Está uno tan tranquilo en su casa y de pronto ve cómo, de buenas a primeras, a uno de los buques insignias del cómic contemporáneo le da por hacer que se nos atraganten los chococrispis. Cómo no, hablo de Alan Moore, conocido cariñosamente por un servidor como El Pelos, La Pelusa Viviente o Ese de las Ojeras. El amigo Alan, para aquelllos que no lo conozcáis, es el señor que revolucionó el mundo del cómic mainstream (o sea, rolletes tipo Marvel o DC) con obrazas de un peso tan gordo como Watchmen, V de Vendetta o, más recientemente, con The League of Extraordinary Gentlemen. El Pelos también es conocido por lo que los que andamos más metidos en el tema de leer cómics entendemos por "Cabreos de Alan Moore". Esto es, lanzar unos Escupiendo Rabia de cagarse y poniendo a la industria a parir. Pero no a parir en plan normal, sino a parir elefantes africanos con dos cabezas.
Más allá de su evidente falta de tacto, hay que reconocer que el señor Moore parte de razón tiene cuando despotrica cosa mala contra el mundo editorial mainstream: él es el primero en denunciar cómo las editoriales son las primeras en quedarse con los derechos de obras que han sido concebidas por sus creadores y convertirlas en franquicias comerciales, que explotan sin mucha cabeza. No contentos con ello, sigue denunciando este autor, son de los principales responsables en transformar las tiendas de cómics en jugueterías y mearse alegremente en los conceptos originales de obras creadas con no poco esfuerzo por autores que se han llevado poco o nulo reconocimiento. Por ello, según él, no sería de extrañar que cualquier día de éstos veamos fiambreritas para ir al cole con un Rorschach impreso en ella. A los lectores que nos tomamos el cómic como una faceta literaria más y no como una excusa para disfrazarnos o hacer cualquier otra cosa que no sea leer y disfrutar de la lectura.
Que sí, que esto es divertido e incluso mola.
Pero NO es sinónimo de leer un comic.
También tenemos que decir que, si bien Moore ha sido el autor más conocido en poner a caldo a compañías tan gordas como Marvel o DC, no ha sido el único: otros artistas han salido del armario de autores puteados y declarando públicamente su descontento contra editores, que poco o ningún respeto han tenido hacia los creadores, como el caso que expuse hace algún tiempo de Paul Jenkins. Entonces, ¿dónde está el problema con Moore? ¿En qué consiste exactamente su ida de olla?
La ida de olla, queridos Distópicos, consiste en partir de ese principio razonable y llevarlo al extremo, pegándose tal meada fuera de tiesto que deja locos a propios y a extraños. Me refiero, cómo no, a artículos como el que soltó para The Guardian el pasado 22 de Noviembre, y cuyo enlace dejo por aquí:
Para aquellos que no habléis anglosajón contemporáneo, voy a ir pasándoos un poco lo que va soltando el caballero y desgranando mi opinión personal al respecto:
Como forma de empezar, el Extraordinario Caballero empieza arramplando hostias limpias contra las adaptaciones cinematográficas de cómics, como si fueran el mal, con la frase "My main point about films is that I don't like the adaptation process, and I don't particularly don't like the modern way of comic-book film adaptations, where, essentially, the central characters are just franchises that can be worked endlessly to no apparent point. In most cases, the original comic books were far superior to the film", que traduzco como: "Mi principal argumento acerca de las películas es que no me gusta el proceso de adaptación y, en particular, no me gusta la forma moderna de adaptar comic-books, donde, básicamente, los personajes principales solo son franquicias que pueden ser explotados sin fin sin razón aparente. En la mayoría de casos, los cómics eran muy superiores a la película".
"La peli estaría bien si hubiesen puesto esa escena que me gusta en el ángulo exacto del tebeo. Por tanto, como no es igual, es PUTA MIERDA PINCHADA EN UN PALO y ahora no respiro porque estoy muy enfadado".
Analicemos esto:
Nos has jodido, Alan, has descubierto América. Ahora parece ser que una adaptación, según el señor Moore (el cual, por cierto, se negó a ver la adaptación de Watchmen sin darle una oportunidad siquiera, y diciéndole a su director que "Se negaba a ver esa puta mierda", "fucking shit" en el original) debe ser EXACTAMENTE igual que el cómic original, escena por escena, so pena de convertirse en una "adaptación pobre"; dicho de otro modo, se convierte en el adalid de la profesión de autor de cómics (lo cual está bien) para dedicarse a dar a entender que la profesión de director de cine (el que dirige la adaptación en este caso) es básicamente hacer lo que viene puesto en el papel y sin aportar un ápice de su punto de vista personal. Parece que el Caballero se olvida de que las adaptaciones son eso, adaptaciones... y que no solo se han hecho adaptaciones libres de cómics, sino de obras literarias, de musicales e incluso de obras de teatro. Como buen inglés, debería saber que las obras de Shakespeare han sido adaptadas de forma muy libre incluso desde sus orígenes: ya en el s.XVII teníamos los "folios" y los "quartos", donde había distintos borradores de una misma obra y que, por razones de tiempo o cualquier otra, se adaptaban en el escenario. Esto ha sucedido a lo largo de los siglos, y sigue pasando: hoy en día nos metemos a ver un Shakespeare en un teatro y las modificaciones están ahí (si no, a ver quién es el guapo que se traga un Hamlet de más de tres horas y pico). Eso es parte del proceso creativo y de adaptación, le guste al señor Moore o no. Y los cómics (o mejor dicho, sus cómics, porque sus cabreos vienen por lo general de ahí, cuando se le toca lo suyo) no son ninguna excepción.
Otra cosa, claro está, y en esto tiene razón, es cuando se coge, se adapta algo y se zurre en mierda contando algo que no tiene ni pies ni cabeza y que encima pervierte la idea original. Pero oiga, caballero, que esto no sucede solo en las adaptaciones de (sus) cómics: sucede con novelas, con cuentos (que valiente pasada se pegaron con Hansel y Gretel, Cazadores de Brujas) o incluso con personajes históricos, que han sufrido dudosas "versiones ficticias" (véase el pobre Abraham Lincoln y la cosa esa con vampiros).
Resumo con lo de siempre. Lo que estamos viendo en una película es una ADAPTACIÓN. El que quiera el texto original, que coja y lea.
Lo hemos dicho una y mil veces: una cosa es adaptar y otra zurrir en mierda. Dar por hecho de que ambas son lo mismo hace un flaco favor a autores y directores.
Pero lo más fuerte de este artículo y el asunto que más me interesa resaltar proviene algo más adelante, tras una extraña disertación acerca del pensamiento mágico y referencias a Jacques Derrida. Si bien reconoce que es importante que la gente tome influencias de autores anteriores, pero que tengan su propia voz (otro planteamiento que nos descubre América, como si esto fuese una declaración puto reveladora en lugar de ser algo más que asumido por alguien con dos dedos de frente), va el genio y nos suelta esto:
"I haven't read any superhero comics since I finished with Watchmen. I hate superheroes. I think they're abominations. They don't mean what they used to mean. They were originally in the hands of writers who would actively expand the imagination of their nine-to 13-year-old audience. That was completely what they were meant to do and they were doing excellently. These days, superhero comics think the audience is certainly not nine to 13. It's nothing to do with them. It's an audience largely of 30-, 40-, 50-, 60-year old men, usually men. Someone came up with the term graphic novel. These readers latched on to it: they were simply interested in a way that could validate their continued love of Green Lantern or Spider-Man without appearing in some way emotionally subnormal".
Traduzco:
"No he leído ningún cómic de superhéroes desde que terminé con Watchmen. Odio a los superhéroes. Creo que son abominaciones. No significan lo que solían significar. Originalmente estaban en manos de autores que expandirían activamente la imaginación de su público de entre nueve a 13 años. Esto y nada más que esto es para lo que fueron creados y lo hacían de manera excelente. Hoy en día, los cómics de superhéroes ya no están hechos para gente de 9 a 13 años. No tienen nada que ver con ellos. Es un público de 30, 40, 50 o 60, generalmente hombres. Alguien vino en un momento dado con el término "novela gráfica". Estos lectores se aferraron a él: simplemente estaban interesados en un modo de justificar su amor continuado por Green Lantern o Spiderman sin parecer de algún modo emocionalmente subnormales".
Si os gusta esto, que sepáis que sois todos subnormales.
Porque Alan no lo ha leído y vosotros sí.
Es en este punto donde el señor Moore tiene un 1% de razón y un 99% de hipocresía barata al soltar esto, por no decir que es el insulto padre a la gente que le ha dado de comer durante décadas. ¿Por qué? Para empezar, porque aquí el caballero terminó con Watchmen en 1987, no hace dos meses. Desde entonces ha habido no una, sino varias generaciones de autores de cómics que han hecho cosas muy dignas sobre el género de superhéroes y que él, como no lee, pues ni sabe de qué van ni leches en vinagre, pero bien que se dedica a insultarlos de esta manera. Doble combo, si pensamos que esos "subnormales" de 40, 50 o 60 años son gente que, al igual que un chaval, se gastan dinero en comprar cómics. Incluso tienen mayor poder adquisitivo que éstos y ayudan a sostener la industria que tanto odia Moore, pero de la que tanto se ha beneficiado. Dicho de otro modo, para él el cómic de superhéroes parece ser una especie de ghetto para chavales y gente que no ha madurado. Los que tienen cerebro se leen otras cosas. Como las suyas, por ejemplo.
Esta primera frase, viéndola en este contexto, suena a "Desde la revolución que yo mismo causé en el mundo del cómic todo lo que se ha hecho es puta mierda. Y no porque lo haya visto, sino porque lo digo yo y os calláis todos, que no tenéis ni puta idea". Si hubiese leído a otras grandes estrellas de la talla de Grant Morrison, Mark Millar o Warren Ellis (casi todos, creadores de historias de superhéroes posteriores a 1985 que se han convertido en mitos y revoluciones del género por derecho propio) igual cambiaría de opinión. O igual no, porque a testarudo a este no lo gana nadie.
Y todo esto sin contar con que parte de una visión totalmente trasnochada de los cómics. Eso de "Son para niños o para tontos" es la visión que se tenía del formato, nada menos, que en los años 50. Unos poquitos de litros han llovido desde que esa concepción cambió.
Y todo esto sin contar con que parte de una visión totalmente trasnochada de los cómics. Eso de "Son para niños o para tontos" es la visión que se tenía del formato, nada menos, que en los años 50. Unos poquitos de litros han llovido desde que esa concepción cambió.
The Authority, según el principio de Moore, es un cómic para subnormales.
Pues claro que sí.
La parte más hipócrita viene justo en el momento en que tiramos de bibliografía y nos damos cuenta de que Alan Moore, que lleva siglos diciendo que "Los superhéroes ya no tienen nada que contar", ha escrito series de superhéroes DESPUÉS de Watchmen: pongo el caso de las temporadas en que estuvo en Image Comics ya bien avanzados los 90, escribiendo guiones para series tan superheroicas como Youngblood o WildC.A.T.S o incluso llevando sus propios títulos, como en el caso de Tom Strong. Incluso ha llegado a escribir cosas de Superman, de forma más o menos paralela a su obra cumbre (en 1986, poco antes de que John Byrne le pegase al personaje uno de los lavados de cara más famosos de toda su trayectoria)... ¿Escribía el amigo Moore entonces para niños de nueve años, o directamente estaba insultando a su público y escribiendo, tal y como él dice, "para subnormales"?
Más gracioso resulta el hecho de que sea justo él quien nos venga con el rollo de que la obra es del autor y que nadie más debería tocar una creación, porque se convierte en una franquicia que pervierte el concepto original y bla, bla bla... y él mismo, precisamente, sea el que ha revisado (muy bien, por cierto) a personajes como La Cosa del Pantano, tomando una idea original de manos de otro autor (Len Wein) y haciendo lo que le salió del forro de los huevos con el personaje. Y no es el único caso: en The League of Extraordinary Gentlemen encontramos que mete mano a personajes literarios que tienen más de cien añitos y, con mucho arte, sabe enmarcarlos en un contexto que recuerda bastante al superheroico (lo único es que no llevan supertrajes, pero como concepto no tienen mucho que distanciarse de los agentes de S.H.I.E.L.D o la interesante The Authority. En Watchmen su intención original, casualmente, era coger los personajes de Charlton Comics y comprados por DC como protagonistas de su historia. Fue DC la que le dijo que, para escribir algo tan oscuro, casi traía más cuenta que les cambiase el nombre y un poco la pinta. Es por eso por lo que las similitudes entre Rorschach y Question son más que una mera coincidencia, por poner un ejemplo. Entonces, ¿qué estamos diciendo aquí? ¿Qué él SÍ tiene derecho a toquetear personajes de otros a su antojo y los demás no? ¿Es que el señor Moore, por bueno que sea, puede permitirse el lujo de cambiar el concepto original de una serie o colección porque él es mejor que los demás?
"Porque yo lo digo, ea".
Este artículo, además de mostrar una coherencia cero por parte del autor, a mí personalmente me hace pensar que el señor Moore cuenta con todos mis respetos como autor (las obras que ha parido para mí son más que suficientes), pero que como persona está dejando muchísimo que desear. Un autor que está metido en el mundo profesional demuestra una falta de educación tremenda con declaraciones de este tipo, por "sincero" que pretenda ser. Un autor que demuestra tal desprecio por el público que le ha dado de comer durante años (y que, a diferencia de muchos otros de menor renombre, ha podido permitirse el lujazo de vivir de lo que escribe) deja muy claro un punto de vista que, aunque tiene puntos razonables, como ya hemos comentado arriba, es extremista a más no poder, basándose en el odio y el desprecio no solo a sus lectores o al mundillo editorial. También insulta desde el desconocimiento y la más absoluta ignorancia a compañeros de trabajo que, igual no son ÉL. Igual no van a revolucionar la literatura. Igual no van a tener una estatua en yo no sé dónde... Pero igual es que ese no es el objetivo, señor Moore: no siempre hay que andar contando El Sentido de la Vida en una historia, bajo amenaza de parecer que se escribe para idiotas. A veces una historia es entretenimiento y, de lo que cuenta, puede que la mayor parte de cosas ya estén vistas.
Ante eso puedo decir dos palabras, que solía decir mi profesor de literatura:
¿Y qué?
¿Acaso, como ya hemos visto, todo ha de ser original y revolucionario? Ya que presume usted de tantos conocimientos literarios, le recuerdo que grandes obras clásicas provienen de fuentes previas que venían a contar más o menos lo mismo. Si echamos mano de biblioteca, descubriremos que en realidad está todo contado y que es el genio del autor el que, con su arte y su estilo, el que deja huella. Cuenta una historia, cuéntala mil veces, que lo que sobrevivirá es tu enfoque. ¿Es entonces el cómic de superhéroes más culpable por hacer exactamente lo mismo que la literatura? Es más, ¿no era usted el que decía que no había nada malo en inspirarse en otros autores y que lo que contaba era tener la propia voz? ¿Está diciendo que NINGÚN autor de hoy en día tiene voz propia, cuando usted mismo admite no haber leído nada -pero sí escrito- desde 1987?
Nos habla usted de franquicias. Supongo que no se ha parado a pensar que, a día de hoy, cualquier obra literaria de renombre se puede convertir en franquicia, desde las obras de Shakespeare o Dickens hasta las escritas por J.K. Rowling. Supongo que a usted, como buen autor que presume de ir de underground por la vida, lo que llega a un gran público le causa urticaria. Pero recordemos que su Watchmen, en su momento, llegó a un gran público y se sigue reeditando con y sin adaptación cinematográfica (mi edición, por ejemplo, es varios años anterior a la película). ¿Es entonces digna de verse bajo otro rasero?
Portada de la edición de Norma de Watchmen, del año 2002.
La adaptación cinematográfica es de 2009.
Señor Moore, mi consejo como lector es que se deje de soltar chorradas de este calibre. Que deje de insultar al prójimo y que se dedique a lo que ha hecho siempre que es escribir hasta que su cuerpo o su mente aguanten. Este rollito de enfant terrible hace años que está desfasado y no interesa ya a nadie. Por muy Alan Moore que usted sea (o se crea), el género de superhéroes no va a desaparecer porque usted lo diga. No va a dejar de haber adaptaciones de películas porque usted diga no sé qué de aberraciones. Lo que sí podría cambiar es todo ese sistema malsano dentro de la industria que usted denuncia... pero si se dedica a insultar de mala manera tanto a lectores como a otros autores que concuerdan con usted en ello... Más le vale que aprenda a vivir de la renta de Swamp Thing o MiracleMan, porque apoyo va a tener poquito. Gente que le entienda, incluso menos.
Y por supuesto, no olvide jamás que esas aberraciones para subnormales son las que hicieron que usted metiera la cabecita en la industria y las que permitieron que usted pueda crear ahora lo que quiera e ir con ese rollito de autor underground que odia todo aquello que se pone de moda.








4 comentarios:
Este señor tiene el síndrome de "me he olvidado de lo que es ser un artista pobre y desconocido". Creo que a George R. R. Martin le está pasando lo mismo, porque ahora se molesta con los fans que esperan los últimos libros de su saga, amenazándolos con eliminar Westeros mediante el cometa rojo. ¿Tendremos que disculparnos con ellos por leer sus obras y hacerlos ricos? Francamente... pffff.
Encima, Alan Moore parece haber olvidado también cuál es la psicología detrás del fenómeno de los superhéroes, el cual no es más que la modernización de los héroes antiguos como Hércules o Perseo. Por no hablar del simple factor de escapismo y entretenimiento. Puestos en ello, la gente verdaderamente idiota que yo conozco ni siquiera es fan de los superhéroes. Todo lo contrario: mis amigos más inteligentes son aficionados a los superhéroes, mientras que la gente que no lo es suele ser aburrida, poco inteligente y de mente estrecha. También está el estereotipo de que los aficionados al horror estamos mal del coco. Sin embargo, los aficionados al horror que yo conozco son personas equilibradas. Los locos de verdad que he conocido NO son/eran aficionados al horror.
En fin. Si alguna vez tengo la suerte de Moore o Martin, trataré de no ser tan soberbia y desagradecida :-D
De hecho, creo que has tocado un asunto que no me había atrevido a comentar por no salirme demasiado del tema, y es justo ese de que el superhéroe es la revisión de los mitos, adaptándolos a otra época. Añadiendo conceptos contemporáneos, modificando la estética (que se hizo originalmente por razones de imprenta, por cierto)y cambiando cuatro cosas. Pero todos esos elementos están ahí presentes, de un modo u otro.
Pero no, como uno es modernito, cool-tureta y underground, mola mearse en esas cosas, negar las raíces de lo que se mea, chuparse un vasito de absenta y pasarse el día citando a Dostoievski. Así se queda como mucho más guai, dónde va a parar...
Pos anda que repatea la gente que va por la vida con una falsa capa de superioridad intelectual/moral... :-)
Ya te digo. Y anda que no abunda, eh? :D
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