viernes, 19 de abril de 2019

Escupiendo Rabia- El caso Notre-Dame, o Retrato de la vergüenza ajena.



Basta con que tenga lugar una catástrofe para que las ratas empiecen a asomar la patita. Incluso una catástrofe artística, como ha sido el caso de Notre-Dame.
A estas alturas, imagino que todos ya sabréis que hace un par de días se produjo un incendio en la famosa catedral de París que a cualquier bicho viviente con una cierta inclinación por el arte nos tuvo con el corazón en la boca. Ver el techo en llamas o caer la imponente aguja del edificio es la clase de cosas que, si tienes un mínimo de sensibilidad, te parten el alma.

Pasaron las horas y poco a poco nos fueron llegando las noticias. Según parece, los daños fueron menos graves de lo que se decía. Cosa que, pese a la gravedad del asunto en sí mismo, resulta fácil si tenemos en cuenta que los primeros bocachanclas de este país ya estaban hablando de "la destrucción de la Catedral" (no es coña, llegué a mi casa y puse las noticias para ver qué había pasado y lo primero que oí fue eso. Casi me cago del susto) y demás soberanas estupideces antes de que se hubiera hecho algún comunicado, previo estudio, acerca de los verdaderos daños que había sufrido Notre-Dame. Resultaba que la cosa no era para tomársela a guasa, pero oye, no: ni la catedral había sido "destruida" ni estaba cerca de estarlo: era la cubierta y la aguja lo que habían sucumbido a las llamas, pero la estructura había aguantado y el interior NO había ardido. De haberlo hecho, los daños tampoco habrían sido tan tan catastróficos como nos habían hecho creer en un principio. ¿Por qué? Porque la Catedral estaba siendo restaurada y las obras de arte de su interior ya habían sido retiradas unos días antes para su tratamiento.



Hasta donde hemos podido saber, lo que está en rojo es lo que se perdió: básicamente la cubierta y la aguja (que oye, sí, son pérdidas lamentables), pero el interior, aunque dañado, se pudo salvar.


No, tíos, ni la catedral fue destruida, ni fue el principio del Apocalipsis ni putas hostias. Voy más lejos aún: se cuenta con los planos originales del edificio, de manera que a unas malas se puede iniciar su reconstrucción. Según he estado cotilleando por ahí, la catedral ha ardido y sufrido daños otras veces. Al parecer, durante la Revolución Francesa sufrió daños aún  más graves, y ahí ha permanecido. Por otra parte, llamadme optimista, pero he visto relativamente de cerca cómo es el pueblo francés acerca de lo que es suyo y cómo ve los símbolos nacionales. Si el gobierno ha sido descuidado a la hora de destinar fondos a conservación de patrimonio, tened por seguro que el francés de a pie no tendrá reparos en poner medios para salvar lo que consideran que les representa. Mientras aquí somos más de dedicarnos a tirarnos mierda los unos a los otros o mirar para otro lado mientras un monumento se hace pedazos (y luego lloriquear cuando ya se ha terminado de escoñar, que nos encanta), allí sí tienen conciencia de lo que los representa y, lo que es más importante: PELEAN POR ELLO.

Pasan los días y ya tienen que salir, por supuesto, los ideólogos y opinólogos de turno, soltando mierda y demagogia a espuertas. Mientras una parte de la sociedad se lamenta por lo que es una catástrofe artística (puede que la catedral no haya sido destruida, pero un daño tan grave, insisto, no es para pasar del tema) y muestran señales de condolencia, la otra mitad tiene que ponerse su chapita de malote y hacer demagogia barata (o gratuita) acerca de esto.



"Hola, chavales, probablemente me lleve algunas hostias por decir esto, peeerooo..."

La de posts que empiezan así. Con un tío que ya viene predispuesto a tocar los cojones, nada más que por hacerse el guai.


No podían faltar los guerreritos de puño en alto, diciendo que eso de preocuparse por el patrimonio histórico es hipócrita cuando tendríamos que estar preocupándonos por el cambio climático, el hambre en el mundo y mil cosas más que "sí son importantes". Es un principio de demagogia clásico, que es poner al personal en una dicotomía bastante falaz donde A y B parecen oponerse el uno al otro. Dicho de otro modo, que si te lamentas por Notre-Dame, automáticamente te importa tres pollas el cambio climático y no eres ni lo bastante rebeldito ni lo bastante concienciado con lo que, según vete a saber quién, sí tienes que dedicar tus pensamientos.

Pese a estar bastante desconectado del mundo de las redes sociales, no he podido evitar encontrarme con gentuza que de buenas a primeras usa esto para meter la cucharita política y empezar a soltar auténtica mierda, como dar a entender que si te lamentas por Notre-Dame es incoherente que te parezca bien que la iglesia pague el IBI.
Aquí vamos con la primera muestra de ignorancia supina, que paso a desgranar.
Notre-Dame, niños y niñas, está en París, ¿verdad? Está en la puta FRANCIA. Francia NO es España. Hablarme del IBI de la Iglesia ESPAÑOLA y asociármelo a una catástrofe ARTÍSTICA en otro país, de entrada, ya es ridículo. Pero si encima tenemos en cuenta que la Iglesia allí no tiene derechos de propiedad sobre la catedral de Notre-Dame, sino que los tiene su departamento de Patrimonio, ya estamos haciendo una asociación bastante errónea, por no decir perversa. Es, básicamente, aprovechar lo que ha pasado para hacer campañita.
¿Se habrían soltado los mismos argumentos mamporreros de haberse quemado el Prado, o el Louvre? Posiblemente no. Esto me lleva a pensar que simplemente hay gente que parece estar agazapada para buscar una excusa que, así de entrada y sin pensar, suene lo bastante plausible como para vendernos su rollo.


O lo mismo si le llega a pasar algo al Louvre sacarían el tema por la atención que tendrían los cuadros de temática religiosa, obviando que sería la misma atención que tendrían todos los demás.
"Es que en esa galería había cuadros religiosos, ¿qué hacía la Iglesia mientras tanto, eh? ¿Vais a donar dinero para que los restauren? ¡HIPÓCRITAAAAARRRGHGHGHSS!"
Porque pa qué se va a pensar que, el cuadro puede ser todo lo religioso que te dé la gana, pero eso NO implica que tenga que ser patrimonio de la Iglesia.
A estas alturas es que me espero ya de todo, en serio.


Sigo con la mierda que he tenido que escuchar. No han faltado los que ahora nos dicen de lo que podemos lamentarnos o no, desde una superioridad moral que da, como poco, puto asco. Algunos han tenido los santísimos cojones de decir que sí, que nos lamentamos por Notre-Dame, pero no si se quema la parroquia del barrio.
O sea, me pones a la misma altura un edificio construido como quien dice ayer (la de mi barrio, por poner un ejemplo cercano, debe haber sido construida allá por finales de los 70) con un templo que es un puto referente arquitectónico y uno de los máximos exponentes del arte gótico no solo a nivel del barrio, sino a nivel mundial. Un icono artístico que, dicho sea de paso, tiene unos 850 años a sus espaldas. Decir que si uno no ve a ambos edificios al mismo nivel es "clasismo" ya no solo roza la ignorancia: roza un encuadramiento mental y unas ganas de ponerse una chapita de "mirad qué mente más revolucionaria tengo" que me daría risa si no me diera puto asco. Es como si se pone a la misma altura lo que yo dibujo con la Giocconda. Imaginad los huevarracos que tendría que tener yo para decir que sí, que ambas cosas están a la misma altura porque obra de arte una, obra de arte la otra.
Vaya, es que ni se me ocurre. Si os digo, se me caería la cara de vergüenza solo de pensarlo.



"Hola, soy Marie Kondo. Primero te dije cómo tenías que ordenar tu casa. Luego te dije el número exacto de libros que podías tener en ella. Ahora vengo a decirte sobre lo que puedes lamentarte. ¡Y NO ME REPLIQUES, HIJO DE PUTA, QUE TE VUELO LA CARA DE UN TIRO!"
Moraleja: Que está de moda que venga cualquiera a decirte cómo tienes que vivir.


Hay quien ha venido soltando que oye, mucho llorar por Notre-Dame, pero que ayer en no sé dónde, hubo una inundación. Que se violan no sé cuántas mujeres al día. Que mueren tantos o cuantos niños en África a cada minuto. Que si el cambio climático. Que si esto, que si lo otro.
Joder, por esa regla de tres, venga, olvidémonos de todo y dediquémonos a estas cosas y que le den por culo a la cultura. Qué coño, si hay un atentado aquí, vamos a decir que eso da igual, porque muere más gente a diario fuera de Europa y nadie hace nada. Y para qué vamos entonces a preocuparnos por mejorar nuestra calidad de vida sin en el Tercer Mundo no tienen nada de eso, ¿verdad?
Dicho de otra manera, que parece que no tiene que faltar el predicador de turno intentando hacernos sentir culpables por el hecho de que algo nos afecte, cuando hay cosas que (según ellos) sí nos tienen que afectar más y (según ellos, también), no lo hacen. Porque por lo visto si a mí me encoge el corazón que se queme el tejado de Notre-Dame ya implica que el cambio climático me importa una mierda.



Pues nada, partiendo el principio de los salvaplanetas, que sepáis que si pagáis por una entrada de cine para despatarraros durante un par de horas viendo una peli, sois unos putos hipócritas. Porque ese dinero que gastáis en ocio (¡POR DIOS, OCIO, CUÁNTA BLASFEMIA!) lo podríais estar destinando a vete tú a saber qué causa.
Quién habla de cine, habla de lo que sea. Al parecer, si te gastas dinero en cualquier cosa que no sea comer o vestir, eres un mierda.
Y tienes que fustigarte toda tu puta vida por ello, que lo sepas.


También están los que nos dicen que si esto nos sienta mal es porque está en París, París es guai, pero si sucede en otra parte del mundo nos importa tres pollas. Coño, aquí tenemos a telépatas a nivel de Xavier y no me he enterado. A mí nadie me preguntó qué me pareció lo de Palmira cuando la hicieron trizas. No necesité hacerlo público para tener ganas de pillarme el Guantelete del Infinito solo para meterles el mazo por el culo a los que estaban reventando estatuas en un museo debido a su fanatismo e intolerancia. Cada templo, escultura u obra de arte que se ha destruido a conciencia y de la que me han llegado noticias, creedme, me ha dolido. Porque para mí el arte es algo que me ha acompañado toda mi puta vida y es algo que siempre defenderé. Por eso me toca muchísimo los huevos que venga nadie a decirme lo que me debe o no debe importar, o peor: que dé por sentado lo que me importa o lo que no.


"Preparaos para recibir lo vuestro"


Pero oye, puede que haya más gente que sí se haya sentido más identificada con Notre-Dame que con Palmira y lo entiendo. ¿Por qué? Coño, porque somos seres humanos y tendemos a sentir más empatía con aquello que notamos más cercano. A aquellos que hablaban de las violaciones que se producen a diario en el mundo... posiblemente sientan más cercana la violación de una chica que viva en su barrio o en su entorno cercano que, pongamos, la de una pobre chica que vive en la otra punta del mundo. ¿Es más grave una que otra? Claramente no, pero no podemos evitar que nos afecte más una que otra. No es una cuestión de clases, ni de conciencia, ni de movidas morales: sencillamente nos identificamos más con aquello que sentimos más cercano.
El sofisma aquí consiste básicamente en decir que, si nos afecta más la que tenemos cerca, la otra ya nos importa tres cojones y por nosotros como si se muere. Nuevamente, me resulta un planteamiento enfermizo, aparte de ser un juicio de valor que dice muy poquito (o mucho, según se mire) de la persona que lo emite.



"Puedo leer tuu meeenteeeerrhghghgh..."


Más paridas de las que dan asco. Me llega un meme en que sale un muñequito diciendo que pasa de entrar en Notre-Dame porque son 10 pavos y se hace una foto en la puerta. Sale una viñeta abajo donde se ve el mismo muñequito, con su foto en la puerta, diciendo "Ha sido horrible lo de Notre-Dame".
Esto ya me produce un asco indescriptible.
Según el soplapollas que ha dibujado este meme (sí, un gran implicado con todas las causas de arriba, que dedica tiempo a dibujar memes tendenciosos en vez de estar luchando contra el cambio climático, nótese mi sarcasmo, por supuesto) parece ser que para lamentarte por una obra de arte que ha sido atacada por un incendio, no solo tienes que haber estado allí, sino que tienes que haber pagado por verlo. Y si no, te callas, que no puedes ni protestar, puto hipócrita.
Con dos cojones.
No es que le deba explicaciones a nadie. Si las doy es porque me da la puta gana y no porque ningún gilipollas de poca monta venga a pedírmelas o porque sea quien para hacerlo, pero allá van. Yo mismo estuve en París hace un par de años y visité Notre-Dame. No entré porque no tenía 10 euros para pasar al interior, había una cola de padre y señor mío y mi plan era ver todo lo posible de la ciudad. Y sí, ME LAMENTO por Notre-Dame. Y el que venga a decirme que no tengo derecho ni a hablar por haberme quedado fuera, le invito a que se pase por mi despacho y me coma el nabo de canto hasta que suenen las trompetas del puto Apocalipsis.


—¡No pagaste un duro por ver la catedral! ¿A que no, pichacorta?
—¡Señor, no, señor!
— ¡PUES NO VAS A LLORAR! ¡TE VAS A QUEDAR AHÍ, REFLEXIONANDO SOBRE TU MISERABLE VIDA, GUSANO!
— ¡Señor, sí, señor!
— ¡Y VAS A LLORAR POR LOS NIÑOS QUE MUEREN EN LAS FÁBRICAS DEL TERCER MUNDO! ¡PORQUE LO DIGO YO!
— ¡SEÑOR, SÍ, SEÑOR!


De hecho, vamos más lejos: todavía no he cumplido mi sueño de visitar Roma o Florencia. Supongamos que algo le pasa al David de Miguel Ángel, a la capilla de Santa María de las Flores o a la Galería de los Ufizzi. O al Prado, que tampoco he podido visitar aún. Os juro que sí, que aunque no he estado allí ni he pagado por ver esas obras de arte, me dolería su pérdida. Del mismo modo que me dolió cuando murieron Dio, Pat Torpey, y tantos otros y nunca pagué por ir a un concierto suyo. Si alguien viene a decirme que tengo que pagar por ello antes de poder hablar, me pregunto quién coño es el que está hablando aquí de clasismo o quién es el que cree aquí en eso de la igualdad.


Desde la primera vez que escuchara el Heaven and Hell de Black Sabbath me encantó la voz de Dio. Siempre quise ir a verle en directo, pero o me pilló mal de dinero o no me coincidía con mi agenda de estudiante.
Y sí, me dolió enterarme de su muerte.
Si resulta que yo no tengo derecho a lamentarme por eso por no haber pagado, menos derecho tiene nadie a decirme por lo que debo o no lamentarme. Al fin y al cabo, esos que lo dicen tampoco me pagan a mí las facturas.


Pero volvamos un poco a eso del rollito revolucionario de mierda. Cada vez que veo a uno de esos guerreritos de fin de semana, enarbolando su puño en alto y gritando muuucho para dejarnos claro lo grande y jugosa que tienen la ideología, me doy cuenta de que son los primeros en pasar millas de eso que dicen que es tan importante. A día de hoy no he visto a ninguno de esos que nos hablan de los pobres niños negritos de África que mueren de hambre a diario irse a la puta África como voluntarios y partirse el lomo para poder salvarlos. Tampoco los he visto destinando parte de lo que ganen a combatir el cambio climático o yéndose a la playa a recoger microplásticos. Por lo que a mí respecta, los que sí lo hacen no tienen tiempo de ir tirándose el moco en redes sociales ni diciéndole a los demás lo que tienen que hacer. Para mí, un voluntario realmente concienciado (algo que para mí debería ser un ejemplo) es el que hace las cosas porque cree en ellas y no para subirse a un púlpito, ni para andar predicando lecciones de moral a los demás.


—Oye, que en Tuister sale uno diciendo no sé qué de nosotras.
—De puta madre. Dale las gracias de mi parte porque me acaba de salvar.


Pero no, aquí los guerreros son los que te señalan porque no haces algo que ellos no hacen tampoco. Es un poco la clásica costumbre que tenemos de que, en lugar de hacer algo bueno yo, es mucho más fácil mearse en lo que hacen o dejan de hacer los demás. Así creamos una especie de balsita de mediocridad donde todo el mundo, además de mirarse el ombligo, se dedica a pisotear el cuello del de al lado, no sea que un día haga algo en condiciones y nos deje en vergüenza. Es preferible andar recriminándole por lo que no hace y así tener nosotros una banderita que ondear.
Es un poco el caso de lo que me han contado hace un rato acerca del marido de Salma Hayek. Al parecer, este señor es un millonario francés, que ha destinado 100 millones de dólares (que se dice pronto) para la reconstrucción de Notre-Dame. Este caballero bien podría ser el típico que evade impuestos o que defrauda a hacienda y se lava la conciencia con una causa social. Podría. Pero la cuestión es que yo no tengo ni puta idea de si lo ha hecho o no. Qué coño, si no sé ni quién es. Que otros tantos capullos que tampoco sepan quién es se echen las manos a la cabeza poniéndolo como Satán encarnado dice mucho, porque no sabemos si este caballero ha destinado dinero a otras causas benéficas. O si él mismo tiene una fundación. Yo, por mi parte, no sé nada y lo admito. Pero me toca los huevos a dos manos que gente que tampoco lo sabe ahora pueda erigirse en adalides de la moral y decir a lo que tiene derecho a hacer nadie con SU puto dinero.


Y aunque destinases pasta al cambio climático. Posiblemente te llegará otro diciendo que esa es la causa de moda y que realmente hay que destinarlo a la lucha contra el SIDA, que hace tiempo que no se habla de ella.
Y pones pasta para luchar contra el SIDA y te saldrá otro diciendo que qué pasa con nuestros mayores, que los pobrecitos andan desatendidos.
Y luego vendrá otro preguntando si es que nadie piensa en los niños.
La cosa es que hagas lo que hagas siempre habrá alguien pidiéndote explicaciones.


Por esa regla de tres, el resto de los mortales tampoco podemos destinar lo que ganamos a lo que nos dé la puta gana. Eso implica que si coleccionáis cómics, sois unos hipócritas porque os gastáis dinero en cosas que no son importantes. Lo mismo aquellos que tenéis vuestra cuenta en Nesflis, los que compráis ropa, los que coméis en restaurantes, los que vais al cine y, qué cojones, hasta los que compráis condones si vuestro hobby es dedicaros al dale que te pego.
Porque según muchos, parece que tenéis que dedicaros en cuerpo y alma a tal o cual causa y vivir para salvar el mundo, o entonces es que sois unos mierdas. La guasa es que esos muchos os lo dicen desde sus ordenadores o teléfonos fabricados en China o cualquier otro país asiático por manos esclavas. A menudo niños.
Pero eh, que los hipócritas somos los demás, y encima tenemos culpa de haber tenido la potra de haber nacido donde hemos nacido y vivir (o sobrevivir, que aquí tampoco es que seamos todos unos jeques) según se vive en la zona en que hemos vivido.


"¡Arrepentíos! ¡Avergonzaos! ¡Sacrificaos!"


¿Eso, por tanto, implica necesariamente que nos tengan que importar una mierda todos esos problemas tan super importantes y que nos la tenga que traer al pairo lo de Notre-Dame? Por los clavos de Yisus, no. Eso es extremar posturas y ser de un tendencioso que flipas. Lo que digo es que podemos estar concienciados; podemos preocuparnos por las cosas, incluso lamentarlas, pero en algún momento tenemos que parar. Aportamos lo que se puede, pero no somos dioses.
Voy más lejos todavía: me resulta extremadamente fuerte que gente que vive exactamente igual que nosotros, formando igualmente parte de una sociedad de consumo, rigiéndose según los parámetros culturales del mundo occidental, venga ahora a darnos lecciones de moral y a llamarnos hipócritas o incoherentes cuando ellos mismos, con estos argumentos tan vergonzosos están demostrando que no tienen ni la menor idea de dónde tienen la cara; y, de tenerla, lo que están haciendo es hacer gala de una argumentación que, como poco, resulta manipuladora y simplista.


"¡Que eso son cuatro piedras! ¡Que se jodaaaaa!"


"No entiendo cómo un ateo puede lamentarse por la pérdida de una Catedral".
Yo tampoco entiendo cómo un gilipollas puede soltar mierda por la boca y respirar al mismo tiempo.
"¿Qué hacéis diciendo 'qué pena' cuando ayer Notre-Dame os importaba una mierda?"
No es que me importara una mierda, es que no estoy 24 putas horas al día diciendo "Qué bonita es la catedral" para que cuando se queme resulte coherente que me dé pena.
"Tenéis que ser coherentes".
Soy coherente. Imbécil al que vea sentando cátedra de esta manera, imbécil al que mando a tomar por culo. He perdido la paciencia soportando a gentuza que se cree que puede ir por la vida pidiéndome explicaciones acerca de lo que me importa o me deja de importar.


Esto va para todo aquel que venga a intentar venderme su mierda o metérmela a cucharones.
Aclaro, malpensaos: meterme su mierda.


Y, para ir cerrando, señores: algún día entenderé qué coño gana la gente viendo política gratuita en según qué cosas y sacando polémicas mamporreras hasta de las pegatinas de los Phoskitos. Algún día me entrará en la cabeza qué ganan los rebelditos, los libertadores de chichinabo y los revolucionarios de sofá intentando enfrentar a unos contra otros, o intentando vendernos lo guai que es su visión nada simplista del mundo. O los que arriman el ascua a su sardina y, mezclándote churras con merinas, te sacan alguno de sus temitas fetiche para escucharse un rato a sí mismos. O los que intentan ir de sesudos y sueltan cada cosa que te hacen preguntarte si de verdad ellos fueron el espermatozoide más rápido.
O no.
Igual paso de querer entender a nadie y lo único que pido es que esa gentuza al verme me huya como de la puta peste negra. Así me ahorro el esfuerzo de mandarlos a cagar.

domingo, 14 de abril de 2019

Escupiendo Rabia- El siglo de los soplapollas, o Cómo sodomizar y mutilar la cultura por ponerse una puta chapita




Tengo que decirlo.
El s.XXI está resultando ser una puta mierda de siglo. Ni era de la comunicación, ni de la tolerancia, ni del entendimiento, ni de la cultura global ni putas hostias. Este es un siglo dominado por soplapollas e intolerantes que nos dicen lo que tenemos que pensar, cómo tenemos que vivir, a quién amar y a quién odiar. No se salva ya ni el recuerdo de épocas pasadas porque se están encargando de emponzoñarlo y llenarlo de mierda. Los genios que viven según una ideología dictada por vete tú a saber quién y bajo unos parámetros extremistas a más no poder se están empeñando en borrar cualquier vestigio de lo que sucediera en siglos anteriores. Y si no pueden borrarlo, qué mejor que transformarlo para que las amebas que se han criado en este siglo anestesiado y sin voluntad alguna de pensamiento libre o de lucha no se incomoden en lo más mínimo.
Porque quien controla el pasado, controla el futuro.
Porque ahora lo que mola es que, si algo no nos gusta, tenemos que hacerlo desaparecer del mapa, no sea que nos vayamos a ofender o que nos entre una pataleta ideológica. Y eso es malísimo para la tensión arterial, todo el mundo lo sabe.


Ea. Asunto solucionado. Lo que no nos gusta, se tacha y se actúa como si no hubiera existido nunca.


No es que sea del todo nuevo. No al menos en lo tocante a eso de mearse en la cultura como concepto base. Allá por el s.XVIII, se intentó adaptar algunos clásicos de la literatura universal a la mentalidad de la época, cambiando los finales de las historias por unos algo más alegres. Dicha idea no prosperó y estas obras no trascendieron, de manera que las que sí fueron creadas en ese siglo (al menos, las trascendentes) acabaron por sobrevivir. Podría verse como una especie de experimento para llegar a más gente; experimento que no llegó a nada. Lógico, al fin y al cabo: consistía en despojar a una historia de su fuerza primitiva y convertirla en un sucedáneo tirando a barato. Una especie de versión light, insípida y carente de genio. Es lo que pasa cuando en vez de crear algo por uno mismo, básicamente se pone a copiar vilmente lo que hacen los demás, y encima sin apenas creatividad.
Pero no nos engañemos: hoy la cosa tiene un matiz como más siniestro, ya que las obras literarias están siendo modificadas (cuando no censuradas o abiertamente retiradas de espacios públicos o prohibidas sin ningún tipo de pudor) en base a razones ideológicas. Dicho de otro modo, los fanáticos una vez más la toman con el arte y se empeñan en destruir o invisibilizar todo aquello que no casa al cien por cien con lo que representa la bandera que enarbolan.


Ejemplo: Que alguien diga de retirar un clásico de la literatura española (y todo un retrato de la sociedad de mierda que tenemos, ya de paso, del cual podemos aprender como ejercicio de autocrítica) de las lecturas obligatorias en secundaria porque no hay representación de la diversidad racial, apenas hay paridad y las mujeres que aparecen no aparecen representadas como heroínas y porque en una de sus escenas más famosas se daña a un discapacitado visual.
Porque para qué nos vamos a fijar en lo que nos enseña la obra.
Para qué vamos a pensar que fue escrita hace SIGLOS.
Para qué vamos a quedarnos con lo bueno.
No, vamos a ir con nuestra superioridad moral del s.XXI a mearnos en ella.

Y no, que yo sepa, nadie ha dicho de retirarla aún. Pero mañana a algún imbécil redomado se le ocurrirá. Solo dadles tiempo.


Invisibilizar. Bonito palabro que no deja de ser un chiste. Un chiste que no tiene ni puta gracia, pero chiste al fin y al cabo. Y es que los primeros en hablar de "visibilizar" a su colectivo (no especifico cuál, porque se da por todas partes y en centenares de grupúsculos sociales) no tienen reparo alguno en andar invisibilizando todo aquello que no casa con su ideología, usando argumentos que rozan la demonización. ¿Os acordáis cuando los magos de Harry Potter no pronunciaban el nombre de Voldemort y usaban epítetos chorras para referirse a él, porque la sola idea de mencionarlo parecía invocarlo? Pues aquí hay algunas eminencias mentales que, en plena diarrea cerebral, optan por convencerse a sí mismos (y al resto del rebaño humano) que esas cosas que tanto odio les generan no existen solo porque no pueden verse.
El equivalente "adulto" de taparte los oídos y ponerte a cantar "LALALALA" cuando alguien dice algo que no quieres oír.


Así.


Más chiste aún si encima vemos que parece una puta revancha, cuando los mismos que hacen eso dicen haber sido invisibilizados sistemáticamente por la sociedad. En lugar de buscar un lugar para todos, se dedican a "hacerse hueco" pisoteando al prójimo y tachándolo de todo si este no está "lo bastante concienciado".

¿Digo con esto que su ideología no es válida? En absoluto, por lo que a mí respecta, las ideologías son como los culos: hay algunas que son dignas de admiración y otras que solo sirven para soltar mierda. Lo que me toca un poco los huevos de todo esto es que la gente parece creerse que por el mero hecho de tener algún tipo de ideología ya es respetable, y oye, yo por ahí como que no paso. Me cuestiono a mí mismo las veinticuatro putas horas del día, no voy a cuestionar a algo que me digan que tengo que creer por cojones.
En realidad, cuando hablo sobre ideologías, o sobre estas ideologías que pretenden reivindicar la Justicia, la Verdad Absoluta o lo que sea no es que sean más o menos acertadas en lo que dicen; lo que digo que sus medios para defenderlas son chapuceros a más no poder. Voy poniendo algún ejemplo para ilustrar esto: hace algunos años ya, creo que lo comenté, apareció un genio que, bajo la enseña de hacer más atractiva la lectura, reescribió el Quijote de Cervantes en un "español moderno", para que al lector millenial de turno no le diera un ictus al leer algo de siglos anteriores y pudiera hacerse selfies con el librito de marras en la mano. Esto puede quedar de lo más chupiguai para decir "Eh, hemos fomentado la lectura entre los jóvenes", y de paso para que tanto el que haya perpetrado esta cosa se pueda poner la medallita y el politicucho de turno que lo vende se pueda practicar sexo oral a sí mismo.
Sin caer en la cuenta de que, bajo ese pretexto de "acercar la cultura" se parte del principio de mutilarla en sí misma y ofrecerla manufacturada para que las masas se crean así que son cultas. Es algo así como si enseñas las tablas de multiplicar a la gente y luego les das calculadoras para que no tengan que hacer un cálculo mental en todo el resto de su puta vida. Sí, has acercado las matemáticas a la gente, pero les estás dando la autonomía de una ameba. No os cuento ya las risas cuando el siguiente paso sea hacer una división por dos cifras en un papel.


"¿De verdad tengo que pensar?!


Pero es que voy más lejos: me llegan noticias de estas en plan "Eh, mira qué maravilloso es el mundo" diciendo que han reescrito el Moby Dick de Melville sin usar una puta "e" en toda la novela para así (y atención a la movida) concienciar acerca de la diversidad. Porque claro, yo cojo un libro, no veo una puta E y lo primero que pienso es "Anda, mira, ya soy una persona más concienciada con la diversidad". Es una asociación de ideas tan rematadamente cojonuda que realmente me pregunto si la gente que lleva esas cosas a cabo (que oye, reescribir el tocho que es Moby Dick sin una puta "E" tiene su trabajo, no digo yo que no) realmente se piensa que con semejante barbaridad van a cambiar el mundo.
Nuevamente, se mutila una obra clásica porque alguien se ha pensado que su causa es lo bastante justa como para coger y mearse en la creación de otro. Prefiero no pensar que se les haya llegado a pasar por la cabeza que lo pueden hacer mejor que el original, porque los reyes del facsímil se piensen que ellos sí están más adaptados a estos tiempos de plexiglás y hashtags que el pobre Herman Melville.


"¿De verdad tengo que pensar una historia entera? ¿Yo solo, con lo que eso cansa?"


Y ahí seguimos. Cada puto día que pasa me encuentro que se retiran más cuentos infantiles porque no tienen conciencia de género. Cada dos por tres te sale alguien enarbolando su chapita de psiquiatra, tal y como hiciera otro psiquiatra en su día, el despreciable Fredric Wertham. Personaje despreciable, que basó su carrera profesional en inculcar sus filias y fobias en sus estudios y cuyo legado de censura, mierda, gilipolleces y de prácticas basadas en aterrorizar a la gente con el miedo a lo que se desconoce, por desgracia, perdura. Y no porque Wertham fuese un genio que trascendiese. Para mí no pasa de hijo de puta de poca monta, tan profesional como si yo mañana me pongo a operar fimosis en el garaje de mi casa, no. Su legado perdura porque la gente es gilipollas y solo necesita un motivo (aunque el motivo en el fondo sea una chorrada) para trincar sus horcas y sus antorchas y señalar al próximo que se va a llevar las hostias de la turba.

Y así puedo seguir hasta quedarme sin tripas de tanto echar bilis. Porque cada día que pasa estoy más hasta los cojones de tanto soplapollas que no sabe ni dónde tiene la puta cara, pero sí te dice lo que, según su Santísima Autoridad (y la de su Santa Polla) te tiene que gustar, y lo que tienes que odiar.



"A ver, ¿cuál es la causa de moda? ¿Esta? Pues vamos a empezar a censurar absolutamente todo aquello que no la represente. Da igual lo que cuente. Dan igual los valores que sí represente. Si no está al cien por cien con la causa de moda, será carne de boicot"


Por cierto, antes de que ningún tonto de los cojones o de esos psiquiatrillas de la Universidad de la Vida venga a decirme que no estoy de acuerdo con que la literatura deba acompañar a los tiempos que vivimos, diré (después de decirle que se vayan a tomar por culo, él y su puto juicio de valor) que no. Todo lo contrario: me parece fenomenal que se escriban historias afines a la sensibilidad de un siglo que se supone que es más tolerante o más concienciado con según qué temas. Faltaría más. Lo que me parece una putísima mierda pinchada en un palo es que no se tengan los putos cojones de escribir obras propias que, con suerte y el debido esfuerzo, perduren en el tiempo y se conviertan dentro de, cien o doscientos años en clásicos. No. Es mucho más guai aprovecharse del nombre de los ya clásicos y mearse en ellos. Coger y cagarse en la noción de contexto que acompaña a toda historia y luego tener los santísimos cojones de decir que "tales libros perpetúan según qué actitudes", cuando aquí los expertos en incultura lo primero que están haciendo es convertir el arte de la literatura en un manifiesto propagandístico.



"¡Y si no cuadra con el credo, a la hoguera!"


También me toca los cojones que hablemos de tolerancia en obras que se escribieron hace doscientos o quinientos años y para más inri las exijamos bajo amenaza de censura, pero luego no seamos mínimamente capaces de educar a nuestros propios hijos en un ambiente de tolerancia real. Y no me vengáis con payasadas: los casos de bullying, de ataques racistas, sexistas u homófobos van en aumento. Echarle la culpa a los libros es la respuesta fácil. Mucho más fácil que reconocer que nuestra sociedad, sí, esa tan chupi de piruletas donde todos nos damos abracitos por la calle y todo bicho viviente dice "Jopelines" para evitar lenguaje ofensivo, reconozca que la estamos cagando. Que no tenemos ni puta idea de enseñar valores. Que cosas como la ética o el respeto a buena parte de esta sociedad de simios se la trae al pairo.


Es un principio tan parecido a decir que los antiguos griegos, como nacieron antes de Cristo, fueron a parar al limbo (la antesala del Infierno de Dante) por no estar bautizados.
Da igual el bien que hicieran. Nacieron en una época anterior al Hijo del Hombre y eso ya es bastante pecaminoso de por sí.


Nos cuesta horrores admitir que para una enorme parte de lo que es el ser humano el fin justifica los medios. Que si tenemos que aprovecharnos de los demás, pegarles una puñalada trapera o simplemente dejarlos tirados cuando nos necesitan, simplemente porque nos beneficia a nosotros en lugar de buscar un beneficio común, lo haremos sin pestañear. Y algunos de los que nos rodean, en un afán de hijoputismo extremo, encima lo venderá como si eso fuera lo que hay que hacer. Porque eso es de listos y los que no lo hagan son gilipollas y se merecen comer mierda y que los pisoteen.
Seguro que esto lo habéis visto en miles de cuentos infantiles de esos que consideran "nocivos", ¿no?
Si lo habéis visto en Blancanieves, Caperucita Roja o Simbad el Marino avisadme, por favor, que tengo ganas de reírme un rato. Más que nada porque yo pensaba que eso nos lo iban enseñando ya conforme vamos creciendo, cuando nos vienen a dar a entender eso de que "Madurar te abre los ojos" y resulta que, para mucha gente, madurar y convertirte en un hijo de la gran puta con el calibre moral de una mierda de vaca (perdón por ofender a las pobres vacas y a lo que cagan) son conceptos que van cogidos de la mano.


"Ah, ¿que tú crees en eso de ser honesto? ¡¡¡JAJAJAJAJA PERO MIRA QUE ERES GILIPOLLAS!!!"


Centrémonos un poco en esa idea de las obras literarias con mensaje nocivo y en su reescritura. Esto me hace bastante gracia porque, no sé si lo sabéis, aunque lo he comentado mil veces. En la universidad estudié crítica literaria y una de las primeras cosas que te enseñan es precisamente a poder analizar algo desde distintos puntos de vista. A usar el pensamiento analítico para interpretar (subrayo, interpretar) una obra y poder llegar a entender los diversos matices de esta. Dicho de otro modo, no tienes ni puta idea de lo que le pasaba al autor por el melón cuando la escribió, pero oye, te puedes hacer una ligera idea... no sin antes someterla a un debate (argumentado, que parece que eso ya no se lleva) acerca de lo que unos u otros podíamos ver en algún fragmento concreto, o en la obra a un nivel algo más general.
Los censores no hacen eso: lo que hacen es inculcar su propia ideología en la obra que dicen estar leyendo y poner palabras en la boca del prójimo, hasta llegar a un resultado irreconocible. Si nos ponemos así, hasta podemos sacar interpretaciones poco políticamente correctas en una lista de la compra:

- Judías (antisemitismo)
- Pimientos rojos (anticomunismo)
- Plátanos (machismo, porque el plátano es un símbolo fálico)
- Pepinos (más fálico todavía)
- Papayas (misoginia, la papaya en algunos países es sinónimo de vagina)
- Coco (maltrato infantil. La figura del coco se usa para asustar a los niños)
- Aceitunas negras (racismo)
- Fanta (nazismo. No es coña. Buscad en vuestro navegador favorito la historia de esta marca de bebida y entenderéis a lo que me refiero)


—Pero tío, ¿qué coño te pasa?
—He visto un mensaje racista en la etiqueta de mis pantalones. ¡FUERA PANTALONES!
—¿Que has visto QUÉ?
—¡QUE TE CALLES, GILIPOLLAS,  QUE SI LO HE VISTO YO ES VERDAD!


Qué queréis que os diga: que me venga un soplapollas que se llama a sí mismo estudioso o intelectual y se ha puesto a jugar a los crucigramas con el primer libro que se le pone por delante me da asco. Tanto o más asco que aquellos que no tienen cojones ni creatividad para escribir historias propias y tienen que andar toqueteando las de otros que sí tuvieron el genio. Esos seres son los que se sientan y, erigiéndose en jueces, jurados y verdugos literarios, son los que se inventan la mitad de sus argumentos y luego se creen con el derecho de decidir lo que de debe o no se debe leer, bajo la excusa barata de que "el lector" (especialmente niños) es influenciable.
No
Me
Toquéis
Más
Los
Cojones.
Si el lector es influenciable por un libro, es porque no ha habido nadie, ni un padre, ni un profesor, ni entidad autónoma dotada de sistema nervioso que haya estado ahí para decirle que una historia tiene tal o cual tono porque fue escrito en tal o cual época, donde no había conciencia de según qué cosas. No, es más fácil convertir todo esto en una materia de encuadramiento, donde se elimina o se prohíbe todo aquello cuya existencia no podemos soportar. ¿Que la conciencia de género empezó a darse en la humanidad ya bien entrado el s.XX (y en España, terminándolo)? No importa.  Borremos cualquier puto vestigio cultural que medio quiera insinuar eso y hagamos creer a las generaciones venideras que siempre hemos creído en la igualdad de género. Así seguro que valorarán más todo el esfuerzo que se ha venido haciendo a lo largo de los últimos ciento y pico de años precisamente para que las mujeres tengan el trato que les corresponde en la sociedad, y por el que todavía se sigue luchando.


El mundo siempre fue bonito.


No nos quedemos ahí, qué coño: vamos a seguir inventándonos mierda y vamos a soltar gilipolleces como que los vikingos creían en la igualdad de género o que las brujas de la Edad Media fueron quemadas por feministas, porque claro, eso de la cultura patriarcal resulta que se lo inventó la Iglesia Católica, que alguno leyó las payasadas de Dan Brown y se creyó que eran verdad. Vamos a soltar imbecilidades crónicas sin haber cogido un puto libro de historia, pero vamos a inventárnosla para hacernos los guais, como soltar por ejemplo que Hernán Cortés y sus subalternos no dejaron vivo a un solo indígena en las Indias Occidentales (los descendientes de indígenas imagino que deben ser clones o algo sacados a partir de los restos del genocidio, digo yo. Y lo de que tengan apellidos españoles es culpa de un mago) o que los españoles tenían un comercio de esclavos negros que iban acarreando por todo el Atlántico, y que tenemos que acarrear con la responsabilidad de eso durante medio puto milenio.
Vamos, no me jodas.


—¡La historia es mentira! ¡Las crónicas que nos han llegado son falsas! ¡Los documentos, los registros, todo una patraña! ¡Nada de lo que nos han contado sucedió así de verdad!
—Em, vale, ¿puedes demostrarlo? ¿En qué te basas para negar lo que sucedió en los siglos anteriores?
—¿Basarme? ¡YO CREO EN ELLO! ¡TENGO UNA OPINIÓN! ¡Y TENGO UNA CAUSA QUE DEFENDER! ¡LA REALIDAD DEBE AMOLDARSE A ELLAS PORQUE ES MI DERECHO!



Pero es que voy más lejos con eso de la censura, porque no estoy seguro de que seamos plenamente conscientes de lo que ello está implicando día sí, día también: cuando hablamos de censura, y me importa tres mierdas bajo qué pretexto se enarbole, nos estamos poniendo en manos de vete a saber quién. Realmente no sabemos quién, ni dónde va a poner ese "quién" el límite. Lo que estamos haciendo es dejar que un puñado de imbéciles, la mayoría de ellos sin idea de historia o cultura, seguramente (porque, de tenerla, no hablaríamos de ignorantes, sino de unos concienciadísimos hijos de puta que buscan manipular a la gente), decidan por nosotros lo que podemos o no podemos leer. Dando por sentado que ciertos libros son "malignos" o "tóxicos", como el que habla del puto Necronomicón. Dándonos a entender que, si nos gustan según qué historias, nos convertiremos en simpatizantes de lo que, según ellos, éstas hacen apología.
Solo por no estar escritos en la época correcta. O mejor dicho, por estar escritos en épocas con la ideología equivocada.


Fijémonos, en cambio, cómo errores del pasado como el fanatismo, el autoritarismo, las quemas de libros o las persecuciones de artistas por "inmorales" siguen presentes en nuestra sociedad y a nadie le ha dado por borrarlas del mapa de una puta vez.
Como siempre, acabamos dejando que sean los intolerantes los que manden.


La movida ha empezado por los cuentos infantiles, que ahora son caca porque no son lo bastante inclusivos. Yo me parto el culo pensando en Esopo o Perrault (o incluso Disney, cuando estaba adaptando los guiones) diciendo en su casa, mientras escribían, "a ver, voy a escribir una historia... pero tengo que tener en cuenta a todos los colectivos que tengo apuntados en mi lista, no sea que en el s.XXI decidan que mi creatividad no vale una mierda por no acompañar al régimen ideológico dominante". Es decir, que si hasta el s.XX un autor escribía lo que le salía de los putos cojones, ahora parece que tiene que quedar bien si no quiere que todo el rebaño lo invisibilice, le haga boicot o directamente lo fusile ante las masas con un "estudio".



Hoy en nuestro blog tenemos a Christopher Marlowe.
—Señor Marlowe, entre sus obras tiene usted una llamada El Judío de Malta.
—Así es.
—¿Sabia usted que, de haberla escrito en el s.XXI usted habría sido perseguido?
—¡Vaya, qué cosas! Bueno, es que en mi época era bastante frecuente mirar a los judíos con malos ojos.
—Cierto. Fue usted un hombre de su época, sin duda.
—Como todo el mundo, supongo...
—Sí. Por cierto, si le dijera que es probable que aun habiendo escrito usted su obra en 1590, la gente del s.XXI podría plantearse prohibirla, ¿qué diría usted?
—Diría que la gente sigue siendo muy burra.
—Gracias, señor Marlowe.


Volvamos al tema de la invisibilización. Me contaba una amiga que allá por el s.XVI había pintoras muy válidas en la corte real. Pintoras que gozaron de notable reconocimiento de los críticos de la época (me puso como referente a Palomino que, al parecer, es una de las autoridades acerca del tema). Mujeres tan bien reconocidas por los reyes que éstos, se encargaban de conseguirles alojamiento y (ejem, recordemos la época) incluso marido.
Subrayemos esto: ya eran reconocidas en su época.
¿Qué sucedió? La figura de las pintoras fue sistemáticamente invisibilizada a principios del s.XX, coincidiendo precisamente con la época en que los movimientos por conseguir el voto femenino empezaron a hacerse fuertes. ¿Coincidencia? Pues lo más seguro es que no; no en vano, la forma que han tenido muchos tiranos de acabar con sus opositores ha sido precisamente la de borrar todo registro de ellos. Que las mujeres empezaran a reclamar sus derechos escoció a más de uno y más de dos en su época, y los rancios tenían que hacer algo para que las señoras se quedasen en las cocinas fregando platos.



Stalin, por ejemplo, era un verdadero experto en hacer desaparecer de la historia a todo aquel que él considerara meritorio de ello. Según la terminología de Josef el Bigotudo (uno de los hijos de puta más grandes jamás cagados por la raza humana, aunque pase un pelín de puntillas ante la opinión pública), posiblemente "meritorio de ser borrado" podría ser todo aquel que no le diera la razón hasta por la chorrada más absurda.


Regresemos al s.XXI para ver la perversidad de todo esto: en una época donde la sensibilidad hacia ciertos temas parece trocarse en hipersensibilidad, tenemos que un puñado de gente es incapaz de soportar aquello que no casa con sus ideales. La solución, por tanto, es iniciar una cruzada por erradicar todo aquello que no entra dentro de esa ideología... o que uno cree entender que no entra dentro de esa ideología, aunque a lo mejor dicho libro ni siquiera llegue a posicionarse. Pero ojo, esto se hace desde la más asquerosa cobardía: para mí no existe libro más machista que la Biblia y oye, todavía no he escuchado a ningún colectivo moderniki que pida que la erradiquen de ninguna parte por no ser lo bastante chupiguai ideológicamente. Quizás porque no hay cojones de meterse con gente tan poderosa y es mucho más fácil decir que la Caperucita era nociva o que en los Tres Cerditos no hay un solo personaje femenino.
Del mismo modo pienso que erradicar la Biblia, como erradicar o prohibir cualquier otro libro, me parece una soberana mamarrachada, para que quede claro. En todo caso, yo sería más de erradicar a los gilipollas que me vienen diciendo que la Biblia debe ser el único libro que debo leer, o a aquellos que me dicen que no debo leer Harry Potter porque incita al satanismo o que si leo cómics me voy a volver comunista o gay (diría que lo prefiero a volverme un imbécil de estos que se pasan el día ofendiditos y exigiendo censura —para los demás, por supuesto— a gritos). A esos sí los erradicaba yo, a patada limpia en el pecho al borde de un puto barranco, no a los libros.


A tomar por culo ya con los tiranos estos, joder.


La conclusión que saco de todo esto es que aquí al personal le importa tres mierdas la cultura, la historia o la literatura. Es mucho más fácil taparse los ojitos y las orejitas y pensar que aquello que se borra jamás existió para que las generaciones venideras estén más sobreprotegidas si cabe y, por tanto, sean más vulnerables a la mierda cuando la encuentren, porque la van a encontrar. Gracias a eso, se van a volver más intolerantes e intransigentes con aquello que no sea políticamente correcto y serán totalmente incapaces de leer entre líneas o de tener pensamiento crítico alguno. Una generación moldeada en un único pensamiento que escupirá a la cara, denunciará y perseguirá a disidentes.
O una generación que, a causa de tantísima represión, cuando decida romper con ella, se volverá más salvaje y violenta de lo que se podrá soportar. ¿Qué os creéis que sucede cuando prohibís cualquier alusión a sexualidad en una historia a gente joven (no, no hablo de niños. Hablo de jóvenes, que parecen estar viviendo una nueva oleada de puritanismo rancio). Pues que, a causa de esa represión, acabarán buscando la sexualidad más enfermiza que encuentren a su paso, solo como desafío a la prohibición, para escapar de la represión.
Doble moral.
Yeah, tíos, yeah.
Pero nada, vosotros a lo vuestro. Seguid prohibiendo las charlas sobre sexualidad en institutos y veréis la cantidad de Manadas que van a surgir en los próximos años. Luego tened los huevos de echarle las culpas a los videojuegos, a Caperucita Roja y en quien os salga del culo.


"Se ha descubierto que un despiadado asesino leía libros de cocina. ¡VAMOS, VECINOS, QUEMEMOS TODOS LOS LIBROS DE COCINA QUE ENCONTREMOS A NUESTRO PASO PARA EVITAR SU PERNICIOSA INFLUENCIA SOBRE NUESTROS HIJOS!"
Total, ya que estamos...


Pero oiga, aquí la censura y toda esta mierda de prohibición se hace, insisto por no sé si tercera o quinta vez (y creo que aun así habrá quien no lo pille) no solo para proteger a los pobres corderitos inocentes que por lo visto nunca tienen ni voz ni voto acerca de si algo les gusta o no; también se hace desde la bandera de la tolerancia. Se pide tolerancia y en lugar de concienciar para conseguirla, resulta más atractivo y más cool eso de imponerla a sangre y fuego, a costa de manipular y acallar a aquellos que no tienen nada que ver con lo que representan (ya no digo ni ideologías opuestas, simplemente hablo de todos aquellos que están a otras cosas. Algo así como si ahora cogemos y prohibimos, no sé, las Eddas porque no aparece nadie que represente a la raza negra, o como si retiramos Otelo porque un hombre de raza negra maltrata a su mujer... o como si cogemos y vetamos a Lorca porque en La Casa de Bernarda Alba las mujeres no tienen el suficiente trato de "sororidad" entre ellas y se putean las unas a las otras).


El señor Lorca fue un grandísimo ejemplo de lo que debería ser la literatura: una forma de oponerte al sistema. Al mundo. De gritar al mundo quién eres, lo que eres y lo que tienes que decir.
Para que el arte sea arte, un elemento de importancia es que tenga esa capacidad de remover el alma. De ofender, de decir lo que los demás callan y de ser la voz discordante frente a los cánones y las imposiciones.
Si a partir de ahora TODO lo que se escribe debe ser sometido a un código censor, vamos a encontrar que la literatura del s.XXI en adelante va a ser un compendio de remedos, libros tachados, clásicos manipulados y tergiversados y, en definitiva, propaganda de la clase más asquerosa.


La cuestión es que, si seguimos así y dejamos que los censores y todos sus chupaculos nos impongan su criterio, no quedará un puto libro sobre la faz de la tierra porque siempre se puede dar un paso más para seguir boicoteando. Ahora mismo hablamos de lo que se supone que "inculca" (yo con esto me meo, porque un libro no inculca nada si uno sabe lo que está leyendo. Os aseguro que yo podría leerme el Mein Kampf y no me entrarían ganas de invadir Polonia. ¿Por qué? Por algo que se llama "Pensamiento crítico". Si alguno nunca lo ha probado, os lo sugiero. Es la leche), pero mañana lo mismo se arremete contra la ideología del autor y libros como La Muerte de Arturo o Alicia en el país de las maravillas podrían ser retirados porque Malory fue un violador y a Lewis Carroll le molaba dibujar niños pequeños desnudos.
Podemos seguir así y podemos retirar todos los libros de Hemingway porque le gustaban los toros, o los de Camilo José Cela porque en vida era de lo más grosero hablando. Podemos erradicar de cuajo la poesía de Rubén Darío porque le pegaba a las drogas o cepillarnos la traducción de Hamlet por José María Pemán porque este se posicionó claramente con los golpistas durante la Guerra Civil.
Cosas que no tienen absolutamente nada que ver con la literatura en sí, pero tío, son causas que están en boga y hay que ponerse la chapita... aunque en el fondo la causa te dé por el culo y lo único que quieras sea tu ración diaria de aplausito.


Luego nos echamos las manos a la cabeza cuando estos salen en un telediario reventando una obra de arte a martillazo limpio en un país lejano y desconocido.
Pues aquellos que pedís censura y retiradas de libros (o de películas, o de pinturas, o comics o de canciones), o fomentáis boicots públicos a artistas por cuestiones ideológicas no sois en absoluto diferentes. Ellos y vosotros sois unos putos fanáticos que os creéis que vuestra causa y lo que tengáis entre las orejas os dan derecho a ir pisoteando y destruyendo las creaciones de otros.
Así que dejad de miraros vuestro puto ombligo, bajaos de vuestro púlpito de superioridad moral e iros un rato a cagar.


Lo importante, entonces, no es ni la literatura o la historia, o la cultura en particular. Eso le importa tres mierdas a los que enarbolan el puño en alto y exigen que les quiten de la vista según qué obras. No, lo importante es que un puñado de fanáticos analfabetos puedan sentirse poderosos a costa de pisotear a los demás. A estos desgraciados les importa un huevo un puñado de libros que probablemente jamás van a leer (o, en el caso de leerlos, van a entender lo que les salga de las pelotas).
Y oye, con respecto a lo que uno entiende de cada libro... hasta ahí es respetable: cada uno hace lo que le sale de los cojones cuando lee. Por mí como si les da por masturbarse compulsivamente leyendo a Kafka porque les pongan cachondos los insectos gigantes; la putada es cuando estos mismos ignorantes empiezan a obligar a los demás a vivir como ellos. Aquí es cuando nos han jodido, pero bien, porque a partir de ahora uno ya no va a poder decir "Oye, me apetece leer esto". No. De aquí a nada, si no mandamos a cagar a este ejército de soplagaitas, vamos a tener que andar pidiendo permiso ante esos seres que se erigen en autoridad para decirnos lo que podemos o no leer. Como si ellos estuviesen por encima de nosotros, o su Santa Ideología y su forma de exponerla fuesen tan intachables que no se pueda siquiera cuestionar su superioridad moral.


Ah, ¿que tenéis una opinión?
¿Que vuestro credo es superior?
Pues bien: nadie ha pedido vuestra puta opinión.
Y algunos nos pasamos por el ojete vuestra superioridad.


Hoy se habla de "retirar" (eufemismo de censurar y vetar), pero mañana nos vendrá alguien dando un paso más diciendo que qué cojones, que para eso, que se quemen o que se prohíba su reimpresión. Algo que ya hicieron otros energúmenos hace unas cuantas décadas y que hoy decimos que son malos malísimos... pero no estamos cayendo en que cada día más nos estamos comportando de una manera igualmente fanática: pisoteando a los disidentes, mandándolos a callar, borrándolos de la historia, quemando sus libros e imponiendo por cojones y sin argumentar una ideología que, oye, puede ser muy sana, pero las formas de imponerse (que es por cojones y sin derecho a réplica alguna) apestan a mierda.


"Han retirado otro libro por no simpatizar lo bastante con el veganismo. Ellos lo llaman 'retiro', pero en realidad era una ejecución"


Una vez más, nos acercamos a un mundo distópico. Ya estábamos copiando punto por punto el mundo Orwelliano, con trazas de Huxley en eso de tener una población de niños malcriados en cuerpos de adultos que se drogan con sobredosis de desinformación. Poco a poco se va sumando el toque Bradbury, con gente boicoteando (al menos hoy, mañana igual los queman) libros para que todos pensemos menos y amemos más a la voz del que más chilla.
Y si no lo eres...
Pues va a dar igual que creas en la igualdad de género, que creas que no existen razas superiores o delincuentes por naturaleza. Va a importar muy poco que no profeses ninguna religión, o que profeses alguna. Va a dar igual que seas una persona concienciada, ecologista, amante de los animales; que ayudes a los demás, que participes en ONGs o en algún tipo de voluntariado; va a dar igual que estés en contra de maltrato de cualquier tipo, que te dé asco el acoso como concepto. Que estés concienciado de que lo que quiera que estés concienciado. De aquí a nada, si las cosas siguen igual de jodidas con eso del buen rollito por cojones por parte de aquellos que lo exigen, basta con que quieras leer algo que ellos te prohíban, o con que haya matices en lo que te quieran meter con cucharones, que serás un monstruo de la peor clase.
Fascista.
Machista.
Maltratador.
Racista.
Homófobo.
Tránsfobo.
Capitalista.
Opresor.
Machirulo.
Neonazi.
Reaccionario.


Otro ejemplo de "tolerancia". Este señor ejecuta gente por no haber manifestado la suficiente pena en el funeral de su padre.
En occidente no se llega a matar a nadie, no... pero se persigue, se boicotea, se insulta y se humilla públicamente la dignidad de aquellos que no manifiestan lo suficiente su implicación en según qué causas.
Pero, eh, que sí, que los occidentales somos democráticos y abiertos de ideas.
Y, lo más importante, no perseguimos a nadie por sus inclinaciones políticas o religiosas.
Ni por su raza.
Ni por su procedencia.
Ni por su orientación sexual.
Ni por lo que escribe.
Ni por lo que dibuja.
Ni por lo que lee.
Somos el puto ejemplo a seguir.


Señores, lo digo bien claro: leed. Leed lo que queráis. Leed si queréis, y si no, no pasa nada. Pero dejad de jodernos y de decirnos a los demás cómo tenemos que vivir o qué ideología debemos profesar. Lo digo de buenas, porque os estáis dejando en ridículo. Estáis tirando por tierra aquello que decís defender. Estáis dejando una imagen muy triste de vosotros mismos cada vez que intentáis silenciar a otros; cada vez que os meáis en la historia o que intentáis adaptar la realidad a las piruletas que tenéis en la cabeza.
Espero que entendáis lo que os digo por las buenas, pero si no las entendéis, hacedme un favor: iros a tomar por culo.