miércoles, 30 de enero de 2013

Escupiendo rabia- Reflexiones sobre un mundo absurdo



De estas veces que uno se pone a pensar sobre el mundillo editorial, y llega a la conclusión de que la cosa está para mear y no echar gota.

Porque sí, porque nos dicen día sí y día después que la cosa está muy mala, que hay una crisis que flipas y que cualquier día nos convertimos en un país del Tercer Mundo. El Apocalipsis va a llegar, estamos hablando del milenarismo, sí.
Pero qué cojones, esto es la punta del iceberg. Que hay crisis es un hecho, pero no seamos inocentes: el mundillo literario está hecho una puta mierda y no solo porque falte pasta.
Lo mismo es que sobran tontos del culo, pero claro, si digo eso quedo mal. Así que haced como que no lo habéis leído.

Volviendo al tema, te pones a reflexionar qué sentido tiene todo. No escribir, claro... ya he mencionado por activa y por pasiva que escribir es algo que llevas dentro, como lo es dibujar o incluso cagar (obsérvese la analogía, donde uno se pega un tiempo macerando algo en las entrañas para luego soltarlo y, si es lo bastante guarro o exhibicionista, enseñarlo a los demás para que te admiren y te chupen los tarzanetes del culo, no te vaya a dar una infección). Me refiero más bien al tema de publicar.

He aquí la pregunta: ¿Para qué?
Es decir, todo el que está medio metido en esto sabe de sobra que la escritura es algo que no te da para vivir. Coño, para vivir... no te da ni para malvivir, considerando que aquí los genios de la industria se las han sabido apañar para que el creador vea más o menos un 10% de la venta de un libro como máximo (o sea, el equivalente a puta mierda). El resto del pastel, repartido entre libreros, editores... y distribuidores. O sea, señores con un camión que se llevan hasta el 60% de lo que crea otro. Muy justo todo.

Aparte, tampoco nos engañemos: supongamos que publicas un libro. Ole tus cojones. Ahora tienes que esperar a que a tus editores les salga de los huevos publicitarte de un modo lo bastante decente como para que tu libro medio interese al personal. Creedme, las editoriales que se parten la cara por un autor de a pie, nada de best-sellers ni pollas, se pueden contar con los dedos de la mano. El trabajo sucio de política viral, espameo y otras tácticas publicitarias se las come el autor por la cuenta que le trae. Si quiere que su libro medio se venda, claro.

En resumen, el autor es el que provoca el movimiento de la industria, pero en esencia es el último mono que participa de ella, currando tanto como los demás (a menos que quien esté leyendo este artículo sea el clásico tonto de los cojones que se cree que escribir es una cosa fácil. Su puta madre), si no más.
Y esto, si hablas con alguien que no sea autor, parece que nos tiene que gustar. Así, por huevos. Chupa, traga, pero ni se te ocurra escupir.

"¡¡¡MMMMMMMMMFFFFF!!!"


Por otra parte, el concepto de publicar, injusticias y cabronadas aparte, cuenta con otro detalle de los que te ponen el rabo como un tizón al rojo y te dan ganas de sodomizar cabras hasta hacer una puta brocheta. Me refiero, claro está, al factor calidad.
Antiguamente se tenía la idea, más o menos preconcebida, más o menos certera, de que publicaban los buenos autores en detrimento de los que no lo eran. Dicho de otro modo, que el editor tenía un cierto filtro de calidad desde el cual decidía qué merecía la pena publicarse (o leerse) y qué consideraba que no llegaba al nivel mínimo esperable.
Hoy en día esta idea no pasa del idealismo barato. El editor que te viene diciendo que publica solo cosas que tienen una calidad decente pasa al terreno de puta leyenda urbana, con la Muerta de la Curva y el perro de Ricky Martin. ¿Por qué? Porque hoy en día la política es la industrialización (que está bien, esto es un negocio) desmesurada (aquí ya nos estamos pasando) del libro como artículo (y aquí nos meamos ya fuera del tiesto: un libro es un artículo de consumo, pero en esta historia parece que el personal se pasa por el forro del escroto que el artículo de consumo que vendes pase un control de calidad medio decente). Por eso, tenemos estafas a punta pala en nuestras librerías: libros que, en una época diferente (por ejemplo, fuera de una moda) serían tachados de "Puta mierda" hoy en día aparecen en las estanterías de los establecimientos. En los lugares más visibles y con un merchandising que ríete tú de las polladas de Tim Burton. Ahora que están de moda son "genialidades". Autores de medio pelo que en otras circunstancias tampoco pasarían de bodrios con patas ahora son "maestros de la literatura".
Y esto nos lo tenemos que creer también.

Y es que aquí lo que prima es lo Vendible, aunque eso signifique formar parte de la industria y destruirla a la vez. Hablamos de libros que se han convertido en un pelotazo porque vienen de fuera (sí, somos así de coherentes: pensad en un Crepúsculo escrito por Ana María del Matojo Seco o en un Grey escrito por Pepe Pérez, y luego me decís si tenéis huevos que lo veríais bajo el mismo rasero) y que no han resultado sino ser una puta estafa. No han resultado ser sino obras como mucho decentes, si no mediocres o directamente bazofia. Y por cada una de estas que te planta por cojones un dependiente (me niego a usar el término "librero") te encuentras tramas forzadas, personajes planos, repeticiones constantes de los mismos verbos, erratas y hasta faltas de ortografía.
Tú te has cepillado veinte pavos en comprarte un material que viene adulterado de serie. Te sientes estafado, pero aun así la editorial de turno rasca en el fondo del barril y se pone a publicar a cualquier imitador barato de la novela de moda (de por sí barata), por si lo mismo la gente es gilipollas, no se ha coscado de la estafa y sigue picando. Los índices de venta de las secuelas de Grey no son ni mucho menos tan altos como su primera entrega, y que se sepa, ni Dios ha hecho una buena crítica de alguno de ellos.
Aun así, ya se están empezando a colocar libros sucedáneos.

El mercado nacional es tres cuartos de lo mismo: la literatura de género española, aunque está en alza, sigue siendo un objetivo de minorías. El españolito de turno, como he mencionado arriba, es un antichovinista de tres pares de pollas y se traga cualquier subnormalidad que firme un señor con apellido nórdico, anglosajón o japonés, sin importarle que lo que esté a punto de tragarse es una pedazo de mierda infumable.
¿Qué hace nuestra industria al respecto?
Echarle unos huevazos que ríete tú del caballo de Espartero.
Sí, amigos Distópicos: ellos también tiran de fórmulas preestablecidas. También publican por género, tanto o más que el extranjero, provocando así una criba de dudoso gusto. Aquí da igual lo bueno que sea un autor o no: si escribes acerca del tema de moda, tienes como un 80% más de posibilidades de publicar que si escribes cualquier otra cosa (pongamos, por ejemplo, la alocada idea de un autor que escriba lo que le gusta... ¡BLASFEMIA!). Da igual que lo primero que escribas sea una puta mierda que ni te has molestado en revisar; da igual que lo hayas escrito con el ojete o que parieras el truño durante una cogorza monumental. Mandas tu mierda al editor de turno que anda obsesionado con cubrir la demanda (o mejor dicho, sobre-cubrirla, que no es lo mismo) y se hace pajas de litro.
Prueba a currártelo con otra cosa que no sean extras del Thriller de Jacko, soldados del bando Nacional/Republicano cagándose en los muertos del bando contrario o cualquier gilichorrada de esas pseudohistórica que pretenden hacerte creer que los Templarios siguen vivos y dominando Microsoft espada en mano y ya verás.
En el mejor de los casos, la respuesta de la industria, muy educada (eso sí, con mil justificaciones al respecto) es la de pasar de tu culo.

Algo más o menos en este plan, aunque siempre poniendo mejor cara.


- Tenemos mucho volumen de manuscrito- dicen.
- Tenemos mucho trabajo- aseguran.

Mirad, tíos, cuando a mí alguien me pide que le haga algún tipo de trabajo, no le cuento mi puta vida. Ni me justifico ni me deshago en baremos, explicaciones ni chorradas. Lo hago porque es mi puto trabajo. Porque las justificaciones no le interesan a nadie. Porque no se las cree nadie. O curras o no, este es el trato, amigo.
Llamadme exigente, pero a mí en mi casa me educaron para que cuando alguien me hable, yo le responda. Más tarde o más temprano, pero que lo que me digan no caiga en saco roto. Cosas como un acuse de recibo (hoy en día los ordenadores pueden hacerlo automáticamente) no son ni caras ni complicadas; otra cosa es que aquí a los fenómenos todo se la sude. Porque total, son autores, y los autores están a un céntimo la docena. Que se jodan todos ellos.
Llamadme exigente, sí, pero a mí tratar con gente que de entrada ya demuestra esta actitud de desidia me provoca bastante rechazo. Más aún cuando la mitad ni se leen lo que les mandas, que también los hay. Solo ver que lo que les envías en tu propuesta editorial no es lo chachiguai y ya lo mandan a tomar por culo. Expeditivamente.

Pero ojo, que aquí el editor no es el único responsable ni mucho menos. Ya hemos visto movidas tan cachondas como encontrarte generaciones de escritores que no han leído en su puta vida, pero eso sí, como tienen derecho a escribir, escriben. Y como lo único que busca la mitad es subirse al puto carro y quedar guai ante los colegas, te pergeñan la mierda de moda de turno, la mandan a una editorial... y voilà. Sin filtro que valga, lo que te puede escribir un tío desde la más absoluta de las ignorancias, puede llegar a tienda.
Y ojo, con esto no digo que la literatura tenga que ser algo elevado o superculto. Ya habéis leído en posts anteriores lo que pienso al respecto; sin embargo, también sabéis lo que pienso de los extremos, y publicar cualquier mamarrachada por seguir una moda es directamente infame.
Y esto no me lo invento: se hace.

¿Qué conlleva esto?
Pues muy sencillo: que te metes en una tienda y te das cuenta de que los libros que te pueden colar son básicamente de tres o cuatro temas, como mucho. La literatura extranjera sí está más abierta a diversidad de géneros, pero total.. si un español intenta meterse en temáticas que no son las que se supone que tenemos que tener, no saldrá jamás a la luz (o lo hará cuando lo que ha escrito esté de moda, que será cuando vengan las chupadas de polla a varias lenguas). Tú sabes que no eres un mito literario; puede que no seas ni bueno, pero oye, te pones a abrir libros de gente que ha publicado y te das cuenta de que la mitad (con el corazón en la mano) no es mejor que tú. Muchos (y esto ya clama al cielo) son incluso bastante peores, lo que ya es decir... y ahí los tienes.

Y piensas: si publicar no es un reconocimiento a lo bueno que eres... si no vas a vivir de ello... si al final a las presentaciones, con suerte, vienen tus cuatro amigos y poco más... Entonces es cuando te planteas qué sentido tiene todo esto. Qué sentido, si no es el ego (cosa que, si me conocéis bien, sabéis que brilla bastante por su ausencia), tiene ver tu nombre plantado en la estantería de una librería. Qué sentido tiene pasar por el aro de más de una editorial, que te obliga a vender TÚ un X número de tus libros en el acto de presentación, bajo amenaza de retirarlos de la tienda. O de tener que tragarte cómo, de cada diez editoriales, un número elevado no te paga lo que te corresponde, falseando extractos de venta o directamente "olvidándose" de pagar, con miles de justificaciones chapuceras por medio, desde "Somos unos mártires del mundo" hasta "La cosa está muy mala" (pero luego, a la hora de contar su parte, esas excusas JAMÁS se aplican, fíjate tú). O de que tener que aguantar la puta ley del silencio, que he denunciado una y mil veces, porque oiga, aquí solo se habla de lo buenos que son algunos seres y de sus sabrosas pollas, pero cuando se les deja en vergüenza dejando claras las miserias de cada uno y (especialmente) las putadas que te han hecho, resulta que te llegan mensajes para que te calles. Porque eres malo. Porque te van a vetar.
¿Y qué vais a hacer? ¿Negaros a publicar? ¿Hablar con vuestros amiguitos (sí, esos que también nos ignoran a diario) para que ellos tampoco nos publiquen?
Ay, qué miedo. No sé si cagarme en los pantalones o llamar a mi mamá. Como si fuéramos a estar peor de lo que ya estamos.

Traducido: "¡Cállate, zorra!"
Lo de zorra no es necesariamente sexista. En el momento en que alguien tiene que entrar por el aro contra su voluntad, hombre o mujer, se convierte en una zorra.
Nos puede gustar o no, pero es así.
En cierto sentido, todos somos zorras.


Y es ahí cuando te dices a ti mismo: ¿De verdad merece la pena escribir para meterte en este agujero?
¿De verdad nuestros esfuerzos necesitan ser reconocidos públicamente por un puñado de hipócritas que hace tres putos días no daban un duro por ti?
¿De verdad merece la pena partirte los cuernos escribiendo y reescribiendo cuando sabes que ni Cristo te va a leer?
Dejo la respuesta en el aire para que cada uno se la plantee todo lo seriamente que quiera. Yo ya empiezo a tener más clara mi postura a cada día que pasa y voy descubriendo la política endogámica del sector, el chupapollismo extremo que se destila, la cantidad de gañanes, piratas y fulanos que tenemos que soportar por "quedar bien".
Luego será que parezco agresivo, pero quiero que lo entendáis: lo que me pasa es que soy una persona que no soporta ni las incoherencias ni las injusticias, y estoy hasta los cojones ya de tener que agachar la cabeza ante lo que me parece directamente una aberración. Ante eso de "Nos preocupamos por el autor" pero luego de lo único de lo que os preocupáis es de la simple y vulgar pasta. A que me vengáis con la mierda de turno diciendo que vendéis "obras de contenido artístico" y luego el arte sea más o menos similar al de un chimpancé que unta las paredes con su mierda (que no deja de ser mierda, pero siempre hay una legión de capullos que vendrán hablando del "alto valor simbólico y referencial de inigualable magnitud"). De un hatajo de payasos que no han leído en su puta vida más que los libros que les han plantado en la sección de novedades del Cortinglé, que tienen conocimiento CERO de literatura y tienen los santos cojones de ensalzarte el primer bodrio con el que lo han flipado, tildándolo de "Obra maestra" y de "Genio" al autor. Que luego hablamos de derecho a expresar la opinión... pero yo no soy médico y no me atrevo a formular un diagnóstico. Y cuando se ven según qué cosas, te da la impresión de que el que habla lo hace desde el púlpito, cuando en el fondo tiene el mismo nivel de conocimiento literario que Carlos Jesús de medicina.

Carlos Jesús nos dice que tenemos hepatitis y el personal como poco arquea la ceja.
Te llega Pichagorda_19 diciéndote que tal libro es una obra maestra sin más explicaciones que "a mí me ha gustado mucho" y ni siquiera nos parece ofensivo. Nos parece una reseña de lo más normal y respetable. Aunque lo que se cuente sea desde la ignorancia más absoluta o directamente mentira.


Foros, como decía una amiga anoche, donde no hay lectores, sino escritores. Escritores, escritores everywhere, que se dedican a comerse el nabo los unos a los otros. Que no leen una puta mierda, no se documentan, no estudian y que en muchos casos no saben escribir tres putas palabras seguidas sin al menos dos faltas de ortografía. Lugares que te demuestran que la figura del lector desaparece: ahora solo hay escritores, que se dedican a parir su mierda y a esperar, rodeados de sus pandillas de amiguitos, que el resto del planeta les chupe el cipote y les alabe, aunque no haya nada que alabar. De estos, con que publique un mínimo porcentaje, ya empezamos a tener saturación en nuestras tiendas: si hay tres escritores por cada lector, adivinad cuántos escritores ven devueltos sus libros. Porque, asumámoslo, el libro es un objeto bestialmente caro para lo que cuesta producirlo (ya hemos visto la cantidad de gente que chupa de él) y no está el bolsillo para gilipolleces. Menos aún para caer en el timo y acabar comprándote una mierda.
Joder, normal que luego la gente no repita.

"El primero ya me pareció regulero, pero piqué con el segundo. El tercero se lo va a leer TU PUTA MADRE!"


Y así pasa, que vendrán las quejas y los lloriqueos por parte de la industria: que si las editoriales cierran, que si las cosas van mal, que si no cubrimos gastos, que si se está publicando demasiado, que hay más oferta que demanda...
Mejor no os digo a quien le podéis ir a llorar. Porque podéis ser muchas cosas, pero gilipollas no. Sabéis perfectamente lo que estáis haciendo y os la sopla.

8 comentarios:

Gissel Escudero dijo...

Pues... concuerdo con la mayor parte de lo que dices, colega. Aunque te diré una cosa: no me preocupa la sobreoferta de libros, ni de editoriales ni de autoeditados, porque en realidad los libros buenos son muy pocos. Más bien me preocupa que los lectores se cansen del bombardeo constante y dejen de buscar buenos libros para concentrarse en otras formas de entretenimiento.

Creo que hoy en día muchos escritores ya no lo pensamos dos veces, sino MIL veces antes de buscar una editorial. Salvo unas pocas, la mayoría piden mucho y dan muy poco.

Lo de las palmaditas en la espalda que se dan los escritores me revienta, sobre todo los autoeditados. Ahora resulta que los escritores "indies" son sinónimo automático de calidad. Y no es que yo crea que las editoriales son un filtro óptimo (concuerdo contigo: NO LO SON), pero es IMPOSIBLE que TODOS los escritores autoeditados sean buenos, por una cuestión de simple lógica. Los lectores se van a sentir engañados... de nuevo (primero por las editoriales, ahora por los autoeditados).

Como sea, escribir sí tiene sentido, aunque cueste verlo (la gente SIEMPRE va a consumir historias, sea de la forma que sea). Pero sólo lograrán vivir de ello los suertudos y/o los muy habilidosos.

Rumbo a la Distopía dijo...

Nada que añadir, Gissel. Mucho me temo que es como tú dices, al final el problema no es que haya sobreoferta (o no el mayor de los problemas), sino el concepto de devaluación del mercado: a mayor oferta, mayor posibilidad de que el producto que ofreces se devalúe. Y cuanto más devaluado esté, mayor es la probabilidad de estafar al consumidor, proporcionándole material de baja calidad por el precio de un material de calidad óptima.

Y sí, la gente seguirá consumiendo historias, pero se entenderá que al precio al que éstas cuestan (en papel, al menos) se lo piense dos veces antes de entrar a consumir. Aquí podría entrar el papel del librero, cuya labor debería ser recomendar al lector... pero hoy en día libreros quedan pocos; lo que hay son dependientes que te calzan lo que más se vende, independientemente de su calidad...

En fin, la pescadilla que se muerde la cola.

Violeta Lago dijo...

¡Amén! Creo que añadir más a lo que has dicho es redundar sobre el tema.
Saludos

Rumbo a la Distopía dijo...

Gracias, Violeta! Me alegra que te haya gustado mi reflexión! :)

Anónimo dijo...

Yo la he leído, pero me encanta tu sinceridad, y la analogía a otras muchas profesionrs donde se hacen muchos trabajos intermedios para vivir todos del que trabaja finalmente, el que tiene ideas , se lo curra y se calla, pero en un estado exacerbado de absurdeces, amparados en el " la cosa está muy mal" por no decir "publicamos lo que nos sale de los huevos, no lo que tiene calidad, y cuando esto te lo dice una persona que pinta bastante mediocre profesionalmente habland... Ya te lo he dicho.. escribe para tí.. y déjalo estar, pasa de ese circo de serpientes, que les dén... :D

brackder dijo...

Yo voy a poner el contrapunto a tu reflexión; un editor puede no ser alguien a quien le guste la literatura, sino un simple empresario que quiere hacer dinero. Y se hace más dinero con Crepùsculo que con Muñoz Rojas.
Yo te digo una cosa, para serte sincero. Si me pagaran mucho por vender mierda, yo la vendería. ¿Tú no?
Otra cosa es que alguien con un poco de dignidad o amor a su profesión, venda "bestsellers" para comer y luego invierta parte de sus beneficios en arriesgar en obras mejor escogidas, para agradar a un lector más exigente o al menos, no tan desinformado. Pero amigo, los negocios son los negocios. Es así de duro, de malo y de cruel.
No es lo mismo la visión del autor, que quiere tener libertad para escribir sobre lo que se le antoje, que la visión comercial del tío que revisa balances al final del mes. Y por eso ese moviento "indie", por la falta de puertas a las que llamar. Y por la facilidad que hay hoy en día para publicar una tirada de 50 ejemplares a precio razonable. Eso sí, sin corrector, y con más viudas y huérfanas que tras un bombardeo. La tecnología es lo que tiene.

weiss dijo...

Me gusta la línea argumental de Brackder: tan libre es el dueño de una editorial de publicarte, como tú de escribir basura. Ya haga cada cual como más le satisfaga. Que la mierda abunda bien es sabido, y que al que no está muy al corriente se la pueden meter porque, tras la mierda, lo más abundante son los catadores complacientes de mierda, también es cierto. Yo no pierdo la esperanza, empero, de que el Equilibrio del Cosmos se imponga de un modo u otro a la larga. Es por eso que sigo escribiendo, jijijijiji :P

Rumbo a la Distopía dijo...

Muy interesante lo que plantéais tanto Brackder como Ernie Weiss, y no os falta razón: un editor es, sin duda, un empresario... pero toda empresa debe (o debería, al menos) tener un mínimo conocimiento del producto que está vendiendo y, en la medida de lo posible, ofrecer la mejor relación calidad-precio. Qué pasa cuándo esto no se hace? Dos cosas: que si una empresa ofrece MUCHA calidad en un producto y el precio está tirado tiene que hacer frente a los costes y eso por lo general no suele llevar por un buen camino, económicamente hablando.
Dos, que se produce lo que llamamos especulación. Como he comentado en un post más reciente, la especulación es algo que se da en todo mercado y que, a la larga, lo que lleva es al empobrecimiento del producto que se vende sí o sí, y más a la larga aún, al estallido de la burbuja de ese producto.

Supongo que lo suyo sería un negocio equilibrado, donde se intente ofrecer el producto a una calidad relativamente razonable, con un criterio y un baremo... eso, claro está, si se quiere mantener el negocio a flote en lugar de pillar pasta rápida y dejar que la mierda le estalle a otro que venga después, claro.

Muy interesante también el último aporte de Ernie, donde señala que todos somos un poco responsables de esto. Nada que objetar: ya he mencionado que hay mucho wannabe que se cree que escribiendo cuatro mamarrachadas de moda, con faltas de ortografía y con la previsión de un político a la hora de conformar una historia ya tiene derecho a llamarse escritor.
Eso es como si yo, por arrearle un par de castañazos a un tablón con un martillo tengo derecho a llamarme carpintero. Pos va a ser que no.

Pero así está el patio, amigos...