Ya ni me molesto en contarlos las premisas de estos artículos que he ido publicando a lo largo de estas semanas. Si sois buenos Distópicos, cuento con que los hayáis leído previamente. ¡Si no, pues no seáis vagos y poneos a ello, coñe, que no cuesta tanto!
19. Spiderman: La Muerte de Gwen Stacy, de Gerry Conway y Gil Kane:
Muchos de los cómics que he reseñado, por no decir la mayoría, corresponden bien a novelas gráficas, colecciones, series limitadas o sagas. Este que comento aquí, sin embargo, es una excepción. El número correspondiente a la serie
Amazing Spiderman americana abarca tan solo dos numeritos, los 121 y 122. En estos, se pone fin a la que sería la segunda relación del Trepamuros de Marvel, de una forma cuanto menos drástica.
Ante esto tengo que decir que Spiderman nunca ha sido uno de mis héroes favoritos de toda la vida. Interesante a veces (nunca me oiréis decir nada malo de la etapa de John Romita Sr. en el apartado gráfico) y muy prescindible otras (véase la etapa de Ross Andru, con villanos tan risibles como el Rocket Racer o la Gran Rueda, que pasan al Olimpo de Personajes del Cómic Más Ridículos Que Ha Parido Madre), es un personaje que siempre ha gozado de gran simpatía entre el público. Para mí ha sido más bien una relación amor-odio: por un lado me he sentido identificado con el chaval que anda sin pelas y que tiene que buscarse la vida como sea para salir del hoyo, pero por otro su condescendencia y su "humor" a la hora de enfundarse el traje rojo y azul más de una vez me han hecho desear que aparezca Thor y le meta el Mjolnir por el culo, a ver si así se calla de una puta vez. No me cae tan mal como la Antorcha Humana (para eso hay que comer muchos Bollicaos), pero tampoco es que me haga flipar de la emoción este tío.
Sin embargo, cuando me decidí a seguir la colección que reeditaba su etapa clásica, lo tuve muy claro: sabía que ese
The Day Gwen Stacy Died era un Puto Imprescindible. Y qué coño, era la etapa clásica. Los putos años 60. Había que trincarse todo aquello.
Puedo decir que Spiderman, en general, tiene una etapa clásica que, pese a no casar con mis gustos es bastante aceptable. La etapa de Steve Ditko, su primer dibujante, no es santo de mi devoción, mejorando a mi parecer mucho cuando entra Romita. Para la entrada de Gil Kane puede decirse que hemos llegado ya a lo más alto, quedándose como colofón esta Muerte de Gwen Stacy. De ahí que, si tenga que quedarme con algo de la serie, sea justo con esto. El dibujo está a la altura de un guión sobrio, sin textos burdos y sin gilipolleces. La cosa además queda rematada con la batalla final entre Spiderman y el asesino de su novia, el Duende Verde original.
Lo Mejor: La forma trágica de despedir al personaje de Gwen Stacy. Sin aspavientos ni idioteces. El tono sobrio de la historia en general. Spiderman, para variar, se deja de chistes y de historias y nos muestra un lado serio, casi oscuro. Frases como la que enmarca el final de la batalla contra el Duende Verde son de las que se quedan en la memoria. El dibujo de Gil Kane, dotado de buenos encuadres y muy correcto en cuanto a dramatismo.
Lo Peor: A partir de aquí, la serie empieza a caer en un declive que ni la entrada del Castigador, ocho números despúes, consigue remontar tras lo ya visto.
Escenas Puto Memorables: Spiderman sosteniendo el cuerpo de Gwen Stacy y jurando venganza. Casi puedes ver su rabia bajo la máscara.
20. Green Arrow:
Green Arrow/ Green Lantern, de Denny O'Neil y Neal Adams.
Si os habéis hecho fans de la serie
Arrow y andáis buscando material comiquero con el que conocer mejor al personaje, tengo que deciros que la cosa anda algo floja. Fláccida, si os digo. El cazador urbano creado por DC anda en horas un poco bajas en nuestro país; al no contar con un título regular propio en la actualidad tras
Flashpoint (las únicas referencias a las que, a día de hoy, puedo llegar son a las de
New 52 y poco más), y al no estar reeditándose material anterior tras la pérdida de derechos de DC por parte de Planeta, queda esperar a que alguien (ejem, ejem) le dé el punto y se ponga las pilas.
De este personaje, por ahora, puedo citar dos puntos bastante imprescindibles, a falta de leerme la etapa de Kevin Smith, de la que todo bicho viviente me ha hablado maravillas y que nunca he podido pillarme por cuestiones económicas. La primera es una especie de
buddie comic que el amigo Ollie se montó con Green Lantern allá por los 70, resultando uno de los cómics más interesantes de la época. Y es que este GA/GL no era un cómic al uso, donde un par de fulanos en pijama se daban de hostias con otro fulano en pijama o contra algún bicharraco intergaláctico, ni mucho menos. O'Neil decidió que eso estaba ya más visto que el tebeo (valga la redundancia) y se curró algo que fuese diferente a lo que ya había. Fue por eso por lo que mezcló al Green Lantern de la Edad de Plata (una especie de marioneta de los Guardianes de OA, en plan "ellos ordenan y yo mando") con Green Arrow, cuya mentalidad roza lo anarquista. Ambos emprenden una especie de viaje de aprendizaje en la que las experiencias vividas, a menudo referentes a problemas sociales más que aventuras en sí mismas, aportarán algo a cada uno.
De esta etapa, quizás el momento más interesante es la alusión al tema de las drogas, donde descubrimos que Speedy, el compañero de Green Arrow se mete caballo intravenoso. Sin maniquísmos ni idioteces, el tema es tratado con sobriedad, sin ponerte a Speedy como un idiota y sin aleccionamientos por parte de Green Arrow. Tan solo una profunda sensación de culpa y plantearse qué es lo que ha podido hacer mal para que las cosas acaben saliendo así.
Lo Mejor: Explorar temas sociales en un cómic, lo que da una sensación de profundidad, más allá del clásico pim-pam-pum. El dibujo de Neal Adams, quizás uno de los dibujantes norteamericanos más influyentes de su época.
Lo Peor: Que te lo hayas pillado en la edición Absolute que publicó Planeta. Deberían haber incluido una póliza por posible fractura de esternón o corte de circulación a causa de manejar semejante mamotreto.
Escenas Puto Memorables: Speedy hablando sobre las drogas y lanzando pildorazos a diestro y siniestro a la generación previa, que sermoneaba a la posterior, con sermones cargados de mentiras. Y luego, como postre, la discusión que tiene con Green Arrow.
Green Arrow: El Cazador Acecha, de Mike Grell.
En un post anterior estuve hablando de ese cataclismo que sufrió el mundo del cómic tras
Watchmen, a causa del cual los superhéroes se vieron obligados a dar un giro y limar los blancos y negros que caracterizaban sus historias. A partir de ahora, los personajes serían más oscuros y los villanos tendrían más mala leche que antaño. No siempre habría amenazas extraterrestres o planes malvados, sino que entrarían temas algo más sórdidos como el contrabando de drogas (ya visto en los 70, como he comentado arriba, pero más detallado en profundidad), la aparición de la CIA y demás detalles más
noir.
El Green Arrow de Mike Grell puede ser un buen ejemplo de esta tendencia. Aquí se nos mostraban ya unos finales años ochenta, algo más salvajes y despiadados que etapas previas. Eran los últimos coletazos de la era Reagan y la antesala de la era Bush, que no se caracterizaron precisamente por ser tiempos de jolgorio padre. Oliver Quinn, por ejemplo, se muda de su Star City original a un entorno realista, como es Seattle. Empieza buscando a un asesino de prostitutas pero, más adelante, se ve envuelto, como el que no quiere la cosa, en historias de bandas y gentuza que anda metida en temas de drogas, así como una lucha contra una misteriosa arquera de origen asiático. Junto a él, Canario Negro, que al participar en la operación, resulta gravemente herida tras unas pocas de horas de tortura. Como resultado, perdió su poder de grito sónico y la posibilidad de tener hijos. En algunos artículos he llegado a leer que fue violada durante la tortura, pero el propio Mike Grell lo ha desmentido en alguna ocasión. También se le ha llegado a acusar de promover la violencia contra las mujeres por esta escena y cuarenta mil gilipolleces más de gente que parece que todavía no se ha enterado de que mostrar algo en una historia ficticia y promoverlo son dos cosas muy diferentes.
Lo Mejor: El tono serio y sórdido de la historia. El realismo de Mike Grell sirve como complemento a esta narración. Mostrarte héroes humanos, imperfectos y capaces de cometer errores.
Lo Peor: Para muchos, el nuevo uniforme que muestra aquí Green Arrow, más oscuro y chungo, les echa un poco para atrás. Toda la parafernalia ideológica que se ha podido montar ante una historia que, lejos de promover algo, casi más bien da la impresión de que lo denuncia.
Escenas Puto Memorables: La susodicha escena de Canario Negro hecha un Cristo colgando de una pared es, como poco, de las que impactan.
21. Mark Millar:
Mark Millar no entraría dentro de mi Olimpo de los mejores guionistas de cómic que he conocido jamás, pero tampoco puedo decir que sea malo. Más de la última hornada y muy consciente de los males que asolan al mundo, tiene mucha costumbre de denunciarlos en sus obras. Pongo por ejemplo el caso de
The Ultimates, ya mencionada en un post previo, donde él se encargó, cuando ejerció como guionista de esta serie, de poner a parir a Estados Unidos y su guerra por el petróleo.
The Ultimates, de Mark Millar y Bryan Hitch:
The Ultimates no es una excepción a esto, y se opta por una recreación (o un
reboot, si lo preferís) del origen de Los Vengadores, esta vez en un entorno más contemporáneo que el de los años 60 en los que empezó la serie original. Aquí encontramos detalles curiosos, tales como el cambio racial de algunos de los personajes, como en el caso de Nick Furia o la Avispa (negro y asiática, respectivamente) y constantes referencias al mundo contemporáneo (por ejemplo, a actores como Steve Buscemi o un cameo de Shannon Elizabeth). Esto en realidad no deja de ser un efectismo: se nota el intento de convertir a Los Vengadores en algo "Moderno", pero casi da la impresión de ser algo más de cara a la galería para que nadie diga "Jo, tío, esto está más pasao de fecha que los Milli Vanilli". Casi resulta más interesante ver la recreación en sí de algunos personajes de Marvel, algo más realistas tanto en estética como en poderes, que en su encarnación original. La secuenciación de la trama, algo menos simplista que en los sesenta, aquí tiene un toque casi de teoría de la conspiración, quedando los Vengadores a medio camino entre el superhéroe y una agencia al estilo CIA, lo que los hace algo más verosímiles.
En cuanto al dibujo de Bryan Hitch, correcto. Muy correcto. Proporcionado y bastante detallado, aunque para mi gusto no destaca en nada en concreto que le diferencie de cualquier dibujante decente de su generación. No veo un estilo que le haga marcar la diferencia, por lo que no me parece ni especialmente bueno ni especialmente malo.
Lo Mejor: Esa recreación de Los Vengadores, más creíbles y adultos que en su encarnación original. El ritmo es bastante trepidante y no decae prácticamente en ningún momento. Las subtramas en las que América quedan en entredicho, aunque rozan el panfletismo, son interesantes, ya que resulta raro ver cómo una franquicia
mainstream puede cuestionar a su propio país. Este es un detalle que resulta, como poco, de agradecer.
Lo Peor: Esa especie de interés descarado por ser políticamente correcto con el tema racial (habiendo personajes afroamericanos de la talla de Pantera Negra, no sé a qué cojones viene cambiarle la raza a un personaje que viene existiendo desde hace décadas, o bien pudiendo crear nuevos personajes de raza negra o asiática, que tampoco sería reprochable si apareciesen en un nuevo universo como este). En algunos momentos pretende ser gracioso, como Hulk poniéndose furioso porque le han llamado "homosexual" (anda que no se ha podido buscar un término más políticamente correcto si se quería usar como insulto). El dibujo de Bryan Hitch, aunque correcto, personalmente no me dice absolutamente nada.
Momentos Puto Memorables: La recreación de la ruptura entre Hank Pym y su señora tiene un enfoque más valiente que en la versión original. O a medias: en la versión original apenas se había hecho algo así antes y hoy en día es más fácil verlo. Sin embargo, puede ser tan interesante o más lo que Betty Ross, poco después, dice al respecto del maltrato. Eso y la actuación del Capitán América, para aquellos que pensaban que era un mojigato con la bandera estampada en el pecho.
Kick-Ass, de Mark Millar y John Romita, Jr.
Cuando creíamos que habíamos visto ya de todo en el cómic y que no había manera de que se nos sorprendiese o se nos contase algo que estuviese ya más que trillado, llega aquí el Millar y dice "Agarraos los calzones/bragas (que también hay tías que le pegan al cómic), que vais a flipar". Con esto, el cabronazo coge y nos planta un universo realista, sin superpoderes ni mierdas, en el que los superhéroes no existen hasta la llegada de Kick-Ass.
Kick-Ass, como tal, tampoco se puede llamar superhéroe. No en el sentido convencional. Para entendernos, si los superhéroes fueran caballeros andantes, Kick-Ass sería El Quijote. No en vano hay episodios que recuerdan poderosamente a la obra de Cervantes, no sé si de forma casual o intencionada. Pero yo no pude evitar que se me encendieran ciertas luces cuando vi una escena del protagonista quemando sus cómics tras una primera experiencia en las calles, como poco, desastrosa.
Y de esto parte precisamente Kick-Ass, de la pregunta "Con tantos cómics, películas y series sobre superhéroes, ¿por qué nadie ha pensado nunca en ponerse un disfraz y combatir el crimen?" Una idea alocada, pero también cargada de mucha frescura y con un fuerte componente metaliterario (las referencias a otros cómics, series o películas son constantes). Como nota característica que lo diferencia de los cómics más convencionales, este cómic no se corta un pelo en mostrar una violencia explícita que raya el gore. Los personajes son violentos, malhablados (incluso los niños, que no por ser niños son inocentes) y los malos son de todo menos gilipollas que babean con la boca abierta mientras aparece un superhéroe. Aquí hay mala leche. Pero mala de verdad.
Lo Mejor: La frescura de la serie, que se dedica a poner por tierra todos y cada uno de los tópicos de los cómics (y de algunas películas también). El concepto de Kick-Ass como antihéroe quijotesco, sin una motivación especial ni habilidades que le diferencien de cualquier hijo de vecino. Las constantes referencias al mundo ficticio para así anclarnos en un universo más realista. Villanos creíbles. Varios fantásticos giros argumentales, especialmente en los dos últimos tercios de la historia.
Lo Peor: Con toda esa frescura, va camino de convertirse en una franquicia que inspira de poca a escasa confianza. La violencia explícita puede echar para atrás a más de uno. La mezquindad de algunos personajes (especialmente niños y adolescentes civiles, no vinculados al trasfondo superheroico) resulta exagerada en algunos aspectos.
Escenas Puto Memorables: La primera aparición de Hit-Girl, pero muy especialmente, los giros argumentales del final, machacados y sodomizados por una adaptación al cine que ridiculiza una historia fresca y original para convertirla en una especie de parodia cutre y con un final de más visto y más sobado que las tetas de Pamela Anderson.
22. Alfonso Azpiri:
Lorna, de Alfonso Azpiri:
Si tengo que hablar de Azpiri, probablemente me quede corto a la hora de alabar su trabajo. Me cuesta ser objetivo con alguien que ha sido capaz de impactar tanto mi retina con una pintura, si bien no del todo realista (ni puta falta que hace, de eso se da cuenta uno a la hora de ver cualquier cómic o ilustración de su mano), sí con un acabado estético, detallado, brillante y, sobre todo, muy muy personal. Azpiri es un maestro, y lo digo en el estricto sentido de la palabra: es alguien de quien, si le pegas a eso de los lápices como un servidor, puedes aprender muchísimo (yo mismo me considero en fase de aprendizaje gracias a este tío). Ese predominio por las líneas curvas, ese dibujo limpio y rematado por unas coloridas acuarelas son la clase de cosas que es imposible que puedas pasar por alto.
Lorna es, con toda seguridad (junto a
Mot, siguiente cómic en este apartado), uno de sus trabajos más memorables. Ciencia-ficción, erotismo y mucha diversión se funden en esta historia, presentando a la que quizás sea una de las heroínas (o antiheroínas, según se mire) más sensuales (y divertidas) del mundo del cómic occidental.
Por lo que a mí respecta, es justo esa combinación entre erotismo y comedia la que la convierte toda una fuente de inspiración para ciertos trabajos de índole personal que estoy realizando por estas fechas.
Lo Mejor: El impresionante diseño de Azpiri, ya no solo de la sensual y explosiva Lorna, sino de todas las criaturas, naves espaciales y decorados que encontramos a cada página. El colorido con acuarela, (que yo sepa) totalmente artesanal. El argumento, cargado de no pocos detalles absurdos y divertidos (especialmente en el primer arco argumental,
Lorna y su Robot, éste en su versión primitiva, a tinta), junto a no pocas situaciones bastante descabelladas.
Lo Peor: Algunas de las historias sí pueden pecar de simples. Y, por supuesto, que a Planeta a día de hoy todavía no le ha salido de los cojones publicar lo que queda de la Edición Integral, tras casi dos años desde que el primero saliera a la venta. IMPERDONABLE.
Escenas Puto Memorables: Lorna lanzándose a un lago y descubriendo la clase de simpáticas criaturillas que allí habitan.
Mot, de Alfonso Azpiri y Nacho:
Si Lorna iba dirigida a un público algo más curtido y dispuesto a ver tetas, con
Mot el tono era algo menos gamberro y más dirigido a todos los públicos. Nacho y Azpiri parten del concepto tradicional de Monstruo en el Armario y hacen una nueva versión donde el protagonista, para variar, no es un niño, sino un chaval ya entrando en la adolescencia. El monstruo, por su parte, no es una bestia estúpida o moñas, sino que aparenta tener una personalidad algo más compleja que lo que cabría esperar. En el apartado gráfico, pues la calidad que cabe esperar de Azpiri: más mundos extraños, viajes alucinantes y situaciones bastante divertidas, todos con ese peculiar estilo basado en un trazo limpio y curvilíneo y el apoyo de pintura con acuarelas (¿O acaso acrílico? Expertos en pintura, comentad por aquí, por favor)
Lo Mejor: Como pasase con
Lorna, el impecable apartado visual y el guión, quizás algo menos erótico que la anterior, pero tan divertido o más, con un toque incluso entrañable.
Lo Peor: Si los adolescentes con gafitas no te caen bien, el protagonista de esta historia puede que no sea tu tipo.
Escenas Puto Memorables: Mot haciendo su primera aparición.
23. Sueños, de Terry Dodson y Denis-Pierre Filippi:
Terry Dodson es de esos dibujantes de reciente hornada que, a la par con Adam Hughes y unos pocos más, son capaces de dejarte flipando con una simple viñeta. Tíos que te plantan una ambientación elegante y de la que no te cansas de encontrar detalles.
Y sí, también dibujan mujeres muy sugerentes.
Sueños es un poco todo esto: una hermosa ambientación decimonónica, elementos que rozan el
steam-punk, una línea argumental de aventuras oníricas y decorados tan detallados como exóticos. Un diseño de personajes que se puede definir como "correcto", sin grandes giros argumentales (o no al menos que sean de los de dejarnos con la boca abierta) y, en general, mucho entretenimiento.
Lo Mejor: El apartado visual, el uso del lenguaje. La técnica de "lápiz quemado", consistente en no entintar, sino en subir digitalmente los niveles de negro de un trazado a lápiz, dando un toque más "artesanal" al acabado (técnica que yo mismo estoy experimentando en mis últimos proyectos y que tengo que decir que me convence MUCHO). El colorido digital, suave y sin excesivos artificios.
Lo Peor: Un primer tomo bien narrado y entretenido da paso a un segundo tomo atropellado y con un final que no termina de convencerte, con alguna solución que parece sacada de la manga.
Escenas Puto Memorables: Ver la cara de pasmo que se le queda a Coraline cada vez que encuentra alguna cosa rara en su aventura.
24. Kingdom Come, de Mark Waid y Alex Ross:
No soy muy amigo de los
Elseworlds (= Historia de algún personaje o personajes en un universo alternativo, que no se ajusta a la continuidad de una serie). De hecho, salvando el
Parabola de Estela Plateada y el
Regreso del Señor de la Noche de Frank Miller, las apariciones de este tipo de historias entre mis favoritos son tirando a escasillas.
El caso de
Kingdom Come es otra de esas raras excepciones. Supongo que casi todo se debe a dos cosas: una, el apartado visual de Alex Ross, realista a más no poder (por lo que sé, el tío no es capaz de pintar un mojón si no lo ha visto antes en una foto) y las constantes referencias a hechos pasados a lo largo de la historia. Y es que
Kingdom Come nos plantea una especie de futuro (o cuasi-futuro) alternativo, donde Superman es un vejete que anda retirado en un mundo que, sin lugar a dudas, hace tiempo que dejó de ser el que él conoció. Visto como una crítica al cómic de garras-cadenas-metralletas que tanto por culo dio en los años 90, muestra un mundo tomado por una nueva hornada de "superhéroes" chungos, de los de disparar primero y preguntar después. Un mundo que se ha vuelto más violento, más despiadado y, sobre todo, más absurdo, donde la lucha contra el crimen (o contra el mal, si se quiere) se ha convertido en una especie de juego entre críos superpoderosos que no tienen ni la menor idea de en qué consiste ser un héroe.
Ese tipo de actividades llevan a que el viejo Kal-El se enfunde el traje de nuevo y decida poner un poco de orden en la comunidad superheroica, acompañado de unos cuantos colegas de la vieja escuela. Al llevar a cabo esta idea se van produciendo otros acontecimientos que provocan que otro personaje surja de entre las sombras y se cuestione la moralidad de los actos de Superman. Hablo, cómo no, de Batman.
El resto es para leerlo.
Lo Mejor: El apartado visual de Ross es digno de alabanza. El guión de Waid, pese a no ser extremadamente elaborado, posee un buen ritmo y procura tocar todos los palos del Universo DC, lo que produce una enorme cantidad de guiños a montones de cosas que hemos visto en su línea convencional. La inmensa cantidad de detalles hace que, cuantas más veces lo leas, más cosas encuentres.
Lo Peor: Plantea un mundo algo pesimista, y la crítica que hace al cómic de los 90 (que a mí, en líneas generales me parece una puta mierda, pero no me veo con la superioridad moral de crear una serie que se dedique a despotricar contra él) igual se pasa de mordaz, porque da la impresión de que se mea en el trabajo de predecesores que, al fin y al cabo, la mitad de las veces seguían presiones editoriales. Que hasta que Planeta no decidiese sacar su edición Absolute y con escenas extras por 20 pavos el resto de los mortales nos hubiésemos gastado el doble en la edición de Norma, con unas cuantas páginas menos y sin ver las galerías de bocetos.
Escenas Puto Memorables: Batman, mirando al hueco donde hace un momento estaba Superman y diciendo "Ah, así que es esto lo que se siente".
25. El Espectro, de John Ostrander y Tom Mandrake.
Tanto como se ha puteado al cómic de los años noventa, da la puñetera casualidad de que lo que se suele putear es lo que más cantó en esa época, lo que no quiere decir TODO, ni mucho menos. Si bien el comiquero de pro tiene la costumbre de cagarse en la santa madre del rollo cadenas-garras-metralletas de Image y las chustas chungoides que tanto Marvel como DC hicieron de vez en cuando. Mira que nos acordamos hoy en día de mamarrachadas como
La Canción del Verdugo de X-Men, o aquella cosa amorfa que resultó ser
Knightquest de Batman, con aquella especie de Robocop con orejas de murciélago y qué rápido pasamos de auténticos Puto Imprescindibles de aquella época.
El Espectro que Ostrander y Mandrake crearon allá por 1992 es un claro ejemplo de ello. Es de esas series de DC que andaban un poco por tierra de nadie: demasiado adultas para la línea convencional, pero demasiado integradas en el Universo DC para formar parte del sello Vertigo... y sin embargo, de una calidad indiscutible.
Este personaje siempre había sido un poco complicado para DC, ya que contaba con la jodienda de ser, probablemente, la criatura más poderosa del Universo. La puta Ira de Dios, a ver cómo coño le plantas a eso una historia en que el protagonista no diga "No pasa nada, los mato a todos porque me sale de los huevos y a otra cosa". La idea, por tanto, era humanizarlo. Nada imposible, considerando que el Espectro tenía una parte humana (el detective Jim Corrigan) a la que estaba anclado. Partiendo de esa base, se empezó a crear una serie en la que se intentaba explicar, con bastante éxito, esas curiosas "subidas y bajadas" de poder que el personaje había tenido con el paso de los años a causa de tantos guionistas diferentes. Por el camino, temáticas algo más profundas y adultas, como es el caso del SIDA, la creencia en algo superior, o incluso el suicidio. Historias, como la de un asesino en serie bastante cafre o una especie de recreación de
Qué Bello es Vivir junto a Michael Holt (el que se convertiría en el nuevo Mr. Terrific de la JSA) hacen de este cómic algo digno a tener en cuenta.
Y sí, se hizo durante los años 90.
Lo Mejor: El tratamiento del personaje y del trasfondo, más oscuro y menos maniqueo que lo de siempre. El Espectro puede ser un agente de Dios, pero es un hijoputa de cuidao que ni tiene piedad ni la conoce. Temáticas más adultas, tratadas con seriedad.
Lo Peor: Que no te guste el particular dibujo de Tom Mandrake.
Escenas Puto Memorables: "¡No-pongas-palabras-en-mi-boca!". Eso, y ver la calavera de la Muerte brillando en el ojo del Espectro y saber que alguien lo va a pasar jodidamente mal a continuación.
26. Starman, de James Robinson y varios autores:
Otro Puto Imprescindible parido en plenos años 90, y otra de esas series que no eran Vertigo... pero casi. Starman es mucho más que un cómic. Es la historia sobre un legado, sobre relaciones entre padres e hijos y, sobre todo, sobre aceptar una responsabilidad. No, no hablo de la manida y trillada responsabilidad que conllevan tus superpoderes o de ponerte un traje molón. Ser héroe no es eso y Robinson se caga en la superficialidad de esa idea. De lo que habla precisamente es de aceptar todo aquello que rodea a vivir en el mundo del heroísmo, prescindiendo de paso de artificios (como el caso del traje chillón). De asumir, de un modo trágico, que a veces lo que hicieron nuestros padres nos persigue y de enseñarnos que esas circunstancias no son necesariamente motivo de odio hacia ellos. Robinson no te dice "Ey, chaval, ser superhéroe es una chulada, ¿a qué esperas para ir por ahí salvando gente?"
Jack Knight, este nuevo Starman, no va por la vida con esa sonrisa condescendiente. No perdona a sus enemigos desde el púlpito de una superioridad moral. Si no mata a un enemigo es porque ha visto lo que es hacer eso y no le ha gustado. Porque sabe la carga que conlleva quitar una vida y la responsabilidad que ello supone. No se pone delante de nadie y le dice "Oiga, es que yo soy un superhéroe", porque la simple idea le viene grande. O le causa risa. Lo que prefieras.
No, Jack Knight lo hace porque tiene que hacerlo. Porque es su deber, le guste o no. Porque igual no hay nadie mejor capacitado o simplemente porque le ha tocado. Los motivos, los que queráis, hay unos pocos.
Este Starman es una serie que habla sobre el pasado y sobre el gusto por las cosas antiguas. Ese cierto regustillo
vintage que Tony Harris, junto con unos cuantos más artistas de respetabilísimo nivel, son capaces de plasmar.
Y, por supuesto, este legado no puede ser menos si no se habla en la serie de todos aquellos que, a lo largo de las décadas, se han enfundado el traje de Starman o han llevado ese nombre. Toda una dinastía que viene a reunirse en una saga de proporciones cósmicas.
Lo Mejor: El concepto del nuevo Starman, fresco y con los pies en la tierra. La idea de legado, épica y entrañable a la vez. Todo ese sabor añejo, que hace que el lector acabe cogiéndole el gustillo a las radios de los años 50 y demás cacharros pasados de moda. El valor de Robinson y Harris para no andarse con tapujos a la hora de hablar de según qué cosas; no en vano fueron los primeros (o de los primeros) en mostrarnos un beso homosexual en una historia de DC. Vale que la sociedad haya cambiado y no sea lo mismo mostrar eso ahora que en los 60, pero hasta entonces casi nadie lo había hecho. Fueron ellos los que abrieron camino a los que vendrían detrás.
Lo Peor: Algunos arcos argumentales pueden parecer muy largos a lectores no muy acostumbrados a series así. Hay capítulos en los que Jack Knight apenas aparece, centrándose más en secundarios, como The Shade. También hay capítulos en que solo aparecen personajes hablando (por ejemplo, los especiales de "Charla con David", una constante en la serie) o historias secundarias centradas en la historia de Opal City. Si alguien está esperando que Starman salga en cada puto capítulo por cojones y arreando hostiazos, que espere sentado. Esta serie no es así. Para mí esto no entraría en "lo Peor", sino en "lo Mejor", pero me gusta advertir a aquellos que leen cómics solo para ver castañas.
Escenas Puto Memorables: Esa carta que Nash, hija de La Niebla original, envía a Jack Knight y contemplar su reacción al leerla.
27. JLI, de Keith Giffen, J.M.M, DeMatteis y varios autores:
Seguimos todavía en esa época confusa y revuelta que fueron los años noventa, y en series que se salían de ese batiburrillo de violencia absurda y de mastuerzos con los dientes apretados. En este caso, DC (la DC más
mainstream, de hecho) nos recrea a la Liga de la Justicia en la que, con mucho, puede ser su encarnación más original y la favorita por muchos.
Tras los acontecimientos que tuvieron lugar en la macrosaga
Legends, descubrimos que se empieza a gestar una nueva alineación del grupo más importante del Universo DC: total, la versión que habíamos visto hasta entonces (aquella con base en Detroit) tenía el carisma de una babucha sucia y los esfuerzos de un personaje con la solera del Detective Marciano no echaban los cojones para que la serie despuntase. A raíz de la disolución de semejante panda, se impone un cambio drástico y Keith Giffen decide que ese cambio no va a venir solo a causa de la alineación, sino del grupo en sí. De la serie. Del propio enfoque.
Es por eso por lo que encontramos una Liga de la Justicia con un tono paródico, llena de situaciones anecdóticas a cuál más absurda. Secundarios como G'Nort o el Esquiador Escarlata, que aportan un trasfondo, si cabe, más cómico que lo que se había venido viendo hasta la fecha. Aquí descubriremos personajes que cometen errores... y otros personajes que se los están recordando durante números y números. Situaciones que, en otro cómic tal vez podrían suponer todo un episodio trágico o sagas de proporciones cósmicas, complejas y cargadas de dramatismo... pero aquí son el vehículo para partirnos el pecho de la risa.
Una serie hecha con gracia y con cariño que, como sucedería a otras no menos dignas (hablo, por ejemplo, de
Excalibur en Marvel, que no he comentado en estos posts porque SIGO ESPERANDO a que les dé por terminar de reeditar su etapa clásica), acabaría por perder el norte más adelante tras la marcha de su equipo creativo original y caer en manos de guionistas que no habían entendido lo que se quería hacer en un principio.
Lo Mejor: Olvidarte de los superhéroes como tíos complejos con máscara, el rollo melodramático y demás zarandajas ultracomplejas y meterte en diversión pura y dura, que abarca desde la miniserie
Justice League y luego derivando en las dos series principales de esta línea:
Justice League of America y
Justice League of Europe. El equipo creativo, por el que pasarían artistas tan grandes como Kevin Maguire o Adam Hughes. El colofón a modo de resurgimiento (fallido, desgraciadamente) con miniseries como
Formerly Known as Justice League y
I can't believe it's not the Justice League.
Lo Peor: El apartado gráfico de Bart Sears en
Justice League Europe, dibujante que no me parece especialmente acertado a la hora de caracterizar a la mitad del reparto (especialmente Power Girl, que parece un tío con los labios pintados y dos horrendas bombonas de butano en lugar de tetas). Que la serie acabase por perder el norte de la manera en que lo hizo, llegando a perder la gracia por completo en arcos argumentales como el que cruzaba con
La Muerte de Superman. Que, pese a que se ha lanzado un título que intenta recuperar esta alineación, la cosa ya no pinte ser igual ni de lejos.
Escenas Puto Memorables: El ataque de los pingüinos mutantes con mala leche que atacan una base en la Antártida. Hilarante.
28. El Bruto, de Eric Powell:
Cuando creías que ya lo habías visto todo, va el cachobestia de Eric Powell y te estampa
El Bruto en los morros. Y dices tú, ¿esto no lo habías visto ya antes? Pues da la puta casualidad de que sí: esto es Troma, esto es serie- B de la de toda la vida, esto es
pulp, esto son zombis y muchas cosas más. Y, como suelo decir, no es ser original lo que te convierte en un pedazo de autor, ni mucho menos: es coger lo que ya hay y darle un toque personal. Contarlo con gracia. Tener arte e ingenio a la hora de ponerle al espectador por delante algo que, en líneas generales, ignoraría a la primera. Eric Powell puede no ser mi dibujante favorito; no lo es, de hecho: no voy a decir que dibuje mal, ni mucho menos... pero no es un estilo que particularmente me asombre. Y sin embargo... joder, este tío sabe ambientar. Si hoy en día me tengo que imaginar una ciudad del más puro estilo serie-B, ahora ya lo que tengo dentro de la cabeza es el escenario que aparece en El Bruto.
Powell es un tío que, además, sabe jugar con lo que ya has visto a lo largo de toda tu vida: te coge cosas que te recordarían a
La Mosca (pero la antigua) u hombres-lobo al más puro estilo Paul Naschy y te los coloca a todos en un bar tomándose unas birras. Peleas ilegales de Leprechauns. Vampiros moñas que no se pueden llevar más hostias precisamente por ese punto moñas que tienen. Zombis simpáticos con flores en el sombrero. Degenerados que no sabes si sus padres fueron hermanos o son el eslabón perdido entre el hombre y el troll. Femmes fatales. Marcianos. Científicos locos. Primos chungos de Solomon Kane, solo que más feos y que tienen la puta costumbre de dormir en el tronco de un árbol. Monos asesinos.
Y puedo seguir, pero prefiero que todo eso lo veáis vosotros y os metáis esta serie entre pecho y espalda.
Lo Mejor: Juerga y diversión garantizada. Un trasfondo sin complicaciones. Argumentos frescos y muy entretenidos. Personajes carismáticos y muy graciosos. El colorido es la bomba.
Lo Peor: Si este tipo de temática no te va, la serie en conjunto se te puede hacer repetitiva.
Escenas Puto Memorables: "¡Toma pinchazo en el ojo!"
29. Deadman, de Mike Baron y Kelley Jones:
Ya he hablado de Starman y el Espectro como esas series de los 90 a medio camino entre DC y Vertigo. Quizás uno de sus antecesores más inmediatos sea precisamente esta etapa de Deadman, llevada a cabo por Baron y Jones, poco después precisamente de que el sello Vertigo apareciese. Aquí se puede ver un personaje creado allá por finales de los sesenta, que aquí vuelve a la carga con una serie de corte más intimista. Menos castañas de las habituales y sobre todo, una honda sensación de desazón y soledad son dos de los puntales que caracterizan esta etapa.
Love After Death nos narra la historia de un amor imposible entre el fantasma más carismático del universo DC y otra chica muerta en un siniestro entorno cirquense; a esta miniserie sigue
Exorcism, continuación directa del final de la miniserie anterior, donde además veremos elementos mágicos y sobrenaturales, como es el caso del vudú. En el apartado gráfico, un Kelley Jones que redefine a Deadman como lo que es: un fantasma. Un hombre pálido, de aspecto esquelético y con unas expresiones faciales que le asemejan más a una pobre alma en pena que a un héroe. La ambientación, pese a que deforma muchísimos elementos, resulta paradójicamente realista, quizás por ese uso de los claroscuros y por esa elección de una paleta de colores sobria y apagada.
Historias tétricas, a la par que hermosas.
Lo Mejor: La ambientación y el tono nostálgico que emana cada palabra escrita por Baron. La expresividad de los rostros, generalmente caracterizados por un intenso sombreado en las cuencas de los ojos, que provoca el efecto de que anden en penumbra la mayor parte del tiempo.
Lo Peor: Es una lectura hermosa, pero no necesariamente alegre. Si sois de lágrima fácil, advertidos quedáis al leer esto. Algunas partes de
Exorcismus flaquean un poco en el dibujo, perdiendo parte de uniformidad.
Escenas Puto Memorables: El final de
Love After Death. Si no se os encoge el corazón al leerlo, estáis más muertos que Deadman.
Y por fin, esperando que no os hayáis vuelto más chalados que el Joker, terminamos el cuarto post con lo más clásico que me he tragado para poder recomendároslo. Eso, como ya dije, no quiere decir que no haya otros clásicos ahí fuera. Putos Imprescindibles que sigo buscando y cazando, cuando los Sagrados Señores de las Editoriales tienen a bien reeditarlos. O bien Obrazas Maestras de las de Cagarte Vivo que estoy leyendo aún o que iré pillándome cuando la pasta me lo permita. Pero si encuentro más material que poder reunir, no lo dudéis. Ya sabéis dónde encontrarlo.
Espero que con todo esto, aquellos que anduvieseis un poco perdido en esto de las viñetas hayáis conseguido un poco de orientación y que mis indicaciones (siempre subjetivas) os hayan servido para algo.
¡Seguiremos informando!