viernes, 28 de junio de 2013

Mondo Chorra- Sobre el concepto de envidia y la objetividad




Lo he oído una y mil veces. Todos lo hemos hecho, diría yo. Eso de que alguien te llegue, te cuente una historia que ha tenido con yo no sé quién y resuma la movida con "Es que me tiene envidia". "La envidia le corroe". "Tiene una envidia que no puede con ella".
Envidia, sí. Hay muchos tipos de envidia, según parece: Envidia sana. Envidia tiñosa. Envidia con puto roquefort.
Ese concepto me hace pensar. O igual no es el concepto en sí, sino el uso.

Hará cosa de más de una década conocí a alguien que me explicó ciertas nociones de lo que podría llamarse (a falta de un término más adecuado) "filosofía mentalista". Para entendernos, esto plantea algo tan sencillo como que somos nosotros los que conformamos el mundo que nos rodea. Partiendo de este principio, por ejemplo, una persona en realidad no nos decepciona en sentido estricto, sino que somos nosotros los que lo hacemos: somos nosotros los que nos hemos forjado una imagen de una persona que, obviamente, no se ha correspondido con lo que ha resultado ser.
Conformamos el mundo en base a nuestro espectro de visión y raramente buscamos otro punto de vista.

Con esto, lógicamente, no niego la existencia de la envidia, ni mucho menos. Es una pasión humana como otra cualquiera. Lo que sí vengo a decir es que igual no es tan tan tan tan superfrecuente como algunos nos quieren hacer creer.
Curiosamente, Dante no pone a la Envidia (ni a la Soberbia) como pecados por los que pagar en el Infierno.
Los pone en el Purgatorio.
Soy de pensar que el primero de estos círculos del Purgatorio no estará tan lleno como el segundo...


Con el caso de la envidia viene a ser tres cuartos de lo mismo: cuando alguien me viene diciendo que los demás le envidian, a menudo tiendo a pensar que igual no es tanto un caso de envidia ajena como de soberbia propia. Si piensas que los demás te envidian igual el problema radica en que, en un sentido u otro, te consideras superior a ellos. Los demás no son tan buenas personas como nosotros, no son tan guapos, ni tan listos y no tienen el éxito merecido del que disfrutamos nosotros.
Esta idea, si lo pensamos, se convierte en un argumento que se puede emplear como defensa universal: no en vano, más de uno y más de dos en este mundo miserable por el que nos arrastramos, considera que todo bicho viviente que no le da la razón en algo o que no le admira incondicionalmente lo hace desde la más desatada envidia, sin considerar siquiera que la otra persona pueda tener motivos para actuar de esa manera.

Otros llevan el ideal de "El mundo lo creo yo en base a mi visión del mundo" a un nivel extremo, rozando la ausencia de contacto con el mundo real y eliminando de su vida todo aquello que no les mola o que no sigue sus dictados. Algo similar al pensamiento mágico, o a lo que hemos visto en muchas novelas de fantasía, donde creemos que el Mal (sí, en mayúsculas, personificado en plan chungo de la muerte) existe única y exclusivamente cuando se le menciona. Hay quienes piensan que, por el mero hecho de ignorar algo, ya no existe. Que mientras veamos solo lo bueno de la vida lo malo dejará de afectarnos o de ser un problema. Esto, para la psicología más tradicional, recibe el nombre de "Mecanismo de defensa". Estos mecanismos no son más que formas que la mente humana emplea para afrontar (o no) todo aquel obstáculo que se le pone por delante; mientras unos proyectan sus miserias sobre otros (el caso del violento que denuncia la violencia de otros, por ejemplo), otros directamente hacen como que lo malo o lo que va en contra de sus esquemas no existe. Y no es que lo finjan, es que se lo llegan a creer.

"Nononononono no quiero saber nada más"


Supongo que no es tan raro, entonces, que cuando aquí un servidor haya dicho a lo largo de su vida "No estamos haciendo bien esto" (pongo el caso de cuando tocaba en la que pudo ser la peor banda de rock duro de mi ciudad), siempre haya alguien que te diga "Tú es que eres un pesimista".
Pues no, joder: si tú mismo te estás dando cuenta de que no pillas una puta nota, que el que tienes al lado te está mirando para saber por dónde vas y que el que no está desafinado está improvisando porque se le acaba de olvidar la canción, no es una cuestión ni de subjetividad, ni de pesimismo ni leches. Las cosas no están saliendo bien. No hay coordinación ni soltura. Eso se puede negar si se quiere. Se puede decir "Me he subido a un escenario a pasarlo bien y es lo único que importa". Se puede ignorar que haya gente que te diga "Quillos, hoy habéis sonado nada más que regular, ¿eh?"

Quizás por eso me he ganado a pulso la fama de tocapelotas integral. Puede que sea por mi afán perfeccionista o porque no me gusta vender la piel del oso antes de cazarla. Es posible que sea porque no me contento jamás con halagos fáciles o con una visión chachiguai del mundo. Incluso podría deberse a que me gusta buscar otros puntos de vista diferentes a los míos acerca de tal o cual tema; para ver que, si bien no todo tiene por qué ser tan malo como lo pintan (alguna vez lo he mencionado, aunque vuestro punto de vista no lo haya notado), tampoco creo en las utopías. No creo en "la gente fantástica", ni en esos que lo hacen todo bien. No creo en esos mundos coloridos, llenos de florecitas y unicornios rosas. Me gustaría que existiesen, pero sé que no. No a este lado del Universo, al menos.
Lo mismo es porque estoy acostumbrado a ver las partes más oscuras del mundo y sin demasiado miedo. No es que haya vivido en la miseria ni mucho menos, ni he convivido con gente en el arroyo, pero tampoco me he criado entre algodones. He conocido gente que lo ha pasado mal y gente que ha tenido muchos problemas y, en la medida de lo que he podido, he intentado echar una mano a los que creo que me han merecido la pena.
Pero ignorar este tipo de cosas, poner una sonrisa y decir "No te preocupes, que eso no es nada" no va conmigo. No ha ido jamás, precisamente por eso: porque no creo que quitarle importancia a algo haga que éste, automáticamente, deje de tenerla. Los problemas no se resuelven así. Los problemas, en primer lugar, hay que detectarlos, reconocerlos, asumirlos... y luego, buscar el modo de combatirlos.

Eso, si queremos combatirlos de verdad. Ya he mencionado más de una vez aquella política del "Aversi" ("A ver si me pongo, a ver si lo hago") que tanto se estilaba en mi época universitaria. Nos iban a cerrar la carrera y lo mínimo era hacer algo. No es que fuésemos a salvar el mundo ni mucho menos, ya que estábamos luchando contra gigantes... pero por lo menos, intentarlo. No hundirnos en la apatía. Esto lo he comentado en posts previos, así que no me extenderé; solo diré que la mayor parte de la gente ignoró el problema hasta que fue demasiado tarde y se dio una última reunión informativa donde se contaba lo que, de modo casi inevitable, iba a pasar.
Miré a mi alrededor y, ¿sabéis lo que vi?
Caritas compungidas. Suspiros. Casi me faltó ver puñetazos de indignación sobre la mesa.
Lágrimas de cocodrilo, tíos.

Descripción gráfica.


Mi abuela, que en paz descanse, siempre me pareció una persona de las más sabias que he conocido. No porque fuera más inteligente que los demás ni porque se hubiera criado en el Tibet rodeada de lamas. Mi abuela era de la clase de gente que veía en el interior de los demás y no se asustaba de lo que veía. No lo negaba ni ponía buena cara. Sabía que la gente, en general, es gilipollas y lo tenía asumido.
Igual en ese aspecto he salido a ella, no sé.
El caso es que mi abuela, el bastión de la sensatez en mi familia, solía decir que las cosas o se hacían a tiempo o luego tocaba callarse como putas. Porque quejarse tarde y a destiempo, decía, es de idiotas.

Y no deja de tener gracia; por un lado estoy viendo gente que no hace más que condenar hasta la última de las miserias de este mundo, sin hacer mucho más allá de eso. Ya no hablamos de una denuncia, sino del lloriqueo barato, el Hipogrifo Maldito, que se lamenta de la suerte del mundo y se queja del Destino impuesto por los Hados.
La otra, algo menos poser en cuanto a dramatismo, es el caso contrario. Nuevamente, el ejemplo de bipolaridad de este mundo. Aquí resulta que los males no siempre se niegan (aunque sí muchas), pero cuando se reconocen... bah, eso no es nada. Eso se arregla solito. Solo tenemos que ser optimistas y esperar un mundo mejor. El bien triunfará, el mal será sometido y todos nos pondremos a cantar hossanas en el patio al sol, mientras los pajaritos cantan y las abejas van por ahí chupeteando floripondios. Y es curioso ese momento en que, cuando dices "Joer, esto al menos apóyamelo con algo, que a mi la fe ciega como que no me mola" se lanza el argumento de marras:

- Tú es que eres un pesimista.

O bien, lo de "Tú es que tienes envidia de mi fantástica visión del mundo".
Nuevamente, volvemos a ese concepto religioso, de pensamiento mágico: el nosotros y lo que pensamos, nuestro punto de vista que da forma y sentido al mundo, frente al Mal. Lo que nos contradice, lo que no casa con nuestros ideales.
Conflicto, que suele ser lo normal.
¿Es normal, entonces, que ante ese conflicto nuestra actitud sea la de taparnos los oídos y negar que esa gente existe? ¿Es mentalmente sano decir que nuestra experiencia de la vida es perfecta y maravillosa simplemente porque nos hemos negado a reconocer que lo que no lo es existe? ¿Nuestra vida social es una balsa de aceite porque nos hemos negado a escuchar a todos aquellos que no comulgan con nuestro pensamiento? ¿Somos acaso más plenos en nuestra existencia cuando expulsamos de nuestras vidas a aquellos que no comparten nuestra visión del mundo? ¿O igual esgrimimos ese argumento como arma porque no tenemos nada mejor que decir? ¿Somos acaso tan limitados a la hora de defender nuestras ideas que, en el momento en que las cosas se quieren poner medio complicadas, arremetemos contra aquellos que no comulgan con nuestro credo y limitamos lo que digan a "Me tienen envidia"?
¿De verdad somos así de simples?

"Yo molo. Si no estás de acuerdo, eres malo y me envidias".


Orwell contra Huxley. Ambas historias son distopías, amigos. Y porque en el segundo caso se use la palabra "Feliz" en el título, no nos engañemos. La felicidad no consiste en negar lo malo. No consiste en reducirlo todo a nuestra visión happy-guai de las cosas. Que nos vaya bien a nosotros no quiere decir que a todo el mundo le tenga por qué ir igual (so pena de decir que no lo han hecho bien, que también lo he visto alguna vez). Que otros no vean nada magnífico en nosotros y que nos vean como a seres humanos, desprovistos de cualquier halo de divinidad no quiere decir que nos envidien, ni que nos odien. Es posible que nos vean de un modo mucho más objetivo que esos otros de los que decidimos rodearnos. Sí, de esos que se pasan el día diciendo que somos gente maravillosa. Gente especial. Gente que ha dado sentido a sus vidas.
Es duro reconocer que, en el fondo, no somos Mesías. No llevamos ninguna buena nueva. Nuestra filosofía de vida, con toda seguridad, no es mejor que la de los demás. Puede que ni siquiera sea muy diferente. No hemos inventado nada revolucionario, ya que está todo inventado. No somos los guías de nadie, ni sus maestros. Somos gente tan falible y fallida como el fulano que se sienta a nuestro lado en el autobús. Puede que menos incluso, si pensamos que a lo mejor esa persona nos puede dar lecciones sobre algo que hemos ignorado hasta la fecha.
Pero esa es la clase de cosas que muchos ignoran, ya que están obsesionados con su único punto de vista de las cosas, desde el cual se permiten el lujo de juzgar desde la ignorancia. De sentar cátedra sobre un maravilloso mundo que nos rodea a todos, donde el sol brilla, los pajaritos cantan y las nubes se levantan. De creerse todos esos halagos que los elevan a un altar. Tanto, que ni siquiera se plantean que más allá de las fronteras de su visión, hay todo un Universo. No mejor ni peor, sencillamente diferente. Puede que más completo. Más abierto y más extenso.
Y que ellos no han visto ni la décima parte.

lunes, 24 de junio de 2013

Escupiendo Rabia- Algo huele a podrido en la Industria



Llevo ya una buena temporada hablando con algunos amigos que andan metidos en el mundillo literario. Algunos publicados, otros en la misma situación que yo, viviendo en ese Limbo de los autores noveles que, para muchos, parecemos no valer una puta mierda por eso de no tener un libro en la estantería de una librería. No deja de ser curioso cómo muchos de esos amigos, independientemente de las circunstancias, coinciden.
La industria literaria da puto asco.

Ante esto, seguramente me llegarán miles de justificaciones, diciendo que son tiempos duros, que si tal que si cual... el típico argumento de la gente que no tiene memoria y que parece haber olvidado que las marranadas que hacen las editoriales vienen llevándose a cabo desde antes de 2008, que fue la época en la que estalló esta crisis económica que parece ser la excusa definitiva para justificarlo todo.
También es posible que me llegue gente diciendo que no está bien generalizar, pero amigos: a mí me gusta ser una persona empírica y basarme en mi experiencia. Y tócate los cojones, que llevo ya cerca de tres años por aquí dando vueltas y, de todas las editoriales con las que me he cruzado, el 100% han demostrado ser unos chapuceros. Los que no, unos estafadores. Los que no, unos gañanes. Y el resto, gente que igual tiene muy buena intención, pero que en el fondo no tiene ni zorra de mantener el negocio a flote -o competir con los tiburones y chacales que suponen la competencia- y acaban cerrando.
Que igual es cosa mía, no digo que no. Solo digo que qué buena suerte han tenido algunos y qué mala suerte he tenido yo, que todos los cabronazos me han tocado a mí.

Preguntas por ahí y el panorama, por lo que he visto, no es mucho más alentador: la mitad de la gente que conozco se encuentra con cosas similares o incluso peores a las que yo mismo me he tenido que enfrentar. Así que cuando alguien me dice que no generalice, coño... Lo que me están pidiendo es un puto acto de fe.
Y es que parece ser que en este mundillo solo algunos resultan ser los malos (véase el caso de cierta editorial Insumergible, que sigue aprovechándose de los pobres novatos que, en lugar de informarse acerca del proceso standard para publicar, pagan por hacerlo... que igual no es del todo malo si te lo dicen de antemano, pero que es muy fuerte cuando ves que no solo has pagado, sino que no has visto un puto duro). Pero ojo, que estos no son los únicos en hacerte cabronadas, no nos engañemos. Hay editoriales que he visto por ahí que tienen la fama de ser "Estupendas", "con suma dedicación" y "que cuidan al detalle los libros". De estas que te las pintan tan bien que dices, "Coño, pues habrá que mandarles algo". De hacerlo y encontrarte excusas absurdas de cojones para no publicarte, amén de reconocer que ni se han leído tu manuscrito (porque oye, si me dicen que es malo, me callo como una puta en Cuaresma y me pongo a currar para mejorarlo, como llevo haciendo siete años). Cosas tan irrisorias como el hecho de que ya tienes algo subido a un blog y que no les interesa la prepromoción.
Ya.
Que nos hemos caído de una higuera ahora, señores. Como si luego la promoción no corriese a nuestro cargo, sea con una editorial pequeñita o sea con una editorial grande. Lo he visto varias veces y, a menos que seas uno de Esos Afortunados, por los que una editorial se parte la cara y te publicita, pringas como todo hijo de vecino.

" ¡Hala, curra, cabrón!"


En esa misma editorial, por casualidad, tuve la oportunidad de participar conjuntamente en el proyecto de un amigo, el como escritor y yo como ilustrador. Fue terriblemente curioso enterarme de que dicho proyecto contaría con luz verde por parte de la editorial... si mis ilustraciones eran retiradas. Ante esto, yo comenté que si era por la calidad de éstas, no tenía ningún problema en repetirlas. De hecho, había repetido varias de ellas antes de presentarlo por no haber quedado satisfecho con ellas, y fue mi compañero de proyecto el que me dijo que lo que tenía ya le satisfacía.
Ante mi pregunta, éste me dijo que no era por eso, que la persona al cargo de la editorial consideraba que los dibujos estaban bien. Supuse que se trataba de una cuestión económica, ya que colocar ilustraciones (y estas eran varias decenas) no es barato.
Nueva respuesta negativa.
La explicación fue todavía más extraña: según me contó, la persona que daba luz verde al proyecto "Se enamoraba de los libros conforme los veía, y los publicaba según le gustaría comprárselos".

- Más concretamente- dije yo-, se me quiere apartar del proyecto por razones personales, más que profesionales- Porque eso de "Es que no me gusta con dibujos" (sic.) me parece un argumento que se puede calificar de muchas maneras, pero en caso alguno como "Profesional".

Ni que decir tiene que ese proyecto al final no salió adelante y el libro que teníamos pendiente sacar adelante quedó arrumbado en un cajón, pese a que esta persona dijo que era de lo mejor que había leído en mucho tiempo.
Muy lógico todo.

Puedo hablaros del caso de otra editorial, que ya me dieron mala espina al leer el apartado de "Envío de manuscritos" de su página web. Si los llamo prepotentes me quedo corto, con líneas que insinuaban "No nos hagáis perder el tiempo, panolis de mierda, que no estamos para atender vuestras gilipolleces". Con todo, les mandé un manuscrito, por si era una pose de entrada y luego resultaban ser algo más honestos.
Me equivoqué.
Estos no solo parecían bordes, sino que además, comprobé en su correo que eran unos jetas de cuidado: van los tíos, con todo su morro y me sueltan que no ven mi novela para publicarse en papel, pero que sí la ven como para formato electrónico (¿?) y que se ofrecen, bajo presupuesto, a hacer el montaje digital. Es decir, que aquí los genios me van a cobrar por convertirme un archivo a .pdf, algo que puede hacer medio cualquiera que tenga un programa. O a e-book, que se hace también con otro programa.

Os puedo mencionar el caso también de otros que me pedían un depósito de 125 pavos por publicar, Dios sabe para qué... porque con 125 pavos si te vas a un Copicentro te puedes imprimir y encuadernar unos veinte libros como mucho. Conociendo como ya me conozco además la movida de las coeditoriales, donde la práctica habitual es decirte que tú pagas parte de la edición, pero en realidad estás pagando la edición entera (es decir, ellos te dicen que publican X y que tú pagas X-y, pero en realidad ellos publican X-y y tú has pagado el 100% de la edición), me dio la impresión de que iban a publicar una tirada ínfima (y vete a saber con qué calidad, ya puestos) pagada íntegramente por mí.
Va a ser que uno es novel, pero no necesariamente gilipollas.

Concepto de autor novel según más de uno y más de dos.


De gente que se ofrece a publicar libros de alguien, admitiendo no habérselos leído. Sin filtro editorial alguno, y muy probablemente sin una corrección decente. Joder, una cosa es que algunos quieran publicar y otra cosa es que se dé por hecho de que todo el mundo quiere publicar a toda costa. Algunos de mis amigos, de los que todavía conservan esperanzas en publicar, tienen la honestidad de esperar que el editor o persona encargada se lea su obra y decida si es correcta. No como hacen algunos, que oyen campanas y no saben dónde, les suena que tal escritor es bueno y aceptan las cosas a ciegas.
No. No así.

Gañanerías tan gordas como la típica de mentir al autor sobre el número de volúmenes vendidos ya las hemos oído todos; pero cuando el autor se entera POR UN LECTOR que su obra ha llegado a otros países de habla hispana, es cuando se queda con el culo torcido ante el flujo de comunicación por parte de la editorial. No queráis ni preguntarles cuántos ejemplares se han vendido allende los mares, que vete a saber por dónde te salen. Algunos llegan a nivel premium y, no contentos con este racaneo del dinero que un autor se merece, tienen los santísimos cojones de pedir una participación a una productora cuando una novela da el salto al cine. Dicho de otro modo, no solo no te pagan lo tuyo, sino que encima quieren ver pasta de una cosa en la que no tienen que ver un carajo.

Y se supone que yo tengo que tener fe en todos estos. Se supone que tengo que esperar que hagan bien su trabajo. Se supone que tengo que hablar bien de gentuza que se pasa el día aprovechándose del trabajo de los demás, y justificándose con mil y una gilipolleces: "Que si la cosa está mal para todos", que si tal que si cual. Al mismo tiempo, tengo que ver cómo el mundillo que los rodea (otros autores, lectores, satélites y pelotilleros de muy diversa estofa) me intenta persuadir de que no diga nada. De que tenga fe. Me intentan convencer, sin muchos argumentos, de que todo es guai. De que hay buena gente. De que la industria mola.
Y digo yo: "Mira, no digo que no, pero mi experiencia ha sido una puta mierda al 100%. ¿Qué clase de fe puedo tener en un mundo que me ha demostrado estar poblado por sinvergüenzas?" Cuando TODO lo que has vivido son marranadas, chapuzas e intentos cutres de aprovecharse de uno, decidme: ¿Qué se puede esperar?

Por lo que a mí respecta, yo ya lo único que puedo esperar de la gentuza que lleva a cabo estas prácticas es que se muera de hambre de una puta vez y que se vaya a hacer puñetas.
Que algunos ya estamos hartos de que nos tomen por imbéciles.
Y de que vengan otros detrás a justificarlos y a decir que son chavales estupendos que tienen que ganarse la vida.


De ahí mi falta de fe. Hasta hace unos años, yo pensaba que publicabas como premio por tener un mínimo de calidad. Porque alguien pensaba que lo que habías escrito merecía la pena lo suficiente como para arriesgarse al lanzarlo al mercado. A convertirlo en un producto, que es algo respetable hasta cierto punto. Bastan casi tres años para darte cuenta de que te has estado engañando a ti mismo. De que el concepto de producto enmascara cualquier otra cosa: que el producto que se vende en caso alguno pasa los controles de calidad. Que hay gente que es buena y publica es innegable. Pero que gente que es peor que tú (lo cual manda cojones), gente que no ha leído un libro en su puta vida pero quiere ir de "escritor" por la vida, se suma al carro de cualquier moda dominante y publica auténticos truños, también, y mucha. Muchísima. Bien por eso de ir a la moda o bien por tener algún colega en alguna editorial (de medio pelo, pero editorial al fin y al cabo) que (digan lo que digan) coge y lo publica sin pensárselo.
Ante esto me podéis decir que una editorial no se arriesga a tal cosa, que si tal que si cual. Yo os propongo la experiencia de que os paséis por cualquier librería, pilléis libros de tal género de moda y veáis las pedazo de mierdas que están saliendo: fotocopias de fotocopias de fotocopias de autores ya mediocres, sin un estilo mínimamente personal. Noveluchas baratas, cargadas de tópicos, palabras y expresiones repetidas hasta la extenuación e incluso faltas de ortografía sistemáticas. A eso se están arriesgando no una ni dos editoriales, sino muchas, en nuestra industria.
Y no pasa nada. Todo vale. Todo es guai. Todo es respetable. Mientras aquí unos satisfagan su ego presentando libros en cualquier tiendaza de moda, rodeados de camarillas de pelotas que les digan que son magníficos autores, mejores personas, clásicos indiscutibles que pasarán al Olimpo de la Literatura, todo está bien. Mientras los que han dado luz verde a estos abortos literarios estén ganando pasta a costa de reírse del público (sí, reírte: cuando le cobras a un cliente el precio por un producto de una determinada calidad pero lo que vendes es bazofia, te estás riendo de él), aquí todos contentos.

"¡Y luego todos hacemos sexy time!"


Pero no solo es cosa de editoriales, no. Suelo decir que hay mucha culpa en todas partes, y esto no es una excepción. Pongo el caso de una amiga mía que es reseñista y suele recibir libros de autores y editoriales con la intención de que ella los lea y haga una crítica seria y minuciosa sobre ellos. Se me cae la cara de vergüenza ajena cuando me cuenta que ha habido autores que, con todo su morro, le han llegado a decir que le envían el libro a reseñar de forma gratuita a condición de una crítica positiva. De editoriales que, con todos sus cojones, han intentado presionarla para que su valoración sea mejor de lo que es. En definitiva, forzar su criterio o, dicho de un modo más directo, obligarla a mentir.
Y hay gente que todavía me viene diciendo que está harta de escuchar historias sobre lo podrido que está el mundillo... como si ignorar toda esta avalancha de mierda fuera la solución. Más harto estoy yo de ver cómo amigos míos (autores o lectores) cada día se sienten más estafados, más defraudados y, lo que es peor, más desanimados a la hora de escribir. Gente que es BUENA. BUENA de verdad. Gente que tiene un bagaje literario que ya quisiera más de uno de esos pobres publicados. Sí, de esos que ignoran cualquier crítica negativa, de los que bloquean a aquellos que les llevan la contra o a aquellos que no les bailan el agua. Gente mediocre que carece de las agallas para admitir que son unos mediocres y, por tanto (y aquí viene lo peor), sin el más mínimo afán por mejorar como autores. Gente de mente simple que se contenta con escuchar alabanzas vacías que los comparan a los Grandes Clásicos de la Literatura Universal... y se lo creen. Pobres diablos que viven en su propia Matrix de halagos y aplausos. Tiernos muchachos que se contentan con que les metan la lengua por el ojete dieciséis horas al día (las otras ocho son para dormir) y se piensan que todo eso que les dicen es la pura verdad. Que no han cometido fallo alguno en su puta vida.

Podría decirse que hablo desde la envidia. Es lo que diría más de uno cuando suelto las verdades a la cara. Qué queréis que os diga, a mí no me causa envidia eso de ver cómo la gente chapuza se rodea de pelotas que se pasan todo el día diciéndoles lo magníficos que son. Aquellos que me conocéis, sabéis que me incomoda sobremanera que me hagan la pelota. A veces incluso me molesta, cuando veo que el peloteo es descarado e interesado. Teniendo en cuenta que considero estar como un cencerro, me resulta tela de escamoso que la gente me dé la razón por las buenas y, si lo pensáis, la gente más cercana a mí raramente lo hace. Si yo publicase (cosa que, a día de hoy, ya no me interesa demasiado), me resultaría terriblemente irritante, por no mencionar que me causaría un enorme cargo de conciencia, irme a la cama pensando que me han publicado un libro porque tal es amigo mío en lugar de que porque lo que he escrito merece la pena. Sinceramente, me siento mucho más cómodo sabiendo que soy un autor de segunda o tercera línea y que puedo (y debo) mejorar antes de quedarme solo con el peloteo, creerme el rey del mambo y acabar publicando por méritos que no son míos. Me siento mucho más cómodo sabiendo que, hoy por hoy, lo que escribo no está a la altura de ser publicado porque no quiero estafar a los pobrecitos que me lean. Qué coño, si saco algo al público alguna vez, lo que quiero es dar lo mejor de mí mismo y no defraudar al que se gaste veinte pavos en confiar en mí. Por eso reviso y reviso, y corrijo y corrijo. Por eso lo mismo llevo más de media década destruyendo y reconstruyendo escritos, y pasándoselos a gente que no tiene reparos en decirme qué es lo que les parece una mierda, para así poder mejorarlo. Los pelotas me resultan tan útiles como los pezones de una armadura.

Además de ridículos.


Podría decirse que hablo desde el resentimiento por no haber publicado. Pues lo mismo, pero tampoco estoy viendo que eso sea algo que me quite el sueño últimamente. Viendo el nivel de mierda redomada que pulula por el autoreo y por las librerías, como que casi me causaría vergüenza ajena compartir estantería con según quienes. No con todos, desde luego; hay algunos con los que sí me gustaría... pero no son tantos como yo habría querido esperar. Viendo cómo he visto a unos cuantos subirse al púlpito en el momento en que han hecho DOS presentaciones de libros, dando de lado a la gente que tenían al lado y poniendo pose de "Hola, soy escritor (y tú no)", mira, me parece que prefiero que ni se me presente la tentación de volverme así. O al menos, desde aquí os doy permiso para inflarme a hostias si me vuelvo igual un día de estos. Pero en resumidas cuentas, casi que está mejor uno con su mierda en casita, leyéndola en el sofá o la cama y pasándosela a algún amigo para que te diga "Vale, muy bonito, pero casi mejor te dedicas al ganchillo, tío". Al menos sé que esos son honestos.
O dedicarme a otra cosa que no sea la escritura pura y dura. Como nacido bajo un signo regido por Mercurio, tengo la mente inquieta y puedo dedicarme a varias tareas sin despeinarme. No me considero un genio en ninguna, pero sé que no tengo por qué serlo; con que me haga feliz, es suficiente. Quizás es por eso por lo que ahora estoy dedicándome a una pasión que casi supera a la escritura, tal como es el dibujo. Y no necesito llevar lo que hago a una editorial para que todo el mundo vea lo grande que la tengo. No necesito que me adulen, sino que me digan qué es lo que puedo mejorar. Para dar lo mejor de mí mismo, nada más. Para no tener que soportar a mi conciencia soplándome en el cogote y diciéndome "Aquí has sido muy indulgente contigo mismo, ¿eh, chaval?"

Viendo la cantidad de zurullos que inundan la literatura (puede que no todos, pero muchos más de los necesarios), y viendo el sumo desprecio que tiene la industria por el cómic patrio (no solo los editores, sino también el público, al que ver un nombre español en la portada parece que les causa urticaria o algo), casi me trae mas cuenta la autoedición. Y ojo, no digo esto como una opción que me entusiasme, sino como una única opción de poder medio proyectar un trabajo. Tampoco es que me dé ganas de sacarme el rabo y hacer el helicóptero ver cómo unos cuantos van por la vida creyéndose Dios (más guapos, más molones, mejores personas, con pollas como salchichones) porque han vendido algunos ejemplares en una autoedición digital. No, no es que tenga que contener mis orgasmos cuando pienso que se me puede acabar metiendo en el mismo saco que a estos.
Pero como digo, la idea de publicar ya no me resulta tan atractiva como antaño, pero tampoco pierdo nada por subir un trabajo a una plataforma digital que, puede que no tenga filtro editorial alguno... pero al menos da más oportunidades que el noventa por ciento de la gentuza que me estoy encontrando. Porque igual soy malo (insisto, no tengo muchos reparos en reconocerlo), pero está claro que eso no tiene nada que ver para no publicar. Hoy en día puedes escribir como un puto orangután con lesión en el area de Broca, que si escribes lo que está de moda tienes más oportunidades de proyectar que si no lo haces. Echaos las manos a la cabeza, pero vosotros sabéis que es cierto tanto como yo. Otra cosa es que no haya huevos de reconocerlo. Así que no me habléis de lo chungo que lo tiene un novel, porque sabemos que entre los noveles hay categorías. No es lo mismo un novel que escribe sobre lo que está de moda, que está harto de lamerle el culo a según quién, que tiene amiwitos hasta en el infierno y que se ha pasado lo más grande vendiendo su alma a Satán para hacerse un huequecillo que el que va por libre. El que escribe lo que realmente quiere, sin pensar en "Esto va a molar a mucha gente". El que no se mete en foros, ni discusiones. El que no toca las palmas a quien considera que le va a echar una manita.
Corren malos tiempos para la gente honesta. Eso también lo sabéis igual de bien que yo, y muy pocos de vosotros tenéis los cojones de admitirlo abiertamente.

Lo más interesante es que esas mordazas nos las ponemos por miedo. Por el qué dirán. Por el "No vaya a ser que esto siente mal a gente que me podría echar una mano".
Por mil excusas igualmente absurdas.


Por eso no me vengáis a pedir fe en este mundillo de comemierdas, lameculos, chupapollas, camarillas y pandillitas, porque a mí no me la dais con queso. Me estáis hablando de un mundo ideal en el que las cosas son chulis si agachas la cabeza y te unes al rebaño. Al pensamiento único. A bailar aguas, tocar palmas y a hacerle los coros a los de siempre. Me estáis hablando de conversión, de sumisión y de aceptación ciega, y los que me conocéis solo un poquito sabéis que esas cosas no van conmigo. Sabéis que le he llevado la contraria a buenos amigos simplemente porque no creo que tengan la razón. Que cuestiono absolutamente todo aquello que no considero lo bastante razonado. En algunos casos incluso he llegado a tener roces con gente con la que me llevo muy bien porque considero que han metido la pata hasta el cogote y no me he callado. O bien lo he hecho para no liarla, pero jamás les he aplaudido ni les he dicho "Tío, eres magnífico, te apoyo incondicionalmente".
Me pedís resignación.
Me habláis de sumisión.
Pero oculta en ese disfraz, siempre hay un arma mortal.

Como he dicho arriba, corren malos tiempos para los honestos. Para la gente íntegra, que considera que el triunfo debe reconocer un esfuerzo. Que tras cada logro debe haber un trabajo detrás, y no horas y horas de chupadas de polla. Por cada autor con unos valores medio decentes, o con un sentido de la honestidad, me he encontrado al menos a diez que venderían a su madre por un plato de lentejas, o lo que es lo mismo, por un contrato con cualquier editorial chuliguai. Le comen el rabo a tal un día, y cuando ven que éste no les va a hacer el favor que esperan, lo mandan a la mierda y se buscan a otro. A menudo, haciéndole alguna putada de las gordas, que también lo he visto. Algunos de esos desgraciados, verdaderos inútiles de las letras, ahora mismo están publicando algunas cosas. Y seguramente, creyéndose que están ahí por sus propios méritos. Porque son buenos autores.

Yo creo que sí.


Esta es la clase de cosas que hacen que me dé verdadero asco formar parte (o medio formar parte, porque cada vez me siento más ajeno a todo) de este mundillo. Conservo unos cuantos amigos, que me han demostrado ser gente honrada, que ni me han pedido favores ni me los han ofrecido. Gente que me ha animado en malos momentos, que me han hablado sin pelos en la lengua acerca de lo que debo mejorar y, sobre todo, gente que ha confiado en que soy capaz de hacerlo mejor. Que espera mucho más de mí. Que cuenta con que no los defraude. Eso me vale mucho, mucho más que escuchar esa imbecilidad de "Eres un genio de las letras", "Eres magnífico".
Más allá de esta gente valiosa con la que me quedo, todo lo demás me resulta prescindible. Con el tiempo, el resto de los chupópteros y ansiosos de peloteo acabará por dejar de formar parte de mi vida. Al fin y al cabo, alguien que dice lo que piensa y no lo que quieres oír suele ser alguien que resulta incómodo. Alguien que, a la larga, muchos de vosotros queréis tener lejos porque, coño, anda que no mola que os la chupen. Esa gente acabará por demostrarme a mí y a sí misma, que son gente superflua, que no aporta absolutamente nada. Puede que ellos tampoco me echen de menos.

Pero, como le dije a una amiga mía, que el otro día me contaba lo muy deprimida que estaba por cómo de injustas estaban saliendo las cosas en este mundillo, yo (o nosotros, que somos unos pocos) cuento con algo que sé: que lo poco que consigo, lo consigo yo. Que puedo decir que cada minúsculo paso que doy, lo doy por mis propios méritos. Que soy consciente de mis errores y que pago por ellos, con la idea de aprender y mejorar.
A ver cuántos pueden decir lo mismo en esta Dinamarca particular.

miércoles, 19 de junio de 2013

Escupiendo Rabia- Lo que ningún gobernante diría (pero nos gustaría que hiciese)




"Estimados señores del FMI. Del BCE. Estimada canciller:

Hablando en representación del estado español, me dirijo a ustedes con la idea de exponer el sentimiento generalizado hacia la situación que estamos viviendo, y en especial hacia la gestión que está llevando la Unión Europea al respecto.
Yo me cago en vuestra puta madre.
Por lo general pediría disculpas por el lenguaje garrotero, pero qué coño; este país lleva ya demasiados años aguantando mamarrachadas y gilipolleces de su camarilla de hijos de puta y no nos han hecho ni puto caso. Y cuando lo han hecho ha sido para jodernos de lo lindo: para ponerlos el pie en el cogote, meternos el rabo por el culo hasta que nos salga por los orificios de la nariz y luego para cagarse en nuestra cara.
El estado español, por si no se han enterado, caballeros de baja estofa, está hasta los mismísimos cojones de vosotros. De vuestro sueño de una Europa más a vuestra medida. De vuestras recomendaciones que... venga, vamos a dejarnos de gilipolleces. Vosotros sois los reyes del eufemismo y donde decís que recomendáis nos estáis metiéndonos órdenes unilaterales con calzador. Cipotazos sin vaselina uno detrás de otro.
¿Y todo este despliegue de mierda que nos claváis por el pescuezo? ¿Esto para qué vale? Porque se supone que vuestras "recomendaciones" deberían sacarnos de la crisis y fíjate lo que tenemos: nos cortáis toda puta salida industrial que podríamos tener al tiempo que os enriquecéis, usureros hijos de madre mal follada. No hemos tenido la mejor gestión, eso es fácil admitirlo viendo cómo andamos de corrupción y de mamonadas, pero ojo, que vosotros no sois la polla en verso tampoco. También habéis tenido la vuestra, y fíjate tú, a vosotros nosotros os hemos perdonado las deudas. De no ser por eso a ver dónde coño andaríais. Sí, vosotros, que ahora nos veis como vuestros putos sirvientes. Que nos tratáis con la punta del pie, con esa desconfianza y esa condescendencia, como si tuviésemos que daros gracias por existir.
Enteraos de una puta vez, payasos de mierda: sois lo que sois porque estáis expoliando a todo bicho viviente. Vuestra tecnología proviene de las mentes de nuestros investigadores. Esos investigadores a los que estáis jodiendo la vida en nuestro país, obligándonos a recortar en investigación.
Vuestros médicos, cada día más, están viniendo de nuestros hogares, porque estáis presionando a nuestro país a recortar en sanidad. Vosotros, germanos y vosotros, escoria del FMI.

Imagen cursi para tomar aliento.


Nos tenéis hasta los mismísimos huevos ya con vuestros estudios paridos por un mono retrasado, donde los datos sobre España no pueden ser peores, se haga lo que se haga. Y mira tú por dónde, qué casualidad, que lo que hace España es seguir vuestros dictados al dedillo. Y cada vez que metéis la zarpa en un país (no sólo España, mirad todo el puto Mediterráneo) lo mandáis a tomar por culo. Y pretendéis que os tomemos en serio. Pretendéis que os respetemos.
Es que no se puede ser más gilipollas.
La cagáis en Grecia y no aceptáis vuestra responsabilidad. Aquí nadie la ha cagado, pero los griegos, míralos tú, cada día más jodidos. Pero claro, a vosotros os da igual porque habéis encontrado el modo de beneficiaros de que un país se vaya al carajo.
Si luego Chipre va detrás, pues que se jodan.
Que se joda Italia.
Que se joda Portugal, la cual ahora anda con unos recortes educativos de tres pares de cojones y hace unos meses decíais que eran "el ejemplo a seguir para los países de Europa". Quitaos las máscaras de una puta vez, cabrones de mierda: decid que lo que queréis es que la Europa mediterránea sea vuestra puta esclava, para que cuando os vayáis de putas os salgan tan baratas como en el Tercer Mundo, pero os coja todo más a mano.

Y es que debe ser la leche ser tan guai como vosotros, con esa política del embudo, esa visión unilateral del mundo, donde todo Cristo os tiene que rendir cuentas ante cualquier fallo, pero vosotros os meáis sobre aquellos a los que jodéis deliberadamente. Y no solo los jodéis, sino que los aplastáis, les sacáis todo su dinero. Obligáis a otros países a que se gestionen como vosotros digáis, bajo las condiciones que imponéis. Por cojones, ni recomendaciones ni sugerencias ni putas hostias.

Mientras vosotros os pajeáis de gusto, enriqueciéndoos, en nuestro país, en MI país, la gente las está pasando putas. Tenemos cada día más gente que está pasando hambre y que está comiendo gracias a la caridad y vosotros decís que vivimos demasiado bien. Gente explotada por cuatro perras, estirando un sueldo de mierda para que una familia (con suerte) pueda salir adelante y decís que el español no rinde lo suficiente y que tiene demasiados privilegios. Que se trabajan pocas horas y que se cobra demasiado. Qué cojones más gordos tenéis para decir eso, cabrones. Pero qué gordos que los tenéis. La gente joven (y ya cada vez, menos joven) se las está viendo y deseando para poder encontrar un trabajo, ya no decente, sino un trabajo a secas. Y vosotros, desde arriba, jugando al puto Risk, y diciéndole a tal o cual gobierno (porque le habéis metido la mano por el culo a los que hemos tenido desde hace ya casi una década, si no más) en qué debe recortar. Imponiendo reformas laborales que nos llevan de vuelta al puto s.XIX, donde teníamos que dar las gracias si el amo no nos pegaba por no estar 20 horas currando como desgraciaos. Y cada vez que nos forzáis a imponer una reforma, la gente se cabrea antes de hundirse... pero lo más triste es que no basta con que la aceptemos, porque luego alguno de vuestros amigos, esos hijos de puta de las agencias de especulación o cualquiera de vosotros mismos, saldrá con que "España no genera suficiente confianza" y volvemos a empezar: os sacaréis un listado de la manga donde TODO lo que hagamos será inferior a cualquier cosa que caguéis. Europa mirará con malos ojos cualquier cosa que salga de los Pirineos para abajo y nos meteréis de nuevo, por pelotas, la puta austeridad con la que os la estáis meneando.
Obligándonos a subir impuestos, recortar en derechos básicos y a tener unas condiciones de trabajo antediluvianas, así se hace, cabronazos. Así se genera una masa ingente de esclavos que os chupen las botas y se pasen toda la puta vida ganando cuatro perras que tendrán que invertir para pagar vuestros caprichitos de niños gordos que juegan a las casitas. Nos habláis de una deuda que engorda día a día porque a vosotros se os pone en los cojones: ya no es que sea imposible que alcancemos a pagarla, sino es que ya es imposible que podamos siquiera pensarlo, porque cambiáis las condiciones del juego en el momento en que os aburrís. Sois los putos matones del colegio que, no contentos con robarnos el bocadillo, obligáis a nuestras madres a que se endeuden en la panadería de por vida. Y cuando os aburráis de comer jamón ibérico, no pasa nada, a joder a otro. Pero eso sí, tendremos que seguir pagando.

Otra imagen moñas para descansar.


No, no nos vengáis con esa mierda de construir una Europa plural y que pueda crear una economía fuerte y competitiva, que ya nos conocemos la milonga. Estamos ya más que quemados de mentiras descaradas y de que nos tratéis como si fuéramos idiotas: aquí a lo que habéis venido ha sido a confirmaros como potencia unos, a sacar tajada otros y a joder al prójimo todos. Nos vendéis la milonga, pero no habéis hecho una puta mierda por Europa; nada que no hayáis hecho en beneficio propio y machacando a los demás por medio. Así vais a crear una Unión fuerte por los cojones.
Un puto Imperio es lo que estáis creando, y nosotros ya estamos hartos. No, no sé con qué nos habéis estado amenazando durante tantos años. Sé que tiene que ser algo gordo, porque de lo contrario, ya habríamos dicho antes que no vamos a pagar vuestra deuda. Podríamos haber dicho, junto con media Unión que nos largamos de la Comunidad Económica Europea, del euro y de cualquier gilipollez que tenga la banderita con las estrellas.
Ni lo sé ni me importa. España ha llegado al punto en que está tan harta de vosotros y de vuestro monopolio, de vuestro expolio y de todas vuestras mentiras en que ya nos la sopla todo. Antes de pagar vuestra puta deuda inalcanzable, hemos decidido que vamos a sacar a nuestro país en adelante. Vuestra "ayuda" os la metéis por el culo, que falta os va a hacer cuando veáis que la pasta contante y sonante que tanto esperábais os la va a largar vuestra puta madre follando a cuatro patas. Nosotros somos el chaval debilucho del patio que ahora se ha levantado, se ha hartado de amenazas y os grita en la puta cara: ¿Ahora que, nos vais a pegar?

Porque se ve que con amenazas sois de lo más valiente. Lanzando informes fantasma que apenas os habéis leído, diciendo que en España somos vagos, incultos e inútiles, tenéis una polla de kilo. Pero luego, cuando esa Raza Inferior os dé la espalda y diga que ya no piensa ser más vuestra esclava, a ver si os ponéis igual de gallitos, panda de chulos de piscina. Cuando a vosotros, gentuza del FMI, se os diga por dónde os podéis meter las recomendaciones y os echemos a patadas cuando nos digáis cómo tenemos que gestionar nuestro país (porque España, a día de hoy, no le está diciendo a nadie cómo debe gestionarse... y me pregunto qué pasaría si lo hiciera, qué reacciones habría), de verdad, me pregunto si seréis tan valientes.
Tenéis que enteraros de una cosa, y es que tenéis tanto poder como todos los demás queremos que tengáis. Hemos estado obedeciendo vuestras órdenes porque pensábamos que así se mejorarían las cosas, pero ya habéis demostrado que o bien tenéis la inteligencia de una puta ameba y nos mandáis informes erróneos, o bien sois más listos que el hambre y nos mandáis informes falsos. En cualquiera de ambos casos, es España quien no confía en vosotros. Es España quien, a partir de ahora, se va a pasar por el ojo del culo lo que nos digáis, porque también tenemos economistas. También tenemos expertos. Y, por muy Inferior que sea la Raza Hispana (o eso nos habéis estado haciendo creer durante siglos), ahora le vamos a echar cojones al asunto y vamos a dejar de seguiros el juego. A ver quién resiste más.
Sí, con amenazas sois de lo más valiente. Pero ahora que os estamos plantando cara, ahora que os estamos diciendo que España, por primera vez en mucho tiempo, no piensa rendirse ante vuestro imperio de chupasangres y follaculos de ducha de talego, vamos a ver si sois tan valientes. A ver si tenéis esos huevos que se supone que tenéis y lleváis esas amenazas a la práctica. Y a ver si no nos sigue ningún otro país que también esté hasta los cojones de vosotros, que somos ya unos cuantos.

Dicho esto, señora Canciller, señores del FMI y demás payasos, ya saben dónde tienen la puerta. Ordenadamente y en fila, les 'recomiendo' que se vayan a tomar por culo".

domingo, 16 de junio de 2013

Mondo Chorra- Sobre opiniones y culos




No es la primera vez que en una conversación, sea del tema que sea, he acabado oyendo la frase "Las opiniones son como los culos: cada uno tiene la suya". No importa el tema, esto acaba apareciendo como un mantra omniversal que viene a sentar cátedra y zanjar cualquier discusión.
No puedo estar más de acuerdo.
Es cierto que todos tenemos una opinión del mismo modo que tenemos un culo, pero ojo (u ojete), amigos Distópicos: hay culos y culos y no todos son iguales, ni de lejos.

No es lo mismo tener un culo bien formado, ejercitado y tonificado que uno fofo y anquilosado. Al igual que las opiniones, hay culos que van por ahí limpios y pulcros y otros que chorrean mierda como la puta Fontana de Trevi. Hay gente que más que un ano, lo que tiene es un caño expendedor de detritus que anda al borde del prolapso. Sueltan un poco más de mierda y acaban cagando las tripas.

Hay culos flexibles y adaptables a cualquier asiento. De esos culos que puedes colocar en cualquier parte que parecen ergonómicamente diseñados para caber donde quieras; hay culos rígidos que se coloquen donde se coloquen, dan... Dan...
Permitidme la redundancia, pero sí: dan por culo.

Culo tonificado, para que mis queridas Distópicas vean que las tengo muy presentes.

Y luego hay otros que JAMÁS pueden tomarse en serio. Más de los que nos creemos...



Podemos encontrar toda clase de culos de catadura moral; por ejemplo, nalgas de flexible abertura, que se dejan penetrar por cualquier cosa ajena que se les ponga por delante. Sin escocerse y sin una puñetera almorrana. Puede entrar un transatlántico que no pasa nada. Otros, en cambio, son más de mantenerse cerrados ante según qué cosas y permitir la intrusión de aquellos que consideren dignos.

Hay culos de revista, que da gusto verlos a causa de su impecable formación. Esa clase de gluteus maximus que no te cansas de ver. Que te aportan algo. Que hacen que tu vida sea más completa. Hay culos que son vulgares, comunes e incluso anodinos. Olvidables en toda regla.

Y luego hay cosas que parecen culos y no son más que limones agrios, cargados de ácido y sin mucho que aportar.
Ejemplo de culo memorable, para que los Distópicos varones tampoco se sientan discriminados.



Algunos culos se tatúan, de forma que su aspecto queda enmascarado por la moda, pero que en el fondo no dejan de ser el mismo culo de siempre. Otros tienen un aspecto algo más intemporal, pero no por ello menos agradables a la vista. Algunos culos son frágiles y cambian de dirección conforme les lleve el viento. Otros, algo más pesados, ya pueden sufrir la caída del puto meteoro de Armageddon que ahí están, imperturbables.

Panderos con espinillas, cual acné juvenil, que demuestran que todavía queda mucho por recorrer. Otros muestran arrugas, señal de la experiencia. Ortos que al peerse retumban, sentando cátedra, incontestables. Buyarengues que lanzan una tímida trompetilla, casi temerosos de ser ahogados por todo el orfeón rectal.
Hay ojetes peludos, que no dejan entrever su interior, y cachetes inmaculados, que son casi transparentes.
Posaderas cuadriculadas, casi cúbicas. Otras, redondeadas, como limadas por el tiempo. Mofletes de la rabadilla esponjosos, que parecen absorber todo cuanto captan alrededor. Traseros memorables que pasarán a la historia, bien por grandes, bien por épicos. Traseros miserables, irrisorios y ridículos.
Existen culos que jamás se repetirán; otros, en cambio, son comunes, corrientes. De los de a un céntimo la docena.

A veces, los culos quedan al aire, y no por voluntad propia.
Sí, amigos: el outing existe también en Mundoculo.
Otros culos simplemente emergen en un momento puntual, como el monstruo del Lago Ness y no se les vuelve a ver jamás de los jamases.
Otros son irreales e increibles, pero algunos darían el alma por ellos.



Culos fuertes, rozando lo agresivo, capaces de romper un kilo de nueces con sus músculos. Otros son blandos y manipulables, que se dejan sobar por el primero que pasa. Hay culos que serán recordados por lo que son, por sus formas y su contenido. Otros, en cambio, sólo lo serán por su dueño, ya que en el fondo estarán tan repletos de mierda como el de cualquier hijo de vecino. Culos libertarios, que se pasean por ahí al fresco, sin ataduras. Pompis que necesitan pañales para no mostrar al mundo la suciedad que llevan en su interior.


No es la primera vez que dos grandes culos se enfrentan. El resultado puede ser impredecible.
Culos enrojecidos. Probad a hablar de política con gente muy acérrima de cualquier causa, la que sea.
O entrad en un foro de fandom.
Algunos culos, de hecho, enrojecen tanto, que ya empiezan a oler a quemado...



Y, pese a tan larga catalogación de culos, da la puta casualidad de que todos tienen varias cosas en común: la primera es la obvia, que es que todos tenemos uno, aunque a veces parezcamos tener varios; no nos engañemos, un culo que se disfraza jamás deja de ser el mismo culo. Otra cosa es que lo parezca.
La segunda cosa común es que, por mucho que giremos el cuello y por muy flexibles que digamos ser, jamás podemos ver nuestro propio culo en una posición normal y son los demás los que lo miran. Bien con admiración, envidia, asco u odio.
Tres, podemos revestir nuestro culo de lo que queramos. Puede ser todo lo bonito que nos parezca, pero principalmente va a valer para dos cosas: para sentarse y para cagar. Y si extrapolamos todo esto al fantástico y aparentemente intocable mundo de la opinión, nos daremos cuenta de que decir "Esto yo lo he dicho como mi opinión", en muchos casos debe ser revisado. Porque igual nuestro culo no es más que eso: un fantástico y redondeado orificio por el que sale mierda. Mierda amarillenta, oleaginosa y llena de grumos con el único objetivo de ser lanzada a chorro limpio sobre el fulano que tenemos justo al lado. Presumiremos de que es nuestra opinión y puede que hasta argumentemos que estamos haciendo un favor al pobre desgraciado sobre el que nos estamos cagando. Podemos decir que sí, que es que estamos sacando lo más hondo que llevamos en nuestro interior y lo estamos compartiendo con él, pero quitémonos la venda de los ojos (u ojetes, que a veces no distinguimos unos de otro): nuestra mierda huele. Nuestra mierda da asco. Y por mucho que digamos ser, por muy superiores que nos creamos, a nadie le va a hacer ni puta gracia que lo zurramos en mierda.

Culos que no tienen miedo de mostrarse en público, para que todo el mundo sea testigo de ellos.

Los hay hasta postizos, que fingimos que son los nuestros, pero que en el fondo no son más que un patético intento de quedar guai ante el mundo.



Así que, recordadlo cuando estéis sentado en el trono pariendo, ya sea ideas o simples zurullos (a veces ambas cosas son sinónimas, pero el que esté libre de pecado que arroje la primera mierda). Todos tenemos un culo y todos nos creemos con el derecho de usarlo. Y ciertamente, ese derecho es nuestro; pero ese derecho a expulsar deyecciones como si no hubiera un mañana acaba justo en el derecho a la dignidad del culo ajeno. Cuando saquéis vuestros culos a pasear, procurad no cagaros sobre el vecino, ya que lo mismo su mierda huele peor que la vuestra y lo mismo os la estampan en plena jeta.

domingo, 9 de junio de 2013

Tebeos en Vena- Comics, los Puto Imprescindibles de Rumbo a la Distopía, Cuarta Parte




Si habéis sido de esos valientes que han sobrevivido a las anteriores entregas de los Puto Imprescindibles, enhorabuena. Ya podéis decir que vuestro nivel de resistencia a cosas alucinantes está aumentando. Ya que veo que, bien es eso, o bien es que os estáis volviendo masoquistas, no os preocupéis: llegamos ya al último post hasta la fecha con esta temática.

Ya ni me molesto en contarlos las premisas de estos artículos que he ido publicando a lo largo de estas semanas. Si sois buenos Distópicos, cuento con que los hayáis leído previamente. ¡Si no, pues no seáis vagos y poneos a ello, coñe, que no cuesta tanto!

Y con esto, arrancamos:




19. Spiderman: La Muerte de Gwen Stacy, de Gerry Conway y Gil Kane:

Muchos de los cómics que he reseñado, por no decir la mayoría, corresponden bien a novelas gráficas, colecciones, series limitadas o sagas. Este que comento aquí, sin embargo, es una excepción. El número correspondiente a la serie Amazing Spiderman americana abarca tan solo dos numeritos, los 121 y 122. En estos, se pone fin a la que sería la segunda relación del Trepamuros de Marvel, de una forma cuanto menos drástica.
Ante esto tengo que decir que Spiderman nunca ha sido uno de mis héroes favoritos de toda la vida. Interesante a veces (nunca me oiréis decir nada malo de la etapa de John Romita Sr. en el apartado gráfico) y muy prescindible otras (véase la etapa de Ross Andru, con villanos tan risibles como el Rocket Racer o la Gran Rueda, que pasan al Olimpo de Personajes del Cómic Más Ridículos Que Ha Parido Madre), es un personaje que siempre ha gozado de gran simpatía entre el público. Para mí ha sido más bien una relación amor-odio: por un lado me he sentido identificado con el chaval que anda sin pelas y que tiene que buscarse la vida como sea para salir del hoyo, pero por otro su condescendencia y su "humor" a la hora de enfundarse el traje rojo y azul más de una vez me han hecho desear que aparezca Thor y le meta el Mjolnir por el culo, a ver si así se calla de una puta vez. No me cae tan mal como la Antorcha Humana (para eso hay que comer muchos Bollicaos), pero tampoco es que me haga flipar de la emoción este tío.
Sin embargo, cuando me decidí a seguir la colección que reeditaba su etapa clásica, lo tuve muy claro: sabía que ese The Day Gwen Stacy Died era un Puto Imprescindible. Y qué coño, era la etapa clásica. Los putos años 60. Había que trincarse todo aquello.
Puedo decir que Spiderman, en general, tiene una etapa clásica que, pese a no casar con mis gustos es bastante aceptable. La etapa de Steve Ditko, su primer dibujante, no es santo de mi devoción, mejorando a mi parecer mucho cuando entra Romita. Para la entrada de Gil Kane puede decirse que hemos llegado ya a lo más alto, quedándose como colofón esta Muerte de Gwen Stacy. De ahí que, si tenga que quedarme con algo de la serie, sea justo con esto. El dibujo está a la altura de un guión sobrio, sin textos burdos y sin gilipolleces. La cosa además queda rematada con la batalla final entre Spiderman y el asesino de su novia, el Duende Verde original.

Lo Mejor: La forma trágica de despedir al personaje de Gwen Stacy. Sin aspavientos ni idioteces. El tono sobrio de la historia en general. Spiderman, para variar, se deja de chistes y de historias y nos muestra un lado serio, casi oscuro. Frases como la que enmarca el final de la batalla contra el Duende Verde son de las que se quedan en la memoria. El dibujo de Gil Kane, dotado de buenos encuadres y muy correcto en cuanto a dramatismo.
Lo Peor: A partir de aquí, la serie empieza a caer en un declive que ni la entrada del Castigador, ocho números despúes, consigue remontar tras lo ya visto.
Escenas Puto Memorables: Spiderman sosteniendo el cuerpo de Gwen Stacy y jurando venganza. Casi puedes ver su rabia bajo la máscara.

20. Green Arrow:




Green Arrow/ Green Lantern, de Denny O'Neil y Neal Adams.

Si os habéis hecho fans de la serie Arrow y andáis buscando material comiquero con el que conocer mejor al personaje, tengo que deciros que la cosa anda algo floja. Fláccida, si os digo. El cazador urbano creado por DC anda en horas un poco bajas en nuestro país; al no contar con un título regular propio en la actualidad tras Flashpoint (las únicas referencias a las que, a día de hoy, puedo llegar son a las de New 52 y poco más), y al no estar reeditándose material anterior tras la pérdida de derechos de DC por parte de Planeta, queda esperar a que alguien (ejem, ejem) le dé el punto y se ponga las pilas.
De este personaje, por ahora, puedo citar dos puntos bastante imprescindibles, a falta de leerme la etapa de Kevin Smith, de la que todo bicho viviente me ha hablado maravillas y que nunca he podido pillarme por cuestiones económicas. La primera es una especie de buddie comic que el amigo Ollie se montó con Green Lantern allá por los 70, resultando uno de los cómics más interesantes de la época. Y es que este GA/GL no era un cómic al uso, donde un par de fulanos en pijama se daban de hostias con otro fulano en pijama o contra algún bicharraco intergaláctico, ni mucho menos. O'Neil decidió que eso estaba ya más visto que el tebeo (valga la redundancia) y se curró algo que fuese diferente a lo que ya había. Fue por eso por lo que mezcló al Green Lantern de la Edad de Plata (una especie de marioneta de los Guardianes de OA, en plan "ellos ordenan y yo mando") con Green Arrow, cuya mentalidad roza lo anarquista. Ambos emprenden una especie de viaje de aprendizaje en la que las experiencias vividas, a menudo referentes a problemas sociales más que aventuras en sí mismas, aportarán algo a cada uno.
De esta etapa, quizás el momento más interesante es la alusión al tema de las drogas, donde descubrimos que Speedy, el compañero de Green Arrow se mete caballo intravenoso. Sin maniquísmos ni idioteces, el tema es tratado con sobriedad, sin ponerte a Speedy como un idiota y sin aleccionamientos por parte de Green Arrow. Tan solo una profunda sensación de culpa y plantearse qué es lo que ha podido hacer mal para que las cosas acaben saliendo así.

Lo Mejor: Explorar temas sociales en un cómic, lo que da una sensación de profundidad, más allá del clásico pim-pam-pum. El dibujo de Neal Adams, quizás uno de los dibujantes norteamericanos más influyentes de su época.
Lo Peor: Que te lo hayas pillado en la edición Absolute que publicó Planeta. Deberían haber incluido una póliza por posible fractura de esternón o corte de circulación a causa de manejar semejante mamotreto.
Escenas Puto Memorables: Speedy hablando sobre las drogas y lanzando pildorazos a diestro y siniestro a la generación previa, que sermoneaba a la posterior, con sermones cargados de mentiras. Y luego, como postre, la discusión que tiene con Green Arrow.




Green Arrow: El Cazador Acecha, de Mike Grell.

En un post anterior estuve hablando de ese cataclismo que sufrió el mundo del cómic tras Watchmen, a causa del cual los superhéroes se vieron obligados a dar un giro y limar los blancos y negros que caracterizaban sus historias. A partir de ahora, los personajes serían más oscuros y los villanos tendrían más mala leche que antaño. No siempre habría amenazas extraterrestres o planes malvados, sino que entrarían temas algo más sórdidos como el contrabando de drogas (ya visto en los 70, como he comentado arriba, pero más detallado en profundidad), la aparición de la CIA y demás detalles más noir.
El Green Arrow de Mike Grell puede ser un buen ejemplo de esta tendencia. Aquí se nos mostraban ya unos finales años ochenta, algo más salvajes y despiadados que etapas previas. Eran los últimos coletazos de la era Reagan y la antesala de la era Bush, que no se caracterizaron precisamente por ser tiempos de jolgorio padre. Oliver Quinn, por ejemplo, se muda de su Star City original a un entorno realista, como es Seattle. Empieza buscando a un asesino de prostitutas pero, más adelante, se ve envuelto, como el que no quiere la cosa, en historias de bandas y gentuza que anda metida en temas de drogas, así como una lucha contra una misteriosa arquera de origen asiático. Junto a él, Canario Negro, que al participar en la operación, resulta gravemente herida tras unas pocas de horas de tortura. Como resultado, perdió su poder de grito sónico y la posibilidad de tener hijos. En algunos artículos he llegado a leer que fue violada durante la tortura, pero el propio Mike Grell lo ha desmentido en alguna ocasión. También se le ha llegado a acusar de promover la violencia contra las mujeres por esta escena y cuarenta mil gilipolleces más de gente que parece que todavía no se ha enterado de que mostrar algo en una historia ficticia y promoverlo son dos cosas muy diferentes.

Lo Mejor: El tono serio y sórdido de la historia. El realismo de Mike Grell sirve como complemento a esta narración. Mostrarte héroes humanos, imperfectos y capaces de cometer errores.
Lo Peor: Para muchos, el nuevo uniforme que muestra aquí Green Arrow, más oscuro y chungo, les echa un poco para atrás. Toda la parafernalia ideológica que se ha podido montar ante una historia que, lejos de promover algo, casi más bien da la impresión de que lo denuncia.
Escenas Puto Memorables: La susodicha escena de Canario Negro hecha un Cristo colgando de una pared es, como poco, de las que impactan.

21. Mark Millar:

Mark Millar no entraría dentro de mi Olimpo de los mejores guionistas de cómic que he conocido jamás, pero tampoco puedo decir que sea malo. Más de la última hornada y muy consciente de los males que asolan al mundo, tiene mucha costumbre de denunciarlos en sus obras. Pongo por ejemplo el caso de The Ultimates, ya mencionada en un post previo, donde él se encargó, cuando ejerció como guionista de esta serie, de poner a parir a Estados Unidos y su guerra por el petróleo.



The Ultimates, de Mark Millar y Bryan Hitch:

The Ultimates no es una excepción a esto, y se opta por una recreación (o un reboot, si lo preferís) del origen de Los Vengadores, esta vez en un entorno más contemporáneo que el de los años 60 en los que empezó la serie original. Aquí encontramos detalles curiosos, tales como el cambio racial de algunos de los personajes, como en el caso de Nick Furia o la Avispa (negro y asiática, respectivamente) y constantes referencias al mundo contemporáneo (por ejemplo, a actores como Steve Buscemi o un cameo de Shannon Elizabeth). Esto en realidad no deja de ser un efectismo: se nota el intento de convertir a Los Vengadores en algo "Moderno", pero casi da la impresión de ser algo más de cara a la galería para que nadie diga "Jo, tío, esto está más pasao de fecha que los Milli Vanilli". Casi resulta más interesante ver la recreación en sí de algunos personajes de Marvel, algo más realistas tanto en estética como en poderes, que en su encarnación original. La secuenciación de la trama, algo menos simplista que en los sesenta, aquí tiene un toque casi de teoría de la conspiración, quedando los Vengadores a medio camino entre el superhéroe y una agencia al estilo CIA, lo que los hace algo más verosímiles.
En cuanto al dibujo de Bryan Hitch, correcto. Muy correcto. Proporcionado y bastante detallado, aunque para mi gusto no destaca en nada en concreto que le diferencie de cualquier dibujante decente de su generación. No veo un estilo que le haga marcar la diferencia, por lo que no me parece ni especialmente bueno ni especialmente malo.

Lo Mejor: Esa recreación de Los Vengadores, más creíbles y adultos que en su encarnación original. El ritmo es bastante trepidante y no decae prácticamente en ningún momento. Las subtramas en las que América quedan en entredicho, aunque rozan el panfletismo, son interesantes, ya que resulta raro ver cómo una franquicia mainstream puede cuestionar a su propio país. Este es un detalle que resulta, como poco, de agradecer.
Lo Peor: Esa especie de interés descarado por ser políticamente correcto con el tema racial (habiendo personajes afroamericanos de la talla de Pantera Negra, no sé a qué cojones viene cambiarle la raza a un personaje que viene existiendo desde hace décadas, o bien pudiendo crear nuevos personajes de raza negra o asiática, que tampoco sería reprochable si apareciesen en un nuevo universo como este). En algunos momentos pretende ser gracioso, como Hulk poniéndose furioso porque le han llamado "homosexual" (anda que no se ha podido buscar un término más políticamente correcto si se quería usar como insulto). El dibujo de Bryan Hitch, aunque correcto, personalmente no me dice absolutamente nada.
Momentos Puto Memorables: La recreación de la ruptura entre Hank Pym y su señora tiene un enfoque más valiente que en la versión original. O a medias: en la versión original apenas se había hecho algo así antes y hoy en día es más fácil verlo. Sin embargo, puede ser tan interesante o más lo que Betty Ross, poco después, dice al respecto del maltrato. Eso y la actuación del Capitán América, para aquellos que pensaban que era un mojigato con la bandera estampada en el pecho.



Kick-Ass, de Mark Millar y John Romita, Jr.

Cuando creíamos que habíamos visto ya de todo en el cómic y que no había manera de que se nos sorprendiese o se nos contase algo que estuviese ya más que trillado, llega aquí el Millar y dice "Agarraos los calzones/bragas (que también hay tías que le pegan al cómic), que vais a flipar". Con esto, el cabronazo coge y nos planta un universo realista, sin superpoderes ni mierdas, en el que los superhéroes no existen hasta la llegada de Kick-Ass.
Kick-Ass, como tal, tampoco se puede llamar superhéroe. No en el sentido convencional. Para entendernos, si los superhéroes fueran caballeros andantes, Kick-Ass sería El Quijote. No en vano hay episodios que recuerdan poderosamente a la obra de Cervantes, no sé si de forma casual o intencionada. Pero yo no pude evitar que se me encendieran ciertas luces cuando vi una escena del protagonista quemando sus cómics tras una primera experiencia en las calles, como poco, desastrosa.
Y de esto parte precisamente Kick-Ass, de la pregunta "Con tantos cómics, películas y series sobre superhéroes, ¿por qué nadie ha pensado nunca en ponerse un disfraz y combatir el crimen?" Una idea alocada, pero también cargada de mucha frescura y con un fuerte componente metaliterario (las referencias a otros cómics, series o películas son constantes). Como nota característica que lo diferencia de los cómics más convencionales, este cómic no se corta un pelo en mostrar una violencia explícita que raya el gore. Los personajes son violentos, malhablados (incluso los niños, que no por ser niños son inocentes) y los malos son de todo menos gilipollas que babean con la boca abierta mientras aparece un superhéroe. Aquí hay mala leche. Pero mala de verdad.

Lo Mejor: La frescura de la serie, que se dedica a poner por tierra todos y cada uno de los tópicos de los cómics (y de algunas películas también). El concepto de Kick-Ass como antihéroe quijotesco, sin una motivación especial ni habilidades que le diferencien de cualquier hijo de vecino. Las constantes referencias al mundo ficticio para así anclarnos en un universo más realista. Villanos creíbles. Varios fantásticos giros argumentales, especialmente en los dos últimos tercios de la historia.
Lo Peor: Con toda esa frescura, va camino de convertirse en una franquicia que inspira de poca a escasa confianza. La violencia explícita puede echar para atrás a más de uno. La mezquindad de algunos personajes (especialmente niños y adolescentes civiles, no vinculados al trasfondo superheroico) resulta exagerada en algunos aspectos.
Escenas Puto Memorables: La primera aparición de Hit-Girl, pero muy especialmente, los giros argumentales del final, machacados y sodomizados por una adaptación al cine que ridiculiza una historia fresca y original para convertirla en una especie de parodia cutre y con un final de más visto y más sobado que las tetas de Pamela Anderson.

22. Alfonso Azpiri:




Lorna, de Alfonso Azpiri:

Si tengo que hablar de Azpiri, probablemente me quede corto a la hora de alabar su trabajo. Me cuesta ser objetivo con alguien que ha sido capaz de impactar tanto mi retina con una pintura, si bien no del todo realista (ni puta falta que hace, de eso se da cuenta uno a la hora de ver cualquier cómic o ilustración de su mano), sí con un acabado estético, detallado, brillante y, sobre todo, muy muy personal. Azpiri es un maestro, y lo digo en el estricto sentido de la palabra: es alguien de quien, si le pegas a eso de los lápices como un servidor, puedes aprender muchísimo (yo mismo me considero en fase de aprendizaje gracias a este tío). Ese predominio por las líneas curvas, ese dibujo limpio y rematado por unas coloridas acuarelas son la clase de cosas que es imposible que puedas pasar por alto.
Lorna es, con toda seguridad (junto a Mot, siguiente cómic en este apartado), uno de sus trabajos más memorables. Ciencia-ficción, erotismo y mucha diversión se funden en esta historia, presentando a la que quizás sea una de las heroínas (o antiheroínas, según se mire) más sensuales (y divertidas) del mundo del cómic occidental.
Por lo que a mí respecta, es justo esa combinación entre erotismo y comedia la que la convierte toda una fuente de inspiración para ciertos trabajos de índole personal que estoy realizando por estas fechas.

Lo Mejor: El impresionante diseño de Azpiri, ya no solo de la sensual y explosiva Lorna, sino de todas las criaturas, naves espaciales y decorados que encontramos a cada página. El colorido con acuarela, (que yo sepa) totalmente artesanal. El argumento, cargado de no pocos detalles absurdos y divertidos (especialmente en el primer arco argumental, Lorna y su Robot, éste en su versión primitiva, a tinta), junto a no pocas situaciones bastante descabelladas.
Lo Peor: Algunas de las historias sí pueden pecar de simples. Y, por supuesto, que a Planeta a día de hoy todavía no le ha salido de los cojones publicar lo que queda de la Edición Integral, tras casi dos años desde que el primero saliera a la venta. IMPERDONABLE.
Escenas Puto Memorables: Lorna lanzándose a un lago y descubriendo la clase de simpáticas criaturillas que allí habitan.



Mot, de Alfonso Azpiri y Nacho:

Si Lorna iba dirigida a un público algo más curtido y dispuesto a ver tetas, con Mot el tono era algo menos gamberro y más dirigido a todos los públicos. Nacho y Azpiri parten del concepto tradicional de Monstruo en el Armario y hacen una nueva versión donde el protagonista, para variar, no es un niño, sino un chaval ya entrando en la adolescencia. El monstruo, por su parte, no es una bestia estúpida o moñas, sino que aparenta tener una personalidad algo más compleja que lo que cabría esperar. En el apartado gráfico, pues la calidad que cabe esperar de Azpiri: más mundos extraños, viajes alucinantes y situaciones bastante divertidas, todos con ese peculiar estilo basado en un trazo limpio y curvilíneo y el apoyo de pintura con acuarelas (¿O acaso acrílico? Expertos en pintura, comentad por aquí, por favor)

Lo Mejor: Como pasase con Lorna, el impecable apartado visual y el guión, quizás algo menos erótico que la anterior, pero tan divertido o más, con un toque incluso entrañable.
Lo Peor: Si los adolescentes con gafitas no te caen bien, el protagonista de esta historia puede que no sea tu tipo.
Escenas Puto Memorables: Mot haciendo su primera aparición.



23. Sueños, de Terry Dodson y Denis-Pierre Filippi:

Terry Dodson es de esos dibujantes de reciente hornada que, a la par con Adam Hughes y unos pocos más, son capaces de dejarte flipando con una simple viñeta. Tíos que te plantan una ambientación elegante y de la que no te cansas de encontrar detalles.
Y sí, también dibujan mujeres muy sugerentes.
Sueños es un poco todo esto: una hermosa ambientación decimonónica, elementos que rozan el steam-punk, una línea argumental de aventuras oníricas y decorados tan detallados como exóticos. Un diseño de personajes que se puede definir como "correcto", sin grandes giros argumentales (o no al menos que sean de los de dejarnos con la boca abierta) y, en general, mucho entretenimiento.

Lo Mejor: El apartado visual, el uso del lenguaje. La técnica de "lápiz quemado", consistente en no entintar, sino en subir digitalmente los niveles de negro de un trazado a lápiz, dando un toque más "artesanal" al acabado (técnica que yo mismo estoy experimentando en mis últimos proyectos y que tengo que decir que me convence MUCHO). El colorido digital, suave y sin excesivos artificios.
Lo Peor: Un primer tomo bien narrado y entretenido da paso a un segundo tomo atropellado y con un final que no termina de convencerte, con alguna solución que parece sacada de la manga.
Escenas Puto Memorables: Ver la cara de pasmo que se le queda a Coraline cada vez que encuentra alguna cosa rara en su aventura.




24. Kingdom Come, de Mark Waid y Alex Ross:

No soy muy amigo de los Elseworlds (= Historia de algún personaje o personajes en un universo alternativo, que no se ajusta a la continuidad de una serie). De hecho, salvando el Parabola de Estela Plateada y el Regreso del Señor de la Noche de Frank Miller, las apariciones de este tipo de historias entre mis favoritos son tirando a escasillas.
El caso de Kingdom Come es otra de esas raras excepciones. Supongo que casi todo se debe a dos cosas: una, el apartado visual de Alex Ross, realista a más no poder (por lo que sé, el tío no es capaz de pintar un mojón si no lo ha visto antes en una foto) y las constantes referencias a hechos pasados a lo largo de la historia. Y es que Kingdom Come nos plantea una especie de futuro (o cuasi-futuro) alternativo, donde Superman es un vejete que anda retirado en un mundo que, sin lugar a dudas, hace tiempo que dejó de ser el que él conoció. Visto como una crítica al cómic de garras-cadenas-metralletas que tanto por culo dio en los años 90, muestra un mundo tomado por una nueva hornada de "superhéroes" chungos, de los de disparar primero y preguntar después. Un mundo que se ha vuelto más violento, más despiadado y, sobre todo, más absurdo, donde la lucha contra el crimen (o contra el mal, si se quiere) se ha convertido en una especie de juego entre críos superpoderosos que no tienen ni la menor idea de en qué consiste ser un héroe.
Ese tipo de actividades llevan a que el viejo Kal-El se enfunde el traje de nuevo y decida poner un poco de orden en la comunidad superheroica, acompañado de unos cuantos colegas de la vieja escuela. Al llevar a cabo esta idea se van produciendo otros acontecimientos que provocan que otro personaje surja de entre las sombras y se cuestione la moralidad de los actos de Superman. Hablo, cómo no, de Batman.
El resto es para leerlo.

Lo Mejor: El apartado visual de Ross es digno de alabanza. El guión de Waid, pese a no ser extremadamente elaborado, posee un buen ritmo y procura tocar todos los palos del Universo DC, lo que produce una enorme cantidad de guiños a montones de cosas que hemos visto en su línea convencional. La inmensa cantidad de detalles hace que, cuantas más veces lo leas, más cosas encuentres.
Lo Peor: Plantea un mundo algo pesimista, y la crítica que hace al cómic de los 90 (que a mí, en líneas generales me parece una puta mierda, pero no me veo con la superioridad moral de crear una serie que se dedique a despotricar contra él) igual se pasa de mordaz, porque da la impresión de que se mea en el trabajo de predecesores que, al fin y al cabo, la mitad de las veces seguían presiones editoriales. Que hasta que Planeta no decidiese sacar su edición Absolute y con escenas extras por 20 pavos el resto de los mortales nos hubiésemos gastado el doble en la edición de Norma, con unas cuantas páginas menos y sin ver las galerías de bocetos.
Escenas Puto Memorables: Batman, mirando al hueco donde hace un momento estaba Superman y diciendo "Ah, así que es esto lo que se siente".



25. El Espectro, de John Ostrander y Tom Mandrake.

Tanto como se ha puteado al cómic de los años noventa, da la puñetera casualidad de que lo que se suele putear es lo que más cantó en esa época, lo que no quiere decir TODO, ni mucho menos. Si bien el comiquero de pro tiene la costumbre de cagarse en la santa madre del rollo cadenas-garras-metralletas de Image y las chustas chungoides que tanto Marvel como DC hicieron de vez en cuando. Mira que nos acordamos hoy en día de mamarrachadas como La Canción del Verdugo de X-Men, o aquella cosa amorfa que resultó ser Knightquest de Batman, con aquella especie de Robocop con orejas de murciélago y qué rápido pasamos de auténticos Puto Imprescindibles de aquella época.
El Espectro que Ostrander y Mandrake crearon allá por 1992 es un claro ejemplo de ello. Es de esas series de DC que andaban un poco por tierra de nadie: demasiado adultas para la línea convencional, pero demasiado integradas en el Universo DC para formar parte del sello Vertigo... y sin embargo, de una calidad indiscutible.
Este personaje siempre había sido un poco complicado para DC, ya que contaba con la jodienda de ser, probablemente, la criatura más poderosa del Universo. La puta Ira de Dios, a ver cómo coño le plantas a eso una historia en que el protagonista no diga "No pasa nada, los mato a todos porque me sale de los huevos y a otra cosa". La idea, por tanto, era humanizarlo. Nada imposible, considerando que el Espectro tenía una parte humana (el detective Jim Corrigan) a la que estaba anclado. Partiendo de esa base, se empezó a crear una serie en la que se intentaba explicar, con bastante éxito, esas curiosas "subidas y bajadas" de poder que el personaje había tenido con el paso de los años a causa de tantos guionistas diferentes. Por el camino, temáticas algo más profundas y adultas, como es el caso del SIDA, la creencia en algo superior, o incluso el suicidio. Historias, como la de un asesino en serie bastante cafre o una especie de recreación de Qué Bello es Vivir junto a Michael Holt (el que se convertiría en el nuevo Mr. Terrific de la JSA) hacen de este cómic algo digno a tener en cuenta.
Y sí, se hizo durante los años 90.

Lo Mejor: El tratamiento del personaje y del trasfondo, más oscuro y menos maniqueo que lo de siempre. El Espectro puede ser un agente de Dios, pero es un hijoputa de cuidao que ni tiene piedad ni la conoce. Temáticas más adultas, tratadas con seriedad.
Lo Peor: Que no te guste el particular dibujo de Tom Mandrake.
Escenas Puto Memorables: "¡No-pongas-palabras-en-mi-boca!". Eso, y ver la calavera de la Muerte brillando en el ojo del Espectro y saber que alguien lo va a pasar jodidamente mal a continuación.




26. Starman, de James Robinson y varios autores:

Otro Puto Imprescindible parido en plenos años 90, y otra de esas series que no eran Vertigo... pero casi. Starman es mucho más que un cómic. Es la historia sobre un legado, sobre relaciones entre padres e hijos y, sobre todo, sobre aceptar una responsabilidad. No, no hablo de la manida y trillada responsabilidad que conllevan tus superpoderes o de ponerte un traje molón. Ser héroe no es eso y Robinson se caga en la superficialidad de esa idea. De lo que habla precisamente es de aceptar todo aquello que rodea a vivir en el mundo del heroísmo, prescindiendo de paso de artificios (como el caso del traje chillón). De asumir, de un modo trágico, que a veces lo que hicieron nuestros padres nos persigue y de enseñarnos que esas circunstancias no son necesariamente motivo de odio hacia ellos. Robinson no te dice "Ey, chaval, ser superhéroe es una chulada, ¿a qué esperas para ir por ahí salvando gente?"
Jack Knight, este nuevo Starman, no va por la vida con esa sonrisa condescendiente. No perdona a sus enemigos desde el púlpito de una superioridad moral. Si no mata a un enemigo es porque ha visto lo que es hacer eso y no le ha gustado. Porque sabe la carga que conlleva quitar una vida y la responsabilidad que ello supone. No se pone delante de nadie y le dice "Oiga, es que yo soy un superhéroe", porque la simple idea le viene grande. O le causa risa. Lo que prefieras.
No, Jack Knight lo hace porque tiene que hacerlo. Porque es su deber, le guste o no. Porque igual no hay nadie mejor capacitado o simplemente porque le ha tocado. Los motivos, los que queráis, hay unos pocos.
Este Starman es una serie que habla sobre el pasado y sobre el gusto por las cosas antiguas. Ese cierto regustillo vintage que Tony Harris, junto con unos cuantos más artistas de respetabilísimo nivel, son capaces de plasmar.
Y, por supuesto, este legado no puede ser menos si no se habla en la serie de todos aquellos que, a lo largo de las décadas, se han enfundado el traje de Starman o han llevado ese nombre. Toda una dinastía que viene a reunirse en una saga de proporciones cósmicas.

Lo Mejor: El concepto del nuevo Starman, fresco y con los pies en la tierra. La idea de legado, épica y entrañable a la vez. Todo ese sabor añejo, que hace que el lector acabe cogiéndole el gustillo a las radios de los años 50 y demás cacharros pasados de moda. El valor de Robinson y Harris para no andarse con tapujos a la hora de hablar de según qué cosas; no en vano fueron los primeros (o de los primeros) en mostrarnos un beso homosexual en una historia de DC. Vale que la sociedad haya cambiado y no sea lo mismo mostrar eso ahora que en los 60, pero hasta entonces casi nadie lo había hecho. Fueron ellos los que abrieron camino a los que vendrían detrás.
Lo Peor: Algunos arcos argumentales pueden parecer muy largos a lectores no muy acostumbrados a series así. Hay capítulos en los que Jack Knight apenas aparece, centrándose más en secundarios, como The Shade. También hay capítulos en que solo aparecen personajes hablando (por ejemplo, los especiales de "Charla con David", una constante en la serie) o historias secundarias centradas en la historia de Opal City. Si alguien está esperando que Starman salga en cada puto capítulo por cojones y arreando hostiazos, que espere sentado. Esta serie no es así. Para mí esto no entraría en "lo Peor", sino en "lo Mejor", pero me gusta advertir a aquellos que leen cómics solo para ver castañas.
Escenas Puto Memorables: Esa carta que Nash, hija de La Niebla original, envía a Jack Knight y contemplar su reacción al leerla.



27. JLI, de Keith Giffen, J.M.M, DeMatteis y varios autores:

Seguimos todavía en esa época confusa y revuelta que fueron los años noventa, y en series que se salían de ese batiburrillo de violencia absurda y de mastuerzos con los dientes apretados. En este caso, DC (la DC más mainstream, de hecho) nos recrea a la Liga de la Justicia en la que, con mucho, puede ser su encarnación más original y la favorita por muchos.
Tras los acontecimientos que tuvieron lugar en la macrosaga Legends, descubrimos que se empieza a gestar una nueva alineación del grupo más importante del Universo DC: total, la versión que habíamos visto hasta entonces (aquella con base en Detroit) tenía el carisma de una babucha sucia y los esfuerzos de un personaje con la solera del Detective Marciano no echaban los cojones para que la serie despuntase. A raíz de la disolución de semejante panda, se impone un cambio drástico y Keith Giffen decide que ese cambio no va a venir solo a causa de la alineación, sino del grupo en sí. De la serie. Del propio enfoque.
Es por eso por lo que encontramos una Liga de la Justicia con un tono paródico, llena de situaciones anecdóticas a cuál más absurda. Secundarios como G'Nort o el Esquiador Escarlata, que aportan un trasfondo, si cabe, más cómico que lo que se había venido viendo hasta la fecha. Aquí descubriremos personajes que cometen errores... y otros personajes que se los están recordando durante números y números. Situaciones que, en otro cómic tal vez podrían suponer todo un episodio trágico o sagas de proporciones cósmicas, complejas y cargadas de dramatismo... pero aquí son el vehículo para partirnos el pecho de la risa.
Una serie hecha con gracia y con cariño que, como sucedería a otras no menos dignas (hablo, por ejemplo, de Excalibur en Marvel, que no he comentado en estos posts porque SIGO ESPERANDO a que les dé por terminar de reeditar su etapa clásica), acabaría por perder el norte más adelante tras la marcha de su equipo creativo original y caer en manos de guionistas que no habían entendido lo que se quería hacer en un principio.

Lo Mejor: Olvidarte de los superhéroes como tíos complejos con máscara, el rollo melodramático y demás zarandajas ultracomplejas y meterte en diversión pura y dura, que abarca desde la miniserie Justice League y luego derivando en las dos series principales de esta línea: Justice League of America y Justice League of Europe. El equipo creativo, por el que pasarían artistas tan grandes como Kevin Maguire o Adam Hughes. El colofón a modo de resurgimiento (fallido, desgraciadamente) con miniseries como Formerly Known as Justice League y I can't believe it's not the Justice League.
Lo Peor: El apartado gráfico de Bart Sears en Justice League Europe, dibujante que no me parece especialmente acertado a la hora de caracterizar a la mitad del reparto (especialmente Power Girl, que parece un tío con los labios pintados y dos horrendas bombonas de butano en lugar de tetas). Que la serie acabase por perder el norte de la manera en que lo hizo, llegando a perder la gracia por completo en arcos argumentales como el que cruzaba con La Muerte de Superman. Que, pese a que se ha lanzado un título que intenta recuperar esta alineación, la cosa ya no pinte ser igual ni de lejos.
Escenas Puto Memorables: El ataque de los pingüinos mutantes con mala leche que atacan una base en la Antártida. Hilarante.




28. El Bruto, de Eric Powell: 

Cuando creías que ya lo habías visto todo, va el cachobestia de Eric Powell y te estampa El Bruto en los morros. Y dices tú, ¿esto no lo habías visto ya antes? Pues da la puta casualidad de que sí: esto es Troma, esto es serie- B de la de toda la vida, esto es pulp, esto son zombis y muchas cosas más. Y, como suelo decir, no es ser original lo que te convierte en un pedazo de autor, ni mucho menos: es coger lo que ya hay y darle un toque personal. Contarlo con gracia. Tener arte e ingenio a la hora de ponerle al espectador por delante algo que, en líneas generales, ignoraría a la primera. Eric Powell puede no ser mi dibujante favorito; no lo es, de hecho: no voy a decir que dibuje mal, ni mucho menos... pero no es un estilo que particularmente me asombre. Y sin embargo... joder, este tío sabe ambientar. Si hoy en día me tengo que imaginar una ciudad del más puro estilo serie-B, ahora ya lo que tengo dentro de la cabeza es el escenario que aparece en El Bruto.
Powell es un tío que, además, sabe jugar con lo que ya has visto a lo largo de toda tu vida: te coge cosas que te recordarían a La Mosca (pero la antigua) u hombres-lobo al más puro estilo Paul Naschy y te los coloca a todos en un bar tomándose unas birras. Peleas ilegales de Leprechauns. Vampiros moñas que no se pueden llevar más hostias precisamente por ese punto moñas que tienen. Zombis simpáticos con flores en el sombrero. Degenerados que no sabes si sus padres fueron hermanos o son el eslabón perdido entre el hombre y el troll. Femmes fatales. Marcianos. Científicos locos. Primos chungos de Solomon Kane, solo que más feos y que tienen la puta costumbre de dormir en el tronco de un árbol. Monos asesinos.
Y puedo seguir, pero prefiero que todo eso lo veáis vosotros y os metáis esta serie entre pecho y espalda.

Lo Mejor: Juerga y diversión garantizada. Un trasfondo sin complicaciones. Argumentos frescos y muy entretenidos. Personajes carismáticos y muy graciosos. El colorido es la bomba.
Lo Peor: Si este tipo de temática no te va, la serie en conjunto se te puede hacer repetitiva.
Escenas Puto Memorables: "¡Toma pinchazo en el ojo!"




29. Deadman, de Mike Baron y Kelley Jones:

Ya he hablado de Starman y el Espectro como esas series de los 90 a medio camino entre DC y Vertigo. Quizás uno de sus antecesores más inmediatos sea precisamente esta etapa de Deadman, llevada a cabo por Baron y Jones, poco después precisamente de que el sello Vertigo apareciese. Aquí se puede ver un personaje creado allá por finales de los sesenta, que aquí vuelve a la carga con una serie de corte más intimista. Menos castañas de las habituales y sobre todo, una honda sensación de desazón y soledad son dos de los puntales que caracterizan esta etapa. Love After Death nos narra la historia de un amor imposible entre el fantasma más carismático del universo DC y otra chica muerta en un siniestro entorno cirquense; a esta miniserie sigue Exorcism, continuación directa del final de la miniserie anterior, donde además veremos elementos mágicos y sobrenaturales, como es el caso del vudú. En el apartado gráfico, un Kelley Jones que redefine a Deadman como lo que es: un fantasma. Un hombre pálido, de aspecto esquelético y con unas expresiones faciales que le asemejan más a una pobre alma en pena que a un héroe. La ambientación, pese a que deforma muchísimos elementos, resulta paradójicamente realista, quizás por ese uso de los claroscuros y por esa elección de una paleta de colores sobria y apagada.
Historias tétricas, a la par que hermosas.

Lo Mejor: La ambientación y el tono nostálgico que emana cada palabra escrita por Baron. La expresividad de los rostros, generalmente caracterizados por un intenso sombreado en las cuencas de los ojos, que provoca el efecto de que anden en penumbra la mayor parte del tiempo.
Lo Peor: Es una lectura hermosa, pero no necesariamente alegre. Si sois de lágrima fácil, advertidos quedáis al leer esto. Algunas partes de Exorcismus flaquean un poco en el dibujo, perdiendo parte de uniformidad.
Escenas Puto Memorables: El final de Love After Death. Si no se os encoge el corazón al leerlo, estáis más muertos que Deadman.




Y por fin, esperando que no os hayáis vuelto más chalados que el Joker, terminamos el cuarto post con lo más clásico que me he tragado para poder recomendároslo. Eso, como ya dije, no quiere decir que no haya otros clásicos ahí fuera. Putos Imprescindibles que sigo buscando y cazando, cuando los Sagrados Señores de las Editoriales tienen a bien reeditarlos. O bien Obrazas Maestras de las de Cagarte Vivo que estoy leyendo aún o que iré pillándome cuando la pasta me lo permita. Pero si encuentro más material que poder reunir, no lo dudéis. Ya sabéis dónde encontrarlo.
Espero que con todo esto, aquellos que anduvieseis un poco perdido en esto de las viñetas hayáis conseguido un poco de orientación y que mis indicaciones (siempre subjetivas) os hayan servido para algo.
¡Seguiremos informando!