miércoles, 21 de mayo de 2014

Mondo Chorra- Marginados que marginan o Raros que se creen superiores solo por ser raros



Hace cosa de un par de días andaba yo debatiendo con unas amigas y colaboradoras ocasionales de este blog, cuando surgió el tema de la actitud del friki de a pie hoy en día y en cómo ha evolucionado el asunto desde aquellos tiempos prehistóricos en los que la palabra friki ni se usaba. Hablo de esa época oscura y siniestra donde no te bajabas los discos de los Judas Priest, sino que te los pasaba un colega en una cinta de noventa minutos y tú te los grababas en una tarde. Esa época en que aquellos que nos gustaban los cómics eramos dos o tres y como mucho hablábamos del tema, pero ni hacíamos quedadas comiqueras, ni acudíamos a eventos disfrazados de conejos de colores. Nos juntábamos con coyotes de muy distinto pelaje y no nos causaba ningún trauma tener a varios colegas hablando de fútbol entre ellos. Como digo, otros tiempos.

Que las cosas sean diferentes hoy (otra generación, otro contexto social, otras circunstancias) no implica en absoluto progreso. No en el caso de los frikis (a los que en nuestra época simplemente se les llamaba "raros"), al menos. Si nos ponemos a pensar, hoy en día el ser friki es un fenómeno más o menos extendido. Si antes había un raro por clase como mucho (en mi instituto, cuna del movimiento previo que daría nombre a los canis y otras variantes de la época bakalaera de los años noventa, ni eso), hoy en día es rara la clase que no tiene su grupo oficial de frikis. Sus "comunidades", si queremos usar un término pijo y posmoderno. Grupúsculos que parecen autoalimentarse a sí mismos, en sus historias y sin meterse en las de los demás... algo que, en cierto modo podría ser progresista, ya que podría tratarse de una especie de "normalización" del "rarismo", y además de forma pacífica.
Hasta aquí, la teoría.

Que la ratio de frikis en una clase haya aumentado, amiguetes Distópicos, no tiene nada que ver con que eso se normalice; de hecho, en muchos, muchísimos casos (hablo por mi experiencia trabajando como docente en prácticas en un instituto durante una temporada) nos damos cuenta de que es justo al contrario: más que normalización, más bien hablaríamos de automarginación. Hay más, sí, pero la relación que pueden tener con otros grupúsculos es escasa o nula en muchos casos. Más, pero no necesariamente más integrados.

La respuesta a este fenómeno se da en el momento en que entras en contacto con algunos de ellos y ves su actitud: si bien hasta hace algunos años el raro era ese al que la gente miraba... bueno, lo miraban raro, ahora la cosa se ha convertido en algo mutuo: la gente mira raro al raro, pero es que el raro hace lo propio con la gente. Más allá, se junta con otros raros y se produce una especie de "comunidad de odio al mundo", al que se dedican a tratar exactamente de la misma forma que el mundo les trata a ellos, lo que no los convierte en absoluto en mejores a aquellos que desprecian.


"Sí que soy mejor. Yo conocía la saga de Materia Oscura mucho antes de que hicieran la mierda esa de La Brújula Dorada. Me jode que la gente no supiese que había un libro antes. Son indignos".


Este caso tiene además un agravante concreto en el caso de los frikis y otros colectivos que van de "marginados" por la vida (se sienten marginados, pero a menudo lo que pasa es que sencillamente es que la gente va a lo suyo y no les presta la atención que ellos implícitamente demandan), y es que el friki que tiene esta actitud (porque de todo tiene que haber, y estos de los que hablo no son todos) se pasa todo el puto día presumiendo de lo especial que es. De lo diferente que es de ese mundo gris no-friki. De lo mejor y superior que se siente por (por poner un ejemplo) reconocer a los diferentes actores que han encarnado al Doctor en Doctor Who o por haberse leído El Juego de Ender mucho antes de que sacaran la película. En definitiva, de tener que andar demostrando algo constantemente a los demás. Es ese sentimiento de autodeterminación exagerada y forzada lo que no recuerdo haber vivido en la generación previa, donde el "raro" iba a su rollo y, en mayor o menor medida, se relacionaba con el entorno que no compartía sus gustos para medio sobrevivir u optaba por morirse de asco en el ostracismo.

Hoy en día, si lo pensamos, tendemos a la sociedad gregaria: para sobrevivir ya no tienes que claudicar y relacionarte con gente diferente a ti. En esta nueva generación parece más raro tener colegas que no formen parte de tu círculo (y sin embargo con los que te lleves de puta madre, que no es incompatible). Ahora todo funciona de un modo mucho más sectario o, si preferís un término algo más suave, como más de hermandad, con sus reglas no escritas y su consabido lema de "nosotros vs. ellos". Para que un friki de la nueva escuela haga un colega, a menudo ese colega tiene que ser (por lo menos igual de friki) que él. A menudo, además, deben estar de acuerdo en que la vida no-friki es gris, aburrida y los que no son frikis son una tanda de borregos gilipollas.


"Míralos, se van a ver el fútbol, qué gilipollas"


En esta variante de extremismo friki, que es la que estoy denunciando aquí (y no los demás, que en realidad no hacen daño a nadie), llegamos incluso a los talibanes, o los que una amiga suele llamar "frikis coolturetas", la nueva generación de frikis que además ni siquiera son simpáticos. Son pedantes y restriegan a todo el que pueden sus amplios conocimientos sobre literatura, comics o lo que sea. El caso es que, ya no es solo que lo hagan, sino que lo hacen desde la condescendencia y el desprecio hacia aquellos que, por el motivo que sea (puede que simplemente, sean cosas que no les gusten y eso no deja de ser respetable) no tienen mucha idea del tema. El rollito en plan "Ja, ja, pobre desgraciado ignorante, ¿es que no sabías que La Naranja Mecánica está basada en una novela de Anthony Burgess? [para a continuación decir] "Pues yo me la leí en tres días. Es chorosjó".

El friki cooltureta es la clase de marginado que entiendes que esté marginado, porque si bien el friki medio suele ser simpaticote (no tiene por qué tener motivo para ser borde, en realidad), este es un chulito de poca monta que mira por encima del hombro a los demás. La clase de gente que, bien no recibió las debidas collejas en el instituto, bien las recibió y no lo ha superado, por lo que se ve a sí mismo en la obligación de guardarle rencor a todo el planeta por no saber admirar su fascinación por un mundo que solo él y unos pocos iluminados comprenden.

Se dice que todo friki en su interior sigue siendo un niño grande, y entendedme, eso no es malo: al fin y al cabo, eso te da la habilidad de emocionarte con cosas que nos devuelven a una época más temprana y algo más feliz en nuestras vidas. Lo malo es cuando eso viene también acompañado del "Pues yo soy más mejor que vosotros y la pelota es mía y juego yo solo que no necesito a nadie". Juntad a unos cuantos de esos y nos encontramos a una pandilla que da auténtica vergüenza ajena en lo que actitud se refiere.
Quizás es por eso por lo que no suelo prodigarme por eventos del tipo de salones del cómic y demás... porque tengo la ligera impresión (puedo equivocarme, pero el sentimiento lo tengo igualmente) de que en los últimos años, el perfil medio se acerca más a esa variante del frikismo que estoy viendo cada día más. La idea del ghetto, del autoaislamiento, del evento que parece creado por y para un colectivo en concreto y donde aquellos que no necesitamos ir demostrando que nos gusta algo nos sentimos cada vez más desplazados. Para respaldarlo, recuerdo el caso de una discusión que tuve con una colega, muy metidilla en la movida "friki" de mi ciudad, que me estuvo hablando sobre un salón especializado en cómics japoneses. Mi crítica fue que lo veía limitado, en el sentido de que, coño... si haces un salón de cómics, mete de todos los países que puedas y abarcas público, de todos los gustos y todas las edades. Así, argumenté, tienes más posibilidad de llenarlo y sacar algún beneficio. La respuesta, tan vehemente como borde, me dejó sentado de culo:

—Esta gente hace el salón de lo que le da la gana, donde nadie los molesta y donde nadie los va a mirar mal por gustarle lo que les gusta. Es un salón para ellos, y los demás, que vayan a otros.

Traducido: "Esta gente se han hartado de que los marginen, así que van a saltarse el paso de que los margine alguien y se van a dedicar a marginarse a sí mismos, cerrándose a cualquier otra puta cosa que venga de fuera de su circulito".


"¡Y esto es lo que hay, joder, con tanta integración, tanta apertura a la gente y tanta hostia ya!"


Donde el que te guste el cómic se asocia automáticamente y sin remisión a que te gusten los videojuegos, jugar al rol, disfrazarte o la cultura asiática. Joder, de todo esto puede haber cosas que sí me interesen y otras que no, como en todo... pero cuando a cada evento que voy siento que se asocian cosas que no tienen absolutamente nada que ver, es cuando empiezo a sentirme alienígena, porque siento que se da por hecho que me tiene que gustar todo a la vez. Me puede gustar la ciencia-ficción y no la fantasía. Me puede gustar leer Lobezno, pero no disfrazarme de Lobezno. Me puede gustar el rol, pero no el rol en vivo. En un salón del comic, me pueden gustar los comics, pero no tiene por qué gustarme todo lo demás. Cuando además veo que en mi ciudad, los salones de comic tienen prácticamente de todo menos cómics, supongo que queda claro mi hastío. Y por lo que me han contado de algunos otros que me pillan más cerca, la cosa no es muy diferente por otros lares. Insisto, esto no es más que una impresión personal mía, pero hace que se me quiten las ganas de ir a estos eventos.

Y volviendo a lo de antes, si todo esto coexiste y tal, pues oye, me parece soportable. Pero cuando tengo la impresión de que todo parece orientado a un público con el que no me siento identificado, que la actitud de la organización es la del ghetto, sectaria y limitada, pues no puedo evitar no sentirme bienvenido. No cuando veo que la actitud de muchos de estos componentes es sectaria y basada en el prejuicio. Cuando tienes auténticos payasos que ven que una chica guapa es aficionada a los videojuegos y se monta un canal de Youtube y los comenta, y tienes una legión de bocachanclas diciendo que la tía no es una "gamer de verdad" (básicamente usando como argumento que está buena y poco más) y que lo que busca es "llamar la atención". Claro que sí, llamar la atención de un puñado de chavales que juegan a videojuegos, eso es ambición... por no mencionar que dice muy poco de sí mismos y mucho de sus prejuicios en cuanto al físico. O de ver a una tía que no aparece con su camiseta de Slipknot y tratarla con la condescendencia propia que suele adjudicarse a los hipsters, diciendo cosas como "Tú es que no vas a saber de quién te hablo", a la hora de referirse a un novelista de ciencia-ficción o dibujante de comics.
Gente que va de "especial" por la vida, que lloriquea sobre los prejuicios que tienen otros sobre ellos, pero que se creen con derecho a actuar con esos mismos prejuicios sobre los demás.


Según este principio, las buenorras no pueden ser frikis, porque son lerditas y no tienen cerebro suficiente para entender algo tan complejo y sesudo como Star Wars. Llevan frikisetas por moda, como la que lleva una camiseta de Mango.
Pero lo dicen sin acritud.


Con esto lo que quiero decir es que a veces un colectivo no tiene por qué ser mejor que los demás solo por el hecho de ser un colectivo. Especialmente si ese colectivo en concreto ha llevado la etiqueta de "marginado" toda su vida. Gilipollas hay en todas partes y no molan más por llevar una camiseta de Spiderman o por haberse visto completa Evangelion y en japonés. No me gusta que me venga la gente intentando impresionarme o demostrarme nada, porque parto de la base de que yo no tengo por qué impresionar a nadie ni demostrar nada. No necesito ir a eventos disfrazado para que la gente sepa lo que me gusta. No hago fotos de mi colección de cómics, de mis libros de ciencia-ficción o terror o de mi reciente colección de miniaturas, ni me saco fotos mías leyendo, porque pienso que al resto del mundo le importa tres cojones lo que yo lea o coleccione. Si llevo una camiseta con un Spiderman es porque la camiseta me gusta A MÍ y no porque tenga que ir aireando lo que me gusta, como si estuviera predicando La Palabra. Al que le guste bien, y al que no, pues ya sabe dónde tiene la puerta. Yo no voy a negar tener un componente friki bastante alto, pero creo que no ha llegado el día en que vaya mirando a los demás como si fueran mierda por no ser lo bastante frikis como para poder permitirse el lujo de relacionarse conmigo, o de medir a la gente por su nivel de frikismo (de hecho, una gran parte de la gente con la que me relaciono no tiene demasiado de friki y les tengo el mismo cariño que a los que sí lo son). No necesito reafirmarme formando parte de ningún colectivo con etiquetas modernitas (gamers, cosplayers o lo que sea) que respalde mi superioridad intelectual bajo consignas de cualquier tipo. Tengo colegas con los que comparto algunas aficiones, y otras las comparto con otros. Tengo colegas con los que incluso apenas comparto afición alguna.
Igual soy raro, pero tengo la sana costumbre de separar entre lo que me gusta y convertirlo, como se está haciendo con todo, en una puta "forma de vida".

miércoles, 14 de mayo de 2014

Escupiendo Rabia- Tiene usted derecho a justificar asesinatos y reírse de los muertos, le amparan el humor negro y el derecho a la libertad de expresión



Sé que muchos de vosotros me vais a odiar por lo que voy a escribir en este artículo. Es probable que os echéis las manos a la cabeza o seáis incapaces de entender qué coño ha podido pasar por la mía para que diga lo que voy a decir. Francamente, empieza a darme igual, considerando la cantidad de burradas que he tenido que soportar estos últimos días (y pocas son, considerando que estoy sin ordenador y que me conecto de cuando en cuando para estar en contacto con el mundo virtual) y que, por lo visto, me han tenido que parecer bien. Incluso que aplaudir, para más de uno.

Y es que oye, ves que se cargan a alguien en la tele y dices "Coño, cómo está el patio". Lo típico que suele uno decir cuando se comete un asesinato a sangre fría. Lo que hace cualquier humanoide con un mínimo de empatía ante estos casos, que suele ser y pensar que, aunque no conocías a la persona a la que se han cargado, tener un mínimo de consideración y pensar que no te parece bien que la gente vaya en plan Charles Bronson por la vida, resolviendo las cosas a tiros, como en el puto salvaje oeste. Lo típico de coger, aprovechar para putear a los americanos (supervillanos en cualquier debate) y decir que nos estamos pareciendo a ellos, que a dónde vamos a parar, etcétera, etcétera.
Sin embargo, cuando te enteras de que la víctima en cuestión pertenece a la clase política, amigo, es cuando empiezas a ver que el españolito medio cambia su discurso de buenas a primeras. Si encima es del partido que menos mola en estos momentos (salvo en las urnas donde, probablemente y de forma tan irónica como contradictoria, de momento se alzaría como reelegido, según las estadísticas), dicho discurso empieza a volverse agresivo, incluso radical: empieza a surgir una subraza de seres humanos (o que se consideran a sí mismos como tales) que nos vienen con los mantras de turno de "Pues se veía venir" o "Una menos". Algunos, hasta celebrándolo, como si su puto equipo de fútbol hubiese marcado.


Un irakí disparando al aire en celebración de la muerte de Saddam Hussein.
El españolito medio se siente superior a eso, y en lugar de celebrar la muerte de un dictador, celebra la muerte de un político.
Dictador, político o lo que sea, quedémonos con lo esencial: se está celebrando la muerte de otro ser humano. ¿Nos hace acaso eso ser mejores que esa gente cuya muerte celebramos?


Tengo que decirlo: esto me causa un asco que hace que me avergüence, no de mi país, sino de la gentuza que habita en él.
Venga, os doy un par de minutos para que os caguéis en mí, y en mi puta nación si os da la gana. Rasgaos las vestiduras un rato y ahora volvéis.

¿Ya?
Muy bien, aquí es donde argumento mi postura. Aquellos que os creáis que las cosas se resuelven a tiros y que este país será una utopía en cuanto hagamos un Oliver Cromwell (si no sabéis quién fue, pasaos por la enciclopedia más cercana, comparáis notas y luego volvéis), probablemente no pasaréis de aquí, ya que estaréis ocupados cagándoos en todo y demás... Pero, a aquellos que decidáis quedaros, os digo una cosa: no sé cómo sería en vuestra casa, pero a mí de pequeñito me enseñaron que desearle la muerte a una persona o alegrarse por un falleciemiento, independientemente de credo o ideología era de ser mala persona y que no existe nada sobre la faz de la tierra que pueda justificar una actitud así. Nos pongamos como nos pongamos, lo revistamos de los ideales chulipirulis que nos salgan de los huevos.

Pasa que en este país de guerreritos de fin de semana y de revolucionarios de medio pelo esas cosas importan exactamente lo mismo que parece importar la vida humana. En un país donde se puede llegar a bromear con burradas tan cafres como el asesinato de los hijos de José Bretón (ayer mismo vi un chiste al respecto, precisamente... o un intento de chiste, porque bromear con el asesinato de dos niños solo lo puede hacer alguien con un problema mental bastante grande o un hijo de la grandísima puta), bromear con que se asesine a una persona (me da igual que sea concejala, alcaldesa o cajera de un supermercado) es algo que me causa una vergüenza ajena de las de padre y señor mío. Cuando encima te enteras de que ese asesinato ni siquiera ha sido por causas políticas, es cuando flipas de verdad con el prójimo en este país: se mata a una persona por una venganza personal (como todo apunta a que ha sido) y la gente lo primero que hace es ver a qué se dedica y sentar cátedra. Un asesinato nos parece mal, pero oye, si la víctima se dedica a la política, ya nos permitimos el lujo de hacer el (pre)juicio de valor y decir que si se la cargaron es porque era una corrupta, o "porque algo habría hecho" (lo que me recuerda a la burda excusa que se utiliza para putear a las víctimas de violación... el manido argumento de "es que se lo estaba buscando"), lo que dice mucho del concepto de presunción de inocencia que tenemos por aquí. Me vienen con la mierda demagógica de que la gente está muy harta, bla bla bla... y luego salen con verdaderas salvajadas como que bueno, pues los demás que vayan tomando nota, o que una menos.
Y esto, por lo visto, me tiene que parecer bien. Lo tengo que aprobar o incluso respetarlo, tócate los cojones.


No es la primera vez que he oído que una víctima de violación "se estaba buscando que la violasen por ir vestida así", como si su agresor no tuviese facultad de decidir por sí mismo o como si, solo por ver la indumentaria, ya no cupiera en su cabeza el concepto de que la violación es un crimen. Qué bonito, es como decir que una víctima de robo se estaba buscando que la robasen por llevar una cartera, o que una víctima de atropello y fuga se buscó que se la cargasen en la carretera.
No sé cómo será en otros países, pero en España cada día más, está de moda lo de culpar a la víctima y justificar al delincuente.


Pues mira tú por donde, que estas cosas no me sale de los huevos respetarlas. No cuando veo que, partiendo de la base de que soltar semejante despliegue de animaladas de por sí ya consisten en una falta de respeto a la vida tremenda, no. No tengo el más mínimo interés en respetarlas, se pongan los guerreritos como se pongan, y me vengan con la milonga con la que me vengan... Porque eso sí, cuando esas burradas que han soltado alegremente y en pleno uso de sus facultades en redes sociales y demás, y se piensa meter mano a ellas por la vía penal, ya falta tiempo para empezar a hablar de censura y de coartar la libertad de expresión. Pues claro que sí, campeones. Qué mal está eso de que coarten vuestro derecho al insulto gratuito y al mal gusto, ¿verdad? Pobrecitos, que no podéis amenazar a los políticos (o a quien sea, una amenaza es una amenaza y es delito, y decir a los políticos "que vayan tomando nota" cuando han abatido a una a tiros, en vuestra tierra no sé, pero en la mía es una amenaza en toda regla) desde la red. Angelicos.


"¡No me dejan amenazar de muerte a quien me cae mal! ¡Cabrones! ¡Opresores! ¡Fascistas! ¡Nazis!"


Y es que de verdad, yo no entiendo la mentalidad de este país: un pueblo que se pasa el puto día reclamando igualdad y justicia, pero que luego tiene los santísimos huevos de no aplicarla, en el momento en que la ideología se antepone a la vida humana y se sienten con la superioridad moral suficiente para decidir quién merece vivir y quién no. Como decía mi abuela, eso es pedir para Dios y no dar ni para Cristo o, usando una terminología algo más extendida, ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en los propios.
Es hasta de risa (por no llorar), cuando te enteras ya no solo de que el asesinato parece haberse producido por una vendetta personal, nada que ver con la política (y el personal a su puta bola, metiendo la política hasta en la puta sopa, erre que erre y por cojones, venga a cuento o no) sino cuando la presunta asesina también había tenido lo suyo con cobros ilegales... y que, pese a ello, se siga machacando en el asunto de que esto ha sido porque el pueblo está harto y demás chorradas que apestan a demagogia barata que, en el fondo, lo único que hacen es lo más despreciable que se puede hacer ante un asesinato, que es justificarlo.

Con estas líneas, quiero que quede claro que mi intención no es poner a la víctima como una mártir, ni mucho menos. Su partido nunca ha casado con mi forma de ver las cosas, nunca me ha pagado una subvención por escribir (ni ella ni ninguno, ya puestos) y personalmente nunca la traté. Ni trabajé para su diputación, ni me fui de cañas con ellas, ni nada. Joder, ni siquiera la conocía... al igual que muchos de esos que se han alegrado de su muerte o la han usado para hacer política (algo moralmente elevadísimo, dónde va a parar), bien para esa amenaza contra toda la casta política, del tipo "Tomad nota, que igual vosotros seréis los siguientes", o como han hecho otros, al relacionar el tema con la plataforma anti-desahucios y otros tantos excesos que se han venido cometiendo en apenas setenta y dos horas. Pero igual lo que estoy denunciando (por si alguno no se ha enterado todavía) no es si la señora en cuestión se dedicaba a la política o era dependienta en un Zara, sino el hecho de que, fuese mejor o peor, más simpática o menos, era un ser humano al que se han cargado en plena calle. Llamadme loco, pero yo lo primero que he pensado es eso, y luego ya me he ido enterando de a qué partido pertenecía y demás (y francamente, me ha importado tres cojones dónde militase. Una persona es una persona)


Mucha gente se llena la boca diciendo que todo el mundo es igual, pero al mismo tiempo tiene la costumbre de medir al prójimo en base a su ideología. Yendo aún más lejos, una vida humana les importa más o menos dependiendo de lo cerca que estén de su credo personal. En resumidas cuentas, mucho decir que el sistema está mal, pero al final ellos son los primeros en hacer ese doble rasero y en tratar a la gente (sobre todo la que no es de "los suyos") como números.


Si algo me indigna de esto, ya no es solo el asesinato en sí, sino lo banal que se ha vuelto un hecho de este tipo. Hace unos diez años, se cargaban a alguien y nos quedábamos de pasta de boniato; hoy en día usamos la crisis y la corrupción como excusa para cachondearnos, pero no nos engañemos. ¿Acaso la crisis y la corrupción son culpables de que haya verdaderos degenerados que se rían de los críos del Bretón, como ha ido apareciendo estos días en fotos por redes sociales? ¿De que salga otro que tal baila, riéndose de un chaval con síndrome de Down y publicando fotitos presuntamente graciosas? La sociedad española se deshumaniza y lo mejor que he encontrado como defensa es lo de "es que los políticos lo estaban antes", como si eso fuese argumento suficiente y nos diese carta blanca a los que no lo somos para hacer el animal. Nos creemos jodidamente graciosos por tener un Photoshop instalado en el ordenador e ir haciendo memes de lo que sea, tenga gracia o no. Hoy nos reímos de un político, mañana nos burlamos de un discapacitado y pasado lo mismo estamos haciendo chistes en favor de la violencia doméstica, que oye, siempre habrá unos cuantos que nos aplaudan con la excusa (pobre, muy pobre) de "es que es humor negro". No, perdona, eso es no tener ni puta gracia. El humor puede ser más o menos macabro, pero la cuestión es no convertir una salvajada en objeto de risa. Especialmente cuando el blanco de la broma no se ríe. Esa es la diferencia entre ser gracioso y ser un pedazo de mierda con ojos que se cree gracioso.


¿Nos tenemos que reír?


Por favor, no me vengáis ahora con la gilipollez esa del derecho a la libertad de expresión porque no cuela, y si no lo entendéis, aprended de una puta vez a leeros la Constitución. Concretamente, el artículo 15, donde se dice expresamente que "Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral", quedando abolida la pena de muerte. Lo mismo así os daréis cuenta de que esos derechos por los que tanto cacareáis aparecen limitados por responsabilidades y deberes (esto parece que os cuesta recordarlo); en otras palabras, sí, tenéis derecho a expresaros, pero siempre que vuestra opinión no se convierta en humillación o insulto hacia otras personas (y, puede que me equivoque, pero creo que una persona fallecida es digna de la misma consideración que una viva; puede que más, por eso de que ya no puede defenderse por sí misma). Y os lo recuerdo una vez más: la injuria y la calumnia están penados en nuestro Código Penal, e insultar de forma anónima en la Red no es algo impune. Así que meteos el lloriqueo en pos de vuestros derechos por donde os quepa y aprended a ser responsables de una puta vez, que ya estamos todos bastante mayorcitos, coño.

Tengo incluso que descojonarme de la risa (insisto, por no llorar, porque esto no tiene ni puta gracia) que vayamos de avanzados por la vida, mirando por encima del hombro a los yankis y su pena de muerte y diciendo que eso lo hacen nada más que en países bárbaros... y que ahora tengamos las santísimas pelotas de coger y aplaudir el justicierismo callejero y las vendettas a tiros, como si cualquier ley nos pareciera una mierda. Como si el ojo por ojo y la justicia personal, sin regulación alguna, fuesen algo coherente, nada pasional y mucho mejor que tener un sistema penal (con sus fallos, como todo, pero insisto en que no tiene ni punto de comparación con la ley de la selva y el ojo por ojo). Es el pensamiento coherente de la gente que estoy viendo cada día más en este país. La gente que solo condena los crímenes hacia gente que no les cae mal, desde la pasión, desde el sesgo ideológico y sin uso de razón ni por forro. La gente que, una vez alienado su uso de razón (si es que alguna vez lo ejerció) lo único a lo que se dedica es a berrear delante de las guillotinas y a ejecutar culpables, sean verdaderamente culpables o no. El caso es ver sangre de los que consideramos "los malos", y cuanta más mejor.
Y si me equivoco en esto (que seguramente ya lo estaréis pensando), pensad entonces si actuaríais igual con un asesinato bajo las mismas circunstancias, pero sin haber política por medio. Pensad si la víctima era alguien que caía mejor, o incluso si era conocida vuestra. Ahora, con esto, decidme si su derecho a la vida es mayor que el de esta mujer que han asesinado y luego habladme de igualdad entre todos los ciudadanos. Algunos de vosotros lo diréis, estoy seguro... pero ayer mismo me comentaron que hace unos días hubo un caso de asesinato bajo circunstancias similares y, fíjate, que nadie salió a alegrarse por la muerte de la víctima. Es más, por esa regla de tres, lo mismo es que ahora hay un derecho a hacer justicia callejera y que nos permite cargarnos a todo el que nos hace una putada. ¿Su jefe le hace bullying? Tres tiros al pecho. ¿Despido improcedente? Dos a la cabeza. ¿Tu pareja te engaña? Ametrallarla a la salida del curro. Esa, desde vuestro punto de vista, es la solución, ¿verdad?


Hala. Yo soy la justicia.


Es por eso por lo que empiezo a estar ya asqueado de tanta chorrada pro-revolucionaria, con tanto guerrerito berreando con que la única respuesta es coger y empezar a matar políticos, dando por hecho que un político es corrupto por definición (algo que tiene tanto sentido como pensar que un profesor es pro-fascista por definición, o que, yo qué sé... que toda limpiadora es fan de Camela). Esa idea chupimolona de coger y hacer apología de la violencia (que para mí que también es delito, para vosotros igual es un derecho) y coger y revestirla con argumentos superguais en plan "Es que un desahucio también es violencia"... y quedarse tan panchos con algo así, como si el fin, si suena medio bien, justificase cualquier medio, por extremo, violento o brutal que fuese. Entonces, como a mí me empezaron a cobrar comisiones en el banco hace cosa de un año, estando yo en paro, también puedo coger y entrar a cargarme a tiros a todo el que curra en la sucursal, ¿verdad? Porque los bancos son todos unos hijos de puta, desde el banquero hasta el tío que friega ahí (no es la primera vez que he escuchado eso de que "es que los que trabajan ahí saben para quién trabajan y aun así aceptan el empleo, por lo que saben a lo que se exponen", como se justificó en el famoso caso del asalto a un Mercadona cuando una de las cajeras fue zarandeada por uno de los asaltantes), y es violento que me cobren cuando es obvio que ando sin un duro, pues hala, la ley de la puta jungla, que ya he hecho justicia. Si resulta que me despiden del curro en el que estoy ahora y lo que cotizo no me llega ni para tener paro, ¿qué hago? O mejor dicho, ¿qué se supone que tengo derecho a hacer? ¿Me cargo a mi ex-jefe y luego a todos los del INEM por no darme la prestación? ¿De verdad os creéis que hacer el bestia (o apoyar a quien lo haga, que no sé qué es peor) y usar argumentos low-cost para justificar todas estas burradas os exime de culpa? ¿Defender una causa de moda, creéis, os reviste de una posición moral superior que justifique u os exima de cualquier cosa que hagáis?


"Hey, chavales, podéis insultar, amenazar, agredir, saquear, lo que os dé la gana. Si vuestra causa es justa, está todo permitido".


Mira, haced lo que os dé la gana. Yo ya he dicho muy claro que si queréis cambiar el país, contáis con mi respeto siempre que sea para mejor. Pero dos cositas: si es a costa de matar a gente (o apoyar a quien lo haga) y lo que pretendéis hacer es liarla sin tener ni idea de qué hacer luego, no pidáis que os respete ni que os apoye, porque lo único que vais a sacar de mí es asco. Mucho asco, es lo que me dáis, y me importa una mierda pinchada en un palo lo buena y noble que sea vuestra causa, que con actitudes así os habéis meado en ella y habéis hecho que yo, así como cualquiera que medio esté de acuerdo conmigo, deje de tener fe en gente como vosotros.
Felicidades, chicos, con esa actitud de "Yo digo lo que me sale de los cojones porque los de arriba son peores, lo que me da derecho a comportarme como un cabrón", os lo habéis ganado.