martes, 30 de agosto de 2011

Mondo Chorra: Sobre Percepción, Opinión y esa cosa rara que es La Verdad.



Hace ya tiempo que este blog no se pone reflexivo, así que aprovechando que tenemos ya algo más de un añito de vida, convendría hacer balance de lo que ha supuesto todo este desfile de salvajadas que os habeis ido tragando a lo largo de todo este tiempo.

En muchos aspectos, no puedo ocultar mi decepción. Y os explico por qué:

Cuando se fundó Rumbo a la Distopía y era probablemente el Blog Menos Leído de la Red (hoy en día simplemente es un blog que se lee poco), el objetivo era tan claro como lo es hoy en día. Sólo haced trabajo de hemeroteca y echad un vistazo a frases que son recurrentes en la mayor parte de los posts, y no (sólo) porque mi estilo sea machacón y repetitivo.
Me gustaría que alguien hiciese un recuento alguna vez de cuántas veces he empleado la expresión "Pensad en esto". Me gustaría que alguien encontrase la cantidad de veces que he mencionado expresamente que el Pensamiento Único es de las peores cosas que pueden pasarnos, porque el ser humano es una criatura plural y no una colonia de hormigas.
De verdad, me encantaría que alguien hiciese una estimación de la cantidad de veces que os digo que penseis por vosotros mismos. Que no os dejeis embaucar, ni por mí (especialmente por mí) ni por nadie. Que analicéis, reflexioneis y contrasteis opiniones desde TODOS los puntos de vista posibles.
Me gustaría incluso que alguien buscase la cantidad de veces que, cada vez que he expuesto algún dato, he invitado a la gente que tenga datos que los contrasten a que venga y me lo diga expresamente. Buscad simplemente la frase "Si me equivoco en esto, por favor, corregidme". Creo que no aparece ni una ni dos veces, sino unas cuantas más.

Sé que muchos lo habeis hecho, por lo que me alegra saber que este blog no sirve para que alguien me dé la razón (siempre he considerado que si hay algo más arriesgado que ver la vida desde los ojos de un loco, es precisamente seguir a un loco ciegamente).
Otros, mucho me temo, creo que no habeis entendido el objetivo; o, dicho de otra manera, he fallado yo al intentar expresarlo.


Catacrás.

Sospecho que muchos de vosotros pensais que lo que digo es verdad, o en el mejor de los casos, me refleja tal y como soy: creeis que la pasión y la vehemencia a la hora de atacar o defender una idea se equipara con verdadero odio. Es muy fácil asumir que todas y cada una de mis palabras reflejan mi forma de ser al cien por cien y que soy una especie de criatura que vive en una cueva amargada. Que la Rabia (o la impotencia) hacia un mundo injusto que parece desear autodestruirse está patente las veinticuatro horas del día. Es un pensamiento razonable. Incluso lógico. Pero, ¿qué es lo que digo siempre?
No os creais todo cuanto leeis. Ni siquiera en este blog.

Con esto no digo que os esté mintiendo deliberadamente, ni mucho menos, pues ese tampoco es mi objetivo. No debeis olvidar jamás que la verdad y la mentira tienen por qué ser polos intrínsecamente opuestos de un continuo (de hecho, casi nunca deberían polarizarse las cosas; a temas como la política o cualquier opinión ante algún tema social me remito). Vedlo de esta manera: lo que leeis aquí, más que mentiras, son formas personales de ver el mundo. Pero mi percepción, mucho me temo, no tiene por qué ser la Verdad; del mismo modo que la percepción que causo sobre vosotros puede ser perfectamente errónea. Tal vez no soy tan inteligente como creeis que soy. Tal vez no he aprovechado tanto los estudios que me pagó mi familia con sus esfuerzos tan bién como parece. Tal vez mi experiencia de la vida sea incluso menos que la vuestra y ni siquiera os lo hayais planteado.
Otra cosa, sin embargo, es que esteis de acuerdo con lo que digo... pero eso sigue sin darme el don de la Razón Absoluta. Cuanto mayor me hago, más pienso que eso no existe, o no existe en los términos que conocemos. Que todo, absolutamente todo, proviene de la perspectiva que estemos empleando. Y que todo, absolutamente todo, tiene cosas buenas y cosas malas. Esa es la explicación por la cual habéis visto que en unos posts he defendido algunas ideas o colectivos, y en otros, he hecho críticas bastante duras hacia los mismos.


El símbolo del Yin y el Yang. Cuando iba al instituto, un chaval de mi clase (que en paz descanse) me explicó en qué consistía, a su manera: "Hay algo malo en todo lo bueno, hay algo bueno en todo lo malo". No estoy del todo seguro de que este concepto tenga una explicación tan sencilla, pero la verdad es que lo que me dijo, a su modo, me fue útil.


Y es por eso por lo que me siento un poco decepcionado. La Distopía no es un blog que contenga las respuestas a nada (¡Ojalá!), pero sí tenía como objetivo que os hiciesesis preguntas. Como ejemplo os pongo aquel famoso del verano pasado, cuando la famosa crisis de los controladores aéreos: medio país cagándose en la puta madre de estos tíos, y lo primero que hizo este blog fue exponer el punto de vista de ellos (y no por arte de magia ni porque sea más guai que los demás, sino gracias a una amiga que encontró esa información y la compartió), resaltando aquello con lo que estaba de acuerdo y contrastándolo con lo que no me convencía (a mí, personalmente). ¿Por qué? Porque no existe el Pensamiento Único. Porque llevo un año entero intentando convenceros de que, si no tenéis vuestras propias ideas, os convertís en gente manipulable. En marionetas de intereses mucho más grandes que no tienen más objetivo que hacer que no penseis. Que acepteis. Que obedezcais. Ese es precisamente el sentido del nombre de este blog: Rumbo a la Distopía.

Ya os lo conté en su momento: un lugar en que no existe variedad de pensamiento, por muy bueno que sea ese pensamiento regente es el paradigma de aberración, de contra-natura. Ya os remití a Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley, donde la gente estaba obligada a ser feliz, sin tener que luchar siquiera por su propia felicidad. Sin sacrificio. Por cojones.
No sé qué os parecería a vosotros esa descripción del mundo. A mí me aterraba. El ser humano jamás ha sido así. Coged cualquier libro de filosofía (no hace falta que nos metamos en uno complicado, probad con algo sencillo como uno de los de Bachillerato, o con El Mundo de Sofía, novela que detesto desde el punto de vista literario, pero a la que respeto como manual de la Historia de la Filosofía) y comprobareis las distintas corrientes de pensamiento que ha habido a lo largo de los siglos. Luego, si queréis, planteaos cuánta gente de a pie pudo estar más o menos de acuerdo o más o menos en contra, y cuáles fueron sus diferentes puntos de vista.
La riqueza de pensamientos e ideas del ser humano es (o debería ser) algo imposible de cuantificar.


Ver ciertas actitudes lleva a imaginar que hoy en día a esta estatua de Rodin, más que conocerla como El Pensador, se la acabará llamando "El hombre que se quedó sin papel higiénico y no tenía a quién llamar".

Y sin embargo, últimamente no veo más que discusiones porque el tener opiniones diferentes no mola. Todos sabemos que es difícil encajar ideas que no casan con las nuestras (y yo el primero, que superioridad moral por mis cojones, todo hay que decirlo), pero lo que me parece total y absolutamente deleznable no es eso: es el hecho de que por haber contraste de ideas, eso suponga automáticamente que ambas tengan que aplastarse mutuamente, como en una puñetera pelea de perros. Cada día que pasa, veo opiniones más categóricas y con menos argumentos, basadas en la filosofía del "porque yo lo digo y si no estás de acuerdo, eres malo/idiota/no tienes ni puta idea". Cada vez más veo discusiones de lo más tontas y más faltas de respeto a la persona con la que se habla, sólo por pensar de otra manera.
Y a esto lo llamais debate.
Otros incluso enarbolais la bandera del respeto y la libertad, pero no sois capaces de entender un hecho simple: incluso la persona con ideales más contrarios a los vuestros puede enseñaros algo. Incluso más que aquellos que tenéis al lado todo el santo día y que se pasan la vida dándoos la razón.
Tesis-Antítesis-Síntesis. Ya he hablado de esto antes, pero he fallado al expresarme.

Es así con todo. El otro día estaba hablando con una amiga sobre ciertos ideales políticos (no procede explicar cuáles), y esta amiga mía, que es muy jovencita, pero a la que considero una criatura de lo más inteligente, me contó algo de un modo que me resultó interesante: "Las ideas no pueden venir en packs. Asumir una tendencia política no es malo, pero no se puede perder el propio criterio; lo suyo sería incluso que una persona estuviese de acuerdo con una facción política en unas cosas y con otra en otras, pero no aceptarlo absolutamente todo sin pararse a pensarlo siquiera".
Igual os parece una chorrada, pero os vuelvo a remitir a lo que os he dicho arriba: el ser humano es plural, y se entiende que no hay (o no debería haber) dos personas que coincidan absolutamente en todo. Exactamente del mismo modo que tampoco tiene mucha lógica que dos personas discrepen absolutamente en todo. No os limiteis a la política en este último planteamiento: pensadlo a escala global.

Y día a día me siguen llegando testimonios de amigos que, por no defender todas y cada una de las ideas de tal o cual persona, son "rojos", "fachas", "antidemócratas" o Dios sabe qué más. De amigos que pierden el encanto y la ilusión original de participar en una red social por eso de conocer gente con gustos afines, o bien descubrir cosas de cuya existencia no tenía ni idea, porque cada vez que abren la boca los acribillan. Porque al parecer, unos sí pueden expresar sus ideas, pero si otros dicen que no las apoyan, o que esos ideales conllevan algunas ideas o prácticas que consideran erróneas, ya está mal. Porque toda crítica, por constructiva  y razonada que resulte, se tiene que tomar como un ataque directo, personal y malintencionado. Porque según parece, nos tienen que gustar a todos las mismas cosas (y con la misma pasión desenfrenada, rozando incluso la obsesión), o somos unos ignorantes. Una vez más, Pensamiento Único. Mentalidad de Bloque. Packs de ideas de seis en seis, como las birras. Y a más de uno les hacen el mismo efecto.


De modo gratuito, puede usted llevarse este bonito pack de ideas. 33 centilitros de pensamiento enlatado al vacío en cada unidad.

No sé cómo lo veis vosotros. Yo, al menos (y, como siempre digo, esto no es más que mi opinión, que puede o no coincidir con lo que sea cierto, pero nadie opina por mí ni me dice lo que tengo o lo que no tengo que pensar), no lo entiendo. Yendo más allá, incluso puedo decir que es algo que me aburre soberanamente: comprobar que mi nihilismo cada día está más demostrado de modo empírico al ver que a la gente le gusta aplastar, física o moralmente, a los que tengan al lado. Que el ser humano cada vez me parece un ser menos civilizado y que la mal llamada Era de la Información en realidad podría llamarse de otros modos. Dejo aquí unos ejemplos que se me ocurren:

La Era del Despelleje (consistente básicamente en el "Nosotros somos buenos; los demás, malos, muy malos".
La Era de la Intimidación Ideológica (búsquese una idea divergente, hágase piña junto con las ideas convergentes, y aplástese a la primera en función de gritar más y de ser más gente)
La Era de la Lógica Circular ("Lo que yo pienso es lo que mola, y como mola es lo que pienso yo")
La Era del Cruzado Sin Argumentos (defiéndase una idea hasta sus últimas consecuencias, sin considerar el más mínimo error o punto negativo de ésta; luego, atáquese toda idea contraria, divergente, o simplemente que no case con la lógica encorsetada del Cruzado, que llega al punto de moverse más por cuestiones de fe que por pararse a pensar lo que defiende)


"No le gustó la peli de Manolito Gafotas"
"Pues no, no me gustó. La vi vacía"
"¿Pero cómo puedes decir eso?"
"Pues que no me gustó. El argumento me pareció plano, las situaciones predecibles, la dirección simple, la fotografía muy básica y el reparto, en general, poco creíble"
"Eres un inculto y un subnormal que no tiene ni puta idea de cine"
"Pero oye, que yo aprendo mucho viendo Días de Cine..."
"¡Nos suda la polla! ¡Somos más que tú, y además más fuertes! ¡Así que o nos das la razón o te vas calentito a casa!"

Y podría seguir así hasta la eternidad.
Quizás ahora entendais por qué, pese a tener más lectores, no haya cambiado el subtítulo del blog: "Posiblemente, el blog menos leído de la red". Es cierto que ahora pasa por más ojos que al principio, pero... ¿Implica eso una lectura? ¿Una internalización? ¿O este pequeño blog de opinión no es más que una voz que predica en el desierto?
Yo no diré ni que sí ni que no abiertamente; tan sólo expondré mi más escéptica duda.
En cuanto a vosotros, queridos Distópicos, os dejaré la pregunta en el aire, como siempre. Y, como siempre también, sois libres de opinar y dar vuestro punto de vista.


Antes de responder, de todas maneras, os dejo algunas preguntas más, para que reflexioneis sobre el tema que aquí se está tratando, con la firme intención de dejar claro que no es en absoluto un debate fácil:
¿Hasta qué punto creéis que nos pertenecen nuestros pensamientos? ¿Que somos tan libres como realmente creemos ser?
¿Que lo que creéis que está bien o lo que está mal, coincide con la visión global del mundo? Y, de no coincidir, ¿seguiríais pensando que la vuestra es la válida? De ser así, ¿qué diferencia vuestras ideas como válidas de las otras?
Cuando formais parte de un grupo o colectivo de cualquier tipo, ¿aceptáis todas y cada una de las ideas que se exponen sin preguntas, o sois de aquellos que se detienen a pensar antes de aceptar? De formar parte del último grupo, ¿qué os sucede cuando habéis expresado abiertamente vuestras discrepancias? ¿Cómo os han hecho sentir?


"No tengo nada que hacer aquí"

También es cierto que el ser humano es social por naturaleza, o bien eso es lo que nos quieren hacer creer (yo a veces tengo mis dudas, cuando pongo las noticias) y a veces es cierto que tenemos que ceder un poco... lo que me lleva a otra pregunta: ¿Dónde está el límite entre ceder y comulgar con ruedas de molino? ¿Dónde está el límite entre respetar la opinión contraria (cosa que es incluso recomendable) y directamente bajarse los pantalones, agachar la cabeza y aceptarla, aunque por dentro seamos totalmente contrarios a ella?
Como digo, son muchas preguntas, y me temo que ninguna de fácil respuesta. Ojalá, y lo digo muy en serio, alguno de vosotros sea capaz de encontrar la respuesta; yo, entretanto, seguiré aquí sentado, predicando en el desierto, diciendo exactamente lo que pienso, sin deberle nada a nadie y contemplando cómo esta especie se acuchilla a sí misma día sí y día también.
Y sí. Como podeis ver, este blog ha cometido errores desde su mismo comienzo. Y no, eso no quiere decir que no pensemos enmendarlos.
No hemos nacido para rendirnos.

domingo, 28 de agosto de 2011

Mis Truños Favoritos: Razones por las que pienso que el cine moderno (generalmente) es una santísima mierda



Hoy la Distopía se pone purista. Porque sí. Porque ya andamos un poco hartos de timos, estafas y truños cada vez que nos gastamos los cuartos en meternos en una taquilla (sí, me gusta pagar de vez en cuando por ver una peli en pantalla grande, soy así de raro). Porque está la cosa muy mala y no es plan de ir con ganas de echar un buen rato para meterse en una bacalada, el post de hoy va dedicado a desglosar cuáles son algunos de los conceptos e ideas del cine moderno que hacen que a un servidor se le revuelvan las tripas por los casi siete pavos que cuesta una entrada y el magnífico bocata que podía haberse metido por el pescuezo por ese mismo precio.

Ni que decir tiene, como siempre, que estas son valoraciones personales y en ningún caso se refieren a todo cuanto se estrena, y a lo largo de este post iremos viendo excepciones a estas normas. Este blog, como ya sabéis, se caracteriza por el libre ejercicio del espíritu crítico personal y por fomentar que sus lectores piensen por sí mismos. Aquel que quiera ver algo más que lo que aquí se cuenta, ve sólo aquello que quiere ver y no aquello que un servidor pretende expresar en estas líneas.
Dicho esto, empezamos a diseccionar y analizar algunos conceptos fashion del cine contemporáneo.

Concepto número uno: El CGIPH (CGI Por Huevos): Elemento bastante presente en casi todo lo que tiene un cierto tufillo a ciencia-ficción, terror, historicismo y demás cosas. El CGI Por Huevos es la idea de que todo, absolutamente todo aquello que sea medianamente complicado de mostrar, o bien que implique que el director tenga que usar más de dos neuronas a la vez, sea digitalizado y puesto por delante del espectador en una peli. No hablamos ya de marcianos (ojalá); hoy en día se digitaliza cualquier chorrada, usando además unos programas PENOSOS, de manera que destilan artificialidad por los cuatro costados.


En 1992 estrenaron Terminator 2. En su momento, nos dijimos: "Joder, si esto lo hacen ahora, en 15 o 20 años el cine va a ser una pasada".
Cómo nos equivocamos...


Os pongo algunos ejemplos:

Daredevil- Hacia el final de la película, una rosa cae desde un edificio. Ya me contaréis lo complicado que habría resultado filmar la rosa cayendo con una simple cámara, o si se quiere ser más preciosista, usar un chroma para filmarla en primer plano y añadir luego el fondo. Pues no: la puta flor hecha por ordenador, peor hecha que los efectos especiales de Barbarella, se estampa contra el suelo rebotando de una manera tan sumamente CUTRE que cualquier espectador que tenga un par de neuronas más que el director (cosa fácil, viendo la trayectoria de semejante genio) se da cuenta de que en el decorado no hay ni flor ni leches.

Catwoman- Al principio de la película salen como treinta o cuarenta gatos que rodean a Halle Berry y dan su fuerza para que se convierta en Catwoman (de los grandes guiones hablaré luego). Pues bien, NI UNO de esos gatos es de verdad. Joder, que no estamos hablando de dinosaurios como en Parque Jurásico, hablamos de gatos. Pues nada, lo mismo: los bichos peor hechos no podían estar, de manera que te daba la impresión de que la actriz estaba tirada en el suelo mirando a la nada (porque sabías que no había gatos ahí)

Gladiator, Espartacus y otras producciones historicistas- Si os vais a pelis antiguas, podréis comprobar que la recreación de masas se hacía de forma artesanal. Dicho con otras palabras, se contrataba a un puñado de extras que, por un módico precio y gracias a unas ganas tremendas de formar parte de la historia del cine, se apuntaban a un bombardeo y te llenaban un estudio con la misma facilidad que un puñado de peludos se meten a ver a los Judas Priest. Hoy en día la tacañería ha invadido el mundo del cine (que siempre se ha destacado por ser un mundo artístico que invierte muchísimo) y pasa de eso: ahora se lleva el rollito copy-paste de señores, de manera que te recrean un circo romano con diez extras a los que multiplican hasta petar un coliseo. ¿El problema? Pues que puede ser muy espectacular, pero el CGI no es una técnica tan desarrollada como nos creíamos en su día cuando veíamos Terminator 2 y esas cosas, si las miras sólo un segundo o dos, CANTAN a lo bestia. Te da la impresión de que, más que ver una película, estás dentro de un puto videojuego de la PlayStation.
Los fondos de estas películas eran creados de la nada, con un puñado de operarios currando a lo bestia para montar decorados más o menos creíbles. La idea era recrear una ambientación que trasladase al espectador a otra época u otro mundo (véase cualquier peli de romanos hasta antes de los años 90, cualquier western, por ejemplo de Sergio Leone o cualquier película de fantasía de la factoría Henson). Hoy en día el asunto es 3D, con la consiguiente falta de solidez, credibilidad e incluso realismo. Algunas de las pocas excepciones que me vienen a la cabeza en los últimos años son Ágora  (o, al menos, lo poco que he visto de ella; los que lo hayais hecho, corregidme, por favor), La Lista de Schindler y poco más. Seguramente hay más, pero si tengo que hacer uso de memoria para ver cuál, creo que con eso ya demuestro (aparte de una cabeza malísima) parte del teorema...


Un animatrónico sacado de la película Cristal Oscuro. Para mi gusto, mucho más realistas y con muchísima más credibilidad y solidez que el 90% de la bazofia digital que nos meten con cucharones hoy en día. Al menos sabes que el bicho está ahí...

Concepto número dos: La Cámara Zas-Zas: Antes de entrar en materia con este concepto quiero preguntaros si habéis visto La Naranja Mecánica. Probablemente una de las películas más desagradables que me he echado a la cara (no por violenta, sino por la idea en sí de la película), donde hacia eso de la mitad se bombardea a un chaval con imágenes a toda hostia con la idea de echarle abajo el cerebro.
El cine moderno mama mucho del señor Kubrick... únicamente en ese aspecto: hoy en día no ves películas, sino una sucesión salvaje y desmesurada de fotogramas que duran un segundo y pico, llegando casi al punto de provocar una epilepsia al pobre que se despatarra delante de ellas. Grandes "genios" cinematográficos como Michael Bay (al que sus técnicos de montaje le deben temer más que a una vara verde cada vez que se mete en el laboratorio y empieza a decir "corta aquí" y "corta allá") parecen considerar que la sucesión rápida de fotogramas equivale a acción desmesurada y trepidante.
Tal vez alguien debería explicarle a este hombre cómo determinados estímulos visuales  acaban por generar Síndrome de Falta de Atención; o igual es que Bay, así como muchos otros, es un genio que lo que pretende es aleccionarnos y decirnos que la ultraviolencia es mala... sin embargo, algo debe fallar en su idea, ya que todavía no he visto a los canis de mi barrio hechos un ovillo en el suelo y con ganas de vomitar cada vez que se presenta la ocasión de liarse a hostias.
Y es que el cine no debería ser una consecución de fotogramas. No debería ser una carrera de Fórmula 1 para ver quién llega más rápido al final. Una cámara de cine no es una puta Polaroid y no es más artista el que más imágenes sueltas (y a veces, inconexas) te plantifica en un plano. El manejo del plano-secuencia, por ejemplo (es decir, el plano que hace una cámara antes de un corte) puede demostrar mucha más habilidad que el corta-corta-pega-corta de turno. No os voy a decir que os metais a ver el Hamlet de Laurence Olivier, porque igual os resulta un cine muy rancio (aunque el manejo de la cámara en esa película es impecable; pongo como ejemplo la de la representación de la obra teatral por parte de los cómicos). Simplemente echad un vistazo a películas como Hijos de los Hombres, donde, rondando el final de la película, encontramos un plano-secuencia de casi un minuto y medio de largo, que muestra todo un travelling , hacia atrás, mientras Clive Owen avanza por un pasillo (y sin música). No es interrumpido hasta un disparo de francotirador que rompe el silencio y hace que nos levantemos de un bote del asiento. Sólo pensad en lo jodido que habría sido repetir esa escena si hubiese habido algún error. Eso es arte, señores. Pegar fotogramas lo puede hacer cualquiera.


"Hola, buenas. Vengo a ver Transformers 3".

Concepto número tres: la Pelea Zas-Zas o el Factor Revoltijo: Este concepto viene derivado del anterior. El cine moderno, tal y como puede comprobarse sin mucha complicación, parece obsesionarse por ganar espectacularidad en detrimento de la credibilidad. Por supuesto, es cine y tampoco esperamos que nos tengamos que creer que alguien muere de verdad en una peli (a menos que estemos viendo El Cuervo, claro); pero la idea es que al menos sepamos qué estamos viendo. El Factor Revoltijo echa toda esa idea por tierra y convierte cualquier pelea en una especie de ensaladilla rusa de puños y patadas, donde virtualmente (digo virtualmente porque el factor CGI Por Huevos también suele ser responsable de esto) no ves una mierda. Algunos ejemplos de esto pueden ser Transformers 2 (Michael Bay contraataca) o Matrix Reloaded. Si bien en la primera parte a mí no me quedó claro que aspecto tenía realmente un Transformer (yo sólo veía cosas de metal que daban vueltas), en la segunda la pelea de Neo contra el Agente Smith me recordaba a aquellos tebeos de Mortadelo y Filemón donde, para ilustrar una tangana el gran Ibáñez dibujaba una nube de polvo de la que salían puños y pies, más alguna palabrota. Igual los Wachowski quisieron hacer un homenaje al cómic español y yo no me he enterado...
Comparad este concepto con peleas mostradas tan sólo una década o dos atrás: un amigo siempre ponía como ejemplo aquella pelea en un aeródromo en En Busca del Arca Perdida, donde Indy se las veía con un piloto nazi condenadamente grande. Joder, ahí te dolía ver cada puñetazo que se daban en la boca. Ahí veías puñetazos. En lo otro no ves nada.


ESTO es una hostia.

Concepto número cuatro: El caracartón y la tía buena: Este concepto es un poco la degeneración de ciertas ideas que ya llevan algunas décadas pululando por Hollywood, sólo que llevadas a su extremo absurdo. Que no todos los actores del cine americano han destacado por ser el cúlmen de la expresividad es un hecho. Ya conocemos a algunas estrellas como Charlton Heston o John Wayne que no pasaban de la jeta mal encarada o los ojillos de "Me está dando el sol". Y sin embargo, tenían algo de lo que carecen los actorcetes de medio pelo sobaquero que están inundando las pelis de hoy en día. Ese algo se llama carisma.
Os pongo un ejemplo claro: a mí Clint Eastwood es un actor que me encanta, pero no dejo de reconocer que no es un tío que facialmente tenga demasiados registros. Pero es un señor con una presencia que es capaz de llenarte una habitación. Si te hace de Harry el Sucio, con sólo mirarlo ves que sería el primer tío en tu lista al que querrías que te protegiese de un asesino en serie. Si estás viendo un western querrías tener a ese tío cubriéndote, porque sabes que a su lado no tienes nada de que preocuparte. Si es el Sargento de Hierro, sabes que con él, gilipolleces las mínimas y cualquiera le tose.
Ahora mirad a estrellitas más modernas como Keanu Reeves, cuyo mejor papel podría ser el que hizo en Drácula, básicamente porque el papel de Jonathan Harker era el de tío anodino sin gracia. Al lado de pedazos de monstruos de la pantalla como Anthony Hopkins o Gary Oldman, quedó claro quién era quién.

Aquí, Keanu matándonos a todos con su mirada.

Pues esto se ha llevado al extremo hoy en día: ahora ya da igual que el actor o actriz en sí tenga las mismas habilidades interpretativas que una lata de guisantes del Mercadona. Si el tío está cachas y es capaz de memorizar un par de frases guais, contratado. No es de extrañar que salgan de ahí mastuerzos tipo Sam Worthington, bocabiertas como Shia LaBoeuf, que cohabiten con residuos de generaciones anteriores como Keanu Reeves, primos de Pepe el Sonrisas como Tom Cruise o cantantes de poca monta metidos a "actores" como Mark Wahlberg.
Lo bueno (o lo malo, según se mire) es que aquí no hay machismos que valgan: las actrices también se llevan lo suyo y ahora la mitad de las veces la chavala de la peli no es más que un adorno bonito para que el espectador diga "Mira, una tia buena", sin echar cuentas en mucho más. De ahí salen señoritas como Megan Fox, que se esfuerza en hacernos creer que es una pedazo de actriz, pero que la mayor parte de las ocasiones se limita a poner cara de "te seduzco con mi mirada digna de Playboy" o Lindsay Lohan, más conocida por sus monumentales cogorzas que por sus habilidades interpretativas en cualquier bodrio parido por Disney.


Megan Fox en una de sus mejores interpretaciones. Obsérvese lo mucho que transmite y lo mucho que expresa con sólo una postura.

Concepto número cinco: el Arte del Refrito, o como tener una diarrea mental sin una sola idea en la cabeza: Esto está particularmente de moda en los últimos cinco o seis años. No hace demasiado, ya se habló de una crisis de guiones en el cine estadounidense, con una huelga de guionistas (o dos) por medio. Parece ser que esa idea se ha solventado empleando el método George Bush: "Para que no haya incendios, talamos los bosques"; dicho de otra manera, se solventa una crisis de guiones haciendo películas sin guión. Para ello, la solución más sencilla es dedicarse a hacer remakes constantemente. Esto sigue meneando la industria del cine, pero pensando lo justito en lo que se va a contar. La fórmula es sencillísima:

1- Cójase una película que triunfase hace veinte años, o bien una película que venga de fuera de las fronteras (no vaya a ser que al espectador americano le dé una embolia al ver actores extranjeros en una película, por Dios Bendito). Resúmase el guión original, limitándose a lo más efectivo.

2- Póngase a los actores caracartón/tía buena del momento.

3- Métale una promoción y/o merchandising de la hostia. A ser posible, ponga el logo de la película original para atraer el público puretilla que se acuerde de la versión antigua.

4- Olvídese de todo lo demás.

Felicidades, ya tiene usted su remake. Ahora, a ganar pasta.
Debemos decir que, a veces, sólo a veces, algún remake llega a lo decente. Cuando vea la adaptación americana de Déjame Entrar, de la que he oído buenas críticas, os comento. Si no fuera por el hecho de que la versión sueca original ya me parecía muy buena, no me estaría preguntando por la necesidad de hacer una versión en Hollywood.


Cartel de la peli original.


Cartel del remake. Mismo título, más pasta y menos sentido. Así se hace.

La segunda opción es la de precuelizar lo imprecuelizable. Esto consiste en que si uno tiene una historia ya conocida, ahora toca contar el origen de ésta. Da igual que eso no calze ni con cola, que contradiga a la versión antigua. Que absolutamente todo en la precuela parezca más moderno que en la versión antigua (joder, es una precuela, no una secuela), desde el estilismo hasta los decorados. Es como hacer la precuela de Napoleón y darte cuenta de que los soldados llevan ametralladoras automáticas.
Grandes ejemplos se pueden ver con lo que hicieron con La Matanza de Texas. Si la versión original era brutal y desagradable, parte de su encanto residía precisamente en la falta de medios y en la habilidad del director para ponernos de los nervios con una manada de pirados caníbales que iban por ahí comiéndose al primer hippy que se les colaba en el terruño. Ahora que alguien me cuente la necesidad que había de hacer un remake en 2004 con el doble de presupuesto (y la mitad de gracia) y una precuela donde nos cuentan que Caracuero era un discapacitado mental que curraba en un matadero.
Por supuesto, no es que esté en contra de todo remake: sólo lo estoy de aquellos que, lejos de igualar versiones anteriores, directamente las destrozan.

La tercera versión es adaptar una historia original, pero sin tener ni puta idea de qué va. Esto es bastante fácil: coges una novela o un cómic (esto último está de moda a lo basto) y te fijas en el título. Miras en la Wikipedia por encima, a ver de qué va. Y luego cuando lo adaptas, en vez de mantener la idea y darle tu estilo, coges y cuentas la idea contraria, tergiversando por completo la historia original, hasta llegar al extremo de que eso se parezca a lo que estás adaptando como un melocotón a un testículo: ambos son más o menos redondos y peludos, pero cualquier parecido más allá de eso roza lo meramente accidental. Ver Constantine, Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton o Harry Potter y el Misterio del Príncipe para más señas, o el petardazo aquel de Liv Tyler, Los Extraños, que está supuestamente basada en un asesinato real... del que no se llegó a saber un carajo. Y así pasó: que cuando te tragas la peli y escuchas la (medio) explicación que te sueltan los propios asesinos (libertad creativa porque nunca se les pudo identificar) es tan salchichera que uno pone cara de "Perdona, ¿esta gilipollez de película está hecha en serio?" (Que sí, que vale que no tenían muchas opciones con la historia que tenían sobre el papel, pero ¿Quién le puso una pistola en la cabeza al director para hacer una película inspirada en un crimen de mierda de los mil que pueden pasar en los Estados Unidos, basándose en nada mínimamente concreto?)


Keanu forever.

Concepto número seis: el adorable sistema educativo estadounidense: Este concepto se aplica básicamente a películas de terror, aunque también se aplica con (excesiva) frecuencia a las comedias y a algún que otro drama.
Es terriblemente irónico pensar que un país que no destaca por tener un sistema educativo que se cuente siquiera entre los cien mejores del planeta nos meta en película sí y película también un instituto o universidad, llegando a hacernos pensar que no queda un sólo centro educativo en Estados Unidos que no haya sido representado en la gran pantalla.
Y todo para hacernos creer que el adolescente americano medio es gilipollas perdido (algo que me niego a creer por eso de que no me gusta generalizar, pero oye, me cuesta tela, visto lo visto). Sólo tenemos que meternos en cualquier slasher parido desde los años 90 hasta la fecha actual, donde el 90% son adolescentes pegando carreras mientras un psicópata con cuchillo les persigue hasta la saciedad. O bien clasicazos como Jeepers Creepers, donde podemos explorar los insondables límites de la estupidez humana por parte de dos hermanos universitarios que llegan a ser tan rematadamente imbéciles que deseas que el bicho mutante se los cargue de una puta vez.
Quizás la mejor excepción que he podido encontrar a esta regla viene de American History X, básicamente porque la película me parece todo un alegato en contra de la ignorancia y el racismo; y, para variar, la ambientación en un instituto está más que justificada (sólo pensad en los últimos diez o quince minutos de la película y entendereis a lo que me refiero)


En serio, ¿por qué aguantamos a estos pringaos?

Concepto número siete: Los WTF (What The Fuck? o ¿Pero qué coño es esto?, dicho en cristiano): La quintaesencia de toda timada cinematográfica. Cualquiera de los conceptos previamente establecidos pueden empañar la calidad de una película y ésta, a veces, puede salvarse (más por potra que por habilidad, pero hay posibilidades). Sin embargo, el Concepto Número Siete evita que cualquier ocasión de que una película llegue a buen puerto se convierta directamente en una putísima mierda.
El WTF consiste básicamente en presuponer que el espectador es, o bien un imbécil, o bien una ameba que come de lo que le echan; de ahí que nos encontremos giros argumentales sin sentido, guiones absurdos, desapariciones de líneas argumentales y explicaciones a historias enteras que no pasan de ser una gilipollez como un triceratops.

Uno de mis WTF favoritos proviene de la película Van Helsing, dirigida por otro genio moderno que es Stephen Sommers, (ir)responsable de otras joyitas como El Regreso de la Momia o G.I.Joe. En dicha película hay WTF's hasta en la sopa, pero quizás el más sonoro es en un momento en que el hombre lobo muerde a Hugh Jackman. Su subalterno, al suceder esto, le dice: "Te queda hasta la próxima Luna Llena para convertirte en hombre-lobo" (si uno echa cuentas, tenemos un tiempo máximo de unas 27 noches). Hugh Jackman asiente y deciden ponerse en camino hacia Roma. Llegan hasta Praga desde Transilvania y el subalterno le dice: "Mañana será la próxima Luna Llena". Tú echas el cálculo y dices "Vale, pues han pasado unas 26 noches de viaje". Se encuentran con una de las novias de Drácula, que les dice: "El Conde quiere que volváis a Transilvania". Se dan media vuelta. Llegan a Transilvania. Hugh NO se ha convertido en hombre lobo.
SENCILLAMENTE GENIAL.


"El tiempo y el espacio son abstracciones mentales, producidas por la ilusión de una mente no preparara para concebir el continuo espacio-temporal como un todo, donde todo converge en el mismo momento y en el mismo sitio".
Gracias, Hugh. De no ser por ti, no lo habría descubierto.

En películas de terror los WTF suelen ser también la solución más alucinante para explicar algo que, hasta la resolución final, parece inexplicable. Seres como Shayamalan son expertos en sacarse ideas tan rebuscadas y rocambolescas de la manga que te dejan con la cara partida, sintiéndote un poco insultado a nivel de lo que es guión (siempre lo he dicho, Shayamalan dirige bien, pero debería buscarse un guionista decente). Sólo pensad en explicaciones como la de El Bosque (que no reproduciré aquí para no hacer spoiler) que, si bien puede ser una bonita metáfora de lo que queráis, y visualmente puede ser incluso interesante... tiene una resolución final que no pasa de la chorrada monumental.
Hay guiones que incluso engañan deliberadamente al espectador. Ojo, esto no es siempre malo, siempre y cuando se sepa hacer (véase Hitchock, que fue el primero en introducir secuencias de flashback falsas en sus películas); en el resto de casos, no se sale del timo barato, pretendiendo contar al espectador una cosa para, en un volantazo argumental cutre, contarnos justo la contraria sin absolutamente nada que lo justifique, llegando a contradecir la misma historia por la santísima cara. Pelis como la francesa Alta Tensión son una muestra del salchicherismo argumental (traperamente justificado con lo de "Esto es cine de género, así que vale todo") que prolifera en nuestros cines.
El efecto más destacado del WTF consiste básicamente en el hecho de que el espectador llega un punto en que se pierde, si comete el terrible error de pensar que se ha metido en una película a que le cuenten una historia. No, amiguitos: resulta que el cine, por lo visto, ya no es eso. Ahora el cine es espectáculo sin nada detrás. Hostias, tiros, explosiones y tías buenas insinuando las tetas (cuidado, que eso del topless es inmoral) para que no te des cuenta de que es que es lo único que hay que ver. Tras la ensalada de mamporros, o bien después de ver como una ola gigante arrasa el Himalaya en 2012 no esperes ver nada más. Las historias de amor que te puedas encontrar van metidas con calzador (tío ve tía, salva el planeta y se morrea con ella, y punto en boca). Cualquier medio-mensaje que te puedan contar (joder, una película de catástrofes, desde El Coloso en Llamas hasta Terremoto pasando por la saga Aeropuerto si nos contaban algo era lo frágil que podía ser el ser humano en situaciones de pánico. La catástrofe es caos, y el caos aterra al ser humano) queda empañado por mucho ruído y pocas nueces. En un genio incomprendido que salva el día porque es más listo (y más gracioso) que los demás, aunque la idea que se le ocurra sea una soberbia gilipollez que, si te la cuentan en la barra de un bareto, empiezas a pensar que tu interlocutor necesita un buen café y al menos ocho horas de sueño.


Lamas y tsunamis. Pues vale.

En el cine de catástrofes moderno, poca cosa he visto que se salve, exceptuando Monstruoso, que es una especie de versión libre de Godzilla. Bicho arrasa Nueva York, una idea más vieja que el mear; y, sin embargo, funciona: ¿Por qué? Pues para empezar porque al bicho apenas lo ves; la historia se centra en lo que he mencionado arriba. En el miedo y la sensación de falta de control por parte de los protagonsitas. En la paranoia tras el 11-S. En el realismo y la credibilidad a la hora de contarte algo increíble. El cine no es contar fantasías; al igual que el teatro o la literatura, consiste en que por unas horas, te creas lo increíble. Y ahora los directores y productores se han convertido en una panda de vagos que ni se molestan en eso.

Concepto número ocho: los chistecitos: Un factor añadido por parte de los directores del cine fantástico y de terror modernos, que si bien parecen tener buena intención en hacer que el espectador disfrute (gracias), pecan por exceso a la hora de hacerlo, llegando al punto en que la obsesiva repetición de retruécanos y caras chistosas hace que parezca que uno está viendo más una parodia que una película hecha en serio. Me viene a la cabeza el ejemplo más flagrante con la sobrevalorada Serenity, de Joss Whedon. Vale, no vi la serie original en que estaba basada, Firefly. Sin embargo, más o menos pude seguir la película sin demasiados problemas... salvando por el hecho de que todos, absolutamente todos los personajes, parecían estar participando en un duelo de ingenio para ver quién era el que soltaba el comentario más agudo. Tras la frase del consolador del principio (la única que medio me hizo gracia), el resto de chascarrillos me parecieron forzados y repetidos, de manera que disfruté más con las pocas escenas en que los personajes tenían el pico cerrado que con el resto de la película. Si hay algo que me revienta no son los personajes graciosos (de hecho me encantan), sino los que pretenden serlo a toda costa.
Por mucho que me duela admitirlo, esas cosas las he visto en películas que me gustan bastante (y que critico igualmente), como las dos primeras partes de Spiderman , donde hay personajes cuya única función en la vida es que el espectador se ría (véase J.Jonah Jameson, que en el cómic era un tacaño irascible, pero en absoluto un imbécil; sólo leed el Daredevil de Frank Miller y veréis un hombre con las ideas muy claras acerca de lo que publicar en su periódico) o la serie Harry Potter , donde Ron Weasley parece un comparsa idiota de Harry Potter que se limita a poner caritas cada vez que algo raro sucede (leed los libros y vereis que Ron puede ser todo lo torpe que queráis, pero tiene un trasfondo serio como es el de la pobreza de su familia que a mí al menos no me resulta gracioso. Y sin embargo, me parece bastante importante para definir el personaje). O bien echad un vistazo al papel de Owen Wilson en The Haunting. Secundario gracioso en una peli de terror.
Pero nada, parece ser que tenemos que reirnos por cojones, veamos lo que veamos.


Aunque  no os lo creais, esto no es Scooby Doo. Es The Haunting. Como puede verse, aquí no hay perro.

Concepto número nueve: los diálogos a presión: Es cierto que el cine no siempre se ha caracterizado por unos diálogos brillantes; sólo tenemos que meternos en el cine de los años 80 para comprobarlo (por ejemplo, Cobra, con frases tan memorables como "El crimen es una plaga y yo soy el remedio" o "Aquí es donde termina la ley y empiezo yo"). También es cierto que el diálogo no va a hacer que una peli sea automáticamente buena o rematadamente mala por sistema. Hay películas donde los diálogos son escasos, o directamente no hay y pueden ser verdaderas joyas (una vez más, me remito a la versión sueca de Déjame Entrar, donde se habla bien poquito). En el primer caso, sólo habría que decir que los diálogos de las películas de esa época quedan perfectamente enmarcados en su contexto (la era Reagan) y no dejan de ser más que un ejemplo (más o menos acertado) de la filosofía de esa época.
Lo que tenemos hoy en día no tiene perdón de Dios. Porque si bien en los años 80 los diálogos eran burdos, todavía tenían una pizca de ingenio que hacía que nos partiésemos el pecho viendo lo DUROS que podían ser fulanos como Bruce Willis ("Yipiyaiyí, hijoputa" en La Jungla de Cristal), Stallone ("Soy tu peor pesadilla" en Rambo: Acorralado II) o Schwartzenegger ("Volveré" en mil películas). No es que fuese un ingenio shakespeariano, pero tampoco lo necesitábamos. Era cuestión de ver a un tío con dos cojones pasarse la ley por el forro de los idems y hacer justicia. Ea.


"El crimen es una plaga y yo soy el remedio".
Frase para la posteridad.

¿Qué tenemos hoy en día? Lo que tenemos hoy en día se parece, pero no deja de ser una especie de intento desmedido y descarado de soltar frases que queden para la posteridad, inscritas con letras de oro en la historia del cine, quedándose en una sosería detrás de otra. Bien por la incompetencia de los actores, bien por los guiones sin pies ni cabeza. Hoy en día los diálogos, salvando excepciones como Tarantino (director que no me entusiasma, pero sí merece una defensa a la hora de hacer un cine sui generis, huyendo de la simpleza del CGI, buscando actores decentes de ayer y de hoy, y por llenar sus películas con elaborados monólogos que rozan lo teatral) son plexiglás, clichés repetidos hasta el exceso. Fórmulas manidas y refritas de los últimos veinte años, que se asemejan más en ingenio a los telefilmes de sobremesa que a producciones hechas en serio. Los tíos ya no nos parecen duros, sino que nos parecen tíos que intentan convencernos de lo duros que son (véase por ejemplo al pobre Jason Statham, al que le cae cada frasecita de juzgado de guardia; hasta que no le vi en Snatch, Cerdos y Diamentes no cambió mi opinión sobre él). Cualquier cosa medianamente profunda que nos quieran soltar pierde fuelle, oliendo a pretencioso (véase aquella interminable conversación con el Arquitecto de Matrix Reloaded), salvando algunas excepciones (muy de agradecer, por cierto) como en El Caballero Oscuro, donde tenemos a un soberbio Heath Ledger hablando sobre la naturaleza del caos con un Aaron Eckhart medio achurrascado en la cama de un hospital, o el impresionante Cazador de Judíos cada vez que abre esa boquita que tiene en Malditos Bastardos.


Es verle la cara y ya da mal rollo. Imaginaos cuando habla.

Concepto número diez: el Paletismo, o la Exhaltación de la Ignorancia: Este último punto se aplica principalmente a películas históricas, aunque también se extiende a aquellas en que el escenario se traslada a un lugar allende las fronteras estadounidenses. Este concepto radica en la falta total de conocimiento alguno de lo que se está contando, llegando a patones hasta el sobaco. Ante esto seguramente alguno de vosotros me dirá que el que quiera ver cultura que se meta a ver un documental. Vale, bien; pero por favor, que alguien tenga los cojones de explicarme (y convencerme) de que por qué no es una mierda cataclísmica ver cómo se queman santos en la feria de Sevilla, al tiempo que se corren San Fermines en Misión Imposible 2.
Muchos argumentan que es que la función principal del cine es entretener. Guai. Pero eso en ningún caso debe (o debería justificar) que se cuenten verdaderas chorradas que, además de no ser ciertas, son ridículas. Ya he hablado de la versión moderna de Troya, donde Menelao pasa a mejor vida a eso de la mitad de la peli, haciendo que toda la guerra de Troya pierda sentido y veas a un montón de Espartanos dándose de hostias con los troyanos por la santísima cara (ellos argumentan que era por el control del Mediterráneo, pero ese guión es más propio de la Guerra del Golfo que de la Guerra de Troya). ¿Era necesaria una exhaustiva documentación para hacer la película? Probablemente no; creo que con mirar la Wikipedia y saber de qué coño iba aquello habría bastado.
Otras joyas aparecen con El Rey Arturo, donde encima te plantifican un cartel al principio de la peli diciéndote que hay estudios recientes que respaldan la sarta de gilipolleces que te cuentan a lo largo de dos horas y algo.
Además de ser de la opinión de que lo que se cuenta contradice todos y cada uno de los escritos que he leído acerca del tema (por deformación profesional puedo decir que son unos cuantos), siento decir que esos estudios no han tenido lugar jamás. Lo sé de primera mano, gracias a que he conocido auténticos expertos en literatura artúrica e historia medieval que lo han confirmado. De ser así, ellos mismos los habrían leído y nos lo habrían dicho a los que hemos estudiado bajo su tutela.


Bullshit (Rollo patatero).

Quizás el problema está en que hay que darse cuenta de las cosas (por ejemplo, si nos vamos a los libros, veremos patones de ese calibre con la descripción de Sevilla que hace el listo de Dan Brown en La Fortaleza Digital) y no todos lo hacemos, o no queremos hacerlo. Pero cuando nos da por ver las cosas como son (ya no con la precisión de un documental, que para algo está, sino con los ojos de una persona que ve que se están contando verdaderas estupideces), ya nos damos cuenta de que un palurdo que no ha leído un puto libro en su vida (y es más, parece estar orgulloso de ello) nos intenta meter una bacalada con un embudo. Que sí, que la ciencia-ficción es ciencia-ficción, pero lo dicho: se trata de hacer creíble lo increíble, no de justificar la primera chorrada que se le pase a un cretino por el melón con la todopoderosa frase "Es que es ficción". Esa concepción es la que diferencia al contador de historias del juntaletras. Al verdadero artista del mediocre que se cree artista.


Y luego están los colgaos que hacen pelis cutres adrede, simplemente porque les sale de las pelotas. Lo mejor es que esas películas están bastante mejor que muchas hechas supuestamente en serio. Curiosidades de la vida...

Con este decálogo lo que quiero decir no es que todo sea una mierda, ni mucho menos. Ya habéis visto que hay muchas películas modernas que, aparte de salvarse, pueden ir entrando en el panteón de las obras maestras. Lo que vengo a decir es que el conformismo, el comer de lo que nos hechan, simplemente porque no nos apetece pensar, es lo que nos convierte a cada paso en ovejitas. Animalitos de rebaño a los que llevan de la mano como si fueran idiotas. Puede que aplicarlo a algo tan banal como el cine os parezca descabellado, y que el cine no sea más que cine...

Pero pensad en cómo nace el Arte.
El Arte nace para narrar a la gente iletrada aquello que no pueden aprender por sí mismos debido a que no saben leer. Así surge el teatro, al principio para adoctrinar a la gente sobre la Biblia (en las obras morales medievales), pero no sólo para eso: sirvió también para narrar historias sobre la ambición, los celos, las dudas y otras cuestiones humanas que llevan junto a nosotros desde la Noche de los Tiempos. El Arte no es sólo entretenimiento. Nos dice: "Pensad por vosotros mismos". Es contar la verdad por medio de mentiras. De ahí que el teatro evolucionase, primero hacia la novela escrita, que sirvió entre otras cosas para denunciar una sociedad moralmente corrupta (Dickens), y algo después, en el cine, donde se convirtió en verdadera magia visual. Donde el espectador podía ver con sus propios ojos cómo Moisés abría el Mar Rojo con su vara, cómo Norman Bates hablaba con su madre o cómo los hombres perdían cada vez más su humanidad en Metrópolis.


Si es que no hace falta nada más que un poquito de ganas de hacer las coas medio bien. Mirad a Anthony Perkins en Psicosis. Sin presupuestos desorbitados. Sin efectos digitales. Sin complicadísimas tramas que no llevan a ninguna parte. Sin giros argumentales sacados de la manga. Incluso sin tener que abrir la boca, como en la foto, el cabrito ya acojonaba sólo mirando a la cámara.

Ahora podréis justificarme el cine de tiros, palomitas y castañazos uno detrás de otro si queréis. Podeis decir que mi concepto del Arte está obsoleto, que el entretenimiento sólo es entretenimiento y que no hace falta nada más. Que el cerebro se lo deja uno en casa cuando se mete a ver una película y que lo único que importa para que una peli esté bien son los efectos especiales.
Ante esto yo os diré esto:
A mí me gusta entretenerme, pero no que me tomen por idiota, del mismo modo que si pedimos un bocadillo de jamón en un bar y nos ponen sólo el pan lo normal es preguntarle al camarero qué coño pasa, que dónde está el contenido de nuestro bocadillo. Que para lo caro que está el cine, lo mínimo que cabe esperar es ver una película, ya no genial (porque los genios nunca han abundado, ojalá), sino decente, donde no tengamos la impresión de que nos están tomando el pelo y, para que estemos contentitos, nos metan tías buenas y explosiones sin sentido.
Porque, por esa regla de tres, el cine porno es una maravilla por definición (básicamente entretiene y poco más) y el cine documental es una putísima mierda sin excepciones.
Igual es que pienso demasiado.

Pero igual es que me gusta pensar. O ver las cosas en conjunto, aun no lo he decidido.

viernes, 19 de agosto de 2011

Mondo Chorra: Los Caballeros del Zodíaco, anatomía de una saga cualquiera de la serie.



Cuando eres un enano, las cosas con las que te crías adquieren un color especial. Con las series de televisión de nuestra época (para aquellos que éramos pequeños en los 80 y 90) no había excepción alguna. Si nos daba por ver una serie, da igual lo truño que fuese (véase por ejemplo Campeones, que no podía ser más mala en cuanto a animación, argumento, diálogos o cualquier otro elemento), íbamos con esa serie más a muerte que los fans de Kiss.

Eso pasaba también con Los Caballeros del Zodíaco. En mi caso, que siempre fuí admirador de la mitología (especialmente la clásica), podría decirse que fue amor a primera vista: un puñado de melenudos, con armaduras que simbolizaban constelaciones, se daban de hostias (y bien dadas, la serie no escatimaba en cuanto a sangre, mutilaciones y todo tipo de violencia gratuita, lo cual era un pasote a nuestros tiernos diez años, donde lo más duro era ver al lobo de La Aldea del Arce reírse como un imbécil) y se enfrentaban incluso a los mismísimos dioses, como Poseidón.
Así que ahí estaba yo, cada tarde llevándome mi ración de hostias y espectaculos de automutilación, sólo por ver cómo el bien le pegaba una patada (literal) en el culo al mal. El Universo se ponía en orden otra vez y luego me iba yo a mis libros, para ver si conseguía aprobar la EGB. Y en contra de la creencia popular, la violencia explícita de la serie no me hizo peor persona: jamás me he metido en una pelea ni he participado en actos violentos de ningún tipo (por no participar, no he participado siquiera en disturbios contra la poli, que tan de moda están ahora, ahí es nada)

Y los años pasan, y te acuerdas de estas cosas. Y con el tiempo, te das cuenta de cómo van funcionando, más o menos. En el caso de Los Caballeros del Zodíaco, cualquier saga podría resumirse con unos trazos más o menos genéricos. Aquí los dejo para uso y disfrute del personal:

Toda saga de la serie suele empezar con Saori Kido, alias Atenea reencarnada (una especie de chorba pelimorada con bastón gigante y cara de tener pocas intenciones de tener un revolcón con ser vivo alguno) dando vueltas por su mansión. A su lado aparecerá Tatsumi, un mayordomo calvorota y sin cejas que se viste de guerrero kendo cuando las cosas se ponen chungas. Probablemente ella dirá algo aparentemente trascendental, pero que en realidad vendrá a tener el mismo sentido que "Haría falta comprar mortadela, que llevamos tres días rellenándonos el bocata con papel de lija". Tatsumi pondrá cara de "A sus órdenes" (siempre pensé que este hombre tenía una fijación extraña con su ama, pese a que él debía rondar los cuarenta y ella, según la serie, no tenía más de dieciséis años). Al fondo, veremos a los Caballeros de Bronce haciendo alguna chorrada como flexiones con los dedos, footing o rezar delante de una cruz (cada uno tiene sus hobbies, supongo). Nótese el detalle de que, por algún extraño motivo, estos alegres chavales van a llevar SIEMPRE la misma ropa.


De esta guisa iban los gachones todo el santo día. Lloviese, hiciese calor o sin haberse duchado en dos semanas.


Como no es plan de que las cosas resulten aburridas (y no, los chistes malos de Seiya, alias Caballero de Pegaso no sirven para romper la rutina), esa paz es rápidamente interrumpida. De la nada (literalmente, se materializará en mitad del aire) un mastuerzo con la misma expresión de "No voy a hacer el amor con nadie en la vida, pero tampoco me importa" que Saori se materializará, dejando al personal con la boca abierta.
Supongo que las pintas del malo de turno deberían influir en este asombro: por lo general, los malos de la serie suelen tener un aspecto sacado de un video-clip de Europe: labios pintados, litros de laca en el pelo, hombreras...
Junto al maloso, cómo no, tiene que aparecer el séquito de subalternos, imprescindibles para el desarrollo de la saga, como explicaré más adelante. Este grupo de matones suele caracterizarse por seguir unos patrones definidos, puesto que en ellos vamos a encontrar siempre:

1) Un tío muy grande.
2) Un tío que parece sacado de un concierto punk.
3) Un tío de sexualidad dudosa, con pintilla de artistilla. A veces puede aparecer con algún instrumento musical, como un arpa, una flauta o una balalaika.
4) Un tío con mirada de psicópata (por lo general, esto se traduce en la serie por tener unas pupilas extrañamente pequeñas y sin color), y con un arma a juego, como una sierra circular flotante o cualquier cosa con pinta de hacer pupa.
5) Un jefecillo con alto sentido del honor, la lealtad y esas cosas, que se mete en faena básicamente por servir al maloso, no porque sea malo en sí.


De izquierda a derecha: los gemelos (psicópatas), el grandullón, el jefecillo (abajo), el punk, otro con sentido del honor (sobre el punk), el tío con sexualidad dudosa y un tercer psicópata (sobre el de sexualidad dudosa del arpa)



Más de lo mismo: un par de psicópatas (no se ve bien la lanza chunga de uno de ellos), un honorable (abajo, a la derecha), otro con sexualidad dudosa (a la derecha del todo), un par de medio decadentes y el punk (al centro-derecha y no, no es un chiste). Se rellena fantástico cuadro con Poseidón (al centro) y con una tipa que, para variar, no lleva la puñetera máscara de las mujeres-caballero de la superficie.


Esta moza.


La escenita de marras, con aparición de la pandilla al completo, servirá básicamente para presentárnosla, creando un poco la expectativa de "Joder, menuda se va a montar aquí"... Sin embargo el secuestro en sí (porque vienen a secuestrar a Saori/Atenea, amiguitos, no os vayais a pensar que es para otra cosa para lo que han venido) suele ser siempre tirando a soso. Discurso por parte del malo, con alguna amenaza chulesca por parte del punk del grupo, que se reirá como una ratilla (y acallado por el jefecillo, que no está para milongas) y poco más. Saori, más que secuestrada, se irá voluntariamente a hacer cualquier estupidez para los malos (por lo general, dicha estupidez se limitará a rezar en un cubículo mientras la muerte llega lentamente, o bien estar a punto de morir en una agonía que durará unos treinta capítulos o así) ante la mirada atónita de los Caballeros de Bronce, que, bien no podrán hacer frente al despliegue de chulería de los recién llegados, bien no actuarán por orden directa de la pelimorada.

Total, que los protagonistas se quedan con dos palmos de narices mientras se llevan a la reencarnación de la Diosa Atenea (que, pensándolo bien, Atenea era una diosa guerrera. Pelín sosa que ha quedado la reencaranción... ¿nacería en la época hippy?). Tatsumi se habrá puesto ya (por supuesto) el traje de Kendo y sudará como un marrano, gritando histéricamente para rescatar a Saori (me reitero en la extraña fijación que tiene con la moza). Los Caballeretes, por tanto, no tendrán más narices que ponerse en marcha. Antes de eso, por lo general, suele haber algún capitulillo de preparación antes de la manta de hostias: esto consistirá principalmente en visitar a algún maestro, y las tramas variarán dependiendo del maestro al que visite cada Caballero:

En el caso de Seiya, Caballero de Pegaso, esta visita será en plan fantasmal. Su maestra, la Caballero del Águila (que nunca me enteré si era realmente su hermana o no), aparecerá de la nada y le soltará algún consejito críptico, del que no nos enteraremos hasta ya finalizando la saga.


Es lo que tiene que las mujeres Caballero se pasen toda su santa vida con una máscara puesta...

Hyoga, el Caballero del Cisne no irá a buscar a maestro alguno: irá a ver a su santa madre, que está en el fondo del Oceáno Ártico, en el camarote de lo que parece ser un galeón (¿?) y con aspecto de chavala de la misma edad que Saori. La escena será casi en silencio, e Hyoga (con dos cojones) se sumergirá con una simple camisetilla y unos vaqueros, rosa en la boca, para dejársela a su madre (una vez más, otra relación de dudosa moralidad...)

Siryu, Caballero del Dragón, irá a visitar a su maestro a las montañas de China. Éste será lo más parecido a un primo de Yoda, pero con gorro vietnamita y pellejo morado. No, no me preguntéis cómo coño cabía de joven en la Armadura de Libra (o cómo habrá encogido desde su juventud). Junto a é estará Shunrei, hija adoptiva del Yoda Morado. A ella la reconoceréis rápido: es la especie de Chun-Li con cara de pava que mira a Siryu con ojitos de cordero degollado, como a punto de decir: "¿Por qué no te dejas de mierdas de salvar el mundo, te preparas unas oposiciones y nos vamos a vivir a un adosado?"


"El séptimo sentido encontrar debes, joven aprendiz"...

Shun, Caballero de Andrómeda, no hará gran cosa salvo pensar en su hermano Ikki, Caballero del Fénix, que estará Dios sabe dónde. Éste último es una especie de Lobezno (patillas incluídas) que parece sentirse feliz dando vueltas por el monte hasta que la situación se pone lo bastante jodida como para que el tío consienta mover sus santos cataplines.

Y ya los tenemos, nuestros cinco Caballeros de Bronce se ponen en pos de los malos, que se encuentran alegremente afincados en algún paraje natural modificado para parecerse a un parque temático con columnas de piedra de las gordas. El resto de Caballeros (es decir, los segundones) se quedarán en la mansión Kido junto con Tatsumi, poniendo cara de panolis (y con la armadura puesta, oiga) diciendo frases tan sustanciales como "El tiempo se agota". Se ve que el guionista de los dibujos animados no tenía muchas ganas de echar mano de estos tíos, pese a que tuviesen poderes como los cinco protagonistas... y Tatsumi, como es un rata, no les pone ni un bocata por delante. En fin...


Aquí, la banda al completo. Observad que también tienen un gigantón y un punk...

Si algo tienen los malos de la serie es que cada uno protege algo. Este algo puede ser un pilar que sostiene los océanos (rollito mitológico on), custodiar un cacho de armadura o una gema. Por tanto, tendremos una ristra de capítulos la mar de entretenidos viendo cómo los cinco caballeros protagonistas se enfrentarán a los cinco esbirros arriba mencionados. Por medio habrá algunos soldadillos de medio pelo (los reconoceréis porque no tienen ojos, sino sombras bajo un casco) que estarán básicamente para palmar de modo absurdo y sin una sola oportunidad ante los Caballeros de Bronce. En ocasiones serán sustituídos por algún esqueleto, pero no es la tónica común...

Cada uno de estos capítulos de reparto de enemigos (y, por extensión, de hostias) se alargará de modo más o menos considerable, donde descubrirermos que no todos los malos son malos (como el jefecillo), o que otros son más malos que el malo (este papel suele recaer siempre en el psicópata).
El reparto, además, suele estar siempre bastante compensado: si bien a Shiryu le suelen poner al más fuerte de los enemigos (que no por ello es necesariamente el más grande), a Hyoga le suele caer el psicópata y a Shun, bueno... le suele caer el artistilla de sexualidad dudosa, al cual no tiene narices de meterle hostiazos lo bastante fuerte y, a causa de su infinita compasión (aquí los homófobos dirán que es porque el Caballero de Andrómeda es gay; a mí la verdad es que es algo que siempre me dio exactamente igual), su oponente estará a punto de fregar el suelo con él... hasta que aparece su hermano, el Caballero del Fénix, y le saca las castañas del fuego, mandando al otro barrio al enemigo de marras.


"Pero... ¿Qué...?"
"Soy el Caballero del Fénix y he venido a mandarte al Infierno".
Traducido a un español algo más contemporáneo:
"Pero... ¿Qué...?"
" Ven p'a acá valiente, ¿tú que laj disho a mi hermano, eh? ¡A vé, payazo ahora lo repite, que te reviento la boca!"


Y Saori, rezando. La veremos de vez en cuando, para no saturarnos con tanta hostia.

No faltarán los diálogos interminables en cada batalla. Alguno de los malosos le dirá a alguno de los Caballeros de Bronce alguna frase que invite al Síndrome de Estocolmo, como "¿Pero es que no ves que no puedes vencerme?" o bien "¡Únete a nosotros y dejarás de sufrir!"
Ante esto, la respuesta será para empezar en diálogo interno, con cosas como "No tengo derecho a rendirme" y demás. Lo veremos más de manifiesto cuando el Caballero de Bronce de turno destroce alguna columna al comérsela tras una hostia o levante la solería del Terra Mítica de los malos después de una sobrenatural colleja. Luego de esto, la imagen será un travelling desde los pies a la cabeza, donde veremos a un canijucho melenudo al que parece que le han reventado la columna (o bien como si se hubiera puesto la armadura con percha y todo), con montones de rayas en la cara (básicamente simbolizan mierda y moratones), dejando bastante pasmado a su enemigo. Éste último abrirá los ojos como dos platos y dirá algo así como "Joder, macho, te estoy reventando a guantazos y tú en pie. Lo tuyo es masoquismo"


Algo en este plan. Pero puede estar incluso más reventado.

Tampoco faltarán los flashbacks, especialmente los del Caballero de Andrómeda, que recordará la infancia junto a su amado hermano, todo ello acompañado de una musiquita super-emotiva, con coros de señoritas japonesas invitando al lagrimón colgandero. Y oye, gracias a ellos, uno piensa que un Caballero de Bronce es algo más que un heavy canijucho embutido en un cacho de lata con ganas de dar hostias por defender a una pava. Ahora es un heavy canijucho embutido en un cacho de lata y con ganas de dar hostias por defender a una pava, pero con corazoncito y todo eso.

En algún momento tendrá que aparecer Sheena, alias Caballero de la Cobra. Esta tía es una especie de remedo de Catwoman (es decir, no del todo buena ni  del todo mala) que tendrá una relación amor-odio con Seiya. Por lo general, aparecerá en un momento en que a Seiya uno de los subalternos esté a punto de darle para el pelo. El papel de esta chavala por lo general consistirá en aparecer de la nada (todavía sigo sin saber cómo rastrea a los Caballeros de Bronce a lo largo y ancho del planeta), salvar a Seiya de un puñetazo mal dado, recibir ella uno diez veces más gordo y perder el conocimiento para que éste espabile y mate al enemigo. Justo antes de eso, le dirá a Seiya que prosiga su camino, que ya hablarán otro día sobre por qué le persigue, cual acosadora psicópata...

Si es que las tienes loquitas a todas, Seiya...


He hablado antes de la Caballero del Águila. Llegados a este punto hay que decir que es el momento en que, tras una considerable tormenta de puñetazos, patadas, cabezazos, lanzazos y demás golpes exóticos de nombres rimbomantes (tales como "Capitulación del Demonio", "Aguja Escarlata", "Bombardero Surtidor de la Ballena" -no es coña-, "Ataque del Millón de Fantasmas" y muchos otros), Seiya va a tener una revelación. Eso o la conmoción cerebral. Flotando en el aire se le aparecerá la imagen de su maestra (¿O será su hermana?) repitiendo la chorrada que le dijo al principio de la saga: cosas como "conócete a ti mismo" o "métele el puño por el culo" ahora cobrarán un sentido brutal. Seiya, pues, se levantará, con su cosmos (cosa que brilla a su alrededor) brillando a tutiplen y con MÁS ganas de pegar hostias. Gracias a eso reventará a su enemigo (por lo general el mastuerzo gigante) y dará las gracias a la Diosa Atenea por guiarle (no, yo tampoco sé por qué).




O igual se me ocurre alguna razón... puede que incluso dos.


La automutilación es un concepto curioso. En todas las batallas siempre nos vamos a encontrar a algún animal que bloquea alguno de los sentidos del Caballero de Bronce que ose enfrentarse a él (o todos, ya puestos). Algunos tendrán poderes chulis que sumirán al oponente en un sueño a causa del sonido de la alegre melodía de una flautilla, o bien convertirán en pedrolo al que ose mirarles el culo. Ante eso, la respuesta más inteligente por parte del Caballero en cuestión (generalmente, el Caballero del Dragón o bien el de Andrómeda) será la más obvia: reventarse dicha parte del cuerpo. No será de extrañar que veamos que uno de estos cafres se salte los ojos con sus propios dedos o se quede más sordo que un calcetín al reventarse los tímpanos. Así, de guai.

Y Saori rezando.

Encontraremos formas curiosas de machacar al enemigo, casi todas referentes a muertes lentamente chungas o bien tan espectaculares que te dan ganas de levantarte del sofá donde estás comiéndote el bollicao y aplaudir como un puto histérico: así pues, tendremos gente que muere desangrada por pasar por un patio sembrado de floripondios o trincar al enemigo por los sobacos y llevárselo a la atmósfera para reventar por falta de aire, en plan estrella fugaz pero al revés.
El sacrificio será compartido entre los propios Caballeros de Bronce, que se interpondrán en mitad de las ráfagas de puñetazos para que otro sobreviva (este "otro" será automáticamente Seiya, Caballero de Pegaso que, por algún motivo, debe ser ÉL Y SÓLO ÉL quien salve a Saori, y nunca otro), o bien dar la vida por otro entregando su "calor humano" para que el susodicho no se enfríe.


Ejem. Pues eso.

Llegamos al enfrentamiento final. Seiya llegará hecho un Cristo, con más golpes encima que Bruce Willis y con la clásica postura de "Maniquí jodido" (consistente en la percha dentro de la armadura arriba mencionada, más un ojo cerrado, un hilillo de sangre cayendo por la comisora de la boca, las piernas torcidas y una especie de posición de guardia tan cutre que da la impresión de que si le pegas un soplido se parte por la mitad). Más hostias por todos lados. Más discursos de villano y, de nuevo, el "No tengo derecho a fallar".
Joder, la Saori esta debe pagarles a los Caballeros de Bronce una burrada al mes por ser sus guardaespaldas, porque si no, no me explico de dónde puñetas sale tanta devoción.


O igual sí.

Más flashbacks emotivos. Toda la vida pasa (nuevamente) por los ojos de Seiya, que se levanta una y otra vez, gracias a la técnica chachi que ha descubierto de su maestra.
Pero el malo es mucho malo. Le mete palos hasta en el carnet de identidad, pero... justo entonces, Saori deja de rezar y abre los ojos (aquí suele tener siempre cara de "Juro que por Dios no vuelvo a beber", porque más que abrirlos, pasan de estar cerrados a entornados) para guiar al pobre Seiya ante el camino a la victoria. Esto consiste básicamente en la imagen de la Diosa Reencarnada brillando como un puto neón gigante. Al verla, el Caballero de Pegaso dirá "Atenea me guía" y, emplando su golpe estrella ("¡Dame tu fuerza, Pegaso!", previa sesión de postureo, imprescindible en todo melenas con armadura, sea bueno o malo) le mete un único y definitivo hostiazo al malo en pleno corazón, que muere brutalmente. Lo sabremos porque tendrá la boca abierta y sus pupilas encogerán.

Tras todo este espectáculo, cruce de video-clip de Whitesnake y combate de Pressing Catch, la Diosa Atenea sale del cubículo, cura a Seiya, que la mira con cara de "¿Y ahora vamos a follar?" y se da media vuelta sin decir ni mu. Como si tuviera un GPS metido en la cabeza (o en cualquier otro sitio de su Divina Anatomía), Saori marcha en pos de los cuerpos del resto de los Caballeros de Bronce, a los que recompondrá y resucitará como si aquí no hubiese pasado nada.


Aquí, los Whitesnake.



Aquí, los Caballeros de Bronce. Vuelven los 80.

Por último, aparecerá Tatsumi pilotando un helicóptero, acompañado de los otros cinco Caballeros de Bronce (¡héroes!), que rescatarán a los protagonistas.
Y aquí termina una saga.
Una cualquiera, da igual.

Pese a todo, no os creáis que la serie me parece mala. Yo no me lo podía pasar mejor viendo aquel despliegue de sangre, violencia, muerte, destrucción, armaduras fashion y seres mitológicos. Viene a pasar como con House: todos los capítulos vienen a ser más o menos iguales, pero molan.