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miércoles, 7 de agosto de 2024

Tebeos en Vena: Mundowoke, o Progresistas mis cojones



Vamos a dejarnos de hostias y de tonterías: eso de la cultura woke tiene de progresista exactamente lo mismo que un prepucio putrefacto relleno de esmegma purulento tiene de higiénico y culinariamente apetecible. Otra cosa es que los modernitos, los neogafapastas, los culturetas y su puta madre en bicicleta se pasen el día berreando las maravillas de su subcultura y se pongan más chapitas que una adolescente de los 80.

Pero cacarear una cosa a los cuatro vientos las veinticuatro horas del día en caso alguno supone que estés diciendo una verdad.


A menos que seas Goebbels, claro.


En el tema de los cómics, que es el que nos atañe en esta sección, la cosa viene siendo intensita y particularmente hipócrita desde hace ya una buena temporada. Para ilustrar el asunto, permitidme que os cuente una de mis clásicas batallitas de Abuelo Cebolleta para ir ilustrando un poco de qué va la película: hará ya algunos años, tuve el dudoso gusto de cruzar ciertos comentarios en una red social con un subnormal que, a día de hoy, quedaría perfectamente tipificado dentro del wokismo más recalcitrante. Uno de esos que pone su identidad por delante para justificar cualquier ataque gratuito contra quien tuviera delante que no le riese las gracias; un espantajo (porque no tiene otro nombre), que no es que hablase de un tema sin saber, no: es que hacía gala de su supina ignorancia, insinuando que bastaba con tener una causa que defender para ir enarbolando cualquier argumento, por infundado que estuviese ("A ver si voy a necesitar controlar un tema para poder hablar de él", venía a decir la criaturita). Un personaje de esos nobles que, a la que le demuestras con argumentos que lo que está diciendo está lejos de ser cierto, se hace el ofendido y te tacha de seguidor de una ideología que no solo no te representa, sino que es prácticamente lo opuesto a todo cuanto eres tú. Y sin conocerte prácticamente de nada, faltaría más.


"Mira, yo es que soy homoseñorito. Si yo digo que la Tierra es plana, las vacunas causan autismo y que la ciencia en general no sirve para nada y no me das una palmadita en la espalda por lo listo que soy, eres homófobo".


Aquí el intelectual venía a decir que el cómic (el arte entero, sin cortapisas ni excepciones entre autores, décadas, contextos culturales, corrientes, geografía o influencias) viene a ser homófobo y machista por definición. El iluminado no había visto más cómics en su vida que lo que había leído en cuatro blogs hipermegaconcienciados (su principal fuente de lectura, reconocido por él mismo), pero eh, tenía derecho a una opinión y, como tal, tenía que ser respetada y puesta al mismo nivel que la de cualquier otro que sí tenga una mínima idea de esto (ya no hablo ni de ser un experto, hablo de medio saber de qué se está hablando, pero entiendo que en este siglo de soplapollas mentales es mucho pedir). A la que le argumenté con ejemplos de todo tipo, aquí el figurín pues se ofendió: de pronto, el que tenía un problema era yo y, al parecer, no puedo ni ver al colectivo LGTBI porque el caballerete este me pareció de un ignorante que tumba de espaldas. Con dos cojones.


Spoiler: la orientación sexual no tiene nada que ver con la inteligencia. Se puede ser inteligente y ser hetero, gay o bi, del mismo modo que te puede gustar meter maromos en tu catre y ser un perfecto mandril que no junta más de dos neuronas. Pero es una conversación para la que muchos no están preparados.


Pero la raíz del asunto viene a ser la ideología woke, que este tío ya destilaba por los poros de su intelectual pellejo, unos años antes de que acuñásemos el término y esta pandilla de comemierdas se empezasen a adueñar del relato dominante sobre la cultura. Hasta el auge de los Heraldos de la Tolerancia estos, podíamos tener más o menos un punto de vista medianamente razonado (o no) y se podía tener un debate (medio) civilizado acerca de cualquier muestra de cultura moderna: podías hablar de la última peli de Polanski, del último número de X-Men o de si realmente mola tanto la saga de Juego de Tronos. Gente con más razón, gente con menos razón, pero en eso radica debatir con alguien. Al menos, con gente civilizada, claro.


Porque Chiwakas ha habido siempre.

Llegan los wokes y las reglas del juego cambian un poco, porque esto ya no va de tener la razón, sino de gritar más fuerte y de silenciar al prójimo: ahora ya no es que no estés de acuerdo con la chupipandi (como ellos tampoco tienen la obligación de estar de acuerdo contigo); la cosa consiste en aceptar una Única Verdad, Absoluta e Incontestable que, curiosidades de la vida, siempre es la suya. Una Verdad que tienes que suscribir al 100% o prepárate para recibir una batería de insultos: reaccionario, machista, homófobo, fascista, tránsfobo o lo que esté de moda esa semana. Insisto, da igual que el woke tenga razón o se equivoque: esto no va de un debate filosófico acerca de cualquier asunto (trascendental o banal); no va de contrastar ideas; no va de emitir un argumento que puedes aceptar, rebatir o simplemente cuestionar desde una duda medianamente razonable. No. Esto va de imponer una ideología por putos cojones y de machacar, censurar, pisotear y poner una etiquetita a todo el que no compre un discurso que, a la que rascas, tiene más costuras que el pellejo del puto Frankenstein.

El wokismo parece haber encontrado un nicho cómodo en la industria del cómic, lo que demuestra tanto una ignorancia tremenda acerca del medio como una hipocresía bestial: no hay más que ver reportajes como el de la Sexta Noticias hace unos días, donde se argumentaba, sin pudor alguno, que empresas de cómic como Marvel, en los últimos años, se han sumado a la cultura de la diversidad; tenemos autores españoles (no recuerdo el nombre del que salía en este reportaje en concreto, pero si alguien lo conoce, que me lo indique y lo acreditaré) sacando pecho con detallazos como que Loki ahora es "una persona de género fluido en los comics". Y quedarse tan pancho.


Sin etiquetas.
Sin señalar a nadie por su condición.
Todo muy normalizado, para la plena integración en la sociedad.
Macho, les ponéis un crespón en el brazo que los señale y acabáis antes.

Vamos por partes ante esta sarta de burradas emitidas desde lo que se supone que es un medio informativo, al que no le vas a pedir información exhaustiva como si se tratase de un documental del National Geographic, pero al menos sí le puedes pedir que se hayan documentado ligeramente antes de abrir la boquita, que para eso estamos en la era de la información y tardas tres putos minutos en consultar la Wikipedia o lo que te dé la puñetera gana.

"Marvel se ha sumado a la cultura de la diversidad": aquí el argumento da a entender (eso, o que yo ya veo donde no hay, que también puede ser, ahí os dejo la duda razonable) que antes del auge woke Marvel venía a ser una especie de nido de machirulos heteropatriarcales fascistas y opresores que iban quemando cruces en las casas de los negros cada vez que salían del curro. Esto no puede ser más falso, si tenemos en cuenta de que Marvel, nacida hacia 1961, precisamente estuvo destacando durante unas tres décadas por tratar absolutamente todos los temas candentes de la época, con la complicación de que el medio pasaba censura (el Comics Code Authority) y era muchísimo más difícil hablar de drogas, homosexualidad, corrupción política o lo que fuera sin que llegase un señor del gobierno, se fuera para el editor al mando y le dijera "Mire usted, esto no se puede tratar".


El equipo editorial de Marvel de la época, también conocido como bullpen.
Para los mascapollas woke, esto debe ser poco menos que la foto de una reunión del KKK.


Sin embargo, gente como Stan Lee (el viejecito ese que salía en las pelis de Marvel, al que cualquier día de estos pondrán de fascista opresor, viendo cómo está el patio) o Roy Thomas le echaron dos cojones al tema y pusieron a un chaval hasta el culo de drogas a pique de despeñarse por una ventana en el Amazing Spiderman #96 (1971). Este tema, recordemos que en aquella época, era tabú, especialmente en esa época y en una sociedad tan conservadora como la estadounidense, más aún a la hora de tratarlo con los chavales en un medio de entretenimiento; lo curioso es que no fue un tema que pasase de puntillas; algún tiempo después, en la misma serie, un personaje secundario (Harry Osborn, mejor amigo de Spiderman en su identidad civil) acababa también bastante hecho polvo por las drogas. Más adelante, en los 70 y 80 (esta última década en pleno auge del crack, la heroina y la drogadicción juvenil) encontrábamos el tema como algo recurrente en series como Daredevil o Capa y Puñal (esta última, prácticamente centrada en el asunto). Puño de Hierro, X-Men (curiosamente, estas dos series guionizadas por Chris Claremont, del que hablaré algo más adelante), y otras tantas, a su manera, mencionarían el tema como un problema social que resultaba, como poco, preocupante.

"Recordad, shavale: no ze droguei"


Pero no hablamos solo de drogas, sino de temas que hoy en día están en boga y que hace como treinta años no todo el mundo se atrevía a mencionar en medios públicos. Temas en los que los cómics, en buena medida, fueron pioneros, con el handicap de que, en teoría, estaban orientados "a chavales". No en vano, podemos encontrar el tema del maltrato, violencia de género o violencia dentro de la pareja (llamadlo como os dé la gana) en números como The Avengers #213 (1981), violencia sobre los menores (Secret Wars II #5, cuando se plantea la primera aparición de la mutante conocida como Boom-Boom), el suicidio (planteado varias veces en X-Men, de formas bastante diversas a lo largo de un par de décadas), la homosexualidad (por ejemplo, en Capitán América #268 de 1981), la anorexia (X-Factor #12 de 1986) o el racismo, denunciado con personajes como Power Man, a lo largo y ancho de la mayor parte de la colección de X-Men desde sus orígenes o en Capitán América #231 como uno de los ejemplos más significativos en la colección de este personaje. También ha sido desafiado abiertamente a la hora de mostrar a personajes como Robbie Robertson en Spiderman desde 1967 (en una época en la que los negros apenas pisaban la universidad), Pantera Negra, el primer Ave de Trueno en X-Men, Danielle Moonstar en Los Nuevos Mutantes, Wyatt Wingfoot en Los Cuatro Fantásticos, y decenas de tantos otros.


Nótese un chiste muy majo: hoy en día el mundo Woke parece pensar que el racismo solo actúa en contra de los negros, pero luego pasa millas de los nativos americanos, a los que difícilmente vemos en sus reivindicaciones. Esto me hace pensar muchísimo en su supuesto progresismo.


Volviendo al reportaje de la Sexta, se viene a dar a entender que centenares de autores que, en épocas mucho más complicadas que hoy en día, desafiaran las convenciones sociales y los tabús, sencillamente, nunca existieron. Su trabajo nunca fue tal, los riesgos que corrieran jamás tuvieron lugar y, en definitiva, no eran más que unos pobres neanderthales comparados con los moralmente superiores wokes, que han llegado para arrojar la luz sobre la cultura del mundo. Y es ahí donde viene la hipocresía: al ver cómo gente que se erige en progresista no solo habla desde la más profunda ignorancia sino que además es capaz de adueñarse o silenciar el trabajo de aquellos que los precedieron. En el mejor de los casos, hablar con la más absoluta de las condescendencias y dando lecciones de moral cuando ni siquiera se comportan como buenas personas.


De hecho, tener una buena causa (o una causa que tú identifiques como buena) no te convierte en mejor persona. Que se lo digan a todos aquellos que han perpetrado asesinatos, atentados, genocidios y crímenes varios en nombre de la fe, de la pureza de raza, de la identidad nacional o lo que sea: les preguntas a todos y todos creen estar haciendo lo correcto.


Me llegó ayer, por ejemplo, un articulito de El Jueves (supuesta revista progresista, satírica y con mala leche. Subrayo lo de supuesta), que había publicado un monográfico referente a los cómics. El Jueves ha pasado de la transgresión y el rollo casi punk de décadas anteriores a un lacayismo y un lamecimbrelismo al poder dominante que da entre vergüenza ajena y miedo: si bien en su día no tenían el más mínimo pudor al decir que no estaban dispuestos a agachar la cabeza ante un discurso impuesto por una élite del tipo que fuese, ahora el wokismo se ha metido dentro de sus oficinas y ha hecho que la revista se baje los pantalones ante toda esta oleada de corrección política. Cómo no, entrando en el ninguneo de las generaciones anteriores y desde la más absoluta de las ignorancias.


Caye Casas, director de La mesita del comedor, apuntó no hace mucho que España es un país extremadamente políticamente correcto y que, salirse de ese discurso de corrección política implica ser ninguneado por la industria y tener que buscarse la vida en sitios donde la mentalidad hacia cualquier otra forma de pensar divergente sea algo más aceptada. Él se refería en concreto a la industria del cine, pero creo que se puede extrapolar a buena parte de la sociedad española, cada día más obsesionada con lamerle el cipote a los que imponen según qué discurso por la fuerza.


Entre las lindezas que soltaban era la de atacar a William Moulton Marston (creador de Wonder Woman) desde un argumento de lo más rancio y puritano precisamente para ir de modernitos. Según los tragalefas estos, las publicaciones originales de Wonder Woman son un homenaje al machismo porque "Al autor le encantaban las mujeres atadas y aprovechaba la más mínima ocasión para dibujarlas en sus viñetas". Eso es como decir que Batman y Robin son una pareja gay porque van siempre juntos (topicazo ya bastante manido desde los años 60 y que, honestamente, ya aburre) y usar el argumento como algo pernicioso. Para todo el que conozca a Moulton Marston (o por lo menos, que se haya leído algunos cómics de su Wonder Woman, como el caso de un servidor, que no es que sea más listo que los demás, pero por lo menos gusta de tener material de documentación al que agarrarse), sí que es cierto que le iba el bondage. Sí que es cierto que este señor tuvo una vida, digamos, peculiar (por ejemplo, vivió en una relación bígama totalmente consentida por las tres partes). Una vida que, por cierto, desafiaba los valores ultraconservadores de la sociedad americana de los años 40.



Luego nos encontramos que cosas como estas, donde se especifica claramente en su primera página que hay escenas de violencia sexual, relaciones no consentidas, amenazas y muestras de dominación extrema, tanto física como psicológica sobre las mujeres, pueblan las librerías sin ningún problema.
A ver, no voy a ser yo el que pida que cancelen este tipo de literatura ni a rasgarme las vestiduras por temáticas que a mí, personalmente, me atraigan como meter la picha en la Thermomix de mi madre y darle al botoncito de "Sopa cremosa".
Lo único que digo es que cada uno lea lo que le salga de los cojones y nos dejemos ya los discursitos moralistas, porque no cuelan.


En plena Segunda Guerra Mundial tenemos a un señor que gustaba del bondage y vivía en una relación abierta. Y esto, a gente que vive en el s.XXI, que va de modernita, de tolerante y con la mente abierta, esto les resulta escandaloso. Les resulta escandaloso ver una mujer atada en un cómic de los años 40, pero pasan por completo de puntillas ante el hecho de que la mejor amiga del personaje, Etta Candy, era una mujer obesa (lo que llamaríamos hoy en día, un cuerpo no-normativo, empleando la terminología woke) y que tenía un par de ovarios tan grande o más que la propia Wonder Woman, considerando que no tenía poderes. O del hecho de que, si bien en la época, la sociedad americana entendía que el lugar de la mujer era el hogar y punto pelota, nos planteaba una guerrera amazona que se enfrentaba a espías nazis, que curraba para la inteligencia del ejército, que salvaba a soldados (varones) o ayudaba a huérfanos y se convirtió en un puto icono que perdura hoy en día. Pero no, nos vamos a centrar en el argumento puritano de que al hombre le iban las cuerdas y las esposas. Y eso es mal. Mucho mal. Pecaminoso. Sacrílego. Herético.


No hay argumento más rancio e inquisitorial que andar juzgando la obra de alguien por los gustos de su autor. Mucho más, lo de andar jugando a los psiquiatras y asumir que tal o cual cosa es "inculcar ideologías". Luego te encuentras que, dentro del paraguas woke, hay auténtica gentuza que defiende la zoofilia o que la edad no es más que un constructo social (abriendo de paso la puerta a cosas que no tienen cabida como el abuso sexual de animales o la pederastia) y oye, ahí sí que está bien: si un tío de 50 tacos se identifica con un niño de 9 y decide meterse en el catre de un par de crías de primaria, tenemos hordas de wokes diciendo que está genial, que si se siente así, nadie se lo puede impedir.
Un autor tiene una relación polígama consentida y le va el bondage y esos mismos se vuelven locos.
Y hala, a quemar libros se ha dicho.

Los listos de El Jueves arremeten también contra Chris Claremont porque diseñó (junto a John Byrne) los uniformes de las Reinas Blanca y Negra del Club Fuego Infernal de X-Men. Uniformes basados en corsés, similares a los de las cortesanas francesas del s.XVIII, argumentando que eso es "de pajeros" y dando a entender que bueno, eso de vestir corsés, es de machistas. Hala, los genios ya han sentado cátedra y la chiquillería a tocar palmas porque, mire usted, qué feministas que son al decir eso. Machacar a alguien por masturbarse o por gustarle un corset es como muy modernito; no hay nada como pisotear las preferencias sexuales de cada uno (aun siendo legales, porque, que yo sepa, no existe ley alguna contra ponerse pinocho con una pieza de corsetería, ni creo que haga daño a nadie, digan lo que digan) y luego andar predicando la tolerancia y las opciones sexuales como un "rasgo identitario". Sin dobles raseros, sin hipocresías, ni nada. Les ha faltado machacar a los dibujantes de cómics por ser vírgenes (otro topicazo), o por no comerse un torrao (los famosos incels), lo cual viene a ser la carta blanca para denigrar sexualmente a alguien. Pero, como lo hacen los Justicieros de la Sociedad, pues estará bien, supongo.



Toda la puta vida de Dios nos habían enseñado que humillar a alguien sexualmente estaba muy feo: nos dijeron que está mal humillar a los homosexuales. A los impotentes. Que estaba mal humillar a mujeres porque tuvieran poco pecho. Nos parecía cruel humillar a la gente con SIDA, a los transexuales. Decíamos que estaba mal reírse de los eyaculadores precoces, o que era vejatorio hacer chistes con las anorgásmicas. "Frígida" era un insulto, y aludir a la regla de una mujer como causante de cualquier reacción rara era vejatorio.
Sin embargo, si un tío no folla porque no tiene la ocasión, porque no da con alguien para hacerlo y además considera que no es legítimo pagar por sexo, no pasa nada: es un incel y diga lo que diga, como no folla, su opinión es una mierda. Su argumento pierde validez porque todos sabemos que un argumento no vale por sí mismo, sino por lo que folla quien lo emite, por supuesto.
Además, se cuenta con pleno derecho a restregárselo por la cara, siempre que diga algo que no nos guste.
Por gilipollas que sea el tío, sigo considerando una bajeza usar el plano sexual para insultar a nadie.


Ahora voy a hablaros yo de Chris Claremont: yo no sé si este señor será machista o no (no me he ido de cañas con él, y cada uno en su casa puede ser lo que le dé la gana), pero lo que es su obra... pues si alguien ve machismo en lo que escribe este tío, una de dos: o es un ignorante o un mentiroso. El señor Claremont, por ejemplo, trabajó en la serie de Carol Danvers, también conocida hoy en día como la Capitana Marvel, también conocida como el actual Icono Feminista de la Casa de las Ideas. En aquella época, la Capitana Marvel era conocida como Ms. Marvel y solo teneis que leer la serie para ver que era un personaje independiente, audaz y que no tenía absolutamente nada que envidiar a cualquier personaje masculino. Más adelante, le pegaría un lavado de cara bestial al personaje después de una chapuza que se cometiera en la serie de The Avengers (en su número 200 de 1980, por si os da por investigar). Lavado de cara que demuestra que Chris Claremont demostraba una sensibilidad bastante acentuada a la hora de plantear un personaje femenino y un tema tan jodidamente tabú como es el de la violación (esto sucedería en el clásico Annual 10), sin lloriqueos ni victimismos: Carol Danvers sufrió una violación, sí, pero ni se metió a monja, ni se puso a lloriquear ni fue mendigando la pena de nadie; en lugar de eso, cogió a todo el que justificó aquella burrada y lo hundió en la puta vergüenza, dejando claro que habían sido tan partícipes de ello con su tolerancia que el propio violador. Claremont defendió al mismo tiempo el derecho de las mujeres a ser madres solteras, si así lo decidían. Hablamos del año 1981.


Hemos pasado de eso a que ahora, cada puta serie de Marvel protagonizada por una mujer, reciba una visita de Carol Danvers en plan "Como banderita del feminismo con patas que soy, yo te apruebo como superheroína. ¡Mucho ánimo, hermana!". Y arreando, que hay que ir a por la próxima heroína a decirle lo mismo.
Todo muy normal.

Este autor, aparte, es famoso por haber trabajado en series protagonizadas por mujeres (Spider-Woman) o de haber creado personajes femeninos con una fuerza y un peso que dista mucho del machismo que quieren atribuirle. Para muestra, varios botones: Tormenta (creada originalmente por Len Wein, pero desarrollada de forma intensiva por él), la faceta Fénix de Jean Grey, Kitty Pryde, Pícara o Mística son creaciones suyas. Pero claro, siempre podemos fijarnos en que Emma Frost y Jean Grey en su faceta de Reina Negra llevaban corsés, que es mucho más profundo y está mucho más fundado, dónde va a parar.

Y es que el wokismo parece obsesionado por retorcer la verdad y dar a entender que antes de ellos y su Cruzada contra el Mal todo era oscurantismo y machirulismo heteropatriarcal. Se han llenado la boca diciendo que la industria del cómic era una especie de club de pajilleros donde no ha entrado ni una sola mujer para algo que no sea llevar cafés o bajarse las bragas ante un jefazo (que decir esto, al parecer, NO es machista si lo dicen ellos), pero han invisibilizado a señoras como Ann Nocenti, June Brighman, Colleen Doran, Pia Guerra, Louise Simonson, Marie Severin, Leah Moore o Karen Berger al decir que hasta la irrupción de su sacrosanta ideología NO había mujeres en la industria o que las que había nunca se comieron un mojón porque los penes estaban ahí para pisotearlas. Luego miras que Karen Berger es posiblemente la mejor editora de la industria del cómic entre los años 80 y la primera década de 2000 y el argumento se va un poco a cagar. O que Ann Nocenti ha sido desde siempre una de las guionistas más comprometidas de la década de los 80, haciendo auténticas denuncias sociales de cada uno de sus cómics. Otra cosa es que el woke de turno sea un puto ignorante y no sepa ni lo que está criticando.


"Yo no soy ignorante. Es que el heteropatriarcado opresor, fascista y reaccionario ha puesto una venda en mis ojos y ha impedido que esa información, posiblemente falsa, llegue a mi alcance".


También han pasado por alto que la máxima directiva de DC de los últimos años ha sido una mujer, Diane Nelson. Pero como la gestión de esta señora ha sido un auténtico desastre (lo que pasa cuando pones al mando de una empresa a alguien que no tiene ni la menor idea de a lo que se dedica dicha empresa, con unas políticas a la total deriva y una serie de contrataciones y despidos en la cúpula de la editorial a cuál más digno de palmada en la frente), pues aquí se saca menos pecho y luego, ya si eso, pues se jugará la carta del techo de cristal, la de "La obligaron a dimitir por ser mujer" o lo que toque. El caso es darle la vuelta a la tortilla para ajustar la realidad a su santo avolunto.

Quiero volver ahora al tema de la Sexta diciendo que ahora "Loki es una persona de género no binario" y alardear al respecto, en un alarde de diversidad y modernidad. No deja de tener gracia que Marvel en su día transgrediera todo lo que tuviera a tiro y el público lo aceptase durante décadas y que ahora no den un puñetero paso sin convocar una rueda de prensa para sacarse el pene y andar teniendo que demostrar lo chupiguais que son. No deja de ser curioso que lo que hace décadas resultase valiente y orgánico, ahora no parezca sino una muestra de postureo de cara a las redes sociales, con un tufillo a imposición que tira para atrás. La evidencia la tenemos con el hecho de que, hasta el auge woke, los personajes tenían (en líneas generales, claro) una identidad más o menos estable y luego iban apareciendo personajes nuevos que, más acordes con los tiempos en que fueron creados, se fueron ganando al público poco a poco (o no, ya dependiendo de la maestría de sus creadores, porque no te ganas al público solo con  una identidad. Necesitas tener algo que contar).


Por ejemplo esto, la serie de Jon Kent, el hijo de Superman. Lo mismo la serie estaba destinada a ser un pelotazo y tenía un guion que flipas.
Sin embargo, ¿qué fue lo que vendieron?
Pues que el hijo de Superman es bisexual, y ya está.
Ahora, si alguien de verdad se cree que alguien va a comprar una serie SOLO porque su personaje es bi, es de no vivir en el puto planeta Tierra.
Bi, hetero, homo o caballosexual, solo con una orientación no sacas tú una serie ni a tiros.


Hoy en día, sin embargo, todo suena artificial y vacío: cuando no te cambian a un personaje de raza sin razón aparente, te lo cambian de orientación sexual "porque nunca se atrevió a mostrarse como realmente es por miedo" (muy original esto último, considerando que parece ser un mantra que ha caracterizado a CASI TODOS los personajes que han sufrido estos cambios), directamente te sacan de la manga un personaje que, más que personaje, es una especie de banderita con patas sin absolutamente nada más que ofrecer que la representación de un colectivo y poco más. En resumidas cuentas, por un lado tienes que los wokes, o bien viven a costa del trabajo de los demás, "reescribiendo" o barnizando para que todo resulte cool (follándose de camino la esencia primaria de los personajes, descafeinándolos hasta la vergüenza ajena) o bien te muestran algo que, más allá de la etiqueta, carece de la mínima profundidad.


Pero eh, que las etiquetas están mal.


Al mismo tiempo, cuando se han creado personajes diversos y ha habido editores sin luces (porque el machismo, el racismo y la homofobia también ha existido en la industria del cómic, como en cualquier otra parte, y negarlo sería faltar a la verdad) que los han cancelado, no he visto un solo woke poner el grito en el cielo: cuando el orangután de Dan Didio decidió cancelar la genial Batwoman de J.H. Williams III, basándose en el casposo argumento de "No, yo no tengo nada en contra de que el personaje sea lesbiana, pero no me parece buena idea que se case", los que protestaron, ¿quiénes fueron? ¿Los wokes, que mucho lloriquear y protestar, pero no leen cómics así los maten, o los lectores fieles de la serie, que no podían creerse semejante argumento de mierda para cerrar una de las pocas cabeceras en condiciones de esa lamentable etapa editorial de DC comics?

Y así está el patio: los adalides de la justicia social y de la tolerancia basan su modus operandi en invisibilizar a aquellos autores previos a su época; en exigir censura en apropiarse de las ideas de otros y censurar cualquier opinión, ya no que les lleve la contraria, sino que los cuestione o sencillamente no lo comparta todo; en mirar para otro lado cuando no les interesa y, en definitiva, a espurrear mierda sobre el prójimo para autoproclamarse los Defensores de la Moral, como si fueran putos barbudos iraníes lapidando adúlteras. No importa que sus argumentos resulten ser machistas, homófobos o racistas. Que estén basados en estereotipos, revestidos de neologismos superchulis con los que justificarse. No importa que estén usando un ideario lleno de incoherencias, contradicciones e hipocresías para imponer a sangre y fuego una sarta de chorradas. Hace veinte, treinta años, el mundo del cómic era un ejemplo de vanguardia, tolerancia e inclusión: ahora no es más que un nido de niñatos y gilipollas que se creen alguien y que, por berrear en redes sociales, están en posesión de la Verdad Absoluta. Van de progresistas, pero este discurso inquisitorial de acallar disidentes y de quemar toda publicación en su contra es de todo menos eso.


—¡Eh, chicos, esta puta dice que no le gusta que Lobezno ahora diga "Elle"!
—¡Menuda guarra opresora!
—¿Qué hacemos con las zorras que no creen en el respeto ni en la tolerancia?
—¡Las apaleamos y luego les metemos una litrona rajada por el coño!
—¡Eso, eso! ¡A ver que va a ser eso de ir por ahí cuestionando lo que nos gusta a nosotros!


Sí, vamos a dejarnos de tapujos y de tonterías. Es de autócratas. De totalitarios. De fascistas. De estalinistas. De putos nazis. Wokes del mundo, no sois más que eso. Detrás de vuestra palabrería, de vuestras acciones online, de vuestros hashtags y de vuestros simbolitos (porque eso de manifestarse y correr delante de la madera es muy cansado), sois una panda de putos fascistas, que pregonáis libertades que sois incapaces de asumir. Y como nazis que sois, lo único que merecéis en esta vida es que los putos gorilas del Planeta de los Simios tomen en mando de una puñetera vez, huelan el pestuzo de vuestras neuronas oligofrénicas y os ajusticien a todos y cada uno de vosotros metiendóos el rabo por el culo hasta que os dejen la médula a punto de nieve.

Anda y que os follen a todos.



domingo, 23 de junio de 2019

Tebeos en Vena- Malos tiempos para leer cómics



Sí, supongo que este titular os deja un poco con el culo torcido, considerando el auge que el mundo del cómic ha sufrido en los últimos años. Pese a todo, no es ningún clickbait, confiad en mí. Tiene que ver con las conversaciones que he estado teniendo últimamente con gente que, bien es lectora de cómics de toda la vida como un servidor, gente que anda algo más metida en el mundillo incluso (gente a la que agradeceré inmensamente este post que estoy escribiendo, por los puntos de vista dados, la mitad de los cuales no me había planteado). Las conclusiones a las que hemos llegado, unos y otros, vienen a ser parecidas, y paso a contaros un poco el resumen.

Como todo el mundo a este lado de la Vía Láctea sabe, sí es cierto que el mundo del cómic ha traspasado a un público mayor gracias a las producciones cinematográficas que vienen teniendo lugar desde los últimos... pongamos veinte años. Yo marco el punto de origen desde la primera X-Men de Bryan Singer, aunque el punto álgido ha ido teniendo lugar en los últimos diez, doce años con la irrupción de Kevin Feige como productor de la línea Marvel Cinematic Universe (MCU, para abreviar) y todo el universo de Los Vengadores. Podría decirse que, desde entonces, gente que veía el mundo del cómic como una especie de sector marginal ("¡Esto es pa frikis!") de pronto lo adopta como un elemento cultural más. En cuestión de años, ahora todos llevamos camisetas con el escudo del Capi o vamos diciendo que Deadpool (aka Masacre) es lo puto más de lo más. Incluso la eterna pelea entre Marvel y DC salta a las mesas de cafeterías y patios de instituto, encarnizándose muchísimo más que en los ochenta, que era cuando el salseo estaba en la cima.
Ni que decir tiene ya el cuñadismo en redes sociales, a manos de gente que no ha leído un cómic en su puta vida (y posiblemente ni leerá, que eso cansa que te cagas), pero sienta cátedra posicionándose sobre unos u otros (lo que no tiene por qué estar mal, cada uno tiene sus preferencias) acerca de algo de lo que, realmente, no tiene ni puta idea (esto si lo veo mal. Ese rollito de predicador cuando no se sabe ni dónde se tiene la cara tiende a dar muchísima vergüenza ajena).



—Estoy indignado. El nuevo Capitán América es negro.
—Tú también, ¿dónde está el problema?
—Mi problema es que no dice en ningún momento que es negro. Solo lleva el traje y acaba con los malos. ¿Qué clase de representación de mierda es esa? ¡Tiene que recordar a todos esos blancuchos lo negro que es, coño!
—Bueno, si te sirve de algo yo soy mujer y el nuevo Capi no. Tampoco me siento representada.
—Pues venga, vamos a escribir en un foro que eso es una mierda, porque no nos sentimos representados por el nuevo Capi. ¡Vamos a pedirle que lo dibujen con mi cara!
—¡Y CON MIS TETAS!
—¡HELL YEAHH!


Pero centrémonos en el cómic en sí. El formato original.
Una vez el mundo del cómic ha trascendido a las grandes masas, como he comentado unos seis millones de veces a estas alturas, parece haberse puesto en la diana de un puñado de gente que se erige en jueces, jurados y verdugos. Las polémicas saltan día sí, día también, y las grandes compañías (especialmente Marvel y DC, puesto que Image y Dark Horse todavía parecen tener un perfil bastante bajo en comparación, por el momento.... y subrayo lo de "por el momento") parecen verse abocadas a tomar según qué decisiones. Decisiones de las que hablaré en un momento y que son, como poco, discutibles.
La compra de Marvel y DC por gigantes corporativos (Disney y Warner Bros, respectivamente) tampoco es que ayude mucho. Por un lado, hablaríamos de una inyección de pasta y medios con la que no se contaba antes... pero es que la pasta no lo es todo en ciertos casos. Por otro lado, tenemos un planteamiento digno de Chuck Palahniuk que, por desgracia, parece totalmente cierto: que al timón del barco parece haber gente con menos idea que los que están currando. El resultado, pues el de esperar: empresas que, a causa de sus líderes, empiezan a perder el norte y a tomar direcciones que, como poco, dan la impresión de ir totalmente a la deriva. Y mientras tanto, creadores que cada día empiezan a estar más y más hasta los huevos de chorradas.


"¡QUE YA OS LO DIIIIJJEEEE!"
Que sí, Alan, ya lo sabemos. Déjame seguir, por favor.


Esto, por supuesto, ya pasó en su día, pero con ciertas variantes.
He hablado antes de la primera X-Men de Synger. Puede que muchos no sepáis que eso precisamente fue lo que salvó a Marvel de la bancarrota a mediados-finales de los años 90. Por aquel entonces, el editor jefe era un ejemplo claro de esos putos inútiles que, a base de chupar culos (porque otra explicación no le encuentro), se puso al mando de la editorial y empezó con una movida de estudios de mercado de lo más soplapollesca, basada en cancelar series cuando éstas ni siquiera habían llegado a los kioscos. Despedir autores o amargarlos hasta que ellos solitos se largaran. Series que empezaron a perder, no ya la coherencia como tal, sino todo el puto sentido. Autores que tenían que andar haciendo correcciones de última hora, bien en dibujo, bien en guión. Dibujando o escribiendo a toda prisa, lo que empobrecía el resultado del producto.
Esto es lo que hizo el señor Bob Harras.


"Estaba al mando y tomé una decisión".
Claro, Bob.
Claro, claro.
CLARO.


Como digo, las magníficas decisiones de este fulano llevaron hacia 1996 o por ahí a Marvel al borde de la quiebra, y no exagero un pelo. De ahí que vendieran los derechos de la línea mutante a la Fox y nos hallamos pegado como veinte años esperando ver un crossover entre Vengadores y Patrulla-X que, debido a ese litigio por recuperar los derechos y devolverlos a los Marvel Studios (que se crearían poco después). Lo mismo pasaría con la franquicia Spiderman hasta la peli de Civil War, Cuatro Fantásticos, Motorista Fantasma o Daredevil. Todas estas franquicias cinematográficas sirvieron como financiación para ir salvando la compañía hasta su reciente compra a manos de Disney.
La marcha de Bob Harras como editor en jefe también supuso un cierto alivio. Cuando esto sucedió, los mandamases de Marvel parecieron (subrayo el parecieron) haber aprendido de sus errores y, poco a poco, empezaron a lavar la cara a la mayor parte de despropósitos que se habían perpetrado a lo largo de los años 90. Fue ahí cuando surgieron grandes etapas a manos de Grant Morrison, surgieron autores como Matt Fraction, que se consolidaron en series ganadoras de premios Eisner y se intentó que las diferentes líneas de cómics (especialmente mutantes y Vengadores) fueran volviendo, poco a poco, a formar parte del mismo universo, de la misma continuidad.


Este señor no es Billy Corgan.
Tampoco es Joe Satriani.
Es el puto Grant Morrison.
Alabado por muchos, denostado por otros debido a sus continuas idas de pelota.
Muy criticado lo que hizo con Batman en Crisis Final que, seamos honestos, roza lo excesivamente complicado y absurdo.
Pero ha dejado atrás una incontable cantidad de obras bastante reputadas gracias a que le han dado libertad creativa.
Algunas de ellas como Animal Man, Los Invisibles o su New X-Men son pruebas de ello.


En DC la cosa no fue diferente. Quizás no tan a lo bruto como sucediera en Marvel, DC también cometió errores bastante gordos durante los años 90... pero es cierto que también dio origen a series muy frescas y originales, por no mencionar a la línea Vertigo, que siempre ha sido sinónimo de cómics de calidad. A manos de Karen Berger (para mí, posiblemente, la mejor editora en el mundo del comic quizás de los últimos 40 años), contaban con la premisa de dar bastante vía libre al autor. La serie era suya y él tenía relativa libertad de llevarla a donde quisiera. De ahí surgirían auténticas obras maestras como la Cosa del Pantano de Alan Moore, The Sandman del ahora alabado hasta la saciedad Neil Gaiman, Predicador o Hellblazer... aunque también habría comics más underground, o comics de autor, sin atender a formar parte de un universo establecido. Es por eso que encontramos comics como Los Perdedores, Faker, Vinanarama, Y, El Último Hombre y demás.
Dar libertad creativa. Algo que nos parece obvio, pero se ve que a los que mandan en Marvel y DC no tanto.


Esta señora es Karen Berger. A menudo se ha hablado del machismo dentro de la industria de los cómics y de la poca visibilidad que han tenido las mujeres dentro de él. Sin embargo, es bastante raro que la gente que más protesta sobre esto reconozca que, precisamente, Karen Berger ha estado en uno de los puestos de mayor responsabilidad en DC y que, gracias a ella, han salido a la luz talentos y obras maestras del género.
Más raro es todavía que ninguno de estos guerreros reconozca a esta mujer como una de las mejores editoras de cómic (si no la mejor) en los últimos treinta o cuarenta años.


Pasan los años y las cosas cambian. DC Comics pasa a ser DC Entertainment, dirigido por Diane Whelan Nelson. Para los que no la conozcáis (seamos serios, ¿a esta quién la conoce?), esta buena mujer no ha formado nunca parte del mundo del cómic. Es una administradora de empresa y, por lo que sé, se dedica a la publicidad. En otras palabras, que ni puta idea de cómo se lleva una editorial. Pero oye, está ahí tomando decisiones. Eso son huevos.
Diane Nelson, al no tener ni pajolera idea de cómo va esto, tampoco parece tener ni pajolera idea de la gente a la que contrata. Karen Berger abandona DC, según se cuenta, debido a las malas decisiones que vienen de arriba, tales como sacar Hellblazer o Animal Man de la línea Vertigo (línea, como indico, para adultos, pasando menos censura, con mayor libertad creativa y permitiendo líneas argumentales mucho más oscuras y profundas) para llevarlas a la línea DC (cómics más mainstream, más orientados a un público más familiar y, por tanto, más sometidos a censura, corrección política y a lo que suceda en otras colecciones). O sea, cambiar por completo la dirección de una serie, abandonando a su público tradicional, que no era moco de pavo (los premios a estas series no se dan solos) y embarcándose en otro público que vete tú a saber lo que se va a encontrar.


Aquí, la verdadera Trinidad de DC Entertainment. No, no son Superman, Batman y Wonder Woman.
Son Dan "Chuloputas" Didio, Diane "¿Quién?" Nelson y Jim "Puto Trepa" Lee.


Esto ya fue un error, pero es que lo de meter a Bob Harras en la cúpula de DC ya es de traca.
Sí, el tío que os he comentado arriba, el que casi manda a la mierda a Marvel en los 90, ese mismo. Ese acaba en la junta directiva junto a otros iluminados como Jim Lee (responsable parcial en los 90 de que Chris Claremont, con el que trabajaba, acabara hasta los cojones de que le tumbaran guiones y se largara a Image) o Dan Didio, que acabaría como directivo junto a Geoff Johns (autor hasta la fecha bastante respetado, pero que parece haber sido fagocitado por Didio, en vista de las cosas que nos estamos comiendo).

Hablemos un ratito de Didio, que este tío tiene miga.
He estado investigando estos días acerca de su figura y, si os parece de traca lo que ha hecho la señora Whelan, con este os vais a cagar. Os dejo este enlace por aquí, con una cantidad de información apabullante (luego decís que mis posts son largos) para que vayáis pillando la idea. Está en inglés y, como digo, es largo de cojones, pero os voy traduciendo lo más gordo:

Punto 1) Dan Didio cuenta con una trayectoria ÍNFIMA en el mundo del cómic (sus primeros cómics datan de 2002, lo que como carrera supone haber empezado antes de ayer).

Punto 2) Es un tío nefasto como editor, que ni parece interesado en encontrar nuevos talentos, y a los que tiene los acaba amargando hasta que ellos solitos se van. Gente como Paul Jenkins, JH Williams III, Keith Giffen, JM De Matteis y otros tantos que han creado grandes obras en el pasado han acabado hasta los huevos de sus constantes cambios de decisiones a última hora y de la manera absolutamente irresponsable en que los pone a trabajar. Hasta Rob Liefeld, que entró en esta nueva DC como una especie de autor estrella (ejem), y de colega de Jim Lee y compañía, se ha acabado yendo por las bravas, harto ya aquí de la diva Didio.


Estos dos señores con pinta de disfrutones son Keith Giffen y JM De Matteis. En los 90 fueron famosos por relanzar una versión autoparódica de la Liga de la Justicia, que tuvo muy buena acogida y hoy en día es recordada con cariño.
Didio los echa de una serie porque "El tono de ésta es demasiado humorístico".
De puta madre, Dan: los contratas como reclamo debido a la fama que obtuvieron precisamente gracias a una serie humorística... y tú coges y los echas porque esperabas que hicieran otra cosa.
En serio, tío, ¿tú dónde coño tienes la puta cabeza?


Punto 3) Su marcada misoginia, que ya trasciende al ambiente de la empresa. Aparte del hecho de hacer la vista gorda acerca de acusaciones y denuncias de acoso sexual  de gente como Eddie Berganza sobre tres de sus empleadas (concretamente, sobre Shelly Bond, otra de las editoras de Vertigo, sobre Liz Gehrlein Marsham y sobre Joan Hilty, estas dos últimas editoras de DC) y tardar casi UN MES en pronuciarse al respecto, se sabe que Didio mantiene una política no escrita sobre no admitir a mujeres en el equipo editorial de Superman. Nótese además el comentario, puede que sacado de contexto, puede que literal, cuando se presentó el proyecto para la saga Crisis de Identidad. En este proyecto se hablaba de filtraciones de la identidades secretas de los superhéroes que llegaban a los villanos. Como respuesta, los villanos se vengan de los buenos atacando a sus seres queridos. Hasta aquí bien, ¿no? Al parecer, la respuesta de Didio al leer aquello fue "Necesitamos una violación".
Puede que fuera sacado de contexto, pero es que te pones a leer el Crisis de Identidad de DC y precisamente esa violación que sucede en la historia roza lo gratuito. No me voy a poner en plan Gail Simone sobre lo de las "Novias en refrigeradores", pero es que eso no llega a suceder como tal en la historia y no habrías notado la diferencia.
No entro ya ni en el cipote que se armó cuando invitó a J.H Williams III a que se largase de DC cuando éste decidió casar a Batwoman (personaje homosexual desde su reinicio en la serie 52) con otra mujer.


Que no es por nada, y decid si queréis que saco las cosas de quicio (no sería la primera vez, total)... pero yo oigo el argumento de DiDio y me acuerdo de esos que dicen que son progresistas y me saltan con lo de "Yo no tengo náh en contra de los maricones, pero si se van a casar que no lo llamen matrimonio".


Punto 4) Sus dotes comunicativas, que son CERO. En el artículo se habla de una Comic-con a la que este tío fue invitado para, bueno, lo típico, tener charlas con lectores y demás. Un lector le pregunta por qué no se contrata a más mujeres en DC. Tema candente, con eso del "techo de cristal" y demás. Puedes no estar de acuerdo con la idea y decir "A ver, no miramos si nuestros talentos son hombres o mujeres, sino que buscamos sus méritos" y quedas como un señor. Lo que no haces es lo que, al parecer, hace este fulano, que es irte para el lector en plan chuloputas y decirle en tono desafiante: "Venga, ¿a quién contrato, eh? ¿A quién?".
Puede que te cabree que venga gente de fuera a decirte cómo llevar tu trabajo. Puede que te molesten las acusaciones públicas de misoginia. Pero NO te vas a un cliente y lo intimidas de esa manera en público. Eso es dejar claro que no sabes controlarte.
No entro tampoco en la respuesta que dio al público cuando canceló Batwoman, argumentando que "No tenía nada en contra de las lesbianas; lo que no quería era que el personaje se casara" y que "es que el público no entendía sus decisiones". Doble combo de mensajes desafortunados y balones fuera.
Así se hace, Dan. Muy macho, oye.


Que vale, ¿que queréis vender? Guai.
¿Que queréis conquistar a vuestro público y captar más gente? Cojonudo.
Pues no me pongáis a un tío así al mando.


Pues ese tío sigue ahí, en la cúpula de DC, tras años de críticas negativas, años con la empresa yendo a la deriva y tomando decisiones a cuál más chunga. Con reboots del Universo cada... no sé, ¿cuatro años? ¿Cinco? Intentando dar vueltas y revueltas a las cosas, con versiones chungas de personajes, crossovers, eventos y demás, pero sin dar con la tecla desde que se creó el Universo de Nuevo 52.
Las decisiones malas se siguen tomando día tras día, poniendo como buque insignia de la editorial a Scott Lobdell (guionista no precisamente recordado por su magnífico trabajo en Marvel), hasta llegar al cierre de Vertigo y otras líneas como Dc Zoom o DC Ink, que no llevaban NI UN AÑO abiertas. O sea, aquí el genio decide cerrar su línea de más calidad, pero es que no da tiempo ni a que otras líneas lleguen a arrancar para ver si merece la pena conservarlas o no.
Y todavía esperará que lo vean como a un crack en esto de la gestión.


Aquí Scott Lobdell, responsable de haber convertido a X-Men en una especie de culebrón incomprensible, con incoherencias temporales, personajes horteras surgidos de la nada, villanos chungos, por dar vueltas y revueltas a según qué líneas argumentales sin llegar a nada y por cargarse absurdamente a todo personaje que no le terminase de cuadrar, véase a Mojo, Moira McTaggert, Coloso, Illyana Rasputín, y eso solo mencionando a los primeros que se me vienen a la cabeza.
Posiblemente por esto último Didio ha contado con él. Porque también le gusta cargarse absurdamente a los personajes.


Volvamos a Marvel, que también las ha tenido bien gordas. Si durante la década de 2000 tuvieron una especie de repunte, después del despropósito de Bob Harras al mando, la cosa no ha ido precisamente mejor desde 2010 o 2012 en adelante. La línea Marvel Now, creada precisamente en 2012, pensó en ofrecer una especie de acercamiento al "nuevo público" de la editorial. La influencia del MCU se veía presente... pero con un error que yo consideraría casi de novatos: escuchar demasiado al público.
Frenemos un poco: ¿es malo escuchar al público? No.
Lo que es malo es dejarse llevar por las corrientes y no ser fiel a lo que se quería hacer desde el principio. Marvel está pecando de un exceso de corrección política y parece más obsesionada por callar bocas que por ofrecer buenas historias. Explico un poco esto: cada vez que sale una peli de Marvel, como he mencionado en posts previos, siempre tiene que salir un soplapollas a ver machismo en cualquier escena. En ese momento se monta un revuelo que te cagas, se amenaza de muerte a los directores de las pelis, un nutrido grupo de hijos de hermanos amenaza con un boicot, y Marvel se ve obligado a responder para no quedar muy mal.


"Vaya, ya están protestando otra vez. Pues nada, habrá que cambiar TODA la línea argumental de TODAS nuestras series para que estos tíos que nunca nos han leído estén a gusto".


Error.
¿Que amenazan con un boicot? Adelante: Marvel lleva generando un público fiel desde los años 60 hasta prácticamente el tiempo presente. Que cuatro bocachanclas por Internet vociferen lo que quieran, solo con ese público fiel salen adelante y sin despeinarse.
¿Dónde está el problema entonces? Que Marvel, formando ahora parte de algo mucho más grande (Disney), deja claro que tiene una imagen pública muy en entredicho y tiene que contentar al público de masas sí o sí, de forma que de arriba le deben venir presiones de tres pares de pollas para quedar bien.
Quedar bien, esa es la palabra. Quedémonos con ese concepto en la memoria por un momento.
Un puñado de soplapollas que no saben ni dónde tienen la cara porque no han leído cómics en su puta vida se levantan una mañana diciendo que Marvel no es lo bastante inclusiva y empiezan con la milonga de que Marvel es homófoba, racista, sexista y cualquier día nos salen también con que es antisemita. Ni que decir tiene que precisamente desde los 60 han fomentado la inclusión de personajes de raza negra (secundarios al principio y en cuestión de unos 10 años o menos al timón de sus propias series); personajes femeninos, ni os digo ya; pero es que vamos más lejos: series como X-Men han sido PIONERAS en el tema de la inclusión, precisamente porque su temática es un alegato contra el odio y la discriminación casi desde su mismísimo comienzo en 1963. Desde entonces han desfilado por sus filas personajes de distintas etnias, orientación sexual, religión y hasta dimensión alternativa de procedencia. TODOS CONVIVIENDO ENTRE SÍ.




Solo en las dos primeras colecciones que sacaron (The Uncanny X-Men y The New Mutants) ya teníamos:
Un discapacitado (Charles Xavier)
Un superdotado (La Bestia)
Una africana (Tormenta)
Un alemán católico (Rondador Nocturno)
Un ruso comunista (Coloso)
Una rusa satanista (Magik)
Dos asiáticos (Fuego Solar y Karma)
Una fundamentalista escocesa (Loba Venenosa)
Como tres o cuatro nativos americanos (Los hermanos Proudstar, Forja y Dani Moonstar)
Un mestizo brasileño (Mancha Solar)
Una judía (Kitty Pryde).

Más adelante, el número de asiáticos aumentaría con la nueva Mariposa Mental y Júbilo, o incluso Noriko Ashida e Isako Ichiko. Más adelante aún, aparecerían latinos como Sofía Mantega y Cecilia Reyes, musulmanes como Sooraya Qadir, se añadirían alienígenas como Cereza y Warlock. Seres ya abiertamente deformes como Médula, Gusano, Artie Maddicks o Martha Johansson o Glob Herman.
Y ninguno de los lectores de toda la vida ha salido con polémicas mamporreras.


Pues bien, esto no parece suficiente para el gilipollas de turno que entra a su red social favorita, le oyen campanas y no sabe de dónde y se tiene que empezar a rajar la camiseta para pedir unos derechos sociales que, para el lector medio, ya estaban asumidos desde hace unos 50 años. Empiezan las presiones de un "público" que exige mucho y no da nada a cambio (porque, seamos honestos, esos soplapollas son los que protestan, pero luego no bajan a la tienda a comprarse un puto cómic EN SU VIDA). Disney presiona desde arriba diciendo que esto cómo va a ser, que no veas la que hay montada en un foro de millenials. Entonces toca lo de quedar bien y cerrar bocas: se toma a personajes heteros de toda la vida y por arte de magia se sacan de la manga que siempre han sido gays... cuando lo verdaderamente correcto habría sido crear personajes nuevos homosexuales, bisexuales o lo que se quiera hacer.
Pero no, esto no va de crear personajes del colectivo LGTBI y mostrarlos como lo que son, algo normal.
No.
Esto va de convertirlos en iconos a toda velocidad para que los guerreritos sociales que ni siquiera son lectores ya se crean que han ganado otra causa.


—¡QUEREMOS UN X-MEN GAY Y LO QUEREMOS YA!
—Bueno, os hemos creado a Camaleón y a Karma, que...
—¡PUTA MIERDA! ¡UNO DE LOS ORIGINALES!
—Um, Cíclope está casado. La Bestia actualmente sale con una agente secreto... el Ángel ha tenido meneo con Mariposa Mental...
—¡DADNOS AL HOMBRE DE HIELO!
—Pero si el Hombre de Hielo ha sido pareja de Polaris y de Ópalo...
—¡PUTO HOMÓFOBO!
—Bueno, pues a ver cómo lo explic...
—¡NOS DA LO MISMO, SI NO VAMOS A LEER UN PUTO CÓMIC! ¡SOLO HEMOS DICHO QUE QUEREMOS UN PERSONAJE GAY!


El problema de todo esto es que sí, habrán ganado otra causa, pero no se quedarán satisfechos. Los fanáticos y los ignorantes nunca lo están, y tocará ir a por otra cosa.
Me comentan toda la movida de la Capitana Marvel de la que ya hablé hace un par de posts desde el mundo del cómic. Imagino que no debería sorprenderme lo que me dijeron. Os dejo la transcripción aquí abajo, puede que algo libre, porque tiro de memoria y no suelo tomar grabaciones de las cosas que me van contando:

"Sí, ha habido movida con eso, pero... ¿Tú te crees que se han dado de tortas por la nueva serie de la Capitana Marvel? Pues no. Se han dado de tortas con colecciones que tienen tirón. Esta ha sido otra más del montón. Ni más ni menos".

En resumidas cuentas: de esto se desprende, y no hace falta ser un genio con los números para saberlo, que los que más han exigido al final son los que ni siquiera han comprado nada. Se han pegado como 10 años exigiendo cosas al cómic que ya se hacían. Llevamos desde los 70, por poner un ejemplo, viendo cómo mujeres y afroamericanos toman el manto de otros personajes más clásicos (Iron Man o la Capitana Marvel son un ejemplo muy claro, con James Rhodes y Monica Rambeau, y de ahí hasta Miles Morales, que es latino y responde a un sector de la población más que emergente) y los lectores las hemos ido aceptando sin problemas... la diferencia es que antes Marvel hacía las cosas de un modo bastante natural, con unas líneas argumentales que, sin prisas, acababan llevando a eso. Hoy en día, la impresión es la de hacerlo a la bulla, esperando que se hagan virales en la red y que la gente empiece a hablar con neologismos tipo "inclusión", "visibilidad" y otras chorradas. Lo que yo llamo el efecto "¡EH, CHAVALES, MIRAD LO QUE HEMOS HECHO!"


Por ejemplo, esto. Igual es neura mía, pero en condiciones normales yo veo una serie con total presencia femenina y me parece perfecto (los que me conocéis, sabéis que yo mismo llevo años dibujando una serie así).
Sin embargo, veo una portada como esta y me da la impresión de que me están tomando por imbécil, en el sentido de que parece que me dicen "EH, TÍO, HEMOS SACADO UNA SERIE SOLO DE CHICAS PARA QUE QUEDE CLARO QUE NO SON INFERIORES, ¿A QUE MOLAMOS UN HUEVO?"
O sea: sacar una serie solo de chicas me parece genial.
Lo que no me lo parece es que me la saquen solo con la idea de impresionarme.


Aclaro, antes de que algún imbécil me venga con milongas: no me parece una chorrada que personajes de colectivos tal o cual aparezcan en los comics; de hecho, me parece una señal muy positiva de que las historias avanzan con los tiempos. Lo que me parece una chorrada es que se haga por la puta cara y solo por hacerse los guais, siguiendo terminologías de foros y redes sociales como un puto rebaño de niños tontos, buscando el aplausito fácil.


Y bueno, porque las quejas vienen de los colectivos que vienen.
Yo es que me pongo a pensar que, si mañana los colectivos de fans del scat se ponen en el mismo plan con los cómics, ¿qué sería lo que nos encontrásemos? ¿Cómics con Batman cagando?
¿Que nos conviertan ahora a Lobezno en un devorador ocasional de caca?
¿Que nos creen un nuevo grupo llamado Shit-eat Force?



La cuestión que se deriva de todo esto es: ¿Qué efecto tiene esto? Así visto, y en base a lo que he ido aprendiendo de la gente con la que he estado hablando a lo largo de los últimos días, diría que es una cosa muy básica: las grandes compañías, especialmente Marvel, parecen obsesionadas por satisfacer a un autoproclamado público que lo único que hace es berrear en redes sociales, pero que luego no compra nada... tomando decisiones que hacen que el público de toda la vida empiece a descolgarse de las cosas que se van publicando.
Aquellos que venimos ya de una cierta trayectoria como lectores la mayor parte de los cómics de los que estamos tirando es de reediciones. Y no hablo solo de material clásico de los 60, que es más durillo de leer... me refiero a etapas pre-Marvel Now (hasta más o menos 2012). Antes de que este nivel de gilipollez mental se tradujera en argumentos de chichinabo, que no hacen sino dar vueltas a cosas que llevan años más que finiquitadas, pero que han vuelto a ponerse de moda, bien por las pelis, bien por nostalgia. Hablo del caso de las Gemas del Infinito, que quedó más o menos cerrado antes de 2000 en los cómics... y al que ahora vuelven a darle otra vuelta de tuerca más, cuando no hacía ni puta falta. O una segunda Civil War, que ya había quedado atada en los cómics hacia 2006. Incluso una tercera Secret War de la que, seamos honestos, ya sobró la segunda hacia 1986.
O sea, sagas cuya creatividad roza el CERO.


"¡Como me volváis a meter otra vez el virus del Legado me levanto y me voy!"


¿Hablamos entonces de que no hay nuevas ideas? Como sucede con la moda de los remakes en el cine, personalmente tengo mis dudas. Me niego a creer que, de todos los autores que haya tanto en Marvel como en DC lo mejor que salga sea hacer reinicios o volver a sagas de hace treinta años. Más bien me inclino a pensar que lo que hay es jefecillos inútiles que se creen que por ponerle un nombre nostálgico a algo ya se tienen ventas garantizadas.
"Es que somos una empresa y queremos vender".
Respetable como mantra, pero si queréis vender, aseguraos de que no vendéis mierda.

Por otro lado, estoy siendo muy crítico, pero no quiero pecar de agorero. Precisamente este mantra de querer vender es el que podría salvar un poco todo este océano de caca diarreica. Ya llevo tiempo oyendo mensajes apocalípticos diciendo que al mundo del cómic le quedan dos años de vida (oí eso hace más de quince), o que por culpa del nuevo traje de Power Girl (sin escote, que es una de sus enseñas, le joda al que le joda) se iba a ir todo a la puta.
¿Qué es lo que pasó? Pues que ni el mundo del cómic se ha ido a la mierda y que Power Girl acabaría recuperando su traje clásico. Solo tuvieron que bajar las ventas.
En los primeros párrafos de este tochopost he comentado que Marvel casi se fue a tomar por culo por culpa de las "magníficas" gestiones de Bob "Yo tomé una decisión" Harras y se salvaron gracias a los acuerdos con la Fox y demás. Hoy en día Marvel forma parte de Disney y, lo mismo que van a venir exigiendo un nivel vergonzoso de corrección política y chapitas de hacerse el guai, son los primeros que no van a permitir que las ventas decaigan. Tres cuartos de lo mismo con Warner y DC. Así que quiero pensar que esto es un ciclo y que, tarde o temprano, rodarán las cabezas que tengan que rodar y se apostará por quien se tenga que apostar para que se sigan vendiendo cómics, y por consiguiente, pelis, dvd's, merchandising de todo tipo y demás.


Y anda que no le salió bien lo del merchan a Jim Lee. Aquí el genio se encargó de renovar vestuario de sus pesonajes... para luego tomar la licencia de esos diseños y venderlos a lo largo de todos los putos años 90 para series de animación, juguetes y videojuegos.
Luego no hizo una puta mierda más que merezca ser recordada, pero nada más que de los royalties que se llevó ya se pudo quedar descansando.


Un ciclo, nada más. Recordemos que a principios de 2000, todas esas colecciones y líneas argumentales chapuceras, bien se fueron cancelando, bien se fueron delegando en manos más capaces que supieron cómo relanzarlas y lavarles la cara. Quizás es cuestión de unos años para que el mundo del cómic mainstream no solo no se vaya a la mierda, sino que consiga relanzarse una vez más.
De momento, corren malos tiempos para leer cómics.