jueves, 30 de mayo de 2013

Tebeos en Vena- Comics, los Puto Imprescindibles de Rumbo a la Distopía, Primera Parte.



Llevo ya un tiempecillo viendo cosas sobre rankings de cómics en algún que otro blog, amén de haber escuchado a algún colega que, con eso de que uno colecciona, lee y dibuja cómics, se va para ti y te dice eso de "Pues oye, a ver si me recomiendas alguna cosa, que siempre he tenido ganas de leer alguno y no he sabido nunca por dónde empezar". La clase de cosas que, en un día en que no se te ocurre mucho más sobre lo que escribir (porque seamos honestos, uno no vive encojonado las veinticuatro horas del día -qué coño, ni siquiera vive más de dos horas seguidas encojonado- y ya queda más que claro que la raza humana está dominada por soplapollas integrales), te dices "Mira tú que igual podría ponerme a hacer alguna recomendación en plan artículo de los míos" y matas varios pájaros de un tiro.

Antes de nada, quiero deciros que los Puto Imprescindibles de este blog en caso alguno son TODOS los puto imprescindibles que todo bicho viviente debería leer. ¿Por qué? Porque yo mismo ando a la caza y captura de algunos cómics que siguen en mi lista de los más buscados, o bien a la espera de que algún editor (¡EDITOREEEES! ¡ESTE MENSAJE VA PARA VOSOTROS!) tenga a bien rescatar alguna cosilla antigua de estas que hagan que se nos caigan los lagrimones o se nos haga Pepsicola el orificio rectal (o cualquier otro orificio, ya puestos); en otros casos, como sucede con series como Fábulas, Juez Dredd o el Superman de John Byrne, son series que estoy leyendo en la actualidad y de la que no tengo un volumen de lectura suficiente a mis espaldas como para entrar en recomendaciones. En muchos otros casos, da la puñetera casualidad de que son cómics que nunca me han entrado del todo por el ojo y no me he leído, por lo que sería pelín deshonesto recomendar algo que no he leído. Tomadlo como una lista de los que yo os recomendaría, pero siempre desde un punto de vista PERSONAL y con la premisa de "Son todos los que están, pero no están todos los que son". No obstante, sí intentaré haceros una pequeña defensa de cada Puto Clásico, argumentando por qué creo que lo es.

Dicho esto, vamos allá:

1. Neil Gaiman:



The Sandman, de Neil Gaiman y varios autores:

Que Neil Gaiman ha estado siempre entre mis autores favoritos no es ningún secreto. La razón principal es precisamente esta obra, recopilada en diez arcos argumentales y que plantea toda una cosmología que, si bien en un principio estuvo enraizada con fuerza en el Universo DC, poco a poco fue abriendo toda una veda para lo que vendría siendo el sello Vertigo, la línea "Adulta" de esta editorial norteamericana. Tomando como premisa principal el hecho de que el lector es una persona adulta e inteligente (y no el típico gilipollas friki con gafas de pasta y que huele a sudor retestinado y que se la menea pensando en Catwoman), Neil Gaiman nos presenta a Morfeo, uno de los siete Eternos, cuyo poder es superior al de los propios dioses. En esta serie, nos planteará la lucha contra el Cambio: ¿debe el Sueño seguir siendo quién es o, como cualquier otra criatura de la Creación, evolucionar? A lo largo de todo este trasiego de idas, venidas y visitas a un lado y otro del universo, iremos descubriendo un enfoque en que los maniqueísmos y las simplezas brillan por su ausencia. Dioses, elfos, inmortarles, demonios y simples humanos desfilarán por delante de nuestras caras y en ningún momento nos darán motivos para tomárnoslos a chufla.

Lo Mejor: La atmósfera, la cojonuda prosa de Gaiman, las constantes referencias culturales y literarias, el argumento y el trazado de personajes (algunos creación propia de Gaiman, otros ya veteranos del Universo DC). El concepto de Gaiman de "No todo tiene por qué estar relacionado con la trama principal. Siéntate, disfruta del arte de contar historias y déjate de chorradas".
Lo Peor: Me cuesta ser objetivo con esto, pero si tuviera que decir algo, en algunos momentos el ritmo tan marcado que vemos en sus primeros cuatro arcos argumentales decae un poco. El dibujo en algunos momentos puede ser demasiado "exótico" para ojos poco entrenados.
Momentos Puto Memorables: Si tuviera que elegir uno, me quedaría con el episodio 24 Horas, del primer arco argumental, Preludios y Nocturnos. No hay Dios que se olvide de algo así.




Muerte, el Alto coste de la Vida, de Neil Gaiman y Mark Buckingham:

Normalmente cuando oye hablar de un spin-off de algo que, con el paso del tiempo se ha convertido en una obra maestra, se echa a temblar. Es lo que podría pensarse cualquier hijo de vecino que se haya metido entre pecho y espalda el Sandman del señor Gaiman y se entera de que hay uno dedicado a Muerte, hermana del protagonista. Sin embargo, no hay más que echarle un vistazo a este Alto Coste de la Vida para arrearnos una hostia en toda la napia y darnos cuenta de que, lejos de eso, lo que tenemos es una historia creada con mucho mimo. El dibujo de Mark Buckingham, por su parte, aporta una estética optimista y llena de un buen rollito que, aparte de resultar en general muy agradable a la vista, ayuda a ver las cosas de otra manera. Recomendable para leerlo en días en que uno anda de bajón y quiere animarse. Existe un segundo spin-off (Lo Mejor de tu Vida) con el mismo equipo creativo que no está mal, pero que veo muy por debajo de este.

Lo Mejor: El tono optimista y alegre de la historia. El precioso dibujo de Mark Buchingham, detallado y limpio a partes iguales. El personaje de Muerte, que es alguien de quien no puedes evitar enamorarte.
Lo Peor: Que Muerte se haya quedado en dos spin-offs y que de los dos, uno de ellos sea una pasada y el otro (a nivel de historia, el dibujo se mantiene) cumpla.
Escenas Puto Memorables: La frase en que Muerte explica que ser simpática es exactamente igual de fácil que ir de borde y que es el doble de divertido. Que aprenda más de uno y más de una de ella.


2. Alan Moore:



Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons:

Considerado por muchos el Ciudadano Kane del cómic y, para variar, no se trata de una sobrevaloración. Alan Moore rompió muchos, muchísimos esquemas con esta obra; para empezar, porque fue de los primeros en considerar que no tienes que ser niño o idiota para leer cómics (como vemos, Gaiman mantendría esta tradición) y planteaba, sin demasiados tapujos, la cara oculta del glamour que se tiende a asociar al cómic de superhéroes. Moore nos muestra una atmósfera cruda, sórdida y cruel, donde los que se hacen llamar justicieros o superhéroes son seres con pies de barro (tal y como ya plantearía Stan Lee en su día) y con más sombras que luces: reprimidos, psicópatas o de marcada ideología fascista son los que se alinean al lado de los "héroes". Conspiraciones, tramas más cercanas a la narración negra y un profundo pesimismo, lejos de ese halo inocente que marca al cómic "convencional" son las señas de identidad de Watchmen. Ni que decir tiene que esto marcaría un antes y un después y que, a raíz de esta obra, empezarían a surgir generaciones enteras de héroes y antihéroes oscuros, desarrapados y de moral -como poco- distraída.

Lo Mejor: El tono sobrio de la obra. Su obsesión por el más mínimo detalle. La creación, en tan sólo doce números (recopilados en un tomo único), de un universo ucrónico, sólido, realista y, de un modo escalofriante, tan al borde del caos como el nuestro propio. El desarrollo de ciertos personajes, como Rorschach, Ozymandias, el Doctor Manhattan o El Comediante.
Lo Peor: Aquí me arriesgo al lapidamiento, pero que conste que estas son mis valoraciones personales y lo que yo piense en realidad es solo lo que pienso yo y no una verdad universal. El tono es pesimista, muy pesimista. Tanto que tienes que tener un buen momento para leerlo. El desarrollo de los personajes femeninos, algo que siempre he achacado a Alan Moore. El elenco en general, aunque muy muy bien desarrollado, complejo y creíble, suele plantear arquetipos que personalmente me repatean bastante.
Momentos Puto Memorables: Probablemente me quedo con el del origen de Rorschach y la frase final que cierra ese capítulo.



La Cosa del Pantano, de Alan Moore y varios autores:

Segunda obra que cito del Pelos. Aquí tenemos otro de los grandes momentos del cómic moderno, cuando el Greñudo de Northampton decide pasarse por la bolsa escrotal el Comics Code Authority (lo que viene siendo la censura de toda la vida, para que los contenidos de los cómics no sean del todo políticamente incorrectos ni inciten a perversiones tales como tomar drogas o volverse homosexual - no es coña, es algo que se venía pensando desde los años 50 a causa de un gilipollas que decía ser psiquiatra y puso en la picota al mundo del cómic básicamente porque le salió de los cojones) y crear toda una serie de tramas orientadas a un público que estaba hasta los huevos ya de tanto héroe blancurrio y tanto maloso vestido de negro. Con Swamp Thing, Moore toma en práctica su premisa de destruir por completo un personaje en horas bajas (la pobre Cosa estaba ya en las últimas) y recrearlo de tal forma que ni su puta madre lo reconocería. Con esto nos crea una serie que es puto imprescindible en cualquier biblioteca comiquera que se precie.

Lo Mejor: Pasarse por el forro de los huevos la censura, el origen original (valga la redundancia) del personaje y crear algo desde cero sin (y aquí viene lo difícil) contradecir lo ya contado. El fantástico dibujo de Bissette y Tottleben, siniestros, barrocos y oscurantistas a más no poder. La creación de John Constantine, del que hablaré luego. Ese tono de novela de horror, presente en casi toda la colección.
Lo Peor: Que te lo pilles en color.
Momentos Puto Memorables: El episodio Lección de Anatomía, primero de la colección y que nos cuenta de qué va el rollo y lo que nos espera.



V de Vendetta, de Alan Moore y Dave Lloyd:

Seguimos con los cómics de la Pelusa Ojerosa, mencionando aquí mi favorito suyo. Si bien hemos visto que los dos anteriores muestran un tono oscurantista, pesimista, decadente y muy, muy siniestro, este no se queda atrás. V de Vendetta nos muestra otra ucronía con una Inglaterra posnuclear de corte fascista. Opuesto a ella, un único hombre, llamado solo V. Uno de los últimos hombres en pensar por sí mismos, jodidamente inteligente y como una puta cabra. Un elogio a la anarquía y a la lucha por un ideal al coste que sea. No me extiendo más porque ya escribí un artículo sobre esta historia.

Lo Mejor: El ritmo, la ambientación, el respeto por la literatura, el cine y la cultura en general que emana. La mala leche tanto de los malos como del propio protagonista, lo que hace que el maniqueísmo brille por su ausencia. No verle la cara a V en ningún momento de la historia, lo que hace que el personaje resulte coherente.
Lo Peor: Una vez más, el tratamiento de los personajes femeninos, que oscilan entre la comparsa (Evey Hammond) que, casi literalmente, "aprende a respirar" del protagonista, y la arpía con nitrógeno líquido en las venas, como el caso de la mujer de uno de los miembros del Partido.
Momentos Puto Memorables: Dos. La primera entrada de V citando a Macbeth y la historia de Valerie.




La Broma Asesina, de Alan Moore y Brian Bolland:

Un clásico donde los haya. No cuenta entre mis favoritos, pero eso no quita que no lo recomiende. ¿Por qué? Bueno, a mí lo que no ne atrae especialmente es la historia, a nivel general: Moore escribiendo Batman es la clase de cosas que, visto desde fuera, haría que nos derritiésemos como becerros pero, para empezar, es una historia sumamente CORTA. De ella se salvan dos cosas, que son las que hacen que lo recomiende: una, ese origen (o no origen, que nunca se sabe) de el Joker, el cual ni siquiera tiene nombre en la historia. Es un origen tan dramático como irónico, que explica (o explicaría) cómo alguien aparentemente normal puede perder la chaveta y convertirse en un majara de cuidado. Encontramos también algo interesante, como es el hecho de reciclar a Barbara Gordon, alias Batgirl (personaje ya en horas bajas por aquellas fechas) y preparar lo que sería la antesala del personaje que conocemos hoy en día como Oráculo. ¿Fue Alan Moore el que decidió también que una antigua aliada de Batman, ahora inutilizada, se convirtiese en la hacker y buscadora de información que conocemos hoy en día? No tengo la respuesta y, viendo el desarrollo de este cómic, tengo mis dudas. Barbara reaparecería como Oráculo ya en la serie de El Escuadrón Suicida, ya escrito por John Ostrander. Pese a ello, no deja de ser interesante como punto de inflexión.
Lo segundo digno de mención es el impresionante dibujo de Brian Bolland. Detallista y expresivo como él solo, nos muestra un Joker al que se le va a salir la cara de la página en cualquier momento. Una feria abandonada y una fábrica, como escenarios más destacables. Todo con una precisión que se ve raras veces.

Lo Mejor: El dibujo y la puesta en escena de Brian Bolland. A nivel argumental, el planteamiento del Joker y Barbara Gordon.
Lo Peor: Historia sumamente corta y con aparente más interés en los flashbacks que en la línea argumental en sí. Final tan abrupto que cuesta asumirlo. Argumento muy por debajo de lo que es capaz de hacer Alan Moore normalmente.
Escenas Puto Memorables: El Joker emergiendo del foso de residuos y desternillándose de la risa.



From Hell, de Alan Moore y Eddie Campbell:

Último Puto Imprescindible de Alan Moore. Una recreación de los asesinatos de Jack el Destripador, con una teoría que, según sus investigaciones, han sostenido algunos autores. Como siempre, la teoría te la puedes creer o no (de ahí que sea una teoría y no lo puto real), pero es innegable que aquí el amigo se lo ha currado tela a la hora de trabajar en el guión de esta obra. Imprescindible leerlo consultando las notas históricas y culturales que hay en el apéndice, lo que nos da cuenta de que es algo hecho en serio. Muy en serio. En serio de cojones.
Lo Mejor: El crudo realismo con el que se nos describe Whitechapel. La decadencia. La sordidez. La patente elaboración de documentación.
Lo Peor: El dibujo es tan sui generis que puede echar para atrás a más de uno (a mí el primero, lo confieso). Lo grotesco de algunas escenas igual es algo para lo que no todo el mundo esté preparado.
Momentos Puto Memorables: El paseo en carro por el Londres sobrenatural.

3. Frank Miller:



Batman: Año Uno de Frank Miller y David Mazzuchelli:
Si tengo que quedarme con una historia de Batman, en primer lugar me quedaría con esta. No excesivamente extensa, pero sí muy concisa y bien narrada, nos muestra el concepto del héroe que actúa. Del hombre que, tras una experiencia traumática, decide no ser uno más de esos que se encogen de hombros y se dedican a lamentarse de lo mal que va el mundo. Batman aquí deja de ser una coña. Ya no es Adam West, con sus PUM y ZAS. Ya no hay chistes malos, ya no hay posibles referencias homoeróticas con Robin (gracias). No hay nada que no pueda tomarse en serio. Este es el Batman que surge tras la Crisis en Tierras Infinitas. Todo lo que hemos visto después, se lo debemos a esta obra.

Lo Mejor: Batman es tomado en serio, con la dosis justa de gilipolleces, lo que asciende prácticamente a cero. El dibujo, sencillo y basado en tonos marrones y grisáceos.
Lo Peor: Se te hace corto. Jodidamente corto. Quieres más.
Escenas Puto Memorables: Batman diciéndole a las familias de la mafia que nadie está a salvo.



El Regreso del Señor de la Noche, de Frank Miller y Lynn Varley:

En esta obra, Miller se pone a currar como artista cuasi-completo, encargándose también del apartado gráfico y dejando a la que sería su mujer, a cargo de los colores (si me preguntáis a mí, que me suele repatear tela cómo dibuja este tío, me pondré mamón y diré que le tapa los guarreos; pero no es algo que diga en público, me vayan a lapidar). Aquí, a diferencia de en la obra anterior, nos muestra una Gotham futurista, más cercana en ambientación y trasfondo a lo que podría ser Robocop (también guión suyo, por cierto, el del cómic y el de la segunda película), Batman es un hombre de mediana edad, retirado y solitario, viviendo más en el pasado que en el terrible presente. Todo parece gris y apagado en la superficie, pero en su interior hay algo que sigue gritando. Un murciélago que no parará hasta volver a salir.

Lo Mejor: La ambientación, violenta y decadente. El concepto de Batman como héroe que actúa, esta vez pese a los años.
Lo Peor: A Frank Miller se le va la olla en algunos momentos y es capaz de ponerte a Batman matando a alguien (no digo a quién) o empuñando una M-60.
Momentos Puto Memorables: Esa escena de Bruce Wayne viendo la escalada de violencia por televisión y comprendiendo que, si él no hace algo, está claro que nadie lo hará.



Daredevil, de Frank Miller:

La prueba puto definitiva de que los autores noveles necesitan una mano que apueste por ellos. Daredevil era un personaje que llevaba un tiempo renqueando por Marvel y con una colección a punto de irse a tomar por donde amargan los pepinos. Estaba el Roger McKenzie, el guionista de la colección, comiéndose los mocos porque no tenía cojones de echar adelante aquello cuando le dice a su editor que el chavaleta que está dibujando con él tiene ideas que molan un huevo. Pues a esto que le dan luz verde y el muy cabrón no es que tenga buenas ideas, sino que él solito acaba por coger las riendas de la colección y lavarle la cara a un personaje que, unos meses antes, iba a desaparecer de la faz de la tierra. Daredevil deja de ser uno más, mostrándose como un personaje más oscurantista, melancólico y obsesivo. Un hombre que, poco a poco, destruye su vida personal por su cruzada contra el crimen. Temas como las drogas, las bandas callejeras, el uso de niños en el mundo del crimen y el tratamiento a los veteranos de guerra son temas que empiezan a surgir en esta colección con una crudeza bastante inusual para la época y para la editorial. Esto culmina en la novela gráfica Born Again, que incluyo en esta etapa.

Lo Mejor: El concepto de criminales como personajes inteligentes, Kingpin como un villano que usa el poder económico para llevar a cabo su guerra contra Daredevil en lugar de planes ultramalignos y rocambolescos. La creación y el desarrollo de Elektra. Ver cómo Matt Murdock, poco a poco, se destruye a sí mismo. El acabado urbano y los ambientes sórdidos. El cojonudo ojo que tiene Frank Miller para concebirte una página y cómo componer una imagen.
Lo Peor: En mi caso, Frank Miller es un tío que me gusta como guionista (por lo general) pero al que soporto raras veces como dibujante. Aunque entiendo su concepto de distorsión, su concepción anatómica a veces me echa mucho para atrás.
Escenas Puto Memorables: La batalla entre Elektra y Bullseye.



Elektra Asesina, de Frank Miller y Bill Sienkiewicz:

Si Marvel hubiese tenido una línea a lo Vertigo en los 80, Elektra habría sido su Cosa del Pantano, casi sin lugar a dudas. Miller toma a Elektra de su Daredevil y nos plantea un enfoque ligeramente diferente del personaje, más desquiciado y despiadado que en su versión original, y con algún superpoder mental extra del que no teníamos noción hasta ahora. El dibujo de Sienkiewicz, magistralmente compaginado con una pintura que roza lo expresionista (lo siento, estudiantes de Historia del Arte, si la he cagado con el adjetivo, es que no se me ocurre nada mejor para definirlo) sirve para mostrar este nivel de demencia que emana de cada página.

Lo Mejor: El enfoque adulto, el tono enloquecido.
Lo Peor: Otro cómic que se hace corto.
Escenas Puto Memorables: Si no consigues sentirte impresionado por la pintura de Sienkiewicz, no entenderás por qué no he conseguido quedarme con ninguna en concreto. Visualmente es todo Puto Memorable.



Ronin, de Frank Miller:

Otro clásico de los 80, de los que catapultaron al Pelirrojo con Cara de Loco al estrellato. De todos estos, quizás sea el que menos me convenza, y no del apartado de Miller, sino probablemente de toda la lista. Pese a ello, una obra muy recomendable gracias a su forma de narrar, su ritmo y su ambientación. Samurais mezclados con el futuro más... bueno, futurista.

Lo Mejor: El ritmo y la alternancia entre el Japón tradicional y el futuro mas hi-tech sin que dé la impresión de parche. El lenguaje visual y la composición de las viñetas. El giro argumental que se da casi terminando la historia.
Lo Peor: El final carece de un epílogo, de forma que si no estás acostumbrado a finales abruptos, pues te tocará pillarte el cabreo de turno. Si no te gusta el dibujo de Frank Miller, lo tienes pelín crudo con esto.
Escenas Puto Memorables: El giro argumental al que me he referido antes y la progresión tecnoorgánica que muestra el inicio de cada capítulo.



4. Hellblazer, de varios autores:

Ya he comentado arriba que John Constantine fue creado bajo el seno de Alan Moore en La Cosa del Pantano. Algunos años después, este amoral personaje tuvo una oportunidad de tener su propio título que, durante muchos años, se convertiría en el buque insignia de Vertigo. Algunos de los mejores guionistas del panorama han pasado por sus páginas, sin mencionar a unos pocos de dibujantes que hoy en día son de lo más respetados. Grandes dosis de sátira, blasfemia, humor negro, magia y sobre todo un inconfundible sabor británico son las señas de identidad de esta serie.
Lo Mejor: El carisma de John Constantine, por encima de cualquier otra cosa que te puedas encontrar. Los arcos argumentales de Jamie Delano y Garth Ennis.
Lo Peor: Ciertas miniseries, especialmente las más modernas, que intentan mantener el espíritu, pero pierden bastante gracia. El dibujo de Camuncoli, en la etapa de Peter Milligan (la última antes de su cierre) tiene un acabado demasiado cartoon para mi gusto.
Escenas Puto Memorables: John Constantine, sacándole el dedo a los tres demonios más gordos del infierno y, consciente de que estos no pueden ponerle un dedo encima, acompañarlo con la fantástica frase "A joderse". Con dos cojones.



5. Predicador, de Garth Ennis:

Si tuviera que definir la blasfemia usando un cómic como ejemplo, usaría sin lugar a dudas esta obra. Garth Ennis desprecia la religión y se le nota. Desprecia a los (super)héroes y se le nota. Desprecia lo hipócrita que es la sociedad, con sus mierdas ultraconservadoras y se le nota. Nos muestra un mundo de degenerados, paletos, endogámicos, sodomizadores de todo bicho viviente (literalmente), caníbales, vampiros, asesinos en serie, asesinos a sueldo, papas bulímicos, sádicos, masoquistas, mesías oligofrénicos, ángeles caídos, ex-estrellas del porno metidas a autostopistas, cowboys y hasta la puta máquina de matar definitiva.
Y lo mejor es que no paras de reírte, porque es imposible que te tomes en serio algo así.

Lo Mejor: El tono de gamberrada que emana de principio a fin.
Lo Peor: A Garth Ennis llega un momento en que se le ve el plumero con tanta fobia y a menudo parece que habla por sus personajes en algunas conversaciones o monólogos en que parece que intenta aleccionarte sobre lo que él cree que está bien. También se pasa a veces cargando las tintas e intentando mostrarte algo que, si bien es decadente por sí mismo, hace rizar el rizo y llega un momento en que parece que lo está haciendo por impresionarte.
Escenas Puto Memorables: La escena final de Hugo Root.



6. X-Men de Chris Claremont, Dave Cockrum y John Byrne:

Diecisiete años estuvo el Claremont escribiendo X-Men, que se dice pronto. Sin embargo, de entre toda esta etapa tan extensa se puede decir que tiene tres momentos que son Putos Clásicos, pero de los de dejarte los lagrimones colgando. Me refiero a la Saga Fénix, la Saga de Fénix Oscura y Días del Futuro Pasado. En los dos primeros arcos argumentales, Claremont le lava la jeta a Jean Grey, que bien podía ser un personaje fundador de la Patrulla-X, pero que pasaba una temporadilla en horas bajas. Qué mejor forma de hacerlo que con una historia épica sobre muerte y renacimiento que, en cierto sentido, nos habla de la dualidad del ser humano entre el bien y el mal. En el tercer arco argumental, nos plantea por primera vez en la colección el concepto de los viajes en el tiempo, haciéndonos ver un futuro dominado por los robots Centinelas... cuatro años antes de que se estrenase el primer Terminator en el cine. Distopías de corte racista y superhéroes (y supervillanos) prisioneros en campos de concentración. Un patente tono de derrota y de esperanza impregna esta saga que es de las más recordadas de la serie. Años después se intentaría repetir la fórmula, pero quedándose en la complicación de tramas y poco más.

Lo Mejor: Entretenimiento a la par de una narración bien llevada. El dibujo de John Byrne. El tono épico en las historias de Fénix y esa atmósfera triste en el futuro de los Centinelas.
Lo Peor: Que años después les diese por toquetear historias como esta y se sacaran refritos de la manga cada dos por tres, como en el caso de Fénix a mediados de los ochenta y las cuarenta mil sagas del futuro de los Centinelas, a cuál más enrevesada, más coñazo y con menos pies o cabeza.
Escenas Puto Memorables: Jean Grey recuperando la conciencia por un momento en mitad de un fregado y diciéndole a Logan que por favor, que la mate. Ver Nueva York arrasada por los Centinelas.



7. Los Nuevos Mutantes, de Chris Claremont y Bill Sienkiewicz:

Tras sagas tan brutales como las dos mencionadas arriba, más alguna otra que las sigue más o menos de cerca, X-Men era un título que disfrutaba de un buen momento en los 80. Tal es que se decidió abrir un segundo título en la franquicia. Fue así, más o menos, como nacieron los Nuevos Mutantes, recuperando un poco la esencia del grupo original (de hecho la Patrulla-X iba a haber sido llamada en un principio The Mutants), con el concepto de los estudiantes con poderes y demás.
Fue más o menos cuando llevaban un par de añitos de colección y vieron que la cosa tiraba cuando se incluyó a Bill Sienkiewicz a cargo del apartado gráfico. ¿En qué supuso esta etapa una revolución? Pues en esto mismo: el dibujo era expresionista, oscurantista, con un trazo nervioso, con unas proporciones distorsionadas. Las líneas de dibujo eran temblorosas, dobles o incluso triples. Las sombras, auténticos plastajos de negro, con salpicaduras y rayas. No sabías dónde terminaba una figura y dónde empezaba otra. Algo que no se había visto en la puta vida en un cómic supuestamente destinado a "chavales". Este trazo sirvió como puntal para añadir líneas argumentales oníricas, pesadillescas (véase la Saga del Oso Demonio- o el Oso Mísitico, dependiendo la edición en castellano, o la Saga de Legión) o personajes de aspecto surrealista como Warlock.

Lo Mejor: Ese tono oscurantista y la frescura de ese dibujo tan poco convencional, que sirven como apoyo visual para este tipo de historias.
Lo Peor: Es un dibujo que tarda un poco en entrarte si no estás acostumbrado a cosas así.
Momentos Puto Memorables: Ver los ojos de chalado del Oso Demonio es algo que no tiene precio.




Y hasta aquí, la primera parte de los Puto Imprescindibles, ya que está resultando un post kilométrico a más no poder, todavía queda más de la mitad de los que tenía pensado añadir en mi lista y os va a reventar el cerebro con tanto dato friki. En futuras entregas os iré contando más cositas sobre cómics que merecen MUCHO la pena leerse. Os dejo aquí un avance de lo que os espera:

The Authority, de varios autores
Planetary, de Warren Ellis
Los Invisibles, de Grant Morrison
Lobo, de Keith Giffen y varios autores
Hellboy, de Mike Mignola
Ranx Xerox, de Liberatore
El Incal, de Jodorowski y Moebius
La Casta de los Metabarones, de Jodorowski y Gimenez
Estela Plateada, de Stan Lee y John Buscema
Estela Plateada: Parábola, de Stan Lee y Moebius
La Espada Salvaje de Conan, de Roy Thomas y John Buscema
JSA, de Geoff Johns
Crisis en Tierras Infiitas, de Marv Wolfman y George Pérez
Los Nuevos Titanes, de Marv Wolfman y George Pérez
Wonder Woman, de George Pérez
Spiderman: La Muerte de Gwen Stacy, de Gerry Conway y Gil Kane
Green Arrow/Green Lantern, de Denny O'Neil y Neal Adams
Green Arrow: El Cazador Acecha, de Mike Grell
The Ultimates, de Mark Millar.
Kick-Ass, de Mark Millar
Lorna, de Alfonso Azpiri
Sueños, de Terry Dodson
Kingdom Come, de Mark Waid y Alex Ross
El Espectro, de John Ostrander y Tom Mandrake
Starman, de James Robinson y varios autores
JLI, de Keith Giffen, J.M.M DeMatteis y varios autores.
El Bruto, de Eric Powell.


domingo, 26 de mayo de 2013

Mondo Chorra- Defendiendo los estudios literarios



Sucedió hace siglos, a mediados de la década de 2000. Estábamos nosotros tan felices y alegres estudiando la carrera que nos gustaba (o al menos, nos gustaba a aquellos que nos gustaba, que había mucho filólogo que la estudiaba por inercia, en plan zombi-robot-autómata, reconocido por él mismo) y nos llegaron un día diciéndonos que los listos del Ministerio, con la excusa de Bolonia (subrayo excusa porque cuando te codeas con compañeros Erasmus te das cuenta de que lo que te cuentan que se hace en Europa es una chufla de cojones), se iban a cepillar los estudios literarios de nuestra carrera, entre otras cosas. De estas cosas que a un listo desde un despacho se le pone en los huevos que TODO tiene que ser empresarial, vendible y oler a nuevecito. Lo demás caca, no vale, por tanto, se borra del mapa y a tomar por culo.

Así que ante semejante aberración que hacía que la cultura desapareciese de un centro de formación que precisamente estaba destinado a estudiarla (Filosofía y Letras), unos cuantos soplap.... digoooo, valientes nos unimos y nos pusimos a reunir firmas, a intentar concienciar a la gente de que la cosa pintaba más fea que el prepucio de un leproso y que, si nos poníamos así, el poco nivel cultural que se está adquiriendo en centros formativos se iría por el retrete.
No fue fácil, ni mucho menos: nosotros teníamos al enemigo en casa, por partida doble. La rectora, en su Infinita e Inmensa Sabiduría, llegó a decir con todos sus ovarios que el que quisiese estudiar a Shakespeare ya se podía buscar otro sitio, muy democrática ella. Algunos profesores de literatura de nuestra carrera, de una manera tan incomprensible como coherente (algunos de ellos también hacían el Juego de Tronos que se vive en despachos y demás puestos de relativo poder) hasta la apoyaron incondicionalmente.

Poca gente nos escuchó, para qué decir lo contrario. De hecho, hasta pocos alumnos de nuestra propia titulación nos escucharon; muchos de ellos se lavaron las manos porque "estaban en el último curso y que se mojasen el culo los que estaban entrando ahora". Esas actitudes solidarias que tanto me gustan de mis compañeros. Los mismos que, mientras miraban para otro lado cuando se amenazaba con cerrar (sí, cerrar) Historia del Arte no se unían a apoyarlos para "No perder clase". Los mismos que, escaso mes y medio después, lloraban a moco tendido cuando se hizo una reunión (la cuarta o quinta, creo), diciendo que la cosa pintaba muy mal.
Entretanto, peleábamos como leones: empapelamos el ministerio de firmas que servirían para decir que al menos no nos habíamos quedado de brazos cruzados. Vivimos la censura en el foro de cierto periódico local que borró dos veces el hilo que habíamos abierto allí para informar a la gente. A un servidor incluso llegaron a bloquearlo para que no pudiese volver a escribir nada más allí. Se ve que éstos estaban más interesados en mantener abiertos los hilos que fomentaban el racismo hacia la gente de etnia árabe (con posts de lo más xenófobos, lo que me dejó flipando en colores) o cosas tan "importantes" como criticar lo despreciable que es la subraza Sevillita en comparación con la Malaguita, claramente superior en todos los aspectos.

En este convulso despliegue de iniciativas, la directora de mi carrera se puso en contacto conmigo, no porque yo fuera mejor que nadie, ni más inteligente ni porque tuviera una foto de perfil de Facebook en que pareciese un chulazo pidiendo guerra. Simplemente yo era uno más de los que se preocupaban porque los que viniesen detrás no se encontrasen una puta mierda en lugar de una titulación que, si bien no tiene muchas salidas laborales (cosa que reconozco por activa y por pasiva) es digna de tanto respeto como esas otras titulaciones que "molan" (o molaban, porque ya se está demostrando la salida laboral que en general están teniendo los estudios universitarios). La propuesta de la directora era sencilla: me pidió que escribiese un artículo para el periódico universitario, explicando un poco lo que pasaba y lo que nos esperaba.
Y nada, allá que se lanza uno. Intenta explicar las cosas lo mejor que puede y al final se da cuenta de que las grandes palabras no son siempre las que tiene uno en la cabeza; que a veces, para demostrar lo que has aprendido en esa carrera que estás defendiendo, puede ser mejor dejar que otros que llevan cientos de años muertos hablen por ti, y tú convertirte en un simple intérprete.
Eso fue un poco lo que hice, no sin miedo a que aquel que me leyese pensase que todo aquello era un ejercicio de pedantería. Puede que lo fuese, pero es más importante lo que la directora me dijo cuando le confesé este miedo: "Si a alguien esto le parece pedante, es problema de los demás y no tuyo". Una frase sencilla, pero que en su momento me sirvió de mucho y que hoy en día atesoro como algo muy valioso y que me ayuda, no sin cierta dificultad, a enfrentarme a este mundo de rastreros y víboras que viven para dañar a los demás.

"¡Úsalo como una armadura!"


Dejo aquí abajo el artículo. Algo muy primitivo, considerando que por aquella época fue cuando empecé a tomarme en serio eso de la escritura y apenas tenía experiencia. Si hoy en día no me considero un fuera de serie escribiendo, imaginad por aquel entonces. No es más que un esfuerzo por hilvanar referencias intertextuales de modo constante para ilustrar lo que quería decir. Mientras escribo estas líneas, casi no me atrevo a leerlo... supongo que porque hoy en día soy algo diferente de la persona que escribió aquello, y porque lo escribí en un momento determinado y bajo unas circunstancias muy concretas.
Me quedo con el recuerdo de que lo hice de corazón y usando, por primera vez, las tripas en ello.

“El Inglés es una lengua comercial, pero no una lengua cultural”. Con esta frase lapidaria que se enarbola desde ciertas posiciones, parece resumirse la política que se planea llevar a cabo con la titulación de Filología Inglesa.
Ante cosas así, no puedo evitar pensar en Orwell, que hace ya varias décadas habló de un estado en el que el librepensador era un criminal (además de inventar al Gran Hermano, nada más lejos del show televisivo que conocemos hoy en día), o en Ray Bradbury, que nos mostró un mundo en el que los libros eran algo que debía ser quemado.
¿Exagero? Es muy posible, no digo que no… pero no deja de darme miedo.
Cada vez se lee menos en un país en el que se proclama a los cuatro vientos el aniversario de El Quijote de Cervantes; cada vez, con mayor frecuencia, veo campañas de animación a la lectura… Pero, ¿qué se hace para solucionarlo? Eliminar titulaciones enteras donde se dan a viejos amigos (para algunos) como Shakespeare, Oscar Wilde, James Joyce o William Faulkner.
Sí, parece que ahora eso de leer y estudiar a los clásicos de la literatura se ha convertido en una materia destinada a pedantes, o tal vez gente que no tiene nada mejor que hacer en la vida. Ahora lo que se lleva es usar todo lo que se sabe para sacar el mayor rendimiento económico posible: adiós, Septimus Hodge, adiós Don Juan; hola, Barrabas, hola Shylock.
Cada vez con mayor tristeza, veo como la literatura o la historia, que tal vez no nos salven la vida, pero desde luego que la hacen mucho mas amena y entretenida, vienen reemplazadas por aquel Poderoso Caballero al que aludía Don Francisco; apenas podemos hacer nada, ya que el paso de la Reforma (y me refiero a ella con mayúsculas, ya que mayúsculo es el daño que va a hacer al nivel cultural de este país en menos años de los que nos gustaría imaginar) es inexorable.
Ya no se piensa en la gente que se ha matriculado en la carrera para enriquecer su cultura, o la gente que tiene otras inquietudes aparte de ganar dinero (dinero, dinero, dinero) con su licenciatura.
Filología Inglesa se muere. Es una frase terrible, pero cada vez más cierta. Se muere, apuñalada como Julio César, desangrada como Horacio, decapitada como Macbeth, por un Cromwell que se anuncia como nuestro salvador, que dice “oír” las protestas de alumnos y profesores (filólogos potenciales o reales, según se mire), pero que en el fondo lo único que pretende es ahorrarse un puñado de Euros para crear licenciados como si salieran de una cadena de montaje.
Cadenas de montaje… El espíritu de Orwell me visita al pensar esto último. Trato de pensar en otra cosa, pero sólo me viene a la mente una frase: La ignorancia es la fuerza.
Algunos de nosotros hemos protestado; pero las protestas suelen durar poco. Al igual que a Lavinia, nos cortan la lengua y las manos para que no se oiga lo que tenemos que decir. Nuestra lucha se esta convirtiendo en una causa perdida, y no por falta de ganas, sino por falta de oídos que nos escuchen. Trabajos de amor perdidos.
Conviértete o arde. Vuelve el viejo lema de María la Sanguinaria: forma parte de la Empresa, o desaparece. No hay medias tintas. Filología Inglesa está condenada a arder, a la extinción. Y por el mero hecho de que “no vende”.
Y es que se lleva lo comercial. No importa que tengamos más matriculados que cualquier otra titulación de Filosofía y Letras (lo cual ya debería de dar dinero, dinero, dinero). No. Ahora tenemos que ser una titulación dinámica y atractiva (¿Dinámica? ¿Para movernos hacia dónde? ¿Atractiva? ¿Para quién?). Y al escuchar estas ideas, oigo la risa del Judío de Malta (sin ánimo de parecer antisemita, que conste) frotándose las manos y pensando en el brillo del oro.
Bien está lo que bien acaba. Esta vez, me parece que no, amigo William. Esta vez, harán que caigas junto con otros viejos amigos en el Olvido.
Adiós, Jane Eyre, Beowulf, Arturo, Gawain, Ernest… algunos no nos olvidamos de vosotros. Lástima que otros muchos jamás lleguen a conoceros… ¡Nunca Más!

viernes, 17 de mayo de 2013

Escupiendo Rabia- Especuliteratura



Me gusta hablar con la gente que trabaja en la tienda de cómics donde compro el material que habitualmente puebla mi biblioteca. No solo cómics, sino libros y alguna que otra miniatura de aspecto sugerente.
Esta es la clase de gente que, gracias al trato de unos pocos de años dejándote los cuartos, ya te ve como a un viejo conocido, más que como a un cliente. Un colega con el que se permiten echarse unos minutos de descanso para entablar una conversación acerca de cómo están las cosas en el mundillo. De lo que es la inmensa mierda en la que se ha convertido esto que hacen llamar la industria del libro.

Sí, señores, he dicho inmensa mierda. Vamos a dejarnos ya de gilipolleces políticamente correctas y de chuparle el cimbrel a los cuatro súpers de arriba que se creen que por editar (o hacer como el que edita, que no siempre viene a ser lo mismo) andan con la potestad de decirnos a los de abajo, pobres mortales, lo que tenemos que pensar al respecto.
Y es que me descojono de la risa cuando el personal que se dedica a esto de la escritura (y sus satélites vivientes, que no son ni dos ni tres, y que tienen como único objetivo en la vida tocar palmas ante tal o cual manifiesto superguai) me viene despotricando contra los políticos, contra la burbuja inmobiliaria, contra la banca y cualquier día hasta contra los masones... y luego mira para otro lado de la forma más flagrante cuando se dice que la especulación también se da en la literatura (y en el cine, y ya puestos en cualquier cosa que genere un mínimo de pasta). Me río por no llorar cuando algunos se suben al púlpito y me dicen con condescendencia y desprecio que no sé de lo que hablo, que eso es mentira. Que las editoriales tienen que ganar dinero.
Tócate los cojones con el doble rasero.

Es posible que yo a lo mejor no sea precisamente un experto en finanzas. Que mi alma de empresario se pueda contabilizar en términos negativos. Que igual no conozca todos los entresijos del mundillo de primera mano. Sea. Pero da la puta casualidad de que conozco a unos cuantos que sí lo hacen y que, a diferencia de ese otro mundillo de corrección política y de felaciones de puertas para afuera, han tenido los huevos de reconocerlo. De admitir que la industria literaria está podrida, politizada (no por partidos políticos como tales, sino por facciones de tales o cuales individuos y sus camarillas de chupapollas, que viene a ser lo mismo si nos dejamos de siglas y mierdas) y vendida... ya no al mejor postor, sino al primer postor que pasa.

No puedo sino acordarme del cachondeo-indignación que sufrí ayer cuando vi el cipote que están montando con los entresijos pre-venta de la última payasada de Dambraun (lo llamo payaso, sí, porque si un autor escribe literatura medio histórica y me habla sobre acontecimientos históricos, lo mínimo que se le exige es que se documente aunque sea un poco. Me suda el rabo si es ficción o si me está contando un puto documental, pero a mí siempre me han dicho que jamás escriba sobre algo de lo que no tengo ni puta idea, y este fulano, se llame Dan, se llame Don o se llame Paco, no tiene por qué ser más que nadie ni tiene dispensa moral alguna). El caso es que aquí la editorial de turno es de las de bajarse el bragamen ante cualquier desgraciado que ha pegado el pelotazo en Yankilandia y monta un operativo de seguridad que es, a todas luces, una puta ridiculez: para evitar el pirateo, los traductores y correctores tienen que firmar una declaración jurada, dejar los móviles aparte, y dejar el manuscrito en una caja fuerte. La gilipollez del siglo, considerando que con otros autores de pelotazos la gente lo que ha hecho ha sido pillarse el libro en su idioma original y hacer rular traducciones amateur para que el lector-yonki de toda la vida se chupe el libro antes que el vecino del cuarto. O de coger, pillárselo en inglés, echarle dos cojones para leerse el tocho y así estar más feliz que una perdiz. Más ridículo aún resulta cuando sabemos que ese tipo de políticas no se hace con autores que son menos "guais". Mi primo Marcial escribe una novela que igual está de puta madre y la publica con una editorial gorda y lo de la caja fuerte es que ni de coña. Ya tenga publicado un libro, dos o tres. Y si pasa, esas payasadas no trascienden a los medios, porque no se llama Dambraun y no escribe sobre lo malo malísimo que es el Opus y sobre la culpa que tiene la Iglesia Católica de que no seamos una sociedad matriarcal (por favor, que alguien le pase al tonto de los cojones este un libro de historia, que lo va a flipar con eso desde mucho antes que apareciese el cristianismo).

Ya mismo tendremos cosas como estas para la última novela de moda: Yo me enamoré de un zombi templario sadomasoquista durante la Guerra Civil Española.


Pero antes de terminar de salirnos del tema, la cuestión es justo esa: el boom mediático.
Hoy en día no vendes porque seas bueno, amigo escritor. De eso te puedes ir olvidando. Hoy en día ni siquiera publicas porque tu libro haya pasado por un filtro editorial o porque alguien con un cierto criterio analice tu obra con seriedad y diga "Pues oye, este chaval promete y parece que podemos sacar beneficio de su trabajo".
No.
La Literatura ha pasado de ser una industria que ofrece un producto (lo que, no nos engañemos, amigos, es algo más que respetable) a convertirse en unos camellos de poca monta que ofrecen al viandante material adulterado, de baja calidad, pero eso sí, manteniendo (o subiendo) los precios. Porque aquí la cosa ya no es no perder pasta, sino no dejar de ganar la que se gana. Para que luego se nos quede la cara de gilipollas cuando, al año o así aparezcan los saldos. Las ediciones de bolsillo y todas esas cosas, que te demuestran que puedes comprar el mismo contenido por bastante menos precio.
Creedme cuando os digo que esas cosas no las hacen por amor al lector ni mucho menos: a un libro de siete pavos ya le sacan beneficio o no llegaría a una tienda. Solo que igual no tanto que cuando el libro cuesta 24 boniatos.

Dejemos el tema de los precios, porque siempre habrá alguno que me dé lecciones de economía y tampoco es plan de que me calienten la cabeza con tanto número. Hablemos de lo que es el material en sí. Esta misma mañana, en una de esas reuniones acerca del mundillo, me han comentado cómo funciona la compra de material en el caso del cómic. No lo sabía, pero siempre hay gente que te orienta y te lo explica, en vez del consabido "No sabes nada, Jon Nieve, ahora chúpame el cipote y reconoce que soy un Dios y tú un mierdecilla": resulta que una editorial compra por lotes. Dicho de otro modo, en vez de una colección, compras varias y ya a ver cuál te aporta más ganancias.
Hasta aquí, comprensible. Quizás lo que descojona es el hecho de que el editor a veces es de comprar sin ton ni son, con unos estudios de mercado de lo más cuestionables, y tiende a pillar material básicamente por la portada... y poco más. Es un poco lo que ha pasado, me han contado, con el caso del manga. Editoriales que han comprado lotes con un par de títulos que podían dar juego y que medio se vendían, y con un excedente de verdaderos truños que no había ni Cristo que se tragase. Títulos que, a la larga (y no me lo invento, esta mañana he visto con estos dos ojitos decenas de packs de ofertas de colecciones íntegras) no se han vendido. Dicho de otro modo, el 90% del lote que has comprado es morralla, y dependes de que el 10% restante aguante.
Imaginad qué risas cuando el público, por el motivo que sea, deja de comprar ese 10%.

Podemos decir entonces que es un riesgo asumido por parte de la editorial. Que las empresas tienen que arriesgar y que es parte del negocio. Sí, yo estoy de acuerdo con eso.
De ahí lo incoherente que resulta que luego, cuando un género (el que sea, no voy a entrar en tal o en cual que luego los fans y los autores me crucifican) se pone de moda, la oferta es unas veinte veces superior a la demanda: si un buen día se pone de moda, no sé... la literatura del oeste, lo normal es que el mercado responda a esa demanda y oferte literatura del oeste. Hasta ahí bien, todos contentos. Atender al público es algo esencial y, cómo no, respetable.
La cosa te inflama la bolsa escrotal cuando la demanda se responde con una saturación que ríete tú de la Blaxploitation de los 70. Cuando el argumento de "Es que es lo que el público quiere" y "La industria quiere ganar dinero" se dan de la manita y se convierten en el baluarte de una política de especulación masiva, donde el producto se masifica, al público le sale el volumen de publicación hasta por las orejas y la calidad del producto en sí se empieza a diluir como el que mete una gota de whisky en un vaso de agua. Que sí, que hay whisky por alguna parte no se niega, pero para dar con el ligero saborcillo te has chupado medio litro de agua del grifo y lo que te dan es unas ganas de cagar que flipas. Más aún cuando lo que te encuentras es un producto mediocre, mal montado, con una corrección ortográfica testimonial y con chapuzas argumentales que han llegado (tampoco me lo invento, sino que lo he visto de primera mano) a hacer que chavales de quince años (lo que no quiere decir "idiota", ojo, sino con menos años de lectura a las espaldas que un servidor) se queden como pasta de boniato cuando ven una situación argumental mal resuelta o algo que directamente es ridículo.

"Pero esto, ¿qué forma es de resolver una trama? ¿Me han tomado por imbécil o qué?"


Con esto no quiero decir, claro está, que toda literatura deba ser culta, elevada y de alto contenido existencial. En mil y una ocasiones me habréis visto defender a la literatura de entretenimiento como se merece, al mismo tiempo que he atacado la pedantería que circula por este mundillo. Pero por otra parte también digo que no todo el monte es orégano y que no todo lo que tiene plumas es un pato: se puede ofrecer literatura de entretenimiento bien hecha. Puedes encontrarte autores que igual no tienen la prosa más culta y elevada del planeta (pasaos por cualquier autor pulp, por ejemplo), pero que lo compensan creando historias con una solidez narrativa. Con un trasfondo. Con un mundo propio, qué cojones. Nada de fotocopias de fotocopias de fotocopias, imitando a autores baratos y chapuceros. Que de esos hay muchos y fíjate tú, que la defensa más acérrima que he escuchado es que cómo me atrevo a criticar su Literatura (sí, en mayúsculas) porque "ha llegado a mucha gente".
Lo digo una y mil veces: a mí el que me venga con ese argumento y luego me diga que Bisbal es una puta mierda no me puede convencer.

Y quizás ahí es donde radica un poco el objetivo de este post, en lo hipócritas que somos a la hora de hablar de literatura. En esa especie de halo con que recubrimos el mundillo, pensando que porque sea un formato impreso, que esté adornado en bonitas cubiertas de cuero y acumule polvo en una biblioteca es imposible que sea basura.
Vamos a quitarnos ya la venda de los ojos, colegas: por muy bien puestos que nos pongamos, una gran parte de lo que se publica hoy en día es literatura basura. Literatura, como digo, ya no orientada al entretenimiento (que es lo respetable y donde yo ahí me quedo más callado que una puta en cuaresma), sino literatura de baja calidad. De consumo rápido, olvidable, barata no en precio, sino en contenido. Esto es un hecho y lo más brutal no es el hecho en sí. Es el descaro y la desfachatez con la que lo negamos. Lo negamos y mentimos como bellacos, dedicándonos a chupar pollas a diestro y siniestro, encumbrando obras escritas (a algunas me niego a llamarlas literarias) como "Lo más de lo más" aunque nuestro bagaje cultural se limite a eso y a dos o tres sucedáneos del estilo. Que oiga, no todo tiene por qué tener un supernivel literario de los de mearnos en los pantalones, porque no todo autor llega a ello y no pasa nada. No todo el mundo puede aspirar a ser un genio. Es algo asumido...
... Pero eso no quiere decir que cualquier juntaletras de poca monta ahora, de la noche a la mañana, pueda coger, publicar su mierda bajo un sello editorial por el simple hecho de que lo que escribe está de moda y que se pueda permitir el lujo de ver sus libros, con faltas de ortografía (no hablo de erratas, sino faltas de ortografía, continuas y recurrentes), errores de sintaxis y hasta con pifias monumentales al lado de gente que sí ha estado trabajando como una cabrona para sacar una novela adelante.
Llamadme elitista, pero yo eso no lo veo. Yo a eso no lo puedo llamar literatura, por muy editado que esté el material. No puedo llamar genio a un tío que escribe chapuzas y que ha tenido la potra de vender mucho o tener muchos amigos o fans que le bailan el agua. No puedo decir que una obra es un clásico cuando no tiene ni diez años de vida y porque es lo que se espera que diga.
Y sin embargo, amigos Distópicos, es lo que se hace a diario: mientras escribo estas líneas, habrán nacido ya como diez clásicos. Unos veinte genios literarios, con carreras artísticas que sumarán dos o tres libros como mucho, ya se habrán consagrado definitivamente. Unos cuarenta chavales que no han pasado de leerse los cuatro best-sellers habrán tenido un debut arrollador que les lanzará al firmamento de las letras.
Ensalzamiento.
Exageración.
Un poco más y los ponemos como los putos Nuevos Dioses de las Letras. Bájate, Quevedo, que aquí vienen estos.

Sin contar el hecho de que aquí, si tienes una imagen pública, ya puedes sacar un libro, sepas escribir o no, tengas algo que contar o no. Mientras el autor patrio de a pie se tiene que hacer la promoción el solo y comerse el marrón de ver el índice de ventas de su libro, aquí otros vienen con la promoción ya hecha, con una editorial comiéndoles todo lo comible y poniendo la jeta solo para ir a firmar libros.
"Pero es que esto es así", tiene la gente los cojones de decirme.


Y así pasa un poco, que luego se va uno a comprarle a una amiga algún buen libro por su cumpleaños y se las ve y se las desea para encontrar algo medio decente. Algo que no sea la típica moda. Pasa de preguntarle al dependiente (no librero, no confundir) porque al final lo que te va a intentar colar es la mierda de turno porque tiene el aliento del jefe soplándole en el cogote para vender lo que se supone que tienen que estar vendiendo. ¿Que quieres regalarle a tu colega las obras completas de Poe? Anda, por favor, no me toques los cojones, que eso no mola. Es como cuando vas a una tienda de discos, preguntas por el último de Van Halen y te intentan colar el Caribe Mix de este año. "Porque se está vendiendo mucho".

Es aquí cuando yo digo lo de siempre: esto es una industria, sí, y la industria tiene que comer. Cojonudo. Pero no olvidemos que también es algo que tiene que ver con el arte y que lo bueno consiste en el perfecto equilibrio. Dejémonos ya de moñeces de cara a la galería. Dejémonos ya de la puta demagogia de "El público quier esto, así que se lo metemos con calzador". Porque la mitad de estas mierdas son modas impuestas desde un despachito. Un tío que igual se ha follado a la mujer de un autor de Wakilimockee, Arkansas, ha decidido que éste va a ser un pelotazo. Lo ha publicitado a lo bestia. Ha hecho hype a más no poder. Te convence por activa y por pasiva de que esto es lo que hay que leer, del mismo modo que nos dijeron en los noventa que a Kurt Cobain o lo escuchabas o eras un mierda. Porque claro, está Dios y luego está Kurt Cobain, y te callas, tonto de los cojones, que no tienes ni puta idea de música.
Y así es como los grandes venden; y es así como las editoriales pequeñas venden, ya que la mitad de las veces lo que hacen es copiar la fórmula de las grandes: ¿Que está de moda un autor que escribe novelas de supermachos de pechera aceitada que se trajinan a mozas en la cubierta de un galeón? Pues si quieres arroz, toma cuarenta tazas, que te vas a cagar con la que te espera. Sacamos la mitad de nuestro fondo literario con eso y nos da igual que la novela esté bien terminada. Como si la ha escrito un puto orangután con déficit neuronal, eso va a tienda por mis santos cojones.

Pero claro, aquí no se puede decir nada. Porque a la más mínima te dicen que esto es así, que lo suyo es que hay que ganar dinero y tal. La política del todo vale, todos de rodillas y a sacar el Licor del Polo, ya mismo.
Luego los mismos que decimos esos somos los primeros en quejarnos de la especulación inmobiliaria, caballeros.
Coherencia a más no poder.

sábado, 4 de mayo de 2013

Mesa de Autopsias- Posesión Infernal: Trilogía + Remake



Hace unos doscientos millones de años, conocí en el colegio al típico chaval. No ese que se pasaba el día tocando las narices al resto (de esos había de sobra) o el que se sabía de pe a pa la alineación de la Sociedad de Justicia de América, sin confundirla con la Liga de la Justica o con cualquier otro (para eso ya estaba un servidor). Me refiero más bien al clásico chaval que muchos hemos conocido, que con escasos diez u once años, se ha visto toda peli de terror que pulula por el videoclub. Hasta la más mala que ha parido madre.
Fue este chaval en cuestión el que me habló (sería 1989 o 1990, como poco) de "La película más terrorífica que había visto en su vida". Según él, ni siquiera era legal y, cuando ibas al videoclub a preguntar por ella, tenías que tener cuidado de que no hubiera un poli cerca.
Hoy en día me imagino la escena, con un comisario advirtiendo a los maderos que patrullasen por delante de un videoclub que estuviesen pendientes de los títulos por los que preguntaba la gente y me descojono; pero en su día uno era más impresionable... o al menos, menos cínico y confiaba en que la gente estuviese menos tarada de lo que realmente estaba.
Ese fue mi primer contacto con Posesión Infernal.

No sería hasta muchos años después, cuando caerían en mi poder las cintas (sí, de VHS) de la saga: ya me habían hablado de que existía una tal Terroríficamente Muertos (esto me lo debió comentar una amiga de mi tía, cuando tendría yo... no sé, doce o trece años ya, pero nunca me llegó a comentar que tenía que ver con Posesión Infernal. No era una experta, así que es posible que ni hubiera visto la primera, o bien que directamente ni lo supiera). Y allá por 1993, coincidiendo con el estreno de El Ejército de las Tinieblas (tercera entrega de la saga), me compré un Fantastic Magazine donde ya contaban toda la movida. Esto explica un poco por qué vi las pelis en desorden: no siempre fueron fáciles de encontrar (hablamos en la época del VHS, donde las pelis antiguas raramente aparecían en los estantes de los establecimientos), e iban llegando a mis manos de forma desordenada.

No ha sido hasta que han sacado el remake cuando me ha dado por verlas todas seguidas y de corrillo. Las había visionado todas varias veces, pero nunca me había dado por ver la serie entera. Hasta ahora.
Vamos a ir analizando un poco lo que es esta trilogía, y cómo ha sido eso de ver el remake.

Chiste sobre la versión original que, lamentablemente, se perdió en el remake.


Posesión Infernal: Corrían los primeros ochenta, la época de los slashers a lo Viernes 13, con su psicópata haciendo de las suyas mientras perseguía chorbas con cintas en el pelo, cuyos pechos (sin sujetador) rebotaban bajo un jersey de algodón en el campo a las tres de la mañana. No mucho antes, ya habíamos visto pelis tan cafres para la época como La Matanza de Texas, donde más colgados (esta vez, motosierra en mano) volvían a amargarle las vacaciones a un grupo de chavales.
Sam Raimi nos plantea, de base, algo muy similar: en Posesión Infernal tenemos un puñado de amiguetes que se van a una casa de campo a echar un fin de semana. Nada más empezar, vemos que la cosa no pinta del todo bien: primero, un amago de accidente en la carretera y un banco de esos cogidos por cadenas en el porche, que está golpeando la pared de la casa hasta en el momento en que uno de los chicos abre la puerta y, mágicamente, se detiene.
Una vez en el interior, vemos que llamar "casa" a semejante chabola es el eufemismo del siglo, pero los chicos se conforman con lo que hay. Una breve exploración por el sótano les muestra algunos enseres de lo más curiosos, como una escopeta, un magnetófono y un libro de aspecto bastante desagradable. Movidos por la curiosidad, deciden llevarse el libro arriba y reproducen la grabación. En esta, descubrimos que el libro no es sino el Necronomicón (con el mismo nombre que usaba el amigo Lovecraft en su universo cósmico-terrorífico, solo que aquí hecho de piel humana y escrito con sangre... y una curiosa carita en la portada) y que la voz, en un despliegue de ignorancia supina, al leer en voz alta un pasaje, ha despertado algo en el bosque. A partir de ahí, cosas más extrañas aún empiezan a suceder: una presencia flotante empieza a rondar la casa y a angustiar a algunos de los que se encuentran allí dentro. La primera en caer sufre un ataque de claustrofobia y echa a correr en dirección al bosque.
Decir que es atacada en ese bosque es impreciso; es mejor decir que es atacada por el bosque, literalmente. Incapaz de hablar tras un episodio tan traumático, es llevada de vuelta a la casa, donde, tras descubrir que el camino de vuelta está bloqueado, tiene lugar la primera posesión.
El exorcismo, según la grabación, es claro: el único modo de liberar a las víctimas del ataque demoníaco es descuartizarlas. Ni falta hace explicar la que se acaba armando allí dentro.



Terroríficamente Muertos retoma un poco la premisa original, pero añadiendo un caso de clara retrocontinuidad: vuelve a contarnos el principio de la historia, con el coche llegando a la casa... pero esta vez no es el grupo de amigos al completo, sino Ash (superviviente de la primera entrega), junto con su novia, Linda. Explicando un poco el palabro que acabo de soltar, se "reinicia" la historia, pero eliminando de la continuidad de la saga ciertos elementos. De esta manera, gran parte de la Posesión Infernal queda resumida en la primera hora de la película (el final, por ejemplo, se mantiene, rodado de nuevo con algo más de presupuesto) y enlazando con la segunda parte. Ash, que parecía morir al final de la primera parte, consigue liberarse de la posesión justo para ver cómo la familia del investigador que había grabado la cinta en el magnetófono aparece para ver qué ha pasado en la casa. El mal se activa de nuevo y volvemos a la carga, con escenas tan alucinantes como la presencia poseyendo (solo) la mano de Ash y haciendo que éste se vea obligado a amputársela a golpe de motosierra, o bien un ciervo de pared que también es poseído y se descojona de lo lindo al ver el percal.



Llegamos así a El Ejército de las Tinieblas, que sí enlaza con la parte anterior (o lo hace más o menos, ya que la continuidad no es del todo estricta), con Ash trasladado al pasado en una especie de desgarro espacio-temporal a causa de un hechizo del Necronomicón. Esto encaja con detalles que se fueron mencionando en Terroríficamente Muertos, lo que hace pensar que hubo una intención de ir preparando una secuela, aunque hubiese bastantes años de distancia entre una y otra (casi seis años las separan).
Esta tercera parte abandona por completo la atmósfera de terror y nos sumerge por completo en una historia de aventuras, más cercana al cine fantástico que a lo que habíamos visto hasta ahora. Ash, como hombre del futuro, se autoerige líder de un puñado de caballeros que se encuentran asediados por una horda de demonios que rondan la zona. Según la leyenda, el hombre "caído del cielo", tendrá que encontrar el Necronomicón en un cementerio cercano, pronunciar las palabras mágicas y liberar al mundo de semejante maldición. Pero claro, no todo es tan sencillo como parece...

Arriba, El Ejército de las Tinieblas. Abajo, Jasón y los Argonautas.



Estos son, a grandes rasgos, los argumentos de la trilogía original. ¿Qué aportan de novedoso estas películas? Bueno, como suele decirse, no hay nada nuevo bajo el sol, y cualquier peli de terror de bajo presupuesto puede considerarse con esa mezcla entre terror-comedia que caracteriza a la trilogía. Quizás es más el concepto de que, en muchos aspectos, la propia historia no se toma en serio a sí misma, creando situaciones que, pese a parecer terroríficas, son realmente divertidas. Hablamos de fenómenos sobrenaturales que rozan el absurdo (por ejemplo, las escenas delante del espejo que aparecen en las tres entregas). Escenas supuestamente desagradables que, al ver la situación (más la precariedad del presupuesto), lo que hacen es arrancarte una carcajada (véase el ojo que sale a presión de la cabeza de una posesa en la segunda parte, yendo a parar a la boca de una de las pobres que pasaban por la casa). Situaciones tan absurdas como ser perseguido por un cuerpo sin cabeza, mientras esta chilla histéricamente en una mesa de carpintero, o bien esa mano amputada que corretea por la casa y te hace una peineta mientras intentas volarla a tiros. Si hablamos ya de la tercera parte, tenemos que el giro hacia la comedia ya es buscado con total intención, sin tapujos. Ash pasa de ser el superviviente de un slasher a convertirse en un (anti)héroe que, al no acordarse de la última de las palabras mágicas que tiene que pronunciar, suelta una tos forzada para disimular, con todo lo que ello conlleva.

Un señor poseso. En esta serie suele haber unos cuantos.


En el apartado visual, tenemos interesantes escenas, como la cámara flotante, que se ha convertido en el buque insignia de la serie: el mal es una presencia incorpórea que amenaza a los pobres que se acerquen al bosque. No ves lo que te ataca, pero sabes que te ataca... y además se mueve tan deprisa que no hay escapatoria posible.
Los efectos visuales, por su parte, no destacan por su gran presupuesto: casi todo está generado a base de maquillaje y efectos en stop-motion, ambos bastante precarios, lo que hace que a uno le cueste creerse lo que está viendo, o al menos de tomárselo como algo terrorífico. Esto, por supuesto, ayuda mucho al concepto de horror-comedia que parece que Sam Raimi quiso expresar en su momento... y si no fue eso lo que quiso, es en lo que se ha convertido con el paso de los años, sin que esto desmerezca la historia (muchas sagas de terror han pretendido ser serias y se han ridiculizado a sí mismas con secuelas supuestamente cómicas, llenas de chascarrillos de segunda y con situaciones que no tienen ni pies ni cabeza. Raimi al menos lo hace con gracia). En El Ejército de las Tinieblas, por ejemplo, vemos auténticos gags que recuerdan a los dibujos animados más clásicos (por ejemplo, en la escena de Ash frente al Necronomicon), lo que demuestra un poco lo que vengo a decir.
El escenario de las dos primeras entregas es sencillo, limitándose a los interiores de la cabaña y al bosque, que parece tener alma por sí solo. No es que sea un bosque especialmente frondoso, pero la ambientación que produce genera una sensación de aislamiento que funciona.

La tercera entrega, por su parte, supone ya una entrada en los años noventa: los efectos especiales no es que supongan un cambio en la técnica (todavía no estamos en la era de los efectos digitales, gracias a los dioses), pero sí se ve que hay un aumento de presupuesto. El maquillaje supera con creces el de las dos películas anteriores, mostrando por ejemplo un villano con la cara quemada que está mejor conseguido que cualquier cosa vista antes en toda la serie. El stop-motion permanece, haciendo que el Ejército de esqueletos nos recuerde a películas de la era Harryhausen, como Jasón y los Argonautas, lo que me hace pensar en un posible guiño-homenaje a este genial animador.
Aquí la ambientación cambia, volviéndose menos claustrofóbica, con un castillo medieval y bastantes exteriores que se contraponen a lo ya visto en la saga. Cabe mencionar también la aparición de un molino de viento que recuerda poderosamente al de la versión original de Frankenstein.

En definitiva, se puede decir que no estamos ante la típica saga de terror, sino que tenemos una serie de películas llenas de frescura, cargadas con un enfoque diferente, casi desenfadado. Del terror de bajo presupuesto al cine de aventuras, manteniendo una línea más o menos definida y sin que dé la impresión de que la esencia original se ha perdido o diluido. Esto quizás es lo que hace que los que hayamos visto la serie de Posesión Infernal en su día reconozcamos un cierto encanto en detrimento de la "destreza para sobrecoger" o para desagradar al espectador. Esta serie, por supuesto, no es ni El Exorcista o El Resplandor... pero presenta unas dosis de entretenimiento puro y duro que rara vez se ven en el cine de terror en condiciones (en el cine malo ya ni entro).



Pasamos entonces al remake.
En primer lugar tengo que decir que a mí el concepto de remake me da totalmente por el culo: soy de pensar que si una historia es buena, entretenida o tiene elementos de frescura, no hace ni puta falta hacer una nueva versión en la que lo único que destaquen sean los elementos visuales, los efectos digitales de poca monta (sí, de esos que no te los crees porque te falta verlos pixelados para terminar de reírte ante lo cutre del digital) y, para colmo, mearse en el espíritu de la versión original, contándote alguna gilipollez políticamente correcta.
Esta era un poco la idea que llevaba en el melón cuando me dijeron que iban a sacar un remake de Posesión Infernal. Ya no es que hablemos de prejuicios, es que cuando ves que prácticamente TODO lo que han sacado en ese plan es MIERDA (salvando, quizás, el remake de Pesadilla en Elm Street, que sí vi superior a una versión original que nunca me gustó), tiendes a pensar "Pues hala, otra más".
Eso hasta que me dijeron que Sam Raimi se había metido en la producción de esta versión. Ahí fue cuando le dí el beneficio de la duda, y lo que dio el pistoletazo de salida para que me diese la curiosidad por verla.

La Posesión Infernal de 2013 parte, grosso modo, de las premisas de la versión original. Los cinco primeros minutos te dejan un poco tibio porque añaden una especie de "mini-precuela", donde te cuentan un poco la movida antes de que la película arranque: todo lo que viene siendo el final del Libro de los Muertos (en esta versión no lo llaman Necronomicon, supongo que para que no parezca un calco, aunque yo lo eché de menos) justo antes de que empiece lo que hemos venido a ver. El libro tiene un aspecto bastante más realista que el que ya habíamos visto previamente, manteniéndose el detalle de la piel humana, pero eliminando la cara de la cubierta y usando la sangre solo para hacer algunas anotaciones del tipo "No sigas leyendo, que te vas a enterar). El resto se muestra como grabados a tinta de los de toda la vida.
Esta versión retoma la primera de las tres partes originales, y nos devuelve a la continuidad al grupo de amigos. Eso sí, hay cambios sustanciales, ya que en esta versión tenemos un motivo diferente por el cual ponen rumbo a la cabaña: una de ellos es una toxicómana que va allí a desintoxicarse. Necesita un entorno aislado y, ¿qué mejor que una casucha perdida de la mano de Dios?
Como novedad, contamos también con la presencia de un perrazo, que no aparecía en ninguna de las entregas de la versión anterior.

Arriba, la casa en la trilogía original. Abajo, en la versión de 2013.




El concepto de la toxicómana en desintoxicación nos abre todo un concepto que aporta solidez a la trama: a diferencia de como sucediese en las entregas originales, aquí los personajes cuentan con un trasfondo relativamente dramático. Incluso las relaciones entre ellos son tirando a complejas: son amigos, sí, pero tienen algunos reproches que hacerse entre ellos, lo que hace que el trato entre sí sea a veces tenso, a veces forzado por la situación. Es decir, que para no mandar a la mierda años de amistad, a menudo se tragan lo que tienen que decirse y hacen de tripas corazón por llevarse bien.
La presencia de la casa también está justificada. A diferencia de como sucediese en la versión de 1981, donde daba la impresión de que era una casa rural (o más bien una casa abandonada que el grupo de amigos había okupado), esta casa sí parece una vieja conocida del grupo. Todo viene explicado, pues, cuando estos entran y descubren que, al parecer, alguien ha estado allí últimamente.
El ritmo, por su parte, es algo más pausado que en la versión original, donde vemos que están sucediendo cosas raras prácticamente desde el principio (mencioné antes lo del banco, y añado por ejemplo la escena en que una de las protagonistas estaba haciendo un dibujo de un reloj de pared y en su mente aparece la imagen del Necronomicón. Estas escenas, en la primera Posesión Infernal, tienen lugar en el primer cuarto de hora de película). Aunque tenemos la escena de "precuela" del inicio, lo que es la trama principal con el grupo de amigos se toma su tiempo antes de entrar en las escenas sobrenaturales.
Conforme va avanzando la película, vamos viendo que una gran parte de los elementos de la primera entrega de la saga original se van manteniendo, o bien aparecen con sutiles variantes: el colgante que Ash regalaba a Linda en la primera película aquí es un amuleto que la toxicómana recibe de su hermano. Esta, por ejemplo, aparece dibujando, tal y como sucedía en la original; el coche de Ash de Terroríficamente Muertos aparece aquí abandonado. Incluso la baraja de cartas que abría la escena de la primera posesa aparece en esta entrega de una forma muy sutil. Todo esto nos hace pensar que se ha buscado respetar en todo momento la primera Posesión Infernal. Hay escenas que, por ejemplo, han sido introducidas casi tomando como base las originales, tales como el principio de la escena de la ducha (ese plano de espaldas, acercándose a la cortina) o la primera bajada al sótano. Los guiños al resto de películas de la saga son sutiles o prácticamente inexistentes, manteniéndose quizás el de la automutilación con la motosierra, que aquí aparece reformada tanto de forma instrumental como en lo tocante al personaje que se la practica. No por ello la escena queda empobrecida, diluida o no respetada.
Lo que vienen siendo los puntales básicos, tales como la cámara flotante, la atmósfera opresiva y las posesiones en plan sorpresa se mantienen, de forma que no cabe duda de que estamos viendo Posesión Infernal y no cualquier idiotez a la que han puesto el mismo nombre para llenar taquilla. Para nota extra, el cartel de la peli original aparece reformado en una de las páginas de el Libro de los Muertos.

Detalles como la ropa del protagonista se han respetado también. Arriba, la camisa de Ash en la versión original. Abajo, la que lleva el protagonista del remake. El diseño no es exactamente el mismo, pero sí es lo bastante parecido (han pasado más de treinta años, es normal que la moda cambie un poco) como para poder reconocerlo.



Hay, cómo no, algunos cambios que la distancian: se pierde el elemento de comedia y el argumento se decanta más por la línea de terror puro y duro. A esto ayuda un maquillaje y unos efectos especiales tomados muy muy en serio, prescindiendo casi en todo momento del apoyo digital (gracias) y haciendo lo que podría decirse "Lo que se pudo hacer en su día y no se hizo por falta de presupuesto". Los posesos recuerdan más a la niña de El Exorcista que a los monstruos de rostro mutable de la versión original. Hay escenas originales que han sufrido diversos cambios, como por ejemplo la del bosque: personalmente eché en falta el elemento nocturno, que daba un carácter más claustrofóbico y siniestro a la escena, pero quedó ampliamente compensado por unas ramas que se movían con tanta naturalidad para atrapar a su víctima que en ningún momento dan la impresión de ser una chapuza visual.
Al ser esta una película más enfocada en el terror, encontramos que la violencia no solo es más explícita que en la serie original; también lo es en relación a muchas películas de terror de hoy en día. Las mutilaciones aparecen en primer plano, con escenas tan brutales como una lengua cortada por la mitad con un cúter o una motosierra que (por fin) se ve con claridad lo que puede hacer. Ni en la primera Posesión Infernal, ni en Terroríficamente Muertos y, ya puestos, ni siquiera en La Matanza de Texas (ni en la original ni en su versión moderna) se mostraba algo así con tanta crudeza. Esto puede hacer que muchos espectadores de estómago sensible mejor prefieran verla en un momento que no hayan acabado de comer.
Es curioso que en esta versión, un apartado tan terrorífico como era la grabación en el magnetófono (sobria y narrada con una frialdad espeluznante, mientras el investigador te cuenta que le ha dado matarile a su señora), aquí no aparezca y la invocación se haga simplemente leyendo en voz alta por accidente. Tan solo tenemos constancia de ella en los créditos finales, donde sí se escucha la voz en off.
La fotografía, por su parte, está mucho más cuidada, mostrándose más sucia aunque algo menos oscura: se echan en falta más escenas nocturnas, centrándose más en las escenas del sótano, donde ahí sí hay unas cuantas masas de negro.

Quizás el apartado más flojo de la película aparece en el último tramo de película, donde el final de la original (fresco y curioso, como mínimo, si uno está acostumbrado a ver pelis de horror de este tipo o slashers) cambia para convertirse en un final bastante más convencional (aparte de por lo de la violencia explícita, claro) en cuanto a fondo. Aquí las cosas sí nos recuerdan más a cualquier peli (nueva o antigua) que a estar viendo una nueva versión de lo que estamos viendo, pero no por ello quiere decir que el final sea una mierda. Sencillamente es algo más predecible (de paso, menos creíble,si cabe) y más parecido a mil cosas que lo que habría cabido esperar, nada más.
Un segundo elemento negativo (o al menos, que la separa mucho de la original) es el hecho de que, hasta bien avanzada la película, los protagonistas ni siquiera se plantean una causa sobrenatural al respecto. En la primera Posesión Infernal había pocas dudas al respecto, ya que la primera posesa amenaza de muerte a todo el grupo mientras levitaba. Aquí la cosa resulta algo más sutil.

Tenemos detalles también como este: en Terroríficamente Muertos, cuando Ash intentaba escapar, el puente de acceso a la zona de la casa aparecía destruido por algo que no podía ser humano. En esta versión, como puede verse, se ha optado por una inundación. Esto hace que el elemento sobrenatural siga presente (porque es mucha casualidad para ser algo natural), pero sin pasarse.
Una mente medio racional puede atribuir esto a cualquier otra cosa, antes que plantearse un ataque demoníaco.

El tercer elemento negativo es el tema de las mutilaciones: vale que estamos viendo una peli de ficción y podemos asumir que un señor no se desmaye cuando se corta un miembro (es tener muchos huevos, pero venga, aceptamos barco). Quizás lo más flagrante es el hecho de que aquí el personal se rebana un brazo o lo que sea y NO sangra. No se hace ni un puto torniquete. Que si te cortan el brazo lo normal es que deba salir un chorrazo de sangre de tres pares. No es algo que arregles poniéndote el muñón bajo el sobaco.

En cuanto a los actores, pues bueno... para mí Bruce Campbell no era precisamente un gran actor, pero sí tenía un carisma especial, lo que le convirtió en uno de los iconos de la serie. En esta versión no hay nadie a ese nivel de carisma... pero la chica que hace de toxicómana, a nivel interpretativo, para mí lo supera ampliamente: tiene varias escenas en que la interpretación que hace, por medio de gestos y miradas y apoyada tan solo con unas cuantas palabras (véase la primera noche en que está pasando el mono, por ejemplo) ya la hacen digna de respeto. Cuando está poseída, ese respeto no hace sino aumentar.

Bruce Campbell.
Carisma por encima de interpretación.



Valoración personal:
En resumidas cuentas, este remake lo que hace es mantener las premisas principales del original, salvando el humor, y potenciando el enfoque terrorífico que ya había en el original. Los elementos que se ve que han podido mejorar se han incorporado. El ejemplo más claro, en el argumento a la hora de añadir un trasfondo a los personajes, aportando un elemento empático con ellos. El apartado visual también ha sido mejorado, gracias a un presupuesto bastante más apañado, prescindiendo de chorradas digitales y haciendo una película "a la antigua", pero con los medios que hay en 2013.


El maquillaje en la primera Posesión Infernal era lo que era. Precario, a causa del bajo presupuesto y (posiblemente) debido al concepto horror-coña que quisieron darle a la historia. En el remake, como vemos abajo, la cosa está mucho más lograda: hay más dinero invertido en la película y el apartado visual se ha enfocado para que muestre escenas de terror.


Con todo esto tengo que decir que, para variar, la versión dirigida por Fede Álvarez ha estado a la altura de la original. No es mejor ni peor, sino que son dos puntos de vista distintos entre sí, lo que permite un visionado independiente. De lo que carece la una, lo complementa la otra y viceversa.
Pese a ello, tengo que decir que esto no es más que una raya en el agua.
Porque si la industria se dedica a refreírnos una y otra vez pelis clásicas, al final lo que tenemos es una falta de originalidad de tres pares de cojones. Tenemos el reino de la fotocopia barata y del CGI más barato todavía. De los actores chapuceros y de las tramas de medio pelo.
Posesión Infernal debería ser el remake que dejase claro que un remake no es algo que pueda hacer cualquier idiota, sino que es algo que debería hacerse una vez cada cuarenta mil años y SIEMPRE sabiendo que, como poco, vas a hacer algo tan digno como el original. Para otra cosa no te metas.