viernes, 28 de septiembre de 2018

Escupiendo Rabia- Comiendo mierda cultural



De un tiempo a esta parte eso de la globalización se está notando, y la influencia de unas culturas recae sobre otras. Esto es un hecho y no tiene por qué ser malo; no voy a ser yo el que se ponga gilipollas ahora porque al personal le dé por tajarse yendo a fiestorros de San Patricio o que quiera celebrar Halloween (ya comenté una vez que, aunque digamos que sea de origen anglosajón y que por esa vía nos haya -re-entrado, es una festividad céltica, de modo que es más europea que americana). Eso de que nos apiporremos de cine coreano o nos metamos a zampar en un Döner-Kebab no me parece en caso alguno perder nuestra identidad ni leches en vinagre, sino enriquecernos.

Pero ojo, no todo lo que nos viene de fuera es gloria bendita, y da la puñetera casualidad de que alzamos el puño contra las patochadas pero nos comemos lo gordo como si fuera un mojón de kilo y medio recién cagado. Y oye, eso nos parece de puta madre.
Para muestra, un botón: no sé si la mayoría os habéis fijado en la ola de puritanismo que nos estamos comiendo desde el otro lado del charco. Ya no es que las redes sociales censuren pezones (femeninos, eso sí, que se identifican con algo lascivo y maligno, al parecer) y lo manifiesten abiertamente en sus términos y condiciones de usuario con todo su flow, pese a lo bestialmente discriminatorio que resulta. Pasemos a movidas igualmente chungas, paridas por la gente, donde se empiezan a escandalizar con la ropa de las crías, cuando hace unos diez o quince años se puso la moda de ir enseñando el tanga (por edad, puede que hasta muchas de las que alzan la voz contra las niñas de hoy en día "por sus hijas", fueran precisamente de esas) y al personal le pareció más o menos mal, pero no empezaron con imbecilidades como pedir resucitar al Caudillo para recuperar los valores o que impongan el uniforme en clase. Ya mismo viene algún iluminado pidiendo la abolición de la enseñanza mixta (que vino siendo todo un avance en la integración de género en su día) y aparecerá una caterva de simios aplaudiendo como putas focas.


Umf. Umf. Umf. Umf.


Se pasa de eso a dar por sentado, como se está dando, que una chica que hace topless en la playa es una fresca, que eso de ir con minifalda por la calle incita a las violaciones y que abrir las piernas es ofensivo (ante esto último, recordad que ya os comenté que es una idea puritana acerca de insinuar los genitales, pero que aquí no coló -a menos, en su momento; ahora tengo mis dudas- y la disfrazaron con lo de invadir el espacio personal). Se está pasando de movidas como estas a pedir la segregación de las mujeres en eventos "por su seguridad" y a pedir censura en los medios públicos bajo amenaza de boicot. Donde hace unos veinte años, en según qué programas de la tele (fuera de horario infantil, claro) se podía hablar de sexo sin tapujos o incluso se podían ver stripteases de ambos géneros, todo eso se ha reducido prácticamente a cero porque ya hay gente que se ofende al ver o escuchar esas cosas.

Voy más lejos: las charlas de orientación sexual en muchos centros educativos también están desapareciendo, a petición de padres que creen que sus hijos van a ser vírgenes hasta los 30 o 40 y no quieren que les enseñen "guarradas". Sin embargo, esos mismos que ponen el grito en el cielo y que se creen que sus hijos no van a tener relaciones prematrimoniales antes de la mayoría de edad son los primeros en soltarle una tablet, un portátil o un móvil con acceso a Internet para que un chaval se atiborre de porno del duro, pero del duro de verdad, con sexo forzado, representaciones de violaciones grupales, violencia sexual, insultos y toda clase de cosas preciosas que, un adulto puede distinguirlas como algo ficticio (al menos un adulto sano, claro, y no un esquizoide o uno que se cree que todo lo que ve en una pantalla es real) y puede decidir si le gusta o no; un chaval que carece de educación sexual alguna da por sentado que el sexo, o la sexualidad, es una especie de acto predatorio que, dicho sea de paso, hay que consumir bajo cuerda. Los padres se desentienden de toda explicación, ya sea en casa o en clase y prefieren mirar para otro lado mientras los críos se zampan Two Girls One Cup.
Nadie dice nada y todo solucionado, piensan muchos.


Si no hablas de ello (en público, claro), no existe.


Esa es una doble moral claramente anglosajona, que hemos adaptado como buenos borreguitos, la de escandalizarnos por lo que vemos que hacen otros y que nosotros también hacemos bajo cuerda. No hablo tanto de ver porno extremo, sino del hecho de tener una sexualidad; la gente en nuestro país no había terminado de adaptarse a la apertura de la transición cuando, en dos, tres décadas, está tomando unas ideas de represión que recuerdan a la época en que vivieron mis abuelos. "Libertad, pero no libertinaje", es el mantra que usan, sin darse cuenta de que en realidad no están permitiendo ni una cosa ni la otra. No cuando llaman "guarra" a cualquiera que enseñe más cacho del esperado (y cada vez se espera menos). No cuando su conducta empieza a rezumar una hipocresía que daría risa si no diera tanto asco.

Hemos demonizado el sexo hasta el punto de que el cuerpo humano empieza a verse como algo pernicioso. Preguntad las críticas de cualquier modelo de desnudo que trabaje en Insta y os contará la cantidad de mamarrachos que se creen que por tener derecho a opinar pueden entrar a "evangelizar" al personal y decirle lo que tienen o no tienen que hacer con su cuerpo: la moda ahora es decirle a alguien que muestra su cuerpo sin pudor que "No se da a valer" (esto incluso se aplica con mujeres, y no con hombres, que tienen relaciones sexuales esporádicas e informales). "Que seguro que tiene muchos más talentos que andar exhibiéndose". "Que un cuerpo por sí solo no es nada". "Que ya envejecerá". La cantidad de perfiles denunciados por imbéciles redomados que parece que no pueden soportar que alguien se exhiba, ya sea de forma artística o porque le salga del mismísimo coño.


"¡Otra maldita ramera de Satanás que incita a los pobres e inmaculados internautas a masturbarse!
¡Y masturbarse es el mal! ¡El mal! ¡EL PUTO MAL!"


Mierda que, además de demostrar una envidia malsana hacia lo que hacen los demás, lo único que esconde es una fobia tremenda a que alguien muestre su cuerpo... como si quiere mostrarse con un traje de neopreno o con la armadura del puto Iron Man. Dicha fobia, no nos engañemos, proviene de una mentalidad puritana que nos han ido metiendo con cucharón hasta que ya muchos no es que la estén aceptando: es que la están abrazando con gusto y se creen que pueden ir por la vida diciéndole a la gente que se tape, que son unos impúdicos. Que no follen hasta el matrimonio (pero si no están casados, argumentan, es lícito irse de putas (y de paso, ya que se ponen, tratarlas como pedacitos de mierda), que para eso están. Dicho esto sin pudor, sin despeinarse y bajo la idea de que una mujer es básicamente un coño con patas donde meterla. Ahí es nada).

Más mierda de este tipo es cuando los gilipollas de turno nos vienen con las clásicas paridas de "es que el arte sexualiza", sin pararse a pensar que el arte no sexualiza nada, o no lo hace per se: lo que hace es ensalzar la belleza y dejar claro que el cuerpo humano, incluyendo pechos y genitales, es hermoso. Sexualiza el que ve las cosas con lascivia, no el que crea, como siempre. Digo esto y quiero que quede claro para que todo aquel que vaya con las antorchas cargadas pidiendo la cabeza de artistas como Manara, Frank Cho, Luis Royo o al que toque apalear se las meta por el culo, encendidas y todo. Cuando tengan el talento de crear algo tan hermoso como lo que son capaces de dibujar estos tres, que hablen y, si tienen cojones (porque hasta para dibujar una tía abierta de patas hace falta arte y dedicación, y mucha, os lo aseguro) que vengan a darnos lecciones a los demás sobre lo que tenemos o no que dibujar, o sobre los cómics que tenemos que leer, o las ilustraciones que tenemos que comprar.
Y por mí, que vengan a darme lecciones, que es tan sencillo como decirles que me chupen mi sexualizado ojo del culo y se vayan ya a cagar de una puta vez. Ellos y su pensamiento de puritanos de mierda.


Tomad culo artístico. Fijo que muchos de vosotros, escandalizados de la vida, lo reventaríais a martillazos por exponer el cuerpo como un objeto sexual. Luego decid que sois mejores que los que revientan las estatuas por cuestiones de fanatismo relig...
Oh, wait...


Pero vamos más lejos: supongamos que sí, que sexualiza. ¿Es que nadie se ha dado puta cuenta de que hablamos de sexualizar algo como si lo degradáramos o como si lo convirtiéramos en algo sucio? ¿Como si el sexo en sí mismo fuera algo de lo que avergonzarse? ¿Algo que esconder bajo la alfombra para que nadie lo vea? ¿O es que ahora resulta que aquí los genios del puritanismo son paridos por los dioses, sin concepción previa, de madres vírgenes e inmaculadas? Vamos, no me jodas ya aquí con las putas rasgadas de vestiduras y con lo santos que son todos y cada uno de ellos y lo putos y degenerados que son los demás.

Pero no es la única mierda que nos estamos comiendo.
Para muestra, otro botón: ¿habéis notado esa tendencia a la etiqueta absurda que estamos viviendo también? Antes te gustaba una persona por su inteligencia y punto; ahora eres sapiosexual. Antes te gustaba alguien de tu otro sexo y ahora te llaman hetero cis. Antes decías "estoy probando a ver si me gusta la gente de mi sexo" y no había mayor conflicto en eso. Ahora eres bi-curious. La cosa es que hemos pasado de una tendencia a tolerarnos unos a otros (ojo, tendencia; nunca se llegó a conseguir realmente... pero se empezaba a ver el esfuerzo) y ahora lo que tenemos es que cada uno empieza a montarse una especie de parcelita con su etiqueta para distinguirse y separarse de los demás, no vaya a ser que se les pegue algo.


Parece ser que ahora tenemos que andar en este plan para definirnos, no sea que nos tomen por gente "que no pertenece a nada". Y claro, eso no puede ser.
Hoy en día tenemos que formar parte de algo para no ser vistos como escoria.


Y con la identidad sexual, todavía tiene cierto sentido, pero vamos más lejos: definirse por la práctica sexual (véanse los que antiguamente eran sados, ahora se han ramificado de tal modo que ni me atrevo a enumerarlos) está llevando a otra tendencia más curiosa, que es la de ir buscando cada vez prácticas más extremas y crear subculturas alrededor de ellas... con su dosis de egocentrismo y superioridad. Antiguamente un tío se cepillaba un caballo y era un follacaballos (o violacaballos, para ser más honesto). Era gente que, debido a lo perverso de sus prácticas, vivía oculta, y con razón. Ahora les hacen documentales y los ponen como mártires cuando mueren reventados por un caballo. No exagero. Como putos mártires incomprendidos de la vida. Basta con ponerte una etiqueta como "Zoosexual" o alguna gilipollez similar y decir que la gente te odia porque es intolerante y no te entiende. No porque eres un pedazo de mierda que abusa de animales (o de niños, que muchos podrían aplicar este argumento, dado el caso), no. Porque los malos son los demás, que no te entienden, pobrecito. Joder, hemos llegado a tal punto de imbecilidad crónica que mañana aparece un señor diciendo que es "pedosexual" y que ama a los niños hasta sus últimas consecuencias (tales como abusar de ellos, como aquí el follacaballos se follaba -o se dejaba follar- por un animal, siendo un abuso en toda regla, se pongan de dignos como se pongan) y todavía saldrá algún gilipollas crónico diciendo que eso hay que respetarlo.
Mira, NO.


En el documental llamado Zoo se nos vende precisamente esto: cómo una subcultura de cabrones que abusaban de caballos eran en realidad unos muchachos tristes y solitarios (usando incluso lo de ser veteranos como justificación) a los que nadie entendía y que abusaban de animales porque "necesitaban amor".
Y claro, la soledad y la necesidad de amor implicaba cepillarse a un caballo delante de los colegas mientras estos lo graban. Algo romántico y amoroso.
Lo verdaderamente vergonzoso llega en el momento en que se relata el caso real de la muerte de uno de estos pobrecitos, reventado por dentro por un caballo (mientras lo estaban grabando en vídeo). Música emotiva y una iluminación angelical... para intentar vendernos a un puto violador de animales como si fuera un santo varón que dio su vida por una causa noble.


Esa tendencia a crear subgrupos que encima tengan los santísimos cojones de decirles a los demás que son unos pobres ignorantes de la vida por no follarse caballos/niños/espachurrarse bichos por el cuerpo/tirarse pedos en la cara/lo que sea también es inculcada,  a mi juicio. Japón, por ejemplo, es un auténtico experto en crear subculturas de mierda (véanse las muñecas hinchables que representan niñas de 9 años en sus sex-shops, por ejemplo) para sacar pasta, permitiendo lo que debería ser impermisible. Ya no hablo de algo en plan tabú como que te guste que te azoten el culo o que te guste comer caca. Cada uno es cada uno, y lo que hace cada uno con su cuerpo, en su cuerpo se queda y sí que es respetable. Ya hablo de prácticas que incluyen abusos, torturas no consentidas y auténticas burradas que, por lo visto, ahora hay que respetar porque si no algún subnormal se nos vaya a ofender (aunque en el fondo a él también le den asco y no tenga los cojones de decirlo abiertamente). Burradas que se están poniendo de moda en el porno, como el hijo de la gran puta que esta misma tarde ha salido en las noticias porque intentaba degollar a una chica, previa violación, emulando una peli porno que había visto.

Nótese la doble moral de esto: demonizamos el porno como si fuera la fuente de todo mal, cuando no nos damos cuenta de que el problema viene más bien en la represión que nos estamos comiendo (la misma que lleva tiempo en América y en Japón, llegando a publicar vídeos con prácticas que, si las catalogo como "humillantes para las mujeres", me quedo corto... pero con los santísimos huevazos de ponértelas con los genitales pixelados, les vaya a dar un cuco por ver vello púbico). Parece que no nos sale de los putos cojones enterarnos de que, cuanto mayor es la represión, mayor es la aberración: cuanto más le dicen al personal que el porno es el mal, más ganas tienen de verlo... y más ganas tienen de consumir las versiones del porno más salvajes y extremas que se puedan echar a la cara.
Pero es mucho más coherente, valiente y autocrítico lavarse las manos, en lugar de reconocer que, como sociedad, somos unos mierdas. Que estamos criando generaciones alienadas, llenas de putos reprimidos, que buscarán hacer una bestialidad con una chica solo para hacerse los guais. Que las chicas, en un entramado social que cada vez da más puto asco, se verán en la obligación de participar en prácticas sexuales grupales (y extremas, y sin protección, porque los condones también son el mal para muchos subnormales que se creen que tapando los ojos de sus hijos solucionan el problema) en contra de su voluntad solo para no ser repudiadas o tenidas como "estrechas".


—Y encima todos más feos que Pichote. Lo que tiene que hacer una para que no la llamen estrecha...
—¡No, de estrecha nada! ¡Cuando acabemos contigo serás la guarra mayor del reino!
Lo mismo esto os suena a coña, pero es básicamente la mentalidad de muchos.
La cosa deja de tener gracia por completo cuando pensamos que, en lugar de una adulta como la que he puesto aquí, sucede con una chavala de trece años.
Ya no nos reímos tanto, ¿a que no?


Vamos más allá del plano sexual. Fijaos en cómo de buenas a primeras la gente empieza a definirse a sí misma en base a los grupos a los que dicen pertenecer, mucho más allá de las tribus urbanas de los 80. La gente se está etiquetando como el que se pone un código de barras, definiéndose por sus credos políticos, sus tendencias sociales y, en definitiva, por cualquier gilipollez que se le ocurra que considere que le hace especial, diferente y aparte de la homogénea masa que nos aliena a todos y cada uno de nosotros. Una vez se identifica con ese grupúsculo, lo siguiente que hace es restregarlo por la cara como si a los demás nos importara una mierda y, lo que es peor: a decirnos a los demás que debemos abrazar dicha subcultura porque es mejor y, básicamente, porque lo dice él. Así es como concepciones de vida o determinadas ideologías, que pueden ser inocuas (como lo de ser friki) o incluso respetables (como ser vegetariano o animalista) se extreman y no hay huevos de tener a un intensito de estos al lado sin que te den ganas de acariciarle la cara con un ladrillo porque tanto panfleto viviente y tanta superioridad moral ya cansa.


Hasta los cojones ya de tanto estandarte de la moral.


Hasta no hace mucho, yo contaba con que Europa, dentro de los estándares del mundo occidental, todavía conservaba algo de cordura y no entraba en estas mierdas; por un lado, porque Europa fue la que echó a los puritanos a patadas porque era imposible convivir con ellos. Porque, mucha mierda que venden de que eran unos pobrecitos a los que no dejaban rezar, pero se olvidan de decirnos que ellos mismos eran los que pedían la prohibición de la cultura (véase el cierre de los teatros en Inglaterra por su culpa, hacia 1688, por poner un ejemplo).
Y pensaba que tampoco entrábamos en las movidas de los japoneses, básicamente porque Europa no ha pasado de la Edad Media a la Edad Contemporánea en un espacio de unos 20 años, como les pasó a ellos y no necesita definirse a sí misma o, al menos, no necesita buscar una identidad con la que sentirse cómoda.

Y sin embargo, aquí estamos: volviéndonos cada día más puritanos y más fanáticos del grupito que decimos representar. Ofendiéndonos por auténticas gilipolleces y mirando para otro lado con las cosas realmente gordas. Poniendo el grito en el cielo cuando queremos ver media teta, pero luego cuando hay un caso de violación, decir que la culpa es de las guarras que visten así, o si acaso, empezar a buscar culpables en el heavy metal, los videojuegos, los juegos de rol o lo que toque, pero en caso alguno tener los cojones de reconocer que como sociedad la estamos cagando. Que criando a nuestros hijos estamos siendo una puta mierda (no hay más que ver cuando el personal se indigna al ver los casos de violencia sexual entre menores, pero pocos entonan un mea culpa, oye). No. La culpa siempre es de otros, que no educan a nuestros hijos como es debido. Que no tenemos tiempo de criarlos nosotros. Lo que sea.


Cualquier día le echan la culpa a los spinners de alguna agresión sexual entre menores.
Gilipolleces igual de gordas hemos tenido que comernos.


Aprovechamos cualquier excusa para cagarnos en los muertos del de al lado por no ser "de los nuestros" y encabezamos nuestras propias cruzadas de mierda contra aquellos que no nos la chupan cuando soltamos un manifiesto reivindicativo. Nos sueltan cuatro leyes que suenan guai, como si les importara una mierda, para que nos callemos y para que nos creamos que nuestras reivindicaciones han sido escuchadas, pero lo único que hacemos es pelearnos entre nosotros para ver quién la tiene más grande. Para ver quién es más extremo y beligerante en su defensa. Para que tracemos líneas entre "nosotros" y "el enemigo". Entretanto, los de arriba nos siguen metiendo más y más mierda ideológica en los medios de comunicación; seguimos importando, nosotros mismos, lo peor de cualquier cultura en lugar de quedarnos con lo que es realmente loable.
Somos putas marionetas.
Somos un puto rebaño.
Nos pasamos el día comiendo mierda cultural, y obligando a otros a comerla. Comemos mierda, la abrazamos con alegría y nos revolcamos en ella.


Fuck yeah!


Y llegará el día en que alguien no pueda hablar con un amigo de lo que sea en una cafetería sin miedo a que venga cualquier hijo de la gran puta a denunciarlo, o a grabar la conversación y subirla a un medio público para poner en la picota a quien sea. Si seguimos con esta política de comemierdas, no habrá lugar, ya no solo para la libre expresión, sino para el libre pensamiento. La Policía del Pensamiento serán todos los que nos rodean y viviremos bajo la constante amenaza de no ser lo bastante guais.
Pues hala, sigamos comiendo mierda, que nos espera un futuro cojonudo.

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