Están ahí.
Agazapados en la sombra, o proclamando su naturaleza a los cuatro vientos.
Puede que ignoréis su existencia.
Puede que ellos mismos la ignoren.
Sin embargo, eso no los hace menos reales.
Hablo de los cibergilipollas.
Es posible que creáis que no, pero estoy bastante seguro de que todos, absolutamente todos nosotros, hemos dado con alguno. En caso contrario, tal como decía Hugh Laurie, "en todos los grupos hay un gilipollas. Y si no lo encuentras, deja de buscar: el gilipollas eres tú".
Tal vez no debería ser así. No en un mundo que se rija por parámetros medianamente lógicos o donde el sentido común impere. Por desgracia, en un mundo que cada vez anda más conectado entre sí, los gilipollas (seres antaño condenados al ostracismo, de los cuales la gente abjuraba vaya a ser que su gilipollez fuera contagiosa) están saliendo del armario de la gilipollez. Ahora, lejos de sentirse aislados, están contactando con otros gilipollas. Están creando grupos de gilipollas que crecen y se autoalimentan, llegando a convertirse en auténticas plataformas de defensa de los gilipollas. La gilipollez, queridos Distópicos, al igual que cualquier mamarrachada hoy en día, está llegando a convertirse en un auténtico movimiento social y, a cada día que pasa, exige que sea respetada en lugar de ser erradicada. Los gilipollas, no contentos con eso, avanzan un paso más y empiezan a reclamar que el mundo se vuelva cada día más gilipollas. Que el sentido común se vaya por el retrete y que el homo medio-sapiens de a pie se agilipolle y se una a la comunidad gilipollesca, no vaya a ser tomado por un intolerante.
Este artículo pretende (aunque no creo que lo consiga) hacer una disección de los rasgos más comunes del Cibergilipollas. Es probable que muchos, muchos de estos rasgos no queden incluidos en esta extensa lista. Si echáis en falta algo, por favor, me lo comunicáis y puedo hacer una segunda enumeración.
Vamos allá:
"Bueno, vamos a decir la clase de persona que es usted... ¿Está preparado? Insisto en que esta pregunta es retórica. Francamente, me la sopla"
1. Principio gilipollesco pseudofreudiano, o Síndrome hipotético-deductivo-especulativo-psicoanalítico-tocacojones: Este principio convierte al cibergilipollas en un mentalista de primer orden. Aun sin poseer un título en psicología o psiquiatría, se permite levantar diagnóstico psiquiátrico exprés de todo el que le rodea, lo pida o no. Esta habilidad suele ser bastante espectacular, ya que el cibergilipollas solo necesita una frase para poder especular acerca de la ideología de la persona con la que está hablando, así como de sus pensamientos más íntimos, sus gustos o preferencias o incluso sobre su entorno familiar o eventos importantes en su vida.
2. Principio gilipollesco recontrasocrático, o Síndrome del experto de barra de bar: Este principio, nacido en barras de bar, verjas de obras y gradas de estadios de fútbol, tiene como base convertir al cibergilipollas en la evolución lógica del gilipollas común, dándole esa categoría de experto en cualquier puta cosa de la que se esté hablando. Si está usted hablando de derecho internacional, el cibergilipollas vendrá a dar su opinión. Si está hablando de sexología tántrica, el mismo cibergilipollas también vendrá a dar su opinión. Si está hablando de comida húngara... coño, el mismo tío también vendrá a dar su opinión. Nótese el matiz de que, aparte de dar su opinión, hablará como un expertillo en la materia sin molestarse en preguntar si hay alguien que sí lo sea. De ahí que a menudo la cosa no se limite a opinar de lo que no sabe, sino que llegue al punto de ir dando lecciones a gente que alegremente se las podría dar a él.
3. Principio gilipollesco talibánico, o Síndrome del guerrero social mentecato: Este principio otorga al cibergilipollas una base de agresividad en cualquiera de sus argumentaciones, restando argumentación a la argumentación en sí misma. Dicho de un modo algo más sencillo, el cibergilipollas no es capaz de defender su postura con una argumentación medianamente lógica. Ni siquiera es capaz de razonar cuando habla. Su herramienta más básica consistirá en atacar la posición contraria en base a insultos velados (o abiertos, que también puede ser), en posturas beligerantes y en tomarse a la tremenda o por la vía personal cualquier puta cosa de la que se esté hablando. Un cibergilipollas que está usando este principio va a partir de la base de que cualquier persona que matice sus palabras o que no esté de acuerdo al 100% con su ideología, por extrema y descalabrada que sea, es una postura contraria. Y como tal, debe ser atacada con toda la violencia verbal posible.

"ÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑ"
4. Principio gilipollesco proignorántico, o Sindrome de la pataleta argumental: este principio viene a funcionar como resultante de los tres principios arriba mencionados. Habida cuenta de que no argumenta y de que habla sin saber, cuando a un cibergilipollas llega alguien que sí tiene conocimiento de lo que se está hablando y le demuestra que lo que dice es una meada fuera del tiesto, el cibergilipollas que ejerce la pataleta argumental defiende (por medio de ataques personales a ser posible) su derecho a ser un ignorante, dando a entender que el que sabe de lo que habla le está restregando por la cara su conocimiento. En ningún momento se para a pensar que lo que él ha estado haciendo ha sido restregar por la cara su desconocimiento. Este principio tiende a reconocerse con relativa frecuencia cuando vemos que el cibergilipollas en concreto está repitiendo, como un puto papagayo, las mismas consignas, y prácticamente palabra por palabra, que cualquier otro cibergilipollas. Lo que vienen siendo lemas de diseño y tal.
5. Principio gilipollesco informativo-Orwelliano, o Sindrome del desinformador bienintencionado: partiendo de este principio, el cibergilipollas se cree absolutamente cualquier mierda que le pongan por delante. Si esa mierda viene escrita en un blog que tiene un nombre chulo y reivindicativo, las posibilidades de creerse dicha mierda aumentan. No contento con creerse patrañas solo porque el trasfondo de lo que dicen casa con su ideología, el cibergilipollas las compartirá ciegamente, llegando incluso a aportar comentarios sesudos de su cosecha del tipo "Interesante reflexión" y similares, o bien llegando a establecer juicios sumarísimos sobre los temas o personas sobre los que se esté hablando: por medio de este principio, encontramos buenas causas que han llegado a establecer juicios paralelos antes de que la justicia se pronuncie (llegando a justificarse con animaladas del tipo "Es que para cuando la justicia quiera hablar ya nos hemos jubilado" o "La justicia no sirve para nada"), conformando incluso auténticos pelotones de linchamiento online. Eso sí, todo gratuito, sin necesidad de tener pruebas, de ser coherente o de llegar realmente a un concepto de justicia objetiva. Con que mole es suficiente.
Este principio también se refleja en esa actitud basada en compartir bulos bajo el pretexto de que se tiene una buena intención. Aun si el bulo realmente perjudica a gente desconocida para él, ignorará esto deliberadamente y seguirá escudándose en que está haciéndolo por ayudar.
El bee-challenge. Una campaña que salió el año pasado para protestar contra la censura hacia el desnudo en redes sociales. Consistía principalmente en hacerse una foto en tetas con el sujetador en la cara como si fuera una abeja.
Muy lógico, considerando que esas fotos son rápidamente borradas.
Y, como la historia ha demostrado, tela de efectivo.
6. Principio gilipollesco pseudosolidario, o Síndrome del postureo campañil: El cibergilipollas participa en toda campaña que llega a su conocimiento, independientemente de que esa campaña le importe realmente o que sepa realmente para lo que es. Gracias a esa imperiosa necesidad de ser aceptado en una comunidad que alaba eso de formar parte de algo (sea lo que sea, al más puro estilo nipón), el cibergilipollas no tendrá remilgos en hacerse selfies, compartir fotos, dar a "me gusta" o grabarse en vídeo haciendo cualquier estupidez simplemente para que los demás vean que está comprometido con... bueno, con lo que sea. A menudo enarbolará esa causa como una especie de motto personal y la defenderá a sangre y fuego, aunque eso implique (como en el Principio talibánico) atacar a los demás y dejar tras de sí una imagen bochornosa de la causa que defiende y haciendo más daño a ésta que bien.
A menudo, un cibergilipollas que usa este principio como doctrina, coleccionará lazos de todos los colores imaginables, que pondrá en su foto de perfil durante el Día Internacional de tal o cual causa. Una vez haya pasado ese día, se olvidará de dicha causa o bien incluso abrazará justo la contraria.
7. Principio gilipollesco megademagógico, o Síndrome de la víctima encabronada: El cibergilipollas puede ser gilipollas, pero no por eso carece de armas. La falacia, por ejemplo, es una de ellas. Un cibergilipollas se escudará en principios falaces para defender su postura, argumentando que todo aquello que no le beneficia directamente es porque le discrimina; otro de los rasgos típicos de este principio consiste en pensar que solo se tienen derechos y no responsabilidades. Por ejemplo, el cibergilipollas justificará su ignorancia o sus insultos con su derecho a opinar, pero en caso alguno se planteará si su opinión está fundada (aunque él haga creer a los demás que sí) o que su opinión le dé derecho a coger a una persona e insultarla. Este principio de absoluta y total demagogia se ve con total claridad en el momento en que el cibergilipollas se siente con el derecho de insultar a alguien que no le está dando la razón, que no comparte su visión chupiguai del mundo o que no comulga con su ideología. Es decir, si un cibergilipollas te llega hablando de X movimiento y tú dices que no te convence, tomará el argumento falaz de "te estás metiendo con El Movimiento al no decir que es lo mejor que existe; si no lo crees, lo estás atacando. Yo formo parte de dicho Movimiento, ergo me estás atacando a mí. Por tanto, tengo derecho a insultarte, no solo para defenderme a mí, sino a toda mi ideología". No sería la primera vez que un cibergilipollas de este pelaje se ha dedicado a atacar a la gente que no está de acuerdo con él o que no comparte sus visiones/reflexiones/diarreas mentales con la excusa de sentirse "discriminado por tal o cual condición". No es extraño que te llegue un cibergilipollas de tal o cual colectivo diciendo sandeces, ante las cuales no has cedido, y éste te responda diciendo que eres de tal o cual ideología que odia a su colectivo, sin pararse a pensar que si le tirarías de un puente con una piedra atada al pescuezo no es porque sea de ese colectivo, sino simplemente porque es gilipollas.
A menudo, encontraremos que un cibergilipollas que haga uso de este principio puede mezclarlo con el principio talibánico, llegando incluso a tener un criterio, como poco, exótico: es decir, su criterio hacia una opinión no dependerá de la opinión en sí, sino de la persona que la ejerza. Si dicha persona es alguien que no forma parte de su ideología o credo, no importa lo razonado que esté o incluso el hecho de que le está dando la razon: el cibergilipollas encontrará motivos para ponerlo a caldo porque lo que está diciendo no resulta del todo digno. En otros casos, encontraremos que el cibergilipollas se dejará la objetividad en casa y solo escuchará opiniones afines a la suya, por infundadas y absurdas que sean: lo único que le importa a este ser es oír lo que quiere oír. Eso sí, siempre asegurará empaparse de todos los puntos de vista posibles.
"Me he metido en un templo shao-lin y he visto que nadie tenía el pelo rizado como yo. Me sentí discriminado. ¡MUERTE A LOS PUTOS SHAOLIN!!!"
8. Principio gilipollesco ultrarrevolucionario, o Síndrome del Libertador: un cibergilipollas que abrace este principio tomará como modo de vida hablar de una revolución ideal que salvará al mundo de los terribles opresores fascistas-imperialistas-ultracapitalistas-tiranos-opresores que, paridos por demonios del décimo octavo infierno (según se coge por la Autopista al Infierno a mano derecha, cogiendo la salida por el Foso de la Condena) han sido criados en tanques de clonación para desangrar a los pobres y follarse a sus hijas (o solo a las que están buenas, que son hijos de puta pero no tontos). Escudándose en el principio falaz de que todo lo que haga el pueblo llano está bien porque es el pueblo, es sabio y es honrado, y de que todo gobernante es el mal, corrupto y demoníaco, el Sindrome del Libertador permite al cibergilipollas instaurar una bonita revolución desde el sofá, en su tablet fabricada por las sacrificadas manos de esclavos en el tercer mundo, al tiempo que se dedica a denunciar el uso de mano de obra en países subdesarrollados por empresas españolas. El ultrarrevolucionario entenderá que absolutamente todo el que tiene dinero, sin excepción, es un hijo de la grandísima puta que vive de extorsionar, someter y aplastar a los débiles, y que todos los débiles son bellísimas y honradas personas que han nacido sin mácula alguna, y todo cuanto hagan tiene derecho a quedar justificado.
El principio ultrarrevolucionario cree en un sueño. A lo Martin Luther King, tíos. Un sueño consistente en que toda revolución mejorará la sociedad. Que cualquier cosa tras esa utópica revolución será, por definición, mejor que lo que tenemos ahora mismo porque no existe nada peor que esta sociedad occidental y decadente. Es una revolución cómoda, porque implica gritar mucho, insultar más, y emprender pocos actos (más allá de los simbólicos) que realmente supongan algo. Eso sí, siempre queda bien pensar que él, junto a unos cuantos amigos, salvaron el mundo. Porque todos los demás, si no forman parte de SU grupo o SU movimiento, son parte del problema.
"¡Arrepentíos, ignorantes!"
9. Principio gilipollesco ultramoralista, o Síndrome del reflexivo incombustible: El cibergilipollas, cuando se siente amparado por este principio, se siente con la fuerza necesaria para soltar lecciones de moral a diestro y siniestro. Las reparte como el que llega y reparte Lacasitos, entrando a saco donde nadie le ha llamado y diciendo a todo el mundo lo que deberían o no decir, bien imponiendo censura de una forma clara o dando a entender que tal o cual código de conducta es lo que haría que la sociedad mejorase (y no la extinción de gilipollas como él). Gracias a esto, tergiversa conversaciones y desvirtúa temas. A menudo aparece en conversaciones de cachondeo en plan profeta del Antiguo Testamento o como un apóstol del S.XXI, enarbolando "profundas reflexiones", que tienen como (su) conclusión que "deberíamos dejar de decir tal o cual cosa" o "dejar de repetir arquetipos de (inserte aquí ideología que ya no mola)". Sus recomendaciones pueden abarcar desde lo estrictamente moralista a lo más absurdo. A menudo suenan medio bien (al menos si se sacan de contexto, porque dentro de un contexto no tienen puto sentido) porque tienden a representar "alguna inquietud social" (traducido: un tema que está a la moda y que los cibergilipollas están siguiendo y defendiendo por postureo puro y duro).
Este principio es el mismo que usan aquellos cibergilipollas que gustan de llevar cualquier puta cosa a su terreno (sea cual sea) y, una vez ahí, demostrar a todo el mundo que es una persona muy comprometida con dicho terreno, y que los demás (cuya implicación en ese terreno ni se ha molestado en preguntar) deberían plantearse según qué cosas o cuestiones (aunque tampoco se moleste en preguntar si ya se las han planteado)
"MUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU!!!"
10. Principio gilipollesco ultraigualitario de la opinión, o Síndrome del bocachanclismo extremo: Un cibergilipollas considera, tal y como vimos en el Principio proignorántico, que no necesita documentarse realmente para poder hablar de algo. También hemos visto que se permite el derecho de opinar absolutamente sobre todo, tenga idea o no llegando incluso a dar lecciones, en lugar de estar informándose con algo que no sea lo que le da la puta gana (si es que se informa) o de preguntar a quien sabe del tema. Bien, habida cuenta de todo esto, el principio gilipollesco ultraigualitario de la opinión hace un compendio de todas estas cosas, enarbolando una defensa que justifique esta actitud. Basado en su idea de que tiene derecho a todo pero ninguna responsabilidad, el cibergilipollas considera que su opinión, solo por el hecho de ser una opinión (aun siendo una opinión ignorante, demagógica o abiertamente tergiversada o falsa) tiene exactamente la misma validez que la opinión de alguien que sí sabe de lo que está hablando. Gracias a esto, el cibergilipollas siente su opinión en perfecta igualdad con la de alguien que le da sopas con ondas, llegando incluso a rebatir cosas que ignora por completo. A veces incluso exigirá pruebas de todos colores a la gente que considera que debe aplastar argumentalmente, llegando casi casi a pedir muestras de sangre, líquido medular y tejido cerebral; sin embargo, cuando se trata de que tengan en cuenta su punto de vista, no aporta gran cosa más allá de variantes del "Porque yo lo digo y me tenéis que respetar". Aun en el caso de no aferrarse al Síndrome de la pataleta argumental, entonará el mantra de "Bueno, yo no sé de lo que estoy hablando, pero es mi opinión".
Y con eso, el cibergilipollas piensa que ya tiene carta blanca para seguir soltando idioteces.
"¡QUE ME DEJES, COÑO!"
11. Principio gilipollesco del cansinismo ignorado, o Síndrome del pazguato que no sabe que es un pazguato: Este principio aporta un cierto matiz de patetismo a la esencia del cibergilipollas; llegados al punto en que los que le rodean ya saben que no pueden hacer carrera del cibergilipollas, han tomado la opción de tenerlo ahí, como el que tiene un grano en el culo pero que pasan de estrujarse por no pringarse los dedos de mierda y pus. Ni siquiera se molestan ya en decirle al cibergilipollas que aburre, que es tonto del culo. Que leer sus comentarios produce urticaria sangrante en ciertos nódulos del cerebro y que, si no le responden, es porque uno no ha tenido un mal día y no le apetece joderlo al decirle al cibergilipollas que se vaya a tomar por donde amargan los pepinos de una santa vez y que deje de dar por culo.
Al no haber recibido semejante notificación de bordería, el cibergilipollas entenderá que la persona en cuestión que se limita a soportarlo estoicamente es su amiga, y no parará de dar la castaña día sí y día también con comentarios que aportan de poco a nada, con sandeces crónicas o pidiendo una atención que va buscando pero que, por gilipollas del culo, no se merece. Para el cibergilipollas, todo el que no le dice que está ya mu pesao y que ya cansa tanta exhibición de ignorancia es su amigo. Y como tal, se verá con la necesidad de corretear a su alrededor y ladrar para que le tiren un huesecito. Y bueno, quizás algún día la gente le tire uno.
De brontosaurio.
A la cabeza.
"Como me gusta el verde, digo que esta camiseta es verde. Y con mis gustos no te metas".
12. Principio gilipollesco estético-unilateral, Síndrome del buen gusto extremo o Síndrome del daltonismo adquirido: El cibergilipollas JAMÁS tendrá mal gusto. Partiendo de su visión unilateral del mundo, algo es bueno porque le gusta, o le gusta porque es bueno, haciendo uso de este tipo de lógica circular. El cibergilipollas, por tanto, tiende a mezclar calidad con su gusto personal, haciendo ambos elementos algo indivisible. Siguiendo esto, nos damos cuenta de que a él JAMÁS le gustará algo que objetivamente tenga poca calidad o sea una mierda. A veces justificará esto diciendo que la calidad es "lo que entretiene" (y ya está) o cualquier otro argumento que demuestre una visión parcial de lo que está hablando; esto le permite, sin despeinarse y sin pudor alguno, decir que la literatura o música clásicas son una mierda porque "aburren", defendiendo cualquier cosa terminantemente opuesta porque (él dice que) son entretenidas y (según él) no hace falta nada más. Cuando ve que esto no hay cojones de defenderlo por ninguna parte, entonará el mantra de "Para gustos, los colores", por medio del cual se justificará para decir que le gusta a él y que por tanto es bueno.

"Se nos va un glande. DEP".
13. Principio gilipollesco plañidero ocasional, o Síndrome del pésame oportunista: El cibergilipollas tiene, como ya hemos comentado, la imperiosa necesidad de formar parte de algo. No solo de formar parte de ese algo, sino de destacar dentro de ello. Para ello, necesita ponerse chapitas continuamente y mostrar su afinidad o su sentimiento de comunidad con gente a la que importa un huevo y que, en definitiva, a él también le importan un huevo. Si a esto sumamos una vena fanboy bastante marcada en muchos casos detectados de cibergilipollas, y añadimos de paso esa tendencia a hablar de lo que no se sabe, encontraremos que cada vez que se muere alguien medio famoso el cibergilipollas se sentiría con el impulso de decir que era fan suyo de toda la puta vida. No importa que hablemos de un cantante flamenco, un cantautor indie, un actor porno o un escritor checo de poesía existencialista. El cibergilipollas asegurará haberse escuchado todos los discos, haber visto todas las películas o haber leído todo lo escrito por este artista. Si era famoso de cualquier otra índole (presentador, político, lo que sea), asegurará haberlo admirado toda la vida, aunque en realidad se haya estado cagando en sus muertos o su carrera le haya importado tres leches.
14. Principio exhibicionista procultural o Síndrome del cultureta confeso: El cibergilipollas puede ser gilipollas y a menudo le gusta hacer gala de ello, pero a veces puede disfrazarse de lo contrario e intentar convencernos de que es una persona de lo más culta. Amparándose en falacias tan absurdas como "leer me hace más culto y más inteligente", aprovechará cualquier partido de fútbol para decir que va a leer "un libro". En realidad, solo pone esto cuando hay algún partido importante (y diciendo implícitamente que todo el que vea un partido es subnormal, ya de paso), pero no dirá que lo que está leyendo es un Crepus-Culo o cualquier patochada similar (porque no todo lo que esté publicado como un libro es necesariamente cultural o de calidad. La mierda abunda, también en las bibliotecas de este mundo). O lo dirá y nos soltará lo de que para gustos, los colores. La tercera vía es que directamente no esté leyendo nada, pero lo diga por postureo.
Tampoco es extraño ver como el cultureta confeso se pasa todo el puto día subiendo citas de autores, como si así demostrase que los ha leído. Curiosamente, la mitad de las citas que sube son patochadas new age que jamás fueron escritas por dichos autores, pero ellos tampoco es que lo sepan. Ni es que les importe saberlo. Basta con parecer profundos y filosóficos, aunque lo que se diga sea una puta obviedad, y más falso que unos condones comprados en los chinos.
En ocasiones, se hará fotos leyendo, para que todos los demás veamos que, efectivamente, sabe leer. Luego será de esos que saca conclusiones acerca de un libro totalmente sacadas de contexto y que harán que cualquiera que sacara más de un cinco en comentario de texto en el instituto se echase las manos a la cabeza, pero no pasa nada. Él es guai. Y los demás no.
"Nananananaan NO TE OIGOOO"
15. Principio de la negación de la opinión contraria o Síndrome del "No es para tanto": El cibergilipollas parte del hecho de que sentar cátedra es una forma de vida, como ya estamos leyendo. Hemos visto también que tiene una especie de reacción alérgica hacia la gente que controla un tema más que él y que le cuesta entender que hay gente que ha estudiado las cosas sobre las que él opina de forma gratuita. En algunos casos hemos visto que esa reacción puede tomarse como una pataleta, atacando a quien le argumenta las cosas con datos, pero en otros casos toma este principio, consistente en restar importancia al argumento, diciendo que en el fondo lo que se está hablando no es tan importante.
16. Principio de la Crucifixión generalizada o Síndrome del Todo por la parte: El cibergilipollas no es un gilipollas sin causa, sino todo lo contrario. Tiene no una, sino mil causas. Si no está defendiendo una causa es porque está atacando la contraria (a menudo él ve ambas cosas como sinónimos). Cuando no enarbola una bandera o está llevando a la gente a su terreno para poder predicar a gusto, está propagando bulos o ejerciendo conversaciones de barra de bar donde todo lo que propone salvará el país, por encima de la opinión de todos esos "listillos con título" que pululan por ahí y que, coño, en el fondo no tienen ni puta idea de nada. En su avidez por formar parte de algún colectivo o causa, se vuelven beligerantes o directamente falaces, como ya hemos ido comprobando en puntos anteriores, llegando a este principio del que hablamos justo ahora. Si por ejemplo, tenemos que al cibergilipollas algo en concreto (pongamos los programas de teletienda) no le entusiasma, encontrará una causa por la cual atacar a ese algo. Es decir, si la causa de moda que el cibergilipollas está defendiendo consiste en hablar de los derechos de la gente que ha nacido con dos penes, crucificará a los programas de teletienda porque discriminan a esa gente, al no tener un señor con dos penes anunciando el cuchillo Ginsu. Así contado puede parecer descabellado, pero si nos ponemos con casos más frecuentes, tales como ver machismo en TODO el cine porno (olvidándose, por ejemplo, del cine porno gay) o en acusar a un género literario entero de racismo u homofobia, nos damos cuenta de que se toma el principio falaz de tomar la parte (por ejemplo, directores o artistas en general que SÍ sean racistas, machistas, homófobos o que odian a la gente con dos penes) por el todo (la industria entera, el género artístico o el arte, a secas), inculcando una neura personal en algo que realmente no va con ellos.
De ahí nacen los ciberacosos a según quién, los ataques a obras de arte por mostrar desnudos y demás: porque siempre hay gilipollas (o cibergilipollas) que piensan que por tener algo que defender ya tienen derecho a atacar a aquellos que ni siquiera les están atacando.
"Y yo pensaba que mis chistes eran malos..."
17. Principio del graciosismo unilateral, o Síndrome del Bufón con la gracia en los cojones: El cibergilipollas, como ya hemos visto, se cree que cae bien solo porque la mayoría de la gente pasa de pringarse en decirles que son imbéciles del culo. Por eso, ya no es solo que se tomen unas confianzas tremendas con gente que les ignora como el que ignora una plasta de vaca cuando va por el campo (o más, porque la plasta de vaca la ignoramos para no pisarla y, si es muy grande, para hacerle fotos y mandársela por Whatsapp a nuestros colegas a la hora de comer), sino que parece ser que tienen que recordar que son graciosos. A veces esta supuesta gracia se manifiesta con intentos de chiste que demuestran un humor blanco descafeinado (a menudo usado para camuflar algún insulto, o simplemente para recordarle a alguien que lo veo como un amigo) que, más que reírte, lo que te dan son ganas de trincar el Sagrado Atún Místico y arrearles un sopapo con él.
En otras ocasiones resulta que esa supuesta gracia es un pretexto para tocar los cojones a dos manos. No en vano, muchos cibergilipollas serán capaces de soltar una frase harto insultante del tipo "Tú es que eres un hijo de la gran puta" y, para que no suene tan ofensiva, añaden un "jejejeje" detrás, sin prestar atención al hecho de que, ya puedes estar poniendo tres renglones de "jejejeje", que el insulto ya lo has lanzado. Ni risitas, ni emoticonos ni memes. Hay cosas que no hay dios que las adorne. También se usa cuando un cibergilipollas recurre a un ataque personal hacia otra persona que simplemente estaba manifestando una opinión contraria. O no tan contraria; simplemente estaba hablando.
"Hazme este favor. YA. Por mi coño pelúo".
18. Principio del favor autoritario, o Síndrome del mongolo que se cree tu puto jefe: El cibergilipollas tiende a pensar que una gran parte de la sociedad está para servirle, si no toda. Y los que no, es porque le deben algo. El caso es que, por el motivo que sea, el cibergilipollas considera que puede andar pidiendo favores a quien sea, aunque sea gente que, como hemos visto, pase de él como de la mierda o que esté conteniendo las ganas para estamparle un piano de cola en los hocicos. Lejos de quedarse ahí, vemos que con mucha frecuencia el cibergilipollas se toma el brazo cuando cree haber cogido la mano de alguien y, en lugar de limitarse a pedir el favor y ya está, toma la actitud de tratar a la gente que le está haciendo un favor como si fueran sus empleados. En estos casos, llegan incluso a permitirse el lujo de andar presionando y molestando a aquellos a los que han pedido las cosas como un favor (añadiendo, por supuesto, el consabido "jejejeje" para que no se note tanto), sin plantearse siquiera en agradecerlo o en llegar (horror de los horrores) a devolverlo. Porque un cibergilipollas se acuerda de ti para pedirte el favor, pero para nada más.
En ocasiones el cibergilipollas dará con gente que le echará en cara, bien esa casual falta de memoria, bien esa presión que lo único que denota es tener más cara que espaldas. Cuando esto sucede, un rasgo muy clásico del cibergilipollas es hacerse la persona importante que tiene muchas cosas en la cabeza y que se ha visto obligada a tomar decisiones, bla, bla y puto bla. Cualquier palabrería barata sirve aquí para justificar que lo que se ha hecho es el gilipollas y que lo que se ha conseguido es dejar una imagen bochornosa de uno mismo.
"¡Yo no hago spam! ¡Mi mierda no huele!"
19. Principio gilipollesco del spam autonegado, o Síndrome del cansino insistente que se encabrona porque le dicen que es un cansino insistente: Entre según qué comunidades, hay veces que aparecen los llamados spammers. Para quien no esté familiarizado con el término, un ser de estos es aquel que llega sin conocerte de nada y te quiere vender su mierda. Ya sea mierda audiovisual, escrita, o un puto book fotográfico, no importa. Para el spammer, tú no existes como entidad o como individuo. Eres clientela potencial, y como tal, se tomará unas confianzas brutales como eso de decir "compramimierdacompramimierda" de forma insistente y porculera hasta que:
a) acabes por comprar su mierda para que se calle
b) lo mandes a él y a su mierda a la mierda.
Si decides optar por b), probablemente el cibergilipollas que opte por este principio se tomará la cosa bastante mal, diciendo que el spam que él hace no es spam (lo de los demás sí, aunque no haya diferencia alguna), como si él molara más o por ser él se aceptase cualquier mierda de la que venda sin reservas.
Cuando llega a un nivel extremo, un cibergilipollas que toma este principio se erige en diva airada cuando la persona a la que le quiere vender su mierda no sabe quién es. En plan ego a lo Hindenburg, como sintiéndose ofendido por el hecho de que alguien desconoce su augusto nombre. No es raro ver que ejercen un subnormalesco sentido del humor, como de auténtico falso ego hinchado, y con frases del tipo "No me puedo creer que no me conozcas, jejejeje... Si yo soy todo un referente. Cualquiera que tiene una idea de esto sabe quién soy". Patochadas varias y gilipolleces ya muy vistas para hacerse el interesante que, en el fondo, no logran enmascarar que el cibergilipollas, por muy ciber que sea, sigue siendo gilipollas.
Y hasta aquí, los principales rasgos del cibergilipollas. Como comenté arriba, dudo enormemente que estén todos los rasgos posibles, ya que el gilipollismo es una enfermedad que muta, aparte de ser muy, muy contagiosa. En cualquier caso, ya andáis todos un poco más advertidos, por si resulta que os los encontráis por ahí. Recordad: no los mojéis, no les deis de comer después de las doce de la noche... y bueno, si podéis, dejadlos bajo la luz del sol.