jueves, 19 de diciembre de 2019

Escupiendo Rabia- Pollas contra coños (3): Balones fuera.



Parece que esa guerra de sexos que nos han metido con cucharón y en la que, por lo visto, tenemos que posicionarnos por putos cojones, sigue, más encarnizada a cada día que pasa. Ambas facciones cada día están más polarizadas, más encabronadas y con mayor predisposición a demonizarse la una a la otra. Solo echad un vistazo a las noticias estas semanas y, si podéis, intentad leer entre líneas la que está formada, y lo que nos espera de aquí a muy poquito, si las habilidades proféticas de un servidor no patinan.
Porque lo de ir de cabeza a una distopía cada vez parece menos de cachondeo y resulta cada vez más ominoso e inevitable.

Pongámonos un poco en materia con una habitual declaración de intenciones, no vaya a ser que algún imbécil empiece a leer lo que no es o a poner palabras en mi boca.


Let's go.


Punto 1: En este artículo NO se justifica ningún tipo de agresión, ni hacia las mujeres en concreto ni hacia nadie en general. El que quiera entender lo contrario, además de tener un serio problema de comprensión lectora, es una pila de escoria humana con ganas de buscar mierda donde no la hay.

Punto 2: Tampoco se va a decir que ningún condenado en firme por nuestros tribunales, de los casos que mencionaré a lo largo de mi artículo, es inocente. Ni siquiera voy a afirmar, o siquiera insinuar, que sean bellísimas personas porque ni siquiera los conozco. Pero sí que hay cosas de todo esto que no me hacen ni la más mínima gracia. El que quiera atribuir tal o cual ideología a mi argumento es, con toda probabilidad, un imbécil que no ha mediado conmigo dos palabras y que no tiene ni la más mínima idea de a quién voto (algo más que probable, porque mi intención de voto queda exclusivamente para mí), de modo que cualquier argumento al respecto de lo que digo queda en la más pura especulación y, de paso, basada en la ignorancia más absoluta hacia mi persona.

Punto 3: Esto no debería ni advertirlo, pero ante la cantidad de pellejitos finos, soplapollas y tontos del culo con serios problemas de comprensión lectora, no me queda otra que ponerlo bien clarito: en este artículo NO se va a decir, mencionar, insinuar o sugerir posicionamiento o superioridad de un sexo sobre otro. Aquel que vea machismo (o hembrismo) en lo que estoy indicando, aparte de no tener ni idea de lo que está hablando (o sea, de mí) necesitará ayuda de un profesional para que le enseñe a leer e interpretar un texto correctamente. Más si tenemos en cuenta la cantidad de veces que precisamente he defendido la igualdad de sexos.



No se me han caído los anillos por hacerlo.


Punto 4: Si algún imbécil de pellejito fino, soplapollas o tonto del culo se siente ofendido por la presunta arrogancia de mis palabras, le indicaré claramente dos cosas: una, que se joda por haber atribuído a mi persona ideologías que no comparto o por haber puesto palabras que no he dicho en mi boca. Igualmente ofensivo es eso y según esos imbéciles de pellejito fino, soplapollas y tontos del culo a mí me tiene que parecer bien. Insisto, que se jodan todos. La segunda cosa que tengo que decirles a todos ellos es que mejor que no sigan leyendo, porque van a seguir cayéndoles hostias una detrás de otra.

Una vez bien dejado claro esto, empezamos:

Entre los hechos de esta semana, una vez Greta Thunberg está de vuelta ya a su país de origen y ya todos parecemos personas un poquito más concienciadas con el medio ambiente, parece que la prensa vuelve a dar caña con los acontecimientos habituales: una vez más, los temas de la violencia de género, las agresiones machistas en general y las violaciones grupales muy en específico. Temas que, por supuesto y no me cansaré de decirlo hasta la saciedad, conviene denunciar porque ambos son una puta lacra social que conviene exterminar de una vez por todas.
Hasta ahí, todos de acuerdo.
Quizás lo que mosquea es que, de pronto, los telediarios de nuestro país parecen convertirse en todo un monográfico al respecto; hemos pasado del silencio total, de ningunear a las mujeres y a la mierda que sufren a diario por una sociedad rancia de cojones, a silenciar cualquier otra cosa que esté pasando en el mundo tan solo porque a la prensa le parece correcto bombardearnos con los mismos temas una y otra vez, día tras día. Digo lo del bombardeo así, no porque me parezca mal que se hable del tema, sino por algo que me resulta mucho más sospechoso.


Paranoid es uno de mis discos favoritos de Black Sabbath.


Aquí es donde podéis llamarme paranoico. Total, me han llamado cosas mucho peores otras veces.
¿Recordáis la novela Un mundo feliz de Aldous Huxley? Es una distopía por definición, donde el flujo de información está manipulado de tal manera que se sobreinforma al ciudadano hasta que este pierde por completo toda noción de la gravedad de las cosas, o incluso hasta que deja de tomarse en serio aquello de lo que se hable.
Apliquemos este principio al tema que nos compete: hemos pasado de un silencio absoluto acerca del tema de las violaciones grupales hasta hace cosa de unos tres o cuatro años. Según la prensa, hasta el tristemente célebre caso de la manada de los Sanfermines, pero realmente la cosa se remonta a un año antes de eso, con la falsa violación en grupo de la feria de Málaga. Lo que sí es cierto es que, en el momento en que se supo que este caso fue falso, el tema no se volvió a mencionar (incluyendo que la falsa denunciante en ningún momento, que se sepa, compareciera públicamente para pedir perdón por la pedazo de calumnia, tal y como pidieron los agraviados). No se volvería a hablar de violaciones grupales (y me juego el cuello a que se han seguido dando, y siendo deliberadamente ignoradas por los medios) hasta el año siguiente, tal y como recordamos todos.



Hemos mezclado dos ideas distópicas muy peligrosas: por un lado, la idea orwelliana de información sesgada y manipulada; por otro, el concepto de Huxley de sobrecarga informativa de según qué cosas para alterar la actitud del ciudadano al respecto, a modo de "anestesia" o a modo de "anfetamina" para mantenerlo cabreado.
Lo de mantener cabreada a la gente, por cierto, también es muy de Orwell.


A partir de ahí, pareció darse un pistoletazo de salida para que, de pronto, nuestros noticiarios se vieran literalmente desbordados con salvajadas de ese tipo...
... Como si jamás hubieran sucedido y, de pronto, todas tuvieran lugar de golpe.
¿Os creéis algo así?
Seamos honestos, ese tipo de burradas vienen pasando desde hace mucho, mucho tiempo (recordemos otro caso brutal y bastante mediatizado, el de Sandra Palo, hace ya muchísimos años; la polémica ahí no residió tanto, curiosamente, en el móvil sexual de los asaltantes (que fue de las cosas más brutales que se han contado en mucho, muchísimo tiempo), sino en el hecho de que eran menores, justo cuando la ley del menor llevaba vigente unos tres años o así. Y por aquel entonces, los telediarios aún no se habían convertido en una especie de monotema al respecto.
Quizás es que no les interesaba, simple y llanamente, porque yo eso de "Es que respondemos a un interés social" o "Es que la gente demanda saber tal o cual cosa" no me lo trago. La gente, y no hay más que ver cualquier red social, se mueve de una forma muy similar a una colmena o un rebaño: les pones un tema por delante y lo siguen ciegamente hasta que les pones otro. Pero, por desgracia, la masa dominante no parece tener una inquietud social de base que venga reclamando según qué contenidos.


—¿Qué temas os interesan?
—BEEEEE...


Sin ánimo de hacer un ranking, lo de Sandra Palo fue más flagrante (si cabe) y muchísimo más brutal que lo de los Sanfermines y el revuelo social por aquel entonces, en comparación, fue coña marinera. Quizás es que las redes sociales no eran tan poderosas por aquel entonces, pero eso no me vale como excusa: las movilizaciones que hubo ni fueron tan cubiertas por la prensa ni se denunció semejante aberración con la intensidad con la que se ha denunciado esto. ¿Qué quiero decir con esto, que uno caso merece más repercusión que otra? Para nada: lo que vengo a decir es que la prensa nos azuza contra lo que le sale de los huevos, cuando le sale de los huevos, y no porque le importen la muchacha de los Sanfermines, Sandra Palo, Diana Quer o cualquier otra de una lista que resulta ya escalofriante de larga. La prensa nos azuza porque tienen sus propios intereses al respecto. De no ser así, todo este revuelo, toda esta indignación, no habrían parado desde Alcásser, en 1992. Y, sin embargo, ahí tampoco interesó seguir denunciando esas burradas, por los motivos que fuera, en los que ya ni entro.


El funcionamiento de los medios es un poco así: nos hablan de alguien y ya sea culpable o inocente nos dicen:
"¡A este le ha tocado! ¡Odiadlo! ¡Crucificadlo! ¡Acabad con él!"
Y nosotros nos lanzamos como chacales a por él.
Sin preguntar.
Dando por cierto lo poco que nos cuentan.


Volvamos a lo de la sobrecarga informativa, que era un poco a donde quería ir a parar con esto: como decía arriba, hemos pasado de cero a cien en apenas dos años y, cómo no (y he aquí lo que me llama la atención), ya tenemos a la sociedad más que polarizada al respecto: por un lado, tenemos a unos, a los que les falta ya pedir ahorcamientos públicos sin juicio a cualquier bicho viviente que haya sido acusado (ojo, digo acusado y no condenado) de violación (digo violación porque el término "agresión sexual" me resulta un eufemismo ridículo que intenta quitar hierro a algo que personalmente me parece atroz, con todas las letras); por otro lado, los que consideran que eso de luchar contra la violación y contra las actitudes machistas es algo digno de (y cito a más de uno) "bolleras que no se afeitan el sobaco".
En resumen, que ya tenemos a la sociedad encabronada consigo misma, en una especie de guerra intestina mientras los que están arriba hacen lo que les da la real gana, y así seguirán mientras no espabilemos.


"Hala, ya están dándose de leches de nuevo. Excelente, ya puedo continuar con mis proyectos, que no van ni a enterarse".


A lo largo de estas semanas he visto cómo, por ejemplo, se ha pronunciado la sentencia contra los exjugadores del Arandina, un equipo del que nadie había oído hablar hasta la fecha (o al menos, nadie que no siga más fútbol que la liga de primera división, claro) hasta que tres tíos que estuvieron jugando ahí, según reza la sentencia, violaron a una chica de dieciséis años.
Así contado, resulta atroz, eso nadie lo discute.
Treinta y ocho años les han caído a estos tres, y oye, a mí no me parece mal esa sentencia, considerando que tiendo a pensar que el sistema penal en España suele ser bastante blandito y bienintencionado.


Tampoco es que nos pongamos a pedir que los jueces sean como en MegaCity-Uno, donde son policías, jueces, jurados y verdugos, todo a la vez. Pero sí es cierto que el sistema en España confía demasiado plenamente en la bondad de la gente y cuenta con demasiada rapidez en la reinserción del delincuente. No es que sea algo intrínsecamente malo, pero hay casos en que está claro que hay gente reinsertable.
Con todo y con eso, hemos añadido la permanente revisable (eufemismo de perpetua, que por lo visto queda feo llamarla así), y ha habido polémicas de tres pares.


¿Qué es lo que me mosquea del asunto?
Pues a ver, normalmente en estos casos, cuando veo las noticias, escucho al abogado de los acusados y suelo ver (desde mis ojos de lego en derecho total, tan solo viendo los casos como una persona que ha ido más o menos siguiendo el juicio, todo hay que decirlo) justificaciones bastante reguleras acerca de gente que ha sido pillada casi con las manos en la masa, gente que ha confesado sus crímenes, o gente que ha sido tan chapucera que se las ha apañado para dejar un buen reguero de pruebas tras ellos (o buenos investigadores, que también los tenemos).
Este caso ha sido diferente: empiezo a escuchar y resulta que me entero (a menos que la defensa haya dado una versión muy manipulada del juicio, claro) de que:

1) El juicio se ha basado, de forma casi íntegra, en el testimonio de la víctima.
2) No hay pruebas de ADN ni de ningún otro tipo que demuestren que, efectivamente, ha habido violación. Si acaso, un informe psiquiátrico, pero hasta donde cuenta la prensa (que vete tú a saber), no se ha hablado del parte forense, que debería contar como una prueba más que evidente.
3) Se desestima el testimonio, tanto del novio de la víctima, como el de una cuarta persona, que desmontaban la versión de la víctima.
4) La víctima cambia su testimonio varias veces. Según dicen, porque (y me remito a la prensa) "No es lo mismo hablar en una red social que con gente de confianza". Dicho de otro modo, la víctima mandó audios contando una versión a sus amigas, pero al parecer, a sus padres le cuenta otra completamente diferente. Según la prensa, en la primera versión alardea del asunto, mientras que en la segunda lo describe como una violación.



Que igual vosotros lo tenéis clarísimo, pero yo con esto me quedo así.


¿Digo con esto que, solo por eso, los tres futbolistas sean automáticamente inocentes? En caso alguno. Ni estuve en ese piso, ni los conozco a ellos, ni mucho menos he estado de jurado en el juicio. Lo único que digo es que, de ser cierto lo que dice la defensa, aquí se ha emitido una sentencia durísima sobre tres acusados prácticamente sin pruebas, del mismo modo que digo que, de ser cierto lo que hicieron, no me parece mala sentencia. El problema está en que, con estos argumentos, yo no veo nada claro esto. No digo que sean inocentes, pero tampoco es que tenga clara su culpabilidad. Simplemente, no me han dado los datos necesarios como para poder llegar a nada. Eso sí, yo no soy juez, pero... como ciudadano, la impresión que me ha dado este caso me resulta, como poco, para no terminar de fiarse mucho de lo que es la justicia.


Tampoco vamos a decir que TODOS los jueces sean unos ineptos y que nuestro sistema sea como el de Turquía en El expreso de medianoche... pero que de vez en cuando nos encontramos con cosas que nos dejan el culo un poco torcido, sí que es verdad.


De esto extraigo varias ideas que no me gustan un pelo:

1) Que, en ciertos casos (especialmente los más mediatizados) un acusado no es inocente hasta que se demuestre lo contrario; más bien, se da por sentado que eres ya culpable, y ya si puedes, demuestra tu inocencia. Si es cierto lo de los testimonios desestimados, ya no solo si puedes, sino si te dejan.

2) Que, de ser cierto lo que dice la defensa, me está quedando claro que arruinarle la vida a alguien con una denuncia de violación es relativamente sencillo. Especialmente si ahora los medios están más dispuestos a señalar posibles culpables para ponerlos públicamente en la picota y mirar para otro lado cuando esto no resulta más que un cúmulo de calumnias. Pongamos que lo de esta chica es cierto, tal y como sostienen los jueces. ¿Qué nos garantiza que cualquier otra, al estilo de la de la feria de Málaga, no se presente en un cuartelillo soltando una milonga sobre el último al que se ha cepillado? Si partimos de la base de que solo hace falta el testimonio y poco más, tenemos un agujero legal al respecto que ríete tú del de la capa de ozono.


No, esto no es un ojete.


(Pequeño inciso con lo de las falsas denuncias, antes de que nadie se me eche al cuello: sé de sobra que son un porcentaje muy pequeño, pero, dos cositas:

a) Con los precedentes que estamos sentando, donde solo un testimonio puede mandar a alguien a la cárcel, amén de la letra escarlata que se le pone, esperemos solo unos años. No es que se compare realmente con la cantidad de mujeres que son realmente agredidas, lo sé, pero si estamos defendiendo lo de encerrar a cualquiera solo para que no se escapen los verdaderos culpables, no estamos hablando ni de verdadera justicia, sino de una pantomima.

b) Sí, los casos de falsa denuncia son minoría, pero ojo: también está suceciendo que los mismos abogados están recomendando a las víctimas de falsas denuncias que pasen página y que no se metan en más follones judiciales. ¿Por qué? Porque ya han sido perjudicados por la persona que los ha denunciado y, recomiendan, mejor no remover más el asunto y dejarlo estar.

c) Y sí, seguirían siendo casos minoritarios... ¿Pero eso sería motivo suficiente para desoírlos o para ridiculizarlos?, Pues hay gente que va de justa por la vida y lo está haciendo, con argumentos del tipo "Cuando protestas por una falsa denuncia desoyes a las denuncias de verdad", como si una cosa implicase la otra. Otro de los argumentos es "No tenéis derecho a quejaros, porque el número de falsas denuncias no llega ni al 1%.


Parto de la base de que la justicia tiene que posicionarse con aquello que está mal y apoyar a las víctimas, independientemente del número de éstas.
Hasta hace, pongamos, veinte años, las víctimas de violencia de género estaban totalmente ninguneadas y se dio un paso adelante muy positivo al sacarlas a la luz, apoyarlas y señalar la violencia como la lacra que es.
Si esta lucha está generando leyes que generan aparte otras víctimas colaterales, también hay que evitar que se produzcan.
Un principio falaz, como el de algunos partidos, es decir que si se apoya a unos se desoye a otros o se les quita importancia.
Yo soy de pensar que una ideología justa engloba ambas posibilidades: el que ejerza violencia, que vaya derechito a la trena... pero es que quien se aproveche de ello, denunciando en falso, también. Ya no solo por la pedazo de calumnia, sino por el insulto a las verdaderas víctimas de la violencia, a las que se toma a chufla cada vez que se hace algo así.


3) Que una cosa es luchar contra la violencia estructural (o sea, la producida contra las mujeres por el mero hecho de ser mujeres) y otra muy diferente andar encerrando a la gente sin pruebas, no vaya a ser que se escape un culpable y se monte bien gorda. Yo sigo pensando que la gente que apoya esto debe tener padres, o hermanos. Lo mismo que los que tenemos madres o hermanas vemos cómo se nos revuelven las tripas cuando escuchamos hablar de violaciones o de cualquier otro tipo de abuso sexual (no es que debamos tenerlas para empatizar con las mujeres y ser conscientes de la animalada que es una violación, pero entendedme, es un factor añadido), yo creo que aquella que tenga padres o hermanos y vea cómo esto parece convertirse en otro paso más de una guerra que busca enfrentarnos a ambos sexos debería tener un mínimo de sangre en las venas y decir "Oye, que si el culpable es culpable, que se muera de asco en la cárcel... pero si resulta ser inocente, ¿a qué coño viene esta picota?"


Aun a riesgo de repetirme como un plato de fabada con extra de chorizo y morcilla, quiero insistir en esto: los que me conocéis bien (no los demás, que parecéis mis putos psiquiatras, además de ser una panda de psiquiatras gilipollas, que sentáis diagnóstico gratis) sabéis que mi posición es que piedad con el que es verdaderamente culpable, la justita por no decir cero.
De hecho, tiendo a pensar que un sistema que vela por los intereses de una sociedad honrada no debería tener concesiones de ningún tipo con la gente que vive en contra de la sociedad, por duro que esto suene. Y si alguien que se ha demostrado que es un hijo de puta tiene que ir al talego, que se chupe una señora condena íntegra y sin pijadas. Y si le jode, no haber cometido ninguna burrada, véase violación, véase asesinato, véase maltrato del tipo que sea, véase abusos en general.
Pero eso sí: se tiene que dejar muy, muy claro que el culpable es culpable. Encerrar inocentes "por si acaso" no me vale.


Con estos tres puntos, ya de por sí mosqueantes, debo decir que lo que son los tribunales, o la sociedad en general, parece ir pasando de un extremo a otro con una facilidad pasmosa: hasta no hace mucho (en el mismo juicio de la manada de los Sanfermines, donde se pudieron oír cosas bastante vergonzosas por parte de los magistrados) tendíamos a culpabilizar a la víctima de una violación aludiendo a su promiscuidad o su imprudencia ("¿Pero cómo se le ocurre a usted ir con esa ropa por la calle?") lo que, aparte de estar MAL, daba bastante asquito de cara a un sistema que busca (o debería buscar) proteger a las víctimas; ahora nos pasamos al otro extremo y, antes de poder determinar si, en efecto, ha habido tal delito, o si el delito en cuestión lo ha hecho tal persona en concreto, da la impresión de que se emite el veredicto ya de antemano y, ya si eso, se van viendo pruebas que respalden la idea de encerrarlo.
No sé hasta qué punto es cierto esto que digo desde el punto de vista legal, pero la impresión que están dando es justo esa.


—Veredicto: eres mu puta.
—Pero oiga, que no se la juzga a ella, sino a los tíos que la violaron.
—Em, vale, sí. Pero ella es mu puta.
—Eso sigue sin sonar muy profesional.
—Cómeme los huevos, todo bicho viviente que enseñe carne por encima de la rodilla va buscando guerra. Luego que no se quejen.
Esta es la actitud de más de uno y más de dos jueces, supuestos profesionales de la justicia, a la hora de llevar un juicio.
La parte comprensible de esto es que, a ver, somos humanos y como tales, podemos ser unos perfectos imbéciles en cualquier labor que desempeñemos.
Lo que no es comprensible es que NADIE parezca poner a un cabestro de estos en su sitio. Más bien al contrario, todo cristo mirando para otro lado o incluso dándoles palmaditas en la espalda mientras las víctimas se quedan con una cara más partida que los demás que escuchamos este tipo de comentarios.


Y es aquí donde sucede algo que, a mis ojos, resulta muy chungo: la de dar la imagen de un sistema fallido y arbitrario, lleno de injusticias sociales por todas partes. Por un lado, esos violadores y asesinos confesos, a los que parece que les cae una pena de risa pese a haber confesado, o aprovecharse de los resquicios y fallos de las leyes para cachondearse del sistema (véase la vergüencita ajena que dio el caso Marta del Castillo) y a que todas las pruebas los señalen; por otro, esos otros que, sin pruebas, se comen unas penas que no le caían a terroristas (el etarra Santi Potros, por ejemplo, cumplió 31 años en prisión por haber matado a cerca de 35 personas y haber herido, solo en el famoso atentado de Hipercor de 1987, a otras 45 (o sea, que cumplió más o menos un año por cada víctima a la que había matado, sin contar a los heridos, lo que me parece flojísimo como pena). Y hablamos de MUCHOS asesinatos. Le habían caído 91 años, y cumplió un tercio de la sentencia, eso sí; la cuestión es si a gente que ha sido acusada como estos tres tipos van a comerse una rebaja tan grande... y solo de pensar en una pena y otra, a mí no me salen las cuentas).


Entre que soy de letras y que me da totalmente por el culo estudiar leyes (creedme, lo he intentado varias veces) yo no me entero de si la violación tiene pena más gorda que el asesinato o el terrorismo, o es que una vez ya pasas de cierto número de víctimas que te has cargado como que la cosa deja de tener su importancia y te van rebajando la pena.


Sea como sea, ¿a dónde lleva esta injusticia social y esta aparente sensación de arbitrariedad por parte del sistema?
Una vez más, a que el personal empiece a abrazar ideas cada vez más opuestas y cada vez más radicales. Ya tenemos a gente que, de buenas a primeras, empieza a petarlo entre los sectores de la opinión pública más reacios a esta oleada de "Justicia social, aunque más tirando a venganza pura y dura" y ya empiezan a optar por una derogación TOTAL de la Ley Integral de Violencia de Género. Si lo de ir encerrado a la gente solo por un testimonio era matar mosquitos a cañonazos, esto no se queda atrás.

Explico un poco esto último:
Soy una persona bastante crítica y perfeccionista; eso me lleva a no conformarme con las cosas y buscar el modo de mejorarlas; con respecto a la ley, igual. Soy el primero en decir que, si tenemos casos de violencia ejercida contra las mujeres solo por el hecho de serlo (véase la violación, que me parece el caso más concreto, amén de otros tipos de maltrato), lo suyo es atajarla y buscar el modo de penalizarla. Hasta ahí bien.
Pero no me contento con eso y, si han sacado una ley como la que tenemos, también soy el primero en decir que hay que ser autocríticos y, si estamos viendo cosas que están demostrando resquicios en la ley, o que algunos aspectos de dicha ley no están del todo bien contemplados, o sencillamente que los casos de violencia específica contra las mujeres no han descendido, sino que parecen ir en aumento (o esa es la percepción que se nos está dando de todo esto) hay que revisarla con intención de mejorarla, no barrerla del mapa.


Esto es algo así como si tienes un coche, se te pincha una rueda y, en lugar de cambiar la rueda, le metes fuego al coche.


¿Qué sucede a partir de esto? Pues que si tú dices que la ley no es perfecta, ya te viene gente diciendo que eres un machista que apoya que le den de hostias a las mujeres para que vuelvan a la cocina a fregar platos.
Pues no. Simplemente, lo que digo es que ciertas leyes tan necesarias es necesario analizarlas muy, muy detenidamente, en busca de cualquier fallo para perfeccionarlas. De ahí que derogarla me parezca un paso (o varios pasos, ya puestos) atrás.
Sin embargo, algunos ya se están aprovechando del descontento social para mostrarse como "los que piensan diferente frente al dogma" y venden una ideología encabronada que, bajo el pretexto de una falsa libertad, buscan cargarse los avances que se han ido consiguiendo con mucho esfuerzo. Pero oye, por lo visto cuela, porque "lo diferente es guai". Aunque la diferencia radique en que sueltes cosas que te hagan sonrojar de la vergüenza ajena.

No es algo que yo vaya a comprar tampoco, la verdad.
Con respecto a lo del dogma, sí hay que decir algo: a día de hoy, se está volviendo cada vez más difícil decir algo que no sea "amén". Al polarizarse las tendencias, parece que o suscribes al 100% una idea o se te acusa de enarbolar la contraria.
El espíritu crítico está muriendo, amigos Distópicos, y eso es MUY peligroso.


Metafóricamente hablando, esta sería la tendencia: que todo el mundo acabe abrazando exactamente la misma ideología, sin menearse un ápice.
Los más extremos son los que usan la falacia de "Bueno, yo estoy en contra de eso". Y si, claro. Pero tiene tanto sentido como decir que molas porque piensas que la tierra es plana y tienes derecho a una opinión.
Ni calvo ni tres pelucas, tíos: si está mal imponer una ideología a sangre y fuego, igual de mal está rebelarse contra esa ideología sin un razonamiento lógico, basado en la pataleta y en actitudes de malotes y chulos de barra de bar.


Esta tarde ha habido movida en una manifestación en Manresa. Es un buen ejemplo para ilustrar eso que digo. Han salido las mujeres de la localidad a protestar, porque resulta que allí ha habido ya varios casos de violaciones grupales, lo que es preocupante a todas luces. Que hayan salido a manifestarse me parece lícito. Incluso necesario.
Pero ha habido cosas que he visto que no me han gustado:

1) Solo han salido a manifestarse las mujeres, con pancartas de "Manifestación no mixta" (eufemismo para decir "Segregación"). La excusa ya la he oído antes: porque nadie entiende como una mujer lo que es una violación. Lógico a primera vista, pero falaz. No tienes que ser negro para entender que el racismo está mal y manifestarte en contra de ello. Tampoco tienes que tener cáncer o sida para participar en una carrera que done fondos para luchar contra estas enfermedades. Se llama empatía.
Como hombre, yo no puedo saber lo que es ser violado, desde luego, pero tengo mujeres en mi familia y empatizo con ese miedo. La mayor parte de mis amistades son mujeres, además. De ir a una manifestación contra la violación, no lo haría por el miedo a que me violasen a mí; lo haría por solidarizarme con mis seres queridos, y considero que es algo más que digno. Tanto como que se manifiesten las víctimas.
Esa exclusión, por tanto, me parece echar de la lucha contra la lacra que es la violación a todos los hombres (que, quiero pensar, son muchos) que están en contra de esa práctica y que quieren caminar junto a las mujeres para erradicarla. Eso es un fallazo desde mi punto de vista, y parece que se está poniendo mucho en práctica, con movidas tipo "entorno seguro y demás".
Demonización de un género entero, por mucho que nos digan que no.
Y ya, en lo de las pintadas en escaparates con la palabra "machistas" es que ni me molesto en entrar. Ese tipo de actitudes de matonismo, señalando enemigos con el dedo me asquean, ya vengan de gente que lo hace con "los proespañolistas" o con los judíos. Aunque los enemigos sean unos mierdas, hay un sistema y hay unas leyes. Si las leyes fallan, se lucha por cambiarlas. Montar disturbios, causar vandalismo y demás me parece un flaco favor a una causa digna.


Hace ya algunas décadas, ese país de las libertades (que luego no deja de ser un país de palurdos hipócritas que reparten lecciones de moral y tendrían que meterse la lengua hasta lo más profundo de su americano culo) segregaba a la gente de raza negra de sitios como escuelas, autobuses o cualquier otro lugar público bajo la (paupérrima) excusa de que "La gente de color es criminal por naturaleza y pueden cometer crímenes contra los blancos tales como asaltos o violaciones".
Por tanto, consideraban que lo mejor era que tuvieran "su sitio", apartado de los blancos, por la seguridad de estos. Les importaba tres mierdas que el negro en cuestión fuese un criminal o no, que fuese una persona educada o no, o que estuviera criada con unos valores sociales dignos. Para ellos, todos los negros eran iguales y los segregaban a todos "para que los blancos pudieran caminar seguros por cualquier parte".
Pues eso mismo pienso yo de los entornos seguros y de los que los defienden.
Y me da igual la excusa que argumenten. Para mí, es exactamente el mismo principio, solo que hoy en día, suena políticamente correcto y chupiguai.
Tal y como lo sonaba con los negros en los 50.


2) Luego, un segundo grupo, de mujeres también, pero afines a la otra cara de la moneda, han ido a increparlas. Esto ya no es que me parezca un fallo, sino que me parece tristísimo. En primer lugar, eso de ir a boicotear una manifestación legítima ya me parece mearse en el principio constitucional de libertad de expresión, así como en el de manifestación. Pero que encima vayas a boicotear un acto que no está precisamente ensalzando la figura de un dictador ni está pidiendo que eches a patadas a la gente de otra raza, sino que sencillamente lo que está pidiendo es más seguridad, me resulta bochornoso.


De hecho, me resulta pasmante que precisamente aquellos que defienden a gente que se ha meado en los derechos humanos y a los que les falta ya elevarlos a los altares, de pronto irrumpan sobre las manifestaciones de los demás (hablando de forma evidente y concreta de manifestaciones dentro del marco de las leyes y , por tanto, totalmente legítimas) porque "se sienten ofendidos" y lo primero que hagan sea ningunear sus derechos bajo el pretexto de que una persona, solo por protestar contra algo que le parece mal, está vulnerando los suyos.
Es algo así como si un grupo de niños se manifestase porque les parece mal que hayan retirado Pocoyó y vengan los fans de Bob Esponja a darles de hostias porque esa protesta les ofende.
Pensad que los niños de cuatro años, fans de Pocoyó o Bob Esponja, ni se plantearían semejante burrada.
Pues gente con la entrepierna ya canosa no es que se lo plantee: es que lo hace.


La cosa es que, sea como sea, pone de manifiesto esa polarización a la que estamos llegando. La sociedad parece estar más y más dividida: por un lado, los rancios contra los progres (uso términos muy extremistas, pero para entendernos), que se lanzan dentelladas los unos contra los otros; mujeres contra hombres, y luego mujeres entre sí, ya dependiendo del color de la papeleta a la que voten. La censura corre en ambas direcciones. Por un lado, están los rancios, que hacen lo que siempre han hecho los rancios, que es censurar todo aquello que no casa con su ideario ultraconservador; por otro, los progres que...
... Que hacen exactamente lo mismo: todo aquello que no sea políticamente correcto o que quiera medio atentar contra los cánones que ellos mismos han establecido será eliminado, retirado o directamente puesto en la picota "por una buena causa". Y nos tenemos que tragar que son gente liberal, tolerante y de mano abierta.
No. Eres tolerante y de mano abierta cuando lo único con lo que no transiges es con los animales cuyo ideario es pisotear el de los demás (hay una diferencia entre tener mano abierta y ser gilipollas). Si lo que haces es censurar SOLO lo que no te gusta, eres tan intolerante como los intolerantes a los que te sientes moralmente superior. Si, de pronto, estás condicionando la forma de hablar de la gente, y les dices lo que pueden o no pueden leer o ver en la tele, ya puedes quitarte la chapita de liberal y ponerte la camiseta de "Hipócrita".
Y eso lo hacen mucho precisamente los que van de guais.


Y si los rancios que intentan imponernos por cojones una visión obsoleta de la sociedad ya me causan urticaria, los que van de revolucionarios chupiguais me dan la misma o más.
Porque por lo general un rancio no te va a ocultar que es un intolerante o que ama según qué ideas.
El chupiguai es el que va de moderno, de tener una mentalidad abierta y mil pollas, pero luego te censura tanto o más que el de arriba.
Con la cosa de que éste encima tiene como una prebenda moral, no sea que el que le lleve la contra sea llamado fascista y eso sí que no puede ser.


Unos y otros se echarán la culpa mutuamente, mientras el rebaño humano hace lo que mejor sabe hacer, que es renunciar a su propio criterio para asumir el de esos autoproclamados pastores. Y, por supuesto, las peleas contra los militantes de la formación contraria están a la orden del día.
Y así, lo dejo caer, es como surgen los totalitarismos.

Otra cosa que se ha puesto de moda es lo de echar balones fuera con respecto al tema de la violencia ejercida sobre las mujeres: por ejemplo, se ha vuelto a cargar contra la industria del porno como ÚNICO culpable de este presunto aumento de violaciones grupales (digo "presunto" porque para mí que la única diferencia respecto a hace algunos años es que ahora estos casos salen más en la tele, aunque aquí me puedo equivocar). Echar toda la culpa al porno me parece una soberana hipocresía, que destila un tufillo rancio de aúpa. Si bien es cierto que la tendencia del porno reciente es a la de mostrar imágenes más cafres y violentas que hace, pongamos, diez años, hay ciertos argumentos que me resultan falaces a más no poder:

1) El primer argumento falaz es de un psicólogo que ha hablado este mediodía en las noticias. Según él, el porno da una imagen del sexo errónea y que si un chaval ve una peli porno, tiene la misma idea de una relación sexual que la de alguien que aprende a conducir y solo ha visto fórmula 1. El argumento cae por sí solo en el momento en que hablamos de dejarle un coche de fórmula 1 a un chaval. Dicho de otro modo, el fallo no está en el porno, sino en dejarle verlo a un crío sin absolutamente ningún filtro. Por esa misma regla de tres, entonces declaramos ilegales las prácticas sadomasoquistas.


"¡Esto es violenciaaaa! ¡No es reaaal! ¡Hay que suprimirlooo!"


2) El segundo argumento falaz es dar por sentado que el porno es un género hecho por hombres y para hombres. Casi la mitad de las actrices de la industria porno (pongamos, si queréis, un tercio, o mejor, un 10%, que aun así siguen siendo MUCHAS) acaban dirigiendo películas; por no mencionar que el porno es algo a lo que accede cualquiera: hombres y mujeres, heterosexuales, homosexuales, bisexuales y transexuales. Ya que se nos mete el tema de la diversificación, el porno precisamente es un género de cine que diversifica para públicos de absolutamente todos los gustos. Partiendo de esa base, si según el psiquiatra el vídeo más visto de 2019 es de una violación (¿Eso viene en las estadísticas de Pornhub?), ¿podemos suponer la idea de que lo han visto tanto hombres como mujeres? ¿Cómo sabemos, por otra parte, que un vídeo que ha tenido dos millones de visitas no ha sido visto 100 veces por los mismos 20000 tíos?


Lo único que sabemos de un vídeo así es que ha tenido muchas visitas, pero no de quién, ni de cuántas veces lo ha visto un mismo usuario.
Y no, por favor: que nadie me venga con lo de "Es que una mujer jamás vería porno duro".
Estoy un poco hasta los huevos ya de que me pongan a las mujeres como seres etéreos, nacidos sin mácula, a las que la sola mención de la palabra "polla" hace que se ruboricen como amapolas.


3) El tercer argumento falaz es un poco el de siempre: si el porno es responsable de las violaciones, entonces ya estamos volviendo a que los videojuegos, el heavy metal y los juegos de rol te convierten en un asesino en serie que sacrifica almas (de negros, a ser posible, porque si no metemos el componente racista no dormimos) a Satán, o a algún complot judeomásonico. Es tres cuartos de lo mismo que decir que hay que prohibir el reggaeton, no porque sea una música de mierda, sino porque es machista.
Claro.
El reggaeton, ¿verdad?
No nos acordamos de canciones como "Corazón de tiza" de Radio Futura, por ejemplo, o casi cualquiera de los Guns'n'Roses. ¿La respuesta entonces es la censura?


Vamos a ser honestos: a mí personalmente el reggaeton, como estilo musical, me parece un mojón como la copa de un pino: lo veo más simple y ordinario que el punk y, para postre, ni siquiera tiene el contenido de fondo de éste.
Ahora bien: los argumentos de que es machista y blablabla que se esgrimen para putearlo como que no cuelan.
Si nos ponemos serios, buena parte de ese ninguneo que se ha comido el reggaeton (obviando el tema musical) ha sido por venir de países latinos, y concretamente de estratos sociales tirando a deprimidos.
O sea, que una buena parte de las hostias que se ha comido este estilo han venido por una cuestión clasista y racista.
Pero oiga, se encuentran letras que hablan de perras y putas y todos como locos.
En otros estilos de música se habla de bitches, evil women y demás y no pasa nada.
¿Entonces hay que censurar los otros estilos también?
NO: lo que hay que hacer es vivir un poquito más y ser un poquito menos gilipollas, que estamos ya que nos la cogemos con un papelito por todo.


Estos tres argumentos falaces se resumen en uno muy claro y con el que sí estoy de acuerdo: el de que la culpa no es tanto del porno como de que haya padres que son unos putos irresponsables y le soplan una tablet o un móvil a un crío de 10 años sin ningún tipo de filtro parental. A que se quieran dar charlas sobre educación sexual en los centros educativos, o incluso expender preservativos en sus instalaciones y te vengan los padres diciendo que esas guarradas no se le enseñan a los críos.
Luego nos echamos las manos a la cabeza si un par de chavales de 14 y 15 años intenta meterle mano a una niña en los baños del colegio, como ha sucedido hoy mismo. Entonces, en lugar de hacer autocrítica y pensar que, como padres, como sociedad, la estamos cagando a base de bien, dándole de todo a los críos y sin ningún tipo de límites y que, por tanto, estamos creando una generación de tiranos que no tienen absolutamente ningún sentido de la consecuencia, ¿qué hacemos?
Pues lo de siempre, echar balones fuera. La culpa es de otro. Porque a mi hijo no me lo educan bien.
Eso sí, se dice siempre "la clave es la educación", pero nadie hace un puto coño.


Pasa aquí y en todas partes.
Por poner un ejemplo relacionado (que no hablando exactamente de lo mismo), Obama era el de que, cuando le hablaban de abusos sexuales cometidos en su país, se limitaba a decir "Eso está mal"... y poco más. Mucha cartita firmada por él mismo y mucha chorrada, pero ahí se quedó la cosa, hasta donde sabemos.
Ya sabemos que eso está mal, Barack. Lo que habríamos necesitado es que hubieses hecho algo útil.


Mi pronóstico acerca de esto no es bueno en absoluto: poco a poco, estamos viendo cómo se está instalando en nuestras vidas una tiranía social, en la que cada día más, tenemos que justificar nuestra forma de pensar ante gente que realmente no es ninguna autoridad. Una palabra mal entendida y podemos ver cómo peligra nuestra carrera o nuestra percepción ante la sociedad. Si seguimos así, de aquí a nada, no vamos a poder hablar en un entorno público sin que algún amigo de la Corrección Política nos denuncie ante la Policía del Pensamiento, o sin que alguien del partido contrario nos diga que retiremos lo que acabamos de decir porque nuestras ideas le ofenden.


Y luego tenemos al chuloplayas este, que va por la vida argumentando que si tienes poder, puedes agarrar a una tía por el chocho y se tiene que callar. Las dos caras de la moneda progre-rancio, que nos llevamos comiendo una buena temporada en nuestro país.


Parece que, tal y como van las cosas, dentro de no mucho, hombres y mujeres no podremos convivir porque ya se ha determinado que estamos destinados a hacernos la puñeta mutuamente. Se hablará de entornos seguros y las relaciones entre ambos sexos, al paso que vamos, quedarán completamente condicionadas o supervisadas por vete tú a saber quién. Con eso del consentimiento para las relaciones sexuales, hay quien está extremando las ideas y ya hablan de aplicaciones móviles, similares a contratos en las que, previo registro (y vendiendo tus datos, por supuesto), expones claramente que accedes a acostarte con tal o cual persona. Digas lo que digas, hagas lo que hagas, parece que alguien tiene que saberlo. Alguien tiene que tener constancia de ello.
Vigilados en aras de la seguridad, sacrificando nuestra intimidad y nuestra espontaneidad, como putos robots.


Total, para mierdas, porque seguirá habiendo violadores. Y, si nos ponemos a pensar en la movida que ha habido con el Gran Hermano donde se violó a una en directo, a más de uno le va a dar igual lo que haya pasado: sin empatía alguna, apoyan con su audiencia a la cadena que lo ha emitido y que (más fuerte aún) ha intentado coaccionar a la víctima para que no diga nada.
De todos esos millones que apoyan a semejantes profesionales, me juego lo que queráis, muchísimos son de los que luego se ponen sus chapitas, acuden a sus manifestaciones en repulsa por  el machismo y acusan con el dedo al primer ser vivo acusado de tendencias machistas.
Yo es que con tantísima hipocresía galopante ya no sé ni que hacer, os lo juro.


O tal vez incluso las cosas acaben como en el barrio de Mea Sherim, donde no puedes acercarte a alguien del otro sexo ni para preguntarle si ha pasado el autobús que esperas porque está mal visto. O en cualquier país donde se apedrea a una mujer casada por decirle "hola" a otro hombre bajo la acusación de adulterio. O como en las antiguas repúblicas soviéticas, donde apenas podías hablar de cualquier tema medio comprometido en la calle, no sea que algún policía secreta infiltrado te detuviese. O como no hace mucho, donde para salir con alguien necesitabas un consentimiento expreso de la familia. O como hace algo más, que ya mismo parece que para tener pareja (de follar ni hablamos) ambas familias tienen que tener un acuerdo previo en vistas a un matrimonio concertado.


Y todavía algún imbécil nos dirá que un matrimonio concertado tiene menos papeletas de culminar en violación o maltrato que quedar con alguien en Tinder.


Es posible que todo esto os parezca de risa, pero os voy contando cositas: ¿cuántos políticos habéis visto últimamente obligados a dimitir porque han dicho alguna imbecilidad? Véase ese de las juventudes populares, que mandó "a la cocina" a un grupo de mujeres haciendo un flashmob, hace unos días, o reprobados por soltar alguna burrada, como sucedió con Ortega Smith.
ACLARO: No soy partidario de lo que dice o piensa ese señor, ¿vale? No suscribo para nada su ideario, ni me parece de recibo que un cargo público hable con ese nivel de arrogancia.
PERO: si el criterio para reprobar políticos es lo que dicen y no lo que hacen (con la cantidad de casos de corrupción, amén de aquellos que han defendido a corruptos ya condenados, insistiendo en que los jueces se equivocan pese a las pruebas y que sus amigos son inocentes), creo que tenemos el norte bastante perdido. Durante años hemos estado viendo cómo nuestros diputados, ministros y hasta presidentes han venido haciendo lo que les ha dado la real gana y aquí NADIE (que yo sepa) ha protestado de una forma tajante, o no al menos para que salga en todos los noticiarios (salvando quizás lo de la famosa moción de censura, que tal y como lo veo, seguimos pagando los ciudadanos, tras no sé cuánto ya sin gobierno después de... ¿cuántas elecciones llevamos ya?). Ahora, uno suelta una estupidez, y todos se vuelven locos. Como si ser un cabestro hablando ahora fuera más importante que actuar como tal. O más importante que cometer delitos.


Una vez más, queda claro que importa más la imagen (o los laics) que uno da que lo que realmente hace.
Por eso se aplaude a gente que ha cometido delitos, pero que tiene una imagen guai, con declaraciones molonas y todo eso, pero se puede crucificar a alguien que, legalmente, no se ha demostrado que haya infringido la ley, pero abre la boca y sube el pan.
Con lo cual, no todos somos iguales ante la sociedad.
Seguimos siendo unos clasistas, unos hipócritas y unos putos descerebrados, que apoyaríamos al mismo Satán si fuera de nuestro partido político o si jugara en primera. Y nos la suda todo lo demás, ni causas ni putas hostias.


La hipocresía es que, precisamente, otros políticos han soltado tonterías muy grandes, o incluso atribuyéndose méritos que ni les corresponden (véanse las grandezas del alcalde José Luis Martínez Almeida, que para el poco tiempo que lleva en el cargo ha soltado cada una que me ha dejado con la baba colgando) y a nadie se le ha ocurrido una reprobación formal.
O al obispo de Tarragona, que ha llegado a defender la pederastia de forma pública, o al de Córdoba y sus declaraciones hardcoreentre otras cosas.
Porque parece que algunos sí pueden decir lo que les da la gana, mientras que otros por un puto tweet lanzado hace dos millones de años, en un contexto de cachondeo, tienen que pedir perdón de forma pública, como si hubieran cometido un crimen atroz.


"No agacháis la cabeza. No comulgáis con rueda de molino. No seguís ciegamente a la masa ni os dejáis intimidar por ella cuando no estáis de acuerdo con lo que se supone que tenéis que aceptar sin pensar.
¡ARREPENTÍOS Y PEDID PERDÓN, HIJOS DE PUTA!
¡PERO HACEDLO PÚBLICAMENTE, PARA QUE LOS NIÑOS ESTÉN CONTENTOS!"


Quizás a donde vamos a parar es precisamente a un estado en el que tendremos que vigilar lo que decimos, dónde lo decimos y a quién se lo decimos. Nadie podrá hablar en libertad, sin temor a ser malinterpretado, sin tener que andar dando una y mil explicaciones, mil justificaciones para que no vengan a denunciarlo ante las autoridades, o peor, ante la opinión de la masa descerebrada y sedienta de una cabeza a la que subir al cadalso para así descargar sus frustraciones diarias.
¿O no lo habéis pensado?
Odiáis a quienes os dicen que odiéis. Os señalan con el dedo a alguien y allá que vais.

Os unís a las causas que toquen, solo porque os lo han dicho y no porque estén bien, mientras que desoís otras. Hoy en día, estamos con el género y con el medio ambiente. De aquí a, a lo mejor, un año, tocará la infancia. Este mismo mediodía se ha comentado en las noticias que ni siquiera tenemos una estadística definida de infanticidios. Solo contamos (atención a la jugada y si no nos estamos comiendo otro bulo más de la prensa) aquellos que son víctimas de violencia de género, pero las estadísticas desoyen abierta y descaradamente a todos los demás. Algunos famosos están empezando ya a hacer campañas, y de aquí a un año o dos, igual tenemos que andar demostrando lo que debería ser evidente: que los abusos de menores son otra puta lacra.
Como si hiciera falta que os lo dijeran para que caigáis en un planteamiento así de obvio.


—Hostia, no me jodas.
—Sí, hijo, sí.
—Pues no me lo había planteado en mi puta vida.
—Ya, hijo, ya. ¿Quieres un phoskito o algo pa la bajada de tensión por el esfuerzo mental?


Y puede que, de nuevo, volvamos a polarizarnos: por un lado tendremos a los padres pro-hostia frente a los padres de la nueva generación, más reacios al castigo físico. Tendremos a unos llamando permisivos a los otros, y los otros llamando maltratadores a los unos. Nuevamente tendremos otro debatito, otra polemiquita, y la sociedad de nuevo revuelta en alguna guerra intestina, buscando enemigos en lugar de causas comunes. Se denunciará alguna desgracia, como algún padre (lo pongo en masculino porque, curiosamente, a día de hoy, TODAS las madres que se cargan a sus hijos, según la prensa, parecen tener depresión o algún tipo de trastorno psíquico y parece inviable que una mujer pueda ser tan hija de puta como un hombre, visto lo visto) que le habrá dado una hostia mal dada a un crío y tendremos otro nuevo pistoletazo de salida para estar todo el santo día la mar de distraídos con causas que no podemos cambiar ni a golpe de manifestación, ni a golpe de hashtag ni a golpe de campaña mientras a los de arriba les siga conviniendo mantenernos enfrentados unos con otros.

También puedo equivocarme, oye. Para el futuro de mierda tan oscuro que estoy pintando, os juro que me encantaría haber metido la pata hasta el corvejón.
Por ahora solo puedo ceñirme a lo que veo en el momento presente, y me da un mal rollo que te cagas.