martes, 16 de junio de 2015

Escupiendo Rabia- Donde dije libertad, ahora me escandalizo



Vamos a dejar las cosas muy claritas, señores. No voy a hacer apología del humor negro, porque aunque no niego que a veces me ría o suelte algún chiste macabro, sé dónde está mi lugar y no los suelto delante de gente desconocida (a veces tampoco lo hago según delante de qué gente conocida). No porque me vayan a acusar de ser tal o cual (eso me la sopla y, total, ya me acusan aunque no diga nada), sino porque según qué cosas me gusta hablarlas en ciertos círculos, llamémoslos de confianza, como el que habla de política o de religión. Para mí cada cosa tiene su sitio y hay sitios donde simplemente creo que hay temas de conversación que no proceden.
No voy a ir defendiendo los derechos de nadie, porque antes suelo defender la responsabilidad de cada uno, cosa que suele olvidar la mayoría.
No voy a decir que todos somos libres porque soy el primero que no se lo cree.
Este artículo no está para este tipo de alegatos. Quizás porque ando ya bastante quemado de ese rollito que veo destilarse por muchas partes donde parece defenderse que cada uno pueda hacer lo que le salga de los cojones sin tener que rendir cuentas de nada a nadie.

Partiendo de esta declaración de principios, probablemente debería haberme escandalizado por la enésima polémica digital. Sí, hablo la de este concejal que ha sido apedreado en la red social del pajarito por soltar chistes grotescos y de pésimo gusto. Si recordáis aquel post que escribí sobre el humor negro, ya sabéis que pienso que todo cuanto largamos en un sitio público se debe someter al criterio de nuestra propia responsabilidad. Ojo, no me refiero a autocensura, que es lo que vienen pidiendo (o exigiendo) algunos colectivos expertos en hacerse los ofendidos a la primera de cambio, como he comentado en otros artículos, como este, este otro o incluso este otro, sino de ser medianamente consecuentes con la borricada que se vaya a soltar (y más, en público). Prudencia es la palabra.

Ponemos la palabra aquí en bonito.
Acostumbraos, que la vais a leer un par de veces.


Aun hablando de casos diferentes, si os da por leer o releer cada uno de estos artículos, lo que tenemos es gente (o gentuza) que se cree que por estar defendiendo algo tiene ya el derecho de ir aplastando a los demás, diciéndoles lo que pueden o no pueden decir, entrando a saco, como si fueran una especie de Policía de la Opinión, donde aquellas que no casan con los sagrados ideales de la ultracorrección política deben ser silenciados y enviados a una especie de gulag donde los indeseables viven con una mordaza puesta (eso sí, luego todos protestamos contra la Ley Mordaza porque no nos deja protestar al gusto).
Se habla también de esa actitud de ir creando Immanuel Goldsteins a los que odiar durante unos días... para luego olvidarnos e irnos derechitos a por el siguiente "hijoputacabrón" al que queramos crucificar. Todo en aras de la justicia social y de esa patraña hipócrita en que hemos convertido la libertad de expresión.

Lo llamo hipocresía porque ese derecho, que algunos consideran inalienable, se ha convertido en un pretexto para difamar, desprestigiar o atacar abiertamente a la víctima de la semana. Estos días ha sido el concejal que ha abierto este artículo, pero no nos quedemos aquí y echemos la vista atrás; unos días antes lo fue el futbolista Piqué. Anteriormente fue Joss Whedon, que llegó incluso a sufrir amenazas de muerte por presunto (subrayo presunto, porque me pareció la típica meada fuera de tiesto por parte de aquellos que ven lo que les da la puta gana) machismo y racismo (sí, a la vez, en plan doble combo) en Los Vengadores: La Era de Ultrón, y que forzaron a que el director acabase por cerrar su cuenta de Twitter.


Scarlett Johansson como la Viuda Negra.
Apalea robots chungos a hostias, armada con solo un par de pistolas. Pone en su sitio a Hulk. Lista, valiente y con bastante mala baba.
Embutida en cuero y marcando tetas (sin importar el hecho de que prácticamente TODOS los personajes masculinos salen sin la parte de arriba mostrando torso desnudo, si no en esta peli, en cualquiera de las previas), ergo motivo para coger y amenazar de muerte al director de la peli.


Amenazas de muerte, ¿vale? No hablamos de gilipolleces.
Hace unos días, he visto artículos donde se denunciaba la misoginia de un ilustrador que usaba la figura de la mujer para denunciar el mal uso de las redes sociales. Imágenes que personalmente me resultaban algo desagradables, pero que precisamente servían para hacer esa denuncia y que entendí perfectamente. De esas críticas, beligerantes como ellas solas, y usando consignas que me sonaban ya demasiado fotocopiadas de otras personas, vi verdaderos ataques hacia lo que se veía y no hacia la denuncia que se quería hacer, como si solo importase lo superficial con tal de tener algo con lo que protestar. El artista Luis Royo, de paso (o de pasada), fue atacado en este artículo, de forma prácticamente gratuita, en plan "y ya que estamos, este también, que hace tiempo que le tenemos ganas". En ambos casos, el tufo que se destilaba era casi invitando a la censura: a decirles que se retiraran, que cambiaran su temática o como si tuvieran que pedir explicaciones o disculpas por hacer lo que hacen.
Poco antes de esto, los autores de la portada de Batgirl que he mencionado en uno de los artículos citados arriba. A principios de año, como ya mencioné, la crucificada en cuestión fue Cristina Pedroche, cuyo caso comenté aquí y que me causó una terrible vergüenza ajena por parte de aquellos que se han autoproclamados los únicos defensores de una causa tan respetable como es la lucha por la igualdad sexual... como si solo ellos tuvieran permiso para defenderla. Como si tuvieran carta blanca para putear a otros que también la defienden, pero desde otra óptica, usando un lenguaje ultra-agresivo contra ellos, con insultos soterrados y faltando al respeto de una forma beligerante y pasmosa.


"¡Tengo derecho a cagarme en tu puta madre y desearte que te peguen un tiro en la nuca! ¡Y TE CALLAS, GILIPOLLAS!"


Si nos fijamos, en estos casos casos, aun pareciendo diferentes entre sí en cuanto a fondo, la esencia viene a ser la misma: ataques a formas de arte, ataques a la vestimenta de la mujer, actitudes desmedidamente agresivas y atacantes que se consideran en una posición moral superior que les permite sentirse en pleno derecho de ejercer justicia formando parte de verdaderos pelotones de linchamiento online. Pelotones donde antes de preguntar qué coño ha pasado se insulta, se ridiculiza, se agrede verbalmente y se llega a delitos tan grandes como la amenaza de muerte. Actitudes propias de fanáticos; para fraseando a una amiga, "el fanatismo, del tipo que sea, tiende siempre a pagarla con el arte". Cada día creo que tiene más razón en esto.
Eso sí, aquí todo como muy justificado, muy cool porque se está defendiendo no sé qué. Si tengo que ser honesto, cuando me llega alguien en este plan, llega un momento en que no escucho ni lo que está defendiendo, porque por muy respetable que sea (esto lo he dicho ya mil veces, y lo diré dos mil, que seguro que al mundo le entra por un oído y le sale por el otro) lo pringa en mierda.
Una causa, por noble que sea, cuando es defendida por un fanático, queda ridiculizada. Sodomizada. Vejada y tirada en una cuneta. Porque el fin, a ver si nos vamos enterando ya no justifica los medios. Una causa, por noble que sea, jamás puede justificar esta cantidad de fanáticos que están proliferando a cada día que pasa. Jamás habrá derecho a que un puñado de salvajes enarbolen tal o cual bandera y la usen para manifestar su odio expreso hacia otras formas de pensar (o a la misma propia). Jamás se puede conseguir respeto desde esta total falta de respeto.


"Respétame, hijo de la gran puta. Que me respetes, te digo. Me vas a respetar porque tengo derecho a que me respetes. Y si no lo haces, pedazo de mierda con patas, eres un intolerante de mierda. Así que ya tardas en darme el respeto que me merezco y me chupes la punta de las botas. Y HAZLO CON GANAS".


Volviendo a este último tema, acerca del concejal recién dimitido por lo que se supone que son chistes de mal gusto, tal y como mencionaba otra amiga en su blog esta misma mañana, y como comenté yo en el artículo sobre la portada de Batgirl, no deja de alucinarme la tremenda hipocresía que estoy viendo al respecto. Hace unos meses (y sigo citando a mi amiga) todos éramos Charlie Hebdo. Hasta nuestro presidentillo se llenaba la boca con eso de la libertad de expresión (eso sí, en Francia, donde queda mejor hacer declaraciones... luego volvió a España y siguió adelante con la Ley Mordaza). Surgió una caterva de seres que, con su lacito de moda puesto (o, en este caso, sus lápices rotos, que se ve que eso de los símbolos nos encanta, aunque luego no sepamos qué hacer con ellos más allá de lucirlos), ya decían que no había que cortar alas ni al arte ni a la libertad de expresión, por mal gusto que se tuviera o por mucha gente a la que se ofendiese. Que se podía decir cualquier burrada amparándose en ese derecho. Insisto, cualquiera. Ahora esos mismos, que defendían una cafrada tan grande como el derecho a ofender si era necesario, con tal de que el arte siguiera siendo arte (¿disculpa?) han sido los que han puesto el grito en el cielo cuando han visto unos chistes, completamente sacados de contexto. Unos chistes que muchos de nosotros podíamos haber contado en petit comité (tal y como he iniciado en este artículo) con gente de confianza.

El chiste de todo esto nace precisamente de otro concepto que estoy empezando a ver cada vez que un fanático carga los ladrillos y decide crucificar a alguien: es el concepto de la descontextualización. La cosa se pone que arde en el momento en que alguien lee una frase que suene medio bestia e, ignorando por completo el contexto en que se ha dicho, atribuye ideologías de tal o cual tipo en la persona que la ha lanzado, degenerando la cosa primero en un juicio de valor hacia alguien que no se conoce y luego en una especie de tribunal inquisitorial popular que dicta sentencia sin lugar a defensa o alegato, para ya llegar a un pelotón de linchamiento online.
En caso alguno se ha preguntado de donde vienen estas frases. No antes de que se lie la Marimorena, tal y como le pasase también a Nacho Vigalondo (partícipe de la conversación donde se encontraron estas frases, por cierto) en su momento.
Nuevamente, vemos como se pasa de un extremo a otro sin problemas.
Los que abrazaban una causa ahora la abandonan o abrazan la contraria: si ayer (o hace unos meses) defendían el extremo (descabellado y absurdo) de poder decir absolutamente cualquier burrada por medio del derecho a expresarse libremente, ahora lo limitan e imponen la censura, porque están oyendo lo que (ahora) no quieren oír.


Es muy fácil perder la memoria de un día para otro.
Decir una mañana que apoyas tal o cual causa, o que eres de tal o cual ideología, y al día siguiente, cambiarte la capa, pintarte otros colores de guerra en la jeta y salir dispuesto a indignarte y repartir mamporros, aunque sea verbales.


Esto de los tweets, además, tuvo lugar hace cuatro años, cuando este ex-concejal ni siquiera era político. Es más, en aquella época era una persona anónima, sin vida pública relevante. Alguien como vosotros o como yo, queridos Distópicos. Otro ladrillo más de ese muro que es esta sociedad de mierda. Cuatro años, tras los cuales se ha hecho un rastreo "casual" de tropecientos tweets para dar con esto. Que sí, que ha sido desafortunado y una metedura de pata hasta el corvejón... pero rebuscar entre la mierda ha sido intencionado, y en eso no parece haber reparado nadie. En cualquier caso, haya habido intención o no, el concejal dimite, es exconcejal y ha pedido disculpas.
Unos piden disculpas por una cagada a petición de grupos indignados y ofendidos al tiempo que otros políticos, corruptos y con credibilidad cero son vitoreados al salir de los juzgados y hasta son reelegidos. O bien otros hablan, totalmente en serio y sin lugar a dudas de gente a la que deberían pegar "un tiro en la nuca", y no pasa nada.
Muy coherente.

Maticemos esto de la dimisión y las disculpas: entiendo que alguien que ha visto que ya no tiene mucha credibilidad (ya es cuestión de cada uno si se cree su intencionalidad o no, pero su imagen pública como político ya está herida de muerte, y eso me parece impepinable) dimita de un cargo público. A estas alturas, si lo pensamos, haga lo que haga muy probablemente quede en entredicho, aun siendo el mejor concejal jamás parido en un siglo. Esto es así, como también me parece lógico que se pida disculpas ante el padre de Marta del Castillo o ante Irene Villa, o incluso ante la comunidad judía por la pedazo de ofensa (parafraseando de nuevo el artículo del blog de mi amiga, creo que la cosa queda peor cuando pones nombre y apellidos a la víctima del chiste, como yo mismo también argumenté). Al fin y al cabo es una pedazo de cagada, se cometiera cuando se cometiera, porque se hizo en un medio público y eso, seas político o no, te hace quedar un poco (o bastante) mal, aun poniéndolas como ejemplos (como he dicho arriba, a mí según qué cosas me gusta comentarlas en mi vida privada y no delante de todo el mundo. Hay cosas con las que es mejor saber quién te rodea antes de abrir la boca. Prudencia, ya lo he dicho). Quiero insistir en el hecho de que, bajo ningún concepto, pienso defender esa cagada, porque me parece que es lo que es. Ha sido desafortunado, un acto de imprudencia y una irresponsabilidad bastante grande.



Pero vamos, que tampoco es que haya sido el único.
Esto no lo disculpa, pero es para pensar un poco sobre el efecto que tiene lo que dicen unos y el que tiene cuando otros dicen exactamente lo mismo, o cosas incluso más cafres.


Lo que toca un poco la moral es tener que pedir disculpas dando a entender que realmente has pensado eso, como si el hábito realmente hiciese al monje. Que contar un chiste racista te convierte en racista, como si de verdad apoyases tal o cual ideología.
Como si en este país nadie hubiera contado un chiste racista, o hubiera usado jamás el humor negro. Conste, sigo sin defenderlo: solo quiero remarcar el hecho de que aquí todo Cristo lo ha utilizado y jamás se ha apedreado a nadie.
Como si solo la persona que lo ha hecho de forma pública tuviera que disculparse y todos los demás, que han hecho exactamente lo mismo en privado, estuvieran libres de culpa y pudieran permitirse ese lujazo que es tirar la primera piedra.
Por lo que a mí respecta, lo voy a decir muy claro: la cagada es haber soltado chistes de mal gusto en público, a la vista de gente de la que tampoco es que te puedas fiar, de manera imprudente, en un lugar donde es muy fácil que te saquen de contexto, y donde acabas llegando, si tienes la suficiente mala suerte, a ofender abiertamente a la gente sobre la cual trata el chiste. Ahora bien, yo no voy a juzgar a la persona solo porque cuente un chiste que yo mismo me sabía. Porque si me lo sabía es por algo.


Porque si ahora me venís diciendo que todos sois unos corderitos inocentes que os habéis caído de un guindo, me vais a perdonar, pero no me lo creo.
Que a vosotros también se os lee.


Supongo que más de uno de vosotros me dirá que bueno, que los chistes, escritos están y que son desagradables. SÍ. No voy a ser quien lo niegue, y tampoco creo que yo me pusiera a publicarlos en una red social (menos en una como Twitter, que es un nido de gilipollas donde no se puede abrir la puta boca sin que te llegue una panda de capullos escandalizándose. Que se lo digan a Bisbal), pero quiero insistir en esto: si bien está el hecho de ser consecuente con la cagada y ser responsable con lo que hemos soltado por el boquino, quiero recordar a todos aquellos que han puesto el grito en el cielo que ha habido muchos, muchísimos, que no es que la hayan cagado. No han hecho comentarios desafortunados, o han dicho algo en público que merecía más la pena guardarse para contextos más privados. Hablo de gente que ha hecho apología de verdaderas salvajadas, no solo políticamente incorrectas, sino abiertamente ilegales. Y, puede que me equivoque, pero creo que la persecución social no ha sido, ni de lejos, tan directa ni tan severa.
Si queremos luchar por la justicia, debemos hacerlo con todos.

Poner a alguien en la picota y hacerlo pagar por lo que ha dicho cuando ni siquiera hemos visto lo que ha dicho en su contexto, y muy especialmente cuando eso dicho no refleja siquiera su ideología, no es un acto de justicia ni de reivindicación. Es un linchamiento público e hipócrita, revestido de unos bonitos argumentos en pro de la justicia social y que parecen justificar ataques de cualquier tipo.
Lo hemos visto una y mil veces a lo largo de los últimos años y, al paso que vamos, no va a parar. Puede que mañana sea cualquiera de nosotros el que tiene que pedir disculpas por haber dicho algo que ni siquiera comparte.
Es posible incluso que mañana, cualquiera de vosotros, se vea señalado por una enorme cantidad de dedos. Psiconalizados por un gran número de ignorantes que, sacando una sola frase de contexto de vuestras bocas, se sientan con el permiso de levantaros diagnóstico y de juzgar toda vuestra ideología. Toda vuestra vida, como si os conocieran de algo. Y el problema es que, si son los suficientes, no podéis ignorarlos porque "el que calla otorga", y digáis lo que digáis para defenderos no os van a creer.
Os obligarán a darles la razón porque son más.
Son más y chillan mucho.
Eso sí, todos en contra del bullying, del ciberbullying y del recontrabullying, con dos cojones.


"¡Admite de una vez que eres un hijo de puta! ¡Que eres de tal ideología! ¡Que odias a tal! ¡Que te criaron a hostias! ¡No lo niegues O SERÁ PEOR!"


Quizás el problema de este caso concreto, por lo que me ha parecido entrever, es que el tipo es político. Oh, sí, conozco el argumento mamporrero, y de poco original y trillado que está, empieza a oler a rancio. Es el mismo que usaron con Olvido Hormigos, a la que sometieron a un juicio público que casi acaba en linchamiento en la puerta de su propio ayuntamiento, tal y como denuncié aquí. Independientemente de que esta exconcejala fuese una santa o no (no es asunto mío ni me importa, la verdad), fue juzgada como una criminal por algo que sucedió en su vida privada. Muchos de esos guerreros sociales que ven a los políticos como seres inhumanos y cuasidivinos que deben darnos ejemplo en todo exigieron su cabeza, pese a no haber cometido delito alguno (es más, fue víctima de uno). Eso no pareció importar: como perteneciente a la clase política, debía pagar. Porque así lo exigía el pueblo, que en estas cosas parece estar por delante de la justicia, a la que ningunea, diciendo que "no vale para nada". Porque toda persona que ejerza un cargo público queda puesta automáticamente en entredicho, porque "tiene que dar ejemplo" (lo habré dicho tropecientas veces y lo mismo, no me importa repetirlo: a mí un político no me tiene que dar ejemplo para ser una persona honrada. Me lo da la gente que me lo tiene que dar, que son quienes me han educado; y, en todo caso, lo tengo que dar yo. Lo demás me sobra). Porque el que no es corrupto es vicioso y el que no, según parece, merece al menos dos hostias. Esa es la filosofía de más de uno y más de dos.


Para muchos la liberté, la egalité y la fraternité son solo para lo que le interesan.
Porque la liberté la coartan a quien quieren, la egalité les vale solo para ver lo que les da la gana y hacer la vista gorda con según quiénes, y la fraternité está para permitirse el derecho de atacar a los demás.


Pero voy más lejos: no solo gente con vida pública es la que suelta barbaridades por ahí, por si os creéis que son solo los políticos o los famosetes los que hacen que nos llevemos las manos a la chota. No es la primera vez que he sentido un cruce muy desagradable entre asco y vergüenza ajena cuando he visto declaraciones de la gente de a pie, alegrándose por la muerte de una persona conocida (véase el caso de Botín), como si fuera algo que celebrar. Gentuza que se ha descojonado mientras un puñado de criaturas se mataba en un accidente de avión en los Alpes, aludiendo a los orígenes catalanes de las víctimas. Auténticos hijos de puta hablando de moler a palos a la persona que esté de moda linchar esa semana (a palos literales, decir que a tal o cual habría que darle una paliza o pegarle un tiro en el cogote, por lo visto, está genial dependiendo de a quién se refiera uno. Porque el españolito medio está por encima de la ley).
Si lo del concejal ha sido de mal gusto, esto no se queda atrás. Y puedo equivocarme (de hecho, no puedo probarlo, así que hablo desde mi propia intuición), pero diría que estas últimas cosas, aun en el caso de que también fueran chistes, casi que me huelen a haber sido más dichas en serio que un puñado de chistes rancios sobre el Holocausto. Casos que, bueno, han salido en la tele y demás... a los que se les han cerrado sus cuentas, pero que en caso alguno (que yo sepa) se han visto obligados a pedir disculpas públicamente, o a mí al menos no me han llegado. Ni, que sepamos, ha habido responsabilidades penales por declaraciones tan brutales como esas.


O bien podemos hacer algo igualmente inteligente, que es ignorar lo bueno que pueda hacer una persona o darle la justa importancia, mientras que armamos el cirio por algo absurdo.
Véase el caso de la alcaldesa de Jerez, parando desahucios y la gente fijándose en sus zapatos el día de su investidura.



Gente que ha justificado tal cantidad de barbaridades que he llegado a un punto en que discutir con basura semejante es un desgaste tan grande que casi espero que la mierda que tienen en el cerebro algún día les salga por las orejas. Gente que se retrata a sí misma cada vez que abre la boca porque, a diferencia de esos chistes que tanto ofenden, aun sacados de contexto, hablan en serio. Muy en serio. Ya no por los comentarios de Twitter, sino por las burradas que ves que sueltan en una conversación. Burradas ante las cuales se quedan tan panchos porque "yo es que digo lo que pienso", como si eso se tradujera en "como es lo que pienso, puedo soltar cualquier animalada que se mee en el respeto a los demás, porque a quien hay que respetar es a mí".
Y eso no os ha importado tanto como lo del concejal, no solo por lo que acabo de decir sobre que sea una persona famosa, sino probablemente porque no se ha puesto tan de moda, tampoco. O no si había algún evento importante por medio en el que fijar la atención, como un campeonato internacional de petanca o la final de Masturchef.
Sea por el motivo que sea, lo habéis visto y no habéis hecho gran cosa.



Porque, al parecer, todo tiene su momento.
No hay más que ver a todos esos defensores que se apuntan al carro de tal o cual cosa solo cuando es la moda. Mientras tanto, pues cada uno a lo suyo.


Pero supongo que mola hacer como cuando alguien no puede soportar el acoso escolar y se suicida: mirar para otro lado con las cosas realmente graves, rasgarnos las vestiduras con las cosas sacadas de contexto, y luego esperar a que pase algo gordo de verdad para ir pidiendo tolerancia y libertad de expresión, como pasó con Charlie Hebdo.
El asunto, tal y como yo lo veo, es que no se puede pedir algo tan descabellado como una libertad de expresión que te permita insultar o humillar públicamente a quien te dé la gana (como llegué a escuchar cuando los asesinatos de París) y al día siguiente ir abrazando la ideología contraria, imponiendo un patrón de hipercorrección política que da la impresión de que el personal está saltando de un extremo a otro sin orden de transición. Yo eso no lo veo ni coherente ni sensato. La libertad de expresión no consiste en usar el arte para humillar; no consiste en soltar la primera cabestrada que a uno se le pase por la cabeza sin ser consciente de sus responsabilidades. Tener un derecho jamás debe ser una especie de prebenda moral que te permita mofarte de aquellos que no son de tu credo (No si luego esperas ser respetado, por supuesto). Y el arte, perdonad que os lo diga, no es ni debe ser la excusa para perpetrar este tipo de cosas. Porque bajo la bandera del arte se han cometido muchísimas burradas (solo que la mitad de las veces os quedáis en lo superficial berreáis contra cosas que quieren deciros algo que ni oléis y el resto de cosas las justificáis porque en realidad no parecen importaros). Se han perpetrado obras de verdadero mal gusto, avergonzantes y cuyo sentido estético es, como poco, dudoso. El arte es arte,  y se puede usar como expresión de lo que llevas dentro o incluso como herramienta para ejercer el derecho a la crítica, más o menos irreverente, no una excusa para hacer una apología de nada, ni un pretexto para humillar. El arte es un medio, pero el escarnio no es el fin.



Ciertas cosas, directamente ridículas o de dudoso gusto, las hemos aplaudido porque son "transgresoras".
Es más, cuando han ofendido a gente que profesa una creencia (especialmente musulmanes) nos hemos tirado de los pelos, pensando que hay que ver, que no tienen sentido del humor.
Sin embargo, cuando las sensibilidades que se hieren son distintas pero se usa el mismo mal gusto, reaccionamos de forma muy diferente y ya no decimos eso del sentido del humor.
Generalmente, esa reacción es agresiva. Incluso violenta.
Pero parece justificada.



Medios, fines, arte y causas. Todo queda como bastante difuso, si lo pienso... Porque me estoy dando cuenta, cada vez que veo todos estos apedreos masivos, de que a muchos de vosotros las causas que decís defender en el fondo os importan una puta mierda, o al menos la impresión que estáis dando con tanto fanatismo y tanto ataque digital indiscriminado es esa; a muchos de vosotros, por lo que estoy empezando a ver, la igualdad de género os importa un huevo. A muchos os da igual que los homosexuales tengan los mismos derechos que los heteros. Que los prejuicios hacia otras razas desaparezcan. A muchos de vosotros el bullying os la trae floja. Os la suda el tema de la violencia de género. Os da exactamente igual qué sistema de gobierno tenemos, si monarquía o república. Y os pasáis, muchos de vosotros, eso de la libertad de expresión por el forro de los cojones. Y no me vengáis con eso de poner cara de ofendidos. A mí, a cada día que pasa, me dejáis más claro que lo único que queréis es tener alguien a quien odiar, algo con lo que hacer ruido y contra lo que podáis descargar vuestras frustaciones de la vida diaria. Eso sí, todo suena mucho mejor cuando decís que es una protesta social. Que queréis que esta sea una sociedad mejor y todas esas chorradas que llevo escuchado por parte de los mismos de siempre para justificar la cantidad de tropelías que cometen cada dos por tres.


Tal vez el objetivo no sea luchar por nada.
Por lo que veo cada semana, quizás la idea sea tener alguien a quien crucificar.


Si os importara realmente ese derecho que tanto cacareáis, libertarios bipolares (que un día lucháis por una cosa y al día siguiente hacéis justo la contraria, como si los demás no viésemos vuestro rollo de revolucionarios de pose), ejerceríais ese derecho de una forma responsable. Sin ataques deliberados, dignos de fanáticos. Sin amenazas. Sin creeros que por tener ese derecho podéis aplastar y atemorizar a cualquiera. Sin imponer la censura sobre los demás. Sin vapulear a aquellos que simplemente no están de acuerdo al 100% con vosotros, y a los que habéis juzgado como enemigos a los que os creéis que tenéis carta blanca para moler entre unos cuantos.
Porque, aunque no os lo creáis, cuando imponéis esa censura para no sentiros ofendidos por cualquier patochada con la que os hayáis levantado especialmente susceptibles, da la puta casualidad de que os estáis meando en el derecho de la libertad de expresión de otros. Sí, ese derecho por el cual gritáis es el mismo que coartáis sobre otros.
Felicidades, guerreros.


"¡Oleeee, ya tenemos otra cruzada que seguir!"
"¡Vivaaaaa, la de gente a la que vamos a dar de hostias!"


Con vuestras vestiduras rasgadas de vestiduras, con vuestro odio camuflado de lucha social, os habéis retratado: habéis juzgado a personas por algo sacado de contexto, tal y como habéis juzgado a mujeres por su vestimenta o a artistas por las obras que han llevado a cabo, independientemente de que sean encargos o no. Todo siempre revestido en pos de tal o cual lucha social, en favor de tal o cual avance o del progreso de vete a saber qué.
Héroes.
En vez de fijaros en lo que la gente es capaz de hacer o de lo que realmente hace, en lugar de centraros en lo importante, os habéis quedado en la superficie. En lo aparente. Os habéis erigido en jueces, jurados y verdugos. Habéis dictado sentencia tan solo para esperar a ver quién será el próximo sobre el que descarguéis vuestra ira. Vuestro desprecio. Vuestro odio.
Pero cuando alguien os diga que os estáis pasando con vuestros ataques, vuestras burlas y vuestros ingeniosos memes, seguramente haréis lo mismo: os escudaréis en vuestro sentido del humor, en vuestro ingenio y en vuestra libertad de expresión. Entonces sí que lo haréis.
Insisto, felicidades: habréis demostrado ser la clase de gente que decís despreciar.

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