sábado, 6 de octubre de 2018

Mondo Chorra- (IV) Secretos



A veces me pongo a pensar en cómo salen las cosas y me pregunto cuál es la mayor causa de que se desomoronen. Por supuesto, no hay una única causa, claro... pero, en muchos casos y, basándome en lo que ha sido mi vida a lo largo de los últimos años, empiezo a tener cada vez más clara la idea de que son los secretos los que nos acaban desangrando.
Puede resultar contradictorio, puesto que los secretos suelen ser una prueba de confianza: alguien te guarda un secreto y te traiciona cuando deja de guardarlo. Todo parece sencillo desde ese punto de vista... pero es un arma de doble filo. Y, como tal, puede ser dañina. Incluso destructiva.

Cuando empiezas a darte cuenta de que tu entorno se relaciona en base a los secretos que comparte, es cuando ves que algo no va del todo bien. Hay una clara diferencia entre las intimidades, que solo compartes con aquellos en los que más confías, y el secretismo, que realmente crea castas de relaciones. En un mismo entorno de confianza, donde se supone que todos los que te rodean están al mismo nivel, no debería haber secretos entre unos y otros; sin embargo, en el momento en que descubres que no todo el mundo sabe lo mismo, es cuando ves que algo no encaja. Cuando ves que todos son iguales... pero unos parecen ser más iguales que otros. Todo eso sin contar esas situaciones en las que te ves metido, en las que pasas de hablar de cualquier cosa con los que te rodean a acabar teniendo que medir tus palabras ante aquellos que se supone que son de fiar, no sea que no sé quién se entere de algo que no debía saber... o a dejar claro que tú sabes algo que se supone que no sabías. El secretismo te obliga a censurarte, crea conversaciones paralelas, obliga a guardar silencios incómodos. A veces, hasta obliga a mentir para proteger a otros.
Y eso no es más que el inicio de una espiral enferma.



Oh, yeah.


En ciertos entornos de confianza, resulta que todo se acaba sabiendo. El secreto que unos evitan que descubras es la confidencia que te cuentan otros, también de forma secreta, por supuesto. También sucede que dichos secretos ni siquiera sepan ocultarse bien y sean lo que llamamos "secretos a voces". Sea como sea, cuando descubres algo que te ha estado ocultando todo el mundo, es cuando te sientes traicionado. Excluido. En el mejor de los casos, te das cuenta de que aquellos en quienes tú has estado confiando resultan no contar contigo... pero sí cuentan con otros que hasta la fecha habían resultado más ajenos. Y es en ese momento cuando ya terminas de darte cuenta de que eso de los secretos no siempre es tan buena señal de confianza.

El secretismo (que no la confidencia) puede convertirse en hermetismo cuando incluso preguntas a qué viene lo que está pasando a tus espaldas y nadie es capaz de darte una respuesta clara, aunque realmente la conozcan. Se vuelve incluso algo hiriente cuando tú sabes perfectamente lo que te están ocultando y, en lugar de admitirlo, te encuentras con verdades veladas o incluso mentiras. Excusas cualesquiera para no decirte las cosas a la cara, por el motivo que sea.
"Porque es mejor que no te enteres".
"Porque si no sabes nada, para ti no ha sucedido y salimos todos ganando".
"Porque es de mal gusto que sepas tal o cual verdad".
Excusas, insisto. Excusas para no decirte de primera mano aquello que, tarde o temprano, acabarás descubriendo por ti mismo.
Nuevamente, vemos cómo descendemos en esa espiral, convirtiéndose en una bola de nieve que va aumentando día tras día, mes tras mes.
Año tras año.


Oh, mierda.


Excusas... y razones. Este cúmulo de secretos y misterios acaba resultando ser una patata caliente que se pasan unos a otros para no ser claros, o para no afrontar la responsabilidad de tener que decir la verdad. Tal vez, incluso porque piensan que te olvidarás de todo esto. Que no afrontar el asunto de forma directa hará que las cosas se enfríen.
"Haz como si no pasara nada y será como si realmente no hubiera pasado nada".
Pero no. No funcionan así las cosas, me temo. Unas mentiras ocultan verdades, pero revelan otras: en el momento en que descubres a la persona que te ha estado mintiendo, se cae un velo y te das cuenta de que ya no te puedes fiar de ella. Aquellos que te han estado ocultando cosas que, igual no era imperativo que supieras, pero que tampoco es de recibo ocultarlas como si se tratasen de tabúes, se retratan a sí mismos con su falta de confianza en ti. Y te dejan más que claro que ya no puedes fiarte de ellos. No como lo hacías antes.
Vamos a ser honestos, ¿cómo vas a hacerlo?

Aquellos que antaño eran gente a la que veías y sentías como cercana empiezan a difuminarse en un halo de desconfianza e incertidumbre. Sabes que te han estado ocultando cosas. Que todos y cada uno de ellos te han estado mintiendo en un momento dado. Que te han contado las cosas a medias, solo limitándose a las partes que convienen que tú sepas y decidiendo por ti.
"No va a entenderlo si se lo digo".
"No le va a parecer bien".
"Mejor le cuento solo lo justo".
"Mejor no le digas nada de esto".
"No le hables de tal, o de cual".
Mantras para justificarse en algo que es dañino y que te lleva a preguntarte: "He descubierto que me han ocultado esto, pero... ¿qué más se me ha podido estar ocultando?".
Cuando llegas a ese pensamiento, sabes que lo mejor es no seguir en según qué direcciones.


Ya conoces la salida.


Hay quien piensa que la verdad siempre acaba saliendo, y que el tiempo pone a cada uno en su lugar. Yo no estoy seguro de creerlo del todo... pero sí suelo pensar que es muy complicado estar ocultando algo todo el tiempo sin que nadie se dé cuenta. Sin que nadie cometa errores. Es muy difícil mantener una mentira sin que, tarde o temprano, las cosas dejen de cuadrar. Sin que suceda algún hecho imprevisto que la desmonte.
Y entonces, ¿qué?
¿Qué sucede cuando descubres que alguien se ha portado así? ¿Qué clase de excusas puede dar para justificarse y que te las creas, cuando ya estás viendo que ni siquiera puedes creerte lo que te han venido diciendo a lo largo de vete a saber cuánto tiempo?

Sé que la mayoría de gente a mi alrededor piensa que soy extremadamente radical con eso de la lealtad, pero... yo parto de un hecho fundamental y es que, si no puedo fiarme al 100% de la gente con la que trato, esa gente automáticamente deja de ser gente cercana para mí. Es ahí cuando enfrío mi actitud y cuando, oh, sorpresa, el resto de humanos dice sentirse decepcionado hacia mi actitud.
Irónico, cuanto menos.
No sé si es ver la paja en el ojo ajeno, o sencillamente no darse cuenta (o no querer darse cuenta) de que el secretismo, el hermetismo, las mentiras "por protección" (o, por el motivo que sean) vienen a ser como un cáncer que devora relaciones y las corrompe hasta degradarlas en algo irreconocible. Supongo que es más fácil hacer lo de siempre, que es hacerme pagar los platos rotos de todo en lugar de admitir todo el secretismo a mis espaldas.


También está la otra opción, que es decir que todo es neura mía, o parte de mi imaginación... y optar por no hacer absolutamente nada al respecto, diciendo que "Ya se me pasará".
Porque aquí el único que la caga soy yo.


Con el tiempo, alguien te acaba contando cómo han sido las conversaciones acerca de ti cuando tú no estabas, y te quedas, como poco, de piedra. Resulta que todo, absolutamente todo lo que hacías, era cuestionable (y cuestionado). Nadie entendía por qué hacías las cosas, pero a nadie le daba por preguntar. No sin antes haber emitido un juicio de valor, por supuesto. Luego sí, llegaban las preguntas, pero con el veredicto ya dictado, de manera que no tenía ningún sentido que te explicaras. Porque nadie parecía entender, ni querer entender, nada de nada.
O bien resulta que te enteras de cosas de alguien por terceras personas que habría sido mucho más honrado si te las hubieran dicho de primera mano y se dejaran de tonterías que lo único que demuestran es que no se fían de ti. Que, al parecer, parece que nunca se fiaron demasiado. Claro, uno da motivos a diario como para eso. Lo acostumbrados que estarán a que yo traicione a la gente que me rodea.

Hasta que todo eso acabó muriendo. Esa voluntad por querer explicar por qué habías hecho tal o cual, desapareció. Las ganas de escuchar mentiras, desaparecieron también. Con el tiempo, dejas de preguntarte acerca de todas esas conversaciones a tus espaldas, de todos esos momentos en que, de forma velada o incluso de forma totalmente abierta, se ha prescindido de tu presencia. Incluso se ha llegado a vetar. A decirte (de antemano y dándolo por sentado previamente) que tú no quieres estar ahí, por eso no se cuenta contigo. A no confiarte según qué cosas porque oye, de buenas a primeras, ya no eres tan de fiar como solías ser. Porque resulta que esa misma gente que decía confiar en ti, tiene las santísimas agallas de decir que no se siente cómoda contigo hablando de según qué temas y prefiere excluirte de según qué conversaciones. Cuando, no mucho tiempo atrás, te alababan diciéndote que contigo se podía hablar de todo.


"Pues ya no. A la calle".


Y es respetable. No está bien obligar a los demás que cuenten con uno. No es mi intención y, francamente, ni siquiera llega a enfadarme; pero, por otra parte, tampoco está bien que te digan que les importas muchísimo cuando ves que las palabras se las lleva el viento. Cuando ves que no es verdad, porque los actos (sobre todo los actos a tus espaldas) no se corresponden con las palabras. Cuando, poco a poco, descubres todas las cosas que, si bien no son mentiras flagrantes, desde luego faltan a la verdad completa. Eso tampoco me enfada, pero sí me hace replantearme según qué cosas. Sentirme como la última mierdecita en la vida de gente que me importa.
Igual no eres tan amigo, ni tan importante en la vida de alguien, cuando te vas enterando de todo lo que te están ocultando. De todo cuanto está sucediendo a tus espaldas. Cuando descubres que, de forma totalmente voluntaria, evitan cualquier mención a según que asuntos, o a según qué personas en tu presencia (como si dieran por sentado que te vas a cabrear o vas a decir vete tú a saber qué), pero es darte la vuelta y volver a ello. Como si la exclusión y el ostracismo no dolieran más, ni fueran más insultantes. Porque uno no pide que le cuenten pelos y señales de todo cuanto hacen... pero tampoco pide que se las vayan ocultando adrede, como si tuviéramos ahora catorce años, o como si se diera por sentado que solo los tengo yo, que también me he llegado a comer ese reproche en unas cuantas ocasiones.


"Is qui pirici qui tinis quitirci iñis".


No, no sienta bien darte cuenta de (o al menos sentir) que no eres bienvenido en según qué contextos. Que haya dos personas hablando de según qué temas a tu lado y, en el momento en que te acerques, cambien de tema, excluyéndote por completo, sin pudor alguno y en tu cara. O que esperen a que estés a tan solo unos metros para hablar de algo que jamás hablarían contigo porque, de pronto, no pareces la persona indicada para ello... pero oye, sí, sigues siendo un buen amigo al que le contarían absolutamente cualquier cosa. Y te lo tienes que creer.
¿Qué confianza te queda en esos círculos cuando estás viendo eso durante tanto tiempo? ¿Qué lugar crees que tienes ahí, cuando estás sintiéndote empujado, una y otra vez, al exterior? ¿Cómo de cómod ote puedes sentir si estás viendo que se te dice una cosa, pero se te demuestra la contraria? ¿Cuando cada vez menos cosas parecen unirte a otras personas?


—Bla, bla, bla, bla, bla, bla...
—Hola, ¿de qué habláis?
—No, no, de nada, de nada...


Es entonces cuando tu locuacidad desaparece y lo único que te apetece es quedarte callado. Ni comentarios ingeniosos, ni chistes, ni nada por el estilo. Te vuelves hermético... no ya por secretismo, sino porque no consideras de recibo contar nada nuevo de lo que pase en tu vida. Porque estás viendo que los que te rodean te cuentan única y exclusivamente lo que les parece, y tú ya no ves sentido a actuar de un modo diferente a ese. Porque, habida cuenta de estas cosas, no sabes si lo que cuentes va a ser motivo para más conversaciones a tus espaldas o ser usado en tu contra en un futuro. No lo sabes y, como no lo sabes, prefieres callarte. Contestar solo cuando te pregunten... y, si no te preguntan, no dar norte alguno. Porque según qué cosas parecen haber muerto y yacer no sé cuántos metros bajo el suelo. Enterradas con los secretos y las promesas que se hicieron y que parecen haberse olvidado.
Que sí, que podría hablar las cosas. Pues claro que podría, no te fastidia... pero es que cada vez que me ha dolido algo lo he dicho y al final, he acabado siendo yo el que tenía que disculparse. He sido yo al que no han dado importancia alguna y el que se ha comido el trato condescendiente, con argumentos tan sólidos como "que he tenido una rabieta" solo por decir que algo no me parece bien. Por hacer lo que se supone que tenía que hacer, que era hablar las cosas.


Al final, ¿sabes lo que pasa? Que te quedas con la sensación de que no puedes ganar nunca, tomes la decisión que tomes: si hablas, malo porque oye, eres tal o cual por decir lo que sea. Te comes juicios de valor de todo tipo de gente que no ha entendido absolutamente nada de lo que querías decir.
Pero es que si te callas te dicen que oye, que hables las cosas.
Lo guapo es cuando yo pregunto "¿En qué quedamos, entonces?" y NADIE me da una respuesta. Todo el mundo se encoge de hombros y encima parece que tengo que ser yo el que se busque la vida para que haga lo que haga, no se vea como una cagada monumental.


Podría seguir hablándolas, pero es que ya no me da la gana. Me resulta un esfuerzo absurdo con un resultado aún más absurdo. Más cuando aquí cualquiera puede callarse y no pasa nada, se respeta... pero cuando lo hago yo, se me echa la bronca y se me presiona para que lo hable... y luego me encuentre comprensión CERO. He sido yo el que, por decir las cosas cuando la situación se ha puesto fea, se ha comido toda la mierda, mientras que otros, tras portarse como gente que no se merece llamarse amigos míos y que ha hecho lo que le ha dado la real gana sin consecuencia alguna (como por ejemplo, quedarse callados de la forma más ruín cuando les estaban hablando directamente para que se hablara un problema serio), sí parecen ser dignos de un trato de respeto, confianza y comprensión. Yo he sido el que, en situaciones así, raramente ha recibido un "¿Cómo estás?", aun a sabiendas que estas cosas me pasan factura. No. Lo que he recibido han sido reprimendas, a veces dadas meses después (a toro más que pasado ya), cuando ya empezaba a recuperarme, y tras vete tú a saber cuántas conversaciones acerca de esto a mis espaldas, cuando es conmigo el primero con el que se tenía que habar hablado y no el último. Con gente que provoca el caos, que es incapaz de morderse la lengua a la hora de soltar cosas realmente dañinas y que luego se calla de la forma más cobarde cuando se le rinden cuentas, se habla las veces que sea, y probablemente en tono conciliador y comprensivo, porque a según qué gente no se le tose y su Santo Criterio va a misa. A mí, que me den: primero se me cuestiona; luego, sermón, broncazo y, de postre, hacerme sentir culpable.
Mira, NO. Yo por ahí no paso.


Habrá otros que toleren la ley del embudo porque en el fondo les dé igual.
A  mí ni me da igual ni la tolero.


Todo aquel que me conoce BIEN (y no el que dice hacerlo, que de esos hay muchos) sabe que yo soy capaz de comprender muchas, muchísimas cosas. Pero que jamás voy a consentir ni dobles raseros ni tratos de favor. Como tampoco voy a consentir que alguien se mee fuera del tiesto, falte al respeto, se permita el lujo de levantarme la voz A MÍ, luego no tenga ni la educación ni la catadura moral para, no ya para pedir disculpas, sino dar una miserable explicación (que luego, como siempre, sí que se me piden a mí)... y esa persona resulte ser una bellísima persona, querida, respetada y tolerada mientras a mí se me lanza el argumento de "Algo habrás hecho" (super justo, por cierto) y se me eche encima un muerto que nadie ha tenido a día de hoy la decencia de decirme a la cara en qué consiste ni a qué viene. Aunque haya quien probablemente lo sepa.
Y, antes de que venga nadie a liármela acerca de esto último que acabo de decir, quiero que quede claro: con esto no digo que me vengan a explicar a qué ha venido toda esta mierda; lo que digo es que, si resulta que se sabe a qué viene, lo último que se debe hacer es mentirme, decir que ni idea, y usarlo como argumento para que yo me coma toda la responsabilidad. Una vez más, más secretismo que no me da la real gana de aceptar ni tolerar, en caso de que esto resulte ser así.
Por ahí tampoco paso.



"Hala, cómete eso, que para eso es para lo que estás tú".


Supongo que esta es una de esas cosas que ya no espero que mucha gente entienda; simplemente son las cosas con las que me toca vivir. Otras más en una larga lista.
No, no espero que nadie entienda nada de lo que digo, ni que sea capaz de entender lo que siento cuando veo que todo a mi alrededor, en mi Universo personal, se enfría para acabar desmoronándose. Total, he escrito sobre esto mil veces ya para desahogarme y nadie ha parecido entender lo que quería decir. Nadie ha parecido siquiera pararse a pensar que oye, lo mismo no me encuentro bien. Ni de coña se les pasa por la cabeza que igual ellos están siendo testigos silenciosos de todo eso y que lo mismo saben de qué va toda esta película. No, aquí como si no fuera con nadie. Es todo cosa mía porque, claro, todo el mundo sabe que a mí se me va la olla día sí y día también y es normal que de vez en cuando desvaríe. Que diga cosas que no tienen sentido alguno. Que me desahogue sin motivo. Que, de buenas a primeras, diga que no quiero a alguien cerca porque lo normal en mí es que yo le ponga una cruz a alguien por la cara. Que yo actúe sin pensar (o, mejor dicho, sin haberme comido la cabeza cuarenta veces en un mismo día) o según me dé un aire. Claro, estáis de lo más acostumbrados a que yo haga esas cosas. Tanto, que lo mejor es pensar que me he dado un golpe en la cabeza o algo así, no tomarme en serio e ir a lo vuestro. Ante todo, la política es siempre cuestionarme, dar por sentado que soy yo el que no sabe dónde tiene la cara, que soy el que exagera, el que se inventa cosas, dramatiza o el que directamente dice tonterías que no merecen la pena ni tenerse en cuenta.
No. El único sentimiento que he visto, en la mayor parte de los casos, es el de culparme a mí o el de sospechar que, si algo malo sucede, o yo he sido la causa o he tenido algo que ver. De cargarme a mí siempre con toda la responsabilidad del desastre y hacerme a mí vivir con todas y cada una de sus consecuencias, mientras los demás pueden tener bien limpias sus conciencias y hacer lo que les viene en gana sin sentir ni una migaja de culpa por ello. De escudarse en según qué decisiones diciendo que yo también las tomo, pero no plantearse que, mientras unos hacen según qué cosas porque les da la gana, yo las hago porque no me queda más remedio.


Coñas aparte, solo me pregunto una cosa: cuando las cosas vayan mal a mis espaldas, ¿también serán culpa mía, aunque no tenga ni idea de lo que pasa, o se buscará a otro para que sea el que cargue con todo, como lo hacía yo?


Pero también supongo que todos los ciclos llegan a su fin. Supongo que, tras mucho advertir por activa y por pasiva que esto iba a acabar por suceder (porque lo hice, no una, sino cien veces. Más todas las que dije que estaba empezando a estar muy cansado de según qué actitudes y de según qué situaciones... y sospecho que, si alguien me llegó a escuchar, ni se molestó en tomarme en serio ni en plantearse que todo esto acabaría pasando), el ciclo en el que yo paso de ser la voz que rompe el silencio para luego convertirme en chivo expiatorio ha terminado. Ha llegado el momento de romper según qué cadenas y quitarme según qué mordazas de la boca. De hablar cuando me dé la real gana y no cuando se me dé permiso. Ese momento de deshacerme en explicaciones que se van a malentender o que no se van a entender en absoluto... ese momento también ha terminado. También ha acabado la etapa en que cualquiera tomaba las decisiones que quería y luego se me responsabilizaba a mí. De pagar por los malos días de otros. Se ha acabado la etapa de recibir sermones donde se restriegan por mi cara todas y cada una de mis miserias. De sentirme como un inútil. De tener que callarme porque no quiero convertir una situación cualquiera en un conflicto. De tener que disculparme por mil y una cosas que ahora veo que no fueron culpa mía... pero sí que se me hizo pensar que lo eran hasta que me lo creí.

Y, por supuesto, se acabaron los secretos.

martes, 2 de octubre de 2018

Escupiendo Rabia- El error de Idígoras



Está uno currando y, cuando termina su jornada laboral, le llega una noticia que le deja pasmado: el excelente dibujante Ángel Idígoras, conocido en mi ciudad por haber estado... nada, la friolera de unos treinta años (que se dice pronto) ilustrando con viñetas satíricas nuestro diario local, ha tenido que retirar un mural que ha pintado por acusaciones de machismo. Dicho mural, concebido por este caballero (no lo digo con retintín: es un artista al que siempre he admirado, y al que considero más que justo su galardón como Hijo Predilecto de mi ciudad) en el que hace una referencia visual a la famosa foto de Robert Doisneau (todo un icono de la fotografía del s.XX, le joda a quien le joda... y sí, parece joder a mucha gente porque alguien se enteró de la historia que hubo detrás de la foto y se ha puesto a alzar el puño en alto, aunque esa historia haya sido hace décadas y no se haya quedado con lo que realmente quería representar, tal y como es el objetivo del arte), adaptada al entorno de mi ciudad, venía rubricada con una cita de Vicente Aleixandre: "La memoria de un hombre está en sus besos".

Para quienes no lo sepan, Vicente Aleixandre tampoco era nadie: miembro de la Generación del 27 (como veis, Lorca no era el único) y premio Nóbel de poesía, que también se dice pronto. Creo que hablamos de un artista representativo que referencia y homenajea a otros dos artistas; uno, un clásico a nivel mundial y el otro, otro artista que es un estandarte de mi ciudad.
El mural, así como la cita, para mí, no muestran más que un acto de amor. Eso que en estos tiempos de represión parecemos haber olvidado. En estos tiempos extraños, en los que las muestras de afecto parecen malinterpretadas por muchas personas como un acto vergonzoso, o de sumisión, o algo que hay que ocultar y relegar al ámbito privado, puede ser un desafío a esa tendencia y decirnos que no: que no tengamos miedo de mostrar nuestro amor. Que el amor, a fin de cuentas, es uno de esos recuerdos agradables que quedan en nuestra memoria (si no sufrimos Alzheimer) para siempre.

Hasta que ha llegado la criautra de turno, con su ideología de plexiglás, perfectamente diseñada para odiar y soltar reflexiones sesudas; para ensuciar con ella las obras artísticas de otros, cuando nadie le ha pedido su opinión, ni le ha dado permiso para hacerlo. Tan solo contando con una legitimidad autoatribuida y creyéndose por encima del bien y del mal, con un derecho que nunca tuvo para pisotear el arte del prójimo, con una pintada que rezuma la misma creatividad del ladrillo. Poniendo el clásico símbolo y las mismas consignas que empiezan ya a apestar a un encuadramiento ideológico peligroso. Con un insulto abajo, en la misma firma del creador, para marcarlo como si fuera un animal de rebaño, o un hebreo en tiempos (no mucho) más oscuros que este.


Hay que ser salvaje. Así os lo digo: salvaje.
Y os digo una cosa más: a un artista se le puede insultar de la forma más grave de dos maneras. Borrando su firma o ensuciándola. La persona que ha hecho esto, me da igual su ideología, lo que ha demostrado, aparte de una ignorancia supina, es una falta de respeto acojonante.
Pero luego pedirá respeto para sí misma, como si lo viera.


Alguien, una vez más, ha volcado sus fobias personales y las ha plasmado contra el arte. El arte, una vez más se ha convertido en el chivo expiatorio de algo que no sé por qué no está empezando ya a tipificarse de forma penal como delito de odio. Una vez más, los más radicales se están haciendo oír y, lo que es peor, se les está escuchando: Idígoras, desde mi punto de vista, ha cometido el error que ningún artista debería cometer. Le respeto enormemente, pero creo que se ha equivocado al pedir perdón y retirar su obra del muro en que estaba pintada.

El arte es luchar contra el miedo, contra la intolerancia, la ignorancia y el odio. El arte es levantar la voz cuando otros te dicen que agaches la cabeza. Es rebelarte contra aquellos que te dicen que te calles, que pienses como ellos. Que no hables, que pidas permiso para todo.
Tengo otra cita para esto. Para aquellos que tienen miedo a ser marcados o tildados de lo que no son. Para aquellos que creen que su arte es ofensivo, solo porque otros se lo han dicho: "Mejor reinar en el infierno que servir en el cielo" (John Milton). Si ciertos colectivos o ciertas voces nos dicen que nos callemos, que tengamos miedo de hablar, de pensar por nosotros mismos; si nos dicen aquello que debemos crear, cómo debemos hablar, cuándo debemos hablar y con quién, estamos cediendo.

Y sí, antes de que digáis nada, esto me parece un acto de terrorismo. Si queréis nos vamos a la definición del término que acuña la RAE. Ya sabéis que yo no creo mucho en ella como institución con derecho a dictar nada, pero sé que vosotros, o muchos de vosotros, si la tenéis como referencia:

1. m. Dominación por el terror.
2. m. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror.
3. m. Actuación criminal de bandas organizadas que, reiteradamente y por lo común, pretende crear alarma social con fines políticos.

Y qué queréis que os diga: tener asustada a la gente para que no diga nada, vaya a ser que se atente en contra del Pensamiento Único es terrorismo. Obligarla a censurarse es terrorismo. Usar el insulto y el odio como único argumento es terrorismo. Marcar al "enemigo" con el dedo, usando un término despectivo con el que poder humillarlo es terrorismo. Protagonizar actos vandálicos a fin de hacerse notar y reivindicar una ideología es terrorismo. Hacer uso de la violencia verbal, tales como faltas de respeto graves, o incluso amenazas, para aplastar las voces discordantes es terrorismo. Hacer uso de acciones agresivas, tales como lanzar lejía a un transeúnte, es terrorismo. Abrazar la filosofía de que el fin justifica los medios para poder mancharse las manos de sangre (literal o metafórica) a la hora de defender una ideología es terrorismo, y del extremista más recalcitrante.
Y sí, os podéis cachondear con el típico "todo es ETA", que os veo venir. Pero solo os digo una cosa: vosotros estáis aceptando (y algunos de vosotros, hasta viendo bien) acciones que, si en lugar de ir con un pañuelo morado hubieran ido con un turbante, os habrían parecido aberrantes y muchos de vosotros ya estaríais convocando actos de repulsa contra el extremismo. Estáis consintiendo el terror y la censura porque queréis parecer tolerantes... y lo que estáis haciendo es agachar la cabeza ante la intolerancia, la ignorancia y el odio. Llegará el día en que se les vaya la olla y agredan o se carguen a alguien... y entonces, ¿qué diréis? ¿Cómo lo justificaréis? ¿O es que vais a ser lo bastante hipócritas como para rasgaros las vestiduras cuando se cargan las estatuas de un museo a mazazos en otra parte del mundo o revientan una ciudad persa con dinamita, pero vais a mirar para otro lado cuando se hace aquí y no se hace en nombre de vete tú a saber qué deidad?
Lo mismo os daréis cuenta cuando sea demasiado tarde... o lo mismo no os atreveréis a abrir la boca, vaya a ser que os llamen lo que se hayan inventado para denigraros.

Volviendo al caso de Idígoras, no creo que ningún artista que se pueda mirar al espejo y considerarse como tal realmente crea que deba pedir perdón por soltar lo que lleva dentro. Ninguno que crea en lo que hace, al menos.
No me atrevo a decir que Idígoras no crea en lo que haga, pero sí creo que ha escuchado a quien no debería y ha ignorando a aquellos que pensamos que ole sus pelotas por haber hecho lo que ha hecho. Que ha creado algo hermoso y que no es algo por lo que haya que pedir perdón. Que no ha debido ceder al terror.


¿O es que ya no nos acordamos de esto?


Así que, artistas, os lo digo bien claro antes de que empiecen a quemar libros y a asaltar mesos por una buena causa: rebelaos. Cread. Sacad lo que lleváis dentro de vuestra misma alma y demostrad que la opinión de muchos no está por encima de vuestro arte. No miréis para otro lado cuando estas cosas suceden en nuestros hogares para luego llevaros las manos a la cabeza si suceden en otro mundo.
Los radicales están aquí y van a por el arte. Llevan otra bandera, entonan otras consignas, pero no pararán hasta arrasar todo aquello que no casa con sus ideales.
No les hagáis el juego.

viernes, 28 de septiembre de 2018

Escupiendo Rabia- Comiendo mierda cultural



De un tiempo a esta parte eso de la globalización se está notando, y la influencia de unas culturas recae sobre otras. Esto es un hecho y no tiene por qué ser malo; no voy a ser yo el que se ponga gilipollas ahora porque al personal le dé por tajarse yendo a fiestorros de San Patricio o que quiera celebrar Halloween (ya comenté una vez que, aunque digamos que sea de origen anglosajón y que por esa vía nos haya -re-entrado, es una festividad céltica, de modo que es más europea que americana). Eso de que nos apiporremos de cine coreano o nos metamos a zampar en un Döner-Kebab no me parece en caso alguno perder nuestra identidad ni leches en vinagre, sino enriquecernos.

Pero ojo, no todo lo que nos viene de fuera es gloria bendita, y da la puñetera casualidad de que alzamos el puño contra las patochadas pero nos comemos lo gordo como si fuera un mojón de kilo y medio recién cagado. Y oye, eso nos parece de puta madre.
Para muestra, un botón: no sé si la mayoría os habéis fijado en la ola de puritanismo que nos estamos comiendo desde el otro lado del charco. Ya no es que las redes sociales censuren pezones (femeninos, eso sí, que se identifican con algo lascivo y maligno, al parecer) y lo manifiesten abiertamente en sus términos y condiciones de usuario con todo su flow, pese a lo bestialmente discriminatorio que resulta. Pasemos a movidas igualmente chungas, paridas por la gente, donde se empiezan a escandalizar con la ropa de las crías, cuando hace unos diez o quince años se puso la moda de ir enseñando el tanga (por edad, puede que hasta muchas de las que alzan la voz contra las niñas de hoy en día "por sus hijas", fueran precisamente de esas) y al personal le pareció más o menos mal, pero no empezaron con imbecilidades como pedir resucitar al Caudillo para recuperar los valores o que impongan el uniforme en clase. Ya mismo viene algún iluminado pidiendo la abolición de la enseñanza mixta (que vino siendo todo un avance en la integración de género en su día) y aparecerá una caterva de simios aplaudiendo como putas focas.


Umf. Umf. Umf. Umf.


Se pasa de eso a dar por sentado, como se está dando, que una chica que hace topless en la playa es una fresca, que eso de ir con minifalda por la calle incita a las violaciones y que abrir las piernas es ofensivo (ante esto último, recordad que ya os comenté que es una idea puritana acerca de insinuar los genitales, pero que aquí no coló -a menos, en su momento; ahora tengo mis dudas- y la disfrazaron con lo de invadir el espacio personal). Se está pasando de movidas como estas a pedir la segregación de las mujeres en eventos "por su seguridad" y a pedir censura en los medios públicos bajo amenaza de boicot. Donde hace unos veinte años, en según qué programas de la tele (fuera de horario infantil, claro) se podía hablar de sexo sin tapujos o incluso se podían ver stripteases de ambos géneros, todo eso se ha reducido prácticamente a cero porque ya hay gente que se ofende al ver o escuchar esas cosas.

Voy más lejos: las charlas de orientación sexual en muchos centros educativos también están desapareciendo, a petición de padres que creen que sus hijos van a ser vírgenes hasta los 30 o 40 y no quieren que les enseñen "guarradas". Sin embargo, esos mismos que ponen el grito en el cielo y que se creen que sus hijos no van a tener relaciones prematrimoniales antes de la mayoría de edad son los primeros en soltarle una tablet, un portátil o un móvil con acceso a Internet para que un chaval se atiborre de porno del duro, pero del duro de verdad, con sexo forzado, representaciones de violaciones grupales, violencia sexual, insultos y toda clase de cosas preciosas que, un adulto puede distinguirlas como algo ficticio (al menos un adulto sano, claro, y no un esquizoide o uno que se cree que todo lo que ve en una pantalla es real) y puede decidir si le gusta o no; un chaval que carece de educación sexual alguna da por sentado que el sexo, o la sexualidad, es una especie de acto predatorio que, dicho sea de paso, hay que consumir bajo cuerda. Los padres se desentienden de toda explicación, ya sea en casa o en clase y prefieren mirar para otro lado mientras los críos se zampan Two Girls One Cup.
Nadie dice nada y todo solucionado, piensan muchos.


Si no hablas de ello (en público, claro), no existe.


Esa es una doble moral claramente anglosajona, que hemos adaptado como buenos borreguitos, la de escandalizarnos por lo que vemos que hacen otros y que nosotros también hacemos bajo cuerda. No hablo tanto de ver porno extremo, sino del hecho de tener una sexualidad; la gente en nuestro país no había terminado de adaptarse a la apertura de la transición cuando, en dos, tres décadas, está tomando unas ideas de represión que recuerdan a la época en que vivieron mis abuelos. "Libertad, pero no libertinaje", es el mantra que usan, sin darse cuenta de que en realidad no están permitiendo ni una cosa ni la otra. No cuando llaman "guarra" a cualquiera que enseñe más cacho del esperado (y cada vez se espera menos). No cuando su conducta empieza a rezumar una hipocresía que daría risa si no diera tanto asco.

Hemos demonizado el sexo hasta el punto de que el cuerpo humano empieza a verse como algo pernicioso. Preguntad las críticas de cualquier modelo de desnudo que trabaje en Insta y os contará la cantidad de mamarrachos que se creen que por tener derecho a opinar pueden entrar a "evangelizar" al personal y decirle lo que tienen o no tienen que hacer con su cuerpo: la moda ahora es decirle a alguien que muestra su cuerpo sin pudor que "No se da a valer" (esto incluso se aplica con mujeres, y no con hombres, que tienen relaciones sexuales esporádicas e informales). "Que seguro que tiene muchos más talentos que andar exhibiéndose". "Que un cuerpo por sí solo no es nada". "Que ya envejecerá". La cantidad de perfiles denunciados por imbéciles redomados que parece que no pueden soportar que alguien se exhiba, ya sea de forma artística o porque le salga del mismísimo coño.


"¡Otra maldita ramera de Satanás que incita a los pobres e inmaculados internautas a masturbarse!
¡Y masturbarse es el mal! ¡El mal! ¡EL PUTO MAL!"


Mierda que, además de demostrar una envidia malsana hacia lo que hacen los demás, lo único que esconde es una fobia tremenda a que alguien muestre su cuerpo... como si quiere mostrarse con un traje de neopreno o con la armadura del puto Iron Man. Dicha fobia, no nos engañemos, proviene de una mentalidad puritana que nos han ido metiendo con cucharón hasta que ya muchos no es que la estén aceptando: es que la están abrazando con gusto y se creen que pueden ir por la vida diciéndole a la gente que se tape, que son unos impúdicos. Que no follen hasta el matrimonio (pero si no están casados, argumentan, es lícito irse de putas (y de paso, ya que se ponen, tratarlas como pedacitos de mierda), que para eso están. Dicho esto sin pudor, sin despeinarse y bajo la idea de que una mujer es básicamente un coño con patas donde meterla. Ahí es nada).

Más mierda de este tipo es cuando los gilipollas de turno nos vienen con las clásicas paridas de "es que el arte sexualiza", sin pararse a pensar que el arte no sexualiza nada, o no lo hace per se: lo que hace es ensalzar la belleza y dejar claro que el cuerpo humano, incluyendo pechos y genitales, es hermoso. Sexualiza el que ve las cosas con lascivia, no el que crea, como siempre. Digo esto y quiero que quede claro para que todo aquel que vaya con las antorchas cargadas pidiendo la cabeza de artistas como Manara, Frank Cho, Luis Royo o al que toque apalear se las meta por el culo, encendidas y todo. Cuando tengan el talento de crear algo tan hermoso como lo que son capaces de dibujar estos tres, que hablen y, si tienen cojones (porque hasta para dibujar una tía abierta de patas hace falta arte y dedicación, y mucha, os lo aseguro) que vengan a darnos lecciones a los demás sobre lo que tenemos o no que dibujar, o sobre los cómics que tenemos que leer, o las ilustraciones que tenemos que comprar.
Y por mí, que vengan a darme lecciones, que es tan sencillo como decirles que me chupen mi sexualizado ojo del culo y se vayan ya a cagar de una puta vez. Ellos y su pensamiento de puritanos de mierda.


Tomad culo artístico. Fijo que muchos de vosotros, escandalizados de la vida, lo reventaríais a martillazos por exponer el cuerpo como un objeto sexual. Luego decid que sois mejores que los que revientan las estatuas por cuestiones de fanatismo relig...
Oh, wait...


Pero vamos más lejos: supongamos que sí, que sexualiza. ¿Es que nadie se ha dado puta cuenta de que hablamos de sexualizar algo como si lo degradáramos o como si lo convirtiéramos en algo sucio? ¿Como si el sexo en sí mismo fuera algo de lo que avergonzarse? ¿Algo que esconder bajo la alfombra para que nadie lo vea? ¿O es que ahora resulta que aquí los genios del puritanismo son paridos por los dioses, sin concepción previa, de madres vírgenes e inmaculadas? Vamos, no me jodas ya aquí con las putas rasgadas de vestiduras y con lo santos que son todos y cada uno de ellos y lo putos y degenerados que son los demás.

Pero no es la única mierda que nos estamos comiendo.
Para muestra, otro botón: ¿habéis notado esa tendencia a la etiqueta absurda que estamos viviendo también? Antes te gustaba una persona por su inteligencia y punto; ahora eres sapiosexual. Antes te gustaba alguien de tu otro sexo y ahora te llaman hetero cis. Antes decías "estoy probando a ver si me gusta la gente de mi sexo" y no había mayor conflicto en eso. Ahora eres bi-curious. La cosa es que hemos pasado de una tendencia a tolerarnos unos a otros (ojo, tendencia; nunca se llegó a conseguir realmente... pero se empezaba a ver el esfuerzo) y ahora lo que tenemos es que cada uno empieza a montarse una especie de parcelita con su etiqueta para distinguirse y separarse de los demás, no vaya a ser que se les pegue algo.


Parece ser que ahora tenemos que andar en este plan para definirnos, no sea que nos tomen por gente "que no pertenece a nada". Y claro, eso no puede ser.
Hoy en día tenemos que formar parte de algo para no ser vistos como escoria.


Y con la identidad sexual, todavía tiene cierto sentido, pero vamos más lejos: definirse por la práctica sexual (véanse los que antiguamente eran sados, ahora se han ramificado de tal modo que ni me atrevo a enumerarlos) está llevando a otra tendencia más curiosa, que es la de ir buscando cada vez prácticas más extremas y crear subculturas alrededor de ellas... con su dosis de egocentrismo y superioridad. Antiguamente un tío se cepillaba un caballo y era un follacaballos (o violacaballos, para ser más honesto). Era gente que, debido a lo perverso de sus prácticas, vivía oculta, y con razón. Ahora les hacen documentales y los ponen como mártires cuando mueren reventados por un caballo. No exagero. Como putos mártires incomprendidos de la vida. Basta con ponerte una etiqueta como "Zoosexual" o alguna gilipollez similar y decir que la gente te odia porque es intolerante y no te entiende. No porque eres un pedazo de mierda que abusa de animales (o de niños, que muchos podrían aplicar este argumento, dado el caso), no. Porque los malos son los demás, que no te entienden, pobrecito. Joder, hemos llegado a tal punto de imbecilidad crónica que mañana aparece un señor diciendo que es "pedosexual" y que ama a los niños hasta sus últimas consecuencias (tales como abusar de ellos, como aquí el follacaballos se follaba -o se dejaba follar- por un animal, siendo un abuso en toda regla, se pongan de dignos como se pongan) y todavía saldrá algún gilipollas crónico diciendo que eso hay que respetarlo.
Mira, NO.


En el documental llamado Zoo se nos vende precisamente esto: cómo una subcultura de cabrones que abusaban de caballos eran en realidad unos muchachos tristes y solitarios (usando incluso lo de ser veteranos como justificación) a los que nadie entendía y que abusaban de animales porque "necesitaban amor".
Y claro, la soledad y la necesidad de amor implicaba cepillarse a un caballo delante de los colegas mientras estos lo graban. Algo romántico y amoroso.
Lo verdaderamente vergonzoso llega en el momento en que se relata el caso real de la muerte de uno de estos pobrecitos, reventado por dentro por un caballo (mientras lo estaban grabando en vídeo). Música emotiva y una iluminación angelical... para intentar vendernos a un puto violador de animales como si fuera un santo varón que dio su vida por una causa noble.


Esa tendencia a crear subgrupos que encima tengan los santísimos cojones de decirles a los demás que son unos pobres ignorantes de la vida por no follarse caballos/niños/espachurrarse bichos por el cuerpo/tirarse pedos en la cara/lo que sea también es inculcada,  a mi juicio. Japón, por ejemplo, es un auténtico experto en crear subculturas de mierda (véanse las muñecas hinchables que representan niñas de 9 años en sus sex-shops, por ejemplo) para sacar pasta, permitiendo lo que debería ser impermisible. Ya no hablo de algo en plan tabú como que te guste que te azoten el culo o que te guste comer caca. Cada uno es cada uno, y lo que hace cada uno con su cuerpo, en su cuerpo se queda y sí que es respetable. Ya hablo de prácticas que incluyen abusos, torturas no consentidas y auténticas burradas que, por lo visto, ahora hay que respetar porque si no algún subnormal se nos vaya a ofender (aunque en el fondo a él también le den asco y no tenga los cojones de decirlo abiertamente). Burradas que se están poniendo de moda en el porno, como el hijo de la gran puta que esta misma tarde ha salido en las noticias porque intentaba degollar a una chica, previa violación, emulando una peli porno que había visto.

Nótese la doble moral de esto: demonizamos el porno como si fuera la fuente de todo mal, cuando no nos damos cuenta de que el problema viene más bien en la represión que nos estamos comiendo (la misma que lleva tiempo en América y en Japón, llegando a publicar vídeos con prácticas que, si las catalogo como "humillantes para las mujeres", me quedo corto... pero con los santísimos huevazos de ponértelas con los genitales pixelados, les vaya a dar un cuco por ver vello púbico). Parece que no nos sale de los putos cojones enterarnos de que, cuanto mayor es la represión, mayor es la aberración: cuanto más le dicen al personal que el porno es el mal, más ganas tienen de verlo... y más ganas tienen de consumir las versiones del porno más salvajes y extremas que se puedan echar a la cara.
Pero es mucho más coherente, valiente y autocrítico lavarse las manos, en lugar de reconocer que, como sociedad, somos unos mierdas. Que estamos criando generaciones alienadas, llenas de putos reprimidos, que buscarán hacer una bestialidad con una chica solo para hacerse los guais. Que las chicas, en un entramado social que cada vez da más puto asco, se verán en la obligación de participar en prácticas sexuales grupales (y extremas, y sin protección, porque los condones también son el mal para muchos subnormales que se creen que tapando los ojos de sus hijos solucionan el problema) en contra de su voluntad solo para no ser repudiadas o tenidas como "estrechas".


—Y encima todos más feos que Pichote. Lo que tiene que hacer una para que no la llamen estrecha...
—¡No, de estrecha nada! ¡Cuando acabemos contigo serás la guarra mayor del reino!
Lo mismo esto os suena a coña, pero es básicamente la mentalidad de muchos.
La cosa deja de tener gracia por completo cuando pensamos que, en lugar de una adulta como la que he puesto aquí, sucede con una chavala de trece años.
Ya no nos reímos tanto, ¿a que no?


Vamos más allá del plano sexual. Fijaos en cómo de buenas a primeras la gente empieza a definirse a sí misma en base a los grupos a los que dicen pertenecer, mucho más allá de las tribus urbanas de los 80. La gente se está etiquetando como el que se pone un código de barras, definiéndose por sus credos políticos, sus tendencias sociales y, en definitiva, por cualquier gilipollez que se le ocurra que considere que le hace especial, diferente y aparte de la homogénea masa que nos aliena a todos y cada uno de nosotros. Una vez se identifica con ese grupúsculo, lo siguiente que hace es restregarlo por la cara como si a los demás nos importara una mierda y, lo que es peor: a decirnos a los demás que debemos abrazar dicha subcultura porque es mejor y, básicamente, porque lo dice él. Así es como concepciones de vida o determinadas ideologías, que pueden ser inocuas (como lo de ser friki) o incluso respetables (como ser vegetariano o animalista) se extreman y no hay huevos de tener a un intensito de estos al lado sin que te den ganas de acariciarle la cara con un ladrillo porque tanto panfleto viviente y tanta superioridad moral ya cansa.


Hasta los cojones ya de tanto estandarte de la moral.


Hasta no hace mucho, yo contaba con que Europa, dentro de los estándares del mundo occidental, todavía conservaba algo de cordura y no entraba en estas mierdas; por un lado, porque Europa fue la que echó a los puritanos a patadas porque era imposible convivir con ellos. Porque, mucha mierda que venden de que eran unos pobrecitos a los que no dejaban rezar, pero se olvidan de decirnos que ellos mismos eran los que pedían la prohibición de la cultura (véase el cierre de los teatros en Inglaterra por su culpa, hacia 1688, por poner un ejemplo).
Y pensaba que tampoco entrábamos en las movidas de los japoneses, básicamente porque Europa no ha pasado de la Edad Media a la Edad Contemporánea en un espacio de unos 20 años, como les pasó a ellos y no necesita definirse a sí misma o, al menos, no necesita buscar una identidad con la que sentirse cómoda.

Y sin embargo, aquí estamos: volviéndonos cada día más puritanos y más fanáticos del grupito que decimos representar. Ofendiéndonos por auténticas gilipolleces y mirando para otro lado con las cosas realmente gordas. Poniendo el grito en el cielo cuando queremos ver media teta, pero luego cuando hay un caso de violación, decir que la culpa es de las guarras que visten así, o si acaso, empezar a buscar culpables en el heavy metal, los videojuegos, los juegos de rol o lo que toque, pero en caso alguno tener los cojones de reconocer que como sociedad la estamos cagando. Que criando a nuestros hijos estamos siendo una puta mierda (no hay más que ver cuando el personal se indigna al ver los casos de violencia sexual entre menores, pero pocos entonan un mea culpa, oye). No. La culpa siempre es de otros, que no educan a nuestros hijos como es debido. Que no tenemos tiempo de criarlos nosotros. Lo que sea.


Cualquier día le echan la culpa a los spinners de alguna agresión sexual entre menores.
Gilipolleces igual de gordas hemos tenido que comernos.


Aprovechamos cualquier excusa para cagarnos en los muertos del de al lado por no ser "de los nuestros" y encabezamos nuestras propias cruzadas de mierda contra aquellos que no nos la chupan cuando soltamos un manifiesto reivindicativo. Nos sueltan cuatro leyes que suenan guai, como si les importara una mierda, para que nos callemos y para que nos creamos que nuestras reivindicaciones han sido escuchadas, pero lo único que hacemos es pelearnos entre nosotros para ver quién la tiene más grande. Para ver quién es más extremo y beligerante en su defensa. Para que tracemos líneas entre "nosotros" y "el enemigo". Entretanto, los de arriba nos siguen metiendo más y más mierda ideológica en los medios de comunicación; seguimos importando, nosotros mismos, lo peor de cualquier cultura en lugar de quedarnos con lo que es realmente loable.
Somos putas marionetas.
Somos un puto rebaño.
Nos pasamos el día comiendo mierda cultural, y obligando a otros a comerla. Comemos mierda, la abrazamos con alegría y nos revolcamos en ella.


Fuck yeah!


Y llegará el día en que alguien no pueda hablar con un amigo de lo que sea en una cafetería sin miedo a que venga cualquier hijo de la gran puta a denunciarlo, o a grabar la conversación y subirla a un medio público para poner en la picota a quien sea. Si seguimos con esta política de comemierdas, no habrá lugar, ya no solo para la libre expresión, sino para el libre pensamiento. La Policía del Pensamiento serán todos los que nos rodean y viviremos bajo la constante amenaza de no ser lo bastante guais.
Pues hala, sigamos comiendo mierda, que nos espera un futuro cojonudo.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Mis Truños Favoritos- American Poltergeist




Pues nada, de esto que dices que te vas a poner una peli de terror sin ganas de tomártela mucho en serio y te dices a ti mismo "¿Dónde puedo encontrar pelis malas de cojones con las que reírme?"
Sí, queridos Distópicos, habéis acertado.
En Netflix.

Que sí, que de vez en cuando nos dan alguna sorpresilla con cosas como The Invitation, pero vamos a ser claros: no es el caso. Y no, no es lo habitual. ¿Alguna vez habéis oído eso de "Bueno, acuérdate de Heath Ledger" cada vez que ponen a, no sé, Jared Leto a hacer un papel y luego nos damos cuenta de que Jared Leto (o cualquier otro actorzuelo de poca monta del estilo) NO llega a la suela de los zapatos al malogrado Heath? Pues esto es igual: para dar con una peli de miedo en condiciones en Netflix se tienen que alinear los ocho planetas del sistema solar, Plutón y los tropecientos planetoides transneptunianos y diría que hasta algún gigante gaseoso de esos que flotan en vete tú a saber qué cuadrante perdido de Ganímedes.

Sin más dilación, empiezo a desmenuzar esta cosa, que tiene miga. Ah, como siempre, aviso de SPOILERS antes de empezar. Lo digo por si tenéis intención de ver esta puta mier... digooo, esta cinta de terror, que sepáis que voy a destriparla de arriba abajo contando detalles que revelan la trama. Sí, por el contrario, os fiáis de mí cuando os digo que es un truñaco como los que cago yo cuando he ido a cenar al Raff, pues entonces despatarraos y echaos las risas que me he echado yo viendo esta cosa.
American Poltergeist es lo que viene siendo un mojón de estos de antología y eso lo puedes medio intuir desde el principio mismo de la peli. Para empezar, vemos que los créditos tienen un tufillo a telefilme de Am-Pena3 que ya nos hace decir "Esto voy a verlo por las risas"... lo gracioso es que la estética de la peli cambia en el momento en el que los protagonistas (un grupo de universitarios, ex-universitarios o algo de ese rollo, de los que hablaré luego) llegan a la casa donde se desarrolla la peli.


"Hola, entrad libremente y por vuestra propia voluntad
y dejad aquí parte de la alegría que traéis con vosotros..."


La casa en sí es una de estas casas de aspecto colonial, majestuosa como ella sola pero con todas las comodidades del capitalista moderno: traducido, piscinaca con jacuzzi y duchas con mampara de cristal.
Sí, los que tenéis una edad y la mente igual de pervertida habréis pensado lo mismo que yo al verla: es una casa sacada de una peli porno de los 90. Pero tal cual.

Lo verdaderamente guapo es que las similitudes no acaban ahí: nos hablan de la dueña de la casa, una tal Dianna, que es la actual dueña del casoplón. Dianna, al igual que la casa, también parece sacada de una peli porno de los 90, aunque con un puntillo siniestro, como si se hubiera hartado de barbie-túricos antes de que llegara el personal. A lo largo de toda la película me ha recordado a un cruce entre Jenna Jameson y Elvira, pero muy venido a menos. Tiene además la costumbre de andar siempre muy erguida, a lo Morticia Addams y hablar muy despacio, con la mirada muy fija y apenas sin parpadear. Ah, también es putamente fashion y te va de punta en blanco hasta para picar unas lechugas.


¡Con todos ustedes, Pornorrubia!


Pese a que es más rara que un piojo verde, Dianna parece moderadamente simpática y lleva aquí a la chupipandi a sus habitaciones. La movida en sí es que la tal Dianna esta se ha puesto en contacto con los chavales para que pasen sus vacaciones allí. Y los chavales, que tampoco es que tengan nada mejor que hacer, pues dicen "Ole, de puta madre" y van todos para allá en patulea, sin preguntarse cómo ni por qué, ni a qué viene que una completa desconocida les mande un mail invitándolos a pasar unas vacaciones en una cachocasa. A mí me enseñaron que cuando te llega un mail de un príncipe nigeriano diciendo que se ha vuelto loco y que te va a donar todo su dinero hay gato encerrado. Pues se ve que mails así no proliferan en los Estados Unidos y estos tíos en cuanto les llega, se lanzan de cabeza.

Dejadme que os hable de los chavales: para empezar, tenemos a dos hermanos, que vienen a ser lo más parecido a los protas de esta cosa. Por un lado tenemos a Michael, al que reconoceréis a la perfección por pasarse CINCO putos días sin cambiarse de camisa y por ser más tonto que el culo de un grillo (aunque nos intente convencer de lo contrario todo el rato). Su chorba, una tal Niki, que está como un queso y te hace replantearte qué hace una chavala, aparentemente tan maja y potentorra con semejante cenutrio. Nikki, además, celebra su cumpleaños esos días.
Luego tenemos a la hermana adoptiva de Michael, Taryn, una moza pelirroja que parece la única en toda la película que junta más de dos neuronas... y hasta las hace conectar de vez en cuando y todo.
Y luego tenemos a una panda de auténticos lerdos cuyo nombre ni me voy a molestar en mencionar, porque total, para lo que hacen... Si acaso, el único de interés es uno con el pelo a lo casco, al que reconoceréis por ser el que nada más llegar pone un crucifijo sobre su cama. No sé si es que es católico o está entrenando para cazar vampiros.
Y, ah, también sale un poli, que también parece sacado de una peli porno. Además, cada vez que aparece (de una forma muy random, dicho sea de paso), suena una musiquita muy de peli porno. Cuando se queda a solas con Dianna en un momento dado, uno ya casi está a punto de pensar que es hora de estrangular a la marmota... pero no. No tenemos tanta suerte.
De hecho, os lo digo desde ya: ¿Os acordáis de esas pelis de terror cutres en las que había algún desnudo para evitar que al menos los mozuelos bostezaran? Pues ya os podéis ir olvidando: esta es una peli del s.XXI y todo es más casto que Barrio Sésamo. Ninguna rubia se va a pegar una ducha en medio de una masacre, ni va a correr a cámara lenta con las pechugas botando salvajemente. Hay que combatir el sexismo.
Y el racismo.
De hecho, ningún negro muere durante esta película. Si acaso una chica asiática, que todo lo más, tiene una piel como muy tostada. Y, que yo recuerde, ni siquiera la han llamado Lateesha o Ravonna ni nada parecido.


La camisa fashion de Michael es lo más.


La casa, pues oye, maja que te cagas. Los fenómenos paranormales, pues discretitos para empezar: nada más llegar, una chorba le saca una foto a una caja registradora que hay sobre un mostrador y esta hace CLINC. La chorba se queda en plan "Pues vale" y sigue a lo suyo. Pasa el primer día y todo medio normal, pero al caer la noche...
Al caer la noche tenemos a Taryn, sobada perdida en la cama, a la que llaman a la puerta. Como está sobada perdida, no le dice a quien sea "Estoy en bragas, vete a cagar" y dice "Entra". Y oye, quien sea entra... la cosa es que no lo ves. La presencia, entra y se pone la tele, pero eso de que no hay nada de interés también pasa en Estados Unidos, solo que allí es más literal: pone la tele y hay estática. Es de agradecer, a mí me pasa eso y veo que me han encendido la tele y me han puesto el Sálvame y salgo corriendo por partida doble: una, por lo de la presencia extraña y dos, porque me ponga semejante mierda.

No es el caso, pero Taryn se levanta al oír los típicos ruidos raros de peli de terror y, con todo su coño moreno (o pelirrojo en este caso) baja. Eso sí, Taryn debe haber visto pelis de terror y se da un garbeo por la cocina antes de bajar al clásico sótano de donde vienen los ruidos. De allí se trinca un cuchillo cebollero para que quien sea no la pille en bragas y sin un buen argumento a mano. Baja al sótano, también preparada con una linterna (ya os he dicho que es la única que gasta algo de cerebro) y se encuentra lo normal: cosas viejunas, roña, un matrimonio muerto tirado por el suelo...
Alto, ¿un matrimonio muerto? A Taryn esto no le cuadra y mira otra vez, no vaya a ser que los haya confundido con un par de abrigos. Pues bien, ni abrigos ni muertos ni hostias, el suelo está más pelado que el chocho de una Barbie. Lo que sí ve al fondo de la habitación es a Niki en trance y con un hacha en la mano. Se la lleva a su habitación y ahí acaba la noche.



Por cierto, ¿os acordáis de la primera peli de Poltergeist? Sí, la que no necesitaba reafirmarse diciendo que era americana...



Pues nótese la sutil referencia del director de esta cosa...


Taryn, como es lógico en una persona medio normal, le cuenta la movida a su hermano. Su hermano, como buen gilipollas, responde con un "Bah, no pasa nada" y sigue a lo suyo, dejando a la pobre Taryn con la palabra en la boca mientras él se dedica a hacerle mimitos a su chorba. Como es evidente, se pasa por toda la bolsa escrotal el momentazo del televisor y se busca explicaciones racionales (aunque no tengan ni puto sentido) a todo eso. Su explicación más recurrente es decirle a Taryn "Eso eres tú, que se te ha ido la olla". Como es una peli políticamente correcta y nada machista, no le ha soltado "Eso es que te ha venido la regla y te has quedao tolili"... pero os digo que, viendo el nivel de cenutrismo y capullez congénita que destila este tío, para mí que se le ha pasado por la cabeza y, si no lo ha dicho, es porque da la impresión de que Taryn es capaz de mandarlo a urgencias de un solo sopapo.

Entretanto, las cosas raras siguen pasando: una moza del grupo está haciendo fotos aleatorias a todo lo que ve en la casa, seguramente para posturear a muerte en su Insta, y de pronto ve una figura en el piso de arriba de la casa. Al verse de lejos solo ves una mata de pelo y una cara blanca. Uno con ganas de guasa puede ver ahí a Ronald McDonald, una muñeca de trapo o al Actor Secundario Bob. La chica, que debe ser prima de Ojo de Halcón, ve a una señora que cree que es la asistenta. Por supuesto, aquí nadie cree en cosas raras, pero les falta tiempo para preguntarle a Dianna por eso. Dianna responde que ni puta idea y claro, es una buenorra que parece sacada de una peli porno, pero no parece muy ducha en eso de tirarse el moco, así que la influencer se queda con cara de "Esta tía me está tomando por gilipollas".



La verdadera Lizzie Borden.


La de la peli. Yo de verdad es que flipo con el nivelazo de la caracterización...


Tras la comida, Pornopoli aparece rodeado de su musiquilla de peli porno y tiene una conversación con Pornorrubia de estas veladas que nos dan a entender que algo pasa, pero que todavía no sabemos qué. Obviamente, Pornorrubia sabe mucho más de lo que dice. Como he comentado, no es que sea buena disimulando. Qué cojones, si sus ingresos vinieran por disimular, esta tía estaría viviendo bajo un puente y no en una casa que flipas.

Las pelis de terror del s.XXI tienen una cosa bastante chula y es eso de que vivimos en la era de Internet. Antiguamente, en una peli de estas había que visitar a un profesor universitario de esos que todavía van con pajarita a la facultad de Quintocoño para que te dijera que en la casa donde suceden las cosas había un cementerio indio o que a un señor se le fue la pelota y se cargó a tiro limpio a su familia. Aquí, los protas entran en Google  y con teclear cosas tan sencillitas como la dirección de la casa les sale un listado de hemerotecas a nivel nacional donde les relatan con todo lujo de detalles los horribles asesinatos que han venido sucediendo en la parcela a lo largo de los últimos 100 años. Si habéis estado al loro acerca de los personajes de esta peli, ya sabréis quién se pone el portátil y empieza a darle a la tecla hasta que da con algo: efectivamente, Taryn, nuestra pelirroja favorita. Planta su totete en un sofá y se pone al lío hasta que aparece la ameba oligofrénica de su hermano y vuelve a dar por culo con que eso de encontrarse a su novia en trance con un hacha en el sofá y que se encienda sola la tele es una pesadilla. Le dice que sus troncocolegas van a venir para el fiestón de cumpleaños de su chorba y le da a entender a su hermana que no dé mucho por culo, a ver si no va a mojar esa noche por culpa de un par de historias de miedo.


Este es Pornopoli en la peli. No he encontrado ninguna foto suya con el uniforme,
pero la mirada de "Te voy a poner mirando para la Meca" es la misma.


Taryn, ni que decir tiene, se pasa por el coño las paridas del mongolo de su hermano y prosigue la investigación. Aprovecha que Pornorrubia se ha ido al Mercadona (o eso dice; para mí que se está zumbando a Pornopoli en el capó de su coche patrulla dos calles más abajo) y va, con un par de ovarios toreros, al sótano a husmear un poco. Allí da con un maletín que tiene más mierda que el hocico de un político y encuentra unas fotos bastante viejunas. Junto a las fotos, da con un par de recortes de prensa (el equivalente pre-Internet de la hemeroteca virtual) y pone cara de "¡Me cago en la puta!"

Ha llegado la hora de hablar con Pornorrubia, ese momento que todos esperábamos. Pornorrubia está en su habitación, sofisticada y perfecta. Si esto fuera una peli porno, probablemente sería la escena lésbica... pero, por mucho que lo pueda parecer, eso no pasa. Hay una conversación del tipo "Mira, Pornorrubia, a mí me dejas de milongas y me cuentas a qué viene toda esta mierda". Pornorrubia sigue en sus trece, haciéndose la tonta y haciendo la clásica (y trillada) pregunta de todo implicado hasta el puto cuello: "¿De qué estás hablando?"
Taryn, que está un poco ya hasta el santísimo coño de memeces y polladas, le cuenta lo que ha descubierto en las fotos: resulta que el marido de Pornorrubia era hermano del padre de Taryn, lo que las convierte en tía y sobrina. Nótese que el apellido de Taryn, para más información, es Borden, lo que a cualquiera que tiene cierta idea sobre la crónica negra americana, puede saber ya de qué va la tostada, si suma dos y dos y se acuerda de que Niki fue vista andurreando por la casa con un hacha.



Ninguna alusión a esta banda de heavy metal de los 80 en la peli, por cierto.
Más cultura popular desaprovechada.


Después de que Taryn ya le tenga que levantar la voz a Pornorrubia porque está hasta el chumino de que la vacile, Dianna la Pornorrubia finalmente reconoce que sí, que Taryn es su hijastra (ese detalle de por qué es automáticamente su hijastra en lugar de meramente su sobrina se me escapó; vale que se nos diga que Taryn es huérfana, pero es una asociación un poco por la cara) y que quería conocerla. Taryn continúa con los resultados de su investigación y le suelta a Pornorrubia que fue abandonada en esa misma casa cuando era un moco. Da la fecha exacta y nos comenta de paso que coincidió con el aniversario de los asesinatos de Lizzie Borden, que resultó vivir allí y, más de paso aún, era ancestro de Taryn vía paterna. Pornorrubia tan pancha, como si le estuvieran diciendo que hay que ir a comprar pan, mientras Taryn le cuenta cómo su pobre madre se ahorcó trágicamente en sus putas narices. Le cuenta también que sus abuelos fueron asesinados en el sótano (lo que corresponde con los cuerpos que vio durante un segundo cuando encontró a Niki). Que su padre fue quien la abandonó allí.
Y Pornorrubia que no menea un músculo de la cara, tú. En la puta vida he visto más pachorra a la hora de escuchar cómo te cuentan una tragedia familiar de las gordas. Si acaso le da un abrazo y arreando, que tiene cosas que hacer, como... Como... Bueno, no sé. Supongo que algo hará esta señora, aparte de darse paseos por la casa.


O cortar lechugas.


A Taryn el coño se le infla todavía más y dice que pasa de quedarse ahí. Coge el portante y tira para abajo, donde se encuentra al lerdo de su hermano con Niki, preparando la fiesta de cumpleaños de ésta. Se larga y el personal la mira como si estuviera majara perdida... o al menos, la mira como si estuviera majara perdida durante un segundo y siguen a sus cosas: todo el mundo sabe que lo realmente importante en esta peli es celebrar el puto cumpleaños de Niki.
Taryn va a coger el coche y no arranca. Vuelve para pedirle a su hermano las llaves del suyo y este se las da, en plan "Te las doy para que te calles, que quiero follarme a Niki y con tu mierda sobre fantasmas y sobre tus verdaderos padres nos está cortando el rollo". El segundo coche tampoco arranca, y tampoco lo hace un tercero. Taryn insiste en que algo está pasando y el subnormal profundo de su hermano vuelve a quitarle importancia al asunto y suelta que ya mañana si eso se llama a un mecánico, pero que la puta fiesta debe seguir adelante, pase lo que pase.

En estas que Pornopoli reaparece rodeado una vez más de su pornomúsica y hace eso de los polis de peli porno de mirar lascivamente con las gafas de espejo. No sabes si te va a poner una multa o te va a meter el nabo hasta trepanarte la médula.
Llega la noche y cuando creíamos que no íbamos a ver más gilipollas en toda la película, parece  que los de Glovoo nos han traído un envío especial de Telegilipollas: aparece otra remesa de tontos del culo a los que, nada más ver entrar por la puerta, dices: "Joder, macho, vaya tanda de cretinos" y ya estás esperando que, como en toda buena peli de terror, les den un repaso de los buenos.
Se nos planta una escena all-girl que, de ser esto una peli de los 80 o los 90, habría sido todo un despliegue de tetas y culos; esto es una peli de la década de 2010, así que nos contentamos con ver a una moza con el top del bikini puesto. Si antaño había conversaciones sobre quién se va a zumbar a quién, lo que hacía al menos que te rieras, aquí tenemos que hablan sobre la casa y su oscuro y sangriento origen. Si antiguamente esto habría sido para que alguien dijera "¡Qué horror!", aquí tenemos a uno de los gilipollas recién llegados interrumpiendo la conversación para entrar a pecho descubierto. Nuevamente, no: el gilipollas no acaba inmerso en ninguna orgía. No hay comentarios jocosos de marcada índole sexual. Todo es más blanco que una peli de Marvel.



Estaba yo buscando otra foto para poner aquí, y me encuentro esta de los personajes principales.
De izquierda a derecha, Pelocasco, Taryn (con las manos en el chocho, los dioses saben por qué), el tonto del culo de Michael, una rubia, Niki y Pornorrubia.


Niki, si acaso, comenta que han pasado cosas raras, pero como que la cosa resulta de pasada, porque, qué coño, hay una fiesta que dar. A ver qué va a ser eso de echar cuentas de cosas a las que no se encuentran explicación, a episodios sonámbulos, a ver gente por la casa que ni siquiera debería estar ahí o a que ninguno de los tres coches funcione. Esto, hay que decirlo, manda cojones: recordemos que Taryn lleva diciendo eso desde que entró en la casa y la han tachado de pirada... pero ahora Niki lo reconoce abiertamente y no pasa NADA.

Lo que viene a continuación es probablemente el fiestón más aburrido que he visto en mi puta vida en una película: no hay música, la gente no parece comer. Nadie usa el puto jacuzzi. Solo es un puñado de capullos hablando de sus mierdas.
Michael, por algún motivo que solo él entiende, se levanta, va del jardín a la casa, encuentra una botella de vete tú a saber qué, se la pone y se pilla un ciego que te cagas CON UNA PUTA COPA hasta el punto de perder el conocimiento en la barra. Una de dos, o ha bebido cloroformo o este tío, además de ser un gilipollas con certificado tiene menos aguante con la bebida que yo.

El personal empieza a tirar para sus habitaciones. A mí me da la impresión de que no son ni las once de la noche, dada la velocidad con la que la fiesta se da por finiquitada. El gilipollas de pecho descubierto, por vete tú a saber qué absurda razón, parece ser el que más probabilidades tiene de mojar. El resto empieza a desfilar por la casa para aterrizar en la cama...
Y aquí empieza la juerga.
Lizzie Borden, también conocida como el payaso de Ronald Macdonald que se dejó ver por la casa alguna vez, parece poseer a Pornorrubia, que se dedica a deambular por la casa con una cara, si cabe, menos expresiva, y a trincar a los gilipollas uno por uno.


"Don't masturbate".


La primera en caer es una chica de origen judío cuya madre, por ser judía (explicado tal cual) parece estar segura de que el fantasma de Lizzie Borden se los cargará a todos a hachazos. Es sorprendida por el dueto Ronald-Pornorrubia, que no deja de ser unas risas, cuando vemos a la chica judía corriendo al ver el percal y a Lizzie activando a Pornorrubia como si tuviera un mando a distancia para que la trinque.
La acción pasa a una asiática que está tan tajada que sube las escaleras a cuatro patas. De hecho, creo que es la única señal de tajamiento que he visto en la fiesta en sí: tenemos universitarios (o post-universitarios o algo así) en un casoplón sin papis, con más birra en las neveras que en un Oktoberfest y los muy cabrones no han dado un ruido cuando eso debería haber sido un puto spring-break. Antes de que le den matarile a la asiática tajada, volvemos a ver a Niki con cara de "Menudo guapo he cogido con el Orfidal" y despatarrada en el suelo. Digo yo que la asiática estará tela de acostumbrada ver a Niki así, porque la ve, le habla y, cuando ve que no le contesta, pasa de su culo y se mete en la habitación.
Pasamos a otra rubia que sale de la ducha con toalla puesta y que tiene la rara costumbre de secarse el pelo y el chumino con las manos en vez de con ella. Niki sigue en el pasillo y ve a Lizzie, hacha en mano. Le dice que está invitada a su fiesta y se desliza hacia la habitación que tiene a sus espaldas. La escena sería acojonante si no fuera porque el suelo es una moqueta y no puedo evitar pensar en cómo se le tiene que haber quedado el culo y el chocho con la fricción.
La rubia de la toalla sale al jardín a fumarse el cigarro más pequeño que he visto en mi vida cuando ve a Pornorrubia con Lizzie marcándose un paseíto que parece una coreografía del ballet de José Luis Moreno. Echa a correr y cae de boca al suelo, para que una fuerza fantasmal la arrastre. Nuevamente pienso en un peeling vaginal.


En esta peli es bastante habitual ver gente sentada en el suelo.


Hay otro gilipollas que se ha tajado y que está durmiendo en una postura absurdamente ridícula en el jardín, usando una hamaca para que descansen sus pinreles y la mesa de madera como almohada. Esto me lleva a pensar que sus colegas, además de ser unos gilipollas, son unos putos cabrones por no tener el detalle de decirle siquiera que se vaya a la cama o al sofá. Lo dejan ahí, tirado en el suelo, para que se pille una buena tortícolis y varias contracturas. Y antes de que nadie diga que es que estaba en la hamaca y se ha caído, os cuento que el personal acaba de irse a dormir. No ha dado tiempo material a que el tío se caiga: por mis huevos que ese tío estaba así desde el principio.
Pues nada, el gilipollas se marca su paseíto zombi de universitario (o post-universitario, o yo qué sé) borracho y Lizzie-Pornorrubia le da matraca también. Antes de eso ve a la primera víctima, fiambre y con una cara de "Ay, Dios, los One Direction se separan", lo que le lleva a sumar dos y dos pese al ciego que lleva en lo alto. Se da media vuelta y ve a Pornorrubia con la cara podrida y la boca abierta como si estuviera en los últimos diez segundos de un bukkake. Entendemos que este ya no va a necesitar un quiropráctico que le arregle las cervicales tras su siesta sobre la mesa.


"¡Ay, estoy jodida!"


Así, van diñando todos uno por uno hasta que solo quedan Taryn, el tonto de los cojones de su hermano, otra rubia (sí, hay varias) y el tío con el pelo a lo casco que, por alguna casualidad, parece ser discípulo del Dr. Strange o algo así.
Ya hemos comentado que Michael es más tonto que el que asó la manteca, pero borracho tiene como un +3 a todas sus tiradas en Gilipollez. Algunos de sus momentos más estelares son pelearse contra el pomo de una puerta (varias veces) u olvidarse de que su chorba está desaparecida desde hace un buen rato y ni preguntar por ella hasta que llevan ya un buen rato de conversación. Por supuesto, TODOS han desaparecido pero este pedazo de soplapollas sigue negándose a reconocer que algo raro pasa. Antes era porque solo pensaba en la fiesta de cumpleaños de Niki, vale... pero es que ahora ni hay fiesta ni hay Niki. Esto nos lleva a pensar que es gilipollas sin causa. De estos a los que parieron tontos y luego hay que aguantarlos.

En ese momento, Pelocasco, que no había dicho nada interesante (o nada, a secas, si lo pienso) hasta este momento de la película tiene su momento de gloria y podemos reconocerle una proeza: consigue hacer que el imbécil redomado de Michael cambie de opinión, lo que también manda cojones. Taryn lleva diciendo toda la puta peli que están pasando cosas raras y él se lo pasa por la punta de la polla. Pelocasco se pone a hablar abiertamente de espíritus y demonios y el otro tonto del culo ahora sí se lo cree todo. Os juro que yo soy Taryn y, llegados a este punto, le endiño tal  patada en el pecho a mi hermano adoptivo que lo dejo loco.


—Son imaginaciones tuyas, Taryn, ¿no lo ves?
—Lo único que me queda claro aquí es que soy adoptada.
—¿Por qué dices eso?
—Macho, ¿de verdad tú fuiste el espermatozoide más rápido?


La cosa es que aquí Taryn se sale del pellejo ya en eso de tener ideas geniales. De hecho son tan geniales que serían sublimes si no fueran una puta idea suicida, que solo una zumbada de tres pares de pollas podría parir. La idea en cuestión que se le ocurre aquí a la moza es coger y hacer que Pelocasco se monte un exorcismo. Así, de guai. Sin más preparación que lo que ha visto en el Discovery Channel, sin haber entrenado su mente para enfrentarla a la de un demonio, sin haber sido ordenado sacerdote (que no sé hasta qué punto esto es esencial, pero imagino que es como sacarte el C2 de inglés: es un título homologado y eso) y sin más armamento que sus santísimos (valga la redundancia) cojones, el crucifijo que colgó de la cama nada más llegar y unas ganas tremendas de partirse la cara con una entidad sobrenatural.

Pelocasco nos suelta que a ver qué va a pasar aquí, si el personal se cree que es Max Von Sydow o qué coño. Michael, que no deja de sorprendernos en cuanto a mongolismo crónico le viene a decir a Pelocasco que se deje de excusas y que tiene que haber una primera vez para todo. Yo me pregunto que, joder, ya puestos, que luego se vayan a operar a alguien a corazón abierto. Total, siempre tiene que haber una primera vez, ¿no?
Sea como sea, Michael se nos pone machito y, ahora que ha visto la luz en esto de la demonización de la casa y todo el entramado fantasmagórico, decide que ya es hora de liderar al grupo. De un momento para otro y sin anestesia ni vaselina, empieza a trazar algo parecido a un plan... o, al menos, se pone a escupir órdenes como si formaran parte de uno.
Debemos recordar que hace escasos cinco minutos o así, estaba ciego como un puto pellejo de vino. Hasta estaba inconsciente, el hijo de la gran puta.


Entretanto, Pornorrubia y Lizzie, a lo suyo...


Este plan, o intento de plan, o lo que coño sea, se va a tomar por culo cuando Taryn se acuerda de que semejante cenutrio estaba cepillándose (o intentando cepillarse) a una chorba que, aparte de ser sonámbula y haberse paseado por el sótano de la casa hacha en mano, lleva desaparecida un buen rato. Michael, en su estupidez congénita, echa a correr para buscarla, dejando al grupo con la cara partida en medio del salón. Los demás, que no tienen nada mejor que hacer ahí, se separan: unos, en busca de Michael, a ver si pueden hacer carrera de él y Taryn... bueno, Taryn hace lo que lleva haciendo buena parte de la peli: buscar un puto arma para reventarle la boca a Pornorrubia si se la echa a la cara.

Los supervivientes de esta masacre de tontos del culo se reúnen de nuevo para informar de algo tan obvio como que no pueden escapar de la casa (ya hemos visto ese espectáculo lamentable de Michael lloriqueando delante de un pomo. Os digo que es algo digno de ver, en serio); Taryn, por su parte, parece haber visto más pelis de miedo que todos estos lerdos juntos y dice que lo que no pueden es separarse. Habida cuenta de que en esta peli no hay negros (sí, a mí también me ha llamado la atención), cualquiera puede ser el próximo en palmar.


"¡No hay ni un brother! Nos van a dar por el cacas!"


Tenemos secuencia de paseos por la casa y una voz fantasmagórica canta, por la puta cara, la puta canción de Pesadilla en Elm Street, cambiándole la letra por la historia de Lizzie Borden. Debería ser escalofriante, pero en el contexto da tanto yuyu como ponerse a escuchar Kiss FM un sábado por la mañana mientras te pones a limpiar la roña del váter. Lo único de interés aquí es que dan con Niki, que sigue mirando al infinito con cara de "Igual tenía que haber aceptado el papel en aquel telefilme de AmPena3, porque llevo media película haciendo de muñeca hinchable". Contra todo pronóstico, la otra rubia que estaba con esta gente es atacada y sus partes pudendas también son lijadas contra la moqueta del suelo. Para acojonarnos más, tenemos un primer plano totalmente gratuito de Pornorrubia con cara satánica, que me recuerda al maquillaje que se ponía King Diamond en la cara. Cualquier puerta que sea útil abierta, se cierra, para dar intensidad al dramatismo y al terror...



Aquí, Pornorrubia Satánica.



Aquí, King Diamond.


Unas puertas se cierran y otras se abren.
¿Recordáis que se dijo que toooodas las puertas de la casa estaban cerradas y era imposible salir? Pues bien: habéis vivido en una mentira. Acaba de entrar Pornopoli, sin su música de peli porno, pero con la pistola en mano, que oye, como símbolo fálico para representar un pene dispuesto a penetrar el primer agujero que se le ponga por delante, va que arde. Yo al verle me sigo preguntando qué mierda de trabajo tiene, que se pasa 24 putas horas de servicio y solo dando vueltas alrededor de la misma casa. Es más, me pregunto cómo cojones se ha enterado este de que hay movida dentro de la casa si ni Cristo ha oído nada y la mayor parte de los que han diñado lo han hecho en el interior.

La pandilla acaba por trincar a Pornorrubia de un puñado en lo que podría ser la captura más absurda que me he echado a los hocicos en muuucho tiempo y se la lleva al salón, donde tienen previsto hacer el exorcismo. Al lado de ellos hay un maniquí, cómodamente sentado en una silla. No, yo tampoco entiendo qué coño hace eso ahí. Estoy más ocupado en ver cómo Michael vuelve a enfrentarse contra la puerta de la cocina. Insisto, es algo digno de ver. Lo de este tío con los pomos es la hostia.
Cuando termina este despliegue de inutilidad supina, se llevan a Pornorrubia al sótano y la juerga prosigue: la pandilla amarra a Pornorrubia allí en medio a lo Jack Ketchum mientras Pornopoli se queda, literalmente, como un poste (hasta pone cara de poste, lo que tiene mérito) mirando.


"¿Sabéis lo que pasa cuando os metéis a hacer un exorcismo sin tener ni puta idea?
Pues la misma mierda que en Newcastle. Lo mismito".


Michael, además de tonto, es dramático y ahora, AHORA, es cuando le dice a su hermana que perdón por no haberla escuchado. No cuando palmaron sus amigos hace ya un rato, ni cuando todos los coches dejaron de funcionar, ni cuando se veían cosas raras por media casa. Pelocasco le dice a Taryn que está sobrando ahí y ella tira escaleras arriba, no sin antes llevarse una mirada de Pornopoli de estas que no sabes si quiere comerle la chirla o partirle la cara a hostias. Una vez arriba, se apalanca contra la puerta del sótano y empiezan unos meneos que, qué queréis que os diga: para mí que Taryn está aprovechando que están todos ocupados con eso del exorcismo para sobarse los bajos a lo bestia allí mismo.

En cuanto al exorcismo, pues lo habitual... uno ahí con una cruz, el otro agarrando de los hombros y la poseída tirando escupitajos.
Y Pornopoli mirando.
Taryn sigue dándose duro mientras ve a Niki en el jardín hablando con el aire, para luego mirarla a ella como si dijera "Sigue tocándote, que me estás poniendo como una perraka". Taryn, si tiene algo, es que es una tía con convicciones, y sigue dale que te pego mientras Niki sale volando por el jardín para escorromoñarse contra la piscina exactamente con la misma elegancia que si tiras un saco de papas.
Pornorrubia se desata en medio del exorcismo y Michael, que sigue siendo más inútil que parido por el culo, sale corriendo como si hubiera visto una cucaracha y se planta en la pared al lado de Pornopoli. Dos bonitos pasmarotes mirando cómo Pelocasco se come el marrón de su puta vida. Su nivel de imbecilidad crónica rompe todas las expectativas cuando oye a su hermana gritar desde el piso de arriba y sale corriendo despavorido, con los brazos en alto. Que a ver, si fuera un grito de horror, lo entendería... pero es que el grito suena más bien a "Oye, ¿tienes una toallita húmeda?"



"En carne viva lo tengo ya"


Supongo que os habréis extrañado al escuchar que Taryn llama a su hermano tan tranquila en medio de una sesión de autoerotismo salvaje contra una puerta mientras los demás están exorcizando a Pornorrubia. Si os ha resultado raro, habéis pensado bien: no era Taryn la que había llamado al tontopolla de su hermano, sino el espíritu de Lizzie Borden, al que podemos añadir Ventriloquía a su ya curiosa lista de poderes fantasmales. El medianeurona de Michael se topa de morros con ella y ésta le regala un bonito hechizo de Conjuntivitis Fantasmal, que lo deja hecho un cacho carne que se desploma escaleras abajo.
Si esperabais un mínimo de dignidad en la muerte del tonto del culo este, tenéis demasiada fe en la imbecilidad humana.

A Pelocasco, mientras pasa todo esto, le da como un chungo y se acojona. Pornopoli por fin decide decir algo y resulta OH, SORPRESA, que estaba aliado con Pornorrubia desde el principio. Pornopoli pasa a ser Pornopoli Satánico, y en su malvado satanismo le da una pistola a Pelocasco para que lo mande todo a tomar por culo y se vuele el casco que tiene por cabeza.

Pasamos al día siguiente y Taryn ha batido todos los records porque ha seguido sobándose la cuevecita del amor hasta la mañana. Una noche entera dale que te pego, la tía. Cuando ya la cosa ha parado, le da por bajar al sótano, para ver que han hecho los mongolos que tiene por amigos... allí está Pornopoli Satánico esperándola, que le cuenta que todo ha formado parte de un satánico plan, para que Lizzie vuelva y zurre con su hacha a un volumen brutal. Lo más cachondo de todo es que Pelocasco se vuela el casco AHORA, lo que nos lleva a pensar que desde que Pornopoli Satánico le ha dado la pistola hasta que Taryn baje  han podido pasar varias horas.




"Hola, nena... ¿Alguna vez te lo has hecho con el brazo fuerte... de la ley?"


Taryn espera pacientemente a que Pornopoli Satánico le cuente el rollo macabeo que se supone que explica este despropósito para echar a correr escaleras arriba. La puerta del sótano, como no podía ser menos, se cierra y todo parece acabar ahí.
Ahora el exterior está lleno de gente, y Pornorrubia ya está haciendo el paripé de señora horrorizada ante tanta tragedia... desde que sale del sótano, aunque nadie pueda verla realmente porque están todos fuera. Con ella va Taryn, envuelta en una manta... pero, al salir por la puerta, mira a la cámara y vemos que Lizzie puede ser un fantasma muy poderoso, pero tiene la discreción en el culo: ha poseído el cuerpo de Taryn y muestra dos espectaculares ojos ROJOS que nos dejan claro de qué va la movida. Y por si fuéramos tan tontos como alguno de los que han palmado aquí, nos mira con cara de "Os vais a cagar, soy chunga de cojones" y suelta "Ya estoy en casa".

Esta cosa acaba aquí.

Qué puedo deciros... aunque parte de una buena idea, que es tomar la figura de una asesina en serie real y darle la base de una historia sobrenatural, la peli se va a tomar por culo en el momento en que nos plantifica una especie de peli de terror adolescente, en la que lo único que estás deseando es que se carguen a toda la pandilla cuanto antes. Las actuaciones oscilan entre lo gracioso y lo abiertamente ridículo, especialmente en lo tocante a Michael, Pornorrubia y Pornopoli. Lizzie Borden podría dar miedo, pero el equipo de maquillaje se las ha apañado para que parezca una cosplayer en un mal día y te recuerde a un cruce entre Ronald McDonald, una extra de Downton Abbey y una punkie de una peli de la Troma, todo junto a la vez.
Quizás una de las cosas que menos ridículas resultan son los efectos especiales: parece que andaban tan cortos de pasta pariendo esto que han prescindido de mierdas digitales (gracias) y se han limitado a puertas que se abren, puertas que se cierran, gente que se deja los genitales frotándoselos contra la moqueta y poco más.
La suma de todo esto hace que esta película resulte imposible de tomar en serio, y se convierta en un truño solo recomendable para ver cuando estás muy, pero que muy aburrido, o para ver con colegas y una botella de vino dulce delante. Entonces es cuando el terror se convierte en comedia y vuelan los chascarrillos.