miércoles, 30 de enero de 2013

Escupiendo rabia- Reflexiones sobre un mundo absurdo



De estas veces que uno se pone a pensar sobre el mundillo editorial, y llega a la conclusión de que la cosa está para mear y no echar gota.

Porque sí, porque nos dicen día sí y día después que la cosa está muy mala, que hay una crisis que flipas y que cualquier día nos convertimos en un país del Tercer Mundo. El Apocalipsis va a llegar, estamos hablando del milenarismo, sí.
Pero qué cojones, esto es la punta del iceberg. Que hay crisis es un hecho, pero no seamos inocentes: el mundillo literario está hecho una puta mierda y no solo porque falte pasta.
Lo mismo es que sobran tontos del culo, pero claro, si digo eso quedo mal. Así que haced como que no lo habéis leído.

Volviendo al tema, te pones a reflexionar qué sentido tiene todo. No escribir, claro... ya he mencionado por activa y por pasiva que escribir es algo que llevas dentro, como lo es dibujar o incluso cagar (obsérvese la analogía, donde uno se pega un tiempo macerando algo en las entrañas para luego soltarlo y, si es lo bastante guarro o exhibicionista, enseñarlo a los demás para que te admiren y te chupen los tarzanetes del culo, no te vaya a dar una infección). Me refiero más bien al tema de publicar.

He aquí la pregunta: ¿Para qué?
Es decir, todo el que está medio metido en esto sabe de sobra que la escritura es algo que no te da para vivir. Coño, para vivir... no te da ni para malvivir, considerando que aquí los genios de la industria se las han sabido apañar para que el creador vea más o menos un 10% de la venta de un libro como máximo (o sea, el equivalente a puta mierda). El resto del pastel, repartido entre libreros, editores... y distribuidores. O sea, señores con un camión que se llevan hasta el 60% de lo que crea otro. Muy justo todo.

Aparte, tampoco nos engañemos: supongamos que publicas un libro. Ole tus cojones. Ahora tienes que esperar a que a tus editores les salga de los huevos publicitarte de un modo lo bastante decente como para que tu libro medio interese al personal. Creedme, las editoriales que se parten la cara por un autor de a pie, nada de best-sellers ni pollas, se pueden contar con los dedos de la mano. El trabajo sucio de política viral, espameo y otras tácticas publicitarias se las come el autor por la cuenta que le trae. Si quiere que su libro medio se venda, claro.

En resumen, el autor es el que provoca el movimiento de la industria, pero en esencia es el último mono que participa de ella, currando tanto como los demás (a menos que quien esté leyendo este artículo sea el clásico tonto de los cojones que se cree que escribir es una cosa fácil. Su puta madre), si no más.
Y esto, si hablas con alguien que no sea autor, parece que nos tiene que gustar. Así, por huevos. Chupa, traga, pero ni se te ocurra escupir.

"¡¡¡MMMMMMMMMFFFFF!!!"


Por otra parte, el concepto de publicar, injusticias y cabronadas aparte, cuenta con otro detalle de los que te ponen el rabo como un tizón al rojo y te dan ganas de sodomizar cabras hasta hacer una puta brocheta. Me refiero, claro está, al factor calidad.
Antiguamente se tenía la idea, más o menos preconcebida, más o menos certera, de que publicaban los buenos autores en detrimento de los que no lo eran. Dicho de otro modo, que el editor tenía un cierto filtro de calidad desde el cual decidía qué merecía la pena publicarse (o leerse) y qué consideraba que no llegaba al nivel mínimo esperable.
Hoy en día esta idea no pasa del idealismo barato. El editor que te viene diciendo que publica solo cosas que tienen una calidad decente pasa al terreno de puta leyenda urbana, con la Muerta de la Curva y el perro de Ricky Martin. ¿Por qué? Porque hoy en día la política es la industrialización (que está bien, esto es un negocio) desmesurada (aquí ya nos estamos pasando) del libro como artículo (y aquí nos meamos ya fuera del tiesto: un libro es un artículo de consumo, pero en esta historia parece que el personal se pasa por el forro del escroto que el artículo de consumo que vendes pase un control de calidad medio decente). Por eso, tenemos estafas a punta pala en nuestras librerías: libros que, en una época diferente (por ejemplo, fuera de una moda) serían tachados de "Puta mierda" hoy en día aparecen en las estanterías de los establecimientos. En los lugares más visibles y con un merchandising que ríete tú de las polladas de Tim Burton. Ahora que están de moda son "genialidades". Autores de medio pelo que en otras circunstancias tampoco pasarían de bodrios con patas ahora son "maestros de la literatura".
Y esto nos lo tenemos que creer también.

Y es que aquí lo que prima es lo Vendible, aunque eso signifique formar parte de la industria y destruirla a la vez. Hablamos de libros que se han convertido en un pelotazo porque vienen de fuera (sí, somos así de coherentes: pensad en un Crepúsculo escrito por Ana María del Matojo Seco o en un Grey escrito por Pepe Pérez, y luego me decís si tenéis huevos que lo veríais bajo el mismo rasero) y que no han resultado sino ser una puta estafa. No han resultado ser sino obras como mucho decentes, si no mediocres o directamente bazofia. Y por cada una de estas que te planta por cojones un dependiente (me niego a usar el término "librero") te encuentras tramas forzadas, personajes planos, repeticiones constantes de los mismos verbos, erratas y hasta faltas de ortografía.
Tú te has cepillado veinte pavos en comprarte un material que viene adulterado de serie. Te sientes estafado, pero aun así la editorial de turno rasca en el fondo del barril y se pone a publicar a cualquier imitador barato de la novela de moda (de por sí barata), por si lo mismo la gente es gilipollas, no se ha coscado de la estafa y sigue picando. Los índices de venta de las secuelas de Grey no son ni mucho menos tan altos como su primera entrega, y que se sepa, ni Dios ha hecho una buena crítica de alguno de ellos.
Aun así, ya se están empezando a colocar libros sucedáneos.

El mercado nacional es tres cuartos de lo mismo: la literatura de género española, aunque está en alza, sigue siendo un objetivo de minorías. El españolito de turno, como he mencionado arriba, es un antichovinista de tres pares de pollas y se traga cualquier subnormalidad que firme un señor con apellido nórdico, anglosajón o japonés, sin importarle que lo que esté a punto de tragarse es una pedazo de mierda infumable.
¿Qué hace nuestra industria al respecto?
Echarle unos huevazos que ríete tú del caballo de Espartero.
Sí, amigos Distópicos: ellos también tiran de fórmulas preestablecidas. También publican por género, tanto o más que el extranjero, provocando así una criba de dudoso gusto. Aquí da igual lo bueno que sea un autor o no: si escribes acerca del tema de moda, tienes como un 80% más de posibilidades de publicar que si escribes cualquier otra cosa (pongamos, por ejemplo, la alocada idea de un autor que escriba lo que le gusta... ¡BLASFEMIA!). Da igual que lo primero que escribas sea una puta mierda que ni te has molestado en revisar; da igual que lo hayas escrito con el ojete o que parieras el truño durante una cogorza monumental. Mandas tu mierda al editor de turno que anda obsesionado con cubrir la demanda (o mejor dicho, sobre-cubrirla, que no es lo mismo) y se hace pajas de litro.
Prueba a currártelo con otra cosa que no sean extras del Thriller de Jacko, soldados del bando Nacional/Republicano cagándose en los muertos del bando contrario o cualquier gilichorrada de esas pseudohistórica que pretenden hacerte creer que los Templarios siguen vivos y dominando Microsoft espada en mano y ya verás.
En el mejor de los casos, la respuesta de la industria, muy educada (eso sí, con mil justificaciones al respecto) es la de pasar de tu culo.

Algo más o menos en este plan, aunque siempre poniendo mejor cara.


- Tenemos mucho volumen de manuscrito- dicen.
- Tenemos mucho trabajo- aseguran.

Mirad, tíos, cuando a mí alguien me pide que le haga algún tipo de trabajo, no le cuento mi puta vida. Ni me justifico ni me deshago en baremos, explicaciones ni chorradas. Lo hago porque es mi puto trabajo. Porque las justificaciones no le interesan a nadie. Porque no se las cree nadie. O curras o no, este es el trato, amigo.
Llamadme exigente, pero a mí en mi casa me educaron para que cuando alguien me hable, yo le responda. Más tarde o más temprano, pero que lo que me digan no caiga en saco roto. Cosas como un acuse de recibo (hoy en día los ordenadores pueden hacerlo automáticamente) no son ni caras ni complicadas; otra cosa es que aquí a los fenómenos todo se la sude. Porque total, son autores, y los autores están a un céntimo la docena. Que se jodan todos ellos.
Llamadme exigente, sí, pero a mí tratar con gente que de entrada ya demuestra esta actitud de desidia me provoca bastante rechazo. Más aún cuando la mitad ni se leen lo que les mandas, que también los hay. Solo ver que lo que les envías en tu propuesta editorial no es lo chachiguai y ya lo mandan a tomar por culo. Expeditivamente.

Pero ojo, que aquí el editor no es el único responsable ni mucho menos. Ya hemos visto movidas tan cachondas como encontrarte generaciones de escritores que no han leído en su puta vida, pero eso sí, como tienen derecho a escribir, escriben. Y como lo único que busca la mitad es subirse al puto carro y quedar guai ante los colegas, te pergeñan la mierda de moda de turno, la mandan a una editorial... y voilà. Sin filtro que valga, lo que te puede escribir un tío desde la más absoluta de las ignorancias, puede llegar a tienda.
Y ojo, con esto no digo que la literatura tenga que ser algo elevado o superculto. Ya habéis leído en posts anteriores lo que pienso al respecto; sin embargo, también sabéis lo que pienso de los extremos, y publicar cualquier mamarrachada por seguir una moda es directamente infame.
Y esto no me lo invento: se hace.

¿Qué conlleva esto?
Pues muy sencillo: que te metes en una tienda y te das cuenta de que los libros que te pueden colar son básicamente de tres o cuatro temas, como mucho. La literatura extranjera sí está más abierta a diversidad de géneros, pero total.. si un español intenta meterse en temáticas que no son las que se supone que tenemos que tener, no saldrá jamás a la luz (o lo hará cuando lo que ha escrito esté de moda, que será cuando vengan las chupadas de polla a varias lenguas). Tú sabes que no eres un mito literario; puede que no seas ni bueno, pero oye, te pones a abrir libros de gente que ha publicado y te das cuenta de que la mitad (con el corazón en la mano) no es mejor que tú. Muchos (y esto ya clama al cielo) son incluso bastante peores, lo que ya es decir... y ahí los tienes.

Y piensas: si publicar no es un reconocimiento a lo bueno que eres... si no vas a vivir de ello... si al final a las presentaciones, con suerte, vienen tus cuatro amigos y poco más... Entonces es cuando te planteas qué sentido tiene todo esto. Qué sentido, si no es el ego (cosa que, si me conocéis bien, sabéis que brilla bastante por su ausencia), tiene ver tu nombre plantado en la estantería de una librería. Qué sentido tiene pasar por el aro de más de una editorial, que te obliga a vender TÚ un X número de tus libros en el acto de presentación, bajo amenaza de retirarlos de la tienda. O de tener que tragarte cómo, de cada diez editoriales, un número elevado no te paga lo que te corresponde, falseando extractos de venta o directamente "olvidándose" de pagar, con miles de justificaciones chapuceras por medio, desde "Somos unos mártires del mundo" hasta "La cosa está muy mala" (pero luego, a la hora de contar su parte, esas excusas JAMÁS se aplican, fíjate tú). O de que tener que aguantar la puta ley del silencio, que he denunciado una y mil veces, porque oiga, aquí solo se habla de lo buenos que son algunos seres y de sus sabrosas pollas, pero cuando se les deja en vergüenza dejando claras las miserias de cada uno y (especialmente) las putadas que te han hecho, resulta que te llegan mensajes para que te calles. Porque eres malo. Porque te van a vetar.
¿Y qué vais a hacer? ¿Negaros a publicar? ¿Hablar con vuestros amiguitos (sí, esos que también nos ignoran a diario) para que ellos tampoco nos publiquen?
Ay, qué miedo. No sé si cagarme en los pantalones o llamar a mi mamá. Como si fuéramos a estar peor de lo que ya estamos.

Traducido: "¡Cállate, zorra!"
Lo de zorra no es necesariamente sexista. En el momento en que alguien tiene que entrar por el aro contra su voluntad, hombre o mujer, se convierte en una zorra.
Nos puede gustar o no, pero es así.
En cierto sentido, todos somos zorras.


Y es ahí cuando te dices a ti mismo: ¿De verdad merece la pena escribir para meterte en este agujero?
¿De verdad nuestros esfuerzos necesitan ser reconocidos públicamente por un puñado de hipócritas que hace tres putos días no daban un duro por ti?
¿De verdad merece la pena partirte los cuernos escribiendo y reescribiendo cuando sabes que ni Cristo te va a leer?
Dejo la respuesta en el aire para que cada uno se la plantee todo lo seriamente que quiera. Yo ya empiezo a tener más clara mi postura a cada día que pasa y voy descubriendo la política endogámica del sector, el chupapollismo extremo que se destila, la cantidad de gañanes, piratas y fulanos que tenemos que soportar por "quedar bien".
Luego será que parezco agresivo, pero quiero que lo entendáis: lo que me pasa es que soy una persona que no soporta ni las incoherencias ni las injusticias, y estoy hasta los cojones ya de tener que agachar la cabeza ante lo que me parece directamente una aberración. Ante eso de "Nos preocupamos por el autor" pero luego de lo único de lo que os preocupáis es de la simple y vulgar pasta. A que me vengáis con la mierda de turno diciendo que vendéis "obras de contenido artístico" y luego el arte sea más o menos similar al de un chimpancé que unta las paredes con su mierda (que no deja de ser mierda, pero siempre hay una legión de capullos que vendrán hablando del "alto valor simbólico y referencial de inigualable magnitud"). De un hatajo de payasos que no han leído en su puta vida más que los libros que les han plantado en la sección de novedades del Cortinglé, que tienen conocimiento CERO de literatura y tienen los santos cojones de ensalzarte el primer bodrio con el que lo han flipado, tildándolo de "Obra maestra" y de "Genio" al autor. Que luego hablamos de derecho a expresar la opinión... pero yo no soy médico y no me atrevo a formular un diagnóstico. Y cuando se ven según qué cosas, te da la impresión de que el que habla lo hace desde el púlpito, cuando en el fondo tiene el mismo nivel de conocimiento literario que Carlos Jesús de medicina.

Carlos Jesús nos dice que tenemos hepatitis y el personal como poco arquea la ceja.
Te llega Pichagorda_19 diciéndote que tal libro es una obra maestra sin más explicaciones que "a mí me ha gustado mucho" y ni siquiera nos parece ofensivo. Nos parece una reseña de lo más normal y respetable. Aunque lo que se cuente sea desde la ignorancia más absoluta o directamente mentira.


Foros, como decía una amiga anoche, donde no hay lectores, sino escritores. Escritores, escritores everywhere, que se dedican a comerse el nabo los unos a los otros. Que no leen una puta mierda, no se documentan, no estudian y que en muchos casos no saben escribir tres putas palabras seguidas sin al menos dos faltas de ortografía. Lugares que te demuestran que la figura del lector desaparece: ahora solo hay escritores, que se dedican a parir su mierda y a esperar, rodeados de sus pandillas de amiguitos, que el resto del planeta les chupe el cipote y les alabe, aunque no haya nada que alabar. De estos, con que publique un mínimo porcentaje, ya empezamos a tener saturación en nuestras tiendas: si hay tres escritores por cada lector, adivinad cuántos escritores ven devueltos sus libros. Porque, asumámoslo, el libro es un objeto bestialmente caro para lo que cuesta producirlo (ya hemos visto la cantidad de gente que chupa de él) y no está el bolsillo para gilipolleces. Menos aún para caer en el timo y acabar comprándote una mierda.
Joder, normal que luego la gente no repita.

"El primero ya me pareció regulero, pero piqué con el segundo. El tercero se lo va a leer TU PUTA MADRE!"


Y así pasa, que vendrán las quejas y los lloriqueos por parte de la industria: que si las editoriales cierran, que si las cosas van mal, que si no cubrimos gastos, que si se está publicando demasiado, que hay más oferta que demanda...
Mejor no os digo a quien le podéis ir a llorar. Porque podéis ser muchas cosas, pero gilipollas no. Sabéis perfectamente lo que estáis haciendo y os la sopla.

jueves, 10 de enero de 2013

Escupiendo Rabia- Cuando la Lectura es otra fuente de prejuicios



El tema sobre el que pienso tratar hoy tiene dos comienzos. Dos momentos anecdóticos de esos que, te puedes tomar como una cosa sin importancia, o por otra parte, te pueden hacer pensar un poco, si tienes los recursos mentales en la disposición correcta (que no necesariamente buena).

Regresemos mentalmente a unos meses atrás, durante unas jornadas literarias que tuvieron lugar en mi ciudad natal. Ahí, como siempre, se conoce gente de lo más interesante de la que (si tienes ganas) puedes aprender un montón... o, hacer como hacemos muchos, ir allí a pasártelo bien. Y si aprendes algo, pues oye, eso que te llevas.
En el acto de presentación un autor hablaba sobre la crisis que amenaza al mundo de la lectura y sobre la importancia de leer. En cierto momento, se llegó a hablar sobre ese proyecto de "inculcar la lectura en la gente".
Hasta aquí, todo bien. Todo según lo previsto.
Cosas que hemos oído por activa y por pasiva y que aceptamos como "lo normal".
Eso, claro está, hasta que uno de mis camaradas de armas en eso de las letras, a un par de butacas de donde estaba yo sentado, suelta la píldora por lo bajo, pero lo suficiente para que un oído maltrecho como el mío lo oiga:

- ¿Y por qué tiene que leer la gente? ¿No es mejor que lea quien quiera y que los demás hagan lo que les dé la gana, sin que nadie tenga que decirles lo que hacer?

Esa primera anécdota me hizo pensar acerca de ciertas concepciones que tenemos ya asumidas, pero no adelantemos acontecimientos ni saquemos juicios prematuros aún. Todavía no he explicado el segundo caso que sirve de base a este artículo.

Este tuvo lugar hará cosa de algunas semanas, durante las últimas vacaciones. Reunión de colegas de hace un porrón de años, con algunos familiares de uno de éstos. Gente que te conoce de toda la vida y con quien el trato es bastante cordial. Concretamente, surgió la conversación con una amiga y con la abuela de uno de mis amigos. Estábamos hablando sobre el nivel educativo y la primera (educadora desde hace algunos años) comentaba que en realidad no es tan malo como lo pintan, pero sí que ha descendido en calidad con respecto a hace algunas décadas. Especialmente en lo tocante a cultura general.
No vi motivo para cuestionar eso, ya que yo mismo lo comparto, debido a mi experiencia propia con eso de la educación.

Más me llamó la atención lo que dijo la segunda, que sostenía que para que haya una cultura y un nivel educativo más o menos decente, la gente tiene que leer más.
Y ahí fue cuando saltaron mis alarmas.

A ver, no empecéis todavía a sacar las estacas, que muchos ya habéis leído artículos anteriores y sabéis lo que pienso de nuestro nivel educativo y de lo que es la literatura y el arte. Creo que cómo yo abogo por ambas cosas, habréis visto poca gente. Al menos, poca gente que pueda defenderlas de un modo tan jodidamente cafre, y argumentado a la vez.
No, lo que mi instinto tocapelotas y con ganas de cuestionarlo todo me hizo reaccionar fue el hecho del dogma en sí:

SI LEES, SERÁS MÁS CULTO.


Esta frase la lees con eco y con un coro de música celestial de fondo, y no me digas tú que no flipas.

Esto me resultó un axioma tan grande que la parte más porculera de mi mente ya encontró algunos huecos en aquella armadura. No tuve mucho tiempo de argumentarlo todo, pero digamos que archivé el caso en mi hemeroteca mental, como objeto de reflexión de interés.
Han pasado los días y, recordando el primero de los acontecimientos que aquí tenemos, me he puesto a darle vueltas al tema.
¿De verdad leer nos hace más cultos, así por definición y sin excepción? ¿Nos vuelve acaso más inteligentes?

En principio es lo que parece. Tenemos ya insertada la imagen (o prejuicio, si se quiere) de que un señor intelectual, inteligente o culto, aparece siempre con sus gafitas, su libro y citando a Schopenhauer. Y nosotros lo aceptamos así, de buenas a primeras, sin reservas. Porque siempre ha sido así. Y ya está.

Pero ojo, pasemos por las librerías y echemos un vistazo a esa literatura que nos vuelve "cultos". No la vamos a encontrar en una sección de superventas. A veces no está ni a la vista, ya puestos.
De hecho, ya lo he comentado alguna vez: entre los superventas hay cosas que están bien, pero hay mucha, mucha mierda metida. Supongamos por tanto, que tenemos un señor al que le gusta. No, le ENCANTA leer, pero se ha nutrido a base de literatura ligera. De entretenimiento (que es respetable) sin más.
¿Podemos decir que eso le ha convertido en un señor culto, así de modo sistemático?
Yo, desde luego, no me atrevería a aseverarlo. Como poder puede, pero no lo veo como una forzosa relación causa-efecto ni de coña.

Pero vamos más allá: supongamos que ese señor, en lugar de meterse literatura ligera, lo que se ha metido es MIERDA, gracias a que en la tienda de turno el dependiente (que no librero) le ha aconsejado llevarse "lo que se está vendiendo mucho". Libros mal escritos pero que, pese a eso, han salido a la luz y han publicado. Incluso se han convertido en exitazos y que proliferan por nuestras tiendas como hongos. Puedes encontrar libros que, a diferencia de una novela histórica en condiciones (de esas que están bien documentadas y que además entretienen), están plagados de errores garrafales. De los que te cuentan (por poner un ejemplo, que me invento, pero que igual lo podéis encontrar en algún libro) que el Rey Arturo existió, que era judeomasón, que vivió la mayor parte de su vida en Egipto y que fundó toda una estirpe de Templarios que luego, a su vez, fundaron una orden que es la base hoy en día de Goldman & Sachs.
"Es ficción", podéis decir.
Y lo es.
El problema es cuando un fulano te vende esa ficción soltándote datos falsos, con la documentación de un ladrillo y que, en resumen, te plantea argumentos que son erróneos, pretendiendo que te los creas. Pretendiendo que construyas toda una base de prejuicios infundados contra tal colectivo, tal ideología o tal acontecimiento concreto.
Entonces ya no es ficción. No es una historia con un mensaje.
Es inculcar ideologías tirando a radicales, del tipo que sean. Es darle piedras a la gente y pintarle un enemigo para que tengan a quién tirárselas.
Es propaganda.
Es simple, y llanamente, falsedad.
Es basura.

Y de esta, hay mucha.
Lo que pasa es que no solemos decirlo abiertamente, vaya a ser que alguien se moleste, o que nos salga el de turno diciendo "Para gustos los colores".
Que a alguien le guste no lo hace menos basura.


Vamos aún más lejos: supongamos que una persona tiene en su biblioteca literatura de ideologías extremistas, donde los libros alientan al lector a la violencia contra aquellos que son de otro credo. Libros que fomentan la xenofobia, el odio y los prejuicios de cualquier tipo.
Supongamos que esa persona no ha leído otra cosa en su vida más que eso. O bien ha leído luego otras cosas, pero ya desde el prisma del radical político/religoso/de cualquier otro tipo.
Llamar basura a esto ya sería quedarse corto.
Yo tampoco pondría la mano en el fuego por que esa persona tenga un nivel cultural superior. Ni siquiera los valores éticos que achacamos a la gente "culta".
Pero esa persona ha leído libros, y muchos. Nadie puede negarlo.
¿Entonces?

Yo tiendo a pensar que la literatura es como cualquier otro ámbito de nuestra existencia: en muchos, muchísimos casos y con el uso adecuado de ella, puede enriquecernos, y mucho.
Pero mucho ojo, amigos Distópicos, que no todo el monte es orégano. En la literatura existe una enorme cantidad de basura y, porque se encuentre en una página impresa o adornando una bonita estantería quiere decir que sean automáticamente cultura, que nos enriquezcan o que nos aporten algo positivo. Ni mucho menos.

Planteadlo si queréis como alimento. Alimento de vuestros cerebros, espiritual o como queráis.
Siguiendo esta base gastronómica, no podemos decir que todo alimento sea bueno para el cuerpo: pasaos toda vuestra puñetera vida comiendo en un Mardonash o en un Burriquín y ya me contaréis cómo tenéis el hígado. Alimentaos incluso de boñigas de perro que os encontráis por la calle y ya me diréis.
Esto, para mí, es similar. Que alguien me diga que lee mucho no tiene por qué suponer una posición intelectual superior. No si ese alguien se traga bazofias de las de a un euro la docena. No si ese alguien lee sin criterio alguno (que de éstos los hay, y muchos) y lo flipa con cualquier mamarrachada que se le ponga por delante.

Con esto, por supuesto, no quiero hacer un ataque frontal a la literatura de entretenimiento. Esa literatura, no "elevada", es necesaria para una sociedad que cada vez más necesita evadirse de una realidad de asco (casi casi imprescindible, viendo el plan al que estamos llegando). Pero ojo, no caigamos en ese otro prejuicio: entretenimiento para nada es sinónimo de "mala literatura" o "literatura de segunda". Aunque hay novelas en este plan que no hay por donde cogerlas (paso de dar nombres, que luego me lapidan y no es plan), hay novelas que son entretenimiento puro y duro que están escritas con una maestría y con una habilidad que os cagáis por las bragas abajo. Y no por ello son menos entretenidas. Calidad y entretenimiento, quitémonos este prejuicio del melón de una puta vez, NO SON COSAS REÑIDAS NI MUTUAMENTE EXCLUYENTES.
Lo mismo sucede con los géneros (sí, géneros enteros, a lo bestia y en pack): algunos han sido denostados, sodomizados y vilipendiados por muchos de esos que van de "Lectores", como ha sido el caso de la ciencia-ficción (lo que me lleva a pensar en otra discusión que tuvo un amigo con una tercera persona): partiendo de esa base, encontramos que autores como Julio Verne, Arthur Conan Doyle o H.G. Wells se "echaron al barro" por escribir "noveluchas".
Y esto se escucha de gente que va de Lectora y de Amante de la Literatura por la vida.

"¿Literatura no realista? Eso es mierda para frikis"


El comic (otra variante de literatura, le joda a quien le joda) es otro género literario que se ha llevado hostias como panes, por parte de un colectivo de lectores que, si los llamas Talibanes, te quedas corto. Un profesor de lengua que tuve en la primaria, por ejemplo,era de decir que el comic estaba "bien" (léase con tono condescendiente), pero que no era literatura "en condiciones".
Supongo que este caballero jamás leyó The Sandman de Neil Gaiman (la colección estaba viendo su primera edición por aquella época) donde, prosa elaborada aparte (currada, y con un par de huevos), si encontrabas una referencia cultural más, el cómic se colapsaba sobre sí mismo y se convertía en un puto agujero negro.
O bien, obras posteriores como el genial From Hell de Alan Moore, que es una novela histórica ilustrada, con más documentación que cualquier mierda que te puedas encontrar en la sección de libros de un Carreflús.
Y si ya nos vamos a nuestra propia tierra, yo he visto más crítica social y más lenguaje ácido y corrosivo en un Mortadelo o en un SúperLópez que en cualquier novela de lectura obligatoria de Barco de Vapor, donde todo era acción lineal, arquetípica, maniquea y simplista a más no poder. Que eso no la convierte en mala por cojones (ni buena, de paso), pero no es un argumento que justifique mearse sobre otras formas de entender el género.

Poniendo el caso del señor Gaiman, este hombre fue de los primeros en ganar el World Fantasy Award (premio literario) por un episodio de The Sandman en el que la compañía de Shakespeare representaba por primera vez El Sueño de una Noche de Verano, ante los propios Oberón y Titania.
Ni que decir tiene que fue algo controvertido y que, hasta entonces, Gaiman siempre se había encontrado con el rechazo de supuestos "compañeros" de profesión, que le ponían mala cara cuando les decía que escribía cómics.
A diferencia de muchos de esos, este caballero se ha convertido en un referente en su género a lo largo de las últimas décadas.
Y de lerdo no tiene nada.


Y es que leer es como lo de follar.
Pongamos que un tío te dice que ha follado todos y cada uno de los días del año.
365 polvos.
Pongamos otro que no ha tenido tanta suerte y que ha echado, no sé... pongamos cuatro.
Si basamos las cosas en las apariencias, podemos decir que el primero ha sido un puto triunfador, mientras que el otro no ha pasado de media mierda.
Vale.
Preguntemos al primero, de esos 365 que ha echado, en cuántos kikis ha disfrutado realmente (venga, le ponemos un detector de mentiras, porque siendo tío fijo que intenta colárnosla).
Lo mismo nos dice que uno o dos, que el resto han sido cosas rapiditas, para echar el rato; que otros han sido cosas tirando a desastrosas (porque en 365 días no vas a estar siempre concentrao). Es posible que haya tenido unos cuantos gatillazos, incluso.
Preguntemos al segundo. Igual nos dice que ha tenido orgasmazos de estos de ojos en blanco. Que ha dado con compañeras de cama con las que se lo ha pasado en grande y que ha sido en momentazos en los que él estaba concentrado y sus acompañantes estaban muy por la labor.
Calidad por encima de cantidad, si seguís la metáfora.

Resulta curioso que, habida cuenta de esto, luego nos impresionemos cuando un tío nos suelta que al año se lee chorrocientos libros. O ese fulano que llega a la tienda de cómics y, alardeando de la pasta que los demás no tenemos, empieza a comprar novedades a punta pala y a vacilarte diciendo que tiene yonosecuántosmil cómics en su biblioteca, al más puro estilo "Yo tengo la picha más grande que tú". Y oye, que no nos dé por preguntarle jamás: "Y de esos, ¿cuántos han merecido la pena?" "De esos, ¿cuántos de ellos dirían que han estado mínimamente bien escritos?" "¿Cuántos te han aportado aunque sea una sola cosa?"
Si el tío es sincero, o bien si tiene un criterio literario medio en condiciones (porque hay mucho fantasma o mucho pajarito que lo flipa con cualquier payasada que trate sobre el tema chupiguai de moda), puede que la respuesta no sea tan alucinante como la primera premisa.

"He echado seis polvos en lo que va de semana: cuatro conmigo mismo, otro con una gallina y el último con un bote de mayonesa a medio terminar. ¿A que soy un fiera?"


Y es que con esto hay mucha gente que parece que necesita sentirse superior. Como si la superioridad viniese de ahí.
"Yo leo libros, ergo tú eres un mierda".
Claro que sí.
Ya he comentado alguna vez que en mi casa yo quizás sea de los que más hábito tienen de lectura (me superaba mi abuelo, pero como ya está en otra parte, soy el siguiente en la lista); sin embargo, en caso alguno puede decirse que sea el que tiene el nivel cultural más alto. Ni que sea inteligente. Es más, dudo que supere a nadie en nada.
¿Por qué?
No, no es una cuestión de autoestima, no os lancéis tan rápido al ruedo: en mi familia igual no son tanto de leer libros como yo, pero si hay algunos miembros que se han empapado artículos científicos (a menudo, no considerados "lectura", no sé por qué) o que, casi por mera intuición (y sin leer prácticamente nada) te saben explicar cómo funciona un motor, o te saben arreglar casi cualquier cosa que se pueda arreglar con las herramientas que hay en casa. Gracias a horas y horas viendo documentales, saber cómo se cazan tigres en la India o como viven los leones en África. Y mil cosas más.
Los libros están bien, pero no lo son todo para empaparse de cultura: a diferencia de otra gente de mi familia, yo tengo un déficit cultural de la hostia a causa de no haber viajado y visto las cosas por mí mismo (y no me avergüenza reconocerlo; el día que tenga dinero para permitírmelo, haré lo mismo y visitaré algunas ciudades que tengo en mi lista de objetivos a cumplir). De esta manera, gente de mi familia que no tiene por costumbre leer (no porque sean unos ignorantes o unos palurdos, como se suele preconcebir, sino simplemente porque no les gusta), sí la tiene de buscarse un vuelo, hacer las maletas y pasarse tres días y aprender todo lo que se puede visitando museos y conociendo ciudades como Florencia o Berlín in situ.
Yo no sé otros, pero yo no puedo sentirme superior por tener chorrocientos libros en mi estantería.

Es como lo que me contaba un miembro de mi familia política (también muy lector, por cierto) acerca de la lectura:

- Nos creemos más cultos y más listos porque hemos leído o porque hemos ido al colegio y demás, pero luego te vas a un pastor como los que viven aquí en mi pueblo, que se pasa todo el día con las ovejas ahí arriba, dándole al tarro... y te pones a hablar con él y oye, ¡Que el cabrón te saca planteamientos y razonamientos que te dejan sentado de culo!

Y no digo yo que sea mentira, para qué os voy a engañar, porque eso de "Los estudiosos son cultos y todos los demás unos paletos" son axiomas tan blanquinegros que me causan risa. En épocas en las que no todo el mundo sabía escribir o leer, ¿tenemos que aceptar el hecho de que TODOS eran unos palurdos, unos ignorantes, unos supersticiosos o directamente unos gilipollas? ¿No existía acaso la tradición oral, que ha estado vigente durante mucho, mucho tiempo? ¿Acaso no es demostrar una inteligencia bestial memorizar algo que te han dicho de viva voz y ser capaz de recitarlo un tiempo después? ¿Por no estar escrito es menos cultura?

Movámonos al Renacimiento: en aquella época, uno de los entretenimientos populares de la gente del pueblo (iletrados en su mayoría) era ir al teatro. Es decir, que si miráis en la foto e imagináis que es una ventana en el tiempo, TOOOOOOOOOOOOODOS esos que están ahí se han tragado unas pocas de obras de fulanos como Shakespeare, Kyd, Marlowe, Webster y muchos otros.
Sin saber leer.
Qué incultos, ¿eh?


Amigos lectorcetes y otros coyotes, aprendamos a bajarnos del púlpito de la cultura de una vez y aceptemos que nosotros tomamos las cosas por otro medio, nada más. Que es una cuestión de voluntad la de querer aprender; si quieres aprender, aprendes con lo que tienes, usando los medios que te resultan más cómodos o los que tienes a tu alcance.
Y mucho cuidado con los prejuicios: no todas las estanterías repletas son aquellas que pertenecen a hombres cultos, sabios o mucho menos inteligentes.

Una persona "culta", además, no tiene por qué ser alabada en todos todos los aspectos, como sí que suele hacerse a menudo: todos quieren arrimarse a una persona que empape a los demás de cultura, porque de modo subconsciente tiende a asumirse que es una bellísima persona... y luego, a veces, vienen las decepciones: si esa persona resulta ser una auténtica cabrona, que desprecia a sus semejantes, que humilla a los que no están a "su nivel", si se vale de sus conocimientos para mentir, estafar o incluso dañar a otros... en esos casos tenemos dos opciones: alejarnos de esa persona y buscar el modo de empaparnos de cultura por nosotros mismos, o bien negar nuestra decepción. Entrar en la espiral del autoengaño y la justificación.
No me digáis que no lo habéis vivido en primera persona o visto a terceras personas hacerlo.

Y es que todo tiene su justa medida, amigos: un lector es una persona a la que le gusta leer, pero no deja de ser persona. No es un semidiós, no es una entidad omnisciente. Es alguien que tiene sus luces y sus sombras, con sus filias, fobias, virtudes y defectos. Una persona inteligente tampoco es superior por definición, nos pongamos como nos pongamos: puede desenvolverse de puta madre en el plano intelectual, y ser un cero a la izquierda en el plano afectivo, o no ser capaz de llevar las riendas de su propia vida. Una persona culta puede ser insensata. Un analfabeto puede tener pensamientos más profundos que los tuyos.
Mucho cuidado con la gente a la que juzgáis desde vuestro Olimpo, amiguitos, que cualquier día os patean el culo.


lunes, 7 de enero de 2013

Mondo Chorra- Tribus de MalaGotham, o Compendio de Criaturas Bípedas de mi ciudad



Hace unos días, en una conversación surgió de pasada el tema acerca de la clase de criaturas que viven en mi mundo-hogar. Supongo que en todas partes cuecen habas, pero la terminología varía de un sitio a otro; también he llegado a escuchar que en ciertas ciudades del Pellejo de Toro algunos de los grupos sociales que pueblan nuestra amada ciudad no tienen una equivalencia clara en otros sitios. Supongo que tiene cierto sentido, ya que la diversificación de los grupos sociales puede tener cierta relación con el territorio.

Por tanto, podéis tomaros este post como una especie de guía turística social acerca de la particular ecología de MalaGotham, o si lo preferís como un estudio antropológico de las diferentes especies que pueblan nuestras calles. Al tratarse de un estudio local, puede que no encontréis muchas tribus urbanas (es el caso de los heavies) por no ser muy distintas de lo que podrían ser en cualquier otra parte. Sin embargo, os será muy útil a la hora de reconocer a cada uno de nuestros grupos tribales autóctonos si no sois de la ciudad y decidís visitarla. No digáis que uno no fomenta los valores de su tierra.

¡Allá vamos!




Tribu Malaguita (MalaGotham Típicus): Vienen a ser la tribu más característica de MalaGotham y probablemente una de las que cuenta con más miembros. El Malaguita es básicamente un típico nativo de la ciudad, pero aumentando sus características propias hasta tal punto que le diferencian de los llamados "Normales" (lo que vendría a ser un residente cualquiera, sin más rasgos típicos o especiales).

Un Malaguita es relativamente fácil de encontrar: suelen merodear por los barrios o incluso por el centro de la ciudad, abundando además en playas y chiringuitos (=merenderos). Su aspecto suele variar bastante, aunque a menudo se le puede reconocer por un acentuado acento de la MalaGotham más urbana (es decir, ceceo, nuestra característica habla a unas trescientas revoluciones por minuto y la terminación "Abeh?" - equivalente a "¿sabes?"- al terminar las frases). Los Malaguitas pueden aparecer con patillas, el pelo engominado casi de punta o cortado a lo Jason Statham, cadenas con el escudo del Málaga/alguna virgen local (p.ej. la del Carmen) o el Cristo del Cautivo (deidad archivenerada en MalaGotham desde que el mundo es mundo) colgando del pescuezo; perillas, camisas con los picos abiertos a lo Tarantino o con la equipación del Málaga al completo.

Aunque algunas de las expresiones del Malaguita se extrapolan a otras tribus, se podría decir que lo más típico en su habla son los localismos, como el mencionado "Abeh", aunque se pueden encontrar otros como el "Aro, aro, aro" (= "Claro, claro, claro") o el "Sí o qué?" (="¿Ah, sí?")

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Tribu Cani/Kinki (Homo Canis): Mucha gente los confunde con la tribu arriba mencionada, pero lo cierto es que guardan poca relación entre sí. Quizás el mayor factor de confusión es el hecho en que ambos grupos sociales se mueven por entornos estrictamente urbanos y que su lenguaje tiene un marcado acento local; más allá de eso, poca cosa.
Un Cani, a diferencia del Malaguita (que vive en el barrio) es parte del barrio, como el entorno urbano o las deyecciones de perro que impregnan las aceras. Suelen arremolinarse en puntos concretos que marcan como su territorio (a veces lo hacen de modo literal, meándose en las esquinas) y que raramente abandonan, haga frío o calor (una excepción puede ser durante la Feria de Málaga, festividad que les encanta... aunque eso no implica que abandonen su territorio durante demasiado, llegando incluso a combinar un sitio con otro): estos sitios pueden ser plazas, parques infantiles, canchas de baloncesto o cualquier otro lugar al aire libre.

Los Canis son estrictamente gregarios, reuniéndose en grupos de no menos de cuatro individuos, estando su máximo sin catalogar. Su concepto de tribu es, con toda seguridad, el más arraigado de todas las tribus de MalaGotham: entre miembros de su propia especie se sienten seguros, y es bastante raro que un Cani se aparee con un miembro de fuera de su tribu (como mucho, puede llegar a aparearse con Canis de otros barrios, pero es muy poco frecuente que se apareen con no-Canis).

Se les suele reconocer, aparte de por ir siempre en grupo, por elementos de su vestuario tales como camisetas de tirantes (aunque sea Enero), cadenas de oro de las grandes, anillos de oro, pendientes (ellos los llaman "salsillos"), tatuajes o piercings. El pelo lo suelen llevar de punta, pero a diferencia del Malaguita, éste suele ser más largo y a veces toma formas curiosas (o colores curiosos si les da por ponerse mechas en las puntas), asemejándolos a Tintín. Durante los años noventa, las primeras tribus Cani incluso tomaron la costumbre de raparse la cabeza a modo de tonsura, dejando de punta el resto del pelo, lo que hacía que pareciera que llevasen una corona.
También veneran al Cautivo y es costumbre que se lo tatúen en alguna parte de su anatomía. La costumbre de ir sin camiseta hace que el misterio acerca del lugar concreto quede resuelto con un simple vistazo.

Las hembras de la especie (conocidas como "Chonis" o "Kinkorras") suelen oscilar entre los dos extremos: las que enseñan lo que no se tiene, o las que enseñan lo que sobra (y además, rebosa). Es fácil reconocerlas, ya que sus ropas suelen ser terriblemente discretas: mallas de leopardo o chándals rosa chicle forman parte de su atuendo standard, a menudo varias tallas por debajo de la suya. Esto lo acompañan con cosas tan glamurosas como sudaderas con capucha, maquillaje al estilo egipcio en los ojos y pendientes de coral, semejantes a una pandereta (o bien, su versión minimalista, que es una especie de hula-hop de metal colgando de la oreja). El pelo suele ir teñido de colores tan diferenciados como el amarillo pollo o el negro petróleo. Es fácil verlas también con el peinado a lo "panal de abeja" a lo Amy Winehouse, que tiene un caracter intimidatorio: una choni que mide metro y medio, gracias a ese estilo, puede llegar con facilidad al metro ochenta. También pueden encontrarse tocados al estilo años 20 (cintas en la frente con floripondios a un lado), aunque esto es más común de la tribu Shurmana (ver abajo).

La Tribu Cani es prolífica y fértil y su número aumenta día a día. Se rumorea que el Ayuntamiento de MalaGotham está invirtiendo cada vez más en zonas verdes, no para colaborar con el medio ambiente, sino para hacerle sitio a los nuevos Canis que van naciendo cada mes.

El habla Cani podría parecerse al dialecto Malaguita, aunque tiene una particular tendencia a alargar las vocales, no sin cierta musicalidad. Otro rasgo característico es la casi inexistencia de Canis que hablen en voz baja.

Por último, mencionar la Paradoja Tecnológica Cani: aunque les encantan las nuevas tecnologías (hacerse fotos del pellejo con el móvil, el Tuenti -su segundo hogar- y el Guaza -whatsapp-), el Cani medio sufre una fobia atroz a manejar un portero electrónico, por lo que se comunicará a voces limpias con alguien que viva dentro de un edificio.

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Merdellones (MalaGotham Vulgaris) El término "Merdellón" proviene del francés (merde des gens) y se usa para designar, más que a una tribu en sí, a una actitud basada en la ordinariez, el mal gusto y el horterismo más absoluto. Puede haber merdellones en casi cualquier estrato social, de manera más o menos disimulada.
Un merdellón se distingue básicamente por comunicarse a gritos (característica que comparten con los Canis) y por pasárselo todo por el forro de los cataplines. Esto, no nos confundamos, no es inherente a los Canis: el típico vecino que te pone reggaeton a las ocho de la mañana un domingo sin importarle tres cojones que esté jodiendo al prójimo no es necesariamente un miembro de esta especie, pero su actitud de merdelloneo le delata como MalaGotham Vulgaris. Una ordinaria de discoteca de estas que parecen sacadas de Fulanos y Pericas y Vitusberzas no es una Choni por obligación, pero sí puede ser una Merdellona.

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Semicanis o Canis Camuflados (Homo Canis Camaleonis) Cuando un Cani llega a una barrera de edad (más o menos entre los veintimuchos y los treinta y pocos) llega a un punto de inflexión en su vida en que se ve obligado a evolucionar cual Pokémon. En este momento tan crucial de su vida, tiene la opción de mantenerse Cani hasta la muerte, o bien de disimular sus tendencias Canis y vivir camuflado entre el resto de los mortales (pero Cani de corazón). Si bien el primer caso es fácil de reconocer (esos Canis puretas, con los tatuajes ya verdes y una o dos crías Canis colgando de su costado), en el segundo el Semicani se camufla, adaptando su aspecto a lo que podría ser un Malaguita, lo que quizás lleve a la confusión arriba mencionada entre ambos grupos. De hecho, quizás solo los ojos más expertos puedan distinguir entre un Cani Camuflao y un Malaguita con alto componente de Merdelloneo.

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Tribu Charra/Shurmana/Chusmona (Homo Canis Extremis) El término "Charro" hace referencia a uno de los clanes de la droga más conocidos de la geografía de MalaGotham. Aunque los miembros de esta tribu no tienen por qué tener relación alguna con este mundillo, el término ha sido acuñado para designar a aquellos Canis con un componente merdellón tan grande que merecen ser clasificados en una categoría aparte. En otras ciudades se les conoce como Shurmanos (por eso de "Shu primo, shurmano", una especie de grito de guerra que usan para expresar emoción; también proviene de un trato gregario extremo, donde no tienen amigos, tienen "priiimos"). La diferencia entre Shurmanos y Canis se puede explicar con una analogía simple: el Shurmano es al Cani como el Talibán al Musulmán.
Físicamente vienen a ser como un Cani, solo que con sus características físicas más acentuadas: en lugar de un piercing, por ejemplo, pueden tener varios repartidos por la cara y el cuerpo, haciendo que su piel se parezca a aquellas cazadoras vaqueras con tachuelas que fueron tan famosas entre los ochenta y los noventa. En vez de una cadena de oro, más utillería que Mr. T. Si un Cani va descamisado en verano, el Shurmano irá así todavía con más frecuencia.Y así con todo.

El término "Chusmón" es una degeneración de "Chusma" (en MalaGothamita standard, "tío con mala pinta"). Se entiende por Chusmón aquel cuya pinta no es que sea mala. Es la que te hace cambiarte de acera echando hostias, solo por si acaso.

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Tribu Palmillera (Homo Palmillensis) Un Palmillero es básicamente un Cani/Charro que vive por la zona de la Palma o Palmilla, barrio de MalaGotham que cuenta con mala reputación. Ante esto hay que señalar un detalle importante, y es el hecho de que en este barrio convive gente de todo tipo, pero son estos seres los que han contribuido a su mala fama (de hecho, el clan de los Charros solía vivir en las afueras de este área). En este informe se ha incluido el término básicamente porque, pese a que no es del todo políticamente correcto, se tiende a usar y, debido a su extremo localismo, es necesario explicar de dónde proviene y el uso que se le da.

NOTA: Hay que tener extremo cuidado a la hora de usar este término, porque suele tener connotaciones muy despectivas y usarlo a la ligera puede provocar que un interlocutor que viva por la zona pueda sentirse más que ofendido, y con razón.

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Tribu Gotiquita (Micro Homo Nocturnis) En MalaGotham apenas hay góticos propiamente dichos y, de haberlos, son escasos en número y no se dejan ver demasiado. Lo que sí se ven son los Gotiquitos, que son una especie de versión Disney de esta clásica tribu urbana.

Los Gotiquitos suelen vivir en un rango de edad entre los trece años y los veintipocos, caracterizándose por elementos tan dispares como camisetas de los Cradle of Filth y peinados que recuerdan a los Limonetis (ver abajo). Este grupo, estéticamente, combina referencias de varias tribus urbanas, convirtiéndolas en un grupo social heterogéneo, aunque bien diferenciado: por un lado, la parafernalia gótica, presente en botas militares, ropa oscura y guantes de rejilla; por otro, la estética visual, que les asemeja a personajes de manga. Esto está presente en las orejeras de gato, tutús, faldas de colegialas y otros elementos que aportan color a la vestimenta. Por último, rasgos más emo o punk como collares de perro, muñequeras con tachuelas y pelos de colores.

Un Gotiquito se aleja de los estándares del Gótico convencional, pasando tres kilos de grupos musicales tradicionales del movimiento como The Cure o Bauhaus y prefiriendo líneas más modernas como Evanescence o (aunque muchos no lo reconozcan) Tokio Hotel. Suelen combinar este gusto musical con unas tendencias friki standard, como coleccionar muñequitos manga, jugar a rol y ver series de dibujos animados japoneses (que ellos llaman anime porque, según ellos, no es lo mismo y la simple procedencia de un cómic o una serie ya supone un género diferente).

Los Gotiquitos también tienen costumbre de disfrazarse de sus personajes manga favoritos (lo que ellos llaman Cosplay, en esa extraña costumbre de cambiarle el nombre a las cosas para que suenen "especiales") y en MalaGotham se les suele ver en salones del cómic, con estética y parafernalia que demuestra un despliegue de imaginación tremendo en cuanto a ejecución y puesta en escena. Otro punto de reunión común siempre han sido la Plaza de la Marina y sus aledaños, donde se pueden ver comunidades enteras de Gotiquitos intercambiando mangas y echándose partidas a la PSP. También comparten la costumbre de amar la tecnología y hacerse autofotos en la calle haciendo el signo de la victoria para luego pasarlas a los amiguitos.

En este grupo, como ya se ha mencionado, hay subgrupos, como es el caso los personajes de clara tendencia friki con los que los Gotiquitos comparten terreno en la Plaza de la Marina y los salones del comic. Esta versión adolescente de los frikis tiene como territorio principal, además, los alrededores de la estación de autobuses, donde se halla uno de sus puntos de comercio más interesantes. Allí es donde se relacionan entre sí, intercambian cromos de Naruto, juegan a rol y demás actividades lúdicas que les hacen ser considerados ciudadanos de segunda clase en muchos ámbitos.
En esta plaza también hay Esqueiters (ver abajo) que, debido a sus características propias, merecen mención aparte.

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Tribu Pija/Limoneti (MalaGotham Superioris) El pijo en MalaGotham no es del todo distinto al que se pueda encontrar en cualquier ciudad, por lo que una catalogación aquí sería casi superflua. Sin embargo, conviene hablar de la variante Limoneti, término acuñado a partir de los Pijos que residen en la zona de El Limonar (área tradicionalmente de ocupación Pija aunque, como en el caso de los Palmilleros, no todo el que vive allí está obligado a comportarse como un Pijo).
El aspecto de un Limoneti suele variar respecto a la moda, pero han cobrado especial fama por los famosos pelos "a lo casco" (peinados con plancha), los collares de plástico con cuentas esféricas o la combinación de camisetas de tirantes una encima de la otra. Los varones Limonetis gustan de vestir con camisas, polos, pantalones de vestir y zapatos náuticos.
A un Pijo puedes reconocerlo sin necesidad de mirarlo. Si uno ha estado en el mismo sitio que tú hace unos minutos, dejará un inconfundible rastro de colonia cara tras de sí.

Los Pijos suelen tener básicamente dos enemigos naturales: los Canis, por obvias diferencias irreconciliables, y los Framis (ver abajo).

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Tribu Frami (MalaGotham Pseudo Superioris) Un Frami es un Merdellón que se camufla para parecer un Pijo, o bien un Cani Fashion. Al igual que el Semicani, esta especie tiene la intención de hacerse pasar por un grupo social que no es el suyo, aunque las probabilidades de que su disfraz quede al descubierto suelen ser elevadas.

La motivación de un Frami, aparte de querer tener más "Glamú" (=glamour), tiende a ser la de poder meterse en baretos de alfombra roja de los que abundan en MalaGotham. En dichos locales, los porteros vienen a ser una mezcla entre Gandalf y un troll de las cavernas; dicho de otro modo, son tíos enormes que al que no les entra por el ojo le gritan "NO PUEDES PASAR" y le dan por culo, ya que no hay discusión posible. Para sobrevivir, el Frami se camufla para ocultar sus raíces Merdellonas y poder meterse en el bareto. De ahí que usen ropajes similares en estilo a un Pijo; bien de marca o bien imitación de marca. La intención es lo que cuenta.

El Frami se las apaña para hacerse pasar por Pijo hasta que llega el fatídico momento en que abre la boca. Si uno se las apaña para colarse en uno de estos baretillos "glamurosos" (básicamente por tener una alfombra roja en la puerta, porque a todos los efectos, están emplazados en calles o callejones sin ningún tipo de glamour que digamos) puede dar el pego hasta que suelta un "MIRAAAAAAA" (grito de guerra de las Framis) o se pone a bailar con la misma elegancia que una llama epiléptica.

A los Framis (especialmente a las hembras) les encantan las autofotos. De hecho, son auténticas expertas en el posado cara-de-pato, consistente en eso de poner morros aplastados a lo Pato Donald para así parecer más sexys. El símbolo de la victoria, con la mano torcida y los dedos apuntando a la napia es también otro de sus rasgos tribales más comunes. Un tercer rasgo es el de la cara a lo pin-up pasada de rosca: es decir, simular cara de sorpresa, con la boca y los ojos abiertos de par en par (estos últimos a menudo mirando hacia arriba) y la mano tapándola. Los motivos de esta expresión todavía permanecen sin aclararse.
Una Frami se puede reconocer también por el "Maquillaje Inverso": en lugar de los labios oscuros y el rostro iluminado, se opta por la cara de color marrón teja, como si se hubiera emborrizado en Colacao y los labios blancos o rosa chicle.
Esto por lo visto es lo más de lo más.

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Tribu Modernita (Micro Hipsteris) Los Modernitos, a diferencia de como sucede en otras ciudades, tienen un rango de edad bastante bajo en MalaGotham. Al igual que los Hipsters comunes, un considerable número de chavales puebla las calles de la ciudad con sus gafas de pasta y sus cámaras réflex, dispuestos a hacer fotos de boñigas de perro y batidos de chocolate para subirlos a Twitter vía Instagram (porque cualquier otra red social es demasiado mainstream), siempre con un efectillo a lo años 70 (que no han vivido ni por el forro, pero que mola que te cagas). Entre sus temas de conversación, suelen encontrarse elementos tela de culturetas y con una marcada tendencia vintage, alabando las ventajas del vinilo (prácticamente desaparecido del mercado musical standard más o menos desde la época en que ellos nacieron, si no antes) por encima de cualquier otro formato y sintiéndose orgullosos por escuchar grupos tan tan independientes que solo los conocen cuatro personas en todo el planeta. Porque cuanto menos los conozca la gente, es señal de que son mejores. De ahí que una de las máximas del Modernito sea "Si es mainstream es una puta mierda y me meo en ella".

Debido a que el punto de encuentro hipster por definición (Starbucks) todavía no se ha abierto en MalaGotham, el Modernito usa sucedáneos, tales como el Dunkin Donuts o los locales Vintage de reciente creación, donde pueden ponerse hasta el culo de muffins (magdalenas gordas), cupcakes (magdalenas tuneadas), tartas de Fondant y otras cosas infladas y de colorines.

Sus atributos físicos son los mismos que los de cualquier hipster, solo que en plena adolescencia.

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Tribu Esqueiter de la Marina (MalaGotham Patinetis Marinensis) Esta tribu comparte espacio con el heterogéneo grupo Gotiquito que se agolpa en la Plaza de la Marina. Aunque menores en número, son bastante independientes con respecto a los primeros, ya que se centran en hacer cabriolas con sus monopatines en cualquier elemento de mobiliario urbano que se halle por la zona (algunos estudios aseguran haberlos visto saltando en monopatín por el borde de una papelera o haciendo un doble mortal en la barandilla que rodea la fuente).
Comparten rasgos comunes con los Framis, aunque en dirección contraria: si bien un Frami pretende tener una posición socialmente más carismática, el Esqueiter suele ser un chaval de posición social media-alta que intenta rebelarse contra el mundo por medio de la expresión corporal que propicia un patinete. Gracias a ese afán por independizarse de un mundo constreñido, a las innumerables horas de práctica y los múltiples amagos de accidente, se han convertido en unos auténticos acróbatas urbanos.
Se desconoce el número de Esqueiters que se han abierto la cabeza en el intento.
Tampoco hay constancia de cuántos han tenido que reconstruirse la dentadura completa.

Los Esqueiters suelen llevar ropas amplias, cómodas y deportivas. A menudo se les ve con gorras que acentúan su aspecto sport, y que contrasta con pelos a lo casco, que pone de manifiesto su origen Limoneti. Si tienen algún enemigo natural son los Gotiquitos, básicamente por cuestiones territoriales, aunque se sospecha que, en el fondo, el roce hace el cariño.
Y comparten el mismo peinado.

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Tribu Majarona (MalaGotham Insanis) Un Majara es un habitante de MalaGotham (puede pertenecer a cualquier tribu) que ha perdido la chaveta. Puede parecer irrelevante, pero tal es el número de Majarones en la ciudad que merecen una mención aparte.
Un Majarón (llamados "Ma-aroneh" en el dialecto local) suele tener dos vertientes: el Majarón Alto y el Majarón Bajuno. El primero es lo que se puede llamar en cualquier otra parte un "fantasma", centrando sus habilidades en aparentar lo que no se es, intentar impresionar a los demás pese al riesgo de quedar en ridículo o de sentar cátedra soltando gilipolleces del tamaño de la Manquita.

El Majarón Bajuno es simplemente un tío que carece de sentido del ridículo (son mucho más abundantes de lo que os creéis) y, no contento con ello, tiene que demostrarlo las veinticuatro horas del día. Un Majarón ejemplar sería el típico cenutrio que se pone a tocar las palmas cantando (mal) a toda hostia en el autobús. Un Cani que se dedica a imitar la sirena de una ambulancia a las dos de la mañana puede ser otro buen ejemplo de Majarón de manual.




Este es básicamente un compendio de las tribus más autóctonas que pueblan esta nuestra ciudad. Por supuesto, ya ha quedado claro que las tribus no son castas, y los individuos pueden compartir rasgos de una tribu y otra, sin que sean mutuamente excluyentes. Por otra parte, del mismo modo que sucede en otras ciudades, cada barrio tiene sus propias variantes o versiones de cada una de las tribus (tal vez con alguna excepción, dependiendo del barrio), por lo que las combinaciones y posibilidades son virtualmente infinitas. Sin embargo, este catálogo servirá al visitante para diferenciar los rasgos principales.