Pues nada, señores, aquí andamos, terminando otro año. A decir verdad, no es más que otra fecha, aunque supongo que ese rollo de "oficialidad" (es decir, en algún momento tienes que marcar el final de un año; y es normal que lo hagamos todos en una misma fecha para no liarnos y eso) sirve para ir poniéndose manos a la obra en una práctica típica y tópica, pero no por ello inútil.
Me refiero, cómo no, a eso de hacer balance.
En mi caso, puede decirse que vivo como la Cosa del Pantano: o sea, empantanado. Ni hacia adelante ni hacia atrás, oiga, lo que te lleva a plantearte qué puta mierda de decisiones has tomado en tu vida para ver que ni a tiros haces algo productivo con ella. La clase de cosas que a los veinte ni te planteas. A los veinticinco no te tomas en serio, pero cuando superas la barrera de los treinta y ves que estás igual ya le empiezas a ver las orejas al burro.
Y oye, como que no te lo tomas igual de bien.
Que sí, que siempre puedo decir que tengo a mis alumnos y demás, fantástico, pero tú y yo sabemos que no puedo vivir eternamente de ello. Que tener un sueldo inestable (porque en vacaciones no ves un duro, imagínate qué guai en navidades, cuando se multiplican tus gastos, o en verano, tres meses sin cobrar) que no llega ni para el alquiler de un piso no es una forma de ganarse la vida, sino como mucho para cubrir gastos... y poco más. Muy poco, creedme. Menos, este año en el que las cosas están más duras que nunca, doy menos clases que de costumbre y encima he tenido que echar a patadas a gente que se creía que me estaban haciendo un favor por contratarme.
Y oye, como que no te lo tomas igual de bien.
Que sí, que siempre puedo decir que tengo a mis alumnos y demás, fantástico, pero tú y yo sabemos que no puedo vivir eternamente de ello. Que tener un sueldo inestable (porque en vacaciones no ves un duro, imagínate qué guai en navidades, cuando se multiplican tus gastos, o en verano, tres meses sin cobrar) que no llega ni para el alquiler de un piso no es una forma de ganarse la vida, sino como mucho para cubrir gastos... y poco más. Muy poco, creedme. Menos, este año en el que las cosas están más duras que nunca, doy menos clases que de costumbre y encima he tenido que echar a patadas a gente que se creía que me estaban haciendo un favor por contratarme.
Tengo que estar agradecido, de todas maneras, porque es eso o tener una vida de las jodidamente duras, ya que gracias a mi intensa vida como estudiante universitario (y luego de doctorado, otra de mis grandes decisiones) no he tenido un acceso decente a un mercado laboral.
Aclaro, decente: por mi parte considero que mis clases son mi trabajo, pero hasta la fecha nadie ha querido hacerme un contrato por ello; darme de alta como autónomo, con la mierda de sueldo que gano implicaría que prácticamente todos mis ahorros irían a parar a pagar un impuesto que considero abusivo (no para mí, sino para cualquiera que trabaje por cuenta propia). Por tanto, eso de currar mola mucho, pero a mí nadie me lo ha reconocido por ninguna parte. Y claro, para que te llamen para trabajar de cualquier sitio tienes que añadir experiencia DEMOSTRABLE. Como no puedes demostrarla, no te llaman y así seguimos, en el puto círculo vicioso.
O como Sísifo, el fulano aquel que fue condenado al Hades a una putada tal como subir un pedrolo por una cuesta y, en el momento en que subía, siempre se le caía y tenia que volver a empezar.
Estos dioses griegos eran unos auténticos hijos de puta a la hora de plantarte un castigo.
Eso en el fantástico mundo laboral; si pasamos al mundo literario, puedo decir que hemos avanzado un paso a la hora de dar una charla delante de un público beta (mis amigos de ACME) sobre mis historias; y, conociendo el nivel de mamoneo de estos tíos, tengo que decir que es un reto haber convencido a un par de ellos para que al menos les entre la curiosidad por leerlas. Algo es algo.
Y ese algo es mucho porque de momento es casi lo único bueno.
Porque el mundillo editorial sigue así de encabezonado. Los mismos temas por cojones, sin importar lo bueno que sea el autor: si escribe lo que está de moda, aunque sea una puta mierda pinchada en un palo, se publica y a los demás que les follen.
Y con esto no digo que yo sea mejor o peor que los demás, ni mucho menos. Con esto lo único que digo es que resulta jodidamente ridículo ver como auténticas mierdas (objetivamente hablando, cosas escritas por gente que no sabe escribir: ni organizar una frase de modo decente, ni escribir sin faltas de ortografía y ya no hablemos de hilvanar una historia de modo coherente) salen al mercado estafando a la gente. Que luego esas mierdas tengan una acogida de flipar por causa de un puñado de fanboys que, al igual que el yonki de a pie, se mete morralla adulterada en las venas y ve pitufos con metralleta durante dos horas.
Y tener que soportar el endiosamiento de más de uno que no tiene ni idea de dónde tiene la cara hablándote de LITERATURA, en mayúsculas.
Insisto, no me creo mejor que nadie, pero yo esa literatura con mayúsculas, a diferencia de más de uno, la he estado estudiando muy en serio durante varios años de mi vida (y no es una vacilada, es un hecho. Tengo títulos que lo demuestran) y sí puedo distinguirla hablando desde un conocimiento de causa y no desde una simple "opinión", que es lo que se usa la mitad de las veces para justificar exageraciones y desprecios gratuitos hacia tal o cual cosa.
Yo puedo ser un autor mediocre, pero al menos tengo la disciplina de revisar mis propios escritos... no una, sino hasta media docena de veces a lo largo de unos siete años y reescribirlos desde el principio. Porque creo que lo puedo hacer mejor. Porque me la sopla lo que diga el fandom. A mí lo que me importa es dar lo mejor de mí mismo. Nada de ser un genio de la literatura (para eso harían falta décadas a mis espaldas donde se vea que lo que escribo resiste el paso del tiempo... y eso no lo consigue apenas nadie, de ahí que no salgan tantos genios como el mundillo proclama) ni de revolucionar el mercado ni demás gilipolleces que tengo que oír a diario de tíos que son tan novatos o incluso más que yo. O de tíos que se han metido a leer mucho después, leyendo las cuatro bazofias de moda y quedándose ahí, con el bagaje literario/cinematográfico/lo que sea de una lata de atún.
Yo puedo ser un autor mediocre, pero al menos tengo la disciplina de revisar mis propios escritos... no una, sino hasta media docena de veces a lo largo de unos siete años y reescribirlos desde el principio. Porque creo que lo puedo hacer mejor. Porque me la sopla lo que diga el fandom. A mí lo que me importa es dar lo mejor de mí mismo. Nada de ser un genio de la literatura (para eso harían falta décadas a mis espaldas donde se vea que lo que escribo resiste el paso del tiempo... y eso no lo consigue apenas nadie, de ahí que no salgan tantos genios como el mundillo proclama) ni de revolucionar el mercado ni demás gilipolleces que tengo que oír a diario de tíos que son tan novatos o incluso más que yo. O de tíos que se han metido a leer mucho después, leyendo las cuatro bazofias de moda y quedándose ahí, con el bagaje literario/cinematográfico/lo que sea de una lata de atún.
Y sin embargo, yo lo tengo muy clarito. Si va a "llegar mi momento" no va a ser ahora ni en un futuro cercano. Cuanto antes lo asumamos, menos decepciones habrá.
Yo no voy a publicar, no porque sea mejor o peor que los demás. Eso de publicar por calidad es algo del pasado, una mentalidad demasiado idealista para alguien que ha visto la basura (y con ello no me refiero a las obras) que hay metida en este mundillo. Para publicar tienes que molar. Que ser guai. Que seguir las corrientes, escribir sobre lo que vende y chupar muchas, muchas pollas.
Y mucho me temo que mi mandíbula no se abre tanto como la de Katie Perry.
Antes de que nadie me vuelva a acusar de generalizar, tengo que decir que también están los que pasan de este mundillo, se limitan a escribir y publican escribiendo lo que les gustan, por supuesto. Conozco a algunos, pero seamos realistas: son muy poquitos, y están contados con los dedos de la mano. Y, si algo soy, ante todo, es honesto conmigo mismo y sé que mi nivel literario, hoy por hoy, no llega a esas cotas de habilidad como para impresionar a nadie. Como para conseguir que tal o cual editorial se arriesgue y decida pasarse las moditas para becerros a un lado y apostar por lo que yo tenga que decir.
Volviendo al tema, ya sabéis lo alérgico que soy a eso de hacer la pelota y lamer culos. No se la he hecho a nadie en mi puta vida y desde luego que no voy a empezar ahora. Por tanto, me queda eso de decir que escribo para mí mismo (que es verdad) y que si publico algún día será algo que me encuentre casi de sorpresa (que es mucho más cierto de lo que me gustaría admitir). Me contento con decir que, a diferencia de muchos de los "genios" que están sonriendo ante las entrevistas hechas por sus amiguitos, o esos cuyas novelas están reseñadas por gente que parece que se ha leído Hamlet en lugar de lo suyo (no voy a entrar en la diferencia entre una crítica literaria y una opinión otra vez, ya hay un post dedicado a ello), yo no pienso en ninguna moda a la hora de escribir. Escribo lo que me gusta y cuando me gusta. Y cuando no me convence, lo reescribo, pero nada de eso de la autoindulgencia ("Así se queda, que como ya dicen que soy muy bueno no toco ni una coma, vaya a ser que contamine mi genial estilo") ni de la falsa humildad de "Bueno, yo lo he hecho lo mejor que he podido y si contenta a mis fans, me conformo" (aunque mis fans no distingan un libro en condiciones del prepucio de un pollo reseco).
Más falsos que Judas, así os lo digo.
A ver cuántos pueden decir lo mismo, con el corazón en la mano, sin tener al gran público delante.
Supongo que este post empieza a parecerse bastante a una pataleta de autor no publicado. Igual no os falta razón, pero el que me diga que estoy mintiendo un ápice acerca de cómo está el mundillo, dada mi experiencia... bueno, digamos que lo tendría jodidamente difícil para convencerme de que estoy equivocado, más que nada porque sentiría que me están haciendo comulgar con ruedas de molino, o que la persona que me llegase en plan "esto no es así" intentaría hacerme lo blanco negro.
Cabreos aparte, supongo que es lo de siempre: soy humano y los humanos tenemos una curiosa tendencia a atacar aquello que no entendemos. Y yo cada vez entiendo menos esta sociedad de hipócritas en la que vivo.
Y supongo que a eso se reduce, ya no este año, sino básicamente mi vida en los últimos tiempos: en luchar contra las imposiciones (no explícitas, pero si muy fuertes) de una sociedad dominada por por auténticos cretinos que te dicen cómo pensar, lo que pensar, en lo que creer y en lo que no creer.
Esta sociedad crea cada día sus Grandes Hermanos a los que tenemos que amar por cojones.
Yo, por mi parte, me he negado. Ya conocéis mi postura de no asumir nada sin cuestionarlo antes; intento pensar por mí mismo... a veces lo consigo y otras (muchas) no. Pero al menos lo intento. Le joda a quien le joda, no soy de los que se callan por el "Qué dirán". No hay nadie a quien me vea obligado a caerle bien. Me importa una mierda esa especie de mafia que impera con una ley del silencio, que te sugiere que no digas nada ante tal tema, que no critiques a según qué gente o a según qué colectivo, te vayan a meter en una lsita negra. Creo en lo que es justo y en mi propio criterio, y me importa más bien poco la tiranía de las masas. No necesito diez millones de amiguitos que me den palmaditas en la espalda diciéndome lo chachiguai que soy.
No creo en las versiones de las víctimas oficiales, ni creo que haya que alabar a nadie por el hecho de que sea esa persona. Creo en lo que una persona hace y no en lo que una persona dice, porque las palabras se las lleva el viento. Y si eso implica que al final veas que eres el último tío con el que cuentan para cualquier cosa, o directamente ni cuenten contigo (aunque digan estar a tu lado), pues que así sea.
No creo en las versiones de las víctimas oficiales, ni creo que haya que alabar a nadie por el hecho de que sea esa persona. Creo en lo que una persona hace y no en lo que una persona dice, porque las palabras se las lleva el viento. Y si eso implica que al final veas que eres el último tío con el que cuentan para cualquier cosa, o directamente ni cuenten contigo (aunque digan estar a tu lado), pues que así sea.
A veces resulta más práctico darte cuenta de que eres un lobo solitario antes que ignorar que vives rodeado de ovejitas.
Y esto último no lo digo como insulto: es que no me siento identificado con aquellos que prefieren dejar que otros piensen por ellos o por aquellos que se sienten fuertes formando parte de una masa, grupo o colectivo.
Más duro, si os digo, es descubrir que no formas parte de prácticamente nada, de que no te convencen la mayoría de las cosas, de que no echas raíces por ningún sitio y de que toda esta sociedad te resulta vacía, contradictoria y absurda.
Entretanto, me toca asumir la existencia gris que tengo: la de intentar encontrar un trabajo decente o estable (al menos algo que me sirva para un futuro y no la cosa amorfa que me espera de aquí a nada), de sacar adelante a unos alumnos que sé que se esfuerzan pero que en muchos casos no ven absolutamente ningún resultado académico (por razones bastante complejas que no mencionaré aquí); de tener claro que ya no tengo quince años, pero aun así, sigo viviendo en casa de mis padres (y, mucho me temo, la cosa no va a cambiar en bastante tiempo, visto lo visto) y demás situaciones que hacen de mí la clase de persona que soy.
Tocará seguir asumiendo que uno no es un gran escritor. Ni siquiera uno bueno. Más bien uno mediocre (lo cual incluso habrá que aceptar como algo no del todo malo... um, eso va a ser algo más duro), y tocará ver cómo otros que son tan mediocres como uno salen adelante y promocionan, por cuestiones que a veces no tienen nada que ver con su calidad literaria.
Y como uno es masoquista, fíjate tú, no piensa rendirse. Piensa seguir ahí, sin desánimos ni historias, haciéndolo lo mejor que puede. Moviendo sus historias de manera honrada, sin estafar a nadie, sin buscar ganar puntos con nadie. Sin hacer política ni mercadería barata de algo que (lo sabemos) no va a ser el pan de mi familia.
Porque cuanto más tiempo pasa, más parece que uno siente haber nacido contra el caos. Contra todas aquellas turbulencias que ponen tu vida patas arriba... o bien contra aquellas que impiden que puedas desplegar las velas y tirar para un puerto de una puta vez.
Porque cuanto más tiempo pasa, más parece que uno siente haber nacido contra el caos. Contra todas aquellas turbulencias que ponen tu vida patas arriba... o bien contra aquellas que impiden que puedas desplegar las velas y tirar para un puerto de una puta vez.
Pero claro, hay olas gordas, cómo no...
Como ya dije en su día, esto es una guerra que uno tiene que librar solo. No puedo pedir que otros la libren por mí, y mucho menos librar las de otros. Supongo que por eso este año me he visto obligado a estrellar el puño contra la mesa en alguna ocasión y pedir que por favor me dejen en paz. Que no quiero unirme a cruzadas, causas, guerras, conspiraciones ni tramas palaciegas porque no quiero verme envuelto en esas cosas. De hecho, las quiero lo más lejos de mi vida que se pueda, porque no me aportan absolutamente nada más que vivir cabreado, pagar mis cabreos con gente que no se lo merece, subidas de tensión y dolores cervicales. No necesito nada de eso.
En contra de lo que pueda parecer, a mí me gusta llevar una vida tranquila, llevarme bien con la gente y no tener demasiados problemas con nada ni con nadie (a menos que me toquen los cojones, claro, que uno puede querer ir de buenas y otra ser gilipollas). No soy una persona en absoluto ambiciosa ni belicosa, por lo que estas políticas de "Únete a mí y conquistaremos la galaxia como padre e hijo" o "O conmigo o contra mí" me superan. No van conmigo.
A veces, sin embargo, me veréis entrar en discusión: no soporto lo que es injusto o las mentiras, así que imagino que entenderéis que de vez en cuando me harte de leer o escuchar cosas que sé que no son ciertas. De escuchar cómo se pone a caer de un burro a gente que sé que no es el Diablo. De acusar a buenos amigos, o incluso a mí mismo (esto algo menos, la gente por mucho que diga, no va de cara) de cosas que no han sucedido jamás.
Y es que una cosa es que no te guste entrar en discusiones y otra que aceptes cualquier subnormalidad que tengas que oír. Si queréis mi respeto, lo primero que tenéis que hacer es ganarlo. Y eso se hace simplemente no ofendiendo. No es tan difícil.
Así que, en resumidas cuentas, este ha sido otro año más. Un año en el que he reencontrado a viejos amigos de los que no sabía nada desde hacía algún tiempo, en el que he perdido a otros (supongo que así es la vida) y en el que ha habido los cambios suficientes como para hacer que las cosas sigan siendo iguales.
Puede que os parezca contradictorio.
Y en parte lo es.
Pero creo que en estas cosas no existen los blancos y los negros.











.jpg)


















