sábado, 25 de octubre de 2014

Escupiendo Rabia- Enarboladores de estandartes




No hace mucho, publiqué un artículo en el que hablaba sobre la corrección política y sobre cómo ese concepto, supuestamente bienintencionado, se está convirtiendo en el arma por la cual muchos grupúsculos ejercen su particular tiranía sobre los demás. En el artículo que estáis leyendo, queridos Distópicos, ampliamos un poco ese concepto para profundizar en algo que me dejé en el tintero aquella vez. Me refiero, como reza el título, a eso que yo suelo llamar "Enarbolar un estandarte".

Por enarbolador de estandarte entendemos aquel fulanito o fulanita que no solo es partidario de una idea (puesto que, en mayor o menor medida, lo somos todos); este personaje en cuestión no se contenta con ello, ya que eso es de simples mortales: tiene que convertirse en un símbolo viviente y ser más partidario de dicha ideología que nadie. Si es, pongamos, vegetariano, tiene que ser más vegetariano que el de al lado y conformar absolutamente todo su mundo en torno a una opción alimenticia; si resulta que en vez de eso es militante de una formación política, su voz tiene que quedar por encima de los demás (incluso de aquellos que la comparten) para que quede bien clarito que él es MÁS de ese partido que cualquier bicho viviente. Si es feminista, pues tres cuartos de lo mismo. Si es ecologista, si es monárquico, republicano, creyente, ateo... Lo que queráis.

Y es que en este mundo moderno, parece que últimamente no cuenta que te agrupes en tal o cual grupo (lo que de por sí me parece una gilipollez como la copa de un pino, como si ahora resultase que nos definiésemos como personas en base a la gente que nos rodea o a la moda que sigamos); no, eso de sentirnos alguien en base a la pertenencia a tal colectivo está superado. Ahora lo que mola, pero lo que mola de verdad, es demostrarlo las veinticuatro putas horas del día. Ya no basta con que profeses unos ideales, que tengas unos valores o que formes parte de lo que sea. El plan hoy en día es retorcer algo tan personal como tu forma de pensar y pasarte todo el puto día presumiendo de ella, como si todo lo demás valiese una puta mierda pinchada en un palo. Todo el puñetero planeta tiene que ser consciente de que eres de tal condición o que eres fan de algo, porque eso te hace especial, te define y te convierte en una Entidad Inigualable. No importa que te pases todo el día berreando las consignas que te hayan enseñado; incluso que puedas llegar a sacrificar tu propio criterio personal para cederlo a lo que se espera que pienses si formas parte de tal colectivo. Que prestes tu boca a otros que están por encima de ti y que, lejos de decirte lo que tienes que pensar (los dioses me libren) sí te recomiendan o esperas que digas cosas en concreto, a menos que te guste ser visto como un bicho raro o que no resultes "auténtico".



En realidad el concepto de "auténtico" la mitad de las veces es de puertas del grupo para dentro.
En el resto de casos, no eres más que otro igual.



Hablaba el otro día con una amiga a la que le gusta disfrazarse y meterse en salones de cómic y demás. Sitios que a mí personalmente no me llaman la atención y que tiendo a evitar como un vampiro un templo, pero que entiendo que haya gente que se lo pase bien ahí. Ella misma es una persona que suele ir muy muy a su aire; viste como quiere, y acude a sitios así cuando quiere, sin que haya nadie que espere que lo haga. Ella misma me comentó que en ese mundillo de gente que se disfraza y demás (un mundillo como otro cualquiera y que pongo por ejemplo, más que nada porque es lo más reciente que he visto últimamente al respecto) lo que tenemos es mucha gente que, más que hacer las cosas porque realmente les gusten o les dejen de gustar, simplemente siguen una moda. Que es respetable, oye; lo que no lo es, es cuando los que siguen esa moda se autoproclaman superiores a los que no, solo por seguirla. En mi ciudad tenemos el ejemplo claro en ciertos puntos de reunión, donde el grupúsculo de turno se automargina y se separa de sitios donde suelen quedar otras personas porque así pueden presumir de lo especiales que son. De ser diferentes. No es extraño, por tanto, que si pasas por ese punto de reunión en concreto, lo que tengamos es una especie de concurso para ver quién la tiene más gor... digooo, quién es más especial y más diferente. Un ghetto, en resumidas cuentas.



Personalmente a mí no me gusta disfrazarme porque me suelo ver ridículo, además de sentirme tela de incómodo. Suelo decir que lo haga quien le dé la gana, que para eso este es un país libre.
Lo que me repatea es cuando toda esta idea de diversión de disfrazarte y demás (que insisto, me parece respetable y entiendo que divierta a la gente) deja de lado ese componente lúdico se convierte en una especie de arma que usar contra los "normales" (como si tuviéramos que pedir disculpas por ir cómodos con un vaquero y una camiseta) o como una especie de competición, en la que gana el que es más "especial" y por la que matarse unos a otros.


Poniendo el caso de salones y demás (insisto, no es el único ejemplo, pero sí uno de los que yo personalmente veo más claros), recuerdo el caso de otra conocida que me vino hablando de un salón del manga en no sé dónde, a cuyos organizadores creo recordar que conocía. A mí la idea no me terminó de convencer.

—Hombre, partiendo de la base de que el manga no es más que cómic, solo que hecho en Japón, a mí personalmente me convencería un salón del comic general, donde cada uno pueda encontrar lo que vaya buscando, ya sea americano, japonés o europeo. No sé, se abre público y tal, y hay más posibilidades de conseguir más dinero...
—Es que ese salón no lo han hecho por eso.
—¿?
—Lo han hecho porque les gusta solo el manga. Así tienen SU sitio y nadie les molesta ni se ríe de ellos.

Obviamente, pasé de entrar en discusión porque me había quedado claro que no había nada más que hablar, ni forma alguna de razonar con este planteamiento: partiendo de lo que me contaban (esta otra chica es de hablar muy clarito), entendí que hay gente que, al sentirse "especial", "diferente" o "no gustarle lo que le gusta a todo el mundo", se sentía "marginada", "insultada" o "que se reían de ellos". Vale, esa parte se entiende. Lo que me alucina es que la solución que se encuentre, en lugar de buscar la integración y procurar limar diferencias con esa gente que se supone que no te entiende (pero de la que pasas una puta mierda), más que nada, para dejar de lloriquear de una puta vez, lo chulo de verdad consiste en automarginarte y tener "tu" sitio, con tu derecho de admisión (los que me sigan el rollo, dentro, los que no, a la puta calle que no los queremos ver ni en pintura), y por tanto también con tu derecho a comportarte de una forma exactamente igual de discriminatoria que la gente a la que puteas. Con la irónica salvedad, dicho sea de paso, de que esa gente a la que puteas por lo general no se discrimina a sí misma ni va por ahí creando ghettos donde meterse. Eso lo hacéis vosotros solitos, figuras.
Convertir algo que te gusta en algo de lo que alardear ante los demás. Algo con lo que competir. Es el mismo caso de aquellos que, no contentos con ser fans de una serie, peli o lo que sea, tienen que ser los primeros en plantarse delante de los ojos el último largometraje, episodio o libro (lo que puede ser hasta cierto punto respetable, si algo te gusta mucho) y, en cuestión de horas, alardear de ello soltando spoilers y desgranando hasta el último puto detalle de gente que nadie le ha preguntado (lo que demuestra una acojonante falta de respeto hacia todo bicho viviente que le rodea, además de una especie de enfermiza necesidad por llamar la atención). Sin avisar, sin vaselina y, a ser posible, haciendo memes que capturen algo que solo él y unos cuantos elegidos han visto y que tú no vas a poder evitar tragarte, para que se vea bien clarito lo que han flipado, la mierda que les ha parecido o, en definitiva, su puta opinión. Porque tiene que demostrar que es más fan que tú y que yo y restregártelo por los putos hocicos. Lo quieras tú o no. Aunque sea molesto, te falte al respeto o lo que sea, da igual.


Siempre nos ha parecido un poco pretencioso eso de enseñar los músculos.
Sin embargo, cuando alguien hace lo mismo, pero en lugar de ser los músculos lo que se enseña, sino la ideología, tendemos a verlo como algo más normalizado.
Aunque sea el equivalente a restregarnos el biceps por la cara a diario, y varias veces al día.


Con eso de sentirse "especiales" parece que el ser humano tiene una cuenta pendiente. Esta idea de automarginación para que nadie rompa la burbujita de cada uno, donde el sujeto se siente cómodo en esa diferencia se da en todos los ámbitos. De ahí que no tarde en surgir el concepto "Nosotros contra ellos". Nosotros molamos, porque somos de tal condición, profesamos tal ideología, pensamos de determinada manera; el enemigo está al otro lado, el que no sigue nuestras consignas al cien por cien, el que viste distinto. El que no comparte (aunque respete) nuestro modo de vida. Es curioso que esos mismos sean los que lloran como niños de pecho cada vez que hablan del mundo exterior, al que ponen como malvado, tirano e intolerante. Ese mundo terrible que no entiende las neuras del sujeto en cuestión y que, por ende, se convierte en un enemigo feroz... Aunque a ese "enemigo" en realidad no le importes una triste mierda.

Ante ese sentimiento de autoproclamada sensación de no sentirse tolerado, la respuesta más básica consiste en buscar seres afines, algo que es relativamente normal: al fin y al cabo, tendemos a buscar la afinidad más que la discordancia. Lo que quizás no es tan normal (o a lo mejor sí, vete a saber) es el hecho de buscar SOLO seres afines con la intención de declarar la guerra a un mundo en que sienten que no encajan... como si alguna vez se hubiesen molestado en ver ese mundo al otro lado de la zanja. Es fácil no respetar a aquellos por los que uno no se siente respetado. Hay como una justifiación moral y todo, si lo pensamos. "Siento que me odian, pues ya tengo derecho a odiarlos a ellos". Es el caso de esos pobres diablos que ven enemigos en cada esquina: agazapados en las sombras, hay seres sombríos, dispuestos a saltar sobre ellos. Cada palabra que oyen en la calle, en el trabajo, en el entorno, podría ser interpretada como un insulto, una humillación... incluso una amenaza. El enemigo está por todas partes y hay que defenderse. Y esa defensa bien se consigue buscando a tu alrededor gente que se sienta igual de amenazada, o ir por libre. Y es especialmente en este segundo caso (pero no el único, ni mucho menos) cuando surgen los enarboladores de estandartes (también pueden surgir en el calor de un concursito para ver quién lo enarbola con más intensidad).


"¡Mira, maldita fiesta racista! Todos vestidos de blanco, con sus capirotes y su rollito de la supremacía blanca. Odio a esos cabrones. ¡LOS ODIO A TODOS!"
"Tío, que son la cofradía de El Cautivo".
"Pero son racistas, ¿no? Visten como el Ku Klux Klan"
"NO"
"ENTONCES TÚ ERES UN HIJO DE PUTA POR DEFENDERLOS".


Si seguimos esta ideología, contra un mundo hostil lo mejor es ser doblemente hostil. Contra aquellos que no te entienden (enemigos mortales) no hay que tener piedad y desenmascararlos como lo que son: como seres intolerantes, retorcidos, malvados, que aunque en su puta vida han insultado tu ideología/forma de vida, tampoco han manifestado compartirla del todo. Si no la comparten es porque no la respetan. Y si no la respetan, amigo, ya tienes carta blanca para fusilarlos, porque se lo merecen. Si no están contigo es porque están en tu contra.
Y es que en esta vida de asco todo el mundo tiene que ser consciente de que profesas esa ideología que te hace único. Ese sistema de creencias que te da catadura moral para medir a la gente en función de si se ajustan a él o no. De juzgar si, en base a ese criterio, son moralmente aceptables como personas o no son más que escoria.
Sí, amigos: hoy en día todo el mundo tiene que escuchar lo que tienes que decir, aunque esa gente:

a) No vea que estés diciendo nada nuevo o importante
b) Tenga totalmente asumido lo que estás contándole
c) Tu vida y lo que tú apoyes, en general, le importe de "poco" a "una puta mierda".

No importa que el prójimo cumpla alguno de estos principios. Si no te dan la razón ni declaran su odio incondicional a aquellos que son tus enemigos, ellos mismos son tus enemigos también. Y no dejarán de serlo hasta que cambien de opinión. Por tanto, tu deber es insistir. Evangelizar. Predicar tu sacrosanta palabra (=dar el puto coñazo) para que todos los demás se enteren de lo implicadísimo que estás por esa causa. Llevar tu luz a ese mundo de infieles y convertirlos a todos, para que así sean conscientes de lo muy metido que estás en ese movimiento.


Algunos tienden a definir una ideología (o mejor dicho, la suya) en base a aquello a lo que se oponen, desprecian o incluso odian.
Otros son tan inocentes que se creen que solo los predicadores hacen eso.


Ojo, con esto no quiero decir que esto se limite a movimientos políticos, ni mucho menos: como he mencionado arriba, un enarbolador de estandartes puede ser también un fan de la cifi, un vegetariano, un modernito, un fashion-victim o incluso un heavy. ¿Cuántas veces no hemos oído a ese colega que nos dice que cualquier puta cosa que no sea un temazo de los Maiden, los Judas o (los dioses nos pillen confesaos) los Manowar es una puta mierda? ¿Cuantas veces no hemos visto a alguien mirar al de al lado de arriba abajo con cara de asco solo porque no lleva ropa de marca? ¿Qué pasa cuando tenemos a ese colega que ha ido a un par de conciertos este verano y nos cuenta que otro colega suyo le ha restregado por la jeta que ha ido a diez veces más y que encima se ha reído de él porque no conocía a un grupo indie que ha sacado tres maquetas que no hay Dios de encontrar por ninguna parte?

Toda ideología conlleva en su semilla la posibilidad de convertirse en un extremista de ella. Y con esos extremismos, tenemos a los de siempre, que parece que van buscándose el Valhalla o algo así si la manifiestan con mayor efusividad, con mayor agresividad y con mayor insistencia que el prójimo. Si para ello tienen que usar exactamente las mismas armas que sus autoproclamados enemigos (esto es, el insulto, la falta de respeto o la segregación de los que no son como ellos) así sea, porque al enarbolar un estandarte los límites morales se quedan en casa bajo las mantas del altillo. Ya existe carta blanca para cagarse en los muertos, para proclamar calumnias o incluso proferir amenazas contra aquellos que no son de nuestro credo. Pero cuidado... porque si UNO SOLO de estos da a entender media insinuación acerca de nuestra ideología es un irrespetuoso. Un intolerante. Un intransigente. Qué cojones, es un hijo de la gran puta.


"¡¡¡Y como pille a ese intolerante le corto los cojones!!!"


Por eso, pequeños, seguid. Seguid con vuestros delirios de grandeza; con vuestras chorradas de "No hay más X que yo" y "Si no me apoyas es porque estás en mi contra". Seguid compitiendo entre los mismos que conformáis vuestros grupitos. Así es como salvaréis al mundo, estoy seguro. Así es como conseguiréis las palmaditas en la espalda que tanto tiempo lleváis deseando y por las que, en el fondo, estáis liando la que estáis liando, aunque os diga que os dé igual ser aceptados o no. Si no os diera igual, no formaríais parte de grupito alguno. No haríais apología de nada día sí y día también. No os pasaríais todo el puto día llevando cualquier puta conversación a vuestro terreno para hacer propaganda de vuestro ideario, ni basaríais vuestro sentido del humor en hacer blanco sobre gente a la que odiáis por no ser "de los vuestros", pero que en el fondo no os ha hecho nada. No haríais sino vivir vuestra vida de forma normal, sin tener que hacer partícipe a nadie de vuestras rarezas (es más, tengo noticias para vosotros: rarezas tenemos TODOS y no todos vamos por ahí recordándoselo al planeta). Es más, probablemente tampoco os dedicaríais a ir estableciendo raseros con los que medir a la gente y no os dedicaríais a esa mierda a la que os dedicáis, que es a despreciar a todo aquel que no sea de vuestro grupo.
Así es como obtendréis el respeto que tanto exigís para vosotros. Así es como seréis recordados. Así es como conseguiréis que vuestra ideología (sin importar lo razonada o respetable que sea) sea tomada en serio por aquellos que no la conocen bien o no la terminan de compartir. Y así, sobre todo, es como le haréis un favor a aquellos que la profesan y que, en resumidas cuentas, no se dedican a andar demostrándolo.

No hay comentarios: