lunes, 31 de diciembre de 2012

Angst- Terminar un año y demás cosas absurdas



Pues nada, señores, aquí andamos, terminando otro año. A decir verdad, no es más que otra fecha, aunque supongo que ese rollo de "oficialidad" (es decir, en algún momento tienes que marcar el final de un año; y es normal que lo hagamos todos en una misma fecha para no liarnos y eso) sirve para ir poniéndose manos a la obra en una práctica típica y tópica, pero no por ello inútil.
Me refiero, cómo no, a eso de hacer balance.

En mi caso, puede decirse que vivo como la Cosa del Pantano: o sea, empantanado. Ni hacia adelante ni hacia atrás, oiga, lo que te lleva a plantearte qué puta mierda de decisiones has tomado en tu vida para ver que ni a tiros haces algo productivo con ella. La clase de cosas que a los veinte ni te planteas. A los veinticinco no te tomas en serio, pero cuando superas la barrera de los treinta y ves que estás igual ya le empiezas a ver las orejas al burro.
Y oye, como que no te lo tomas igual de bien.
Que sí, que siempre puedo decir que tengo a mis alumnos y demás, fantástico, pero tú y yo sabemos que no puedo vivir eternamente de ello. Que tener un sueldo inestable (porque en vacaciones no ves un duro, imagínate qué guai en navidades, cuando se multiplican tus gastos, o en verano, tres meses sin cobrar) que no llega ni para el alquiler de un piso no es una forma de ganarse la vida, sino como mucho para cubrir gastos... y poco más. Muy poco, creedme. Menos, este año en el que las cosas están más duras que nunca, doy menos clases que de costumbre y encima he tenido que echar a patadas a gente que se creía que me estaban haciendo un favor por contratarme.
Tengo que estar agradecido, de todas maneras, porque es eso o tener una vida de las jodidamente duras, ya que gracias a mi intensa vida como estudiante universitario (y luego de doctorado, otra de mis grandes decisiones) no he tenido un acceso decente a un mercado laboral.

Aclaro, decente: por mi parte considero que mis clases son mi trabajo, pero hasta la fecha nadie ha querido hacerme un contrato por ello; darme de alta como autónomo, con la mierda de sueldo que gano implicaría que prácticamente todos mis ahorros irían a parar a pagar un impuesto que considero abusivo (no para mí, sino para cualquiera que trabaje por cuenta propia). Por tanto, eso de currar mola mucho, pero a mí nadie me lo ha reconocido por ninguna parte. Y claro, para que te llamen para trabajar de cualquier sitio tienes que añadir experiencia DEMOSTRABLE. Como no puedes demostrarla, no te llaman y así seguimos, en el puto círculo vicioso.

O como Sísifo, el fulano aquel que fue condenado al Hades a una putada tal como subir un pedrolo por una cuesta y, en el momento en que subía, siempre se le caía y tenia que volver a empezar.
Estos dioses griegos eran unos auténticos hijos de puta a la hora de plantarte un castigo.


Eso en el fantástico mundo laboral; si pasamos al mundo literario, puedo decir que hemos avanzado un paso a la hora de dar una charla delante de un público beta (mis amigos de ACME) sobre mis historias; y, conociendo el nivel de mamoneo de estos tíos, tengo que decir que es un reto haber convencido a un par de ellos para que al menos les entre la curiosidad por leerlas. Algo es algo.
Y ese algo es mucho porque de momento es casi lo único bueno.
Porque el mundillo editorial sigue así de encabezonado. Los mismos temas por cojones, sin importar lo bueno que sea el autor: si escribe lo que está de moda, aunque sea una puta mierda pinchada en un palo, se publica y a los demás que les follen.
Y con esto no digo que yo sea mejor o peor que los demás, ni mucho menos. Con esto lo único que digo es que resulta jodidamente ridículo ver como auténticas mierdas (objetivamente hablando, cosas escritas por gente que no sabe escribir: ni organizar una frase de modo decente, ni escribir sin faltas de ortografía y ya no hablemos de hilvanar una historia de modo coherente) salen al mercado estafando a la gente. Que luego esas mierdas tengan una acogida de flipar por causa de un puñado de fanboys que, al igual que el yonki de a pie, se mete morralla adulterada en las venas y ve pitufos con metralleta durante dos horas.
Y tener que soportar el endiosamiento de más de uno que no tiene ni idea de dónde tiene la cara hablándote de LITERATURA, en mayúsculas.

Insisto, no me creo mejor que nadie, pero yo esa literatura con mayúsculas, a diferencia de más de uno, la he estado estudiando muy en serio durante varios años de mi vida (y no es una vacilada, es un hecho. Tengo títulos que lo demuestran) y sí puedo distinguirla hablando desde un conocimiento de causa y no desde una simple "opinión", que es lo que se usa la mitad de las veces para justificar exageraciones y desprecios gratuitos hacia tal o cual cosa.
Yo puedo ser un autor mediocre, pero al menos tengo la disciplina de revisar mis propios escritos... no una, sino hasta media docena de veces a lo largo de unos siete años y reescribirlos desde el principio. Porque creo que lo puedo hacer mejor. Porque me la sopla lo que diga el fandom. A mí lo que me importa es dar lo mejor de mí mismo. Nada de ser un genio de la literatura (para eso harían falta décadas a mis espaldas donde se vea que lo que escribo resiste el paso del tiempo... y eso no lo consigue apenas nadie, de ahí que no salgan tantos genios como el mundillo proclama) ni de revolucionar el mercado ni demás gilipolleces que tengo que oír a diario de tíos que son tan novatos o incluso más que yo. O de tíos que se han metido a leer mucho después, leyendo las cuatro bazofias de moda y quedándose ahí, con el bagaje literario/cinematográfico/lo que sea de una lata de atún.

Y sin embargo, yo lo tengo muy clarito. Si va a "llegar mi momento" no va a ser ahora ni en un futuro cercano. Cuanto antes lo asumamos, menos decepciones habrá.
Yo no voy a publicar, no porque sea mejor o peor que los demás. Eso de publicar por calidad es algo del pasado, una mentalidad demasiado idealista para alguien que ha visto la basura (y con ello no me refiero a las obras) que hay metida en este mundillo. Para publicar tienes que molar. Que ser guai. Que seguir las corrientes, escribir sobre lo que vende y chupar muchas, muchas pollas.

Y mucho me temo que mi mandíbula no se abre tanto como la de Katie Perry.


Antes de que nadie me vuelva a acusar de generalizar, tengo que decir que también están los que pasan de este mundillo, se limitan a escribir y publican escribiendo lo que les gustan, por supuesto. Conozco a algunos, pero seamos realistas: son muy poquitos, y están contados con los dedos de la mano. Y, si algo soy, ante todo, es honesto conmigo mismo y sé que mi nivel literario, hoy por hoy, no llega a esas cotas de habilidad como para impresionar a nadie. Como para conseguir que tal o cual editorial se arriesgue y decida pasarse las moditas para becerros a un lado y apostar por lo que yo tenga que decir.

Volviendo al tema, ya sabéis lo alérgico que soy a eso de hacer la pelota y lamer culos. No se la he hecho a nadie en mi puta vida y desde luego que no voy a empezar ahora. Por tanto, me queda eso de decir que escribo para mí mismo (que es verdad) y que si publico algún día será algo que me encuentre casi de sorpresa (que es mucho más cierto de lo que me gustaría admitir). Me contento con decir que, a diferencia de muchos de los "genios" que están sonriendo ante las entrevistas hechas por sus amiguitos, o esos cuyas novelas están reseñadas por gente que parece que se ha leído Hamlet en lugar de lo suyo (no voy a entrar en la diferencia entre una crítica literaria y una opinión otra vez, ya hay un post dedicado a ello), yo no pienso en ninguna moda a la hora de escribir. Escribo lo que me gusta y cuando me gusta. Y cuando no me convence, lo reescribo, pero nada de eso de la autoindulgencia ("Así se queda, que como ya dicen que soy muy bueno no toco ni una coma, vaya a ser que contamine mi genial estilo") ni de la falsa humildad de "Bueno, yo lo he hecho lo mejor que he podido y si contenta a mis fans, me conformo" (aunque mis fans no distingan un libro en condiciones del prepucio de un pollo reseco).
Más falsos que Judas, así os lo digo.

A ver cuántos pueden decir lo mismo, con el corazón en la mano, sin tener al gran público delante.

Supongo que este post empieza a parecerse bastante a una pataleta de autor no publicado. Igual no os falta razón, pero el que me diga que estoy mintiendo un ápice acerca de cómo está el mundillo, dada mi experiencia... bueno, digamos que lo tendría jodidamente difícil para convencerme de que estoy equivocado, más que nada porque sentiría que me están haciendo comulgar con ruedas de molino, o que la persona que me llegase en plan "esto no es así" intentaría hacerme lo blanco negro.
Cabreos aparte, supongo que es lo de siempre: soy humano y los humanos tenemos una curiosa tendencia a atacar aquello que no entendemos. Y yo cada vez entiendo menos esta sociedad de hipócritas en la que vivo.

Y supongo que a eso se reduce, ya no este año, sino básicamente mi vida en los últimos tiempos: en luchar contra las imposiciones (no explícitas, pero si muy fuertes) de una sociedad dominada por por auténticos cretinos que te dicen cómo pensar, lo que pensar, en lo que creer y en lo que no creer.
Esta sociedad crea cada día sus Grandes Hermanos a los que tenemos que amar por cojones.
Yo, por mi parte, me he negado. Ya conocéis mi postura de no asumir nada sin cuestionarlo antes; intento pensar por mí mismo... a veces lo consigo y otras (muchas) no. Pero al menos lo intento. Le joda a quien le joda, no soy de los que se callan por el "Qué dirán". No hay nadie a quien me vea obligado a caerle bien. Me importa una mierda esa especie de mafia que impera con una ley del silencio, que te sugiere que no digas nada ante tal tema, que no critiques a según qué gente o a según qué colectivo, te vayan a meter en una lsita negra. Creo en lo que es justo y en mi propio criterio, y me importa más bien poco la tiranía de las masas. No necesito diez millones de amiguitos que me den palmaditas en la espalda diciéndome lo chachiguai que soy.
No creo en las versiones de las víctimas oficiales, ni creo que haya que alabar a nadie por el hecho de que sea esa persona. Creo en lo que una persona hace y no en lo que una persona dice, porque las palabras se las lleva el viento. Y si eso implica que al final veas que eres el último tío con el que cuentan para cualquier cosa, o directamente ni cuenten contigo (aunque digan estar a tu lado), pues que así sea.

A veces resulta más práctico darte cuenta de que eres un lobo solitario antes que ignorar que vives rodeado de ovejitas.
Y esto último no lo digo como insulto: es que no me siento identificado con aquellos que prefieren dejar que otros piensen por ellos o por aquellos que se sienten fuertes formando parte de una masa, grupo o colectivo.
Más duro, si os digo, es descubrir que no formas parte de prácticamente nada, de que no te convencen la mayoría de las cosas, de que no echas raíces por ningún sitio y de que toda esta sociedad te resulta vacía, contradictoria y absurda.


Entretanto, me toca asumir la existencia gris que tengo: la de intentar encontrar un trabajo decente o estable (al menos algo que me sirva para un futuro y no la cosa amorfa que me espera de aquí a nada), de sacar adelante a unos alumnos que sé que se esfuerzan pero que en muchos casos no ven absolutamente ningún resultado académico (por razones bastante complejas que no mencionaré aquí); de tener claro que ya no tengo quince años, pero aun así, sigo viviendo en casa de mis padres (y, mucho me temo, la cosa no va a cambiar en bastante tiempo, visto lo visto) y demás situaciones que hacen de mí la clase de persona que soy.

Tocará seguir asumiendo que uno no es un gran escritor. Ni siquiera uno bueno. Más bien uno mediocre (lo cual incluso habrá que aceptar como algo no del todo malo... um, eso va a ser algo más duro), y tocará ver cómo otros que son tan mediocres como uno salen adelante y promocionan, por cuestiones que a veces no tienen nada que ver con su calidad literaria.
Y como uno es masoquista, fíjate tú, no piensa rendirse. Piensa seguir ahí, sin desánimos ni historias, haciéndolo lo mejor que puede. Moviendo sus historias de manera honrada, sin estafar a nadie, sin buscar ganar puntos con nadie. Sin hacer política ni mercadería barata de algo que (lo sabemos) no va a ser el pan de mi familia.

Porque cuanto más tiempo pasa, más parece que uno siente haber nacido contra el caos. Contra todas aquellas turbulencias que ponen tu vida patas arriba... o bien contra aquellas que impiden que puedas desplegar las velas y tirar para un puerto de una puta vez.

Pero claro, hay olas gordas, cómo no...


Como ya dije en su día, esto es una guerra que uno tiene que librar solo. No puedo pedir que otros la libren por mí, y mucho menos librar las de otros. Supongo que por eso este año me he visto obligado a estrellar el puño contra la mesa en alguna ocasión y pedir que por favor me dejen en paz. Que no quiero unirme a cruzadas, causas, guerras, conspiraciones ni tramas palaciegas porque no quiero verme envuelto en esas cosas. De hecho, las quiero lo más lejos de mi vida que se pueda, porque no me aportan absolutamente nada más que vivir cabreado, pagar mis cabreos con gente que no se lo merece, subidas de tensión y dolores cervicales. No necesito nada de eso.

En contra de lo que pueda parecer, a mí me gusta llevar una vida tranquila, llevarme bien con la gente y no tener demasiados problemas con nada ni con nadie (a menos que me toquen los cojones, claro, que uno puede querer ir de buenas y otra ser gilipollas). No soy una persona en absoluto ambiciosa ni belicosa, por lo que estas políticas de "Únete a mí y conquistaremos la galaxia como padre e hijo" o "O conmigo o contra mí" me superan. No van conmigo.
A veces, sin embargo, me veréis entrar en discusión: no soporto lo que es injusto o las mentiras, así que imagino que entenderéis que de vez en cuando me harte de leer o escuchar cosas que sé que no son ciertas. De escuchar cómo se pone a caer de un burro a gente que sé que no es el Diablo. De acusar a buenos amigos, o incluso a mí mismo (esto algo menos, la gente por mucho que diga, no va de cara) de cosas que no han sucedido jamás.
Y es que una cosa es que no te guste entrar en discusiones y otra que aceptes cualquier subnormalidad que tengas que oír. Si queréis mi respeto, lo primero que tenéis que hacer es ganarlo. Y eso se hace simplemente no ofendiendo. No es tan difícil.

Así que, en resumidas cuentas, este ha sido otro año más. Un año en el que he reencontrado a viejos amigos de los que no sabía nada desde hacía algún tiempo, en el que he perdido a otros (supongo que así es la vida) y en el que ha habido los cambios suficientes como para hacer que las cosas sigan siendo iguales.
Puede que os parezca contradictorio.
Y en parte lo es.
Pero creo que en estas cosas no existen los blancos y los negros.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Escupiendo Rabia- Cuando la "razón" de los "racionalistas" resulta irracional



Está de moda.
Como siempre, el género humano se busca siempre alguien en cuya puta madre cagarse. Y ojo, no basta con tener un motivo: hay que sacarlo de quicio, extremarlo y apedrear a todo bicho viviente al que identifiquemos bajo esa consigna. Porque somos así de hijos de puta y de animales, nos pongamos como nos pongamos.

Este caso ya lo he contado, pero toca repetirlo a colación de este tema.
Es la famosa historia de un pavo con el que coincidí una vez en una cafetería y que soltó algo del tipo:
- Soy ateo y todo el que crea en algo es gilipollas.
- Ajá- respondí yo un poco alucinando ante lo categórico de su "razonamiento" (que estaba básicamente tan razonado como una patada en la boca sin venir a cuento)-, o sea que por creer tener la razón te sientes con derecho a insultar a otros, ¿no?
- Pues sí- responde el tío, desde la más total de las chulerías.

Y esto, mucho me temo, no es un caso aislado. Desde hace una buena temporada veo ya cómo el personal mezcla churras con merinas e identifica religión (o sea, creencia) con Iglesia (institución), y además con la Iglesia Católica, como si no hubiera otra.
O bien los que te sueltan animaladas tales como que la religión (insisto, la creencia) debería desaparecer para que fuésemos todos más inteligentes, más felices y probablemente nos creciera el nabo cuatro o cinco centímetros.
Porque claro, según estos cafres, que se escudan en el "racionalismo", tener una creencia espiritual es la fuente de todo mal. Nos vuelve idiotas y además nos cierra tanto los ojos que resulta imposible combinar una creencia espiritual de cualquier tipo (no necesariamente católica y mucho menos que siga un credo organizado) con el criterio científico.
Y yo a estos tíos resulta que les tengo que dar la razón.
Pues no.

Os la va a dar quien yo me sé.


Por mucha ciencia que profesen seguir, para mí un tío que me llega y se me caga en las creencias de otra persona, diciendo que lo suyo (la ciencia o lo que sea) es superior, es un subnormal de cuidado. La clase de fanáticos que me han dado asco toda la puta vida. Porque no nos rasguemos las vestiduras, amiguitos: si me parece que un fanático religioso es una persona con ideales extremos, peligrosa como ella sola, por coherencia contra los extremismos, el fanático del ateísmo o del extremismo científico (porque en ambos lados de la balanza hay payasos) no me parece mucho más digno de mi fiabilidad ni de mis simpatías. Las filias y las fobias me las paso por el culo en estas lides. Muchos de vosotros ya lo sabéis.

Y es que me tengo que reír cuando me llega alguien y me suelta que es que la religión ha matado gente a lo largo de la historia. Nos han jodido aquí con los listos: ¿la religión o los gañanes que se aprovechan de las creencias para montar un negocio alrededor? No confundamos churras con merinas, amiguitos, que no tiene nada que ver una cosa con la otra.
Si nos ponemos a putear a la religión católica en general y sin hacer ningún tipo de distinción, igual resulta que somos jodidamente ignorantes, ya que estaríamos puteando principios basados en la solidaridad, la igualdad y en la tolerancia. Si nos vamos a lo que sostienen las creencias de un cristiano, "Por sus buenas obras los conoceréis" (cita, si no recuerdo mal, atribuida al evangelio de San Mateo). Y no me vengáis con historias de dogmas ni leches, que ya sé por dónde salen los tiros: da la puta casualidad de que cualquiera que haya estudiado un mínimo de cultura religiosa (yo lo he hecho, por lo que critico lo que hay que criticar de la institución y defiendo lo que hay que defender de la creencia) se dará cuenta de que la figura de Jesús de Nazaret está presentada precisamente como un rebelde que criticaba al régimen establecido. Al merchandising que se hacía en los templos. A la hipocresía de la sociedad, que era capaz de dejar que un animal muriera en un pozo por no romper las reglas.
Si vais a criticar algo, tened los dos dedos de frente de criticar a la institución y no a la creencia, porque me extrañaría mucho que alguien dijese que cualquiera de esos principios que he planteado en las líneas de arriba son éticamente discutibles o directamente una mierda.
Y si vais a criticar a la religión como conjunto, echad un vistazo a las creencias orientales y decidme si os parecen tan violentas como las occidentales.
Si tenéis huevos, decidme que el budismo ha matado a millones de personas, y luego usadlo como argumento para exponer que la religión como tal es algo despreciable.

Los Amish, por ejemplo, son gente que causan burla a su alrededor, y vistos como una panda de paletos que viven anclados en el puto pasado.
Sin embargo, creo que su rechazo a la violencia fue el que les llevó a negarse a ir a la guerra en varias ocasiones.


Pero no, para qué: aquí la actitud es escudarse en salvajadas que un buen número de hijos de puta (fanáticos, no nos olvidemos) hicieron en nombre de algo que no entendían. De una auténtica panda de cabrones que pervirtieron una buena idea original y la vendieron como le salió de los mismísimos cojones.
Sin embargo, muchos de los que rajáis día sí y día también parece que no habéis leído una puta mierda de lo que despreciáis (criticar desde la ignorancia no os diferencia de cualquier otro fanático): buscad en el Nuevo Testamento (es decir, la auténtica Biblia cristiana; el Antiguo es la Biblia hebrea, y aparece en nuestros textos básicamente por esa atribución de Jesús como descendiente del Rey David) alguna referencia a matar a los no creyentes. Buscad alguna referencia a invocar cruzadas, guerras por la fe y demás gilipolleces.
No encontraréis una puta mierda porque el mensaje es justo el contrario. Consiste en perdonar a los enemigos y, en definitiva, a comportarse como gente medianamente apañada, en lugar de pasarnos todo el santo día a la gresca unos con otros.

Me encanta cuando se asocia a alguien con creencias religiosas (de cualquier índole) con ideas tan desfasadas (y extremas) como el creacionismo. A ver, queridos amigos: ya que presumís tanto de investigar las cosas y de tener una mente analítica, que no TODOS los que profesan una fe tienen que ser creacionistas por cojones. Os pongo el caso de un servidor, que se crió en un colegio cristiano, junto a muchos otros chavales; para que os vayáis quitando los prejuicios de la cabeza de una puta vez, NO nos intentaron lavar el cerebro. NO nos obligaron a pensar nada concreto. NO nos dijeron que iríamos al infierno si no éramos buenos chavales que obedecían hasta la última chorrada que nos dijera un cura. Y NO, no nos intentaron meter el cipote en el culo cuando íbamos a mear. En cambio, aparte de religión (lógico, era un colegio religioso), nos enseñaron ciencias, y con bastante ahínco. Y, fíjate tú por dónde, nos contaron que el creacionismo no era algo en lo que ellos creyesen. Aquí os echaréis las manos a la cabeza ante una idea tan revolucionaria viniendo por parte de un sacerdote (modo irónico on), pero da la puñetera casualidad de que nos contaron que lo que venía en la Biblia eran símbolos y metáforas. No necesariamente la realidad.

Puede que alucinéis pensando que un cura te diga que el mundo no fue creado en seis días; puede que se os caigan los cojones de la impresión si escuchas que en realidad no era más que una forma de decir que el mundo fue creado Y PUNTO. Según una creencia espiritual o religiosa, hubo una Entidad detrás responsable. Eso no está en absoluto enfrentado a una teoría del Big Bang o cualquier otra teoría evolucionista científica.
Igual estáis flipando, amiguitos... pero es que igual estabais tan ensimismados en la torre de marfil de vuestros prejuicios que ni siquiera os habíais planteado que a veces, son los extremistas los que dan mala fama a todo un sistema de creencias. Y que, partiendo de esa base, los árboles no os han dejado ver el bosque. Ah, amigos freaks de la ciencia, resulta que habéis extrapolado una "verdad universal" (siempre me meo con este concepto cuando viene en boca de un extremista científico; parece que nunca se acuerdan de que la ciencia se reescribe a sí misma cada varias décadas, por lo que la "Verdad absoluta" que asegura tener la ciencia en realidad es una realidad relativa que va cambiando de vez en cuando) en base a unos cuantos datos. Vosotros solitos habéis falseado la muestra y habéis dado por válidas vuestras hipótesis sin contrastar nada. Sin proponer siquiera hipótesis alternativas; sin plantearos que pueda haber ruido que altere vuestro análisis (entiéndase "ruido" en el sentido que emplea la metodología experimental: cualquier cosa que sesgue o distraiga al analista de emitir una valoración objetiva de un hecho. Este concepto es algo muy amplio, que puede abarcar desde problemas técnicos en un aparato de registro hasta una encuesta mal formulada, pasando por... SÍ: el sesgo producido por los prejuicios del propio analista).

Que también os digo otra cosa: cuando cursé mi primer año de Psicología (carrera en la que nos repetían a diario que era una CIENCIA), nuestros propios profesores nos contaban que ha habido científicos (no ni uno ni dos, sino un nutrido número) que han llegado a falsear los datos de sus investigaciones (por ejemplo encuestas) para obtener los resultados de las hipótesis que querían plantear.
De ahí que yo no acepte nada de nadie sin cuestionarlo antes, por muy científico, religioso, político o amante de los comics que sea.
Toda verdad se puede falsear.
Toda mentira se puede revestir con un halo de supuesta verdad.


Y es que con esto no es que pretenda desprestigiar a la ciencia, los Dioses me libren de tal blasfemia. La ciencia ha hecho cosas muy buenas por la Humanidad (aunque no podemos negar que también ha hecho cosas realmente aberrantes, como los inventos del amigo Openheimmer o las burradas del señor Mengele, que lo hizo todo "en nombre de la ciencia"), pero eso no puede jamás justificar que la gente que la siga se sienta con el derecho a faltarle al respeto a aquellos que profesen una fe más o menos definida. O que aquellos que seamos escépticos y que no terminemos de sentirnos convencidos con una postura u otra (yo tengo mis creencias religiosas personales, sin seguir un credo, del mismo modo que a veces me cuestiono ciertas posturas científicas) tengamos que soportar esa hipocresía que se destila del principio de "Yo es que persigo la verdad y todo el que no lo haga es un gilipollas".
La verdad, según decía Aristóteles (corregidme si me equivoco en la cita) depende del punto de vista. Dicho de otro modo, jamás podemos asegurar que estamos en posesión de la verdad. Mucho menos, si nos posicionamos radicalmente en un lado de la balanza y, desde ese platillo, nos dedicamos a mearnos en los pobres desgraciados que están en el otro.
Eso se llama condescendencia.
Se llama pedantería.
Se llama falta de respeto.
Y para mí el que falta al respeto a gente cuyo único pecado ha sido no pensar como él tiene poco o ningún derecho a pedirlo para sí.

Y no, por favor, no me vengáis otra vez con la mierda de que a los no creyentes se les quemaba en la Edad Media, que estoy hasta los cojones de ese argumento como excusa. En la Edad Media se estilaba unificar el pensamiento, y no solo religioso. A ver quién era el guapo que se reía de un gobernador (¡O un rey!) sin que le dieran de hostias (mínimo, y no precisamente de las consagradas), o el que mangaba un cacho de pan y lo pillaba la Justicia. Estamos hablando de otras épocas, donde imperaba algo muy similar a la ley natural del más fuerte. Todo aquello que se saliese de la creencia standard (la Iglesia tuvo un poder flipante por aquella época, pero a ver si nos vamos enterando de que no era el único motivo por el que te podían rebanar el pescuezo) iba derechito al patíbulo.
Y por otra parte, aun en el caso de que TODAS las ejecuciones de los últimos siglos se hubieran hecho por orden de la Iglesia, contadme: ¿con eso qué coño me queréis decir? ¿Que una creencia religiosa es mala por definición y sin excepción? ¿Que eso nos da derecho a comportarnos como salvajes de épocas que no podemos entender porque no las hemos vivido en nuestros pellejos?
¿Es eso lo que me queréis decir con ese argumento?

Una creencia religiosa, a decir verdad, no difiere mucho de una creencia filosófica (al fin y al cabo, ambas intentan explicar, a su manera, para qué estamos aquí y cuál es el sentido de todo). Incluso de una idea política. Son ideas, y las ideas pueden corromperse si caen en las manos equivocadas.
Toma una idea de sentimiento comunitario y de perdón.
Toma un credo basado en no temer a un Dios que está en los cielos, sino en uno que te ama.
Esas ideas, si las veis en frío, no son necesariamente dañinas. No es la idea en sí la que mata a nadie. No es la idea la que quema gente o la que ordena una masacre. En cambio, si esa idea cae en manos de gente que la pervierte y y es esa gente la que obliga a los demás a seguirles a sangre y fuego, esa idea pierde su razón de ser. Ya no existe ese sentimiento comunitario y de perdón. Dios vuelve a ser alguien a quien temer.
¿Quién es el hijo de puta entonces? ¿El que tuvo la idea original o el que la tergiversó?

En política pasa tres cuartos de lo mismo: un señor te dice que el Estado debería cuidar de su gente, lo que a la mayoría de mentes pensantes de nuestra época le puede parecer cojonudo; sin embargo, si llega otro detrás y dice que la mejor manera de cuidar de la gente es cuidarla de sí misma y establecer un estado policial donde todos los disidentes sean ejecutados expeditivamente, eso se parece a la idea original como un huevo a una castaña.
Sin embargo, cuando hablamos de según qué creencias políticas, si tenemos dos dedos de frente, no cogemos y cargamos las tintas contra TODO un sistema de creencias: hacemos matices, distinciones. Nos pueden parecer bien las ideas del socialismo o el comunismo, pero pocos son los que apoyan a Stalin.
Porque no representa el ideal original.
Porque era un extremista.

Y sin embargo, yo tengo que callarme cuando veo que la gente falta constantemente al respeto a todo aquel que profese una creencia religiosa. Qué chupichachi es eso. Qué cool queda. Super rebeldito, porque hace no sé cuántas décadas no podían abrir la boca y ahora son más papistas que el puto Papa y son tan radicales como la gente a la que ellos mismos critican.
Al parecer, como esto mola y lo otro es de conservadores, creacionistas y otros seres indeseables de diverso pelaje, yo tengo que aceptarlo y darle la palmadita en la espalda a aquel que, por creerse que tiene la razón, se mea en las creencias del prójimo.
Es decir, como hacían los extremistas religiosos de la antigüedad cuando condenaban a los herejes: no respetar las ideas de otros y condenarlos.
A tal punto de soplapollismo y a tal odio indiscriminado con estas creencias hemos llegado que no es el primer amigo que tengo que es católico que ha tenido que justificarse antes de que le apaleen:

- No, a ver, que soy católico practicante, pero yo respeto otras creencias.

Sin embargo, cuando un radical del otro bando no lo hace no se tiene que justificar; casi hasta se jacta del odio que le tiene a toda la creencia.
Yo no me considero católico, mucho menos practicante, pero a mí este doble rasero me parece, como poco, injusto. Porque estoy hablando de gente que conozco a la que he visto en situaciones así. Buena gente. Y no me gusta eso.

"¡DISIDENTE!"


Todavía tendré que oír eso de que los científicos no matan a la gente que no profesa sus creencias. Oh, sí, fantástico. Encima hay que dar las gracias por algo que debería ser lo obvio y no otro punto más que les asemeja a la gente a la que ponen a caer de un burro.
Si eso os hace felices y hace que os sintáis justificados tratando a los demás con la punta del pie, pues nada, yo os las doy: Gracias, chicos, por ser tan benevolentes. Qué haríamos sin vuestra compasión.

Sin embargo, me tendría que chupar censura de la buena si planteo que la ciencia ha matado indirectamente a millones de personas a base de crear maravillas tan grandes como las armas biológicas, las químicas, las nucleares, prácticas tan alucinantes (y cuya necesidad me atrevo a cuestionar, así de hereje que soy) como la vivisección o los experimentos (in)humanos realizados sobre gente indefensa en instituciones mentales a lo largo, quizá no de un milenio, pero sí de unos cuantos siglos, tales como las descargas eléctricas, las lobotomías en vivo o el uso de medicación experimental sin consultar con el paciente (tengo datos históricos que datan desde 1888 en Inglaterra hasta la época de Frances Farmer).
Con esto, insisto, no ataco a la ciencia pues reconozco su necesidad y sus logros.
Lo que digo, y a donde quiero ir realmente a parar, es que nadie es tan inocente ni tan bienintencionado como pretende y quizás los otros no sean tanto la panda de chalados idiotas que muchos se creen que son.

Aquí, la actriz Frances Farmer. Fue ingresada en una institución mental y fue sometida a toda clase de vejaciones. Algunas de ellas fueron "en nombre de la ciencia", tales como baños en agua helada, terapias con descargas eléctricas y demás. Todo esto con la supuesta intención de aliviar sus problemas mentales.
Sin su consentimiento, fue usada además como conejillo de Indias para probar medicación psiquiátrica experimental, ante el riesgo de Dios sabe qué efectos secundarios.
Este tipo de prácticas tan consideradas, sumadas al hecho de que sufrió un sinfín de brutales abusos sexuales durante su internamiento, produjeron, ya no que no se curara o que no mejorara... sino que muriera con la mente totalmente destruida.
Y a los responsables les dio exactamente igual.
Algo para pensar sobre el tema.


En resumen: que por muy bien puestos que se pongan tanto los de un lado como los de otro, radicales hay por todas partes. Soplapollas que se creen los reyes del mambo por llevar una camiseta con la fórmula de la cafeína, bien por llevar un crucifijo colgando, casi que da igual. Gente que se cree que por tener un esquema muy claro de las cosas pueden coger e imponerlo a sangre y fuego sobre otros, so pena de vejar moralmente e insultar a aquel que no comparta todos y cada uno de sus dogmas.
Y es que estoy ya hasta los cojones de ver cómo el personal es JODIDAMENTE INCAPAZ de ver más allá de sus narices y de polarizarlo absolutamente todo.
Si eres creyente, ya eres creacionista por cojones, no usas condones, la tierra tiene diez mil años y los dinosaurios son una patraña.
Si eres científico talibán, todo lo que no se puede explicar por medios científicos es una gilipollez, lo que no es cuantificable es irrelevante y eres más listo que todos esos pobres subnormales que van a misa a comer galletas con vino.
Todo eso es mucho más fácil que dejar que la gente sea feliz creyendo en lo que quiera y meterse la lengua en el culo a la hora de juzgar su intelecto en base a esas creencias. Que el parvulario ya lo pasamos y mi papá no siempre es más fuerte que el tuyo.


Pero, según ese criterio de "Yo la tengo más grande (la Verdad, malpensaos) así que te callas, tontolculo", es IMPOSIBLE que ambas posturas sean reconciliables. O eres de unos o eres de otros; la combinación no existe y hay que vivir por putos cojones en los dos extremos de ese polo.
Ya sabéis lo que pienso del Pensamiento Único o de la Mentalidad Bipolar.

Por eso tengo que partirme la churra de la risa cuando, de vez en cuando, me llega algún geniecillo de poca monta diciendo que las declaraciones de este blog son radicales.
Espabilad y aprended a leer. Y las deducciones "evidentes" en base a los datos seleccionados por el criterio de vuestras santas pelotas, los juicios de valor personales y demás chuflas de Sherlocks de tercera os la metéis por donde os quepan.
Pasión y vehemencia no implican estrechez de miras.
Tener las ideas claras no indica que sean rígidas e inamovibles; todo lo más, que necesitan buenos argumentos (por buenos me refiero a cosas que no sean "Esto es así porque lo digo yo, que tengo razón" o "Tú es que no sabes de lo que hablas y yo sí") para cambiar. Porque estas ideas que aquí se expresan pueden ser apasionadas, no lo niego... pero nacen tras mucho, mucho tiempo de reflexión. Tras muchas charlas con amigos con cuyos credos no comulgo y con los que he llegado a conclusiones de lo más interesantes.
Pero eso la mayoría no lo sabéis. Ni siquiera os habéis molestado en preguntaros de dónde nacen estas declaraciones. Cargáis, apuntáis y lanzáis vuestras piedras, porque vosotros moláis más que yo.

Luego decís que repito ideas, pero es que se ve que hay que hacerlo, porque algunos no se enteran: en este blog lo único que se os sugiere es que no os quedéis JAMÁS con un único punto de vista (¿no os habéis dado cuenta de que hay artículos que defienden una idea y otros que atacan esa misma idea? ¿Acaso os creéis que es casualidad o fallo?).
Se os pide por activa y por pasiva que penséis por vosotros mismos, que no os dejéis convencer por nadie (ni siquiera por mí. Especialmente por mí, de hecho), porque ahí fuera hay cientos, miles, millones de bastardos que lo único que buscan es pensar por vosotros. Que confiéis vuestro criterio a ellos. Hay una infinidad de hijos de mala madre de tendencias extremas: políticas, religiosas, científicas, de lo que queráis, dispuestos a que les deis la razón ciegamente. Que aceptéis y obedezcáis sin cuestionaros nada, a saber con qué motivos. A saber con qué verdaderas causas. A saber con qué objetivos.
Si este blog es tan radical, entonces, ¿por qué intenta que os hagáis preguntas? ¿Que luchéis y cuestionéis todo cuanto intentan plantaros por delante? ¿Por qué cuenta de antemano con que no tenéis por que estar de acuerdo con lo que se vierte aquí?

domingo, 23 de diciembre de 2012

Escupiendo Rabia- Españoles por conveniencia



Llevo ya tiempo leyéndolo. Como un año y pico o así.
Cada día hay más españoles que, oh sorpresa, ya no quieren ser españoles.
No, no, no me malinterpreteis antes de empezar el post. No voy a hablar sobre lo chulipiruli que es nuestra gloriosa nación ni nada por el estilo. En su día ya expuse los argumentos por los cuales tal vez no seamos la polla en verso, pero tampoco somos la escoria que decimos ser. Ya comenté en su día lo mucho mucho que nos encanta hacernos la víctima y lo dura que nos la pone echarnos mierda a nosotros mismos, glorificando cualquier payasada que se haga en el extranjero y ninguneando lo que somos capaces de hacer. No pienso repetirme en esa idea.

De lo que sí quiero hablar es de esos españolitos 2.0 que llevan eso del quejiquismo a un nuevo nivel. Esa especie de primos de Unamuno a los que España les duele tanto que se la quieren extirpar. A esos personajes que, en lugar de querer mejorar el país, lo que quieren es renegar de él.
Cosas que me sorprenden, ya que hace unos quince años, cuando las cosas iban bien, a nadie ni se le pasaba la idea por la cabeza. No a la mayoría de la gente, al menos.
Pero amigo, las cosas empiezan a ir mal y ahora lo que hacemos es escurrir el bulto. Quitarnos de en medio y abandonar el barco. Cuando papi nos recorta la paga, ya queremos ser huérfanos.

Pero bien españoles que nos consideramos cuando ganábamos en los campeonatos.
Eso sí, antes de eso a todo el mundo le importaba una puta mierda la selección nacional y decíamos de nosotros mismos que éramos un hatajo de perdedores.
Así me gusta, apoyando SÓLO cuando hay posibilidades de ganar.


Eso se puede comparar al clásico niño que es amigo de otro niño en tanto en cuanto le invita a merendar a su casa. Cuando deja de hacerlo, deja de hablarle y se va a casa de otro.
En mi tierra los hemos llamado siempre "convenidos". Y nunca han gozado de demasiada popularidad.
Sin embargo, cada día más vemos cómo el personal reniega de su hogar en el momento en que las cosas dejan de ser como se esperaban.
Y esa actitud de grunges desencantados no es que mole. Es que es contagiosa y se está convirtiendo en una pose de flipar.
Olvidaos de los punks de antaño.
Olvidaos de los jebis, que iban haciendo los cuernos, rebelándose contra el sistema.
Ahora llega el rebeldillo que se mea en el país a la primera de cambio. Planteamos la hipótesis (muy hipotética, dicho sea de paso) de que mañana las cosas empezasen a ir bien y, oh, sorpresa, todo el mundo orgulloso de ser español.

Y es que ahora tengo que ver un montón de argumentos en los que se sostiene que este gobierno no es legítimo y que nos dominan unos hijos de la grandísima puta que nos atenazan, asfixian y se mean en nuestra cara. Y oye, esto no es del todo falso: no hay más que ver las noticias para darse cuenta de que nuestras libertades sociales cada día están viéndose más recortadas, que nuestros derechos se están esquilmando y que nuestra pasta cada día brilla más por su ausencia, mientras que la de los mamones que están ahí arriba chupando del bote parece no tener fin.
Luego nos soplan la mentira de que no hay dinero y nos la meten por el culo día sí y día también.
No, no voy a ser yo el que niegue que estos tíos son una panda de bastardos de lo más acomodados en el poder y que están usando todas las artimañas habidas y por haber para jodernos. Sería un iluso si lo negase.

Pero ojo, eso no nos exime de responsabilidad.
Por mucho que nos joda, este gobierno SÍ es legítimo, ya que (a menos que se demuestre que haya habido falseo en las urnas... cosa que dudo teniendo en cuenta que yo mismo estuve en ellas en las últimas elecciones y lo de la mayoría absoluta no fue trampa ni cartón) nosotros lo hemos votado. ¿Cómo? Pues, como siempre, haciendo el subnormal. Explico cómo ha funcionado esto.

Téngase un país bien jodido por culpa de una crisis económica global como baza principal.
Téngase también una población que no se la menea precisamente pensando en su gobierno como algo competente, ya que éste no ha sabido muy bien cómo meterle mano al asunto y está improvisando de lo lindo.
Tomemos también el detalle de que, desde casi una década, tanto este gobierno como el anterior, han estado propiciando el tema del ladrillo que era básicamente una patata caliente. No se ha generado una industria decente y se ha permitido que la poca que había se fuese a países extranjeros para que se beneficien unos cuantos mandamases, pero provocando que España como tal, no genere gran cosa con la que negociar.
Hasta aquí, bien: eso lo que hace es que el país necesite un cambio de gobierno, que debería verse reflejado en las urnas, ¿verdad?
Pues analicemos qué es lo que pasa entonces:

Resulta que, a causa de esta crisis, tenemos una izquierda que anda algo dividida (ya hemos mencionado esto de la recesión económica, lo que suele conllevar bastante caos en el partido regente) y una derecha que, por lo general, tiene sus grupos de fieles bastante consolidados. A partir de aquí, pasan dos cosas importantes: la primera, que el voto de izquierdas, al estar dividido, no genera una fuerza política consistente, con una importante tasa de abstención electoral; por contra, la derecha se mantiene tal y como está, lo que hace que los tíos que iban a votar a los fulanos que están ahora en el gobierno fuesen a votar igualmente, sin que tengan dudas ante ello.


A partir de aquí, tenemos el factor propaganda, que también hace lo suyo: ante la desesperación generalizada, el principal partido de la oposición tiene la mitad del trabajo hecho. Puede prometer lo que le salga de los cojones que va a haber más de uno y más de dos que le van a votar ciegamente, sin plantearse siquiera lo factible de sus promesas.
Y sí, han incumplido el programa electoral, eso es evidente, pero no nos rasguemos las vestiduras: estos tíos habían prometido tantas cosas que no había un Dios con la cabeza sobre los hombros que se las creyera; si partimos de la base de lo que prometía aquí el Barbas, España iba a convertirse en una utopía en cuestión de un par de años. Sin embargo, cuando le preguntaban por los detalles acerca de cómo, las respuestas eran vagas y, como poco, preocupantes.

- Oye, Marianete, ¿cuál es tu mayor preocupación?
- El paro.
- Ah, bien, ¿y cómo piensas combatirlo?
- Generando empleo.

"¡Fantástico!"


Y el personal se lo tragó.
Podéis decir que la culpa es de la desesperación, desde luego. Y en gran parte es cierto... pero eso no nos exime de nuestra responsabilidad. Como pueblo, tenemos que ser conscientes de lo malo de una situación, pero eso no debe jamás cegarnos en nuestro criterio. Especialmente si tenemos en cuenta el hecho de que los gobiernos totalitarios generalmente han accedido al poder aprovechándose precisamente de esa desesperación popular y de esas desigualdades sociales. A la hora de plantarnos en unas elecciones, lo último que podemos hacer es lo que hemos hecho en estos últimos comicios: ejercer el voto castigo ("Estos lo han hecho mal, voto a los otros por joderles"), el voto tradicional ("Yo es que soy del partido X hasta la muerte, hagan lo que hagan"), la abstención irresponsable (negarse a votar, pero luego decir que el que ha salido elegido es un hijoputa) o, como me pasó en las urnas, meterse a votar a un señor que no sabemos ni quién es, ni lo que promete, ni siquiera del partido que es.

No bromeo. Ya he comentado más de una vez lo de la señora que me vino a preguntarme acerca de cómo votar y, cuando le expliqué cómo tenía que hacerlo, me miró como si todo le importase una mierda; me suelta "Yo es que he venido a votar a X".
- Pues se va usted, coge la papeleta de X y le vota- respondo yo.
- Vale- me dice, meándose de la risa, como si aquello fuese un cachondeo-, pero es que no sé de qué partido es.

Y no hablo de un partido minoritario ni de un candidato desconocido. Hablo de un tío famoso de cojones.

Y es que se nos llena la boca diciendo que el poder es del pueblo (que lo es), pero bien que miramos para otro lado cuando nos dice alguien que un poder implica una responsabilidad. Que votar no es plantificar un papelito en una urna y, si no nos gusta lo que ha salido cagarnos en la puta madre del candidato elegido... o peor aún: haberle votado y renegar de él. Donde dije digo dije Diego.

Lo más gracioso es que, si pensamos en las estadísticas, en un gobierno elegido por mayoría absoluta, mucho me temo que esos que reniegan de sus actos no son ni dos ni tres, sino muchos más. Muchos ahora van de defraudados por la vida, pero en su momento no se pararon a pensar en lo factible de las promesas que les estaban soltando. Les llegan a decir que si el partido Tal salía elegido les crecería la picha cinco centímetros y nadie se cuestionaría nada; irían en masa a votar como corderitos. Y luego, si la cosa sale rana (porque iba a salir, viendo el plan ultraconservador de los pavos que tenemos ahora en la Moncloa), la solución es no querer ser español, renegar del país y demás.
No.
Una cosa es estar en contra del gobierno. Podemos decir que esta administración está haciendo un trabajo jodidamente penoso, con recortes en derechos sociales básicos y exprimiendo al currito de maneras que ya empiezan a acojonar. Podemos decir que aquí los colegas están dedicándose a lamerle el ojal a la Puta Gorda de los Cojones y a la puta Santa Sede, de una manera que sobrepasa la falta de ética, de dignidad y de cualquier cosa que se nos ocurra.
Pero ellos NO son el país. Son sus putos administradores. No somos más guais diciendo que el país es una mierda, porque lo que estamos es derivando responsabilidades; el gobierno, por mucho que nos joda, nos representa. ¿Cómo? Pues, puede que nos duela (a mí al menos sí, pero eso no me impide admitirlo), pero esos hijos de puta son los hijos de puta que hemos puesto ahí.

La ley electoral está MAL. Sí. Pero ojo, que es muy bonito echarle la culpa a esa ley, sin pensar que funciona de la urna para arriba; es decir, desde lo que es el recuento de voto en cada provincia, y de ahí en recuento estatal: cuando tú ves que en una urna LOCAL la proporción de voto en sentido del partido que gobierna es una burrada en comparación a los demás partidos, te das cuenta de que aunque no se hubiese aplicado esa ley, habrían sacado mayoría absoluta igualmente.
Pero es más fácil echarle toda la culpa a esa ley. Así diluimos nuestra responsabilidad.

"¡Cómo! ¿Yoooooooo? Si yo no he hecho nadaaaa!"
Claro, ni tú ni nadie.
Aquí nadie ha hecho nada.
Ahora aquí somos todos inocentes.


Mola mucho también eso de ejercer el derecho al voto como le sale a uno del ojal (pensando que todo lo que lleve la palabra "derecho" es puta jauja), sin conocimiento, desde la más total ignorancia y creyéndonos que somos los reyes del mambo. Luego, cuando la hemos cagado pero bien cagada, es mucho más cómodo echarle la culpa al sistema, a las leyes, a los políticos y hasta a los marcianos si hace falta en lugar de asumir nuestro error.
Porque aquí el pueblo es una entidad inocente y libre de mácula que jamás la caga. Jamás actúa sin pensar. Todo cuanto hace es desde la más absoluta de las responsabilidades y no hay errores que valgan. Los errores, de otros, de los hijos de puta esos que provienen de otro plano de existencia o que acaso se han criado en un tanque de clonación. Porque aquí nadie se ha parado a pensar que esos hijos de mala madre son otros españoles más, ¿a que no? A nadie se le ha ocurrido pensar que igual la diferencia entre uno de esos bastardos explotadores de arriba y el currito de a pie es que los primeros se han pasado toda su puñetera vida dentro de un partido lamiendo ojetes y promocionando a base de hacer la pelota y a los demás ni se nos ha pasado por la cabeza. Es posible que a muy pocos se les haya ocurrido plantearse si esa catadura moral de la que adolecen es muy distinta de la nuestra. Si al Paco el del barrio, ese Paco de toda la vida, le llegan un buen día y le ofrecen un carguito en el que pueda chupar del bote y pillar pasta con la única condición de no preguntar jamás de donde viene...

Joder, yo aquí me pregunto cuántos "Pacos" serían honrados de verdad (como todo el mundo en este país dice ser) y cuántos REALMENTE se convertirían en una panda de caciques tiranos como los que nos dominan.
Puedo ser exagerado.
Puedo ser generalista.
No os digo que no, pero quiero que penséis en cuántos casos habéis conocido de algún tipo que era uno más hasta que promocionó en su empresa. En cuántos eran tíos de lo más humildes hasta que les dieron un cargo. Un puesto de poder. Aunque sea de gerente en un puto burguer.
Pensad en cuántos de ellos pasaron de ser tíos normales a convertirse en unos putos tiranos que miraban por encima del hombro a los demás.

Recuerdo una vez que me hablaron de unas jornadas de rol, en que el grupo que ganó un concurso se tuvo que ir para coger a tiempo el tren a casa.
Aparecen los organizadores, con sus chapitas en el pecho que les marcan como "la organización" (=autoridad), diciendo que las reglas eran ESTRICTAS y que no podían entregarles el premio, porque tenía que ser entregado EN PERSONA y NADIE podía recogerlo en su nombre. Intentaron dialogar con ellos, razonar, convencerles y demás. Les explicaron las circunstancias de lo que pasaba. No hubo manera. No se molestaron ni en escuchar, porque al tener la chapita que les daba autoridad, consideraban que no había necesidad alguna de flexibilidar las cosas. Y esto era con un simple concurso.
Esto demuestra que no es una cuestión de clases sociales ni leches: dale poder a alguien que siempre ha sido un cero a la izquierda y se convertirá en un tirano que no atiende a razones.

En cualquier caso, antes de que penséis que este planteamiento es descabellado, permitidme sugeriros que veáis la peli alemana titulada El Experimento, basada en un hecho real, a cargo del célebre profesor Zimbardo, de la universidad de Stanford. Se tomó a un puñado de voluntarios y se les sometió a una prueba, ambientada en una hipotética cárcel. Al azar, se asignaron roles de presos y guardias y se estudió cómo funcionaba eso de asumir la autoridad, tanto por parte del que la ostenta como por parte del que la recibe.
En menos de una semana, ese experimento tuvo que detenerse: sin que hubiese una autoridad REAL, los roles se habían definido de un modo tan claro que se produjeron vejaciones de todo tipo.
Y eran gente normal, como tú y como yo.
La diferencia es que, de esa gente normal, unos tuvieron la ocasión de ejercer el poder sin demasiadas cortapisas morales.



Con esto, por supuesto, no estoy haciendo una defensa del político medio, ni mucho menos. Ya he visto suficientes documentales acerca de nuestra casta política para darme cuenta de que estos tíos se conocen la trampa de puta madre y que han aprendido a vivir del rollo hasta tener unos privilegios que ríete tú del Sha de Persia. No, que yo esté criticando esta actitud de hipocresía no implica defender a esos desgraciados, no caigáis en esa falacia ni pongáis palabras en mi boca, que no cuela.
Lo que pasa es que porque nosotros seamos los que salimos perdiendo no nos exime de culpa ni nos convierte en bellísimas personas; simplemente somos los que nos hemos llevado la peor parte.

Y quizás es por eso por lo que me repatea esa actitud de pataleta que estoy viendo cada vez más: en vez de intentar hacer fe de erratas y de reconocer que la hemos cagado (lo cual no vendría mal de cara a unas próximas elecciones, anticipadas o no), mucho me temo (y espero equivocarme) que pasará lo de siempre: volveremos al voto castigo, al voto tradicional o a esa abstención irresponsable. Porque el pueblo es soberano y, como tal, jamás se equivoca. Porque en democracia, la mayoría siempre tiene la razón, aunque esté votando al puto Anticristo. No, es que nos han engañado a todos, es que las leyes están mal, que si tal que si cual... pero yo todavía no he escuchado a NADIE decir que, como país, la hemos cagado de pleno con nuestra decisión.
Decidme si eso no es de ser inocentes.
Y si es posible, explicádmelo para que una mente tan "cerrada" como la mía (como muchos piensan que la tengo) lo entienda.

En vez de admitir que nos hemos equivocado y empezar a pensar en cómo solucionar el tema, lo nuestro es quejarnos, lloriquear y protestar. Decir que no queremos ser españoles (probad a ir a otro país, donde os van a tratar en calidad de "inmigrantes" y luego me contáis), que todo es una mierda y demás argumentos derrotistas. A nosotros que nos lo solucionen todo otros, que otros nos saquen las castañas del fuego. Papá Estado ya no me da dinerito ni ayuditas, así que ya no le quiero, me busco a otro que sí lo haga.
Y con esto último, no me estoy refiriendo al tema de la inmigración, ni mucho menos: me parece totalmente respetable que la gente se busque curro fuera si aquí no hay; a lo que me estoy refiriendo es a esa actitud del español medio de "El Estado me lo debe todo" y, en el momento en que las cosas se ponen chungas, coger y pasar de su culo. Es decir, que somos españoles siempre y cuando el país se ajuste a nuestras expectativas. Es la actitud que denunciaba Benjamin Franklin, allá por el s. XVIII, cuando decía "No te preguntes lo que puede hacer tu país por tí, sino preguntate qué puedes hacer tú por tu país".
Eso hoy en día, en nuestra sociedad, es totalmente inviable. No con nuestra mentalidad de "Es que yo tengo derecho", "Es que yo me merezco esto", "Es que yo", "Es que yo".
Podéis llamarme radical si os sale del ojete, pero qué queréis que os diga: la que tiene el español medio me parece una visión bastante curiosa, ya no del concepto de patriotismo (en el que, insisto, no me apetece entrar), sino del de nacionalidad, o el de origen. Y ojo, son dos cosas totalmente diferentes.


"¡El pueblo es sabio!
¡El pueblo es mayoría!
¡Y como es sabio y es mayoría, JAMÁS se equivoca!"


La cuestión es que, si nos fijamos, ahí fuera (ya no solo en el gobierno, sino más arriba) hay un montón de hijos de puta que están esperando a que nuestro país caiga de rodillas y que se convierta en una versión moderna de los países de la Europa del Este, hogar de casinos, bingos y de lamedores de culos. Muchos parecen querer vernos convertidos en esclavos fácticos de Alem... digooo, Bruselas, que DICTA (no sugiere) órdenes, empobreciéndonos. Tal vez acabemos por ser el Benidorm de Europa, para que los vejetes y ricachos de otros países vengan a tomar el sol por un precio miserable. Que nos traten con la punta del pie, como ya están haciendo en muchos sitios (véase Mallorca) y nosotros, totalmente carentes de dignidad, agachemos la cabeza y les chupemos las botas, porque son nuestros amos y señores.
Hay mucha gente a la que parece interesarle que estemos toda nuestra vida sintiéndonos como escoria, que nos veamos como inferiores a cualquier bicho viviente más allá de nuestras fronteras (como si en países como Alemania se viviese mucho mejor, JA) y que aceptemos que nos claven el tacón en el cogote y comamos de la mierda que ellos cagan sobre nuestras bocas.
A mucha gente parece convenirle que no creemos una industria (por mucho potencial que tengamos) y que malvendamos a nuestros investigadores para que otros se enriquezcan, mientras lo que nos va a quedar aquí serán terrenitos para construir (ahí, por cojones, aunque la cosa ya no sea rentable), aeropuertos vacíos, parques temáticos a los que no va ni Cristo y casinos por todas partes.
Porque genera empleo.
Empleo que la mitad va a venir del extranjero, o con contratos que se saltan nuestras legislaciones. Y nadie va a decir nada.
Llamadme paranoico pero hay a quien le interesa que perdamos, ya no el orgullo, sino la dignidad que tenemos. Creo que a muchos les encanta esa actitud de losers que tanto nos gusta emplear, y están sacando tajada. Día tras día. Año tras año.

Ahí. A lo Kurt Cobain: la vida es una mierda, el sueño se ha ido a tomar por culo. Somos todos unos perdedores, no valemos para nada...
A un montón de cabronazos les gusta esta actitud.


Y si no es así, esperad a la próxima vez que vayamos a las urnas y me contáis cómo ha salido el tema.
Pero si veis que (espero equivocarme) la cosa ha salido tal y como he predicho, no es que yo sea un profeta ni leches en vinagre: es que ya me conozco cómo funciona nuestra mentalidad; por tanto, si las cosas siguen como el culo, si tenemos gobernantes que son unos putos ineptos, si os sentís defraudados y os ponéis otra vez a encogeros de hombros y pensar que cualquier tiempo pasado fue más chachi... si decís que ser español no mola única y exclusivamente porque las cosas están mal... recordad que las culpas pueden ser de ellos (lo serán, desde luego). Pero no solo de ellos.
Porque nosotros los habremos puesto donde están, con nuestra ignorancia y nuestra estrechez de mentes. Seguiremos sin solucionar nada con esa actitud indolente, de lloricas que escurren el bulto cada vez que hay una mínima posiblidad de arreglar las cosas.
Nos duele España, como a Unamuno, sí... pero nadie parece molestarse siquiera en buscar un método para que deje de doler. Llevamos con esa actitud desde 1898 y parece que cada día nos gusta más.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Angst- Sobre el concepto de búsqueda espiritual, cambio y otras chorradas



Hará algunos años, durante un curso de formación tuve, junto a algunos compañeros, la oportunidad de poner a prueba algunas terapias de psicología de grupo. Lo que en la jerga se llaman "Dinámicas de grupo". La profesora que teníamos por aquel entonces, una docente de lo más apañada, era muy aficionada a eso de usar técnicas de autoconocimiento, quizás no muy "ortodoxas" si nos ponemos ultracientíficos, pero en caso alguno carentes de interés.

Una de ellas consistía en dividir un folio en cuatro partes, dejando una sección circular en el centro, de manera que te configurabas el folio para hacer cinco dibujos en cada una de las casillas que había. Con ese papel delante, hacíamos un ejercicio de visualización, consistente en visitar algunas secciones de tu vida: recordar un momento agradable de tu niñez, otro en tu adolescencia, verte a ti mismo dentro de un tiempo y demás. Hace ya algunos años de eso y no recuerdo del todo bien los detalles.

Sin embargo, lo que sí recuerdo fue la parte tocante al pasado, en la que se supone que tenías que recrear un momento agradable.
Yo dibujé algo parecido a un príncipe de cuento con una espada en alto: no dibujé un "hecho" en sí de mi vida, pero sí una forma de plantear la visión del mundo que tenía por aquel entonces.
Sí, supongo que os resultará muy gracioso si me conocéis, pero de pequeño creía en el heroísmo. Me habría gustado ser la clase de personas que pueden hacer algo inusual para ayudar a otros.
Sueños de niño.

Me ha costado lo mío encontrarlo, pero lo tengo: mi dibujo era una cosa similar a esto.

Luego creces y te das cuenta de que, puede que gracias a varias décadas chupando cómics, tengas unos valores de integridad que suenan muy bien, pero que en esta sociedad de puñalada trapera no hay Dios que tenga huevos de mantener. O puedes mantenerlos porque crees en ellos y eres de esa manera y morirte de asco, que para el caso es lo mismo.

El caso es que, volviendo al ejercicio en sí, mi profesora hizo una especie de análisis de la clase de chorradas que había dibujado sobre el papel (la mitad de ellas algo abstractas) y llegó a la conclusión de que me encontraba en plena fase de una búsqueda espiritual. Supongo que, teniendo en cuenta que por aquella época no tenía muy claro qué coño hacer con mi vida, no era un diagnóstico descabellado en absoluto. Puede que esta mujer tuviese muy buen ojo. O puede que, realmente, sea una persona bastante transparente, si quien quiere conocerme no se queda en lo meramente superficial.

Lo gracioso es que han pasado tres años o así de aquello y es ahora cuando me acuerdo.
Este fin de semana pasado he tenido la ocasión de volver a ver a viejos amigos a los que hacía un siglo que no veía. Básicamente provenían de otros países y no es tan fácil retomar el contacto personal con alguien que vive a más de cinco mil kilómetros de tu casa...
... Y sin embargo, llamadlo casualidad, han confluido unos pocos durante los mismos días. Sin conocerse entre sí y, en algún caso, sin haber planeado apenas pasarse a ver a un humilde servidor.
Cosas que surgen espontáneamente.

Así de espontáneamente surgen conversaciones que acaban por resultar trascendentales: empiezas poniendo al día a esas antiguas amistades y al final surgen conversaciones acerca del futuro.
Es en ese momento cuando una buena amiga me hace una pregunta que no sé responder.

- ¿No tienes ningún sueño en tu vida?

Pensadlo.
Puede parecer una pregunta gilipollas, pero cuando pasas por una etapa en que no sabes qué coño hacer con tu vida, no es tan raro acabar por darte cuenta de que lo mismo no llevas una meta. No una clara, al menos: has terminado tu carrera y se supone que tienes que trabajar.
"Haz oposiciones", te dicen, pero resulta que han cerrado la oferta pública.
Buscas curro de alguna otra cosa y no te llaman ni para una entrevista de trabajo. Lejos de desanimarte, lo entiendes (o simplemente te jodes y asumes lo que hay). No está la cosa para coñas.
El caso es que no tienes ni puta idea de para dónde tirar. He ahí el quid de la cuestión.
Puede que la pregunta me pareciese demasiado importante como para responderla a la ligera, también.
El caso es que, fíjate, que el recuerdo de aquel dibujo del muñeco con la espada acabaría por aparecerse en mi mente cuando me despidiese de esta amiga y me pusiese a darle vueltas al tema de camino a casa.
Fuese como fuese, me dí cuenta de que, desde la última vez que esta amiga y yo nos vimos, mi vida no era especial. No en el sentido de que fuese estable o que pudiese tener algo a lo que medio aferrarme. Que sí, que tienes tu familia y todo eso, pero algunos sentimos ese impulso que nos lleva a pensar en levantar el vuelo y salir del nido, especialmente cuando, de vez en cuando, te sientes con las alas cortadas.
En según qué situaciones, no puedes ni planteártelo.
O puede ser que ni siquiera hayas caído en ello. La infancia hace tiempo que quedó atrás y ahora estás en una dinámica completamente diferente.

"¿Ni te lo habías planteado, so mamón?"
Pues no, Sueño, para qué te voy a engañar.


Pero este artículo no es tanto una queja por mi situación (paso de ponerme a lloriquear) como del concepto de búsqueda espiritual en sí. Hay gente que, por el motivo que sea, parece tener las cosas claras en su vida desde el principio. Se las apañan para tomar una dirección encaminada que, puede retrasarse más o menos, pero al menos tienen unas directrices que seguir.
Otros no seguimos una partitura, sino que por el motivo que sea, parece que tocamos de oído. De un lado para otro, buscando nuestro sitio. Laboral, social, sentimentalmente, algunos no somos más que un puñado de nómadas. Gente solitaria, sin patria, que vaga de un lugar a otro.

Es curioso, si se parte del concepto de que (según mi visión del mundo), el ser humano lleva eso de los cambios como el puto culo.
Siguiendo con las conversaciones filosóficas con mi amiga extranjera, llegamos a la conclusión de que existen dos tipos de cambios en nuestra vida: los que acabamos por asumir voluntariamente, con cierto tiempo de preparación (véase para un proyecto o similares) y aquellos que vienen de improviso, que son los que desestabilizan tu vida.
Lo que viene a ser el Caos que pone nuestra existencia patas arriba y a los que tenemos que adaptarnos como podamos, si es que podemos.

"Hola, soy tu Caos"
Mmmm vale, pero ¿tienes que ser así de feo, joder?

Ante ese concepto que me planteó mi amiga, yo parto de la idea de que el ser humano no cambia. No, al menos, en lo importante: puedes modificar ciertas conductas de tu vida ante ciertos estímulos (si nos ponemos conductistas), pero nunca dejas de ser tú. No, insisto, en lo importante, ni en la mayoría de los casos.
Nosotros no cambiamos, pero las circunstancias sí.
Como digo muchas veces, eso es lo que suele suponer lo más miserable de nuestras vidas.

Nos resistimos al cambio, porque somos una especie de costumbres. Somos virtualmente incapaces (a menos que entremos en situaciones relativamente extremas) de cambiar nuestros esquemas o nuestro concepto de vida, lo que nos lleva a menudo a no entendernos con otros, o simplemente a no entender el mundo que nos rodea. La Teoría del Surco, de la que creo haber hablado alguna vez: nos imponemos rutinas, diciéndonos a nosotros mismos que hacen más cómoda nuestra vida, pero en el fondo, no es más que una excusa para no explorar otra forma de hacer las cosas. Porque una única vía de pensamiento es más fácil de soportar. Especialmente si no supone tener que revisar demasiado tus creencias.

Esto, en mi caso, no deja de ser una contradicción que no me voy a molestar en explicar... principalmente porque yo mismo no sé hacerlo: desde hace ya varios lustros me las he visto y me las he deseado para adaptarme a los cambios que se me plantan por delante de los morros (y no, yo no soy de esas personas que se adaptan fácilmente a las cosas, pero ni de lejos); por otra parte, ando dando tumbos de un lado para otro, sin plantar el huevo por ninguna parte y sin poder echar raíces.
Quizás la única explicación que encuentre es que una cosa es que quiera estabilizarme y otra que haya encontrado el modo de hacerlo; puede que el concepto mismo de Cambio, a la hora de pensar en UN sitio en el que enraizarme (y pensar que ahí empezará el resto de tu vida), cause tanto vértigo (o quizás más) como el estar dando palos de ciego. Por un lado, no encontrar un futuro; por otro, temer que el futuro que te espera hasta el fin de tus días no es gran cosa. Ni agradable siquiera.
¿Qué haríais vosotros, entre caminar errantes y dirigiros a cualquier sitio de mierda?
Ese, posiblemente, sea el tipo de terror que anida en el fondo de la mente de la gente que vive en la misma situación que yo.
Puede.
Tal vez.
Quizás.
Para qué os voy a engañar, no tengo ni puta idea.

"Ni puta idea, pasando"


En cualquier caso, quizás el concepto de la búsqueda espiritual, de esa búsqueda de ti mismo, del Santo Grial o como quieras llamarla, resida justo ahí: en esa lucha contra el Caos que se levanta a nuestro alrededor día a día. En afrontar que, van pasando los años, y ves que tu situación sigue tan estancada como hace siglos y que tu vida no ha parecido avanzar ni un solo paso. Que el universo que te rodea, tu microcosmos personal, no te dice gran cosa. Viéndote como te ves, con grilletes en los pies que te lastrn en todo momento, sabes que te gustaría aspirar a más, pero ni sabes lo que es, ni dónde coño está.
El Caos te da hostias por los cuatro costados, pero tú sigues ahí, flotando en mitad de la tormenta, preguntándote si vas a seguir a la deriva mucho más tiempo o vas a acabar en una isla llena de caníbales.
Tal vez esa búsqueda consista en decidir: en decidir si vas a hacer lo que la sociedad, el mundo, espera que hagas, o bien vas a seguir a tu instinto o tu corazón. Esa búsqueda, tarde o temprano, te lleva a enfrentarte a tus propios demonios.

Sigo recordando esas conversaciones este fin de semana: mi amiga sostiene que, pese a haberse pegado años saltando de un lugar del mundo al otro (cosa que hace que me sienta muy orgulloso de ella, ya que yo soy totalmente incapaz de embarcarme en aventuras así), no es valiente.
No comparto esa idea: el valiente no es aquel que no tiene miedo, porque miedo tenemos todos, lo admitamos o no. Para mí el valiente es aquel que se planta delante de sus demonios interiores más fieros, del Caos y de cualquier obstáculo que se ponga por delante y, siendo plenamente consciente de su miedo, lucha con todas sus fuerzas hasta superarlo.
Pero para eso hay que valer.
No, no me vengáis con lo de "En situaciones de necesidad sí que lo haces". Mentira. En situaciones así, los que no tenemos ese valor dentro del pecho, nos arrugamos, nos venimos abajo y, muertos de rabia (porque sabemos que no damos para más), aquí nos quedamos. Y es que no podemos hacer nada más. Entendedlo, porque es algo irracional, que no se puede controlar.
Pensad en alguien que teme a las cucarachas y convencedle, si tenéis cojones, de que no se va a morir por tener una a menos de tres metros. Puede que con un ejemplo así lo entendáis.

"¡Cagonlaputaaaa qué pedazo de cucarachaaaaaa! ¡Jackson, Jackson, ¿dónde coño te has metido?!"


El caso es ese, y con esto concluyo: existe mucha gente que consigue verlo todo (o al menos, la mayoría de las cosas) de una manera sencilla, que han sabido desde el principio lo que quieren hacer. Que han tenido unas metas muy claras, unas ambiciones que cumplir. Unos sueños que ven factibles. Gente que, gracias a eso (o puede que a alguna otra cosa que desconozco, que todo puede ser) sale adelante. Evoluciona lo justo como para no romper sus propios esquemas, pero lo suficiente como para salir adelante. Esa gente tiene la suerte de solo tener que enfrentarse al Caos, a esos cambios imprevistos que se cruzan en la vida y ante los que es complicado estar preparado de antemano.
Lamentablemente, no todos somos así.
Otros, todavía estamos intentando pillar las notas de la canción. Buscándonos a nosotros mismos, intentando entendernos o a la sociedad que nos rodea... o puede que directamente perdidos.
El día que tenga respuestas a todo este despliegue de incógnitas que me he dedicado a plantear, me encantaría poder contároslas.
De momento, sigo con mi búsqueda.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Escupiendo Rabia- El Cultureta, el Pedante o como quieran ustedes llamarlo



Voy a deciros algo que igual os sorprende. Es posible que incluso vosotros lo pensaseis en su debido momento y que, por el motivo que fuese, optaseis por callaros. Sabéis que yo no, así que ahí va.
¿Preparados?
Venga, ahí va:
En el mundillo de las letras hay mucho gilipollas.

Sí, esto es lo que pienso. No sé hasta qué punto es verdad porque no me he puesto a sacar una estadística, pero mi percepción de este nido de víboras de gente que (dice que) escribe es esa. Un gilipollas más y esto se hunde como la puta Atlántida.
Vengo pensando en esto desde que me acordé el otro día de un post que escribió un amigo hará cosa de un año, en el que denunciaba esto mismo. En el que él mismo comentaba cómo hay gente que (reproduzco libremente) se cree mierda y no llega ni a pedo por el simple hecho de escribir. Ya no hablo de publicar, ojo (que sí, que algunos en el momento en que ven su nombre en una librería ya parecen creerse los reyes del Mambo, que también los hay, y a patadas), sino por el hecho de plantar sus huevos en un texto y hacer que de ahí salga algo.
Escuchas a más de uno y parece que lo ha cagado el mismísimo Apolo.

Y es que esto es un poco como lo que comenté en un post anterior acerca del mundo de los frikis: está el que tiene una inquietud, lo que es muy honrado, y la persigue del modo más decente posible, y está el payaso que tiene que convertir toda puta cosa que hace en una declaración de intenciones. En una causa que abanderar. En un sistema de creencias por el cual juzgar al de al lado. Como decía un sabio amigo (al que creo que cité con anterioridad), "el tonto de turno al que le daban hostias en el colegio y que, al crecer, no lo ha superado: se ha encerrado en una burbujita de cristal desde la que despreciar a todo lo que se menea".
La clase de seres que antes de mataban a pajas pensando en Lara Croft, y ahora lo hacen con Sylvia Plath.

Aquí, Lara Croft.
Aquí, Sylvia Plath.



De leer comentarios de gente que se piensa que esto de leer o escribir es como formar parte de una Élite de Elegidos. De que el Autor es diferente a cualquier otro ser humano, que no come, SE INSPIRA. No caga, CREA. No folla...
...
Vale, con respecto a esto último no tengo nada que decir.

Lo peor de este tipo de actitudes es que el ser humano, además de ser (según mi criterio) soplapollas por naturaleza, es gregario como él solo. Si viviésemos en una sociedad medianamente inteligente, a criaturas así no se les haría ni puto caso; todo lo más, ni siquiera se les tomaría mucho en serio. En una sociedad de culto al cretino lo que se hace es fundar camarillas donde lo que tenemos es chupapollismo mutuo. Verdaderos meapilas le conceden el beneficio a otros meapilas de honrarles con su presencia. Tras un par de mamadas verbales (no entro en las físicas, cada uno desfoga como le da la gana), entran en simbiosis y se dedican a ver a todos los demás como "inferiores". Como "esos", que no dan la talla. Que no han leído las obras completas de Alfred Cipoteski. ¡Por Dios! ¿Cómo es posible semejante blasfemia? ¿Cómo se puede ir por la vida sin haber leído a semejante genio?
No importa que a semejante genio no lo conozca ni su puta madre y que sea un lector de minorías. En realidad, eso es lo que estos seres buscan, sentirse DIFERENTES, aunque eso suponga tratarse un tostón macabeo que no le gustaba ni a la señora de Cipoteski.

Testimonio de la señora de Cipoteski: "¿Mi marido? Mi marido era un puto plomo, cuando tenía insomnio le pedía que me leyese sus ensayos sobre la naturaleza humana para dormirme".


Este, amiguitos Distópicos, es uno de los quids de la cuestión: el de sentirse DIFERENTES y propagarlo como una puta gonorrea. No basta con serlo sino de que todo el mundo se entere. No es suficiente que te guste una cosa rara, tienes que recordarle a los demás lo especial que eres por amarla y reírte de ellos, ya no por no compartir tus gustos (¡Herejía!), sino por no conocerla siquiera.
Pongo el caso de cierto profesor que tuve. Un profesor que, académicamente, era muy bueno, pero en el plano humano pecaba de eso a lo bestia. Del que te llegaba diciendo "Esto se ve claramente en tal película del año 31", y luego hacer un comentario snob del tipo "Pero vosotros qué vais a saber". Entre paréntesis, "Porque sois todos una tanda de incultos anormales que no tenéis interés en las cosas buenas" ("=las que me gustan a mí y no otras")
Pongo el caso de caballeros que miden a los demás autores en función de lo que hayan publicado... pero obviando el hecho de que ellos mismos lo mismo no han publicado más de un libro o dos, y quedando a la altura del betún en comparación con otros que han sacado al mercado ya casi media docena de libros y que, ya no es que no alardeen de ello: es que ni te enteras de que lo hayan hecho a menos que les preguntes.
Una actitud respetuosa y digna, donde las haya. Llamadme radical, pero mi concepto de cualquier persona con un mínimo de educación, si ve que está hablando de algo y tiene al personal perdido (no es tan raro si tienes aficiones poco comunes) es bajarte del pedestal y decirle al personal: "Venga, os pongo en materia: esta peli del 31 va de esto, de esto y de lo otro". No cuesta nada, puedes captar el interés del interlocutor (la comunicación va precisamente de eso, en que tu mensaje se haga entender) y de paso te las apañas para llevarte bien con otros humanos, que no cuesta tanto, coño.
Pero no.
El objetivo de la comunicación en situaciones de pedantería absoluta no es usar tu información y compartirla con otros, al tiempo que absorbes información de otros. Lo que se tiene como meta aquí es (metafóricamente) sacarte la picha y alardear de lo grande que la tienes, esperando que los demás hagan una O con la boca y se la meneen pensando en ti, mientras piensan que ojalá alcanzasen solo unas migajas de tu conocimiento.

"¡SE HA DIGNADO A SALUDARME! Eso quiere decir que estoy más cerca de formar parte de su Elitista Círculo Personal, ¡Ya puedo irme a la cama contento!"


Y, ¿qué pasa si no casas con ese credo? ¿Qué sucede si no eres digno de la atención de esos seres? Pues lo típico que sucede en cualquier colectivo minoritario que basa su ideología en detestar al vulgar mundo que no les entiende, apoya o les lame el culo: ignorancia, ostracismo, desprecio.
Una contradicción curiosa, considerando que podríamos pensar que el Cultureta aspira a que todos tengan los mismos gustos que él.
Ni de coña, porque si lo hicieran, sería una tendencia mainstream, poco alternativa. Y hay que ser diferente por putos cojones.
Así es como está el patio: unos viven en su Matrix, mirando por encima del hombro a todo lo que se les pone por delante, pensando que no existe nada por encima de Ellos. Que han alcanzado el puto Olimpo, pero que en el fondo, no deja de ser un complejo de Peter Pan que igual se hubiera curado a tiempo con un par de bofetadas bien dadas.
Puede que alguno incluso se las llevase, ahora que lo pienso.
El ser humano, como digo, tiende a ser gilipollas por naturaleza y, en lugar de espabilar como un perro de Pavlov ante un estímulo, lo que hace es justo lo contrario.
Sí.
Volverse más gilipollas aún y usar esa bofetada como excusa para trabar venganza.
"Por la bofetada que recibí, me pienso volver más pedante aún. Pobre del que me encuentre".
Como en aquella canción de Rosendo, se convierten en chicos impertinentes y se les tiene que notar, mucho más.

Qué queréis que os diga, amiguitos: yo estoy ya de esta actitud hasta los mismísimos. De que un tío te mire como si fueras mierda porque no has visto ni una película de cine conceptual de Karajistán... pero  luego resulte que tú le hables del Smoke on the Water y no tenga ni puta idea de lo que es. En otras palabras, que lo suyo SÍ es cultura y todo lo que a él no le guste, son paridas insignificantes.
Payasos que se creen con derecho a adueñarse del concepto de arte.
Cretinos redomados que encima tienen los cojones de establecer todo un baremo y una escala social en base a lo que ellos molan y a la escoria insignificante que son los que le rodean.
Gente que se cree mejor porque han leído más, como si eso fuese automáticamente un signo de inteligencia (leer más no te vuelve más listo, que se lo digan a los seguidores de Dan Brown: son millones en el mundo y dudo que TODOS sean condenadamente inteligentes) o de sabiduría (claro que sí, si te lees el Mein Kampf y sacas ideas de él este teorema queda totalmente demostrado), o incluso de categoría moral: "Si la gente leyese sería mejor persona".
Los cojones.
Los putos cojones.
El que es un hijo de la gran puta lo va a seguir siendo, se lea lo que se lea. Echad un vistazo en universidades y demás y haced un cálculo de la valía moral de profesores, doctores y otros seres. Lo mismo os echáis las manos a la cabeza.
Lo mismo resulta que el nivel cultural de cada uno no tiene absolutamente nada que ver con su calidad humana.

Expresión típica del Homo Pedantis Vulgaris.
Algunas de las frases que le reconocen:
"Yo no veo tele, no quiero contaminarme de la cultura de masas"
"Como decía (inserte aquí tío muerto)..."
"Esto no es arte, por tanto es mierda".


No hay nada como despreciar al prójimo, amigos Distópicos, y ya no solo en el mundo literario (lo he mencionado para tener un círculo en el que centrarme, pero el ser humano en cierta medida es así, siempre y cuando tenga un conocimiento del que alardear: se ve en todos los contextos artísticos, filosóficos o académicos). Meted la cabeza por ahí y echar una mirada, que podéis flipar.
En despreciarlo, en medirlo y en ponerlo en nuestro rasero personal: puteemos a los que no les gusta leer, venga. Llamémosles incultos y gilipollas, que a lo mejor ellos nos dan lecciones en base a los documentales que hayan visto (eso también es cultura, a ver si espabilamos), las obras de teatro que hayan ido a ver o incluso las películas que se hayan tragado.
Insultemos a aquellos que no siguen la cultura de minorías (cuanto más minoritarias y marginales, mejor), y asumamos que absolutamente toda la cultura popular es insulsa y mala, aunque no hayamos visto una película recién estrenada en veinte putos años.
Discriminemos géneros por no ser lo bastante artístico, como ha venido sucediendo desde el mundo académico y crítico con la fantasía y la ciencia-ficción, tratados como los "hermanos tontos" de la literatura, y riámonos de autores que escriben sus obras enmarcándose en ellos.
Ofendamos a los otros por sus gustos porque, según muchos de estos pseudo intelectuales, si te gusta leer no te puede gustar el fútbol (¡PROHIBIDO!), ni los videojuegos ni nada que no sea estrictamente ultra-cultural (o cultureta, mejor dicho).
Practiquemos el noble arte de la masturbación a base de mirarnos al espejo o a nuestra biblioteca y riámonos de los que no han tenido la suerte o el dinero de buscar todo lo que hemos buscado nosotros. Escudémonos, pues, en nuestro propio sentimiento de inferioridad y revistámoslo de esa superioridad condescendiente. Miremos a los demás agarrándonos la picha y pensando en el último poema de Chupapoyanski que nos hemos comprado por Internet. Incluso podemos hacer oscurísimas referencias en nuestras conversaciones para demostrar que tenemos el conocimiento y que lo usamos simplemente para sentirnos superiores. Que no somos como las demás cucarachas que viven en la ignorancia.
Incluso podemos crear nuestro propio colectivo, llamándonos hipsters, gafapastas, gamers o demás términos mamarrachiles; vayamos con el rollito retro, pensando que hemos inventado algo. Compremos vinilos por dar por culo e ir de diferentes, ya que hace veinte años que dejó de ser un formato comercial, y además argumentemos que es que como "nos gusta la música de verdad la apreciamos como se merece". Compremos pósters de pelis que no hemos visto pero que son "iconos". O de pelis icónicas que sí hemos visto, que en el fondo nos parecen una puta mierda, pero que no podemos reconocerlo, vaya a ser que nuestra imagen de cultureta se vaya a hacer gárgaras.
Pongámonos adjetivos contradictorios tales como "No soy capaz de encontrar una palabra para definirme", pero vistamos todos con las mismas pintas de retro-capullo sacado de una cadena de montaje.
Filosofemos en modo tertuliano de Garci, aunque en el fondo no tengamos ni una opinión definida, pero hablando de tíos que llevan muertos doscientos años; no nos olvidemos de citarlos constantemente, que se tiene que notar que somos cultos.
Puteemos a todo recién llegado al mundillo, diciendo que "No encaja" o que "Pretende ser uno de los nuestros, pero que se ve a la legua que no es más que una pose" (claro que sí, todo el mundo se muere por ser gamer, no te jode), que "Están en esto por la moda".
Y tú no.
Ya.

La imagen que aquí se muestra en realidad no ha sido idea mía. He visto la descripción en otro blog y me ha parecido que cuadra perfectamente con lo que quiero decir. Gracias a su autora.

No nos olvidemos de decir que nuestros gustos personales (TODOS) son de una calidad excelsa, que rehuímos de las convenciones sociales y que todo lo que está más allá de nuestros muros es mierda. Zafio. Una simple bagatela.
La imagen que menciona una amiga en un post tangencialmente relacionado con esto, de un tío que se pasa el día bebiendo con su martini y su aceitunita, se me forma en la cabeza al pensar en esta clase de seres.
Seamos así de sabios y encontremos un modo así de elevado de sentirnos felices y de darle sentido a nuestras vidas.