domingo, 28 de mayo de 2017

Mondo Chorra- La epidemia de los Cuñaos



Todos conocemos a alguno.
Están ahí, a nuestro alrededor. Puede que los hayamos visto en la parada del autobús, o que estén infiltrados en nuestro grupo de amigos. Incluso en nuestras familias. Empezaron siendo pocos pero, poco a poco, hay más y más de ellos día a día. Ya sabéis a lo que me refiero.
Hablo de los Cuñaos.

Pero, ¿qué es exactamente un Cuñao? ¿De dónde proceden? ¿Cómo viven? ¿Qué comen? Vamos a echar un vistazo a este curioso grupo social e intentar arrojar luz sobre estos seres.
Es vulgarmente conocido que en nuestro país el españolito medio lleva en su interior a un juez, un árbitro, un alcalde, un entrenador de fútbol y un abogado. Todo el mundo sabe de todo, aunque en el fondo no tenga ni pajolera idea de lo que está hablando. Hemos vivido esto una y otra vez, ¿verdad? Pues bien, el Cuñao viene a ser la versión extremista de esto. No es que tenga un juez, un árbitro, un alcalde, un entrenador de fútbol y un abogado en su interior; también tiene un ingeniero, un astrofísico, un economista, un médico de todas y cada una de las especialidades conocidas por la ciencia humana, un filósofo (preferiblemente nihilista, aunque también los hay new age, cuando no de ambas corrientes a la vez), un experto en literatura universal de todos los períodos y géneros posibles, un teórico musical, un historiador versado en cualquier punto de nuestra historia, una eminencia en el campo de la tecnología más avanzada, un nutricionista, un psicólogo, un psiquiatra, un defensor de los derechos de vete a saber qué, un experto en ciencias de la educación, en artes de todo tipo (pasando del cine hasta la construcción de obras arquitectónicas con palillos de helado), en primeros auxilios, en cocina, en arquitectura, deportes (incluyendo los más minoritarios) y en cualquier puta cosa que se os ocurra. No contento con eso, el Cuñao no es que sea experto en todas estas disciplinas: es el experto definitivo y su conocimiento es putamente incontestable. No es que sepa más que tú de lo que está hablando (aunque tú lo hayas estudiado también)... es que sabe más que cualquier ser humano, vivo o muerto, sobre dicha materia.


"Siempre tengo razón en todo, siempre sé más que todo el mundo de todo y todos los demás son gilipollas del culo".


Un Cuñao viene a ser un poco así: no tiene un criterio, sino que tiene EL criterio y su palabra va a misa. Ya puedes tú haberte pasado una vida estudiando lo que sea, que viene el Cuñao y te da lecciones, dándote a entender que tú no tienes ni puta idea de nada. Lo mejor de todo es que además no necesita ni argumentarte las cosas: donde los demás podemos no estar de acuerdo con alguien y explicamos por qué, razonando nuestra opinión, aportando información que contraste o contradiga lo ya expuesto y que nos respalde un poco para que nuestro argumento tenga solidez, el Cuñao llega y te suelta un "Esto es así" y te tienes que callar, porque a un Cuñao no se le contesta. Sienta cátedra sobre lo expuesto y todo el mundo tiene el imperativo categórico de agachar la cabeza.

También tienes la opción de cuestionarte el argumento cuñadil, pero no se recomienda: si lo haces, entras en una especie de lógica circular en bucle infinito que implica el riesgo de que te reviente el puto cerebro en cuestión de segundos. Por ejemplo: tú estás debatiendo sobre si una peli es buena o no, ¿vale? Puedes empezar a plantear argumentos como que el argumento sea medianamente sólido, que la dirección de la peli esté bien, que tenga una buena fotografía, un reparto acertado... lo que vienen siendo elementos que puedan más o menos apoyar tu tesis. Entonces el Cuñao entra y te suelta: "Ese es un puto peliculón". Si le preguntas qué hace a esa peli un peliculón, te puede soltar un argumento críptico como:
—Esa peli entretiene. Y si entretiene, es buena.
Se hace el silencio. Dios ha hablado.

Pasa que el Cuñao no conoce de placeres culpables. Esas cosas que sabemos que son objetivamente cutres pero que reconocemos que nos gustan. Si al Cuñao le gusta algo, es bueno y, si no le gusta, es una puta mierda pinchada en un palo que habría que quemar para luego echar sus restos en una letrina y dejar que el resto de los mortales nos caguemos sobre ellos. Estás tú escuchando música, ¿vale? Y entra el Cuñao y te dice que eso que estás escuchando es una mierda de grupo.
—Estoy escuchando a (inserte aquí grupo relativamente conocido) —dices.
—Esos son unos maricones. Hacen una música demasiado comercial, y la música comercial es una mierda.
Y hasta aquí, lo más profunda que llega a ser la argumentación de un Cuñao. No le pidáis más. La guasa es que este ejemplo que he puesto de la música comercial no es más que un pretexto para no sonar categórico (el Cuñao en el fondo es humilde): en realidad el grupo le parece una mierda simplemente porque no le gusta, y punto. Ni se va a molestar en hacer un análisis de su trayectoria musical, si en sus temas realmente gozan de un nivel de elaboración, ni leches en vinagre. En resumidas cuentas, si al Cuñao le gusta algo, es bueno, y si no, no lo es. No hay más que rascar.


El Cuñao no conoce el término medio. No existen las cosas que no le entusiasman, o las que no le gustan demasiado. Si hay algo que no le parece SUBLIME se parece a esto.
No, no me refiero al elefante.


Otro rasgo que identifica al Cuñao no es su inmensa objetividad en cuanto a gustos, sino su constante y persistente costumbre en pisotear no solo el criterio, sino los actos de los demás. Pongamos que tú estás valorando para comprarte algo. Un rodillo para amasar pan, por ejemplo. La mayoría de los mortales le damos las vueltas justas al asunto: buscamos una cosa que se ajuste medianamente a lo que buscamos y luego vemos la opción más económica. El Cuñao está por encima de esas nimiedades: el tío ha hecho un estudio de mercado y ha valorado las puntuaciones en los tests más prestigiosos que existen (que solo él conoce) para decirte que tu compra es una puta mierda pinchada en un palo y que has perdido miserablemente el dinero. Te dirá que el rodillo para el pan tradicional está obsoleto y te dirá que tenías que haberte gastado el doble de pasta (que no se lo dices, pero sabes que no te puedes permitir) en pillarte un Janderkländer-Grömenawer de fibra de carbono, especialmente diseñado para hacer masas extrafinas no superiores a dos milímetros de grosor. Tú, de buenas, le explicas (que no tendrías por qué, pero lo acabas haciendo pa que deje de dar por culo) al Cuñao que realmente no necesitas hacer masas tan finas (coño, ni te has molestado en medirlas, ¿quién cojones mide el grosor de la masa del pan?), sino que quieres hacer masas y ya está.
ERROR. Eso no detiene al Cuñao, que ha tomado como una Cruzada Personal eso de mearse en tus decisiones y poner las suyas por encima:
—Es que lo suyo es sacrificar versatilidad en cuanto a tipos de masa para ganar finura. Parece mentira que no sepas algo tan básico como eso.


¡PUES CLARO QUE SÍ, JODER!


Joder, no lo sabías tú, ni nadie que no sea el Cuñao. Ese nivel de expertismo el resto de los mortales no lo tenemos ni de coña. Nos limitamos a tener un sentido de la vida medianamente práctico y arreando, que es gerundio. Eso sí, como ganarte, te ha ganado porque (según él) tú no tienes ni puta idea de nada de lo que hagas, y todas, absolutamente todas las decisiones que tomes en su presencia son erróneas, independientemente de que la cagues o no. Pongamos que te compras un teléfono móvil. El Cuñao ya te habrá dicho que lo suyo es comprarse un equipo de ultimísima generación, de esos que cuestan unos 5000 pavos que no ganas ni de coña (ni él tampoco, pero que ha conseguido a mitad de precio —si no putamente gratis— en vete tú a saber qué oferta, en no sé qué página web, haciendo no sé qué cosa rara, y te lo restriega cada vez que tiene ocasión). Obviamete, tú te compras el que puedes pagar, porque lo necesitas para llamar, usar el Guasap, tirarte selfis mientras cagas y poco más. El Cuñao te dice que te arrepentirás, que ya verás lo malo que te va a salir. Que esa decisión que has tomado (porque no estás para pagar un telefonazo a plazos el resto de tu puta vida) ha sido una cachocagada de las que hacen historia, porque claro: él sí sabe y tú no tienes ni puñetera idea de nada, ignorante de la vida. Resulta que el trasto no te sale del todo mal y te aguanta su tiempecillo para lo que te ha costado, pero nada es eterno y la obsolescencia planificada hace de las suyas: el aparato (el telefónico) empieza a fallarte y, basta con que lo comentes UNA vez para que el Cuñao surja de entre las sombras para recordarte la puta mierda de elección que hiciste. Que, lógicamente, tenías que haberte gastao la pasta en su recomendación.


"Te lo dije", uno de los grandes mantras cuñadiles.


También está la opción de hacer caso a la recomendación del Cuñao.
ADVERTENCIA: Si vais a hacer caso a la recomendación de un Cuñao, debéis saber que lo hacéis única y exclusivamente bajo vuestra responsabilidad. Niños, por favor, no intentéis esto en casa.
La cuestión es que aquí tenemos un caso único de percepción divergente. Me explico: como ya he comentado, el Cuñao jamás se equivoca. JAMÁS. Otra cosa es que lo que te recomiende sea una chusta de cagarse: por ejemplo, eso de ir a comer a un sitio, ¿vale? Tú sopesas las opciones más básicas, que son que el sitio sea asequible de precio, que no pille donde Cristo se pilló la chorra y que te pongan comida en el plato y veas que efectivamente en tu plato hay comida.
No importa, porque el Cuñao ya ha decidido. Te lleva a un sitio, donde conoce a yo no sé quién y donde se come que te cagas.
Y ahí ya has caído en la trampa.
Sí, se come que te cagas, porque lo que te ponen en el plato (una mierdecilla del tamaño de una albóndiga) sabe literalmente a mierda y encima tiene un efecto laxante que hace que, si ya tenías hambre al llegar, salgas del local con más hambre aún. La guasa viene cuando miras tu cartera y sientes la impresión de que tu economía ha sido violada por un brother de descomunales atributos llamado Mandingo, acompañado por toda una banda de brothers, igualmente bien dotados. Los putos Harlem-Globetrotters de la sodomía económica. Tú sales del local, sin un puto duro, con una extraña sensación en tu estómago, mezcla chunga de hambre y asco y con una cara de gilipollas que ríete de la que se te queda cuando sales de la oficina del SAE. A tu lao, el Cuñao, que dice haber comido que te cagas y que le encanta ese sitio porque "Ahí se come de verdad".


Comer "de verdad", descripción gráfica.


Y esto es solo un ejemplo, por supuesto. Cualquier recomendación que un Cuñao te haga, por algún extraño motivo, solo parece funcionarle a él, mientras que al resto de los mortales les suele conllevar un riesgo mortal para su vida o su paciencia. ¿Implica eso que un Cuñao vive solo en su Cuñaoverso? NO. La cuestión es que el Cuñao tiende a rodearse, cuando se aburre de imponer su ego sobre los demás, de otros Cuñaos.
El Parlamento de los Cuñaos, si queréis llamarlo así.
Ahí es donde los Cuñaos entrenan para cuñadizar el mundo. ¿Habéis visto alguna vez esos documentales donde ves un par de ciervos enredándose los cuernos para demostrar quién es el macho de la manada? Pues esto es igual, pero a nivel dialéctico. Aquí el Cuñao pone toda la carne en el asador y emplea sus fórmulas más efectivas para ponerse a punto. Hablo de grandes frases, similares a hechizos verbales de alto nivel, como "¿Pero cómo puedes decir eso?" "Anda, calla, que no tienes ni puta idea" o "Si conocieras a tanta gente como yo de ese mundillo (el que sea) te darías cuenta de lo que hablo". "No lo digo yo, lo dicen LOS MEJORES expertos" (traducción: lo dice él); "Eso que dices está descartado" (por él). Las fórmulas derivadas de todo esto son variadas, pero la base viene a ser esta.


Ser Cuñao está de moda. Hasta tienen Parlamentos de Cuñaos televisaos y todo.


Otro de los grandes centros de poder de un Cuñao son las reuniones alrededor de una mesa. La más clásica es la reunión familiar (de ahí es de donde viene lo de "Cuñao", pero esto no es más que un tópico. Un Cuñao puede no ser Cuñao de nadie y aun así, estar certificado por el Ilustre Colegio de Cuñaos), pero pueden aparecer también en cenas de trabajo, reuniones de cualquier tipo, bodas, bautizos o comuniones. El Cuñao está ahí, en medio de la conversación que sea, e irrumpe como un elefante en una cacharrería. No, como la puta Senda de los Elefantes arramplado sobre la sección de porcelana fina de las galerías Lafayette de París. Muerte y destrucción a espuertas cuando abre la boca y arregla el mundo con un par de frases, que pueden variar dependiendo del tema, pero que suelen partir siempre de la misma base ideológica (es decir, "Yo sé de esto y vosotros ni guarra, pringaos"):
—¡Esto se soluciona echándonos todos a la calle! (política, vertiente revolucionaria)
—¡Antiguamente sí que se hacían bien las cosas, no como ahora, que na más que hay libertinaje! (política, vertiente conservadora)
—¡Las películas que se hacen hoy en día son una mierda! (cine, vertiente conservadora)
—¡PUTO PELICULÓN! ¡EXPLOSIONES POR TOS LAOS! ¡TÍAS BUENAS! ¡UN MONO CON UNA METRALLETA! ¡LE TENDRÍAN QUE DAR TODOS LOS OSCARS! (cine, vertiente blockbuster)
Podría seguir con todo un compendio de argumentos en este plan, pero la mayoría pueden resumirse e algo tan simple como "Ea ea ea, no tenéis ni idea de nah, menos mal que estoy yo aquí para iluminaros, putos Neanderthales".


"Tol mundo quieto parao, que os voy a contar cómo habéis vivido toda vuestra puta vida en la ignorancia"


Ante este último punto no deja de resultar gracioso que a un Cuñao, en líneas generales, nadie le hace ni puto caso, a menos que sea una reunión de Cuñaos, que al menos tiene enjundia por eso del pique por el liderazgo de la manada Cuñadil; en el resto de contextos, la gente acaba yendo a lo suyo y limpiándose el ojo del ano con los argumentos que suelta el Cuñao... o, bueno, con lo más parecido a argumentos que es capaz de soltar, ya me entendéis. El Cuñao farfulla, sosteniendo que el personal no sabe de nada y se revuelva en su propia charca mientras el resto de la gente civilizada hace lo que viene a ser normal en una conversación: intercambia información, está de acuerdo en unas cosas, en desacuerdo con otras y luego sigue viviendo sus vidas de una forma más o menos normal. Esto viene a ser una especie de ideología divergente por parte del Cuñao: mientras la gente aprende cosas o madura sus formas de pensar y las implementa en su vida diaria, el Cuñao parece aprender cosas solo para restregárselas a los demás por la cara y recordarles que son unos putos ignorantes cuyas vidas no tendrían el más mínimo sentido sin su opinión. Las cosas no necesita ni madurarlas porque una vez procesadas ya cuentan como "OK" en su línea de comandos mental y ya puede esparcirlas alegremente como si fueran Lacasitos, ya le hayan pedido su puta opinión o no.


"FFFFFFFFFFFFFF.....!!!!!!!!!!!!!!!!!!"


Y es que el Cuñao puede parecer simpático así de primeras, pero puede ser bastante insultante en muchos, muchos momentos. Solo imaginad algo que os ha costado mucho hacer, bien porque nunca antes lo hayáis hecho, bien porque sea algo que os resulte difícil, o bien porque se os dé mal abiertamente. Cuando uno, en estas lides, sale medianamente airoso de ese tipo de situaciones, tiende a sentir cierto orgullo ante lo que ha hecho. Lo vemos como una especie de pequeño logro personal en el día a día de nuestras vidas.
Hasta que aparece el Cuñao, a toro pasado, y te dice lo que tenías que haber hecho para optimizar tu esfuerzo y maximizar el resultado, dando a entender que eso que has hecho con todo tu esfuerzo y tu mejor saber hacer no ha sido más que una gota de caca en un océano de mierda con la cual él se limpia el culo. Obviamente, podemos no darle la razón, pero el daño ya está hecho: el Cuñao ha llegao y, con su tacto y su humildad, acaba de echar por tierra lo que hemos conseguido a base de zurrirlo en el más absoluto de los desprecios.
Ante eso tenemos, por lo general, dos opciones: pasar de él y "cuñadizar" un poco nuestro logro (es decir, quedarnos con que lo hemos hecho lo mejor que hemos podido, aunque no sea ninguna maravilla) o coger y decirle al Cuñao que se meta por el culo esa magnífica opinión que nadie le ha pedido. Aquí ya depende del nivel de parentesco que tengamos con el Cuñao: si el ser en sí es un conocido cuya presencia o no nos resulta por completo irrelevante, no hay demasiado problema en decirle "Mira, chaval, te vas a tomar por saco a la de ya, que no ando yo para escuchar tus paridas"; el problema surge si el Cuñao resulta estar en tu entorno cercano (laboral, familiar o algo así) y te lo tienes que comer por cojones.


Ea, a comer mierda.


Ahí es donde entra una habilidad que tienen todos y cada uno de los Cuñaos de este mundo, que consiste en poner a prueba la paciencia de cualquier mortal que respire y defeque a menos de 10 metros a la redonda de su espacio personal.
Está comprobado: raro es el Cuñao que no abre la boca para acabar exasperando a los demás, soltando auténticas mamarrachadas por la boca, especialmente cuando las suelta delante de gente que sí tiene un cierto conocimiento de lo que habla. A ver cómo le dices tú a un Cuñao que eso que está diciendo no es que sea erróneo... es que no tiene ni pies ni cabeza, y lo único que demuestra es una ignorancia supina acerca de lo que está farfullando. En cierto sentido es como si el Cuñao pudiera oler la paciencia de una persona y se dedicara a exprimirla a su alrededor, crispándole los nervios hasta que ésta, un buen día, se deja de respirar hondo, contar hasta diez y le pide por favor que si es tan amable, que si le importaría levantarse de donde está sentado, coger el portante e irse a recibir sexo anal del bueno por parte de un burro.


"¿Alguien necesitaba de mis servicios?"


Quizás es un principio filosófico por parte del Cuñao medio, que postula la idea de que si alguien a su alrededor es paciente, dicha paciencia está hecha solo para ser puesta a prueba. Tanto si esto resulta ser así como si no, hay que reconocer un impresionante ahínco por parte de estos seres, porque son capaces de hacer que hasta la persona más tranquila del planeta acabe rechinando los dientes y con llagas en la lengua de tanto mordérsela. Porque oiga, los Cuñaos SIEMPRE serán los mejores en su oficio.
Y con esto, hemos llegado al final de esta pequeña disección acerca de lo que es un Cuñao. Es harto probable que muchos de vosotros, al leer estas líneas, hayáis identificado mis palabras con tal o cual persona. Puede que hayáis dicho: "¡Coño, si está hablando de (inserte aquí nombre de sujeto varón o hembra)!" Lamento deciros que no me estoy refiriendo a nadie en concreto... pero si estáis reconociendo a alguien en estas líneas, quiere decir que entonces vosotros conocéis a vuestros propios Cuñaos. Que los estáis sufriendo o los habéis sufrido. Si esto es así, queridos Distópicos, solo quiero que sepáis que mis bendiciones están con vosotros.
Sed pacientes.

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