lunes, 30 de septiembre de 2013

Angst- Enemigos íntimos



Te conozco. Sé que estás ahí, no te escondas. Tú y yo somos viejos conocidos, compañeros de viaje y amargos enemigos.
Llevas a mi lado prácticamente desde que puedo recordar. Es imposible olvidar aquella noche, cuando te presentaste ante mí en mitad de la oscuridad, cuando yo apenas contaba con tres años. Fue tu mano la que cogí, fuiste tú quien me hizo recorrer el pasillo de casa. Fue tu voz la que me hizo gritar y llorar en medio de la noche.
Desde entonces tú y yo estamos juntos.
Has tomado mil formas y mil rostros, pero sé que jamás has dejado de ser tú. Susurrándome al oído, cambiando de aspecto cada vez que he ido creciendo y aprendiendo a pelear, pero jamás desapareciendo. Pasaste de ser aquel extraño visitante que se escondía entre las sombras de mi habitación a ponerme grilletes en los pies. Fuiste tú quien se sentaba sobre mi pecho y me impedía respirar. Quien me decía cuando salía a la calle que nadie podía ayudarme. Quien me ponía el aliento helado de la Parca en la nuca.
Me paralizas, erizas mi vello y aceleras mi pulso. Me llevas a rastras a mi propio Infierno privado. Me golpeas con brutalidad, me muerdes y me arañas y me obligas a ver, una y otra vez, todo aquello que detesto ver.
Tú, maldita sea tu estirpe.
Llevas aquí toda mi vida, lastrándome. Humillándome, haciéndome sentir inferior. Proyectas voces y evocas recuerdos que estarían mejor muertos y enterrados. Susurras palabras que me impiden caminar, que me llenan de rabia y sufrimiento. Tu mirada, inquisitiva y penetrante, resulta insoportable.
A veces haces que me odie a mí mismo.
Tiras de mis huesos, entumeces mis músculos, cierras mi boca, silencias mi mente, socavas mi cordura. Por tu culpa mis fuerzas se ven mermadas. Por tu culpa veo el mundo desde bastidores.

Te odio. Te odio con toda mi alma, pero drenas mis fuerzas que a veces me es imposible luchar contra ti. Tu voz se clava en mi cerebro y congela mis venas con tanta saña que es imposible escucharte. Disfrutas con ello porque sabes que, por mucho que luche contra ti, y por muchas veces que crea vencerte, tuya es la última palabra. Y esa palabra es No.
Dices que intentas protegerme, pero creo que mientes. Creo que en realidad me odias, casi tanto como yo a ti. Somos enemigos íntimos, tú y yo. Tú me gritas, yo te grito a ti. Discutimos durante horas y horas, pero jamás llegamos a nada. Cuanto más cambian las cosas, más permanecen iguales...
Es una batalla cruda y eterna y, a diferencia de ti, yo solo soy humano. No soy fuerte y resistir tus golpes, día tras día, es una lucha destinada a héroes. Ignorar tu voz, insistente minuto a minuto, es una proeza digna de leyendas.
Yo no soy ni lo uno ni lo otro.

Peleo contra ti -o creo hacerlo-, a veces creo que por inercia. Porque se supone que es lo que tengo que hacer. Si quieres, porque es lo que se espera de mí. Cada embate que resisto es más débil, mientras que cada golpe tuyo es más fuerte. Es el juego del gato y el ratón: me derribas y me atraviesas de parte a parte; yo me levanto creyéndome más fuerte, para que tú al final me demuestres lo equivocado que estoy. Para que me abras los ojos y me dejes claro que me he estado engañando todo este tiempo. Me miras a los ojos, te ríes de mí y haces que agache la cabeza, abatido. Me recuerdas, una y otra vez, que no soy la clase de guerrero que me gustaría ser. Que no soy más que una sombra de lo que deseo. Una vez en el suelo, me golpeas hasta que no me puedo mover y te marchas.
Pero no te marchas por piedad. Tú no la conoces. No sabes lo que es la misericordia, porque no tienes sentimientos. Me dejas para que crea haberme recuperado, para que me engañe pensando que todas las heridas que me has abierto se han cerrado.
Eres muy hábil con las mentiras.
Debes partirte de la risa cuando, una vez vuelvo a levantarme, me doy cuenta de que todas y cada una de ellas no solo no han restañado: están abiertas y de ellas mana sangre a borbotones. Estoy seguro de que disfrutas muchísimo cuando me doy la vuelta y me doy cuenta de que jamás te fuiste. Jamás desapareciste.
Tan solo te tomaste un descanso.
O acaso estabas jugando conmigo.
Siempre estuviste ahí.

Debes sentirte hasta arriba de orgullo al ver que lo único que puedo hacer es intentar combatirte, sin pasar de eso, del mero intento. Al contemplar cómo cada día que pasa te apoderas de mí con tanta fuerza que no soy más que tu esclavo. Hago lo que puedo por ignorarte, pero tus zarpas de hielo me atenazan el corazón. El vaho frío de tu aliento nubla mi juicio.
Puedo oír tus carcajadas mientras caigo de rodillas.
Oigo tus insultos y tus vejaciones en el momento en que tiembla el pulso.
Tus burlas inundan mis oídos mientras la espada y el escudo resbalan de mis manos.
Me escupes a la cara cuando oyes resquebrajarse mi armadura.
Y no puedo más.

No puedo más.
Conoces esta frase, porque te la he dicho mil veces. Te la he dicho cada vez que he intentado plantarte cara, cada maldita vez que te he levantado la mano para defenderme. Y has hecho como que me has escuchado, para devolverme el golpe con más fiereza. Más violencia. Clavando tus puñales entre las costillas, en la boca del estómago, en la misma espalda.
Te digo que no puedo más, que me dejes en paz, pero a ti te da igual. No paras, no te rindes. Te da igual lo que te diga, lo que te suplique. Te da igual todo, porque esa es tu razón de ser.
Te odio, maldita sea tu estirpe.
Y más me odio a mí mismo porque no sé cómo vencerte.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Spanish Bizarro- Crónicas Katránicas: Odisea Cordobesa, o "¿Qué más puede salir mal?"




Ya he comentado alguna vez que, antes de pegarle a eso de la escritura, estuve durante un tiempo arrastrándome por los entresijos del rock'n'roll. Debieron ser alrededor de cuatro años en los que un servidor, junto con un puñado de bienintencionados colegas, nos dedicamos a maltratar y sodomizar temas de rock duro de los últimos treinta y pico de años, formando de paso la que podría haber sido la peor banda jamás parida en la ciudad.

Para ponernos en situación, tendríamos que trasladarnos al año 2004 o así, cuando un amiguete mío de toda la vida me dice que se compra una batería y que tiene un par de compañeros de laboratorio que igual se enganchan a tocar con él.

- Muy bien- digo yo al enterarme de semejante noticia. Se nota que no había pillado por dónde iba a la primera.
- Quiero que te vengas a tocar con nosotros- me responde mi colega, que me había visto aporrear (que no tocar) el bajo en casa alguna vez.

Ni que decir tiene que, a día de hoy, sigo preguntándome cómo coño me lió para que al final acabase aceptando.
Como todo el mundo, los comienzos fueron duros. Muy duros. Duros de cojones: empezamos nuestra estratosférica trayectoria en el cobertizo de la casa de campo de este amigo mío, a unos treinta y pico kilómetros de la ciudad, pasando más frío que cagando polos y con una acústica que podría calificarse como "exótica". Nuestro equipo consistía en la batería, mi bajo, un par de guitarras, UN amplificador compartido con una clavija doble por la que se metían tanto guitarra como bajo, un portátil con una Sound Blaster y un micro. Eso era todo. El sonido, pues os lo podéis imaginar: poneos a batir nueces con cáscara y todo con una batidora y poned a alguien que machaque pedrolos en un almirez y os podéis hacer una idea muy aproximada de lo que era aquello.

El inconfundible y auténtico sonido Katránico.


Con el tiempo, la cosa evolucionó: nos mudamos a un local de ensayo, ya en el casco urbano y, poco a poco, fuimos comprando equipo. Seguíamos sonando de puta pena, pero al menos no causábamos jaquecas irreversibles. Se nos fue un guitarra, que fue rápidamente sustituido por otro. Evolución, que lo llaman.
En cosa de un año dimos nuestro primer "concierto", de vuelta en la casa de campo de mi batería, titulado "Rustic Tour" por motivos bastante evidentes. Detalles como poner parte del equipo sobre una caja de fruta o que nuestro road manager de por aquel entonces trajera una iluminación consistente en TRES bombillas de colores (de la cual solo funcionaba la roja y acabamos tocando con una ambientación similar a la de un puti-club de carretera) forman parte ya de la historia de la banda de rock-duro-punk-heavy metal-mierda pura que acabamos por bautizar como Katran 6.25 (el nombre derivaba de la palabra "alquitrán", que nuestro batería había visto en un paquete de tabaco en Croacia -¿?- y el 6.25 hacía referencia a la pasta que le quedó a uno de los guitarras tras haber pagado el local un día).

Durante mi estancia en Katran hubo como dos millones y pico de anécdotas, las cual no recuerdo en su totalidad (literalmente, anoche estuve hablando con el resto de músicos y había cosas que había borrado de mi mente por completo). Si tengo que quedarme con alguna en concreto, podría ser la infernal semana que sufrimos hacia finales de 2005, cuando nos tocó dar nuestro primer concierto fuera de la ciudad.
Me refiero, como ya habréis imaginado, a nuestra Odisea Cordobesa.

La actuación que nos esperaba en Córdoba estuvo marcada por la mala suerte desde el principio. Y no bromeo.
Podría decirse que todo empezó en el momento en el que Jesús (nuestro cantante, conocido con cariño como El Jes) nos dio la fecha inicial: en un principio, estaba prevista para el día 25 de Noviembre. Nosotros no podíamos saberlo entonces, pero a partir de ahí fue cuando aquello a lo que acabaríamos por bautizar “la Sombra de los Katranes” comenzó a hacer acto de presencia.

"¡MUAJAJAJAJAJAAJAJAJAJAJAJAJAAJ!"


El primer golpetazo que nos dio esta Sombra vino justo unos días después de que nos confirmasen la fecha del bolo, cuando me enteré de que en mi facultad planeaban adelantar los exámenes de Diciembre cosa de medio mes antes. O sea, a mediados de Noviembre. Nada más recibir la noticia, envié un comunicado al resto del grupo para advertirles de lo que podía pasar. La respuesta fue bastante lógica: yo sólo tenía dos asignaturas para Diciembre; las probabilidades de que algún examen cayera el mismo día eran realmente bajas.
Cosa de una semana y poco después, tuvimos que mordernos la lengua: mi primer examen caía justamente el 26 de Noviembre. Me era imposible tocar en Córdoba la noche antes. Todavía recuerdo la cara de Carlos, uno de nuestros guitarras, y de lo que dijo al enterarse de aquello:

- ¿Pero qué puta conjunción astral ha tenido que darse para que el concierto caiga el día antes de tu examen?

Ante la inesperada movida, Jesús se puso en contacto con la gente de la Sala Valhalla, que se portaron realmente bien y nos aplazaron la actuación para el miércoles siguiente. Podría decirse que era un contratiempo menor y que se arregló con relativa facilidad, pero la Sombra no se quedó tranquila, ni mucho menos; las cosas no habían hecho más que empezar para los Katranes…

"Os vais a cagar, mamones".


Justo dos semanas antes del concierto, saliendo del Gravity Music, nuestro local de ensayo, a Raúl (otro de nuestros guitarras... o guitarra cuando no decidía bajarse el volumen en mitad de una actuación en el momento en que se olvidaba de tocar alguna parte) le robaron prácticamente todo su equipo. Fue despistar el equipo en la puerta un solo segundo, cuando lo siguiente que oímos fue a Carlos, blanco como la pared y gritando “Tío tío tío, que seis notas se acaban de llevar la guitarra y el ampli de Raúl”. A correr que echamos detrás de los seis pavos aquellos, a ver si por lo menos soltaban las cosas por ahí al haber sido descubiertos, pero no caímos en el detalle de que aquellos hijos de puta jugaban en casa y conocían el terreno. La cosa terminó aquella noche a eso de las dos de la mañana, en el portal del bloque donde los tipejos habían subido las cosas de nuestro guitarrista, hablando con la Policía, que lógicamente no podía entrar en todos y cada uno de los pisos para recuperar el equipo.

Sombra: dos, Katran: cero.

Y justo cuando creíamos que las cosas ya no podían ir peor, al lunes siguiente, nos dimos cuenta de que nos habíamos vuelto a equivocar: esa noche otro sujeto se coló en mi casa y se llevó algo de dinero y los teléfonos de casi toda la familia. Al menos, mi equipo seguía conmigo, pero el susto de que un pavo se cuele en tu casa y se ponga a registrarla mientras tú y toda tu familia estáis durmiendo tranquilamente ya no nos lo quitó ni Dios. Aquí ya se empezaba a perfilar la palabra “Sombra Negra”. Para postre, sirva decir que Raúl no pudo ir a ensayar ese lunes debido (aparte de que su equipo no había sido recuperado) a que se encontraba en Ceuta trabajando.

Supongo que habréis pensado que fue una simple coincidencia. Alguien medianamente racional también lo habría hecho, imagino... Lo lógico habría sido pensar que habían sido solo un par de contratiempos y luego todo iría bien.
Ja.
Aquí no acababa la cosa, qué va… el miércoles, una semana justo antes de irnos a Córdoba, Juan Pedro, mi batería, me dice que Luis (un amigo de Jesús que iba a tocar con nosotros los solos del Killed by Death a golpe de violín, además de marcarse un par de temas con nuestro cantante) tiene un problema de lumbago y le es imposible tocar con nosotros.

"¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!"


El lunes no pasó nada digno de la Sombra; como mucho, Juan Pedro se había abierto un poco la muñeca, pero eso no le limitó demasiado y tocó como siempre. Era el día de ensayo general, y entre unas cosas y otras llegamos todos un poco tarde (las cosas de alquilar un local por horas, que no puedes tocar el tiempo que te dé la gana), de modo que nos limitamos a hacer una ronda rápida y que en Córdoba pasase lo que tuviese que pasar. Aquí hay que decir que tanto Raúl como Juan Pedro estrenaban equipo, lo cual nos motivó bastante. Raúl tocaba con la guitarra de José Manuel (el primer guitarrista que tuvimos, que había abandonado el grupo un tiempo atrás), que se encontraba en Londres; para la Valhalla usaría el antiguo amplificador de Carlos. En cuanto a Juan Pedro, estrenaba unos hi-hats Paiste que le cambiaron el sonido de una forma brutal. No es que con eso tocase mejor, pero al menos cuando los aporreaba no se te metían en el cerebro.

El ensayo general fue lo único que nos motivó en aquellas dos semanas. Pero, si alguien pensaba que la Sombra se había disipado, debería reconsiderarlo.
Sí, amigos Distópicos.
Todavía faltaban los últimos coletazos.
El mismo día del concierto ya surgieron complicaciones. Por un lado, echamos un rato en quedar para irnos hacia allá, cosa que se solucionó fácilmente (menos mal). Hubo que quedar con una amiga del grupo y cantante ocasional para más señas, que tenía rehabilitación un poco más tarde, pero eso se acabó arreglando (no entraré en más detalles aquí). Lo gracioso vino a la hora acordada: Raúl llama a mi casa, diciendo no sé qué del abuelo de Ale (el alma del grupo). Entretanto, Juan Pedro, Rocío (la ahora mujer de Juan Pedro) y yo estábamos ya cargando el equipo en el coche de éste, un Mitsubishi Pajero que, a pesar del nombre jocoso, era lo más parecido a un tanque campestre.
Subo a mi casa y me toca esperar la llamada de Raúl, a ver qué coño pasa. Mientras, veo como Juan Pedro y Rocío ya se ponen en camino para Córdoba, y Carlos y la otra chica aún por aparecer; éstos llegan mientras hablo con Raúl, que me dice que han operado al abuelo de Ale y que van a tardar un poco en llegar. Sin problemas, cada uno tira por su cuenta hacia Córdoba y allí nos vemos.

El viaje fue bastante tranquilo (al menos por lo que a Carlos, nuestra amiga y a mí respectó); Raúl no pudo decir lo mismo: estábamos montando ya en la Valhalla cuando nos damos cuenta de que nuestro colega está tardando quizás demasiado. Jesús se pone en contacto con él, y al ratillo, viene para nosotros resoplando como un mihura con asma: nos cuenta que a Raúl se le ha roto el embrague de su coche y se han quedado tirados en un polígono a la entrada de Córdoba. Hay que ir a buscarlos mientras los demás terminamos de montar. Finalmente, llegaron y la cosa se pareció solucionar…

"¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!"

A la hora prevista (media hora más, media hora menos), nos subimos a tocar. Teniendo en cuenta como está la cosa, aquí hay que mencionar el detalle de que algunos ya íbamos preparados contra la mala suerte: yo me llevé el colgante-amuleto que me regaló lo que ahora es una ex-amiga y Carlos se llevó sus calcetines de la suerte.
Parece que hicieron buen efecto: la actuación quedó bastante bien. El público, que resultaron ser unas veinte personas (mucha gente, teniendo en cuenta que era miércoles y en Córdoba no nos conocía ni nuestra puta madre), se mostró muy cálido con nosotros. Sólo hubo un par de cosas que ensombrecieron la actuación: la primera, el sustazo de tocar con la luz apagada en un par de momentos (cosas del técnico de luces); la segunda, que mi bajo me dio un par de malos ratos al girarse un poco la clavija y quedarme sin sonido durante un segundo o dos (uno de esos momentos fue en la entrada de nuestra versión-destrozo de "Perfect Strangers" de Deep Purple). Por lo demás, todo salió sobre ruedas. Cabe destacar ese momentazo en que Raúl, ya con unas cuantas birras encima, se sube a cantar nuestra versión-blasfemia de "Living After Midnight" de Judas Priest. La gente empieza a gritarle "¡Camiseta! ¡Camiseta!", en referencia a que Jesús había pedido que nos hicieran unas camisetas con un logo del grupo para lanzárselas al público. El pobre Raúl entiende lo que le sale de los cataplines y grita:

- ¿Qué queréis, que me quite la camiseta?
Ni que decir tiene que la gente, con unas ganas de cachondeo tremenda, respondió que sí. En respuesta, Raúl se levanta la camiseta al estilo choni, remangándosela sobre la barriga y se pone a berrear como si no hubiera un mañana mientras deleita al respetable con los pelos de su tripa. Sumad a eso una coreografía desenfadada y tendréis que el cabronazo se metió al público en el bolsillo sin siquiera necesidad de dar una nota en su sitio.
No intente esto en casa.

Nada, que llega la hora de recoger. Todo parecía haber salido a pedir de boca. Los Katranes habíamos estado disfrutando en la Valhalla hasta eso de la una o una y algo. Metemos los bártulos en los coches de Juan Pedro y Carlos… y justo en el momento en que ya casi nos organizábamos para irnos… llega un parroquiano del bar, se va para mí y me pregunta “¿Esto es vuestro?”
Teniendo en cuenta esa especie de extraña atracción que ejerzo sobre gente raruna, imagino que entenderéis que mi actitud inicial fue de recelo. Lo que habría sido digno de hacerme una foto debió ser ese momento en que veo a lo que se refiere y que hace que se me cambie la cara por completo.
Se trata del asiento de la batería de Juan Pedro, que el hombre había rescatado valientemente a un tipo que se lo había llevado. Según parece, se nos olvidó meterlo en el coche, o bien lo teníamos para meterlo; pasó un gañán por allí y se lo echó bajo el sobaco. Afortunadamente, todo quedó en la anécdota.

"¡No pasa nada, chavales!"


Y así, tras más de media hora para decidirnos acerca de cómo llevar el equipo… y a Raúl, Ale y Carlos (uno de nuestros fans, no confundir con nuestro guitarra) que, como recordaréis, se habían quedado tirados en un polígono a la entrada de Córdoba, salimos finalmente de vuelta, dividiéndonos en dos grupos: a Málaga unos y a Granada otros.
Y es así como terminó esta Odisea Cordobesa, una historia cargada de dramatismo, absurdo y, sobre todo, una legión de mangantes por todas partes que te quedas loco perdido. Un épico viaje iniciático en el que el destino estaba en contra de cualquier puta cosa que hiciésemos. Por suerte, todo hay que decirlo, nos las apañamos para sobrevivir y darle al destino una soberana patada en los cojones.
Los Katranes habíamos logrado sobrevivir a la Sombra.

martes, 24 de septiembre de 2013

Escupiendo Rabia- Me vais a comer el rabo de canto



Hará cosa de unos días, creo que hace casi una semanita o así, me llegó el enlace de una escritora a la que conozco tangencialmente comentando que el mundillo le estaba causando una vergüenza ajena tan grande que casi le daba cosa decir que se dedicaba a esto. Palabras duras, muy duras, dirigidas a un caso concreto en el que no tengo intención alguna de entrar ni dar mi opinión, sea buena o mala. Me quedo más con el fondo de lo que estaba diciendo más allá de esto.
Y sobre todo, de lo corta que se quedó.

Venga, sí, ya seguro que iréis a decirme que estoy pesado con el tema... y lo peor es que es verdad: tengo que decir, por enésima vez, que yo también ando muy asqueado de esa gente a la que he considerado compañeros en esto de las letras. No porque me hayan hecho a mí nada en concreto (que yo sepa no, o no más que a cualquiera), sino por esa vergüenza ajena que menciona esta autora. Por esa política de patio de colegio, todo ese desfile de mentiras, medias verdades y verdades veladas de las que nos vamos enterando. De ese juego de poder de poca monta, donde el ego convierte a gente que no creo que llegase a ser mala persona antes de entrar en esta especie de república en decadencia en personajes irreconocibles. Harto de ver cómo gente se pone buena cara entre sí y a la primera de cambio se lanza puñaladas traperas al hígado.

No voy a dar nombres, porque lamentablemente esto es un caso generalizado. Se ve con tanta frecuencia que tal persona llame "perro judío" a otra y que a las veinticuatro horas (o menos) se empiecen a practicar felaciones dialécticas, etiquetándose en fotos o (capaces son) hasta yéndose de putas e invitándose a mamadas que llega un punto en que te ríes por no llorar. Es un panorama tan surrealista que empiezas cabreándote; luego simplemente alucinas, y por último acabas por encoger los hombros y darlo por normal.
Y eso es lo triste, que se está convirtiendo en algo normal. Tanto que ya forma parte de la existencia de este mundillo. Lo que en cristiano viene siendo el absurdo padre.

Tan a lo bestia está el patio que pasas unos días en Valencia y conoces a gente a la que te hacía mucha ilusión y empiezas a intercambiar impresiones con ellos. Resulta que te das cuenta de que tienes la suerte de que estos son un poco como tú, en el sentido de que van de cara y lo que tienen que decir te lo dicen (la experiencia previa con ellos los avala y no es la primera vez que has discutido con ellos... en buenos términos, por supuesto, pero ves que no te dan la razón en todo y que te dicen lo que piensan), y te vas enterando de cosas que te dejan, como poco, con las patas colgando. Te van confirmando cosas que ya sospechabas acerca de este mundo de camarillas y favores debidos. Van saliendo cosas acerca de gente con la que te llevabas nada más que regular o de las que directamente pasabas como de la mierda (o más, incluso, ya que a la mierda se la mira para no pisarla)... cosas que a ti en realidad no te afectan, pero que dejan muy clara la catadura moral de más de uno y más de dos. Peleas, peloteos y movidas en las que a veces los roles de enemigo y aliado se intercambian con tanta rapidez que necesitas una puta Wikipedia para enterarte de por dónde va la película. Algo más descacharrante y con más incoherencias que chuparte Melrose Place salteando capítulos... y con menos sexo del que nos habría gustado, para qué engañarnos. Es en ese momento en que te das cuenta de que lo mejor que puedes hacer en este mundillo es no querer formar parte de él. Ir a tu santo aire y dejar que cada uno haga de su capa un sayo. Dedicarte a lo que más te importa, que es CREAR, luchar por MEJORAR y dejar suficiente cuerda a los demás para que se ahorquen.

Lo mismo con esto basta. Si no, se busca más.


Y es que esto no deja de ser decepcionante. Ya he contado cómo en su día yo estuve liado en historias de grupos de música y rencillas con tal fulano que te pide explicaciones acerca de por qué has tocado en Quintocoño, Alabama y no has contado con su grupo (como si fuese tu puto jefe) para subirse al escenario juntos. De reproches y demás historias.
Cuando entré a conocer a otras personas que escribían, la impresión inicial fue que la cosa no era así, que había algo de más compañerismo y menos traperías. Menos camarillas, menos chupapollismo, menos estrellitas.
No pude ser más gilipollas por esperar algo así.
Llevo rodeándome de esto, no sé... pongamos tres años, aunque no llevo hecho el cálculo en condiciones. Pongamos que sí. En ese tiempo ya he visto más pugnas y tiros que en el puto Verdún. Cada semana veo a un Bruto apuñalando a un César básicamente porque le sale de los cojones y a la semana siguiente veo que eso no ha pasado jamás... para que el ciclo de mamadas y giliflauteces vuelva a repetirse continuamente. El poser de turno que necesita destacar a costa de forjarse una imagen de malote (cuando a lo mejor en su casa es un mierder, que no te extrañe) saca una barbaridad cagándose en la puta madre de alguien y ya tenemos un crossover entre la Patrulla-X y los Vengadores; cien capullos por un lado se enfrentan a cien capullos por otro (y suerte tenemos que no les dé por ponerse un pijama de lycra, ahora que lo pienso). Reproches, indirectas y gilipolleces que me hacen pensar que, más que rodearme de gente con pelos en la entrepierna, he vuelto a mi época de la guardería. Si alguno pidiese permiso a la seño para decir que tiene caquita os juro que no me resultaría tan raro. Y si dijésemos que estas son rencillas profesionales, donde el personal (como indicaba un amigo mío al que he referenciado por aquí alguna vez) se jugase el pan de su familia hasta podría llegar a entenderlo... pero no nos pongamos a alucinar, que aquí el personal por lo general tiene su curro que es el que le saca adelante y va sacando (si es que tiene esa suerte, que no todo el mundo puede) algún ingreso extra con los libros que publica.
Es de risa. De puta risa.

Juasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuas.


Alguno, llegado a este punto, podría decir que esta es la típica rabieta de alguien que no ha publicado y que ve cómo el mundillo le cierra las puertas. Típica, muy típica, si se pone a pensar esa persona acerca de mi actitud sobre eso de publicar (ya he mencionado en público y en privado que a mí, como tal, no me aporta nada a nivel personal; mucho menos, a nivel económico o profesional, con lo que me paso esa ambición por el forro de los putos cojones). Más absurda es aún si uno se pone a tirar de hemeroteca y se da cuenta de que publicar o no aquí no está siendo un factor en absoluto relevante: ¿Cuántos casos conocéis de autores que han publicado su primer libro y se han llevado hostias hasta en el carnet de identidad por el puto careto?
Puede que no muchos, diréis. Puede que la cosa es que nadie se atreva a reconocerlos, porque yo sí he visto unos cuantos casos. No, no voy a hablar de manos negras ni de hostias en vinagre: voy a hablar de ataques personales a gente que, bien ha pasado de relacionarse demasiado con los demás (por el motivo que sea, que me parece de lo más respetable) o gente que sencillamente ha ido de cara y ha dicho las cosas tal y como las piensa. A esa gente, y lo sé de buena tinta, se la ha crucificado, vilipendiado y mortificado hasta tal punto que en al menos dos casos han tenido que decir públicamente que al próximo que siga dando por culo se van para los juzgados y toman medidas legales, porque ya está bien de tanta gilipollez.
Y encima tienes que oír que esa defensa ante tanta subnormalidad es exagerada, desmedida y que hay que aguantar más, porque esto "es así". Hasta te granjeas enemigos por trazar la línea entre la gente que te rodea y el pedazo de carne con ojos de turno cuya única razón de ser es faltar al respeto al prójimo y tocar los huevos de mala manera.

El caso es que por esto es por lo que estáis viendo que suelo decir que tengo un pie ya fuera de este mundillo. Ojo, no del mundillo de la escritura, ya que es algo que llevo en las tripas, sino del mundillo de camarillas y pelotas. Estoy hasta los mismísimos cojones de que, por llevarte bien con tal persona, te surjan otras treinta diciendo (sin conocerte de nada, que es de lo más fuerte) que no hablan contigo porque te llevas bien con tal... independientemente de que tú comulgues con el pensamiento de esa persona o que te parezca bien lo que hace o lo que suelta por la boca. A eso se llama culpables por asociación y es algo que tiene tanta lógica como una pelea en el patio del colegio porque el chaval de al lado tiene unas canicas más grandes que las tuyas. A eso se le llama dar por hecho de que aquí no hay la suficiente madurez para aceptar que cada uno libra sus propias batallas en lugar de meterse en las de los demás. No, lo que se lleva... la moda imperante es lo del "¿Y tú de quién eres?". Llegas, admites que te eres amigo de Fulanito (porque tampoco vas a ir negando a tus amigos), te ponen la etiqueta de "Círculo de Yonosequién" y hala, a mascarla.

"¿Tú eres vengador u Hombre-X?"


Vergüenza. Mucha vergüenza.
Es vergonzoso ver cómo cada día hay más gente que pone una cara en público y luego otra diametralmente en privado, contradiciéndose y admitiendo cosas que hace un momento negaba. Y no solo cosas que negaba, sino cosas que desmentía cuando otros más valientes las decían. Juicios parciales, carentes por completo de objetividad, prejuicios y esa política del avestruz, que es la de escurrir el bulto y cagarte sobre las patas cuando alguien te pregunta "¿Tú de qué coño vas?" ante tanta indirecta.
Madurez, honestidad y sobre todo, valor. Mucho valor.
A lo que dices tú, "Mira, si lo hiciera un pobre desgraciado al que no le hace caso ni su madre" pues todavía; el problema es que aquí lo hace el desgraciado y tiene otros doscientos alrededor que lo jalean y lo ensalzan como si fuera el puto Sócrates. Gente que, lejos de labrarse una imagen prefabricada y diseñada para ganarse más amigos que el chaval de los Donettes, lo que están haciendo es dejar claro la clase de gente que son en realidad y dar una imagen lamentable de sí mismos. Peor aún es esa imagen cuando, no contentándose con este despliegue de payasadas, tiene los cojones de ir por ahí dando lecciones a los demás. Pensando que éstos son tan subnormales que se van a creer ese despliegue de imbecilidades una detrás de otra solo porque esta persona es X y tiene un halo de veracidad inviolable.
Sí, claro que sí.

Es realmente crudo encontrarte cómo se cuestiona la profesionalidad de otros en base al ego: porque aquí el Héroe medio no tiene carencias, sino que siempre es culpa de los demás. Porque uno no tiene defectos, aunque alguien que tenga tanta o más experiencia que uno le señale cosas a mejorar. Porque si uno la caga, da la puta casualidad de que no la caga uno, sino que es que hay una mano negra, una mafia o una puta conspiración judeomasónica en su contra. Todo eso es mucho más fácil que aceptar que igual uno no es la criatura semidivina que pretendía revolucionar el mundo en su día. Igual es más difícil darte cuenta de que, a efectos prácticos, eres uno más. Puede que ni mejor ni peor. Con tus virtudes y tus carencias, pero uno más.
Es duro aceptar eso. Lo sé por experiencia propia, pero me alegra haberme dado cuenta de ello a tiempo y no caer en esa vorágine de pretender impresionar a los demás, montarme una máscara para que la gente me ame (o me odie, porque de todo hay en esta vida) y pasarme el puto día intentando estar a la altura de esa imagen. Bastante tenemos ya con la que proyectamos ante el prójimo sin darnos cuenta como para encima crear otra de la que dependemos continuamente.

Esto no es nuevo. Por mi parte me he tenido que enfrentar una y mil veces a la imagen que, sin darme cuenta, he proyectado. Eso de "Ah, pues no eres como me creía" es algo que he tenido que superar en muchas ocasiones, dicho con diferentes matices y diferentes sentidos. Porque generalmente la imagen que he dado siempre de mí mismo no me ha gustado nada.


Con esto lo que quiero decir no es que me retire ni que vaya a dejar de hablar a todo el mundo, ni mucho menos. Como ya indiqué en la conversación mantenida con un amigo hace algunas semanas, yo tengo ya hechos a mis amigos en este mundillo y estoy bastante contento con ellos, de momento. Escribo cuando me da la gana porque lo llevo en las tripas, sin sentirme en la obligación de darle explicaciones a nadie. Cuando no, me dedico a dibujar, simplemente porque es algo que me hace feliz, y me importa tres mierdas a quién le pueda gustar lo que hago; sé que no voy a convertirme ni en Cervantes ni en Azpiri. Sé que no voy a fascinar a millones como J.K. Rowling. No voy a ser un referente literario como dicen que es Stephen King. Puede que ese, en realidad, no sea el objetivo siquiera. Como decía otro amigo al que respeto muchísimo y cuya opinión me suele hacer siempre pensar, el secreto es producir. Da igual que publiques o no, da igual que tu mierda pase a la puta posteridad. No todo lo que haces tiene por qué proyectarse al público (menos aún al gran público), y si lo hace, da igual: dentro de varios millones de años, el sol engullirá la tierra y nos iremos todos a tomar por culo. Eso de la posteridad es en realidad efímero.

O igual un meteorito se descogorcia contra nosotros, que también puede ser. La historia es que no vamos a estar aquí eternamente.

A lo que venimos es a aprender, a mejorar, a darlo lo mejor que podamos. Y si no mejoramos, pues oye, al menos hacemos lo que nos gusta. Pero lo que nos gusta A NOSOTROS. No tenemos que demostrarle nada a nadie. No yo, al menos.
Supongo que por eso este mundillo lleva tiempo dándome igual. Me tomo a guasa el repertorio de gilipolleces de las que me voy enterando, porque es imposible tomárselas a ellas y a sus dueños en serio. Me da exactamente igual que tal o cual no me ajunte porque se piensen que soy no sé qué o por ser amigo/enemigo de no sé quién. Como digo, yo mi gente la tengo ya hecha y ellos mismos os pueden decir que no es gente a la que yo apoye de forma incondicional. Aquellos que me conocéis sabéis que eso es algo para lo que yo no valgo.

Y aquellos que no sabéis de qué va el patio o que seguís con la mierda de las camarillas y el chupapollismo... aquellos que os pensáis que el fin justifica los medios con tal de conseguir ver vuestra mierda en una tienda, sin importaros a quién pisoteéis, apuñaléis o traicionéis... aquellos que todavía vayáis con los prejuicios de "No te hables con tal, que es un hijoputa a ver si se te pega", con las mamarrachadas de "Busco amiguitos que me defiendan que me han pegao"... A todos esos os podría decir, que, bueno...
Ya habéis visto el título de este post.
Me vais a...
Bueno, ya conocéis el resto.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Mondo Chorra- Falsos mitos sobre el aprendizaje de lenguas



¿Qué? ¿Habéis hecho todos ya la gracieta de reírse de Annie Bottle por su mal inglés? ¿Ya os sentís mejor al ver que existe gente pública con un inglés como el vuestro? ¿Es chuli reírse de alguien que demuestra unas carencias como las de uno?
Desde Rumbo a la Distopía no vamos a entrar a defender a una señora cuyas declaraciones a lo largo de años han demostrado una ideología que poco o nada tiene que ver con la nuestra y que desde luego no ha mejorado su imagen con la penúltima movida que ha protagonizado (ni putas ganas, la verdad), pero sí conviene hacer ciertas matizaciones a la hora de hablar de eso del "mal inglés", ya a nivel general y hablando del españolito medio y no de esta mujer en concreto. Algo que lleva una temporadita de moda en boca de todo el mundo y algo que todo el mundo parece sentirse con derecho a criticar. Por lo general yo no diría gran cosa al respecto... De hecho el repertorio de chistecitos me hicieron gracia los primeros diez minutos; luego me aburrí al ver que la gente se estaba dedicando a:

- Ridiculizar algo que ni ellos mismos podrian mejorar, bajo la excusa de "Es que esta señora representa al país". Ya. Y tú no lo representas cuando te llega algún extranjero preguntándote cómo llegar a una estación de metro y tú te dedicas a gesticular mucho, pegarle voces y hablar muy despacio en español, como si así te fuese a entender.

- Dedicarse a hacer chistes cuando aquí el personal ya nos la había metido doblada, gastándose una pasta del contribuyente (lo que un colega arguyó como "Lo del dedo y la luna"), pero no entraré en eso, porque no tiene nada que ver con el asunto que quiero tratar en este artículo.

- Hablar del "mal inglés" basándose en según qué cosas que me han dejado bastante alucinado, ya que luego aquí la mitad del personal tiene poca o ninguna idea de cómo funciona el aprendizaje de una lengua, cuáles son los objetivos de su estudio o qué se considera "aceptable" y qué se considera "barrabasada".

Da la puñetera casualidad de que, como filólogo anglista y como profesor de idiomas cerca de una puta década, algo sí se del tema (por favor, aquellos que me vengáis con el rollito "No sabes nada, Jon Nieve", buscaos otro argumento menos imbécil, para variar), sin contar el hecho de que soy perfectamente consciente de que el inglés es algo que le cuesta a mucha gente y que, por mucho que lo maneje yo, no me resulta gracioso reírme de NADIE (se llame Ana como se llame Pepe, sea de la ideología que sea, me caiga mejor o peor) por no hablarlo correctamente (o lo que el fulano de a pie entienda por "correctamente", que esa es otra). Preguntad a cualquier alumno de los que tengo y que os diga si me ha parecido gracioso que no sepan decir algo.

Este artículo, por tanto, está destinado a ir ventilándonos falsos mitos que tenemos con respecto al "buen" uso de un idioma y acerca del aprendizaje de lenguas, en general. Hay muchos y conviene ir quitándonos las ideas preconcebidas de la cabeza.
Dicho esto, vamos para allá.



1- Tiene mejor nivel el que mejor pronuncia:

Uno de mis mitos favoritos con respecto a eso del aprendizaje de una segunda lengua, por lo general aplicado al inglés. Esto lo hemos vivido todos, cuando hemos escuchado a tal o cual señor en la tele hablando en inglés y con un acento español de cagarse. Automáticamente, el españolito medio, en el momento en que ha escuchado una "r" pronunciada con fonemas hispanos, o bien lo típico (y que a mí, como profesor, me duele la boca de corregir) de pronunciar una "y" como una "ll", ya se juzga que el inglés que tiene dicho hablante es malo.
Expliquemos un poco en qué consiste esa falacia: a ver, el tener un acento de Cambridge cuando uno no ha nacido en Cambridge puede sonar muy chulo y no lo vamos a negar, pero es como decir que alguien folla bien solo porque tiene la picha grande. Es decir, que estamos basando la calidad en un factor estético y demostrando una ignorancia supina al respecto.
El profesor Vaughan, caballero cuyo método de enseñanza de idiomas no es del todo mi favorito, pero al que respeto, me abrió los ojos en una entrevista que le hicieron una vez, en la que él mismo aseguraba que eso del "acento perfecto" es una soberana tontería. En sitios como Inglaterra o Estados Unidos la pronunciación varía si te meneas unos kilómetros del sitio dónde estás. Por poner un ejemplo, si en el sur de Inglaterra se pronuncia la palabra pato ("duck") como "dak", en el norte, zona en la que viven unos pocos de angloparlantes de nacimiento desde hace no pocas generaciones, se pronuncia "duk". ¿Qué tenemos entonces? Desde luego, sería una auténtica paletada decir que TODO el norte de Inglaterra tiene un "mal inglés" sólo porque tienen una variante fonética a lo que se conoce como el inglés standard.
En España pasa exactamente igual, solo que aquí somos algo más pedantes y tuercebotas al respecto: la pronunciación varía a lo bestia de un sitio a otro sin que exista un español "neutro". Poneos a pensar en un presentador de noticias y, a menos que éste tenga un acento local muy marcado, nos damos cuenta de que el español que usa es un español que en realidad no usa nadie de a pie.
Más irrisorio es el hecho de que, a menos que se sea bilingüe, eliminar POR COMPLETO los rasgos de tu lengua natal a la hora de hablar en una segunda lengua es:

a) Algo meramente estético
b) Se aleja del concepto básico de aprender una lengua, que es comunicarse y punto pelota.




2- Tenemos que implantar la enseñanza bilingüe para estar a la altura de países como Finlandia:


Otra falacia curiosa, consistente en pensar que, como Finlandia y los países nórdicos poseen un buen sistema educativo (algo que no vamos a negar), tenemos que implantar una enseñanza bilingüe así, por cojones y sin vaselina.
Ante esto tenemos que pensar en detalles muy importantes que rodean el asunto, pero que están directamente relacionados. Hace algunos años, conocí a una chica danesa que me explicó por qué en su país natal se da tanta importancia al aprendizaje de lenguas. Nunca había escuchado la explicación hasta entonces, pero todo me quedó bastante más claro.
A ver, si echamos mano del lápiz, nos damos cuenta de que en Dinamarca viven alrededor de cinco millones y medio de habitantes, con el factor añadido de que el danés prácticamente no se habla en ninguna parte del planeta salvo allí. Echemos un vistazo a otros países nórdicos, que suelen ser el "ejemplo" del bilingüismo por definición:

Suecia- 9 Millones
Finlandia- 5,3 Millones
Noruega- 5 Millones
Islandia- 331000 habitantes.

Es decir, que estamos hablando de países enteros cuya población apenas triplica a la de Madrid en el mejor de los casos. En el caso más extremo, el de Islandia (país de moda últimamente y al que se suelen referir como una utopía donde los coches vuelan y el personal echa kikis de dos horas en un mal día), tenemos un país cuya población total es el 10% de nuestra capital.
No podemos obviar el segundo detalle, que es el de la expansión de una lengua: si nos ponemos a echar un vistazo, tenemos en cuenta que las lenguas más habladas son, en este orden, el chino, el español y el inglés. En cuanto a extensión, el chino se cae de la lista y nos encontramos que el mundo de habla hispana y el de habla inglesa son los que parten el bacalao. Vámonos a un sitio como pueda ser Inglaterra. Por amigos ingleses, sé que el aprendizaje de una segunda lengua (para ellos sería el español) no es ni de lejos una cosa que les preocupe. ¿Son más palurdos por ello? Pues según: un angloparlante, a diferencia del habitante de un país nórdico (o el de un país africano, también famosos por el bilingüismo o trilingüismo de sus habitantes, y a los que nadie curiosamente pone como ejemplo) sabe que su lengua está mucho más extendida y la necesidad de aprender una segunda para sobrevivir en un mundo más globalizado es menor.
Esto no es ajeno al mundo del habla hispana: pensemos que el español está bastante extendido por gran parte del planeta, englobando prácticamente toda latinoamérica (a excepción de Brasil), parte de Asia (por ejemplo, Filipinas) o los Estados Unidos, gracias al aumento de la población latina. Te vas a Nueva York y descubres que la gente va a hablando español por la calle y que una de las emisoras que más lo está petando desde los últimos años es precisamente una que habla en castellano.
Por tanto, ¿podemos decir que es bueno que la gente aprenda una segunda lengua en nuestro país? Por supuesto, el saber no ocupa lugar y nunca está de más comunicarse con gente que no sabe español. Más cuando somos un país turístico.
¿Es tan imprescindible como dicen? Pues tampoco vamos a caer en la exageración: tiene su importancia, pero ya hemos visto que la lengua hispana está lo bastante extendida como para que comercialmente podamos sobrevivir usándola. Otra cosa son ya las gestiones políticas de nuestro país o la imagen que demos al extranjero... pero eso ya son factores externos al uso de la lengua.



3- Es la práctica la que da dominio sobre una lengua

Sí y no. Los que ya me conocéis sabéis que para mí eso del talento es un concepto que me suena a chufla y que yo, si creo en algo, es en la tesón, la práctica y el esfuerzo. Y hasta aquí, de acuerdo con el concepto.
La cosa ya hace aguas en el momento en que te llega alguien diciendo que SOLO a base de práctica puedes dominar una lengua y que en realidad no hace falta conocimiento teórico alguno. No sería el primer caso que te ponen del chaval que, sin saber ni papa de otro idioma, se va a otro país, se pone a currar de camarero y, a fuerza de practicar mucho con la gente, acaba aprendiendo.
No vamos a decir que esto sea imposible, porque sabemos que muchos de estos casos tienen su base real... pero tampoco vamos a decir que sea ni tan fácil ni tan aplicable a todo el mundo. El inglés necesita una gran dosis de práctica, porque a ver, es COMUNICACIÓN. Y la comunicación al final lo que te va a pedir es que practiques con alguien...
... Pero eso no es motivo para desdeñar el conocimiento teórico de la lengua. Para poder comunicarte con alguien en un idioma, lo principal es saber cómo funciona, a grandes rasgos, dicho idioma. No puedes pretender que alguien te entienda si no sabes conformar una frase. O bien puedes conseguirlo, por medio de gestos o dibujos (esto último es bastante útil, creedme) y decir que "ya dominas la lengua". Puedes decir que has cubierto el objetivo o que has salido del paso, pero amigos, no nos chupemos las pollas tan deprisa: para dominar una lengua hay que entenderla. Y a menos que te hayas criado hablándola (hablaríamos aquí de adquisición y no de aprendizaje), te hace falta echar un vistazo a cómo se conforma una frase a menos que quieras que tu interlocutor se quede mirándote con cara de mongui.


La lengua. Hay que saber usarla.

4- En todas partes se da mucha importancia a los idiomas salvo aquí.

Falacia como la copa de un pino. Ya habéis visto un poco lo expuesto en los apartados anteriores, sin contar el hecho de que se suele decir que TODO EL MUNDO tiene un buen nivel de inglés en Alemania y, por extensión, en todo el territorio planetario salvando España, donde somos unos pobres palurdos ignorantes.
Ante esto soy el primero en decir que el inglés aquí (hablo del inglés porque es el idioma que trabajo yo, pero si alguien sabe cómo las gastan aquí con el francés es bienvenido de comentar) no se trata todo lo en serio que se debería... Nos pasamos años estudiando lo mismo con libros que tienen menos contenido que un cómic y haciendo que la chiquillería se aburra sin estudiar una teoría clara y (más absurdo aún) sin dar un contenido práctico que pueda catalogarse como "decente". Dicho de otro modo, un estudiante de inglés en España se puede pegar perdiendo el tiempo alrededor de cinco años (los de primaria y a veces los primeros de secundaria) y luego, cuando ha pasado su período crítico de adquisición (dejamos de adquirir la lengua de modo innato a eso de los diez, once o doce años, más o menos), les metemos la caña en la fase de aprendizaje con el agravante de que muchos ya se han aburrido en ese lustro de chorradas una detrás de otra.
Eso, sino contar en el hecho de que el inglés, desde que puedo recordar, se ha considerado una asignatura "maría". Dicho de otro modo, tenemos un sistema de enseñanza de inglés que se puede considerar como "mejorable". ¿Eso lo convierte en lo peor que ha parido madre? Pues esto es lo de siempre: depende de con quién nos comparemos. Si nos vamos a países nórdicos, que son gente con otra filosofía de vida, una población mucho menor y que permite que la enseñanza de idiomas (algo que se ha demostrado que funciona mejor cuanto más lo personalizas), pues oye, podemos decir que es "puta mierda", pero claro, sería obviar toda una serie de factores socioculturales que están ahí.
Si lo comparamos con otros países que están en la misma situación que nosotros, con factores similares a los que he expuesto tanto en este apartado como en otros y comparamos su nivel de idiomas... pues lo mismo nos daremos cuenta de que una cosa es "mejorable" (que lo es, y mucho) y otra decir que tenemos lo peor que ha parido madre.
Tan solo preguntaos cómo se habla inglés en Italia (país latino y con una filosofía de vida relativamente similar a la nuestra) y luego comparadlo con lo extendido que está el italiano en el mundo.



5- Tener un buen nivel de inglés garantiza un puesto de trabajo

Os digo yo que no. Si hacemos caso de esta falacia, tendríamos que TODOS los estudiantes de traducción o filología serían los primeros en colocarse en el mundo laboral. Asímismo, cualquiera que sobreviva a los cinco cursos de la Escuela Oficial de Idiomas debería tener un puesto de trabajo seguro, y tal y como estamos viendo, esto es coña marinera.
El conocimiento de idiomas es, por supuesto, un conocimiento que está "de moda" últimamente, como lo es el uso de la informática o tener el último máster que piden para vete a saber qué puesto de mierda. Otra cosa es esa especie de asociación, donde tú dices "Pues yo tengo un nivel B2 o un C1 de inglés" y la gente se te echa las manos a la cabeza preguntándose por qué estás desempleado.
Pues no, no es por gusto. Es que da la puñetera casualidad de que, tal y como están las cosas por todas partes, no hay dios que te garantice un puesto de trabajo a menos que te saques unas oposiciones (si es que les sale de los huevos convocarlas) o bien que seas buenísimo practicando felaciones para conseguir meter la cabeza en algún sitio para optar a un puesto de mierda.
Quizás el problema aquí no sea el conocimiento o no de inglés, que se está usando como excusa para no contratar a la gente, sino el hecho en sí de que no se está contratando gente, a secas. Te presentas a una entrevista con un buen nivel de inglés (en una por ejemplo, resultó que el entrevistador tenía un nivel de inglés inferior al mío, con la curiosidad de que quería evaluar "mi acento"; véase punto 1 de nuevo) y, si ven que te defiendes con fluidez, la respuesta negativa viene por otros derroteros (en mi caso concreto, fue lo de "No tienes experiencia previa"/ "Lo siento, ya hemos cubierto el puesto").
Hasta aquí, todo lógico. Pero no hagamos esa asociación, porque caemos en el error del siglo, a menos que en realidad a donde se quiera ir a parar es que podemos conseguir un puesto de trabajo fuera... pero eso ya es otra historia. Y esta falacia llevo escuchándola toda la vida, mucho antes de la crisis.



6- Para aprender inglés en condiciones la única manera es irse fuera


Sí, pero no. No es cuestión de lo que hagas, sino cómo lo hagas. Esto me recuerda el caso de unos compañeros de carrera que se fueron de Erasmus varios meses al Reino Unido. Comunicándome con ellos vía ordenador, me dio por preguntarles un día cómo era la gente por allí, a lo que una compañera me dijo que no tenía ni la menor idea.
Imaginad mi cara al escucharlo y, claro, no pude evitar preguntar.

- Es que no nos estamos hablando con los de aquí, sino con españoles- me respondió mi compañera sin tapujos.

Esto puede ser un ejemplo bastante ilustrativo, que también comentaba Vaughan en la entrevista que leí hace algunos años (intento buscarla, pero no la encuentro; si alguien da con ella, por favor, que me escriba), en la que muchos padres envían ilusionados a sus hijos al extranjero para que aprendan idiomas y se conviertan en hombrecitos y mujercitas de provecho y lo que hacen allí es juntarse con otros españolitos y no aprender una puta mierda del idioma local. En pocas palabras, forman sus propios ghettos de hispanohablantes y se niegan a mezclarse con los nativos, con lo que tenemos una considerable pérdida de tiempo y, por supuesto, de dinero.
Dar por hecho de que irse a un país extranjero suponga automáticamente que vas a aprender inglés es como presuponer que por meterte en una discoteca llena de tías vas a follar, aunque vayas hecho un guarro y los cojones te apesten a bacalao podrido.
El aprendizaje de idiomas, en gran parte, consiste en actitud y voluntad, y no se aprende por osmosis. El español en el extranjero, en líneas bastante generales, no es muy diferente de muchos de esos estudiantes extranjeros que criticamos en España, que hacen sus camarillas y que se niegan a relacionarse con los españoles. Lo que pasa es que desde casa las cosas parecen diferentes, pero no hay más que echar un vistazo a cómo somos por ahí y nos daremos cuenta de que nuestros estudiantes a lo que van es a sacarse la convalidación de tal o cual asignatura y poco más. Pero en gran medida (y con esto no pienso caer en la generalización barata de "todos van en el mismo plan" o al rollito Wert de "a lo que van es a emborrarcharse"; yo hablo en base a la experiencia que he conocido yo, y solo en base a ella, que conste), a lo que es comunicarse e integrarse, pues como que eso cuesta mucho más.



7- Cuanto antes se empieza a estudiar inglés, mejor se aprende


Falacia asumida por muchos padres que piensan que meter a tu vástago en un centro desde los cuatro años y que, por sistema, cuando tenga trece, el chaval te va a salir bilingüe.
Pues va a ser que no.
Como ya he mencionado arriba, esto falla en el momento en que nos ponemos a ver que, a día de hoy, la enseñanza de idiomas se hace de una forma mucho más temprana que hace unos veinte años: si bien un alumno de EGB empezaba a hacer sus pinitos con el inglés hacia quinto (más o menos a los diez años), ahora se está haciendo a los cinco o, dependiendo del centro, incluso a los tres. ¿Implica esto una mejora en el nivel? Debería, si ese nivel que se impartiese fuese una cosa seria, pero ya vemos que no es así; queda muy guai decir que tu hijo lleva recibiendo clases de inglés desde los tres años, pero luego las culpas le caen cuando el crío llega a los dieciocho y le cuesta la vida conformar una frase que tenga medio sentido.
La falacia aquí se dispara en el momento en que echamos la culpa al chaval (o se la echa a sí mismo, que también pasa) achacando problemas de "torpeza" o el consabido "Es que esto no es lo mío". Si el sistema educativo (insisto, mejorable como él solo) insiste en chapuzas del tipo "No, ahora no vamos a enseñar gramática, el alumno la tiene que descubrir por sí mismo" sin orientación alguna, pues la cosa empieza a caer por su propio peso. O bien, poner una gramática tan encorsetada que cualquier variación asumida por cualquier gramática decente sea catalogada como "error" solo por no aparecer en el libro de texto (y tenemos suerte de que en algunos de ellos aparezca hasta un resumen de la teoría. No bromeo ni exagero con esto, hablo en base a ocho años teniendo que soportar libros que parecen escritos por y para chimpancés con algún cromosoma escacharrado). Poner a críos de doce años a cantar canciones de guardería. Pasarse OCHO años enseñando algo tan "complejo" como el uso del presente continuo (una especie de mantra absurdo que se repite de forma lamentable en el primer trimestre de cada curso durante años) o, mi favorita: tirarte CINCO putos años enseñando los números y los colores a los críos, como si fueran gilipollas.
Esto, como en todo, es más una cuestión de criterio y calidad que de impartir antes la asignatura. Como si les metes las putas canciones de guardería desde que están en el útero: si te dedicas a repetir lo mismo cada año no solo no avanzas; pierdes alumnos a ritmo alarmante.



8- Para aprender idiomas, nada como un nativo:


Este principio falaz es esgrimido a cascoporro por centenares de colegios y academias de nuestro país. Muchos parecen considerar que si una persona ha nacido hablando una lengua, automáticamente sabe impartirla y generar todo un escuadrón de hablantes en un santiamén.
Lo que se obvia muchas veces es el hecho de que en sitios como Inglaterra no se aprende gramática inglesa: ¿por qué? Porque, por suerte o por desgracia, es una cosa tan estructuralmente sencilla que, en su período de adquisición (por lo general, cuando aprenden a hablar) les queda clara. En sus clases de lengua los estudiantes tienden a asociar grafía con pronunciación en las famosas clases de "spelling" (deletreo). Sin embargo, nosotros no hemos nacido con una gramática de ese tipo. La nuestra es más compleja, lo que nos obliga a estudiarla a menos que queramos meternos en berenjenales bastante gordos (o bien, atendiendo a los principios de gramática prescriptiva que imperan tanto en el mundo de la lengua española, algo que a mí siempre me ha causado cierta aversión).
Cuando nos vamos a meter a estudiar una segunda lengua, las reglas del juego son similares: si bien un estudiante de idiomas tiende a estudiar cómo funciona la estructura de la lengua hispana (algo que no tiene demasiado que ver con la suya), el estudiante español tiene que meterse a aprender cómo va la de la otra lengua. Para eso hace falta alguien que tenga cierto conocimiento teórico de ambas.
Y esto no es lo único. Hace falta también algo que, curiosamente, se suele pedir a los profesores nacidos en España, pero que se obvia a lo basto cuando se contratan nativos, y es una titulación específica en pedagogía. Para impartir clase de idiomas no solo tienes que conocer el idioma; tienes que saber impartir una clase, organizar una unidad didáctica (la pesadilla de los docentes), saber resolver conflictos en clase, ponerte al día con el material y todos esos "gajes del oficio" que hacen que la profesión de profesor sea eso, una profesión, y no algo que pueda hacer cualquiera que pase por ahí.
Por último, entra el concepto de la vocación, algo de lo que carecen muchos de nuestros profesores. Pero esto, considerando la importancia de todo lo ya visto, parece casi algo secundario en comparación. Y fijaos en lo que estoy diciendo.



9- Con tener buen vocabulario, ya puedes defenderte en un idioma:


Tengo que confesar que yo mismo caí en esta falacia durante varios años, hasta que llegué a segundo de carrera y uno de mis profesores de Lengua Inglesa Aplicada (no precisamente uno de mis favoritos pero que, con el tiempo, me llegó a demostrar un par de cosas, todo hay que reconocerlo) me abrió los ojos.

- Nos creemos- decía- que por saber muchas palabras ya dominamos un idioma. Sin embargo, ¿alguien sabe lo que significa la palabra rielar en español?
Ante el silencio generalizado, prosiguió:
- Rielar es lo que hace una luz cuando se refleja en un sitio como, por ejemplo, el agua. Con esto lo que quiero decir es que un hablante español no tiene por qué conocer todas las palabras de su idioma si no ha tenido ocasión de oírlas, o bien si conoce algún sinónimo algo más frecuente. Eso no afecta a la comunicación en lo más mínimo. Lo que sí afecta es, por ejemplo, no saber cómo se dice algo... o no tener la herramienta lingüística para poder definirlo. Si yo no hubiese conocido la palabra rielar y hubiese tenido que usarla en un contexto, habría usado la definición que he empleado. Quizás no quede tan "estético", pero mi objetivo quedaría cubierto, que es el de comunicarme y hacerme entender".

Es quizás por eso por lo que, cuando se habló de la reforma de Filología Inglesa de 2005, se habló (entre otras muchas cosas) de eliminar las asignaturas de lingüística y gramática para convertirlas en "lengua aplicada a comercio", "lengua aplicada a ciencia", "lengua aplicada a empresa". Algo que, así planteado, suena super-cool... pero, si echamos frialdad al asunto, nos damos cuenta de que, habida cuenta de que la gramática es la misma para cualquier ámbito, lo único que nos queda es que el objetivo era precisamente convertir las asignaturas en unidades temáticas de vocabulario y santas pascuas... lo que vendría a ser mearse en el concepto del la lengua como herramienta para comunicarse y convertir el tema en una especie de chorrada basada en aprender listas de palabritas.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Escupiendo Rabia- Mejor vestir santos que desvestir gilipollas o Que no, cojones, que la soltería no es la lepra



Hace ya bastantes años, tenía una colega que, por algún absurdo motivo (como casi todo lo que hacía esta tipa, para qué nos vamos a engañar), se le puso en su santo pepe que me tenía que buscar pareja. Así, por cojones. Sin pedirme mi opinión, con calzador y por el morro. De estas cosas que, amablemente, como que rechazas... no por otra cosa, sino porque el criterio de los demás no suele coincidir con el tuyo, y el de esta tía en concreto a la hora de echarte a alguien como si fueras un perro de raza era tirando a "particular" (por no decir que carecía de él).
Recuerdo que en una de sus mil intentonas de hacer que me aparease con alguien llegó a soltar "Es que te veo muy solo", como si eso fuese sinónimo del peor de los males. Como si, amigos Distópicos, eso de la soltería fuese algo peor que la puta Peste Bubónica o como la lepra.

No deja de ser curioso el hecho de que, al menos, esta moza tenía la costumbre de aplicar ese criterio de mierda para sí misma y, en el momento en que se quedó soltera, se empezó a ver con una legión de capullos tan grande que te quedabas cuajado. Eso sí, sola no se quedaba, la tía, no...
Es precisamente esta clase de cosas la que te hacen pensar en cómo funciona la sociedad, así en general. Porque el pensamiento de esta examiga (por muy descabelladas que fuesen sus actuaciones sobre mi sacrosanta vida personal, en la que por lo general, no dejo que se meta ni Cristo) no es en absoluto algo aislado. Es más, si me permitís, diría que es hasta frecuente, pese a que no he hecho un estudio estadístico que avale mi tesis.
Llamadlo elucubración de índole personal, si queréis.
O que me lo he sacado del sobaco, que tampoco sería tan raro.

El caso es que si nos ponemos a verlo, la sociedad tiende a imponer ciertos patrones de conducta en el individuo. Más o menos sutiles, pero no por ello menos existentes: en este mundo parece ser que o encuentra a alguien con quien compartir el resto de tu vida o, en el momento en que superas la barrera de los treinta ya te empiezan a mirar raro. Esa edad curiosa en la que, poco a poco, tus amigos de toda la vida se van casando o incluso formando una familia y tú empiezas a tirar hacia otros derroteros; más concretamente, pasando de echar raíces porque, cojones, no has encontrado a nadie que medio merezca la pena. Y para perder el tiempo y pasar una temporada como un desgraciado porque estás compartiendo tu vida con alguien que, en el fondo, no te interesa, pues como que no. Porque aparte de hacerte tú mismo la puñeta y amargarte, lo que estás es "alegrándole" la existencia a alguien que lo mismo ni se merece verte todo el puto día con la jeta colgando.
También puede pasar que, habiendo conocido toda una colección de arpías y mozas menos fiable que Caracuero en la sección de jardinería del Leroy Merlín mirando motosierras, tu instinto de autoconservación te diga que oye, para que te hagan la puñeta y te toquen la moral de mala manera, pasando. Que para que otros te toquen los cojones, pues te los tocas tú, que al menos sabes cómo hacerlo para que no se te inflamen.

Claro que todos pasamos por esa etapa masoca en nuestra vida en que vemos un espantajo en este plan y encima decimos: "No, qué va, no puede ser tan malo".
Qué risas nos echamos cuando nos damos cuenta de lo mucho que nos habíamos equivocado.
Era PEOR.


Aquí supongo que soy el tío raro, pero no creo que esto sea tan difícil de entender; si os soy sincero, más me cuesta pillarle el punto a filosofías como "Pues mejor estar con alguien que estar solo", "La soledad es muy mala y hay que evitarla a toda costa" o "Estoy con tal porque no había otra cosa y no me iba a quedar para vestir santos".
Dicho de otro modo y, como he visto en unos cuantos casos, lo que se llama "Agarrarse desesperadamente a un puto clavo ardiendo para que no señalen por la calle como 'solterón'".
Eso es echarle cojones al tema, colegas.


No es el primer caso de gente que he conocido que se ha liado a sabiendas (y muy sabiendas) con gente que sabían que les iba a hacer la puñeta en Tecnicolor pero que, pese a ello, han ido cual corderitos al matadero. Porque mejor mal acompañado que solo. A esos mismos luego me ha tocado escucharlos con discursos a lo Maldito Hipogrifo, lamentándose de lo mísera que es su existencia, de lo crueles que son los Hados y del Destino, que tiene más mala leche que un heavy cabreado en el concierto de homenaje a los Backstreet Boys.
Y te tienes que reír, porque sabes que esa gente te ha llegado a mirar con condescendencia, en plan "Sí, este tío es soltero, no se come un rosco". "Qué raro que es, que no se cepilla a la primera que se le pone por delante".
Porque claro, en esta vida ya no cuenta con quién salgas o dejes de salir, con quién te relaciones y demás: al parecer tienes que contarlo a los cuatro vientos, pregonarlo en plan "Mirad el éxito que tengo con el sexo opuesto, chavales, envidiadme" y hacer gala de tu hombría como si estuviésemos de nuevo en la puta era de las cavernas. En el momento en que te sales de esa especie de vorágine de macherío, en el momento en que te planteas el simple hecho de que no tienes por qué demostrarle nada a nadie ni a su puta madre, es el momento en que ya pasas a la vía muerta de la sociedad. El momento en que, voluntariamente o no, eres visto de forma diferente a cualquiera de los demás.
Más gracioso es el hecho en el que dejas claro que te pasas por el forro de los cojones lo que piensen de ti.

Ese momento es quizás un momento de epifanía, en el que te pones a pensar que, ya que no tienes que dar explicaciones a nadie de lo que haces con tu puta vida (porque para eso es tuya y no suya), tampoco tienes por qué darle entrada libre al primer subnormal que pase. Es entonces cuando mucha gente, no sin cierta parte de razón, piensa que eres un solitario porque eres demasiado exigente.
Para mí "demasiado" es un adjetivo quizás desafortunado.
Yo soy más de pensar que se es exigente porque ya se ha topado uno con una caterva de desgraciados (y desgraciadas, aquí ya no solo incluimos el concepto de pareja, podemos hablar de amistad, compañerismo y todo lo que incluya a las relaciones humanas) tan grande que se permite reservarse el derecho de admisión.
Si vas a tocar los cojones, no entres.
Si vas a dedicarte a meterte donde no te llaman, vete a tomar por culo.
Si tu rollo son las puñaladas traperas, las mentiras, el chantaje emocional, la manipulación y otras lindezas dignas de las SS, lo sentimos. El gilipollas sin dignidad con el que intenta contactar está apagado o fuera de cobertura. Si el problema persiste, búsquese usted a su puta madre y deje de dar por culo, gracias.

Díselo al dedo.


Es interesante este hecho que, para mí no deja de ser un ejercicio de coherencia, para muchos es una especie de muestra de excentricidad. Con actitudes en este plan es fácil que se te catalogue a toda velocidad como rencoroso, huraño o simplemente raro. Todo porque algunos no soportamos chorradas. Porque estamos ya un poco hasta los huevos de tener que soportarle payasadas al prójimo, que ya los tenemos negros de peludos y no está el patio como para perder el tiempo con gilipolleces.
Qué raro es uno porque no le baila el agua a yo no sé quién. Que no quiere ni arrimarse a tal tía que hace años le hizo la puñeta y ahora es agua pasada.
Mis cojones, agua pasada. Yo seré un rencoroso, pero si alguien me hace la puñeta y no me ha dado una explicación en su puta vida, por mí se puede ir a hacer gárgaras. Y si me las ha dado y lo único que escucho son polladas del tipo "No sabía lo que hacía", ración doble de gárgaras, que uno no se ha caído de una higuera y sabe que existe gente tan rematadamente hija de puta que te hacen las putadas solo porque saben que no has echado la suficiente mala baba para defenderte. Pero luego pasa que, a fuerza de hostias, espabilas y les enseñas los dientes. Y oye, ahora todo son disculpas, todo son arrepentimientos y todo son ganas de comerte el rabo.
Valientes ganas de tomar a uno por subnormal, coño.

Supongo que, aparte de por mis miedos personales (no estoy diciendo nada que no sorprenda a nadie, puesto que todos tenemos miedos sociales de un tipo u otro) que no mencionaré aquí, este tipo de planteamientos son los que me hacen reafirmarme en mi actitud. Seré un cínico y no lo niego, pero qué queréis que os diga: estoy hasta los mismísimos cojones de gente que no merece la pena. De ver cómo el personal se aprovecha de uno hasta sacarle la misma médula, envenenándote con su toxicidad y meándose en tus restos. Un desfile de criaturas patéticas que lo único que aportan a tu vida es una terrible sensación de pérdida de tiempo. De haber derrochado tus energías con gente que, aunque pueda sonar soberbio (me la sopla el que lo piense), no se merece la compañía de uno. De gente que en realidad lo que ha hecho ha sido la política del embudo, quedándose la parte ancha y dándote a ti la estrecha, arrebatándote todo lo que puede y no dándote ni una puta migaja.

Y dices tú, qué fácil es hablar. Qué pequeños se ven los toros desde la barrera, ¿a que sí?
Mis cojones untados en manteca.
Para llegar a este tipo de conclusiones no te imaginas la de hostias que te has tenido que comer. La de puñaladas traperas, putadas y decepciones que has tenido que llevarte. La de desengaños, malos tragos y episodios de mala leche que te dan ganas de volverte verde y empezar a arrearle hostias a tanques y helicópteros hasta que no quede un puto bicho viviente sobre la faz de la tierra. Para que acabes tan hasta los huevos de la humanidad, créeme: te han tenido que calentar mucho la cabeza, porque en el fondo, la mayoría tenemos bastante mecha. Bastante fe, si quieres. Fe, pensando que igual los que nos rodean no son tan hijos de puta; que gente en la que depositamos nuestra confianza, nuestro cariño incluso, no nos la van a jugar... y si lo hacen, igual es que ha sido a causa de un error.
No podemos ser más imbéciles cuando pensamos eso.
No podemos ser más ingenuos.
Hay putadas que, en el momento en que pasa un poco de tiempo, te das cuenta de que no son a causa de malentendidos ni equivocaciones. Ni siquiera son la clase de cosas que cometa alguien "porque no sabía lo que hacía". No seamos cándidos, amigos Distópicos: según qué ofensas jamás pueden ser cometidas por error, y desde luego eso ya hace que el concepto de "perdonable" sea, como poco, discutible.

"Y aquí es donde acaban las gilipolleces y empiezo YO".


Así pasa, que mientras te están jodiendo la existencia, aquí nadie recapacita. Nadie se plantea que te está haciendo la puñeta y, si lo hace (ya he hablado de la no-inconsciencia de este tipo de cabronadas) lo normal son justificaciones del tipo "En realidad lo hago por ti" o "No espero que lo entiendas, pero yo es que soy así".
Qué bonito todo, qué puta preciosidad. Te estoy jodiendo y como no tienes fuerzas para revolverte, pues ahí sigo hasta que revientes, soplapollas de mierda.
Ahora, ¿qué pasa en ese momento en que dices "Hasta aquí hemos llegado"?
Que toda esa estirpe de malnacidos se caga en los pantalones. Es ahora -JUSTO AHORA- cuando "recapacitan", ¡Oh, sopresa! ¡Oh, milagro! Tienes que amenazar con arrancarles la puta garganta de una dentellada para que se den cuenta de que eres un puto ser humano al que han estado jodiendo al gusto y sin más motivo que echar el rato. O simplemente lo estaban haciendo y, más que disfrutar (no todo hijoputa es necesariamente un sádico), es que les importaba tres leches.
Claro, en el momento en que los mandas a tomar por donde amargan los pepinos vienen las lanzadas de balones fuera. Ni el puto Michael Jordan, colegas. Aquí es cuando surgen todo tipo de epítetos del tipo "Eres un rencoroso", "No veas cómo te pones" y demás.
Eso o el colmo de lo miserable, que es hacerse la víctima y venirte lloriqueando a moco tendido, arrastrándose en plan babosa y pidiendo perdón por todas las putadas que te han hecho. Claro que sí, ahora que te has dado cuenta de la gente se puede hartar de tus mierdas es cuando viene el perdón, no antes. Qué bonito está eso de pedir perdón una vez has hecho TODAS las putadas de las que has sido perfectamente consciente durante años.
Qué rencorosos y qué malas personas somos los demás cuando, habida cuenta de que eras perfectamente consciente de tu hijoputismo redomado (y a veces hasta admitido) y de que te daba igual joder al prójimo, te ponen en tu sitio y te mandan a la mierda, que es el lugar al que perteneces. Cómo debe joder cuando te dicen que ahora te va a perdonar tu puta madre y que te metas las disculpas por el culo porque ya no valen.
Ja.

Así pasa, que (dialécticamente) empalarías a todos estos cabrones y encima tú eres el malo malísimo.
Eres el puto mal.


Supongo que por eso es por lo que, en grandes rasgos, se suele decir (no sin falta de razón, tengo que admitirlo) que tiendo a echar a la mayoría de la gente de mi lado. Que llevo el cartel de "No pasar" tatuado en la frente. Ante esto, creo que negar según qué evidencias sería ridículo por mi parte, por no decir hipócrita; como mucho, haría un matiz: más que un cartel de "No pasar" es "Vete a joder a otra parte". Parece lo mismo, pero la diferencia, aunque sutil, es importante.
Quizás este tipo de actitudes que me he encontrado (y que tampoco he querido detallar demasiado) son las que, en cierto modo, han ido conformando la actitud cínica que muchos achacáis. No voy a entrar en si es una pose, como probablemente pensará más de uno... más que nada porque ya os he dicho lo que pienso de tener que demostrarle nada a nadie y, al final, aquí cada uno acaba abrazando la verdad que más gordo le pone el rabo, con lo cual pasando. La cosa es que, bueno... soy de esa extraña clase de personas que se han acabado hartando. Que han acabado por cansarse de ese circo que son las relaciones humanas. De que te digan "Tienes edad de estar con alguien, da igual si lo necesitas o no, es lo que se espera de ti". De que tengas que actuar como se espera que actúes. Que tengas que bailar al son de doscientos millones de subnormales sin vida propia que se permiten el lujo de opinar sobre tu vida como si tuviesen algún tipo de dispensa moral, como si fuesen tus gurús o como si fuesen el puto Dios de Dioses. Que tengas que soportar una infinidad de payasadas que, a decir verdad, no te interesa oír porque te importan de "poco" a "una puta mierda". Que haya todo un regimiento de mendrugos que no se hayan enterado de que es preferible vestir santos a desvestir gilipollas.

Y ahora venís a por otra.


Y con esto, quiero que quede claro que este no es un discurso de abjuración en lo más mínimo ni un caso de "De este agua no beberé", porque nunca se sabe lo que se encontrará uno mañana y es una imbecilidad como un piano hablar por un futuro que no ha llegado aún.
Tampoco es una especie de cántico en plan "Molo porque soy un solitario, besad el cuero de mis botas". Hacer apología de la vida que se ha encontrado uno, a mi juicio, es tan ridículo como formar un Frente de Liberación de Personas Con los Ojos Azules y organizar caravanas del Día del Orgullo de Gente con los Ojos Azules. Somos lo que somos y no necesitamos ir con banderitas ni chapas ni hostias ni slogans que demuestren nada a nadie.
En realidad, me gusta más pensar que es una forma de trazar la línea, nada más. De marcar la diferencia ante gente como la examiga que comentaba al principio del artículo, de esa que podía tener "buenas intenciones"; pero que en realidad lo que hacía era meterse donde nadie la había llamado y (creedme) de meterte en más de un aprieto "por tu bien".De dejar claro que las explicaciones se las doy a quien me sale a mí de los huevos, cuando me sale de los huevos y SI me sale de los huevos. Que no tener pareja, a ver si nos enteramos de una puta vez, no es ni mejor ni peor que tenerla (viendo la cantidad de gente que veo que está hasta los huevos de la suya, que no me vengan con monsergas) y que a ver si nos dejamos de señalar con el dedo a aquellos que no hemos encontrado a nadie con quien compartir nuestra vida y de hacer juicios de valor de portera marujona.
Viendo cómo está la alarmante proporción de soplapollas en esta humanidad de asco, es posible que lo que nos pase es que estemos desarrollando sentido común.