Resulta jodidamente irónico, cuando no contradictorio, que en una cultura como la nuestra, donde TODO el mundo se queja de cómo se va a tomar por culo la cultura, donde NADIE ve tele exceptuando los documentales de la 2 (o al menos, eso dicen las encuestas a pie de calle) y donde las librerías se abarrotan cada vez que palma un Benedetti, luego te encuentras actitudes opuestas. De esas de las de patada en la boca a cualquier cosa que rezume algo medio cultural (a lo que llaman "pedante") o directas blasfemias.
Con este párrafo introductorio quiero dejar claro que no me voy a poner ni pedante ni tuercebotas, ni voy a empezar a arremeter contra la llamada "literatura de entretenimiento", la cual considero digna y necesaria, ya que no todo tiene por qué ser Marcel Proust, ni puta falta que hace. Contra lo que voy a arremeter (y aquí ya podéis ir cargando los ladrillos y las antorchas, si os sale de los huevos) es esa subcultura del garrulo, del ignorante. De ese que va de no sé qué coño va, pero que luego tiene los santos cojones de ir diciendo que una figura como Quevedo es "una puta mierda porque hoy en día nadie lee un libro suyo".
Ojo, no estamos hablando de gustos. Los gustos, usando el término demagógico por definición que medio país de catetos usa para justificar la barrabasada más gorda que puedan parir, son como los ojetes y cada uno tiene el suyo. Por tanto, si a uno le gusta la mierda, pues oiga, en su derecho está, como está en su derecho de no gustarle algo exquisitamente escrito.
No, no van por ahí los tiros. Van precisamente en el momento en que alguien se cree que porque un libro no vende o porque hoy en día no es leído, se convierte en mierda. Nos sueltan no sé qué gilipollez de que un libro tiene que ser acorde con su tiempo y no sé cuántas mongoladas más y se quedan descansando. Sentando cátedra y dando lecciones a gente que oye, igual tiene más idea de literatura que ellos. Principalmente porque algunos de esos "ellos" hasta la han estudiado de forma intensiva, a manos de profesionales que les han orientado y usando documentación académica que, bueno... les ha enseñado cómo funciona la literatura, más allá del subjetivo y maniqueo "Me gusta/ no me gusta".
"Tolkien no sabía escribir porque metía muchos adjetivos. Y como a mí los adjetivos no me gustan, pues eso. No sabía".
Aquí es donde entra la labor del filólogo, figura insultada, menospreciada y ridiculizada por el paleto de a pie, que se cree que un filólogo (de la rama que sea, clásica, hispánica, anglista) es un tío que se dedica a leerse libros mientras se saca pelotillas de la nariz y que lo único que hace es apuntar lo que le ha molado de un libro, para luego comparar notas con otro que hace exactamente lo mismo. Algunos de esos "genios" que se creen el puto Dios por haberse leído un libro y haber entendido que la M con la A se dice "MA" incluso son capaces de decir que la Universidad de la Vida te enseña más sobre literatura que lo que te puedan enseñar en cualquier facultad de este puto planeta.
Resulta contradictorio, sí... que esos mismos sean los que vengan hablándonos de cultura y luego sean capaces de menospreciar de esa manera a gente que se dedica profesionalmente a los estudios literarios. Gente sin formación alguna (no hablo ya de la universitaria, ya que hay muchas formas análogas de estudiar la literatura que van surgiendo en los últimos años) que viene dando lecciones a quien sí la tiene, desde la más absoluta ignorancia y con una prepotencia que, digan lo que digan, yo no he visto por parte de los filólogos en la puta vida y, creedme: filólogos he conocido a unos cuantos a lo largo de mi puta vida. Gilipollas que van dando lecciones a filólogos, unos cuantos más.
Lo que sí me parece curioso es ese concepto de la Literatura que se tiene en general: si un señor se va y le da lecciones de medicina a un médico, por lo general la sociedad lo llama (como poco) subnormal y lo pone al nivel cultural de un vidente televisivo. Lo llama chapucero, estafador y gañán. Dicen que se aprovecha de la gente y que miente como un bellaco, hablando de lo que no sabe.
Con la Literatura (la cultura, oiga, una de las grandes preocupaciones del tuercebotas de a pie, que se rasga las vestiduras en el momento en que ve un "Hoyga" en una red social, y que al mismo tiempo te cita a Shakespeare -o eso cree- con una facilidad pasmosa, pero luego dice en petit comité que El Quijote es una puta mierda "porque se aburrió al leerlo"), si nos fijamos, no pasa así: pegas una patada y salen unos quinientos reseñistas de libros que en su vida no han leído más que los libros que les regalan para reseñar. Estos seres escriben artículos basados en impresiones personales, carentes por completo de argumento alguno que respalde sus tesis e incluso mintiendo deliberadamente acerca de las obras que están analizando. Convierten el análisis literario (una disciplina que tiene bastante miga) en un chapucero "Me gusta, lo recomiendo", digno de páginas de fandom sobre cine y otras payasadas más. O de esos que te sueltan la gilipollez máxima de "Es que la calidad de una obra literaria es algo subjetivo y no puede cuantificarse". Dicho de otro modo, "Justifico mi total y absoluta ignorancia con respecto a los estudios literarios defendiendo lo mucho que me gusta una cosa y sentando cátedra con ella, sin argumento racional alguno que respalde lo que digo". Y con eso, oiga, da la puta casualidad de que se sientan en el trono de Lo Incontestable y se ponen a la altura de gente que se ha pasado años estudiando eso que ellos, con cuatro ratitos (literales, cuatro) de sentarse delante de un libro o un relato, ya se creen que conocen.
Pero tienen su derecho a expresarse y a nadie les parece que estén mintiendo.
"¿Cómo? ¿Que lo que más destaca de Harry Potter es su uso de múltiples narradores en primera persona? ¿Pero tú te has leído los libros, pichita?"
"No, ES QUE ES MI OPINIÓN".
Si hablamos ya de esos concursos literarios en los que el jurado no tiene cojones de explicar por qué un relato o texto ha ganado un premio, más allá del "a mí me ha gustado, por tanto está bien", o esas reseñas pactadas entre autores e infladas, poniéndose a la altura de yo no se qué autor que lleva toda su puta vida escribiendo, es cuando vemos el concepto que tenemos de lo que es la Literatura (elevada o no) y de lo que nos importa realmente leer (o, más fuerte aún) escribir un libro.
Nos llega, por ejemplo, el demagogo subnormal de turno, diciendo que el libro está para venderse y que, si se compra, es bueno. Mis cojones, por esa regla de tres, cualquier imbecilidad que venda es buena y no es una estafa. Por ejemplo, las pulseritas terapéuticas aquellas con imanes que decían que lo curaban todo. O las putas bayas de Goji. O lo que sea que lleve una campaña de marketing medio en condiciones. Cualquier cosa de esas se ha considerado "estafa" con el paso del tiempo, pero libros que no tienen ni pies ni cabeza o ediciones cargadas de faltas de ortografía se llaman "obras maestras", solo porque a algún gilipollas se le ha debido ocurrir patentar lo de "Pero es que a mí me gusta". Y con eso, damas y caballeros, ya está todo justificado. Con ese argumento aprendido en jueves ya tenemos perfecto derecho a decir que los que estudian cómo funciona la literatura no tienen ni idea de nada. Ya podemos ponernos por encima de la gente que ha estudiado y que se ha partido los cuernos para sacarse una puta carrera de letras (las grandes despreciadas de la historia, porque "solo valen para dar clase", como si dar clase fuese una labor menor - curioso, porque ahora TODO el puto mundo se pone de parte de los docentes en plena época de recortes-, o como si no hubiera carreras de ciencias -tales como las Matemáticas- que no estuvieran principalmente orientadas a la docencia) precisamente para llegar a eso.
Hoy en día, si escribes y no te llaman el Stephen King español, no eres nadie.
Porque el objetivo de todo autor(zuelo), por lo que se ve, es parecerse a otro.
Viva la personalidad y abajo el criterio de comparar a alguien con los demás, preferentemente si vienen de fuera y ganan pasta.
Quizás nuestro concepto de "cultura" no es más que una puta fachada. Hace algún tiempo, el que sería mi coordinador de doctorado me contó una vez que España es uno de los grandes consumidores de libros, pero que luego se demuestra que la gente cada vez lee menos. ¿Cómo se come esto, entonces? La respuesta que me dio fue doble: por un lado muchos de esos libros que se sacan al mercado no son para consumo patrio: hay editoriales que sacan tiradas muy grandes, que luego exportan a Latinoamérica, con lo que eso de "Se han editado tropecientos mil ejemplares de no sé qué" no siempre se traduce en que el fulano español de turno se los meta por las córneas. Por otro, el concepto de libro como objeto para fantasmear: según este planteamiento, mucha gente en nuestro país ha tenido por costumbre comprar libros simplemente para lucirlos en las estanterías, pero no pasar de ahí. Yo mismo puedo poner el caso de una vecina que tengo que, no es que la mujer no tenga costumbre de leer: es que no sabía, simple y llanamente. Pues ahí que estaba la señora, comprando enciclopedias y novelas... y, podéis llamarme pesimista si queréis, pero sospecho que no es un caso en absoluto aislado. No el que haya gente analfabeta en este país, claro (para mí cada vez son menos), sino de gente que hace eso, lo de comprar libros simplemente para parecer más "culto".
Nos damos cuenta de que el libro como tal ha perdido su valor como objeto cultural para limitarse al rollo hipercomercial en el momento en que alguien gana un Planeta o un autor medio reconocido pasa a mejor vida. A partir de ahí, nos damos cuenta de que TODO Cristo era megafan de ese tío, aunque escribiese poesía existencialista con reminiscencias metafísicas y nadie tuviera ni guarra de lo que iba el asunto. Aunque no sacasen una edición en condiciones de sus obras desde hacía unos cuantos años. Ahora, como sucede con la música, todo se convierte en "Se nos va un grande, descanse en paz". Todo son citas (o supuestas citas) de sus poemas y sus obras. Todo el puto planeta se sube al carro para parecer más molón, para parecer que lee y que, por ende (me encanta esta asociación) es más inteligente. Las grandes superficies, para no ser menos, se hacen eco de esta demanda y compensan la oferta de gilipollez crónica con "Especial fulano muerto", poniendo los libros del susodicho a mitad de precio en un stand especial para que se vea bien. Así unos parecen más cultos y otros, más comprometidos.
Y ninguno pasa de la fachada y la pose.
Vemos esto en casa de alguien y nos meamos en los pantalones, asumiendo que ha leído TODOS estos libros y, no solo eso: asumimos además que los ha entendido y negamos la posibilidad de que, de entre todos esos libros, pueda haber mierda concentrada y sin adulterar.
Porque si tienes muchos libros en el salón para que todo el mundo los vea eres primo hermano de Dios.
Te tienes que reír cuando ves cómo el personal empieza a compartir de forma viral por Internet citas atribuidas a no sé qué autor. Te pones a investigar (porque eso es lo que suele hacer alguien con un mínimo interés) y te das cuenta de que no es que el autor no dijese eso tal cual; es que no hay escritos suyos por ninguna parte en los que se reconozca que dijese algo ni parecido. Día sí y día también ves cómo una caterva de subnormales e hijos de puta (para mí no tienen otro nombre) mutilan y sodomizan el nombre y la obra de autores que llevan siglos siendo un referente con imbecilidades new age, cursis y cargadas de un vitalismo tan falso que no se lo cree ni el soplapollas que la escribió. El caso más flagrante, en el momento en que veo cómo alguien sube una supuesta cita de Walt Whitman, de un poema que no me termina de sonar. No he leído demasiado a Whitman (yo no tengo problemas en admitirlo). No más allá de lo que estudié de su poesía en la carrera, que fue un poco en plan genérico, junto a otros "muermos de esos" (como los llaman algunos) como Emily Dickinson, Edith Warthon o Joy Harjo... Pero me puse a investigar, nada más que por deformación profesional.
Os vais a mear con el resultado.
No es que el poema como tal no existiese: lo que había hecho algún hijo de la grandísima puta fue coger uno de los poemas más famosos del autor (Song to Myself), añadirle en mitad del poema la estrofa cursi-soplapollas y ponerle otro título. Lo que viene siendo un acto de mutilación y cara dura de los de cagarse. Algo similar a coger la obra de Jane Austen y meter escenas de zombis por medio aprovechando que la mujer y sus posibles herederos están criando malvas desde hace siglos para que no puedan defenderse, solo que dejando solo el nombre del autor.
Supongo que este meme de Cuantarazon os parecerá gracioso.
Lo es.
Más gracioso es darnos cuenta de que este se pilla al vuelo porque está hecho para ser pillado al vuelo. El 99% de las citas falsas la gente se las come dobladas y se queda con lo de "Uy, qué bonito", sin pensar en que pueden estar quedando como unos putos ignorantes al compartirlas de un modo tan alegre.
Pero allá cada uno.
"Para gustos, los colores", esa es la defensa standard.
Lo más triste en realidad no es que se hagan citas falsas, si nos fijamos. Lo más triste de todo esto es la ignorancia. Que todo el puto planeta las comparta con el pretexto de "Lo que importa es lo que se diga, no quién lo diga", sin comprobar que lo que están es difundiendo una puta mentira (que puede que a la gente de a pie no le importe, pero para algunos nos parece una simple aberración), demostrando que no saben nada del estilo del autor al que citan, y encima justificándose con chorradas. Meándose en autor y obra, y de paso en todo aquel que les diga "Oye, que no sé quién no dijo eso". Porque ahora resulta que TODO EL PUTO PLANETA sí sabe más de literatura que cualquiera que la haya estudiado o que se dedique a ella, ¿sabéis? El chiste es que esos mismos que se pasan el día compartiendo estas gilipolleces se rasgan las vestiduras cuando se enteran de que lo de los famosos perritos de la perrera de Mónica son un bulo desde el puto 2008 y se sienten estafados por haber difundido una noticia falsa con su mejor intención. Cojones, mentira una, mentira la otra. Porque, seamos honestos: mucho difundir lo de los putos perros, pero a ver cuántos han llamado de verdad para darse cuenta de que es un bulo. Y si lo han hecho, coño, ¿cómo es que nadie va diciendo por ahí "Oiga usted, que yo he llamado y me han dicho que es mentira"?
Los pobres cachorros, "a punto de ser sacrificados desde 2008" o por ahí.
Una de dos, o es un bulo o es para apadrinar cachorros zombis.
Y ya he dicho muchas veces que entiendo que os guste la puta moda zombi, pero asumidlo de una santa vez y madurad, coño: los zombis no existen, os pongáis como os pongáis.
Es por eso por lo que tengo que reírme de la ignorancia supina del personal. De ese que va por la vida intentando convencerte de que es culto, de que sabe de lo que está hablando; del que te viene dándote lecciones sobre cosas que tú mismo has estudiado y de las que normalmente no alardeas porque, joder, para ti son parte de lo que eres, y si estás satisfecho con ellas, no necesitas restregárselas a nadie por la cara como hacen todos estos desgraciados.
Sí, me río y podéis llamarme irrespetuoso si os sale de los cojones, ya que tengo asumido que lo haréis (es una de las defensas cutres más básicas al respecto). Más faltas de respeto veo que tiene mucha gente a diario hacia la cultura, de la cual dicen lamentarse porque la estamos perdiendo, y a los que la hemos estudiado en profundidad (no es una cuestión de sentirnos superiores que tenemos los filólogos, es un puto hecho, como es un puto hecho que un botánico estudia las plantas en profundidad o un físico las leyes físicas) parece que nos tiene que gustar por cojones.
Así que al próximo palurdo que no sepa ni hablar, de esos que no sepa ni dónde tiene la cara pero que venga dándome lecciones en plan Jesucristo en lo alto de la montaña, me venga diciendo que en la Universidad de la Vida le enseñan a uno a entender la literatura (o la ciencia, o las leyes o la ingeniería o lo que sea) mejor que en un sitio donde hay profesionales que te orientan (no hablo ya de Universidad, hablo de cualquier sitio donde haya una mínima formación, que puede ser un instituto o donde sea), le voy a preguntar si también enseñan a comer nabos. Porque eso es lo que le voy a pedir que me coman, a ver si, como ahí se aprende de todo y se sabe más que todo bicho viviente también tienen una puta cátedra de eso.


























