lunes, 22 de julio de 2019

Mondo Chorra- Exilio (VI): O mueres como un héroe...



Supongo que los más avispados habréis reconocido la cita de Aaron Eckhart en El Caballero Oscuro que da título a este post. No, no todo van a ser citas sesudas con fotos de Gandhi en blanco y negro (que vete tú a saber si las dijo realmente o es la payasada de algún fan de la autoayuda de los muchos que proliferan por la Red). Francamente, llega un punto en que me da exactamente igual lo friki que pueda uno parecer cuando abre la boca.
Considerando los casi dos años que me he pegado antes de llegar a mi etapa de Exilio, empiezo a pensar que muchas, muchas cosas ya dan exactamente igual, empezando por la imagen que da uno.

O casi.
Seamos honestos, no somos de piedra ni tenemos nitrógeno líquido en las venas. Hay cosas que nos duelen, que nos molestan o ambas cosas a la vez. Y eso de pasar página... oye, está muy bien. Está incluso genial si fuéramos lagartos o serpientes, que mudan el pellejo de vez en cuando y se desprenden de su vida anterior como si nada. Echando las pieles muertas a la basura y viviendo desde cero, otra vez, sin acordarse de todo lo que ha pasado.
Los que tenemos memoria no vivimos así.


"Este pedazo de pellejo es el que era yo el mes pasado".


Se puede decir que vivimos en el pasado y que no prestamos atención ni al presente ni al futuro, pero eso no es cierto. Es tan solo que entendemos que, de todo lo que nos ha pasado, de todo lo que nos han hecho de forma sistemática (y, hoy por hoy, me inclino a pensar que incluso consciente y más que intencionada), no nos merecemos ni la mitad. Es por tanto que, aquellos que nos guiamos por un sentido de la justicia (debo aclarar: me importa muy poco si cuestionáis esto; yo sé la persona que soy, pero no sé la clase de persona que sois la mayoría. ¿Por qué tendría que creer más en vuestro criterio que en el mío propio?) no podemos evitar sentir una tremenda oleada de rabia que nos mordisquea las tripas ante lo que hemos vivido como una total y completa injusticia.

Desconfianza.
Mentiras.
Traiciones.
He vivido todo eso y más, y hasta se me ha obligado a formar parte de ello. Y ha sido cuando he intentado hacer lo correcto, cuando he intentado seguir mi propio código personal, el momento en que se me ha cuestionado. Censurado. Hasta he sentido en mis carnes cómo se me ha faltado al respeto, incluso ninguneado por ello.
Y me ha tenido que parecer bien.


"¿Pero qué haces diciendo lo que piensas? ¿Qué te crees que haces actuando de forma acorde a lo que piensas? ¡CÁLLATE, AGACHA LA CABEZA Y MANTÉN LAS FORMAS!"


Ojalá aquellos que me habéis llevado por este camino estéis leyendo esto, pero sé que lo más probable es que no. Lo más probable es que yo haya pasado de ser el gran amigo que decíais que era a ser otro apestado más. Alguien que, en el momento en que puso las cartas boca arriba y dijo "Yo esto no puedo soportarlo más", pasó de ser considerado un bastión a alguien que ya no merecía la pena. Alguien a quien no parasteis de cuestionar hasta el mismo último minuto.
O mueres como un héroe o vives lo suficiente para verte convertido en el villano.

Eso es, me consta, lo que ahora soy para vosotros: el villano. El que os dijo "Así no. No por este camino" y aun así, seguisteis. El que os advirtió y el que dijo que ya no estábamos confiando los unos en los otros. Que teníamos demasiados secretos entre nosotros, para lo amigos que se supone que éramos.
Soy el villano ahora, pero fui el amigo al que no escuchasteis. Al que mirasteis como si hubiera perdido la cabeza y al que ni siquiera os molestasteis en entender cuando se sintió apartado. Cuando vio que, al no querer formar parte de una especie de Juego de Tronos, donde había que medir lo que decir, cómo decirlo y delante de quién decirlo, dijo "NO".



Soy al que le dijisteis que tenía que moverse cuando, desde el principio, erais vosotros quienes teníais que haberos movido.


"Vamos a hablar las cosas", decíais, pero nunca os detuvisteis a pensar que, cada vez que lo hacíamos, solo removíamos lo peor y no solucionábamos nada. Podéis cuestionar esto, si queréis. Entonces yo os pregunto: ¿Entonces por qué hubo tantas charlas? ¿Por qué se intentó arreglar lo mismo tantísimas veces?
Como siempre, pensaréis que me equivoco. Que a mí se me ha ido la cabeza, o que no tengo ni idea de lo que hablo, claro que sí, pero si algún día os apetece escuchar lo que pienso, aquí va mi teoría: tuvimos tantas charlas porque jamás llegamos a solucionar nada. Lo que hubo fue un montón de promesas vacías, de cosas que nunca llegaron a mencionarse cuando se debieron haber mencionado. Hubo un montón de cosas que se reconocieron solo para contentar a los demás, pero que nunca se llegaron a admitir con sinceridad.

Hubo tantas charlas porque, en el fondo, no confiábamos los unos en los otros y, habida cuenta de los hechos, había que mantener las formas para no matarnos cada vez que nos veíamos. Aunque esas veces fueran ya una vez cada... ¿Cada cuánto? ¿Cada tres, seis meses?
Ah, el tiempo.
Sí, el tiempo.
Lo olvidaba, el precioso tiempo que no se tenía... me acuerdo perfectamente de eso: estabais todos ocupados salvando el planeta, tan ocupados que no erais capaces ni de mandar un simple "Hola". Eso sí, todos muy diligentes a responder a lo primero que mandase gente que casaba mejor con vuestras nuevas miras.



Existen muchas formas de insultar. La mentira descarada y en tus mismísimas narices es una de ellas.


Porque, si no lo admitís vosotros, me da igual: no era una cuestión de tiempo, sino de prioridades. Que viváis pegados a un teléfono o a redes sociales, publicando día sí o día también, usando todo tipo de aplicaciones que os mantienen en contacto con tal o cual gente, que me vengáis a hablarme de falta de tiempo por trabajo o por lo que sea es la excusa más barata que podía inventarse.
Sencillamente, yo no os importaba. Y no hablo de ahora, que obviamente ya no formo parte de vuestro selecto círculo. Hablo de hace dos años, cuando decíais ser amigos míos.

Amigos.
Vamos a analizar un poco esto.
Los amigos no se ocultan cosas.
No se mienten.
No usan las limitaciones físicas de uno para machacarlo cada vez que a uno le da la real gana, como si encima fuesen culpa suya.
No se faltan al respeto.
No se gritan.
No pagan todos sus problemas con uno.
No venden a sus amigos al mejor postor, dejándolos completamente en la estacada después de que estos lo hayan defendido.
Los amigos no se ignoran, ni se les echa abiertamente de según qué contextos.
Esto es lo que me habéis hecho a mí durante una buena temporada. En algunos casos, incluso varias veces. Me da igual que no lo reconozcáis, así como me da igual que no admitáis que yo jamás os habría hecho algo así. Por tanto, no me merecía este trato.


Y me da igual cómo os pongáis.


Dejémoslo claro: dejemos claro de una vez que, llegados a cierto punto, dejamos de ser amigos. Yo sobraba y ninguno de vosotros tuvo el valor de decírmelo a la cara; en lugar de eso, os las apañasteis para incomodarme día tras día. Luego, pasamos a las reuniones paralelas, a las conversaciones a las que yo no estaba invitado. A decidir por mí lo que yo podía o no podía saber, dónde podía o no podía estar. Sabíais que mi palabra para mí es SAGRADA y, pese a ello, dejasteis de confiar en mí.
Me pregunto qué os pensabais que era. ¿Un traidor en potencia? ¿Alguien tan emocionalmente inestable que no se podía confiar en él? ¿Alguien que, sencillamente, ya no casaba en el nuevo esquema de vuestras vidas?

Posiblemente nunca lo sepa porque nunca tuvisteis las agallas de decírmelo. Todo era "Aquí no se hablan las cosas", "Es que no puedes callarte nada" y demás cuando os referíais a mí. Ahora pasa el tiempo y me doy cuenta de que el único que hablaba las cosas de forma clara aquí era yo. Y por hacerlo, siempre, siempre, siempre, venía alguno de vosotros por detrás a decirme que no podía ser tan directo. Que estaba haciendo las cosas mal. Que así no.
Curioso, cuando me doy cuenta de que los que más cosas os callabais erais vosotros. TODOS. Que no había ni uno solo de vosotros que no me estuviera ocultando nada. A veces incluso mintiendo de forma clara para no admitir las cosas.
Pero el que la cagaba era yo por poner las cartas boca arriba.




Aquí es cuando alguno me dirá: "Eh, tú participaste en esto con según qué gente"
Sí, pero ojito: esa gente era gente que ya nos la había colado antes y a la que se la sudaba todo.
Yo NO.


Me doy cuenta, ya con la perspectiva que da un cierto período de tiempo, de que daba igual lo que yo hiciera o dejara de hacer: algunos de vosotros ya habíais emitido vuestros juicios de valor. Debo admitirlo, la jugada era redonda: si no actuaba, ya teníais el argumento de que soy un cobarde. De que me quejo y no actúo... pero es que si actuaba, siempre podíais decir que mi curso de acción no era el correcto. Que era un error.
Qué casualidad, oye, que TODA decisión que yo tomase estuviese mal.
Qué santísima casualidad de que cuando otros cometieran un error, lo vierais como error, pero lo disculpaseis al instante.
Y yo tengo que creerme que erais mis amigos y que fui yo el que os dejó tirados, ¿verdad? Decidme, ¿dormís mejor creyéndoos esa sarta de mentiras que os contáis?

Lo diré y lo mantendré mientras recuerde todo esto: yo tan sólo abandoné un barco que se hundía, porque ya no podía soportar más aquello en lo que nos habíamos convertido. Habíamos pasado de confiar unos en otros, de ayudarnos, de protegernos y defendernos cuando la situación lo requería a una especie de intriga palaciega donde, si bien te podían escupir a la cara si ayudabas a alguien "porque no te necesitaba" o "porque no te había pedido ayuda" (porque por lo visto, un amigo solo te ayuda si se lo pides, qué cosas), también te podías comer lo de que la misma persona te dijera que "no estuviste ahí cuando estuve mal". A veces, ambos argumentos casi en la misma conversación y viniendo de la misma persona.


Sin dobles raseros.
Sin contradecirse.
Allá va la coherencia.


Pero yo soy la persona inestable y aquella en quien no se puede confiar.
Yo tengo que reírme cuando he visto cómo ha habido gente que ha dejado de contar conmigo para prácticamente todo, pero luego tiene las santísimas narices de darme un abrazo cuando me ve, diciendo que me echa de menos. De desaparecer durante MESES sin dar siquiera señales de vida, pero luego aparecer en una situación crítica, no para ayudar, sino para ir dando lecciones y reprocharte todo lo que has hecho mal, cuando la primera lección que esa persona tendría que aprender es a estar ahí, no aparecer cuando le dé la gana, para echar una bronca, y luego largarse como si nada. Resulta más que genial que, cuando hablo las cosas, y las ponga por escrito para no olvidar nada, lo primero que se me diga es que ese no es el método para hacerlo.
Y yo me pregunto: ¿Y cuál es? ¿El tuyo? ¿Acaso quieres que te llame por teléfono o quede contigo, cuando no tienes tiempo ni para cogerlo?
Por favor.

Pero sí, supongo que he vivido el tiempo suficiente para convertirme en el villano. Todo cuanto ha estado sucediendo desde entonces lo he visto venir. Hasta lo he comentado con gente que hoy por hoy nunca admitiría haber hablado conmigo de esto... porque el único que parece recordar las cosas soy yo. En el momento en que dejé de ser genial, el Universo entero fue reescrito y nada de lo que hablé parece haber dejado huella alguna, como si no hubiese pasado jamás.
Pero mis errores, todos.
Incluso las cosas que hice a sabiendas de que eran lo correcto y se me echaron en cara como errores imperdonables, esas también.


"Tus palabras han sido barridas de la continuidad"


Sin embargo, no es lo que me hicisteis lo que más me duele. Uno se lame las heridas y, con el tiempo, las acaba superando del todo. Lo que me duele de verdad es que sabíais que estabais haciendo mal las cosas, que os portasteis muy mal conmigo y a ninguno de vosotros, insisto, A NINGUNO le dio por hacer examen de conciencia y decirme que se había pasado bastante conmigo. Todo lo más que me llegaron fueron excusas, pero no disculpas. El clásico comportamiento pasivo-agresivo dando a entender que, si me pasaba algo, era mi problema y era mi culpa, sin pararse a pensar por un segundo que o fuisteis vosotros los que lo provocasteis o que fuisteis los que lo propiciasteis.

Algunos amigos que conocen esta historia me dicen que no debería darle más vueltas a esto. Que debería pasar página y demostrar que estoy por encima de toda esta historia. Que mi tiempo vale mucho más que para dedicarlo a gente que no merece la pena.
Y tienen razón, pero a medias.
Esto no deja de ser otra experiencia más, sobre la que hay que reflexionar. Mi reflexión, como puede verse, aun no ha concluido. Al fin y al cabo, hablamos de desprendernos de algo cercano y de lo que hemos dependido. Y, como cualquier dependencia, lleva tiempo superarla.


No llego a esto, pero los que me conocéis sabéis que tengo una fuerza de voluntad bastante alta.


Quizás por eso escribo esto. Quizás esa es la razón por la que sacrifico parte del tiempo que tengo para poner en orden algunos pensamientos, algunos sentimientos, algunas ideas. Si no hiciera estas reflexiones de vez en cuando, caería en el juego de aquellos que me pisotearon y dudaría de mí mismo: pensaría que soy yo el que no hacía más que meter la pata. El que no era de fiar. El que no era digno de formar parte de según qué cosas. El que, de la noche a la mañana, ya no era tan genial y al que teníais por una especie de retrasado emocional.
Quizás por eso estoy aquí, respirando hondo y procurando darme más a valer como persona de lo que hicisteis vosotros conmigo.

Gracias a estas líneas, que empiezan como un desahogo y acaban casi como un perfil de lo que soy o lo que aspiro a ser, voy recuperando poco a poco mi autoestima. Esa misma autoestima que, con vuestros juicios, con vuestra superioridad moral y vuestra autoproclamada madurez fuisteis socavando día tras día. ¿O qué pensabais que iba a pasar con tanto reproche? ¿Con tantas veces que me mandabais a callar? ¿Con la de veces que me decíais que no mencionara tal o cual tema, para luego hacerlo vosotros sin ninguna vergüenza? ¿Con la de veces que usabais ese tono paternalista conmigo, como si yo hubiera nacido ayer, o como si mi inteligencia no diera para hablarme como a un igual?
¿Qué creíais que iba a pasar, haciendo tantas cosas a mis espaldas y con tal falta de discreción que me enteraba de todo casi a tiempo real?
¿De verdad os creíais que os iba a consentir toda la vida que me tratarais como a un pobre idiota?



Ni de coña, queridos.


Lo más gracioso de todo es que os lo advertí mil veces, y aquí llega la parte que no entiendo: podía haberos dejado mucho antes, pero cada vez que os decía que la situación me superaba, que tenía la impresión de que no me queríais con vosotros y que yo así no quería seguir, venía alguno de vosotros a decirme que no: que eso no era verdad, que sí que me queríais, y que todo sería diferente si yo me fuera.
Podíais haber sido claros de una vez y me habríais ahorrado mucho.

Y sí, ahora podríais decir que nunca me quisisteis fuera, y tal y cual.
No me lo creo.
En serio, ya no me lo creo.
Meses antes de que me fuera ya lo hacíais todo a mis espaldas. No contabais conmigo para nada y, cuando me veíais, me contabais una historia muy diferente. Vamos a ser sinceros: ya os lo pasabais mejor sin mí y no erais capaces de admitirlo de forma honrada; preferíais fingir que éramos amigos y así no quedar mal.
Y cómo son las cosas, me fui y prácticamente ninguno de vosotros vino a decirme que lo sentía. Y por favor, ni se os ocurra hacerme ver lo blanco negro, que sabéis que lo que digo es verdad; lo más parecido fue que una de vosotros vino a recordarme que me habíais contestado a mi "manifiesto de despedida" y que esperabais tener otra de "esas" charlas conmigo.
Algo bastante diferente. De agradecer que por lo menos alguien me escribiera, por otra parte, pero desde luego que nada tiene que ver con lo que habría hecho yo.
Pero claro, yo era el que tomaba siempre las decisiones equivocadas, ¿verdad?



"¡A la puta calle!
¡Uno menos!
¡Pos que se largue!"
No os pongáis dignos: os conozco a todos, y hasta podría decir de quién exactamente es cada una de estas palabras, con nombre y apellidos.


El hecho de que nadie haya venido a decirme nada (algunos es que no han vuelto a pronunciarse desde que desaparecí, o incluso antes) para mí es evidencia suficiente de que estaban como locos porque cogiera el petate y me largara. Excusas, poned las que queráis. Justificaos como queráis, pero lo que habéis demostrado es exactamente eso.
Habéis demostrado que os moríais porque me largara de ahí y, lo que es peor, no erais capaces de decirlo; os limitabais a darme largas y bombardearme con excusas. De vez en cuando, unas dosis de reproches, alternados de vez en cuando con una especie de entente cordiale del tipo "No queremos líos, así que vamos a llevarnos todos superbien" (y un "Pero a ver cuándo te vas de una vez" entre paréntesis).

Segundo hecho: ahora sí parecéis todos amiguísimos de la muerte, una vez me he largado, ¿a que sí? ¿A que ahora que ya no estoy sí que os ayudáis y os apoyáis los unos a los otros? ¿A que ahora sí que tenéis tiempo para veros y os contáis vuestras cosas sin censura, ya que no tenéis mi incómoda presencia delante? Ahora sí confiáis los unos en los otros, cuando en su momento me llegabais a decir que no soportabais según qué cosas de esos que son vuestros superamigos ahora.


Vaya, y yo con estos pelos.


Oh, sí. ¿Que os pensabais, que no os poníais a caldo los unos a los otros? La única diferencia es que era a mí al que pisoteabais y al que faltabais al respeto... pero os recuerdo que en su momento confiasteis en mí y era yo quien tenía que calmar las cosas. Quien tenía que defender a otros a sus espaldas.
Pero eso no lo vais a reconocer.
Aun cuando me he tenido que enfrentar a amigos por defender a otros amigos, no lo vais a reconocer, porque igual no os acordáis, pero yo sí tengo buena memoria: las dos veces que he tenido que sacar las garras contra gente del mismo grupo de una forma seria ha sido porque esa gente estaba atacando a alguno de vosotros y lo sabéis. ¿O ahora vais a tener la cara dura de decirme que yo todo lo que hago es sin motivo conocido?

El resto de veces que he tenido encontronazos ha sido porque a alguien le ha pasado algo conmigo y, en vez de decirme lo que le pasa, se calla aunque yo le pregunte y por lo visto tengo que adivinarlo. ¿O no nos acordamos ya de la de veces que he tenido que ver como algunos de vosotros me volvían la cara y se negaban a hablar conmigo por algún error (al parecer imperdonable) que había cometido y tenía yo que andar rebobinando a ver en qué me había equivocado porque estabais tan furiosos que erais incapaces hasta de mirarme a la cara?
Pero el inmaduro era yo.



Por favor, habladme otra vez de la inteligencia emocional.


Era yo quien tenía las pataletas, ¿vale?
Jamás en vuestra vida me habréis escuchado que os haya levantado la voz, o que os haya mandado un archivo de audio echándoos la bronca (o las broncas, si hablamos de varios seguidos, como ha llegado a pasar) de vuestra vida. Todo lo contrario, y si no queréis reconocerlo me da igual: yo era el que intentaba ser razonable en todo momento. El que decía "No, no quería decir eso" cuando malinterpretabais todas y cada una de mis palabras. El que intentaba explicar lo mismo una, y otra, y otra vez. El que os decía que no quería llegar a ese tipo de situaciones. Erais vosotros los que no parabais. Los que insistíais en decirme "Tú, eres tú. Tú eres el problema". Los que insistíais en que me lo creyese hasta que no fuera capaz de abrir la boca.
Porque a ver, ¿cuántas veces me habéis persuadido para que me calle o que piense diferente como pienso? ¿Cuántas veces me habéis soltado que no doy mi brazo a torcer, o que solo lo que pienso yo es lo válido? ¿Cuántos de vosotros me habéis dicho algo así, cuando luego habéis tenido la santísima cara de ir sentando cátedra sobre todo lo que habéis tenido por delante, sin respetar una sola opinión discordante?


Ver la paja en el ojo ajeno, pero no esta cacho viga en los propios.


Pues para ser yo un intolerante, resulta que yo no he mandado callar a nadie. Ni siquiera en su propia casa.
Para ser un cobarde, he sido siempre el que se ha ensuciado las manos y ha acabado hablando de lo que era necesario y nadie se atrevía.
Para ser el que se queja y no hace nada, me ha tocado hasta intervenir en conflictos cuando no era mi competencia, porque o lo hacía yo o la cosa se terminaba de ir de madre y lo sabemos.
Para ser el que trata a otros de forma denigrante, yo no he sido el que ha recurrido ni a gritos o a insultos para hacerse respetar.
Para ser el que tenía las pataletas, yo no he sido el que tuerce el morro y deja de hablar con alguien, arruinando incluso eventos en los que se suponía que íbamos a pasarlo bien; más bien, he sido el que ha tenido que deshacerse en explicaciones indicando qué es lo que le ha sentado mal, hasta que se ha cansado de hacerlo.
Para ser el que se ha ido, resulta que empiezo a pensar que yo era el único verdaderamente de fiar. Y no porque yo sea mejor que nadie: es que, visto lo visto, me fío más de mi propia palabra y de mi propio criterio que del de cualquiera de los que me han rodeado.


Y si en vez de silenciarme a mí o de hacerme lo de la luz de gas, sois vosotros los que os calláis por un segundito y reflexionáis, lo mismo no hacéis nada de malo, oye.


Porque, con esto último, vamos a ser honestos: ¿cuántos de vosotros me habéis confiado algo y yo me he ido de la lengua? Ahora es cuando empezaréis con mil chorradas, pero sabéis que las cosas que han sido verdaderamente serias, esas cosas que hubieran supuesto algo muy grave si hubieran salido a a la luz, me las he guardado; sin embargo, he visto cómo muchos de vosotros sí habéis contado cosas que os he confiado yo con una facilidad pasmosa, a veces incluso dejándome completamente vendido.
Y encima me he tenido que comer con patatas que cuestionéis mi prudencia con tonterías, o que me cuestionéis a mí, abiertamente, cuando yo ni siquiera me he atrevido a contestaros. Ni siquiera cuando estabais machacándome en mi santísima cara y los demás estaban mirando la escena, esperando que yo hiciera algo. Aun a sabiendas que no tenía fuerzas para ello.
Porque todos tenéis vuestros problemas.

Felicidades por el mantra.
¿Alguna vez me habéis contado algo gordo y yo os he soltado eso para que dejéis de molestarme?
Dejad que os conteste: JAMÁS.
Todo lo contrario, yo he sido el que ha estado abierto a hablar con vosotros cuando lo necesitarais. "Incluso a las dos de la mañana, si hace falta", os he llegado a decir, con estas mismas palabras, más de una vez. Puede que no os acordéis, o no queráis acordaros, me da igual. Yo sí lo recuerdo. A veces lo habéis agradecido; otras veces me habéis restregado en la cara, de forma literal, que tenéis gente mejor con la que contar.
Y luego os habéis preguntado qué me pasa con vosotros.
Seamos honestos: todos contamos con la gente que nos parece oportuna y no hay obligación de contar conmigo para todo. Respetable. Lo que no es respetable es tener el cinismo de contar con quien os da la real gana y luego decirme que soy importante para vosotros.
Eso sí que no.


¿Eso para qué? ¿Para que, cuando me harte de ser ninguneado, podáis decir que es a mí a quien se la ha ido la olla?


Así que no, no morí como un héroe. Hice las cosas lo mejor que supe, con mis luces y mis sombras, como cualquier otro ser humano... pero tengo la noción que de mí se esperó más que de cualquiera. Se me exigió el doble y se me reconoció menos de la mitad. Todo cuanto hice fue por mantener el bien común, cuando a mi alrededor todos hacían lo que les daba la real gana. Las consecuencias de todo eso, al parecer, me las comía yo. Intenté ser razonable, colaborar y apoyar. Se me rechazó, se me cuestionó y se me echó a los perros, para luego tener el valor de decir que no, que todo eran imaginaciones mías.
Se me gritaba delante de todo el mundo: imaginaciones mías.
Se me restregaban por la cara todos mis defectos, incluidos físicos, a veces de forma humillante: imaginaciones mías.
Se cuchicheaban secretos en mi santa cara y se hacía el silencio o se cambiaba de tema en cuanto me acercaba (muy educado todo): imaginaciones mías.
Se usaba conmigo la excusa de que no se tenía tiempo para nada, pero yo veía a esa misma gente al día siguiente de tapas por ahí: imaginaciones mías.
Qué imaginación tengo, que creo realidades alternativas con un solo chasquido, ¿eh?


Llego a tirar un dado y os creo un Multiverso que ríete tú del de DC.


Y todavía podéis pensar que me lo estoy inventando todo. Por supuesto, todos sabemos que yo soy un mentiroso y a mí lo que me salvan son las formas, ¿verdad?
Sí, recordemos que mi mayor pecado es poner las cosas por escrito. Aquí el personal hace lo que le da la gana: traiciona, engaña, miente, oculta cosas, abandona a los demás a su suerte o paga sus problemas con el primero que tiene delante, pero yo soy Satán Encarnado por poner las cosas por escrito. Oh, sí, pecado imperdonable: precisamente las pongo para no olvidar nada (porque hablamos de centenares de cosas y, por buena memoria que tenga, es complicado gestionarlo todo mentalmente al mismo tiempo), poder pensar bien cómo digo las cosas y explicarlas de forma ordenada, pero eso está mal. Quizás porque mola mucho más que empiece a hablar y me cortéis para decirme que eso no es verdad, y empecéis a hablarme de disculpas que me pedisteis, pero que yo sigo esperando... como si yo fuera el que miente o el que no tiene memoria.
Lo siento, queridos: fui maldito con una buena memoria. Puedo recordar hasta cómo era mi vida cuando estaba aprendiendo a coger un lápiz, así que no me insultéis de ese modo. Y, con respecto a lo de que yo esté mintiendo, ya sabéis lo que pienso. Habéis visto cómo he actuado no una, sino mil veces. Me he enfrentado a gente cercana por hacer honor a la verdad y me he visto en mil y un aprietos precisamente porque no soporto mentir, así que le contáis a otro esa historia, que conmigo no cuela.


Poner las cosas por escrito te convierte en un villano porque claro, por escrito se malinterpreta todo.
Claro que sí, porque lo que son los gritos no se malinterpretan. Ni tampoco cuando la otra persona te vuelve literalmente la espalda cuando le vas a hablar y se pone a hablar con una tercera persona, dejándote con la palabra en la boca.
Eso es buen rollito y si lo interpreto mal es mi problema.


En fin, supongo que ya no puedo esperar gran cosa. No puedo esperar que venga nadie ya a estas alturas a reconocerme lo injustos que han sido conmigo. Estaría bien, pero sería esperar demasiado de la raza humana; sería esperar que hay gente que considera que lo que ha vivido junto a otras personas está por encima de su orgullo. Sería esperar que en realidad la gente no se dedica a machacar a otros solo porque pueden, y lo hacen hasta que esa persona se acaba hartando y acaba largándose antes de que la cosa vaya todavía a más.
Sería esperar que oye, la gente todavía tiene una cierta escala de valores y no se dedican básicamente a mirarse el ombligo.
No, no puedo esperar a que venga nadie a reconocerme nada. Total, como dije arriba, yo diría que hasta le he hecho un favor a más de uno largándome. Mi presencia ya no está para incomodar, por lo visto y, gracias a eso, ahora todos tienen tiempo para salir a tomar algo o para lo que sea. Ahora, por lo visto, hay amigos que están para apoyar a otros cuando las cosas se ponen feas, no como cuando estaba yo, que no hacía nada por nadie, ¿a que no?

Tiene gracia. Yo me comía la mierda de todo el mundo. Pagaba los platos rotos de todo bicho viviente que no tenía el valor necesario para enfrentarse a sus verdaderos problemas, y cuando ya no podía más y decía "Oye, eso me ha dolido"... ¿Sabéis lo que me encontraba?
Os lo digo, porque me acuerdo perfectamente:
"Eso te pasa por no defenderte"
"Es culpa tuya"
"Yo también tengo mis problemas y aquí me tienes"
"Ay que ver, cómo te pones"
"Estás dramatizando"


Y tonterías las mínimas, que una vez más puedo dar nombre y apellidos de quién ha dicho cada una de estas cosas.


No os preocupéis: como veis, ya no acudo a vosotros a contaros lo que me duele o me deja de doler, así que no os preocupéis por eso de que vuelva a llamaros para fastidiaros vuestro sagrado tiempo libre; de hecho, desde que os dejé estoy teniendo un Exilio bastante apacible, salvando momentos como este, en que me acuerdo de cómo os portasteis conmigo. Apenas he tenido subidas de tensión notables desde entonces; incluso ahora sé que cuando mi teléfono suena, lo más probable es que no sea ningún audio cantándome las cuarenta, ni nadie diciéndome que se ha armado una buena y a ver qué hacemos.
Nadie me escribe para echarme en cara ninguna idiotez.
Nadie se dedica a soltarme borderías ni a ningunear lo poco o mucho que haga.
Nadie se dedica a ignorarme de forma abierta y descarada.
Un año ya, prácticamente, y estoy viendo que yo no era el problema. El problema era estar donde estaba, y aguantar lo que no tenía por qué haberos aguantado. Un año en que, tendré mis altibajos, pero ya no me siento como un completo inútil. Tengo mis fallos, por supuesto, pero nadie me ha clavado en una cruz por ellos; simplemente me han hecho ver que no todas mis ideas son geniales y punto.


Y antes de que ninguno me venga con alguna estupidez, os desafío a que leáis artículos de este blog del último año, a ver si encontráis algún momento de esos en que he cometido algún otro error y me haya sentido como un auténtico inútil.
Os digo de antemano que no los vais a encontrar y que cuando he estado mal lo he contado, así que ahora tened las narices de decir que dramatizo y exagero las cosas.
No, lo que pasa es que os portasteis rematadamente mal en su momento: me hicisteis sentir como lo peor, y punto.


Un año ya en el que estoy viendo terminados algunos de mis proyectos y empiezo a pensar en otros tantos. Y, los lleve a cabo o no (porque hay cosas que se acaban descartando por el motivo que sea), soy feliz haciendo según qué cosas, o simplemente proyectándolas.
Sigo sin tener la vida perfecta y hay un montón de cosas que quiero mejorar (y poco a poco estoy en ello), pero al menos la gente que se supone que debería estar apoyándome no es la gente que me está pisoteando y me hace que me sienta mal, cuestionando absolutamente todo lo que hago. Tampoco me dan palmaditas en la espalda, por supuesto. Sencillamente, no me usan como un saco de boxeo para justificar sus propias carencias.

Quizás ahora estoy donde merezco estar.

miércoles, 17 de julio de 2019

Mis Truños Favoritos- The Black Room, de Rolfe Kanefsky




Como parece que esta sección tiene sus fans, es hora de ir intentando explicar otra de esas cosas putamente incalificables que me he comido últimamente. Hablo, como reza el título de este post, de The Black Room, de Rolfe Kanefsky. Por otra parte, os comento que tampoco es que haya supuesto una decepción ni nada por el estilo: la etiqueta nesflisera de la peli ya me la vendía como una peli de horror de serie-B. De esas que se supone que deben dar su dosis de susto, pero que en el fondo vas a ver para descojonarte.
Y oye, en eso no defrauda la peli.

Debo decir que del señor Kanefsky no había tenido el gusto de ver ningún trabajo, pero parece que el tío sabe lo que se hace: entre pelis de Emmanuelle y otras que también tienen pinta de ser serie-B, así que procuraré recordar el nombre, porque este tío promete. Antes de empezar a destripar esta cosa, debo advertiros, como siempre, que este post está hasta las trancas de SPOILERS, así que os hago desde ya mi habitual SPOILER ALERT, por si tenéis intención de verla antes de leer esto.



Vamos con la pinícula en sí, que da para bastante. La cosa empieza mostrándote una casa de estas americanas, de las que podrían salir en el programa de reformas de los dos gemelos cansinos esos de Divinity. Sí, esos que nada más verlos te da ganas de endiñarles contra una puta mesa isla de las que ponen en todas las putas cocinas de su programa.
Lo sé, los putos gemelos no venían al caso, pero por motivos personales tengo mucha rabia enconada contra ellos. Si alguno de vosotros piensa igual, poneos en contacto conmigo y formaremos un grupo de ayuda cuanto antes.


Gemelos Scott, go home.


Volvamos a la puta casa. Ya  he dicho de qué tipo es, pero no os he contado que es de noche y la cámara se acerca como si fuera una go-pro encajada en la punta del cipote del prota de una peli porno. La música, muy de chan-chan, como debe ser en una peli de miedo. Y oye, no se parece en nada, pero yo como que escucho esto y le veo un rollo a lo Halloween, salvando las distancias. Salvándolas mucho.
Y yo soy de esos tíos raros a los que Halloween les pareció un mojón de peli.

Nos metemos en el chabolo y vemos a una cara conocida: la señora mayor que salía en las pelis de Insidious. La susodicha señora está ya en la cama y empieza a notar una presencia extraña y tal, que por lo visto ha emergido de una habitación que hay en el sótano. Vaya, tal y como pasaba en la saga Insidious... pero con una variante de lo más molona: aquí los fantasmas no le erizan los cuellos de la nuca, sino los del coño.
No bromeo, si no, preguntadle a la chorba que está, ejem, "durmiendo" en la habitación de al lado: clásica rubia con pinta de animadora de peli de miedo, a la que también parece que le están inspeccionando los bajos cosa mala.


Caña ahí.


Aquí podríamos decir "Hostia, como en El Ente, ¡qué horror¡ ¡Qué mal rollo!"
Es mi labor aquí recordaros esto: esta peli NO es El Ente. Con lo cual, a tomar por culo lo de la angustia sobrenatural porque una entidad proveniente de otro plano venga a chuparte la pelusa. Aquí la moza se abre de patas y, entre gemido y gemido, viene a decirle a su incorpóreo visitante "Tú me das más marcha que el Toño en el asiento de atrás de su Fiat Punto".
Quizás, ahora que lo pienso, es que lo único realmente malrollero de esto es que, mientras a la moza le están degustando la entrepata como el que está chupando un cono de straciatella (lo de los tropezones ya va a gusto del consumidor) es que, al mismo tiempo, LA ABUELA TAMBIÉN LO ESTÁ NOTANDO. Algo así como un cunnilingus conectado a la wifi de la casa.
Por todo lo demás, si esto es una casa encantada es la más puto genial que me he echado a los morros en mi vida.
La cosa es que la abuela se levanta con cara de "Oi, esto no puede ser, a dónde vamos a parar". No sé si es por lo sobrenatural, por la indecencia, porque le da mal rollo que le chupen el felpudo a su nieta (o sobrina, no es que me haya enterado muy bien con tanto gemido y tanta braga voladora) o porque la señora lo que quiere es gozarlo ella sola... pero coge y se levanta. Se va para la habitación de la chavala, cortándole todo el rollo, porque tenía pinta ya de estar a punto de convertir su potorro en un aspersor que ríete tú de los que usan para regar el parque de mi barrio.



"¿PERO AQUÍ QUÉ COÑO ESTÁ PASANDO?"

Después del movidón que supone ver a su nieta con las bragas en los tobillos y el parrús más empapao que el ojete de Cthulhu, la señora coge la ensaladera y se va para el sótano. La chavala va detrás, no tengo muy claro si para ver qué está haciendo su abuela o para darle una hostia por amargarle la noche de esa manera. La chavala se da un garbeo por la zona, que parece que no ha pisado en su puta vida pese a vivir ahí. Se ve al fondo una pintada roja fosforescente que es  un cruce entre glifo satánico, luz de discoteca y luminoso de puticlub de carretera comarcal. Trinca una cosa tirada en el suelo que parece un cruce entre una ensaladera y un disco de los Bee-Gees y se acerca, con todo su coño torero, al grafitti infernal, imagino que para deleitarse con las suaves pinceladas postmodernas del artista.


La ensaladera disco.


Aquí viene una de las grandes jugadas de la peli: la tía, en el plano general, no parece estar a menos de tres metros de la pared. Cuando ve que esto, más que pared es un trapo y alguien al otro lado está dándole manotazos, echa a correr y nos damos cuenta de que ahora la tía está a MENOS DE UN PUTO METRO de ella. Es evidente que, cuando quiere salir la mano, la trinca del tobillo al más puro estilo "¿A dónde vas tú?". No tardan en aparecer más manoplas infernales, con sus uñas largas y su pellejo rojo que, por un motivo que solo el bueno de Rolfe sabe, empiezan a magrear a la chorba.
Nada de cosas de pelis de terror clásicas, ¿vale?
Cuando hablo de magrear, me refiero a magrear.
Magreo de este de calentura del sábado por la noche en un parque o en el asiento de atrás del Fiat Punto del Toño. A ese nivel.


Toma magreo.


Las manos satánicas dicen que bueno, eso de los preámbulos está bien, pero aquí hay que pasar a mayores, así que arrastran a la tipa hacia lo que parece ser un portal satánico hacia una dimensión satánica, donde pasan cosas satánicas. Aquí la tía es arrastrada boca abajo. Podría describirlo, pero es que lo hemos visto en mogollón de pelis. Imaginad el arrastre ombliguero de toda la vida. Y la ensaladera no se le olvida. Supongo que hasta en el Infierno te podrás meter una César entre pecho y espalda de vez en cuando.


"Hostia, pedazo de graffiti tiene mi yaya en el sótano"


La visita al infierno dura bastante menos que una visita mía a un bar de reggaeton. La chavala vuelve a nuestro mundo, literalmente escupida por la puerta y cubierta de un ajopringue infernal que, por el bien de mi cordura, no me termino de decidir qué puede ser. Como cualquier moza horrorizada en una peli de horror, se levanta como puede y sale echando hostias de la habitación. El portal escupe también la ensaladera y la estampa contra la puerta, lo que me lleva a pensar dos cosas:

1) Que, después de todo, en el Infierno no se comen ensaladas, ni siquiera César.
2) Que el ajopringue igual es Super-Glue, considerando lo bien que se ha quedado pegada la ensaladera contra la puerta.

Pero la cosa no queda aquí. La chavala, que hace ya un buen rato que perdió a la abuela, se queda mirando a su alrededor, como si oliera a pedo. Y no es algo en absoluto desencaminado de lo que realmente sucede: un inteligentísimo travelling de cámara nos lleva por las tuberías de la calefacción hacia la caldera que, por algún motivo satánico, revienta en la cara de la moza.

Y aquí empieza la peli de verdad, porque esto era solo el prólogo: a ritmo de una música que suena a "Chan chan chanan chan chan" nos zampan unos créditos no aptos para epilépticos, con símbolos satánicos, llamaradas y símbolos absurdos (como el de la radiactividad) por todas partes. Todo como muy lisérgico, como si el que hubiera montado esta cosa se hubiera metido cinco tripis de LSD en medio de un fiestón rave y hubiera tenido la inspiración de su puta vida para montar semejante cosa.


Anda que no mola la puta ensaladera. Viene hasta con luz LED.


Pasan dos años (lo sabemos gracias al cartel de toda la vida de "Two years later") y acabamos ¡¡¡¡EN UN PROGRAMA DE REFORMAS DEL DIVINITY!!!!
Bueno, no, pero casi: tenemos a una señora que plantifica el cartel de "Vendido" en la casa. Los nuevos compradores resultan ser la rubia de Species (sí, esa que a finales de los 90 tenía costumbre de salir en tetas en casi cada peli que salía y luego acabó haciendo una cosa que parecía el live action de Totally Spies) y él (ni puta idea si lo he visto en alguna otra peli) parece sacado de una serie de hace 30 años. ¿Os acordáis, en pleno auge de la época noventera, cuando todas las putas series tenían a un fulano con cara de chuloputas, barbita de tres días y una melenita de capullo recogida en una cola de caballo? Pues este es igual, solo que la melenita la lleva suelta. Podría haber salido en Los Vigilantes de la Playa. En Tropical Heat. En la serie chapuza aquella de Los Inmortales. En cualquier truñaco televisivo que nos comiéramos por aquella época.


Aquí los dos cracks.

La vendedora, le cuenta con todo su flow y sin tapujo alguno, lo que pasó en la casa. Bueno, lo de que la caldera reventó, claro, y que se supone que las dos ocupantes que vivían en ella acabaron como relleno para una lasaña, pese a que no se encontró el cuerpo de la señora y, de la moza, se dice que acabó quemada, pero poco más. Al parecer, se fue y nadie reclamó nada. La especulación es así, explota una casa y ni investigación, ni mirar escrituras, ni hostias. Se pone eso a la venta, que hay clientes esperando, coño ya.
De todos modos los nuevos dueños ni se impresionan, aquí el fulano dice que para evitar sustos (así llama a una explosión que parece haberse llevao por delante a dos mujeres, pa cojones los suyos) se cambia la caldera y arreando.


—Pues eso, una chavala se achicharró y ni puta idea de a dónde se fue, pero la casa nos la quedamos nosotros y la ponemos a la venta.
—¿Y la abuela?
—Desapareció.
—Pero la casa sigue siendo suya, ¿no? Vamos, que las escrituras estarán a su nombre
—Caballero, no me toque el coño. He dicho que la casa nos la quedamos nosotros y hacemos con ella lo que nos salga del culo. ¿La quiere?
—Bueno, el barrio es bueno...
—¿LA QUIERE O SE LA VENDO AL PRIMER GILIPOLLAS QUE PREGUNTE POR ELLA?
—Pero si ya la he pagado...
—¡ME SUDA EL COÑO QUE LA HAYA PAGADO! ¡NO ME JODA O SE LA VENDO A OTRO!


Garbeo por la casa, en plan programa de reformas y estos dos acaban en el sótano, donde se encuentran a un señor llamado Oscar que, no solo parecía estar ahí por toda la cara, sino que ha surgido del rincón más puto oscuro de la habitación. Reconocemos a Oscar por un mono que lleva su nombre, así que ya tenemos claro que no es un psicópata sino el tío que arregla la caldera. Aparte de ello, el tío tiene bastante arte, porque nada más ver a la señora rubia empotrable, suelta chascarrillos del tipo "Estas guarras se ponen a cien" (refiriéndose a la caldera) y "Están que arden", entre otras lindezas que son, creedme, para enmarcarlas.


Este señor es Robert Donovan, que encarna a Oscar. Me parece PUTO INDIGNO que no haya una sola puta foto de él actuando en la peli y haya tropecientas de Augie Duke, cuando el personaje de Oscar es cien veces más puto grande.


Total, que estos dos dejan a Oscar currando en el sótano mientras ellos se van a hacer... Bueno, ni puta idea de lo que van a hacer realmente. Estos dos tienen pinta de no dar un palo al agua.
Oscar se pone a hacer sus cosas y acaba atrapado en la habitación negra. Eso de que haya una cosa que parezca un pene que palpita en la cerradura se la sopla. Es más, ni repara en ello. Lo que quiere es que lo saquen de ahí. Se pega dándole de hostias a la puerta un rato hasta que le cae encima una máscara satánica con cuernos, de esas que hay en el sótano de cualquier casa familiar. Eso le hace caer estúpidamente de espaldas y quedarse cual cucaracha tripa arriba. La puerta se abre y, como mola mucho más mirarle el culo a la rubia que pelearse con la caldera que está en la habitación de al lado, intenta salir, justificando la escenita que ha montado con unos gases en el sótano que le han hecho perder la cabeza. Nótese la seriedad de la escena al tener en cuenta que lo dice en voz alta y en medio del sótano, como si alguien le estuviera escuchando.


¿Un homenaje al Spiderman de Stan Lee y Steve Ditko, tal vez? En esa etapa, Spiderman se pasaba todo el rato hablando solo...


Digo que intenta salir porque nuestras amigas las manos satánicas de color chorizo parrillero le trincan por el tobillo. Nuevamente, otra escena de arrastre ombliguero, pero con la novedad de la mutilación gratuita de los dedos del pobre Oscar, que se desparraman por el sótano como si fuera un plato de salchichas Oscar... Mayer.





Lo siento, no he podido evitar hacer el chiste.

A lo que iba, que entenderéis que el pobre Oscar ahora será magreado hasta el fin de la eternidad por las manos de los primos de Hellboy mientras los dueños de la casa están a su santísimo rollo, sin preguntarse:

1) Qué coño eran los gritos y los porrazos que se escuchaban en el sótano.
2) Dónde coño ha ido el tío de la caldera, sin cobrarles siquiera la mano de obra.


Primer plano de las manos color chorizo parrillero.


De hecho, los nuevos dueños están más ocupados en hurgar en los armarios de la pobre señora que desapareció en la casa hace un par de años. La rubia macizorra encuentra un tablero de ouija de colorines que, os lo juro, cuando lo vi, me recordó más bien a un juego de la oca. El fulano noventero, sin echar más cuentas, tira el tablero a la basura y, cuando vuelve a casa, YA ES DE NOCHE. Igual esto no os parece raro, pero es que cuando subieron del sótano parecía ser mediodía. Estos cabrones han pasado como ocho horas dando vueltas absurdamente por la casa mientras un piso más abajo estaban resonando los berridos de dolor de Oscar al perder los dedos. Y lo único que han sacado en claro es un tablero que hay que tirar.
Y estos son los tíos que tienen un sueldo como para permitirse vivir en un barrio residencial de estatus medio-alto. Espero que no sean cirujanos, porque con semejante nivel de apamplamiento, ponerse en manos de cualquiera de estos dos es jugársela bien jugada.


—Noto una presencia demoníaca en este sótano.
—Nah, serán gases. Te tiras un par de peos y se te pasa.


Llega la hora de sobar y la señora rubia macizorra empotrable decide remojarse el pellejo en una bañera. Siempre me ha llamado la atención de las casas de estas pelis: ves una casa de puta madre, moderna que te cagas, con todas las comodidades. Que si aire acondicionado, que si lámparas de luz graduable, neveras donde podrías meter a un puto buey... y luego te metes en el baño y tienen una puta antigualla de bañera que parece del siglo diecinueve. En estas pelis nunca vas a ver un plato ducha, ni un jacuzzi. Ves una bañera de cerámica, con patas de bronce y todo, que ni siquiera tiene telefono-ducha para lavarte la cabeza, y vete tú a saber si las tuberías no están picadas.


¡HOSTIA, HOSTIA, HOSTIA!
¡HE ENCONTRADO UNA FOTO DEL PUTO OSCAR!


Pues ahí está la señora que, de buenas a primeras, empieza a gemir como pantera en celo... y, en el dormitorio, a menos de cinco metros, a su marido algo se le mete algo bajo las sábanas y empieza a chuparle el polo-flan hasta dejárselo como un tubo de pasta de dientes agotado. Lo que viene siendo una juerga sexual con seres satánicos incorpóreos de toda la vida.


Así le dejan la cuca al pobre fulano.


La guasa de esto no es lo que pasa, sino el hecho de que, por algún motivo que mi limitada mente no llega a entender, cuando la tía vuelve del baño, él se cree que ha sido ella la que le ha aspirado el prepucio... y ella, que le cuenta que ha salido del baño como una puta moto, ni siquiera repara en el hecho de que algo sobrenatural ha estado mandándole energía sexual a su chirri como el que bombea petróleo por un oleoducto. Esto me lleva a pensar otro par de cosas:

1) Que la tía, si no se extraña de cosas así y no se hace preguntas de ningún tipo y ni siquiera se asusta, una de dos: o le pasan más a menudo de lo que lo admite, o que le va la marcha cosa mala.
2) Que si el tío no se da cuenta de que la tía estaba a tres putos metros de él cuando le estaban limpiando el sable, que si no miró siquiera bajo la manta, y que encima ve que la tía está entrando en la habitación después de haberle dejado el rabo como un trozo de bacalao reseco, tiene un serio problema que debería hacerse mirar cuanto antes.
Y 3) Si al tío lo han dejado seco, esa sábana debería parecer pringada como si le hubiera caído un puto plato de natillas... y si no, es todavía más sospechoso porque le han sorbido el caldillo y nadie se pregunta dónde ha ido a parar.

Sea cual sea la explicación a lo absurdo de la escena, el resultado es que la rubia macizorra que, como he comentado, ha salido del baño con ganas de meneo, se ha encontrado que aquí la minga del fulano se ha quedado sin balas, de manera que se va a dormir con todo el rollo cortado, dejando a su chorbo con la cara partida, que todavía sigue sin explicarse qué carajo ha pasado.


Esta cara se le queda a la señora.


La explicación, o presunta explicación viene de todo un clásico en cuanto a recursos argumentales en pelis de medio pelo: cómo no, hablo del colega del marido. Esta es una figura literaria que podría remontarse ya a Shakespeare, con Mercucio o Yago (en Romeo y Julieta y Otelo, respectivamente) como ejemplo. Haciendo honor a tan honorable tradición, Kanefsky nos plantea al amigo del fulano en una intemporal escena en que ambos amigos salen a correr por el barrio. El fulano le cuenta, sin machismo alguno, que su señora se ha convertido en una loca del coño desde que se han mudado y su colega le sugiere la brillantísima idea de hacer un intercambio de parejas. Lo que viene pasando todos los días, vaya. Después de una evidente amenaza de muerte, el amigo liberal del marido le viene a explicar que lo suyo es compensar a la señora por la cagada. Así que el fulano, que es un romántico, entiende que compensar a la señora es irse flechado para la casa y restregarle el cipote hasta que se quede satisfecha.
Pero así, sin preámbulos ni hostias. Aquí te pillo, aquí te enjuago.


Plano absurdo de la señora estirando el lomo en el balcón de su casa.


La señora, por su parte, está en el sótano con la lavadora y, como la que no quiere la cosa, llevada por el irresistible soniquete del electrodoméstico, le da otro calentón de aquí te espero. Ya que está allí, plantifica las manos sobre la lavadora, se abre de patas y empieza a gemir como en la banda sonora de una peli porno. Esta vez la presencia que la acompaña no es incorpórea, sino que es nuestro amigo Oscar que, a juzgar por su aspecto de pollo pelado con mono de trabajo, parece haber perdido una mano de cartas contra los Cenobitas de Hellraiser. Eso sí, no tener pellejo no le baja la líbido a este pedazo de crack y le proporciona a la señora lo que podríamos llamar con todas las de la ley una soberana paja asistida. La escena termina de un modo realmente sutil, con la lavadora espurreando líquido, que viene a ser toda una metáfora visual del fin de fiesta.
Magistral aquí el amigo Rolfe.


"Mi rabo es como er choriso de Moclinejo, las tres primeras rodajas sin pellejo"



El fulano llega a la casa, habiéndose pensado mejor lo del cipotazo apresurado y le trae a la señora unos cuantos capullos (de flores), lo que podría interpretarse como otra sutil metáfora visual. Ésta, por su parte, abre la puerta empapada (y no solo por abajo, mal pensaos): el chorrazo de la lavadora le ha hecho tal bukkake que parece que ha salido de un puto túnel de lavado. Aquí el bueno de Rolfe se ha contenido, debo decir: imagino que será por la censura y el puritanismo que están invadiendo la sociedad occidental en los últimos años, porque no me termina de entrar en la cabeza que un director de cine erótico, contándonos una historia de (ejem) terror tan tórrida y subida de tono de pronto pierda la oportunidad de ponernos a Natasha Henstridge marcando transparencias en una escena que podría ser del tipo "Hostia puta" (aunque dicha escena no culmine en amancebamiento del bueno)... se queda en una especie de chascarrillo y, de un modo más que decepcionante, la señora lleva sujetador bajo la camisa.
Si pensabais poneros cachondos con algo, tendréis que contentaros con la cara de gusto del Oscar pelado.


Va por ustedes.


Llegados a este punto de la peli entra en escena un nuevo personaje: hablo de la hermana de la señora, que resulta ser una especie de cuñada gótica, cruce entre Christina Ricci y Fairuza Balk. Para más inri, incluye en su pack de topicazo con patas que es aficionada al ocultismo. Huelga decir que ella y el chuloputas del fulano se llevan a matar. Es una cuestión casi de ecología: los chuloputas de corte narcisista como que se ven en una posición social superior, de modo que no van a perder tiempo en (intentar zumbarse a) una hortera de esas que llevan de color negro hasta las cuerdecillas del tampax; y en cuanto a la gótica... es harto evidente que ve como enemigos naturales a gilipollas de tal calibre. Más cuando puedes oler su nivel de supina gilipollez a tres barrios de distancia. Esto implica el habitual intercambio de pullitas y borderías sutiles, o no tan sutiles: en un acto de educación extrema, el fulano responde a una bordería de la gótica abriéndole la calle e invitándola a tomar por culo. La señora, que se encuentra en medio de esta movida, en vez de pegarle un pellizco en los cojones al gilipollas de su marido por grosero, mantiene la corrección política y salva los muebles como puede, invitando a la hermana a dormir en una habitación contigua.


—¿Tú es que no puedes decir cosas de cuñadas, como eso de que hay que quitar las autonomías?
—No, me mola más eso del rollo satánico.


A lo largo de este ingenioso diálogo se nos ha contado, de paso, que los capullos en flor que trajo el fulano esa misma mañana se han convertido en un puñado de ripios resecos que agonizan sobre la mesa del recibidor. La explicación más probable, al parecer, es que la caldera se ha puesto caliente como una perra (cita de ese crack infravalorado que es Oscar) y está on fire emitiendo calor. Así que, después de que la señora se lleve a su hermana para sermonearla un rato, el fulano baja al sótano a echar un vistazo a la caldera. Y sí, a estas alturas de la peli, sigue sin preguntarse dónde coño fue el tío que se suponía que la estaba arreglando. Después de comprobar que hay un polvo blanco (que tiene un aspecto bastante sospechoso) y restregárselo por la sudadera como un auténtico guarro, habla un rato con las tuberías de las calderas y la luz roja del puticlub satánico del sótano empieza a brillar.


No, no es la puerta del Sensaciones.
Es el portal al infierno que hay en el sótano de esta familia.


Al acercarse, un puñado de rayos eléctricos infernales empiezan a atravesar el cuerpazo serrano del fulano. ¿Habéis visto Los Inmortales? Pues algo así, pero en cutre. En una especie de flash alucinógeno, aparecen también un puñado de personas (entre ellas el puto Oscar, que no falte) contemplando la escena como el que contempla un partido de final de liga. A la mayoría no los hemos visto hasta ahora, lo que nos lleva a entender que ese sótano lleno de malignidad se ha llevado por delante ya a unos cuantos.


"Heeeere we aaaare, born to be kings, we're the Princes of the Uuuniveeeerse!!!
Heeeere we beloonng, fighting to survive
in a world with the darkest poooweeeers!!!"


Pues nada, que el fulano sube reconvertido en un ser renovado. Su nivel de gilipollez y narcisismo barato ahora rezuman como un rollo mas high class. Si antes era del tipo "Eh, nena, yo fui el rey del baile del instituto y ahora soy un fulano cercano a la mediana edad al que deberías tirarte antes de morir", ahora es más "Oh, así que tienes vagina. Excelente, excelente...", con pose de frotarse la barbilla arqueando las cejas.
Sí, así de creepy.


"¡Sooolo puede quedar uuunoooo!"


Por si los espectadores menos avispados o aquellos que estaban mandando fotopollas por el móvil mientras estaban viendo la peli no se dieron cuenta, al fulano nos lo han cambiado y nos han metido aquí a vete tú a saber quién. Rolfe, plenamente concienciado con aquellos espectadores despistados o fans de las fotopollas, nos plantifica una escenita en que, con total discreción y sin descaro alguno, el fulano se coloca delante del espejo a mirar su nuevo rostro. Nuevamente, otro posible guiño a Hellraiser, pero potenciando el salchicherismo a la enésima potencia.


"Pero qué putamente bueno que estoy, coño"


Después de este momentazo, nos vamos a dar cuenta de que la película a partir de este punto no puede sino mejorar.
Creedme, si hasta aquí os habíais reído, ahora os vais a partir el culo.
La pareja protagonista (o sea, la señora rubia macizorra y su fulano, ahora conocido como Fulano Satánico) se llevan a la cuñada gótica a cenar a un localeto pijo. Como suele pasar en estos tugurios, no hay mesa porque esas cosas hay que reservarlas.
Fulano Satánico como que se mosquea. Ahora que tiene un cuerpo físico el hambre le puede y le toca pelín los cojones eso de llegar a un sitio y que le miren con cara de "Haber reservado, pedazo de gilipollas, ¿o es que no sabes qué clase de local distinguido es este?"
Lo guapo aquí es que no es que no haya mesa, como podría pasar... es que le va a tocar esperar. Pese a todo, Fulano Satánico dice que por sus cojones se va a sentar ya y hace gala de sus poderes satánicos para conseguir lo que quiere. Porque es un ser infernal, qué coño va a ser este pitorreo, ¿estamos locos o qué?


"Soy maaaalooo... Soy lasciiivooo... soy perversióonnn..."


Aquí entran en acción los poderes de Fulano Satánico que, si me lo permitís, me parecen los puto mejores poderes infernales que he visto en mucho tiempo. Olvidaos de eso del control mental; olvidaos de esa mierda del aura de miedo. Eso es para parguelas y mindundis: este te coge y, con la mirada, te puede poner las tetas en la espalda y dejarte en la caja torácica un par de pimientillos asados. O, con solo meter las pezuñas en una taza, provocar orgasmos a distancia, a una escala tan putamente épica que casi que te tienen que llevar a urgencias.
Ese es el nivelito.


"¿Veis a esa del vestido negro? Pos se va a cagar"


A lo largo de la cena, la parte satánica de Fulano Satánico vuelve a hacer gala de una discreción y una sutileza acojonantes y se pone a hablar de las anteriores dueñas de la casa como si las hubiera parido. Empieza a dar detalles sobre fiestones con drogas en el sótano y rituales satánicos hippies (dirigidos por un energúmeno similar a un King Diamond con anemia que, por lo visto, se había colado en la fiesta con plena intención de invocar al Mal) con tal precisión que parece que estuvo allí y todo. Esto hace que las dos hermanas se queden con cara de haberse sentado sobre un carámbano de hielo, pero dura poco: en un alarde de ingenio sin precedentes, Fulano Satánico hace un par de chistes de dudosísimo gusto sobre la anciana de Insidious, les suelta el rollo de que eso se lo ha contado la tía de la inmobiliaria y ahí se queda la cosa. Nadie se pregunta nada, y ya está.



Cuando mezclas a King Diamond con el señor Cuesta sale esto. Y si no os lo creéis, mirad:



Aquí, King Diamond.


Y aquí, el señor Cuesta.



La sutileza continúa cuando en la conversación se menciona la palabra "íncubo", la gótica ocultista nos explica que es un demonio fucker, y Fulano Satánico se relame los morros con supuesta lascivia para dejar claro que él es un follador satánico del puto infierno.



En el flashback donde se cuenta el origen del portal infernal sale una versión satánica de Goku que es para no perdérsela.


A estas alturas de la peli ya parece más que evidente que todo Cristo sabe que el sótano contiene un portal al infierno del que de vez en cuando salen entidades que vienen a meterte el pito. Que Fulano Satánico, gracias a su nueva personalidad satánica ni le eche cuentas al asunto es casi lógico; lo que no lo es, es que su señora se quede tan pancha al enterarse de la movida y tras haber recibido la visita de un par de folladores espectrales de esos.
Lo que yo os diga, o esta señora está tocada del ala o le va la marcha, porque yo sigo sin explicarme esto... aunque también puede ser, oye, que la casa le saliera por un cojón y, con lo kuki que es y lo bien situada que está, le dé igual ocho que ochenta lo de tener un portal dimensional en el sótano, que ella de ahí no se menea.


—Han tenido que sacar del restaurante a esa señora porque estaba teniendo orgasmos a manta, ¿no te parece raro?
—Pues sí, porque yo he pedido lo mismo que ella y nada de nada.


Volvamos a Fulano Satánico, que está resultando ser la puta sensación de esta peli. Ya sabemos que el anteriormente conocido como fulano a secas ha sido poseído por alguna entidad ultraterrena con ganas de ir pegando morcillazos por aquí y por allá... y ya sabemos lo del portal infernal. Pues bien, en un alarde de epicidad, Fulano Satánico baja al sótano y se va para pegarle lametones al portal. ¿Por qué? Pues digo yo que porque mola.
Las manos satánicas color chorizo parrillero surgen y empieza una nueva sesión de magreo interdimensional. Debo remarcar aquí el impagable efecto de la banda sonora, que se aleja por completo del rollo de peli de terror y suena a auténtica peli porno. Si Rolfe me llega a meter la voz de Fulano Satánico diciendo "Oh, yeah" es que lo clava.


Y ya lo de los ojos color chorizo parrillero ni os cuento.


Después de esta escena tan puto gratuita, volvemos al piso de arriba: las dos hermanas están a sus historias, sin escuchar cómo Fulano Satánico gime de gusto cual marrano en una charca. Yo sigo pensando que aquí la gente está más sorda que yo, o es que el sótano infernal está mejor insonorizado que los estudios de grabación de Virgin Records.
En un momento dado, el amigo sube y se encuentra con su señora: le propone un cipotazo de los buenos y le comenta sobre el tema de la bañera y la lavadora (recordemos, cipotazos incorpóreos), diciendo que comparados con su Pinga Satánica, se quedan en petardillos de feria. Nótese cómo se supone que él no sabe nada de lo de la lavadora (porque, a menos que me haya perdido, su señora no le ha contado nada) pero alude a ello como si tuviera información privilegiada. Más genial es aún que la macizorra no caiga en la cuenta.


"Hostia, pos no había caío, no"


No dejo de preguntarme por qué esta señora no reacciona a cosas que ya no es que sean evidentes, es que están hasta demostradas. Si fuera lo típico de las pelis de miedo, donde el personaje te dice "Eso es imposible, yo no creo en eso" lo entendería... pero es que le cuentas las cosas y la tía directamente parece que te cambia de tema, o como si hubiera oído otra cosa por completo diferente. Algo así como:

—Oye, hay un portal satánico en el sótano, del que salen demonios que te van a chupar el parrús hasta matarte.

Y ella oyera:

—Oye, han rebajado los tomates en el Mercadona.


El Mal desatado.


Pues así, tal cual. Os lo juro. La frialdad de esta señora ante estas cosas me deja con el ano torcido y haciendo remolinos, y no es coña: Fulano Satánico, tras la sutil oferta de pichazo diabólico, admite abiertamente que no es él y sugiere la idea de que otra entidad ha tomado su cuerpo... y ella, en vez de pensar que a su maridito le pasa algo porque desde luego que no se comporta de una manera normal, o incluso plantearse que sea cierto lo de que está poseído tras un par de orgasmos con entidades ultraterrenas en lo que lleva de peli, coge y lo manda a dormir al sofá.
Con todo su puto flow.


Mi ano ya así.


Por supuesto, Fulano Satánico está por encima de eso de dormir en el sofá. Qué coño, está por encima de eso de dormir, a secas. Es por eso que se va para el cuarto de la cuñada y, a su satánico modo, viene a decirle a ésta lo que podría decirle cualquier energúmeno en la barra de un antro de dudosa reputación o por un privado de Instagram.
Sí, hablo del clásico y todopoderoso "Hola, nena, ¿quieres polla?"
La cuñada gótica lo mira con cara de haber visto vomitar a una babosa y se queda pensando qué ha podido ver la lela de su hermana en semejante mongolo. La respuesta no se hace esperar y Fulano Satánico rubrica su sutil oferta con el equivalente de una fotopolla en los años 90.
Exacto: se saca la tranca ahí en medio y le muestra el género a la otra.


"Hey, baby"


El Infierno no es tonto y sabe que con un rabo talla media o inferior no vas a ninguna parte, así que se nos cuenta que el nabo de Fulano Satánico ha sido especialmente tuneado para ser un auténtico Cipote Infernal. La gótica como que ni se impresiona con la oferta y le dice a Fulano Satánico que vaya a metérsela a un elefante, con la cosa de que a semejante ser no se le dice que no, como ya comprobamos en el restaurante. Se va para la gótica y, usando unos poderes de telekinesis, le arranca la ropa y le mete ese pedazo de pollón demoníaco hasta, literalmente, sacárselo por la boca.
Sí, tíos, así de grande la tiene.


"¡TOMA POLLA!"


Volvemos, una vez más, a otro episodio de sordera galopante, porque esto ya no ocurre en el sótano: ocurre en la puta habitación de al lado y la señora macizorra que sigue sin oír un carajo. Considerando que la vieja de Insidious podía oír a su nieta jadeando y las habitaciones son las mismas, es acústicamente imposible que esta tía sea incapaz de oír a su hermana chillando y aullando mientras una polla de un metro le atraviesa los órganos y le revienta la mandíbula.
Es más, llega la mañana siguiente y la tía encima tiene los santos ovarios de preguntar dónde está su hermana a Fulano Satánico: este le contesta que se fue temprano porque tenía que estudiar, y ella se contenta con eso (o con el lametón que le pega en el pescuezo por la puta cara, que la deja gimiendo como una perráncana en celo). Es decir, su chorbo satánico le dice que está poseído por un ser demoníaco y ella lo deja suelto por la casa; su hermana desaparece y el le cuenta eso... y ella se lo toma como lo más normal del mundo.
Fulano Satánico será satánico, pero es que lo de esta tía roza ya la psicopatía de manual.


"No sé quién eres, pero sé como localizarte. Si no me devuelves sana y salva a mi hermana la gótica, te encontraré y te mataré"


Entra en acción otro personaje, que es un señor que ha venido a echarle un vistazo a la lavadora. Yo al verlo no pude evitar que me recordara a Pablo Iglesias, lo que hace que esto ya se convierta en un puto desmadre de película. Pablito baja al sótano y se encuentra con la gótica que, ¡oh, sorpresa! no se había ido, sino que estaba escondida en el sótano esperando a que bajara algún pobre desgraciado para chupetearle el pirulí. Esto es justo lo que la artista ahora conocida como Gótica Satánica le hace al pobre Pablito, pegándole el susto de su vida al mostrarse tal y como murió, con la mandíbula hecha un cristo (y encima hay que dar gracias a que no tiene la polla de Fulano Satánico colgando de la boca como si fuera una butifarra catalana).


"¡Hay que acabar con la casta!"


El pobre Pablito diña de la que, podría decirse, es una de las formas más indignas de morir que he visto en mucho, mucho tiempo: Gótica Satánica le parte el coco golpeándolo repetidas veces con la puerta de la lavadora, en plan Kingpin pero en versión casera. Luego, para que la cosa quede un poco más terrorífica le corta la cabeza, sí, pero el daño ya está hecho y algo así de cutre no hay cojones ya de arreglarlo.


"¡Dame caña, Coleta!"


Después de esta escena, que podría interpretarse como una soberbia metáfora política en nuestro país, recuperamos a otro gran personaje de esta película, que es el amiguete de Fulano Satánico: sí, el vecino liberal, ese. El que propuso el intercambio de parejas. Fulano Satánico, al parecer también es liberal, así que le dice a su troncocolegui que oye, a ver si se pasan por casa. Y que se traiga a su señora también. Fulano Satánico habla y tiene la expresión de un extra de Los Ladrones de Cuerpos, pero su colegui tampoco parece darse cuenta de que actúa raro. ¿Es posible que cuando era un fulano a secas tuviese un comportamiento tan de cenutrio que ahora nadie note la diferencia? Es algo que, a estas alturas de la peli, me estoy planteando seriamente.


"He venido a repartir polla, ¿quién quiere?"


Llevamos ya algo más de una hora de película y es AHORA cuando la señora macizorra decide hacerse preguntas sobre eso del satanismo, los íncubos y demás seres que le meten mano en su casa. Se da un garbeo por la biblioteca del barrio que, casualmente, tiene una sección de ocultismo de lo más completa. Lo único que parece faltarles es el puto Necronomicón, oye. Y yo voy a la biblioteca de mi barrio y lo que me encuentro son libros de Ken Follet y de Tom Clancy.
Lo interesante de esta biblioteca, realmente, no son los libros. Una vez los abre, nos damos cuenta de que parecen más bien el manual de diseño de un tatuador que algo que tenga letras y explique una mierda, por lo que la decepción de la señora es evidente.
Y sí, podría decirse que "decepción" es la primera reacción LÓGICA que ha tenido esta señora ya en dos tercios de peli.


Huevona es un rato la tía, hay que decirlo.


Lo bueno de los pueblos y los barrios residenciales es que todo el mundo acaba por conocerse. Te das un voltio por la sección de ocultismo y no tarda en aparecer alguien que te dice lo que tienes que hacer, o a dónde debes dirigirte para hallar las respuestas que estabas buscando. Aquí, la informadora de guardia es una especie de figura embutida en un burka de encaje fashion que, antes de hablar contigo, se da unos paseos fantasmales por la biblio.
Porque no basta con informarte, hay que hacerlo con puto estilo, joder.


"¿A que te has cagao en las bragas con mi forma de entrar en escena?"


La informadora en cuestión resulta ser la nieta de la abuela de Insidious, que lleva un rollito a lo Obi-Wan cruzado con Freddie Krueger: o sea, informadora sabia bajo una capucha con el pellejo en modo churrasco. Lo malo de esto es que la chica churruscada no nos cuenta nada que no sepamos ya: que el sótano es malo y que surgen folladores infernales que te matan de gusto. Bla, bla, bla.
La señora macizorra vuelve a su tónica habitual y, de buenas a primeras, pasa de buscar libros de ocultismo a dar a entender que no cree en esas cosas y que, bueno, el sótano da mal rollito pero poco más.
Ahora parece que encima cambia de opinión cada dos por tres. Lo de esta tía es de traca.


"Emmm... no, yo solo venía a buscar el libro de El Secreto".


No lo digo de coña, porque vuelve a la casa y le canta las cuarenta a Fulano Satánico, argumentando POR FIN que ha cambiado de forma de ser desde que se mudaron. A este se le inflaman ya los cojones y le dice, a grandes rasgos, que se vaya ya al carajo. Luego, él también cambia de opinión y ¡SORPRESA! Aparecen los vecinos para la cena. Fulano Satánico se lleva a su amigo el liberal al sótano con la intención de enseñarle "una cosa". El vecino liberal ya está pensando en algo rollo Christian Grey. Yo, viendo la trayectoria que lleva su anfitrión, me huelo otro caso de "¿Quieres polla?". Al final, ni una cosa ni otra, lo mete en la habitación negra del sótano y arreando.

Trasladamos la acción a la señora del vecino liberal. Esta señora parece sufrir de algún tipo de trauma mental similar a la anorexia, solo que en vez de verse gorda, ve gordo a su marido, el cual por cierto está tirando a canijo. Una vez éste ha desaparecido en el sótano, a ella empieza a hervirle el coño. No es ninguna metáfora: su potorro empieza a echarle humo. Después del episodio, lo único que parece extrañarle es que se ha ido la luz, sin caer en la cuenta de que la han dejado sola. A ver, entiendo que Fulano Satánico lo haya hecho para hacer una de sus cosas satánicas, pero sigo sin explicarme qué coño está haciendo la rubia macizorra en esos momentos.


"¡QUE BOSHORNO, QUÉ BOSHORNO, QUE TENGO ER COÑO COMO UN HORNO"


Un leve garbeo por la casa lleva a la vecina a encontrarse con Fulano Satánico, que aparece en un rincón enfocándose la jeta con una linterna. Debo decir que las entradas en escena de este tío son sublimes: lo mismo te entra así que aparece agachado en un rincón y poniéndose en pie de forma repentina. Como todo encuentro con este ser (si tienes toto, claro), acaba con una tía inconsciente y medio en pelotas. La vecina acaba así, sobre el suelo del sótano, mientras Fulano Satánico la mira con cara de "Ohhh, yeah...".


Otra gran entrada en escena. Esta peli tiene mogollón de ellas.


La señora macizorra aparece, también con una linterna y, en lugar de preguntarse qué coño ha pasado con los vecinos, considera que es el momento más oportuno para decirle a Fulano Satánico que ha estado hablando con la moza de la inmobiliaria y que ésta no le ha contado una mierda. El otro pone cara de "Bravo, ¿lo has descubierto tú solita o has seguido un tutorial de Youtube?" Viendo que, por descarado que sea, a su señora parece resbalarle todo, Fulano Satánico dice que, de perdidos al río y empieza a contarle todo el percal.
La señora al escuchar la movida, como que AHORA dice que se asusta: no cuando le han estado sobando el potorro cada dos por tres; no cuando ha visto a su marido transformarse en vete tú a saber qué; no cuando su hermana ha desaparecido, ni cuando una tipa quemada le ha dicho que ojocuidao con la casa. No. AHORA.

Fulano Satánico tiene un momento de megamalo y, en plena carcajada del tipo "MUA-JA-JA-JA" desaparece por el pasillo, dejando a su señora ahí con cara de "No me estoy enterando de un coño". Se le ocurre la brillantísima idea de que A LO MEJOR podría estar pasando algo en el sótano y se acerca. Se nos deleita con un escalofriante plano de un cesto lleno de calcetines sucios para llegar, por fin, al meollo de todo esto: la puta habitación negra de los cojones, causante de todos los problemas desde el minuto uno, pero a la que no se le habían echado ya demasiadas cuentas hasta que ya es evidente que ha desaparecido medio barrio cada vez que a alguno le ha dado por meter las narices en el sótano.


Le funciona la linterna, pero baja al sótano a oscuras.
Porque pa qué hacerlo sin posibilidad de matarse por la escalera.


Una vez entra en la habitación, el espectáculo podría interpretarse como "La preternatural y primigenia visión de un escalofriante potorro primigenio visto desde su más abyecto e ignoto interior". Debo decir que, al pensar esto, dije de mí mismo "Joder, qué mente más puto sucia tengo"... pero es que cuando llega Fulano Satánico (que, al parecer, estaba dándose un paseo por ahí o algo), ahora reconvertido en Fulano Satánico Con Cara de Marrajo y Rajas en la Cara y explica que eso es un útero infernal donde una Entidad Satánica se alimenta de sus víctimas para dar a luz a una Creación Demoníaca llegué a la conclusión de que estoy tan jodido como el puto Rolfe Kanesky.
En fin.


The real Marrajo Face.


En el interior del chumino infernal encontramos viejos conocidos. Entre ellos la yaya de Insidious, que parece haberse pegado como dos putos años metida en una especie de saco de dormir de carne, a la espera de que venga alguien a sacarla. Que oye, para llevar todo eso ahí, se la ve muy tranquila a la mujer.
También encontramos a la vecina en paños menores y con un rabo de carne enchufado al ombligo (¿¿¿???) que, según se nos dice, sirve para ir secando a sus víctimas y alimentar la maquinaria infernal. La rubia macizorra decide que, oye, igual es momento de ir haciendo algo, que la peli está terminando y no es plan de quedar como una pedazo de gandul. Tironea de la cosa y aparece Fulano Satánico Con Cara de Marrajo y Rajas en la cara cogiéndola de un puñao y diciendo que con la comida no se juega (sic.). De paso, nos explica que la energía sexual reprimida sirve como delicioso alimento para el toto infernal este. La yaya de Insidious contempla la escena de "Pues a mí nadie ha querido comerme en dos años" o "¿Cómo cojones habré acabado yo metida en este zurullo de película?"


Atención al careto.


El rabo de carne demoníaca sigue chupando a la vecina (tómese esto con el sentido que se quiera. Los gemidos de la susodicha dan para pensar mogollón de cosas) dejándole la barriga como si hubiera sido sometida a la madre de todas las liposucciones. Justo en ese momento y, contra todo pronóstico, la yaya de Insidious saca un brazo del saco de dormir de carne y, sin fuerza ni rapidez alguna, agarra del pescuezo a Fulano Satánico Con Cara De Marrajo y Rajas en la Cara. La escena, hay que decirlo, da puta risa: la señora tiene menos fuerza que el pedo de un mosquito y nuestro amigo el Fulano se ve claramente que, como poco, es bastante más grande que ella. Más que hacerle presa, casi se parece más al gesto que tendría si se hubiera puesto fina a base de tequilas y lo considerase su puto mejor amigo.


Algo con esta misma fuerza.


La señora macizorra dice "Esta es la mía" y se deja de ir para la vecina, a ver si por algún casual puede liberarla. Como ve que eso está más duro que el pene de un demonio (ejem) pues no se le ocurre otra idea mejor que endiñarle una dentellada. Arranca el rabo de carne y, atención, no sale sangre, como podríamos haber esperado: sale una especie de líquido blanco y espeso que empieza a chorrear por todas partes.
Sí, yo también hice una asociación bastante marrana al ver esto, pero es que no hay huevos de verlo de otra manera: parece lo que puto parece y no hay lectura menos inocente posible. Menos aún cuando esa cosa, todavía agarrada por la rubia, le chorrea por la cara y el pelo.


Sin comentarios.


Este acto de eyac... digooo, de exorcismo, por algún motivo que ni puñetera idea de cuál puede ser, devuelve a la normalidad al fulano, que vuelve a ser el gilipollas que ha sido toda su vida. Todo empieza a temblar, y la yaya, que para algo está, nos explica que es porque ha llegado el momento del parto satánico. Ha llegado la hora de salir por patas, pero la puerta está cerrada. Usando la explicación más absurda que te podrías comer, incluso en una peli como esta ("Cuando estás de parto hay que empujar fuerte"), la rubia macizorra trinca el rabo de carne, todavía chorreante y lo enchufa a la puerta. Este empieza a chupar vete tú a saber qué de la susodicha puerta y, justo cuando sale un espantajo del escroto gigante que hay en el centro del potorro infernal este, revienta y pueden salir.
Y sí, a la yaya que le den por culo.


La tranca satánica esta no es ni medio normal.


En medio del meneo, por alguna parte reaparece la superensaladera discotequera mágica. La macizorra la coge con cara de "¡Hostia, por esto me pueden dar una pasta en el mercadillo del domingo!" y echa a correr escaleras arriba. El Espantajo Satánico les persigue, usando el viejo truco de mover con la mente un mueblecillo para bloquearles la salida. El matrimonio protagonista se ve que es poco fitness y ni se le ocurre la idea de saltar el escaso medio metro de altura del mueble y se quedan con cara de "Oh, Dios, estamos jodidos". Si acaso lo esquivan un poco y llegan a la cocina, donde la señora se pertrecha con un cuchillo cebollero. El fulano le dice "Pero Toñi, ¿a dónde vas con esa mierda?" y ella le contesta algo en plan "mira, Paco, no me calientes el coño que llevo un día muy malo".
Considerando además que ha puesto de parto al puto Infierno solo de un bocado, casi que le sobra el cuchillo; más cuenta le trae enfrentarse al Espantajo con los piños.


"Me parece que nos van a petar el cacas"


En este momento se produce uno de esos grandes momentos que nos brindan las pelis de terror de los últimos años, que es la épica lucha entre el hombre y la puerta. Aquí tenemos a estos dos, que han salido literalmente del Infierno para pelearse con un puto picaporte que está atascado. Están en una planta baja, a pie de calle y hay ventanas a unos metros. Pero no, hay que salir por la puta puerta.

Espantajo Satánico ha cambiado de forma y ahora es Chorba Satánica: en cuestión de unos peldaños de escalera y unos metros de pasillo, lo que antes era un orco con el pellejo lleno de protuberancias y con una textura similar a la de un escroto purulento, ahora es una tía buena en pelotas de cuya rabadilla le cuelga un rabo muy parecido al apéndice pringoso que mordisqueó la señora macizorra. Usando voz de haber aspirado helio, se pega la vacilada de que está tope de follable y que no piensa dejar títere con cabeza sexualmente hablando. La tía viene con unas ínfulas que parece que se va a cepillar hasta a las piedras. Fijaos si viene caliente la tipa que se puede ver como su higo calienta el aire a una temperatura guapa guapa.


La Chorba Satánica sí parece tener un culo fitness.
Si obvias el rabo gusarapero que le sale del espinazo, hasta puede molar mirarlo.


En medio del discurso de "Me voy a follar todo lo que se me ponga por delante", la macizorra le arrea una puñalada en el ombligo. Aquí es cuando me queda claro que lo que le pasa a la macizorra es que está más sorda que yo (que ya es decir): si le ha podido pegar la puñalada a Chorba Satánica es porque el discursito de calentura global no le ha llegado a los oídos.
Y justo aquí es cuando la macizorra me desmonta la teoría de la sordera, porque hace referencia a algo que se dijo en algún momento sobre eso de que el Mal sería humano por fuera. De nuevo, otra explicación cogida con pinzas ("ese es tu punto débil, que a los humanos se les puede matar"): todo el cirio que se ha montado, toda la gente muerta, todo el plan satánico... para que la demonia esta salga y te la puedas cargar de un puto navajazo en el ombligo. Así va a someter a la raza humana por mis cojones.


"Os voy a poner mirando pa Cuencaaa..."


La Chorba Satánica se queda con cara de "Me cago en la puta, no había caído yo en ese detalle" mientras mira estúpidamente cómo tiene el cuchillo tuneándole las tripas. Fulano le pasa la ensaladera a su señora, que a estas alturas ya parece tener los ovarios mejor puestos que la teniente Ripley, y ésta se la enseña a la demonia. La demonia hace BAMF a lo Rondador Nocturno y se convierte en un pedo satánico (o en la nube de Perdidos) que empieza a revolotear por toda la casa, perseguido por la ensaladera. ¿Habéis visto pelis como Independence Day o Nuestros Maravillosos Aliados? Pues una mezcla de ambas cosas, cambiando platillos volantes por ensaladeras rococó.


"¡¡¡WIIIIIIIIII!!!"


Platillo y pedo satánico van al sótano (porque, ¿para qué salir a la puta calle?) donde este último se mete en la habitación negra y la cierra. La ensaladera se acopla a la puerta, y parece que toda la malignidad se va a tomar por culo con esto. Hasta la puta puerta de la casa se abre y todo.
La historia termina de la manera más lógica que podría terminar esta cosa. Ojo, no digo que sea lógica, sino que es la más lógica de acabar esto.
Sí, colegas, lo habéis adivinado.
Follando.

Fulano dice que ya está bien de hostias, que desde que se mudaron llevan ahí no se cuánto tiempo sin darle al tema y que hay que celebrar la expulsión del mal a golpe de puñalada de carne. Y además, resulta que conserva su megacipote infernal, de modo que todo son ventajas. Así que se ponen al tema, pero ojo... que la señora macizorra nos mira y tiene los ojos rojos. Ahora el mal es ella.
¿Qué sentido tiene esto?
¿Cómo coño es posible si el mal venía de la habitación y ha sido sellado definitivamente?
Pues quizás el final, como el resto de la peli, no tiene ni puto sentido, pero... ¿y las risas que has echado?

Como viene siendo de moda, hay una escena poscréditos, en la que se nos cuenta que, después de todo esto, la casa se ha vuelto a poner en venta. Posiblemente, la señora macizorra se ha comido al fulano y está por ahí comiéndose a más gente. Y los de la inmobiliaria ni preguntan: en ese puto barrio, si alguien deja una casa por más tiempo del previsto, les suda los huevos que haya sido comprada y que legalmente esté en propiedad de nadie. La venden y punto.


"Hala, familia, a chorrarla"


Y así termina esta maravilla.
Recordad, niños, lo que hemos aprendido con esta peli:

Si tienes un sótano maligno, con trincar una ensaladera, lo tienes a raya.
La represión sexual está mal.
Si te poseen, te crece el nabo.
En ese puto barrio no te vayas de vacaciones o venderán tu casa al primer gilipollas que pase por delante.