Basta con que tenga lugar una catástrofe para que las ratas empiecen a asomar la patita. Incluso una catástrofe artística, como ha sido el caso de Notre-Dame.
A estas alturas, imagino que todos ya sabréis que hace un par de días se produjo un incendio en la famosa catedral de París que a cualquier bicho viviente con una cierta inclinación por el arte nos tuvo con el corazón en la boca. Ver el techo en llamas o caer la imponente aguja del edificio es la clase de cosas que, si tienes un mínimo de sensibilidad, te parten el alma.
Pasaron las horas y poco a poco nos fueron llegando las noticias. Según parece, los daños fueron menos graves de lo que se decía. Cosa que, pese a la gravedad del asunto en sí mismo, resulta fácil si tenemos en cuenta que los primeros bocachanclas de este país ya estaban hablando de "la destrucción de la Catedral" (no es coña, llegué a mi casa y puse las noticias para ver qué había pasado y lo primero que oí fue eso. Casi me cago del susto) y demás soberanas estupideces antes de que se hubiera hecho algún comunicado, previo estudio, acerca de los verdaderos daños que había sufrido Notre-Dame. Resultaba que la cosa no era para tomársela a guasa, pero oye, no: ni la catedral había sido "destruida" ni estaba cerca de estarlo: era la cubierta y la aguja lo que habían sucumbido a las llamas, pero la estructura había aguantado y el interior NO había ardido. De haberlo hecho, los daños tampoco habrían sido tan tan catastróficos como nos habían hecho creer en un principio. ¿Por qué? Porque la Catedral estaba siendo restaurada y las obras de arte de su interior ya habían sido retiradas unos días antes para su tratamiento.
Hasta donde hemos podido saber, lo que está en rojo es lo que se perdió: básicamente la cubierta y la aguja (que oye, sí, son pérdidas lamentables), pero el interior, aunque dañado, se pudo salvar.
No, tíos, ni la catedral fue destruida, ni fue el principio del Apocalipsis ni putas hostias. Voy más lejos aún: se cuenta con los planos originales del edificio, de manera que a unas malas se puede iniciar su reconstrucción. Según he estado cotilleando por ahí, la catedral ha ardido y sufrido daños otras veces. Al parecer, durante la Revolución Francesa sufrió daños aún más graves, y ahí ha permanecido. Por otra parte, llamadme optimista, pero he visto relativamente de cerca cómo es el pueblo francés acerca de lo que es suyo y cómo ve los símbolos nacionales. Si el gobierno ha sido descuidado a la hora de destinar fondos a conservación de patrimonio, tened por seguro que el francés de a pie no tendrá reparos en poner medios para salvar lo que consideran que les representa. Mientras aquí somos más de dedicarnos a tirarnos mierda los unos a los otros o mirar para otro lado mientras un monumento se hace pedazos (y luego lloriquear cuando ya se ha terminado de escoñar, que nos encanta), allí sí tienen conciencia de lo que los representa y, lo que es más importante: PELEAN POR ELLO.
Pasan los días y ya tienen que salir, por supuesto, los ideólogos y opinólogos de turno, soltando mierda y demagogia a espuertas. Mientras una parte de la sociedad se lamenta por lo que es una catástrofe artística (puede que la catedral no haya sido destruida, pero un daño tan grave, insisto, no es para pasar del tema) y muestran señales de condolencia, la otra mitad tiene que ponerse su chapita de malote y hacer demagogia barata (o gratuita) acerca de esto.
"Hola, chavales, probablemente me lleve algunas hostias por decir esto, peeerooo..."
La de posts que empiezan así. Con un tío que ya viene predispuesto a tocar los cojones, nada más que por hacerse el guai.
No podían faltar los guerreritos de puño en alto, diciendo que eso de preocuparse por el patrimonio histórico es hipócrita cuando tendríamos que estar preocupándonos por el cambio climático, el hambre en el mundo y mil cosas más que "sí son importantes". Es un principio de demagogia clásico, que es poner al personal en una dicotomía bastante falaz donde A y B parecen oponerse el uno al otro. Dicho de otro modo, que si te lamentas por Notre-Dame, automáticamente te importa tres pollas el cambio climático y no eres ni lo bastante rebeldito ni lo bastante concienciado con lo que, según vete a saber quién, sí tienes que dedicar tus pensamientos.
Pese a estar bastante desconectado del mundo de las redes sociales, no he podido evitar encontrarme con gentuza que de buenas a primeras usa esto para meter la cucharita política y empezar a soltar auténtica mierda, como dar a entender que si te lamentas por Notre-Dame es incoherente que te parezca bien que la iglesia pague el IBI.
Aquí vamos con la primera muestra de ignorancia supina, que paso a desgranar.
Notre-Dame, niños y niñas, está en París, ¿verdad? Está en la puta FRANCIA. Francia NO es España. Hablarme del IBI de la Iglesia ESPAÑOLA y asociármelo a una catástrofe ARTÍSTICA en otro país, de entrada, ya es ridículo. Pero si encima tenemos en cuenta que la Iglesia allí no tiene derechos de propiedad sobre la catedral de Notre-Dame, sino que los tiene su departamento de Patrimonio, ya estamos haciendo una asociación bastante errónea, por no decir perversa. Es, básicamente, aprovechar lo que ha pasado para hacer campañita.
¿Se habrían soltado los mismos argumentos mamporreros de haberse quemado el Prado, o el Louvre? Posiblemente no. Esto me lleva a pensar que simplemente hay gente que parece estar agazapada para buscar una excusa que, así de entrada y sin pensar, suene lo bastante plausible como para vendernos su rollo.
O lo mismo si le llega a pasar algo al Louvre sacarían el tema por la atención que tendrían los cuadros de temática religiosa, obviando que sería la misma atención que tendrían todos los demás.
"Es que en esa galería había cuadros religiosos, ¿qué hacía la Iglesia mientras tanto, eh? ¿Vais a donar dinero para que los restauren? ¡HIPÓCRITAAAAARRRGHGHGHSS!"
Porque pa qué se va a pensar que, el cuadro puede ser todo lo religioso que te dé la gana, pero eso NO implica que tenga que ser patrimonio de la Iglesia.
A estas alturas es que me espero ya de todo, en serio.
Sigo con la mierda que he tenido que escuchar. No han faltado los que ahora nos dicen de lo que podemos lamentarnos o no, desde una superioridad moral que da, como poco, puto asco. Algunos han tenido los santísimos cojones de decir que sí, que nos lamentamos por Notre-Dame, pero no si se quema la parroquia del barrio.
O sea, me pones a la misma altura un edificio construido como quien dice ayer (la de mi barrio, por poner un ejemplo cercano, debe haber sido construida allá por finales de los 70) con un templo que es un puto referente arquitectónico y uno de los máximos exponentes del arte gótico no solo a nivel del barrio, sino a nivel mundial. Un icono artístico que, dicho sea de paso, tiene unos 850 años a sus espaldas. Decir que si uno no ve a ambos edificios al mismo nivel es "clasismo" ya no solo roza la ignorancia: roza un encuadramiento mental y unas ganas de ponerse una chapita de "mirad qué mente más revolucionaria tengo" que me daría risa si no me diera puto asco. Es como si se pone a la misma altura lo que yo dibujo con la Giocconda. Imaginad los huevarracos que tendría que tener yo para decir que sí, que ambas cosas están a la misma altura porque obra de arte una, obra de arte la otra.
Vaya, es que ni se me ocurre. Si os digo, se me caería la cara de vergüenza solo de pensarlo.
"Hola, soy Marie Kondo. Primero te dije cómo tenías que ordenar tu casa. Luego te dije el número exacto de libros que podías tener en ella. Ahora vengo a decirte sobre lo que puedes lamentarte. ¡Y NO ME REPLIQUES, HIJO DE PUTA, QUE TE VUELO LA CARA DE UN TIRO!"
Moraleja: Que está de moda que venga cualquiera a decirte cómo tienes que vivir.
Hay quien ha venido soltando que oye, mucho llorar por Notre-Dame, pero que ayer en no sé dónde, hubo una inundación. Que se violan no sé cuántas mujeres al día. Que mueren tantos o cuantos niños en África a cada minuto. Que si el cambio climático. Que si esto, que si lo otro.
Joder, por esa regla de tres, venga, olvidémonos de todo y dediquémonos a estas cosas y que le den por culo a la cultura. Qué coño, si hay un atentado aquí, vamos a decir que eso da igual, porque muere más gente a diario fuera de Europa y nadie hace nada. Y para qué vamos entonces a preocuparnos por mejorar nuestra calidad de vida sin en el Tercer Mundo no tienen nada de eso, ¿verdad?
Dicho de otra manera, que parece que no tiene que faltar el predicador de turno intentando hacernos sentir culpables por el hecho de que algo nos afecte, cuando hay cosas que (según ellos) sí nos tienen que afectar más y (según ellos, también), no lo hacen. Porque por lo visto si a mí me encoge el corazón que se queme el tejado de Notre-Dame ya implica que el cambio climático me importa una mierda.
Pues nada, partiendo el principio de los salvaplanetas, que sepáis que si pagáis por una entrada de cine para despatarraros durante un par de horas viendo una peli, sois unos putos hipócritas. Porque ese dinero que gastáis en ocio (¡POR DIOS, OCIO, CUÁNTA BLASFEMIA!) lo podríais estar destinando a vete tú a saber qué causa.
Quién habla de cine, habla de lo que sea. Al parecer, si te gastas dinero en cualquier cosa que no sea comer o vestir, eres un mierda.
Y tienes que fustigarte toda tu puta vida por ello, que lo sepas.
También están los que nos dicen que si esto nos sienta mal es porque está en París, París es guai, pero si sucede en otra parte del mundo nos importa tres pollas. Coño, aquí tenemos a telépatas a nivel de Xavier y no me he enterado. A mí nadie me preguntó qué me pareció lo de Palmira cuando la hicieron trizas. No necesité hacerlo público para tener ganas de pillarme el Guantelete del Infinito solo para meterles el mazo por el culo a los que estaban reventando estatuas en un museo debido a su fanatismo e intolerancia. Cada templo, escultura u obra de arte que se ha destruido a conciencia y de la que me han llegado noticias, creedme, me ha dolido. Porque para mí el arte es algo que me ha acompañado toda mi puta vida y es algo que siempre defenderé. Por eso me toca muchísimo los huevos que venga nadie a decirme lo que me debe o no debe importar, o peor: que dé por sentado lo que me importa o lo que no.
"Preparaos para recibir lo vuestro"
Pero oye, puede que haya más gente que sí se haya sentido más identificada con Notre-Dame que con Palmira y lo entiendo. ¿Por qué? Coño, porque somos seres humanos y tendemos a sentir más empatía con aquello que notamos más cercano. A aquellos que hablaban de las violaciones que se producen a diario en el mundo... posiblemente sientan más cercana la violación de una chica que viva en su barrio o en su entorno cercano que, pongamos, la de una pobre chica que vive en la otra punta del mundo. ¿Es más grave una que otra? Claramente no, pero no podemos evitar que nos afecte más una que otra. No es una cuestión de clases, ni de conciencia, ni de movidas morales: sencillamente nos identificamos más con aquello que sentimos más cercano.
El sofisma aquí consiste básicamente en decir que, si nos afecta más la que tenemos cerca, la otra ya nos importa tres cojones y por nosotros como si se muere. Nuevamente, me resulta un planteamiento enfermizo, aparte de ser un juicio de valor que dice muy poquito (o mucho, según se mire) de la persona que lo emite.
"Puedo leer tuu meeenteeeerrhghghgh..."
Más paridas de las que dan asco. Me llega un meme en que sale un muñequito diciendo que pasa de entrar en Notre-Dame porque son 10 pavos y se hace una foto en la puerta. Sale una viñeta abajo donde se ve el mismo muñequito, con su foto en la puerta, diciendo "Ha sido horrible lo de Notre-Dame".
Esto ya me produce un asco indescriptible.
Según el soplapollas que ha dibujado este meme (sí, un gran implicado con todas las causas de arriba, que dedica tiempo a dibujar memes tendenciosos en vez de estar luchando contra el cambio climático, nótese mi sarcasmo, por supuesto) parece ser que para lamentarte por una obra de arte que ha sido atacada por un incendio, no solo tienes que haber estado allí, sino que tienes que haber pagado por verlo. Y si no, te callas, que no puedes ni protestar, puto hipócrita.
Con dos cojones.
No es que le deba explicaciones a nadie. Si las doy es porque me da la puta gana y no porque ningún gilipollas de poca monta venga a pedírmelas o porque sea quien para hacerlo, pero allá van. Yo mismo estuve en París hace un par de años y visité Notre-Dame. No entré porque no tenía 10 euros para pasar al interior, había una cola de padre y señor mío y mi plan era ver todo lo posible de la ciudad. Y sí, ME LAMENTO por Notre-Dame. Y el que venga a decirme que no tengo derecho ni a hablar por haberme quedado fuera, le invito a que se pase por mi despacho y me coma el nabo de canto hasta que suenen las trompetas del puto Apocalipsis.
—¡No pagaste un duro por ver la catedral! ¿A que no, pichacorta?
—¡Señor, no, señor!
— ¡PUES NO VAS A LLORAR! ¡TE VAS A QUEDAR AHÍ, REFLEXIONANDO SOBRE TU MISERABLE VIDA, GUSANO!
— ¡Señor, sí, señor!
— ¡Y VAS A LLORAR POR LOS NIÑOS QUE MUEREN EN LAS FÁBRICAS DEL TERCER MUNDO! ¡PORQUE LO DIGO YO!
— ¡SEÑOR, SÍ, SEÑOR!
De hecho, vamos más lejos: todavía no he cumplido mi sueño de visitar Roma o Florencia. Supongamos que algo le pasa al David de Miguel Ángel, a la capilla de Santa María de las Flores o a la Galería de los Ufizzi. O al Prado, que tampoco he podido visitar aún. Os juro que sí, que aunque no he estado allí ni he pagado por ver esas obras de arte, me dolería su pérdida. Del mismo modo que me dolió cuando murieron Dio, Pat Torpey, y tantos otros y nunca pagué por ir a un concierto suyo. Si alguien viene a decirme que tengo que pagar por ello antes de poder hablar, me pregunto quién coño es el que está hablando aquí de clasismo o quién es el que cree aquí en eso de la igualdad.
Desde la primera vez que escuchara el Heaven and Hell de Black Sabbath me encantó la voz de Dio. Siempre quise ir a verle en directo, pero o me pilló mal de dinero o no me coincidía con mi agenda de estudiante.
Y sí, me dolió enterarme de su muerte.
Si resulta que yo no tengo derecho a lamentarme por eso por no haber pagado, menos derecho tiene nadie a decirme por lo que debo o no lamentarme. Al fin y al cabo, esos que lo dicen tampoco me pagan a mí las facturas.
Pero volvamos un poco a eso del rollito revolucionario de mierda. Cada vez que veo a uno de esos guerreritos de fin de semana, enarbolando su puño en alto y gritando muuucho para dejarnos claro lo grande y jugosa que tienen la ideología, me doy cuenta de que son los primeros en pasar millas de eso que dicen que es tan importante. A día de hoy no he visto a ninguno de esos que nos hablan de los pobres niños negritos de África que mueren de hambre a diario irse a la puta África como voluntarios y partirse el lomo para poder salvarlos. Tampoco los he visto destinando parte de lo que ganen a combatir el cambio climático o yéndose a la playa a recoger microplásticos. Por lo que a mí respecta, los que sí lo hacen no tienen tiempo de ir tirándose el moco en redes sociales ni diciéndole a los demás lo que tienen que hacer. Para mí, un voluntario realmente concienciado (algo que para mí debería ser un ejemplo) es el que hace las cosas porque cree en ellas y no para subirse a un púlpito, ni para andar predicando lecciones de moral a los demás.
—Oye, que en Tuister sale uno diciendo no sé qué de nosotras.
—De puta madre. Dale las gracias de mi parte porque me acaba de salvar.
Pero no, aquí los guerreros son los que te señalan porque no haces algo que ellos no hacen tampoco. Es un poco la clásica costumbre que tenemos de que, en lugar de hacer algo bueno yo, es mucho más fácil mearse en lo que hacen o dejan de hacer los demás. Así creamos una especie de balsita de mediocridad donde todo el mundo, además de mirarse el ombligo, se dedica a pisotear el cuello del de al lado, no sea que un día haga algo en condiciones y nos deje en vergüenza. Es preferible andar recriminándole por lo que no hace y así tener nosotros una banderita que ondear.
Es un poco el caso de lo que me han contado hace un rato acerca del marido de Salma Hayek. Al parecer, este señor es un millonario francés, que ha destinado 100 millones de dólares (que se dice pronto) para la reconstrucción de Notre-Dame. Este caballero bien podría ser el típico que evade impuestos o que defrauda a hacienda y se lava la conciencia con una causa social. Podría. Pero la cuestión es que yo no tengo ni puta idea de si lo ha hecho o no. Qué coño, si no sé ni quién es. Que otros tantos capullos que tampoco sepan quién es se echen las manos a la cabeza poniéndolo como Satán encarnado dice mucho, porque no sabemos si este caballero ha destinado dinero a otras causas benéficas. O si él mismo tiene una fundación. Yo, por mi parte, no sé nada y lo admito. Pero me toca los huevos a dos manos que gente que tampoco lo sabe ahora pueda erigirse en adalides de la moral y decir a lo que tiene derecho a hacer nadie con SU puto dinero.
Y aunque destinases pasta al cambio climático. Posiblemente te llegará otro diciendo que esa es la causa de moda y que realmente hay que destinarlo a la lucha contra el SIDA, que hace tiempo que no se habla de ella.
Y pones pasta para luchar contra el SIDA y te saldrá otro diciendo que qué pasa con nuestros mayores, que los pobrecitos andan desatendidos.
Y luego vendrá otro preguntando si es que nadie piensa en los niños.
La cosa es que hagas lo que hagas siempre habrá alguien pidiéndote explicaciones.
Por esa regla de tres, el resto de los mortales tampoco podemos destinar lo que ganamos a lo que nos dé la puta gana. Eso implica que si coleccionáis cómics, sois unos hipócritas porque os gastáis dinero en cosas que no son importantes. Lo mismo aquellos que tenéis vuestra cuenta en Nesflis, los que compráis ropa, los que coméis en restaurantes, los que vais al cine y, qué cojones, hasta los que compráis condones si vuestro hobby es dedicaros al dale que te pego.
Porque según muchos, parece que tenéis que dedicaros en cuerpo y alma a tal o cual causa y vivir para salvar el mundo, o entonces es que sois unos mierdas. La guasa es que esos muchos os lo dicen desde sus ordenadores o teléfonos fabricados en China o cualquier otro país asiático por manos esclavas. A menudo niños.
Pero eh, que los hipócritas somos los demás, y encima tenemos culpa de haber tenido la potra de haber nacido donde hemos nacido y vivir (o sobrevivir, que aquí tampoco es que seamos todos unos jeques) según se vive en la zona en que hemos vivido.
"¡Arrepentíos! ¡Avergonzaos! ¡Sacrificaos!"
¿Eso, por tanto, implica necesariamente que nos tengan que importar una mierda todos esos problemas tan super importantes y que nos la tenga que traer al pairo lo de Notre-Dame? Por los clavos de Yisus, no. Eso es extremar posturas y ser de un tendencioso que flipas. Lo que digo es que podemos estar concienciados; podemos preocuparnos por las cosas, incluso lamentarlas, pero en algún momento tenemos que parar. Aportamos lo que se puede, pero no somos dioses.
Voy más lejos todavía: me resulta extremadamente fuerte que gente que vive exactamente igual que nosotros, formando igualmente parte de una sociedad de consumo, rigiéndose según los parámetros culturales del mundo occidental, venga ahora a darnos lecciones de moral y a llamarnos hipócritas o incoherentes cuando ellos mismos, con estos argumentos tan vergonzosos están demostrando que no tienen ni la menor idea de dónde tienen la cara; y, de tenerla, lo que están haciendo es hacer gala de una argumentación que, como poco, resulta manipuladora y simplista.
"¡Que eso son cuatro piedras! ¡Que se jodaaaaa!"
"No entiendo cómo un ateo puede lamentarse por la pérdida de una Catedral".
Yo tampoco entiendo cómo un gilipollas puede soltar mierda por la boca y respirar al mismo tiempo.
"¿Qué hacéis diciendo 'qué pena' cuando ayer Notre-Dame os importaba una mierda?"
No es que me importara una mierda, es que no estoy 24 putas horas al día diciendo "Qué bonita es la catedral" para que cuando se queme resulte coherente que me dé pena.
"Tenéis que ser coherentes".
Soy coherente. Imbécil al que vea sentando cátedra de esta manera, imbécil al que mando a tomar por culo. He perdido la paciencia soportando a gentuza que se cree que puede ir por la vida pidiéndome explicaciones acerca de lo que me importa o me deja de importar.
Esto va para todo aquel que venga a intentar venderme su mierda o metérmela a cucharones.
Aclaro, malpensaos: meterme su mierda.
Y, para ir cerrando, señores: algún día entenderé qué coño gana la gente viendo política gratuita en según qué cosas y sacando polémicas mamporreras hasta de las pegatinas de los Phoskitos. Algún día me entrará en la cabeza qué ganan los rebelditos, los libertadores de chichinabo y los revolucionarios de sofá intentando enfrentar a unos contra otros, o intentando vendernos lo guai que es su visión nada simplista del mundo. O los que arriman el ascua a su sardina y, mezclándote churras con merinas, te sacan alguno de sus temitas fetiche para escucharse un rato a sí mismos. O los que intentan ir de sesudos y sueltan cada cosa que te hacen preguntarte si de verdad ellos fueron el espermatozoide más rápido.
O no.
Igual paso de querer entender a nadie y lo único que pido es que esa gentuza al verme me huya como de la puta peste negra. Así me ahorro el esfuerzo de mandarlos a cagar.














No hay comentarios:
Publicar un comentario