El tema sobre el que pienso tratar hoy tiene dos comienzos. Dos momentos anecdóticos de esos que, te puedes tomar como una cosa sin importancia, o por otra parte, te pueden hacer pensar un poco, si tienes los recursos mentales en la disposición correcta (que no necesariamente buena).
Regresemos mentalmente a unos meses atrás, durante unas jornadas literarias que tuvieron lugar en mi ciudad natal. Ahí, como siempre, se conoce gente de lo más interesante de la que (si tienes ganas) puedes aprender un montón... o, hacer como hacemos muchos, ir allí a pasártelo bien. Y si aprendes algo, pues oye, eso que te llevas.
En el acto de presentación un autor hablaba sobre la crisis que amenaza al mundo de la lectura y sobre la importancia de leer. En cierto momento, se llegó a hablar sobre ese proyecto de "inculcar la lectura en la gente".
Hasta aquí, todo bien. Todo según lo previsto.
Cosas que hemos oído por activa y por pasiva y que aceptamos como "lo normal".
Eso, claro está, hasta que uno de mis camaradas de armas en eso de las letras, a un par de butacas de donde estaba yo sentado, suelta la píldora por lo bajo, pero lo suficiente para que un oído maltrecho como el mío lo oiga:
- ¿Y por qué tiene que leer la gente? ¿No es mejor que lea quien quiera y que los demás hagan lo que les dé la gana, sin que nadie tenga que decirles lo que hacer?
Esa primera anécdota me hizo pensar acerca de ciertas concepciones que tenemos ya asumidas, pero no adelantemos acontecimientos ni saquemos juicios prematuros aún. Todavía no he explicado el segundo caso que sirve de base a este artículo.
Este tuvo lugar hará cosa de algunas semanas, durante las últimas vacaciones. Reunión de colegas de hace un porrón de años, con algunos familiares de uno de éstos. Gente que te conoce de toda la vida y con quien el trato es bastante cordial. Concretamente, surgió la conversación con una amiga y con la abuela de uno de mis amigos. Estábamos hablando sobre el nivel educativo y la primera (educadora desde hace algunos años) comentaba que en realidad no es tan malo como lo pintan, pero sí que ha descendido en calidad con respecto a hace algunas décadas. Especialmente en lo tocante a cultura general.
No vi motivo para cuestionar eso, ya que yo mismo lo comparto, debido a mi experiencia propia con eso de la educación.
Más me llamó la atención lo que dijo la segunda, que sostenía que para que haya una cultura y un nivel educativo más o menos decente, la gente tiene que leer más.
Y ahí fue cuando saltaron mis alarmas.
A ver, no empecéis todavía a sacar las estacas, que muchos ya habéis leído artículos anteriores y sabéis lo que pienso de nuestro nivel educativo y de lo que es la literatura y el arte. Creo que cómo yo abogo por ambas cosas, habréis visto poca gente. Al menos, poca gente que pueda defenderlas de un modo tan jodidamente cafre, y argumentado a la vez.
No, lo que mi instinto tocapelotas y con ganas de cuestionarlo todo me hizo reaccionar fue el hecho del dogma en sí:
SI LEES, SERÁS MÁS CULTO.
Esta frase la lees con eco y con un coro de música celestial de fondo, y no me digas tú que no flipas.
Esto me resultó un axioma tan grande que la parte más porculera de mi mente ya encontró algunos huecos en aquella armadura. No tuve mucho tiempo de argumentarlo todo, pero digamos que archivé el caso en mi hemeroteca mental, como objeto de reflexión de interés.
Han pasado los días y, recordando el primero de los acontecimientos que aquí tenemos, me he puesto a darle vueltas al tema.
¿De verdad leer nos hace más cultos, así por definición y sin excepción? ¿Nos vuelve acaso más inteligentes?
En principio es lo que parece. Tenemos ya insertada la imagen (o prejuicio, si se quiere) de que un señor intelectual, inteligente o culto, aparece siempre con sus gafitas, su libro y citando a Schopenhauer. Y nosotros lo aceptamos así, de buenas a primeras, sin reservas. Porque siempre ha sido así. Y ya está.
Pero ojo, pasemos por las librerías y echemos un vistazo a esa literatura que nos vuelve "cultos". No la vamos a encontrar en una sección de superventas. A veces no está ni a la vista, ya puestos.
De hecho, ya lo he comentado alguna vez: entre los superventas hay cosas que están bien, pero hay mucha, mucha mierda metida. Supongamos por tanto, que tenemos un señor al que le gusta. No, le ENCANTA leer, pero se ha nutrido a base de literatura ligera. De entretenimiento (que es respetable) sin más.
De hecho, ya lo he comentado alguna vez: entre los superventas hay cosas que están bien, pero hay mucha, mucha mierda metida. Supongamos por tanto, que tenemos un señor al que le gusta. No, le ENCANTA leer, pero se ha nutrido a base de literatura ligera. De entretenimiento (que es respetable) sin más.
¿Podemos decir que eso le ha convertido en un señor culto, así de modo sistemático?
Yo, desde luego, no me atrevería a aseverarlo. Como poder puede, pero no lo veo como una forzosa relación causa-efecto ni de coña.
Pero vamos más allá: supongamos que ese señor, en lugar de meterse literatura ligera, lo que se ha metido es MIERDA, gracias a que en la tienda de turno el dependiente (que no librero) le ha aconsejado llevarse "lo que se está vendiendo mucho". Libros mal escritos pero que, pese a eso, han salido a la luz y han publicado. Incluso se han convertido en exitazos y que proliferan por nuestras tiendas como hongos. Puedes encontrar libros que, a diferencia de una novela histórica en condiciones (de esas que están bien documentadas y que además entretienen), están plagados de errores garrafales. De los que te cuentan (por poner un ejemplo, que me invento, pero que igual lo podéis encontrar en algún libro) que el Rey Arturo existió, que era judeomasón, que vivió la mayor parte de su vida en Egipto y que fundó toda una estirpe de Templarios que luego, a su vez, fundaron una orden que es la base hoy en día de Goldman & Sachs.
"Es ficción", podéis decir.
Y lo es.
El problema es cuando un fulano te vende esa ficción soltándote datos falsos, con la documentación de un ladrillo y que, en resumen, te plantea argumentos que son erróneos, pretendiendo que te los creas. Pretendiendo que construyas toda una base de prejuicios infundados contra tal colectivo, tal ideología o tal acontecimiento concreto.
Entonces ya no es ficción. No es una historia con un mensaje.
Es inculcar ideologías tirando a radicales, del tipo que sean. Es darle piedras a la gente y pintarle un enemigo para que tengan a quién tirárselas.
Es propaganda.
Es simple, y llanamente, falsedad.
Es basura.
Y de esta, hay mucha.
Lo que pasa es que no solemos decirlo abiertamente, vaya a ser que alguien se moleste, o que nos salga el de turno diciendo "Para gustos los colores".
Que a alguien le guste no lo hace menos basura.
Vamos aún más lejos: supongamos que una persona tiene en su biblioteca literatura de ideologías extremistas, donde los libros alientan al lector a la violencia contra aquellos que son de otro credo. Libros que fomentan la xenofobia, el odio y los prejuicios de cualquier tipo.
Supongamos que esa persona no ha leído otra cosa en su vida más que eso. O bien ha leído luego otras cosas, pero ya desde el prisma del radical político/religoso/de cualquier otro tipo.
Llamar basura a esto ya sería quedarse corto.
Yo tampoco pondría la mano en el fuego por que esa persona tenga un nivel cultural superior. Ni siquiera los valores éticos que achacamos a la gente "culta".
Pero esa persona ha leído libros, y muchos. Nadie puede negarlo.
¿Entonces?
Pero esa persona ha leído libros, y muchos. Nadie puede negarlo.
¿Entonces?
Yo tiendo a pensar que la literatura es como cualquier otro ámbito de nuestra existencia: en muchos, muchísimos casos y con el uso adecuado de ella, puede enriquecernos, y mucho.
Pero mucho ojo, amigos Distópicos, que no todo el monte es orégano. En la literatura existe una enorme cantidad de basura y, porque se encuentre en una página impresa o adornando una bonita estantería quiere decir que sean automáticamente cultura, que nos enriquezcan o que nos aporten algo positivo. Ni mucho menos.
Planteadlo si queréis como alimento. Alimento de vuestros cerebros, espiritual o como queráis.
Siguiendo esta base gastronómica, no podemos decir que todo alimento sea bueno para el cuerpo: pasaos toda vuestra puñetera vida comiendo en un Mardonash o en un Burriquín y ya me contaréis cómo tenéis el hígado. Alimentaos incluso de boñigas de perro que os encontráis por la calle y ya me diréis.
Esto, para mí, es similar. Que alguien me diga que lee mucho no tiene por qué suponer una posición intelectual superior. No si ese alguien se traga bazofias de las de a un euro la docena. No si ese alguien lee sin criterio alguno (que de éstos los hay, y muchos) y lo flipa con cualquier mamarrachada que se le ponga por delante.
Con esto, por supuesto, no quiero hacer un ataque frontal a la literatura de entretenimiento. Esa literatura, no "elevada", es necesaria para una sociedad que cada vez más necesita evadirse de una realidad de asco (casi casi imprescindible, viendo el plan al que estamos llegando). Pero ojo, no caigamos en ese otro prejuicio: entretenimiento para nada es sinónimo de "mala literatura" o "literatura de segunda". Aunque hay novelas en este plan que no hay por donde cogerlas (paso de dar nombres, que luego me lapidan y no es plan), hay novelas que son entretenimiento puro y duro que están escritas con una maestría y con una habilidad que os cagáis por las bragas abajo. Y no por ello son menos entretenidas. Calidad y entretenimiento, quitémonos este prejuicio del melón de una puta vez, NO SON COSAS REÑIDAS NI MUTUAMENTE EXCLUYENTES.
Lo mismo sucede con los géneros (sí, géneros enteros, a lo bestia y en pack): algunos han sido denostados, sodomizados y vilipendiados por muchos de esos que van de "Lectores", como ha sido el caso de la ciencia-ficción (lo que me lleva a pensar en otra discusión que tuvo un amigo con una tercera persona): partiendo de esa base, encontramos que autores como Julio Verne, Arthur Conan Doyle o H.G. Wells se "echaron al barro" por escribir "noveluchas".
Lo mismo sucede con los géneros (sí, géneros enteros, a lo bestia y en pack): algunos han sido denostados, sodomizados y vilipendiados por muchos de esos que van de "Lectores", como ha sido el caso de la ciencia-ficción (lo que me lleva a pensar en otra discusión que tuvo un amigo con una tercera persona): partiendo de esa base, encontramos que autores como Julio Verne, Arthur Conan Doyle o H.G. Wells se "echaron al barro" por escribir "noveluchas".
Y esto se escucha de gente que va de Lectora y de Amante de la Literatura por la vida.
"¿Literatura no realista? Eso es mierda para frikis"
El comic (otra variante de literatura, le joda a quien le joda) es otro género literario que se ha llevado hostias como panes, por parte de un colectivo de lectores que, si los llamas Talibanes, te quedas corto. Un profesor de lengua que tuve en la primaria, por ejemplo,era de decir que el comic estaba "bien" (léase con tono condescendiente), pero que no era literatura "en condiciones".
Supongo que este caballero jamás leyó The Sandman de Neil Gaiman (la colección estaba viendo su primera edición por aquella época) donde, prosa elaborada aparte (currada, y con un par de huevos), si encontrabas una referencia cultural más, el cómic se colapsaba sobre sí mismo y se convertía en un puto agujero negro.
O bien, obras posteriores como el genial From Hell de Alan Moore, que es una novela histórica ilustrada, con más documentación que cualquier mierda que te puedas encontrar en la sección de libros de un Carreflús.
Y si ya nos vamos a nuestra propia tierra, yo he visto más crítica social y más lenguaje ácido y corrosivo en un Mortadelo o en un SúperLópez que en cualquier novela de lectura obligatoria de Barco de Vapor, donde todo era acción lineal, arquetípica, maniquea y simplista a más no poder. Que eso no la convierte en mala por cojones (ni buena, de paso), pero no es un argumento que justifique mearse sobre otras formas de entender el género.
Poniendo el caso del señor Gaiman, este hombre fue de los primeros en ganar el World Fantasy Award (premio literario) por un episodio de The Sandman en el que la compañía de Shakespeare representaba por primera vez El Sueño de una Noche de Verano, ante los propios Oberón y Titania.
Ni que decir tiene que fue algo controvertido y que, hasta entonces, Gaiman siempre se había encontrado con el rechazo de supuestos "compañeros" de profesión, que le ponían mala cara cuando les decía que escribía cómics.
A diferencia de muchos de esos, este caballero se ha convertido en un referente en su género a lo largo de las últimas décadas.
Y de lerdo no tiene nada.
Y es que leer es como lo de follar.
Pongamos que un tío te dice que ha follado todos y cada uno de los días del año.
365 polvos.
Pongamos otro que no ha tenido tanta suerte y que ha echado, no sé... pongamos cuatro.
Si basamos las cosas en las apariencias, podemos decir que el primero ha sido un puto triunfador, mientras que el otro no ha pasado de media mierda.
Vale.
Preguntemos al primero, de esos 365 que ha echado, en cuántos kikis ha disfrutado realmente (venga, le ponemos un detector de mentiras, porque siendo tío fijo que intenta colárnosla).
Lo mismo nos dice que uno o dos, que el resto han sido cosas rapiditas, para echar el rato; que otros han sido cosas tirando a desastrosas (porque en 365 días no vas a estar siempre concentrao). Es posible que haya tenido unos cuantos gatillazos, incluso.
Preguntemos al segundo. Igual nos dice que ha tenido orgasmazos de estos de ojos en blanco. Que ha dado con compañeras de cama con las que se lo ha pasado en grande y que ha sido en momentazos en los que él estaba concentrado y sus acompañantes estaban muy por la labor.
Calidad por encima de cantidad, si seguís la metáfora.
Resulta curioso que, habida cuenta de esto, luego nos impresionemos cuando un tío nos suelta que al año se lee chorrocientos libros. O ese fulano que llega a la tienda de cómics y, alardeando de la pasta que los demás no tenemos, empieza a comprar novedades a punta pala y a vacilarte diciendo que tiene yonosecuántosmil cómics en su biblioteca, al más puro estilo "Yo tengo la picha más grande que tú". Y oye, que no nos dé por preguntarle jamás: "Y de esos, ¿cuántos han merecido la pena?" "De esos, ¿cuántos de ellos dirían que han estado mínimamente bien escritos?" "¿Cuántos te han aportado aunque sea una sola cosa?"
Si el tío es sincero, o bien si tiene un criterio literario medio en condiciones (porque hay mucho fantasma o mucho pajarito que lo flipa con cualquier payasada que trate sobre el tema chupiguai de moda), puede que la respuesta no sea tan alucinante como la primera premisa.
Si el tío es sincero, o bien si tiene un criterio literario medio en condiciones (porque hay mucho fantasma o mucho pajarito que lo flipa con cualquier payasada que trate sobre el tema chupiguai de moda), puede que la respuesta no sea tan alucinante como la primera premisa.
"He echado seis polvos en lo que va de semana: cuatro conmigo mismo, otro con una gallina y el último con un bote de mayonesa a medio terminar. ¿A que soy un fiera?"
Y es que con esto hay mucha gente que parece que necesita sentirse superior. Como si la superioridad viniese de ahí.
"Yo leo libros, ergo tú eres un mierda".
Claro que sí.
Ya he comentado alguna vez que en mi casa yo quizás sea de los que más hábito tienen de lectura (me superaba mi abuelo, pero como ya está en otra parte, soy el siguiente en la lista); sin embargo, en caso alguno puede decirse que sea el que tiene el nivel cultural más alto. Ni que sea inteligente. Es más, dudo que supere a nadie en nada.
¿Por qué?
No, no es una cuestión de autoestima, no os lancéis tan rápido al ruedo: en mi familia igual no son tanto de leer libros como yo, pero si hay algunos miembros que se han empapado artículos científicos (a menudo, no considerados "lectura", no sé por qué) o que, casi por mera intuición (y sin leer prácticamente nada) te saben explicar cómo funciona un motor, o te saben arreglar casi cualquier cosa que se pueda arreglar con las herramientas que hay en casa. Gracias a horas y horas viendo documentales, saber cómo se cazan tigres en la India o como viven los leones en África. Y mil cosas más.
Los libros están bien, pero no lo son todo para empaparse de cultura: a diferencia de otra gente de mi familia, yo tengo un déficit cultural de la hostia a causa de no haber viajado y visto las cosas por mí mismo (y no me avergüenza reconocerlo; el día que tenga dinero para permitírmelo, haré lo mismo y visitaré algunas ciudades que tengo en mi lista de objetivos a cumplir). De esta manera, gente de mi familia que no tiene por costumbre leer (no porque sean unos ignorantes o unos palurdos, como se suele preconcebir, sino simplemente porque no les gusta), sí la tiene de buscarse un vuelo, hacer las maletas y pasarse tres días y aprender todo lo que se puede visitando museos y conociendo ciudades como Florencia o Berlín in situ.
Yo no sé otros, pero yo no puedo sentirme superior por tener chorrocientos libros en mi estantería.
Es como lo que me contaba un miembro de mi familia política (también muy lector, por cierto) acerca de la lectura:
- Nos creemos más cultos y más listos porque hemos leído o porque hemos ido al colegio y demás, pero luego te vas a un pastor como los que viven aquí en mi pueblo, que se pasa todo el día con las ovejas ahí arriba, dándole al tarro... y te pones a hablar con él y oye, ¡Que el cabrón te saca planteamientos y razonamientos que te dejan sentado de culo!
Y no digo yo que sea mentira, para qué os voy a engañar, porque eso de "Los estudiosos son cultos y todos los demás unos paletos" son axiomas tan blanquinegros que me causan risa. En épocas en las que no todo el mundo sabía escribir o leer, ¿tenemos que aceptar el hecho de que TODOS eran unos palurdos, unos ignorantes, unos supersticiosos o directamente unos gilipollas? ¿No existía acaso la tradición oral, que ha estado vigente durante mucho, mucho tiempo? ¿Acaso no es demostrar una inteligencia bestial memorizar algo que te han dicho de viva voz y ser capaz de recitarlo un tiempo después? ¿Por no estar escrito es menos cultura?
Movámonos al Renacimiento: en aquella época, uno de los entretenimientos populares de la gente del pueblo (iletrados en su mayoría) era ir al teatro. Es decir, que si miráis en la foto e imagináis que es una ventana en el tiempo, TOOOOOOOOOOOOODOS esos que están ahí se han tragado unas pocas de obras de fulanos como Shakespeare, Kyd, Marlowe, Webster y muchos otros.
Sin saber leer.
Qué incultos, ¿eh?
Amigos lectorcetes y otros coyotes, aprendamos a bajarnos del púlpito de la cultura de una vez y aceptemos que nosotros tomamos las cosas por otro medio, nada más. Que es una cuestión de voluntad la de querer aprender; si quieres aprender, aprendes con lo que tienes, usando los medios que te resultan más cómodos o los que tienes a tu alcance.
Y mucho cuidado con los prejuicios: no todas las estanterías repletas son aquellas que pertenecen a hombres cultos, sabios o mucho menos inteligentes.
Una persona "culta", además, no tiene por qué ser alabada en todos todos los aspectos, como sí que suele hacerse a menudo: todos quieren arrimarse a una persona que empape a los demás de cultura, porque de modo subconsciente tiende a asumirse que es una bellísima persona... y luego, a veces, vienen las decepciones: si esa persona resulta ser una auténtica cabrona, que desprecia a sus semejantes, que humilla a los que no están a "su nivel", si se vale de sus conocimientos para mentir, estafar o incluso dañar a otros... en esos casos tenemos dos opciones: alejarnos de esa persona y buscar el modo de empaparnos de cultura por nosotros mismos, o bien negar nuestra decepción. Entrar en la espiral del autoengaño y la justificación.
No me digáis que no lo habéis vivido en primera persona o visto a terceras personas hacerlo.
Y es que todo tiene su justa medida, amigos: un lector es una persona a la que le gusta leer, pero no deja de ser persona. No es un semidiós, no es una entidad omnisciente. Es alguien que tiene sus luces y sus sombras, con sus filias, fobias, virtudes y defectos. Una persona inteligente tampoco es superior por definición, nos pongamos como nos pongamos: puede desenvolverse de puta madre en el plano intelectual, y ser un cero a la izquierda en el plano afectivo, o no ser capaz de llevar las riendas de su propia vida. Una persona culta puede ser insensata. Un analfabeto puede tener pensamientos más profundos que los tuyos.
Mucho cuidado con la gente a la que juzgáis desde vuestro Olimpo, amiguitos, que cualquier día os patean el culo.




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