domingo, 28 de diciembre de 2014

Tebeos en Vena- Superheroinas que (no solo) nos ponen brutacos, o Nosolotetas



Si ya leísteis el último artículo referente a cómics, que hablaba de forma específica sobre personajes que habían sido lapidados, puteados y sodomizados por el público mayoritario que tiene derecho a una opinión pero que en su puta vida ha leído cómics, tenemos más de lo mismo en este que nos atañe. En este caso, vamos a hablar específicamente del concepto de la superheroína, que ha venido siendo martirizado y ridiculizado públicamente por gente que se ha limitado a observar el tema desde el punto de vista más superficial (es decir, el del aspecto visual) y ha obviado cosas tales como argumentos, personalidades y trasfondos, que es lo que en realidad define a un personaje, mucho más allá de su apariencia.

Sin embargo, esto es Rumbo a la Distopía, un blog que suele pasarse por el arco de triunfo convencionalismos y correcciones políticas, el objetivo de este artículo es conciliar ambas tendencias: por un lado, vamos a hacer un repaso de algunas de las superheroinas más destacadas y con el trasfondo más elaborado del panorama del cómic y, por otro, ya que estamos, hacemos mención a sus atributos físicos. Porque a ver, tal y como sucede con los varones (de los cuales probablemente me pondré a hablar cualquier día de estos, pero fíjate, que mis lectores de ambos sexos me han pedido que hable de las chicas primero), la imaginería del cómic tiene un componente erótico bastante marcado. Eso no es una cuestión tanto de género como de hecho: los chicos son cachas, las chicas buenorras. Ellos marcan paquete, y a ellas se les sale un pechote cualquier día, y si lo pensamos en frío, ni es algo malo, ni moralmente censurable ni nada de lo que avergonzarse. No a menos que queramos ir de mojigatos por la vida y donde veamos culto al cuerpo o a la belleza queramos ver sexismo. Sé que esto ha levantado no pocas ampollas en ciertos sectores del público (especialmente el que no lee), pero entre los lectores habituales forma parte de la imaginería, tanto como ver las onomatopeyas flotando o que los supervillanos tengan un plan maligno. Nadie piensa que tal o cual sexo sea inferior, ni se dan por hechos determinados roles que sí que suelen atribuirse desde el prejuicio del exterior. Y si lo piensa, pasa como con la violencia y los videojuegos: probablemente lo que tenga es un problema de educación, más que de influencia.

Una vez realizada esta declaración de intenciones (que creo que ha quedado bastante clara, y el que quiera ver algo más de lo que acabo de explicar aquí tiene mi total permiso para irse a tomar por donde amargan los pepinos antes de quedarse a joder, gracias), pasamos a este listado de supermozas con un par de ovarios:



Nuestra primera heroína es probablemente una de las más famosas conocidas tanto dentro como fuera del  mundo del cómic. Hablo, cómo no, de Supergirl. La mayoría de la gente desconoce que ha habido varias versiones acerca del mismo personaje, algunas de ellas de lo más originales. La primera Supergirl tuvo su origen allá por 1958 y fue creada como una contrapartida femenina de Superman (antes de que os rasguéis las vestiduras y vengáis con chorradas pseudosociológicas, echad un vistazo al contexto de la época en que esto sucedió), pero con el paso de los años ha ido evolucionando hasta tener una identidad bastante definida. El origen, el que conoce la mayoría de la gente: La ciudad de Argo, superviviente del pepinazo brutal que reventó Krypton, sobrevivió en el espacio durante un tiempo, donde se crió Kara Zor-El, prima de Kal-El (alias Clark Kent, alias Superman). Una lluvia de meteoritos repletos de kryptonita hizo que esos supervivientes... bueno, dejaran de sobrevivir, enviando a Kara a la Tierra, donde se encontraría con su primo. Esta Supergirl acabaría diñando de forma puto heroica en la macrosaga conocida como Crisis en Tierras Infinitas en 1985, mientras se liaba a hostias limpias (y en la cara) a la entidad destructora de universos conocida como el Anti-Monitor.


Durante las Crisis murieron bastantes personajes importantes de DC.
Supergirl fue uno de aquellos cuya muerte resultó más dramática.


Con el paso del tiempo, la figura de Supergirl (barrida de la continuidad tras el reinicio del universo tras esta Crisis) no tardaría en ser echada de menos y devuelta al universo. Considerando que el autor John Byrne (que estaba a cargo de la cabecera de Superman por aquel entonces) estimaba que no debía quedar kryptoniano alguno en el universo salvo Kal-El, era necesario buscarse algún invento para devolvernos al personaje sin romper esta premisa. Es así como nace Matrix, que es (atentos) una forma protoplásmica basada en Lana Lang (amiga de Superman) y creada por el Lex Luthor de una tierra paralela. Esta Matrix se parece a la Supergirl original en pinta, pero cuenta con poderes que Superman no tiene (por ejemplo, la telequinesis o la invisibilidad). Ni que decir tiene que lo del origen kryptoniano ni se toca.
Más adelante, esta Supergirl sacrifica parte de su alma a la hora de salvar a una macarrilla de poca monta llamada Linda Danvers. Al hacerlo, se convierte en uno de los llamados "Ángeles nacidos en la Tierra" y pierde buena parte de sus recuerdos, ganando los de Linda. A partir de aquí, esta nueva Supergirl toma una trayectoria totalmente diferente, convirtiéndose en un personaje cargado de una humanidad y una profundidad bastante patentes, que incluso entra en conflictos sociales o se cuestiona conceptos metafísicos como la existencia de Dios y su papel en el cosmos. Añadido a esto, el personaje además vive situaciones con un toque humorístico que hacen que ese planteamiento teológico o metafísico no resulte ni pedante ni moralista.
Esta versión de Supergirl acabaría por perder sus poderes, recuperarlos parcialmente, y descubrir a una tercera Supergirl proveniente de una tierra alternativa por la que intentaría sacrificarse una vez más. Al no conseguirlo, abandonaría su carrera como heroína y (presuntamente) sería barrida de la continuidad en el siguiente reinicio del Universo DC, conocido como Crisis Infinita.

La penúltima versión de Supergirl, ya en 2004, se salta la premisa de Byrne de que no haya más kryptonianos y nos devuelve a la Kara Zor-El original. Al haberse reiniciado el universo ya un par de veces, su historia es contada desde el principio como si no hubiera pasado nada. Por fin, la última versión llega con el controvertido Nuevo Universo DC (NUDC) tras otro de los reinicios de la historia que suelen tener lugar de vez en cuando. En la fecha de este artículo, milita entre las filas de los Red Lantern Corps, pero no voy a entrar mucho en detalles al respecto, ya que esta es una historia relativamente reciente y todavía puede andar sujeta a cambios.



Power Girl es la siguiente en nuestra lista y, personalmente, una de mis favoritas de toda la vida. Creada en 1976, es la contrapartida de Supergirl en Tierra-2 (es decir, el universo donde solían vivir los héroes creados en los años 40 antes de que la Crisis en Tierras Infinitas reiniciara el universo y fusionara todos los mundos paralelos existentes para que formaran parte de un único continuo en una única Tierra): técnicamente, Power Girl venía a ser exactamente lo mismo que Supergirl, aunque desde el principio se buscó diferenciarla tanto visual como personalmente. Para empezar, esta kryptoniana iba vestida de blanco y no llevaba la famosa "S" por ningún sitio (señal de que todavía estaba labrándose su identidad); aparte, es un personaje de carácter marcadamente fuerte, de ideología progresista y feminista. Si como superheroína tenemos de todo menos una mosquita muerta que siga como un perrito a nadie, como Karen Starr, su identidad secreta, es una empresaria audaz, presidenta de su propia empresa de software, hecha a sí misma y con una aguda visión para los negocios.
El carisma de Power Girl es tal que es una de los pocos personajes de Tierra-2 que no fue totalmente barrida o "reubicada" en la continuidad, o no completamente. Durante un tiempo, se intentó reformar al personaje negando sus poderes kryptonianos y dándole un nuevo origen, de naturaleza mágica. Esta idea no cuajó en absoluto y, con el tiempo, se devolvió su ascendencia kryptoniana, admitiéndose que es una de las supervivientes del Universo Pre-Crisis. Esta crisis de identidad que sufre el personaje va tomando forma a lo largo de años, con vueltas, revueltas, dimes y diretes, que han hecho que Power Girl, lejos de convertirse en un personaje con una historia "complicada", vaya ganando en profundidad y matices. Al tiempo, la hemos visto liderar la JSA durante momentos tan jodidos como la Crisis Infinita o incluso durante la invasión de muertos vivientes acaecida en La Noche Más Oscura.


No menos compleja es nuestra siguiente heroína; o igual no deberíamos llamarla heroína. O quizás sí. Hablo, por supuesto, de Catwoman. Un personaje ambiguo, sensual, divertido y con sus propias normas. Catwoman fue creada en 1940 y se ha reinventado a sí misma tantas veces que es difícil hacer un compendio sobre el personaje en apenas unas pocas líneas. Podemos decir que esta ladrona de guante blanco ha luchado tantas veces al lado de los héroes como de los villanos; que tiene una tensión sexual no resuelta con personajes como Batman que en absoluto implica dependencia emocional de éste; de hecho, también ha tenido otros rolletes, como es el caso de Wildcat, otro miembro de la JSA (y de paso, mentor de Batman), llegando a tener incluso una hija con este. Su origen se ha reiniciado de vez en cuando y en alguna ocasión la hemos visto como una ex-prostituta de tendencias sadomasoquistas (siendo ella la ama dominante, dicho sea de paso), una azafata que perdiera la memoria tras un accidente de avión, o casarse con Bruce Wayne y tener una hija con él en alguna que otra tierra alternativa.
A pesar de la sensualidad que exuda por todos los poros de su cuerpo, Catwoman es un personaje muy inteligente, astuta como pocos, deliberadamente amoral y que tiene muy claro que lo importante es sobrevivir.



La Cazadora es otro de esos personajes femeninos de DC que tienen un carisma especial, no tanto por lo que son, sino por lo que llegan a convertirse. Me explico: al igual que Power Girl, la Cazadora original provenía de Tierra-2, ese universo donde la continuidad de los superhéroes de la Edad de Oro seguían en activo y tenían hasta hijos. Este personaje, en concreto, era la hija de Bruce Wayne y Catwoman. Tampoco se trataba de ninguna pobrecita desvalida con antifaz, sino que durante el día era una de las mejores abogadas de Gotham City y de noche una luchadora contra el crimen; en ninguna de sus dos identidades mostraba un especial sentido del humor, aunque sí tenía un firme sentido de la justicia tras esa imagen implacable.


Zasca. ¡Toma ballestazo!


Esta Cazadora original moriría durante la Crisis y sería barrida de la continuidad (recordemos: personajes de Tierra-2 que fueran un poco problemáticos para encajar en la nueva continuidad, caca. Desaparecidos forever); tal y como sucediera con Supergirl, este personaje creado en 1977 ya había obtenido suficiente popularidad como para ser recuperado una vez más. Es por eso por lo que se acabaría optando en 1989 (cuatro años después de la muerte de la original) por reconstruir el personaje desde cero y desligarla por completo de Batman o Catwoman. Así, surge Helena Bertinelli (y no Helena Wayne), que es la hija de un capo de la mafia de Gotham, que a los seis años es capturada por una familia mafiosa rival y sometida a todo tipo de torturas y vejaciones, solo para joder a su padre. Este origen es nuevamente recontado para plantearnos una especie de Anastasia, que ve como asesinan a su familia entera delante de sus narices, esta vez a los ocho años. Sea cual sea el origen canónico tras los continuos reinicios del Universo, lo cierto es que el personaje se suele mostrar siempre como alguien extremadamente violento y sanguinario, que tiene no uno, sino mil enfrentamientos con Batman, al no aprobar éste sus métodos. Helena lo que es de carácter y ovarios no anda sobrada, y su postura suele ser que no necesita la aprobación de Batman para ser lo que es. Y ahí la tenemos, sobreviviendo continuidad tras continuidad, diciéndole al Caballero Oscuro por donde puede meterse su código y dejando regueros de sangre a su paso.




Algo más alegre es Dream Girl, conocida en nuestro país como Soñadora. Este personaje, creado en 1964, ha militado desde entonces en el grupo conocido como la Legión de Superhéroes, una especie de Liga de la Justicia del s.XXX. Desde el principio se ha concebido a Soñadora como una chica particularmente carismática, tanto entre hombres como mujeres, y con un carácter seductor y coqueto. Esto, junto a que sus poderes consisten básicamente en tener precogniciones, ha acarreado que en numerosas ocasiones se la haya visto como un personaje al que no se ha tomado demasiado en serio; sin embargo, como suele suceder, hay mucho más allá: Soñadora es una notable científica, y ayudó a que una compañera que había perdido sus poderes de lanzar relámpagos obtuviera unos nuevos. En combate cuerpo a cuerpo, demuestra ser una oponente bastante eficiente y defenderse con éxito de enemigos armados usando solo su astucia y su anillo de vuelo. Asumió el liderazgo de la Legión justo cuando el grupo afrontaba una de las amenazas más peligrosas jamás sufridas a lo largo de toda su carrera: la resurrección de Darkseid. Con apenas unos días al mando y sin experiencia previa como líder, Soñadora se las apañó para que el grupo pudiera hacer frente a la gigantesca amenaza que tenían por delante con el mínimo de daños.



Si Soñadora nos ha parecido un personaje cargado de positividad y emana un aura de buen rollito, así en general, nuestra siguiente heroína es algo por completo diferente. Quizás uno de los personajes más intensos, misteriosos y oscuros es sin duda Raven, miembro fundador del grupo conocido como los Titanes y última responsable de la reunión de éste.
Raven fue creada en 1980 y desde su mismo comienzo encontramos ese aura de misterio y preguntas a su alrededor. Surge de la nada, envuelta en una nube de humo y convoca a Robin a reunir a los Titanes originales, a los que añade a otros personajes para combatir una amenaza de origen desconocido. Tras varias aventuras, descubrimos que dicha amenaza es el demonio Trigon, que no es sino... el padre de la propia Raven, lo que la pone en la mira ante sus propios compañeros. ¿Es una hija rebelde de buen corazon o, por el contrario, no es sino otro demonio que solo busca derrocar a su padre? Con el paso del tiempo, Raven se va afianzando en el grupo y ganándose la confianza de sus compañeros, aunque durante el proceso se pase tres pueblos y acabe haciendo creer a Kid Flash que está enamorado de ella. Por cositas así se muestra como un personaje muy ambiguo; por un lado manifiesta una marcada compasión que, por otro, contrasta con un "lado oscuro" que procura esconder bajo una fachada de autocontrol; sin embargo, cuando esta fachada cae, Raven aparece como un ser despiadado (por no llamarlo chungo de cojones) y que no tiene el más mínimo reparo en arremeter contra aquellos que hacen daño a los inocentes.


Barda, en cierto sentido, puede guardar cierto paralelismo con Raven, en el sentido de que sus orígenes están basados en maldad absoluta y la total falta de piedad. Este personaje creado en 1971 proviene del mundo conocido como Apokolips, que viene a ser una especie de planeta chungo, cruce entre distopía dictatorial, infierno, prisión y campo de concentración, todo a la vez. Barda fue reclutada por una tiparraca conocida bajo el irónico nombre de Abuelita Bondad, que la sometió a todo tipo de condicionamientos físicos y mentales para convertirla en una de sus Furias Femeninas (algo así como un ejército de valkirias encabronadas sedientas de sangre). Por un avatar del destino, Barda le salió rana y acabó pasándose al enemigo tras conocer a Scott Free, un habitante del planeta Nueva Génesis, que había sido enviado allí tras un pacto de no agresión con Apokolips, como muestra de buena voluntad. Ambos acabarían por viajar a la Tierra, casarse y vivir un sinfín de aventuras. Como curiosidad, podemos decir que Barda es uno de los personajes femeninos más carismáticos en su relación con sus parejas. Si bien mucha gente se piensa que cuando una superheroína se enrolla con un superhéroe se convierte en una tontorrona que debe ser protegida en todo momento por su churri, Barda nos demuestra que es justo al revés (como ya nos lo han demostrado más de una vez otras heroínas como Starfire o Canario Negro): de entrada, es considerablemente más fuerte que su esposo. Posee un entrenamiento militar y una mente firme, preparada para soportar la voz de Darkseid hablándole todo el rato desde el cetro que usa como arma principal. Al mismo tiempo, pese a su considerable fuerza y su modo de vida castrense, el personaje en absoluto carece de feminidad ni es un "macho perico"; de vez en cuando, la podemos ver como alguien bastante cariñoso y sensible (por ejemplo, en su estancia en la tierra trabaja en un centro de animales abandonados) y con bastante gusto por la vida hogareña.



Hawkgirl, por su parte, no ha tenido una vida fácil. O vidas, si hablamos con propiedad. Este personaje proviene de una larga tradición de Mujeres Halcón que se remonta a la princesa Chay-Ara, esposa del faraón Khufu (Keops, para los colegas). Con cada muerte, la Mujer Halcón se va reencarnando una vida tras otra, destinada a reunirse con Hawkman. Y tras cada reunión, llega la muerte de ambos halcones, en un ciclo que no parece tener fin.
Kendra Saunders ha sido una de las últimas encarnaciones de Hawkgirl, y supone toda una revolución respecto al personaje. Esta historia de amor eterno predestinado sufre vueltas y revueltas en el momento en que la tal Kendra, sobrina-nieta de la anterior Hawkgirl, intenta suicidarse a los diecinueve años tras una vida de decisiones erróneas, el alma de ésta última penetra en su cuerpo, dando lugar a una nueva Hawkgirl muy diferente a lo ya visto hasta la fecha. Pese a que tras este acontecimiento posee los recuerdos de la Hawkgirl anterior, Kendra todavía retiene parte de su vida y su personalidad. Se muestra como una chica independiente, tirando a antisocial, que se refugia en una coraza de actitud amarga y desagradable. Aun destinada a encontrarse con Hawkman, intenta una relación con un compañero de grupo solo para probarse a sí misma. Rehúye al que está destinado a ser su amante, principalmente porque lucha por todos los medios enfrentarse a su destino y vivir su vida. Tardaría bastante tiempo en amar al Hombre Halcón, pero cuando esto sucede tampoco se convertiría en una comparsa ni mucho menos: Kendra, además de ser una excelente guerrera tanto cuerpo a cuerpo como con buena parte de armas, aporta sentido común y paz espiritual a su amante, que es más violento a cada reencarnación que sufre. Esta trayectoria de amor y desamor y de personajes intentando eludir el destino (ya que ambos saben que en el momento en que estén juntos la muerte no tardará en llegarles) no sucede de la noche a la mañana, sino que va evolucionando a través de los años, hasta llegar al evento conocido como La Noche Más Oscura, donde algunos de los personajes fallecidos resucitan gracias al objeto cósmico conocido como Linterna Blanca. Al ponerse en funcionamiento, la Hawkgirl anterior toma el puesto de Kendra, que finalmente parece haberse fusionado por completo con ella.



Llegamos al que quizá sea el personaje femenino más emblemático de DC: Wonder Woman. Creada en 1941 tiene el honor de ser una de las primeras heroínas del cómic, además de ser pionera también en eso de tener su propia serie. Wonder Woman ha sufrido no pocos cambios a lo largo de los distintos reinicios del Universo DC, y ha llegado a haber hasta cuatro mujeres tras el corpiño rojo. En los años 40, y de ahí hasta 1985 (sí, la puñetera Crisis), Wonder Woman había sido siempre la princesa Diana de Isla Paraíso, una amazona que visitó el mundo de los hombres después de que un piloto se estrellase cerca de su isla y se ganase el derecho de llevarlo de vuelta. Esta versión original de Wonder Woman pervivió en el universo conocido como Tierra-2, donde se nos mostraba que Diana había envejecido en el "Mundo de los Hombres", se había unido a la JSA, se había casado con este piloto e incluso hubiese tenido una hija con él. De vez en cuando, se encuentra con su contrapartida de Tierra-1 (la Wonder Woman de la Edad de Plata, creada en los sesenta), que ya cuenta con poderes basados en deidades. Si bien la primera sobrevive, fusionándose con la Eternidad en la Crisis (y así barrida de la continuidad), la segunda muere enfrentándose al Anti-Monitor, de forma que hay que rellenar el vacío que ha dejado un personaje que, para aquel entonces, era todo un icono de la mujer heroica.
Es así cuando llega un fulano llamado George Pérez, que toma la raíz mitológica del personaje y la multiplica a lo burro, contando la historia desde el origen de las Amazonas y poniendo a Hércules de hijoputa parriba en un principio.


La reina Hipolyta como Wonder Woman.
De tal palo, tal astilla.


Diana surge así en este nuevo mundo Post-Crisis como una criatura moldeada del barro por Hipólita, la reina de las Amazonas e insuflada por los poderes de las diosas del panteón olímpico (y Hermes, porque Hermes es guai). Esta nueva versión tendría un trasfondo mucho más legendario, y con un enfoque bastante humano, basado en la paz y la armonía. Diana aparece como una embajadora de Themyscira (el nombre de la isla de las amazonas) en el mundo del hombre, bajo una imagen conciliadora. Lo más gracioso de todo es que, una vez reiniciado el Universo, encontramos DOS Wonder Womans por el precio de una: si bien Diana es la creada en el barro, tenemos que su madre, Hipólita, viajó en el tiempo hasta la Segunda Guerra Mundial, para acabar por completar el vacío que quedó en la Golden Age y uniéndose a la primera JSA. Luego, como buena inmortal, volvería a su Themyscira y el resto sería historia.
En los años 90, Hipólita sufrió una visión en la que veía morir a su hija Diana, por lo que convocó un torneo para que hubiese una nueva Wonder Woman. Aquí aparecería Artemis, conocida como la Wonder Woman Rubia Chunga. No entraré en muchos más detalles acerca de esto, ya que lo mencioné en aquel post sobre versiones chungas macarrescas de superhéroes de toda la vida de los años 90.

Chunga y patilarga. Así se dibujaba mayoritariamente en los 90.


Por último, y como sucediese con Batman alguna vez, la primera compañera de armas y hermana adoptiva de Wonder Woman, Wonder Girl (conocida hoy en día como Donna Troy) también llevaría el uniforme.
Si nos ceñimos a Diana como personaje principal, tenemos que Wonder Woman es feminidad y feminismo a partes iguales, sin que eso resulte prejuicioso o aleccionador. Wonder Woman no se ve a sí misma como superior al hombre ni tiene por costumbre ir dando lecciones de moral. Se suele mostrar a sí misma como una mujer fuerte, autosuficiente y valiente. No pocas veces ha liderado a la Liga de la Justicia, siendo famosa por su arrojo de guerrera nata. En última instancia ha tenido que replantearse a sí misma tras haber cogido por banda a un enemigo y romperle el cuello con sus propias manos delante de las cámaras. Eso, como ha sucedido a cualquier buen héroe mitológico que se precie, la ha llevado a un periplo de redención y de búsqueda de sí misma.



Poison Ivy. Para nada una heroína, pero no he podido resistirme a subir esta pedazo de ilustración.


En este apartado referente a DC habréis notado, aquellos que sois seguidores de los comics, que me he dejado algunos personajes femeninos en el tintero. Es el caso de las mencionadas de pasada Canario Negro (que ya tuvo su hueco en el post anterior sobre cómics) o Starfire. Hay muchas otras, como podrían ser Zatanna, Madame Xanadú, Manhunter o Mary Marvel. Por razones de espacio he optado por incluir las que considero más relevantes y, si este artículo os interesa y queréis que hable de ellas, solo tenéis que escribirme y pedirlo. Entretanto, es el momento de hablar de las mozas Marvelianas y de otros sellos editoriales.



Si tenemos que hablar de PODER, en mayúsculas y en el universo Marvel, está encarnado de forma casi principal por una mujer. Que sí, que están fulanos como Thanos y Galactus, pero esos tíos son unos mantas mojadas comparados con Jean Grey, también conocida como Fénix.
Jean nació en 1963 y tuvo un origen bastante humilde y tímido: formó parte de X-Men, una colección que por aquel entonces distaba mucho de ser la más popular de su época. Jean, dentro de ese grupo, no era el personaje más poderoso ni el más interesante, ni de lejos.
Pero la evolución, como suele suceder con los mutantes, acabaría por manifestarse...
Con la llegada de un tipo llamado Chris Claremont, la serie acabaría por consolidarse en su relanzamiento tras cinco años cancelada. Nuevos enfoques, nuevos planteamientos... Y la llegada de la entidad cósmica Fénix, que supondría sacar a la palestra a un personaje que, si bien no había sido un puntal en la colección, ahora supondría una auténtica revolución. Tras un accidente en un transbordador espacial durante una aventura, Jean Grey pasaría de ser una joven con poderes telequinéticos y telepáticos a una puta entidad cósmica capaz de reorganizar la materia desde su estructura molecular. Algo tan jodidamente chungo que una mente humana sería incapaz de albergar sin corromperse y convertirse en una Entidad Chunga de la Muerte Mortal. Fue así como nació Fénix Oscura, que venía a simbolizar el lado opuesto a la energía creadora y sanadora de la Entidad Fénix original. Así, lo mismo que te salvaba un universo, era capaz de ponerlo patas arriba y ponerle los cataplines en la boca a cualquier otra entidad que se autoproclamase "cósmica".


Fénix Oscura y su habitual actitud de liarla parda.

Fénix es el claro ejemplo del personaje que es tan poderoso que no hay guionista que sepa qué hacer con él. Tras mucho deliberar, y tras descartar opciones como un exorcismo-lobotomía que dejaría a la pobre moza sin poderes y con la mentalidad de una cría de cuatro años, se optó por algo más épico que causaría una controversia de tres pares: hacer que Jean, incapaz de hacer frente a algo así, tuviese un momento de lucidez entre tanta ansia destructiva y se suicidase. Esto causó un antes y un después en una colección que empezaría de forma modesta y que, a partir de aquí, tomaría las riendas del cómic Marvel hasta convertirse en uno de sus buques insignia junto con Spiderman y poco más.
Como sucediera en DC, habría intentos de recuperar a Fénix a lo largo de los años, que culminarían con su "resurrección" (no sin polémicas dentro del propio equipo creativo de Marvel y causando una notable división entre los lectores) hacia 1986. Desde entonces, Jean ha sufrido un sinfín de muertes, recreaciones desde las cenizas y vuelta a empezar.



En el seno de la misma Patrulla tenemos también a Tormenta, personaje que ha sabido mantenerse como uno de los iconos del grupo por derecho propio. Por encima de un sobrevalorado Lobezno y en la estela de un Cíclope en horas bajas tras la aparente muerte de Jean Grey, Tormenta asume el mando de la Patrulla en lo que podría ser todo un periplo heroico, que abarca un período de casi dos décadas: primero, como supuesta diosa del clima africana, luego como miembro del grupo. Después, como líder y, por último, como co-líder. Tormenta es un personaje que sufre una evolución constante, sufriendo los palos y pedradas de las consecuencias de casi cualquier aventura por la que pasa el grupo: su claustrofobia es puesta a prueba la primera vez que se enfrentan al Juggernaut. Es atacada por Sauron en la Tierra Salvaje; apresada viva en cromo por el Doctor Muerte. Su cuerpo es destruido durante la saga de El Nido y vuelto a recrear. Es convertida en monstruo en una versión mágica del Infierno de Dante. Es atacada por Drácula y tentada por Loki. Pierde sus poderes a manos del gobierno, y aun así, sigue liderando un grupo de superhéroes. Muchas de estas vicisitudes acaban pasándole factura y acaba "enloqueciendo", como muestra de humanidad ante tanta burrada junta.
El personaje de Tormenta suele presentarse como envuelto en autocontrol, pero no por ello es pusilánime o falto de juicio. De hecho, evoluciona justo hacia esa falta de piedad, tornándose en una mujer mucho más dura y resuelta que antaño. Sin embargo, pese a esa aparente ausencia de compasión, seguimos encontrando ese sentido común y esa entereza que la han carecterizado durante años.



Se suele pensar que la contrapartida de la Patrulla-X dentro de la propia Marvel es Los Vengadores. Esto es así hasta el punto de que recientemente tenemos la cabecera X-Men vs. Los Vengadores. Aun partiendo de esa base, encontramos dos filosofías de grupo bastante diferentes, con personajes que poco o nada tienen que ver unos con otros.
Sin embargo, en ambos grupos encontramos líderes femeninas que han marcado un antes y un después. Si en la Patrulla-X contábamos con Tormenta, puede decirse que la líder femenina más importante que han tenido Los Vengadores en su etapa clásica: hablo de la Avispa.
Aunque empezase como miembro fundador, sin demasiado carisma en su primera etapa, la Avispa se ha mantenido en Los Vengadores durante una gran parte de su etapa clásica, evolucionando desde lo que aparentaba en un principio hasta lo que realmente era. Janet Van Dyne era una científica que empezó como compañera de Hank Pym, el Hombre-Hormiga-Hombre-Gigante. Con el tiempo, algunos cambios se fueron introduciendo en el personaje, tales como que heredase una fortuna o que fuese ganando peso dentro del grupo. Esto haría que su pareja, que ya se sentía bastante infravalorado dentro del grupo, empezase a sentir celos de ella hasta el punto de que se le fuese la olla y acabase pasándose directamente al maltrato físico. Tras la consiguiente expulsión del grupo del caballerete, la Avispa fue ganando en independencia y, en lugar de envolverse en una imagen de victimismo que habría sido contraproducente a todas luces, se desarrolló y eclosionó hasta asumir el liderazgo del grupo. La Avispa, que hasta entonces había sido vista por muchos como una pava que solo pensaba en ropita, se las apañó para liderar al grupo más poderoso de superhéroes sobre la tierra, poniendo de paso en cintura a héroes que eran el poder sobre dos patas (Thor) o a aquellos que abiertamente la desafiaban por ser mujer (Hércules). La Avispa no se arrugó en ningún momento y solo cedió el mando del grupo al Capitán América durante las primeras Secret Wars debido a que él tenía mayor experiencia en combate. A la vuelta, éste cedió de nuevo el mando a la Avispa y siguió como líder hasta que los Señores del Mal tomaron la mansión. Aun ante una crisis tan gorda, se las apañó para dirigir al grupo en un momento tan delicado y lograr poner en fuga a sus enemigos.



Sin embargo, no todos los personajes de Marvel son tan luminosos como lo ya visto (obviando, claro está, a Fénix Oscura). Hay personajes que bailan mucho más en la "línea gris" de la moral, y que no siempre aparentan ser tan benévolos o estar de parte de un solo bando. Es el caso de la Viuda Negra, cuyos orígenes ya la situaban como un personaje sospechoso. Al fin y al cabo, eran los años sesenta, ¿qué se podía pensar de una espía soviética? La Viuda Negra necesitó algún tiempo para pasar de su rol de villana a compartir aventuras junto a los Vengadores; entre medias, tuvo un lío con Ojo de Halcón y nos contó que había estado casada con el primer Guardián Rojo, al que había dado por muerto. Más adelante, formó equipo con Daredevil. Ha formado también parte de SHIELD  y, ya en el año 1975, tuvo el privilegio de ser la primera heroína en Marvel en convertirse en líder de un grupo, Los Campeones.
En versiones más modernas, como en el Universo Ultimate, las filiaciones de la Viuda Negra son menos claras, llegando a mostrarse como alguien mucho más enigmático y menos fiable, lo que nos ha llegado directamente a la versión cinematográfica, donde podemos ver que el papel que encarna Scarlett Johansson tiene más sombras de las que podemos vislumbrar en una primera lectura.



Pero si la Viuda Negra nos resulta amoral, es Tarta de Fresa comparada con Elektra. Elektra Natchios, también relacionada con Daredevil (este tío sabe con quién juntarse) es odio a manta. No es sentimental. No lloriquea. No se deja amilanar por sentimientos. Vive para matar y, a primera vista, parece no albergar compasión o sentimiento alguno. Armada con un par de cuchillos sai y con cualquier puta cosa que caiga en sus manos, es una auténtica máquina de matar, eficiente y letal. Elektra conoció a Matt Murdock (el alter ego de Daredevil) cuando estaban en la universidad y se enamoraron perdidamente el uno del otro, lo que quizás fue el canto de cisne de Elektra como una persona dotada de humanidad en sentido pleno. Poco después de eso, ella y su padre fueron secuestrados por terroristas, lo que tuvo como consecuencia que éste muriera ametrallado delante de sus narices. A partir de ahí, de un modo similar al que sufriera Batman, Elektra inició un periplo a lo largo del mundo para aprender y cobrarse su venganza. Este viaje la llevó a los salones de La Mano, la sociedad criminal asiática, que la entrenó para convertirse en una despiadada ninja. Con el tiempo, se establecería por independiente hasta ser contratada por Kingpin, el señor del crimen. Este le ordenó matar a Foggy Nelson, compañero de Matt Murdock en el bufete de abogados en que este trabaja en su identidad civil. Ella, reconociendo a su víctima, se vio insólitamente conmovida por la compasión y lo dejó vivir. Este fracaso llevó a que Kingpin se cobrara su deuda contratando al villano Bullseye para matar a Elektra. La pelea fue larga y culminó con éste apuñalándola con su propio cuchillo. No obstante, Elektra no moriría en el acto, sino que sería capaz de llegar al apartamento de Matt para despedirse.
Al igual que sucediera con muchos otros personajes femeninos dotados de tal carisma que los lectores pidieran su vuelta, Elektra acabaría resucitando más adelante para formar equipo con Lobezno y, posteriormente con SHIELD.




La Valkiria es el siguiente personaje que nos atañe. Un personaje algo complejo, si tenemos en cuenta que ha sufrido diversas encarnaciones y recreaciones. La primera tiene lugar hacia 1970, donde encontramos que la villana asgardiana conocida como la Encantadora asume esta identidad para reunir a las heroínas de los Vengadores para formar las Liberadoras. A modo de lavado de coco propagandístico, este personaje viene a ser un ejemplo del llamado "feminazismo" o directamente "hembrismo" (nada que ver con el feminismo que busca la igualdad real entre sexos), planteado como una guerrera que clamaba por una guerra contra los hombres por el mal que habían hecho en este mundo (que mucha gente lo niega, pero eso no quiere decir que no exista; ya en 1970, había quien se hacía eco de estas actitudes agresivas y daba el toque de atención), que se denuncia en esta historia. Al final lo que se nos cuenta es que a la Encantadora eso ni le va ni le viene, pero es una excusa cojonuda para sembrar la discordia entre los humanos y hacer que se enfrenten unos a otros, en lugar de limar sus diferencias.
Algo más adelante, una muchacha llamada Barbara Norris recibiría los poderes de esta identidad, convirtiéndose en la segunda Valkiria, que acabaría por formar parte del grupo conocido como Los Defensores, llegando a convertirse en una de sus piezas fundamentales. Tras una aventura junto a éstos, se descubrió que esa identidad de la Valkiria no era otra sino Brunilda, una auténtica valkiria asgardiana, que había estado latente todo el tiempo. No sería hasta la muerte de Barbara Norris que la auténtica Valkiria tomase por fin las riendas.
Este personaje, en contra de lo que pudiera pensarse en un principio, jamás fue tomado como contrapartida femenina de Thor ni por asomo. De éste solo comparte el origen mitológico y el asunto de la inmortalidad, ya que en todo lo demás se parece poco o nada. Si bien Thor suele aparecer como un tipo bastante majo en general, la Valkiria toma de la mitología un carácter mucho más altivo y guerrero. Posee además iniciativa para el combate, dotes de liderazgo y no anda escasa ni de fuerza ni de valor. Es la clase de personaje que lucha por lo que cree hasta las últimas consecuencias, sin plantearse el sacrificio que ello puede conllevar.



El sello editorial Wildstorm, en sus orígenes englobado dentro del grupo Image, y hoy en día perteneciente a DC dejó no pocas buenas historias durante su andadura. Entre esas historias, este artículo toma dos personajes femeninos que han formado parte de series que, con el paso de los años, han demostrado una calidad poco menos que indiscutible.
El primero de ellos es Jenny Sparks, la primera líder del grupo conocido como The Authority. Aunque este personaje empezase su andadura en el grupo de operaciones encubiertas de Storm W.A.T.C.H en 1997, no sería hasta la muerte de sus componentes que Jenny no decidiese tomar las riendas. Ella solita recluta al nuevo grupo y pone fin a la amenaza que la hace ponerse en marcha. No contenta con eso, tiene otros planes: The Authority no debe limitarse a pegarse con tíos en pijama, sino que debe hacer del mundo un lugar por el que merezca la pena luchar. A partir de ahí, comienza una encarnizada lucha contra dictadores y contra poderes fácticos que hace que Authority dé un paso más en el concepto superheroico y nos plantee lo que un personaje dotado de superpoderes de la hostia, un mínimo de implicación y no menos responsabilidad debería hacer con el mundo.
Jenny Sparks es una líder dura, sin pelos en la lengua. Malhablada, con las ideas muy claritas, comprometida y cínica a la vez. Es el espíritu del s.XX, con casi cien añitos de edad y aparentando veintipocos. La clase de personajes con el arrojo suficiente para poner en cintura, y sin apenas sudar, a un grupo de posthumanos que podrían hacer pedazos el planeta si les diera la puta gana.


La segunda serie que mencionaré en este artículo del sello Wildstorm es Planetary. Esta serie, que viene a ser una puta joya así como en general, plantea también un personaje femenino interesante. Hablo de Jakita Wagner, de la que me va a costar un poco hablar si no quiero desvelaros el origen del personaje. Entre lo que puedo mencionaros, puedo decir que es un personaje que posee un papel de todo menos pasivo en la serie. Aunque al principio parece ser un personaje principalmente físico (por eso de que sus poderes resultan basados en fuerza y velocidad), conforme va avanzando, vemos que tiene mucha más profundidad, relacionada con los giros argumentales de la serie, de los que obviamente no puedo hablar si no quiero reventaros algunas de las mayores sorpresas. Lo que sí puedo dejaros un poco en anticipo es el hecho de que Planetary es una serie metaliteraria, es decir: prácticamente todo lo que vais a ver en ella es una referencia más o menos directa a otros cómics, o bien a novelas o historias pulp. Jakita Wagner forma parte de un todo y hasta su origen tiene un tono muy de leyenda literaria. Hasta aquí puedo leer.



La última heroína de este artículo quizás no debería ser considerada superheroína como tal. No si nos ceñimos a la visión superficial de tía con mallas y superpoderes que salva al mundo mientras lanza rayos láser por el culo. Este concepto en realidad es mucho más amplio, y puede aplicarse a un nivel más profundo, si entendemos por superheroína una mujer que es capaz de hacer frente a amenazas sobrenaturales (por sobrenaturales no me refiero solo a naturaleza mágica; aquí puede entrar un supervillano chungo con poderes, robots, alienígenas, amenazas de índole cósmica o lo que queráis que se pueda aplicar en un contexto fantástico-de ciencia-ficción). En este caso concreto, y bajo el sello America's Best Comics, nos encontramos el grupo superheroico más literario jamás parido, The League of Extraordinary Men, conocido en España como la Liga de los Hombres Extraordinarios. En ella, personajes de la literatura victoriana se reúnen bajo la supervisión del servicio secreto británico para hacer frente a cualquier amenaza de índole "insólita". Así pues, este grupo cuenta inicialmente en sus filas con el Hombre Invisible o Mr. Hyde... y es liderado por una mujer: Mina Murray.
A diferencia de en la ultra chapucera adaptación al cine, la Mina de los cómics carece de poderes. Pese a haber sido seducida por Drácula, Mina no manifiesta en ningún momento secuelas de vampirismo (salvando una cicatriz espantosa en el cuello que tapa en todo momento), pero no por ello es una mala líder. Al igual que Jenny Sparks o la Avispa, Mina tiene carisma y arrojo para poner en cintura a un grupo de hombres que podrían, literalmente, partirla en dos con sus propias manos. Se gana el respeto del brutal Mr. Hyde, y de un Capitán Nemo que no considera que una mujer deba liderar nada. Mina no solo es una líder con autoridad; es también una mujer inteligente y firme que lleva la salvación a Inglaterra donde otros fracasarían miserablemente.



Y hasta aquí, el listado con lo más destacado entre las heroínas del cómic, con mi particular reflexión acerca del tema. A lo largo de los últimos años, he visto con creciente disgusto como un montón de gente se ha limitado a juzgar a personajes como estos que he mostrado solo por su aspecto, como dando por hecho que el erotismo da lugar a concepciones sobre la figura de la mujer que poco o nada tienen que ver, como se puede comprobar aquí, con la realidad. Me resulta bastante curioso que se mire con desdén cómo Wonder Woman corre por ahí en corpiño y culotte y se obvie su evidente carga de conciencia en pos de la igualdad de género, o bien se juzgue a Power Girl por sus tetas y no por el hecho de definirse a sí misma, por encima de todo, como mujer.


"Pues sí. Tengo tetas. Superadlo".

Me resulta asimismo muy contradictorio que esto se diga día sí y otro también, siempre desde el punto de vista de gente que parece no tener mucha cultura lectora sobre cómics, y suelte estos juicios de valor al tiempo que obvia que el erotismo también se aplica a los hombres, donde vemos que pocos o ninguno de los personajes masculinos va por ahí sin unas mallas que les marquen abdominales, pectorales o incluso el paquete, y de los que nadie (ni hombres ni mujeres) se ha quejado jamás por algo tan banal como mostrar una anatomía envidiable. O que toda mujer que sienta gusto por este tipo de imaginería automáticamente sienta cómo su feminismo se pone en entredicho, y se dé a entender que, si le gusta que un personaje de cómic tenga pechos grandes o escote, o incluso que la tenga como ídolo a seguir, ya se piense que está en contra de la igualdad o de lo que es "realmente ser una mujer".


Insultar a una chica que se curra un disfraz de Viuda Negra, diciendo cosas del tipo:
"Eso lo hace para calentar a los tíos"
"Lo hace porque le gusta enseñar"
"Si le meten mano luego que no se queje con la pinta que lleva"
Y otras lindezas, dice mucho de los prejuicios de cierta gente (prejuicios que, en el fondo, no tienen nada que ver con el cómic, sino que los llevan ellos solitos de casa) y de su tendencia a escudarse en vete a saber qué causas y principios morales para decirle a otros lo que tienen que hacer con sus vidas.
Si una chica quiere disfrazarse, en su derecho está. Como si quiere ir enseñando las tetas directamente o como si quiere ir con la armadura de Iron Man. Tiene derecho a elegir y vestir como le guste. Y nadie, tenga la causita que tenga o la ideología que tenga, tiene derecho a decirle cómo tiene que vestir.


Pero quizás lo que me resulta más ridículo de este juicio es que se saque por completo de quicio y de contexto algo que cualquier lector medio experimentado pasa por alto (y cuando digo "pasa por alto" no es que lo ignore, sino que se centra en lo que sí considera importante, que es en leer buenas historias) y se busquen tres pies al gato sobre cosas que, ni bien están planteadas para generar desprecio sobre un sexo (porque, como he comentado en otros artículos, el cómic SIEMPRE está buscando nuevos lectores, del palo que sean) ni hay un complot para inculcar ideas sobre nadie. Si a aquellos que sentáis cátedra desde la ignorancia algún día os da por poneros a leer cómics de superhéroes en serio, igual os daréis cuenta de que, a pesar de las apariencias y de la vestimenta por la que juzgáis a los personajes (en este caso, a las personajes), hay un trasfondo mucho más allá. Un trasfondo en el que se cuentan historias, a menudo cargadas de valores como la igualdad, la honestidad o el valor.
Pero puede que muchos de vosotros solo necesitéis tener algo contra lo que cargar y con lo que justificar vuestras ideologías. Eso ya no es asunto mío, ni de aquellos que forman parte de la industria, ya sean creadores o lectores.


jueves, 25 de diciembre de 2014

Mondo Chorra- "La vida no es justa", o Tragar mierda por cojones




El final de otro año se acerca y, como suele pasar, algunos nos ponemos reflexivos. Supongo que eso de tener fechas "límite" (como ya hablé en el post dedicado a septiembre), en cierto sentido te fuerza a ello. Y, por lo que a mí respecta, no lo considero algo malo. Reflexionar suele ser positivo, independientemente de la conclusión a la que nos lleve; por lo que a mí respecta, la importancia recae en el camino. En el proceso de introspección en sí.
Sí, amigos Distópicos: este post va a tener anécdotas y reflexiones, así que vamos preparándonos.

La primera anécdota de la que quiero hablar nos lleva a principios de los años noventa, cuando yo tenía apenas catorce años. Por aquel entonces, yo estaba a punto de hacer mi ingreso en el instituto (sí, gente de este siglo: en esa época, iniciabas la secundaria a esa edad), y cierta persona me dio un consejo que no olvidaría jamás: a grandes rasgos, me vino a decir que no importaba quién tuviera a mi lado, quién se supusiera que fuese, o quién dijera ser; que si, por hache o por be, esa persona se "maleaba" o se torcía, que no tuviera reparo alguno en darla de lado. Viéndolo en el contexto de aquella conversación en mitad de una hamburguesería un domingo a eso de las once y pico de la noche, se refería principalmente a que no quería que me convirtiese en un macarra, o en lo que con el tiempo llamaríamos canis. En pocas palabras, era un consejo para evitar "malas junteras", aunque yo opté por tomarlo en un sentido mucho más amplio, pasando de limitarme a algo tan evidente (al fin y al cabo, los macarras y yo siempre hemos sido como agua y aceite, de modo que aunque no me hubiese dado ese consejo no me habría juntado con ninguno). Tomando este consejo de ese modo, podemos decir que no es que esta persona en concreto estuviese precisamente en posición de darme lecciones de moral, ni entonces ni mucho menos ahora, pero eso en caso alguno era motivo para que no escuchase el consejo. Aunque quien me aconsejó no lo siguiese del todo, tengo que admitir que valía la pena. Creí en ello y sigo creyendo en ello. Una cosa no quita la otra.


Y tampoco es para que me den una medalla. Creo en eso y punto.


Os planteo el segundo caso, para ir viendo por dónde van los tiros. Ahora saltamos hacia finales de la década de 2000, donde tengo una movida con un amigo. No voy a entrar en detalles acerca de lo que pasó, pero me limitaré a decir que se fue de la lengua donde no debía, con quien no debía y salpicando a quien no debía. Era mi amigo, sí, pero viendo lo que había hecho, considerando que no tenía defensa alguna y que, de forma tangencial, fui de los afectados por su actuación, le di UNA oportunidad para defenderse. Le dejé que me diera UNA explicación al respecto y, dependiendo de lo convincente que fuese, ya decidiría yo qué hacer. El chaval fue tan convincente como un novio cabrón al que pillas a calzón bajado poniéndote los cuernos, con lo que mi curso de acción no tuvo lugar a dudas y no me arrepiento de haber hecho lo que hice, que fue mandarlo a hacer puñetas.

Lo más importante de esta segunda anécdota no es tanto lo que sucedió con este tío sino la conversación que tendría unos días después con una amiga común de los dos, que me preguntó qué (coño) había pasado. Al explicarle mi versión de los hechos y por qué había tomado una decisión tan drástica, esta amiga no entendió absolutamente nada y consideró que un amigo es un amigo haga lo que haga. Que no podía pretender que todo el mundo estuviese a la altura de mis estándares morales.

Y es ahí a donde quería yo llegar.
Una vez en este dilema que planteaba esta amiga, es cuando yo me pregunto por qué no podemos pretender eso. Aquí es cuando me planteo por qué en situaciones así nos vemos obligados a sacrificar nuestros propios valores (para mí, como sabéis, algo sagrado y que debería ser inviolable para todos y cada uno de nosotros) por lealtad a quien deja clarito que no se la ha ganado. Por qué damos por hecho que la lealtad hacia alguien que obviamente no la merece debe anteponerse a un valor, para mí infinitamente mayor, que es ser honesto. Honesto con los demás y, por encima de todo, honesto con uno mismo.


Yo suelo pensar que no hay nada más reconfortante que poder mirarte al espejo cuando te apetezca y poder soportar tu propio reflejo.
Manías que tiene uno.


Precisamente por procurar ser honesto conmigo mismo, lo que me he llevado han sido más hostias y decepciones de las que estoy dispuesto a soportar. Gente muy cercana a mí, de un modo u otro, me ha demostrado, como decía la persona que me aconsejase en su día, que se ha "maleado" o que tiene unos valores que, de forma evidente e irremisible, chocan tanto con los míos que es imposible seguir adelante. Son muchos años de decepciones, de depositar tus esperanzas en personas que, bien no han valido la pena demasiado, bien no la han valido en absoluto. Son muchos años en los que encuentras que muchos (por suerte, no todos) de los que has tenido a tu lado han traicionado tu confianza o abusado de ella. Puede que no lo hayan hecho adrede, pero en esencia sientes que te han tomado por idiota y no parece haberles importado. Son muchos años en los que te has comido verdaderas putadas de según qué especímenes y otros a tu alrededor han esperado que los apoyes. Que les rías las gracias. Que te doblegues.
En este mundo parece ser que es un valor eso de quedar bien, por el módico precio de tu dignidad.


La dignidad, ese concepto sobrevalorado.


Pues bien, llamadme terco. Llamadme cabezota, o rencoroso, si queréis.
Yo digo que no.
Hay cosas que no deben venderse bajo ningún concepto y la dignidad propia es una de ellas. Lamentablemente, sabemos que no es así. Aquellos que luchamos por lo que creemos y no clavamos la rodilla ante la gentuza que nos jode, o bien echamos la cruz a aquellos que nos defraudan y no tienen el puto detalle de darte siquiera una explicación somos los que, como he indicado arriba, nos llevamos hostias de todos colores. Somos la puta carne de cañón. Los hijos de perra, los que pegan puñaladas traperas a diestro y siniestro, los pelotas, los que te dicen una cosa por delante y por la espalda te ponen a caer de un burro son aquellos a los que las cosas parecen salirles bien, mientras que a nosotros parece que nos espera la miseria. El ser tratados, no una sino mil veces, como unos apestados por decir las cosas bien claritas y a la cara. Por no poner buena cara a quienes nos están tocando los cojones a dos manos. Por no tragar con la mierda que nos meten a paladas por el gaznate.
El mantra de respuesta a todo esto que nos vemos obligados a soportar por cojones lo hemos oído mil veces, tú y yo:

"La vida no es justa".

Y con esta puta mierda de frase, repetida hasta la saciedad como si fueramos un rebaño, nos toca aceptar las cosas que sabemos que podemos cambiar. Porque parece que tenemos que abrazar lo injusto y soportarlo estoicamente como buenas ovejitas, en lugar de coger un buen día, echarle tres pares de cojones al asunto y pelear por lo que es justo. Por lo que sabemos que nos merecemos. Por trazar la línea entre lo que es soportable y lo que sabemos que no tenemos por qué aguantar. A la mierda ya de eso de "sonríe por no liarla". A tomar por culo eso de "no digas tal cosa, que X se vaya a cabrear", como si X no nos hubiese cabreado ya bastante porque le ha salido del culo.


Hasta que te vuelves verde, creces tres metros y dices "Que ya está bien, joder".


Con esto quiero que se me entienda, no voy diciendo a nadie que la solución sea coger al primero que te la juega y meterle tal manta de hostias que se quede loco. Aunque a menudo bromeo con ello, sé que en el fondo esa no es (normalmente) la solución. Pero es que tampoco es la que se me suele ofrecer, que es la de callarme ante tal persona, porque claro, es tal persona y no se le puede toser. La de fingir que me llevo bien con ella. De poner buena cara y sonreír; de simular un buen rollito de plexiglás que huele a mierda pura, que además no hay Dios que se crea.
Hablo de trazar líneas. De "tú por aquí y yo por allá". De decir las cosas a la cara cuando te tocan la moral y dejarle bien clarito a la otra persona que no estamos para ser su zorra personal y dejar que nos la meta por el culo cada vez que se aburra. En este mundo basado en la hipocresía y abrazar lo injusto, se considera una marcianada eso de decirle a alguien que te está jodiendo y de mandarlo a cagar de una vez. Parece una puta locura eso de decirle a alguien que se vaya a joder a otra parte y a ti que te deje en paz.

Yo suelo hacerlo, y creedme: al deciros esto en caso alguno me siento en posición moral superior alguna. Más bien todo lo contrario; este tipo de historias suponen un desgaste de energías bastante grande y no pocos malos ratos, sin contar los malos tragos, las decepciones y la consiguiente sensación de que estás en este mundo más solo que la puta una. Si alguien se siente moralmente superior tras sinsabores de este estilo, os lo digo: más vale que se vaya buscando ayuda profesional, porque eso no puede ser sano.
Pero volvamos a las consecuencias que lleva trazar líneas e ir con la verdad por delante en un mundo en que eso de tener un mínimo de valores (o al menos, el valor de ser honesto contigo mismo) se considera ridículo. A aquellos que tengáis miedo de manifestar que no estáis dispuestos a tragar con más mierda os aviso que lo que os vais a encontrar es la sensación de estar luchando contra molinos de viento. Os va a tocar ir contracorriente. Raramente os van a comprender. Os van a llamar de todo, desde orgullosos hasta rencorosos, y la mayor parte de las veces la única persona que vais a sentir a vuestro lado sois vosotros mismos, que creéis firmemente en lo que estáis haciendo, mientras el mundo a tu alrededor baila una canción cuya melodía no acabas de pillar.


Algo del estilillo a esto.


Tomando el punto de partida de este post, el de la reflexión, si hago análisis de conciencia ni siquiera yo puedo decir que haya hecho eso de plantar los pies en el suelo y combatir al cien por cien. Aunque también ha habido buenos momentos (como haber empezado a meter la cabeza en el mercado laboral, que puede considerarse el puto logro de mi historia reciente), a lo largo de este último año, por ejemplo, me he visto obligado por determinadas circunstancias a tragar unas cantidades ingentes de mierda que, en el fondo, sé que no tenía obligación alguna de soportar. Cantidades ingentes que, mucho me temo, me siguen llegando a paladas a lo largo de los últimos meses, aun creyendo que trazar según qué líneas había servido para evitarlo. Como humano, cometo errores, y este ha sido uno de ellos: al principio, he transigido con según qué cosas porque (en contra de lo que parezca), soy bastante reacio a crear conflicto desde el primer minuto. Observo y analizo durante un tiempo, y luego actúo en consecuencia.
Puede que pasase observando demasiado tiempo. Ese pudo ser el germen de mi error.
Pero quizás es en mi actuación en sí donde estuvo mi error. En esta vida está claro que hagas lo que hagas, cuando te toca luchar por lo que crees y has de poner el escudo en tierra para soportar los embates, tienes que contar con que vas a estar solo en la contienda. Aunque te gustaría, aunque lo esperes... casi mejor que des por hecho que vas a estar peleando solo. Así, cuando ves que quien contabas con que te apoyase te ha dejado más solo que la una no deberías sentirte tan defraudado.

Pero, insisto: somos humanos. Es inevitable que una parte de nosotros, de nuestra mente (o corazón, o alma, o lo que queráis) cuente con que aquellos a los que admiramos, respetamos, apreciamos o incluso queremos estén ahí. Es cuando vemos que erramos en nuestro juicio y que a nuestro lado no hay absolutamente nadie y que estamos haciendo frente a la adversidad con lo que tenemos cuando vienen las decepciones. Cuando abrimos los ojos y descubrimos que quizás depositamos demasiadas esperanzas en gente que no era capaz de estar a la altura de nuestras expectativas (porque, por mucho que digamos que no, también las tenemos), o bien por el motivo que sea se pone de parte de la gente que nos causa problemas, nos humilla o nos desprecia, es cuando caemos en la cuenta de que nuestras batallas son nuestras. Vamos solos al combate y, si tenemos suerte, volvemos con nuestro escudo.
La mayor parte de las veces, por desgracia, volvemos sobre él.


Quizás es cierto.
Quizás resulta que siempre has sido tú contra el mundo.


Quizás por eso la gente que medio me conoce de un modo más o menos profundo acaba teniendo muy claro que tiendo a ser una persona más bien solitaria. Como ya comenté en un post anterior, resulta bastante duro estar a la altura de lo que la gente que quieres parece esperar de ti. No menos duro es descubrir que, con mayor frecuencia de la que te gustaría, la gente a la que admiras, respetas o incluso llegas a querer no son más que humanos. Héroes con pies de barro. Gente a la que creías honrada, de la que podías aprender. Gente que pensabas que, gracias a ella, podrías a llegar a ser mejor persona.
Ni te imaginas lo duro que resulta cuando ves que a esa gente le importas una mierda pinchada en un palo. Lo que duele cuando aquellos que creías que iban a estar siempre a tu lado te abandonan sin que haya habido más motivos que porque se busquen algo más entretenido que tú. O lo miserable que te sientes cuando aquellos que pensabas que nunca te iban a hacer daño corren a alistarse con todos los cabrones que te han estado jodiendo y se suman a la fiesta.

Pero la vida no es justa.

Repitámoslo, amigos Distópicos. Repitámoslo para que así nos vayamos a la camita con una justificación de la mierda más grande que tenemos que soportar día a día. Para que aquellos que nos hacen daño puedan seguir haciéndonoslo. Así se puede conformar una especie de cadena trófica basada en cagar y comer mierda: unos se cagan sobre otros y los otros, tienen la opción de limitarse a comerse la mierda que le cagan en la cara, o bien comérsela y cagarla sobre algún otro. Así todos podemos poner nuestro granito de mierda a convertir este sistema social en un puto ciempiés humano. Un trenecito donde todos comemos lo que caga otro y soportamos cosas que, en el fondo, sabemos que no tenemos que soportar.


"¡TRAGAD, CABRONES, TRAGAD!"


Porque esto es así.
Porque nos tiene que parecer bien.
Pues nada, sigamos pensándolo. Encojamos los hombros, agachemos la cabeza cada vez que nos hacen una putada. Mejor calladitos, nos vayan a llamar rencorosos, que es algo terrible. Una lacra que no podemos llevar. Ser orgullosos es el peor de los pecados, aunque eso conlleve que mandemos a tomar por culo nuestra dignidad. Que permitamos que otros nos avasallen, nos pisoteen, o que día sí y día también consideren que somos imbéciles y actúen en consecuencia.
O bien formemos parte del engranaje. Si nos putean, puteamos a algún otro y con eso ya sentimos que el equilibrio cósmico ha hecho su parte. Como me putean, tengo derecho a putear a alguien, se lo merezca o no.


"Y te jodes como Herodes".


Por lo que a mí respecta, yo hace años que tomé mi decisión. No es la decisión más fácil, como podéis ver. No me eleva en una posición de éxito. Me granjea problemas constantes, roces, enfrentamientos, y prácticamente nada que se parezca a una recompensa (lo más parecido es saber que hago lo que considero correcto y poco más): ser honesto, en este mundo diseñado y basado en el arte de cagar y comer mierda, es pintarte una diana en el pecho. Exponerte a ser expulsado de todas partes, de rumores a tus espaldas, de puñaladas entre las costillas. De muchas, muchas amistades rotas. De irte a dormir muy triste mil noches porque tienes la impresión de que no importas a aquellos que se supone que deberías importar. Del desgaste que supone tener que levantarte una y otra vez cada vez que las circunstancias te han molido a palos.
No es un camino más fácil.
No es un camino mejor.
No te garantiza más que problemas la mayoría del tiempo.
Pero pienso en aquella conversación que tuve a los catorce años y tengo claro que para mí nunca hubo ni habrá otro camino posible.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Spanish Bizarro- Odisea en la Di-Putea-Ción, segunda parte: Por un puñado de euros



A aquellos que habéis venido siguiendo últimamente esta sección no necesito recordaros lo sucedido con la Diputación hace escasas semanas. Toda una historia de dolor, sufrimiento y muchísima bur(r)ocracia salpicó los párrafos de este blog. Como recordaréis, si leísteis el episodio anterior, la historia quedó inconclusa, un un servidor abatido en el sofá tras un día de mierda dando vueltas de un lado para otro y procurando ignorar el absurdo en que su vida se había convertido a lo largo de las últimas horas.
Pues bien, como ya habéis imaginado, aquello solo fue el principio...

Pasan unos días y, ya recuperado del latigazo lumbar que me dio en la primera parte de esta historia, vuestro antihéroe favorito se pasa por el banco para terminar de arreglar los papeles y que me devuelvan los putos doce euros que pagué indebidamente. La tarde antes, mi tía me echó un cable con el papeleo y redactó, en la retorcida y ampulosa retórica de la administración, la exposición para recuperar mi dinero. Así que ahí estoy yo, con mi papelote y mi recibo original de haber pagado en la sucursal del banco.
La oficina de esta entidad, llamémosla A, no estaba del todo llena. Espero cinco minutos de cola y me persono en la primera mesa que veo que no es la caja habitual. Allí, alguien me dice que para eso tengo que ir a la mesa de la interventora. Me deslizo hacia allá y me encuentro que ésta está atendiendo a una criatura encorvada, (una señora, para más señas) que está acompañada de un carrito de la compra, lo que huele a primer síntoma de echar raíces en el suelo esperando.
Pasan cerca de diez minutos y vemos que la señora no parece aclararse con su cartilla por no sé qué mierda de un pago realizado con tarjeta. Esa es la parte que se entiende; la que no, que la señora se quede vegetando allí de pie varios minutos escudriñando su libreta con cara de "No veo una puta mierda". Yo no sé si avanzar hacia la mesa o mantenerme en mi posición. Es la interventora la que me dice que lo haga, una vez la señora se ha dado cuenta de que convertir oxígeno en dióxido de carbono allí en medio no es que sea muy productivo.


"Hum-hom, los humanos sois gente tan apresurada"...


Me siento y le cuento toda la movida a la interventora, que al escucharla pone los ojos en blanco ante el tema de la burocracia absurda que supone recuperar doce putos euros y me sella el recibo de haber pagado, para que los tíos de la diputación tengan clarito que no voy a timarles esa pedazo de suma. Le enseño también el impreso que debe ir sellado y que no tengo muy claro cómo rellenar. Ella me explica que eso que falta es el número de cuenta al que se supone que algún día me tendrá que abonar la Diputación, cuando decidan (si es que deciden) que me tienen que devolver mi pasta. Ella me pregunta si tengo cuenta en el banco A y yo le digo que no, que la tengo en el banco B. Amablemente, me dice que vaya entonces a la sucursal de B, les cuente la historia y listo. También me dice que tenga paciencia con el ingreso, porque es capaz de tardar un año. Yo le respondo que, viendo cómo está saliendo todo esto, no me sorprende en lo más mínimo.

Tiro para el banco B, que está justo al lado y me coloco en otra cola. Me quedo no menos de diez minutos allí esperando, porque veo que, si bien una de las mujeres que trabaja en una de las mesas está ocupada con un cliente (esta vez, una criatura que viene con un andador, lo que me dice que la movida va a tardar MÁS), la segunda está ocupada rellenando unos papeles. Por tanto, me quedo allí de pie, a la espera de que alguien me de el pie para entrar a escena.
Gran momento ese en que, tras todo ese tiempo, llega una señora como si estuviera paseándose por su puto salón, avanza a toda mecha por la oficina y, sin preguntar si yo estaba esperando (lo mismo se creía que yo estaba puesto de adorno), aterriza en la silla de la segunda mujer (la que estaba rellenando papeles) y se pone a contarle su vida allí en medio. Entretanto, yo me esfuerzo por disimular la pedazo de cara de gilipollas que se me acaba de quedar.
Pasa un buen rato, porque se ve que la señora tiene mucho de lo que hablar. Finalmente, se levanta y toma la misma táctica de la señora del carrito de la sucursal anterior y se queda allí de pie mirando sus papeles.
Yo empiezo a considerar la idea de llevar un lanzallamas portátil para casos como este.


"¡MORID HIJOS DE PUTAAAAAA!"


Pasa un ratazo, en el que la mujer en el despacho se ha visto obligada a ir a la taquilla de la oficina. Antes estaba un muchacho que era un clon algo más reducido de Clark Kent, que ahora está atendiendo a un señor octogenario. En resumidas cuentas, que yo sigo echando raíces plantado allí en medio, sin estar muy seguro de lo lo que hacer. Intento disimular mi creciente cara de gilipollas, pero empiezo a pensar que en esto, como en otras cosas, estoy fracasando miserablemente.
Pasa un ratazo y Clark Kent termina con el señor mayor. Se levanta y me pregunta qué necesito. Yo, rezando porque el bueno de Clark no sea el experto en viejunos de la sucursal y vea que he envejecido allí, le comento con quién necesito hablar; él, amablemente, me manda con ella y desde la taquilla le cuento toda la historia. Le paso los papeles y todo eso, y ella me dice que le dé mi DNI para ir mirando lo de la cuenta, para lo del ingreso y demás. Me dice, y aquí viene la sorpresa, que NO estoy en la cuenta en la que estaba con mis padres. No figuro ni como autorizado, ni como titular, ni pollas en vinagre. No pueden hacerme el ingreso.


"¡NOOOOOOOOOOO!"


Os pongo en situación: hace ya algún tiempo, me vi obligado a cerrar mi cuenta. Eso de estar en paro y por encima de treinta me convertía en blanco de comisiones, que se chuparían sin piedad los pocos ahorros que tengo; el hecho de estar trabajando en la actualidad, pero cobrando menos de seiscientos pavos al mes tampoco es que sirva para apiadar el corazón de la banca. De ahí que me hiciera ese cambio.
La explicación a esto es que yo pensaba que el cambio me lo habían hecho como asociado a la cuenta, pero no; simplemente había ingresado mi dinero ahí y tenía acceso a una tarjeta con la que poder hacer pagos, nada más. Cuando llego a casa y descubro esta última información, son ya más de las dos de la tarde, de modo que no puedo hacer sino esperar al día siguiente para arreglarlo todo, ya con mis padres.

Y ahí estamos, menos de veinticuatro horas después en la sucursal del banco B, mis padres y yo. Esta vez hablamos con la mujer que estaba atendiendo al ser extraño con andador del día anterior. Le volvemos a contar toda la movida y el asunto con el ingreso. Es decir, todo. Ella me pregunta por los motivos por los que cancelé mi cuenta original y yo se los explico; se muerde el labio y me dice que, efectivamente, tendría que ser titular o asociado de la cuenta con mis padres para hacerme el ingreso. Sin embargo, me plantea otra opción más viable: que me haga una cuenta de ahorro. No puedo pagar con tarjeta, pero oye, sí que puedo recibir ingresos. La idea me parece bien y me paso los siguientes quince minutos firmando tropecientos impresos. Esta vez no estoy solo firmando, ya que la mujer también firma algunos. Casi parece un concurso.


"Mi turno. Trae pa acá el boli".


Me voy pues para la Diputación, tras rellenar lo que me falta del impreso, corregir el número de cuenta al que se supone que me tienen que ingresar la pasta y hacer copias de todo para que me las sellen y haya constancia de que, efectivamente, me han estado tocando los cojones a dos manos durante días. Atravieso toda la puta ciudad, en el bus, donde me encuentro un chaval que entra en el vehículo, allí en medio  dándolo todo mientras canta en falsete (algo así como los putos Bee Gees o el gran Jacko) y acompañando sus gorgoritos (en una lengua extraña e incomprensible, basada en palabras como "Guachiruguachi guachinai yeah yeah yeah") con una interesante coreografía basada en menear los hombros y las caderas. Imaginad cuál sería la cara del personal allí que, en apenas unos metros de trayecto, el chaval opta por callarse. La escena ha sido tan por la puta cara que, en el momento en que quiero reaccionar y me planteo grabar al fenómeno con el vídeo del móvil, el muy cabrito se escurre y se baja en la siguiente parada.


Solo le faltaba ir de esta guisa.


Bueno, pues tras tan apasionante y pintoresco viaje, me meto en el ciclópeo edificio y tiro para la microoficina del banco A donde se supone que tenía que entregar toda la mierda. El tipo que me atiende, el mismo tipo amable del post anterior, me cuenta que me falta un sello del banco B en un papel y que, una vez lo tenga, me vaya a la puerta de enfrente, que es el registro general.
Me vuelvo para mi casa con una cara de frustración que hace que mi cara de gilipollas del día anterior en el banco parezca una mierda sutil en comparación. Al fin y al cabo, he perdido otra puta mañana.

Otra mañana más (y creedme, que ya he perdido la cuenta del tiempo que he perdido ya con esto), me voy al banco B, ya sintiendo vergüenza por la cantidad de veces que van a tener que verme la jeta allí. Le cuento a la buena mujer lo que me ha pasado, y ella flipa; no conmigo, sino con la idiotez de poner el sello. Me explica que esto de poner el sello se hace principalmente para que quede constancia de que la gente no se ha equivocado al poner el número de cuenta. Algo así como una fe donde el banco dice "Sí, el cliente no es subnormal y lo ha escrito bien". Ella rellena la parte pertinente al banco en el formulario, pone el sello y allá que voy de nuevo, ya pensando que la cosa no puede salir ya mal. Tengo todo el material, los sellos de los cojones y una cuenta nueva.


"Los papeles están contigo, muchacho. Ahora ve a enfrentarte a tu destino".


Me materializo en registro, donde me encuentro allí a una señora que me atiende. Echa un vistazo a lo que llevo y me dice que la fotocopia del DNI no está. Me señala que sin la fotocopia me echan para atrás la solicitud, a lo que le digo que la (puta) fotocopia debería (puto) estar ahí, y que no sé cómo (coño) se ha podido perder, ya que lo tenía (puto) todo en regla (joder, ya). Me suelta no sé qué historia de que he llevado dos cosas diferentes: un alta a terceros y una instancia, y en ese momento yo tengo la impresión de que el mundo se ha vuelto del revés, que hay unicornios rosas a mi alrededor y que la señora me está hablando en coreano medieval.
Ha pasado prácticamente una puta semana. Dos, si contamos el día famoso del latigazo y toda la película original.
Una puta semana dando más vueltas que el pañuelo de Braveheart. Una puta semana de fotocopias, sellos, impresos, cuentas bancarias y sintiéndome como una puta pelotita de las de pinball, rebotando de un lado para otro, perdiendo horas absurdamente y con la sensación de no estar arreglando un coño zurrido en Nocilla. Esta es básicamente la idea que le explico a la buena mujer, aunque con menos palabrotas (más que nada para que no llame a seguridad y me echen de allí a patadas, lo que implicaría perder otra puta mañana, o acabar en algún calabozo al lado de un fulano que se hace llamar a sí mismo Buba y que me diga que hace mucho que no siente el calor de una mujer). La mujer, consciente de que ha habido algún error por alguna parte, o bien que se está dando cuenta de que mis ojos están tomando un extraño color verde Gamma, me dice "No se preocupe, que esto lo vamos a arreglar aquí mismo": aunque no está obligada a ello, me fotocopia el DNI y me hace firmar la fotocopia de la solicitud (por algún motivo, el original no estaba en mi carpeta). Luego, me lo sella todo y lo envía a registro.


"No quieres verme enfadado".


Al salir, pese a que ya está todo medianamente arreglado, no puedo evitar mantener parte de mi cabreo: la idea era solucionar las cosas de una manera lo más sencilla posible y la movida ha dado por culo hasta el puto último minuto. Le mando un mensaje a mi madre para decirle lo que me ha pasado y ella, extrañada por eso de que desaparezcan papeles, se pone a revolver un poco la zona a ver si descubre algo.
Efectivamente, al llegar yo, me cuenta lo que ha pasado.
Con tanta mierda de fotocopia, sello y la puta madre que parió mil pares de veces ha llegado un momento en que he dejado los papeles originales y la fotocopia del DNI en la impresora, que es lo que usé para hacer las copias. Lo habría revisado todo como media docena de veces, y fue el fallo de la puta última hora lo que hizo que por poco perdiera otra puta mañana. Por suerte, parece ser que mi amago de momento a lo Michael Douglas en Un Día de Furia ha servido para que en la Diputación se compadezcan de mí y me lo solucionen todo en un periquete. Algo es algo.


"Ey, chaval, ¿te apetece ver cómo reviento una puta oficina?"


La resolución de esta historia, es decir, si me devuelven definitivamente los doce putos pavos, es algo que se tendrá que ir viendo con el paso del tiempo. Considerando toda la mierda de papeles por duplicado, triplicado y demás zarandajas burrocráticas que harían que el Espíritu del Bosque se cagase en los pantalones solo de pensar en la cantidad de papel desperdiciado en gilipolleces (porque se suponía que iban a agilizar todo esto gracias al papeleo telemático, pero al final muchas de estas mierdas se hacen por ordenador y en papel impreso a la vez), habrá que esperar al menos un año para que esta pandilla decida que, en efecto, me tienen que devolver un dinero que no les corresponde tener... O bien deciden que no ven irregularidad alguna y se lo quedan ellos. Esto seguramente lo sabremos a lo largo de 2015.
Yo, por si sí o por si no (y llamadme pesimista si queréis), ya he dejado de contar con ese dinero.