domingo, 25 de octubre de 2015

Mondo Chorra: Algunas de las grandes pifias que convierten el sistema educativo en puta mierda




Algunos de vosotros, queridos Distópicos, sabéis que llevo ya diez años dedicándome a eso del mundo educativo. No en educación reglada, pero sí me dedico a la docencia. Sé que para muchos puristas, o estás dando clase en un colegio/instituto o no te puedes llamar profesor. Francamente, ante esa concepción tan respetuosa, solo puedo decir que me paso su puta opinión por el forro de los cojones y pedirles que se vayan a "respetar" a su puta madre. Imbecilidades aparte, volvamos al tema: como iba diciendo, llevo diez años dedicándome a eso de la docencia y, si el sistema educativo fuera tan genial como muchos (entre ellos, nuestros "honorables" líderes) se piensan, yo no sería necesario. Es duro decirlo, pero mi puesto de trabajo (es decir, enseñanza no reglada y complementaria a la reglada) existe porque el sistema educativo lleva tiempo yéndose a tomar por culo. Existe porque existe el fracaso escolar; porque hay estudiantes que no están aprendiendo, porque hay profesores (no todos, como digo siempre) que no tienen ni la menor idea de cómo hacer su trabajo y porque hay un sistema que no sólo está permitiendo que esto suceda: también lo está potenciando.

Hasta aquí, el apartado de crítica puto destructiva, donde me cago en todo lo cagable y dejo muy clarito que cualquier defensa de algo que tiene un resultado desastroso me apesta a excusa. Pasemos, pues, a empezar a ejercer la crítica sobre lo que sí considero que está mal y cómo se podría mejorar, tan sólo echando un poco de sentido común y siendo conscientes de lo que está fallando y que, "como las cosas son así", ni siquiera tenemos el más mínimo interés (aparente) en mejorar. Por lo general, la primera explicación que me encuentro es la de que los profesores se encuentran hipersupermegadesbordados y que tienen demasiados alumnos por clase. Estoy de acuerdo, pero ojo, amigos, esta no es la única explicación. Además, que tenemos que echar un poquito de memoria e irnos a tan sólo un par de décadas atrás, cuando la ratio de alumnos en clase era de unos cuarenta alumnos (yo me crié en una así, por ejemplo). Sin embargo, con una ratio menor, que es lo que hemos tenido hasta que se han impuesto los fantásticos recortes de nuestro gobiernillo, no había un sistema peor que ahora (por supuesto, tengo que decir que una de las mejorías de la ESO respecto al sistema de EGB fue reducir la ratio, pero insisto: no todo ronda en torno a eso). Eso debería llevar a pensar, a cualquiera que tenga un poco de sentido común, que hay más factores en juego, que son los que quiero ir desgranando en este post. Por supuesto, dudo seriamente que todos los factores que expongo aquí sean todos los factores existentes... aunque sí son los que yo he acusado más, a lo largo de una década entera tratando con alumnos, padres y otros profesores (la inmensa mayoría de ellos, provenientes de la formación reglada). Diez años repasando temarios, viendo libros de una docena de editoriales y sufriendo las modificaciones producidas por las tropecientas reformas, contrarreformas y microrreformas en el sistema que nos vamos comiendo cada vez que a alguna mente pensante de arriba le da por meter mano al asunto.


"¿Pero qué puta mierda han metido en este libro de texto?"


Empecemos por el principio. Si vamos a desgranar los problemas de la formación reglada, lo suyo es ver cómo un profesor consigue su plaza. Al hablar de la enseñanza pública, el procedimiento habitual es acceder a tu puesto por oposiciones (en la privada, supuestamente, es por medio de curriculum y con entrevista de trabajo previa, pero los que llevamos un tiempo dando vueltas en esto sabemos que principalmente la selección es a dedo y, en una gigantesca parte de los casos, por enchufe): ¿qué quiere decir esto? Que te preparas un examen, compites con tropecientos millones de personas, te examinas y, si apruebas y tienes la nota suficiente, obtienes tu plaza.
A ver, esto así contado suena como muy justo y puede parecer fenomenal. Eso de que las mejores notas accedan a un puesto de trabajo, sobre el papel, parece la opción más correcta... El problema es que, en la práctica, esto se convierte en un coladero de padre y señor mío. Para empezar, en el proceso de selección no existe más criba que el conocimiento académico que se demuestra en el examen y, si acaso, a la hora de defender algún tema en la parte de la famosa "encerrona". La prueba de la unidad didáctica, siendo honestos, no es más que preparar una especie de temario propio y soltarlo como un papagayo, exponiendo cómo se organizaría una clase, minuto a minuto, en condiciones ideales y sin tener en cuenta la cantidad de variables que se pueden dar en un aula (tales, como por ejemplo, que algún alumno no termine de enterarse de lo que estás explicando y necesites más tiempo del previsto en aclarar dudas). Dicho en pocas palabras, lo que se plantea en el examen es algo irreal, exponiendo condiciones ideales, y que, en la práctica, tiene poca utilidad.


"El turno de preguntas de mi clase durará exactamente 2 minutos y 36 segundos, puesto que todos mis alumnos habrán entendido lo básico, y esos dos minutos los emplearemos en algún detallito".


En segundo lugar, en el examen en sí no se evalúa en caso alguno la vocación que pueda tener un docente por su profesión, o simplemente la insistencia que tenga en hacerse entender; básicamente, se plantea como un ejercicio memorístico, con poca o ninguna aplicación práctica. ¿Cuál es el resultado, entonces? Que, por cada opositor que tenga como objetivo ser profesor porque quiera serlo (y el que me diga que no hace falta vocación para dar clase, para mí no tiene ni la menor idea de lo que está hablando) puede haber al menos otro que para lo único para lo que se presenta es para tener un puesto de trabajo estable, al que le da igual a lo que se está dedicando. Y eso, en algo tan delicado como es la enseñanza, es un puto peligro.

En tercer lugar, acerca de las oposiciones encontramos que un profesor que accede a una plaza no es evaluado de ningún tipo más allá de sus conocimientos (o de su memoria, porque muchos van a volcar lo que se han empapado en el examen y luego, si te he visto, no me acuerdo): no se hace evaluación psicológica para ver si esta persona está efectivamente capacitada para dar clase. No se evalúan sus habilidades sociales para tratar con personas (por niños que sean, son eso, personas). No se tiene en cuenta si realmente tiene algún interés por lo que está haciendo, o simplemente va a aprovechar haberse sacado la plaza para tocarse las narices, como he visto que hacen muchos, admiténdolo con toda su cara y que dan una imagen bochornosa de una profesión que implica una enorme responsabilidad.


—Perdone, he visto que en el examen ha corregido usted una pregunta que, en realidad estaba correcta.
—Es que no me gustaba la respuesta.
—¡Pero era correcta!
—Bueno, es que tampoco me gusta su hijo.
—¿Perdone?
—Oiga, tengo la plaza. Soy funcionaria. Me he sacado unas oposiciones y, por tanto, ya tengo pleno derecho a ejercer mi puesto como me salga del ojete. Como si quiero suspender a toda la clase. Tengo libertad de cátedra y aquí mando yo.
—¿Cómo dice?
—Soy la jefa de departamento y catedrática. Eso quiere decir que, si quiere usted que el examen del soplapollas de su hijo sea revisado, tendrá que pedir una inspección en delegación. Cuando quiera llegar, se habrá examinado varias veces conmigo. Y que sepa que como se ponga medio tonto me lo pienso cargar en la evaluación.
—¿QUÉ?
—Que me coma el coño con pan bimbo, caballero.


"Yo es que me he sacado un examen, que me ha costado lo mío, así que ahora que nadie me diga lo que puedo o no hacer en mi clase", es la excusa que se suele oír en estos casos. Aprovechando que un puesto de funcionario puede convertir a un docente en alguien casi intocable y que la terrible burocracia de todo el sistema educativo pone mil trabas a eso de los expedientes disciplinarios, hemos podido ver desde nuestra época como estudiantes hasta nuestros días cómo ha habido docentes que van a clase y dicen, con toda su santa cara dura, que "pasan de dar clase" porque "están quemados". Que siguen ahí "por las pelas" y "ni eso compensa" (Palabras textuales de un profesor con plaza en un instituto de mi ciudad). Dicho, con dos santísimos cojones, y por lo visto hay hasta que aplaudirles, porque oye, van al curro, no curran y encima hay que compadecerles porque están alrededor de críos. Como si no hubieran sido conscientes de ello el día que decidieron matricularse de las oposiciones. O bien esos otros que consideran que la nota de diez no existe porque no se les pone en los putos cojones darla, aunque el alumno en sí no haya fallado en el examen. Porque hay profesores que se ven a sí mismos como Dios, aunque no pasen de ser un puñado de tristes gilipollas que se creen mejores o que imparten "más nivel" solo porque suspenden a más gente.
Para mí, si te suspende mucha gente, te pongas como te pongas, eres un puto fracaso como profesor; pero es que, si encima te enorgulleces de eso, como persona ya me das mucho que pensar.
Profesores, como he comentado yo mismo alguna vez, visto con mis propios ojos y oído con mis orejitas, que no han tenido problema alguno en manifestar sus intenciones de discriminar alumnos por raza o forma de vestir y justificándose en "yo es que soy racista, lo admito", como si eso y sacarse un puto examen les diese carta blanca para tratar así al alumnado... o peor aún, para inculcarles y fomentarles ideales como el clasismo o la xenofobia. ¿Es esto común? Por suerte, no; sin embargo, volvemos a lo mismo: si el sistema permite que uno solo de estos seres (me niego a reconocerlos como profesores, por muchos exámenes que saquen y muchas plazas que tengan) acceda a un puesto público, el sistema ya empieza a apestar a mierda. A mierda pura y concentrada.


—Hola putos, saludad a Herr Professor.
—¡HEIL HITLER!


Pero claro, no es solo esto lo que falla. Hay más factores, tales como concepciones, que están demostrando no ser solo inviables; también están fomentando unos valores sociales que, como poco, distan mucho de los que deberían fomentarse en una sociedad sana. Valores tan bonitos y tan geniales como los siguientes:

1. Anteponer resultado a aprendizaje: Este es quizás uno de los errores de concepción más graves que nos podemos echar a la cara en el actual sistema educativo. Hoy en día (aunque ha sido un poco siempre así, la verdad), se ha considerado buen alumno aquel que saca buenas notas, sin importar que realmente esté entendiendo un carajo de lo que está estudiando. En el momento en que un alumno supera un examen y la nota pasa al boletín, la concepción (por completo falaz) de que tiene la más mínima idea de lo que acaba de aprobar brilla como una puñetera bomba atómica en plena noche. Si a esto añadimos el hecho de que tendemos a considerar que el alumno que saca más notas es más inteligente que el que no, nos damos cuenta del pedazo de error que estamos cometiendo.
Empiezo a explicar un poco esto, para irlo desgranando: el sistema hoy por hoy, es en gran parte memorístico. ¿Qué quiere decir eso? Que damos por hecho de que un alumno es más inteligente porque tiene mejor memoria, y de ahí no nos bajamos. Nada más lejos de la realidad: en realidad, la inteligencia se puede medir por una compleja cantidad de factores (preguntad a cualquier profesional de la psicología, que os puede dar un norte más amplio que yo); si el sistema parte de esa concepción, nos encontraremos estupideces tan grandes como tener a los críos memorizando frases en inglés en lugar de enseñarles cómo construirlas. O memorizando cualquier otra parte del temario que, más que memorizarse, lo que necesita es entenderse.
¿Digo con esto que el contenido memorístico debería desaparecer del sistema por completo? Pues ni tanto ni tan calvo, porque sí hay cosas que necesitas memorizar, como es el caso de una tabla de multiplicar, por ejemplo; sin embargo, lo que no se puede es tomar la parte por el todo y pretender que el personal aprenda a base de memorizar cosas que ni siquiera es capaz de entender... porque nadie se las ha explicado con tranquilidad.


"Tengo que saberme el puto libro de aquí al examen. Lo peor es que no sé ni de qué coño va el tema"


2. Con eso de que nadie les explica las cosas con tranquilidad, pasamos a eso del conocimiento teórico: si echamos un vistazo en primaria y parte de la secundaria, veremos unos cuantos libros en los que no encuentras un apartado de teoría que aparezca con claridad. Es decir, que si un chaval quiere coger y empezar a estudiar después de haber recibido su lección por la mañana, las pasa putas para encontrar un esquema donde pueda aclararse con lo que le han explicado. Dicho de un modo más simple, se da por sentado que el conocimiento teórico no es viable (lo mismo es porque piensan que el crío es imbécil o algo) y, por tanto, se ahorran ponerlo. En su lugar, hay viñetas, dibujitos y mil paridas más, en vivos colores para que el chaval no se aburra.
Error: si tú pones a cualquiera (niño o adulto) a estudiar y no tiene nada a lo que meterle mano, el conocimiento no aparece cual Espíritu Puto Santo y se le mete en el meollo. Eso del aprendizaje hipotético-deductivo o como coño lo llamen algunos genios puede molar mucho sobre el papel, pero si el personal quiere aprender, lo suyo es que aprenda sabiendo por dónde coño tiene que ir, en lugar de ponerlo a adivinar de qué puede ir la película, si es que va de algo. Más, cuando no es difícil encontrarte temarios mezclados (en inglés, por ejemplo, se ve mucho) y te encuentras varias cosas referentes a distintos temas en la misma unidad. Esto lo que genera, no es ni mucho menos un conocimiento ex nihilo, ni una mayéutica ni hostias new age en vinagre: lo que genera es confusión. Y parece que, después de más de diez años, todavía a nadie le ha salido de los putos cojones enterarse de que así no hay dios que se entere de nada. Que lo más práctico es dejar las cosas claras desde un principio, asegurarse de que se han entendido y reforzarlas de vez en cuando con actividades.


"Bueno, chavales, os dejo aquí en el laboratorio de química, rodeados de ácidos, compuestos tóxicos y demás mierda, sin enseñaros un coño de formulación o reacciones. La idea es que aprendáis por vosotros mismos qué hostias es eso de la química, porque total, estudiar teoría es para tontos."


El mismo laboratorio, media hora después.
Se echó la culpa a los chavales, por manejar compuestos químicos de forma imprudente.
"Si estudiaran no pasarían estas cosas", argumentó el profesor.



3. El tema de las actividades también da para mucho: últimamente estoy escuchando hablar mucho del bombardeo al que se somete a los críos con los deberes. Que si se pasan poniendo deberes, que si los niños no tienen tiempo para ser niños, y demás. No voy a entrar demasiado en si los deberes que se ponen hoy en día son más que los de antes, o si realmente es viable que un niño se baje al patio entre semanas, cuando tiene colegio al día siguiente (yo, por ejemplo, no lo hacía y no me he muerto). En lo que si voy a entrar es en una concepción que tenemos a la hora de pensar que, cuanto más deberes hace un niño, mayores son sus posibilidades de aprender. FALSO: Si un crío no se ha enterado de cómo coño se hace una multiplicación de dos cifras, ya le puedes poner diez páginas con cuentas, que te las va a seguir haciendo como el culo. Si nadie se molesta en dejar muy claro desde el principio qué hay que hacer y con qué hay que tener cuidado, como si le mandas el libro entero para que te lo haga a la tarde siguiente, no sirve absolutamente para nada.
Un alumno no trabaja más porque haga más deberes, quitémonos esta concepción arcaica de la cabeza: el alumno que trabaja es aquel que manifiesta interés por lo que hace y el que demuestra aprender. Pero parece que aprender es de todo menos el objetivo del sistema educativo.


"¡Llevo cuatro putas horas con esta mierda y no sé ni lo que es!"


4. ¿Cuál parece ser, visto lo visto, el objetivo? Pues a ver, yo no es que tenga la posesión absoluta de la verdad, pero sí tengo mis propias teorías. Las compartís si queréis, y si no, pues tendréis las vuestras, pero yo lo veo de este modo: el sistema educativo, desde hace ya bastante, se está convirtiendo en una fabulosa arma propagandística, y es algo tan jodido que me preocupa que nadie más se lo esté planteando de una forma seria. Desde hace ya tiempo tenemos cortinas de humo tan chulas como esa patochada de la eterna lucha entre religión y ciudadanía. Ambas asignaturas, si lo pensamos, metidas (o sacadas) con calzador en nuestro sistema educativo, no por educadores, sino por políticos. Políticos que, dependiendo de lo conservadores o liberales que sean, pretenden inculcar (o encuadrar, que es algo más chungo aún) sus distintas ideologías sobre el alumnado. De ahí que, cada cierto tiempo (especialmente, cada vez que cambia el gobierno) tengamos un debate árido que, en el fondo, no lleva a ninguna parte.


—¡Religión!
—¡Ciudadanía!
—¡Cultura religiosa!
—¡Ética!
—¡CULO!


Partiendo de este principio, nos damos cuenta de que el debate sobre esas dos asignaturas enmascara otros, si cabe, más profundos y problemáticos, que tendemos a pasar de largo: uno de ellos es la escalofriante tendencia a rebajar el nivel de calidad de la enseñanza. ¿Por qué se hace esto? Desde mi punto de vista, la respuesta sería también meramente propagandística: si lo que buscas es ponerte medallas con un sistema educativo, lo principal es demostrar que tu sistema combate el fracaso escolar, mostrando el menor índice de suspensos posibles (recordemos el punto 1, sobre los resultados). Para ello, nada más fácil que rebajar el nivel hasta el de aquellos que tienen peores notas, o (peor aún) hasta el de aquellos que no tienen el más mínimo interés; en resumen, que es adaptar los temarios para que apruebe alguien a quien, en el fondo, le da igual aprobar o suspender. Esto, ni que decir tiene, conlleva que los alumnos que sí tienen interés se sientan insultados cada año, con temarios repetidos de un curso a otro; estudiantes que, si bien se esforzaban en un principio, han llegado a la triste (pero cierta) conclusión de que esforzarse por aprender no tiene ningún sentido: al mediocre lo van a pasar de curso, haga lo que haga, y al que se esfuerza también. Es una versión retorcida de un ideal democrático, donde se ve que todo el mundo tiene las mismas oportunidades, aunque unos directamente ni las merezcan ni las quieran, y despreciando y rebajando a los que sí pueden aportar más.
Esto se puede resumir, además de lo ya dicho sobre el sistema que está para favorecer unas estadísticas ya maquilladas, que el objetivo del sistema no está en que el alumno estudie para aprender, sino que estudie para aprobar, lo que se está demostrando que en absoluto son términos sinónimos. Es más, me permito decir que, en nuestras aulas, hay alumnos muy inteligentes, y no por ello están aprobando las asignaturas: son esos alumnos que se han aburrido de que los tomen por imbéciles y ya ni se molestan en estudiar en un sistema que los ha juzgado como tontos del culo sin remedio. A nadie le gusta sentirse insultado, aunque tenga ocho años.


"Me trataban como si fuera subnormal, explicándome los números y los colores durante cinco putos cursos. Pero dejaron de hacerlo".


5. Derivado del punto anterior, encontramos cómo el sistema además se esfuerza en acabar de forma categórica con el pensamiento crítico y la autonomía de los estudiantes. Puede sonar un poco crudo así dicho, pero vamos a fijarnos en cómo están funcionando las últimas contrarreformas: primero se amenazó con mandar a tomar viento la asignatura de música, porque algún subnormal no le vio utilidad; ahora ha caído la filosofía, y probablemente de aquí a un futuro, si nadie hace nada, cualquier asignatura referida con las artes, el pensamiento creativo o todo lo referente a humanidades se irá al carajo. La excusa es que las humanidades no venden, y se da a entender que su único objetivo es la docencia, como si eso fuera un empleo indigno o algo así. Se empiezan a crear (o se empezaron, porque esto no es nuevo) castas de asignaturas, donde unas asignaturas son vistas como "útiles" y el resto, pues como la mierda que no sirve para nada y que hay que aprobar.


"Hola, soy el profesor de Educación Física. Y estoy hasta el cipote de que se falte al respeto a mi profesión. ¡Que yo no me dedico a faltar al respeto a la vuestra, putos snobs de mierda!".


Todo lo que tenga que ver con leer, entender lo que se lee (salvando lengua española e inglés, que de momento sobreviven) y sacar las conclusiones propias de lo que se está leyendo empiezan a apestar a librepensamiento. El gobierno ha manifestado su ignorancia supina de vez en cuando al decir que tampoco hace falta que los estudiantes conozcan todos los entresijos de su historia reciente. El arte, por enésima vez, se ha llevado ya no pocas hostias y su estudio ha sido despreciado, escupido, sodomizado, vejado, apuñalado y tirado a una cuneta. Porque, según algún subnormal profundo, todo el mundo que estudia debe hacerlo para tener una empresa, ganar mucha pasta y sacar al país de la puta crisis al que han metido los banqueros y corruptos. Lo gracioso es que, si no se enseña a pensar por uno mismo, no se inculca el espíritu crítico y ni siquiera se plantea la posibilidad de un alumno a que tenga autonomía para hacer un ejercicio (ahora se llevan mucho los alumnos que te preguntan constantemente si están haciendo bien un ejercicio, aunque apenas hayan empezado a escribir dos palabras), lo que tendremos será a una sociedad que no tendrá la más mínima seguridad en sí misma, no será consciente de sus derechos o responsabilidades y vivirá para aceptar órdenes. Partiendo de esta idea, ¿qué nos encontramos? Con estudiantes que saben que tienen que estudiar para sacar un examen, pero no saben por qué tienen que aprobarlo; simplemente se les ha dicho que suspender está mal y, en los casos de los que tienen interés, eso genera una ansiedad absurda ante el fracaso que proviene no solo del sistema, sino también de los propios padres: ni el primero ni los segundos parecen recordar que es fallando como aprendes. Y que no hay nada de malo en equivocarse, si de tu error puedes aprender. Encontramos alumnos que lo único que saben es que han hecho mal algo, pero luego no son capaces de entender por qué está mal... o por qué está bien, en caso de acertar. Robots, máquinas, o simplemente autómatas. Con estas concepciones tan humanas, al final lo que tenemos, con cada vez mayor frecuencia, es un puñado de gente que lo único que espera es que le pongan su correspondiente collar y le marquen su código de barras en el cogote.
Lo mismo, visto así, es que conviene...


"Hala, ya estoy listo para la vida laboral".


6. El siguiente punto es la política de la puñalada trapera, como a mí me gusta llamarlo. Consiste en esa actitud que ha tenido nuestro sistema educativo desde que yo puedo recordar en hacer competir a unos alumnos con otros. En fomentar una individualidad tan salvaje que luego toca ir detrás de la clase para solucionar conflictos entre compañeros. Esto igual no nos puede parecer algo serio hasta que nos toca ponernos el lacito anti-bullying (algo que me causa mucha risa por no llorar), pero desde mi punto de vista lo es: si queremos un futuro en que haya gente que trabaje de una manera competente, lo principal es enseñar a trabajar a la gente junta y no unos contra otros. Un sistema que se dedica a crear castas de alumnos en función de su nota es un caldo de cultivo para que haya alumnos que se dediquen a apuñalarse unos a otros, y no físicamente: hablo de alumnos que considerarán que hay que hacer lo que sea necesario para aprobar (véase copiar). Alumnos que verán lógico no ayudar a quien lo necesite. Un sistema que ve con buenos ojos (o, como poco, hace la vista gorda) la falta de compañerismo es un reflejo de una sociedad que ya lleva tiempo enferma y que no se molesta mucho en querer solucionar nada. Menos aún cuando la excusa para hacer competir a unos alumnos con otros (como si estuviéramos en una puta arena de gladiadores) es que en el mundo laboral se van a encontrar eso, y que más vale que se vayan preparando desde pequeños. En resumidas cuentas, "como eso es lo que hay, vamos a ir fomentándolo en lugar de buscar cómo solucionarlo desde la educación".



"A mí me enseñaron que para ser alguien en esta vida tienes que quitarte de en medio al que trabaja contigo. Cargarle con la mierda que tú no quieres, ponerte las medallas del trabajo que ha hecho y escaquearte siempre que sea necesario.
Soy trepa porque el mundo me ha hecho así".


7. La ironía respecto al punto anterior viene con lo que comento a continuación, que es la moda de los trabajos. No deja de tener gracia eso de ponernos la chapita de educadores que fomentan el afán de aprender, y lo único que se nos ocurra es poner trabajos de investigación a los chavales. Sí, visto así suena de puta madre:
—Oh, mi hijo está haciendo un trabajo sobre el escarabajo pelotero con unos amigos.
—Oh, genial.
Pero no nos engañemos: esto no es más que otra patraña, especialmente cuando se hace en grupo. El primer fallo de esto consiste en plantar a una criatura un trabajo de investigación, dando por hecho que, solo por haberse criado con Internet en casa ya te puede hackear la web del puto Pentágono. Más gracioso resulta tomar esta idea y soltar al crío en la jungla virtual sin enseñarle unos principios básicos de metodología de investigación. Joder, si éramos nosotros en el doctorado y nos metían una asignatura para no cometer las clásicas cagadas, y bien que nos vino. Poner a nadie a hacer nada sin las más mínimas directrices es hacerlo perder el tiempo y amargarlo con algo a lo que no sabe ni cómo meter mano, y he ahí la triste ironía: el alumno es tratado como un imbécil solo cuando conviene; en otros casos, se lleva el concepto al otro extremo y se da por sentado que es capaz de hacer cosas, aunque nadie les haya dado una orientación mínima. Si sumamos esto a la creciente falta de autonomía que se viene inculcando de una forma sutil en el sistema, lo que tenemos al final es a una criatura que acaba teniendo que pedir ayuda a un adulto para meterle mano al puto trabajo, lo que llega al absurdo más gordo: se evalúa al estudiante por un trabajo que ha hecho en gran parte un adulto, que ni siquiera tendría por qué estar haciéndolo, ya que su etapa de estudiante pasó hace tiempo, y es al estudiante actual a quien corresponde vivirla.
Cuando el trabajo es colectivo, es incluso peor: si ya hemos visto esa política de puñalada trapera, lo que vamos a tener es un grupo de cuatro o cinco alumnos, con uno o dos trabajando como mucho y el resto tocándose los cojones o haciendo que curran para llevarse una fabulosa nota colectiva. Nuevamente, se premia la mediocridad: el que se ha tocado los huevos recibe la misma nota que el que se ha esforzado, de modo que eso del esfuerzo y el interés por hacer bien las cosas son elementos que ni se tienen en cuenta a la hora de evaluar.


"¿Sabéis lo que os digo? ¡Que a la próxima se va a esforzar VUESTRA PUTA MADRE!"


8. Un punto bien diferente, pero no por ello menos importante, es el referente a la organización de temarios. Por ahí arriba he comentado que los libros, hasta ciertos cursos, no vienen con una teoría clara; pues bien, esto es la punta del iceberg, pues no es el único problema referente a la organización de las unidades. Tanto por culo que se da con eso de que una unidad temática deber ser organizada, clara, explícita y que debe notificar en todo momento lo que se va a evaluar (lo que, así contado, es algo con lo que estoy de acuerdo), luego te encuentras unos berenjenales de aúpa en cuanto te arremangas y ves cómo está planteado el asunto. Dejémonos eso de encontrarnos cosas de otros temas en una unidad, como también he comentado. Dejemos también eso de encontrarte el mismo temario fotocopiado de un año para otro, para luego ver cómo meten todo lo que no se ha impartido en cinco años en apenas un par de cursos, de bulla y corriendo. Estaba pensando en el momento en que ves temarios jodidamente absurdos, como vi en uno de Conocimiento del Medio en que explicaban a los alumnos, con sus santos cojones, lo que era un barrio y lo que son los vecinos. Como si ese alumno, ya con siete u ocho años de vida fuera tonto del culo y no lo supiera ya. Al tiempo, nos encontramos que, con solo unos años más, los alumnos no han recibido el suficiente conocimiento de historia (ves algunos libros y son la puta rehostia) y su acervo cultural es, como poco, precario. Ante esto, la respuesta ha sido siempre decir que es que los chavales son unos incultos y quedarse tan panchos ante la aseveración... pero en caso alguno hacer autocrítica y pensar que, si hay chavales que saben dónde está el museo del Louvre antes de los doce años es porque se lo han enseñado en casa (lo que no está mal, pero tampoco creo que justifique que eso no se haga en el colegio) o porque ha habido algún profesor especialmente interesado porque lo aprendan. No porque venga en un temario.


"Hey, chavales, ha venido Spiderman a hablaros de los Reyes Católicos"


Si a este despropósito añadimos el hecho de que, en gran medida, parte del fracaso escolar proviene porque nadie ha enseñado a los estudiantes cómo estudiar, nos vamos dando cuenta de la desidia que impera en este campo. Mucho ponerse bien puestos, que si enseñar valores (lo que está bien, siempre y cuando se enseñen valores en condiciones y no mierda ideológica, o bien se enseñen valores que realmente tengan que ver con la colaboración y no con la competición... cosa que se ha demostrado que no se hace), que si tal que si cual, pero luego no existen asignaturas oficiales que impartan técnicas de estudio. Que enseñen a un estudiante a organizar su agenda, o métodos que faciliten el aprendizaje. Es mucho más fácil exigirles que hagan deberes sobre cosas que no han terminado de entender, que hagan trabajitos que ni siquiera les interesan. Que memoricen cosas cuya utilidad desconocen, porque nadie se ha molestado en enseñársela.
Con este plan, ¿de verdad esperamos que alguien saque algo en claro de lo que es el colegio y para lo que vale, en lugar de desear que alguien le lance una bomba?


Esto en su día nos hizo mucha gracia, pero... lo hemos pensado todos, o casi todos, en un momento dado.
Es posible (y solo digo que es posible) que lo mismo alguno de estos puntos tenga algo que ver en que hayamos pensado de esa manera.


9. El último punto se refiere a lo que he mencionado antes de pasada sobre las constantes reformas educativas: siendo medianamente lógicos, lo normal es pensar que, si ponemos a prueba un sistema educativo, lo principal es comprobar su funcionamiento a lo largo de una promoción completa. Es decir, desde que un estudiante ingresa en el sistema hasta que termina sus estudios. Sin contar la etapa universitaria (que daría para otro post, igualmente largo), podemos estimar este período en unos trece o catorce años de vida (desde que entra con unos tres o cuatro años, hasta que sale, con unos diecisiete). Solamente pasado ese período se puede ver, con una cierta perspectiva qué es lo que ha funcionado, qué ha fallado y cómo se puede solucionar.
El chiste es que, como ya se ha venido demostrando, los distintos gobiernos no parecen tener tanto interés en solucionar los fallos del sistema educativo como en ponerse medallas y decir que lo han hecho. Esta política de "yo la tengo más grande que tú" ha implicado una especie de guerra entre los distintos partidos a lo largo de sus legislaturas, donde cada vez que alguien ha subido al poder, una de las primeras cosas que ha hecho ha sido cambiar las leyes educativas. Por tanto, no es de extrañar eso de encontrarse leyes o sistemas educativos enteros que han durado apenas cuatro años. Eso, si se tiene suerte y algún otro genio ha llegado y ha optado por desdecirse a los dos años de haber aprobado una ley, y cambiando alguna cosa que ya estaba mal por otra aún peor.
Esto parece derivarse de esa tendencia pop que asume que todo lo nuevo es por definición mejor; que no importa que algo funcione durante un tiempo, pues debe ser cambiado por alguna novedad. Luego, vendrá otro, que bien volverá a lo anterior, bien impondrá alguna otra estupidez que la empeore. La cuestión es que no hay reforma que tenga el tiempo suficiente para madurar, cuando ya viene otra detrás para sustituirla. Podríamos hablar del efecto que supone tener un mismo alumno que haya pasado por dos o tres reformas (como mínimo) a lo largo de su vida estudiantil, con las diversas reestructuraciones de temario, las asignaturas añadidas o las desaparecidas y todo lo demás. Esto (puedo equivocarme, pero de momento no tengo pruebas de ello) lo que genera es una terrible confusión y una sensación de caos en el sistema tremenda. Los distintos gobiernos no parecen ponerse de acuerdo en que la educación es uno de los pilares más básicos de nuestra sociedad, y con estas mierdas lo único que logran es destruirla poco a poco.


"Yo ya no sé si estoy en LOGSE, LOE, LOMCE o CULO".



Si a todo esto añadimos consideraciones como esa tan bonita y estupenda que considera que un profesor es aquella persona inútil que, como no ha optado a un trabajo "respetable", como el de médico o ingeniero (o lo que sea que esté de moda), se dedica a dar clase. Duro, pero ya hemos oído por parte de unos cuantos imbéciles del culo eso de "El que vale, vale, y los demás, que se dediquen a dar clase", y al parecer ha habido que reírle las gracias a semejantes gilipollas. Gilipollas que fomentan esa tendencia a pensar que los profesores o maestros son gente cuya utilidad para la sociedad no es gran cosa. O no a menos hasta que a alguien se le va la olla y le pega una cuchillada a un maestro en clase; entonces sí nos ponemos todos la chapita de "La educación es el futuro". Sin embargo, la hipocresía está ahí: muchos, tanto padres como profesores, han participado en estos nueve puntos. No pocos han estado de acuerdo, si no en todas las concepciones, en algunas de ellas, sin pensar que contribuyen a empobrecer el sistema educativo; pensamos, además, que encima no podemos hacer nada. Que las cosas "son así" y no podemos cambiarlas. El pensamiento más cómodo para que la mierda siga proliferando y para poder decir que la generación que está estudiando hoy en día son canis, tontos del culo o drogadictos en potencia. Excusas cojonudas para eludir nuestra responsabilidad.


Aquí, entre unos y otros, NADIE tiene culpa de nada.


Viendo lo que estamos viendo a diario en los colegios (porque para emitir quejas sobre lo quemados que estamos, o lo mal que se portan los críos, todos valemos), a mí me queda claro que el sistema no es así por gusto: es reflejo de una sociedad más obsesionada en ganar pasta rápida que en tener una formación decente. Una sociedad que se basa más en méritos y en aumentar las estadísticas que en crear una generación de ciudadanos que verdaderamente opten por el cambio. Conforme sigan pasando los años, más seguiremos quejándonos, lloriqueando y lamentándonos. Pero mientras hoy en día tengamos gente en nuestros colegios que no merece su plaza y lo consintamos; mientras tengamos que oír la típica excusa (y asquerosamente condescendiente, dicho sea de paso) de "Tú es que no estás en un colegio trabajando, así que no sabes de lo que hablas" para justificar toda la vagancia y la falta de iniciativa; mientras se siga considerando al profesor como un ciudadano de segunda clase, estaremos formando parte del juego. Lo estaremos fomentando.
Y tendremos exactamente toda la mierda que nos hemos merecido, explotándonos en la puta cara.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Escupiendo Rabia- El denostado arte de mandar a cagar




El otro día, hablando con una amiga (y previamente, con un par de amigos más), salió el tema de eso de tener hijos. Ya estamos llegando a una edad o a una situación de nuestra vida (algunos independizados o con pareja estable desde hace algún tiempo, o similares) en que, como si fueran putos hongos, surgen los seres que te preguntan si no te animas a traer vástagos a este mundo de asco. Por lo que a mí respecta, en la actualidad no tengo pareja (aunque la he tenido) y mi situación personal (algunos la conocéis) hacen que ni me plantee dicha idea... Y, sin embargo, cuando he salido con alguien, se me ha llegado a insinuar.
Yo me pregunto a qué cojones viene eso.
Algunos especímenes de este mundo parece que todavía no se han dado cuenta (o bien no se han querido dar cuenta) de que, hoy por hoy, a menos que algún hijo de puta de arriba venga a imponernos la descendencia a sangre y fuego, esa es una decisión ESTRICTAMENTE personal. Dicho de otro modo, el que quiere lo hace y el que no, pues no. Y no hay nada por lo que haya que justificarse, ni dar explicaciones ni putas hostias en vinagre.

Imagino que esto proviene de un axioma, ya rancio y manido, que implica que tener un hijo (o siete, ya puestos) te da la felicidad, de forma automática e innegable. Algo así como que no eres feliz si no tienes un par de enanos o tres correteando por casa, o que tu vida es un sinsentido si no tienes progenie. Es un poco el rollo de la época prehistórica, donde eras más varón si traías más hijos a este mundo y donde una mujer se definía como mujer en base a su fertilidad. Porque de parir una progenie fuerte y saludable dependía el futuro de la especie y había que parir a lo burro para que la humanidad no se fuese a hacer gárgaras.
La cosa es que, si lo pensamos, el mundo actual no es así: no somos una especie en vías de extinción (o no de momento) y esa mentalidad de que nos definimos en base a los hijos que alumbramos debería haber quedado ya enterrada en el puto pasado. Insisto, debería, porque se ve que aún quedan remanentes: vivimos con una superpoblación que flipas y el personal todavía anda con movidas en ese plan, tratando a las mujeres (o tratándose entre sí, que de todo hay) como si fueran fábricas de bebés, úteros con patas o vete a saber qué.


Felicidades, señora: está pariendo, lo que quiere decir, no que usted haya optado por eso de tener un hijo y vea cubierto su deseo, no. Quiere decir que usted ya tiene derecho a llamarse mujer de forma plena. Antes de tener hijos no podía permitirse tal lujo, porque no había cubierto su objetivo en la vida. Porque, recuerde, señora: si usted no trae hijos a este mundo, ¿para qué cojones tiene un útero?


Partiendo de esa premisa, se tienen que escuchar muchísimas burradas acerca de las mujeres que toman la decisión de no tener pareja o hijos. Al no cumplir su "función como mujer en esta vida", ya no solo se las pone en entredicho como mujeres; encima hay que soportar el argumento demagógico de que son unas egoístas, porque hay muchas otras que no pueden tenerlos. Y digo yo, las que no pueden tenerlos, siguiendo este principio... ¿serían fracasos como mujeres o quedan eximidas? Es más: ¿qué cojones pasa con las que los tienen y los tratan como el culo? ¿También quedan eximidas de este juicio por haber parido, o les quitan el carnet de "Mujeres por pleno derecho" por haber desatendido sus responsabilidades como madres?


Dicho argumento de la mujer egoísta porque no quiere parir y es una falta de respeto hacia las que quieren y no pueden me recuerda a lo de "Si no te comes toda la comida piensa en los negritos que se mueren en África".
Pues claro, porque todo el mundo sabe que si te la comes, estás ayudando con el tercer mundo.
En mi tierra, a eso se le llama demagogia, se revista del ideal con que se revista.



Pensad en esos momentos, jóvenes casaderos (este ha sido siempre mi caso más frecuente) en que sois invitados a una boda y, casualidades de la vida, resulta que vais sin acompañante. No es extraño que alguien llegue y nos pregunte, a la hora de sentarnos a la mesa, que si no tenemos pensado tener pareja; pensad, si no sois de esos, en eso de ir con vuestra pareja y que, de buenas a primeras, os llegue alguien preguntando que vosotros para cuándo tenéis previsto casaros, como si por ser una pareja que se quiere, se lleva bien y tiene confianza sois indignos a los ojos del Todopoderoso y haya que formalizar, por putos cojones, la relación con papeles por medio. Pensad en las caras de póker que habéis puesto si resulta que habéis tomado la determinación de no formalizar el asunto porque consideráis que os va bien así, o simplemente porque no se os pone en los putos cojones, que en vuestro derecho estáis. Pensad, si no, en las explicaciones que os toca dar si resulta que ya estáis casados y no os da la puta gana (o a lo mejor no podéis, que también es posible) tener un crío. Siguen siendo preguntas muy personales que determinada gente se empeña en hacer sí o sí. Y por lo visto nos tiene que parecer bien eso.

Últimamente esa raza de humanoides que viven esperando explicaciones de los demás acerca de su vida personal parece estar aumentando. Cada día que pasa, veo con más y más frecuencia cómo, de buenas a primeras, tenemos que andar justificando todas y cada una de nuestras decisiones, simplemente por no amoldarse a lo que se espera que hagamos. Cada día que pasa, veo que eso de seguir el camino marcado por lo tradicional, en lugar de plantearse como un abanico de alternativas, se van constriñendo hacia una dirección bastante determinada. Sin mucho lugar a escoger o, mejor dicho, con opción a elegir, pero teniendo que asumir que te van a preguntar. Que te van a pedir que te expliques por qué has elegido B en lugar de A. Preguntas, preguntas y más preguntas que lo único que demuestran es que el personal parece estar más a gusto interrogándote por tu vida que viviendo la suya.


"¡Habla! ¿Por qué cojones no te has independizado ya?"


Todos hemos pasado por esto, o por cosas similares:

Caso 1, en el bachillerato:
—¿Qué, vas a escoger ciencias?
—No.
—Oh, letras, para morirte de hambre.
(Pues claro, todo el mundo sabe que en el momento en que te matriculas de ciencias ya entras en una base de datos en la que están esperando a que te licencies para darte un trabajo de la hostia)

Caso 2, en la universidad:
—Harás una carrera, ¿no?
—No, yo voy a hacer un módulo.
—Oh, ¿y eso? ¿No te apetece hacer una carrera, que tiene más salidas?
(Nota de universitario: esto es mentira)

Caso 3, al cumplir los veintitantos y estar soltero:
—¿Tú para cuando te piensas echar novia?
(Al parecer esto es obligatorio en la vida, o si no uno es visto como un solterón, o como uno de esos homosexuales, a los que todo el mundo respeta pero que nadie parece querer cerca cuando sale este tema)

Caso 4, al tener veintitantos y tener pareja:
—Ya mismo os iréis a vivir juntos, ¿no?
(Pues claro que sí, con la situación laboral y económica que se vive en estos días, tener veintitantos y tener pareja supone una ecuación que, como única resultante implica irse a vivir juntos)

Caso 5, al tener pareja estable, con la edad que sea:
—¿Para cuándo la boda?
(Sin comentarios, esto me parece una soberana subnormalidad)

Caso 6, al tener pareja estable, con matrimonio de por medio, y ya viviendo juntos:
—¿No os animáis a tener hijos?
(Nuevo caso de subnormalidad supina)

Caso 7, al tener pareja estable, con matrimonio de por medio, viviendo juntos y con un crío:
—¿Para cuándo la parejita?
(Tercer caso en que no hago comentarios)

Caso 8, una vez uno ha terminado la carrera y anda buscando trabajo:
—¿Tú qué, no piensas ponerte a trabajar?
(Pues claro que sí, estoy esperando a que me llegue la lechuza de Hogwarts tras haber recibido mi licenciatura; debería llegar mañana mismo, así que me colocaré, porque como tengo un título el trabajo vendrá a mí de forma automática. Y si no, es porque vivo a la sopa boba)

Caso 9, ya trabajando, aunque en condiciones muy precarias, al ser lo primero a lo que opta:
—¿Con eso que ganas piensas mantenerte toda tu vida?
(Desde luego, tengo ya echado el ojo a un puente que flipas, para que cualquier día menos pensado coja mis bártulos y me vaya a vivir debajo de él).


"¡Que me dejéis en paz ya, joder!"


Y podría seguir (he pasado de omitir los casos en que alguien se ve obligado a confesar su ideología política o religiosa ante alguien que no es afín y se ve, de pronto, abocado a tener que andar explicando por qué piensa de una determinada manera, casí como si fuera incorrecto por definición o como si la otra persona tuviera más razón por cojones), pero queda claro que, aunque mucha gente parece ir con buena intención al hacer este tipo de preguntas (aunque haya otros que directamente vayan a tocar los cojones, que también los hay), en realidad la metedura de pata es máxima. Por lo que concierne a mí, yo me considero una persona extremadamente territorial. Esto se define como que mi vida personal es estrictamente personal: comparto lo que me da la puta gana con quien me da la puta gana y cuando me da la puta gana. Mis decisiones, aciertos y errores son míos, y no considero de recibo tener que andar dando explicaciones acerca de ellos, simplemente porque lo que decido no es lo que se espera.
Con esto último, tengo que decir que "lo que se espera" es un terreno muy amplio. Ya lo hemos visto arriba, que hay casos para dar y regalar; decidamos lo que decidamos, siempre habrá alguien que nos venga pidiendo explicaciones acerca de lo que hemos decidido o lo que no. Siempre habrá alguien que considere que nos estamos saliendo del camino marcado, aunque sea en una minúscula hebra en la que ni nosotros mismos habíamos reparado. Por algún motivo, la sociedad a nuestro alrededor siempre parece andar olisqueándonos, inspeccionándonos, tasándonos y sometiéndonos a tela de juicio, decidamos lo que decidamos. Tenemos, por lo visto, que cubrir un perfil, someternos a esa especie de encuadramiento social. Ser lo que se supone que debemos ser; vivir la vida del mismo modo que lo hace el hijo del vecino, el primo de yo no sé quién o el cuñado de alguien en lugar de la nuestra. Sí, si no queremos ser vistos como ovejas negras, como raros, como hippies o como vete a saber qué.


"Anda, mira, por ahí van los del bachillerato de artes"


La pregunta que yo me hago a este respecto es por qué cojones aceptamos esto. Por qué coño tenemos que andar dando explicaciones a gente a la que, en muchas ocasiones, ni conocemos. O gente a la que conocemos pero que se pasa con eso de las confianzas y meten la pezuña en el terruño de mala manera. Podríamos hablar de machismo, en el caso de las mujeres que no quieren tener hijos porque no les sale del coño, y en gran parte lo es; pero tengo que decir que las mujeres, aunque son las víctimas más visibles de esto, no son las únicas en llevarse los palos. ¿Cuántas veces nos hemos sentido, caballeros, humillados (sin motivo, porque es absurdo) porque alguien nos ha preguntado (y con bastante mala hostia, por cierto) cómo es eso de que nuestra pareja cobra más que nosotros? ¿O por el hecho de que nuestra pareja está trabajando y nosotros en el paro? ¿Cuántas veces nos hemos visto forzado a dar explicaciones acerca de nuestra situación personal a gente a la que, por mucho que quieran decir lo contrario, les importa una puta mierda lo que hagamos con nuestra vida? ¿Cuántas veces hemos tenido que soportar eso de "Tú eres el hombre, así que tienes que mantener a tu familia"?
No, no creo que se limite única y exclusivamente a un caso de género, sino que es algo mucho más amplio, y bastante integrado en la cultura de hoy en día: por lo que se ve, no consiste en comportarse como "hombres que cubren las necesidades de la familia" y "mujeres fértiles que dan felicidad a costa de parir enanos". No es algo tan simple; yo lo veo más bien como una especie de imposición de ser uno más: de ser lo que generaciones anteriores, por el motivo que sea, no han sido... o bien de ser lo contrario, y convertirnos en el remedo de nuestros ancestros.
—A mí me haría ilusión que fueras arquitecto, como tu padre, tu abuelo, tu bisabuelo y tu tatarabuelo.
—Yo quiero que tú seas lo que yo no llegué a ser: un importante abogado.
Y aquí podemos seguir hasta la puta eternidad, poniendo casos.


Lo de Daredevil tampoco es tan raro, si vemos ese detalle:
"Papá, no quiero estudiar ahora. Quiero ir a jugar con los chicos. Puedo estudiar luego"
"No, Matt: Lo harás ahora. Estudiarás cada vez que tengas ocasión, ¿me oyes?"
Al final, es obligar a un hijo a que sea lo que nosotros queremos que sea. Presionarlo, moldearlo y no darle ni una oportunidad de ser lo que quiere ser.
No es educación, ni orientación.
Es encuadramiento.


Para el mundo, debemos seguir una pauta y, en caso de no hacerlo, nos vemos sometidos a juicio. Si no tenemos un trabajo fijo o nuestro trabajo no es más que otro de los pilares básicos de la sociedad, es que no somos nadie en la vida. Si resulta que el ámbito laboral lo tenemos cubierto, los objetivos del juego han cambiado y pasamos a la siguiente fase. Más preguntas, más insinuaciones y más explicaciones. Y nosotros seguimos ahí, en medio, preguntándonos por qué cojones no le decimos a aquellos que se están metiendo donde no les han llamado que se busquen a otro al que tocarle los huevos. Que vivan en su puta vida y dejen de meter las zarpas en la nuestra.
Tal y como decía Palahniuk, tengo la impresión de que si lo hacemos es por evitar conflictos. La gente, por lo general, tiende a evitar una pelea. No discutimos (y esto me parece lo razonable) porque, en el fondo, supone un desgaste emocional bastante fuerte. Andar todo el santo día discutiendo, a medio plazo, nos drena las energías, y lo que es peor: tenemos la impresión de que al final no hemos solucionado un coño.
La alternativa tampoco parece muy halagüeña: podemos quitarnos todos esos marrones de encima diciéndole al prójimo que se vaya a cagar de una vez. Ese denostado arte de mandar a cagar, a corto plazo, es efectivo: no solo lo mandamos a tomar por culo una única vez, sino que al hacerlo, estamos mandándolo a cagar todas esas veces futuras que nos van a venir dando la castaña. Porque, tenedlo claro, queridos Distópicos: si nos dan la castaña una primera vez y no paramos los pies, el fenómeno se repetirá de forma constante e insistente.
¿Es entonces mejor mandar a cagar? Desde mi punto de vista, lo es, pero en parte: sí, nos quitamos de problemas. Evitamos el efecto "bola de mierda acumulativa" de pasarnos meses, e incluso años, escuchando las mismas tonterías. Lo malo es que, muy a menudo, las explicaciones que se nos exigen provienen de gente cercana con la que, nos guste o no, no nos merece la pena andar a la gresca. No a menos que queramos crear un ambiente malsano. Que sí, que existe la asertividad, pero los que habéis vivido esa situación sabéis que ese factor queda por completo descartado en según qué contextos: no importa lo asertivo que seas, porque el personal no va a entender tu postura, de forma que seguirá asediando Troya hasta que des las explicaciones requeridas (y quedar como un pedazo de mierda) o ceder ante las exigencias implícitas y vivir una vida que, en el fondo, no te apetece vivir.


Vivir como salidos todos de una bonita cadena de montaje.
Algo muy distópico, si lo pensamos.


Este post, como puede verse, no plantea ninguna conclusión, sino es más bien una reflexión acerca de la vida que muchos de vosotros (o muchos de nosotros) estamos viviendo en calidad de "ovejas negras" o el apelativo que más se ajuste a lo que somos. Tal vez la cuestión es que no haya forma de ganar, o no ninguna que sea del todo pacífica. Tal vez resulte que las decisiones que hemos tomado (acertadas o no) nos lleven a luchar contra molinos. Que estemos todo el santo día soportando invasiones de nuestro espacio personal y siendo sometidos a juicios sumarísimos. Es posible que, si el objetivo de nuestra vida es buscar la felicidad en un entorno que nos resulte medio decente, tengamos que aguantar cómo otros se dedican a querer darnos lecciones. A decirnos lo que tenemos que hacer, o (mucho peor), venirnos a posteriori diciéndonos lo que deberíamos haber hecho. Porque a veces da la impresión de que solo algunos cometemos errores, y nada más que errores. Solo algunos de nosotros tenemos que andar rellenando las fichas que otros nos imponen.
No podemos vivir felices explicándonos ante los demas... pero tampoco seremos felices siendo lo que ellos esperan de nosotros.

viernes, 9 de octubre de 2015

Escupiendo Rabia- Odisea del Doctorado, apéndice, o Pruebas acerca de por qué no quiero saber nada de la UMA





Aquellos que lleváis tiempo siguiendo este blog ya tenéis constancia de la guerra mental que supuso mi curso de doctorado en la Universidad de mi ciudad. No voy a extenderme mucho más acerca de la historia, que fue contada largo y tendido aquí  y aquí. Como ya sabéis, fueron dos años muy duros y me tocó comer una dosis de mierda que, si bien a lo mejor es coña marinera con lo que otros humanos os habéis tenido que comer a lo largo de vuestras respectivas vidas académicas/laborales, eso en caso alguno significa que haya que pasarlo por alto. Es más, es la clase de cosas que considero que deben salir a la luz y dejar claro por qué algunos desaconsejamos trabajar con ciertas personas en ciertas universidades, en ciertas titulaciones y en ciertas ciudades. O bien, dejamos lo de "ciertas", porque salvando las honrosas excepciones (que esperamos que existan, por el bien de la raza humana), está claro que en todas partes cuecen habas. Hablas del tema con un colega que venga de otro sitio y te cuenta que también le han puteado. También le han mentido. También se le ha quedado cara de gilipollas cuando ha visto que se premia el mamoneo y la gente honrada es invitada de una forma discreta y sutil (o no tanto) a largarse, que ya está sobrando.


También conocido como hacer un Quetepires.com


Mi caso particular, como ya habéis leído, tal vez no fuese especial. Tal vez no fuese sino una muestra más de la particular ética que tiene el mundo universitario, que espera que la tengas tú, pero que brilla por su ausencia cuando se trata de decirte las cosas con un mínimo de respeto... o ya puestos, que cometan la terrible locura de ser sinceros contigo, en lugar de andarse con tonterías, mentiras y trapalerías que, al final, se descubren.
El objetivo de este artículo es sencillamente aportar pruebas a todo lo que he contado en los artículos anteriores, usando capturas de los correos electrónicos que he recibido y que conservo (algunos, por algún motivo que desconozco, han desaparecido o bien ciertas frases que me consta que estaban en ciertos correos, de pronto ya no están). Para evitar problemas de visionado, he copiado y pegado la transcripción de cada una, sin añadir una coma a lo que se cuenta. Si a alguien le interesa, hasta puedo imprimir dichos correos con la fecha indicada, para que se vea que no hay manipulación alguna de lo escrito. Es más, invito a cualquiera que los lea a que, si tiene dudas, contacte con alguien que sí pueda averiguar si un correo ha sido manipulado y hable conmigo. Con gusto le permitiré que lo compruebe.
Quizás estas últimas frases os resultan un poco paranoicas. Lo entiendo; aparte de ser paranoico por naturaleza, con este artículo quiero dejar claro que no tengo necesidad alguna de inventarme nada, pues en realidad no es que salga ganando nada, que se diga: si por mí fuera, habría hecho la tesis, pero hubo quien, por medio de mentiras y hablando a mis espaldas, se encargó de desanimarme para no hacerlo. Si esa persona está leyendo este artículo, me gustaría decirle que me da igual el cargo que tenga en la universidad de mi ciudad. Para mí es alguien que no tiene absolutamente nada con lo que atacarme: ya no tiene la amenaza de una mala nota, o de impedirme que vaya a un tribunal. Así que lo único que le digo es que disfrute viendo sus propias palabras y recordando las mentiras que tuvo la desfachatez de soltarme a la cara; y, si esta persona quiere, hablaré con ella en persona para decirle a la cara lo que pienso de ella. Con los años he perdido el miedo y ya me da igual quedar mejor o peor ante quien no lo merece.


Y que me ladren, si quieren.



Arrancamos esta primera tanda de correos con el primero que envío yo, al darme cuenta de que la fecha de entrega de mi trabajo de curso de doctorado vence al día siguiente. Por aquel entonces, yo ando en otro proyecto (uno de empresa, concretamente) y tengo la cabeza hecha un lío. En mi error, creo que las instrucciones que me deberían llegar no me han llegado y así se lo comunico a mi coordinador. Como puede verse en mi correo, no pierdo la educación y mi tono es en todo momento respetuoso. Es el tono de una persona que, simplemente, está preguntando por una información y necesita que le respondan, nada más:



"Te escribo para consultarte el tema que quedó pendiente con respecto a la memoria que tenemos que presentar ante el DEA.

En el mail al que estoy respondiendo, he podido leer que nos escribirías para hacernos unas recomendaciones acerca de cómo redactar la memoria, así como de la defensa oral. Por otra parte, he podido leer también que el plazo límite para entregarla es entre los días 11 y 12 de Marzo. Sin embargo, estamos a día 9 y todavía no he recibido noticia alguna. Espero que te encuentres mejor.
Espero, por supuesto, que pueda llevar a cabo una buena memoria en el plazo de dos días. No creo que vaya a ser fácil porque estoy hasta arriba de trabajo y al mismo tiempo estoy preparando otro proyecto de bastante envergadura para otra entidad. Eso, sumado a las circunstancias que están rodeando la fecha de la defensa, parece que están complicando irremisiblemente el trabajo... pero, como puede verse, no son cosas que dependan única y exclusivamente de nosotros.
Al mismo tiempo, he de decir que me encuentro bastante sorprendido, ya que XXXXX [mi tutor] me hizo imprimir y encuadernar por quintuplicado mi trabajo de segundo año. Imagina lo grande que fue mi sorpresa al enterarme de que eso no era lo que tenía que presentar, cuando leí tu correo.
Me temo que tengo que dejarte, XXXXX [nombre de mi coordinador]. Te estoy escribiendo justo antes de empezar mi jornada y no me está dando tiempo ni a repasar este correo.
Saludos,"

Pasamos a la respuesta de mi coordinador, que ve el correo y me responde a los dos minutos de habérselo enviado. Quiero por favor que al leer hagáis hincapié en la forma de responder y tratar a una persona que se ha sometido voluntariamente al programa de doctorado y que, de no ser por la cual, este docente no habría recibido una subvención pues, si no hay alumnos, no hay curso. Y si no hay curso, el Ministerio no afloja un duro.
Si queréis, olvidaos del tema económico y echad un vistazo al tono al que se dirige, después de haberme dirigido yo a él. Tomad nota también, aparte del tono, de las frases que me dedica tras cada uno de los apartados que deja en negrita, por si no me había enterado de lo que quería decirme:




La verdad es que me he quedado bastante sorprendido al leer tu mensaje de ayer ya que el e-mail que os mandé el pasado 15 de febrero (como verás, con más de un mes de antelación sobre la fecha de celebración de la prueba del tribunal del DEA) es más o menos el mismo que siempre les he mandado a los alumnos con una serie de indicaciones sobre cómo redactar la memoria del programa de doctorado. Me da la impresión de que, al igual que ayer me dijiste que escribías tu mensaje con prisas, leíste mi e-mail deprisa y corriendo y has esperado tres semanas antes de preguntarme si os iba a enviar otro mensaje, por lo que no procede que ahora me digas que sólo tienes dos días para redactar la memoria. Aunque sigo de baja, miro el correo electrónico a diario y te hubiera respondido a cualquier pregunta puntual, como así me ha sucedido con una compañera tuya. A continuación te adjunto en negrita varios pasajes de mi e-mail del pasado 15 de febrero en los que os dejo bien claro lo que teníais que hacer antes de presentaros ante el tribunal junto con el correspondiente comentario al margen:
  
Cuando se acerque el momento de la defensa, os mandaré otro e-mail con recomendaciones sobre cómo hacer la exposición oral y en este mensaje me centraré en cómo preparar la memoria y el resumen de la misma para la exposición oral. [¿No queda acaso suficientemente claro que mi futuro mensaje se centrará en cómo debéis preparar vuestra intervención ante el tribunal?]
Con simultaneidad o posterioridad a la firma y cumplimentación del impreso de matrícula en la prueba del DEA, podéis empezar a trabajar en la redacción de la memoria. [A continuación indico a lo largo de varias líneas una serie de sugerencias y recomendaciones para comenzar a redactar la memoria, las mismas que les han servido a alumnos/as de convocatorias anteriores. ¿Qué más esperabas que os indicase en mi mensaje?]
Lo siguiente que debéis hacer tras redactar, imprimir y encuadernar la memoria es hacer un resumen de la misma para la exposición oral ante el tribunal. [¿No queda claro que debéis comenzar a preparar el resumen para la exposición oral una vez concluida la redacción de la memoria?]
Lo único que me falta es haceros una serie de recomendaciones sobre cómo debéis proceder a la hora de hacer vuestra exposición ante el tribunal y responder a las preguntas que se os formulen. Eso lo haré en otro mensaje en cuanto tenga los ejemplares de vuestras tres memorias. Si tenéis cualquier duda, me podéis mandar un correo electrónico. [Si esto y/o lo anterior no te ha quedado claro, ¿por qué has tenido que esperar hasta el día 9 de marzo--exactamente tres semanas después de que yo os enviase mi mensaje el pasado 15 de febrero--cuando el plazo límite de entrega de las memorias encuadernadas es el 11-12 de marzo?]
Si lees detenidamente estos pasajes y/o mi mensaje del día 15 de febrero, aquí tienes todas las indicaciones y sugerencias necesarias para haberte puesto a redactar la memoria al día siguiente de recibir mi e-mail. Por supuesto, me podrías haber hecho alguna pregunta puntual en cualquier momento, pero esperar tres semanas cuando no se tiene claro qué hay que hacer es excesivo, máxime cuando tienes que entregar la memoria en el transcurso de esta semana.
Le envío a XXXXX [mi tutor] copia del presente mensaje. Un saludo,




Ante esto, me quedo blanco como la pared y necesito un par de segundos para reaccionar. No sé qué me resulta más duro, si que me traten como si fuera un vago, cuando ya he explicado con pelos y señales el malentendido, que me respondan de una forma así, como si fuera subnormal, o el hecho de que pasa mi correo (sin preguntarme siquiera) a mi tutor, como si fuera asunto suyo la conversación que estoy sosteniendo con él. Me puedo equivocar, pero (y corregidme si me equivoco) pero a mí me suena a "Esto lo va a ver tu tutor, para que vea la clase de subnormal que eres".
Ni que decir tiene que en caso alguno pierdo la compostura; mantengo el respeto y le explico lo que voy a hacer a continuación, para que quede constancia de que no ha sido dejadez mía, sino que me he visto muy presionado en el otro trabajo que estoy llevando a cabo y que, como a cualquier humano, se me ha bailado una fecha.
Mi respuesta es tal que así:



Acabo de leer tu mensaje y te agradezco tus aclaraciones.

Dada la situación, redactaré la memoria inmediatamente, en cuanto llegue a casa. Teniendo en cuenta que conservo los trabajos del año pasado en mi disco duro y que tengo bastante claro lo que quiero exponer, no debería serme demasiado complicado rellenar los quince folios que se me pedían. Al mismo tiempo, si ese es el único protocolo a seguir, aparte del tipo de fuente y el tamaño, tal y como estoy releyendo en el correo que tengo justo aquí, (así como dedicar una primera mitad de la memoria a los trabajos de primer año y la otra mitad a la investigación de segundo), espero que no haya demasiados problemas en cuanto a organización. Si algo bueno tiene estar llevando dos proyectos de considerable envergadura al mismo tiempo, es que conservo los conceptos de organización y redacción bastante intactos.
Lamento que no haya habido mucho más tiempo para prepararlo, pero como puedes ver se ha debido a un malentendido. La verdad es que lo único que quiero es terminar ya la investigación en la que he invertido más de dos años de mi vida, así que haré lo que he estado haciendo desde que empecé con esto: trabajar y hacerlo lo mejor que pueda.
Si todo va bien, tendrás la memoria mañana en tu casillero a primera hora.
Saludos,

Aquí es cuando me voy a mi casa, en medio de un ataque de ansiedad (la coordinadora del curso donde estaba haciendo el proyecto de empresa me dijo que me largase cuando le conté el tema, sin asomo alguno de reproche) y me pongo a preparar la memoria. Sé que esto a esta persona le importa una mierda, pero ese día ni comí; probablemente me dio una subida de tensión de las gordas (a veces mi tensión me pega pepinazos de lo más apañados cuando me llevo un sofocón así) pero, pese a todo, me puse a currar y no me levanté ni comí hasta que hube terminado. Probablemente a esa persona no le importa lo que hice, porque lo único que le interesaba era que sacrificase mi vida personal para ser tan "perfecto" como ella, pero tengo que decir que, si hubiera sido tan dejado como ella decía, lo mismo me habría puesto después de comer y no habría entregado el escrito a la hora que le había señalado.
Y sin embargo, lo hice. Y, nada más llegar a mi casa, se lo comunico:



Tal y como te prometí, he entregado la memoria en tu casillero a primera hora de esta mañana. He hecho cinco copias. Cuatro están en el casillero y la quinta me la he quedado yo. Procedo estos días a redactar el resumen.

Un saludo,


La respuesta de esta persona, para mi sorpresa, es muy escueta. Viniendo de alguien que te escribía interminables correos electrónicos, divagando sobre diversas cuestiones (que por lo visto a mí sí me tenían que importar) de salud, estrictamente personales, o que me saturaba con parecidos razonables entre personajes de pinturas o con cualquier información, pertinente o no, resulta curioso que se limite a soltarme dos frases y ya está. Algo me dice que se lo ha tomado como un insulto personal, cuando en caso alguno yo he traspasado dicha barrera:



Estupendo, muchas gracias. Ya me encargaré de que les lleguen sus ejemplares a los otros miembros del tribunal.
Un saludo,

Tres días después, me llega este correo, para informarme de que el resto del tribunal tiene sus ejemplares. Me dice que además tengo que entregarle un ejemplar de mi trabajo. Remarca que ya me lo había dicho (cosa que es cierta), y supongo que tengo que agradecer que no vuelva a insinuar que soy imbécil ni nada parecido. Supongo que una mínima parte de su persona igual hasta se ha dado cuenta de que me estoy molestando por corregir mi error.

Ya tienen los otros miembros del tribunal sus ejemplares de tu memoria en sus casilleros. Sin embargo, no me has dejado un ejemplar de tu trabajo de investigación, tal y como os dije en mi primer mensaje. Debes dejármelo en el casillero en algún momento de esta semana antes del jueves por la mañana.
Un saludo,

Respondo tal que así:



No hay problema alguno; lo entregaré lo antes posible. Por mi parte, ya estoy ultimando los detalles de la memoria, de modo que todo debería quedar más que listo de aquí al Martes, a mucho tardar.

Un saludo,

Llegamos a la prueba, que defiendo ante la aprobación de la catedrática del tribunal y ante el miembro que no pertenece a mi licenciatura. Son justos y no se deshacen en elogios: me reconocen lo que he hecho bien y me comentan lo mejorable. No pierden la educación en ningún momento; por ejemplo, la catedrática, cuyos problemas de visión la convierten prácticamente en una mujer invidente, es muy educada y tiene el suficiente respeto hacia mi persona para dirigir su mirada hacia donde suena mi voz, aunque no pueda verme.
Mi coordinador, como ya comenté en los posts anteriores, no levanta la cabeza del papel. No me mira a la cara, se mantiene seco en todo momento, haciéndome preguntas que dan la impresión de que intentan ponerme en ridículo, recriminándome lo que no he hecho en el trabajo, sin plantearse que eso que echa en falta NO forma parte del objetivo de mi trabajo. Le recuerdo, con educación, que no ha sido decisión mía, además: los doctores que me han tutelado a lo largo de mi trabajo me desaconsejaron tomar esos caminos que él me reprocha no haber tomado.
Pese a mis respuestas, sigue sin mirarme a la cara. Se limita a hojear mi trabajo, con una expresión de repugnancia que os juro por lo más sagrado que no se me olvidará en la vida.
Pasan unos días y recibo este correo, que nos envía a todos:




En primer lugar, disculpadme si no os he enviado estas líneas hasta ahora, pero he estado muy cansado durante el fin de semana y lo sigo estando en el momento actual. En general, hicisteis bien la prueba ante el tribunal, si bien todos/as, a pesar de mis recomendaciones, disteis excesivos datos en vuestra presentación oral y deberíais haber sido más concisos puesto que muchos de los datos ya estaban puestos por escrito en vuestras memorias. Lo que no entiendo es por qué estabais allí todos a las cuatro de la tarde cuando cada uno/a de vosotros/as se limitó a realizar su intervención ante el tribunal sin presenciar las otras, como también os recomendé en su momento. En los próximos minutos os enviaré un mensaje individual a cada uno/a con la calificación que pusimos en el acta.
Un saludo cordial, XXXXXX.



Ya que tanto hablamos de eso de hacer las cosas bien, le podría recordar a mi coordinador de doctorado (pues yo también soy docente), que no está de más reconocer lo bueno que han hecho los alumnos cuando se dedican a una labor que requiere un cierto esfuerzo, tal y como es defender un trabajo ante un tribunal por primera vez. Eso, por si esta persona no lo recuerda, es de las primeras cosas que cualquier tutor medio decente te enseña en unas prácticas de docencia (lo que llamamos CAP), y forma parte de la ética de un docente a la hora de trabajar. Ojo, no consiste en dorar la píldora: consiste en no echar por tierra el trabajo de alguien que está aprendiendo. Porque puestos a dar lecciones sobre moralidad, insisto, yo también soy docente y hay cosas de las que me atrevo a hablar. Cosas que me atrevo a criticar sin ningún pudor. No seré un doctor super reconocido, ni una eminencia con no sé cuántos libros publicados, pero sí sé cómo tratar a mis alumnos con un mínimo de respeto.
Pasan unos cuantos días más y me llega mi nota:



La calificación que pusimos en tu acta es NOTABLE. Por cierto, tanto XXXX [la catedrática de mi carrera] como XXXXX [el profesor de la otra titulación] me dijeron que te comentase en privado que tu trabajo de investigación les pareció bastante corto, algo en lo que coincido plenamente con ellos. Su extensión era de 68 páginas, cuando la media recomendada está en torno a 100. Los trabajos de [mis compañeras de grupo de doctorado, las dos únicas supervivientes junto conmigo, que no habíamos abandonado el curso... por algo sería, digo yo] superaban esa extensión media y lo que hice durante sus intervenciones fue poner el tuyo debajo para que no se notase mucho. Si lo hubiese sabido en el momento de su entrega allá por septiembre, le habría dicho a XXXXX [mi tutor] que era muy corto y que no debería haberse calificado. Hace unos años se le devolvió el trabajo a otro/a alumno/a por el mismo motivo y que el tuyo tenga una calificación de sobresaliente siendo tan corto no me parece coherente, pero el tribunal no puede cuestionar las notas obtenidas en los cursos o en los trabajos de investigación y, por tanto, no hicimos mención a ello durante tu intervención. Cuando XXXXX [mi tutor] tenga otros alumnos para dirigirles los trabajos de investigación en futuras convocatorias, le comentaré de antemano que éstos deben ceñirse a la media estipulada.

Ante esto me quedo bastante desmoralizado: entiendo mi error con lo de la memoria, pero fue un malentendido. Que se lo hubiese tomado a título personal en el tribunal ya me pareció fuerte, pero lo que veo en este correo me deja muerto. Resulta que mi trabajo ha sido evaluado al peso. Me dice además que los otros dos profesores, que manifestaron la efusividad de mi defensa (uno de ellos me lo reconoció de forma bastante clara), de buenas a primeras cambiaban su opinión y se ponían de su parte. No contento con eso, tiene las narices de comparar mi trabajo con el de mis compañeras, cuando:
a) MI trabajo es MI trabajo. Hacer esas comparaciones dice mucho de su control sobre eso que es la pedagogía, y mucho más sobre eso de evaluar a la persona en relación a su trabajo y no en relación al trabajo de los demás.
b) Mis compañeras tenían trabajos diferentes, enfocados en áreas diferentes, y que exigían una extensión diferente. Yo, para empezar, no escribí sobre literatura, sino sobre traducción; y mi trabajo era un análisis comparativo, el cual no daba para poder extenderme o usar párrafos largos. Y si tan flojo le parecía, le invito a que lo lea, estando yo presente y mi tutor, que le recordaré, con él presente, que mi tutor me sugirió añadir dos traducciones más al trabajo para que así quedase más completo.
Me ha puesto la nota mínima y encima me viene con amenazas a posteriori, con frases del tipo "si de mí hubiera dependido, no habrías llegado a tribunal", ninguneando el trabajo de mi tutor (compañero suyo) y cuestionando su criterio.
Muy bien, caballero, muy bien. Luego, vuelva a hablarme sobre la ética a la hora de trabajar en el mundo universitario. Hágalo, por favor.
Pese a mi cabreo monumental, sigo sin perder la compostura. Me ha quedado claro que mi trabajo ha terminado ahí, por el momento, hasta que decida iniciar la tesis. Respondo:




Muchas gracias por la informacíón.

En cuanto a la extensión del trabajo, ahí no puedo pronunciarme mucho más de lo que ya me pronuncié durante mi defensa. Lo único que quería demostrar era que, pese a la corta extensión del trabajo escrito, había trabajado concienzudamente en analizar una obra por quintuplicado. Creo que al menos pude cumplir ese objetivo...
En fin, supongo que esto es todo. En los próximos días me pasaré por la Universidad para solicitar mi título y tal vez me acerque por el despacho de XXXXX [mi tutor] para despedirme.


Pasa un año, donde me dedico a otros menesteres y vuelvo a la universidad, algo más despejado y con la intención de hacer la tesis. Ya recordaréis lo sucedido en el segundo artículo al respecto. Me limitaré a recordaros que mi tutor y mi coordinador dan versiones muy diferentes del tema: si bien el primero se descojona al oír mi "versión" (me la pidió de forma expresa, pues "algo había oído por ahí") y pregunta dónde hay un documento que diga que los trabajos presentados ante el tribunal del Diploma de Estudios Avanzados deben tener un mínimo de extensión (dándome la razón), mi coordinador me dice, tres días después, que:
a) Cuando sucedió todo esto, habló con mi tutor y éste reconoció haberse equivocado conmigo y que, efectivamente, me había puesto demasiada nota y que yo no debía haber ido a tribunal.
b) Sí que existe una normativa "tajante" (cito textualmente estas palabras, que me dice en mi cara, pues ignora —espero— que yo había hablado con mi tutor unos días atrás) acerca del mínimo de páginas de un trabajo de tesina. Añade además que esa normativa exige que en una tesis el mínimo sean trescientas páginas y que mi trabajo, en ningún, debe basarse en el trabajo del DEA previo. Me pide que piense algunos temas; sugiero alguno sobre la marcha que me podía interesar, pero empieza a darme largas de todos colores.

Ante esto, que me huele muy mal (porque, cuando dos personas dicen algo tan diferente, una de las dos miente), hablo con amigos míos doctores en la universidad. En otras carreras, pero que al fin y al cabo, saben cómo funciona esto por dentro. Lo ven tan negro o más que yo, pues ellos ya están dentro de la universidad y son más conscientes de la cantidad de historias que pueden acontecer ahí. Hablo con una compañera mía del doctorado, de mi carrera, pero de otro grupo. Me dice, de forma clara, que a ella jamás le han dicho nada de lo que me han dicho a mí. Ella está preparando la tesis.
Sin más, y esto, querido coordinador, lo mismo nunca lo supiste, me voy para su inmediata superiora, con la que (creo que tampoco supiste nunca esto) siempre he tenido buenas relaciones y le escribo contándole mi caso:




Me dirijo a ti, después de casi dos años tras haber hecho el DEA, con la intención de consultarte un par de asuntos que me han ido surgiendo en las últimas semanas, cuando he "regresado" a la Universidad con la idea de concluir mis estudios de Tercer Ciclo y empezar a trabajar en mi tesis doctoral.

Te pongo en situación comentándote que, a lo largo de este tiempo, he estado escribiendo a un par de los doctores con los que estuve trabajando en el DEA. El primero se enteró (por fin) de toda la historia que tuve con mi antiguo coordinador y el problema que te comenté con el supuesto mínimo de páginas que requerían en el trabajo de la suficiencia investigadora. Le indiqué, tal y como él me pidió, que mi coordinador me había escrito en un correo posterior a mi presentación ante el tribunal que la nota que había recibido había sido exagerada, que no merecía un sobresaliente por no llegar a las cien páginas, etcétera. Mi antiguo tutor no pudo evitar reírse y exclamó (cito textualmente) "¿Pero dónde está estipulado que haya un número de páginas en los trabajos de DEA?". No estoy seguro, pero creo que la última vez que tú y yo hablamos del asunto, me dijiste que había tesis doctorales en Estados Unidos de cuarenta folios. Si me equivoco, corrígeme.

Supongo que esto te parecerá irrelevante, pero te comento que este mismo tutor no podía llevar mi tesis doctoral (o al menos, no él sólo) por no ser un doctor en Filología Inglesa. Lo mismo me comentó un segundo tutor, que provenía de Historia. Teniendo en cuenta que mi DEA en principio estaba bastante orientado a la rama medieval y renacentista, me remitieron al coordinador, con el que estuve hablando hará cosa de un par de semanas. Éste me estuvo informando un poco por encima acerca de cómo funcionan las tesis; me indicó que no hay problemas en hacer trabajos codirigidos, en caso de que yo quisiera mantener a alguno de los otros tutores, y que era yo quien debía elegir el tema de la tesis. Hasta aquí todo me pareció bastante lógico... hasta que se hizo referencia, nuevamente, a mi trabajo del DEA. Aquí el coordinador me dijo que estuvo hablando con mi tutor de segundo año de DEA y que éste había reconocido que se había equivocado al ponerme una nota tan alta.
Comentó asímismo que la normativa que regula los trabajos de DEA y Doctorado es bastante estricta y que mi tesis debería llegar a unas trescientas páginas, mínimo. Ya que yo no tenía ni idea del asunto, me callé y acepté lo que me dijo, aunque no sin darle vueltas al hecho de que se contraponía totalmente a lo que había oído por parte de mi antiguo tutor.

El caso es que, cuando volví a casa, decidí buscar la normativa para saber qué más requisitos debía cumplir a la hora de presentar una tesis; ya me entiendes, para evitar cualquier sorpresa como la que me encontré en el DEA. Estuve indagando un poco y la única referencia que encontré fue al Real Decreto 778/1998, en el que no encontré absolutamente nada al respecto, lo que imagino explica que esté bastante confuso en estos momentos. Es decir, por mi parte no hay problema alguno en ponerme a trabajar y presentar una tesis de quinientas páginas, si es preciso... pero el problema está en que he oído versiones contrapuestas a este asunto y no tengo ni la menor idea de lo que pensar ni lo que hacer. No sé exactamente qué requisitos tengo que cumplir exactamente y la verdad es que me gustaría, por lo menos, saber con una cierta seguridad a lo que atenerme en el momento en que me ponga a trabajar, pero lo que no me gustaría en ningún caso sería que me pasase como me pasó en el DEA, donde sentí que dos años de trabajo parecían desperdiciados porque no había seguido esas pautas. Sinceramente, tuve la impresión de que mi trabajo, además de haber supuesto una pérdida de tiempo que podía haber dedicado a otra cosa, no había valido la pena porque no era lo bastante extenso. Lo último que querría sería que mi tesis, que entiendo que implica mucho más trabajo y dedicación (y más años) acabase igual, bien por ese motivo, bien por algún otro que desconozca.

En fin, éstas son un poco las cuestiones que quería tratar contigo. Como habrás podido deducir, ando bastante perdido. El asunto que he escuchado, que ahora los doctorandos de plan antiguo tenemos un poco la presión de tener la tesis concluida en un período máximo de cinco años, además añade presión a todo esto. Espero que puedas arrojar un poco de luz a este asunto porque, sinceramente, no sé ya qué hacer.

En cualquier caso, si necesitas que hablemos de este tema personalmente, tal vez prefieras que me pase por tu despacho en un horario de tutoría y lo comentamos con más detenimiento y tranquilidad. Quedo en manos de tu respuesta, pues.

Mi antigua profesora me responde, en un tono mucho más cercano que lo que me he venido encontrando hasta la fecha, y me arroja algunos datos que me confirman lo que ya me había estado oliendo:




Me alegra tener noticias tuyas después de tanto tiempo.. y me alegro de que te hayas decidido a retomar el doctorado. Disculpame primero porque aunque recuerdo que tuviste problemas con el DEA, los detalles específicos se me han borrado de la cabeza -no sé si es la edad o que han pasado tantas cosas desde entonces que he tenido que vaciar mi cerebro porque no me cabe todo..
Voy a intentar responder a lo que me preguntas, aunque sería más fácil si nos vemos y charlamos tranquilamente tomando un café cualquier mañana que podamos los dos.
Hasta donde yo sé, los límites en cuanto a numero de palabras, hojas, o lo que sea de los trabajos de investigación (DEAS, Tesinas, Tesis, Trabajos de FIn de Máster, etc.) no están establecidos por medio de una normativa legal. Ni siquiera en el nuevo Real Decreto de Doctorado, que se publicó hace poco. Otra cosa es el "derecho consuetudinario", tan típico de la universidad (lo que se "suele" hacer, lo que se "espera" que hagas) o los límites o indicaciones que los coordinadores de cada programan quieran hacer. 
En el caso específico de los DEAs no te lo puedo decir, porque yo no he coordinado un programa de doctorado de los anteriores, pero en el Programa Oficial de Posgrado que coordino con XXXXXX y con XXXXXX [otros dos ex-profesores míos], hemos establecido unos límites indicativos para los Trabajos Fin de Master, y siempre les recalcamos a los alumnos que son aproximados (ni deben rellenar hojas sin sentido ni quitar dos hojas porque les sobren, faltaría más). Los alumnos están informados sobre esto desde el principio de curso (por escrito y oralmente) y los directores de los trabajos también. 
Si realmente había un límite mínimo o máximo en la extensión del DEA en el caso de tu programa de doctorado, supongo que tutores y alumnos estaríais informados de ello. Si no fue así, no tiene mucho sentido que te lo recriminen, pero eso ya no tiene remedio.
En fin. En cuanto a la tesis: tercer ciclo te podrá informar de los pasos exactos a seguir en tu caso, que ya tienes el DEA, pero es cierto que para inscribir tu proyecto de tesis tendrías que contar con un tutor del departamento. Y sobre la extensión máxima de una tesis, no hay límites ni hacia arriba ni hacia abajo. Puedes consultar si quieres el nuevo real decreto de doctorado (te lo adjunto para que lo leas, porque aunque tu programa de doctorado no se rige por ese RD, sí que lo hará la normativa para la lectura de tu tesis..). Como te digo, otra cosa diferente es lo que se "espera" que entregues al depositar la tesis: en términos generales, un trabajo de investigación original y serio y el límite de páginas es más una cuestión de tradición en el área de estudio que de medirlas al peso (en lingüística, afortunadamente, cada día son más cortas). 
Espero haberte sido de ayuda. Aquí me tienes para lo que necesites en cuanto al papeleo de inscripción de la tesis y lo que sí que te recomiendo es que el director de tesis (o co-director en tu caso si ya tienes alguien de fuera) que elijas del departamento sea alguien con quien tengas buena sintonía personal y académica. El camino de una tesis es laaargo y se necesita apoyo firme y muchos ánimos.
Un abrazo, welcome back!
Este es, básicamente, el último mail que recibí al respecto. Creo recordar que nos llegamos a reunir y hablamos del tema, pero sin llegar a ninguna solución: es decir, los coordinadores de doctorado tienen plena autonomía acerca de lo que hacen en sus cursos y un superior que no está trabajando en ellos no puede decirles "Eh, no mientas a los estudiantes" ni cosas por el estilo. Lo único que puedo decir de esto es que, bueno... me hubiera gustado hacer la tesis en su momento, pero la actitud en general con la que fui tratado me desanimó a hacerla por completo, incluso haciéndome desistir de la idea de irme a otra ciudad a hacerla (más que nada porque no sabía lo que me podía encontrar, y meterme en un berenjenal, preparándome para trabajar en una universidad en la que no sabía con quién podía contar, y con la posibilidad de que las mismas habas se estuvieran cociendo). Pasaron los años y, cada vez que me he encontrado a algún excompañero del doctorado y le he contado el tema, se han echado las manos a la cabeza, al ver las mentiras que me soltaron: ellos sí lograron doctorarse, y desde luego, no con las condiciones que me plantearon a mí de entrada.
Siguen pasando los años y te das cuenta de que, la gentuza que miente, que ningunea a los que tiene abajo, que se permite el lujo de tratar a los demás con la punta del pie, que es condescendiente y que habla mal a las espaldas (compañeros míos de otros cursos me llegaron a contar cómo nuestro coordinador de doctorado nos ponía verdes en las clases de tercero y cuarto, como si a ellos les importase lo que hacíamos) promociona. Son vistos como eminencias y se permiten el lujo de ir por la vida mirando por encima del hombro a los demás, dándoles lecciones de madurez y de ética. Y los demás, por lo visto, tenemos que agachar la cabeza porque son ellos.
Pues conmigo que no cuenten.
Pues bien, querido coordinador, si me estás leyendo, quiero que sepas que no. Que no eres superior a nadie. No eres mejor persona porque hayas leído o escrito tantos libros. No me impresionan tus títulos, tus discursos sobre el honor, que tantas veces he tenido que escuchar salir de tu boca. No me intimida que conozcas a tal o a cual, que ostentes tal título o que te hayan puesto no sé qué medalla, mención o diploma. No me importan los cursos que hayas impartido, ni tus méritos. No me importa quién seas, o quién te creas que seas. Parafraseando al Bardo, al que a mí también me gusta (lo siento, tampoco tienes la exclusividad en eso), tengo que decir que el mal que los hombres hacen prevalece, mientras que el bien queda enterrado con sus huesos.
Para mí no eres más que otra persona que ha antepuesto sus filias y fobias personales a su labor, que me ha mentido y ha hablado de mí con desprecio a mis espaldas. No eres más que otro de aquellos que han perdido la fe, y que ha manchado el honor (sí, ese del que tanto hablas) que supone ser un profesor.
Disfruta tus títulos porque, viendo cómo tratas a los demás, son lo único que te van a quedar en esta vida.
P.D: Si de verdad estás leyendo esto, te invito a que cualquier día me escribas para que te pueda decir lo mismo a la cara, que te lo recitaré con gusto, y hasta en verso isabelino, si quieres. Es mucho más honorable que hacer lo que has hecho siempre, que es coger e irte para tus alumnos y ponerme a mí o a quien sea como un trapo, sin dejar que nos defendamos.