miércoles, 30 de mayo de 2012

Tebeos en Vena- La JSA de Geoff Johns




Es curioso lo que son las cosas; en principio este post estaba destinado a ser otro Escupiendo Rabia más; sin embargo, habida cuenta de que me estaba repitiendo en cuanto a temática, más el hecho de que, por mucho que diga nada, la Humanidad (y, más concretamente, la sociedad española) no va a dejar de ser gilipollas del culo, he pensado que mejor cambiaba de tercio. Por tanto, va otra ración de análisis cortesía de la casa.

En el post anterior, pudisteis ser testigos del análisis (más o menos) pormenorizado que hice sobre la JSA o Sociedad de Justicia de América, desde sus orígenes hasta las últimas décadas. En este artículo, el plan es seguir avanzando a lo largo de la colección hasta concluir el volumen segundo. En futuras entregas, tendréis el tercer volumen, más la etapa final, donde concluye la colección.

Dicho esto, arrancamos.
Esta siguiente etapa tiene lugar tras la marcha de James Robinson, dejando al tándem Johns-Goyer al timón de la serie. Si bien el primero, como ya vimos, sentó las bases del regreso del grupo desde el cajón de "cosas viejunas" de DC, sus compañeros de faenas continuarán la labor sin que notemos grandes diferencias en cuanto a la calidad argumental.

Esta etapa consta de nueve arcos argumentales, con extensiones más o menos variables, abarcando un total de unos sesenta números, lo que equivaldría a alrededor de cinco años:

Juego limpio (Fair Play)
El Robo del Trueno (Stealing Thunder)
Savage Times
Los Príncipes de las Tinieblas (Princes of Darkness)
Reino Negro (Black Reign)
Lost
Black Vengeance
Mixed Signals
Ghost Stories.

Esta lista que presento arriba es la de los TPB (Trade Paper Back, o tomos recopilatorios) americanos; en España la catalogación funciona de modo diferente y las sagas más pequeñitas se van agrupando en cada uno de estos bloques, y se irán insertando además algunas aventuras independientes o spin-offs que tienen lugar entre un arco y otro. A lo largo de cada uno, iré desgranando lo que contiene.




Incluyo además una pequeña Dramatis personae para que el personal no se pierda con tanto tío enmascarado:

Centinela/Green Lantern (Alan Scott): Primer Green Lantern, fundador de la JSA y padre de los gemelos Jade y Obsidian, que tuvo de forma inesperada con la villana Espina.

Hawkman (Carter Hall): Reencarnación del faraón Khufu, también fundador de la JSA. Padre de Héctor Hall, antiguamente conocido como Silver Scarab y portador actual del Yelmo de Nabú.

Hawkgirl (Kendra Saunders): Reencarnación de Shiera Hall, esposa de Hawkman. En esta nueva vida, aparece como una joven de diecinueve años con una cantidad de problemas enorme. No termina de ver con muy buenos ojos eso de estar destinada a amar a un tipo al que acaba de conocer.

Flash (Jay Garrick): El Flash original, fundador de la JSA y mentor del grupo. De todos los miembros, es quizás el que presta más atención a los jóvenes y los recién llegados.

Wildcat (Ted Grant): Ex-campeón de los pesos pesados. Miembro de la vieja guardia de la JSA y un auténtico juerguista donde los haya. Ejerce como entrenador del grupo.

Canario Negro (Dinah Lance): Hija de la Canario Negro de la Golden Age y componente tanto de la JSA como de la JLA. Tiene una breve historia con el Doctor Medianoche.

Sand (Sanderson Hawkins): Sobrino de Dian Belmont, amante del Sandman original y antaño conocido como Sandy, el Chico Dorado. Durante mucho tiempo fue compañero de aventuras de este héroe, hasta que un experimento le confinó casi cuarenta años en un tubo de contención. Finalmente fue liberado, pero con ciertas secuelas: es un geomorfo capaz de comunicarse y manipular la esencia de la Tierra, además de poseer sueños premonitorios.

Mister Terrific (Michael Holt): Un tipo cuyo poder consiste en aprender absolutamente de todo, desde física cuántica hasta artes marciales. Antiguo dueño de su propia empresa, la cual vendió tras el accidente que acabó con la vida de su mujer y que casi causa su suicidio. Fue el Espectro el que le convenció para dedicarse a ayudar a los demás.

Doctor Medianoche (Pieter Cross): Cirujano de origen noruego, que se vio implicado en un asunto bastante feo; esto acabó costando la vida de una inocente, su vista y su licencia. Tras esto, decidió seguir los pasos del Medianoche original y se unió a la JSA, donde ejerce además como médico residente.

Doctor Destino (Héctor Hall): Hijo de Hawkman y la Hawkgirl de la Golden Age. Anteriormente conocido como el Silver Scarab del grupo Infinity, Inc., nació sin alma y murió tras convertirse en el Escarabajo de Plata. Cuando la JSA se reunió, éste nació de nuevo para llevar el Yelmo de Nabú.

Atom Smasher (Albert Rothstein): Otro componente de Infinity, Inc. Ahijado del Átomo original y nieto del villano de la Golden Age conocido como Cyclotrón, es un mutante cuyo poder reside en aumentar su tamaño hasta niveles todavía no especificados.



Star-Spangled Kid/Stargirl (Courtney Whitmore): La benjamina del grupo. Hijastra de Stripesy, miembro del All-Star Squadron original. En los primeros números de este volumen, recibe además la vara cósmica de Starman.

J.J. Thunder: Heredero por accidente del relámpago de Johnny Thunder. Posee una pluma en cuya tinta reside el genio Thunderbolt, que concede sus deseos... literalmente.

Black Adam (Teth-Adam/Theo Adam): Primer guerrero al servicio del mago Shazam y antiguo enemigo del Capitán Marvel; sus poderes derivan de seis deidades. A lo largo de este volumen se sabrá más de él.

Power Girl (Karen Starr): Kriptoniana superviviente de la Tierra-2 que fue borrada de la existencia en las Crisis en Tierras Infinitas. Dependiendo de la versión, es nieta del hechicero Arión de Atlantis. Su origen tiende a ser confuso, lo que contrasta con una personalidad altamente segura de sí misma.

Hourman (Rick Tyler): Hijo del Hourman original. Un tipo de personalidad compleja, marcada por una falta de atención por parte de su padre, así como de una terrible tendencia a las adicciones.

Capitán Marvel (Billy Batson): El discípulo más reciente del mago Shazam. Cuando no asume esta identidad es un chico de dieciséis años.




1. Juego Limpio (Fair Play) (números 26-31, según la numeración USA): Sentando las bases.

Retoma directamente lo visto en el tomo anterior. Aquí se muestra el ingreso de Black Adam en la JSA tras haber demostrado su valía al volverse contra la Sociedad de la Injusticia y unir sus fuerzas con los héroes para hacer frente a la amenaza del Onimar Synn. Esta llegada al grupo es de todo menos sencilla, y cuenta con la principal objeción de Atom Smasher, que todavía le ve como a un enemigo.
Encontramos también otros problemas dentro del grupo, como la acomodación de Hawkman, recientemente regresado de entre los muertos y su relación con la nueva Hawkgirl, la cual es un poco reacia a aceptar que éste es su "amor reencarnado". Al mismo tiempo, el Doctor Destino intenta resucitar el cuerpo de Lyta Trevor, la cual se halla inconsciente.
Una vez sentadas esas bases y planteados los conflictos iniciales (además de la lucha por el liderazgo entre un Sand Hawkins que ve su autoridad cuestionada y un Hawkman demasiado acostumbrado a ser obedecido), aparece un nuevo enemigo en acción: la misteriosa Ruleta, que secuestra a parte de los miembros del grupo y los obliga a combatir a muerte entre sí en una especie de casino para villanos.

Pese a lo ridícula que pueda resultar esta idea, hay que reconocer que está planteada de un modo bastante ágil, explotando las habilidades de los miembros precisamente para obligarlos a matar a sus compañeros: de este modo, Mr. Terrific y el Doctor Medianoche se verán forzados a participar en una versión mortal del juego del ajedrez; Black Adam y Atom Smasher tendrán que resolver sus diferencias a golpes en una arena y Sand y Hawkman deberán colaborar entre sí para rescatar a Hawkgirl.

Este arco argumental funciona básicamente como puesta en marcha de un equipo que acaba de consolidarse y que todavía no se ha acostumbrado del todo a que sus miembros colaboren entre sí. La simple idea de que éstos sean capturados con pasmosa facilidad no deja de resultar divertida, recordando levemente al malvado Arcade que conocimos en series de Marvel como Marvel Team-Up o The Uncanny X-Men.

La aventura, además, contiene una pequeña sorpresa en su viñeta final que no es más que un avance acerca de un personaje que aparecerá más adelante (o más atrás, según se mire)



2. El Robo del Trueno (Stealing Thunder) (32-38 USA): Rememorando a Johnny Thunder.

Este tomo contiene un pequeño número independiente, que conecta el arco argumental anterior con el que titula este epígrafe. En él aparecen dos viejos conocidos de la serie Batman y los Outsiders. El primero es Extorsionador, un miembro de los Amos del Desastre; la segunda, una antigua compañera de fatigas del mismo grupo que se hace llamar Nueva Ola. Como no es de extrañar, Batman se verá implicado en este asunto, colaborando con la JSA y haciendo, de paso, una valoración de lo que él piensa que son sus nuevos integrantes.
Este número termina con la unión al grupo de un personaje que será, sin duda, uno de sus principales fundamentales a lo largo de la serie.
Sí, amigos Distópicos. Hablo de Power Girl, una habitual de este blog.
Debe notarse que en la viñeta en que aparece la heroina, Star-Spangled Kid aparece con la vara cósmica de Starman. Esto es una referencia directa a la serie de James Robinson, en cuyos últimos números éste cedía el artilugio a la chica, confiando en que ésta sabría hacer buen uso de él.

El Robo del Trueno, como su nombre sugiere, está centrado en el nuevo portador de Thunderbolt, el joven Jakeem Thunder. En este arco argumental, que coincide con la marcha de Canario Negro del grupo (esto se solapa con la resurrección de su antigua pareja sentimental, Oliver Queen, alias Green Arrow), podemos ver como un Johnny Thunder, que debía estar a punto de morir a causa del Alzheimer, regresa al seno de la JSA. Nada más solicitar una reunión con Jakeem, podemos descubrir que esto no es más que una trampa: Johnny está muerto y su cuerpo lo ocupa el Ultra-Humanita.

El Ultra-Humanita es un viejo conocido de la Sociedad de la Justicia. En su día ya aparecía como uno de los villanos originales de Infiity, Inc. y, antes de eso, del Superman de Tierra-2 antes de las Crisis en Tierras Infinitas. Originalmente venía a ser como la contrapartida de Lex Luthor, pero con el paso del tiempo fue evolucionando a una especie de villano cuya mente iba desplazándose de un cuerpo a otro: la actriz Dolores Winters o una avispa gigante fueron algunos de sus huéspedes más conocidos, aunque sin duda el más frecuente es el de un gorila albino.

Nuestro amigo Ultra, nada más dejar inutilizado al pobre chaval, le roba la pluma que contiene al genio Thunderbolt, recreando el mundo a su imagen y semejanza: una especie de distopía enfermiza (pero visualmente muy atractiva y de corte futurista) en la que prácticamente todo bicho viviente con mallas forma parte de la fuerza de choque del villano. Contra este ejército sólo habrá una esperanza: un pequeño contingente de miembros de la JSA (Power Girl, Jakeem Thunder y Sand), un par de reclutados de última hora (El Capitán Marvel y la nueva Vengadora Carmesí) y un villano: Icicle. Juntos tendrán que unir sus fuerzas contra la que les espera.



JSA: All Stars- Un spin-off para adentrarnos en la personalidad y las debilidades de cada miembro del grupo.

Esta mini-serie engancha, de un modo relativamente independiente, con los acontecimientos previos (tan sólo el hecho de que vemos a Icicle y a su Sociedad de la Injusticia nos hacen pensar que lo que sucede está relacionado con lo ya visto; por lo demás, la lectura es totalmente independiente): aquí un villano que se hace llamar a sí mismo Legado ha apresado a la vieja guardia de la JSA, haciendo que sus nuevos miembros tengan que prepararse, revisando los pecados y errores de sus vidas, y así poder enfrentarse a él.



Savage Times (39-45 USA): Rememorando a los Mr. Terrific y Doctor Medianoche originales.

Este TPB recopila una serie de historias autoconclusivas que ayudan a ver el funcionamiento de la JSA como grupo, así como algunas otras en las que no hay aventuras propiamente dichas, sino que se muestran escenas de la vida cotidiana de los personajes fuera del mundo de las mallas de colores. Así, podemos descubrir algo acerca de la identidad del padre de Jakeem Thunder en "El día del padre", o explorar la relación de Hourman, recién ingresado a filas con su padre, el Hourman original (no explico cómo, ya que se suponía que éste estaba muerto a manos del villano conocido como Extant); en "Amor a golpes" descubriremos a La Bomba, un villano que se dedica a acosar sexualmente a Power Girl... con lo que ello conlleva. Esta historia, bastante más divertida de lo que aparenta, si no ha sido la idea principal que diera el pistoletazo de salida al título dedicado a la heroína... en serio, debería haberlo sido. El tono es prácticamente igual al que más adelante mostrarán Jimmy Palmiotti y Amanda Conner.
El siguiente número está dedicado a Stargirl (cambió su nombre precisamente en el JSA All-Stars) y el Capitán Marvel, que se enfrentarán al nieto de Shadower, el villano que mandó al otro barrio a la señora del Doctor Medianoche original. Crítica social acerca de la seguridad en los institutos y un pequeño avance acerca de sagas que tendrán que venir.
"La Hora Venidera es el siguiente título", que nos pone en danza de nuevo al villano Black Barax (visto anteriormente en un sueño que tuvo Sand y al que un lector no demasiado espabilado igual no le dio demasiada importancia); éste es una especie de viajero temporal embutido en una armadura, que hará que las cosas se compliquen un poco para Mr. Terrific, el Capitán Marvel y Hawkgirl: siguiendo un poco la línea de Robinson, vemos que la aventura nos llevará a encontrarnos con antiguos personajes de la Golden Age de Dc como los luchadores por la libertad o el Mr. Terrific original.
Este viaje temporal concluirá con un viaje al antiguo Egipto, donde los encuentros con otros personajes con solera continuarán: en el lado de los villanos, Vandal Savage y Metamorfo (una encarnación anterior del héroe que conocimos entre los Outsiders o la JLE); por parte de los héroes, Nabú (creador del yelmo del Doctor Destino), Khufu (primera encarnación de Hawkman), su esposa Chay-Ara (primera encarnación de Hawkgirl) y Black Adam (que en esta época se hace llamar Teth-Adam). Esta aventura pondrá de manifiesto la relación entre los dos discípulos de Shazam (Marvel y Black Adam); servirá además para empezar a mostrar un lado humano en Black Adam (haciendo de paso que el personaje resulte bastante más complejo de lo que aparenta) y para asentar relaciones en un futuro. Su conclusión enlaza directamente con la siguiente saga.



JSA/JLA: Pecados y virtudes (Virtue and Vice)- Diversión ilustrada por un gaditano llamado Carlos Pacheco.

En este volumen autoconclusivo se narra una divertidísima historia que cuenta lo que sucede cuando los dos grupos más poderosos del universo DC se reúnen para celebrar una cena de acción de gracias. Al igual que el JSA All-Stars, es de lectura independiente, aunque las alineaciones del grupo nos permiten enmarcarlo en este contexto (más o menos). Eso explica por qué en Los Principes de las Tinieblas el cuartel de la JSA tiene un aspecto diferente.
También podría enmarcarse entre los números del arco argumental anterior.



Los Príncipes de las Tinieblas (Princes of Darkness) (46-55 USA): Mordru ataca de nuevo.

Como trama secundaria, pudimos ver en el tomo anterior que el Doctor Destino había partido hacia Mundogema para buscar una solución al problema con su esposa Lyta. Mundogema, originalmente, era el entorno de la serie mágica Amatista. En esta encarnación, aparece como un lugar bastante desolado y habitado por unos seres que inspiran, como poco, una confianza muy baja.
Prueba de ello es que, nada más empezar este tomo, descubrimos que no es Héctor Hall el portador del Yelmo de Nabú: Mordru, una vez más, le ha arrebatado ese privilegio, y se enfrentará a una JSA que no sabe por donde le llueven los golpes. Para más inri, la que despierta del coma no es Lyta Hall, sino Paloma, a la que creímos ver muerta en La Caza de Extant (las explicaciones, en este tomo). Recién despierta como está, se verá forzada a unir sus fuerzas con el grupo para hacer frente al follón que tienen por delante, ya que Mordru no ataca solo: Obsidian ha regresado de... bueno, dondequiera que hubiese ido a parar cuando fue vencido en Tierra de Tinieblas, con un único propósito.
Adivinad cuál.
Pero las cosas se ponen todavía más feas: si unos números atrás conocimos a Álex Montez (primo de Yolanda Móntez, la Wildcat de Infinity, Inc.), ahora descubrimos que se había unido a la JSA en calidad de conservador de su museo para tener acceso a los diamantes negros. Éstos contienen a la criatura conocida como Eclipso, viejo enemigo del Espectro y un auténtico bastardo donde los haya. Como la cosa va de oscuridad y mala leche, al monstruo con cara de media luna le parece fenomenal eso de unirse a Mordru y a Obsidian. Juntos, no tienen otra cosa que hacer que convertir al pobre Sand en un esclavo sin mente  y liarla parda.
A lo largo de esta batalla, se unirán otros héroes como Dama Fantasma (protegida de la Dama Fantasma original), Canario Negro, el Vigilante de los Siete Soldados de la Victoria, el Rayo y muchos otros. Alan Scott se verá atacado por su propio hijo, llevándolo al borde de la muerte. Sólo la alianza entre Billy Batson (el Capitán Marvel, desprovisto de sus poderes, que no es más que un chaval), Stargirl y The Shade (al que ya vimos en Starman) podría suponer alguna esperanza.



Reino Negro (Black Reign) (56-58 y Hawkman 23-25 USA): Rememorando a Infinity, Inc, al Vengador Carmesí y a la Tornado Rojo original.

Este arco argumental hace referencia a la efusiva dimisión de Atom Smasher durante el juicio de Kobra que pudimos ver en Savage Times, justo antes de que Mordru hiciese acto de presencia. Aquí es muy notable la labor de los guionistas, que se las ha apañado para mostrar de un modo sutil, pero sin pausa, la evolución de la relación entre Atom Smasher y Black Adam, que pasan de odiarse a convertirse prácticamente en hermanos, sin que resulte forzado a lo largo de los números.
Los dos ex-miembros de la JSA han reclutado a algunas almas descarriadas como Northwind y Brainwave, Jr. (antiguos componentes, al igual que Atom Smasher, de Infinity, Inc,), Álex Móntez (que ahora controla a Eclipso) y a Némesis. Esta pandilla, harta de que los demás superhéroes los miren por encima del hombro por no ser tan "guais", deciden unirse para hacer justicia en la tierra natal de Adam, Kahndaq. Si eso implica matar a todo bicho viviente que se les ponga por delante y mearse en el código de honor del superhéroe de pro, adelante. Estos tíos no se andan con tonterías.

Mientras los miembros de la JSA se ponen de acuerdo para ir a cantarle las cuarenta a Black Adam y compañía, más historias autoconclusivas: una segunda Acción de Gracias (al año siguiente a Pecados y Virtudes), y el regreso de la misteriosa Vengadora Carmesí, que parece tener una cuenta pendiente con el viejo Wildcat. Hay también un número navideño que rescata a otro personaje de la Golden Age: la Tornado Rojo original, una señora que se ponía una olla express en la cabeza como si fuera un casco y limpiaba el barrio de escoria (ni que decir tiene que este personaje formaba parte de unas tiras cómicas de cachondeo de los años 40 y que, de algún modo, acabó por formar parte muy, muy secundaria de la JSA. Quizás alguna coña por parte de los autores de la época). La anciana pasará a engrosar las filas del grupo en calidad de ama de llaves.
Este arco argumental supone además la marcha de David Goyer, dejando a Geoff Johns a la batuta.


Lost (59-67 USA): Rememorando al Espectro, al Sandman de Kirby, al Sandman de Gaiman y al Hourman original.

Al igual que Savage Times, Lost agrupa varios números autoconclusivos o sagas cortas. En la edición española se incluye también el cruce con Crisis de Identidad.
En estos números seremos testigos del regreso de uno de los villanos con más solera de la Golden Age: Per Degaton, un viajero temporal que fue el principal detonante de la reunión del All-Star Squadron (antes de la Crisis en Tierras Infinitas) y lo que se dice un auténtico incordio de tío.
También tendremos la minisaga Redención Perdida, que nos devuelve al personaje del Espectro. Éste, como ya vimos, es una entidad que encarna la Ira de Dios, pero necesita un huésped humano para no convertirse en una bestia parda más bestia de lo que ya es. Si bien vimos en su colección que su huésped más famoso, el policía fallecido Jim Corrigan, había pasado a mejor vida (otra vez) en la macro-saga El Día del Juicio descubrimos que su siguiente huésped sería Hal Jordan, el Green Lantern de la JLA. En este tomo, el Espectro anda un poco despistado a causa de un fulano conocido como el Rey Espíritu.

El Rey Espíritu es uno de esos cabronazos que no hay manera de quitarse de encima fácilmente: en su momento fue el responsable de poseer al Flash original para que matara al primer Mr. Terrific. Ahora se dedica a levantar de la tumba a las víctimas del Espectro para torturarlo.
Esta miniserie tiene algunos detalles bastante interesantes, como la conversación entre Terrific y Medianoche acerca de la fe, o el ejercicio gráfico por rescatar a las víctimas más espectaculares de la serie del Espectro de los años setenta, como el pobre diablo que se llevó un tijeretazo gigante por el abdomen o aquel otro que fue convertido en madera para luego quedar convertido en rodajas gracias a las sierras del aserradero en que se encontraba. Destacan también algunas secuencias de flashback a manos del dibujante de la serie del Espectro de los noventa, Tom Mandrake.

El siguiente arco contenido aquí es Despertar a Sandman. Como ya vimos en la batalla contra Mordru, Sand tuvo que fusionarse con la tierra para evitar que ésta se fuese a hacer puñetas. El resultado fue que el muchacho se quedó estancado en alguna parte, sin poder salir. La única manera de hacerlo regresar, por tanto, es internándose en su mente. Para ello, se creará un grupo de rescate formado por el Flash original, Lyta Hall (reaparecida a lo largo de la batalla contra Mordru), Brainwave Jr. (en rehabilitación tras lo sucedido en Reino Negro), Stargirl y Hawkgirl. Todos irán hacia el reino del sueño para conectar su mente, mientras un segundo grupo, integrado por Cave Carson y sus Investigadores de lo Desconocido, Power Girl, Green Lantern, Wildcat, Mr. Terrific y el Hourman original tratarán de encontrar su cuerpo físico. En esta aventura encontraremos dos viejos conocidos de la serie The Sandman: Bruto y Glob. Esto no es en absoluto forzado; no olvidemos que Lyta Hall también formó parte de dicha serie durante un tiempo...
Nótese el detalle de que la indumentaria con la que aparece Sand es la misma que vimos en The Sandman para vestir a Héctor Hall (antes de convertirse en el Doctor Destino); esta indumentaria fue creada por Jack Kirby en los años setenta para recrear a un Sandman (encarnado por Garrett Sanford) que tuvo una duración bastante corta. Esto sugiere una relación bastante íntima, no sólo con la serie de Neil Gaiman, sino que además continúa la referencia que éste hace a Kirby, unificando de paso la trayectoria de los Hombres de Arena.

Fuera de Tiempo es un número que vuelve a recordarnos a Per Degaton y nos devuelve a escena al hijo del Hourman original (el segundo Hourman), del que no volvimos a saber desde quedó atrapado en un "lapso temporal" al final de Reino Negro. Eso o morir con las tripas en la mano. Encontraremos también al Hourman-androide del futuro que conocimos en las aventuras iniciales de la JSA de Robinson, Johns y Goyer, el cual ayudará enormemente en la resolución de la aventura. Hay también referencias (cómo no) a la conclusión de Hora Cero.

Más o menos al final de esta miniserie debería situarse el número que supone el cruce con Crisis de Identidad. No hay mucho que decir al respecto, ya que se limita a completar un poco el marco de esta macro-saga, poniendo de manifiesto que Mr. Terrific y el Doctor Medianoche consiguen descubrir la identidad del asesino de Sue Dibny. El dibujo es de Dave Gibbons, archifamoso por Watchmen, aunque bastante deslucido en cuanto a acabado, si se compara con esta obra.



Black Vengeance (68-75 USA): Rememorando a la JSA original al completo.

JSA/JSA es quizás la saga más importante de este TPB, y supone la reunión de antiguos y viejos miembros para seguir dándose de hostias con Per Degaton. Un viaje hacia los años cuarenta para enfrentarse con el villano temporal supone el reencuentro con personajes que, bien habían dejado la máscara, bien habían muerto en su día. La vieja guardia y la nueva ola. El legado y el futuro.
También supone un cierto acercamiento de Atom Smasher al grupo, cuya reputación se había visto bastante maltrecha después de la batalla de Kahndaq.

Los siguientes números empiezan a enlazarnos, directa o tangencialmente con lo sucedido en Crisis Infinita. A partir de aquí, el grupo empieza a desmembrarse para atender las distintas amenazas que van surgiendo a colación de esta macro-saga. También a partir de aquí, la colección regular se enlaza con su spin-off JSA: Classified, que narra aventuras en solitario de los personajes una vez se han visto obligados a separarse.

Para empezar, tenemos que la muerte del héroe conocido como Blue Beetle causa cierta impresión en la comunidad superheroica; en el caso de este grupo, tenemos que recordar que este personaje (a menudo tenido por un bufón o un héroe de segunda) era bastante amigo de Power Girl; una prueba de ello puede verse en la serie que relata el regreso de la Liga de la Justicia Internacional, a manos de Keith Giffen y J.M.DeMatteis, donde ésta recibe a Beetle y al resto de los "Supercolegas" (nuevo nombre del grupo para evitar problemas de derechos) con los brazos abiertos. La triste noticia de su asesinato vendrá comunicada por dos antiguos miembros de la JLA y la JLE: Fuego y Metarmorfo, respectivamente.
Para proseguir con el follón que se monta a escala cósmica, el Espectro vuelve a hacer de las suyas, esta vez manipulado por la nueva Eclipso (en el cuerpo de Jean Loring, ex-esposa del Átomo de la JLA). Esto supone que la JSA se dirija a Kahndaq, donde la Ira de Dios está actuando para arrebatar la magia de Black Adam en una cruzada contra lo arcano que ya se ha cobrado varias víctimas.
La guerra entre los mundos de Rann y Thanagar, otro de los puntales de esta nueva crisis, aparece mencionada escuetamente en un episodio protagonizado por los dos Green Lanterns en activo.
El Proyecto OMAC hace su particular aportación durante el juicio de Atom Smasher, mostrando un ataque sorpresa por parte de los OMACs sobre la JSA.
Villanos Unidos, el último elemento de la Crisis aparece escuetamente, en una escena anterior en la que el Sindicato del Crimen ofrecía su apoyo a Black Adam y este los mandaba alegremente a hacer gárgaras.


Mixed Signals (76-81 USA): Más sobre Thunderbolt y Mordru.

Este arco argumental nos lleva al grupo a la Roca de la Eternidad (hogar del anciano Shazam) para buscar a Héctor Hall. El método más efectivo, a la par que el más arriesgado, consiste en interrogar a Mordru, que quedó preso en sus paredes en su última batalla contra el grupo. Aquí Jakeem Thunder va a encontrarse con ciertos problemillas: al parecer, eso de hacer enfrentar a su genio Thunderbolt contra Mordru no es precisamente una gran idea, lo que implica accidentes como acabar atrapado en la quinta dimensión, hogar de los genios. Supondrá además el enfrentamiento definitivo entre el hechicero y el Doctor Destino (esta vez sin huésped humano).
El tomo concluye con una historia autoconclusiva protagonizada por Stargirl, cuyo padre reaparecerá en su vida, tras su breve paso por JSA: All-Stars.


Ghost Stories (82--87 USA): Rememorando al Superman y a la Lois Lane de la Golden Age.

La primera historia del Caballero Fantasma,a modo de prólogo, no es más que un recurso argumental para indicarnos que algo ha pasado con el universo tras la Crisis Infinita. No es de extrañar, por tanto, que Power Girl (antigua superviviente de la Tierra-2 del Multiverso original) sea la protagonista de esta historia. Nótese la aparición de una Lois Lane de edad muy avanzada y de un Superman con canas.
Aquellos que conocieron el Multiverso y presenciaron la creación del Universo Único a raíz de la primera Crisis deberían estar arqueando una ceja ahora mismito.

El resto de la saga devuelve a viejos familiares y amigos fallecidos de los héroes, que tendrán que enfrentarse a un Caballero Fantasma que, como poco, hace preguntas muy raras (véase eso de preguntar constantemente por "Wonder Woman"). Nótese también que, en un viaje que Jakeem Thunder viaja al reino de los muertos, se encuentra con "Batman", el cual se supone que está vivo...
Esta línea argumental viene complementada con otra que narra el origen del Caballero, con un tipo de trazado a lápiz coloreado por ordenador que puede asemejarse al 1602 de Marvel o a los números que más adelante dibujaría Simon Bisley para Hellblazer, bajo el sello Vértigo.

Estos números se enmarcan en la línea temporal Un Año Después, que narra los acontecimientos surgidos exactamente un año tras la Crisis Infinita y las cincuenta y dos semanas que siguen a esto (narradas en la serie 52).



Valoración personal:

En primer lugar, tengo que felicitaros si habéis sido capaces de llegar al final de este extenso post. He intentado reducir lo máximo posible más de medio centenar de cómics, procurando tocar los puntos principales de cada historia sin desvelar demasiado de la trama.

Pasando a la parte de valoración personal, como siempre, es el apartado del cual menos tenéis que fiaros: no es más que mi aportación y mi óptica, y quiero que quede claro que esto en caso alguno debería influenciar a nadie en sentido positivo o negativo.

Una vez dicho esto, me pronunciaré, diciendo que estamos ante una serie de calidad narrativa bastante compleja, donde se puede observar un profundo respeto por parte de los guionistas por las series a las que hacen referencia; los personajes resultan coherentes en base al estilo que viene impuesto por DC, sin salirse demasiado del rol que cada uno adquiere en el grupo. Sin embargo, existe cierta evolución en la relación entre éstos (me remito nuevamente al caso de Atom Smasher y Black Adam, o bien la relación entre los Halcones, que parecen algo más cercanos entre sí que al principio).

Las tramas suelen ser ágiles y no andarse con demasiadas contradicciones: si un personaje reaparece misteriosamente, por ejemplo, la explicación no tarda en aparecer, de modo que el efecto "por la cara" generalmente queda reducido. O al menos, queda bastante reducido en comparación con otras series.

Otro notable apartado son los diálogos y los monólogos: es importante resaltar el hecho de que en esta serie ya no aparecen los cuadros de texto en forma de nube para indicar lo que piensa un personaje; el autor, en lugar de eso, le cede una caja de texto y le permite ser el narrador, lo que permite la pluralidad de voces.

La temática es no menos intensa: si bien estamos ante un cómic de superhéroes "mainstream", es cierto también que no se queda estancado en los clichés y se hacen referencias a temas que deberían ser tabú en un cómic que pasa por el filtro de "estupidez para chavales", como muchos adultos tienden a emplear despectivamente ante cualquier cosa dirigida a un público por debajo de los veinte años. No en vano podemos ver cómo se mencionan hechos como la virginidad de Stargirl en la saga del Caballero Fantasma, su supuesta relación "ilícita" con el Capitán Marvel, o la crítica que mencioné arriba sobre la seguridad en los institutos americanos. Hay algún detalle sobre conciencia de género a manos de Power Girl (en el capítulo de La Bomba, por ejemplo) y en el discurso de Wonder Woman en la segunda cena de Acción de Gracias.

El apartado gráfico suele ser bastante sólido, variando poco en estilo; quizás el caso más divergente es el de Peter Snejberg (al que ya vimos en los últimos números de Starman), que aporta oscurantismo a la ambientación. Por lo general, encontramos artistas que detallan bastante las viñetas; su caso más concreto (y quizás más sobresaliente) es el de George Pérez, que se encarga de ilustrar el número referente al primer ataque del Caballero Fantasma (no es casualidad, ya que éste está relacionado con la primera Crisis, que fue obra suya).

Como único apartado negativo, mencionar que la enorme cantidad de crossovers y material adicional pueden dificultar a veces su lectura, produciendo que un lector poco experimentado con la línea DC o con esta clase de referencias cruzadas llegue a marearse un poco, o que tenga la sensación de estar perdiéndose en todo el maremágnum de cosas que están sucediendo detrás de los bastidores. La parte que corresponde a Crisis Infinita puede bastar como ejemplo que ilustre a la perfección este problema.

En resumen, una serie altamente entretenida y que plantea una premisa principal, según se infiere del trato por parte de los guionistas:
Llevar mallas y ser primo de Superman no supone que el público sea gilipollas.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Spanish Bizarro- Expedición a la oficina de Registro de la Propiedad Intelectual



Cosas de las prisas. Resulta que un buen día, a uno se le ocurre enviar a una editorial el manuscrito de la novela más descabellada que ha escrito hasta la fecha (no daré más detalles al respecto de esta, por el momento) pensando que le van a mandar a hacer puñetas. Por si no resultase sorprendente el resultado contrario, resulta que además me piden que les envíe el material CUANTO ANTES.

Existe una máxima entre escritores, escritorzuelos y cagamandurrias de aquí al Lejano Oriente, consistente en no enviar JAMÁS un manuscrito no registrado. Tampoco es que vayamos de paranoicos por la vida, pero nunca se sabe hasta que rincones ocultos y siniestros del Multiverso pueden acabar llegando nuestras obras; y también es evidente que en nuestra sociedad prima la gañanería y el traperío. Por tanto, nunca está de más registrar SIEMPRE tu obra cada vez que vayas, ya no a enviarla a una editorial, sino a sacarla de casa. Di tú que te dejas el manuscrito en el bus y algún hijoputa se adueña de él. Pues para eso están estas cosas.

Para aquellos que no conozcáis de qué va el asunto, el procedimiento de registro en la Oficina de la Propiedad Intelectual es bastante sencillo. Relato aquí los pasos, en forma resumida, para que los Distópicos que acabéis de sintonizar este blog o que acabéis de poner los pinreles en este mundo sepáis como se hace:

Paso 1: Necesitas una Oficina. Sin una, el proceso de registro no tiene la misma gracia. Están los Creative Commons, pero qué queréis que os diga; llamadme rancio o arcaico, pero donde estén los procesos administrativos del Estado/Comunidad Autónoma/cualquier organismo (in)competente, que se quiten las tonterías...

Paso 2: Una vez tenemos localizada la Oficina, tenemos que pasarnos por allí en persona (o autorizando a algún esbirro en su defecto) con nuestra copia impresa, encuadernada, paginada y firmada tanto en su primera como su última página.

Paso 3: Fotocopia del DNI (en la misma Oficina, si tienen el día enrollado o si han visto tu mejor foto de perfil en Facebook te la pueden hacer)

Paso 4: Se rellena un impreso

Paso 5: Se paga una tasa (¡Fundamental!) que asciende a poco más de 12 pavos.

Listo, ya tiene usted su obra registrada.


Fuck yeah!


Pues nada, allí que estaba yo esta mañana: para evitar cualquier posible historia o accidente, el plan era salir de casa antes de las nueve para pillar la Oficina de registro recién abierta. Como ya había tenido previamente algún problemilla con el tipo de la papelería de mi barrio (no os confundáis, es un tipo fenomenal, pero su ordenador siempre anda con algún virus que se acaba contagiando a mi USB portátil), decidí imprimir y encuadernar las trescientas y pico páginas en el centro, a escasos cien metros de la Oficina.

Llegas a la copistería, situada en plena Alameda Principal, en un edificio señorial de estos, tela de bonito. Hay hasta un patio de entrada que conecta con una tienda de pastelitos vintage de esos que están tan de moda y que tienen pinta de ser un clavo de cojones (cupcakes, que los llaman). Una vez en el interior del establecimiento (la copistería, no tenía ganas de que me sablearan la cartera a esas horas), descubres que no hay NADIE tras el mostrador.
Yuju, bizarrismo a las nueve de la mañana, piensas.

Echas un vistazo a tu alrededor y descubres que el fulano encargado del garito no está tras el mostrador, pero anda por ahí. Una tienda en la que, generalmente, hay casi media docena de personas currando (no bromeo, he estado allí cada vez que he ido a registrar un manuscrito), se encuentra con un sólo señor, con más cara de estar capeando la adversidad que Gary Cooper en Solo ante el peligro.
El tipo en cuestión se encontraba explicando a una señora de mediana edad, cara de despistada y acento de la Europa del Este, cómo se manejaba un cacharro que tenían ahí para visualizar e imprimir fotos. La señora, que bien podría haber sido extraída directamente del s.XIX, o bien tener una mentalidad tan afín a las máquinas como la mía, se las estaba viendo y deseando para entender el trasto. En ocasiones como esa, lamento que la cámara de mi móvil no sea del todo buena, porque verla enfrentándose al terrible ratón del aparato estaba alcanzando tintes épicos.

Cosa de casi diez minutos después, me atiende Gary. Me pregunta que qué deseo, le enseño el USB y le digo que es para imprimir. El tío coge la memoria portátil y la coloca en uno de los chorrocientos ordenadores que tienen (mientras me aburría esperando, llegué a contar unos seis monitores, sólo en el mostrador en el que estaba yo). El tío se plantifica delante de uno de los equipos, y se pone a cerrar ventanas de error que había en el escritorio.
Me digo que no tiene por qué ser nada malo, pese al hecho de que algunos de los mensajes dicen que no se encuentra una .dll.

Que no cunda el pánico.


Más de un minuto después, compruebo que el colega está teniendo unos problemones de órdago para elegir la impresora que va a utilizar. Lo único que ha podido conseguir, de momento, es saber el número de páginas que ocupa mi manuscrito.

-Trescientas sesenta y siete-dice; pronuncia el número como una letanía. Yo me pregunto qué pasaría si hubiesen sido seiscientas sesenta y seis.

Una vez pronunciado El Número, se levanta y me dice que tiene que "Hablar con Personal" para preguntar por el precio. Coge el teléfono y llama a una Entidad Desconocida que debe hallarse, bien fuera del edificio, bien en otra planta, bien en algún Plano Paralelo.
Y esto para preguntar por el precio de una puta copia.
Personal (a quien me imagino como una especie de criatura como un Cenobita de Hellraiser o algo así) informa del precio y el tío me lo comunica. A mí me parece todo lo bien que me puede parecer gastarme la mitad de la paga de una tarde de curro en darle al botón de una impresora.

Después de mi conformidad, el tío se pone manos a la obra.
O lo intenta.
Parece ser que no termina de aclararse con el ordenador y empieza a darle vueltas al programa. Hay que joderse, yo pensando que sólo había que darle al botón donde pone Imprimir y resulta que hay que hacer más cosas. Lo mismo Personal le está vigilando y amenaza desde El Otro Lado con despellejarlo a ganchazos limpios si no cumple el Protocolo.

- Voy a cambiar de ordenador- me dice. La segunda técnica más empleada del mundo cuando un ordenador se te pone chulo, después de reiniciar. Imagino que como tenían montones de equipos conectados, no querría perder tiempo arrancando aquel en el que estaba.

Estaba de espaldas a mí, pero imagino que su cara, si no era como esta, debía ser algo parecido.
También podía estar fingiendo para mantener una sensación de orden ante el caos informático más absoluto.


Entretanto, la señora del Este sigue peleándose con el aparato de las fotos.
El resto de pantallas también tienen sus curiosas ventanitas que informan de la carencia de algún archivo de biblioteca virtual. Valientemente, el copistero las cierra, ignorándolas como si fueran mosquitos.
Han pasado casi quince minutos desde que plantifiqué el pie en la tienda y todavía no le ha dado al puñetero botón de Imprimir.
Por fin, después de un par de murmuraciones que bien podrían ser invocaciones a Cthulhu por lo bajinis, parece ser que el equipo se pone en marcha. Me voy para el mostrador donde se encuentra la impresora que está utilizando y empleo los casi diez minutos en ver cómo los folios impresos van saliendo de la máquina a un ritmo que me suena a tema de los Nine Inch Nails, o bien de los Tool. Algún grupo de esos.

La mujer del Este ahora mismo se encuentra levantando el ratón en el aire y usando su mano como alfombrilla; al parecer, no confía en la solidez y la horizontalidad del mostrador. El copistero se acerca a ella, ganándose mi admiración. Ha estado peleando con valentía en varios frentes a la vez: mientras estaba intentando entender cómo funcionaba la lista de impresoras a elegir, se ha levantado al menos dos veces para atender a la señora, que parece estar a punto de descubrir el Misterio de la Santísima Trinidad en los botones de la pantalla táctil del cacharro.

- Ochenta fotos van, por el momento- le dice el tipo. La señora sonríe y yo tengo mis dudas de que se haya enterado bien de lo que le ha dicho.
Cachúm-Cata-Chum, hace la impresora a mi lado.

Alrededor de diez minutos después, el copistero se materializa ante mis narices y me dice una frase, que no sé si espera mi opinión o mi aprobación:

- Esto debería haber terminado ya, ¿no?
- Supongo- respondo. La verdad es que no estoy al corriente de la velocidad de esos trastos. De hecho, ni siquiera estoy al corriente de la velocidad la impresora de mi casa.
- ¿No habrá hecho dos copias?

Y yo mirándole con esta cara.


Llegados a este punto empiezo a plantearme buscar la grapadora que tenga más a mano. Como pretenda cobrarme el doble por una impresión que ya sale por una pasta, se la carga.
Los Hados me escuchan (o igual sienten compasión por el copistero) y unos segundos después, la impresora cesa su cacharreo. Echo un vistazo al manuscrito mientras el hombre intenta resolver el desaguisado con la mujer, que creo que ha conseguido contactar con su familia desde el visualizador de fotos. Me descojono con las más de trescientas páginas que he vomitado a lo largo de los últimos cuatro meses. Cuando el tío vuelve, le pido que me encuaderne el mamotreto. Hago una fotocopia de mi DNI, pago y me largo, pensando qué clase de copistería cuenta con gente que tiene menos idea de ordenadores que yo (lo cual es muchísimo decir).
Sigo preguntándome por el aspecto de Personal.

Avanzo unos metros y me meto en la Oficina de Registro de la Propiedad Intelectual.
Para los que no conozcáis la de mi ciudad, os diré que se encuentra en un callejón en pleno centro. Hasta aquí, nada especial; lo más inusual es el hecho de que se encuentra en una tercera planta y que, en la planta baja del edificio hay una fonda.
En la puerta pone "Pensión".
Para mí es una fonda.

Por fuera el edificio no resulta ni la mitad de siniestro de lo que es por dentro.
Creedme.


Entras en el vestíbulo, agradeciendo que hayan quitado de una vez los andamios que hacían que el cartel de la Junta de Andalucía fuese invisible. Pese a ello, todavía ves algunos escombros y manchas de pintura en el portal. Al fondo, la fonda. La distingues por la puerta de madera, cortada por la mitad, de modo que aunque esté cerrada, ves el interior.
Al más puro estilo años cincuenta.
Conforme te acercas, puedes ver que la fonda es una casa antigua, del tipo que puedes ver en algunas pelis de Almodóvar: con muebles antiguos, fotos antiguas y una señora antigua que ejerce como bonito elemento decorativo. De todas las veces que he ido, he podido ver que la señora jamás se mueve de su puesto en un sofá orejudo; es más, no se mueve, a secas. Hoy, sin embargo, me ha parecido advertir que la buena mujer ha levantado un poco la cabeza cuando he entrado.
También puede haberse debido a un efecto de la luz.
Es posible incluso que se haya movido un poco a causa de alguna ventosidad o estertor.

No me he fiado nunca de los ascensores. Menos de aquellos que parecen un portón metálico que sobresale de entre una pared llena de desconchones, y de la que brotan algunos tubos-tráquea de aspecto cochambroso. Si hay que palmar, por favor, que sea en campo abierto, armado y con tus enemigos a la vista, si es posible.
Las escaleras, pues.
¿Cómo definir las escaleras del edificio de la Oficina? Sencillo: la construcción es bastante señorial, y puedes ver hermosas vidrieras de colores en los rellanos. Los suelos son de mármol. Y los pasamanos, de madera.
Hasta aquí, la parte bonita.
Si a esto añadimos el hecho de que los desconchones abundan más que las ladillas en un burdel, que los pasamanos están gastados, que las vidrieras están rotas y que a través de ellas ves un patio a pique de derribarse, o que las puertas que te encuentras a tu paso están ajadas, astilladas y probablemente conduzcan a algún submundo lleno de oscuridad y tinieblas, tienes el decorado perfecto para una peli de terror. Y de las que acojonan.
Almodovar se encuentra con Balagueró.


Siniestro, pero siniestro de verdad.

La puerta del penúltimo piso es el final del viaje; más arriba, el decorado se vuelve aún más siniestro: desde el rellano, puedes ver una puerta hecha pedazos salpicada de pintura. Podrías subir a echar un vistazo, pero no quieres hacerlo. No sabes por qué, simplemente tu instinto te dice que mejor te ciñas a lo que has venido a hacer.
El interior de la oficina es el de un antiguo apartamento del edificio. En el rellano de entrada hay algunas mesas, en las que se encuentran los impresos que tienes que rellenar. Aparentemente, algo medianamente normal, a menos que mires hacia la mesa que hay al fondo del vestíbulo: justo por encima de ésta, en la pared, se encuentra un cajetín en el que se supone que está el cuadro eléctrico. Alguien, en un arranque de siniestra devoción, lo ha adornado colocando estampas de santos. Encima de éste, además, hay una planta, semejante a una enredadera, junto a una pequeña botella.
La etiqueta reza que se trata de alguna especie de aceite. No me fijo de qué clase, pero parece que se trata de algún tipo de linimento natural aromático. No resulta nada tranquilizador, al lado de las postales con la jeta de San Antonio y sus colegas.
¿Habéis visto REC?
Sólo deciros que, si en un momento dado, me sale la Niña Medeiros de alguna habitación, me lo creo.

"Hola buenas, vengo a registrar mi manuscrito yo también"
Y, aunque no os lo creáis, las escaleras se parecen bastante.


Una vez allí, me instalo en una de las sillas. Con las prisas por imprimir y registrar a toda velocidad, me he olvidado del minúsculo detalle de que las páginas tienen que ir numeradas. Por tanto, ya os podéis imaginar la tarea que me toca.
Exacto.
Tengo que coger un boli y ponerme a escribir el numerito, a mano, de las trescientas sesenta y siete páginas del manuscrito.

Una vez realizada la operación, relleno el impreso. Firmo por duplicado.
Me presento en el interior de la oficina, donde la funcionaria me atiende, seria pero amable.
Me pregunta si he registrado alguna vez antes.

- Claro- respondo.

He estado allí al menos media docena de veces, registrando cuatro novelas; una de ellas, dos veces. También, un pequeño cómic que presenté a un concurso hace eones. Sí, más o menos me suena cómo va el proceso.
La funcionaria me pregunta si he cambiado de teléfono. Respondo que no; no, al menos, después de empezar a registrar mis obras. Ante eso ella me pregunta si mi número termina en una cifra concreta. Le digo que no; al parecer ha habido un error.
He estado allí media docena de veces y nadie lo había notado.


Un Fantasma en la Máquina.
O bien, otra prueba de que la tecnología me odia.


En cuanto la mujer introduce los datos en el ordenador, me pasa las tasas que tengo que pagar en el banco. Amablemente, me despido y bajo hacia la calle principal del centro. Me meto en la sucursal y, para mi sorpresa, descubro que está prácticamente vacía. La primera vez que sucede esto en todas las veces que he ido a pagar la tasa de registro: hasta entonces, había montones de señores en traje haciendo gestiones de vete a saber qué tipo y un sinfín de jubilados que se pasan por allí para echar las horas muertas y ver que, efectivamente, la crisis no se ha llevado su dinero hacia algún paraíso fiscal.
En menos de dos minutos, estoy pagando la tasa. La otra mitad de mi sueldo de ayer se termina de ir por el retrete. Acabo de gastar exactamente la misma cantidad de dinero que gané ayer, y me digo a mí mismo que es conveniente. Una medida de seguridad. No tiene por qué pasar nada, pero mejor ir sobre seguro.

Vuelvo a la oficina, y presento el resguardo con el sello del banco que demuestra que, efectivamente, he pagado. La funcionaria termina de introducir los datos y saca de la impresora los resguardos definitivos, que indican que la novela ha sido registrada.
Dicen que la peor burocracia de Europa se encuentra en Francia; por lo visto, allí los trámites administrativos son infumables.
Yo firmo el impreso por sixtuplicado.

Salgo de la oficina, rumbo a la parada de autobús que me lleve a casa. Son casi las once y todavía me queda prepararme para un examen que tengo mañana. Paso por delante de la copistería y me sigo preguntando si la señora del Este seguirá ahí, peleándose con el visualizador de fotos.

lunes, 7 de mayo de 2012

Spanish Bizarro- El Pueblo que Merecía Morir, o Regreso al Pasado



Esta historia, tan verídica como la anterior en esta sección, tuvo lugar hará por 2002 o tal vez 2003. Corrían tiempos diferentes, en un mundo algo menos encabronado por la crisis financiera mundial y esas mierdas que parecen haber convertido nuestras vidas en una miseria.
Por aquel entonces, yo todavía no había ingresado en las filas de aquella banda de rock (¿rock?) en la que estuve tocando durante casi cuatro años; sin embargo, mi contacto con el mundo de la música ya venía siendo constante desde hacía bastante tiempo. Prueba de ello era el detalle de que, desde los veinte hasta los veinticuatro formé parte del staff del grupo de mi viejo. Fueron años bastante alegres, cargados de anécdotas y experiencias como para detener un carro.
Una de ellas es la que paso a relatar por aquí.

Antes de que cualquier persona nacida en un entorno no urbano se me cabree y empiece a hablarme de las interminables ventajas de la vida rural por encima de la vida en la ciudad, quiero que quede muy claro que este post no es en caso alguno un ataque a la gente de provincias, sino una descripción acerca del modus vivendi en una localidad en concreto, donde reinaba el bizarrismo y la falta de la hospitalidad que sí recibimos en otros pueblos. En resumidas cuentas, esta historia lo que cuenta es las vivencias en un pueblo en el que, casualmente, había mucho cretino junto.

Vamos allá:
Si el mundo de las letras os parece duro, queridos Distópicos entregados en cuerpo y alma a eso de la escritura, probad con eso de sacar adelante vuestro propio grupo musical: pensad en la pasta que os cuesta el equipo, más el alquiler de un local de ensayo. Imaginad la de horas de discusiones con otros miembros del grupo por eso de venir a ensayar o por miles de asuntos más. Intentad haceros una idea de lo que es mover lo que hacéis en un mundo jodidamente competitivo, donde la empresa discográfica, en cuanto a eso de ignorar al prójimo, hace que el mundo editorial parezca una niñita con trenzas. Pensad, aquellos amigos escritores, que si las relaciones humanas no son vuestro fuerte, siempre podéis no presentar públicamente vuestro libro, o bien podéis pasar el trago de vez en cuando; con un grupo lo suyo es que, una vez tengáis un repertorio medio decente, estéis dando bolos en bares, baretos, tugurios, antros de mala muerte, tascas, barbacoas, alguna que otra boda o incluso verbenas de pueblo.

Centrémonos en esto último.
Cuando curras para la Diputación, como el caso que estoy mencionando aquí, los señores encargados de la parte de festejos y demás aseguran haber oído tu maqueta y, en base al estilo que tocas (desde polka hasta death metal) aseguran mover tus eventos en sitios donde la acogida sea, como mínimo, aceptada. Dicho de otro modo, tienen sus informes de población y demás y no colocan a un DJ de música house en una localidad cuya edad media ronda los cincuenta años.
Eso, la teoría.
En la práctica os digo lo que pienso.
Una mierda.

En una de estas llamadas Rondas de Conciertos, nos tocó desplazarnos a una localidad situada en plena serranía de Ronda. No mencionaré explícitamente su nombre, pero me limitaré a decir que cierto beato nació allí.
Pues nada, allá que fuimos.
Cargamos los bártulos (batería, amplificadores, instrumentos y bocatas) en la furgoneta y nos pusimos a tomar la carretera. Olvidaos de esa imagen pintoresca y romántica en plan road movie del músico en la carretera. En realidad es un puto coñazo; especialmente cuando la carretera tiene más curvas que la anatomía de Power Girl y eso de la vía asfaltada con dos carriles parece convertirse en una puta utopía.

Otra excusa para poner un dibujo de Power Girl.
Debilidades que tiene uno.


Según el mapa, el pueblo debía encontrarse a unos 130 kilómetros de mi ciudad natal. Eso, traducido en carreteras tipo "Camino de cabras de la tercera edad", se traducía en interminables horas de meneos por la montaña. Meneos y más baches que la economía nacional. Eso sí, en contacto con la naturaleza, oiga. Tan en contacto que no veías NADA alrededor que no fueran piedras, árboles, matojos y las montañas alrededor. Que sí, que muy bonito, pero cuando llevabas hora y pico en ese plan estabas ya hasta los cojones de todo.

Y nada, por fin llegamos al lugar.
Lo llamo lugar por llamarlo de alguna manera.
Imaginad una colina. No un monte ni una montaña. Una puta colina.
Ahora imaginad que en la ladera de esa colina a alguien se le ocurre levantar allí cuatro casitas.
Una vez situadas esas cuatro casitas, alguien con mucho aprecio por los lugareños decide llamarla "pueblo". No aldea, ni pedanía, ni agujero perdido de la mano de Dios. Pueblo.
Con dos cojones, y de los gordos.

Así de grandes, por lo menos.


El "pueblo" como tal consistía en UNA calle que bajaba en pendiente (pronunciada de cojones, eso sí) hasta lo que debía ser la plaza central. Si la calle era tan estrecha que hubo que doblar los retrovisores de la furgoneta para poder entrar (y os juro que no exagero, por un momento nos vimos teniendo que bajar los bártulos a pie desde la entrada), la plaza no es que fuera un ejemplo de ostentación en lo que a planificación urbanística se refiere. Para que os hagáis una idea, podía tener el tamaño de un McDonald's de estos de carretera por dentro. De la zona para críos o los aledaños por donde pasa el McAuto, iros olvidando.

Llegamos, vemos el plan y lo primero que pensamos es: "¿De verdad la Diputación ha considerado que la música del grupo encaja con este pueblo?" Un vistazo rápido al personal, sin necesidad de forjarse demasiados prejuicios (cualquiera que tuviésemos se vio confirmado o desmentido a toda velocidad), despejó cualquier duda: unos viejos conocidos de la orquesta comarcal estaban dándole al pasodoble cosa mala mientras los viandantes estaban dándolo todo a ritmo de Paquito Chocolatero, subidos en una especie de construcción hecha de obra que formaba parte de la misma plaza. Por encima de nuestras cabezas, farolillos y banderitas. A nuestra izquierda, la barra.

Es preciso que describa un poco más del lugar, ya que tuvimos ocasión de verlo por fuera cuando nos enseñaron nuestras "dependencias" para pasar la noche allí (esas dependencias eran un cobertizo que se usaba para guardar leña y algunas herramientas y, a juzgar por el plan que nos encontramos nada más llegar, el que usaban algunos miembros selectos del pueblo como picadero). Desde allí, había una visión clara de nuestro objetivo musical.
De hecho, la "visión clara" la podíamos tener incluso a menos distancia.
Según mis cálculos, aquello debía tener unos 200 habitantes (en la Wikipedia descubro que son 278; lo que me sorprende es que aparezca en Internet): apenas cuarenta casas (encaladas al más puro estilo rústico, pero no en plan bonito como Frigiliana. Cuando digo "rústico", digo "RÚSTICO". A lo bestia), una iglesia, algo que parecía ser un colegio, la plaza... y ya está. ¿Habéis visto Bienvenido, Mr. Marshall? Pues como eso, pero décadas después y sin ningún aditivo artificial.
No es que uno sea tan subnormal como para esperarse un Telepizza en cualquier rincón del mundo, pero creo que entre ser un urbanita y adorar un agujero excavado en la ladera de una colina hay un término medio.
Un término medio del tamaño del puto Empire State, si os digo.

Os juro que entre estoy y lo que viví las diferencias eran escasas.
Jodidamente escasas.


Volvamos a ese momento en que pisamos la plaza del pueblo. Nada más bajar de la furgoneta, el cantante del grupo pega un salto sobre el adoquinado local (literalmente, adoquinado. Estos tíos parece que el asfalto, el hormigón y el cemento todavía no habían pillado lo que era). Justo en ese momento, es interceptado por un ser (me niego a llamarlo humano) que se llamaba a sí mismo Lloni. Este criaturo se fue para nuestro colega y lo primero que le soltó fue algo así como "Ehiótoi'nkargaod'ejto", lo que traducido a una lengua humana se podría entender como "Perdonad, amigos, me han dejado al cargo de esto, ¿puedo ayudaros en algo?"
Teniendo en cuenta que, probablemente ese argumento era mentira (o bien que la autoridad competente era tan suicida como para dejar a cargo de algo a un tío cuyo cociente intelectual debía ser el mismo que el de una lata de anchoas), el cantante del grupo hizo lo que cualquier persona medianamente normal hace cuando se encuentra un ser de estas características por la calle: pasó de él y se fue directo a los de la orquesta, que acababan de hacer un descanso.

Al rato apareció un fulano, que debía ser el encargado de cultura de la zona. Eso o "Maestro de Festejos"; creo que el Renacimiento Europeo, de haber pasado por allí, lo había hecho de puntillas. Este tipo, que guardaba un siniestro parecido con Ron Perlman (y muy especialmente, en su papel como Salvatore en El Nombre de la Rosa, al muy cabrón le faltó saludarnos diciendo "Penitenciagite"), se puso a hablar con los del grupo, mientras los demás echamos un vistazo al plan que nos rodeaba: en esos momentos, los chavales del pueblo estaban representando una obra de teatro (algo así como un sainete cómico), rodeados del personal, que se descojonaba allí sentado en sillas de madera y mimbre.


Quitadle la sotana y la roña. Ponedlle una camisa y unos pantalones y lo tenéis.


Montamos el equipo, pasando un poco de todo, y centrándonos en lo importante: tocar.
Cuando se preguntó por la hora en la que mi gente se subiría al escenario, Ron Perlman no dijo gran cosa; al parecer había un programa más o menos fijo y los invitados tocarían los últimos. "Bueno", dijimos. No parecía haber demasiada gente en el pueblo, así que el festejo no debía durar demasiado.
Nuestras putas ganas.
La pesadilla no había hecho más que comenzar.

Fueron al menos dos horas más de pasodobles continuos por parte de la orquesta. Se debieron tocar los grandes éxitos de hace más de sesenta años al menos tres veces. Perdonad mi falta de rigor al respecto, pero mi resistencia al pasodoble se viene abajo cuando han pasado más de cuarenta minutos. A partir de ahí, todo es difuso.
Lo más acojonante fue el momento en que la orquesta se bajó del escenario, porque fue dejar de tocar y, de buenas a primeras, TODO EL PUTO PUEBLO desapareció en un margen de unos diez minutos.
Olvidaos de Stephen King.
Olvidaos de cualquier leyenda que hayáis oído acerca de desapariciones en masa.
Esto fue jodidamente real y lo vivimos en nuestras carnes: allí no quedaba ni Dios. En una peli de nazis ves a la gente evacuando más despacio ante un bombardeo.

Así quedó aquello, salvo nosotros y el tío de la barra.


Tras unos cuarenta o cuarenta y cinco minutos de la más pura desolación, la orquesta dio un segundo pase (o segundo desde que estábamos allí; a veces pienso que estaban allí desde por la mañana tocando el mismo repertorio una y otra vez) y, mágicamente, los lugareños salieron de sus casas y, como si fueran autómatas movidos por mecanismos de relojería, se agarraron a la cintura de sus señoras y prosiguieron el pasodoble.
Yo no sé cuánto tiempo más tarde, la orquesta volvió a bajarse y los lugareños, una vez más, desaparecieron. Lo que pensábamos que había sido algo casual, descubrimos, debía ser la costumbre local. Hospitalarios de cojones, los tíos.

En una de éstas, sometido por el aburrimiento más bestial (como digo, la resistencia mental al pasodoble de un servidor tiene un límite, y lo había sobrepasado con creces hacía horas), fui a buscar a alguno de los míos: allí estaba el cantante del grupo hablando con alguien, cuya edad parecía ser inferior a los sesenta años, y superior a los trece. Esa extraña franja de edad que, por algún motivo, escasea en lugares así.
Fui a sumarme a la conversación, justo mi colega coge y suelta "Bueno, adiós", dejándome con el tipo al que acababa de ver por primera vez. Diez segundos de cháchara y entendí por qué.
El fulano en cuestión parecía ser una especie de versión más joven del Lloni que he mencionado antes. En esta nueva encarnación de la Entidad Lloni, parece ser que había un componente más subversivo y rebelde: el tipo vivía fuera, en un pueblo costero (y, por ende, civilizado) y tenía un grupo. Hasta aquí, bien.
Si os digo que el grupo atendía al curioso nombre de Amputación Social, entenderéis por qué el cantante de mi grupo había salido por patas en el momento en que tuvo la menor oportunidad de quitarse de en medio.
Al parecer, ni siquiera contempló la posibilidad de que esa oportunidad fuese yo.
Hay que ser cabrón.



"¡Esto no quedará así! ¡ME VENGARÉEEEE!"


El tío estuvo dándome la murga un buen rato hasta que, por algún motivo, me soltó que quería ir a cambiarse de ropa, que no estaba cómodo con lo que llevaba (supongo que unos pantacas cortos y una camiseta debían parecerle demasiado formales, no sé); sin más historias, desapareció y yo ya andaba buscando una caja de paracetamol. Una entera para mí solo. Mi segundo objetivo era buscar al cantante del grupo y convencerle para que se subiese al escenario en algún momentillo en que no hubiese nadie tocando. La caída libre de unos veinte metros, sobre un redil de ovejas que había allí abajo, se antojaba como la justa venganza por definición.

Una media hora después o así, estaba yo sentado en una de las sillas de madera junto a mis viejos, cuando aparece el de Amputación Social con otros pantalones cortos y otra camiseta. Un cambio radical de imagen, dónde va a parar.

- Ya me'éh cammbiao- rezuma su garganta, mientras el nota se agarra el paquete, espero que para colocárselo.

Mis viejos me miran con los ojos como dos platos, como preguntando de qué conozco yo a ese. Yo me sumerjo en el mimbre de la silla, como pidiendo que por favor no me pregunten.
Mucho después, tras más pasodobles, se nos acerca una niña con el traje típico andaluz, una banda con la bandera española colgando del costado que la identifica como la Miss local de ese año y una ristra de papeles.

- ¿Queréis participar en la rifa?
- ¿Qué se rifa?- pregunto yo, pensando que aquello no puede ir a peor.
- Un pavo y un chivo- responde la niña, demostrando cuán equivocado estaba.

La cara que puse fue más o menos como esta.


Tras la rifa (todo un acontecimiento social, como pudimos comprobar), tuvo lugar un bingo.
Sí, amigos Distópicos.
Un bingo. Doscientas almas a las tantas de la madrugada con su cartoncito.

Tras la rifa, nueva desaparición y nueva resurrección colectiva tras una última ronda de pasodobles. Al terminar, comienza el apoteosis: los fuegos artificiales.
Volvemos al concepto de término medio que mencioné arriba: al saber que no se trata de la capital, uno es consciente de que no va a ver el despiporre pirotécnico de media hora al que estamos acostumbrados en la urbe. Algo más modestro era lo que entraba en la mente de cualquiera.
Definimos "modesto" aquí.
PUM.
Dos minutos.
PAM.
Dos minutos.
PUM PUM.
Otros dos minutos.
ZIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII, piruleta giratoria de fuegos artificiales, de estas de peli rancia.
Aplausos.

Como esto, pero del tamaño de un molinillo de viento de estos que se compran los niños y unas veinte veces menos espectacular.


Te compras un par de cohetes en los chinos y le metes en la boca a lo que tenían estos tíos.

Casi a las cinco de la mañana, se sube mi gente a tocar.
Tampoco hablamos de los Metallica, sino de un grupo de tendencias algo mas light, entre el pop y el rock, que en otros pueblos no había sido mal acogido del todo; como mucho, la gente a la que no le gustaba la actuación torcía un poco la boca, pero ya está, sin más incidentes. Pues no terminan de tocar la primera canción cuando, desde lo alto de la calle, a la altura del único bar del pueblo, empiezan a escucharse silbidos. Ni uno a menos de veinte metros.
Repertorio a la mitad. Algo rueda calle abajo. Imaginaos mi cara cuando veo que ese objeto es un tomate. Los lugareños, cual fundamentalistas del pasodoble y mostrando toda su educación y respeto, se tomaron como algo personal boicotear el concierto de apenas tres cuartos de hora que nos habían mandado llevar. Según entendimos, en SU pueblo NO se tocaba otra cosa que no fuera pasodoble. Y AY de aquel que se atreviese a llevar la contra al Pensamiento Único. Y la manera que tenían de demostrarlo era esa, por medio de la increpación y el cachondeo masivo, al que sólo ellos parecían verle puta gracia (me pregunto si estos seres se tomarían las cosas con tanto sentido del humor si no jugasen en casa y les lanzasen un tomatazo en el centro de la ciudad. Igual se sentirían discriminados por sus orígenes o vendrían con cualquier zarandaja del tipo "yo también merezco un respeto... aunque no lo demuestre con nadie que no sea de mi pueblo"). 


Para mí, más bien, se comportaron como estos. La única diferencia es que los lugareños que yo vi tenían el pelo de la cabeza más corto, más largo el de la cara y vestían trajes con chaqueta y florecillas en la solapa.

Uno de los que venía con nosotros casi se fue para aquella masa de Neandertales para preguntarles cuál era su puto problema y por las razones acerca de las cuales consideraban divertido lanzarle fruta a alguien. Por suerte, le dije yo que ni se le ocurriese. Solo faltaba salir de allí expulsados por un frente de linchamiento popular.
Así acabó la cosa en aquel lugar; ya cerca del amanecer, recogimos, nos fuimos a sobar y, a la mañana siguiente, abandonamos aquel puto pueblo de mala muerte. Ahora entendíamos por qué el beato aquel se largó de aquel lugar para no volver en su puta vida. Y si no era por eso, nos jugamos el cuello a que debía ser por algo similar a lo que vivimos nosotros. No es de extrañar que pusiésemos pies en polvorosa al día siguiente con una promesa en mente: el día que volviésemos allí, sería para reducirlo a cenizas y pasar a cuchillo a todo bicho viviente.
Y ni que decir tiene que, como cogiésemos al cabrón de la Diputación que nos mandó allí, se enteraría de lo que es el dolor.