jueves, 3 de octubre de 2013

Escupiendo Rabia- El Poser, ese personaje




Con la de guantazos que se está llevando el mundillo literario en este blog, a estas alturas el lector se preguntará si queda ya algún sector por llevarse su ración: ya hemos arreado cates a editoriales, lectores y demás. Ya hemos comentado que la industria, lejos de ser la perfección que algunos aseguran, necesita una revisión y una mejora considerables y a una profundidad que ríete tú de la fosa de las Marianas. Ya hemos hablado de la imbecilidad redomada del fandom, que en gran medida tiende a actuar en modo rebaño, bien lamiendo culos, bien escupiendo a la cara del prójimo, dependiendo de en qué "bando" se encuentren. Ya hemos apaleado esa política ridícula de guerra intestina, donde un señor X se caga en los muertos de un señor Y, llegando incluso a términos que pueden considerarse delito penal, incurriendo en lindezas tan denunciables como la injuria y la calumnia. Encima en medios públicos como redes sociales y demás, donde queda constancia clara de sus actividades y donde cualquier día se le puede caer el pelo a más de uno y más de dos, si las personas a las que se dedican a insultar (amparándose, cómo no, en ese sacrosanto derecho que es el de la libertad de expresión, el cual parece confundirse con el derecho a mearse en otro derecho constitucional como la dignidad del prójimo) un día les ponen una querella en el juzgado más próximo.

Después de toda esta enumeración de barbaridades e idioteces que uno tiene que ver día sí y día también en un mundillo que no es ni mejor ni peor que cualquier otro (pero que me viene tocando más de cerca y que me dedico a diseccionar para avisar a todos aquellos que vengan de nuevas y así puedan ver el plan que hay), tengo que decir que ojalá la movida terminase aquí, pero no. Da la puñetera casualidad de que todavía nos quedan motivos para cuestionar la supuesta "integridad moral" del personal o, en el mejor de los casos, su madurez.
Hoy, en Rumbo a la Distopía, presentamos el concepto del Autor Poser.

Lo primero que nos toca en este artículo es, cómo no, definir qué coño es eso de un Poser. Para entendernos, un Poser es un personaje no muy distinto de vosotros o de yo mismo: es decir, un ser humanoide, con dos patas, dos orejas y un ojete. Del que se levanta por las mañanas, hace pis o caca (o ambas cosas a la vez) y se rasca el sobaco cuando le pica. ¿Qué diferencia a tan curiosa especie, pues, de lo que venimos siendo el resto de los mortales? Muy sencillo: el Poser JAMÁS admitirá que su vida es tan cutre como la nuestra. Porque tiene que ser especial, dejar su huella en la posteridad y demás chorradas de estas que nos enseñaron en los dibujos animados cutres donde nos cuentan la milonga de que todos tenemos un destino, de que vamos a salvar la Tierra o de que marcaremos un antes y un después tras nuestro paso por esta cosa rara que es la vida.
Partiendo de esta ambición desorbitada, el Poser niega cualquier similitud con el resto de cucarachas que somos los demás y se forja una identidad a medida: es así como encontramos Posers que van de intelectuales, de rebeldes o incluso de buenos chavales. Para entendernos, el Poser lo que hace es crear una imagen de sí mismo a medida, más falsa que los billetes de tres euros y, por lo general, diametralmente opuesta a como son de verdad en su vida cotidiana. Esta especie de identidad superheroica que se montan los Posers suele estar relacionada, cómo no, con su ambición por vender libros y con la actitud que quieren mostrar en el mundillo. Ojo, no confundir con la persona que quiere dar tal o cual imagen para ser tomada medio en serio, no tiene nada que ver. Estos últimos por lo general son gente que no están mintiendo o fingiendo; sencillamente optan porque una faceta de sus vidas (la seria, por ejemplo), quede resaltada y no den la impresión de ser el típico idiota que escribe chorradas. A otros nos pasa que hacemos lo posible por no dar según qué imagen y resulta que acabamos consiguiendo, muy a nuestro pesar, el efecto contrario. De esto último yo mismo puedo dar cuenta, cuando luego hablo con la gente y se dan cuenta de que, en realidad, no soy lo que aparento. Y lo peor viene cuando te das cuenta de detestas esa imagen que das, y no puedes hacer nada por evitarlo, salvo esperar a que la gente que te rodea muestre un mínimo de interés en descubrir si hay algo más (últimamente me estoy dando especial cuenta de ello, de hecho).
Esto, amigos, más que ser una pose deliberada, es una putada, creedme.

Un ejemplo para ir abriendo boca: el que va de atormentado por la vida.
"Hola, Paco, ¿cómo te va?"
"Pues aquí, atormentado. El mundo es un valle de lágrimas y cada día que sucede es una interminable miseria que no hace sino recordarnos que vivimos en un valle de lágrimas"
"Bueno, yo solo preguntaba cómo te iba"
"Y ya lo ves, mucho más atormentado que a ti"
"Emmm, ¿y por algo en concreto?"
"No, solo que mi vida es así de gris"
"Pues vale, Paco, a seguir bien, ¿eh?"


No, amigos, el Poser es completamente diferente. El Poser lo que hace es crearse un papel. Un papel calculado y estudiado, con la intención de armar revuelo de cualquier tipo: puede ser el típico tío que en su casa o a pie de calle no es más que un tío normal, tan pringado como cualquiera de nosotros y que luego se dedica a faltar el respeto al personal o a montar polémicas absurdas con tal de llamar la atención. El Poser Polémico (los conoceréis porque se llaman a sí mismos Autores Malditos, como si ese fuera un término que uno pueda aplicarse a uno mismo sin quedar en ridículo) es de esa clase de personajes que se creen que tocando los cojones al prójimo (pero de mala manera, por medio de insultos y vaciladas dignas de portero de discoteca) van a marcar la diferencia. A dejar una huella en un mundo que, a fin de cuentas, importas una mierda en el momento en que han pasado unos pocos años desde que te hayas ido al otro barrio.
Estos tíos se creen que van a pasar a la historia y en realidad lo único que hacen es dejar claro que no engañan a nadie. Alejan al personal de ellos mismos y encima se escudan en argumentos tan alucinantes como "A mí es que no me entienden", "Soy un incomprendido de la vida" o mi favorito: "A mí es que me envidian".
Claro que sí, campeón: tú te dedicas a soltar animaladas, a faltar el respeto al personal, a insultar a troche y moche y a cagarte en los muertos de alguien a quien consideras un enemigo jurado y los demás te tenemos envidia.

Hay otros Posers, por supuesto: el Poser Intelectual, sin ir más lejos, es ese que no solo escribe, por Dios. Escribir hoy en día lo hace cualquiera, así que hay que ser diferente, rompedor. Para ello, el objetivo consiste en salirse de esa especie de vorágine de mediocridad que atenaza el mundo y sacar el cuello como sea. ¿De qué manera?
Teniendo algo que demostrar.
El Poser Intelectual, también conocido como Cooltureta, es ese que te va por la vida restregándote por los hocicos lo mucho que lee. El que es capaz de llevarte una camiseta que ponga "Hola, soy escritor", pensando que la gente se va a parar por la calle y le va a señalar con el dedo diciendo "Hostia, por ahí va un escritor, ya puedo decir que tengo el día completo". El Intelectual es ese que, le preguntes o no, te va a hacer spam de lo que los Dioses quieran que escriba y, no contento con ello, te va a hacer un monográfico de sí mismo, haciendo referencias constantes, desde Homero hasta Marcel Proust, pasando por Luigi Pirandello. Al igual que un hipster, se meará en lo mainstream y todo lo que sea un récord de ventas le parecerá una chusta infumable, sin pararse a pensar que ha habido grandes clásicos de la literatura (p. ej. Shakespeare) que lo han petado durante siglos, y que entre la cultura "independiente" también hay mucha, muchísima mierda.

Mario Vaquerizo: un Poser haciendo una pose.
Pues como este, hay unos pocos en el artisteo, y no solo literario: entre músicos, dibujantes y demás hay un afán por quedar como "diferente" al resto del mundo, que flipas.
Y oiga, por "diferente", generalmente tenemos conceptos tan extraños asociados como "superior".
"Soy artista y tú no".


Luego tenemos el Poser Chulipiruli: este viene a ser justo lo contrario que los otros dos arriba mencionados; su imagen, lejos de crear polémica, se basa en un "buen rollito" tan exagerado que la cosa atufa a plexiglás. El Poser Chulipiruli se esforzará tanto en parecer un chaval humilde y bienintencionado que oye, lo mismo pecas de paranoico, pero es que no te lo crees. Del que JAMÁS oirás protestar acerca de nada... o de nada que no sea lo políticamente correcto; es decir, un Poser Chulipiruli hablará de lo chuli que es el mundo que le rodea, de la gente maravillosa con la que cuenta alrededor y de los unicornios que campan por el campichi de su pueblo. Jamás tendrá quejas de nada ni de nadie, aunque luego en privado o en persona te reconozca que no puede ni ver a yo no sé quién. Es más, esa gente a la que no puede ni ver, la mitad de las veces es gente con la que tendrá un trato afable de cara a la galería o a la que ignorará deliberadamente escudándose en argumentos tan alucinantes como "Esa persona no es positiva para mí", lo que el resto de los mortales traducimos como "Yo a ese no lo puedo ni ver". Pero claro, un Poser Chulipiruli no puede mostrar pensamientos tan bajos como que alguien le caiga como una patada en los higadillos, aunque los tenga como cualquier hijo de vecino; va en contra de la imagen buenrollista de los chinos que se ha montado.
O no los puede mostrar en público, porque si algo interesante tiene el Poser Chulipiruli es el hecho de que a nivel personal RECONOCE y ADMITE absolutamente TODAS las cosas que él mismo niega en público y que desmiente ante los demás. ¿Todas esas cosas en que te dice que te equivocas o tienes una percepción limitada del asunto? Pues en petit comité te dice que son verdad y te puede llegar a confesar que no solo es que tuvieras razón en según que cosas: es que encima te quedabas corto comparado con él. Es decir, que lo que te niega por un lado, acusándote implícitamente de ignorante, te lo concede por el otro.

"Pues ahí estaba yo, delante de la gente, soltando lo que me salía del ojete"
"¿Y nadie te dijo nada?"
"Sí, uno me llevó la contra en un detalle mínimo"
"¿Y qué hiciste?"
"Bueno, sonreí y usé una posición conciliadora"
"¿Y luego?"
"Lo pillé en un callejón y le metí dos hostias"


De esto último se puede sacar un elemento bastante frecuente que no solo caracteriza al Poser Chulipiruli, sino que además se puede tomar como factor común a los Posers en general.
Este factor común es que el Poser, sea del tipo que sea (hay más tipos de Posers, pero he querido limitarme a los más básicos), viene a darte lecciones... porque el Poser parte de la base de que tú no tienes ni puta idea de nada. Ya puedes tener un doctorado en Literatura, que el Poser se va a venir para ti diciéndote que él sabe más que tú, aunque no haya pasado de leerse la etiqueta de champú del baño (cosa que JAMÁS admitirá un Poser, por favor). Gracias a esto, estos curiosos seres son capaces de meterse en camisas de once varas y demostrar unas carencias más gordas que el nabo de Nacho Vidal y dejándose a sí mismos en el más miserable de los ridículos.
Pero tampoco pasa nada, amiguitos: el Poser tiene un segundo factor común, que es el hecho de que vive por y para su público. Siguiendo el principio de Oscar Wilde, ellos buscan que hablen de ellos aunque sea para bien (curioso, porque a veces da la impresión de que lo único que han leído de este autor es precisamente esta frase... pero oiga, todo ayuda). Y gracias a eso y a la apabullante personalidad del fandom, que en absoluto es impresionable (ejem), acaba rodeándose de toda una camarilla de seres que le van a aplaudir la subnormalidad que suelte por la boca. Ya te puede decir que La Divina Comedia es la obra más importante de la literatura checa del s.XX, que habrá toda una ristra de mentecatos detrás aplaudiendo y diciéndole que están abrumados por su nivel cultural y que son bellísimas personas. Sí, esto último por lo general aparece añadido por la santísima cara y sin ningún motivo aparente. Es como una especie de coda que el pelota de un Poser inserta como para dar énfasis a su comentario-pelotesco.

El Poser, además, es la clase de personas que no solo te restriegan su supina ignorancia por los morros: son además tan abiertos de miras que, en el momento en que alguien les dice "Tío, va a ser que no me convences", montan en cólera y lían unos cipotes de aquí te espero. Es lo que, en términos coloquiales, podría llamarse el "Momento diva desatada". Esto se debe a que el Poser a menudo suele creer en la filosofía de que, en el momento en que tienes público o algún libro por ahí dando vueltas, ya se puede subir al púlpito que le sitúa por encima del bien y del mal y ya puede (literalmente) cagarse en la puta madre de todo bicho viviente que no le dé la razón absolutamente en todo. Para ello, se valdrá de argumentos tan trillados y tan jodidamente discutibles como:

- Es que esto es mi opinión (y ancha es Castilla, ya puestos)
- Es que me he sentido ofendido como persona y me estoy defendiendo (aunque lo único que se esté diciendo es que AC/DC tienen un par de discos que no están a la altura del resto)
- Yo es que tengo un libro por ahí y a mí nadie puede llevarme la contra porque no están a mi altura.
- Yo es que soy sincero y al que no le guste lo que digo no es mi problema.

"¡Qué malote soy, mira cómo me cago en tu puta madre y te saco los dedos!"


En resumen, lo que vienen siendo justificaciones de lo más chapuceras, que te hacen pensar que, si tienen esta creatividad para esto, habrá que ver qué coño escriben.
El Poser también cuenta con un punto llorica, consistente en berrear en el momento en que alguien les dice algo que no quieren oír (Sí, amigos, ¿eso que nos pasa a los demás a diario? Pues lo mismo para ellos, sin apenas diferencias). En el momento en que eso sucede, el Poser tomará básicamente dos vías:

- Una, la del cipote, consistente en empezar a proferir insultos, bien a la cara, bien a las espaldas y pedir aliados en una guerra que en realidad a nadie le importa un carajo. Pugnas, peleas y toda clase de improperios, más dignos de un patio de colegio de primaria, se convierten en el discurso de tíos con canas en los cataplines (o en el chichi, que también hay mujeres posers) y dando, de paso, una imagen bochornosa de sí mismos... salvo para los pelotillas que los rodean, claro, que son los que importan de verdad. Esos, conocidos como "Mi público, mi amado público, que no sé que haría sin vosotros" tienen tanta culpa o más de toda esta movida, porque en lugar de coger y pasar del tema (Lo clásico de "Pues que se arreglen que mayorcitos son"), se dedican a jalear a un Poser contra otro, en plan peleas de perros.

- La segunda es la del lloriqueo propiamente dicho. La del "Ay, ay, ay, mirad lo que me han dicho", poner la pose de mártir y esperar a que el fandom más pelotilla les dé la palmadita en la espalda. A esto se suelen acompañar amenazas de dejar las redes sociales, abandonar la escritura y cualquier día de estos incluso la de tirarse por un puente. Sin embargo, como suele pasar, esto está todo estudiado. No es más que otra estrategia y, al igual que el típico suicida de las pelis, aquí la sangre no llega nunca al río: nadie se tira por el puto puente, ni nadie deja la escritura ni leches en vinagre.

Más curioso aún es el hecho de la Pose Camaleónica, consistente en ir cambiando de papel de pose según estés promocionando un libro o no: hay Posers que van de malotes por la vida y que, en el momento en que se dedican a promocionar vete a saber qué, deciden convertirse en Posers Chulipirulis y que, paradójicamente, se dedican a dar lecciones al prójimo acerca de cosas que ellos mismos hacían un mes antes. El caso claro del fulano que ha armado broncas por dondequiera que ha pasado y que ahora se dedica a reírse de las broncas ajenas, diciendo que él es un profesional y no está para eso. O del caso del llorica que se pone a reírse de lo pesimistas que están los demás, en cuestión de unas cuantas semanas. Y si esto resulta alucinante, más alucinante resulta el hecho de que los mismos que le estaban aplaudiendo la actitud de malote ahora actúan como acólitos de una Nueva Religión basada en un Buenrollismo Extremo.
Ellos dicen mierda y los demás dicen amén.

"Espera, eso que dice... ¿No dijo lo contrario el mes pasado?"
"¡CALLA Y AGÁCHATE, IDIOTA!"


En resumen, esto no es más que un compendio sobre la clase de idioteces que el ego obliga a hacer a unos pocos. Como he mencionado arriba, esto no es una cuestión de medio mantener una reputación; ya sabemos que en el momento en que se tiene una vida pública, hay que cuidar un poco la imagen, y es una actitud de lo más respetable. No, el problema surge en el momento en que estas personas mienten descaradamente y se convierten en esclavas de una imagen que no tiene nada que ver con cómo son de verdad; cuánto más se esfuerzan en intentar demostrarnos lo buenos chavales o lo tíos duros que son, más nos queda claro a los demás que en realidad lo que hacen es mentir como bellacos. Que no es más que marketing de segunda para algo tan corriente como vender el producto. A raíz de eso, el Poser lo que hace es mostrar sus verdaderos colores: así es cómo más de uno deja clara su catadura moral, a costa de decir una cosa por un lado y luego otra, creyéndose que luego aquí la gente no habla entre sí (lo que viene siendo un insulto a la inteligencia ajena). A base de mentiras es como intentan ganarse la confianza de un público... jugada que, tengo que decir, les está saliendo bien, visto lo visto (o al menos a algunos).
Otros se creen que como lo que tiene que trascender (ja, ja, ja, ya recordaréis lo que pienso de eso de la posteridad) son las obras y no la persona, se ven a sí mismos con carta blanca para despotricar y pisotear a los demás. Para lanzar indirectas e insultos soterrados al que tienen al lado. Porque "son sinceros". Porque "no se callan". Esos mismos, que se cagan en la puta madre de alguien un día y al siguiente le chupan el culo a ese alguien.



No deja de ser curioso que critiquemos esa política de "Se puteaban y ahora se comen los mocos juntos, sin orden de transición" en los mandatarios y, cuando lo hacen los que nos rodean, nos parezca fenomenal.
"Porque hay que llevarse bien".
"Porque en el fondo siempre se han entendido, solo tenían que sentarse a hablar (aunque no lo hayan hecho siquiera)".
Inserte aquí su mentira favorita para justificar actitudes así de coherentes.


Y la cuestión es sencilla, amigos: al final todo se acaba sabiendo. Es cierto que un autor debe ser valorado por sus obras, y hasta ahí todo bien. El problema es cuando el autor decide poner en práctica todo un entramado de absolutos despropósitos dialécticos y lo que hace, lejos de causar interés y conseguir que el lector se acerque a él (porque vivimos en un mundo basado en la imagen, y el que lo niegue mal camino lleva), lo que producen es justo el efecto contrario: la mierda explota en la cara, las mentiras salen a la luz. Las incoherencias lo dejan a uno con el culo al aire y la ignorancia se acaba convirtiendo en una seña de identidad.
Esos autores, esos Posers, se creen que lo están haciendo de rechupete, todo el día con sus guerritas. Todo el día lanzando discursitos de paz y amor para que los demás los alaben. Llorando para que les den palmaditas en la espalda y haciéndose pasar por chavales humildes, aunque luego sean absolutamente incapaces de soportar una crítica medio razonada o que les discutan cualquier cosa en público. Estos personajes son de los que viven pensando que van a salvar la literatura, que gracias a ellos habrá un hito que servirá de inspiración a generaciones venideras. Que se hablará de ellos doscientos años después de que hayan muerto, como si hoy en día el que escribe bien es el que va a pasar a la historia, sin mirar siquiera los índices de ventas. Como si de aquí a un siglo alguien fuese a fijarse en un libro del que solo se vendieron cuarenta copias y del que ninguna editorial ha tenido huevos de sacar una reedición, no vaya a ser que se la tengan que meter por el culo.
Luego están los contrarios, esos que se creen que por vender bien HOY ya serán lo más en un futuro y serán un referente mundial, sin pensar siquiera en lo mejorable de sus obras.
Pero todos, todos, todos los Posers cuentan con ese factor de inocencia que les hace pensar que por tener un librito por ahí o tener cuatro fans que les dicen que son lo más ya han crecido como persona. Que son mejores que los demás. Que pueden permitirse por ahí dando lecciones a otros que igual saben más que ellos. Que pueden pisotear al de al lado, mentir al que tienen delante y quedar bien (o mal, dependiendo del tipo de Poser) con todo el mundo.
Yo ante eso me quedo con la frase que soltó una buena amiga de las que he hecho en este mundillo, que tendrá como tres o cuatro libros publicados ya, si no más (más que muchos posers, por ejemplo) y de la que JAMÁS sabrías que es escritora porque no lo va diciendo por ahí ni va presumiendo de ello: "¿Qué pasa, que por tener un libro en la calle eres mejor persona? Pues yo tengo varios y no me siento ni mejor ni peor de lo que era antes".
Muchos deberían aprender de alguien así, porque esta persona SÍ puede darnos lecciones a todos... y fíjate tú, que no lo hace.

Seguid, seguid con vuestro rollito, pequeños. Seguid con vuestros papeles, seguid fingiendo. Seguid mintiendo y engañando. Seguid embaucando al personal y sacrificando vuestra identidad para que los de Arriba estén contentos con vuestros extractos de ventas. Seguid siendo esclavos de una imagen que no tiene nada que ver con lo que sois.
Porque puede que penséis que una mentira contada el tiempo suficiente se convierte en verdad, pero en realidad no queréis escuchar algo más obvio: no se puede mantener una mentira eternamente. Y a muchos ya se os lleva viendo el plumero desde hace bastante.

2 comentarios:

Isi G. dijo...

Ya sabes mi opinión sobre el tema: palomitas.

Rumbo a la Distopía dijo...

Sí, de sobra :D