sábado, 25 de octubre de 2014

Escupiendo Rabia- Enarboladores de estandartes




No hace mucho, publiqué un artículo en el que hablaba sobre la corrección política y sobre cómo ese concepto, supuestamente bienintencionado, se está convirtiendo en el arma por la cual muchos grupúsculos ejercen su particular tiranía sobre los demás. En el artículo que estáis leyendo, queridos Distópicos, ampliamos un poco ese concepto para profundizar en algo que me dejé en el tintero aquella vez. Me refiero, como reza el título, a eso que yo suelo llamar "Enarbolar un estandarte".

Por enarbolador de estandarte entendemos aquel fulanito o fulanita que no solo es partidario de una idea (puesto que, en mayor o menor medida, lo somos todos); este personaje en cuestión no se contenta con ello, ya que eso es de simples mortales: tiene que convertirse en un símbolo viviente y ser más partidario de dicha ideología que nadie. Si es, pongamos, vegetariano, tiene que ser más vegetariano que el de al lado y conformar absolutamente todo su mundo en torno a una opción alimenticia; si resulta que en vez de eso es militante de una formación política, su voz tiene que quedar por encima de los demás (incluso de aquellos que la comparten) para que quede bien clarito que él es MÁS de ese partido que cualquier bicho viviente. Si es feminista, pues tres cuartos de lo mismo. Si es ecologista, si es monárquico, republicano, creyente, ateo... Lo que queráis.

Y es que en este mundo moderno, parece que últimamente no cuenta que te agrupes en tal o cual grupo (lo que de por sí me parece una gilipollez como la copa de un pino, como si ahora resultase que nos definiésemos como personas en base a la gente que nos rodea o a la moda que sigamos); no, eso de sentirnos alguien en base a la pertenencia a tal colectivo está superado. Ahora lo que mola, pero lo que mola de verdad, es demostrarlo las veinticuatro putas horas del día. Ya no basta con que profeses unos ideales, que tengas unos valores o que formes parte de lo que sea. El plan hoy en día es retorcer algo tan personal como tu forma de pensar y pasarte todo el puto día presumiendo de ella, como si todo lo demás valiese una puta mierda pinchada en un palo. Todo el puñetero planeta tiene que ser consciente de que eres de tal condición o que eres fan de algo, porque eso te hace especial, te define y te convierte en una Entidad Inigualable. No importa que te pases todo el día berreando las consignas que te hayan enseñado; incluso que puedas llegar a sacrificar tu propio criterio personal para cederlo a lo que se espera que pienses si formas parte de tal colectivo. Que prestes tu boca a otros que están por encima de ti y que, lejos de decirte lo que tienes que pensar (los dioses me libren) sí te recomiendan o esperas que digas cosas en concreto, a menos que te guste ser visto como un bicho raro o que no resultes "auténtico".



En realidad el concepto de "auténtico" la mitad de las veces es de puertas del grupo para dentro.
En el resto de casos, no eres más que otro igual.



Hablaba el otro día con una amiga a la que le gusta disfrazarse y meterse en salones de cómic y demás. Sitios que a mí personalmente no me llaman la atención y que tiendo a evitar como un vampiro un templo, pero que entiendo que haya gente que se lo pase bien ahí. Ella misma es una persona que suele ir muy muy a su aire; viste como quiere, y acude a sitios así cuando quiere, sin que haya nadie que espere que lo haga. Ella misma me comentó que en ese mundillo de gente que se disfraza y demás (un mundillo como otro cualquiera y que pongo por ejemplo, más que nada porque es lo más reciente que he visto últimamente al respecto) lo que tenemos es mucha gente que, más que hacer las cosas porque realmente les gusten o les dejen de gustar, simplemente siguen una moda. Que es respetable, oye; lo que no lo es, es cuando los que siguen esa moda se autoproclaman superiores a los que no, solo por seguirla. En mi ciudad tenemos el ejemplo claro en ciertos puntos de reunión, donde el grupúsculo de turno se automargina y se separa de sitios donde suelen quedar otras personas porque así pueden presumir de lo especiales que son. De ser diferentes. No es extraño, por tanto, que si pasas por ese punto de reunión en concreto, lo que tengamos es una especie de concurso para ver quién la tiene más gor... digooo, quién es más especial y más diferente. Un ghetto, en resumidas cuentas.



Personalmente a mí no me gusta disfrazarme porque me suelo ver ridículo, además de sentirme tela de incómodo. Suelo decir que lo haga quien le dé la gana, que para eso este es un país libre.
Lo que me repatea es cuando toda esta idea de diversión de disfrazarte y demás (que insisto, me parece respetable y entiendo que divierta a la gente) deja de lado ese componente lúdico se convierte en una especie de arma que usar contra los "normales" (como si tuviéramos que pedir disculpas por ir cómodos con un vaquero y una camiseta) o como una especie de competición, en la que gana el que es más "especial" y por la que matarse unos a otros.


Poniendo el caso de salones y demás (insisto, no es el único ejemplo, pero sí uno de los que yo personalmente veo más claros), recuerdo el caso de otra conocida que me vino hablando de un salón del manga en no sé dónde, a cuyos organizadores creo recordar que conocía. A mí la idea no me terminó de convencer.

—Hombre, partiendo de la base de que el manga no es más que cómic, solo que hecho en Japón, a mí personalmente me convencería un salón del comic general, donde cada uno pueda encontrar lo que vaya buscando, ya sea americano, japonés o europeo. No sé, se abre público y tal, y hay más posibilidades de conseguir más dinero...
—Es que ese salón no lo han hecho por eso.
—¿?
—Lo han hecho porque les gusta solo el manga. Así tienen SU sitio y nadie les molesta ni se ríe de ellos.

Obviamente, pasé de entrar en discusión porque me había quedado claro que no había nada más que hablar, ni forma alguna de razonar con este planteamiento: partiendo de lo que me contaban (esta otra chica es de hablar muy clarito), entendí que hay gente que, al sentirse "especial", "diferente" o "no gustarle lo que le gusta a todo el mundo", se sentía "marginada", "insultada" o "que se reían de ellos". Vale, esa parte se entiende. Lo que me alucina es que la solución que se encuentre, en lugar de buscar la integración y procurar limar diferencias con esa gente que se supone que no te entiende (pero de la que pasas una puta mierda), más que nada, para dejar de lloriquear de una puta vez, lo chulo de verdad consiste en automarginarte y tener "tu" sitio, con tu derecho de admisión (los que me sigan el rollo, dentro, los que no, a la puta calle que no los queremos ver ni en pintura), y por tanto también con tu derecho a comportarte de una forma exactamente igual de discriminatoria que la gente a la que puteas. Con la irónica salvedad, dicho sea de paso, de que esa gente a la que puteas por lo general no se discrimina a sí misma ni va por ahí creando ghettos donde meterse. Eso lo hacéis vosotros solitos, figuras.
Convertir algo que te gusta en algo de lo que alardear ante los demás. Algo con lo que competir. Es el mismo caso de aquellos que, no contentos con ser fans de una serie, peli o lo que sea, tienen que ser los primeros en plantarse delante de los ojos el último largometraje, episodio o libro (lo que puede ser hasta cierto punto respetable, si algo te gusta mucho) y, en cuestión de horas, alardear de ello soltando spoilers y desgranando hasta el último puto detalle de gente que nadie le ha preguntado (lo que demuestra una acojonante falta de respeto hacia todo bicho viviente que le rodea, además de una especie de enfermiza necesidad por llamar la atención). Sin avisar, sin vaselina y, a ser posible, haciendo memes que capturen algo que solo él y unos cuantos elegidos han visto y que tú no vas a poder evitar tragarte, para que se vea bien clarito lo que han flipado, la mierda que les ha parecido o, en definitiva, su puta opinión. Porque tiene que demostrar que es más fan que tú y que yo y restregártelo por los putos hocicos. Lo quieras tú o no. Aunque sea molesto, te falte al respeto o lo que sea, da igual.


Siempre nos ha parecido un poco pretencioso eso de enseñar los músculos.
Sin embargo, cuando alguien hace lo mismo, pero en lugar de ser los músculos lo que se enseña, sino la ideología, tendemos a verlo como algo más normalizado.
Aunque sea el equivalente a restregarnos el biceps por la cara a diario, y varias veces al día.


Con eso de sentirse "especiales" parece que el ser humano tiene una cuenta pendiente. Esta idea de automarginación para que nadie rompa la burbujita de cada uno, donde el sujeto se siente cómodo en esa diferencia se da en todos los ámbitos. De ahí que no tarde en surgir el concepto "Nosotros contra ellos". Nosotros molamos, porque somos de tal condición, profesamos tal ideología, pensamos de determinada manera; el enemigo está al otro lado, el que no sigue nuestras consignas al cien por cien, el que viste distinto. El que no comparte (aunque respete) nuestro modo de vida. Es curioso que esos mismos sean los que lloran como niños de pecho cada vez que hablan del mundo exterior, al que ponen como malvado, tirano e intolerante. Ese mundo terrible que no entiende las neuras del sujeto en cuestión y que, por ende, se convierte en un enemigo feroz... Aunque a ese "enemigo" en realidad no le importes una triste mierda.

Ante ese sentimiento de autoproclamada sensación de no sentirse tolerado, la respuesta más básica consiste en buscar seres afines, algo que es relativamente normal: al fin y al cabo, tendemos a buscar la afinidad más que la discordancia. Lo que quizás no es tan normal (o a lo mejor sí, vete a saber) es el hecho de buscar SOLO seres afines con la intención de declarar la guerra a un mundo en que sienten que no encajan... como si alguna vez se hubiesen molestado en ver ese mundo al otro lado de la zanja. Es fácil no respetar a aquellos por los que uno no se siente respetado. Hay como una justifiación moral y todo, si lo pensamos. "Siento que me odian, pues ya tengo derecho a odiarlos a ellos". Es el caso de esos pobres diablos que ven enemigos en cada esquina: agazapados en las sombras, hay seres sombríos, dispuestos a saltar sobre ellos. Cada palabra que oyen en la calle, en el trabajo, en el entorno, podría ser interpretada como un insulto, una humillación... incluso una amenaza. El enemigo está por todas partes y hay que defenderse. Y esa defensa bien se consigue buscando a tu alrededor gente que se sienta igual de amenazada, o ir por libre. Y es especialmente en este segundo caso (pero no el único, ni mucho menos) cuando surgen los enarboladores de estandartes (también pueden surgir en el calor de un concursito para ver quién lo enarbola con más intensidad).


"¡Mira, maldita fiesta racista! Todos vestidos de blanco, con sus capirotes y su rollito de la supremacía blanca. Odio a esos cabrones. ¡LOS ODIO A TODOS!"
"Tío, que son la cofradía de El Cautivo".
"Pero son racistas, ¿no? Visten como el Ku Klux Klan"
"NO"
"ENTONCES TÚ ERES UN HIJO DE PUTA POR DEFENDERLOS".


Si seguimos esta ideología, contra un mundo hostil lo mejor es ser doblemente hostil. Contra aquellos que no te entienden (enemigos mortales) no hay que tener piedad y desenmascararlos como lo que son: como seres intolerantes, retorcidos, malvados, que aunque en su puta vida han insultado tu ideología/forma de vida, tampoco han manifestado compartirla del todo. Si no la comparten es porque no la respetan. Y si no la respetan, amigo, ya tienes carta blanca para fusilarlos, porque se lo merecen. Si no están contigo es porque están en tu contra.
Y es que en esta vida de asco todo el mundo tiene que ser consciente de que profesas esa ideología que te hace único. Ese sistema de creencias que te da catadura moral para medir a la gente en función de si se ajustan a él o no. De juzgar si, en base a ese criterio, son moralmente aceptables como personas o no son más que escoria.
Sí, amigos: hoy en día todo el mundo tiene que escuchar lo que tienes que decir, aunque esa gente:

a) No vea que estés diciendo nada nuevo o importante
b) Tenga totalmente asumido lo que estás contándole
c) Tu vida y lo que tú apoyes, en general, le importe de "poco" a "una puta mierda".

No importa que el prójimo cumpla alguno de estos principios. Si no te dan la razón ni declaran su odio incondicional a aquellos que son tus enemigos, ellos mismos son tus enemigos también. Y no dejarán de serlo hasta que cambien de opinión. Por tanto, tu deber es insistir. Evangelizar. Predicar tu sacrosanta palabra (=dar el puto coñazo) para que todos los demás se enteren de lo implicadísimo que estás por esa causa. Llevar tu luz a ese mundo de infieles y convertirlos a todos, para que así sean conscientes de lo muy metido que estás en ese movimiento.


Algunos tienden a definir una ideología (o mejor dicho, la suya) en base a aquello a lo que se oponen, desprecian o incluso odian.
Otros son tan inocentes que se creen que solo los predicadores hacen eso.


Ojo, con esto no quiero decir que esto se limite a movimientos políticos, ni mucho menos: como he mencionado arriba, un enarbolador de estandartes puede ser también un fan de la cifi, un vegetariano, un modernito, un fashion-victim o incluso un heavy. ¿Cuántas veces no hemos oído a ese colega que nos dice que cualquier puta cosa que no sea un temazo de los Maiden, los Judas o (los dioses nos pillen confesaos) los Manowar es una puta mierda? ¿Cuantas veces no hemos visto a alguien mirar al de al lado de arriba abajo con cara de asco solo porque no lleva ropa de marca? ¿Qué pasa cuando tenemos a ese colega que ha ido a un par de conciertos este verano y nos cuenta que otro colega suyo le ha restregado por la jeta que ha ido a diez veces más y que encima se ha reído de él porque no conocía a un grupo indie que ha sacado tres maquetas que no hay Dios de encontrar por ninguna parte?

Toda ideología conlleva en su semilla la posibilidad de convertirse en un extremista de ella. Y con esos extremismos, tenemos a los de siempre, que parece que van buscándose el Valhalla o algo así si la manifiestan con mayor efusividad, con mayor agresividad y con mayor insistencia que el prójimo. Si para ello tienen que usar exactamente las mismas armas que sus autoproclamados enemigos (esto es, el insulto, la falta de respeto o la segregación de los que no son como ellos) así sea, porque al enarbolar un estandarte los límites morales se quedan en casa bajo las mantas del altillo. Ya existe carta blanca para cagarse en los muertos, para proclamar calumnias o incluso proferir amenazas contra aquellos que no son de nuestro credo. Pero cuidado... porque si UNO SOLO de estos da a entender media insinuación acerca de nuestra ideología es un irrespetuoso. Un intolerante. Un intransigente. Qué cojones, es un hijo de la gran puta.


"¡¡¡Y como pille a ese intolerante le corto los cojones!!!"


Por eso, pequeños, seguid. Seguid con vuestros delirios de grandeza; con vuestras chorradas de "No hay más X que yo" y "Si no me apoyas es porque estás en mi contra". Seguid compitiendo entre los mismos que conformáis vuestros grupitos. Así es como salvaréis al mundo, estoy seguro. Así es como conseguiréis las palmaditas en la espalda que tanto tiempo lleváis deseando y por las que, en el fondo, estáis liando la que estáis liando, aunque os diga que os dé igual ser aceptados o no. Si no os diera igual, no formaríais parte de grupito alguno. No haríais apología de nada día sí y día también. No os pasaríais todo el puto día llevando cualquier puta conversación a vuestro terreno para hacer propaganda de vuestro ideario, ni basaríais vuestro sentido del humor en hacer blanco sobre gente a la que odiáis por no ser "de los vuestros", pero que en el fondo no os ha hecho nada. No haríais sino vivir vuestra vida de forma normal, sin tener que hacer partícipe a nadie de vuestras rarezas (es más, tengo noticias para vosotros: rarezas tenemos TODOS y no todos vamos por ahí recordándoselo al planeta). Es más, probablemente tampoco os dedicaríais a ir estableciendo raseros con los que medir a la gente y no os dedicaríais a esa mierda a la que os dedicáis, que es a despreciar a todo aquel que no sea de vuestro grupo.
Así es como obtendréis el respeto que tanto exigís para vosotros. Así es como seréis recordados. Así es como conseguiréis que vuestra ideología (sin importar lo razonada o respetable que sea) sea tomada en serio por aquellos que no la conocen bien o no la terminan de compartir. Y así, sobre todo, es como le haréis un favor a aquellos que la profesan y que, en resumidas cuentas, no se dedican a andar demostrándolo.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Mondo Chorra- Positivismo mamporrero, o Somos humanos, ¿y qué?




Llega un punto en nuestra vida en que tenemos que detenernos. Pararnos a pensar, o incluso llegar a plantearnos tomar un rumbo diferente. Es ese momento en el que reconoces que no puedes encontrarte el culo ni con un mapa y que, horror de los horrores, has tomado una decisión equivocada. Es justo ese momento en el que nosotros, pobres seres humanos, nos damos cuenta de que no somos más que eso: humanos. No somos criaturas infalibles, mucho menos héroes, cuyas decisiones salvan el día o nos llevan a un camino de rosas. Como humanos, somos falibles y es al darnos cuenta cuando descubrimos una de las miserias más grandes que conlleva precisamente ser humano.

Existen pocas cosas que puedan socavarte por dentro como darte cuenta de que te has equivocado. Que has tomado decisiones erróneas. Que has fallado y que, a estas alturas de la película (en según qué casos) ya no hay cojones de volver atrás. De arreglar lo que sea. Como mucho, un parche, una chapuza y cruzar los dedos por que el apaño no quede más cutre de la cuenta. Tomar decisiones implica la metáfora de hacer malabares con un jarrón: a veces la jugada te sale bien, pero en otros casos te toca coger Super Glue, pegar los pedazos y no fijarte demasiado en el hecho de que, por mucho que lo intentes, la cosa no queda igual. En más ocasiones de las que nos gusta admitir, somos los reyes del pegamento.


Antes de que nadie diga nada: lo de la foto es pegamento. No seáis mal pensaos.


Esa es quizás la esencia de la frustración: la de luchar por algo que te compensa (en una medida u otra), pero verte obligado a asumir que, bien ese objetivo está mucho más allá de tus posibilidades (algo relativamente aceptable y que todavía puede ser motivador), bien ese objetivo estuvo a tu alcance pero por tomar una mala decisión se fue a tomar viento. No es tanto la frustración de perder algo que tenías/algo que pudiste conseguir como el hecho de que esa pérdida proviene de ti mismo. De tener que asumir que tú mismo, sin quererlo o sin mala intención, eres quien se ha puesto la zancadilla. El que ha fracasado por una soberana estupidez. No hay un Universo al que culpar, no hay circunstancias a tu alrededor. O si las hay, no han tenido la última palabra. Apunte, por favor, otra línea en su lista de fracasos y empresas no conseguidas.

Que también podemos verle el lado positivo a todo, ¿por qué no? Podemos decir que cada fracaso nos hace más fuertes, que nos enseña que no somos dioses y nos hace más invulnerables a la pérdida que alguien que no está acostumbrado a que le salgan mal las cosas, y es cierto. Que aquellos que estamos acostumbrados a perder valoramos más cada victoria, porque sabemos lo que cuesta. Podemos decir incluso que dentro de cada perdedor hay un luchador con acero en las entrañas.
Podemos decir muchas, muchas cosas.
Pero también hay que decir que cada persona acostumbrada a perder es exactamente igual que tú, que yo y que hasta el puto Rafa Nadal. Iguales en el sentido de que, por mucho que digamos, por mucho que idealicemos a unos o despreciemos a otros, todos somos humanos; como tales, tenemos nuestras limitaciones, seamos más o menos conscientes de ella, incluso si no tenemos conciencia de su existencia alguna. Hay días en que decimos "Bueno, pues siempre nos quedará la salud" cuando no nos tocan los millones. Sí, esos días en que encogemos los hombros y tomamos el euro (o lo que cueste, la verdad es que no juego, solo ponía un ejemplo común) como una "pérdida aceptable" que sabíamos que muy probablemente iba a caer en saco roto.


En parte, la esencia de todo esto, la esencia de este caos consiste en que nos resulta más fácil aceptar lo que está previsto que vamos a perder. Pero en el momento en que fracasamos de forma imprevista, todos nos volvemos locos.
He ahí lo ilusorio de todo esto: podemos fracasar en cualquier momento, de forma prevista o no.
Y es lo que convierte la ilusión de control de nuestra vida en eso, en una ilusión.


Sin embargo, hay días en que sencillamente, estamos saturados de tanta derrota. Porque como humanos, no se nos puede alimentar nunca de lo mismo sin que nos acabemos empachando. Hay días en que decimos "Pues mira, esto no me lo pienso tomar bien sencillamente porque estoy hasta los cojones de tener que tomármelo todo bien". Porque también nos hartamos y nos merecemos explotar de vez en cuando, y porque no explotar o no hartarnos no nos hace mejores personas, quitémonoslo de la cabeza de una santa vez, por favor. Decir que estamos cansados de que las cosas se tuerzan. De cabrearnos, incluso. Y oye, todos sabemos que eso no soluciona nada, y es verdad. Pero no por ello es motivo para que ignoremos o reprimamos emociones humanas tan básicas y (en cierta medida) incluso necesarias. Es muy bonito poner buena cara al mal tiempo, pero también lo es que si no nos sale de las narices ponerla un día, nadie nos tenga que decir "alegra esa cara" (por cojones), como si hubiera una obligación moral implícita de tener que estar felices las putas veinticuatro horas del día. Como si que a uno le siente mal algo o cabrearse por algo fuese un delito o un crimen.
Como si mostrar que te sientes mal fuese un tabú que hay que limar rápidamente.

Porque hay días en que eso, no tienes ganas. Como humano, te puedes cansar de ser amable con quien no lo es contigo; te puedes cansar de estar sin un puto duro o de mil problemas. Son tus problemas y los llevas como quieres, sin que nadie tenga que decirte "pues no te lo tomes a mal". Mire usted, caballerete: es mi puto problema y me lo follo como quiero, así que se mete usted la positividad mamporrera por donde le entre, que hoy no me apetece ir con la sonrisa forzada y negando que las cosas me van mal para que el resto del mundo no se contagie. Lo mismo me apetece pasar de todo un poco, no hablar con nadie o quedarme en casa escuchando música. Que el pensamiento positivo está muy bien y todo eso, pero hay días en que lo que te pide el cuerpo es mandarlo todo a hacer puñetas y vivir las cosas como te sale del alma/higo/culo. Porque por eso somos humanos. Porque una de las cosas que hace especial a un ser humano es precisamente que tiene una mente que le permite tomarse las circunstancias como quiera: puedes tomarte mal una tontería y dejar que se te pase (porque todo tiene su medida y tampoco es que sea muy sano hacerte sangre de algo que sabes que ni siquiera es serio); puedes ser fuerte ante algo grave y más adelante venirte abajo. Lo importante no es ser más o menos positivo, o ser más o menos negativo. Considero que hay una especie de mitificación en eso del "optimismo mamporrero" (es decir, el optimismo forzado, que tienes que asumir por pelotas); quizás lo más importante consiste en actuar y reaccionar como uno realmente desea y se siente. Que oye, si un día no te levantas con ganas de sonreír al mundo, pues no sonrías. Lo mismo que si te levantas contento es igualmente absurdo fingir que no lo estás.


Por cojones: "Si te sientes un desgraciado, sonríe para no parecerlo. Porque si no lo pareces, para el mundo no lo eres".
Como si al mundo le importase una mierda si eres feliz o no.


Fingir, quizás esa es la palabra clave. Esa filosofía de baratillo, consistente en autoconvencernos y decirnos que aunque nuestra vida sea una puta mierda somos lo más feliz desde la familia Brady es la negación absoluta de los problemas. El ridículo padre, parido por una generación new age que parece más centrada en que el mundo parezca de colorines antes que asumir nuestras limitaciones y reconocer que somos humanos y que, como humanos que somos, la cagamos a menudo. Somos imperfectos y no deberíamos tener miedo alguno a reconocerlo. Nada de chorradas de "Nada es imposible", puesto que hay cosas que están fuera de nuestro alcance, y eso no tiene por qué ser malo necesariamente. Quizás no hay mayor forma de convertir al ser humano en un perfecto gilipollas que decirle que puede conseguir lo que le dé la gana. Decirle que no tiene limitación alguna. Que es invencible. Qué coño, hasta inmortal, ya que estamos. Esa filosofía de la positividad mamporrera al final lo que hace en muchos casos es obligarte a perder el norte; a obligarte a ser feliz aunque no te apetezca. A estar alegre aunque no tengas motivos para ello. A ponerte el cacharrito este que se le pone a los caballos para que solo vean una dirección.

Y es que a algunos, más infelices, más desgraciados o como queráis llamarnos, no nos interesa eso de la felicidad a cualquier precio. Quizás lo que nos interesa es no tener que adoptar una actitud porque sea lo que se espere de nosotros. Es posible que, dadas las circunstancias, lo último que necesitemos sea que nos obliguen a ver en esa dirección marcada y prefiramos sentarnos a contemplar un rato el cuadro entero, tomándonos el tiempo que queramos. O igual no nos apetece ver nada, lo que no tiene por qué convertirnos en unos "desiluminados" o lo que sea que deberíamos ser si no llevamos esa actitud ultramegahiperoptimista de la vida a ultranza.


Algunos piensan que lo correcto es mirar solo hacia delante.
Para mí lo malo reside en mirar solo en una dirección, sea cual sea.


Los fans del mundo bipolar (es decir, aquellos que dicen que si no amas a A es porque amas a B sin remisión) dirían que esto es derrotismo. Que no ser optimista es abrazar el pesimismo, que es la actitud de la gente que solo ve los problemas en todo y que no ven nada bueno. Esos fans siempre me han dado un poco por el culo, para qué nos vamos a engañar. No sé qué coño sabrán ellos de la vida de uno, pero siempre me ha tocado un poco los cojones que venga nadie a decirte "tú es que solo ves lo malo", sin preguntar siquiera qué coño es lo que vemos realmente. Suena a método de autodefensa patentado en el que un ultraoptimista de la vida, que es capaz de sacarte lo bueno desde cosas que no son buenas en absoluto y encima vendértelo como lo más de lo más (aunque eso suene más falso que Judas vendiendo seguros), se defiende de aquellos que no creen en él diciendo que son unos pesimistas. Pues muy bien, por mí que se crean lo que les salga de los cojones. Como si piensan que mañana lloverá pasta solo porque hay que pensarlo positivamente y con muchas ganas. Tener que darle la razón a alguien solo porque ese alguien lo dice o porque es "lo que debería" la mitad de las veces ha sido motivo más que suficiente para que pase del culo de esa persona. La otra mitad ha sido motivo para que lo mande a la mismísima mierda. Ya tengo más que de sobra con darme la razón a mí mismo y no andar con mis propias peleas internas como para aceptar sin reservas lo que me dice alguien solo porque suena guai.

Es la clase de pensamiento que siempre he asociado con un cinismo cojonudo. La clase de pensamiento que niega que a veces, a la gente le suceden cosas malas sin que tenga una actitud concreta en la vida y que encima las culpa por ello: "Si sales a la calle y te atropella un coche es culpa tuya porque no has pensado de la forma correcta". Cojonudo. "Si resulta que vas al médico y te encuentran algo chungo, es que no has pensado de forma positiva". Ah, muy bien. "Si vas por la calle y un yonki te pega dos puñaladas para robarte, es que no has sido lo bastante optimista". De puta madre. Por tanto, cualquier víctima inocente de lo que sea, partiendo de este hecho, es culpable en potencia por no tener la actitud adecuada, mientras que aquellos que han sido los causantes y que, por lo que sea, han salido inocentes o impunes, son premiados por el Universo por pensar del modo correcto.
Sinceramente, si el Universo de verdad funciona así, permitidme que me cague en el Universo y en su puta madre.


Con semejante chusta de funcionamiento del Universo, esta pila de mierda se queda corta.


Mi forma de pensar es bastante diferente. No mejor (no me atrevería a ponerme por encima de gente tan sabia que lleva tanto tiempo sentando cátedra sobre nosotros, el resto de mortales, por Dios). Yo tiendo más a pensar que lo que deberíamos hacer es actuar como realmente deseamos, sin ponernos mascaritas cutres, sin sonrisas Profident y sin gilipolleces de "Amanece un nuevo día y con eso ya tengo suficiente con ser feliz" (a pesar de que eso no sea ni lo que se piense ni lo que se sienta de verdad). Comportarnos como somos y como sintamos, siempre y cuando eso no afecte al prójimo. Un día puedo estar de malas pulgas, pero eso no me justifica para coger y cagarme en los muertos del primero que me dé los buenos días. Una cosa es mostrarnos como nos sentimos y otra comportarnos como unos cabestros, no nos pasemos.
A lo que me refiero es que nadie debería imponernos una actitud ni más ni menos optimista de la vida: somos lo que somos, la suma de nuestras circunstancias y el producto de nuestra mente ante ellas. Reaccionamos como podemos, sabemos o queremos. A veces nos tomamos las cosas bien, y a veces no tanto. Y nadie debería tener la autoridad moral para decirnos qué actitud debemos tomar cuando las cosas se nos tuercen.
"Sonríe"
"No le des importancia"
"No ha pasado nada"
"Tú solo muéstrate feliz y el Universo te lo devolverá".

Mi planteamiento es: "Mira, si te ha sentado mal, lo mejor es que no finjas, porque es peor". Nadie puede ni debe obligarte a ser feliz cuando realmente no tienes ganas de estarlo. En según qué casos, es totalmente ridículo sacar "lo bueno" de algo, porque suena a forma cutre de autoconsolarse y, lo que es peor: de engañarse a uno mismo. De negarse a asumir que ha cometido errores. Que ha fallado. Que no es perfecto (y que, en el fondo, igual serlo no es un objetivo deseable siquiera). En definitiva, que es humano.
Quizás el sentido de todo esto es que más vale ser honesto con uno mismo, aunque lo que tenga que decirse no sea del todo agradable, que andarse con chorradas, mintiéndose a sí mismo, vendiéndose la moto de que uno es poco menos que un Dios, y fingiendo tener una actitud que nunca se quiso tener.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Mondo Chorra- Destripando un capítulo cualquiera The Walking Dead (temporada segunda)



Hay series que son normales y series que pegan el puto pepinazo. Esto es así, aquí y en Pekín. En el post de hoy vamos a ir sacándole el jugo, la punta y hasta las tripas a una serie que, independientemente de que guste más o menos al personal (hay opiniones muy encontradas al respecto), ha pegado el pelotazo cosa fina y no se puede negar. Hablo, cómo no, de The Walking Dead. Basada en el cómic de Robert Kirkman y Tony Moore, narra las peripecias de un grupo de surpervivientes en el ya consabido (por no decir trillado a causa de la literatura de género, los videojuegos, las pelis y demás) apocalipsis zombie.

Supongo que os habrá resultado un poco raro que haya hecho este artículo empezando por la segunda temporada en lugar de por la primera. Lo sé, pero la primera temporada en gran medida está hecha para presentar personajes, con lo que las situaciones a la hora de presentar un artículo para ir viendo los tópicos y situaciones recurrentes no dan tanto pie ahí como en la segunda temporada. La segunda temporada, todo hay que decirlo, baja considerablemente su calidad respecto a la primera (y, aunque no soy un seguidor lo bastante ferviente como para analizar todas las temporadas de forma exhaustiva, diría que con respecto a la serie entera), con lo que se presta mucho más a un artículo de este tipo. Como siempre, lo que vais a encontrar no corresponde a ningún capítulo real de la serie, sino que es una parodia ficticia de lo que se ha venido encontrando a grandes rasgos a lo largo de ésta, quedándonos en lo básico y más representativo.

Dicho esto, arrancamos.
En la temporada anterior, conocimos a Rick, que es un poli de estos de pueblo que se lleva un tiro en un tiroteo y que acaba ingresado en el hospital, donde permanece un tiempo en coma. Al despertarse, oh sorpresa, se encuentra que el hospital está desierto y que en la calle hay ambulancias descogorciadas y periódicos que revolotean por el suelo, lo que viene siendo la señal inequívoca de que hay zombis a punta pala. En esta movida conoce a Glenn, que es un doble del dibujante Jim Lee, pero en versión repartidor de pizzas postapocalípticos y unos cuantos más. La temporada avanza, palman algunos y otros sobreviven. El grupo avanza y siguen buscando dónde plantar el culo.


"Y si alguno se nos acerca, pues le damos de hostias"


En la segunda temporada tenemos que están dando vueltas por una autopista y se encuentran de bruces con un ejército de zombis que ríete tú de las legiones de peludos que te encuentras cuando vas a ver a los Metallica. Lo típico, el personal se esconde de los zombis, hay un par de escenas de tensión de estas de las que te agarran al asiento y listo. Esto ni lo contaría porque es algo muy concreto del primer episodio, pero es que a una señora del grupo (Carol) se le pierde su hija (Sophia) y el objetivo de prácticamente media temporada es dar con la puñetera niña. Tras un par de movidas, llegan a la granja de un nota de mediana edad llamado Hershel, que vive con sus hijas y algunos subalternos.

Un capítulo cualquiera de la segunda temporada de The Walking Dead  arranca con Daryl dando vueltas por el campichi ballesta en mano. Dejadme que os hable un poco de este tío: Daryl empezó la serie como un paleto con tendencias neonazis, pero ha ido evolucionando hasta convertirse en lo que podría llamarse un "Chulazo de Escandemórgh", o lo que viene a ser lo mismo: ese personaje que, en el momento en que fija miramente a la cámara hace que los países bajos de más de una se inunden y hace que los tíos digamos "El día que yo tenga una planta así me sentiré el puto rey del Mambo". Pues nada, que ahí va Daryl ballesta en mano, con mirada de "Tengo miopía y estoy intentando leer un cartel que está a lo lejos" para ver si da con la puta niña de los huevos. Por el camino, se encuentra con algún que otro zombi, al que le manda recuerdos a golpe de flecha y, cuando lo tiene cerca, a guantazos limpios. Cuando ya ha ganado suficientes puntos de experiencia, tira y vuelve para la granja, donde seguro que le están esperando con una buena olla de puchero.


Miradas que puto molan. Esto es así.


En la granja tenemos a Dale, que es un viejuno que vive con la cara desencajada y que parece no haberse enterado de que ha habido un holocausto zombi y que las cosas no son como eran. La prueba de ello es cuando le viene Andrea, una antigua abogada, reciclada en rubia buenorra con tendencias matzombis y le pide una escopeta, puesto que Dale guarda las armas en su caravana.




Dale, poniendo una de sus caras más recurrentes.
Acostumbraos.


—¿Para qué quieres una escopeta, Andrea? —dice Dale, mirando a Andrea de manera inquisitiva, como si abrir mucho los ojos y la boca le sirvieran para escudriñar en su interior.
—Para usarla como tendedero, no te jode. Para disparar, joder. Quiero matar caminantes —la palabra "zombi" en esta serie da como grimita, así que usan sinónimos. Caminantes es el más frecuente.
—¿Y para qué quieres matar caminantes, si se puede saber? ¿Es que los caminantes no tienen sentimientos? ¿Acaso no les duele cuando les haces daño? ¿Acaso no lloran cuando les disparas?
—Pues... no, la verdad es que no. No hacen nada de eso.
—Lo siento, pero no puedo dejarte la escopeta.
—¿Y puedo saber por qué no?
—Porque no puedes ir por ahí pegando tiros. No está bien.
—Soy americana, tío. ¿Cómo que no está bien eso de pegar tiros? ¿Tú en qué mundo vives?
—¡Nos merecemos vivir en un  mundo mejor! ¡En uno en que no haya que disparar a nadie para sobrevivir!
—¿Hola? ¿Holocausto con muertos vivientes?
—Lo siento, Andrea. Vete por donde has venido.

Andrea, sin entender un coño, se encoge de hombros, se da media vuelta y se encuentra con Shane. Shane es el mastuerzo del grupo, excompañero de Rick. En el tiempo que Rick estuvo comatoso en el hospital y posteriormente dado por muerto, estuvo bombeando amor del bueno a la mujer de éste, Lori, de forma que hay un rollito un poco raro entre los tres. De hecho, es raro de cojones, considerando que Lori está preñada y a nadie del grupo le salen las cuentas.


"Al primero que saque ese tema le corto los cojones"


—¿Te ha dejado la escopeta? —dice Shane, en un tono de ira contenida, como si pensase que valiente suerte de mierda, al tocarle el único grupo de supervivientes formado por mojigatos integrales.
—No, me ha soltado no sé qué mierda de argumento moralista.
—De puta madre —Shane se soba el melón, como suele hacer cada vez que la situación le supera, lo que viene siendo más a menudo de lo que le gustaría reconocer.
—¿Qué hacemos ahora?
—Estaba pensando en pegarle una paliza a Dale y quitarle las armas por la fuerza.
—Um, eso a Rick no le va a gustar.
—No mucho, no. Mejor pensamos en otra cosa mientras.

Hablando de Rick, lo tenemos dando vueltas por la granja junto a Herschel. Con ellos se encuentra T-Dog, que es un tío que apenas habla, al que nadie hace caso y que, honestamente, no ha hecho un carajo en lo que va de serie. Pero adorna que te cagas, ya que el tío es bastante grandote. Y a veces, cuando dispara, hasta da en el blanco.


T-Dog lanzando un berrido.
No esperéis que diga mucho más. A lo largo de toda su aparición en la serie no debe tener más de media docena de líneas de diálogo. Ninguna de ellas de especial relevancia.


—Pues estaba pensando yo en poner unas defensas ahí, ¿sabes, Herschel? —dice Rick, mirando a vete a saber dónde.
—Ese sitio al que señalas está cerca de mi granero.
—Sí, y he visto que por la alambrada cabe un buey. Es peligroso, y podrían entrar caminantes a cascoporro.
—Yo llevo mi granja como me sale de los cojones.
—Pero es para que vivamos más segur...
—¡ESTA ES MI GRANJA! ¡SI YO DIGO QUE NO SE PONEN MÁS DEFENSAS, NO SE PONEN!
—No es para ponerse así...
—¡QUE TE CALLES! ¡SI ME LLEVAS LA CONTRARIA TE VAS DE AQUÍ! ¡Y TE LLEVAS A TU PANDILLA DE PRINGAOS!

Rick como que se queda un poco chafado, porque solo quería ayudar, pero Herschel no es de esos que estén dispuestos a escuchar otras opiniones. Con las mismas, el dueño de la granja lo deja con la palabra en la boca y se va a dar vueltas por el terruño. Rick mira a T-Dog. T-Dog mira a Rick. Este último se da cuenta de que T-Dog está en la serie de adorno y decide que es mucho mejor convertir oxígeno en dióxido de carbono ahí en medio. Justo en ese momento, aparece Lori, que estaba tendiendo unos trapos junto a una hija de Hershel, que tiene la misma voz y el mismo voto que T-Dog.


"Hasta er coño que estoy de ser 'La que no es Maggie'!"


—¿Capasao? —dice Lori, sobeteando el brazo de Rick.
—Herschel no me hace caso.
—Ea, ea, ea, Herschel malo. No pasa nada, si eso luego yo ya me voy para él y lo convenzo...
—¿Cómo?
—Ya se me ocurrirá algo —breve momento en que la mirada de Lori se cruza con la de Shane, al otro lado del terruño y se rememoran momentos dignos de tragedia clásica. La tensión del triángulo amoroso y demás chorradas. Shane le devuelve la mirada como si dijera "Me dijiste que te ponía bruta, ¿y así me lo pagas?"
—Por cierto —Rick interviene, cuando ve que al duelo de miradas solo le falta un tema de Roxette por medio para quedar como la clásica escena de "Lo que pudimos ser y no fuimos por culpa de las circunstancias" —, ¿dónde anda Glenn?
—Lo he mandado al pueblo a que me busque unas compresas.
—¿Unas compresas? ¡Si tenemos en la furgoneta!
—No me gustaba la marca.
—Pero aparte, ¿tú no estabas embarazada?
—Sí, pero soy la mujer del jefe. Si yo digo que hay que ir a por compresas, se va a por compresas y a tomar por culo.
—¿Lo has mandado a que arriesgue su vida por unas compresas que ni siquiera necesitas?
—¡No, hombre! Lo he mandado con Maggie. ¡Así no solo la arriesga uno!


Aquí, el dibujante de comics de origen coreano Jim Lee.


Aquí, Glen. El homenaje es claro y evidente.



El pueblo en sí es un puñado de casas reventadas donde no queda ni Cristo, bien porque ahora son zom... digooo, caminantes, bien porque se han convertido en desayuno para caminantes. Maggie y Glenn aparcan el cochazo último modelo super limpito en la puerta de lo que antes era el equivalente americano de un Mercadona de los pequeños y se disponen a asaltarlo.

—Vale, pues vamos allá —Glenn tiene los cataplines en la boca, como le pasaría a cualquier humano que se mete en territorio comanche, arriesgando su vida por una puta caja de compresas. No obstante, intenta contener sus esfínteres porque Maggie -hija de Herschel para más señas- es la última moza sobre la tierra que parece hacerle ojitos de vez en cuando, y encima está hasta más que potable. Si eso ya era jodido antes del apocalipsis, imagínate después.
—¿Tienes la lista de la compra?
—Ups, me la he dejado en la granja de tu padre.
—Pringao.
—No importa, me acuerdo de todo.
—¿Compresas y qué más?
—Galletas Oreo.
—¿Estás de coña?
—Me las ha pedido Carol, para darle una fiesta de bienvenida a su hija, Sophia.
—Glenn, no es por nada, pero Sophia lleva tres semanas desaparecida y...
—Sophia está viva. Seguro.
—Estobuenovalesitulodices...
—En fin, el pasillo de las compresas... ¿cuál es?
—El único que hay. Esto no es un centro comercial.
—Venga, va.
—¡Anda, mira, condones!
—¿What?
—¡Vamos a follar!
—¿WHAT?
—¡Quiero follar! —Maggie no pierde tiempo y, mientras habla, se va despelotando justo delante de un estante vacío donde antes estaban los cereales—  ¡FÓLLAME DURO, GLENN!
—¿¿¿Pero qué dices???
—Llevo desde que estalló el apocalipsis sin tema y ya me salen telarañas del parrús. Y en la granja o me lo hacía con un caballo o me lo hacía con mi padre, cosa que no me apetecía.
—¿Y los subalternos de tu padre?
—Esos YA se lo hacen con un caballo.


"¡VAMOS A FOLLAR! ¡VAMOS A FOLLAR! ¡VAMOS A FOLLAR!"


Justo entonces, aparece un caminante, que para algo la serie se llama así. Para entendernos, un caminante es un espantajo que se parece bastante a lo que queda por el centro de cualquier ciudad cuando ya han cerrado todos los bares. Coge a cualquiera de esos, emborrízalo con nocilla, revuélcalo un par de veces por un descampado y ya tenemos un caminante listo. Los caminantes suelen aparecer atraídos por el ruido. El zapatiesto que han armado estos dos en mitad del pasillo del super bastaría para que venga una manada de siete. Hoy hemos debido pillarlos en un día de huelga o algo, porque solo viene uno, o al menos de momento. Esto debería ser una situación de peligro, pero claro, tenemos que tener en cuenta que un caminante se mueve la hostia de lento. Mientras quiere llegar, a estos dos les da tiempo a montárselo cosa fina, repetir y hasta subirse la ropa interior con total tranquilidad.

—Uahhhh... —para el que no lo pille, un caminante hace este ruido.
—¡Coño! ¡Caminantes!
—¡Huyamos!


Evidentemente, esta escena del caminante acercándose mientras los otros dos estaban dale que te pego nos la hemos perdido, por eso de la irrupción dramática y la sorpresa, de forma que lo vemos ya entrar mientras estos dos están comentándose entre sí la jugada. El caso es que se impone una huida, del estilo a las que veíamos en Benny Hill, solo que con más roña, más gritos y sin la música. Para todo lo demás, del estilo. Como pueden, entran en el coche, arrancan y salen de allí echando hostias. Por el camino, atropellan a un par de caminantes, desparramando sus tripas y pegando algún tiro suelto. Sesos y demás, que también mola.


PLAF.


La acción salta y nos vamos para Carl, el hijo de Rick. A Carl lo reconocemos porque apenas llega al metro y medio, lleva el gorro cuatro bollos de su padre puesto todo el puto día y... a ver cómo decirlo de una forma suave. Vale, sí: Carl es IDIOTA. Idiota redomado. Es la clase de personajes que, habida cuenta de que está en un mundo plagado por muertos vivientes que se lo zamparían cual cheeseburger con patatas sin pensárselo (mayormente porque no tienen cerebro para eso), coge y se larga por ahí, sin decirle nada a nadie, mangándole la pistola a su padre a dar paseítos por el bosque. Así que ahí tenemos a Carl, dando vueltas absurdamente alrededor del río y lanzando piedras al agua, cuando aparece otro caminante gruñendo. Que una de esas piedras le haya dado en un ojo no tiene absolutamente nada que ver, los caminantes gruñen sea cual sea la situación. Total, que el monstruajo este se deja de ir para Carl, y éste, como es normal, tiene al menos dos alternativas:

a) largarse de ahí
b) cometer una estupidez

Como ya hemos dicho que Carl es idiota, la respuesta es evidente. Sin embargo, tenemos todo un abanico de estupideces posibles, de entre las cuales igual nos sorprendemos cuál es la que escoge Carl.


HINTELIJENSIA.
Suma eso a que el puto niño se escapa cada dos por tres, y sus padres pasan tres kilos de donde está.


La primera estupidez sería pedir ayuda. Como hemos mencionado arriba, los zombis son atraídos por el ruido, de forma que al berrear, podría atraer a más zombis. Sin embargo, de entre las posibilidades más idiotas, es quizás la que menos. Comparadla con algo más estúpido aún, como plantar cara al zombi con la pistola, o más todavía: quedarte mirando de forma estúpida al bicho en cuestión si se queda atrapado en el barro. Pues eso es justamente lo que hace el puto niño mierda: el embobamiento es total y absoluto. Más allá que eso, esta escena es toda una oda a la imbecilidad humana, con el mocoso de los cojones mirando fijamente al zombi hasta que, un buen rato después, le da por sacar la pistola y apuntar. Dos minutos completos de atontamiento crónico, para que de buenas a primeras, el bicho consiga salir del barro y le dé un susto al enano de los huevos. ¿Qué pasa? Que a éste los cataplines se le ponen de corbata y echa a correr, ahora que lo tiene a medio metro de distancia. En otro arranque de genialidad, no se le ocurre otra cosa que tropezar.
Tensión, mucha tensión.
Imbecilidad, muchísima imbecilidad.
A Carl le da por gritar, al tiempo que hasta se le escapa algún disparo, que impacta donde Cristo se pilló la chorra. Aparición inminente de más caminantes en tres, dos, uno...
Pues no. El día lo salva Daryl, que pasaba oportunamente por ahí. Propina un ballestazo al zombi en pleno coco y, una vez en el suelo, le plantifica un par de patadas en los cojones por si al hijoputa le da por levantarse.


Y cuchillazo de regalo en el coco.
"¡Toma, cabrón!"


—¿Qué coño hacías aquí solo? —increpa Daryl al niño imbécil.
Como toda respuesta, Carl se encoge de hombros y suelta alguna idiotez que no es ni necesario reproducir. Con las mismas, Daryl lo trinca de la oreja y se lo lleva de vuelta a la granja. Si este mundo es justo, al puto enano le deberían haber llovido unas pocas de collejas por el camino. En packs de doce, por lo menos.

—¡CARL! —berrea su santa madre al verlo —¿Dónde has estado? ¡Hemos estado preocupadísimos por ti!
—¿"Hemos"? —murmura Carol, con cara de estar flipando —Si lo último que dijo esta tipa fue que a ver si el niño de los huevos dejaba de dar por culo de una santa vez, que tenía cosas más importantes de que ocuparse...
—Estaba haciendo el mongolo en el bosque con un caminante —explica Daryl—. Parece ser que nadie estaba vigilando al chico cuando decidió irse solo por ahí con la pistola de su padre.
—¡TODO ESTO ES CULPA TUYA! —increpa Lori a Daryl, al que se le tuerce el culo con la salida de la señora —¡SI NO ESTUVIERAS POR AHÍ HACIÉNDOTE EL MACHO NO HABRÍA SALIDO A BUSCARTE!
—¿Pero de qué cojones me estás hablando? ¡Yo había salido a buscar a Sophia, que es lo que llevo haciendo toda la puta temporada... porque a nadie más le ha salido del alma hacerlo!
—¡QUE TE CALLES! ¡ES CULPA TUYA PORQUE LO DIGO YO Y A MÍ ME HACE CASO TODO EL MUNDO! ¡SOY LA MUJER DEL JEFE!
—De verdad, que estoy flipando con esta tía.
—¿Y se puede saber qué hacías tú con un arma en el bolsillo?
—Quería aprender a matar caminantes, mami.
—¿LO VEIS? TODO ESTO ES CULPA VUESTRA.
—¿¿¿¿¿¿??????
—¡NO QUIERO QUE MI HIJO SE CRÍE EN UN MUNDO DONDE DEBE IR ARMADO PARA SOBREVIVIR DE UNA HORDA DE BICHARRACOS QUE SE LO COMERÍAN VIVO SIN PENSÁRSELO!
—Bueno, pues que no se críe. Que vaya desarmado y que lo maten, eso es fácil.
—PERDONA DARYL, ¿ESTABAS DICIENDO ALGO?
—Nah, que tú eres la mujer del jefe. Que a ti no se te discute. Bla, bla, bla.
—RICK, DILE ALGO A ESTE MELENUDO.
—Lori tiene razón.


"¿En qué momento cuando estaba por ahí se fue la lógica a la mierda?"


Es justo entonces cuando aparecen Shane y Andrea, que estaban dando vueltas por ahí, pensando en arrearle una paliza de muerte a Dale para quedarse con las armas (bueno, eso de estar dando vueltas es lo que ellos quieren que crean sus compañeros. En realidad estaban limitándose a pensar en cómo apalear a Dale mientras se frotaban las entrepatas el uno al otro). Y de paso para no tener que escuchar más discursitos moralistas, que el hombre lleva una temporada de lo más cansino.

—¿Qué pasa aquí?
—MI HIJO, MI POBRE HIJO, SE INTERNÓ SOLO EN EL BOSQUE, ARMADO CON UNA PISTOLA Y CON LA INTENCIÓN DE MATAR A UN CAMINANTE.
—Um, ¿y cómo se te ocurre eso, chaval?
—Os he visto matar caminantes. Eso mola, es como lo que hacía yo antes en la Play, pero en vivo.
—No es tan sencillo. Verás, hay que coger el arma de forma que...
—¿PERO QUÉ COJONES HACES, SHANE?
—Pues le enseño a ser prudente y...
—¡¡¡QUE NO QUIERO QUE COJA UNA PUTA PISTOLA!!!
—Genial, una boca más que alimentar y un brazo menos para defendernos.
—¿TIENES ALGÚN PROBLEMA CON ESO?
Shane se soba el coco antes de responder.
—Que igual el mundo en que vivimos no es el mundo en que solíamos vivir, eso es todo. Que igual todo bicho viviente que esté en condiciones de disparar debería saber hacerlo si queremos sobrevivir.
—¡Discrepo! —resuena la voz de Dale, saliendo desde su segura posición en la caravana.
—Ay, Dios, este paliza otra vez no...

Dale camina delante de todo el mundo, observándolos con los ojos muy abiertos, como si no diera crédito a eso que está oyendo y como si la idea de sobrevivir en un mundo que es muy diferente al que conocieron fuese una marcianada completa.


En cualquier momento los ojos le salen de la cabeza y se van por ahí a vivir su vida.


—No me puedo creer en lo que nos hemos convertido —dice, indignado.
—¿En supervivientes?
—¡En gente amoral, gente sin ley! ¡Esto es... es...!
—Um, ¿inmoral, entonces? —interviene Andrea.
—¡Si! ¡Inmoral, gracias! ¿Cómo podéis estar hablando de ir disparando por ahí? ¿Cómo podéis pensar siquiera en ir armados, disparando a cualquier amenaza que ponga en peligro al resto del grupo?
—No sé, ¿pensando en sobrevivir a lo mejor?
—¡Es de locos! ¡Miraos a vosotros mismos! ¡En el mundo que conocimos, había juicios! ¡Había leyes! ¡Había derechos, presunción de inocencia! ¡Había un sistema por el que luchar y en el que se podía confiar!
—No me estarás hablando de hacerle un juicio a un caminante, ¿no?
—Todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario, Shane. Tú eras poli, creía que lo sabías.
—Bueno, también era consciente de que había mucho gilipollas suelto, pero ahora estoy superando todas mis expectativas...
—Andrea, tú eras abogada. Dime que lo que estoy diciendo no es absurdo. Que estoy defendiendo aquello por lo que tú luchabas.
—Para mí que chocheas. Sigo queriendo una escopeta.


"Las armas las guardo yo, que pa eso soy mejor persona que todos vosotros juntos. Ea."


Dale abre los ojos, la boca y probablemente el ojete, en una mueca tan natural como la de una muñeca hinchable. En la lengua Dale, es su forma de decir "Yo tengo razón, soy moralmente superior a todos vosotros. Y vosotros, unos putos Neandertales sin valores".
—No me lo puedo creer. De verdad, no me lo puedo creer.
—Yo tampoco me puedo creer que me hables de presunción de inocencia en un cadáver que camina y no lo voy voceando por ahí.
—Bueno —interviene Rick —esto confirma que tenemos que mejorar las defensas de esta granja. Porque si hay un caminante cerca, seguramente vendrán más. Hablaré con Herschel.
—¡Alto! —grita Lori —¿Mi hijo está herido?


"Suéltame, mamá, que estoy pasando una puta vergüenza delante de todo el mundo"


Un plano del niño mierda muestra que, efectivamente, parece haberse llevado un par de hostias.
—Se ha caído —responde raudo Daryl —. Díselo, chaval.
—Me he caído.
—Pues nada —Rick empieza a sentir cómo una fascinante jaqueca empieza a configurarse en el interior de su cráneo. Es lo que tiene tener a gente muy capulla en el grupo que no tiene ni el puto detalle de ponerse de acuerdo —, me lo llevo con Herschel para que lo cure.

Pasan al interior de la casa, donde está Herschel a lo suyo, pensando en su difunta esposa y la hija que no es Maggie está haciendo alguna chorrada en la que nadie repara.

—Herschel, tengo al niño herido.
—Pues vale.
—Te lo traigo por si puedes hacer algo por él.
—Soy veterinario, no médico.
—Mi hijo es bastante cabestro.
—Entonces vale.


"La opción B es la puta puerta de la calle"


Herschel le pone unas tiritas al puto niño de los huevos, ya acostumbrado a tener que reparar gente escoñada, con cara de "A ver si esta panda de mamones deja de dar por culo de una vez", mientras Rick está plantado, mirándolo como un puto pasmarote.

—Oye, Herschel...
—¿Sehh?
—Sobre lo de mejorar las defensas de la granja, ¿te lo has pens...?
—Una vez más, Rick: esta es mi granja, la construí yo, la saqué adelante con el sudor de mi frente y es el futuro para mí y para mis hijas. Se queda tal y como está porque me sale a mí de los cojones, y si no te gusta te largas.
—Pues vale.
—Por cierto, no sé si podré salvar a este niño. Le han dado hostias como panes.
—Haz lo que puedas, Herschel. Es mi hijo.
—Haré lo que me salga de los huevos. Y si no te gusta, te largas. Esta es mi granja.
—Bueno, vale... A propósito, ¿qué hay de comer?
—Mi hija ha hecho potaje.
—¿Otra vez?
—Si no te gusta el potaje, te largas.
—Oye, ¿tu respuesta a todo lo que te pregunte va a ser bajo amenaza de echarme si no estoy de acuerdo?
—Es que esta es mi granja.
—...


"A ver qué va a pasar aquí ya, hostia"


Esta discusión podría prolongarse hasta la eternidad si no fuera porque un chirrido de ruedas la interrumpe. Por si alguien se había olvidado, Glenn y Maggie andaban en la ciudad, mangando compresas que Lori no necesitaba, por la única razón aparente de que a Lori se le puso en el chumino mandarlos por puro capricho.

—¡Caminantes! —berrea Glenn, tan acojonado que en cualquier momento se le podría caer la gorra —¡Caminantes por todas partes! ¡Vienen hacia acá!
—Hay que prepararse —masculla Shane, sobeteándose el coco una vez más —¡A las armas!
—¡De eso nada! —refunfuña Dale —¡Estado de derecho ya!
—Estado de derecho es el que te voy a meter en toda la boca como no me dejes trincar los rifles, majara de los cojones.
—Es lo que te gustaría, ¿verdad, Shane? Este es el mundo en que siempre quisiste vivir. Un mundo sin leyes, donde manda el más fuerte, el que más mata a los demás. Un mundo sin reglas, sin compasión. ¿A que sí?
—¿Tú vas a dar mucho por culo? Lo digo porque los caminantes vienen hacia acá y no tienen mucha intención de negociar.
—¿Cómo lo sabes? ¿Alguna vez has intentado dialogar con ellos?
—Con ellos no, pero he estado en tropecientos tiroteos. He vivido miles de situaciones límite, donde la diferencia entre estar vivo y estar muerto es de apenas un segundo. Sé lo que es perder compañeros en mitad de un fuego cruzado. En esas situaciones no hay lugar para la negociación. Es el tú o ellos.
—¿Eing? ¿Pero tú dónde estabas trabajando como poli del condado? ¿En Irak?
—Que te calles y me des las putas armas, coño.
—Está bien. Pero pesen las muertes de todos esos caminantes sobre tu conciencia.
—Pos mu bien. Y la munición, ya que estamos.


"Y rapidito, que hay prisa".


A los caminantes les da por aparecer en un momento dado, e intentan atravesar las defensas de la granja. El grupo se interna entre ellos, machacándolos de lo lindo a hostia limpia. Se nota que es la segunda temporada y que los personajes han subido de nivel, porque a los caminantes de nivel bajo los machacan sin mancharse. Hostia va, hostia viene. Flechazos de Daryl en la frente, tiros de Rick y Shane en la cabeza. Sangre y sesos que vuelan. De vez en cuando alguien usa un piolet, que estampa en algún cráneo. Muertos vivientes que remueren a mansalva.
Crac.
Plaf.
Bang, bang.
Zaska.


"A por eeellooos, oeeeee... A por ellooos, oooeeeee"


Al final, el grupo se encuentra con una masa de bichos pestosos descuartizados a los pies, con la sensación de un trabajo bien hecho. Luego, queman los cadáveres, y a otra cosa mariposa. Shane sigue con la movida de que no lo están haciendo bien. Que lo de trazar planes y demás está muy bien, pero que en plan rollito hippy no van a ninguna parte: a lo caminantes hay que machacarlos, y punto pelota. Andrea está de acuerdo; desde que uno se zampó a su hermana está hasta el potorro de esos putos bichos. Daryl también, pero a este nadie le lleva la contra, porque Daryl puto mola.
Rick ya empieza a notar que todo esto le supera un poco y se dice a sí mismo que cualquier día de estos se va a volver mu loco y es capaz de hacer cualquier chorrada. Sin embargo, no dice nada, porque a lo largo de la cena Herschel ha amenazado con echar al grupo unas treinta y dos veces... y eso sin contar que ha decidido pasar por alto que Maggie le esté sobando la pichurra a Glenn por debajo de la mesa con tanto disimulo como una caravana del Carnaval de Río en un funeral de pueblo.
Llega la hora de irse a dormir, y Rick se va a la cama con el estrés típico que tiene todo líder de grupo que se siente responsable de la vida de gente que es muy capulla. Adopta, pues, la pose de hombre tenso, sentándose con cara de preocupación en un costado de la cama, mientras su santa esposa le viene por detrás y le sobetea la espalda.


"Aaaaayyy... qué día..."


—Te veo tenso, Rick.
—Hoy he tenido un mal día, con nuestro hijo escapándose cuando nadie le miraba y todo eso...
—Ah, sí. Nuestro hijo y tal. Sí, muy estresante.
—Esto de liderar es chungo, ¿sabes?
—Imagino.
—Todo el día tengo que estar pensando que es lo mejor para todos, tomando decisiones, intentando que todos estemos de acuerdo...
—Ya, eso de pensar en los demás debe ser complicado.
—Si pudiera hacer algo... alguna cosa, para que todo fuese más fácil...
—Um, igual hay algo que sí puedes hacer.
—¿En serio?
—Sí, todos tus problemas provienen de una sola fuente.
—¿Los caminantes?
—A la mierda los caminantes. Tu único problema es Shane.
—¿Shane? Pero si es mi compañero. Mi mejor amigo. Como un hermano. ¿Cómo es posible?
—Bueno, es molesto.
—¿Y eso?
—Porque me lo estuve tir... Digoooo, porque cuestiona tus opiniones. Tú eres el líder. Tú debes sentarte en el Trono de Hierr... Estoooo, que sí, que tú eres el que manda, y Shane no debería socavar tu autoridad.
—Sí, puede que tengas razón. Debería hablar con él.
—¿Hablar? No, de hablar nada.
—¿Le escribo una carta?
—Nada de eso.
—No sé si a día de hoy funcionan los guasaps.
—Que no, joder. Shane es demasiado molesto para formar parte del grupo.
—¿Quieres que lo eche?
Lori sonríe con cara de hiena del infierno y empieza a sobetear lascivamente a Rick.
—Quiero que lo mates.


"¿Eeeeiiiinnngggg?"


Y es aquí donde termina el capítulo de la segunda temporada de The Walking Dead. Seguramente, os habrá dejado con ganas de más. Por ejemplo, de más explotijos de cabezas zombis, de más flechazos de Daryl en cuencas oculares, más tiros y más violencia gratuita. Para aquellos amantes del drama, queda la incógnita de saber qué puñetas hará Rick con el consejo de la aspirante a Lady Macbeth que tiene por esposa, si Shane seguirá vivo para ver parir al que tiene toda la pinta de ser su hijo y si Carl será capaz de idioteces más grandes. También queda por saber dónde coño se ha metido Sophia y si Herschel hará algo más que amenazar con echar de su granja a todo aquel que le lleve la contraria acerca de cualquier cosa.