Hace ya algún tiempo, salió a la prensa la historia de la concejala de un ayuntamiento de Toledo que, en un caso de hijoputismo bastante galopante, vio como su amante la traicionó de la peor de las maneras. Ella había grabado un vídeo íntimo que, se entiende, SOLO era para los ojos de él y aquí el listo, aquí el machote, no tuvo otra cosa que hacer que difundirlo por ahí. Eso sí, cuando el asunto le estalló en la cara, se cagó en los pantalones porque, al igual que la concejala, él también tenía pareja y claro, si ahora resultaba que todo el mundo se enteraba de que le había estado poniendo los cuernos pues lo más seguro era que lo mandara a zurrir mierda de la buena. De esa pringosa y amarillenta, con textura de mantequilla de cacahuete y un intenso olor tostado que te satura la pituitaria.
Por mí, que se coma esa mierda a cucharadas.
Pese a esos riesgos, el vídeo se compartió y se esparció como la pólvora. Antes de que trascendiera a los medios, buena parte de la provincia de Toledo (que se dice pronto) ya había visto el vídeo. No solo eso, lo había compartido sin pensar en ningún momento en las consecuencias. El resto de la historia ya lo conocemos: la concejala se vio obligada a dimitir (cuando aquí ni los corruptos más flagrantes lo hacen) y pedir perdón (¿¿¿???), como si hubiera cometido un delito capital, y su vida privada pasó a ser asunto de todos los hijos de puta que se creían en una posición moral superior para ir llamándola de todo.
Porque, como es sabido, en ese santísimo pueblo, son todos unos benditos y nadie le ha puesto los cuernos a nadie, ¿verdad? Mira tú por donde, un pueblo en que nadie se va de putas y nadie miente. Y como allí son todos unos dignos hijos de Dios, pues oye, está bien que crucifiquen a una persona y, si de ellos dependiera, pues como en Nigeria: se la saca del pueblo y se la mata a pedradas, porque allí adúlteras ni una. Fíjate si son todos santos y buenas personas, que el pueblo tendrá casi seis mil habitantes, y NADIE le dijo nada a la concejala. Todos calladitos y cuchicheando a las espaldas, y ella se tiene que enterar porque un desconocido, el pajillero de turno, la busca a ella por Feisbus y le cuenta la gayola que se ha hecho viéndola.
—Hola, ¿es usted amiga de la concejala?
—Sí
— ¿Vio usted el vídeo?
—Como todo el pueblo
— ¿Le dijo usted a ella algo sobre ello?
— Um, no.
— ¿Por qué? ¿No es su amiga?
—Emmm, bueno... en realidad no la conozco tanto.
No me invento este diálogo, por desgracia. Está tomado de un reportaje sobre el caso.
Pasó el tiempo y la cosa pues como que se relajó: la concejala, que había pasado por lo suyo (por muy liberal que seas, no debe hacer ni puta gracia que el personal vaya compartiendo tus intimidades en público o que te monte un pelotón de linchamiento al más puro estilo juicio de Salem en la misma puerta de tu trabajo), se lo tomó de otra manera y, tras haber dejado la política, entró en la farándula de una manera relativamente discreta y dio la vuelta por algunos platós de televisión.
Lo mismo que han hecho otros, si os digo, con menos mérito aún, y a los que se venera hoy en día.
Pero, por favor, no nos engañemos. Esto, por supuesto, y quiero subrayarlo bien, no la hace menos víctima de lo sucedido. Lo mismo que al hijo de la grandísima puta que se creyó de lo más guai por difundir algo sin permiso de su víctima no es menos culpable porque su identidad no haya trascendido públicamente (o no de una manera tan trascendente como la de su víctima, lo que ya manda cojones). Sin embargo, fijémonos en el asunto: al final la cosa se vio como suele suceder; es más fácil echar mierda sobre la víctima y dar palmaditas en la espalda al culpable, porque por lo visto es de héroes eso de ir humillando a la gente de forma pública. En el mejor de los casos, la política es la de siempre: echar tierra sobre el asunto en lo que se refiere al desgraciado que hizo la guarrada (por guarrada me entiendo a difundir el vídeo, no a protagonizarlo) y machacar a la víctima hasta que no puede más.
No, no todos los héroes llevan capa. Para algunos, consiste en tener un móvil, ser un hijo de puta y cebarse con los más débiles.
Han pasado unos cuantos años y la historia vuelve a repetirse. Esta vez no ha sido una concejala, sino la trabajadora de Iveco, una empresa de vehículos. De nuevo, un vídeo íntimo que se propaga de forma viral sin consentimiento de su protagonista y un montón de hijos de puta que se dedican a machacarla de forma constante, día sí, día también. Hasta dos mil, según reza el parte de empleados de la fábrica.
Pese a las similaridades, también hay puntos de la historia que difieren con el caso de la concejala: para empezar, esta mujer no era política (lo menciono porque, por lo visto, lo de ser concejala, para algunos, como que te hace menos víctima, qué cosas) ni estaba engañando a su pareja cuando grabó el vídeo. Lo grabó en una época anterior a su matrimonio a alguien con quien mantenía una relación; aparte y, por desgracia, esta historia tuvo un final bastante más trágico que la anterior: incapaz de soportar el acoso constante por parte de sus propios compañeros de trabajo, la mujer entró (o, dicho de una forma más honesta, la metieron) en una situación que la llevó a quitarse la vida.
"Is qui li quincijili si didiquibi i li pilítiquii, i lis pilítiquis tinin qui dir ijimpliii... qui si jidiiii"
Dos mil.
Estamos hablando de dos mil personas que vieron y compartieron el vídeo de alguien con quien trabajaban a diario o, como poco, a quien tenían bastante cerca. Dos mil desgraciados que formaron parte de una trama que acabó con la vida de una persona y que, en el mejor de los casos, no hicieron absolutamente nada. Dos mil cobardes que ahora se concentran en las puertas de la fábrica "mostrando su repulsa por lo sucedido", pero que se callaban como perros cuando eso sucedía. Dos mil pedazo de cabrones de mierda que pasaban en desfile para ver a la pobre mujer, como si fuera un animal de feria. Acosándola. Causándole un daño que, como puede verse, ha sido irreparable. Dos mil cómplices en la crónica de una muerte anunciada que solo era cuestión de tiempo, porque el acoso y el derribo, el ataque moral diario sobre alguien pasa factura.
—¡Mira la guarra!
—Pos está buena.
—No, no es pa tanto.
—Pos yo me la follaba.
—Pos díselo, seguro que se baja las bragas, como toas las guarras.
—¡GUAAARRAAA VAMOS A FOLLAAAARR!
Porque no lo olvidemos, niños: según un montón de hijos de puta, si te grabas haciendo sexo eres una pedazo de cerda que va pidiendo guerra y se tiraría cualquier cosa que tenga por delante.
Luego que no nos digan que esto no va de coartar libertades.
Hablo de dos mil hijos de mala madre que se han callado, no estos meses, sino durante cinco putos años, cuando el asunto estalló. Según informan los medios (y a menos que esto se desmienta, porque ya sabemos cómo es la desinformación), ese vídeo se grabó en su día en otro contexto, antes de que la mujer se casara y tuviera hijos, como he mencionado arriba. El hijo de puta que lo difundió debió pensar que su víctima (no la llamemos de otra manera), una vez hubiera roto relaciones con él, le pertenecía de tal manera que se creía con derecho a difundir el vídeo en su entorno de trabajo para que todo el mundo la viera. Estuvo así durante un tiempo y, cuando la mujer rehizo su vida, reincidió.
Si eso no es ser un puto cabrón sin alma, os juro que no sé qué lo es.
Y todavía tendrá los huevazos de decir, cuando ya le toque dar explicaciones, que no sabía lo que hacía, o que no era consciente del alcance que iba a tener.
Por favor.
Pero vuelvo a lo mismo: si ese tío difunde el vídeo y el primero que lo recibe le planta una denuncia y encima le mete dos hostias por cabrón, lo mismo la historia no hubiera llegado a más. Habría sido una historia de un mundo justo, donde el que es un hijo de puta recibe lo que se merece y nadie le ríe las gracias, sino que encima le escupen al pasar por la calle por ser lo que es... pero no. Aquí el cabrón de mierda que hiciera esto debió sentirse como un puto héroe al difundir algo que, en principio, solo le estaba reservado a ÉL y lo convirtió en un puto asunto público. En un arma de humillación.
Pues, seas quien seas, pedazo de hijo de la grandísima puta (no pienso llamarte de otra manera), enhorabuena: ya te has vengado y te has manchado las manos de sangre. Ahora una vida inocente y el futuro de una familia entera se han truncado gracias a ti y a tus ansias de sentirte el puto amo. Y me la suda que ahora vengas a pedir perdón o que te arrepientas: no te arrepentiste hace cinco años ni te arrepentiste cuando volviste a difundir ese vídeo, una vez tu víctima había rehecho su vida. No te arrepentiste de eso día tras día, cuando estabas siendo el silencioso responsable (porque para qué vas a dar la cara, ¿eh? Para qué vas a reconocer de primeras que fuiste tú, machote) de todo lo que estaba sucediendo.
Cuando estabas incitando a alguien a que se quitase la vida.
Es algo muy similar a coger a alguien, ponerle una pistola sobre la mesa y decirle que se pegue un tiro.
Solo que unas mil veces más efectivo: le arruinas la vida, lo humillar y a esperar.
Pero voy más lejos todavía: he hablado de los dos mil cerdos que se callaron, que cuchichearon a las espaldas, que peregrinaron para acosar a la víctima de esta historia. Los que posiblemente le mandaran mensajes anónimos y fotopollas por doquier, porque ya me conozco la catadura moral del personal... pero no he hablado de otros responsables: los cobardes de mierda que tuvieron posibilidad de parar aquello y no lo hicieron. Sí, hablo de los responsables de la fábrica que, del mismo modo que hacen muchos colegios cuando el bullying sobre algún alumno es ya, no flagrante, sino descarado, se lavaron las manos ante el tema.
"Es un asunto privado", dijeron, que viene a ser lo mismo que decir "Te jodes".
Un asunto privado, mis cojones: tuvo lugar entre dos miembros de la empresa, produciéndose situaciones de acoso dentro del entorno laboral.. Se compartió de forma casi exclusiva entre trabajadores del centro y se veía dentro de las mismas instalaciones.
No, cobardes de mierda (tampoco pienso llamaros de otro modo), NO es un asunto privado. Esa es la excusa que enarbolasteis porque no queríais problemas. Lo único que os interesaba era que las cosas siguieran como siempre, que la gente fuera a currar y a tomar por culo.
Pues de puta madre: el problema os ha estallado en la puta cara y tenéis una muerte que carga sobre vosotros. Espero que tengáis conciencia para que os esté jodiendo día tras día por lo que habéis permitido en vuestras putas narices.
Que si no, también molaría que os echaran de la puta empresa.
Verás qué risas, a vuestras edades, buscando trabajo como hemos tenido que hacer todos los que superamos la treintena.
Hay más hijos de puta en este asunto. Quizás todos nosotros tengamos nuestra parte de hijos de puta, si nos ponemos a pensarlo, oye: en el momento en que cogemos y cargamos contra la víctima con argumentos como "¿Pero a quién se le ocurre grabarse en un vídeo sexual?" o "Si lo haces, tienes que atenerte a lo que pasa" ya estamos cargando contra la víctima y no contra el agresor.
Yo suelo pensar que no hay apenas atenuantes, o no en buena parte de los casos: para que haya un delito tiene que haber un delincuente, y punto. Vamos a dejarnos ya de echar la culpa a la víctima:
"Si le pegan en el colegio es porque no se defiende"
"Si la violaron es porque iba sola por la noche"
"Si te roban en tu casa es porque no la tienes convertida en un puto búnker"
"Si te atracan por la calle es tu culpa porque tienes dinero".
Y así, la mitad de las veces, cuando realmente tendríamos que cambiar el argumento por:
"Si le pegan en el colegio es porque hay un hijo de puta que lo hace"
"Si la violaron es porque había un violador"
"Si te roban en tu casa es porque hay alguien que quería entrar a robar"
"Si te atracan por la calle es porque hay un atracador".
Sí, lo diver es quedarte mirando mientras patean a alguien que ya está en el suelo...
y ya lo de sumarte, ni te digo.
Pero supongo que no funcionamos así: en esta sociedad de mediocres y chapuceros resulta mucho más cómodo ser un puto Caín e ir jodiendo al prójimo, por acción o por pasividad. Por venganza o por envidia, formamos parte de humillaciones públicas diarias (y no me toquéis los cojones, que ya sabemos cómo funcionan las redes). En nuestro mismo entorno podemos ver cómo siempre hay alguien que es el saco de hostias; vemos que ese alguien, por el motivo que sea, no es capaz de defenderse o plantar cara a la gente que lo hace... ¿y cuál es nuestra actitud? ¿Cagarnos en la puta madre del animal que lo machaca? ¿Zanjar el asunto?
No, queridos míos.
Nuestra actitud es callarnos o sumarnos a la juerga. O bien podemos hacer el clásico pasivo-agresivo con argumentos de chichinabo como "Esas cosas pasan", "Tengo problemas propios en los que pensar" o "Si no te defiendes tú, yo no voy a estar ahí para protegerte".
Noble.
Valiente.
Para hacerles una estatua de mármol y ponerla en la calle principal de nuestras ciudades, desde luego.
—Mamá, ¿quién es ese señor?
—Es tu abuelo.
—¿Y qué hizo?
—Miró para otro lado cuando humillaban a alguien.
Lo más asqueroso de todo es que luego se tiene que morir la víctima (o por lo menos acabar en una situación lo bastante jodida) para que el personal se ponga su piel de corderito y finja estar de parte de ella. Eso es un clásico cuando las cosas ya han sobrepasado todo límite y han ido demasiado lejos y sin vuelta atrás: ahora todo son concentraciones, repulsas y velas. Lacitos de colores, plataformas con nombres tela de molones, hashtags, consignas de estas que duran una semana, campañitas virtuales con dibujitos tristes y demás...
Demás gilipolleces, hechas a posteriori y que, seamos honestos, ya no le sirven para nada a la pobre víctima. Ni le vais a devolver la vida ni vais a conseguir gran cosa, aparte de limpiar vuestras maltrechas conciencias (y ni eso, creo yo, porque para mí el que consiente y no actúa difícilmente puede tener de eso).
La víctima se muere y la historia o, al menos esta historia, concluye. De aquí a nada, el público volverá a su actitud de lemming sin memoria y se olvidará de todo esto hasta que vuelva a pasar.
"¿En serio? ¡No me lo puedo creer!"
Porque volverá a pasar, si no está pasando en algún otro sitio ya.
Lo de esta mujer empezó hace cinco años, si no me bailan las fechas, poco antes o poco después que lo de la concejala. Ha concluido ahora.
No sabemos lo que ha podido estar pasando desde entonces a más y más gente.
No sabemos la cantidad de gente que ha sido humillada por hacer algo que creyeron oportuno en su momento, porque cada uno hace con su puta vida y su puto cuerpo lo que le sale del culo y nadie es quién, ni para juzgarlo, ni para humillar a esa persona públicamente por ello.
No sabemos la cantidad de hijos de puta que pueden estar difundiendo intimidades, ni la cantidad de hijos de puta que se estarán callando, impasibles, ante todo esto. Tampoco sabemos la cantidad de hijos de puta que podrían tener la potestad para poner en su sitio a los responsables y se están lavando las manos.
Luego, claro, vemos Por 13 razones y decimos que qué pena.
Que cómo pueden pasar estas cosas.
Pues pasan porque se consiente que pasen.
Tampoco sabemos la cantidad de putos retrasados que irán de malotes por la vida, buscando el vídeo de marras en alguna página de vídeos porno para hacerse una gallofa en homenaje a la fallecida. Malotes que, por supuesto, tendrán que ir contándolo por ahí. Porque la paja de un gilipollas no es nada a menos que la vaya contando con todo lujo de detalles. Todos con sus "uffff" y sus "me pone", para así dejar claro que son unos putos asquerosos a los que nadie les ha cruzado la cara como es debido. Y ojo, no es que yo abogue por la violencia fácil, pero es que más de uno parece necesitar que le tiren de un puto barranco para que se entere de una vez que es UN MIERDA, así, con mayúsculas. Y aquí ni respeto ni putas hostias: una cosa es tener una filia del tipo que sea, y otra muy distinta esto. Esto no es digno de respeto, ni digno de entendimiento ni nada. A tomar por culo ya el buenismo con los hijos de puta a los que por lo visto tenemos que consentir. A tomar por culo ya aguantando payasos que se creen supermorbosos o que tienen la más mínima gracia.
Que no, joder, que no todo es respetable. Vamos a dejarnos ya de tonterías.
Aparte: tenemos que respetar a los cerdos y a los cabrones, pero luego nos sentimos con el derecho de humillar y pisotear a los demás.
¿Qué puta mierda me estáis contando?
Sabremos de todo esto cuando otra víctima haya decidido que no puede soportar ser machacada, o cuando se ponga de moda en los medios denunciar todas las que suceden. Entonces igual nos daremos cuenta de que, como sociedad, la estamos cagando a base de bien. Que realmente no somos gente ni tolerante ni con valores. Que hablamos mucho de la decencia y la moral, pero luego tardamos un segundo en cargar nuestras horquillas contra gente que lo tiene muy difícil para defenderse. Que somos unos mierdas que nos ensañamos con los débiles mientras aplaudimos a los cobardes y a los hijos de puta. Que mucha chapita contra el mobbing, el bullying y el acoso sexual. Que mucha campaña para que ni una más. Muchas chorradas de postureo y de cara a la galería, pero a la hora de verdad, no tenemos cojones de actuar.
Sé que os encantan los memes en blanco y negro. Pues aquí va uno, hasta donde sé, bastante genuino y sin frases moñas de autoayuda:
"Lo único necesario para que el mal triunfe es que los buenos no hagan nada".
Pues tal cual, señor Burke. Tal puto cual.
Tal vez la próxima muerte suceda a nuestro alrededor. Tal vez hayamos podido hacer algo y no lo hayamos hecho. Tal vez incluso hayamos sido partícipes, pensando que por ver un vídeo y difundirlo no pasa nada, lo que tiene gracia, considerando lo rápido que cacareamos nuestros derechos, pero el profundo desconocimiento que tenemos sobre nuestras responsabilidades.
Tal vez hayamos sido partes de una trama que haya acabado con la vida de alguien.
Tal vez nos sumemos a ese ejército de hijos de puta que están dominando la sociedad y no tengamos los huevos de reconocerlo.












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