Pues no. La cosa no para, amigos Distópicos. Se ve que cuando uno habla, o no habla lo bastante claro o el personal es sordo, ciego, o simplemente es que no se entera de lo que digo porque no le sale de la punta del cipote.
Hasta los cojones que estoy ya de gilipolleces, lo llevo diciendo tres putas semanas y nada. A tocarlos a dos manos.
Esta vez ha sido ya la gota que ha colmado el vaso, acerca de cierto caballero con el que se me ha asociado por activa y por pasiva. Caballero que, como mencioné en mi anterior post, mi relación con él últimamente ha sido, como poco, tibia. Podría decirse que las razones han sido variadas y sería muy largo (sí, más largo) de explicar aquí, pero como aquí el caballero ya se está dedicando a ponerme a mí y a mi grupo literario (como he mencionado, amigos que da la puta casualidad de que escriben y los cuales, todos y cada uno, se han ganado mi más profundo respeto como personas) a caer de un burro, es hora de quitarse los guantes y poner los puntos sobre las íes. ¿Que estoy sacando trapos sucios? Pues mira, me importa tres cojones, porque demasiadas gilipolleces me llevo tragando últimamente y a nadie le ha importado una mierda. Porque los demás también nos cabreamos y nos sientan mal las cosas, a ver qué va a pasar aquí ya. Y porque aquí el caballero y la gente de la que se rodea ya ha sacado trapos sucios de todo el mundo, incluidos amigos, Y NO HA PASADO UNA PUTA MIERDA. Y si jode, no es mi puto problema. Haberlo pensado antes de ponernos a caldo. Ni yo ni la gente implicada en esta historia hemos empezado esta guerra ni hemos querido entrar en conflicto hasta que ya nos hemos visto mencionados y salpicados en cosas que no nos atañían. Se nos ha querido azuzar como perros contra gente a la que ni conocemos y se nos ha obligado no pocas veces a elegir bando en trifulcas que ni entendíamos.
Y ya estoy harto. No puedo más. Demasiada paciencia he tenido ya con estas estupideces y ahora voy a ser YO quien hable.
Empezaré hablando por qué el caballero y yo llevamos una temporada con una relación no tan estrecha como cuando nos conocimos. Aquella época en que las conversaciones eran algo más sencillo de lo que son hoy en día y había como un entendimiento mutuo; no siempre acuerdo en todo, pero sí entendimiento.
Por lo que a mí respecta, ese momento tuvo un pequeño antecedente hará cosa de un año y poco, con una antología benéfica en el que no voy a entrar demasiado: hubo un desencuentro, palabras mal afortunadas y que, por mi parte, quedó solucionado (no sin que se me tachase de malo malísimo sin pararse a escuchar demasiado mi punto de vista en aquello, pero bueno; un amigo es un amigo y no tienes ganas de enfrentarte con él por algo que, en el fondo, no consideras tan tan serio).
Algún tiempo después, se produce un segundo desencuentro, en el que un conocido escritor se pone en contacto conmigo, preguntándome si sucede algo con él, que hay un grupo de escritores en la ciudad y que él, como paisano nuestro, no sabía nada. Yo le respondo en nombre del grupo y le digo que sin problemas, invitándole a unirse. Hablo con algunos compañeros de grupo a los que pillo en línea y oye, todos de acuerdo.
En cuestión de unas veinticuatro horas, y con cierta respuesta bastante desagradable en el muro de bienvenida a este autor (ante la cual tengo que llegar casi a disculpar a la persona responsable), este amigo, al que me referiré a partir de ahora como señor M, monta el cipote de la hostia diciendo que se va del grupo porque no puede coexistir con dicho autor. Nadie menciona el hecho de que este último, debido a ciertas razones, tenía bastante difícil acudir a cualquiera de nuestras reuniones... en pocas palabras, que las probabilidades de que ambos coincidieran en el mismo sitio eran tan altas como de que a uno le caiga un relámpago en la cabeza mientras está cagando en el váter.
Dicho de otro modo, indirectamente me acusa a mí de su marcha del grupo.
"Aquí alguien se ha ido del grupo porque alguien ha invitado a otro alguien a quien el primer alguien odia"...
Pues ante esto tengo que decir que no. Que no tengo cargo de conciencia alguno porque:
1) Nuestro grupo no veta la entrada a nadie y eso lo sabe TODO EL MUNDO.
2) Yo no tenía problema alguno con esa persona.
3) Si alguien tenía un problema con esa persona, no era yo.
4) Muy mal tienen que estar las cosas para que yo tenga que pedir permiso a alguien a quien considero un igual por hacer algo que considero correcto.
Más me tengo que reír cuando otra persona, amiga común, me comenta una segunda versión: que se ha ido del grupo, no por eso, sino porque nuestro grupo literario (como he dicho, humilde, sin pretensiones y sin más objetivo que echar buenos ratos entre amigos y camaradas) "No hace nada".
Tócate los cojones, que hemos descubierto aquí América: desde el minuto uno de nuestra formación se estipuló claramente que NO se iban a hacer antologías, por motivos que considerábamos de interés. Que si se proponían relatos para leer, no siempre (o casi nunca) los leíamos... Pero oiga, que esto no es ninguna novedad ni nada decepcionante. Ha sido siempre así y durante más de un año y pico se ha visto con total claridad, aceptado y sin problemas. Es nuestra idiosincrasia, y ya está.
Como entenderéis, a mí esta dualidad de versiones de la misma persona, que cambian dependiendo de a quién se la cuente, y esa especie de acusación velada hacia la mía, como que ya empiezan a escocerme. Más aún cuando voy viendo que esta persona cada día se aleja más y más de nosotros, sin que hubiese habido realmente ningún problema serio.
Conforme pasa el tiempo, veo que su actitud se asemeja más bien a la del primo mayor que trata a los primitos como si fueran los tontos del pueblo, encontrándome reacciones a asuntos más bien serios acaecidos a miembros del grupo que rozan lo frívolo. Acerca de esto último no voy a dar muchos detalles, porque se refieren a algo de índole bastante personal y no me atañen a mí directamente... pero sí atañen a alguien por quien siento mucho respeto y cariño.
Es a partir de ahí cuando mi actitud hacia esa persona es la de la decepción. Me empiezo a sentir muy dolido ante esa actitud, pero todavía me las apaño para respetar sus decisiones y no actúo.
Te cruzas de brazos, porque pa qué.
Suma y sigue.
Van pasando los meses y voy viendo cómo la cosa empieza a desmadrarse: no es la primera vez que encuentro estados en redes sociales que, como poco, te dejan alucinando. ¿Os acordáis de ese autor con el que se peleó y por el cual se fue de nuestro grupo? Pues en menos de una semana, quedando con él para comer por ahí y haciéndose fotos que todos hemos visto. Y a mí se me queda cara de gilipollas, porque se suponía que no se podían ni ver y que el colega se marchó prácticamente por mi culpa.
Leer que comenta no sé qué mierda de un grupo literario que quiere formar, cuando vino a dar a entender que lo de los grupos literarios es una chorrada porque él va por libre. Ver cómo critica el peloteo entre escritores y la explotación de cierto género, y en cuestión de unos meses, formar una antología con un puñado de coleguitas que ha hecho (de los cuales había rajado previamente de lo lindo, quede claro) que trataba precisamente de explotación de ese género del que él mismo decía abjurar (y del que, por cierto, ha escrito ya varias novelas). Protestar con el puño en alto por el peloteo masivo e indiscriminado entre autores y encontrarte que día sí y día también está haciendo spam de la novela de yo no sé quién, a quien considera "Un maestro". Así, sin medias tintas y sin encontrar absolutamente mácula alguna en su texto.
Leer muchas, muchas cosas que, como poco, resultan harto incoherentes. Y por respeto te callas, porque al final cada uno hace con su vida lo que le da la gana y no es quién para decirle a los demás lo que tienen que hacer.
Llegamos a septiembre donde, por diversas razones, el señor M tiene un desencuentro bastante amargo con otro miembro de nuestro grupo, en el que los demás, al vernos en un fuego cruzado, decidimos no posicionarnos. Sabemos cómo es cada uno y reconocemos que inocentes no hay; otra cosa es que la relación con uno y con otro no sea la misma. Uno es miembro de nuestro grupo y el otro solía serlo hasta que cogió el canasto de las chufas y se largó, bajo las extrañas circunstancias que ya he mencionado.
Pues bien, aquí el señor M, que tan de honesto va por la vida, y tan de cara dice ir, se va para una tercera persona de nuestro grupo y empieza a contarle lo que ha pasado diciendo que "No se le ocurra mediar", y asegurando que nuestro camarada de armas vendría a lloriquear buscando amiguitos.
Ironías de la vida, no es que esto no suceda... no solo no sucede, sino que pasa justo lo contrario: lo más parecido a venir lloriqueando lo hace el propio señor M, porque nuestro amigo directamente coge, lo ignora y a tomar por saco con la tontería. Nadie ha tenido que mediar, de hecho, y santas pascuas.
A partir de ahí, fíjate tú, que me encuentro montones de mensajes de ánimo en mis muros por parte de M en mis proyectos artísticos. Mensajes que hacía más de un año y medio que no recibía. Curioso, si tenemos en cuenta que en todo ese tiempo, este caballero se había limitado a escribir en su propio muro y su interacción con el resto de humanos había sido más bien casual.
Pero bueno, no le buscas los tres pies al gato. Si te vienen de buenas, pues de buenas actúas y ya está.
Llegamos a este último mes; como ya he comentado, me he pegado una temporada que para mí se ha quedado, teniendo que soportar muchas imbecilidades de mucha gente, a la que he ido largando de mi vida sin billete de vuelta. Los que me conocéis, ya habéis visto cómo me he alejado de la mayor parte del mundillo literario, que cada día más me ha parecido más malsano y enfermizo. No necesito tener que demostrarle a nadie, porque salta a la vista, que me he quedado con aquellos con los que he tenido un trato personal, y al resto los he ido largando porque lo único que me han aportado han sido un disgusto tras otro. Al señor M, sin embargo, lo conservo, precisamente porque hasta la fecha le he seguido respetando y porque soy consciente de que le debo bastante. Al César lo que es del César.
Resulta que a lo largo de este último mes, o quizás un poco antes, M ha recibido en nuestra ciudad a un autor amigo común y no se le ha puesto en el alma decirnos nada.
Y ninguno de nosotros dice nada, ni lo reprocha ni lo tiene en cuenta. Nadie quiere entrar en polémicas ni en discusiones ni pedir explicaciones: que cada uno haga lo que quiera, que ya somos mayorcitos. Y a seguir con lo nuestro, sin problemas.
Pues bien, en estas últimas semanas, da la puta casualidad de que M y un amigo suyo, del que sabemos poco menos que nada, presentan un libro por aquí. Del evento no se entera ni Cristo, salvando dos personas: nuestra presidenta, que se entera de puta casualidad, y mi actual y reciente pareja, que ha sido llamada prácticamente de estrangis. Ese evento al que hago referencia coincide con nuestra reunión mensual, que tenemos que poner en una fecha muy concreta porque a nadie le venía bien otro día. Y esto está confirmado, porque si hay una puta cosa en que somos concienzudos es para poner de acuerdo nuestras agendas para las reuniones.
Total, que tenemos que nuestra reunión coincide con un evento al que, quiero dejar muy claro esto, NO SE NOS HA INVITADO en momento alguno. Nuestro grupo es público y cualquiera puede ver claramente la fecha del evento. Nadie ha dicho nada al respecto y nosotros seguimos adelante.
Tras el evento, nuestra presidenta ha quedado con M para cenar. A la cena, junto a ella, acudimos solo tres de nosotros: un servidor, mi pareja y un amigo invitado de Madrid, que se había pasado por aquí a conocernos. Los demás, o bien no sabían nada del asunto (total, M solo había quedado con nuestra presidenta) o tenían otros planes.
Nada más llegar, la primera en la frente: nos encontramos el reproche de que a la charla que daba él junto con su amigo no fue prácticamente nadie. Ante eso le recuerdo que es más o menos lo mismo que me pasó a mí en Valencia junto a una amiga y no me cabreé; simplemente, hablamos delante de los pocos que fueron a vernos y listo. Esas cosas pasan.
Se insiste en el asunto, como dando a entender que nuestro grupo literario ha pasado del tema. Sí, ese grupo literario que no hacía nada y que, a juzgar por el trato que recibíamos, no éramos nadie que fuese a llegar a hacer nada decente (pese a que dos de nuestros miembros tienen más libros en el mercado que él y una tercera es una best-seller que ha saltado al mercado anglosajón, cosa que él todavía está rabiando por no haber conseguido). Delante de un invitado que ni pinchaba ni cortaba en el asunto, algo muy elegante, dónde va a parar, se acusa a nuestra presidenta de saberlo desde hacía MUCHO y no haber hecho nada, ante lo cual ella se defiende diciendo que:
a) Ella lo sabía desde hacía una semana y no DOS, como él había dicho.
b) Lo habría movido si no hubiera habido problemas con cierta persona de nuestro grupo, y no tenía ganas de estar en medio de ninguna discusión.
Ante esto último, M se defiende diciendo que "No conoce a la persona de quien estamos hablando", ante lo cual a mí se me inflan ya las narices e intervengo yo, diciendo que esa "persona" es un miembro de nuestro grupo e, independientemente de cómo se lleven, lo que no vamos a hacer es coger y dejarlo tirado en mitad de una reunión para ir a ver la charla de alguien que no sabemos ni quién es. Se ponga como se ponga, le digo, justo no me parece.
Ante esto se insiste de nuevo en que nosotros lo sabíamos, que si tal que si cual. Yo ahí simplemente digo que si no nos ha llegado aviso siquiera, no sé qué pretendía. Él mismo reconoce que no lo ha movido, ante lo cual le pregunto que qué quiere entonces. En fin, que en el momento en que ve que nos hemos defendido de sus acusaciones, el resto de la cena es entre nosotros, y él enfurruñado en una esquina.
Hasta aquí termina la cosa, con nosotros plenamente conscientes de que el que hasta la fecha era amigo nuestro se había cabreado con nosotros, pero con la conciencia muy tranquila, porque nos estaba acusando de algo que, seamos honestos, había sido responsabilidad suya:
- Que nuestro grupo literario no tuviese la misma relación con él desde su marcha - Responsabilidad suya
- Que no tuviésemos ni idea de que había organizado un evento- Responsabilidad suya
- Que no dejásemos tirado a un miembro del grupo porque él tuviese una charla- Responsabilidad suya (básicamente porque este miembro no nos ha obligado en ningún momento a posicionarnos, y él, precisamente acusándolo de lloriquear y demás, ya lo estaba haciendo de forma velada)
Eso, sin contar hechos tan obvios como que hay un Madrid-Barcelona un sábado por la tarde y que, para más inri, está lloviendo. Suerte tienes si van tres personas, amigo. Y no, no es una puta conspiración ni una mano negra ni leches en vinagre. Esto se resume con "Esto es lo que hay, y si no te gusta, te aguantas, que a todos nos ha pasado y no hemos puesto el grito en el cielo".
Más o menos así estaba el local donde estuve presentando el libro de una amiga en Valencia. Y me chupé unos 600 kilómetros, que tampoco es moco de pavo. No me pareció bien que hubiese gente que, diciendo que venía, faltase a última hora... Pero de mí no ha saildo ninguna queja en plan "¡Qué vergüenza! ¡Me siento ofendido! ¡Con lo que yo esperaba de vosotros!"
Los dramas no me molan y lo sabéis.
En fin, aquí parece terminar la cosa, hasta que esta mañana el caballero resulta que se pone digno como un puto caballero andante y empieza a escribir que está muy decepcionado con la gente de aquí, con los escritores de la ciudad que no apoyamos a compañeros y demás chuflas. Como si él ahora fuese el impulsor de la cultura literaria y tuviéramos que seguirle ciegamente, cual ratas que siguen a Hamelin. Que ese tipo de cosas no se hacían y que se nos debería caer la cara de vergüenza.
Como si alguna vez estuviera satisfecho con lo que podamos hacer, ya que el año pasado acudimos a una presentación de su libro (algunos no teníamos ni porque ir, porque a mí me pilló con una miembro de mi familia cercana recién operada y no supe si acudir hasta el último momento) y se nos echó la bulla porque no nos quedamos a cenar tras la presentación. Y también estuvo diciendo que estaba muy decepcionado con nosotros y nuestra actitud. Como si fuésemos una panda de críos que hubiesen cometido una trastada. Como si hubiésemos estado obligados en todo momento a servir a los designios de UNA sola persona bajo amenaza inminente de mosqueo.
Esto lo dice alguien que dice ir de cara, pero que en el momento en que nos tuvo frente a frente (insisto, hay testigos que no forman parte de nuestro grupo que lo pueden confirmar), lo más elegante que hizo fue callarse y no decir absolutamente nada. Porque queda muy bonito decir que vas de cara, pero coger y hacer exactamente lo mismo que la gente a la que criticas: coger, no decir nada a la persona cuando la tienes delante, agachar la cabeza, y al día siguiente despotricar e ir pidiendo amiguitos que te den palmaditas en la espalda y que te digan que sí, que qué pobrecito eres y qué poco te mereces lo que te ha pasado.
Veo para más inri que, aparte de berrear en su muro personal, haciéndose la víctima del mundo y poniendo a la persona que presentó con él como una especie de "víctima más víctima que yo, si cabe" hay un artículo de despotrique dedicado al evento, en el cual nosotros aparecemos levemente salpicados del fracaso que ha supuesto la charla. No servíamos para nada, dijiste, pero ahora cuando faltamos, bien que se nota. Porque se ve que no estamos a la altura, pero para arropar sí que hacemos falta.
Preguntas en tu artículo que qué sentido tiene viajar a Málaga, como tu amigo (al que no conocemos de nada, para ser honestos), para que luego se olviden de él. Entiendo perfectamente tu queja hacia la editorial y la librería y la suscribo, pero oiga, si eso va también implícitamente por nosotros, da la puta casualidad de que no nos hemos olvidado de él. No te olvidas de alguien a quien no conoces, del que no sabes nada y que escribe un género que, lo sabes, no interesa a ninguno de nosotros. ¿Qué sentido tiene, pues, que vayamos? Si no somos gente importante, ¿qué leches pintamos ahí? Con lo cual, ¿a qué viene ese reproche que nos tuvimos que comer?
Hablas de que despotricamos contra la sequía cultural de la urbe; pues no sé qué decirte, porque hace más de un año que no vienes de continuo a las reuniones, de modo que no sé de dónde ha salido eso, pero que yo recuerde no hemos despotricado contra la sequía cultural. Nosotros, ya lo sabes, somos más de perder el tiempo hablando de chorradas en lugar de hablar de lo que se tiene que hablar (libros, porque si no, no parece que escribimos y podemos pasar por subnormales). Y aparte, tú mismo has despotricado contra ese género que ahora defiendes y del que te pones a hablar como "cultura", cuando tú mismo has dicho en más de una ocasión que no todo lo que aparece impreso es cultura. Lo defiendes ahora y el mes pasado decías que no era tú género y que no escribías de eso. Partiendo de tu principio, resulta que ahora un género que ni nos va ni nos viene es CULTURA y tú suenas como si fueras el adalid de toda oferta cultural, al que debemos seguir, por cojones, sin vaselina y dejándolo todo. Muy bonito además eso de decir que no podemos vencer ni a la rutina ni a los compromisos "nimios", cuando sabes que esos compromisos -nuestras reuniones- son una de las cosas que mantienen unido al grupo al que le diste la patada en el momento en que te dejamos de entretener. Para ti serían "nimios", desde luego, pero está claro que para los demás ni mijita. Otra cosa es que lo entiendas, o que te dé la gana de entenderlo, pero es que eso no es nuestro problema, asúmelo.
Lo que tú llamas rutina para nosotros es un nexo de unión y no, no tenemos la más mínima intención de moverlo porque tú, que te largaste hace siglos, decidas que no es lo bastante importante y que lo que tú estás haciendo está automáticamente por encima de cualquier "nimiedad" que podamos estar haciendo. No para ti, desde luego, como está claro que tampoco lo somos nosotros. Pero insisto, si pretendes que movamos un acontecimiento del que no sabíamos nada (ni teníamos por qué, porque nuestra presidenta no es tu lacaya y, si quieres que nos enteremos de algo, coges y nos lo dices, pero no la mandas a ella) por alguien que no nos cae ni bien ni mal porque no sabemos ni quien es, me vas a perdonar, pero acabas de demostrar que no tienes ni la menor idea de la gente con la que estás tratando. Estás atacando a gente que no eres capaz de entender y, lo que es peor, ni te molestas en hacerlo, porque te da exactamente igual. Eso sí, para pedir que te hagan de público, veo que sí que te importa.

Que no somos groupies, joder.
Me resulta jodidamente descojonante que seas precisamente tú quien pide coherencia cuando, desde la noche de los tiempos, has protestado a voz en pecho contra unas cosas que tú mismo has practicado y atacado despiadadamente a gente con la que luego te has ido a comer, y has alabado por activa y por pasiva. Que hayas puesto a caer de un burro a editores y editoriales, diciendo que en la vida ibas a publicar con ellos y al cabo de un tiempo, hacer justo lo contrario y volver con el rabo entre las piernas. Me resulta simplemente alucinante que te dediques a hablar todo el santo día de manos negras soterradas, de conspiraciones y de historias cuando eres tú solito el que se ha ido alejando de todos y cada uno de nosotros, acusándonos como culpables de tus problemas. Intentando meternos en tus guerras personales con otros autores y provocando una serie de conflictos en los que no hemos querido participar. Y oh, te has cabreado. Te has cabreado de lo lindo cuando hemos visto que no hemos querido seguir tu son. ¿O no te acuerdas de cuando quisimos fundar el grupo literario como una asociación cultural y, en el hotel donde se celebraba, me dijiste que uno de los estatutos debía ser putear a cierto escritor al que detestas con toda tu alma? ¿Cómo te atreves a pedirnos coherencia cuando dices ir de cara y nos encontramos todo este despliegue de despropósitos a las espaldas y delante de gente que no tiene nada que ver con esta historia? ¿Qué coherencia es la que viene de alguien que dice que no escribe para público mayoritario y luego se encojona porque sus libros no están siendo lo bastante publicitados? ¿Es acaso coherente putear a alguien de lo lindo, diciendo de todo acerca de él, llegando a impedir que lea tus comentarios y, al año o así, tenerlo presentando un evento en otra ciudad como un amiguito tuyo y no hubiese pasado nada? ¿Llamas coherencia a decir que pasas de la gente como de la mierda, que vas por libre y luego exigir -porque no hablamos de comentar o sugerir siquiera- que los demás tengamos que estar pendiente a tus historias? ¿Cómo puedes decir eso cuando, en el momento en que nos tienes a la cara, agachas la cabeza como un niño enfurruñado y no te atreves a decirnos nada más? ¿Acaso esperabas que, como tú mismo dices, "se nos cayese la cara de vergüenza" al escuchar tus reproches? ¿Es que acaso te piensas que somos los responsables de tus fracasos?
Pues me vas a perdonar, pero va a ser que no. Un amigo al que veneras con toda tu alma te dijo hace cosa de un año, y con toda la razón del mundo, que si eres escritor, te dediques y te limites a escribir (de una puta vez) y dejarte ya de monsergas y chorradas de supervillano. Porque lo que estás consiguiendo con esa pose fingida de chico transgresor y mordaz (y sigo citando, por si no te acuerdas) es alejar de ti a tus amigos. A la gente que te conocimos hace ya algún tiempo y de la cual te ganaste el respeto. Con estas patrañas de guerrero reivindicativo y ese rollito de rebelde sin causa lo único que estás haciendo es echarte por tierra y conseguir que la gente que te teníamos respeto y aprecio ahora no seamos capaces de reconocerte.
Y sí, supongo que ahora te subirás al pedestal de la élite literaria o del Olimpo de las Letras o como coño se llame y me dirás que un autor es lo que es por su obra y no por como es como persona. Sabes que estoy de acuerdo, pero también sabes que existe algo que se llama imagen pública. Existe algo que se llaman relaciones humanas. Ignora y destruye todo eso, dedícate a amargarte por los logros que no has conseguido y que ves que consiguen los demás y a insultar a aquellos que te han rodeado siempre; lo que vas a encontrar es justo aquello que has dicho despreciar siempre, que es encontrarte solo rodeado de la camarilla de pelotas que tanto asco dices que dan. Sí, esos a los que siempre has dicho que desprecias, a esos que te van a decir solo lo que quieres oír. A esos que te van a dorar la píldora y que por la espalda te van a putear... y a los que tú mismo pones a parir cuando se te cruzan los cables. Has detestado los bukkakes, como siempre los has llamado, y tú mismo estás provocando que los que te decíamos las cosas a la cara nos hartemos de historias. De sentirnos despreciados. De que cada vez que participemos en algo nuestra integridad se nos ponga en entredicho. De que cada vez que uno de nosotros publique lo mires por encima del hombro porque su editorial no mola tanto como la tuya. Tú, que pides compañerismo, te has reído de tanta gente y has prejuzgado a tanta gente que no te ha hecho nada que me resulta de risa (por no decir de un cinismo que flipas en colores) que pidas coherencia y apoyo. Si ahora esa gente resulta que ha llegado a la conclusión de que no puede contigo, deja de una santa vez de buscar culpables en los demás y de montarte teorías conspiranoicas y, para variar, mira tu propio ombligo.

La ley del embudo: lo que haces tú o la gente que en la actualidad te cae bien está bien; si otros hacen exactamente lo mismo, está mal.
Tus logros son tuyos y no le debes nada a nadie; los fracasos, son por culpa de los demás.
Quizás estoy escribiendo este artículo al vacío, ya que es muy largo, lo sé. Quizás ni siquiera lo leas porque consideras que no hay nada que leer. Que lo que yo pueda decir no es más que cualquier estupidez propia de un advenedizo. Es posible que me haya convertido en un traidor y que, como tal, mi voz y mi voto ya no existan. Quizás estoy esforzándome para nada en dejar claro que yo tengo mi conciencia muy tranquila. Que no tengo que dar explicaciones de nada ni pedir perdón a nadie ni leches en vinagre. Como ya he venido diciendo, llevo varias semanas en que estoy muy harto de tonterías. Tonterías de todo el mundo. Gente ya con los huevos muy negros y que todavía se comportan como si no hubiesen salido de la puta guardería. Pero quien siembra vientos, recoge tempestades. El que avisa no es traidor. Ya llevo mucho tiempo avisando que me importa muy poco cómo se llame nadie y cuántos libros tenga publicados por ahí. Me importa tres cojones que venda ejemplares como churros o que sea un pobre desgraciado que no tiene dónde caerse muerto. Yo aquí no tengo nada que perder. Para mí las personas no son nombres, sino lo que hacen. Ya sabéis que yo no soy leal a personas, sino a actitudes. Y en el momento en que la actitud de una persona deja de resultar positiva para mí o para mi entorno, ni lealtad ni putas hostias: yo no soy vasallo de nadie ni debo la vida a nadie ni nada. Si se entiende o no, me importa tres pares de pollas, porque yo más claro no sé hablar.
Con esto quiero que quede clara mi versión de los acontecimientos y por qué estoy ya hasta los mismísimos huevos de tonterías. Estoy muy harto de que se me cargue con la mierda de otra gente, que se me asocie con gente que, a la vista queda, no tiene absolutamente nada que ver con mi persona. Que, no contentos con eso, se ataque de forma cobarde e indiscriminada a gente a la que respeto. Por ahí, caballero, no pienso pasar, se ponga usted como se ponga y chille lo que chille. Y esto, como suele decirse de mí, lo digo más alto pero no más claro. Porque si conocéis mi reputación (y sé que la conocéis), va a ser que si yo soy un mentiroso o me estoy inventando cosas, lo mismo es que a mí lo que me salvan son las formas. ¿O acaso no habéis pensado que TODO lo que acabo de mencionar en este artículo son acontecimientos que no han venido respaldados por testigos?
Con esto no os digo ni que os fiéis de mí ni que toméis lo que digo como la Verdad Absoluta. Hay gente mucho más acostumbrada que yo a decir eso. Esto no es más que mi versión de los hechos, contrastada con los compañeros y amigos que hemos estado soportando un sinfín de desplantes y de malos modos, sin ninguna necesidad. Solo digo que si me atacan a mí o a la gente que me rodea, no me sale de los huevos quedarme callado como he visto que se está haciendo. Me pienso defender hasta las últimas consecuencias, y me importa una mierda a quien me tenga que enfrentar.
Ahora, que se me fusile, se me crucifique o que se me eche a los putos perros si se quiere, porque probablemente me voy a encontrar con cuarenta mil gilipollas que no me han dirigido la palabra en su puta vida y que yo no sé ni quiénes son poniéndome a parir, lo que implica mucha coherencia acerca del pataleo, del lloriqueo y de las camarillas que aquí el amigo M denuncia día sí y día también. Francamente, tengo que decir que me suda la polla a chorro limpio, porque la opinión de un subnormal para mí no es más que la opinión de un subnormal. Y el que ejerce como tal, como tal recibe mi trato.
Pero, si esta persona a mí no me ha venido dando explicaciones acerca de esa actitud (ojo, digo EXPLICACIONES, no REPROCHES, que no son lo mismo), para mí poco tiene que aportar ya a mi vida. Porque los demás también nos cabreamos y nos sientan mal las cosas. ¿Que tú sueltas tu opinión? De puta madre, a esto podemos jugar dos y aquí tienes la mía. Ruge, gruñe o patalea. A partir de aquí no es asunto mío.
Pero por favor, que a nadie más, en su miserable vida, se le ocurra tocarme los huevos. Porque no lo pienso consentir.