Por si alguno no se ha dado cuenta, la cabra tira al monte y oye, con eso de que uno es filólogo y anglista para más señas, no puede evitar tener ciertas filias hacia el señor Shakespeare, también conocido como el Bardo de Stratford y, para mí -cariñosamente- el Master of Putos.
¿Que por qué es Will el Master of Putos? Hacéoslo mirar si no lo sabéis, pequeños, si a estas alturas tengo que explicaros esto. Hablamos de un cabronazo que, a lo largo de estos últimos siglos ha conseguido, no solo convertirse en uno de los autores más vendidos y traducidos de todos los tiempos, sino que se las ha apañado para convertirse en el bastión más incontestable de la literatura inglesa y, yendo más allá, de la universal. Podemos ir de chovinistas con el rollito de "Eso es así porque es inglés", y quedarnos como si hubiéramos cagado, pero no nos pasemos de listos y pensemos que, si el "Ser o no ser" se ha convertido prácticamente en la línea más famosa de toda la historia del teatro (pasando por encima de Moliére o, por mucho que nos duela, queridos patriotillas, el propio Lope de Vega), algún tiempo antes de que los ingleses y los americanos se convirtiesen en los molones oficiales.
Cuando uno es un puto clásico, se pasa por el forro de los cojones eso de la mutabilidad de las modas y mamarrachadas tales como estar en el top de ventas de la Efnás cada mes. Se es un clásico como el que adquiere la condición de leyenda o de héroe: por medio de la posteridad, en base a la admiración a lo largo de los siglos y el reconocimiento de geneneraciones enteras de lectores que, al cerrar una obra, suspiran y dicen "¡Qué tío más hijoputa!" Esto, amiguetes, no te lo da una buena campaña publicitaria, ni un plan de marketing concienzudo; esto lo da que tanto críticos como lectores de a pie coincidan en que tanto lo que se cuenta como lo que se cuenta está trabajado y con un resultado óptimo. Si a eso añadimos el hecho de que puedas sobrevivir, pongamos, más de cincuenta años, ya tenemos el concepto más que establecido.
"¡Queeeee cabroooon!"
El Gran Puto de Stratford, como digo, es uno de esos grandes ejemplos; si algún mamarracho me suelta que se le sigue haciendo la rosca solo porque a los críticos se la pone dura, aparte de que me entren ganas de arrearle con una loncha de jamón de York en los hocicos, le puedo recordar tranquilamente que es uno de los autores más adaptados y versioneados en cine, televisión e incluso cómics (aparte de haber visto adaptaciones de sus obras, solo en Marvel y DC he pillado tropecientas mil referencias a sus obras, bien líneas directamente citadas, bien referencias escénicas) que ha parido madre. No en vano, la primera adaptación al cine (o una de las primeras) que se hizo de sus obras fue prácticamente de la mano con el nacimiento del cine en sí mismo. Hablo de un fragmento mudo de King John, que data nada menos que de 1899 (el cine como tal, nació unos cuatro años antes), y a partir de ahí la cosa no ha parado, con adaptaciones más o menos constreñidas al texto original (el caso que mejor me viene a la cabeza es el Hamlet de Branagh que, en su versión extendida, recita el texto original de la obra, llegando a unas cuatro horas y pico), adaptaciones sui generis (como en el caso del King Lear de Peter Brook o el Titus de Julie Taymor) o lo que llamamos "derivativos", que consisten en coger la temática general de la obra y hacer una adaptación no-literal, en otro escenario y cambiando los nombres de los personajes (casos claritos: West Side Story, derivativo musical de Romeo and Juliet, Ran y Trono de Sangre, de Akira Kurosawa, que adaptan de forma libre (y situando la acción en el Japón samurai) King Lear y Macbeth, respectivamente... o incluso El Rey León, que toma las bases más claras de Hamlet). Todas y cada una de estas adaptaciones, si tan dura se la pone solo a los críticos, curiosamente han calado bastante hondo en la cultura popular, y raro es el que no ha visto al menos una adaptación o derivativo alguna vez (y eso, solo en cine. En literatura lo primero que se me viene a la cabeza es la novela The Nature of Blood, de Caryl Phillips, donde se toma el concepto de Othello y se enfoca desde el punto de vista de la identidad racial). Otra cosa, claro está, es coscarse de ello (admitámoslo, no siempre es fácil, ya que las bases de lo que nos cuenta Shakespeare a veces aparecen de forma muy, muy sutil en las derivaciones).
Incluso en ciencia-ficción hay derivativos: Para muchos (académicos incluidos), Forbidden Planet es una versión muy libre de The Tempest.
Quizás uno de los argumentos más básicos para hablar de esta permanencia en el tiempo como clásico de Shakespeare radica precisamente en la "atemporalidad" de lo que nos cuenta. Es muy ignorante decir que las obras del S.XVII, por definición, se quedan "anticuadas" y que "la gente no entiende lo que se cuenta" (o, más insultante aún, decir que los niños no están preparados para entender una obra de teatro de la época y que hay que adaptarlas para sus jóvenes mentes. Yo mismo he explicado Hamlet a chavales de diez y doce años y la han entendido sin demasiados problemas, llegando incluso a entrar ellos solitos en debates acerca de la moralidad de lo que se cuenta), como he venido leyendo últimamente de alguna que otra compañía de teatro. Precisamente lo que hace que la obra de Shakespeare (salvando excepciones más constreñidas a la época, por ejemplo, como sucede con The Merry Wives of Windsor) para mantenerse a lo largo de los siglos es tocar temas que son fundamentalmente atemporales: si hablamos de género, feminismo o incluso violencia de género, no se puede evitar pensar en Othello, donde vemos que un hombre (ALERTA SPOILER) acaba asesinando a su mujer a causa de los celos. Un tema que, si lo pensamos bien, está de moda hoy en día: la violencia de género y el concepto de la mujer como posesión estaban ahí, quizás no referidos con términos tan modernos y no desde una perspectiva tan chulipiruli como la que tenemos en el s.XXI, pero oye: Shakespeare ya nos hablaba de ello en 1603.
El caso de esta obra me resulta particularmente interesante porque no solo menciona el concepto del género; también nos habla acerca del concepto de integración racial y la identidad del "inmigrante" (lo entrecomillo porque este concepto me resulta demasiado moderno para referirme a él como tal en un contexto renacentista): el personaje de Otelo es de origen "moro", (concretamente, se comenta que proviene de Chipre) y vive en Venecia, donde tenemos que lleva un tiempo viviendo como soldado... por lo que su identidad doble se convierte en otro concepto sobre el que pensar: Al vivir durante años allí y al estar casado con Desdemona, ¿es más italiano que "moro"? ¿Ha perdido su cultura original, la conserva o posee una mezcla de ambas?
Incluso el concepto de Iago, alguien que se nos engancha cual sanguijuela y se dedica a emponzoñarnos la mente, dirigiéndonos en contra de otros, es algo que no solo está presente en literatura.
Mirad a vuestro alrededor y, si no lo tenéis al lado, fijo que encontráis alguno en la oreja de alguien.
Yendo a obras más complejas como Hamlet es cuando nos cagamos vivos, ya que si bien nos podemos quedar en el concepto del héroe trágico que tiene miedo a actuar y son esas dudas las que plantean la mayor parte de sus problemas, podemos ir hilando más fino y descubriendo todo un sinfín de lecturas: desde posibles atracciones incestuosas (no solo entre Hamlet y su madre, sino entre Ophelia y Laertes), manipulaciones en la sombra (¿Es Claudio tan villano como queremos creer? ¿No será que Hamlet realmente está loco? ¿Y, realmente es Gertrude, madre de Hamlet, tan inocente como parece? Es más, aun asumiendo que la aparición del fantasma del padre de Hamlet sea cierta... ¿cómo estamos tan seguros de que ese fantasma dice la verdad a su hijo al pedir venganza?) e incluso dilemas morales más allá de lo que viene siendo la venganza en sí (Ophelia, por ejemplo, no deja de ser una marioneta a manos de Hamlet, supuesto héroe, usada para sus fines y prácticamente desechada cuando no interesa). Y esto, solo con estas dos: podemos ir a más, con temas como la ambición (muy claro en Macbeth, con sus dosis de manipulación) o las escabrosas relaciones dentro de una familia (como en el caso de King Lear, el cual por cierto se utiliza en Estados Unidos para impartir cursos sobre marketing y advirtiendo, poniendo la obra como ejemplo, de lo que puede suceder en negocios familiares)
Esto es, probablemente, una de las cosas que diferencian a un clásico: partimos del hecho de que Shakespeare, como tal, hacía lo que hacían los autores de la época, que era tomar fuentes previas y adaptarlas a su época y aportando su particular estilo. Tomando como ejemplo las obras de arriba, tenemos que Othello está basada en una obra de Boccaccio, y Hamlet, en una tragedia medieval. Lenguaje (incluyendo aquí todos los juegos de palabras, duelos de ingenio entre personajes y demás), algunas subtramas y demás son añadidos por el autor, creando algo diferente al texto original. ¿Nuevo? Pues en parte, ya que si partimos que desde la Grecia clásica prácticamente está todo inventado y que las historias que conocemos no son más que derivaciones unas de otras, pues lo mismo muy nuevo no es. Quizás la novedad consiste en eso, en aportar el estilo personal y hacer que el resultado prevalezca.
Dato curioso: en contra de la creencia popular, el monólogo de "Ser o no ser" no se hace en la escena del cementerio. La calavera del antiguo bufón aparece ya en el último acto de la obra, y Hamlet no está solo, sino que hay un enterrador con él, más su amigo Horacio.
Por eso me tengo que descojonar como señoras como la Quintana, cuando fue pillada a calzón bajado por un caso de plagio hace ya unos cuantos años, vino dándoselas de digna y aludiendo sin pudor que Shakespeare también copiaba. Quizás la auténtica diferencia es que Shakespeare no sabía hacer copy-paste, así como para empezar; él tomaba una base y la interpretaba de su puño y letra, añadiendo una considerable cantidad de cosas. Hasta donde sabemos, no cogió el texto de nadie ni hizo que un señor se lo escribiese, copiando párrafos enteros. Hay una sutil (pero clara) diferencia entre tomar una base y adaptarla y copiar directamente párrafos enteros de lo que ha escrito otro.
Con eso de que un señor escriba por ti también ha habido unas pocas de especulaciones acerca de Shakespeare, por cierto. Desde que puedo recordar, cada vez que alguien (sin mucha idea, por cierto) ha hablado del tema, ha salido el manido y trillado tema de "Pero oye, es que dicen que él no las escribía", quedándose tan panchos. No deja de hacerme gracia que, en una sociedad supuestamente racional, nos traguemos cualquier milonga sin pruebas. Por lo que sabemos, Shakespeare escribió sus obras, puesto que no ha salido ningún dato que rebata esta afirmación; tenemos las versiones originales de las obras por ahí pululando (o las versiones que quedan enteras, claro) con la firma de nuestro amigo y NADA fiable que apoye lo contrario, por lo que dar por hecho un rumor es un acto de fe más que de empirismo o de hacer caso a lo que dictan las pruebas. ¿Digo con esto que Shakespeare, por tanto, escribió TODO lo que aparece firmado por él? No exactamente: lo que digo es que TODAS las pruebas apuntan a ello y no hay NADA sólido que afirme lo contrario. Si vamos de científicos por la vida y nos ponemos en plan "Si no lo veo, no lo creo" con todo, esto no tiene por qué ser menos. Si mañana salen datos que nos dicen que, efectivamente, hubo alguien que escribió por Shakespeare, pues se reescribe lo que sabemos y a tomar por culo... Pero lo ridículo es asumir algo solo porque esa teoría nos mola.
"Pues yo iba a decir que Shakespeare era extraterrestre".
No habrías sido el primero, Iker...
A veces, dichas teorías están respaldadas por argumentos que te hacen pensar en si más de uno fue el espermatozoide más rápido. Una vez escuché que alguien dijo que tras la figura de Shakespeare podría haber una mujer que, bien le decía lo que tenía que escribir, bien era ella la que directamente lo escribía. Teoría chorra sustentada en el hecho de que sus sonetos van dirigidos a un hombre y que, por tanto, como no hay hombre alguno sobre la faz de la tierra que a la hora de escribir pueda ponerse en el pellejo de una mujer (o mujer que pueda ponerse en el pellejo de un hombre, ya puestos), pues hala. Lo mismo tenemos con la teoría de que el amigo Will, bien era homosexual, bien le daba a todo. ¿Es imposible? Claro que no; ahora bien, ¿basar esa afirmación SOLO en lo que leemos en los sonetos? Pensad en la solidez que puede tener una teoría así. Otra cosa, claro está, es que se investigue un poco sobre la vida de Shakespeare y demás y se medio llegue a esa conclusión... pero tampoco podemos decir que haya unas pruebas palpables al respecto.
Y voy más lejos: Si Shakespeare hubiese sido realmente gay o bisexual... ¿Qué coño importa?
Con respecto a lo de la vida de Shakespeare, quizás es aquí donde tenemos la mayor parte de especulaciones sacadas del sobaco jamás paridas. No hace mucho, alguien me preguntó por qué sobre alguien como Cervantes no hay tantas especulaciones acerca de su vida como sucede con Shakespeare. No soy un experto en la vida de Cervantes, pero en el caso de Shakespeare puedo decir que gran parte de las especulaciones se deben a que sobre su vida se sabe de poco tirando a nada. Hay algunos datos sueltos, pero poco más: se sabe que su padre era comerciante de pieles (algunos dicen que fabricaba guantes) y que, en la primera etapa de su vida... bueno, hay un borrón bastante grande; hay cosas que se asumen por contexto histórico (como que luchó en el ejército contra los españoles), pero más allá de eso, se sabe prácticamente nada. Nuestro amigo, que se sepa, no dejó diarios y poca correspondencia se ha conservado de él. Todo lo referente a su ideología, personalidad, etcétera, permanece en el misterio... Lo que ha dado que pensar, en multitud de ocasiones, en un montón de cosas sustentadas en nada. Algo que tiene tanto sentido como pensar que alguien que escribe una novela con neonazis como protagonistas es neonazi, o pensar que para escribir un buen personaje masculino debes ser hombre. Si Shakespeare era racista, feminista, creía en los alienígenas o soñaba con que algún día alguien inventase los comics es algo que no está probado hasta la fecha. Y si no lo está, lo absurdo es dar por sentada la certeza de UNA teoría que sostiene un grupo minoritario que no tiene nada más que aportar que la mera especulación.
He aquí una de las pelis más famosas que se dedicó a contar este tipo de teorías sacadas de la manga.
Que oye, la peli es una comedia y como tal, entretiene. Lo chungo fue escuchar que hubo gente que dio credibilidad a una película que, desde su mismo principio (¿Psicoanalistas en la época de Shakespeare?) no se tomaba en serio a sí misma.
Aquí, una de las más recientes, con un tagline que de por sí ya se ve orientado a captar público.
Lo más gracioso es que sí, que vemos el interrogante en la frase, pero si lo pensamos, estas cosas se hacen más como afirmación que como suposición. Peor aún si consideramos que esas teorías no son más que especulaciones basadas en datos insuficientes. Algo muy similar a la mamarrachada que se hizo con el Rey Arturo hace algunos años, aunque tengo que decir que la peli protagonizada por Clive Owen incluso se inventaba datos que se había demostrado ya que no eran ni ciertos...
Moraleja: no os creáis todo lo que veis en el cine.
De esa especulación nace precisamente pensar que todo lo que dijo Shakespeare quedó registrado, desde el "Buenos días" al vecino al "Me voy a cagar" a su parienta cuando terminaba de comer. De ahí surgen cantidad de soplapolleces new age, como he comentado alguna vez, atribuidas al Bardo. Como buen cazador, me he dedicado una y mil veces a comprobar su veracidad... de todas esas supuestas "citas", solo unas pocas están reflejadas en sus textos (la única prueba con la que contamos para saber que lo dijo); el resto son majaronadas del tipo "BIBEH HAMA SE FELIS CONTIGO MISMO" que rezuman un rollito bastante cursi, que no tiene mucho que ver con lo que escribía este hombre. Pero eso sí, se atribuyen a él, para darle un halo de "molonidad"... Pero oiga, sin leer un carajo, que eso aburre.
Y es que hay gente que, en el momento en que oye hablar de Shakespeare, se piensa que automáticamente se va a escuchar un despliegue de cursiladas vomitivas, cosa que nunca he terminado de entender: sí, Shakespeare escribió Romeo and Juliet... una obra en la que acaba palmando casi media docena de personas, siendo esta tragedia "suave" si la comparamos con cosas tan alegres como Titus Andronicus, donde aparte de morir gente, tenemos temas tan chulimolones como violación, mutilación y canibalismo. Las comedias no es que anden más finas en cuanto a temáticas políticamente incorrectas: si tomamos obras como Twelfth Night, encontramos una mujer que se hace pasar por hombre y se pone al servicio de otra mujer, que se enamora de "él"... ¿O acaso de ella? Los textos cuentan precisamente con tal ambigüedad a la hora de plantearnos las escenas que todo es posible. Pasando a cosas más sátiricas, encontramos que la reina de las Hadas, Titania, se enamora de Bottom, un trabajador del pueblo... estando este transformado en burro, a causa de una flor mágica que la ha hecho enamorarse de lo primero que ve (¿Lucha de clases? ¿Zoofilia? ¿Abuso de drogas?). Y podríamos seguir, si ahondásemos más en la bibliografía.
Titania y Bottom.
No, por favor.
No empecemos con los chistes sobre los atributos del burro, que llevan ya anticuados unos pocos de siglos...
O sí.
Venga, pensemos en lo grande que la tenía el burro.
Y no me quedo solo en el tema: el lenguaje de Shakespeare, en contra de la creencia popular, refleja las distintas clases sociales (supongo que no pensaréis que los "Mechanicals" de A Midsummer Night's Dream iban a usar un lenguaje superculto, siendo una panda de currantes), por no mencionar claras alusiones sexuales, a veces abiertamente groseras (mi favorita, en Othello, con la expresión "To make the beast with two backs" o "Hacer la bestia con dos espaldas" para referirse a un follisqueo). No debemos olvidar que, por muy s.XVII que sea, estamos hablando de una época en que la sexualidad se reflejaba en la literatura de un modo más o menos explícito. Casi contemporánea de Shakespeare es la corriente de la poesía metafísica que, para ser más claros, tenía como uno de sus principales leit motifs el de "Vamos a echar un casquete, que la vida es breve y envejecemos y moriremos", con toda una serie de excusas argumentales para convencer a la amada de que no hay nada malo en frotarse bajo unas sábanas.
Referencias por todas partes: en el comic Y, The Last Man de Brian K. Vaughan, tenemos dos personajes cuyos nombres están inspirados en Shakespeare, como son Yorick (Hamlet) y Hero (Much Ado About Nothing). Incluso el nombre de Hermione, que conocemos por Harry Potter, tiene su referente en un personaje de A Winter's Tale.
Shakespeare y su legado están por todas partes y, cuanto más conscientes somos de ello, más presente sentimos que está.
Sexo.
Violencia.
Humor.
Venganza.
Probad a decirme que estos conceptos no siguen vigentes hoy en día; que mostrar las debilidades humanas, tales como la envidia, el resentimiento, los celos, las dudas o incluso el amor (si pensamos en Romeo and Juliet, por ejemplo, el amor casi parece más una debilidad que una fortaleza y es precisamente el motor de toda una tragedia) y yo me reiré muy fuerte.
Especulaciones, invenciones o mentiras aparte, hay que decir que lo que sí es un hecho es que Shakespeare sigue dando caña a sus cuatrocientos cincuenta tacos. Siglos después de muerto, se le consigue considerando un referente. Multitud de líneas de sus obras permanecen en la memoria colectiva (no solo el famoso "Ser o no ser", sino otras como "Mi reino por un caballo" de Richard III o el "Guárdate de los idus de Marzo", "Grita caos y suelta a los perros de la guerra" o "El mal que los hombres hacen les sobrevive; el bien queda enterrado junto a sus huesos", de Julius Caesar). En el mundo académico, todavía se siguen escribiendo artículos, con publicaciones no solo centradas en Shakespeare, sino en obras concretas (recuerdo, cuando estudiaba mi doctorado, que había una publicación dedicada a estudiar Hamlet de forma exhaustiva).
Han pasado cuatrocientos cincuenta años y aquí lo tenemos, con tanta presencia o incluso más que cuando rulaba por la campiña inglesa, representando sus propias obras.
Ole tus cojones, Will.























