jueves, 29 de diciembre de 2011

Escupiendo Rabia: Inocencia interruptus



Estaba yo ayer despatarrado delante de la tele esperando a que terminasen los anuncios de una serie cuando me puse a hacer zapping.
Pues nada, otra manifestación de gente protestando, que en su derecho están. El lema: "Hemos perdido la inocencia".

No puedo estar menos de acuerdo en eso.

Sentirse triste no es perder la inocencia; tampoco lo es estar jodido. Digamos que son cosas que pueden ir de la mano, pero en caso alguno se implican mutuamente. Si queréis mi opinión, hoy en día somos más inocentes que nunca.
Si queréis saber por qué, seguid leyendo y os cuento.

1. Los buenos contra los malos:

La pérdida de inocencia no consiste en descubrir, de golpe y porrazo, que las cosas van mal. Ojalá fuera algo tan simple, pero no van por ahí los tiros: la inocencia que tenemos, como país, consiste en pensar que todavía existe una lucha del bien contra el mal. En creernos que, con un puñado de ideales, podemos conseguir lo que sea. Que en tres meses podemos salvar nuestro país y, ya puestos, contagiar el espíritu al resto de países y salvar el mundo.
Es bonito, pero no es más que un sueño. Tener sueños está bien, pero lo está mejor cuando uno es consciente del mundo que le rodea y tiene los pies en la tierra. Nadie nos impide soñar, de momento... pero no podemos convertirnos en víctimas de nuestros propios sueños. No debemos dejarnos arrastrar por unas ideas que, pueden ser maravillosas, pero que igual requieren tiempo. Mucho tiempo. O incluso que están muy por encima de nuestras limitaciones, como seres humanos.
"Nada es imposible".
"Yo, junto con unos amigos, salvé el mundo".
Fantasía adolescente.
Inocencia.


Os lo digo en serio: si todo fuese tan fácil habría pasado de la Universidad. Me habría matriculado en Hogwarts y habría planificado mi propia guerra contra Voldemort.

2. El idealismo. Ese concepto sobrevalorado:

Hablemos ahora de ideales. No nos confundamos, no es malo tener ideales o creencias... o al menos, no siempre. Pero ojo, eso no debería permitirnos sobrevalorar ese concepto. Tener un ideal no nos convierte en bellas personas, ni en sabios ni en nada por el estilo. Los ideales son como la gente: pueden ser buenos o pueden ser malos, así que el argumento de "yo tengo una idea" no es siempre algo digno de agradecer, porque igual nuestra idea es errónea... o igual es una idea muy mala.
Hitler tenía ideales.
Robespierre tenía ideales.
Un tío que se inmola en un mercado matando mujeres y niños inocentes tiene ideales.
Todos los mencionados creyeron que lo que estaban haciendo estaba bien, en aras de un bien mayor: matas a doscientos por salvar a miles. Luego querrás salvar a millones y matarás a miles. Luego querrás salvar a miles de millones y matarás a cientos de miles.
Los ideales, queridos Distópicos, no son estrictamente buenos. Son como las armas: en manos equivocadas pueden hacer mucho, mucho daño. Y además, son contagiosos.
Armas biológicas insertadas en nuestras cabezas.


Metáfora freak: Llega un señor como Magneto. Dice "hay que ver qué jodidos están los mutantes por culpa de los hombres". Decide aplastar a los hombres para así salvaguardar la paz de su pueblo...
Y se convierte en uno de los villanos más carismáticos.
Esto no es una crítica: no es más que un ejemplo que demuestra cómo somos.

3. Atribución de responsabilidad:

Para mí la inocencia está también en este punto. En pensar que, en momentos de desesperación, cualquier idea que desafíe lo establecido es buena. Cueste lo que cueste. Valga lo que valga. Sin responsabilidades.
Eso, amigos distópicos, es lo que me parece que nos convierte en seres totalmente inocentes: en pensar que, da igual lo que hagamos; que, en el momento en que creemos que lo que hacemos está bien, es como si nos envolviese un halo divino y celestial. Nuestros actos quedan justificados. Nuestra responsabilidad desaparece.
Y no lo digo por decir: ya os conté cuando estuve en las urnas y una señora, con mucha ilusión y muchas ganas, iba a votar al señor X, de un partido mayoritario... pero no sabía siquiera a qué partido pertenecía éste.

Nuestro país está forjado por la clase de gente que defiende una idea hasta las últimas consecuencias, pero sin saber qué coño está defendiendo. Somos los primeros en echarnos a la calle para pedir que nuestra democracia sea realmente representativa (lo cual está bien), pero al mismo tiempo nos vanagloriamos de nuestra ignorancia y lo que hacemos es pedir que nos arreglen el país, sin ser conscientes de que en un sistema realmente democrático, que el poder radique EN el pueblo implica que el pueblo tome las decisiones, y se responsabilice de sus errores.


Este año ya os puse el ejemplo de la excelente película La Ola. Gente que atribuye sus errores a otros y que, reconfortada en el ideal de pertenencia a un grupo, se siente superior.
No es en absoluto raro.

Que levante la mano el que se sienta identificado con esto.

Inocencia es, por ejemplo, cagarnos en el sistema bipartidista (lo cual es lógico) y luego dejar nuestro criterio en manos de la resistencia, sin preguntarnos (muchos de nosotros) siquiera quién mueve los hilos. Si todo cuanto se dice en esa resistencia está bien, o coincidimos con ello; nos cagamos en la gente que sigue ciegamente al PPSOE, pero en cuanto surge alguien que está en contra, muchos les seguimos con la misma ceguera. Lo mismo que justificábamos los actos de uno, justificamos los actos de otros.
No nos hacemos preguntas.
Obedecemos.

Pensad en ello:
Hitler fue elegido democráticamente.
Cromwell en su momento fue aclamado como un héroe.
Mientras Napoleón la liaba parda en Europa, provocando la muerte de muchísima gente, miles de personas le respaldaban porque "no era un tirano como los reyes".

Tiempos de crisis que hicieron que la gente depositara su fe ciega en los primeros que se alzasen en contra del poder establecido. Y luego, si no es lo que nosotros esperábamos o queríamos, la culpa es de ellos; no nuestra, por haberlos apoyado.
Pensemos en ello.

4. Con nosotros o contra nosotros:

Esto, por supuesto, no es un ataque a según qué colectivos; hace tiempo que me cansé de eso, porque luego parece que esperan que rindas vasallaje a gente que está en contra de lo que atacas.
Pues no.
Esto es un ataque contra nuestra forma de pensar. Contra el sentimiento de colmena que tenemos como especie. Contra esa puñetera manía que tenemos de coger y dejar que otros nos digan lo que hacer, lo que pensar, lo que creer.
Esto no es la Edad Media, amigos. Nadie nos obliga a agachar la cabeza ante un señor o grupo y darle la razón absolutamente en todo lo que diga. De hecho, no creo que sea ni sano.
Da la puñetera casualidad de que coincidir con alguien en algo no implica en caso alguno una defensa a ultranza; no implica no ver lo malo. No implica dar la razón en todo a alguien que no crees que la tiene.

Este es otro punto donde se ve la inocencia que nos cubre: en el concepto de crítica; hoy en día, cuando te dicen que puedes mejorar algo, lo interpretamos irremisiblemente como un ataque, lo sea o no. O estás con nosotros o contra nosotros. Entonces, entran la pasión y el discurso azorado. Y con esa desenfrenada pasión, a menudo los argumentos de ese discurso quedan empañados; la cosa se convierte en el "porque yo lo digo" o en el "tú eres malo", "estás equivocado", etcétera.
Todo se convierte en una cuestión de fe.
Nosotros frente a ellos.


"Tus ideas están menos de moda que las mías. Eres muy malo"

5. Conoce a tu enemigo:

Otra muestra de nuestra inocencia es cuando preguntas por ahí y ves que, después de siglos, seguimos viéndolo todo en términos polares. En España o eres de derechas o de izquierdas (o rojo o facha, dependiendo de lo atrasado que vivas históricamente a la hora de establecer diferencias políticas); o eres republicano o monárquico; o eres bipartidista o eres perroflauta; o eres del Madrid o del Barça.
No existe más muestra de inocencia que tener una visión tan limitada de las cosas. Pensar constantemente en etiquetas, y (lo que es mucho peor) medir a la gente en base a ellas.

Que necesitamos identificar las cosas es un hecho; de no ser así, no le pondríamos nombre a la mitad y haríamos como hacen muchas de nuestras madres, que las llamaríamos "eso" o "aquello". Pero, como digo, no podemos hacer un modo de vida de una simple idea. No a menos que queramos cegarnos por un único punto de vista y (horror de los horrores) veamos la realidad como algo limitado. Fragmentado. Tan subjetivo que flipas.
También estamos en la libertad de hacerlo, y tenemos el libre albedrío de sacrificar dicha libertad en aras de la comodidad; lo que sí resultaría hipócrita, por tanto, sería decir que los demás viven dormidos.
Buscad por ahí la Historia de los Siete Ciegos y el Elefante y entenderéis un poco lo que quiero decir. Si no, preguntadme y os la pondré encantado.

El problema está precisamente en eso: cuando nuestra visión limitada, según nuestro criterio, nos daría derecho a atacar a otros (a menudo físicamente, que también ha pasado en nuestra historia) o, (más recientemente) nos lleva a la división.
Hablamos de cambiar las cosas, cosa con la que muestro mi total apoyo... pero al mismo tiempo, a todo el que no lo comparte lo rechazamos. Le ponemos motes. Nos convertimos en matones de la clase y nos puteamos mutuamente.
Si queremos cambiar algo, quizás deberíamos empezar por cambiarnos a nosotros mismos y darnos cuenta de que así no podemos seguir.

Pero la raza humana necesita un enemigo. Alguien a quien lapidar. Alguien a quien odiar.
Eso es mucho más cómodo.


Claro que también es muy fácil decir que sólo los cristianos o la gente de derecha son intolerantes.
Y los demás no.
Claro que sí.

6. Amenazas fantasma:

También es mucho más fácil odiar a lo que se ve. A lo evidente, pero aquello que nos distrae de la raíz de los problemas.
Unos atacan la inmigración masiva, con argumentos tan alucinantes como decir que son un sinónimo de delincuencia (¿?); eso es lo fácil, en vez de pensar que quizás el problema radicaría en la superpoblación y en la falta de recursos... o bien en leyes que no están terminando de funcionar del todo bien.

Otros atacan sin piedad a los políticos, tachándolos de "nazis" cuando no ha salido el partido que les mola a ellos. No pensar en conceptos como "voto castigo" o "voto tradicional" es lo fácil; es muy fácil achacarle toda la culpa a la ley electoral (que ojo, tiene gran peso en el problema) como si fuera el ÚNICO factor que nos coloca en esta situación. Como si el pueblo llano, ese último y definitivo responsable de la maquinaria electoral (a menos que se demuestre un pucherazo, claro) no tuviese absolutamente nada que ver en el tema.
En los romances del siglo XIII, la culpa de todo mal a un caballero era un mago.
Aquí, ya lo vamos viendo.


"Lo confieso: yo soy el único responsable de todos y cada uno de vuestros problemas. Vosotros, unas pobres víctimas inocentes que no habéis roto un plato en vuestra puta vida".

Es muy fácil echar la culpa al político de turno que ha salido elegido (más o menos) democráticamente. Es muy fácil decir que sus políticas no molan (aunque igual respete las del gobierno anterior). Es muy fácil decir que es el Anticristo, la reencarnación de Hitler o el espíritu de Kurt Cobain, que vuelve a darnos la paliza con la guitarra.
Eso es mucho más fácil que pensar que los que están ahí arriba son gente a la que hemos puesto nosotros, y a su vez, son gente que responde a intereses superiores: nuestros políticos son lo que son gracias a los votos; los votos provienen, en gran parte, debido a un respaldo propagandístico BRUTAL (otros ejemplos de efectos de propaganda masiva de auténtica bazofia: que Stephenie Meyer sea best-seller); ese respaldo proviene en base a préstamos de la banca.
Tenemos entonces que los políticos responden más ante la banca que ante el pueblo, ¿no?
Pues no del todo.
A su vez, nuestros políticos responden ante Alemania. Sí, ese país que tanto nos encanta y que tiene montada una guerra encubierta en toda Europa. No una guerra con tanques o aviones, sino una guerra económica, donde una palabra de desconfianza hace hundir los mercados bursátiles; donde un rumor puede escoñar el comercio exterior.
Y aquí no acaba la cosa. Alemania responde ante los propios mercados. Los bancos de inversión, a causa de grandes crisis como esta, se convierten en auténticos especuladores que deciden quién conviene y quién no.
Pasaos por Italia. Pasaos por Grecia. Ahí ya tienen gente puesta a dedo, sin pasar por unas elecciones, que está gobernando estos países. Gente que, casualmente, trabaja para dichas agencias de especulación.
Y nosotros pensando en la derecha y la izquierda, en lo buenos buenísimos que son unos y lo malos malísimos que son otros, dependiendo de a quién votemos nosotros. Decidme si eso no es ser inocentes.


Personalmente, si tengo que inventarme un enemigo al que echarle la culpa de absolutamente todo, me quedo con este. Esa máscara de cara de mala leche mola.

Conclusiones inconclusas:

Si habéis entrado en este post esperando respuestas, mucho me temo que os vais a tener que quedar con las ganas. No creo que haya respuestas a estas cuestiones, porque estamos tratando de problemas que forman parte de cada individuo.
Para ser honestos, yo no creo en los movimientos de masas. No creo que una idea que se contagia como la pólvora sea necesariamente buena (de hecho, suelo dudarlo; a la Historia me remito), ni que la masa como entidad sea una criatura inteligente. No hablo aquí de individuos, donde hay de todo, sino de lo que es el rebaño, el grupo. El colectivo masivo. Ese que se deja influenciar y que actúa movido por una pasión irracional, sin reflexión ni razón.


Citando al gran Obi-Wan Kenobi: "¿Quién está más loco? ¿El loco o el loco que sigue al loco?"

Para ilustrar esto, me permito citar una frase que vi en una película, titulada El Cuervo, dirigida por Alex Proyas: "Un hombre tiene una idea; esa idea atrae a otros. Piensan igual. Esa idea crece y se convierte en una institución. ¿Cuál era la idea?"

Analizad cualquier fenómeno de masas. Cualquier disturbio. Esto es psicología social pura y dura: extraes a un individuo de uno de esos follones y, un par de horas después descubres que es incapaz de reconocerse a sí mismo. Que, si bien estaba saqueando o pegándole fuego a un contenedor (a menos que sea un auténtico sociópata), lo que le ha sucedido es que al verse inmerso en una turba ha visto diluidos sus límites morales. Se ha sentido con la total libertad de sacar la bestia que lleva dentro.
No es necesario que lleguemos a tanto, ni que nos pongamos a lanzar cócteles Molotov a la pasma, pero podemos pensar en la de veces que hemos creído que una idea es correcta y nos hemos sentido con carta blanca para actuar como nos dé la gana. En saltarnos las leyes. En pensar que provenimos de una Autoridad superior que nos lo permite.
Nos hemos creído mentiras y las hemos defendido hasta la última causa. Con pasión. Con vehemencia. Con rabia.
Con ira.
Hemos actuado creyendo que hemos tenido una idea, pero no hemos sabido quién mueve los hilos. Quién está detrás, orquestando todo cuanto sucede; dirigiéndonos en la sombra. Y no nos ha importado, porque creíamos que estábamos haciendo lo correcto.
Nos hemos convertido en cruzados.
En fanáticos.


"¡Adelante, chicos, que tenemos una causa! ¡AL ATAAAAQUEEEEERRRGGGHHH!"

No tengo respuestas, sólo lo que creo yo. Y, llegados a este punto, muchos pensaréis que no es gran cosa. Puede que penséis que vivo en mi propia Matrix, o simplemente que no tengo ni idea de nada. No os lo discuto, puesto que jamás me habréis oído decir que sea más listo o mejor que los demás; tan sólo os digo que prefiero cometer mis propios errores antes que los de otros. Si me equivoco (lo cual es más que probable), prefiero hacerlo yo antes de que nadie se equivoque por mí.

martes, 20 de diciembre de 2011

Escupiendo Rabia: La Política del Despelleje, Segunda Parte o El País de los Bocachanclas



Si sois seguidores de este blog, es probable que os hayais topado con un post en el que se denunciaba la costumbre que tenemos en este país de cargar contra lo primero que despunta tan sólo un poquito. Si no lo habéis leído, podéis encontrarlo en esta misma sección, o bien quedaros con el resumen que acabo de haceros en un par de líneas (sé que me enrollo mucho, pero al menos es fácil pillar mis ideas principales).

Y no puedo decir que la cosa haya mejorado mucho en cuestión de un año que hace que debí escribir aquello.
Si os digo ha empeorado.
A lo burro.

No contentos con el pataleo nacional que se produjo A LAS DOS HORAS de haberse proclamado el resultado de las elecciones, con gente que ya amenazaba con largarse del país por razones políticas (¿?), me sigo encontrando muestras de lo cabreado que está el personal. De las ganas que hay de arremeter contra el primero que abre la boca. Contra el primero que gana más que nosotros, el que es más famoso o el que se tira a tías más buenas que nosotros.
Y nos quedamos tan panchos.

La última ha sido una señorita conocida como Lucía Etxeberría, cuyo oficio es ser escritora. Debo confesar que yo no he leído ni un solo libro de ella (eso no me hace ni mejor ni peor persona, pero me gusta dejarlo claro para que nadie se piense que hago mis argumentos, críticas o defensas desde las filias o las fobias), pero me ha tocado particularmente los cojones el temita de marras que se ha producido por unas declaraciones que ha soltado en la Red del Pajarito (antes de que penséis en miembros viriles, os digo que me refiero a Twitter).

Va la colega y se pone a despotricar contra la piratería, denunciando (como muchos músicos hayan hecho en su día, llevándose su buena ración de hostias) un mercado en el que se descarga ilegalmente más de lo que se compra y defendiendo la tarea del escritor que no trabaja gratis. Que tiene facturas que pagar, que no le compensa escribir, que si tal que si cual.
Y en cuestión de unos días, empiezan a llegar mensajes de odio, insultos y demás lindezas en las que los españoles parecemos ser unos putos expertos.


"¿Pero qué ha pasaooooo?"
"Nada, que nos han ganado al futbolín"


Que yo no soy el máximo defensor de una Sociedad de Autores que ha impuesto cánones ilegales, pasándose por el forro la presunción de inocencia y se ha dedicado a implantar un estado cuasi policial a la hora de censurar y limitar el uso a la cultura no es ningún secreto. Pasaos por posts anteriores como el de La Señora de las Tijeras y tendréis pruebas fehacientes de ello.
Pero hay cosas que no puedo consentir.
Lo que no se puede consentir es que alguien que no vea beneficio a una labor a la que se dedica (sí, el arte puede ser un trabajo, le joda a quien le joda, y no es que se pueda... es que SE DEBE cobrar por ello. O si no, que lo haga el que se beneficia de ello, a ver si lo hace igual de bien) tenga que ser el blanco de ataques malintencionados por parte de los guerrerillos de fin de semana que no tienen nada mejor que hacer que cagarse en su puta madre.
Pues va a ser que yo no apoyo eso, mire usted por donde.

Porque ya ando un poco hasta los cojones de que en este puto país cojamos una buena causa (que las hay) y, por ese mero hecho, ya nos sintamos con carta blanca para atacar a todo aquel que no la enarbole. Empleando el ataque sin argumentos. El insulto. El "tía gorda, cállate que no sabes de lo que hablas".
Educado.
Elegante.
Valiente.


Una muestra visual de esta idea.


Pese a lo bonito que nos pueda parecer eso de decir "Si no quieres escribir, ponte a trabajar", esto pone de manifiesto muchas cosas:

1) No consideramos el arte un trabajo. Si alguien te quiere cobrar por un artículo de prensa, por una ilustración, por una novela... nos rasgamos las vestiduras y decimos que es un pesetero. Pero si alguien te arregla el baño y alguien no paga a esa persona, decimos que es tal y cual. Pues no, señores, AMBOS son trabajos. No desgastan lo mismo, pero también requieren su tiempo, su dedicación y no todos los puede desempeñar cualquiera (ponedme a mí a desatorar un wáter y ya veréis, ya...)

2) La falta de empatía y la manera que tenemos de atacar, agresiva y casi violenta, cosas que ni terminamos de entender: para empezar, de toda la gente que ha propugnado ese ataque, me gustaría saber CUÁNTOS han leído REALMENTE a Lucía Etxeberría para dar a entender (o decir) que es una escritora de mierda. Yo, repito, no la he leído, ni conozco a nadie que lo haya hecho, así que no opino. Yo ya voy conociendo los entresijos de lo que es un poco el tema de publicar (o, mejor dicho, lo que es pelear por publicar) y el rollo que se traen las editoriales. Lejos de ponerme a atacar la piratería, lo que sí voy a decir (y dudo que me equivoce, puesto que conozco la experiencia de muchos escritores ya publicados) es que el autor de un libro, al igual que un músico, es LA ÚLTIMA MIERDA que mueve esta industria.
Aquí me preguntaréis, "¿y por qué no tienes el mismo rasero con los músicos?"
Mi respuesta es obvia: habiendo estado en un grupo de música durante casi un lustro, y habiendo conocido a gente que sí ha formado parte de la industria discográfica (ninguno grande, pero oye, gente que sabe de qué va el rollo), me ha quedado claro de que el músico por lo menos tiene la opción de los espectáculos en directo, donde hay muchos menos intermediarios y ve algo más de la triste mierda que gana por un disco. De ahí que no defienda a gente como Alejandrito S.: porque no habla como músico, sino como accionista de una empresa privada que se aprovecha de los artistas.
Hablamos de arte, pero hasta en esto se ve que hay diferentes status y castas, como en todas partes.


Pues sí, esto fue de pago. ¿Por qué no he oído nunca a nadie decir que Miguel Ángel era un pesetero?

3) Demuestra además, el gusto que tenemos en España por las leyes, y lo que nos gusta justificar saltárnoslas. Yo mismo no estoy de acuerdo con las leyes antidescargas, y su simple imposición me parece aberrante y os explico por qué: porque el hecho de que te cobren más del 1000% del valor de producción por un artículo me parece abusivo (he puesto el 1000%, pero no estoy seguro de haber hecho el cálculo. Solicito corrección de esto): un producto que cuesta unos 20 céntimos (en el caso de un disco, que es lo que mejor conozco) EN LA PUTA VIDA debería costar 25 euros. Esa es la política del abuso.
¿Pero qué pasa aquí? Que se enarbola la injusticia social para coger y decir "pues ahora hacemos lo que nos sale de los cojones", sin importarnos una mierda lo que pase.

Ya lo hemos visto en las manifestaciones okupas, donde la gente se cuela en sitios abandonados, ejerciendo su "derecho a la vivienda" (sin haberse leído la Constitución, donde se indica EXPRESAMENTE que el artículo 47 NO es un derecho fundamental de los ciudadanos, sino un PRINCIPIO RECTOR de la política: es decir, son aspectos que se contemplan en nuestra Carta Magna, para decirnos "eh, no nos olvidamos de esto: simplemente los ponemos para que quede constancia de ello y que deben ir regulados por las leyes vigentes". Y, por ese mismo principio, nos meamos alegremente sobre el artículo 31, donde se dice que es un derecho y un deber del ciudadano contribuir al gasto público. O sea, pagar impuestos.
Pero claro, como "Ya nos roba bastante el Gobierno", ancha es Castilla.
Anarquía y birra fría.


"¡¡¡Y TEBEOS GRATIS, COLEGAAAAAA!!!"

4) También este tipo de actitudes pone de manifiesto que España va de abierta, tolerante, buenrollista y demás, pero lo que buscamos siempre es un enemigo al que darle hostias como panes: ya lo vimos con el señor al que el pueblo (por votación) ha elegido como candidato a la Presidencia del Gobierno, lo vimos con los controladores aéreos en su día, y lo seguiremos viendo. Porque nos mola tener un Emmanuel Goldstein al que Odiar al menos una vez al día. Tal vez para descargar nuestras frustraciones, proyectar nuestra mala leche, no lo sé. Sólo sé que pasa. Cada día más.

En este país si no sigues la voz cantante de "lo que mola" (sea lo que coño sea eso), eres un proscrito. Un indeseable. Un hijo de puta. Y parece que, por ese hecho ya te pones una diana en el pecho para que te tiren las lechugas podridas. Para que te suban a la picota. Para que te quemen en la hoguera o que te guillotinen directamente.
De puertas para afuera, vamos de simpáticos, tolerantes, democráticos y hasta de que somos unos monstruos en la cama.
Curiosa actitud para un pueblo que da la impresión de pasarse el día jodiendo cada vez más y más y follando menos.

Pero ojo, que no todas las hostias van para el mismo sitio: que aquí la señora Etxeberría también ha puesto unas cuantas cositas de manifiesto, que paso a argumentar.

1) El concepto "víctima desagradecida": esto me encanta, porque no ha pasado de moda con los años. España, si os fijáis, no tiene héroes. En su historia reciente (salvando quizás a Miguel Induráin) no vemos a nadie que haya hecho algo glorioso y que luego no haya sido puesto en duda, criticado, vilipendiado... o que cuando abra la boca no vaya de víctima por la vida, argumentando que TODO lo que ha conseguido ha sido gracias a SU esfuerzo, que NADIE le ha apoyado, que NADIE ha creído en él/ella, y que no debe ABSOLUTAMENTE NADA a nadie.
Y eso, amigos, nos encanta.
Nos pone realmente cachondos.
Para mí eso es ser la puta víctima e irle con el cuento llorica al pueblo llano. No sé si para quedar bien, si para ir de humilde por la vida o yo qué sé... pero lo cierto es que cuando se ponen a decir que todo se lo deben a sí mismos, para mí esa idea se va a tomar por culo.
¿Que una persona que no era nadie en su día ha llegado arriba sin deber nada? ¿Perdona?
En el momento en que te dedicas al deporte, el arte o lo que sea, tienes que entrar en contacto con gente: entrenadores, productores, editores, y así hasta un larguísimo etcétera de socios, empresarios que te explotan, profesores y formadores de todo tipo a los que les debes algo aunque te hayan tratado con la punta del pie. Obviar eso es de ser un desagradecido.
Y ya sabéis lo que se dice aquí de ser agradecido.


Algo como esto. No pongo el antónimo porque resultaría demasiado desagradable. Incluso para este blog.

Fijaos en nuestra cultura. Nuestra literatura. Nos encantan los perdedores, los outsiders, la gente que ve su país como un pozo de mierda y que se niega a reconocer que haya algo bueno (yo podría enmarcarme en este último grupo, sólo que SÍ reconozco que tenemos cosas buenas. Tan sólo quiero dejar claro que lo malo hay que mejorarlo, y con mucha necesidad). Los pesimistas. Los deprimidos y/o oprimidos que no levantan cabeza jamás.
Y parece que tenemos que aplicar ese criterio a todo aquel que haga algo: si no se queja, malo y nos dedicamos a putearlo hasta que él mismo se acaba aburriendo. Pongo el caso de Banderas, que ha aguantado sin quejarse lo indecible durante veinte años... y no porque no le hayan tocado los cojones. Y todavía hay algún subnormal que de vez en cuando le acusa e injuria por cosas que no puede demostrar (o que, probablemente, ni siquiera ha hecho).
Pero es que si se queja, da igual que denuncie la guerra, el hambre o el elevadísimo precio de los tebeos. Automáticamente, esa persona no tiene derecho a quejarse porque gana más. Porque vive mejor. Porque (en el fondo) no lo podemos ni ver y necesitamos un argumento.
Y, yendo más allá, pedimos su cabeza.
Pedimos que censuren sus obras.
Pedimos que no vuelva a aparecer públicamente.
Pedimos cosas que por lo general nos repugnan.


"¡Que salga el hijoputa eseeeee!"

2) Que el cinismo de unos cuantos no parece tener fin, y que una señora que ha vivido ampliamente de sus libros desde 1997, habiendo sido premiada varias veces (y no con un premio cualquiera, oiga, sino con un Planeta) tal vez no se encuentra en la mejor de las posiciones para decir según qué cosas, porque puede sonar incluso hipócrita.
Pero lo ha hecho. ¿Está un servidor de acuerdo con este argumento? En absoluto. ¿Justifica eso, entonces, al que se ha liado? Pues tampoco.

Pero al mismo tiempo, os digo que no pienso caer en la demagogia de "al decir eso insulta a aquellos escritores que no pueden vivir de sus libros". Con el debido respeto, yo no vivo de mis libros porque, a día de hoy, no he conseguido ni publicar. Porque, parafraseando a un amigo, "La industria literaria pasa de mi culo", así que, para ofendido, podría estarlo yo. ¿Eso me da derecho a meterme en su Twitter y ponerla a parir? No. Porque por esa misma regla de tres podría coger y, como desemplado, poner a caldo a toda persona que tenga un trabajo y que se queje. Y va a ser que esa no es precisamente una actitud ni sana ni respetuosa. Ni respetable.
Hace poco, hablando con un seguidor de este blog, nos preguntamos si realmente nos merecíamos ser salvados como país. Si nos merecíamos un futuro mejor. Nosotros, que inventamos la picaresca, la cultura de quebrantar leyes, de cargar el trabajo y el muerto a los otros: donde el que lee es un "listillo", pero el "listo" es el que no curra. Donde somos lo bastante hipócritas como para decir al mundo entero que somos un país relleno de gente simpática, pero que en el fondo tenemos todavía una mentalidad atrasada en la que nos dan asco los maricones, donde torturamos animales por diversión y donde el que piensa de una manera mola, y el que no, es un sociata, un facha, o un indeseable, a secas.
No voy a responder aquí a la pregunta que este amigo y yo nos hicimos.
Eso os lo dejo a vosotros.

Como también os dejo a vosotros la opción de pensar lo que queráis la próxima vez que el pueblo decida buscarse otro Emmanuel Goldstein.
Aquí soy yo el que os pregunta: ¿Qué haréis? ¿Pensaréis qué estais defendiendo o atacando exactamente... o seréis de los que cojan las lechugas?
Pronto lo veremos.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Mis Truños Favoritos: The Chaser, o Loca Academia de Policía Coreana



Pues allá que va uno y se mete en el Cine Fantástico de su ciudad para ver con qué clase de cosas le pueden sorprender. Se empapa el programa (cosa complicada teniendo en cuenta que este año nos han puteado a base de bien con la página web del susodicho festival) y compagina su horario con lo que hay en taquilla, llegando a meterse en lo primero que le resulta factible (lo llamaríamos "pito pito gorgorito", pero ha habido opción a descartar. Poca, pero ha habido).
La elegida ha sido The Chaser, una cinta coreana de un señor llamado Hong-Jin Na y que, para más señas, viene a ser su primera película.

Parte de premisas bastante interesantes, como el hecho de mostrarnos a un ex-detective metido a chuloputas que, sin comerlo ni beberlo, se encuentra de bruces con un asesino en serie que está dando matarile a unas cuantas de las mujeres que trabajan para él. El hecho de mostrarnos una Corea oscura, sucia y decadente, añade puntos extra a la película; al menos, a lo que es su comienzo.
Si bien la trama recuerda poderosamente a la de un thriller al uso en su primera media hora de película, más adelante esto se difumina en la llamada "mezcla de géneros" que, por lo visto, es un punto común en el cine coreano.
Los críticos si quieren se puden hacer pajas pensando en esto. El personal, si le parece, también. A mí esto no me convence, y os explico por qué. Como ya sabeís, y como digo siempre, no soy Dios. Mi palabra no es la ley, por lo que me veo obligado a argumentar todos y cada uno de los puntos de vista que lanzo; vosotros podéis o no estar de acuerdo (esto lo dejo a decisión vuestra), pero jamás os diré que lo aceptéis ciegamente porque lo diga yo.

Dicho esto, empezamos el despiece. Aviso que encontraréis elementos que revelarán puntales del argumento. Leed bajo vuestra propia responsabilidad:

Como he mencionado arriba, la película empieza bien, en lo que a temática se refiere. Eso de mostrar a un tipo que ha pasado de un lado de la ley a otro simplemente para ganar más dinero es un interesante punto de partida, que muestra un poco la línea gris entre lo que está bien y lo que está mal (o al menos, la línea gris en términos generales, porque la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal a menudo es bastante clara; otra cosa es que tengamos alternativa) y nos muestra al clásico antihéroe del cine coreano (para ver otros ejemplos, echad un vistazo a auténticos peliculones como Oldboy).
Al mismo tiempo, se van narrando ciertas subtramas paralelas, como la de una prostituta que, casualidades de la vida, anda algo pocha, y un cliente de lo más rarito. Dichas subtramas tardan cosa de veinte minutos en solaparse y desaparecer para fundirse en una única trama principal; tan sólo sobrevive una subtrama crítico-cómica de un señor que lanza excrementos a un político.


A la izquierda, un asesino; a la derecha, un señor que lanza mierda. Ambos compartiendo coche policial. No hay mejor forma de conocer gente que esa, ¿que no?

Conforme avanza la película, vemos que el cliente rarito en realidad es un asesino en serie con tendencias okupas, que tiene como hobby cargarse a todo bicho viviente que entra en la casa en la que está afincado. La prostituta griposa, cómo no, ejercerá su papel de dama en apuros que tiene que ser rescatada por su chulo (sórdido, pero creíble hasta aquí). Éste, al corriente de que sus mujeres están desapareciendo, entra en la cacería de lo que él piensa que es otro chulo que capta a sus prostitutas para venderlas por su cuenta. Durante una gran parte de la historia, éste lo pensará ciegamente, sin que se le pase por la cabeza la clase de gañán con la que está tratando.

Aquí arqueo la ceja por primera vez: si bien es cierto que el espectador parte con información de sobra como para sacar sus conclusiones acerca de un primo de Jack el Destripador, también es cierto que el asesinato de prostitutas no es algo tan extraño en ninguna parte del mundo como para que el proxeneta que lleva el peso de la película ni siquiera se lo llegue a plantear hasta que tiene ya datos policiales acerca de lo que ha venido pasando. Demasiado inocente para tratarse de un señor que se dedica a vender mujeres, pero en fin... hasta aquí, aceptable.

Total, que la historia avanza. Por un pequeño momento astuto (de los pocos), nuestro amigo consigue descubrir la identidad del asesino, al que ha encontrado casi de potra en una callejuela de lo que parece ser un barrio residencial. Comienza una persecución desesperada cuesta arriba, donde se producen palos de todos colores (otra clásica característica del cine coreano, su violencia explícita) y, finalmente, se produce un arresto.
Aquí la inocencia del fulano me vuelve a dejar a cuadros, cuando deja vivo al que de momento supone que no es más que otro proxeneta y lo lleva esposado a su coche, en lugar de cargárselo. A ver, chicos, es un proxeneta. Un chulo. Hablamos de gente que no se anda con tonterías y, al primero que le jode el negocio, le da matarile. Polladas las mínimas. Lo que no hace es darle un paseo con el barrio, esposado, y meterlo en un coche justo delante de la Policía para que éstos, al ver la situación, se los lleven a ambos al cuartelillo.
Aquí si queremos podríamos interpretarlo como un "es que no se me ocurrió nada mejor" por parte del guionista. A la desesperada incluso cuela.


"¡No huyas, cabronazo, que como te coja...!"
"¿Como me cojas, qué?"
"Bueno, no es que te vaya a pasar gran cosa, pero como frase mola que te cagas, ¿verdad?"

Pero seguimos.
Resulta que el fulano ya ha reconocido ser un asesino en serie. Eso se puede interpretar como uno de esos giros argumentales que dices "bien, sorprende; ahora manténlo y explícanos por qué este tío confiesa, porque para hacerlo debería tener las espaldas bien cubiertas". Me vienen a la cabeza casos de películas donde ya se ha hecho eso, como Seven; incluso, de un modo más tangencial, podríamos pensar en el Scorpio de Harry el Sucio, que se las apaña para pasar de asesino a víctima ante los medios a causa de la manta de hostias que se lleva por parte de Clint Eastwood. En la vida real tenemos el lamentable caso de Marta del Castillo, todavía en litigio.



"Pues sí. Mato gente y me lo paso que te cagas, ¿algún puto problema?"
(Cómo ser asesino en serie y más chulo que un ocho sin morir en el intento)

En otras palabras, se podría haber hecho una crítica cojonuda acerca de lo que es un sistema que sobreprotege a criminales confesos y de una prensa acostumbrada a crear juicios paralelos antes de que exista un veredicto al respecto.
¿Cuál es el enfoque en esta película?
Os remito el diálogo y vosotros decidís:

Señor policía: "Así que usted ha matado a nueve personas"
Asesino: "En realidad han sido doce"
Señor policía: "¿Ha mentido en su declaración?"
Asesino: "No, es que me he acordado de las otras tres"
Señor policía: "¿Y qué ha hecho con los cuerpos?"
Asesino: "Los he enterrado en el jardín"
[Pequeño aparte]
Señor policía: "Está mintiendo"
Otro policía: "¿Por?"
Señor policía: "Porque doce cuerpos no pueden caber en el jardín"
[A todo esto, NADIE ha conseguido saber DÓNDE coño están los cuerpos, de manera que basan su suposición en un jardín que proviene de su imaginación]

Esta situación, que puede resultar ligeramente rocambolesca se resuelve de un modo más incomprensible aún:

Señor policía: "Entonces nos ha mentido acerca de la localización" [Aunque sin motivo aparente, SÍ asumen que dice la verdad en cuanto al número de víctimas]
Otro policía: "¿Dónde pueden estar los cuerpos, entonces?
Señor policía: "En un lugar cercano"
[Sacan un mapa]
Señor policía: "Aquí hay un monte, seguro que están aquí"

Y allá que tenemos una decena de policías, en mitad de la noche, con lluvia y equipados con unas magníficas linternas, resbalando y tropezando contra arbustos y árboles buscando Dios sabe qué.
Esta escena habría sido una crítica cojonuda a eso de buscar cuerpos que no aparecen en el primer sitio donde apunta el sospechoso (véase nuevamente lo de Marta del Castillo) SÍ:

Uno: Hubiese una presión mediática, como en el caso al que nos referimos.
Dos: El mismo sospechoso hubiese dicho que los ha escondido ahí (aunque fuese falso)

"Tío, tío, tío, creo que tengo algo..."

Llegados a este punto, siempre podemos hablar un poco del procedimiento habitual que un policía usa para investigar un crimen. No es necesario atender a un criterio nacional ni cultural; es tan sólo usar lo que llamaríamos "método lógico" y aplicarlo a este tema.
Para empezar, lo principal es saber si ha muerto alguien, es decir: trabajar con PRUEBAS. No con suposiciones, ni corazonadas, mucho menos con lo que te suelta un testigo que es tan fiable como Hannibal Lecter con un libro de cocina. Los famosos palos de ciego que vemos por la tele con la poli drenando un río o mirando en un vertedero, sabéis por lo que son, ¿no? Bingo: para contentar a la opinión pública, pese al gasto de dinero que supone y pese a la poca efectividad que esto tiene. Según un criminólogo que conocí en las últimas jornadas literarias de mi ciudad, en España (por poner un ejemplo) JAMÁS se ha encontrado unn cuerpo en un vertedero. Ojo, no decimos que no lo haya habido nunca. Decimos que no se han encontrado: a ver quién encuentra un carajo entre toneladas de basura armado con una excavadora. Es más fácil encontrar una aguja en un pajar. Multiplicadlo en un sitio tan poblado como Seúl.
Volviendo a lo del monte, tenemos lo que se llamaría una escena absurda: si se quiere tildar a la Policía de incompetente, lo más lógico habría sido que ni se molestaran en creer al asesino... pero en nada. No en creerse una cosa, luego otra, y luego poner a los policías rondando el monte. Eso no es una crítica. Es directamente ridículo.


Ah, no, perdón. Es que el director de esta película quería hacer un homenaje a Wiggum de Los Simpson y yo no me he enterado...

La película sigue avanzando con otras grandes escenas, como el hecho de una conversación que hay entre el psicólogo criminalista (un hombre con estudios, oiga) y el asesino: en vez de presionar al fulano para que cante como Johnny Cash y diga dónde cojones tiene la Casa de los Horrores que se ha montado, se pone a divagar y a hacerle preguntas chorras acerca de su sexualidad, o de si es impotente o no. Supongo que a lo mejor las prestigiosas escuelas de psicología coreanas advierten a sus profesionales que pasen de interrogarles sobre lo que realmente importa y se dediquen a preguntarle por su vida personal. Igual es para establecer un ambiente de camaradería o algo, no sé.
El caso es que, de rebote, el truco cutre funciona y consiguen que el asesino pierda los nervios, llegando al punto de agredir físicamente al psicólogo. Eso, en vez de suponer un delito de agresión, o bien de dar más indicios a la Policía para retenerlo, da la impresión de que es algo que pasan deliberadamente por alto. Igual es que les cae mal el psicólogo, porque si no, no lo entiendo...

Otro chiste es el tema de que se ve que el guionista no ha estado en su puta vida en una granja ni tiene ni la menor idea de como se desangra un guarro. El asesino dice que cuelga a sus víctimas y les practica un corte para desangrarla. Bien, muy bien.
El chiste: dice que practica el corte en el tendón de Aquiles. Mal, muy mal. Por ahí no se desangra un cerdo, tonto los cojones! Si ni siquiera pasa una vena ni arteria, por mucho que cuelgues el cuerpo (entiendo que boca arriba, porque si no, ni siquiera fluye sangre), te va a dar el lío hasta que eso se quede seco. Un cuerpo de desangra colgándolo boca abajo y practicando un corte profundo en el cuello. No hace falta ser asesino en serie para saberlo. Basta con pasarse por la carnicería del barrio y preguntar.

No. No los cuelgan así por estética.

Por otra parte, tenemos al proxeneta investigando el entorno del susodicho y descubriendo cosas tan alucinantes como el hecho de que éste estuvo usando sus técnicas de martirio (es decir, aporrear la cabeza de sus víctimas con un martillo y un cincel) con su sobrino. Viendo lo fácilmente que su hermana y su cuñado sueltan esa información, ahí se tendrían pruebas vinculantes (repito: aquí y en Corea, no estamos hablando de un tecnicismo local. Estamos hablando de INDICIOS CLAROS de un delito) que relacionarían al autoinculpado asesino con crímenes anteriores. Es más, habría testigos y ya sería cuestión de encontrar los cadáveres de la casa.
Que alguien me explique entonces por qué cojones nos dicen que este tío se libró de la cárcel en crímenes anteriores POR FALTA DE PRUEBAS. Con al menos dos testigos (que se sepa), una víctima con señales CLARAS en su cabeza, que además coincidirían con las de las víctimas halladas en los crímenes anteriores, a ese tío no lo habría librado de la cárcel ni Perry Mason.


Sugerencia distópica: para poner un coreano duro, que hubieran contratado a Kimball Cho, de la serie El Mentalista. El asesino habría cantado como una nenaza en el interrogatorio.

Entretanto, se nos va comentando que el señor que lanzó mierda al político está por ahí dando vueltas y que parece ser que ha montado un buen cipote mediático. Esto habría sido una oportunidad cojonuda para hacer la crítica mencionada sobre la presión de los medios de comunicación; la pena, desde mi punto de vista, es que esa crítica es tan sutil que parece que el director casi la obvia en muchos puntos. Simplemente se limita a decir en un momento dado que la unidad que lleva el caso debería ponerse las pilas con el asesino en serie para tapar ese asunto en concreto Y YA ESTÁ. Ahí se queda el tema.
Repetimos: si queréis ver una crítica al respecto de la prensa metiendo las narices en un caso policial, probad con Harry el Sucio. Casi cualquier thriller donde haya una trama política por medio nos puede plantear este tipo de situaciones de un modo más coherente que lo que se ve en The Chaser. Para tapar escándalos y demás, me viene a la mente la serie The Killing, que no anda del todo mal a la hora de enfocar el tema... aunque es cierto que se centra más en la investigación en sí que en el enfoque de la prensa.

En mitad de la película ya hemos visto que el proxeneta y la niña se han hecho colegas. Algo así como una buddie movie, pero más forzado y con más pretensiones de drama. Se ve que al director los críos no le terminan de molar, porque el personaje de la niña es ventilado de un plumazo sin explicación alguna en los últimos cuarenta minutos: está en el coche mientras el chuloputas está investigando por ahí. De pronto cree ver a alguien que es su madre (nosotros sabemos que no lo es, pero ella no) deslizarse entre los callejones y la siguiente vez que aparece, te la encuentras inconsciente en el suelo. No sabes qué cojones ha pasado, ni qué le han hecho. La niña deja de ser un personaje más de los que están metidos en la historia y, por medio de un deus ex machina (lo que en cristiano llamamos un "por la cara") termina la peli en el hospital. Un problema menos que el guionista se quita de la manga sin despeinarse.
Eso son huevos.


"Me matan a un montón de mis chicas; otra desaparecida; me sale una cría de la que tengo que cuidar. Tío, hoy es uno de esos días en que mejor no me tenía que haber levantado"

Avancemos: mientras nuestro colega se ha hecho amigo de la hija de la prostituta desaparecida, tenemos una poli que parece menos subnormal que el resto de sus compañeros (tampoco es que sea muy complicado, visto el alarde de genialidad irracional que destila aquí la panda). Eso, por supuesto, no la convierte precisamente en la prima oriental de Sherlock Holmes, porque tiene las habilidades detectivescas a medio metro del cogote, dirección sur: por ejemplo, en el momento en que la poli decide soltar al asesino (sí, pese a que el tío confiesa con datos que sólo sabe la policía, que hay al menos una víctima conocida que ha sobrevivido -su sobrino-, testigos y demás, le sueltan), ella le sigue por su cuenta.
Hasta aquí, bien. Puede que sea la única que ha decidido no empaparse de la soplapollez reinante en la comisaría, de modo que le sigue DESCARADAMENTE. Cuando digo DESCARADAMENTE, digo que arranca su coche justo detrás de éste y, al llegar al barrio, camina a CINCO metros tras éste. Vaya, le pones un chaleco amarillo fosforito donde pone "Poli siguiendo a sospechoso" y da menos el cante.

Lo mejor es el hecho de que el asesino vuelve al barrio donde tiene su casa okupa, pero antes, decide ir al colmado de la esquina a comprar pan para unos bocatas o algo. ¿Por qué no? Ahí se encuentra con una aterrada dependienta que le pone al corriente de todo lo que ha pasado en su ausencia, SIMPLEMENTE tras ver que tiene la cara como un pan. Esto (que en el fondo no es tan raro) motiva que la señora le diga que hay un asesino muy chungo en el barrio, que ha dejado viva a una de sus víctimas, la cual ha conseguido escapar y que está en la trastienda, esperando a que llegue la Policía.
Muy bien, señora.
Esto quizás os pueda sonar más o menos creíble si habéis visto a la típica vecina cotilla. Lo que no es PARA NADA creíble, ni lógico ni tiene justificación alguna de la madre que la parió es que la buena señora, tras haber soltado la Biblia en cuanto a información, le de a un perfecto desconocido (o conocido de vista y poco más, que viene a ser tres cuartos de lo mismo) un martillo para defenderse.
Y digo yo: ¿Para qué cojones? Es decir, la policía está en camino, supuestamente. Si es necesaria una defensa, en todo caso la necesitaría la señora, no el primer fulano que llegue. ¿O es que se pondría entonces a repartir martillos a todo el que se presente en la tienda? Menos mal que no se presentó la Selección Española de Fútbol cuando los mundiales; no quiero imaginarme a Sergio Ramos con un martillo...


"Joder, qué día más malo llevo... Perdone, señora, ¿dónde está la panadería?"

Así que el asesino, casualmente informado con todo lujo de detalles, y convenientemente armado, ya sólo tiene que hacer lo que mejor sabe hacer: reducir la cabeza de las dos que están en la tienda a pulpa, cosa que hace con desparpajo y sangre a borbotones.
Esto puede resultar dramático. Gore, incluso. Es más, puede ser incluso trágico.
Para mí no deja de ser un absurdo, porque joder... vale que la poli que estaba siguiéndole no haya entrado en la tienda. Pero poneos a pensar que, cuando te cargas a alguien a martillazos, esa persona no se queda callada y tranquila esperando que la mandes al otro barrio. Esa persona se debate y chilla como un marrano en una matanza, y... sí, amiguitos. Ese jaleo SE OYE. Y a más de cinco metros.
Pues nada, el asesino se carga a las dos, sale de la tienda pringando de sangre y la poli no sé qué coño estaba haciendo, porque cuando quiere llegar la patrulla, ella está ahí y no se ha enterado de una puta mierda.
Eso es lo que yo llamo ojo avizor, tía. Lo has seguido para nada.

Lo mejor es que, si vemos la escena del crimen, vemos una chapuza como la puta madre que lo parió: sangre a espuertas, los dos cuerpos allí plantados, huellas por todas partes (si pisas un charco de sangre, dejas huellas, a menos que sepas flotar... con eso se puede sacar una muestra de calzado y el número, lo cual puede usarse como prueba). No llegué a ver si se dejó el arma del crimen; en cualquier caso, habría resultado una memez, por:

1) Si se la lleva, la poli es subnormal por no haberse fijado en un imbécil que va por la calle con un martillo que chorrea sangre.

2) Si se lo ha dejado ahí, el subnormal es el asesino, puesto que no usaba guantes. Ahora hay más pruebas todavía para inculparlo. Sólo hace falta un cuerpo de Policía Científica (que aparece en la película; además, hablamos de Corea, no de Afganistán. Si es algo, es un país civilizado y esas cosas las pueden solucionar e investigar igual o mejor que aquí) para empezar a sacar huellas dactilares, de calzado o incluso de ADN si resulta que las víctimas se defendieron antes de morir.


"Joder, me retienen a la víctima, me informan y hasta me dan un arma. Así da gusto currar..."

Lo que descojona es la soberbia soplapollez del comisario cuando se rasga las vestiduras al soltar al tío "por falta de pruebas" y le dice a sus hombres que hay que perseguirle y "si hace falta, que se inventen las pruebas para inculparlo". Joder, con pruebas de sobra... ¿de verdad hace falta inventarse nada? ¡Coño, que usen las que ya tienen!

Llegados a este punto, os preguntaréis cómo siendo tan zoquetes (ya no como polis, sino como seres humanos, lo cual dice ya bastante) se puede capturar a un asesino que, por otra parte, tampoco es nada del otro jueves.
Pues casi que podéis imaginarlo.
Sí, amigos: de puta chorra.

Resulta que nuestro colega el proxeneta, después de haberse pateado todo el puto barrio y de haber visto de todo, encuentra la casa del asesino, al que decide ajusticiar por su cuenta, a lo Charles Bronson (a mí de cara incluso me recordaba a él). La poli pasaba por ahí y ve un paraguas tirado en mitad de la calle y un portal abierto. Entonces, y por ninguna razón aparente, entran todos en tropel y ven al chuloputas a punto de matar al asesino. Les da por mirar en el jardín, y oye... fíjate tú que sí que cabían...
Fin de este truñaco.


"¡Coño! ¡Con estos hacen doce!"
"¿Quién fue el que nos mandó al monte a pasar frío, que se va a cagar?"

Con respecto a esto, he echado un vistazo a varias críticas en Filmafinity, donde ponen a esto como obra de arte para arriba. En el festival de cine ponían esto como algo a la altura de Oldboy, y más cosas.
Pues yo qué queréis que os diga... yo sigo sin encontrarle sentido a semejante despropósito. A mí sigue sin convencerme que una historia que no se sostiene por ninguna parte esté tan sumamente bien valorada y que tenga que comulgar con ruedas de molino cuando no lo veo.

Tampoco veo la supuesta crítica a lo que es el mundo policial, y es por la sencilla razón de que me niego a aceptar que un policía tenga que ser una especie de parodia de ser humano que va por ahí dando palos de ciego como un tontolín. Y ya no hablamos, como he dicho arriba, del procedimiento policial: es que cualquier persona con dos dedos de frente no se saca esas deducciones tan bizarras bajo la manga, o acepta una parte de un testimonio al tiempo que refuta otra. Eso no lo hace una persona medianamente madura, mucho menos un policía.
Al mismo tiempo, pese a que hay elementos muy buenos en la película (música, ambientación y actuación por parte de los protagonistas), se pueden ver situaciones resueltas de un modo torpe y follonero, simplemente para eliminar problemas argumentales. Véase el caso de la niña, por ejemplo, o la forma de resolver la escena del colmado. Pim, pam, pum, y a otra cosa.

Si se quiere hacer una crítica, y con esto quiero hacer especial hincapié, lo suyo es hacer una crítica de una situación REAL: se puede criticar a la Policía, nadie dice que no, pero hay motivos de sobra para hacerlo (por ejemplo, que andan mal financiados, que cada vez son menos y que la cantidad de crímenes les desborda; que están cogidos por las pelotas por los políticos y la prensa, que hay corrupción... en fin, mil cosas). Lo que no tiene sentido es criticar una cosa que no existe; hace algún tiempo hice mi crítica sobre El Código DaVinci, donde expuse que criticar a la Iglesia por algo de lo que no era responsable (como lo es acusarla de que la sociedad moderna es patriarcal) resulta, aparte de carecer de fundamento, una mentira como la puta copa de un pino. Por tanto, ahí no hablaríamos de crítica: hablaríamos de injuria. Aprendamos a distinguir una cosa de otra.


Ay, Dan, lo tuyo es puntería; habiendo cosas por criticar... ¿Te vas a poner a acusar a los curas de la única puta cosa que no han causado?

Si la idea, por otra parte, era hacer una parodia (algo del estilo a Loca Academia de Policía o Agárralo como Puedas), lamento decir que no. Que no la he entendido. No le he visto ni puta gracia, puesto que la historia arranca y se desarrolla como un thriller y, en momentos concretos, como una película de terror. Podéis hablar de mezcla de géneros si os da la gana (ya lo hicieron los que presentaron este aborto cinematográfico en el Festival de Cine). Para mí esto es una mezcla de churras y merinas que no me convence. O me convence tanto como poner a tocar a los Metallica en el regreso de las Spice Girls. ¿Es mezcla? Desde luego. ¿Pero es una mezcla coherente? Difícilmente.

Como conclusión: comparar ESTO con Oldboy no sólo sobrevalora al señor Hong-Jin hasta un extremo insultante. Es un insulto para Park-Chang Wook, y si fuera él, me presentaría con mi martillo a hacerle una visita a los dos genios que me vendieron esta peli como una joya, pero que fueron incapaces de darse cuenta de que, en Carretera al Infierno, Rutger Hauer no acosa a una familia idílica protagonista: a quien quiere matar es a un chaval que va a devolver un coche.

Y esto es todo lo que tengo que decir acerca de esta maravilla.

lunes, 28 de noviembre de 2011

El Gusano Interior- Capítulos 1 al 6



Según he ido leyendo a tenor de algunas críticas y comentarios (todas constructivas, que nadie vaya afilando las estacas), ha quedado demostrado que la lectura de los capítulos de la novela El Gusano Interior, escrita por un servidor, resulta algo incómoda de leer, por eso de que la recencia de los posts en este blog hace que haya que ir "cavando" hasta llegar al primero. Como Rumbo a la Distopía agradece y se hace eco del feedback de su pequeño (pero fiel) número de lectores, aprovecha los meses en los que esta sección ha quedado inactiva para hacer una recopilación de lo ya visto hasta entonces. Esta vez, lo iremos añadiendo por orden cronológico y no por orden de subida al blog.

Ni que decir tiene que cualquier comentario, sugerencia, pregunta, crítica o insulto descarnado será debidamente tramitado como se merece y respondido a la mayor brevedad posible.

AVISO: Esta NO es la versión corregida y (esperemos) definitiva del texto, sino una beta para testar al público en Internet, así que es posible que encontréis alguna errata o palabra repetida. Esperamos que no os importe.

Dicho esto, pasamos al material:

Capítulo 1:


Capítulo 2:


Capítulo 3:


Capítulo 4:


Capítulo 5:


Capítulo 6:

lunes, 21 de noviembre de 2011

Escupiendo Rabia: Sobre las elecciones, o Rebelión en la Puta Granja.



Tras una apasionante sesión en una mesa electoral, con alguna que otra anécdota graciosa (menos de las que esperaba, por cierto, porque mi intención había sido escribir todo un Spanish Bizarro al respecto), llego anoche a mi casa, sabiendo de antemano el resultado electoral y me pongo a mirar las noticias.
Qué puedo decir.
Me siento asqueado.
Avergonzado.
Diría "indignado", pero esa palabra ha cambiado últimamente de significado y no es una connotación que ahora mismo refleje como me siento.

Si pensáis por algún casual que este blog se va a poner a despotricar contra el partido que acaba de entrar en el gobierno, o contra el que se acaba de ir, mucho me temo que tal vez no he expresado mis ideas todo lo bien que me habría gustado. En cualquier caso, mis disculpas por la confusión.
No, este Escupiendo Rabia de hoy no va dedicado (para variar) a la Casta Política reinante/destronada, ni mucho menos. Va dirigido a vosotros. O a nosotros, como queráis.

Debería daros vergüenza.
A lo largo de estas últimas veinticuatro horas, he leído cada cosa que me ha puesto los vellos de punta, bien por parte de una ideología, bien por parte de otra. Ya deberíais saber que este blog no es esclavo de nadie ni rinde vasallaje a ideología alguna, de manera que probablemente todos vosotros encontreis cosas que os sienten como una patada en los cojones. Esto no me parece del todo mal, porque así llevo yo desde anoche; así que, como dice el refrán, "O follamos todos o tiramos la puta al río".


Otros van a buscarla, a ver si se ha ahogao, la pobre...

Ante todo y como siempre, antes de que vayais afilando las estacas y encendiendo las antorchas, os digo que esto no va de atacar ni la forma de pensar ni la ideología política de nadie. Como habréis visto una y mil veces en este blog, cada uno es de pensar en lo que le salga del sfinter; aquí lo que se critica es la falta de criterio y la mala memoria de muchos de nosotros, amén de ciertos comentarios que considero altamente ofensivos y de bastante mal gusto, si estamos hablando de democracia. Voy a empezar por ir ilustrando algunas ideas que he ido encontrando (las cuales, por cierto, se repiten de un modo pasmoso variando tan sólo en la forma de expresarla y poco más) a lo largo de las últimas horas, así como los argumentos que tengo en contra de semejantes cosas.

El primero es esa genialidad de que "ahora vienen los fascistas/franquistas/nazis".
Este argumento, para empezar, a mí no me refleja el profundo malestar de alguien que vea como los conservadores suben al poder. Ni mucho menos. Para mí lo que me demuestra es una hipocresía de tres pares de putos cojones y os digo por qué:
De toda la vida se ha dicho que hemos sufrido dos importantes dictaduras (una más que otra) en nuestra historia precisamente porque ha habido sectores de la política nacional que no han sabido perder. Dichos sectores se cogen el canasto de las chufas, dan un golpe de estado y hala, a tomar por culo lo que se ha conseguido para hacer avanzar (o intentarlo, al menos) este puto país de gañanes y tocadores de pandereta. Y ahora, precisamente, son aquellos que van de tolerantes por la vida, de liberales, de personas con la mente abierta, los que proclaman al "enemigo" con insultos cuando han perdido las elecciones. Eso es elegancia, saber perder y honestidad. Lo demás, gilipolleces.

Me extraña que no hayamos llegado a la guerra de lapos.

Por otra parte, ando un poco ya hasta los huevos de llamar "fascista" a toda persona que sea de derechas, o directamente la que no comparta la opinión de tal o cual sujeto al cien por cien (idea de lo más tolerante, si se piensa). Aquí hablo, como siempre, sin defender a nadie. Ya sabéis que mis tendencias políticas no casan ni con la izquierda, ni mucho menos con la derecha. Pero si hay algo que no aguanto son las mentiras y el lavado de cerebro masivo. Con todo esto, vamos a ir analizando lo que se considera un estado totalitarista o fascista para ir aclarando ya un poco tan soberbia gilipollez.

Ya sabemos que un fascismo viene a ser un régimen totalitario consistente en el apoyo a ciertos ideales, como pueden ser el Estado (en la Italia de Mussolini) o a la raza (en la Alemania hitleriana). Exhalta, pues, a la nación como valor por encima del individuo (lo cual me recuerda mucho en mentalidad a China, por ejemplo). En un estado fascista o totalitarista existe un partido ÚNICO. Ni Parlamento ni putas hostias, y el que tiene una idea contraria, no es que pasen de él o lo puteen, como pasa hoy en día, sino que o lo meten en el talego o lo ejecutan.
Un estado fascista se apoya en la idea de líder, que ostenta todo el carisma y viene a ser el buque insignia de su partido. Yo no he visto un político con carisma en España desde hace ya más de veinte años.

El fascismo sojuzga a la gente por su pertenencia a un grupo (esto me recuerda al caso de una chavala con la que estuve un tiempo escribiéndome, que decía ser super-comunista, y lo primero que me preguntó fue que si era de izquierdas o derechas, alegando que la gente de izquierdas era más tolerante. Busquen la coherencia de este razonamiento, y cuando la encuentreen, escríbanme explicándomela, por favor), aprovechando demagógicamente los elementos del miedo mediante la represión, la violencia física y la propaganda. Esto implica no sólo censura (que ya he criticado muchas veces, y OH, no sólo por parte del partido que entra ahora a gobernar), sino que por decir que no estás de acuerdo con una idea te suspendan tus derechos humanos y te metan en la cárcel sin juicio, o que te peguen tres tiros en la calle.


"Le hemos pillado meando en una esquina"
"¡Indeseable! ¡A la horca con él, sin juicios ni pollas!"

El fascismo es un movimiento militarista, lo que implica que (por lo general) tiene una cierta tendencia imperialista. El ejército cobra muchísimo poder.
Esto no tiene nada que ver con la idea de tener un ejército que esté ahí, por si acaso un día, a algún chalao le da por invadirnos. Puede pasar. Que se lo pregunten a los polacos cuando la Segunda Guerra Mundial. Ellos tampoco se lo esperaron.

En resumen, el fascismo identifica tierra, pueblo y estado con el partido y su lider, y propugna ideales ultra-agresivos en contra de visiones de la vida más intelectuales, además de (OJO) tener como única intención en la vida aplastar a toda aquella forma de pensamiento o expresión divergente por medio de la violencia.

Os pongais como os pongais, España es un estado democrático (o demagógico, según se mire), pero EN CASO ALGUNO es fascista. Por mucho que os joda que haya ganado tal o cual señor, todavía tenemos una Constitución firmada por TODAS las fuerzas políticas existentes en 1978. Había, por supuesto, gente del antiguo régimen, PERO también había gente de ideologías tan contrarias como podían ser los partidos comunistas. Todos se pusieron de acuerdo en firmarla y nos dieron una lección de lo que es democracia. De lo que es el respeto mutuo, y no de la sarta de memeces que están saliendo hoy en día con tanta crispación y tanta soplapollez.
Una última cosa a este respecto: he visto que hay mucha gente dolida con eso de que haya habido una dictadura en nuestro país, lo que me parece normal. Lo que resulta incoherente es que esa misma gente, sabiendo (o diciendo saber) todo aquello por lo que hemos pasado como nación a lo largo de unas cuatro décadas, use el término "fascista" (o sinónimos) tan a la ligera y con tantísima frecuencia. Creo que en este país precisamente, ese debería ser un insulto MUY gordo. Tanto o más como el de "terrorista" con lo que hemos pasado con gentuza como ETA o los otros colegas que van por ahí reventando trenes. Y ese término parece ser que también se emplea para insultar a quien no le cae bien a uno (¿Verdad, Fede?)
Todo eso  a menos, claro está, que lo de "recordar los errores del pasado" consista en ver pelis y leer novelitas, decir qué malos eran los tíos aquellos de uniforme y punto.


"¿Ha puesto la Constitución? ¿Qué es eso?"
"Es un libro al que nos referimos de vez en cuando cuando hablamos de Democracia"
"¿Y qué pone?"
"Ni puta idea, no lo he leído"
"Mmmm vale; bueno, ¿nos montamos una mani para decir que vivimos rodeados de fascistas y que le den por culo a este blog?"
"Vale"

Segundo argumento: Franco no ha muerto.

Creo que para eso no hace falta ser forense. Os digo yo que sí. Otra cosa es que me vengais con el argumento de "No, es que su espíritu sigue vivo en los tíos que vienen a gobernar ahora".
Analicemos esto:
Si decís eso, estais dando por hecho de que la ideología es algo hereditario. Que todos y cada uno de vosotros sois fotocopias ideológicas de vuestros padres, que pensáis exactamente igual que ellos. Eso se mearía en el concepto de la lucha generacional, donde una generación (por sistema) tiende a oponerse a la anterior; algún concepto permanece, pero las cosas tienden a evolucionar. Con mayor velocidad unas veces, de un modo más lento otras, pero no es algo en absoluto estático.
Existe, por supuesto, el componente educacional, que no se negará aquí; pero también existen muchos otros factores que determinan los ideales de una persona, como pueden ser sus experiencias personales, su contacto con todo tipo de gente (con TODO, no sólo con gente con la que comparte ideología), etc. Creo que bastante tenemos ya con eso de que la propaganda constante nos intente lavar el cerebro a diario como para que encima nos pongamos a catalogar a una persona en base a la familia de la que proviene. Para mí eso es una idea simplista y maniquea que, de un modo fino, se dedica a encasillar a la gente ¿No se suponía que los liberales, los tolerantes y aquellos de mente abierta NO juzgaban a la gente en base a ese tipo de cosas?
Otra cosa es la idea ultra-burra de justificar una ideología propia buscándose un enemigo, o bien demonizando (aun más, si cabe) al ya existente, aludiendo siempre lo peor que ha podido hacerse para justificar tal argumento. Si nos ponemos así, podríamos retrotraernos a Fernando VII, o directamente a cuando las Cruzadas. A mí Isabel la Católica no me gustó demasiado como monarca, pero tampoco voy a acusar de "mata-judíos" a todo aquel que no casa con mi ideal. Me viene a la mente aquella escena de La Vida es Bella, donde el niño protagonista preguntaba a su padre por qué odiaban a los judíos. Él, con ironía, respondió que a él tampoco le gustaban los visigodos, y que iba a prohibir la entrada de éstos en su negocio. En el contexto de la peli, podría sonar a chiste.
Llegará un día en que no sea tan descabellado.


Asumidlo: The Walking Dead es FICCIÓN.

Ante eso he escuchado argumentos bastante variopintos, como decir que hemos cambiado poco desde la dictadura, que si tal que si cual. Lo que más me descuelga los cojones de puro asombro es que los que más hablan de Franco son aquellos que se han criado en plena democracia y aquellos que JAMÁS le habrían apoyado. Si esto es coherente, por favor, argumentádmelo, porque a mí no me entra en la puta mollera.
Yo me he criado en plena democracia. Al ir por la calle no he visto jamás un puto fascista (salvando el falangista pirao que de vez en cuando va por ahí vendiendo propaganda pre-constitucional... pero no es más que eso: un pirao que parece que se ha quedado anclado en la España de hace 40 años). Sé conscientemente que mi país no va bien y que no tenemos la representación que deberíamos... pero sé que no vivo en una dictadura. Sé que los periódicos pueden estar más o menos manipulados, pero NO se ha prohibido la prensa que no sea la portavoz del gobierno. Sé que si no me llevo el DNI a la calle, un poli no me va a pegar dos tiros. Sé que si me ven dándome el lote con una chorba en el parque no me van a despedir del trabajo por mi actitud inmoral. Sé que puedo ir a tomarme unas cañas sin que nadie me diga "circulen y váyanse para su puta casa". Sé que puedo cagarme en la puta madre de tal o cual político en un bareto con algún colega sin pasar la noche en un calabozo. Incluso puedo escribir en este puto blog sin que venga la pasma a mi casa a interrogarme o a detenerme por subversivo.

Me he criado en un colegio religioso, pero (en contra de lo que muchos creéis) nadie me ha obligado a tener tal o cual creencia. Me la han enseñado, como el que enseña Literatura o Dibujo, y me he examinado de ella sin que se me revuelvan las tripas o me suponga un trauma; forma parte de la cultura de mi país y yo coincido con sus preceptos sólo en algunas cosas, pero nadie me ha acusado con el dedo por no seguir los dictámenes de la Santa Sede. Luego, de mayor, he podido elegir qué creencia se ajusta más con mi persona y no he sufrido presiones por ello. Creo que las pruebas son bastante palpables.


"Puta oveja descarriada..."
"Pues sí. Prefiero eso a vivir en un puto redil"

A día de hoy, tengo treinta y pocos años. No sé qué coño es una dictadura, porque no la he vivido. No se me caen los anillos ni me da vergüenza decirlo: es más, creo que me siento incluso orgulloso de haber nacido en esta época, pese a lo mal que nos vaya económicamente y la cantidad de corrupción que vea a diario. Mis padres, si os ponéis a pensarlo, tampoco han vivido la época leñera de la dictadura; a ellos les tocó principalmente la de los sesenta y (muy especialmente) los setenta, cuando el dictador estaba con un pie en el otro barrio y las cosas estaban, poco a poco, preparándose para lo que vendría después. Por eso me asombra que gente a la que saco seis, siete, ocho, o vete a saber cuántos años, me hable de esa época como si la hubieran parido. Como si hubieran vivido en ella. Me da igual lo mucho que hayan leído o que se hayan hecho un puto maratón de pelis de la Posguerra. La vida se vive viviéndola, y la documentación está bien, pero sólo da ideas orientativas.
No podemos hacernos a la puta idea de lo que es vivir en un sistema así, de manera que, POR FAVOR. Dejad ya el comentario de que vivimos en un sistema dictatorial, porque otra gente en otras partes del mundo no gozan ni de la mitad de privilegios que nosotros. No me hagais recordar la fábula del viejo que comía altramuces...

Entiendo, por otra parte, que recordar el pasado sea la manera de evitar errores futuros. Sí y no. También están aquellos que viven en el puto pasado y se dedican a vivir encabronados, buscando enemigos donde quizás no los hay. Aquellos que, con la buena intención de buscar la libertad y demás cosas, resulta que no sean capaces de tolerar a gente que piense como ellos.
Cuando te conviertes en gente exactamente igual a la que criticas, ¿a qué se reducen tus ideales? ¿Acaso a lo de "es que lo mío mola más"? De ahí, se puede pasar a "el fin justifica los medios" y, en fin, no quiero seguir... ya sois mayorcitos para daros cuenta de a dónde quiero ir a parar.


La Libertad guiando al Pueblo, de Delacroix. Esto llevó a Napoleón, Robespierre, y otros liberales...

Otro argumento que me encanta es el de "Pues yo me voy del país".
Sí, señor. Esa es la solución.
Recuerdo una escena de un cómic titulado Las Guerras Asgardianas, escrito por Chris Claremont y dibujado por Arthur Adams, donde (y aquí viene lo friki), la Patrulla-X y los Nuevos Mutantes se quedaban tirados en el Asgard de Thor. En ese mundo, uno de éstos últimos, llamado Mancha Solar, decía que allí le consideraban un héroe. Que no tenía sentido volver a casa, donde le iban a maltratar y discriminar por ser mutante. A esto que llega Lobezno y le dice: (transcribo literalmente) "¡Ah, ya veo! La Tierra no es bastante buena para ti. No respeta al pequeño muti".
Dicho de otro modo: ¿Para qué luchar, si está todo perdido? Los malos han salido así que abandono mi país, mi patria y mi hogar para potenciar la industria de otro país; para que éste se haga más fuerte y se dedique a aplastar a mi antiguo país todavía más de lo que ya lo hace. Démosle herramientas y mano de obra. Ya puestos, bajémonos los pantalones y démosle la vaselina, no se vaya a escocer.
Vosotros lo llamáis supervivencia.
Para mí es huir.
Es cobardía.
Es traición.


"Esto no me interesa; salgo por patas o, si no tengo posibilidad, escondo la cabeza para no verlo. Pero afrontarlo, JAMÁS"

Es cierto que nuestro país no ha hecho mucho por nosotros últimamente, pero sigo pensando (y aquí me terminaréis de echar más a los perros, si es que no lo habeis hecho ya) que beneficiar a otro que nos ningunea, nos desprecia y nos trata como si fueramos sus putos lacayos tampoco es la solución. ¿O es que ahora el españolito de a pie no tiene el más mínimo de dignidad y se va a lamer las botas de la gente que se ríe de él, tan sólo porque ha salido elegido el partido al que no han votado?
Volvemos nuevamente a lo de saber perder.

Pero lo dicho: ahí tenéis la puta puerta. Pero luego no os quejéis.

Siguiente argumento molón: ¿Para qué votar si no arreglo nada?
Esto comparte filosofía con lo anterior. Al parecer el homo hispanicus sólo menea el culo cuando ve algún beneficio para sí (y rápido y fácil, oiga, que las cosas las queremos para ya y sin mucho esfuerzo); si ve las situación muy difícil, lo mejor es escurrir el bulto y pasar del tema. Pero oiga, que como aquí valemos todos para criticar, critica. Es decir, parece que la mitad de este puto país no se ha enterado de que, como democracia que se supone que somos (leyes electorales aparte, luego hablaré de eso), la mejor manera de luchar contra un sistema político que no nos convence es desde las urnas. Si estás de acuerdo con unos, bien; si no, bien tambien. Pero hay que demostrarlo participando. He ahí la responsabilidad y el derecho al voto. Lo que no se puede hacer es estar en misa y replicando: tocarse los cojones en casita, gruñendo contra lo que va mal y no hacer absolutamente nada por cambiarlo.
Justificadlo como queráis. Para mí esa persona que no vota pero que se queja de la política no tiene derecho alguno a abrir la boca.
Os pongo el ejemplo: te detectan un bulto en una teta/cojón. Te dicen que lo han pillado a tiempo, que es operable y que te vas a quedar bien (o digamos que sin demasiados riesgos). Tú te niegas a la operación porque argumentas que te morirás de todas maneras algún día y que mejor te quedas en casa, cagándote en la puta madre de la naturaleza humana, que nos hace mortales. Empiezan los dolores cuando la cosa crezca. ¿Qué derecho tienes a quejarte?


"Cagonlaputaaaa que no me han arreglao el país!!!"


Otro argumento curioso: Ha salido la elección ciudadana.
Argumento a medias; al haber estado en una mesa electoral, puedo decir que SÍ. En estas elecciones, por la parte que me toca, no ha habido ni trampa ni cartón y que los votos se han contado una y mil veces (doy fe, que me quedé hasta las tantas para que aquello cuadrase). Antes de que se aplique la famosa Ley d'Hondt, ya pude comprobar que, efectivamente, la mayoría del partido que entra ahora ha sido absoluta (anda que no salieron votos!) y que, pese a la lluvia intensa, ha habido una participación masiva. Esta es la parte que corresponde al SÍ.

En cuanto al NO.
Que la gente vote no quiere decir que sea un voto responsable, para empezar. Por ejemplo, os pongo el caso de una señora (no muy mayor) que me preguntó cómo se votaba; yo se lo expliqué y tal (no me molesta), pero lo más alucinante fue cuando me dijo que ella venía a votar al señor X, pero NO sabía de qué partido era (y era de un partido mayoritario). Partiendo de esa base, es difícil aseverar que supiera cuáles eran sus políticas o sus proyectos. Pero ella iba a votarle.
Existe también el voto castigo, que demuestra nuestra inmadurez política supina: papi no me da caramelitos, ahora quiero más a mami.
Fijaos en el detalle de que los últimos cambios de gobierno se han producido preciscamente por cosas así: la vez anterior, fue cuando el 11-M; la gente emitió su voto castigo al partido regente por aquel entonces precisamente por la salvajada que se cometió en Atocha y, de modo íntimamente relacionado, por la guerra de Irak; ahora se ha hecho lo mismo a causa de una crisis económica brutal que no se ha sabido capear a tiempo.
Y sí. Menciono el 11-M. Porque sucedió de verdad. Al que le pique, que se rasque.
En resumidas cuentas, no es que un partido gane las elecciones hoy en día. Es que las pierde el que está en e poder. Luego, empezará la corrupción (que suele darse en todos los partidos, pero se ceba uno siempre en el gobierno, que es el malo), las decisiones mal tomadas, el pueblo se quejará, y en vez de mirar programas y pensar alternativas, se van para el líder de la oposición.
Achacamos la culpa del bipartidismo a la Ley d'Hondt. Ésta tiene mucha responsabilidad, desde luego... pero no toda. Pensad de quién es la culpa de que los políticos que están ahí arriba nos follen el ojal día sí y día también. Pensad en quién les ha puesto ahí.
El bipartidismo no viene única y exclusivamente por una ley electoral.
El bipartidismo viene en el momento en que sales a la calle y la gente es facha o roja (cómo mola, términos de la Guerra en el puto s.XXI... luego vamos de progresistas y decimos que no vivimos anclados en el pasado, no te jode), como el que es del Madrid o del Barça. Viene cuando te das cuenta de que no existe término medio: o eres de izquierda o de derecha. No puedes comulgar con ideas de unos y de otros, porque eres raro. Un puto traidor al partido. Un miserable.


Mierdas como el voto castigo y el voto por tradición me hacen acordarme siempre de las ovejas que salían en Rebelión en la Granja, de George Orwell. Eran aquellos que cambiaban de parecer día sí y día también y nunca parecían recordar haber cambiado de opinión. Simplemente se dejaban llevar por las circunstancias o (muy especialmente) por lo que decían el cerdo Napoleón y sus secuaces...
Para mí, España no es en absoluto diferente. No sé para vosotros.

Siguiente argumento: Esto es por el paro.

También sí y no.
Es cierto que pasamos por una crisis de cojones, eso no se va a negar.
Pero también es cierto que esto, le pille a quien le pille, le condena electoralmente. Pero vamos a centrarnos en el paro, que es el punto que trata este apartado. 
Vivimos en un país de traperos y alimañas, que se aprovechan de eso. Si existen realmente cinco millones de parados, quiero que me expliquéis por qué cuando te vas a un polígono a las nueve de la mañana en cualquier ciudad, eso está a rebosar de gente. Por qué las calles y autovías bullen de vida.
Os diré por qué:
El trabajo en negro. Por la cantidad de bastardos que están currando a la vez que cobran el paro. Negadlo lo que queráis, pero no hay más que preguntar por ahí; toda esa gente está estafando a nuestro sistema de Seguridad Social, cobrando ayudas y subsidios que no se merece, mientras otros se están partiendo el espinazo por encontrar un puto trabajo al que sólo pueden acceder en negro porque la contratación es una puta mierda.
A eso no le ha metido mano ni Dios, porque no ha convenido; sin embargo, mola que te cagas ponerlo en la campaña electoral para ponerse más ancho que pancho y decir que eres el puto héroe que va a llevar al pais a la cota más alta de las potencias mundiales (por favor). Y además, esperan que nos creamos semejante aseveración.
Ese es nuestro país, y el paro no es más que otra arma electoral para que vayamos masivamente a las urnas a votarles como borreguitos. Como si se presentase el puto Capitán América que nos va a salvar de la amenaza de una invasión marciana.
Luego, si esos marcianos bajan y se dedican a follarse a nuestras madres, a meternos el rabo por la boca, a llevarse nuestra priva y a mangarnos la Play Station, nos quejaremos. Lloraremos. Diremos que el gobierno regente son unos hijos de puta que no han hecho nada por nosotros y votaremos a la oposición.


Si las ovejas tuviesen derecho al voto, probablemente elegirían a los lobos como sus máximos diligentes, porque éstos son más fuertes y astutos que ellas, además de estar mejor organizados. Conlleve eso lo que conlleve.
Nosotros...
Bueno, os dejo que penséis en ello.

Último argumento: Millones de personas no pueden equivocarse.
Falso: ese es precisamente el principal argumento de la demagogia, que consiste precisamente en abusar de la masa para hacer que ésta "tenga razón" simplemente por ser más; dicho de otro modo, cuando a una mayoría de gente en democracia se le lava el cerebro precisamente para ser manejada, manipulada y convencida para apoyar las gilipolleces más absolutas, automáticamente esas gilipolleces están bien por ser votadas por una mayoría.
Supongamos que, un buen día, se convence a la gente para apalear ancianas por la calle. Con una buena propaganda, eso que nos parece una aberración, puede parecer un argumento lógico (consultad a Goebbels). La masa lo apoya y... ¿Automáticamente tiene razón? ¿No pueden estar equivocados?
Discrepo.


"Pasen por aquí para ser identificados. No, no es necesario que traigan foto de carnet; en nuestro nuevo sistema distópico su cara es lo que menos nos importa"

Y con esto, podéis (y tenéis derecho) a cagaros en mi puta nación (que por cierto, es la misma que la vuestra); podéis decir que igual no me informo, que no tengo ni idea de nada, o que formo parte de Dios sabe qué ideología. Tenéis derecho a pensarlo, pero eso por supuesto, no limita mi derecho a pensar que tenemos lo que nos merecemos. Que somos manipulables, aborregables, que optamos por pensamientos colectivos en lugar de cuestionarnos las cosas.
Que ahora, si gana un partido de tal ideología, lo que no podemos hacer es ponernos en plan niños pequeñitos y pasar al insulto directo (por muy insultados que nos sintamos por ellos, no creo que rebajarse al nivel de otra gente sea la solución ni que esté en absoluto justificado); al desprecio por la gente que es de una ideología y (más aún) por el gobierno elegido en un sistema democrático. Para mí, pese a lo arriba expuesto (y que conste que no es defensa, porque ya he criticado ampliamente a dicho partido algunas veces, ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE en aquello que creo que hace mal las cosas, como hago con todo tipo de ideología), no me parece más que una pataleta. Falto de elegancia.
De no saber perder.


Luego no os pongáis a acusar a éstos (o a aquellos), el día que se vayan, de que os han insultado, despreciado o se han reído de vosotros. Porque pienso estar ahí para recordaros vuestros respetuosos comentarios acerca de la oscuridad, el terror y el puto Apocalipsis que nos espera. Como si no llevásemos años viviendo ya en él. Como si esto ahora mismo fuese jauja, juerga, diversión y las Crónicas del puto Narnia.
Y, para aquellos que apoyáis a los ganadores, mi enhorabuena aunque no comparta ni vuestros ideales (o no todos, al menos) ni mucho menos vuestro entusiasmo; ahora sólo espero que esa España utópica se cumpla de una puta vez y nos salveis de la destrucción y el fin del mundo, tal y como nos habeis prometido.
Paz, coleguis.