sábado, 29 de agosto de 2015

Tebeos en Vena- ECC comics, segunda parte: Atraco a mano armada



Como ya recordarán los Distópicos más fieles, no hace mucho este blog escribió un artículo que denunciaba la política de publicación que ECC Ediciones lleva ejerciendo desde hace ya una buena temporada. Hablamos de una editorial que puede que tenga unas poderosísimas razones para trabajar como trabaja (eso nadie lo pone en duda) y muy probablemente sepan lo que hacen (o eso esperamos). Es incluso posible que tras su política de publicaciones aleatorias, cancelaciones sin previo aviso y resurrecciones misteriosas haya unas bellísimas intenciones, nadie dice que no aquí... Pero lo cierto es que, de cara a la galería (y muy especialmente, de cara al cliente) la impresión general es de improvisación, chapuza y, sobre todo, cachondeo.
Si bien en el post anterior ya nos centramos en esa aparente anarquía a la hora de editar y publicar, en este nos vamos a centrar un poco más en algo que es tan flagrante y descarado como lo ya mencionado. Sí, amigos Distópicos: vamos a hablar del precio de ECC.

Antes de que nadie se nos eche las manos a la cabeza, vamos a intentar ser razonables a este respecto: sabemos que los cómics, a dia de hoy, en general son caros. Que la tapa dura encarece el precio y que bueno, hay colecciones que es normal que sean un poco más caras porque no tienen tirón de ventas y hay que amortizar los gastos de edición. Somos conscientes de ello. También somos conscientes de que el mercado está sujeto a alzas y caídas, de forma que es razonable que los precios suban de vez en cuando. Por supuesto. Sin embargo, vamos a hacer un pequeño análisis de casos que, una vez habida cuenta de estas cosas, no tienen por dónde cogerlos, puesto que las diferencias de precio entre la edición actual de ECC y la anterior son ABISMALES, sin que haya pasado tanto tiempo y sin que encontremos una explicación razonable a este respecto. Dicho esto, vamos allá.



Según ECC nos demuestra con su política de edición, The Unwritten es el primo tonto de Vertigo.

The Unwritten: Esta colección no ha tenido problemas con el precio todavía, pero sí me ha parecido pertinente comentarla aquí, porque ECC la tuvo por completo olvidada durante dos años (el tomo 7, último publicado hasta la fecha, tuvo fecha de salida de Junio de 2013) para, sin previo aviso, volver a retomarla. Todo un detalle para aquellos que considerábamos que ECC había decidido, de forma totalmente unilateral, dejar de editar en castellano una serie que se sigue publicando en Estados Unidos. Que sí, que es posible que ECC no esté improvisando en sus políticas de edición, pero el hecho de que hace tan solo unos meses se publicó el cruce entre esta colección y Fábulas, nos hace pensar que los editores se habían olvidado por completo de ella (y de sus lectores, de los que parece que dijeron "Pues que se jodan y se compren otra cosa") hasta que les ha dado por enterarse de que, efectivamente, había motivos para seguir vendiéndola.



"¡A la mierda el precio putoriginal!"

Lobo: Esta colección fue reeditada por Planeta allá por el año 2007, en tomos tamaño bolsillo que costaban 8.95 euros. En cada tomo, de unas 200 páginas se podían encontrar unas dos miniseries, o bien unos ocho números. ECC, que ahora parece haberse subido al carro de las reediciones (casi cinco años han pasado desde que obtuvieran la licencia para editar DC/Vertigo en España, se ve que se lo toman con calma), opta por sacar de nuevo este material a darse un garbeo por el mercado. El formato: tomos de 200 páginas, en tapa dura, que recopilan más o menos el mismo material que la edición anterior, a un precio medio de 20 euros (el más barato, de 160 páginas, cuesta 16.95 y el más caro, que cuenta con 232, 22.95). Es decir, que se considera que el único motivo por el que se debe cobrar EL DOBLE por la reedición de un material publicado hace siete años es que tiene un tamaño algo mayor y que está en tapa dura. La cosa es que bueno, se podría llegar a entender si hablasemos de una novela gráfica o de una colección que no tuviese demasiados números. Lobo, en su edición de Planeta, constaba de unos catorce volúmenes. Eso implicaría la diferencia entre gastarse unos 150 euros por la edición original o gastarse 300 por la nueva, que básicamente trae el mismo material.



"La fuerza está en los números". Se ve que aquí se han tomado muy en serio la traducción literal de "La unión hace la fuerza"...


JLA de Gran Morrison: Otro de los fenómenos de aumento de precio descarado que hacen pensar en una cara más dura que el hormigón (insistimos, probablemente no será esta la razón, pero al cliente es la impresión que le están dando mes a mes). El Omnibus que recopilaba la etapa de Grant Morrison en la Liga de la Justicia es probablemente uno de los trabajos más completos que realizara Planeta a la hora de reeditar material, junto con el Flash de Geoff Johns y alguna colección similar. Hablamos de unos tochazos en tapa dura que costaban sesenta euros, pero que albergaban un volumen de material superior a 1100 páginas (1120, para ser exactos): es decir, que por sesenta pavos te estabas pillando unas ocho miniseries enteras y publicadas a lo largo de varios años. ECC decide no ser menos y relanza esta etapa de la JLA, que ciertamente sí goza de bastante prestigio entre los lectores. Optan por una edición más o menos manejable, en tomos de unas 300 páginas en tapa dura, que albergan una media de unos 15 números cada uno. El precio: entre 25 y 30 euros. Contando con el hecho de que el material de publicación debería dar como para cuatro tomos, no nos salen las cuentas: pongamos que, salvando el primer tomo (de momento hay dos volúmenes publiados) cuestan 25 euros. Si tenemos cuatro volúmenes, no es difícil calcular que la colección total debería rondar unos 100 pavos o más (solo los dos primeros tomos ya cuestan casi lo mismo que el primer Omnibus). Comparémoslo con la edición Omnibus, que se quedó en 60.



Lorna: Si quieres leer cómics con tetas al aire, págalos.


Lorna: Con Lorna nos la metieron doblada pero bien. Pese a no ser íntegramente ECC (la reedición corre a cuenta del sello Spaceman Books, dependiente del grupo ECC), encontramos que la política de aumentar los precios al doble de su coste original se mantiene. Lorna en su día empezó a ser publicada por Planeta, que nos brindó dos historias autoconclusivas (El Cementerio de Marfil Rojo y Rescate), así como un primer volumen de una edición integral en tamaño súper y en tapa dura. Debido a ciertas aparentes diferencias entre la editorial y Azpiri, la continuación de esta edición integral quedó en suspenso durante varios años (fue lanzada originalmente en 2009). Los lectores ya contábamos con que no veríamos publicado el resto del material, así que la veíamos como otra serie inconclusa más (hablamos de ECC, pero Planeta también se las trae). Sin embargo, Spaceman/ECC se lanza a eso de las reediciones y decide pillar los derechos de Lorna, y nos ofrece a bombo y platillo la segunda parte de la edición integral. El cachondeo se produce cuando nos dicen, y cito textualmente: "se enorgullece de empezar la publicación de la obra integral de este personaje, con material nunca recopilado en álbum y con una edición digna de su autor. Como anotación sobre la edición, para aquellos que ya adquirieron el integral 1, hemos respetado las mismas medidas de impresión con el fin de igualar la colección." Ante esto podemos decir que genial, que qué bien lo han hecho los chicos de ECC, que se han portado fenomenal con el lector, ya que han decidido rescatar una colección que tenía todas las trazas de quedarse olvidada y que encima van a tener el detalle de respetar la edición anterior. Y sí, lo han respetado todo MENOS EL PRECIO: donde antes encontrabas un tomo de 14 euros, en tamaño álbum, en tapa dura y que albergaba unas tres o cuatro historias originales, ahora encuentras una continuación con el mismo tamaño, volumen y en tapa dura... que cuesta 28 euros. Justo el doble.



Cobrar el doble: Brillante, brillante...


El Día Más Brillante: Pero bueno, si queremos, no vamos a comparar a los chicos de ECC con Planeta, que igual la comparación escuece. Vamos a compararlos consigo mismos. Es lo que sucede con el tomo del evento DC El Día Más Brillante, que es uno de los casos más flagrantes de jeta a la hora de inflar precios. La comparación con la propia ECC surge si echamos un vistazo atrás y vemos cómo se editó la saga anterior, que fue La Noche Más Oscura. Este volumen, publicado de forma íntegra en formato Omnibus, constaba de 528 páginas y tenía un precio de 32 euros. Hasta la fecha había sido publicado (si mis informaciones no fallan) solamente en grapa, de forma que podría hablarse de la primera recopilación en castellano de la saga. El Día Más Brillante es, por tanto una edición íntegramente suya, y ECC ya nos la jugó en su momento cuando se limitó a publicar los números de Green Lantern que correspondían a esta serie. Casi un año después, deciden publicar la saga, pero de una forma que a los que teníamos intención de comprarla nos deja pasmados: dividen la edición en dos partes, cada tomo de unas 336 páginas, pero ojo: cobrando 30 euros por cada uno (o, al menos, es lo que han cobrado por el primero, que es el que a día de hoy está publicado). Dicho de otro modo, que si La Noche Más Oscura y otras sagas como Crisis Final o incluso la clásica Crisis en Tierras Infinitas cuestan entre 30 y 32 Euros, esta saga, del estilo en tamaño y mucho menos clásica al ser más reciente, va a costar alrededor de sesenta. Nuevamente, sin explicación.

Y podemos seguir: tomos de Batman, como el de O'Neil y Adams, de apenas 272 páginas, a 27 euros (la edición del Superman de Byrne, que en su momento ya nos parecía cara, era muy similar en tamaño y costaba ya 22). La JSA, nuevamente desaparecida de las librerías (último tomo, publicado en Abril de 2015) tras haber estado casi dos años sin editarse. Reediciones de Hellblazer, empezando por lo que se reeditó de forma más reciente (las etapas de Garth Ennis, Warren Ellis y Brian Azzarello), dejando de nuevo inéditas etapas que no pueblan las estanterías desde las ediciones de Norma, hace más de diez años. Más desplantes. Más subidas de precio abusivas. Más material reeditado casi con las mismas características de la edición anterior, o con cambios que siguen sin justificar una subida tan brutal de precios.
Y ninguna explicación clara.


Ya solo nos queda esperar a ver cuál va a ser la próxima tropelía. Así está el patio.


Con todo esto, queremos decir que igual ECC sí piensa lo que hace. Igual en otros campos, como el cómic europeo, sí está llevando a cabo una política honesta y decente de publicación. Sin embargo, con el tema del cómic americano (y muy especialmente en lo referente a la línea DC/Vertigo), la sensación que esta editorial está produciendo es la de improvisación, abuso e incluso cachondeo. No solo ya en lo tocante a una forma de publicar anárquica y sujeta a cambios que parecen caprichos, sino también a la hora de cobrar por un material que, ni tiene tanto tiempo, que ni es tan clásico la mayoría de las ocasiones y que, como se puede demostrar, está muy inflado con respecto a ediciones anteriores a las que superan en calidad (en el mejor de los casos) solo un poco. Lo peor de todo esto, además, es la falta de transparencia a la que ya hice referencia en el artículo anterior, donde tenemos una página que informa al público solo lo justo de sus políticas a seguir y que parece limitarse a dar información acerca de futuras publicaciones solo cuando se les pregunta, y en un sitio tan poco visible como es un foro de preguntas.


"Tras doce horas leyendo el foro de preguntas, me he enterado de que tienen intención de reeditar el Aquaman de Neal Pozner... en tomos de 100 páginas a 27 euros cada uno. ¡Yujus!"


Así que, señores de ECC: si de aquí a un tiempo empiezan a ver que sus ventas decaen, no es porque los lectores ya no tengan interés en el material que venden. A estas alturas, si no ha pasado todavía, se deberían haber dado cuenta de que la culpa no es solo del NUDC, que no interesa al público tanto como se esperaba: también es el hecho de que el lector medianamente experimientado, a diferencia de lo que parecen pensar en base a su actitud, no es idiota. El lector que lleva coleccionando cómics cinco, diez, o incluso quince años, sabe que estos precios están inflados de una forma brutal e (a menos que demuestren lo contrario, cosa que no han hecho), injustificada. En lugar de ofrecer un material de reedición asequible, que resulte razonable y competitivo, están optando por el abuso y la política de "El lector pagará lo que haga falta por conseguir esto", que no es más que una invitación al boicot y aumenta el deseo de que, de una vez por todas, pierdan los derechos para publicar DC en nuestro país y cedan la licencia a alguien que sí tenga un poco más de respeto por los lectores.
O bien, pueden optar por la política de siempre, que es decir que el lector no sabe nada, seguir inflando precios, seguir cachondeándose de la gente editando de forma arbitraria y, si las ventas van mal, la culpa es de los demás.

jueves, 27 de agosto de 2015

Escupiendo Rabia- Derecho a informar, o Espectáculo, querido espectáculo




Hará cosa de unos seis o siete años, conocí en un curso a una amiga que, casualidades de la vida, había estudiado Comunicación Audiovisual. Para más señas, esta chica estuvo viendo los entresijos del mundo de la tele por dentro gracias a una beca que la envió a trabajar como becaria en una de las cadenas de televisión más importantes del país. Allí, según me contó, pudo comprobar con sus propios ojos como las premisas que le habían enseñado en su carrera sobre los medios de comunicación eran mucho más ciertas de lo que cualquiera estaría dispuesto a soportar.

—Cualquier cosa que veas en televisión —me explicó ella, hablándome sobre el tema —es básicamente mentira. Y si no es mentira, está lo bastante manipulado para conseguir lo que se busca en el mundo de la comunicación.
—¿Y qué es? —pregunté yo, desde mi total ignorancia acerca del tema.
—Espectáculo. Simple y puro espectáculo.

Fue una respuesta tan dura como clara. Mi amiga me explicó que la televisión, así como la mayor parte de medios, busca tener entretenida a la gente, proporcionando una especie de "soma mental" a las masas. A modo de cultura pop, se ofrece una noticia de forma exprés, que perdura equis tiempo para luego desaparecer en el olvido y pasar a otra cosa más de moda. Ved cualquier noticia y comprobadlo, en lugar de aceptar lo que acabo de plantaros aquí. En cualquier telediario, nos damos cuenta de que el titular que lo abre no es precisamente el más importante de cara a la posteridad, sino el más sangriento. Los medios, si bien no admiten inventarse abiertamente la información, añaden datos de su propia cosecha, a menudo sin contrastar; emiten juicios paralelos o azuzan a las masas para que estén sedientas de culpables. El objetivo, casi siempre, es ofrecer noticias, pero de la forma más sensacionalista y espectacular posible. El extremo al que se llega a veces es tan grande que uno no sabe si se está denunciando una tragedia o se le está dando el bombo necesario para que otros la imiten.
Es un poco lo que ha sucedido con el caso del señor que  ha tiroteado a una reportera en directo. Este tipo, no contento con haberse cargado a alguien delante de todo quisqui, se vanagloria de ello y procura que el asunto se haga eco en redes sociales... porque para él es algo así como una hazaña. En épocas donde ahora los miembros de los colectivos tradicionalmente discriminados (el asesino era negro y homosexual) parecen sentirse con pleno derecho a odiar a todos los que no son como ellos, era cuestión de tiempo que uno particularmente chalado empuñase un arma y la liase parda con la intención de reivindicar una causa. Y al parecer, al mundo le ha tenido que parecer bien semejante imbecilidad. Me sorprende (y me agrada sorprenderme) que todavía no haya salido ningún subnormal diciendo que lo entiende, porque al tipo no le habían escuchado con lo que tenía que decir.


Porque habría sido pa tirarlo a un foso de una patada en los cojones.


Lo enfermizo no es solo que semejante desgraciado se crea con derecho para emprenderla a tiros contra una reportera de la cadena para la que él estuvo trabajando y donde asegura haber sufrido discriminación (lo mismo es que el imbécil este no sabe ni lo que es emitir una denuncia y le parece mucho más práctico hacer justicia a tiros). Lo verdaderamente jodido sucede del asesinato para arriba: en el momento en que eso se sube a una red social... y se vuelve viral. Que a ver, el tío puede subir eso o puede subir un vídeo de cuando era pequeño y jugaba con un patito de goma, pero para que se convierta en viral debe haber un número ingente de enfermos mentales que lo miran y lo comparten, como el que comparte vídeos de gatitos.
Mucho más interesante es escuchar justificarse a los medios, como he oído hace apenas un rato: por un lado, vemos que emiten el vídeo del tiroteo sin censura alguna, a una hora en que cualquiera puede verlo y con repeticiones dignas de partido de la Champions. "Por el derecho a informar", nos dicen, y nos tenemos que tragar semejante mierda. Como si no supiéramos que, si disparas a alguien a bocajarro, probablemente te lo cargues, sin necesidad de que te pongan cómo dejan a una criatura como un colador en primer plano. La hipocresía es aún mayor cuando ellos mismos plantean el dilema moral y lo resuelven de forma automática, diciendo que es duro pero que "hay que enseñarlo", porque "hay que mostrar al mundo lo que pasa". Y como eso es un mantra incontestable, no hay cortapisas morales que valgan. Está todo justificado y la prensa tiene total carta blanca para mostrarte un asesinato en directo como el que te está mostrando el besugo al horno de Karlos Arguiñano.


Lo mismo te plantan esto que un tío con las tripas sangrando por un tiro y oye, todo es genial.
El chiste es que si ese mismo tío resulta salir en una película o en una serie, se pone el grito en el cielo. Para no escandalizarnos, tiene que palmar en la vida real.
Y esto por lo visto no es absurdo.


Más risa por no llorar da cuando llega el periodista de turno diciendo que bueno, que lo enseñan porque total, el vídeo ya es viral en Internet. Como si eso fuera una especie de competición o como si por el hecho de que cualquier desalmado que suba un asesinato diese derecho a la prensa a hacer lo mismo (y ninguna responsabilidad), y suerte tenemos de que ellos mismos no hagan sus propios memes para cachondearse, porque también suelen ser virales. Lo adornen como lo adornen, para mí esto es la típica excusa de los críos del patio diciendo "Pues si Anita va a la calle sin bragas yo también" y que, si lo pensamos, nunca funcionó. Si esto es por informar, insisto: a mí que me expliquen por qué las repeticiones en cámara lenta como si fueran un gol del puto CR-7. Por qué mostrar este tipo de cosas con un tono que rezuma la clásica frase de "Tíos, tíos, ¿habéis visto esto? ¿Es o no para flipar?"


"Por el derecho a informar os vamos a mostrar una violación en riguroso directo".


Siempre he abogado por un código ético para periodistas, y creo que empieza a hacer falta más que nunca. Antes de que los demagogos y los tontos del culo empecéis a decir que eso es una imposición de censura, quiero que os planteéis en qué profesión medianamente seria se permite a nadie mentir, manipular o sentar juicios de valor sin un contraste de datos o sin tener idea siquiera de lo que se está hablando. En este mundo moderno, bajo el amparo de la "libertad de la información" se está llegando al punto en que aquellos que se llaman a sí mismos profesionales convierten la vida humana en un espectáculo que mostrar cuando hay una tragedia. Esos que se dan golpes de pecho son los primeros en acusar a civiles de crímenes antes que la propia justicia, azuzando de paso a la opinión pública para que se erija en un tribunal popular. Cada semana hay un delincuente al que envían a la picota, culpable o no. Cada ciertos meses, una plaga que nos matará a todos. De vez en cuando, una tragedia de proporciones más o menos intensas con la que hacer caja. Nos hablan del "lado humano", sí, pero al final lo único que vemos es sensacionalismo. Amarillismo. Basura lacrimógena que, lejos de dar información fehaciente, nos planta en los hocicos lo más desagradable o lo más enternecedor, pero sin mostrar apenas lo que ha sucedido realmente.


Si alguien, a mi juicio, mostró con total claridad la actitud de prensa y público hacia la violencia real, ese fue Amenábar con su genial Tesis. Prestad especial atención a los dos últimos minutos de película y entenderéis a lo que me refiero.


Cuando veo que la prensa vende su libertad de expresión al mejor postor y es capaz de mentir descaradamente en favor de intereses económicos, ideológicos o políticos, es cuando ya empiezo a darme cuenta de la cantidad de basura que hay suelta que se hace llamar a sí misma periodista. Cuando encontramos gentuza tan miserable que usa su carnet de prensa para difamar o calumniar a aquellos que no son de su ideología es cuando nos damos cuenta de que ejercen su derecho a la libertad de expresión y a la libertad de prensa de una forma pobre y chapucera. Zurren en mierda los ideales que se supone que defienden y se convierten en la escoria más grande que ha parido madre. Que nos creemos que es ahora, pero esto quizá ha sido así desde siempre, con la cosa de que se vuelve más descarado con cada año que pasa: desde los primeros reality shows de los años noventa, donde nos mostraban una crónica negra tan negra que nos daba miedo salir a la calle hasta para comprar el pan hasta los opinólogos de nuestros días. Todos y cada uno de ellos contribuyen a distorsionar la imagen del mundo en que vivimos, generando miedo, odio y tensiones. Miedo a que el mundo sea realmente ese pozo de asesinos, violadores y criminales extranjeros que te apalean por la calle sin mediar palabra, o miedo a que llegue la puta plaga definitiva que nos barra a todos del mapa de una vez; odio a tal o cual colectivo, a tal o cual ideología política, a tal o cual raza, que solo parece generar delincuentes. Tensiones por todas partes, donde el personal ve enemigos en todas partes, haciendo que un buen día acaben con ganas de propinarle una paliza a la chica que milita en un partido politico que no nos gusta. Porque estamos tan encabronados que parece ser que tenemos carta blanca para administrar justicia popular. Porque la prensa se ha pasado años azuzándonos unos contra otros, haciéndose eco de los propios partidos políticos, que en eso de tener cabreada a la gente también son bastante putos amos.


"En el pleno de hoy, nos dedicaremos a putearnos los unos a los otros, mientras nuestros amigos nos aplauden y el pueblo se posiciona entre sociatas y peperos. Que empiece el espectáculo".


Vivimos en una época en la que tergiversar las cosas se está convirtiendo en una actividad no solo normalizada, sino que parece que hay que respetarla "porque cada uno tiene su visión de las cosas", aunque eso implique mentir a conciencia, hablar sin datos e inventarse lo que no pueden explicar. Una enfermiza, como digo, cultura pop, donde lo que preocupa a la sociedad es solo lo que se pone de moda, dando escasa o nula importancia a cualquier otra cosa que no parece "molar" tanto. Planteo el ejemplo de siempre: se han pasado años denunciando la violencia de género (cosa que me parece bien), pero no ha sido hasta hace más bien poco donde se ha denunciado con el mismo hincapié los abusos sobre menores (a menos que haya sido una cosa más bien sonada). Partiendo desde esta base, ¿podemos decir que a la prensa realmente le importa una u otra causa? Llamadme cínico, pero me inclino a pensar que las dos les importan un carajo. Tal y como yo lo veo, esa "necesidad de informar" a la que aluden no es más que una pantomima. Un juego deshumanizado en el que hoy denuncian a un cabrón que ha dado de puñaladas a su mujer y lo mismo mañana denuncian el elevado precio del embutido, poniendo esto último a un nivel superior simplemente porque "lo otro ya no tiene repercusión". Traducido: una muerte ha dejado de tener caché y no da la misma audiencia que un buen embutido.


"Un nuevo caso de chorizo demasiado caro sacude a la opinión pública en Torrelodones".
Os parecerá absurdo. Pero es que la atención que los medios prestan a según qué cosas y en según qué momentos es absurda.
Si no, pensad por qué nunca suele haber noticias de excesivo interés en verano.


Como suelo decir, esto no es culpa solo de la prensa. Sería muy maniqueo decir que la prensa es el mal y el humanoide de a pie un pobrecito que es engañado de forma sistemática por un malvado poder fáctico que lo manipula sin que él se dé cuenta. Ojalá. La prensa nos mete con calzador lo que le sale del ano y dirige nuestra atención sobre lo que consideran más espectacular, maquillándolo para que resulte aún más espectacular... pero el ciudadano no es ningún inocente. Pese a todas las justificaciones chabacanas por parte de aquellos que siguen esforzándose en mostrarnos sangre y violencia REAL a la hora de comer, el telespectador todavía permanece con la antena receptora de salvajismo activada, tal y como sucedía en el puto S.XVII. No hablo de lo que se censura hoy en día, que es la ficción, sino de la realidad: el ciudadano cada día se siente más y más satisfecho con las muestras de violencia verbal o física, que necesita ver a diario aunque sea para escandalizarse (aunque luego sea incapaz de apartar la vista de la pantalla). Necesita ver cómo las distintas facciones se odian las unas a las otras todo el santo día.


Hoy en día surgen cada vez más grupos que se definen a sí mismos por lo que odian.
Otros consideran que el objetivo de un debate consiste en ridiculizar al otro.
Otros, incluso, consideran que todo el que no participe en un razonamiento (por descabellado que sea) es enemigo y consideran lícito aplastarlo.
Cada uno de estos tres grupos ve como herramienta básica el desprecio y la humillación... y otros incluso ven justificadas la violencia física para respaldar su causa, porque consideran a esta una especie de armadura moral que les justifica.


Muestras de odio, desprecio y rabia presuntamente justificada que se convierten en una especie de heroína moderna. Una especie de catársis. Si no, solo pensad en la de gente que ha hablado de saltarse "la mierda esa de la justicia" para dar matarile al presunto asesino de dos chicas al que han trincado en Rumanía. Porque pa qué nos vamos a andar con tonterías de juzgarlo y demostrar que, efectivamente, es culpable. Para qué perder el tiempo con juicios, cuando se pueden presentar unos cuantos y matarlo a palos como si fuera un animal. El personal, con conductas como esta, lo único que demuestra es una hipocresía de tres pares de cojones: todo el puto día diciendo que los americanos son unos cabrones porque tienen la pena de muerte, dándoselas de demócratas y, en el momento en que las cosas se tuercen, ya están organizando sus propios pelotones de linchamiento. Defendiendo lo que en cuestiones normales (o cuando lo hace otro) como una aberración o como una burla a la justicia.
Porque al parecer el ciudadano de a pie sí que sabe lo que es la justicia, por encima de cualquier juez, abogado, fiscal o incluso criminalista. Para ello, según este planteamiento, lo único que necesita es un acusado y un palo. Y nada más.


"¿Dónde está el cabrón ese que dice que no le gustó El Padrino?"
Igual nos parece un motivo absurdo para matar gente. Lo es, de hecho... pero es que la gente, hoy en día más que nunca, no necesita un motivo lógico para emprenderla con alguien.


En resumen, esto es una pescadilla que se muerde la cola: la prensa azuza a la gente, que ya viene de base con ganas de marcha. Los medios crean figuras mediáticas, y en estos tiempos no eres nadie si no eres viral en una red social. Cada vez que sacan a uno de estos que abate a tiros a alguien en directo; cada vez que se da bombo a un asesino, violador o agresor de cualquier tipo se le está dando a alguien sus cinco minutos de gloria. La mayor parte de las veces, esos cinco minutos, más que de gloria son de vergüenza... pero no nos engañemos. En muchas ocasiones, por conseguir audiencia se mediatiza a gente así, de forma que se les da lo que están buscando (y vuelvo al caso del tipo que abatió a tiros a la reportera): atención. Por cada uno de estos a los que se convierte en una estrella, habrá otros cuarenta, cincuenta, cien, que empiecen a pensar que se les escuchará si hacen una barbaridad. La prensa habrá tenido la culpa por darle el prime time que tanto iban buscando... Y los espectadores por haberse convertido voluntariamente en su público.

domingo, 2 de agosto de 2015

Escupiendo Rabia- Pollas contra Coños 2, o Me paso vuestra lucha por el ojo del ano.




Empecemos desde el principio.
Por razones que no os importan, me he criado durante mi infancia y adolescencia sin una figura paterna; de hecho, mi familia ha sido desde siempre prácticamente un matriarcado desde que tengo memoria debido a la casi total ausencia de hombres en ella. Me he criado, por tanto, en un ambiente donde no he sentido privilegio alguno por haber nacido con un pene entre las patas y donde se me ha enseñado a tomar parte en las tareas domésticas como una persona más, sin importar mi sexo. En mi educación se me ha inculcado desde siempre unos valores basados en el respeto hacia los demás, sean hombres o mujeres, y se me ha enseñado también que la libertad de uno acaba justo donde empieza la de los demás.
Durante mi juventud, quizás debido a esto, me he sentido más a gusto rodeándome y trabajando con mujeres. Mis mejores amistades son mujeres, con las que me entiendo mejor que con los hombres; de hecho, me cuesta mucho formar parte de un ambiente totalmente masculino sin sentir que soy una pieza que no termina de encajar del todo. Siento profunda aversión por los machos alfa, por aquellos que piensan que las mujeres están para follárselas, o de los que alardean de sus conquistas sexuales como si fueran castillos enemigos que han conquistado.
He estudiado filología, una carrera tradicionalmente femenina, y me he sentido como en mi casa. Rodeado por mujeres y con una aplastante mayoría de profesoras mujeres, se me ha enseñado la literatura desde la perspectiva crítica de la Escuela Feminista. No he tenido ningún reparo en hacerlo, sino que he visto expandidos mis horizontes, sin sentirme discriminado ni atacado como hombre, ya que en ningún caso esta doctrina pretendía hacer que mi género se sintiera insultado; simplemente, era un enfoque.
He visto esos horizontes aún más expandidos al haber estudiado, posteriormente, perspectiva de género en un curso intenso que di al terminar la carrera. Se me enseñaron cosas que complementaron lo ya aprendido. Nuevamente, hice piña más entre las mujeres que entre los hombres, llegando incluso a tener un conflicto con un compañero que hizo una vez un comentario grosero (de índole sexual, para más señas) hacia una compañera. No le vi ni puta gracia al asunto y no sentí la necesidad de fingir.


"¿Se supone que me tengo que reír?"


Creo que un hombre y una mujer pueden ser amigos sin que haya intercambio de fluidos por medio.
Creo que esta sociedad ha avanzado y sigue avanzando poco a poco en la igualdad de sexos, pero también creo que queda mucho camino por recorrer.
Creo que una mujer debe ganar lo mismo que un hombre y creo en el derecho a luchar por ello.
No soporto a los abusones de ningún tipo, por lo que el abuso físico o psicológico me causa el mismo asco si es de un hombre a una mujer, de una mujer a un hombre, de adultos (hombres o mujeres) a niños, o de seres humanos a animales. Creo en lo que es justo y pienso que aquellos que abusan de los más débiles deben ser castigados sin compasión alguna.
Jamás he juzgado a una mujer por el hecho de ser mujer, ni he socavado su criterio por haber nacido con vagina; no he puesto en duda lo que dice solo por ser mujer. Jamás he comulgado con ese estereotipo de que "las tías son todas unas guarras", del mismo modo que me ha dado siempre mucho asco el de "los tíos son todos unos cerdos". No he acusado nunca a todas las mujeres de ser de la misma manera (más que nada porque no lo creo), ni he puesto palabras en su boca por su condición femenina bajo clichés como "no lo dices, pero lo piensas, como todas las tías".
Ni mucho menos, he insultado a una mujer por el mero hecho de ser mujer.
Creo en la igualdad de derechos entre sexos, y en la lucha por buscarla.
Veo sexismo donde creo que lo hay. No necesito buscarlo con microscopio, buscarlo donde no creo que lo haya, ni me invento teorías conspiratorias.


"Entonces... si lo bueno es la polla y lo malo es un coñazo... ¡El lenguaje es intrínsecamente machista, sin importar quién lo use o cómo!"
Si, hijo, sí.  Te habrás quebrao con la revelación y todo. Anda, anda. Ve a tomarte un Phoskito o algo, no te vaya a dar una bajada de azúcar por el esfuerzo de pensar tanto.


Creo que una mujer tiene derecho a vestir como le salga del coño, y que el feminismo real precisamente aboga por ese derecho a elegir. Tanto si quiere ir con cuello vuelto como si quiere llevar unos shorts que enseñan el culo. En ningún caso creo que sean unas estrechas, unas guarras, o unas vendidas al patriarcado por cómo vistan.
Creo que andar modificando el lenguaje para que las mujeres no se sientan excluidas es una pérdida de tiempo mientras no se solucionen los problemas reales del sexismo. Mientras haya sistemas sociales que consideren a la mujer inferior, o mientras se siga justificando la violencia, física o social, contra ellas. Creo asimismo que imponer formas de hablar es imponer una forma de censura y modificar el uso del lenguaje de forma artificial, lo que contraviene todo lo que he aprendido en mi carrera como lingüista. Incluso puedo decir que me resulta aberrante.
Escribo. Me siento más cómodo creando personajes femeninos. Suelen tener mucha presencia en mis historias, se llevan la mayor parte del carisma y, cuando hablan entre ellas, no siempre hablan de hombres. No lo hago por motivos ideológicos. Simplemente me gusta hacerlo así, y no busco que nadie me aplauda por ello o me diga "¡Oh, qué feminista eres por eso!". Supuestamente, esto me hace pasar el test de Blechdel, que me parece una payasada simplista salida de un foro, a la que se da una credibilidad desmesurada, cuando ni siquiera es un estudio académico sobre literatura. Qué cojones, ni siquiera se le puede llamar "estudio" a secas como para que dé tanto el pelotazo. Y no, lo de "es que invita a la reflexión" no me vale. No cuando hablamos de una parida sin rigor alguno.
Soy varón, y no tengo que pedir disculpas por ello.


And this is a pene.


Soy varón y estoy muy cansado.
Estoy muy cansado de que muchas mujeres sí me hayan juzgado a mí por haber nacido hombre. Estoy cansado de vosotras, de vuestro sarcasmo, de vuestra actitud de fieras tripas arriba. De vuestra beligerancia, de vuestro odio y de vuestros insultos.
Estoy cansado de que generalicéis contra mi género, de que a aquellos varones que piensan como yo (que no son pocos) nos metáis en el mismo saco. De que nos hagáis pagar a justos por pecadores.
Estoy muy harto de que cada puta cosa que diga sea tergiversada, pervertida y modificada a vuestro antojo para hacerme quedar como el monstruo machista que decís que soy. Curiosamente, siempre ha sido por medio de un juicio de valor que yo nunca he hecho hacia vosotras, y sin conocerme. No sois psiquiatras, pero por lo visto sí tenéis derecho a levantar diagnóstico para insultar, revistiéndolo de "opinión", o de "valoración personal". Estoy harto de vuestros eufemismos.
Estoy cansado de tener que ser razonable con vosotras, de tener que daros explicaciones, de tener que justificarme. De tener que respetar vuestras constantes faltas de respeto, vuestros insultos disimulados. De tener que aceptar vuestras sentadas de cátedra.


"Porque Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie alcanzará la Vida Eterna si no es por mí".
Contextos diferentes, mismo dogmatismo.


Estoy harto de vuestra ignorancia (la cual enarboláis cuando habláis de cosas que no habéis estudiado y yo sí y encima venís a darme lecciones, como si yo fuera imbécil), de vuestro odio, de vuestro constante desprecio y de vuestra condescendencia. Estoy harto de que os deis golpes de pecho y de que repitáis las mismas consignas aprendidas de no sé dónde, como si hubierais salido de una cadena de montaje, para metérmelas con cucharones. De que uséis esa falacia de "dame la razón o te llamaré machista, de forma directa o indirecta".
Estoy cansado de vuestro jocoso "pobrecitos", como si todo varón tuviera el germen de la culpabilidad correteando por sus venas y tuviera que disculparse por ello... o como si no tuviera derecho alguno a ver injusticia en una actitud que lo discrimina a él, y él no cree que la discriminación por género esté bien.
Estoy muy harto de esa barbaridad de muchas de vosotras, donde parecéis dar por hecho que, dentro de cada hombre, hay un violador en potencia, y de que justifiquéis semejante despropósito con el argumento de que nos han enseñado a someter a las mujeres... O de que el sistema nos va a proteger.
Estoy cansado de vuestro radicalismo, de que veáis la paja en el ojo ajeno y que seáis incapaces de ver el daño que estáis haciendo a la verdadera lucha por la igualdad. Estoy harto de vuestro maniqueísmo, y de que viváis con esa obsesión que culpa a los hombres de todos y cada uno de los males de la sociedad, como si el hombre fuese un monstruo que solo piensa en el sexo y en destruir y la mujer fuese una criatura elevada que se alimenta de éter y fuese por definición la criatura más sabia creada por los Dioses.


Porque por lo visto, para algunas personas, los que tienen pene son demonios.


Estoy hasta las narices ya de que, bajo la bandera de un mal llamado "feminismo" (lo entrecomillo porque me niego a reconocer algo así como tal) tener que escuchar argumentos de auténticas salvajes diciendo que "Hay mujeres que visten para agradar a los tíos y van como unas guarras, no me extraña que las acaben violando", y quedarse tan panchas, diciendo justo después que los tíos tenemos la culpa de todo. Muy feminista, sí. Con dos cojones. U ovarios. O lo que sea.
Estoy ya harto de tener que razonar con vosotras (y algunos de vosotros) para intentar llegar a un entendimiento porque me habéis demostrado una y otra vez que sois incapaces de razonar. No hay manera de llegar a eso con alguien que se niega a escuchar, y cuyo argumento es "Vosotros sois peores"; es imposible hacerlo con alguien que ya ha dictado veredicto sobre mí por ser hombre antes de que empiece siquiera a hablar. No tiene ningún sentido intentar todo esto con nadie que ya ha emitido sus prejuicios y que no tiene el más mínimo interés en llegar a un punto común.
Estoy harto de esa guerra de sexos que habéis armado, de vuestra violencia verbal y de todas las justificaciones que esgrimís para sentir que tenéis una prebenda moral para enarbolarlas. Estoy harto de vuestro "O con nosotras o contra nosotras", y de que acuséis de machismo a todo aquel que no suscriba al cien por cien vuestras palabras... lo que se traduciría por básicamente la mayor parte de los hombres (a los que ni escucháis la mitad de las veces) o bien otras mujeres, a las que acusáis de "vendidas" o "equivocadas", como si todo este desfile de burradas que soltáis fuese el camino correcto. A las que decís que el "patriarcado les ha comido la cabeza". Mujeres que, en muchos casos, demuestran mucha más tolerancia, respeto, educación y saber estar que vosotras. Mujeres que creen en la verdadera igualdad y por la que llevan luchando toda su vida, y a las que estáis avergonzando con vuestras rabietas y con vuestras constantes meadas fuera del tiesto. Mujeres que llevan lo más grande formando parte de una lucha silenciosa que ha tenido lugar día a día, tratando poco a poco de que cambien las cosas. Una lucha que vosotras, guerreras, estáis ensuciando y arrastrando por el barro con vuestro ruido, vuestra agresividad y vuestras campañas de odio camuflado.


A pastar ya, hostias.


Supongo que la segunda parte de este post habrá anulado ya la primera a estas alturas. Que da igual mi trayectoria personal o profesional, ya que al no dar la razón a este grupúsculo que cada día hace más ruido y que tiene más presencia me convierto en su enemigo. Al no agachar la cabeza y aceptar todo cuanto me digan, llegados a este punto, probablemente para ellas debo ser un monstruo machista que justifica violaciones, que aboga por la violencia contra la mujer y que considera que todo bicho viviente con vagina es por definición inferior a los penes supremos, que controlan esta sociedad desde sus despachos patriarcales. Una vez hemos llegado a los párrafos finales de este artículo ya debo ser el Enemigo, disparando pan de higo. La puta voz del Patriarcado o la mierda que os salga del culo decir.
Pero también debo decir que, llegados a este punto, donde me he cansado de ser razonable o de dar explicaciones, me importa una puta mierda lo que penséis. Es justo, ya que os ha importado desde siempre lo que puedo pensar yo y aquí no ha pasado nada. Vuestro criterio me lo paso por el ojo del ano. Vuestros insultos me los paso por el ojo del ano. Vuestra lucha (insisto, la vuestra y no la de las feministas de verdad, la cual comparto y apoyo de forma incondicional) me la paso por el ano. Vuestra agresividad, vuestro sarcasmo, vuestra ira, me las paso todas por el ojo del ano.
No creo en lo que decís. No creo en vuestros gritos, ni en el ruido que hacéis. No creo en vuestros mantras, ni en vuestras consignas. No creo en vuestros argumentos.
No creo en vosotras.