domingo, 23 de diciembre de 2012

Escupiendo Rabia- Españoles por conveniencia



Llevo ya tiempo leyéndolo. Como un año y pico o así.
Cada día hay más españoles que, oh sorpresa, ya no quieren ser españoles.
No, no, no me malinterpreteis antes de empezar el post. No voy a hablar sobre lo chulipiruli que es nuestra gloriosa nación ni nada por el estilo. En su día ya expuse los argumentos por los cuales tal vez no seamos la polla en verso, pero tampoco somos la escoria que decimos ser. Ya comenté en su día lo mucho mucho que nos encanta hacernos la víctima y lo dura que nos la pone echarnos mierda a nosotros mismos, glorificando cualquier payasada que se haga en el extranjero y ninguneando lo que somos capaces de hacer. No pienso repetirme en esa idea.

De lo que sí quiero hablar es de esos españolitos 2.0 que llevan eso del quejiquismo a un nuevo nivel. Esa especie de primos de Unamuno a los que España les duele tanto que se la quieren extirpar. A esos personajes que, en lugar de querer mejorar el país, lo que quieren es renegar de él.
Cosas que me sorprenden, ya que hace unos quince años, cuando las cosas iban bien, a nadie ni se le pasaba la idea por la cabeza. No a la mayoría de la gente, al menos.
Pero amigo, las cosas empiezan a ir mal y ahora lo que hacemos es escurrir el bulto. Quitarnos de en medio y abandonar el barco. Cuando papi nos recorta la paga, ya queremos ser huérfanos.

Pero bien españoles que nos consideramos cuando ganábamos en los campeonatos.
Eso sí, antes de eso a todo el mundo le importaba una puta mierda la selección nacional y decíamos de nosotros mismos que éramos un hatajo de perdedores.
Así me gusta, apoyando SÓLO cuando hay posibilidades de ganar.


Eso se puede comparar al clásico niño que es amigo de otro niño en tanto en cuanto le invita a merendar a su casa. Cuando deja de hacerlo, deja de hablarle y se va a casa de otro.
En mi tierra los hemos llamado siempre "convenidos". Y nunca han gozado de demasiada popularidad.
Sin embargo, cada día más vemos cómo el personal reniega de su hogar en el momento en que las cosas dejan de ser como se esperaban.
Y esa actitud de grunges desencantados no es que mole. Es que es contagiosa y se está convirtiendo en una pose de flipar.
Olvidaos de los punks de antaño.
Olvidaos de los jebis, que iban haciendo los cuernos, rebelándose contra el sistema.
Ahora llega el rebeldillo que se mea en el país a la primera de cambio. Planteamos la hipótesis (muy hipotética, dicho sea de paso) de que mañana las cosas empezasen a ir bien y, oh, sorpresa, todo el mundo orgulloso de ser español.

Y es que ahora tengo que ver un montón de argumentos en los que se sostiene que este gobierno no es legítimo y que nos dominan unos hijos de la grandísima puta que nos atenazan, asfixian y se mean en nuestra cara. Y oye, esto no es del todo falso: no hay más que ver las noticias para darse cuenta de que nuestras libertades sociales cada día están viéndose más recortadas, que nuestros derechos se están esquilmando y que nuestra pasta cada día brilla más por su ausencia, mientras que la de los mamones que están ahí arriba chupando del bote parece no tener fin.
Luego nos soplan la mentira de que no hay dinero y nos la meten por el culo día sí y día también.
No, no voy a ser yo el que niegue que estos tíos son una panda de bastardos de lo más acomodados en el poder y que están usando todas las artimañas habidas y por haber para jodernos. Sería un iluso si lo negase.

Pero ojo, eso no nos exime de responsabilidad.
Por mucho que nos joda, este gobierno SÍ es legítimo, ya que (a menos que se demuestre que haya habido falseo en las urnas... cosa que dudo teniendo en cuenta que yo mismo estuve en ellas en las últimas elecciones y lo de la mayoría absoluta no fue trampa ni cartón) nosotros lo hemos votado. ¿Cómo? Pues, como siempre, haciendo el subnormal. Explico cómo ha funcionado esto.

Téngase un país bien jodido por culpa de una crisis económica global como baza principal.
Téngase también una población que no se la menea precisamente pensando en su gobierno como algo competente, ya que éste no ha sabido muy bien cómo meterle mano al asunto y está improvisando de lo lindo.
Tomemos también el detalle de que, desde casi una década, tanto este gobierno como el anterior, han estado propiciando el tema del ladrillo que era básicamente una patata caliente. No se ha generado una industria decente y se ha permitido que la poca que había se fuese a países extranjeros para que se beneficien unos cuantos mandamases, pero provocando que España como tal, no genere gran cosa con la que negociar.
Hasta aquí, bien: eso lo que hace es que el país necesite un cambio de gobierno, que debería verse reflejado en las urnas, ¿verdad?
Pues analicemos qué es lo que pasa entonces:

Resulta que, a causa de esta crisis, tenemos una izquierda que anda algo dividida (ya hemos mencionado esto de la recesión económica, lo que suele conllevar bastante caos en el partido regente) y una derecha que, por lo general, tiene sus grupos de fieles bastante consolidados. A partir de aquí, pasan dos cosas importantes: la primera, que el voto de izquierdas, al estar dividido, no genera una fuerza política consistente, con una importante tasa de abstención electoral; por contra, la derecha se mantiene tal y como está, lo que hace que los tíos que iban a votar a los fulanos que están ahora en el gobierno fuesen a votar igualmente, sin que tengan dudas ante ello.


A partir de aquí, tenemos el factor propaganda, que también hace lo suyo: ante la desesperación generalizada, el principal partido de la oposición tiene la mitad del trabajo hecho. Puede prometer lo que le salga de los cojones que va a haber más de uno y más de dos que le van a votar ciegamente, sin plantearse siquiera lo factible de sus promesas.
Y sí, han incumplido el programa electoral, eso es evidente, pero no nos rasguemos las vestiduras: estos tíos habían prometido tantas cosas que no había un Dios con la cabeza sobre los hombros que se las creyera; si partimos de la base de lo que prometía aquí el Barbas, España iba a convertirse en una utopía en cuestión de un par de años. Sin embargo, cuando le preguntaban por los detalles acerca de cómo, las respuestas eran vagas y, como poco, preocupantes.

- Oye, Marianete, ¿cuál es tu mayor preocupación?
- El paro.
- Ah, bien, ¿y cómo piensas combatirlo?
- Generando empleo.

"¡Fantástico!"


Y el personal se lo tragó.
Podéis decir que la culpa es de la desesperación, desde luego. Y en gran parte es cierto... pero eso no nos exime de nuestra responsabilidad. Como pueblo, tenemos que ser conscientes de lo malo de una situación, pero eso no debe jamás cegarnos en nuestro criterio. Especialmente si tenemos en cuenta el hecho de que los gobiernos totalitarios generalmente han accedido al poder aprovechándose precisamente de esa desesperación popular y de esas desigualdades sociales. A la hora de plantarnos en unas elecciones, lo último que podemos hacer es lo que hemos hecho en estos últimos comicios: ejercer el voto castigo ("Estos lo han hecho mal, voto a los otros por joderles"), el voto tradicional ("Yo es que soy del partido X hasta la muerte, hagan lo que hagan"), la abstención irresponsable (negarse a votar, pero luego decir que el que ha salido elegido es un hijoputa) o, como me pasó en las urnas, meterse a votar a un señor que no sabemos ni quién es, ni lo que promete, ni siquiera del partido que es.

No bromeo. Ya he comentado más de una vez lo de la señora que me vino a preguntarme acerca de cómo votar y, cuando le expliqué cómo tenía que hacerlo, me miró como si todo le importase una mierda; me suelta "Yo es que he venido a votar a X".
- Pues se va usted, coge la papeleta de X y le vota- respondo yo.
- Vale- me dice, meándose de la risa, como si aquello fuese un cachondeo-, pero es que no sé de qué partido es.

Y no hablo de un partido minoritario ni de un candidato desconocido. Hablo de un tío famoso de cojones.

Y es que se nos llena la boca diciendo que el poder es del pueblo (que lo es), pero bien que miramos para otro lado cuando nos dice alguien que un poder implica una responsabilidad. Que votar no es plantificar un papelito en una urna y, si no nos gusta lo que ha salido cagarnos en la puta madre del candidato elegido... o peor aún: haberle votado y renegar de él. Donde dije digo dije Diego.

Lo más gracioso es que, si pensamos en las estadísticas, en un gobierno elegido por mayoría absoluta, mucho me temo que esos que reniegan de sus actos no son ni dos ni tres, sino muchos más. Muchos ahora van de defraudados por la vida, pero en su momento no se pararon a pensar en lo factible de las promesas que les estaban soltando. Les llegan a decir que si el partido Tal salía elegido les crecería la picha cinco centímetros y nadie se cuestionaría nada; irían en masa a votar como corderitos. Y luego, si la cosa sale rana (porque iba a salir, viendo el plan ultraconservador de los pavos que tenemos ahora en la Moncloa), la solución es no querer ser español, renegar del país y demás.
No.
Una cosa es estar en contra del gobierno. Podemos decir que esta administración está haciendo un trabajo jodidamente penoso, con recortes en derechos sociales básicos y exprimiendo al currito de maneras que ya empiezan a acojonar. Podemos decir que aquí los colegas están dedicándose a lamerle el ojal a la Puta Gorda de los Cojones y a la puta Santa Sede, de una manera que sobrepasa la falta de ética, de dignidad y de cualquier cosa que se nos ocurra.
Pero ellos NO son el país. Son sus putos administradores. No somos más guais diciendo que el país es una mierda, porque lo que estamos es derivando responsabilidades; el gobierno, por mucho que nos joda, nos representa. ¿Cómo? Pues, puede que nos duela (a mí al menos sí, pero eso no me impide admitirlo), pero esos hijos de puta son los hijos de puta que hemos puesto ahí.

La ley electoral está MAL. Sí. Pero ojo, que es muy bonito echarle la culpa a esa ley, sin pensar que funciona de la urna para arriba; es decir, desde lo que es el recuento de voto en cada provincia, y de ahí en recuento estatal: cuando tú ves que en una urna LOCAL la proporción de voto en sentido del partido que gobierna es una burrada en comparación a los demás partidos, te das cuenta de que aunque no se hubiese aplicado esa ley, habrían sacado mayoría absoluta igualmente.
Pero es más fácil echarle toda la culpa a esa ley. Así diluimos nuestra responsabilidad.

"¡Cómo! ¿Yoooooooo? Si yo no he hecho nadaaaa!"
Claro, ni tú ni nadie.
Aquí nadie ha hecho nada.
Ahora aquí somos todos inocentes.


Mola mucho también eso de ejercer el derecho al voto como le sale a uno del ojal (pensando que todo lo que lleve la palabra "derecho" es puta jauja), sin conocimiento, desde la más total ignorancia y creyéndonos que somos los reyes del mambo. Luego, cuando la hemos cagado pero bien cagada, es mucho más cómodo echarle la culpa al sistema, a las leyes, a los políticos y hasta a los marcianos si hace falta en lugar de asumir nuestro error.
Porque aquí el pueblo es una entidad inocente y libre de mácula que jamás la caga. Jamás actúa sin pensar. Todo cuanto hace es desde la más absoluta de las responsabilidades y no hay errores que valgan. Los errores, de otros, de los hijos de puta esos que provienen de otro plano de existencia o que acaso se han criado en un tanque de clonación. Porque aquí nadie se ha parado a pensar que esos hijos de mala madre son otros españoles más, ¿a que no? A nadie se le ha ocurrido pensar que igual la diferencia entre uno de esos bastardos explotadores de arriba y el currito de a pie es que los primeros se han pasado toda su puñetera vida dentro de un partido lamiendo ojetes y promocionando a base de hacer la pelota y a los demás ni se nos ha pasado por la cabeza. Es posible que a muy pocos se les haya ocurrido plantearse si esa catadura moral de la que adolecen es muy distinta de la nuestra. Si al Paco el del barrio, ese Paco de toda la vida, le llegan un buen día y le ofrecen un carguito en el que pueda chupar del bote y pillar pasta con la única condición de no preguntar jamás de donde viene...

Joder, yo aquí me pregunto cuántos "Pacos" serían honrados de verdad (como todo el mundo en este país dice ser) y cuántos REALMENTE se convertirían en una panda de caciques tiranos como los que nos dominan.
Puedo ser exagerado.
Puedo ser generalista.
No os digo que no, pero quiero que penséis en cuántos casos habéis conocido de algún tipo que era uno más hasta que promocionó en su empresa. En cuántos eran tíos de lo más humildes hasta que les dieron un cargo. Un puesto de poder. Aunque sea de gerente en un puto burguer.
Pensad en cuántos de ellos pasaron de ser tíos normales a convertirse en unos putos tiranos que miraban por encima del hombro a los demás.

Recuerdo una vez que me hablaron de unas jornadas de rol, en que el grupo que ganó un concurso se tuvo que ir para coger a tiempo el tren a casa.
Aparecen los organizadores, con sus chapitas en el pecho que les marcan como "la organización" (=autoridad), diciendo que las reglas eran ESTRICTAS y que no podían entregarles el premio, porque tenía que ser entregado EN PERSONA y NADIE podía recogerlo en su nombre. Intentaron dialogar con ellos, razonar, convencerles y demás. Les explicaron las circunstancias de lo que pasaba. No hubo manera. No se molestaron ni en escuchar, porque al tener la chapita que les daba autoridad, consideraban que no había necesidad alguna de flexibilidar las cosas. Y esto era con un simple concurso.
Esto demuestra que no es una cuestión de clases sociales ni leches: dale poder a alguien que siempre ha sido un cero a la izquierda y se convertirá en un tirano que no atiende a razones.

En cualquier caso, antes de que penséis que este planteamiento es descabellado, permitidme sugeriros que veáis la peli alemana titulada El Experimento, basada en un hecho real, a cargo del célebre profesor Zimbardo, de la universidad de Stanford. Se tomó a un puñado de voluntarios y se les sometió a una prueba, ambientada en una hipotética cárcel. Al azar, se asignaron roles de presos y guardias y se estudió cómo funcionaba eso de asumir la autoridad, tanto por parte del que la ostenta como por parte del que la recibe.
En menos de una semana, ese experimento tuvo que detenerse: sin que hubiese una autoridad REAL, los roles se habían definido de un modo tan claro que se produjeron vejaciones de todo tipo.
Y eran gente normal, como tú y como yo.
La diferencia es que, de esa gente normal, unos tuvieron la ocasión de ejercer el poder sin demasiadas cortapisas morales.



Con esto, por supuesto, no estoy haciendo una defensa del político medio, ni mucho menos. Ya he visto suficientes documentales acerca de nuestra casta política para darme cuenta de que estos tíos se conocen la trampa de puta madre y que han aprendido a vivir del rollo hasta tener unos privilegios que ríete tú del Sha de Persia. No, que yo esté criticando esta actitud de hipocresía no implica defender a esos desgraciados, no caigáis en esa falacia ni pongáis palabras en mi boca, que no cuela.
Lo que pasa es que porque nosotros seamos los que salimos perdiendo no nos exime de culpa ni nos convierte en bellísimas personas; simplemente somos los que nos hemos llevado la peor parte.

Y quizás es por eso por lo que me repatea esa actitud de pataleta que estoy viendo cada vez más: en vez de intentar hacer fe de erratas y de reconocer que la hemos cagado (lo cual no vendría mal de cara a unas próximas elecciones, anticipadas o no), mucho me temo (y espero equivocarme) que pasará lo de siempre: volveremos al voto castigo, al voto tradicional o a esa abstención irresponsable. Porque el pueblo es soberano y, como tal, jamás se equivoca. Porque en democracia, la mayoría siempre tiene la razón, aunque esté votando al puto Anticristo. No, es que nos han engañado a todos, es que las leyes están mal, que si tal que si cual... pero yo todavía no he escuchado a NADIE decir que, como país, la hemos cagado de pleno con nuestra decisión.
Decidme si eso no es de ser inocentes.
Y si es posible, explicádmelo para que una mente tan "cerrada" como la mía (como muchos piensan que la tengo) lo entienda.

En vez de admitir que nos hemos equivocado y empezar a pensar en cómo solucionar el tema, lo nuestro es quejarnos, lloriquear y protestar. Decir que no queremos ser españoles (probad a ir a otro país, donde os van a tratar en calidad de "inmigrantes" y luego me contáis), que todo es una mierda y demás argumentos derrotistas. A nosotros que nos lo solucionen todo otros, que otros nos saquen las castañas del fuego. Papá Estado ya no me da dinerito ni ayuditas, así que ya no le quiero, me busco a otro que sí lo haga.
Y con esto último, no me estoy refiriendo al tema de la inmigración, ni mucho menos: me parece totalmente respetable que la gente se busque curro fuera si aquí no hay; a lo que me estoy refiriendo es a esa actitud del español medio de "El Estado me lo debe todo" y, en el momento en que las cosas se ponen chungas, coger y pasar de su culo. Es decir, que somos españoles siempre y cuando el país se ajuste a nuestras expectativas. Es la actitud que denunciaba Benjamin Franklin, allá por el s. XVIII, cuando decía "No te preguntes lo que puede hacer tu país por tí, sino preguntate qué puedes hacer tú por tu país".
Eso hoy en día, en nuestra sociedad, es totalmente inviable. No con nuestra mentalidad de "Es que yo tengo derecho", "Es que yo me merezco esto", "Es que yo", "Es que yo".
Podéis llamarme radical si os sale del ojete, pero qué queréis que os diga: la que tiene el español medio me parece una visión bastante curiosa, ya no del concepto de patriotismo (en el que, insisto, no me apetece entrar), sino del de nacionalidad, o el de origen. Y ojo, son dos cosas totalmente diferentes.


"¡El pueblo es sabio!
¡El pueblo es mayoría!
¡Y como es sabio y es mayoría, JAMÁS se equivoca!"


La cuestión es que, si nos fijamos, ahí fuera (ya no solo en el gobierno, sino más arriba) hay un montón de hijos de puta que están esperando a que nuestro país caiga de rodillas y que se convierta en una versión moderna de los países de la Europa del Este, hogar de casinos, bingos y de lamedores de culos. Muchos parecen querer vernos convertidos en esclavos fácticos de Alem... digooo, Bruselas, que DICTA (no sugiere) órdenes, empobreciéndonos. Tal vez acabemos por ser el Benidorm de Europa, para que los vejetes y ricachos de otros países vengan a tomar el sol por un precio miserable. Que nos traten con la punta del pie, como ya están haciendo en muchos sitios (véase Mallorca) y nosotros, totalmente carentes de dignidad, agachemos la cabeza y les chupemos las botas, porque son nuestros amos y señores.
Hay mucha gente a la que parece interesarle que estemos toda nuestra vida sintiéndonos como escoria, que nos veamos como inferiores a cualquier bicho viviente más allá de nuestras fronteras (como si en países como Alemania se viviese mucho mejor, JA) y que aceptemos que nos claven el tacón en el cogote y comamos de la mierda que ellos cagan sobre nuestras bocas.
A mucha gente parece convenirle que no creemos una industria (por mucho potencial que tengamos) y que malvendamos a nuestros investigadores para que otros se enriquezcan, mientras lo que nos va a quedar aquí serán terrenitos para construir (ahí, por cojones, aunque la cosa ya no sea rentable), aeropuertos vacíos, parques temáticos a los que no va ni Cristo y casinos por todas partes.
Porque genera empleo.
Empleo que la mitad va a venir del extranjero, o con contratos que se saltan nuestras legislaciones. Y nadie va a decir nada.
Llamadme paranoico pero hay a quien le interesa que perdamos, ya no el orgullo, sino la dignidad que tenemos. Creo que a muchos les encanta esa actitud de losers que tanto nos gusta emplear, y están sacando tajada. Día tras día. Año tras año.

Ahí. A lo Kurt Cobain: la vida es una mierda, el sueño se ha ido a tomar por culo. Somos todos unos perdedores, no valemos para nada...
A un montón de cabronazos les gusta esta actitud.


Y si no es así, esperad a la próxima vez que vayamos a las urnas y me contáis cómo ha salido el tema.
Pero si veis que (espero equivocarme) la cosa ha salido tal y como he predicho, no es que yo sea un profeta ni leches en vinagre: es que ya me conozco cómo funciona nuestra mentalidad; por tanto, si las cosas siguen como el culo, si tenemos gobernantes que son unos putos ineptos, si os sentís defraudados y os ponéis otra vez a encogeros de hombros y pensar que cualquier tiempo pasado fue más chachi... si decís que ser español no mola única y exclusivamente porque las cosas están mal... recordad que las culpas pueden ser de ellos (lo serán, desde luego). Pero no solo de ellos.
Porque nosotros los habremos puesto donde están, con nuestra ignorancia y nuestra estrechez de mentes. Seguiremos sin solucionar nada con esa actitud indolente, de lloricas que escurren el bulto cada vez que hay una mínima posiblidad de arreglar las cosas.
Nos duele España, como a Unamuno, sí... pero nadie parece molestarse siquiera en buscar un método para que deje de doler. Llevamos con esa actitud desde 1898 y parece que cada día nos gusta más.

6 comentarios:

Gissel Escudero dijo...

Ay, Javi, Javi, ¿qué te puedo decir? En Uruguay tenemos a un presidente malhablado, incompetente e incoherente que hace poco respondió, cuando le pidieron que removiera a otro incompetente del cargo, algo así como que los señores de la oposición tenían que irse a controlar dónde estaban sus esposas. También le ha respondido "no sea nabo" a algún periodista por hacerle preguntas comprometedoras (cuando no se sale por la tangente). Tenemos ministros que fallan lamentablemente en sus puestos (y fallas gruesas, ¿eh?, que escapan a todo sentido común, en áreas enormes como la seguridad, la educación y la salud). Y sin embargo, este presidente y su equipo de gobernantes fue elegido por un cincuenta y algo por ciento de la población. En Montevideo, que ahora mismo debe ser la ciudad capital más sucia del mundo, llevamos la friolera de 23 años con el mismo partido en el municipio (el mismo partido que ahora nos gobierna). La gente se queja de la basura desde hace rato, pero ¿votaron a alguien más en las elecciones? NO. Si acaso, algunos fanáticos de ese partido votaron en blanco, lo cual no sirvió de nada porque para las elecciones municipales basta con superar en votos a los otros partidos. ¿La gente votará a ese mismo partido para las siguientes elecciones, a pesar de la basura y de que los impuestos municipales son cada vez más altos? Probablemente. Pero en ningún momento se cuestionarán que hayan tomado una mala decisión. La estupidez y la testarudez generales no casan bien con la democracia (y no es que esté yo a favor de las dictaduras, pero ahora mismo preferiría un rey sabio al mando que una democracia elegida por tarados). Mira esta frase: "100 individuos, que por separado pueden constituir un conjunto distributivo de 100 sabios, cuando se reúnen pueden formar un conjunto atributivo compuesto por un único idiota." (Gustavo Bueno) En fin, para terminar, yo sigo queriendo a los españoles y a España, que ahí están mis raíces. No se desanimen, que ya se arreglarán las cosas. Nosotros tuvimos una crisis en 2002 (al borde del default) y todavía seguimos en pie.

Rumbo a la Distopía dijo...

Aquí nadie se cuestiona nada. Partimos del supuesto demagógico de que, como lo hace mucha gente, no puede ser algo erróneo... y así es como nos va. Tenemos un país hasta arriba lleno de gente irresponsable, tanto en el gobierno como eligiendo a los gobernantes Y NO PASA NADA.

Sí, ya hemos hablado alguna vez acerca de la crisis de Uruguay en 2002, y quiero creer que saldremos de esta, pero no lo haremos hasta que cambie esta mentalidad de niños pequeños enrabietados que tenemos. Y me da de que no va a cambiar en una buena temporada; si todavía pensamos en "rojos" y "fachas", terminología que demuestra que todavía estamos con la mentalidad de 1936, difícilmente le echaremos huevos y saldremos de esta. No mientras nos dediquemos a culpar al de al lado o decir que cuando mucha gente hace algo a la vez es bueno por cojones. La historia ya ha demostrado que mucha gente puede cometer masivamente el mismo error... pero todavía nos creemos que ser parte de la masa nos hace más sabios. En realidad lo único que está demostrando es lo influenciables que somos...

Gissel Escudero dijo...

Pues fíjate que aquí también siguen rompiendo las bolas con la cuestión de la dictadura, como si no lleváramos ya 30 años de democracia plena. Por suerte, hay cosas que funcionan independientemente de la estupidez de los gobiernos y los votantes. No te me desanimes.

Rumbo a la Distopía dijo...

No, si no me desanimo. Para ello implicaría en que tuviese ánimo por que la gente dejase de comportarse como se comporta... pero la experiencia me ha demostrado que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y mi país prefiere pasarse todo el puñetero día lloriqueando por las esquinas en lugar de echarle pelotas al tema, superar las diferencias de pensamiento y buscar el modo de salir adelante. Así que me da un poco igual: me pueden apedrear por esto, pero suelo decir que tenemos exactamente los gobernantes que nos merecemos.

Pablo Vázquez dijo...

Es cierto que una actitud derrotista beneficia a los que ya están en el poder, pero tampoco culpo a quienes abandonan el barco cuando se está hundiendo. El ahogamiento es una afición peligrosa. Tampoco creo que nos baste simplemente con una actitud positiva. Hacer tal cosa en un momento como el actual, y especialmente para quien tenga severos problemas para poder comer requiere un notable trastorno esquizofrénico.

Hacen falta un par de cosas más. Primero que nuestros políticos sean honrados. Como eso no va a pasar, hace falta un ejército que les haga la decisión más fácil. ¿No se ha dicho hasta la saciedad que los políticos han violado la Constitución como si se tratasen de los myrmidones de Aquiles? Pues la Constitución dice que el ejército está para defenderla. Ya que les pagamos, que hagan su trabajo.

Aunque imagino que todo esto va por los nacionalistas (con los que no simpatizo en absoluto), no puedo culparles por pensar que les irá mejor siendo independientes. Yo pienso lo mismo respecto de mi propia casa, y por eso planeo irme al extranjero paa ganarme la vida. Sí, abandono el barco, pero de poco me vale una suite de lujo en el fondo del océano.

Rumbo a la Distopía dijo...

Hola, Frost!

Bueno, aunque creo que pensamos más o menos de manera similar hacia los nacionalistas, en realidad estaba siendo algo más generalista; se puede meter a los nacionalistas en este saco, pero me temo que no son los únicos que ahora quieren dejar de ser españoles: muchos otros españoles de a pie están empezando a tomar esa actitud, como si así se solucionasen las cosas.

Es cierto que la actitud positiva no basta (anda que no me repatea a mí esa costumbre que estamos cogiendo de coger lo peor del país y hacer gala de ello, como si fuera un orgullo), pero sí que sería una buena forma de empezar. Porque tal y como lo veo, ni actitud, ni actuación ni nada. Lo único que parece que sabemos hacer es echarnos mierda a nosotros mismos, renegar de cualquier cosa buena que se pueda hacer y alabar cualquier parida que se haya hecho fuera como si fuera la octava maravilla (por ejemplo, el cine). O bien, aceptamos como "superior" a todo bicho viviente que haya hecho algo fuera, sin pensar que a lo mejor ese proyecto se ha hecho con manos españolas (como viene sucediendo con la ingeniería). No, resulta mucho más fácil la política del ahogamiento, como tú mencionas: renegamos de cualquier habilidad que tengamos, nos autoproclamamos inferiores a todos en todo y aceptamos lo que nos quieran hacer creer (yo mismo lo he visto con el tema del nivel de inglés, donde se lleva años diciendo que somos de lo peorcito; no es que seamos lo mejor, pero me cuesta MUCHO creerme que tengamos peor nivel en idiomas que Italia, Portugal, Grecia, Francia o la misma Alemania. No cuando he visto que no son tan superiores como nos quieren hacer creer...)

Con respecto a lo que dices de las ratas que abandonan el barco, pues qué te voy a contar... ya he mencionado arriba que una cosa es buscar curro fuera, lo que me parece muy digno si la cosa está fea aquí (yo no lo comparto del todo, pero sí me parece respetable, y más viendo cómo está el patio) y otra el rollito a lo Depardieu, en plan "No me gusta lo que están haciendo en mi país, pues me voy, ya no quiero ser uno de vosotros", en plan pataleta.