jueves, 25 de mayo de 2017

Escupiendo Rabia- Cazadores de explicaciones



Que es cierto que, con las redes sociales, estamos viendo cómo el gilipollas medio parece estar haciéndose eco y, de paso, contactar con otros gilipollas para hacer ruido es un hecho. Del mismo modo, se podría decir que toda esa tribu de tontos del culo parecen haber hecho de la corrección política una especie de forma de vida y la abanderan hasta el punto de que nadie puede abrir la boca sin que haya al menos uno o dos de estos seres detrás levantando el puño bien alto. Así puede verse con total claridad que ellos son los estandartes de una causa y que los demás, pobres mortales, tienen una vida vacía y sin sentido. Esta filosofía de vida, basada en andar ejerciendo de modernos inquisidores y buscar apóstatas sobre los cuales descargar las iras, ha llegado (como no podía ser menos) al extremo del fanatismo absurdo. Día a día, esta pandilla de energúmenos se zambullen de cabeza en nuestras redes favoritas y andan buscando qué hace o deja de hacer el prójimo para pedirles explicaciones. Algo más absurdo incluso de lo que parece, si se tiene en cuenta el hecho de que aquí los Torquemadas de sofá ya emitido veredicto y dictado sentencia sin apenas evidencia alguna. No la necesitan, pues su Credo es incontestable.
Conviértete o arde.
O, trasladado a un contexto moderno, agacha la cabeza o las redes sociales arderán para condenarte.


"¡Arde, desgraciá!"


Y, tal y como sucede en la mayor parte de casos de fanatismo, el mundo de las artes suele ser el que se lleva las hostias más duras. En el que prolifera esta panda de cazadores de explicaciones, como si fueran hongos o ladillas, al acecho de cualquier cosa que se diga o haga para estar ahí, exigiendo que su Credo sea bien visible. Me acaba de llegar hace un momento la noticia de que un escritor ha tenido que cancelar sus eventos literarios. ¿Por qué? Porque alguien se ha presentado con una denuncia insinuando que hace uso de su condición de policía para vender más novelas. Se ha llegado a cuestionar, según leo en la noticia, su participación en actos literarios, sin mencionar que el autor asegura llevar años luchando por dar una imagen honesta y positiva de la Policía en sus novelas y que se comenta que su intención ha sido todo lo contrario.
Pero eso ha dado igual. Ya se le ha crucificado y ha tenido que cancelar sus eventos, como si fuera culpable.

Hará cosa de un mes, una ilustradora comentaba que andaba un poco harta de tener que escuchar cómo había gente que le llegaba preguntándole por el aspecto de las figuras femeninas que dibujaba (todas con una talla de sujetador más que envidiable), y empezando a hacer alusiones a estereotipos estéticos y toda una sarta de gilipolleces que, honestamente, nadie tiene por qué soportar. Mucho menos de forma gratuita. Esta autora, mucho más paciente que un servidor a la hora de escuchar tonterías, explicaba en un vídeo que no entendía a qué venía eso de andar dándole vueltas a lo que, en en definitiva, no es más que un dibujo. Y, desde mi punto de vista, tenía toda la razón: un dibujo es un puto dibujo, y ya está. Cada uno dibuja lo que le sale de los cojones, ya sean muñecas de tetas enormes, mastuerzos con un pene de seis metros o niños con tres cabezas. Y no tiene obligación de darle explicación alguna a nadie, por mucho que se erija en defensor de vete a saber qué movida. Porque ese alguien fijo que no va por ahí dándole explicaciones a nadie de lo que hace o deja de hacer, y si se las piden, lo más seguro es que hasta se moleste.


Hay a quien el ilustrador Luis Royo le toca los cojones... porque siempre dibuja lo mismo. O mejor dicho, les toca los cojones que dibuje siempre algo que no les gusta. En este caso, mozas de buen ver. Les importa una mierda que la técnica de este ilustrador sea la releche, o que estéticamente sus dibujos sean impresionantes.
No, es que tiene la temática equivocada y hay que putearlo y andar con la cantinela de que es un machista, de que le gusta poner a las mujeres ligeras de ropa, que si tal, que si cual. Como si todos los que lo putean se hubieran ido de cañas con él durante años y ahora pudieran juzgar su forma de pensar en base a lo que pinta.
Que yo me pregunto que, si en lugar de mozas dibujase dragones o muebles de cocina, la protesta sería la misma.


Supongo que el problema es que ahora todo el mundo se cree con derecho a andar pidiendo explicaciones al prójimo acerca de su vida, como si se encontrasen en una posición moral superior. Como si por el hecho de defender una causa (aunque, en el fondo, no tengan ni puta idea de lo que están defendiendo y lo único que hagan sea limitarse a repetir consignas como loritos) ya pudieran erigirse en esos modernos inquisidores que mencionaba arriba y andar fantaseando acerca de la ideología del prójimo. "Estás conmigo o estás contra mí", es el lema. Comentaba un amigo al respecto que esto es un poco la herencia de la Ley Mordaza, pero lamento decir que no lo veo así. Me explico: la censura a la que nos estamos viendo sometidos día sí y día también no es una imposición del gobierno, o no en su totalidad; la mayor parte la está exigiendo, cuando no imponiendo el ciudadano de a pie. El gobierno no nos dice que nos metamos en ningún muro de nadie a exigirle explicaciones sobre lo que acaba de decir o hacer, ni a berrear sobre presuntas ofensas a vete a saber qué colectivo, aunque hablemos de cosas completamente inocuas. No nos impulsa a andar insultando o amenazando a los que no son de nuestra condición, ni nos pone una pistola en la cabeza para andar llamando "guarra" a una chica por subir una foto suya con no demasiada ropa. Esa censura rancia, más propia de gente criada en los putos años 50 que en nuestros días, procede de la gente de a pie. De forma voluntaria, y lo que es peor, de una forma que parece por completo consciente.


—¡Ya ha vuelto a dibujar una muñeca con el culo al aire! ¡SERÁ INMORAL! ¡SERÁ CHABACANO!"
—Perdone, es que esos términos ya no están de moda.
—Vale: ¡ES UN MALDITO OPRESOR CUYA IDEOLOGÍA QUEDA PATENTE EN SUS OBRAS! ¡QUE LO BANEEN! ¡QUE LO BOICOTEEN!


Hace apenas unas horas una colega de letras (de las pocas que me quedan después de haberle dicho al mundillo literario lo que me podía ir comiendo y como) ejercía una protesta más o menos pública acerca de críticas absurdas que ha tenido que leer por parte de (tachán) otros escritores. No es que importe, porque los lectores también traen lo suyo; el caso es que la protesta era de que estaban encabronados con según qué textos porque (ojo) no se sentían identificados con los personajes, como si eso fuera una condición si ne qua non para disfrutar una historia o (con un par de cojones más gordos todavía), para juzgar la calidad de la obra. Y, rizando el rizo de la gordura cojonil, juzgando de paso a los autores. Porque todo el mundo sabe que si uno no incluye mujeres en su obra es machista por putos cojones (aunque el contexto de la obra no te lo permita, como es el caso de una obra ambientada en una cárcel o en un campo de batalla, por poner un par de ejemplos básicos), o si no aparecen personajes de determinadas minorías étnicas es racista. Este hecho parte de un principio falaz que plantea que TODO lo que se ve en una obra es reflejo de la ideología del autor, y que éste JAMÁS va a contar nada que esté denunciando o sobre lo que esté ironizando. Dicho de otro modo, todo lo que lees en un libro refleja lo que piensa el autor y siempre va a estar defendiéndolo. Partiendo de ese principio, si ves un asesinato, el autor fantasea con matar a alguien o si ves nazis dándole matarile a un puñado de judíos el autor es antisemita o ya puestos neonazi. Así, por huevos y sin discusión alguna.


A tomar por culo. Vamos a quemar libros que no se ajusten a los Sacrosantos Cánones de la Corrección Política, no sea que nuestras córneas sangren ante la violación que supone la ofensa de leer algo que no va con nuestro Credo.
Y de paso, pasar por la parrilla a los autores. ¿Quién cojones se han creído que son, escribiendo lo que les da la gana?


Este tipo de cosas me llevan de nuevo al lema de "o estás conmigo o estás contra mí", que parece haberse puesto de moda, y que en suma a un abanderamiento de ideologías chupiguais, producen una mezcla bastante peligrosa. Si a dicha fórmula le añadimos el poder publicar en una red social cualquier barbaridad sin el filtro de nadie que te diga "Tío, se te ha ido la olla a lo basto" y lo que recibas sean palmadas de otros que están igual de pirados, el resultado es un cóctel de fanatismo y narcisismo a partes casi iguales, donde unos a otros se van jaleando para ver quién suelta la barbaridad más grande. Postureo y ganas de liarla parda en un contexto en el que esta pandilla de cazadores de explicaciones parecen haberse hecho fuertes y andan exigiendo responsabilidades a aquellos que simplemente se dedican a crear. Menciona un amigo que ser artista hoy en día es lo más parecido a ser una bruja en el S.XVII: no querer formar parte de la corriente actual (en este caso, ser chupiguai y ser parte del rebaño, con un Credo único y consignas que berrear a diario para que todo el mundo sea consciente de la ideología de uno) te pone una diana en el pecho. Te señala y te juzga como una especie de hereje y, antes de que te des cuenta, aparece un puñado de fanáticos exigiéndote explicaciones, en plan juicio de Salem acerca de por qué has dibujado lo que has dibujado; de por qué has escrito lo que has escrito. Poniendo palabras en tu boca y diciendo que piensas lo que no piensas. Y ya puedes decir lo que te dé la gana, que no tienes defensa posible. A la hoguera contigo.


Nota cultural: en Salem, tal y como sucedía en las colonias británicas americanas, la gente fue ahorcada tras ser declarada culpable de brujería. Lo de la hoguera era en Europa.
En cualquier caso, los ponían finos.


"Es que si cuentas eso, será porque una parte de verdad hay en el fondo", dicen.
"Por algo habrás dicho lo que has dicho", añaden.
"Al crear eso, ofendes a un montón de gente", sentencian. No son muy diferentes de esos que te juzgan por tu orientación sexual (o se la inventan, si no das norte de ella), los que dicen que eres una egoísta por no estar pariendo enanos a pata partida una vez tienes trabajo y pareja estable, o los que en el momento en que sobrepasas los treinta ya empiezan a decirte que se te pasa el arroz, y que te dejes de gilipolleces que tienes que sentar la cabeza antes de morirte debajo de un puente solo y amargado. Otros cazadores de explicaciones que se meten en donde nadie les ha llamado y que lo único que se merecen es que le estampen una mierda de perro (o de cualquier otro ser vivo, tampoco vamos a discriminar) en la cara por bocachanclas.

Porque son detectores de mentiras humanos, porque son expertos en psicología básica y conocen las intenciones de todo el mundo en todo momento. Porque saben perfectamente el grado de todas y cada una de las ofensas, pues son capaces de empatizar con cada víctima de esos horribles ataques, pero no con la gente contra la que arremeten, porque no hace falta. Son puta escoria que deben rendir cuentas ante Sus Sacrosantas Autoridades.
Este párrafo iba con ironía. Lo menciono porque igual alguno se cree que realmente pienso eso de estos seres.
¿Veis? La lengua tiene esa particularidad, podemos usarla para exponer realidades diferentes a lo que se expone literalmente. Es un principio básico de la pragmática (queremos decir muchísimo más de lo que decimos) y se puede estudiar, de momento, en cualquier carrera de filología (al menos hasta que alguien decida que con eso no puedes crear tu propia empresa y decida barrer esos "inútiles" estudios del mapa, claro). A lo que vengo a referirme con esto último es precisamente al hecho de que hoy en día tenemos acceso a mucha información, sí... pero no por el hecho de ser información es veraz en sí misma. Una vez tuve que escuchar como una "iluminada" me vino diciendo que la Verdad se encontraba en Internet, pues los medios estaban manipulados... como si el ciudadano de a pie no tuviese sus propios intereses para manipular a otros, o como si cualquiera con acceso a un teclado pudiese iluminarnos, aunque no tenga ni pajolera idea de lo que habla. Como si no hubiera bulos ni gente que propaga verdadera mierda solo para encabronar al prójimo o para desinformar. O simplemente gente que se cree que la película que se monta en la cabeza es la realidad y que los demás son todos gilipollas del culo por no verla. Aunque realmente no haya nada que ver.


"¡He abierto los ojos a una  nueva forma de ver la vida! ¡Soy una persona nueva! ¡Vosotros deberíais hacer lo mismo y abrazar el conocimiento! ¡Despertad, putos mongolos, y daos cuenta de lo que es tener una existencia plena!"
Estos argumentos nos lo decían hace algunos años con cualquier grupito "filosófico" o "espiritual" y buscábamos la salida más próxima. Ahora vienen con los mismos argumentos, pero abrazando ideologías y no podemos ni toserles, se vayan a ofender...


Por eso pasa muchas veces que veo un montón de gente que va por ahí diciendo que "lee mucho", y no lo pongo en duda... pero cada vez que ves sus argumentos mamporreros, sus falacias y sus sentadas de cátedra llegas a la conclusión de que leer mucho no equivale a leer bien. Ni a procesar la información, ni a reflexionar lo que se lee. No cuando la impresión general es que aquí la gente lee lo que sea, pero desde el prejuicio de su propia óptica, distorsionando lo que pueda interpretar del texto para acabar por llevarlo a su terreno y convertirlo en una especie de argumento para justificar (o extremar) su ideología. En este mundo moderno la cosa consiste en engullir sin masticar, quedarnos con los términos modernos, usarlos a cascoporro y andar levantando el puño indignados ante tal o cual "Injusticia".
Para mí esto es una forma de radicalizarse en cualquier ideología. No creo que haga falta ya pensar que planear pegar un pepinazo y llevarte por delante a unos cuantos para irte a un paraíso con tropecientas vírgenes sea la única forma de convertirte en un radical. Hay muchas formas de serlo, y las tenemos aquí, en casa, y a diario. En el momento en que tienes gente que se dedica a perseguir a otros por pensar diferente, con campañas de odio, boicots, ataques verbales y demás cosas que parecen legítimas, pero que no son más que muestras de abuso. En el momento en que se escandalizan ante cualquier manifestación artística que no casa con su Credo, o que ellos digan que no casa. En el momento en que imponen un código moral sobre otros, diciendo lo que tienen que decir, cuando y como, bajo la siempre posible amenaza de que te armen un cirio... Amigos Distópicos, tenemos un puñado de radicales en nuestros mismos hocicos.


"No nos sentimos identificado con lo que manifiestas en tu arte. ¡PREPÁRATE A MORIR, HIJO DE PUTA!"
Tiene gracia. Los demás no nos sentimos para nada representados con esta forma extrema de defender las cosas y tenemos que aguantar a estos fanáticos todo el puto día.


Esos radicales igual no te van a dar de hachazos a la salida de casa ni te van a poner 25 kilos de amonal debajo del coche, pero eso no los convierte precisamente en unos santos. Hablamos de gente que os (nos) está juzgando por no ser como ellos. Por ser creativos, en el caso concreto de los artistas. Por dedicar nuestro tiempo libre a lo que nos da la puta gana y no a lo que les da la puta gana a ellos. Gente que hace plataformas chupiguais exigiendo a los demás que seamos como ellos. A los que nos dedicamos a las artes, exigiéndonos que nos amoldemos al Credo: que cambiemos nuestras temáticas, nuestras técnicas, nuestros estilos. Que no expresemos lo que queremos y que sacrifiquemos una parte de lo que somos para que esos niños malcriados puedan irse a la camita tranquilos, pensando que gracias a ellos el mundo está salvado.


"Hoy ha sido un buen día. He puesto a parir a un montón de gente, he ridiculizado por completo la ideología que represento, no he conseguido absolutamente ningún resultado REAL y he discutido con unos treinta mentecatos que no han abierto los ojos ante la realidad. El mundo está a salvo gracias a gente como yo".


Quizás por eso me he vuelto bastante antisocial artísticamente hablando: sigo creando, y a diario... pero no al alcance de todo el mundo, sino para mi uso y disfrute personal. A veces permito que la gente que me rodea, al menos la gente de confianza, que sé que es gente que tiene una mente abierta y que no viene pidiendo explicaciones acerca de nada, eche un vistazo. Pido consejo, acepto sugerencias y demás... pero siempre desde la filosofía de que lo que uno crea, lo crea porque le da la puñetera gana crearlo, y punto pelota. Sin tener que dar explicaciones ni pasar por un tribunal de moral. Sin que venga ningún enteradillo levantando diagnóstico psiquiátrico (sin título, por supuesto) a hablar de mis carencias emocionales, mis filias o mis fobias... principalmente porque no son su puto asunto.
Y es ante la hipótesis de encontrarme (o encontrarnos) con seres de ese nivel cuando me planteo por qué cojones no cogemos y los mandamos a todos ya a tomar por culo, los echamos a patadas de nuestros círculos y que se coman ellos solitos su propia mierda. Me pregunto por qué tenemos que andar haciéndonos eco de una pandilla de imbéciles que se creen alguien por haber leído un par de blogs, o haber leído mil libros sin entender uno solo. Por qué muchos artistas se ven intimidados por la presión que hacen un puñado de infelices con demasiado tiempo libre y muy poca imaginación para crear nada por sí mismos, y que necesitan andar jodiendo las creaciones de otros.

Pasa el tiempo y me sigo preguntando por qué los cazadores de explicaciones siguen metiendo los hocicos donde nadie los ha invitado y todavía, con tanta campaña online y tanta hostia postmoderna, nadie se ha planteado en serio hacer una operación de tolerancia cero contra todos estos que están convirtiendo nuestros círculos en auténtica mierda.

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