martes, 17 de febrero de 2015

Escupiendo Rabia- País de hipócritas,o No dais más asco porque no podéis




Tengo que decirlo.
Me dais asco. Un asco atroz. Esa especie de náusea insoportable que hace que las tripas me den arcadas tan fuertes que esté a punto de partirme por la mitad. Ganas de vomitar. Repulsión. Como queráis llamarlo.
Sí, me refiero a vosotros, queridos españolitos. Esos seres que, cual rebaño, vais de aquí para allá, con vuestras causas, vuestra demagogia, vuestra falsedad, vuestros dobles raseros y, en definitiva, con vuestra hipocresía supina. Os hablo a vosotros, que fardáis acerca de lo elevado de vuestros valores, de lo concienciados que estáis con la causa de moda. Que presumís con condescendencia de vivir en un país como España, mirando con desprecio al tercer mundo, a los que consideráis unos salvajes cargados de costumbres primitivas y humillantes. Porque vuestra superioridad moral es la puta hostia, no me jodas.

Una panda de hipócritas, es lo que sois. Y sí, os comparo con el tercer mundo, así que ya podéis correr a rasgaros las vestiduras y poneros vuestra máscara de soplapollas indignados, que es lo que mejor se os da hacer. Vais de tolerantes, de progresistas, de modernos, pero en esencia, no sois diferentes. O sí. Porque en el tercer mundo la gente no va de lo que no es: si tienen costumbres ancestrales o bárbaras, no lo esconden; no ponen buena cara diciendo que viven en el progreso, que son tolerantes con los demás. No miran al resto de países en plan "pobres idiotas, qué tontitos que son, que no tienen los supremos valores del mundo occidental". No venden de sí mismos una imagen más falsa que una polla de goma.



Falsa. Y con dos cojones.


Indignaos, si os sale de los cojones. A mí me da igual, porque cada día vuestra fachada de modernidad choca con la mentalidad rancia y prehistórica que impera entre nosotros. Vendéis una pantomima, un puto circo, donde hacéis creer a los demás que tenéis la mente abierta, pero en el fondo no sois más que escoria. Puta basura que vive con una moral rígida, encorsetada y trasnochada. Una moral que disfrazáis de ideologías tan bonitas como el feminismo, o la pluralidad, o lo que esté de moda esta semana. Habláis, habláis, se os llena la boca predicando unos ideales que parecen sacados de los dibujos de Mi Puto Pequeño Pony, pero en el momento en que soltáis dos frases, se os ve el plumero: lo único que buscáis es una puta chapa en vuestra gorra, una consigna, un colectivo al que pertenecer. Lo único que buscáis es una puta excusa para creeros superiores a los demás y tener alguien a quien odiar.



Odiar mola.
Algunos odian a otros porque no se les ocurre un motivo para odiarlos.
De ahí que muchos se inventen toda esta mierda de las causas y los -ismos: es cojonudo para tener bien repleta la cartera de enemigos y gente sobre la que descargar la frustración del día a día.


Bajo la insignia de la libertad de expresión he visto (ya hablé sobre ello, por cierto) cómo vapuleabais a Sara Carbonero hace algunos años, diciendo que si estaba donde estaba era porque se la había chupado a Iker Casillas. Aprovechando vuestro derecho de mierda, arremetisteis contra ella en Twitter y otras redes sociales, poniéndola de subnormal para arriba. Porque teníais derecho y os creíais tela de graciosos. Porque, según vosotros, una mujer no puede tener atractivo y éxito sin que se haya follado a nadie. Porque igual no es la mejor profesional del planeta, pero tampoco la peor; a vosotros, sin embargo, eso os la pela con Níquel Nanas. Para muchos de vosotros, si está ahí, es por bajarse las bragas. Pero eso sí, luego sois los primeros, so hijos de la gran puta, en poneros lacitos contra el maltrato (el físico, lo demás se ve que no cuenta) o en pedir la pena de muerte para alguien que ha matado a su pareja, al tiempo que condenáis la pena capital estadounidense. Si por vosotros dependiese, en casos como el del maltratador, pediríais su pena hasta sin juicio, porque eso de la democracia mola mucho, pero solo cuando conviene.



"Hola, buenas, venimos a expresar nuestro derecho".
"Hola, buenas, ¿a qué?"
"A lapidar públicamente a alguien".
"No tenéis derecho a eso".
"Pues nos vamos a Twitter a cagarnos en su puta madre en masa".
"Tampoco tenéis derecho a eso".
"Claro que sí, es el derecho a la libre expresión".
"Precioso".



Bajo no sé qué pretexto (también hablé de ello) pusisteis a parir a Olvido Hormigos, pese a que habían difundido sin su permiso un vídeo íntimo (algo que es ilegal, por cierto). Ella era la víctima y la crucificasteis porque estaba siendo infiel a su pareja, cosa que en este país no consta como actividad delictiva. Pese a ello, acudisteis en manada al ayuntamiento donde trabajaba a llamarla "puta", que es lo que realmente os mola. No había, que se tenga constancia, prueba alguna de mala gestión suya como concejala. Para sorpresa del público español, no estaba salpicada con caso de corrupción alguno; puede decirse incluso que su gestión fue honrada (a menos que se demuestre lo contrario), pero os dio igual. Tomasteis una cuestión íntima suya como algo personal vuestro, porque en este país de paletos y soplapollas somos todos tan buenas personas que estamos libres todos de pecado. Por eso podemos lanzar la primera piedra, la segunda y la que nos salgan de los putos cojones. En este país, nadie pone cuernos; a nadie se los ponen. Somos todos, absolutamente todos, unos santos varones y unas señoras de tomo y lomo y tenemos perfecto derecho a juzgar la sexualidad de una pareja (algo que, en resumidas cuentas es asunto de dos y en lo que nadie debe meterse) como si fuera nuestra.


"¿Esa? Es una puta, se acostó con varios chicos el año pasado, que la vi yo. Podría hacerle lo mismo a mi hijo, porque seguro que es capaz de ponerle los cuernos!"
"Pero si usted no tiene hijos"
"No, pero si tuviera uno la posibilidad existiría"


Bajo el pretexto del "feminismo" (lo entrecomillo porque me niego a reconocer como tal a una conducta tan despreciable) habéis puesto a parir a Cristina Pedroche por ir ataviada con un vestido transparente elegido por ella misma, soltando gilipolleces tan enormes como que el hecho de que ella elija un vestido que enseña cacho la convierte en un pelele del machismo. Bajo vuestro pretexto cool, habéis condicionado la libertad de elección de una mujer y habéis impuesto (de forma más o menos implícita) un código de conducta, lo que atenta contra lo que es el auténtico feminismo, que es dar por sentado que una mujer puede vestir como le salga del puto coño sin tener que dar explicaciones a nadie. Un patrón sobre lo que hacer y lo que no. Si tal acto pasa de la frontera que vosotros habéis trazado, esa persona pasa a ser el puto enemigo. En lugar de, tal vez, ir a la raíz del problema, que es la imperante obsesión de las cadenas con la imagen (algo que tenemos asumido y que podemos criticar o no, pero que es evidente), habéis crucificado a la que tenía menos culpa. Nuevamente, la habéis llamado "Puta", "guarra", y hasta "imbécil", demostrando vuestra talla moral e intelectual. Retratándoos como una panda de paletos anormales que dais por sentado que el papel que ejerce una mujer en televisión la retrata tal y como es.
Yo no me atrevo a juzgar el intelecto de Cristina Pedroche, principalmente porque no la conozco. No la he tratado como persona. No me he ido de cañas con ella y no he tenido ocasión de pasarle un examen para evaluar su cociente intelectual. Pero se ve que vosotros, pequeños genios, sí lo habéis hecho. La tía suelta un par de chistes malos por la tele y ya la llamáis imbécil (en el caso de un cómico o un presentador, si lo hace os parece "lo normal", curiosamente); elige ponerse un vestido con el que ser trending topic y ya la llamáis guarra. La chavala es famosa y ya decís, como muchos de vosotros habéis hecho, que está ahí por haberse follado a alguien. Para qué cojones vais a pensar que la chica (con más o menos talento, más inteligente o no, más mona o no) lo que tiene es un representante artístico que es un puto crack, que pelea como un cabrón para conseguir que esté donde está. Para qué, expertos de medio pelo. Vosotros ya habéis dictado sentencia y habéis mandado otra persona a la picota, que es para lo único para lo que parece que valemos en este país de subnormales profundos.


En España el hábito, por lo visto, hace al monje.
Si vistes así, hay muchos que se creen con el derecho a decirte que eres puta.
Así, de guai.
Qué modernos somos.


Y lo habéis hecho dos veces, porque en el momento en que la visteis en bikini os faltó tiempo para llamarla "gorda" y ponerle motes graciosillos (de mierda) como "la ballena de Vallecas". La chica tiene un cuerpo NORMAL y ahora resulta que todos vosotros habéis toreado en plazas infinitamente mejores. Todos sois unos putos gourmets de la carne humana y os habéis tirado a supermodelos despampanantes. Todas, queridas mías, tenéis un tipazo de los de causar orgasmos en el momento en que la gente os ve en la playa y tenéis puto derecho a juzgar a alguien que, en realidad, igual luce hasta más que vosotros.
"Es que nos venden la imagen de tía buena", me habéis dicho. De puta madre, eso os da derecho al ataque compulsivo y la humillación pública. Sénecas, Einsteins, todos vosotros, que os venden una imagen... y vosotros, en vuestra inteligencia suprema, la asumís, la compráis y la consumís. Pobres crédulos, que se creen que la gente es tal cual se ve en la tele, tras los vestidos y las capas de maquillaje.
Tiene huevos que luego, los mismos que habéis llamado "gorda" a esta chica (con el objetivo de zaherir, insultar y así llenar el vacío de vuestras lamentables existencias) tengáis los santísimos cojones de venirme con la mierda de la belleza natural y el cuerpo Dove. Que seáis lo bastante hipócritas como para seguir causas contra la anorexia o cualquier otro trastorno alimenticio y a una tía que ni siquiera tiene un sobrepeso que se pueda tildar de obesidad la machacáis con que está hecha una foca.
Coherentes que sois.


Ahora vamos a explicar por qué esto está bien visto a veces y a veces no.
Si pones que es una campaña por el cuerpo natural de la mujer y dices que las curvas y las lorzas son bonitas, la gente lo aplaudirá, lo compartirá y dirá que está de acuerdo. Que ya está bien de fomentar la anorexia, coño.
Sin embargo, si este cuerpo es de una famosa el discurso será bien distinto: dirán que es una vaca, una gorda asquerosa y cuarenta mil preciosidades más.


Vuestra coherencia, tocando este tema, me alucina. Me deja pasmado, patidifuso, con la boca abierta y las putas patas colgando. Que vayáis de modernos y progres, con vuestras causas defendidas de una manera tan sincera y honesta como las tratáis. Que enarboléis vuestros estandartes (también hablé de eso) y no tengáis ni la honestidad ni las agallas de saber dónde parar. De ir tan de defensores de vuestra causa que, al abrir la puta boca, vosotros mismos os meéis en ella, quedando no solo como unos completos imbéciles, sino como unos desgraciados.
He visto homosexuales tener prejuicios con los heteros, y tener la hipocresía encima de decir que el mundo debería quitarse prejuicios de encima, y que así todo iría mejor.
He visto chavales jóvenes ir de progres y de ir por ahí despreciando el ultraconservadurismo, con sus consignas, sus chapitas y demás parafernalia y luego hacer chistes atacando la sexualidad del prójimo, como si ser homosexual equivaliese a ser algo gracioso y de lo que reírse.
He visto cretinos decir que no son racistas y generalizar a lo burro sobre gente de otros países, insinuando que allí nada más que hay delincuentes o que (aun teniendo contrato y una situación regularizada) son todos gente que viene a quitarnos el trabajo. Al tiempo, se les llenan los ojos de lágrimas cuando ven a nuestros estudiantes abandonando el país para buscarse la vida.
He visto militantes de formaciones que supuestamente abrazan la pluralidad de puntos de vista medir a los que les rodean en base a sus filiaciones políticas, instaurando de paso una jerarquía donde aquellos que distan más de la suya son vistos como indignos.
He visto a esas mal llamadas (y autoproclamadas) "feministas" (nuevamente lo entrecomillo) usar un doble rasero vomitivo y rastrero con hombres solo por ser hombres; riéndose de la opinión de un hombre que expresa estar concienciado con los problemas de la mujer en el mundo moderno y sintiéndose en su derecho como mujer a reírse de ellos, pero al mismo tiempo ver cómo una mujer expresa exactamente la misma opinión y tratarla con tres veces más respeto, pese a no estar de acuerdo.


Esta foto no pinta una mierda, pero la he puesto porque me da la puta gana.


He visto a chavalas de apenas veintipocos años prácticamente justificando algo tan jodidamente grave como una violación, con el argumento mamporrero y desfasado de "No me extraña que violen a las tías, porque van por ahí vistiendo como guarras", como si no violasen a las mujeres sin importar su vestimenta, o como si la ropa fuese una invitación a una agresión sexual en toda regla. O, más enfermizo aún, como si por el hecho de sentirse provocado, un violador viese justificado su ataque.
He visto a muchos de vosotros ir de defensores de una causa, generalmente progresista, moderna y molona. Os he visto daros de pecho con lo guais que sois. Sois el país que solo ve documentales de La 2, pero donde Sálvame lo peta todas las tardes. Decimos despreciar la mediocridad, pero somos parte de ella, ya que nadie, si fuera tan poco amante de la gandulería y la haraganería, vería todas las putas tardes a personajes como la Esteban o el artista anteriormente conocido como Paquirrín. Sois la clase de país que prácticamente honra a un hooligan muerto en una reyerta (y si no lo ha hecho de manera abierta, sí lo ha hecho dando por culo durante todo un puto mes con el asesinato de marras y deteniendo a sus asesinos a toda velocidad) porque había quedado para partirse la cara con otros hooligans y dio con uno más cafre que él, pero que a todos los efectos ignoráis la muerte (una semana antes) de una policía fallecida en acto de servicio.



Por muy bien puestos que os pongáis, este es el héroe que España se merece.


Mi país, y me duele horrores decir esto, está lleno de escoria viviente. Escoria (no tengo otro término para definir a gente así) que mira para otro lado o incluso participa cuando una pobre criatura sufre bullying en el instituto. Sin embargo, si esa pobre criatura decide dejar de vivir porque no puede soportar el acoso constante, tanto en clase como en redes sociales (sí, putear a una sola persona y humillarla entre varios parece ser el pasatiempo nacional en este país, ya sea conocida o una víctima anónima), resulta que todos esos mismos que miraron para otro lado o que se sumaron a la fiesta ponen velitas con su foto en la puerta del instituto. Con mensajitos vacíos diciendo que la echan de menos (supongo que muchos la echan de menos porque ya no la pueden machacar a diario, así de hijos de puta son más de uno y más de dos). Fotitos moñas, flores y corazoncitos. En vida no hicieron una mierda por ayudar a quien lo necesitaba, y en el momento en que la criatura muere, le salen más amigos que al chaval del anuncio de los Donettes.

En este país se disfruta tanto del sentido común que en una y millones de veces hemos visto a esos genios de la vida que se pillan un piso megabarato a sabiendas de que se encuentra en una zona de prostitutas, y luego exigen a las autoridades locales que las larguen de allí porque "tienen hijos y les tienen que explicar qué hacen esas señoras". Porque aquí pensamos que la solución es echar y segregar lo que no nos gusta. Vamos de humanitarios, diciendo que las prostitutas son personas, pero a la primera de cambio, tomamos la actitud de "la mierda que no huela cerca de mi casa".
O esos otros que luchan por la dignidad de las mujeres y se niegan a que precisamente las prostitutas reciban una atención sanitaria o que salgan de las calles de una puta vez, porque prefieren pensar en una ideal (y chupiguai) erradicación de la lacra que supone la prostitución. Así que, por no dar su brazo a torcer y por emprender una cruzada tan irreal como lo sería erradicar el crimen o el consumo de drogas, las mafias siguen existiendo. Miles de mujeres viven y mueren en las calles, explotadas como si fueran animales. Pasando frío, hambre, enfermedades y todo tipo de penurias.


Y luego están esos otros que se dan golpes de pecho diciendo que no son machistas, pero que ni siquiera tienen en cuenta que una prostituta es un ser humano. Con esa empatía que les caracteriza y esa genialidad inherente a la mierda que tienen dentro de sus cabezas, se van de putas y las tratan peor que a los animales porque, según ellos, "están ahí porque quieren". "Porque al fin y al cabo les están pagando".
"Porque no son más que putas".


Somos esa clase de país de irresponsables, que se creen absolutamente cualquier mierda que les pueda contar alguien que se aprovecha de su desesperación. Alguien que llega ofreciendo a los pobres la salvación, la salida de la crisis y, joder, ya mismo hasta unos atributos sexuales más grandes, de buenas a primeras es votado masivamente y, cuando te la mete doblada... SORPRESA. Nadie ha votado a ese hijo de la grandísima puta. Se ha puesto él solo, oiga, porque aquí nadie ha tenido responsabilidad alguna acerca de lo que ha hecho. Nadie se ha mirado un programa electoral; nadie tiene memoria para recordar lo que ese mismo partido hizo en su última legislatura. Los malos, los de siempre, y todos los de abajo, por el mero hecho de estar abajo y nada más, son gente honrada, sin mácula y que jamás es responsable de una monumental cagada.


Vamos, no me jodáis.


Irresponsables y de mentalidad arcaica. Gente que dice, como vengo comentando, ser muy moderna y con la mente tela de abierta, pero que todavía se escandaliza a lo bestia (o más que antes) cuando se menciona el tema de dar charlas de sexualidad en los institutos. Rasgadas de vestiduras y berridos hasta la estratosfera cuando se habla de concienciar a los jóvenes y repartir preservativos porque se creen que los están incitando a copular desenfrenadamente (como si eso de copular fuese algo perverso y malvado y no algo natural, causa de que todo bicho viviente se arrastre por este mundo de asco); al tiempo, los mismos chavales a los que no se les informa debidamente aprenden sobre sexualidad de forma oral (es decir, que algún colega se lo cuenta, no seáis malpensados), o bien a base de porno en Internet. La consecuencia es que todavía hay adolescentes que piensan que se pueden quedar embarazadas por tragarse el esperma y tropecientos embarazos no deseados.
Felicidades, genios. Sois unos jodidos abuelos.


Fuck yeah.


La sexualidad vista como algo prohibido y nocivo. Exageras, diréis, pero en el momento en que sale una novela cutre con tintes guarros (o medio guarros, que hoy en día se menciona la palabra "pene" y ya parecemos pollos sin cabeza), ya salen todos los capullos comprándola con cara de malotes, como si estuvieran comprando vicio y perversión. Como niños grandes comprando una revista guarra a escondidas, con la sensación de excitación ante lo prohibido, como el que se iba hace sesenta años a Perpignan a comprar cerdería. Como si la sexualidad fuese algo pernicioso que esconder. Morbo de tercera regional.
El chiste es cuando ves que esas novelas (escritas con el ano, de consumo fácil, baratas en calidad pero no en precio) encima propugnan mierda retrógrada en la que se nos cuenta que la mujer debe someterse al hombre, consentir sus arranques de ira, ser sumisa y aguantar todo tipo de mierdas por amor... y encima son putos best-sellers. Y ojo, no nos engañemos: ser un best-seller no es una etiqueta que le ponen a algo, sino que expresan la realidad de que son un pelotazo en ventas. Curiosamente, cuando hubo alguien que puso un título más honesto a esta clase de valores arcaicos y trasnochados, los colectivos feministas se echaron encima hasta que retiraron ese libro en concreto. Hubo presión social, campañas y plataformas en las redes. Boicots en toda regla. No ha sido así con estos casos, donde resulta que esas críticas han sido mucho menos aireadas (si las ha habido, las noticias no se han hecho el eco que se hicieron con el libro al que hago referencia, desde luego), y lo que ha imperado es un lameculismo general, donde vemos ya mozas y no tan mozas encantadas de la vida por ver cómo un hijo de puta da órdenes a su pareja como si fuera su puta esclava y (y aquí viene lo peor) quieren lo mismo para ellas.




"Tengo dieciocho llamadas perdidas de mi churri, preguntándome dónde estoy y si le estoy poniendo los cuernos con algún mediamierda que lo revienta. ¡Soy feliz, porque esto es una muestra de amoooor! ¡Que te controlen es tan romántico! ¡Ya soy como la protagonista de las novelas!"


Quizás es una consecuencia de que en este país, por lo que se ve, se lee como se folla: poco y más bien mal. De ahí la falta de criterio, de sentido crítico y los constantes errores culturales que se van viendo cada vez que sale un pelotazo de éstos, donde la gente (en el caso de una de estas novelas) se cree que una relación sadomasoquista es dar de leches a una tía con un látigo y punto pelota, o considerar que liarte con un vampiro es lo más bonito desde Romeo y Julieta, aunque no tengas ni puta idea de qué obra (porque es una obra y no una novela) es esa.
Una vlogger, hace unos días (lamento no poder referenciarla, pero es que no vi su nombre por ninguna parte del vídeo, pero si alguno de vosotros lo sabe, por favor que me lo indique y la referencio como los dioses mandan) argumentó que España es rancia. Que vemos en una peli un par de fustas y nos creemos que es sadomaso. Que vemos un culo (una teta no, porque atenta contra los sacrosantos valores -de mierda- de la corrección política más ridícula jamás parida desde la democracia) y nos creemos que es porno. Y que así vamos como borreguitos, o como las moscas a la mierda. Sintiéndonos malotes.

Porque en este país, por muy modernos que digamos ser, el cuerpo desnudo es pecaminoso. Especialmente el femenino, ya que si vemos una chica que hace topless la tendencia a pensar del españolito medio es que hace eso porque es una guarra. Si va a una playa nudista, ya ni os cuento, que por lo visto son un antro de perdición donde la gente va a amancebarse al aire libre, a poner en práctica el sexo en grupo, poner cuernos o practicar el intercambio de parejas. Cosas que, como todo el mundo sabe, son el símbolo de una forma de vida decadente que debería ser barrida de la inmaculada faz de nuestro país (leed esto con ironía, anda). Más grotesco es el asunto si pensamos en el hecho de que ya se ha desmentido el hecho de que la candidata en cuestión fuese la chica de la foto. Esto me lleva a pensar que se ha difundido sin permiso la foto de alguien, con la idea añadida de querer desprestigiar a otra persona. Que esos mismos que lo hayan hecho encima pretendan dar alguna lección de moral al respecto, como poco da risa. De esa risa histérica que acaba dándote ganas de liarte a martillazos contra ti mismo.


Retrato del español medio, visto lo visto:
Un personaje lleno de virtudes, que huye del vicio, repudia el sexo porque es el arma de Satán y se reproduce por esporas.


No deja de tener gracia ver cómo estas cosas, que son cosas de cada uno, personales e intransferibles, se convierten en vox populi, al más puro estilo de catetos cerriles que se ve que no tienen nada mejor que hacer con sus patéticas vidas que andar metiendo los hocicos en las de los demás. Más vergonzoso es cuando vemos esto a gran escala y nos encontramos que, con la idea de desprestigiar a un partido político, otro saca supuestas fotos de una de sus candidatas en una playa nudista, con todo el panecillo al aire, como si eso fuera algo de lo que avergonzarse. Como si por hacerlo, ya fuera menos capaz, menos de fiar o, qué coño, si por ir ahí con las pechugas al fresco fuera un pecado capital tan grave que su credibilidad se fuera a tomar por donde amargan los pepinos.
Pero no nos engañemos, queridos Distópicos, que si un partido político hace esto, no lo hace porque sí, o porque lo vayan a creer cuatro desgraciados. Lo hace porque conoce la mentalidad de la gentuza que puebla el pellejo de toro, y porque sabe que en el momento en que le ven las tetas a una señora (del toto no hablemos ya) van a ir desenfundando las horquillas y las piedras. Es la mentalidad que denunciaba Nathaniel Hawthorne en La Letra Escarlata (novela que para muchos, entre ellos autoproclamados "escritores", es una puta mierda porque no está en el ranking de ventas y no compite con el señor Burger King) o de la obra El Crisol. Obras clásicas que denuncian justo eso: una sociedad mediocre y llena de prejuicios, más preocupada en lo que hace el vecino con su vida personal que por hacer algo que sea medianamente útil y obsesionada en marcar al prójimo o perseguirlo hasta que él solito se vaya a la mismísima mierda.



Sobre estas líneas, Hester Prynne, protagonista de La Letra Escarlata. La historia de una mujer forzada por su comunidad a llevar, de por vida, en toda ropa que vistiese una "A" de intenso color rojo que la marcara como adúltera. Para que todos pudieran ver el mal que había hecho ante los ojos del Señor y, muy especialmente, ante los demás. Porque lo que hace uno dentro de su casa, al parecer, es asunto de todos. Y todos tienen derecho a condenar a los impúdicos, por lo que se ve.
España crea Hester Prynnes a diario. Cuando no famosas, son chicas que han cometido el pecado irredimible de disfrutar de su sexualidad como les dé la puta gana. Juzgadas y humilladas se las critica, se las insulta y se las intenta aleccionar como si vivieran una forma de vida errónea.


España, a cada día que pasa, se quita más la máscara y demuestra que de país moderno tiene poco. Cada generación que precede a las ya existentes parece destilar una mentalidad que dista mucho de la que empezaba a mostrarse en la época de la instauración de la democracia. Cada día parece abrazar épocas más oscuras, donde la única ley en la que creía era en la de los valores encorsetados y la picota para los disidentes. Las abraza, al tiempo que presume de lo contrario, de tener la mentalidad más abierta que existe; al tiempo que mira con condescendencia a los países a los que no considera de su catadura moral.
Decir una cosa y hacer otra.

Este post, como podéis ver, es más largo que los ya de por sí habituales, pero es que hay muchas, muchas cosas que me dan asco de esta sociedad de tontos del culo. De desgraciados que, como decía mi abuela, piden para Dios y no dan ni para Cristo. De auténticos payasos que piden tolerancia para ellos, pero se sienten con pleno derecho a no tolerar a los demás por no estar a su altura. De cínicos, hipócritas y completos ignorantes, que se lanzan a la piscina de criticar lo que desconocen, sentar cátedra y emitir juicios morales sobre cosas que ni siquiera se han molestado en comprobar. Una sociedad de borregos, donde lo que impera es formar parte de un colectivo tal para no sentir que, en el fondo, su vida es una puta mierda, vacía y sin gracia. Formar parte de ese colectivo y andar todo el puto día sin otro tema en la boca, teniendo que ser más papista que el papa, más beligerante y agresivo para que todo el mundo vea lo que molan. Eso sí, beligerantes... pero tolerantes, por contradictorio y absurdo que eso resulte.


"No sé ni de lo que hablo, pero es que mi derecho a opinar está muy por encima del hecho de que tenga o no razón, o incluso de que tenga una ligera idea del tema".


La Españita de los -ismos y de los antis, donde todo -ista es más -ista que los demás y es antiloquesea que consideren enemigo. Donde aquí ya nadie se cataloga como persona, sino que viene definido por la etiqueta que algún gilipollas se ha esforzado en achacarle: si no es por su condición sexual (cada día nacen más condiciones nuevas, con la firme determinación de querer diferenciar a unos de otros e ir marcándolos por sus preferencias), lo es por la política. Cuando no, por su posicionamiento ante vete a saber qué. Unos contra otros, otros contra unos. A ver quién se apunta el tanto. A ver quién saca la banderita de su -ismo por el motivo más absurdo. A ver quién lleva cualquier conversación, por banal que sea, a su puto terreno para quede claro lo que apoya a su colectivo. A ver quién la tiene más grande (metafóricamente hablando).
Con esto quiero que quede claro que a aquellos que tenéis sobredosis de mierda en el cerebro no os voy a hacer cambiar de opinión, ya que si ahora mismo estáis leyendo todo este tocho pensaréis que no sé de lo que hablo (como si no me tropezase con al menos un soplapollas de estos al día), que soy de tal o cual ideología (ya he dicho más de una vez lo que pienso de los tontos del culo que se creen con derecho a psicoanalizarme, a meter palabras en mi boca o simplemente a sacar de contexto cualquier puta cosa que diga) o que se me va la olla (bueno, esto último sí tiene parte de verdad). Este artículo no es más que un desahogo porque, o suelto toda la bilis que vosotros, panda de mentecatos, hacéis que acumule en las tripas, o reviento. Reviento de rabia, de asco y de impotencia al ver que los gilipollas y los hipócritas se han convertido en la especie dominante de mi entorno.
Y lo mismo yo puedo ser lo primero, pero antes muerto que convertirme en lo segundo.

lunes, 16 de febrero de 2015

Tebeos en Vena- Nosolotetas, segunda parte




Siempre que se hace una lista de lo que sea, es normal que haya elementos que falten, o bien que se tenga la impresión de que, para haber añadido alguno, se podía haber añadido otro mejor. Es un poco el caso de lo que sucedió con el primer post dedicado a superheroínas que publiqué hará cosa de un mesecillo o así y que, todo hay que decirlo, tuvo cierta aceptación entre vosotros, Distópicos. Como no cabía esperar menos en toda enumeración que se precie, no faltaron comentarios vuestros diciendo "Oye, ¿cómo has podido olvidarte de no sé quién?" "¿Has puesto a esta y no has puesto a la otra?" Total, que tras un par de artículos dedicados a otros interesantísimos temas, volvemos a la carga destripando viñetas. He aquí una segunda lista con algunos de los personajes femeninos que faltaron de la primera, más alguna cosita de la que me he ido acordando. Es posible que, sin duda, falte alguno de tooooodos aquellos que mencionasteis la última vez. Si veo que es necesario, pues ya iré redactando una tercera un día de estos.
Para terminar, me gustaría aclarar, como es de costumbre, que esto no es un ranking, ni un listado de imprescindibles ni nada por el estilo. No es más que una enumeración de ejemplos acerca de cómo trata el cómic de superhéroes a sus heroínas, y repasando algunas de sus figuras más destacadas. Porque algunos estamos ya hasta los huevos de tonterías tendenciosas y de ver donde no se quiere ver, y de tomar algo como lo de Women in Refrigerators (a mi juicio, considerablemente parcial, por no decir que se pasa de subjetivo) como si fuera el cien por cien de la industria.




La primera heroína digna de mención en este artículo es Oráculo, que todavía me pregunto cómo no la puse en los primeros lugares en el anterior. El personaje nació en el año 1967, no como tal, sino bajo la identidad de la primera Batgirl. Los orígenes de este personaje sí demuestran bastante lo encorsetado de la sociedad de la América de los años sesenta, siendo creada como contrapartida de Batman en la serie de televisión original (y, cuentan las malas lenguas, que para introducir un personaje femenino que rebajase la presunta tensión homosexual que llevaba acarreando el Hombre Murciélago; esto venía siendo así desde que un psiquiatra gilipollas soltase la bombita unos diez años antes, aludiendo que los cómics inculcaban tendencias "aberrantes" en los jóvenes, tales como -ojito- la filiación comunista o la homosexualidad). Batgirl fue incluida en la serie y, de forma simultánea, también en los comics.
Pasaron los años y ningún guionista tuvo del todo claro qué hacer con Batgirl, de modo que sus apariciones fueron haciéndose más escasas hasta prácticamente mandarla al Limbo de los Personajes Olvidados (si habéis leído el Animal Man de Grant Morrison pillaréis el chiste). Fue entonces cuando llegó Alan Moore, en 1988 (como un año y pico después de su Watchmen, así que según su criterio, este interesante cómic escrito por él no tiene valor alguno y no aporta nada) decidió reciclar al personaje. ¿Cómo? Pues, resumiendo bastante, mostrándonos a una Batgirl más centrada en su vida como Barbara Gordon, que recibe una "visita" del Joker. Éste le pega un tiro y la chica queda paralítica de por vida.


La escena en cuestión. Como suele pasar cada vez que un maloso derrota a una villana (ya pasó con Canario Negro, por cierto), hubo gente que especuló sobre una violación.
Infundado, como siempre.

La cosa podría haber acabado aquí y El Pelos podría haberse quedado tranquilo quitándose de en medio a otra tipa en mallas. Conociendo la tirria que tiene al género que (por mucho que le joda) le ha puesto donde está, podría haber sido así, pero en realidad solo dio el pistoletazo de salida al reciclaje del personaje.
No sería hasta el año siguiente cuando Barbara Gordon resurge como Oráculo, en la cabecera del Escuadrón Suicida. Aquí aparece ya como una hacker que provee de información a los héroes de DC y, poco más adelante, se convierte en una pieza principal que sirve como enlace, espía y coordinadora, tanto del equipo de Batman como de la Liga de la Justicia y casi cualquier tío con capa que sea medio de respetar.
Oráculo es el caso claro de evolución y superación. No ya solo por el hecho de pegarse cerca de veinte años en una silla de ruedas, que sería lo superficial. Lo importante es el hecho de que ha pasado de ser un personaje de segunda línea a una pieza imprescindible en el universo DC. Extremadamente inteligente y de sobras independiente, lo mismo te decodifica un código encriptado que manga información al Pentágono. En sus ratos libres, se saca doctorados (como el de derecho, por ejemplo) y coordina su propio equipo, las Aves de Presa, desde su ordenador.
El hecho de estar incapacitada de cintura para abajo en caso alguno la limita, sino que potencia lo que es: Barbara no quiere dar pena. Su silla de ruedas no lleva manillas porque no consiente que la lleve nadie. Rehúye de la compasión y se centra en el esfuerzo, la voluntad y la constancia; en absoluto es débil, ya que todavía conserva gran parte del entrenamiento junto a Batman, así como algunas otras lecciones de artes marciales que tomó aparte. Su destreza con los batarangs, aparte, es considerable.



Katana, por su parte, tiene una historia bien distinta. Fue creada en 1983 para formar parte de una serie tan irregular como fue Batman y los Outsiders, donde este personaje tenía lo de "outsider" lo mismo que casi todos los demás: básicamente no ser de primera línea, más que ser héroes rebeldes o moralmente marginales.
Este personaje, sin embargo, tenía una historia que sí hace que encaje en esta lista, y es el hecho de que es una vengadora, o todo lo vengadora que se puede ser en un universo de cómic de superhéroes mainstream como DC, claro. Cuando era joven, Katana (Tatsu Yamashiro para los amigos) estuvo indecisa entre el amor de dos hermanos, decidiéndose por uno de ellos; el hermano que fue rechazado juró que las cosas no serían así y, como buen japonés chungo, se pasó a la yakuza. Se pilló un par de espadas místicas y se dedicó a entrenar día y noche para joderle la vida a Tatsu, que ya se había casado y tenía un par de pequeños japoneses correteando por casa. Esta felicidad duró poco el día que su cuñado el chungo decidió hacerle una visita a la familia. En el ataque, solo sobreviviría Tatsu, que lograría quedarse con una de las espadas místicas; ésta le dio una sorpresa, consistente en retener el alma de su marido, con el que puede comunicarse. Algo así como la espada de Elric, solo que más buenrollista.
De un modo parecido a otros personajes como Batman o Green Arrow, Katana cumple el arquetipo de heroína que llega a ser lo que es en base a haberlo perdido todo; y es precisamente de esa pérdida de donde nace el sentido de responsabilidad y de deuda con un mundo que no logra entender. Katana es la clase de personaje que decide enmascararse y luchar para evitar que otros sufran lo que ella. En combate, es una samurai de notable habilidad, pero eso no la convierte en una máquina sin sentimientos. Prueba de ello es su relación con su joven compañera Halo en los Outsiders, a la que prácticamente amadrina.





El caso de Starfire, sin embargo, puede dar que hablar. Al igual que sucede con Canario Negro (no incluida en ninguno de los posts dedicados a este tema, pero sí en el dedicado a personajes que han sido maltratados por el público), este personaje ha sido generalmente juzgado por su pinta y sus atributos. Starfire fue creada en 1980 para formar parte de la nueva (y probablemente la más espectacular) encarnación de los Titanes. Nacida en el planeta Tamaran, este personaje se ha criado en un entorno más emocional que racional, y se guía por sus instintos y sus pasiones. No hace mucho, escribí un artículo en que usaba uno de sus principales argumentos para hablar de otro tema: ese argumento en que dice no entender a los humanos, por mostrar compasión con sus enemigos al tiempo que desconfiaban de los amigos.
Starfire es emocional, pero no idiota, como más de uno podría pensar al leer lo que acabo de comentar en estas últimas líneas: se guía por la emoción y por el instinto, pero también por un marcado sentido del honor y la dignidad. Es una guerrera que desconoce qué es eso de tener piedad con los enemigos, pero aun así, se niega a matar a nadie durante su estancia en la Tierra porque va contra sus leyes. Esta decisión a veces la hace tener que contenerse mucho más de lo que desearía, pero por encima de ello está su sentido de la lealtad, que considera algo sagrado: cuando haces un amigo de Tamaran, ese amigo estará junto a ti hasta el resto de tus días. Es más, probablemente muera junto a ti, porque está peleando a tu lado; en cambio, si haces un enemigo de Tamaran... pues, mala suerte, chico.
Como he comentado arriba, un personaje de este potencial, con esa marcada pasión tanto en el amor como en el odio, se ha visto juzgado de una forma simple y superficial por su vestimenta, como ha sucedido a tantas otras (véase el caso de Power Girl): ese vestido, similar al de una stripper, que llevaba en sus primeras apariciones en realidad simbolizaba la deshinibición de un personaje que no entendía por qué tenía que cubrirse con dos pedazos de tela cuando iba a bañarse a una piscina. Starfire, en esto, como en muchas otras cosas, nos enseña que la humanidad posee una infinidad de prejucios que su pueblo tiene ya superados. Pese a eso, los tamaranos no son el mundo perfecto y también viven inmersos en montones de problemas: prueba de ello es que la propia Starfire, como miembro de la realeza de su planeta, se vio obligada a casarse para sellar la paz. Pese a todo, podemos decir que ni ella estuvo jamás de acuerdo en eso y, de hacerlo, lo hizo porque consideraba que hacía un bien mayor, y más adelante seguiría (como es de esperar) los dictados de su corazón.




Hablando de la serie de los Titanes, tenemos que decir que prácticamente todos sus personajes femeninos (o, al menos, los de la encarnación de los ochenta, a manos de Marv Wolfman y George Pérez) poseen una fuerza arrolladora y un peso más que relevante en su entorno. Recordemos que en el post anterior ya estuve hablando de Raven, que es probablemente uno de los personajes femeninos más atractivos, duales y oscuros jamás paridos por el Universo DC. En el párrafo de arriba, le tocó a Starfire; la siguiente en mencionar, cómo no, es Donna Troy.
Donna nació en 1965, apareciendo en sus orígenes como la primera Wonder Girl; su papel era básicamente el de una sidekick (término que se usa para referirse al acompañante que lleva un superhéroe) de Wonder Woman. El motivo de su origen es del estilo a lo que sucediera con Batgirl: el psiquiatra soplagaitas de Frederick Wertham, en su libro de odio contra el cómic La Seducción de los Inocentes, dio a entender que el cómic de superhéroes incitaba a tendencias tan "perniciosas" como la homosexualidad. De este modo, la industria tuvo que buscarse las castañas para que sus personajes no diesen la apariencia (o sugiriesen, ni sutilmente siquiera) de provocar a los jóvenes para que se amancebasen con gente de su mismo sexo. Wonder Woman no fue ninguna excepción. De este modo, Wonder Girl aparecería como una hermana pequeña de la princesa amazona y, poco después, acabaría fundando el primer grupo de los Titanes (una especie de Liga de la Justicia formada por sidekicks).
Pese a haber sido creada como "hermana" de Wonder Woman, el origen que se le dio a Donna Troy no fue el de una amazona, sino el de una niña huérfana que fue recogida por la heroína. Este origen tendría cola, ya que sería revisitado varias veces; la primera, en una historia de detectives bastante emotiva, protagonizada por Nightwing, y una segunda, tras el reinicio del universo DC tras las Crisis en Tierras Infinitas.
Es precisamente este devenir sobre el pasado de Donna Troy lo que sienta las bases de la complejidad del personaje: Donna es alguien que busca constantemente su identidad. La falta de recuerdos de lo que sucediera con su familia es algo que la obsesiona y, de vez en cuando, se ve obligada a olvidar lo que creía saber para abrazar nuevas respuestas que la llevan, cómo no, a nuevas preguntas. Pero no nos confundamos: en absoluto esto convierte a Donna en un personaje débil, sino todo lo contrario. Es precisamente esta lucha lo que hace del personaje alguien con una fuerza de voluntad más que envidiable, al tiempo que vemos cómo esta obsesión no la impide llevar una vida con su trabajo y su marido.
Con el tiempo, vemos que el personaje evoluciona. Se divorcia y vive nuevas aventuras que vuelven a llevarla una vez más a replantearse su identidad. De Wonder Girl ha pasado a llamarse Troia, y de ahí, se une al cuerpo estelar conocido como Darkstars. Es casi asesinada a manos de la versión androide de Superman. Resurge. Llega un momento en que tanto nombre código casi resulta tan complicado como averiguar quién es, y finalmente toma el nombre que ha tenido siempre: Donna Troy.



Si nos movemos hacia territorio Marvel, encontramos que las heroínas fuertes e independientes no escasean; es el caso, por ejemplo, de Carol Danvers, conocida entre otros alias como la Ms. Marvel original, que tiene el honor de ser la primera mujer de la casa en protagonizar una cabecera propia, allá por 1977. Creada cinco años atrás, este personaje debuta como secundario en la serie del Capitán Marvel original, encarnada como una militar que sufre severas heridas durante la explosión de un artefacto Kree. A causa de los componentes alienígenas hallados en la explosión, el código genético de Carol muta, otorgándole poderes. A partir de ahí, la veremos también compartiendo aparición como invitada en otras series bastiones de la casa, tales como Los Defensores o Los Vengadores, acabando por formar parte de estos últimos.
Es precisamente en Los Vengadores donde vemos cómo el personaje sufre cambios bastante profundos: en un viaje hacia el futuro, "conoce" a su amante (por usar un término políticamente correcto, ya que un nutrido número de críticos consideran el encuentro como una violación en toda regla), un viajero cronal que se engendra a sí mismo en el cuerpo de Carol (sí, esto es tan psicodélico como parece), con el que va a vivir durante una temporada. Poco después, regresa a la Tierra, pierde sus poderes y gran parte de su identidad a manos de la mutante conocida como Pícara, para más tarde ser secuestrada por los alienígenas de El Nido, que vuelven a alterar una vez más su estructura genética, otorgándole nuevos poderes, incluso más cafres que los anteriores (dándose a conocer a partir de aquí como Binaria). El personaje sigue evolucionando, tanto física como psicológicamente: pierde sus poderes como Binaria, se enfrenta a una prueba tan dura como el alcohol y recupera sus poderes como Ms. Marvel. Finalmente, resurge en la identidad de la nueva Capitana Marvel.
Carol Danvers es un personaje que siempre se ha definido a sí misma como una luchadora, que no tiene absolutamente nada que deber a nadie. Aguerrida y valiente, la hemos visto lanzarse ella solita en la vanguardia de un ataque y admitir abiertamente que una mujer es una mujer, y no tiene por qué ceder a presiones sociales como casarse o tener hijos. Pese a la adversidad, tiene la fuerza necesaria para salir adelante, luchar, levantarse cuando cae y reinventarse a sí misma.


Carol como Binaria. Hasta los buenos personajes suelen sufrir errores garrafales de diseño.


Con el caso de la supuesta violación, hay mucha controversia. He de reconocer que ese episodio es tan difuso y parco en detalles que es complicado llegar a una posición concreta: por un lado, tenemos la impresión de que, efectivamente, se enamora de Marcus, el viajero temporal (e hijo del villano Inmortus, para más señas); por otro, hay no pocos detalles que sugieren que ese enamoramiento se debió más bien a un lavado de cerebro y Carol fue usada para que Marcus pudiera engendrarse a sí mismo en un cuerpo en otro tiempo. Si asumimos el hecho de que, efectivamente fue una violación, encontramos que el guionista Chris Claremont se encarga de hacer borrón y cuenta nueva justo con la introducción de Pícara, que borra ese recuerdo (junto con unos cuantos más). No es que sea la solución definitiva, pero sí funciona como herramienta argumental para barrer de la continuidad un hecho que estaba bastante fuera de lugar a principio los años ochenta, reparando un poco el estropicio causado por guionistas que, en líneas generales, solían acertar en sus decisiones. En mi opinión, no creo que sea "erróneo" hablar de un concepto como la violación en el cómic de superhéroes (recordemos que Alan Moore lo haría en Watchmen algún tiempo después, siendo bastante aclamado por ello), de modo que no creo que autores tan reputados como Jim Shooter o George Pérez metieran la pata al hacerlo. Todo lo más, quizás se adelantaron un poco a su tiempo, ya que, de haber sucedido esto hace... no sé, diez años, a los lectores experimentados no nos habría parecido tan raro. Hoy en día, sin embargo, con tanta corrección política y tantas ganas de ver donde no hay o de poner un género entero en el punto de mira, se habría creado una polémica tan absurda como ridícula, dando paso a una censura sobre los cómics que no suele verse aplicada a otros medios de difusión, o no de una forma tan fiera. Es algo para pensar.



Relacionada de forma íntima y directa con Carol Danvers, encontramos otro ejemplo de personaje femenino que evoluciona de forma más o menos constante. Me refiero, cómo no, a Pícara.
Pícara surge como villana, justo tras el regreso de Carol Danvers después del incidente con Marcus, en 1981. La encontramos como el miembro más joven de la Hermandad de Mutantes Diabólicos liderada por Mística, y con el poder mutante de absorber poderes de otros mediante contacto físico. En su primera aparición ataca a Carol, absorbiendo de forma permanente tanto sus poderes como su psique. A partir de ahí, Pícara descubre que su propio poder le ha jugado una malísima pasada y comparte una parte de su mente con la psique de Carol Danvers, llegando a sufrir algo muy similar a un episodio de doble personalidad, llegando incluso ésta última a "tomar el mando" de vez en cuando.
Incapaz de controlar esto, se une a la Patrulla-X, causando evidente indignación entre el grupo mutante, aunque poco a poco ganándose el respeto por parte de sus nuevos compañeros.
Pícara no es solo un personaje físicamente fuerte, sino dotado de una considerable resistencia emocional: pese a sus poderes, bromea y lucha como si no hubiese nada que temer, aunque sepa que jamás puede tocar a nadie a menos que quiera dejarlo en coma.
Con el paso de los años, sin embargo, Pícara ha ido degenerando bastante y ciertos guionistas, como el caso de Scott Lobdell (una puta vergüenza como guionista y pelele  profesional de editores que no saben ni donde tienen la cara, y que en la actualidad se está encargando de convertir el nuevo Universo DC en MIERDA), la han convertido en una auténtica pava lloriqueante que se pasa más tiempo lamentándose por sus poderes que haciendo lo que había estado haciendo hasta entonces, que es seguir viviendo día a día. Sin embargo, parece ser que posteriormente ha vuelto a ser lo que era.



Kitty Pryde es un caso diferente. También mutante y también parte de la Patrulla-X, debuta más o menos por la misma época que Pícara (también en 1980, solo unos meses antes). Kitty, en su primera aparición, aparece como una niña de trece años que descubre sus poderes mutantes de fase (esto es, poder hacerse intangible) durante el estrés emocional que supone vivir el divorcio de sus padres. En su primera aventura, es atacada por el Club Fuego Infernal, donde conoce a Coloso, del que se enamora prácticamente a primera vista. Tras los acontecimientos de Fénix Oscura, se une de forma definitiva al grupo, viviendo aventuras en las que toma un papel bastante relevante: es el caso de historias como la de la isla de Magneto o posteriores apariciones del Club Fuego Infernal. Siente un vínculo especial con Tormenta, a la que ve casi como una sustituta materna. Con Lobezno sucede algo similar, llegando a viajar a Japón con él y enfrentándose al antiguo maestro de éste, Ogûn. Durante la primera Secret War, hemos visto cómo Coloso se enamora de una curandera alienígena y, al contárselo a Kitty, ésta decide romper la relación de forma expeditiva, aun sabiendo que la curandera falleció durante la aventura. Sobrevive a la Masacre Mutante, aunque con heridas graves, acabando por formar el grupo Excalibur, para volver años después al seno de la Patrulla-X.
Kitty es un personaje relevante en la serie de la Patrulla, no solo por sus poderes. Aparte de ello, con solo trece años posee el intelecto de una chica universitaria y, además, posee un sentido común que la hace mantener la calma en situaciones adversas. Al mismo tiempo, tiene una imaginación y un sentido del humor del que muchos de sus compañeros carecen, recordando de paso al lector que La Patrulla-X, por encima de todo, fue una serie de estudiantes. Kitty recupera esa esencia, sin que ello distorsione o entorpezca que estamos leyendo un cómic de superhéroes.



Nuestro último personaje de este artículo proviene de una serie tan poco publicitada como alta es su calidad. Me refiero a la apenas recordada Tomb of Dracula, que tuvo un pequeño revival a mediados de los noventa y que fue impulsada algún tiempo después gracias a las películas de Blade.
A diferencia de como sucediera en estas películas, Blade no es el único cazador de vampiros en el universo Marvel, sino que ha formado varios equipos encargados de esta labor. Es más, en Tomb of Drácula este personaje tardaría varios números en aparecer (no lo hace hasta el número 10 de la serie). Quien sí apareció prácticamente desde el principio (concretamente, desde el número 3) es Rachel Van Helsing, la cazadora de vampiros de Marvel más clásica y, como es evidente, descendiente del Abraham Van Helsing que organizó el ataque contra Drácula en la novela del mismo nombre.
Desde su primera aparición en 1972, Rachel ya se muestra como un personaje bastante implacable con los vampiros, y sin asomo alguno de temor o compasión. Es una mujer dura y llena de recursos, con notable habilidad para manejar tanto el arco como la ballesta. Aunque intenta llevar una relación sentimental con Frank Drake, llega un momento en que se da cuenta de que su vida no está junto a él, sino que está centrada en limpiar el mundo de la amenaza vampírica.
Es en ese momento en que Drácula es eliminado (y por ende, dicha amenaza también) cuando Rachel Van Helsing se siente vacía y rompe definitivamente su relación con Frank. Se retira a dar clases de literatura, intentando dar un sentido a su vida, cuando resurge Drácula para vengarse. En lugar de matarla, la convierte en lo que más odia: una vampira. No obstante, eso no impide que siga luchando contra el señor de los Vampiros mientras le queden fuerzas. En su último aliento, pide a Lobezno que la mate y pueda por fin descansar en paz.
Rachel, como ya hemos dicho, es el prototipo de cazadora implacable, que no se achanta ante la adversidad. La podemos ver rodeada de vampiros, que siempre buscará el modo de acabar con ellos sea como sea. Es un personaje que no se define a sí misma por sus relaciones o por sus sentimientos, sino por sus objetivos. Y aunque sus objetivos se hayan visto cubiertos y se sienta vacía, sigue buscando la forma de mantenerse anclada al mundo.


La última aventura de Rachel, junto a la Patrulla-X.


Y hasta aquí, la segunda entrega de estos artículos destinados a la mujer en el mundo del cómic de superhéroes. Como es natural, insisto en que es probable que echéis en falta a alguien; esto, sin embargo, no es ningún ranking, ni están todas las que son. Tomadlo, como he comentado en la introducción, como una serie de ejemplos que desmitifican la figura de la mujer en el cómic como personajes secundarios, comparsas, novias de alguien o seres sin identidad propia. El objetivo, tanto de este artículo como del anterior, es precisamente demostrar lo contrario: que si ha existido un género que ha manifestado respeto por la figura de la mujer ha sido precisamente el cómic y, de modo más concreto, el cómic de superhéroes. Ya hemos mostrado mujeres fuertes, independientes, inteligentes y con éxito en sus vidas. Mujeres que pueden ir vestidas con cuello vuelto, mallas, capas o en corsé, que consideran que no tienen por qué dar explicación acerca de sus vestimentas (cosa que hacen muchos que van de críticos, pero que jamás han leído una línea de estos personajes), ya que son sus actitudes y sus hazañas las que hablan por ellas.

jueves, 5 de febrero de 2015

Escupiendo Rabia- Cuando un notable es un fracaso, o Notitis aguda




Cuando te pegas cerca de una década dando clases ves de todo. Incluso cuando puedes decir (aunque sea con la boca pequeña, porque vete a saber qué pasa por hablar) que has tenido suerte con tus alumnos, siempre hay cosas que no dejan de llamarte la atención. Uno de los casos más curiosos es esa obsesión por competir que voy viendo cada vez más entre la gente que me echo a la jeta a lo largo de los últimos años.

Ante esto supongo que muchos de vosotros diréis que oye, eso de ser competitivo no es malo. Que es un incentivo que provoca que te esfuerces y que, en resumidas cuenta, seas más productivo a nivel académico. Pues vale. Para vosotros la perra gorda; no es eso a lo que me vengo a referir.
Empecemos un poco a explicar la movida y luego ya vais sacando vuestras propias conclusiones: veréis, a mí me gusta partir del hecho (como siempre, hablo desde mi experiencia personal dando clases durante nueve años y de lo que  he aprendido yo de ella. Si queréis un profesional de la psicología, la psicopedagogía o lo que sea que estéis esperando, pagadlo) que he venido aprendiendo a lo largo de mi breve trayectoria practicando yoga: la única competición en esta vida debe ser con uno mismo; el afán debe ser por superarse a sí mismo, dar lo mejor de cada uno y saber aceptar cuando uno ha tocado techo y ha descubierto que, como buen humano que es, tiene sus limitaciones. Ser consciente de que no podemos tener nivel Dios en todo y que, a lo mejor, igual no hace ni falta. Igual eso de la perfección absoluta es un concepto tan sobrevalorado como ridículo.

El problema, y es aquí a donde voy a parar, es cuando ese afán de competición con uno mismo se traspapela, se tergiversa, se retuerce y se pringa en mierda hasta las orejas. Hablo de ese momento en que un estudiante tiene como objetivo, no ser mejor de lo que era, sino ser mejor que los demás. Ese síndrome se ve traducido generalmente en una especie de obsesión enfermiza por estar pendientes a lo que hace cualquier compañero, o si este compañero mejora y le recorta distancia. En estos casos, te das cuenta de que un estudiante no concibe que puede haber un tema que se le puede dar peor, o que simplemente tiene una mala semana y se pilla unos verdaderos berrinches porque ha cometido el "pecado imperdonable" de sacar un ocho en lugar de un diez. Una nota más que respetable, posiblemente ganada con esfuerzo, se convierte de buenas a primeras en una tragedia que ríete tú de Hamlet o de la puta historia de Edipo.


"Morir... Dormir... ¿Por qué sacar un miserable ocho cuando puedo poner fin a este sufrimiento?"


Esta obsesión se proyecta a menudo en algo muy parecido (no me atrevo a llamarlo así, ya que no soy profesional de la psicología académica) al bullying, cuando este alumno, acostumbrado a sacar diez en todo, se dedica a mirar por encima del hombro a aquel compañero al que le cuesta horrores pasar de seis y que se parte los putos cuernos por llegar a tener una nota discreta. Este alumno obsesionado por tener la nota más alta de la clase, gracias a ese afán de competición malsana, se dedica a reírse (con mayor o menor discreción, ya dependiendo del alumno) de aquellos que no llegan a su nivel por el motivo que sea. No le importa que a lo mejor su compañero de clase no tenga demasiado tiempo libre para estudiar. Que la asignatura le suponga un esfuerzo porque su competencia no es tan alta. Que su capacidad de concentración sea menor. Incluso que no termine de entender a su profesor y eso le haga ir más a remolque. La competición aquí se convierte en una total falta de empatía, y de ahí a una total falta de escrúpulos. Para entendernos, es como si sacar notazas hiciera que más de uno se sintiese con derecho a pisotear a sus compañeros o a reírse de ellos, tratándolos como si fueran parte de una casta inferior.


"¿Qué nota has dicho que sacas, gilipollas?"
"¿Sabes qué nota he sacado yo?"


Si tengo que buscar raíces de algo así, a menudo he comprobado que esta obsesión por ser superiores académicamente de algunos alumnos, así como la ansiedad que se genera cuando este alumno no saca ese sobresaliente tan esperado, no es ni mucho menos autoinducida. La percepción del éxito y del fracaso, a mi juicio, me resulta muy similar a la percepción del dolor o la gravedad. Para ilustrarlo, os propongo una experiencia: tomemos el caso de dos niños hipotéticos, a los que vamos a llamar Gumersindo y Anastasia. Gumersindo y Anastasia tienen, pongamos, dos o tres añitos y están jugando en un parque. En esto que los dos, en plena carrera, tropiezan y se caen de boca. Algo relativamente frecuente y, habida cuenta de la resistencia de los críos, nada grave. De hecho, tanto Gumersindo como Anastasia se han hecho una ligera raspadura en una rodilla y ya está.
Fijémonos en su actitud: cuando ambos niños se caen, lo primero que hacen es buscar a un adulto con cara de confusión. ¿Por qué? Porque saben que la herida les escuece, pero no tienen ni la menor idea de si se han hecho algo serio o no. Fijaos que cuando esto pasa, los niños pequeños tienden a no llorar en un primer momento, o no al menos en los casos más generales. Necesitan, por así decirlo, "una segunda opinión". En el caso de Gumersindo, cuando llega su madre, lo pone en pie y le resta importancia a la herida, llegando incluso a decirle que no pasa nada (porque, efectivamente, es así). Le da con un poco de agua para limpiarla y, al cabo de un ratito, el pequeñajo está jugando por ahí sin mayor problema.
Supongamos que en el caso de Anastasia, al caerse, recibe una atención diferente. Su madre, incapaz de contener el agobio que puede suponer ver a un crío que se esmocha contra el suelo (porque eso no le gusta a nadie que tenga sangre en las venas), monta el pollo y empieza a mirar compulsivamente a ver si se ha hecho una herida. Empieza a darle vueltas a ver si esa herida se puede infectar, y cualquier síntoma derivado que queramos añadir. Lo más probable en este caso es que Anastasia estalle en un mar de lágrimas, no llorando de dolor, sino acojonada perdida, vaya a ser que pueda perder su pierna, con el poco tiempo que lleva usándola.
Traducido: es muy fácil que un padre (o adulto en general) proyecte sus propias neuras sobre un crío y éste crezca con ellas, inducidas y contagiadas por él.


"Ya que insistes en jugar en la calle, tendré que protegerte. No tienes ni idea de la cantidad de gérmenes que hay. De la cantidad de cosas peligrosas, cortantes o punzantes con las que puedes atravesar tu delicada piel."


Volviendo al caso de las notas, esto no es muy distinto: si un crío saca un ocho y contamos con que saque más, hay mil maneras de abordar el tema. Puede que sepamos que nuestro crío es un genio en, no sé, matemáticas... y resulte que un día te viene con que le han cascado un siete en un examen de las tablas de multiplicar. Ante eso hay varias formas de enfocar el asunto: se puede decir, por ejemplo, que es raro que haya bajado, pero aun así seguir contento porque tu hijo ha rozado el notable en un examen y tener en cuenta que no todo en la vida son sobresalientes. Un notable, amigos, SIGUE siendo una nota digna de sumo respeto. Otra opción es ningunear por completo esa nota, por respetable que sea y decir que como nuestro hijo merece sacar más, echárselo en cara, como dando a entender que ha fracasado. Se puede hacer algo más hijoputesco todavía, que es compararlo con algún hermano, primo o con el hijo del vecino y pedirle explicaciones acerca de por qué no tiene el puto detalle de ser como él. El chaval, que gilipollas no es, pero sí es un ser vivo con sentimientos que respira, come y caga, de buenas a primeras, verá cómo ese concepto de "espectro entre aprobado y sobresaliente" se reduce a "sobresaliente o fracaso". A partir de aquí, el propio chaval no comprenderá circunstancias atenuantes que hagan comprensible una bajada de un par de puntos en la nota que se puede sacar: no importa que a lo mejor haya dormido menos, que no haya tenido tiempo para estudiar o que simplemente el tema le cueste. Jamás podrá estar orgulloso de un ocho que le ha costado el alma sacar en un examen, porque ya vendrá con esa idea de fracaso inculcada. No será ni mejor que los demás y, lo que es peor, no habrá quien valore su esfuerzo. Porque él, amigos míos, ya ha perdido toda posibilidad de valorar su propio esfuerzo por sí mismo.


"Un 8.8. Un puto 8.8. Ni a 9 llego. Me siento sucio".


Esta actitud que he visto por parte de algunos padres, consistente en proyectar ese ansia de superación sobre los demás en sus hijos, aparte de resultarme enfermiza y contraproducente (pues lo que genera es una sensación de inseguridad constante en un hijo), rezuma un palurdismo de tres pares de cojones. Explico esto: cuando tú ves un padre de primaria exhibiendo un hijo como si fuera un puto trofeo porque saca dieces en todo, te das cuenta de que es la clásica superficialidad que se fija solo en lo que es aparente. En que realmente este tío, con toda probabilidad ha sido toda su puta vida un cero a la izquierda y parece ser que ha criado un hijo para que éste cubra las carencias que él ha tenido. Algo así como una especie de versión 2.0 de uno mismo, destinada a mejorar la generación anterior. No solo eso, encima a alardear de ello ante los demás, como si a los demás le importase un carajo su vida.
Aparte, una nota en primaria puede estar bien y oye, si la sacas, cojonudo... pero a efectos prácticos, no supone absolutamente NADA. No cuenta para selectividad, no forma parte de un expediente con el que puedas ganarte una beca. No te convierte, de hecho, en ningún genio, considerando cómo está el nivel en los últimos años y a menudo los más inteligentes son aquellos que sacan peores notas, básicamente porque están aburridos en clase (pegaos cinco putos años estudiando exactamente la misma mierda cada año y luego me contáis) y han perdido el interés. No es más que una valoración sobre cómo va el crío y para de contar. Nada por lo que tengas que andar exhibiendo a tu hijo como si fuera un perro con pedigrí o como una calabaza de quince kilos. Dicho de otro modo, es inculcar una puta obsesión a un crío sobre algo que no va a necesitar hasta que llegue, pongamos, a bachiller, y será en bachiller cuando realmente el estudiante deba decidir POR SÍ MISMO si realmente le interesa sacar una notaza para llegar a donde quiere o considere que con lo que está haciendo va bien. Se puede estar más de acuerdo con su punto de vista, pero es una decisión suya y solo suya. Si la caga, es SU error; y si resulta que acierta, es SU acierto. El caso es que hasta entonces, con casos como los que menciono, tenemos como cerca de diez años o así con la amenaza de que un crío que tenga una media de siete y medio sea un puto fracasado que no será nada en la vida.


"Bien, veo que estás estudiando. Fenomenal, así no serás uno de esos inútiles que se quedan en un puto notable. Sobresaliente o matrícula o te puedes ir olvidando de que te deje respirar el resto de tu patética y miserable vida"


Voy más lejos: esa idea de que sacando una notaza llegas a la universidad y a partir de ahí eres el puto rey del mambo en una carrera es, como poco, ridícula. Para empezar, eso de que siendo licenciado llegas a todas partes y que tienes un trabajo de la hostia garantizado hace años que dejó de ser cierto. Qué cojones, dejó de ser hasta creíble; y si no me creéis, tan solo mirad la cantidad de licenciados universitarios (y con un expediente nada desdeñable en muchos casos) que están en la puta cola del paro.
Esa en realidad es la idea, ya desfasada, que muchos padres, palurdos perdidos, se creen; partiendo de ella, consideran que trae más cuenta hacer LO QUE SEA NECESARIO para sacar una buena nota y no ser "uno de esos de los demás". Si tu hijo se tiene que pegar una semana entera sin dormir, que se la pegue. Eso sin contar con que además, el perfil suele incluir tropecientas actividades extraescolares que, en lugar de hacer que el crío desconecte un poco, tenga más presión. Porque tiene que ser mejor que los demás: no puede estudiar inglés como complementaria, tiene que tener un puto C1 a los diez años o si no es que no da la talla como hijo. No puede tocar la flauta, tiene que estar en una puta rondalla a los seis años y ser el solista principal. Si no, es que hemos perdido el tiempo educando a nuestro hijo. Hay padres que, sencillamente, no pueden soportar la idea de que su hijo sea una persona NORMAL y que tenga la vida de un niño. Que sea una persona autónoma, con sus virtudes y sus habilidades, pero también con sus defectos y sus limitaciones. Al generar esa inseguridad en un crío, te das cuenta al tratar con ellos que, lejos de convertirse en estos críos modélicos que se supone que deben ser, lo que tenemos es chavales con una falta total de autonomía (y a menudo de autoestima), que necesitan constantemente la aprobación de otra persona, que les vaya diciendo paso a paso que no, que no la están cagando. Da mucha pena cuando te llega un crío así y se puede bloquear ante un ejercicio que no es difícil, pero que considera que tiene algún tipo de trampa. Críos así es difícil que los veas estudiando solos, porque al tener una presencia que anda exigiéndoles una nota determinada (es decir, la más alta) casi que necesitan la supervisión constante de quien se la exige, para sentir que van por el camino correcto y no hacia ese terrible fracaso que les espera.
Padres que consideran que la nota está por encima de cualquier puta cosa, incluyendo el aprendizaje real de una asignatura (que no siempre se traduce en lo que sacas en un examen, pero ni de puta coña), el esfuerzo que se emplee en ella o incluso los valores como el compañerismo, el trabajo de equipo y demás cosas que, en una sociedad de asco como esta, donde imperan la puñalada trapera, el lameculismo y la hipocresía, resultan una santa marcianada. Es decir, quedarte en la mamarrachada de fijarte solo en lo cuantificable. En lo que ves en un papelito. En tasar y medir a una persona y obviar por completo cualquier otra cosa que sí sea meritoria.


"Analizar. Tasar. Evaluar. Enviar datos a estadísticas. La persona es educacionalmente apta".


He hablado de los padres, pero este ámbito en realidad se puede aplicar también al profesorado. El profesorado, en contra de lo que algunos se creen, también está formado por humanos; entre los humanos, como sucede de manera habitual hay buena gente, gente que ni fu ni fa y verdaderos cabronazos de mierda. Cabronazos que no tienen reparo en reírse de un alumno delante de toda su clase, como si el fracaso de un estudiante en parte no fuese suyo. Esos profes machotes que se creen tan graciosos como Arturo Vals y se dedican a imitar a los alumnos más rezagados para que sus compañeros se rían. Los que cogen al mejor estudiante de la clase y lo ponen delante de sus compañeros para que "sirva como ejemplo a los demás y vean cómo hay que hacer las cosas"... como si el objetivo, más que aprender, fuese ser una copia perfecta e inalterada del alumno modélico, y no ser así equivalga a mierda, o simplemente algo que no merece la pena ni tener en cuenta. Profesores que crean castas de estudiantes en función de las notas que sacan, usándolas como excusa para hablar de su actitud (el caso claro del profesor que prácticamente desconoce el nombre de sus alumnos porque le importa un coño zurrido en Nocilla y, en el momento en que un alumno no saca una notaza, planta que su actitud en clase es "pasiva", con todo su puto flow, aunque el chaval simplemente no de un puto ruido en clase porque no le gusta llamar la atención o no sea tan efervescente como los que preguntan todo el rato). Esos jodidos genios de la docencia que tienen los santísimos cojones de suspender a media clase (demostrando que son unos putos inútiles) y decir que los que han cascado "no se enteran".
Esos seres que, si de mí dependiera y hubiera un sistema serio de inspecciones educativas, se iban derechitos a la cola del paro y no pisarían un centro docente, ni público ni privado en su puta vida. Y no es que yo vaya creyéndome el profesor modélico, ni mucho menos; tan solo sé que no soy un hijo de la grandísima puta tan grande como muchos otros que he tenido que ver y que me han causado vergüenza ajena.


"Soy el sargento de artillería Hartman. Vosotros sois unos mierdas de nueve años que no tenéis ni puta idea de cuál es el peso atómico del cobalto. No vais a reír, ni vais a llorar. Os voy a convertir en el blanco de mis putas neuras y os lo vais a comer".


Si lo pensamos, esto de comparar y humillar a un chaval por algo tan jodidamente superficial como una nota afecta y distorsiona por completo el factor de la motivación: un alumno así ya no se interesa por aprobar y mantener la costumbre para el día en que un buen expediente le haga falta, de eso nos podemos ir olvidando. Un crío así se interesará por sacar la mejor nota simplemente para que la gente que espera que la saque esté contenta, pero no porque realmente tenga esa necesidad. Insisto, en primaria, un expediente de sobresaliente no te lleva absolutamente a ninguna parte. Se puede querer sacarlo (y es respetable  eso de querer sacarlo o aspirar a él, subrayo), principalmente porque un alumno quiera dar lo mejor de sí mismo, cosa que es digna de admiración. Lo malo es que cuando ese alumno lo que quiere es tener una excusa para estar por encima de los demás, y (especialmente) para que sus padres también tengan una excusa para estar por encima de los demás, es cuando ya llegamos a un verdadero problema, y serio. Cuando el concepto de fracaso (o mejor dicho, no cubrir según qué expectativas) no cuenta como una opción, estamos hablando ya de algo que roza lo patológico.


"¿Cómo? ¿Suspender?
¡ESTO ES ESPARTA!"


Llegamos a la universidad, y ese problema se agrava. En un mundo (por desgracia) mucho más subjetivo de lo que es el mundo de la primaria o la secundaria, encontramos que en muchos casos las evaluaciones no se hacen por medio de un baremo tan justo como sí personal. Por ejemplo, un profesor que tiene alumnos que vienen rebotados de otros profesores puede permitirse el lujo de ningunear las enseñanzas de esos otros profesores y proyectarlas sobre los alumnos, usándolos un poco como "víctimas" de pugnas entre departamentos. Caso típico de profesores de ingeniería (hasta no hace mucho la puta "élite" en la universidad de mi ciudad) que imparten calculo. El profesor A tiene alumnos del profesor B y pone un examen a estos alumnos: los alumnos hacen el ejercicio de forma correcta y el resultado del ejercicio es el esperado. Sin embargo, A suspende a estos alumnos porque "no le gusta el procedimiento realizado" (=el que enseñó B el año pasado), y tenemos unos pocos estudiantes a los que se le les queda la cara partida viendo como un examen que tenía un seis o un siete está en el acta como SUSPENSO.
Casos como alguno que he vivido yo, en que un profesor se equivoca a la hora de incluir el temario de un examen y examina a una clase de algo que aparece en otra asignatura similar que imparte y, lejos de reconocer el error, comete una masacre con el alumnado en el siguiente examen solo porque la clase le ha apercibido de dicho error. Equivocarse al poner la nota en el acta y dejar a un alumno suspenso, manteniédolo suspenso en la revisión, y por medio de una mentira tan despreciable como "Es que ya he puesto la nota en el acta y no puedo cambiarla", mandarlo para septiembre con un siete que tenía en el examen. Esa clase de preciosidades que algunos docentes, desgraciadamente, cometen porque llevan lo profesional al terreno personal y llevan a cabo guarradas que, en caso de ser denunciadas (y que no se hacen por miedo a futuras represalias, como bien sabemos los que hemos pasado por la universidad), los pondrían en un serio aprieto, dada su dudosa legalidad.


Mejor no damos nombres.
Los hechos permanecen, y esos hijos de la gran puta saben quiénes son.
Ojalá algún día lean esto que acabo de decir y se sientan identificados.


Preciosidades que, como puede verse, no se arreglan ni estudiando más, ni compitiendo con tus compañeros: son mierdas y putadas que te comes porque a un hijo de la grandísima puta se le pone en los huevos y a ti te pilla por medio.
Imaginad cómo le puede sentar eso a un estudiante que sufre esa obsesión: con años de machacamiento continuo en casa, no es difícil imaginar que se convierta en ese típico compañero al que nadie soporta por su excesiva competitividad, incluso hacia gente que no tiene ningún interés en competir con ellos. Aquí es donde nacen los trepas y los pelotas, esos seres que alardean desde primero de carrera con que van a ser los primeros de promoción y que se dedican a dar por culo en los despachos para obtener matrículas de honor donde antes había sobresalientes. Estos alumnos, no nos engañemos, no son competitivos, o no de una forma positiva: son malos compañeros, que se niegan a prestar apuntes o los dejan incompletos, que carecen por completo de escrúpulos a la hora de trabajar en grupo y los que, en definitiva, no se acerca ni cristo pa tocarlos ni con un palo. Para gente así, resulta que la gente les importa poco menos que una puta mierda. Las acaban viendo como obstáculos, como otros a los que compararse, o simplemente no las acaban viendo ni echando cuentas. Se convierten en la clase de gente que puede pringar de mierda un ambiente laboral, socavando y humillando a compañeros, murmurando mentiras a las espaldas y, en definitiva, creando mal ambiente solo porque ellos son incapaces de reconocer que, pese a tener un expediente de la puta hostia, su vida (lo que en definitiva importa) no pasa de ser una puta mediocridad.


La colaboración entre compañeros, vista por la sociedad y concretamente nuestro sistema educativo, descripción gráfica.


Y es que parece que nos hemos creído que ya solo por tener un buen expediente académico o ganar dos mil pavos en vete a saber qué ya dejas de ser mediocre. Algunos son mediocres toda su puta vida, y no porque fracasen. El fracaso no nos hace mediocres; lo que nos hace mediocres es no vernos como lo que somos: seres humanos, falibles e imperfectos, con el estigma del fracaso presente. Lo que nos hace mediocres es la incapacidad de reconocer que podemos fallar y, yendo más allá, de aprender de nuestros propios fracasos. Un mediocre es aquel que cree que está por encima por no haber fallado jamás; uno que vive única y exclusivamente para sentirse mejor que los demás. Para creerse superior, aunque eso implique joder al prójimo, humillarlo o despreciarlo. Un mediocre no es aquel que saca un seis habiéndolo dado todo, luchando contra sus propias limitaciones y superándose a sí mismo. Lo es el que, ignorando sus propias limitaciones, vive para tener algo que restregar a los demás por la cara. Es el que, lejos de atesorar cualquier cosa que aprenda para sí mismo, la emplea para hundir a los demás. Para impresionarlos a todos. Para tener algo por lo que creerse alguien.
Y esa mediocridad, esa basura moral, queridos Distópicos, no se refleja en ningún expediente.