Supongo que los más avispados habréis reconocido la cita de Aaron Eckhart en El Caballero Oscuro que da título a este post. No, no todo van a ser citas sesudas con fotos de Gandhi en blanco y negro (que vete tú a saber si las dijo realmente o es la payasada de algún fan de la autoayuda de los muchos que proliferan por la Red). Francamente, llega un punto en que me da exactamente igual lo friki que pueda uno parecer cuando abre la boca.
Considerando los casi dos años que me he pegado antes de llegar a mi etapa de Exilio, empiezo a pensar que muchas, muchas cosas ya dan exactamente igual, empezando por la imagen que da uno.
O casi.
Seamos honestos, no somos de piedra ni tenemos nitrógeno líquido en las venas. Hay cosas que nos duelen, que nos molestan o ambas cosas a la vez. Y eso de pasar página... oye, está muy bien. Está incluso genial si fuéramos lagartos o serpientes, que mudan el pellejo de vez en cuando y se desprenden de su vida anterior como si nada. Echando las pieles muertas a la basura y viviendo desde cero, otra vez, sin acordarse de todo lo que ha pasado.
Los que tenemos memoria no vivimos así.
"Este pedazo de pellejo es el que era yo el mes pasado".
Se puede decir que vivimos en el pasado y que no prestamos atención ni al presente ni al futuro, pero eso no es cierto. Es tan solo que entendemos que, de todo lo que nos ha pasado, de todo lo que nos han hecho de forma sistemática (y, hoy por hoy, me inclino a pensar que incluso consciente y más que intencionada), no nos merecemos ni la mitad. Es por tanto que, aquellos que nos guiamos por un sentido de la justicia (debo aclarar: me importa muy poco si cuestionáis esto; yo sé la persona que soy, pero no sé la clase de persona que sois la mayoría. ¿Por qué tendría que creer más en vuestro criterio que en el mío propio?) no podemos evitar sentir una tremenda oleada de rabia que nos mordisquea las tripas ante lo que hemos vivido como una total y completa injusticia.
Desconfianza.
Mentiras.
Traiciones.
He vivido todo eso y más, y hasta se me ha obligado a formar parte de ello. Y ha sido cuando he intentado hacer lo correcto, cuando he intentado seguir mi propio código personal, el momento en que se me ha cuestionado. Censurado. Hasta he sentido en mis carnes cómo se me ha faltado al respeto, incluso ninguneado por ello.
Y me ha tenido que parecer bien.
"¿Pero qué haces diciendo lo que piensas? ¿Qué te crees que haces actuando de forma acorde a lo que piensas? ¡CÁLLATE, AGACHA LA CABEZA Y MANTÉN LAS FORMAS!"
Ojalá aquellos que me habéis llevado por este camino estéis leyendo esto, pero sé que lo más probable es que no. Lo más probable es que yo haya pasado de ser el gran amigo que decíais que era a ser otro apestado más. Alguien que, en el momento en que puso las cartas boca arriba y dijo "Yo esto no puedo soportarlo más", pasó de ser considerado un bastión a alguien que ya no merecía la pena. Alguien a quien no parasteis de cuestionar hasta el mismo último minuto.
O mueres como un héroe o vives lo suficiente para verte convertido en el villano.
Eso es, me consta, lo que ahora soy para vosotros: el villano. El que os dijo "Así no. No por este camino" y aun así, seguisteis. El que os advirtió y el que dijo que ya no estábamos confiando los unos en los otros. Que teníamos demasiados secretos entre nosotros, para lo amigos que se supone que éramos.
Soy el villano ahora, pero fui el amigo al que no escuchasteis. Al que mirasteis como si hubiera perdido la cabeza y al que ni siquiera os molestasteis en entender cuando se sintió apartado. Cuando vio que, al no querer formar parte de una especie de Juego de Tronos, donde había que medir lo que decir, cómo decirlo y delante de quién decirlo, dijo "NO".
Soy al que le dijisteis que tenía que moverse cuando, desde el principio, erais vosotros quienes teníais que haberos movido.
"Vamos a hablar las cosas", decíais, pero nunca os detuvisteis a pensar que, cada vez que lo hacíamos, solo removíamos lo peor y no solucionábamos nada. Podéis cuestionar esto, si queréis. Entonces yo os pregunto: ¿Entonces por qué hubo tantas charlas? ¿Por qué se intentó arreglar lo mismo tantísimas veces?
Como siempre, pensaréis que me equivoco. Que a mí se me ha ido la cabeza, o que no tengo ni idea de lo que hablo, claro que sí, pero si algún día os apetece escuchar lo que pienso, aquí va mi teoría: tuvimos tantas charlas porque jamás llegamos a solucionar nada. Lo que hubo fue un montón de promesas vacías, de cosas que nunca llegaron a mencionarse cuando se debieron haber mencionado. Hubo un montón de cosas que se reconocieron solo para contentar a los demás, pero que nunca se llegaron a admitir con sinceridad.
Hubo tantas charlas porque, en el fondo, no confiábamos los unos en los otros y, habida cuenta de los hechos, había que mantener las formas para no matarnos cada vez que nos veíamos. Aunque esas veces fueran ya una vez cada... ¿Cada cuánto? ¿Cada tres, seis meses?
Ah, el tiempo.
Sí, el tiempo.
Lo olvidaba, el precioso tiempo que no se tenía... me acuerdo perfectamente de eso: estabais todos ocupados salvando el planeta, tan ocupados que no erais capaces ni de mandar un simple "Hola". Eso sí, todos muy diligentes a responder a lo primero que mandase gente que casaba mejor con vuestras nuevas miras.
Existen muchas formas de insultar. La mentira descarada y en tus mismísimas narices es una de ellas.
Porque, si no lo admitís vosotros, me da igual: no era una cuestión de tiempo, sino de prioridades. Que viváis pegados a un teléfono o a redes sociales, publicando día sí o día también, usando todo tipo de aplicaciones que os mantienen en contacto con tal o cual gente, que me vengáis a hablarme de falta de tiempo por trabajo o por lo que sea es la excusa más barata que podía inventarse.
Sencillamente, yo no os importaba. Y no hablo de ahora, que obviamente ya no formo parte de vuestro selecto círculo. Hablo de hace dos años, cuando decíais ser amigos míos.
Amigos.
Vamos a analizar un poco esto.
Los amigos no se ocultan cosas.
No se mienten.
No usan las limitaciones físicas de uno para machacarlo cada vez que a uno le da la real gana, como si encima fuesen culpa suya.
No se faltan al respeto.
No se gritan.
No pagan todos sus problemas con uno.
No venden a sus amigos al mejor postor, dejándolos completamente en la estacada después de que estos lo hayan defendido.
Los amigos no se ignoran, ni se les echa abiertamente de según qué contextos.
Esto es lo que me habéis hecho a mí durante una buena temporada. En algunos casos, incluso varias veces. Me da igual que no lo reconozcáis, así como me da igual que no admitáis que yo jamás os habría hecho algo así. Por tanto, no me merecía este trato.
Y me da igual cómo os pongáis.
Dejémoslo claro: dejemos claro de una vez que, llegados a cierto punto, dejamos de ser amigos. Yo sobraba y ninguno de vosotros tuvo el valor de decírmelo a la cara; en lugar de eso, os las apañasteis para incomodarme día tras día. Luego, pasamos a las reuniones paralelas, a las conversaciones a las que yo no estaba invitado. A decidir por mí lo que yo podía o no podía saber, dónde podía o no podía estar. Sabíais que mi palabra para mí es SAGRADA y, pese a ello, dejasteis de confiar en mí.
Me pregunto qué os pensabais que era. ¿Un traidor en potencia? ¿Alguien tan emocionalmente inestable que no se podía confiar en él? ¿Alguien que, sencillamente, ya no casaba en el nuevo esquema de vuestras vidas?
Posiblemente nunca lo sepa porque nunca tuvisteis las agallas de decírmelo. Todo era "Aquí no se hablan las cosas", "Es que no puedes callarte nada" y demás cuando os referíais a mí. Ahora pasa el tiempo y me doy cuenta de que el único que hablaba las cosas de forma clara aquí era yo. Y por hacerlo, siempre, siempre, siempre, venía alguno de vosotros por detrás a decirme que no podía ser tan directo. Que estaba haciendo las cosas mal. Que así no.
Curioso, cuando me doy cuenta de que los que más cosas os callabais erais vosotros. TODOS. Que no había ni uno solo de vosotros que no me estuviera ocultando nada. A veces incluso mintiendo de forma clara para no admitir las cosas.
Pero el que la cagaba era yo por poner las cartas boca arriba.
Aquí es cuando alguno me dirá: "Eh, tú participaste en esto con según qué gente"
Sí, pero ojito: esa gente era gente que ya nos la había colado antes y a la que se la sudaba todo.
Yo NO.
Me doy cuenta, ya con la perspectiva que da un cierto período de tiempo, de que daba igual lo que yo hiciera o dejara de hacer: algunos de vosotros ya habíais emitido vuestros juicios de valor. Debo admitirlo, la jugada era redonda: si no actuaba, ya teníais el argumento de que soy un cobarde. De que me quejo y no actúo... pero es que si actuaba, siempre podíais decir que mi curso de acción no era el correcto. Que era un error.
Qué casualidad, oye, que TODA decisión que yo tomase estuviese mal.
Qué santísima casualidad de que cuando otros cometieran un error, lo vierais como error, pero lo disculpaseis al instante.
Y yo tengo que creerme que erais mis amigos y que fui yo el que os dejó tirados, ¿verdad? Decidme, ¿dormís mejor creyéndoos esa sarta de mentiras que os contáis?
Lo diré y lo mantendré mientras recuerde todo esto: yo tan sólo abandoné un barco que se hundía, porque ya no podía soportar más aquello en lo que nos habíamos convertido. Habíamos pasado de confiar unos en otros, de ayudarnos, de protegernos y defendernos cuando la situación lo requería a una especie de intriga palaciega donde, si bien te podían escupir a la cara si ayudabas a alguien "porque no te necesitaba" o "porque no te había pedido ayuda" (porque por lo visto, un amigo solo te ayuda si se lo pides, qué cosas), también te podías comer lo de que la misma persona te dijera que "no estuviste ahí cuando estuve mal". A veces, ambos argumentos casi en la misma conversación y viniendo de la misma persona.
Sin dobles raseros.
Sin contradecirse.
Allá va la coherencia.
Pero yo soy la persona inestable y aquella en quien no se puede confiar.
Yo tengo que reírme cuando he visto cómo ha habido gente que ha dejado de contar conmigo para prácticamente todo, pero luego tiene las santísimas narices de darme un abrazo cuando me ve, diciendo que me echa de menos. De desaparecer durante MESES sin dar siquiera señales de vida, pero luego aparecer en una situación crítica, no para ayudar, sino para ir dando lecciones y reprocharte todo lo que has hecho mal, cuando la primera lección que esa persona tendría que aprender es a estar ahí, no aparecer cuando le dé la gana, para echar una bronca, y luego largarse como si nada. Resulta más que genial que, cuando hablo las cosas, y las ponga por escrito para no olvidar nada, lo primero que se me diga es que ese no es el método para hacerlo.
Y yo me pregunto: ¿Y cuál es? ¿El tuyo? ¿Acaso quieres que te llame por teléfono o quede contigo, cuando no tienes tiempo ni para cogerlo?
Por favor.
Pero sí, supongo que he vivido el tiempo suficiente para convertirme en el villano. Todo cuanto ha estado sucediendo desde entonces lo he visto venir. Hasta lo he comentado con gente que hoy por hoy nunca admitiría haber hablado conmigo de esto... porque el único que parece recordar las cosas soy yo. En el momento en que dejé de ser genial, el Universo entero fue reescrito y nada de lo que hablé parece haber dejado huella alguna, como si no hubiese pasado jamás.
Pero mis errores, todos.
Incluso las cosas que hice a sabiendas de que eran lo correcto y se me echaron en cara como errores imperdonables, esas también.
"Tus palabras han sido barridas de la continuidad"
Sin embargo, no es lo que me hicisteis lo que más me duele. Uno se lame las heridas y, con el tiempo, las acaba superando del todo. Lo que me duele de verdad es que sabíais que estabais haciendo mal las cosas, que os portasteis muy mal conmigo y a ninguno de vosotros, insisto, A NINGUNO le dio por hacer examen de conciencia y decirme que se había pasado bastante conmigo. Todo lo más que me llegaron fueron excusas, pero no disculpas. El clásico comportamiento pasivo-agresivo dando a entender que, si me pasaba algo, era mi problema y era mi culpa, sin pararse a pensar por un segundo que o fuisteis vosotros los que lo provocasteis o que fuisteis los que lo propiciasteis.
Algunos amigos que conocen esta historia me dicen que no debería darle más vueltas a esto. Que debería pasar página y demostrar que estoy por encima de toda esta historia. Que mi tiempo vale mucho más que para dedicarlo a gente que no merece la pena.
Y tienen razón, pero a medias.
Esto no deja de ser otra experiencia más, sobre la que hay que reflexionar. Mi reflexión, como puede verse, aun no ha concluido. Al fin y al cabo, hablamos de desprendernos de algo cercano y de lo que hemos dependido. Y, como cualquier dependencia, lleva tiempo superarla.
No llego a esto, pero los que me conocéis sabéis que tengo una fuerza de voluntad bastante alta.
Quizás por eso escribo esto. Quizás esa es la razón por la que sacrifico parte del tiempo que tengo para poner en orden algunos pensamientos, algunos sentimientos, algunas ideas. Si no hiciera estas reflexiones de vez en cuando, caería en el juego de aquellos que me pisotearon y dudaría de mí mismo: pensaría que soy yo el que no hacía más que meter la pata. El que no era de fiar. El que no era digno de formar parte de según qué cosas. El que, de la noche a la mañana, ya no era tan genial y al que teníais por una especie de retrasado emocional.
Quizás por eso estoy aquí, respirando hondo y procurando darme más a valer como persona de lo que hicisteis vosotros conmigo.
Gracias a estas líneas, que empiezan como un desahogo y acaban casi como un perfil de lo que soy o lo que aspiro a ser, voy recuperando poco a poco mi autoestima. Esa misma autoestima que, con vuestros juicios, con vuestra superioridad moral y vuestra autoproclamada madurez fuisteis socavando día tras día. ¿O qué pensabais que iba a pasar con tanto reproche? ¿Con tantas veces que me mandabais a callar? ¿Con la de veces que me decíais que no mencionara tal o cual tema, para luego hacerlo vosotros sin ninguna vergüenza? ¿Con la de veces que usabais ese tono paternalista conmigo, como si yo hubiera nacido ayer, o como si mi inteligencia no diera para hablarme como a un igual?
¿Qué creíais que iba a pasar, haciendo tantas cosas a mis espaldas y con tal falta de discreción que me enteraba de todo casi a tiempo real?
¿De verdad os creíais que os iba a consentir toda la vida que me tratarais como a un pobre idiota?
Ni de coña, queridos.
Lo más gracioso de todo es que os lo advertí mil veces, y aquí llega la parte que no entiendo: podía haberos dejado mucho antes, pero cada vez que os decía que la situación me superaba, que tenía la impresión de que no me queríais con vosotros y que yo así no quería seguir, venía alguno de vosotros a decirme que no: que eso no era verdad, que sí que me queríais, y que todo sería diferente si yo me fuera.
Podíais haber sido claros de una vez y me habríais ahorrado mucho.
Y sí, ahora podríais decir que nunca me quisisteis fuera, y tal y cual.
No me lo creo.
En serio, ya no me lo creo.
Meses antes de que me fuera ya lo hacíais todo a mis espaldas. No contabais conmigo para nada y, cuando me veíais, me contabais una historia muy diferente. Vamos a ser sinceros: ya os lo pasabais mejor sin mí y no erais capaces de admitirlo de forma honrada; preferíais fingir que éramos amigos y así no quedar mal.
Y cómo son las cosas, me fui y prácticamente ninguno de vosotros vino a decirme que lo sentía. Y por favor, ni se os ocurra hacerme ver lo blanco negro, que sabéis que lo que digo es verdad; lo más parecido fue que una de vosotros vino a recordarme que me habíais contestado a mi "manifiesto de despedida" y que esperabais tener otra de "esas" charlas conmigo.
Algo bastante diferente. De agradecer que por lo menos alguien me escribiera, por otra parte, pero desde luego que nada tiene que ver con lo que habría hecho yo.
Pero claro, yo era el que tomaba siempre las decisiones equivocadas, ¿verdad?
"¡A la puta calle!
¡Uno menos!
¡Pos que se largue!"
No os pongáis dignos: os conozco a todos, y hasta podría decir de quién exactamente es cada una de estas palabras, con nombre y apellidos.
El hecho de que nadie haya venido a decirme nada (algunos es que no han vuelto a pronunciarse desde que desaparecí, o incluso antes) para mí es evidencia suficiente de que estaban como locos porque cogiera el petate y me largara. Excusas, poned las que queráis. Justificaos como queráis, pero lo que habéis demostrado es exactamente eso.
Habéis demostrado que os moríais porque me largara de ahí y, lo que es peor, no erais capaces de decirlo; os limitabais a darme largas y bombardearme con excusas. De vez en cuando, unas dosis de reproches, alternados de vez en cuando con una especie de entente cordiale del tipo "No queremos líos, así que vamos a llevarnos todos superbien" (y un "Pero a ver cuándo te vas de una vez" entre paréntesis).
Segundo hecho: ahora sí parecéis todos amiguísimos de la muerte, una vez me he largado, ¿a que sí? ¿A que ahora que ya no estoy sí que os ayudáis y os apoyáis los unos a los otros? ¿A que ahora sí que tenéis tiempo para veros y os contáis vuestras cosas sin censura, ya que no tenéis mi incómoda presencia delante? Ahora sí confiáis los unos en los otros, cuando en su momento me llegabais a decir que no soportabais según qué cosas de esos que son vuestros superamigos ahora.
Vaya, y yo con estos pelos.
Oh, sí. ¿Que os pensabais, que no os poníais a caldo los unos a los otros? La única diferencia es que era a mí al que pisoteabais y al que faltabais al respeto... pero os recuerdo que en su momento confiasteis en mí y era yo quien tenía que calmar las cosas. Quien tenía que defender a otros a sus espaldas.
Pero eso no lo vais a reconocer.
Aun cuando me he tenido que enfrentar a amigos por defender a otros amigos, no lo vais a reconocer, porque igual no os acordáis, pero yo sí tengo buena memoria: las dos veces que he tenido que sacar las garras contra gente del mismo grupo de una forma seria ha sido porque esa gente estaba atacando a alguno de vosotros y lo sabéis. ¿O ahora vais a tener la cara dura de decirme que yo todo lo que hago es sin motivo conocido?
El resto de veces que he tenido encontronazos ha sido porque a alguien le ha pasado algo conmigo y, en vez de decirme lo que le pasa, se calla aunque yo le pregunte y por lo visto tengo que adivinarlo. ¿O no nos acordamos ya de la de veces que he tenido que ver como algunos de vosotros me volvían la cara y se negaban a hablar conmigo por algún error (al parecer imperdonable) que había cometido y tenía yo que andar rebobinando a ver en qué me había equivocado porque estabais tan furiosos que erais incapaces hasta de mirarme a la cara?
Era yo quien tenía las pataletas, ¿vale?
Jamás en vuestra vida me habréis escuchado que os haya levantado la voz, o que os haya mandado un archivo de audio echándoos la bronca (o las broncas, si hablamos de varios seguidos, como ha llegado a pasar) de vuestra vida. Todo lo contrario, y si no queréis reconocerlo me da igual: yo era el que intentaba ser razonable en todo momento. El que decía "No, no quería decir eso" cuando malinterpretabais todas y cada una de mis palabras. El que intentaba explicar lo mismo una, y otra, y otra vez. El que os decía que no quería llegar a ese tipo de situaciones. Erais vosotros los que no parabais. Los que insistíais en decirme "Tú, eres tú. Tú eres el problema". Los que insistíais en que me lo creyese hasta que no fuera capaz de abrir la boca.
Porque a ver, ¿cuántas veces me habéis persuadido para que me calle o que piense diferente como pienso? ¿Cuántas veces me habéis soltado que no doy mi brazo a torcer, o que solo lo que pienso yo es lo válido? ¿Cuántos de vosotros me habéis dicho algo así, cuando luego habéis tenido la santísima cara de ir sentando cátedra sobre todo lo que habéis tenido por delante, sin respetar una sola opinión discordante?
Ver la paja en el ojo ajeno, pero no esta cacho viga en los propios.
Pues para ser yo un intolerante, resulta que yo no he mandado callar a nadie. Ni siquiera en su propia casa.
Para ser un cobarde, he sido siempre el que se ha ensuciado las manos y ha acabado hablando de lo que era necesario y nadie se atrevía.
Para ser el que se queja y no hace nada, me ha tocado hasta intervenir en conflictos cuando no era mi competencia, porque o lo hacía yo o la cosa se terminaba de ir de madre y lo sabemos.
Para ser el que trata a otros de forma denigrante, yo no he sido el que ha recurrido ni a gritos o a insultos para hacerse respetar.
Para ser el que tenía las pataletas, yo no he sido el que tuerce el morro y deja de hablar con alguien, arruinando incluso eventos en los que se suponía que íbamos a pasarlo bien; más bien, he sido el que ha tenido que deshacerse en explicaciones indicando qué es lo que le ha sentado mal, hasta que se ha cansado de hacerlo.
Para ser el que se ha ido, resulta que empiezo a pensar que yo era el único verdaderamente de fiar. Y no porque yo sea mejor que nadie: es que, visto lo visto, me fío más de mi propia palabra y de mi propio criterio que del de cualquiera de los que me han rodeado.
Y si en vez de silenciarme a mí o de hacerme lo de la luz de gas, sois vosotros los que os calláis por un segundito y reflexionáis, lo mismo no hacéis nada de malo, oye.
Porque, con esto último, vamos a ser honestos: ¿cuántos de vosotros me habéis confiado algo y yo me he ido de la lengua? Ahora es cuando empezaréis con mil chorradas, pero sabéis que las cosas que han sido verdaderamente serias, esas cosas que hubieran supuesto algo muy grave si hubieran salido a a la luz, me las he guardado; sin embargo, he visto cómo muchos de vosotros sí habéis contado cosas que os he confiado yo con una facilidad pasmosa, a veces incluso dejándome completamente vendido.
Y encima me he tenido que comer con patatas que cuestionéis mi prudencia con tonterías, o que me cuestionéis a mí, abiertamente, cuando yo ni siquiera me he atrevido a contestaros. Ni siquiera cuando estabais machacándome en mi santísima cara y los demás estaban mirando la escena, esperando que yo hiciera algo. Aun a sabiendas que no tenía fuerzas para ello.
Porque todos tenéis vuestros problemas.
Felicidades por el mantra.
¿Alguna vez me habéis contado algo gordo y yo os he soltado eso para que dejéis de molestarme?
Dejad que os conteste: JAMÁS.
Todo lo contrario, yo he sido el que ha estado abierto a hablar con vosotros cuando lo necesitarais. "Incluso a las dos de la mañana, si hace falta", os he llegado a decir, con estas mismas palabras, más de una vez. Puede que no os acordéis, o no queráis acordaros, me da igual. Yo sí lo recuerdo. A veces lo habéis agradecido; otras veces me habéis restregado en la cara, de forma literal, que tenéis gente mejor con la que contar.
Y luego os habéis preguntado qué me pasa con vosotros.
Seamos honestos: todos contamos con la gente que nos parece oportuna y no hay obligación de contar conmigo para todo. Respetable. Lo que no es respetable es tener el cinismo de contar con quien os da la real gana y luego decirme que soy importante para vosotros.
Eso sí que no.
¿Eso para qué? ¿Para que, cuando me harte de ser ninguneado, podáis decir que es a mí a quien se la ha ido la olla?
Así que no, no morí como un héroe. Hice las cosas lo mejor que supe, con mis luces y mis sombras, como cualquier otro ser humano... pero tengo la noción que de mí se esperó más que de cualquiera. Se me exigió el doble y se me reconoció menos de la mitad. Todo cuanto hice fue por mantener el bien común, cuando a mi alrededor todos hacían lo que les daba la real gana. Las consecuencias de todo eso, al parecer, me las comía yo. Intenté ser razonable, colaborar y apoyar. Se me rechazó, se me cuestionó y se me echó a los perros, para luego tener el valor de decir que no, que todo eran imaginaciones mías.
Se me gritaba delante de todo el mundo: imaginaciones mías.
Se me restregaban por la cara todos mis defectos, incluidos físicos, a veces de forma humillante: imaginaciones mías.
Se cuchicheaban secretos en mi santa cara y se hacía el silencio o se cambiaba de tema en cuanto me acercaba (muy educado todo): imaginaciones mías.
Se usaba conmigo la excusa de que no se tenía tiempo para nada, pero yo veía a esa misma gente al día siguiente de tapas por ahí: imaginaciones mías.
Qué imaginación tengo, que creo realidades alternativas con un solo chasquido, ¿eh?
Llego a tirar un dado y os creo un Multiverso que ríete tú del de DC.
Y todavía podéis pensar que me lo estoy inventando todo. Por supuesto, todos sabemos que yo soy un mentiroso y a mí lo que me salvan son las formas, ¿verdad?
Sí, recordemos que mi mayor pecado es poner las cosas por escrito. Aquí el personal hace lo que le da la gana: traiciona, engaña, miente, oculta cosas, abandona a los demás a su suerte o paga sus problemas con el primero que tiene delante, pero yo soy Satán Encarnado por poner las cosas por escrito. Oh, sí, pecado imperdonable: precisamente las pongo para no olvidar nada (porque hablamos de centenares de cosas y, por buena memoria que tenga, es complicado gestionarlo todo mentalmente al mismo tiempo), poder pensar bien cómo digo las cosas y explicarlas de forma ordenada, pero eso está mal. Quizás porque mola mucho más que empiece a hablar y me cortéis para decirme que eso no es verdad, y empecéis a hablarme de disculpas que me pedisteis, pero que yo sigo esperando... como si yo fuera el que miente o el que no tiene memoria.
Lo siento, queridos: fui maldito con una buena memoria. Puedo recordar hasta cómo era mi vida cuando estaba aprendiendo a coger un lápiz, así que no me insultéis de ese modo. Y, con respecto a lo de que yo esté mintiendo, ya sabéis lo que pienso. Habéis visto cómo he actuado no una, sino mil veces. Me he enfrentado a gente cercana por hacer honor a la verdad y me he visto en mil y un aprietos precisamente porque no soporto mentir, así que le contáis a otro esa historia, que conmigo no cuela.
Poner las cosas por escrito te convierte en un villano porque claro, por escrito se malinterpreta todo.
Claro que sí, porque lo que son los gritos no se malinterpretan. Ni tampoco cuando la otra persona te vuelve literalmente la espalda cuando le vas a hablar y se pone a hablar con una tercera persona, dejándote con la palabra en la boca.
Eso es buen rollito y si lo interpreto mal es mi problema.
En fin, supongo que ya no puedo esperar gran cosa. No puedo esperar que venga nadie ya a estas alturas a reconocerme lo injustos que han sido conmigo. Estaría bien, pero sería esperar demasiado de la raza humana; sería esperar que hay gente que considera que lo que ha vivido junto a otras personas está por encima de su orgullo. Sería esperar que en realidad la gente no se dedica a machacar a otros solo porque pueden, y lo hacen hasta que esa persona se acaba hartando y acaba largándose antes de que la cosa vaya todavía a más.
Sería esperar que oye, la gente todavía tiene una cierta escala de valores y no se dedican básicamente a mirarse el ombligo.
No, no puedo esperar a que venga nadie a reconocerme nada. Total, como dije arriba, yo diría que hasta le he hecho un favor a más de uno largándome. Mi presencia ya no está para incomodar, por lo visto y, gracias a eso, ahora todos tienen tiempo para salir a tomar algo o para lo que sea. Ahora, por lo visto, sí hay amigos que están para apoyar a otros cuando las cosas se ponen feas, no como cuando estaba yo, que no hacía nada por nadie, ¿a que no?
Tiene gracia. Yo me comía la mierda de todo el mundo. Pagaba los platos rotos de todo bicho viviente que no tenía el valor necesario para enfrentarse a sus verdaderos problemas, y cuando ya no podía más y decía "Oye, eso me ha dolido"... ¿Sabéis lo que me encontraba?
Os lo digo, porque me acuerdo perfectamente:
"Eso te pasa por no defenderte"
"Es culpa tuya"
"Yo también tengo mis problemas y aquí me tienes"
"Ay que ver, cómo te pones"
"Estás dramatizando"
Y tonterías las mínimas, que una vez más puedo dar nombre y apellidos de quién ha dicho cada una de estas cosas.
No os preocupéis: como veis, ya no acudo a vosotros a contaros lo que me duele o me deja de doler, así que no os preocupéis por eso de que vuelva a llamaros para fastidiaros vuestro sagrado tiempo libre; de hecho, desde que os dejé estoy teniendo un Exilio bastante apacible, salvando momentos como este, en que me acuerdo de cómo os portasteis conmigo. Apenas he tenido subidas de tensión notables desde entonces; incluso ahora sé que cuando mi teléfono suena, lo más probable es que no sea ningún audio cantándome las cuarenta, ni nadie diciéndome que se ha armado una buena y a ver qué hacemos.
Nadie me escribe para echarme en cara ninguna idiotez.
Nadie se dedica a soltarme borderías ni a ningunear lo poco o mucho que haga.
Nadie se dedica a ignorarme de forma abierta y descarada.
Un año ya, prácticamente, y estoy viendo que yo no era el problema. El problema era estar donde estaba, y aguantar lo que no tenía por qué haberos aguantado. Un año en que, tendré mis altibajos, pero ya no me siento como un completo inútil. Tengo mis fallos, por supuesto, pero nadie me ha clavado en una cruz por ellos; simplemente me han hecho ver que no todas mis ideas son geniales y punto.
Y antes de que ninguno me venga con alguna estupidez, os desafío a que leáis artículos de este blog del último año, a ver si encontráis algún momento de esos en que he cometido algún otro error y me haya sentido como un auténtico inútil.
Os digo de antemano que no los vais a encontrar y que cuando he estado mal lo he contado, así que ahora tened las narices de decir que dramatizo y exagero las cosas.
No, lo que pasa es que os portasteis rematadamente mal en su momento: me hicisteis sentir como lo peor, y punto.
Un año ya en el que estoy viendo terminados algunos de mis proyectos y empiezo a pensar en otros tantos. Y, los lleve a cabo o no (porque hay cosas que se acaban descartando por el motivo que sea), soy feliz haciendo según qué cosas, o simplemente proyectándolas.
Sigo sin tener la vida perfecta y hay un montón de cosas que quiero mejorar (y poco a poco estoy en ello), pero al menos la gente que se supone que debería estar apoyándome no es la gente que me está pisoteando y me hace que me sienta mal, cuestionando absolutamente todo lo que hago. Tampoco me dan palmaditas en la espalda, por supuesto. Sencillamente, no me usan como un saco de boxeo para justificar sus propias carencias.
Quizás ahora estoy donde merezco estar.
















.jpg)



No hay comentarios:
Publicar un comentario