que realmente no necesitas hacer masas tan finas (coño, ni te has molestado en medirlas, ¿quién cojones mide el grosor de la masa del pan?), sino que quieres hacer masas y ya está.
ERROR. Eso no detiene al Cuñao, que ha tomado como una Cruzada Personal eso de mearse en tus decisiones y poner las suyas por encima:
—Es que lo suyo es sacrificar versatilidad en cuanto a tipos de masa para ganar finura. Parece mentira que no sepas algo tan básico como eso.


¡PUES CLARO QUE SÍ, JODER!


Joder, no lo sabías tú, ni nadie que no sea el Cuñao. Ese nivel de expertismo el resto de los mortales no lo tenemos ni de coña. Nos limitamos a tener un sentido de la vida medianamente práctico y arreando, que es gerundio. Eso sí, como ganarte, te ha ganado porque (según él) tú no tienes ni puta idea de nada de lo que hagas, y todas, absolutamente todas las decisiones que tomes en su presencia son erróneas, independientemente de que la cagues o no. Pongamos que te compras un teléfono móvil. El Cuñao ya te habrá dicho que lo suyo es comprarse un equipo de ultimísima generación, de esos que cuestan unos 5000 pavos que no ganas ni de coña (ni él tampoco, pero que ha conseguido a mitad de precio —si no putamente gratis— en vete tú a saber qué oferta, en no sé qué página web, haciendo no sé qué cosa rara, y te lo restriega cada vez que tiene ocasión). Obviamete, tú te compras el que puedes pagar, porque lo necesitas para llamar, usar el Guasap, tirarte selfis mientras cagas y poco más. El Cuñao te dice que te arrepentirás, que ya verás lo malo que te va a salir. Que esa decisión que has tomado (porque no estás para pagar un telefonazo a plazos el resto de tu puta vida) ha sido una cachocagada de las que hacen historia, porque claro: él sí sabe y tú no tienes ni puñetera idea de nada, ignorante de la vida. Resulta que el trasto no te sale del todo mal y te aguanta su tiempecillo para lo que te ha costado, pero nada es eterno y la obsolescencia planificada hace de las suyas: el aparato (el telefónico) empieza a fallarte y, basta con que lo comentes UNA vez para que el Cuñao surja de entre las sombras para recordarte la puta mierda de elección que hiciste. Que, lógicamente, tenías que haberte gastao la pasta en su recomendación.


"Te lo dije", uno de los grandes mantras cuñadiles.


También está la opción de hacer caso a la recomendación del Cuñao.
ADVERTENCIA: Si vais a hacer caso a la recomendación de un Cuñao, debéis saber que lo hacéis única y exclusivamente bajo vuestra responsabilidad. Niños, por favor, no intentéis esto en casa.
La cuestión es que aquí tenemos un caso único de percepción divergente. Me explico: como ya he comentado, el Cuñao jamás se equivoca. JAMÁS. Otra cosa es que lo que te recomiende sea una chusta de cagarse: por ejemplo, eso de ir a comer a un sitio, ¿vale? Tú sopesas las opciones más básicas, que son que el sitio sea asequible de precio, que no pille donde Cristo se pilló la chorra y que te pongan comida en el plato y veas que efectivamente en tu plato hay comida.
No importa, porque el Cuñao ya ha decidido. Te lleva a un sitio, donde conoce a yo no sé quién y donde se come que te cagas.
Y ahí ya has caído en la trampa.
Sí, se come que te cagas, porque lo que te ponen en el plato (una mierdecilla del tamaño de una albóndiga) sabe literalmente a mierda y encima tiene un efecto laxante que hace que, si ya tenías hambre al llegar, salgas del local con más hambre aún. La guasa viene cuando miras tu cartera y sientes la impresión de que tu economía ha sido violada por un brother de descomunales atributos llamado Mandingo, acompañado por toda una banda de brothers, igualmente bien dotados. Los putos Harlem-Globetrotters de la sodomía económica. Tú sales del local, sin un puto duro, con una extraña sensación en tu estómago, mezcla chunga de hambre y asco y con una cara de gilipollas que ríete de la que se te queda cuando sales de la oficina del SAE. A tu lao, el Cuñao, que dice haber comido que te cagas y que le encanta ese sitio porque "Ahí se come de verdad".


Comer "de verdad", descripción gráfica.


Y esto es solo un ejemplo, por supuesto. Cualquier recomendación que un Cuñao te haga, por algún extraño motivo, solo parece funcionarle a él, mientras que al resto de los mortales les suele conllevar un riesgo mortal para su vida o su paciencia. ¿Implica eso que un Cuñao vive solo en su Cuñaoverso? NO. La cuestión es que el Cuñao tiende a rodearse, cuando se aburre de imponer su ego sobre los demás, de otros Cuñaos.
El Parlamento de los Cuñaos, si queréis llamarlo así.
Ahí es donde los Cuñaos entrenan para cuñadizar el mundo. ¿Habéis visto alguna vez esos documentales donde ves un par de ciervos enredándose los cuernos para demostrar quién es el macho de la manada? Pues esto es igual, pero a nivel dialéctico. Aquí el Cuñao pone toda la carne en el asador y emplea sus fórmulas más efectivas para ponerse a punto. Hablo de grandes frases, similares a hechizos verbales de alto nivel, como "¿Pero cómo puedes decir eso?" "Anda, calla, que no tienes ni puta idea" o "Si conocieras a tanta gente como yo de ese mundillo (el que sea) te darías cuenta de lo que hablo". "No lo digo yo, lo dicen LOS MEJORES expertos" (traducción: lo dice él); "Eso que dices está descartado" (por él). Las fórmulas derivadas de todo esto son variadas, pero la base viene a ser esta.


Ser Cuñao está de moda. Hasta tienen Parlamentos de Cuñaos televisaos y todo.


Otro de los grandes centros de poder de un Cuñao son las reuniones alrededor de una mesa. La más clásica es la reunión familiar (de ahí es de donde viene lo de "Cuñao", pero esto no es más que un tópico. Un Cuñao puede no ser Cuñao de nadie y aun así, estar certificado por el Ilustre Colegio de Cuñaos), pero pueden aparecer también en cenas de trabajo, reuniones de cualquier tipo, bodas, bautizos o comuniones. El Cuñao está ahí, en medio de la conversación que sea, e irrumpe como un elefante en una cacharrería. No, como la puta Senda de los Elefantes arramplado sobre la sección de porcelana fina de las galerías Lafayette de París. Muerte y destrucción a espuertas cuando abre la boca y arregla el mundo con un par de frases, que pueden variar dependiendo del tema, pero que suelen partir siempre de la misma base ideológica (es decir, "Yo sé de esto y vosotros ni guarra, pringaos"):
—¡Esto se soluciona echándonos todos a la calle! (política, vertiente revolucionaria)
—¡Antiguamente sí que se hacían bien las cosas, no como ahora, que na más que hay libertinaje! (política, vertiente conservadora)
—¡Las películas que se hacen hoy en día son una mierda! (cine, vertiente conservadora)
—¡PUTO PELICULÓN! ¡EXPLOSIONES POR TOS LAOS! ¡TÍAS BUENAS! ¡UN MONO CON UNA METRALLETA! ¡LE TENDRÍAN QUE DAR TODOS LOS OSCARS! (cine, vertiente blockbuster)
Podría seguir con todo un compendio de argumentos en este plan, pero la mayoría pueden resumirse e algo tan simple como "Ea ea ea, no tenéis ni idea de nah, menos mal que estoy yo aquí para iluminaros, putos Neanderthales".


"Tol mundo quieto parao, que os voy a contar cómo habéis vivido toda vuestra puta vida en la ignorancia"


Ante este último punto no deja de resultar gracioso que a un Cuñao, en líneas generales, nadie le hace ni puto caso, a menos que sea una reunión de Cuñaos, que al menos tiene enjundia por eso del pique por el liderazgo de la manada Cuñadil; en el resto de contextos, la gente acaba yendo a lo suyo y limpiándose el ojo del ano con los argumentos que suelta el Cuñao... o, bueno, con lo más parecido a argumentos que es capaz de soltar, ya me entendéis. El Cuñao farfulla, sosteniendo que el personal no sabe de nada y se revuelva en su propia charca mientras el resto de la gente civilizada hace lo que viene a ser normal en una conversación: intercambia información, está de acuerdo en unas cosas, en desacuerdo con otras y luego sigue viviendo sus vidas de una forma más o menos normal. Esto viene a ser una especie de ideología divergente por parte del Cuñao: mientras la gente aprende cosas o madura sus formas de pensar y las implementa en su vida diaria, el Cuñao parece aprender cosas solo para restregárselas a los demás por la cara y recordarles que son unos putos ignorantes cuyas vidas no tendrían el más mínimo sentido sin su opinión. Las cosas no necesita ni madurarlas porque una vez procesadas ya cuentan como "OK" en su línea de comandos mental y ya puede esparcirlas alegremente como si fueran Lacasitos, ya le hayan pedido su puta opinión o no.


"FFFFFFFFFFFFFF.....!!!!!!!!!!!!!!!!!!"


Y es que el Cuñao puede parecer simpático así de primeras, pero puede ser bastante insultante en muchos, muchos momentos. Solo imaginad algo que os ha costado mucho hacer, bien porque nunca antes lo hayáis hecho, bien porque sea algo que os resulte difícil, o bien porque se os dé mal abiertamente. Cuando uno, en estas lides, sale medianamente airoso de ese tipo de situaciones, tiende a sentir cierto orgullo ante lo que ha hecho. Lo vemos como una especie de pequeño logro personal en el día a día de nuestras vidas.
Hasta que aparece el Cuñao, a toro pasado, y te dice lo que tenías que haber hecho para optimizar tu esfuerzo y maximizar el resultado, dando a entender que eso que has hecho con todo tu esfuerzo y tu mejor saber hacer no ha sido más que una gota de caca en un océano de mierda con la cual él se limpia el culo. Obviamente, podemos no darle la razón, pero el daño ya está hecho: el Cuñao ha llegao y, con su tacto y su humildad, acaba de echar por tierra lo que hemos conseguido a base de zurrirlo en el más absoluto de los desprecios.
Ante eso tenemos, por lo general, dos opciones: pasar de él y "cuñadizar" un poco nuestro logro (es decir, quedarnos con que lo hemos hecho lo mejor que hemos podido, aunque no sea ninguna maravilla) o coger y decirle al Cuñao que se meta por el culo esa magnífica opinión que nadie le ha pedido. Aquí ya depende del nivel de parentesco que tengamos con el Cuñao: si el ser en sí es un conocido cuya presencia o no nos resulta por completo irrelevante, no hay demasiado problema en decirle "Mira, chaval, te vas a tomar por saco a la de ya, que no ando yo para escuchar tus paridas"; el problema surge si el Cuñao resulta estar en tu entorno cercano (laboral, familiar o algo así) y te lo tienes que comer por cojones.


Ea, a comer mierda.


Ahí es donde entra una habilidad que tienen todos y cada uno de los Cuñaos de este mundo, que consiste en poner a prueba la paciencia de cualquier mortal que respire y defeque a menos de 10 metros a la redonda de su espacio personal.
Está comprobado: raro es el Cuñao que no abre la boca para acabar exasperando a los demás, soltando auténticas mamarrachadas por la boca, especialmente cuando las suelta delante de gente que sí tiene un cierto conocimiento de lo que habla. A ver cómo le dices tú a un Cuñao que eso que está diciendo no es que sea erróneo... es que no tiene ni pies ni cabeza, y lo único que demuestra es una ignorancia supina acerca de lo que está farfullando. En cierto sentido es como si el Cuñao pudiera oler la paciencia de una persona y se dedicara a exprimirla a su alrededor, crispándole los nervios hasta que ésta, un buen día, se deja de respirar hondo, contar hasta diez y le pide por favor que si es tan amable, que si le importaría levantarse de donde está sentado, coger el portante e irse a recibir sexo anal del bueno por parte de un burro.


"¿Alguien necesitaba de mis servicios?"


Quizás es un principio filosófico por parte del Cuñao medio, que postula la idea de que si alguien a su alrededor es paciente, dicha paciencia está hecha solo para ser puesta a prueba. Tanto si esto resulta ser así como si no, hay que reconocer un impresionante ahínco por parte de estos seres, porque son capaces de hacer que hasta la persona más tranquila del planeta acabe rechinando los dientes y con llagas en la lengua de tanto mordérsela. Porque oiga, los Cuñaos SIEMPRE serán los mejores en su oficio.
Y con esto, hemos llegado al final de esta pequeña disección acerca de lo que es un Cuñao. Es harto probable que muchos de vosotros, al leer estas líneas, hayáis identificado mis palabras con tal o cual persona. Puede que hayáis dicho: "¡Coño, si está hablando de (inserte aquí nombre de sujeto varón o hembra)!" Lamento deciros que no me estoy refiriendo a nadie en concreto... pero si estáis reconociendo a alguien en estas líneas, quiere decir que entonces vosotros conocéis a vuestros propios Cuñaos. Que los estáis sufriendo o los habéis sufrido. Si esto es así, queridos Distópicos, solo quiero que sepáis que mis bendiciones están con vosotros.
Sed pacientes.

jueves, 25 de mayo de 2017

Escupiendo Rabia- Cazadores de explicaciones



Que es cierto que, con las redes sociales, estamos viendo cómo el gilipollas medio parece estar haciéndose eco y, de paso, contactar con otros gilipollas para hacer ruido es un hecho. Del mismo modo, se podría decir que toda esa tribu de tontos del culo parecen haber hecho de la corrección política una especie de forma de vida y la abanderan hasta el punto de que nadie puede abrir la boca sin que haya al menos uno o dos de estos seres detrás levantando el puño bien alto. Así puede verse con total claridad que ellos son los estandartes de una causa y que los demás, pobres mortales, tienen una vida vacía y sin sentido. Esta filosofía de vida, basada en andar ejerciendo de modernos inquisidores y buscar apóstatas sobre los cuales descargar las iras, ha llegado (como no podía ser menos) al extremo del fanatismo absurdo. Día a día, esta pandilla de energúmenos se zambullen de cabeza en nuestras redes favoritas y andan buscando qué hace o deja de hacer el prójimo para pedirles explicaciones. Algo más absurdo incluso de lo que parece, si se tiene en cuenta el hecho de que aquí los Torquemadas de sofá ya emitido veredicto y dictado sentencia sin apenas evidencia alguna. No la necesitan, pues su Credo es incontestable.
Conviértete o arde.
O, trasladado a un contexto moderno, agacha la cabeza o las redes sociales arderán para condenarte.


"¡Arde, desgraciá!"


Y, tal y como sucede en la mayor parte de casos de fanatismo, el mundo de las artes suele ser el que se lleva las hostias más duras. En el que prolifera esta panda de cazadores de explicaciones, como si fueran hongos o ladillas, al acecho de cualquier cosa que se diga o haga para estar ahí, exigiendo que su Credo sea bien visible. Me acaba de llegar hace un momento la noticia de que un escritor ha tenido que cancelar sus eventos literarios. ¿Por qué? Porque alguien se ha presentado con una denuncia insinuando que hace uso de su condición de policía para vender más novelas. Se ha llegado a cuestionar, según leo en la noticia, su participación en actos literarios, sin mencionar que el autor asegura llevar años luchando por dar una imagen honesta y positiva de la Policía en sus novelas y que se comenta que su intención ha sido todo lo contrario.
Pero eso ha dado igual. Ya se le ha crucificado y ha tenido que cancelar sus eventos, como si fuera culpable.

Hará cosa de un mes, una ilustradora comentaba que andaba un poco harta de tener que escuchar cómo había gente que le llegaba preguntándole por el aspecto de las figuras femeninas que dibujaba (todas con una talla de sujetador más que envidiable), y empezando a hacer alusiones a estereotipos estéticos y toda una sarta de gilipolleces que, honestamente, nadie tiene por qué soportar. Mucho menos de forma gratuita. Esta autora, mucho más paciente que un servidor a la hora de escuchar tonterías, explicaba en un vídeo que no entendía a qué venía eso de andar dándole vueltas a lo que, en en definitiva, no es más que un dibujo. Y, desde mi punto de vista, tenía toda la razón: un dibujo es un puto dibujo, y ya está. Cada uno dibuja lo que le sale de los cojones, ya sean muñecas de tetas enormes, mastuerzos con un pene de seis metros o niños con tres cabezas. Y no tiene obligación de darle explicación alguna a nadie, por mucho que se erija en defensor de vete a saber qué movida. Porque ese alguien fijo que no va por ahí dándole explicaciones a nadie de lo que hace o deja de hacer, y si se las piden, lo más seguro es que hasta se moleste.


Hay a quien el ilustrador Luis Royo le toca los cojones... porque siempre dibuja lo mismo. O mejor dicho, les toca los cojones que dibuje siempre algo que no les gusta. En este caso, mozas de buen ver. Les importa una mierda que la técnica de este ilustrador sea la releche, o que estéticamente sus dibujos sean impresionantes.
No, es que tiene la temática equivocada y hay que putearlo y andar con la cantinela de que es un machista, de que le gusta poner a las mujeres ligeras de ropa, que si tal, que si cual. Como si todos los que lo putean se hubieran ido de cañas con él durante años y ahora pudieran juzgar su forma de pensar en base a lo que pinta.
Que yo me pregunto que, si en lugar de mozas dibujase dragones o muebles de cocina, la protesta sería la misma.


Supongo que el problema es que ahora todo el mundo se cree con derecho a andar pidiendo explicaciones al prójimo acerca de su vida, como si se encontrasen en una posición moral superior. Como si por el hecho de defender una causa (aunque, en el fondo, no tengan ni puta idea de lo que están defendiendo y lo único que hagan sea limitarse a repetir consignas como loritos) ya pudieran erigirse en esos modernos inquisidores que mencionaba arriba y andar fantaseando acerca de la ideología del prójimo. "Estás conmigo o estás contra mí", es el lema. Comentaba un amigo al respecto que esto es un poco la herencia de la Ley Mordaza, pero lamento decir que no lo veo así. Me explico: la censura a la que nos estamos viendo sometidos día sí y día también no es una imposición del gobierno, o no en su totalidad; la mayor parte la está exigiendo, cuando no imponiendo el ciudadano de a pie. El gobierno no nos dice que nos metamos en ningún muro de nadie a exigirle explicaciones sobre lo que acaba de decir o hacer, ni a berrear sobre presuntas ofensas a vete a saber qué colectivo, aunque hablemos de cosas completamente inocuas. No nos impulsa a andar insultando o amenazando a los que no son de nuestra condición, ni nos pone una pistola en la cabeza para andar llamando "guarra" a una chica por subir una foto suya con no demasiada ropa. Esa censura rancia, más propia de gente criada en los putos años 50 que en nuestros días, procede de la gente de a pie. De forma voluntaria, y lo que es peor, de una forma que parece por completo consciente.


—¡Ya ha vuelto a dibujar una muñeca con el culo al aire! ¡SERÁ INMORAL! ¡SERÁ CHABACANO!"
—Perdone, es que esos términos ya no están de moda.
—Vale: ¡ES UN MALDITO OPRESOR CUYA IDEOLOGÍA QUEDA PATENTE EN SUS OBRAS! ¡QUE LO BANEEN! ¡QUE LO BOICOTEEN!


Hace apenas unas horas una colega de letras (de las pocas que me quedan después de haberle dicho al mundillo literario lo que me podía ir comiendo y como) ejercía una protesta más o menos pública acerca de críticas absurdas que ha tenido que leer por parte de (tachán) otros escritores. No es que importe, porque los lectores también traen lo suyo; el caso es que la protesta era de que estaban encabronados con según qué textos porque (ojo) no se sentían identificados con los personajes, como si eso fuera una condición si ne qua non para disfrutar una historia o (con un par de cojones más gordos todavía), para juzgar la calidad de la obra. Y, rizando el rizo de la gordura cojonil, juzgando de paso a los autores. Porque todo el mundo sabe que si uno no incluye mujeres en su obra es machista por putos cojones (aunque el contexto de la obra no te lo permita, como es el caso de una obra ambientada en una cárcel o en un campo de batalla, por poner un par de ejemplos básicos), o si no aparecen personajes de determinadas minorías étnicas es racista. Este hecho parte de un principio falaz que plantea que TODO lo que se ve en una obra es reflejo de la ideología del autor, y que éste JAMÁS va a contar nada que esté denunciando o sobre lo que esté ironizando. Dicho de otro modo, todo lo que lees en un libro refleja lo que piensa el autor y siempre va a estar defendiéndolo. Partiendo de ese principio, si ves un asesinato, el autor fantasea con matar a alguien o si ves nazis dándole matarile a un puñado de judíos el autor es antisemita o ya puestos neonazi. Así, por huevos y sin discusión alguna.


A tomar por culo. Vamos a quemar libros que no se ajusten a los Sacrosantos Cánones de la Corrección Política, no sea que nuestras córneas sangren ante la violación que supone la ofensa de leer algo que no va con nuestro Credo.
Y de paso, pasar por la parrilla a los autores. ¿Quién cojones se han creído que son, escribiendo lo que les da la gana?


Este tipo de cosas me llevan de nuevo al lema de "o estás conmigo o estás contra mí", que parece haberse puesto de moda, y que en suma a un abanderamiento de ideologías chupiguais, producen una mezcla bastante peligrosa. Si a dicha fórmula le añadimos el poder publicar en una red social cualquier barbaridad sin el filtro de nadie que te diga "Tío, se te ha ido la olla a lo basto" y lo que recibas sean palmadas de otros que están igual de pirados, el resultado es un cóctel de fanatismo y narcisismo a partes casi iguales, donde unos a otros se van jaleando para ver quién suelta la barbaridad más grande. Postureo y ganas de liarla parda en un contexto en el que esta pandilla de cazadores de explicaciones parecen haberse hecho fuertes y andan exigiendo responsabilidades a aquellos que simplemente se dedican a crear. Menciona un amigo que ser artista hoy en día es lo más parecido a ser una bruja en el S.XVII: no querer formar parte de la corriente actual (en este caso, ser chupiguai y ser parte del rebaño, con un Credo único y consignas que berrear a diario para que todo el mundo sea consciente de la ideología de uno) te pone una diana en el pecho. Te señala y te juzga como una especie de hereje y, antes de que te des cuenta, aparece un puñado de fanáticos exigiéndote explicaciones, en plan juicio de Salem acerca de por qué has dibujado lo que has dibujado; de por qué has escrito lo que has escrito. Poniendo palabras en tu boca y diciendo que piensas lo que no piensas. Y ya puedes decir lo que te dé la gana, que no tienes defensa posible. A la hoguera contigo.


Nota cultural: en Salem, tal y como sucedía en las colonias británicas americanas, la gente fue ahorcada tras ser declarada culpable de brujería. Lo de la hoguera era en Europa.
En cualquier caso, los ponían finos.


"Es que si cuentas eso, será porque una parte de verdad hay en el fondo", dicen.
"Por algo habrás dicho lo que has dicho", añaden.
"Al crear eso, ofendes a un montón de gente", sentencian. No son muy diferentes de esos que te juzgan por tu orientación sexual (o se la inventan, si no das norte de ella), los que dicen que eres una egoísta por no estar pariendo enanos a pata partida una vez tienes trabajo y pareja estable, o los que en el momento en que sobrepasas los treinta ya empiezan a decirte que se te pasa el arroz, y que te dejes de gilipolleces que tienes que sentar la cabeza antes de morirte debajo de un puente solo y amargado. Otros cazadores de explicaciones que se meten en donde nadie les ha llamado y que lo único que se merecen es que le estampen una mierda de perro (o de cualquier otro ser vivo, tampoco vamos a discriminar) en la cara por bocachanclas.

Porque son detectores de mentiras humanos, porque son expertos en psicología básica y conocen las intenciones de todo el mundo en todo momento. Porque saben perfectamente el grado de todas y cada una de las ofensas, pues son capaces de empatizar con cada víctima de esos horribles ataques, pero no con la gente contra la que arremeten, porque no hace falta. Son puta escoria que deben rendir cuentas ante Sus Sacrosantas Autoridades.
Este párrafo iba con ironía. Lo menciono porque igual alguno se cree que realmente pienso eso de estos seres.
¿Veis? La lengua tiene esa particularidad, podemos usarla para exponer realidades diferentes a lo que se expone literalmente. Es un principio básico de la pragmática (queremos decir muchísimo más de lo que decimos) y se puede estudiar, de momento, en cualquier carrera de filología (al menos hasta que alguien decida que con eso no puedes crear tu propia empresa y decida barrer esos "inútiles" estudios del mapa, claro). A lo que vengo a referirme con esto último es precisamente al hecho de que hoy en día tenemos acceso a mucha información, sí... pero no por el hecho de ser información es veraz en sí misma. Una vez tuve que escuchar como una "iluminada" me vino diciendo que la Verdad se encontraba en Internet, pues los medios estaban manipulados... como si el ciudadano de a pie no tuviese sus propios intereses para manipular a otros, o como si cualquiera con acceso a un teclado pudiese iluminarnos, aunque no tenga ni pajolera idea de lo que habla. Como si no hubiera bulos ni gente que propaga verdadera mierda solo para encabronar al prójimo o para desinformar. O simplemente gente que se cree que la película que se monta en la cabeza es la realidad y que los demás son todos gilipollas del culo por no verla. Aunque realmente no haya nada que ver.


"¡He abierto los ojos a una  nueva forma de ver la vida! ¡Soy una persona nueva! ¡Vosotros deberíais hacer lo mismo y abrazar el conocimiento! ¡Despertad, putos mongolos, y daos cuenta de lo que es tener una existencia plena!"
Estos argumentos nos lo decían hace algunos años con cualquier grupito "filosófico" o "espiritual" y buscábamos la salida más próxima. Ahora vienen con los mismos argumentos, pero abrazando ideologías y no podemos ni toserles, se vayan a ofender...


Por eso pasa muchas veces que veo un montón de gente que va por ahí diciendo que "lee mucho", y no lo pongo en duda... pero cada vez que ves sus argumentos mamporreros, sus falacias y sus sentadas de cátedra llegas a la conclusión de que leer mucho no equivale a leer bien. Ni a procesar la información, ni a reflexionar lo que se lee. No cuando la impresión general es que aquí la gente lee lo que sea, pero desde el prejuicio de su propia óptica, distorsionando lo que pueda interpretar del texto para acabar por llevarlo a su terreno y convertirlo en una especie de argumento para justificar (o extremar) su ideología. En este mundo moderno la cosa consiste en engullir sin masticar, quedarnos con los términos modernos, usarlos a cascoporro y andar levantando el puño indignados ante tal o cual "Injusticia".
Para mí esto es una forma de radicalizarse en cualquier ideología. No creo que haga falta ya pensar que planear pegar un pepinazo y llevarte por delante a unos cuantos para irte a un paraíso con tropecientas vírgenes sea la única forma de convertirte en un radical. Hay muchas formas de serlo, y las tenemos aquí, en casa, y a diario. En el momento en que tienes gente que se dedica a perseguir a otros por pensar diferente, con campañas de odio, boicots, ataques verbales y demás cosas que parecen legítimas, pero que no son más que muestras de abuso. En el momento en que se escandalizan ante cualquier manifestación artística que no casa con su Credo, o que ellos digan que no casa. En el momento en que imponen un código moral sobre otros, diciendo lo que tienen que decir, cuando y como, bajo la siempre posible amenaza de que te armen un cirio... Amigos Distópicos, tenemos un puñado de radicales en nuestros mismos hocicos.


"No nos sentimos identificado con lo que manifiestas en tu arte. ¡PREPÁRATE A MORIR, HIJO DE PUTA!"
Tiene gracia. Los demás no nos sentimos para nada representados con esta forma extrema de defender las cosas y tenemos que aguantar a estos fanáticos todo el puto día.


Esos radicales igual no te van a dar de hachazos a la salida de casa ni te van a poner 25 kilos de amonal debajo del coche, pero eso no los convierte precisamente en unos santos. Hablamos de gente que os (nos) está juzgando por no ser como ellos. Por ser creativos, en el caso concreto de los artistas. Por dedicar nuestro tiempo libre a lo que nos da la puta gana y no a lo que les da la puta gana a ellos. Gente que hace plataformas chupiguais exigiendo a los demás que seamos como ellos. A los que nos dedicamos a las artes, exigiéndonos que nos amoldemos al Credo: que cambiemos nuestras temáticas, nuestras técnicas, nuestros estilos. Que no expresemos lo que queremos y que sacrifiquemos una parte de lo que somos para que esos niños malcriados puedan irse a la camita tranquilos, pensando que gracias a ellos el mundo está salvado.


"Hoy ha sido un buen día. He puesto a parir a un montón de gente, he ridiculizado por completo la ideología que represento, no he conseguido absolutamente ningún resultado REAL y he discutido con unos treinta mentecatos que no han abierto los ojos ante la realidad. El mundo está a salvo gracias a gente como yo".


Quizás por eso me he vuelto bastante antisocial artísticamente hablando: sigo creando, y a diario... pero no al alcance de todo el mundo, sino para mi uso y disfrute personal. A veces permito que la gente que me rodea, al menos la gente de confianza, que sé que es gente que tiene una mente abierta y que no viene pidiendo explicaciones acerca de nada, eche un vistazo. Pido consejo, acepto sugerencias y demás... pero siempre desde la filosofía de que lo que uno crea, lo crea porque le da la puñetera gana crearlo, y punto pelota. Sin tener que dar explicaciones ni pasar por un tribunal de moral. Sin que venga ningún enteradillo levantando diagnóstico psiquiátrico (sin título, por supuesto) a hablar de mis carencias emocionales, mis filias o mis fobias... principalmente porque no son su puto asunto.
Y es ante la hipótesis de encontrarme (o encontrarnos) con seres de ese nivel cuando me planteo por qué cojones no cogemos y los mandamos a todos ya a tomar por culo, los echamos a patadas de nuestros círculos y que se coman ellos solitos su propia mierda. Me pregunto por qué tenemos que andar haciéndonos eco de una pandilla de imbéciles que se creen alguien por haber leído un par de blogs, o haber leído mil libros sin entender uno solo. Por qué muchos artistas se ven intimidados por la presión que hacen un puñado de infelices con demasiado tiempo libre y muy poca imaginación para crear nada por sí mismos, y que necesitan andar jodiendo las creaciones de otros.

Pasa el tiempo y me sigo preguntando por qué los cazadores de explicaciones siguen metiendo los hocicos donde nadie los ha invitado y todavía, con tanta campaña online y tanta hostia postmoderna, nadie se ha planteado en serio hacer una operación de tolerancia cero contra todos estos que están convirtiendo nuestros círculos en auténtica mierda.