Precisamente ayer estaba teniendo una conversación en el trabajo sobre lo mucho que estamos avanzando para vivir en un mundo orwelliano. Eso de que el retrato del futuro es el de una bota que patea una cara para siempre, cada día, está más cerca de convertirse en una imagen costumbrista más que en una profecía escrita allá por los años 40.
La idea de Emmanuel Goldstein de la novela, por ejemplo, es uno de los patrones más evidentes y en los que menos pensamos. Cuando hablamos de 1984, lo primero que nos viene a la cabeza es la idea de la vigilancia total y poco más... pero no suelo escuchar que la gente repare demasiado en lo que supone que nos señalen a alguien y vayamos todos como ovejas a decir "Beee", para ponerlo a caer de un burro.
Igual es porque nos mola eso de comportarnos como un rebaño porque, oye, salirse de él en cierto sentido es salirse de la zona de confort y exponerse a que el susodicho rebaño cualquier día se vaya para nosotros y nos ponga fino.
Ya he hablado mucho de esto otras veces.
Antiguamente se cogía una horquilla y una antorcha.
Hoy en día, con un dispositivo con acceso a la red puedes hacer lo mismo sin salir de casa.
Este post no va a ser muy diferente, simplemente es otro ejemplo más de lo ridículos que podemos llegar a ser por eso de querernos sentir parte de algo. Con suerte, podría ser otro ejemplo más que os haga pensar que no estamos llevando una dirección sana como sociedad.
Con mucha suerte más aún, podría llevaros a haceros preguntas sobre quién nos obliga a pensar de tal o cual manera, o de lo dirigidos que estamos.
Y, en el resto de casos, supongo que lo leeréis por las palabrotas.
Vamos con el caso en cuestión que, por supuesto, se ha convertido en la polémica del verano. La gente está de vacaciones y tiene dos opciones posibles: enseñarnos las clásicas fotos de sus piernas en la playa o abrazar cualquier ideología de una forma beligerante a más no poder y dejarse pelín en ridículo soltando cabestradas que, por muy buena intención que se tenga al soltarlas, dicen mucho de la catadura moral del rebaño.
Hablo, cómo no, del caso Rosalía.
Por lo que a mí respecta, prefiero mil veces a estas fotos del tipo "Aquí, pasándolo mal" a que me venga el personal con sus mensajes de odio destilado, diciéndome lo que tengo o lo que no tengo que pensar (dando por sentado lo que ya pienso, de paso).
Más cuando el tono es el de "Yo sí que estoy concienciado sobre tal o cual tema, no como tú, pedazo de mierda humana".
Os pongo en situación: Rosalía es una moza que canta y se ha venido haciendo famosa a lo largo de los últimos... no sé, dos años. Personalmente no la sigo. No me interesa la música que hace. No me paga las facturas y, realmente, lo poco que he visto de ella no me causa demasiado más interés. La moza en cuestión se ha hecho tristemente viral por hacerse una sesión de fotos con un abrigo que resulta ser de piel natural. Digo "resulta" porque, si no me falla la información (y si esto es así, por favor, hacédmelo saber y estaré encantado de corregirlo), alguien se puso a buscar expresamente el abrigo que llevaba puesto y descubrió de qué estaba hecho. A partir de aquí, salta la polémica: un buen puñado de autoproclamados defensores de los animales salen hasta de debajo de las piedras para, literalmente, cagarse en los muertos de la cantante. Empiezan a subir fotos y vídeos a cuál más explícito para "concienciarnos" de lo terrible que es la muerte de uno de esos animales que se usan para hacer pieles. Animales despellejados vivos y demás salvajadas.
Yo esto lo veo al mismo nivel de que, si para decirme que el abuso de menores o la violación están mal, me pongan por delante un vídeo donde un tío se zumba a un bebé o me pongan cómo entre cinco hijos de puta revientan a una chica.
No soy ningún puto psicópata: no necesito pruebas físicas de ese calibre para concienciarme de algo que ya sé que es horrible o para empatizar con ello.
Pero esto no queda solo aquí. Los veganos mueven ficha y empiezan a cargar contra estos animalistas, diciendo que muy bonito luchar contra la industria de la peletería, pero que luego son tan incoherentes como para comer pollo o vaca mientras defienden a zorros o corderos. Una vez más, parece que tenemos aquí un concursito para ver quién tiene los valores morales más altos. Por supuesto, se empieza a hablar de los orígenes de la cantante, aludiendo que era una choni (o sea, ya con un tufo clasista) y otros diciendo que es una aburguesada (esto para mí sigue siendo clasista de cojones, por chulo y guerrerito social que pueda sonar) que, atención, VA DE GITANA y que, más atención aún, UN GITANO DE VERDAD ESCUPIRÍA A ESA TÍA AL VERLA.
Yo leo esto último de "un gitano de verdad", le doy vueltas a la idea de "lo que un gitano de verdad debería ser" y me quedo pensando si aquí no se está tirando de un pedazo de estereotipo racista, aunque la intención sea la contraria.
Esto es como cuando te llega alguno hablando de lo que es un negro de verdad.
¿Es más real y auténtico el negro de las bandas callejeras y que le pega al crack que el negro que el que tiene una familia y curra en una empresa?
Es más: ¿Existen los negros de mentira?
Los insultos y las amenazas prosiguen: veo que alguien, con un dudoso sentido del sarcasmo, sube la foto de un zorro, la pone al lado de una foto de Rosalía y pone un cartelito diciendo que es una pena que fuese Irene Villa la que se comiese una bomba y no la cantante. Añade un ingeniosísimo "Zorra" para ser aún más insultante.
Nuevamente, los autoproclamados defensores de la moral insultan y amenazan de muerte a aquellos que señalan como objetivo, en plan mafia calabresa, pero sintiéndose amparados en este rollito de superioridad moral que ellos mismos se han impuesto.
Porque ellos sí tienen derecho a cagarse en los muertos de los demás. Falta solo que pidan una bula papal. Y lo harían, si viviéramos en la Edad Media y el Vatick-ano tuviese el poder político y social que tenía. Hoy en día, pues no hace falta, y esa prebenda moral nos la damos nosotros solitos, que parece que estamos en la cúspide de la humanidad y por encima de todo bien y todo mal.
Porque el fin justifica los medios.
Por cierto, os recuerdo que estamos en la semana de poder usar "Zorra" como insulto debido a la naturaleza de esta polémica.
De aquí a nada se considerará insulto machista y se perseguirá expresamente a quien lo emplee, así que aprovechad.
Y, ya que hablamos de superioridad moral: me pregunto si a Irene Villa le hará puta gracia que un energúmeno anónimo use su nombre para desearle a nadie que así pierda las piernas en una explosión.
¿O es que acaso Irene Villa es la "Zorra" de nadie para que se la pueda usar públicamente de esa manera?
Antes de que me venga ningún soplapollas a cantarme las cuarenta, voy a ser claro: yo no apoyo tampoco la industria de la peletería. No si implica el sufrimiento innecesario de animales, y mucho menos aún si tenemos ropa sintética que puede evitarlo.
Pero ojo, no voy a ponerme digno. ¿Por qué? Porque procuro ver el cuadro completo y tengo muy clarito que aquí NADIE puede erigirse en juez, jurado y verdugo sin mancharse las manos con algo. Si no, pensad en esto: aquellos que se rasgan las vestiduras con la industria peletera de ese modo, son los mismos que (como todos los demás, incluido un servidor) van al centro y compran ropa en tiendas. Hasta aquí, bien, ¿verdad?
Pensadlo.
Esas tiendas, pongamos, la mitad de ellas si hablamos de comercio más o menos grande (o sea, los grupos empresariales textiles que llenan la mitad de nuestros armarios, nos pongamos como nos pongamos) venden productos que están fabricados por mano de obra esclava en el tercer mundo. Si vestir con pieles es apoyar el maltrato animal (que sí, lo es), vestir con ropa textil es apoyar el abuso infantil.
Y, por favor, que no me venga nadie a hacerme una escala de valores acerca de cuál es peor, porque hacer un ranking con el top 10 de los peores abusos perpetrados por la raza humana me mataría del puto asco.
Los rankings se hacen con los mejores temazos de los 80 o con las pelis más puto influyentes del año, no con estas cosas, joder.
Pero vale, vamos a suponer que compramos ropa en una tienda que no hace eso. Podría pasar que alguna de estas empresas sea honesta y tenga TODAS sus fábricas en un terreno más o menos europeo y que no use esclavos para fabricarlas. Si esa ropa lleva aunque sea un 1% de materia sintética, estamos colaborando con la destrucción del medio ambiente gracias a la cantidad de microplásticos que esa ropa desprende con cada lavado. Esas fibras de plástico microscópicas se van deslizando por nuestras tuberías y acaban en el mar. Dicho de otro modo: si os parece de cafres despellejar vivo a un zorro para hacer un abrigo, tampoco me parece mucho mejor envenenar a una ballena de forma lenta. Y quien dice ballenas, dice tortugas, o peces más pequeños.
Pero voy más lejos aún: esos ordenadores y esos móviles desde los que los intensos hacen sus manifiestos exigiendo la cabeza del que toque esta semana (porque dentro de dos poquita gente se acordará de esta movida, por desgracia) también están hechos con mano de obra esclava en Asia. Lo mismo que vuestros zapatos y una buena parte de productos de consumo de todo tipo.
No hace falta ser un ballenero para matar a Moby Dick.
Dicho de otro modo: que aquellos que van de defensores de la moral defendiendo a los animales tendrían que plantearse si, al mismo tiempo, no están siendo también causa de otro tipo de maltrato animal, o bien alentando muchas otras cosas que hacen que nuestro mundo sea un puto estercolero.
¿Digo con esto que entonces está mal que defiendan a los animales? En caso alguno; lo que digo es que el rollito de Jueces Dredd se va por el retrete cuando aquí todos tenemos motivos por los que avergonzarnos. Que manda cojones andar llamando "zorra" a una tía para ponerse la chapita de la semana cuando luego en nuestro armario es posible que tengamos ropa de cuero (que también se hace de animales). Que manda más cojones aún creernos que por estar defendiendo algo podemos andar amenazando de muerte a todo aquel que no piensa como nosotros. Que somos una especie de Pueblo Elegido de Dios y que tenemos algún tipo de dispensa moral para andar prácticamente pidiendo la ejecución pública del personal.
"¡Que le corten la cabeza!"
Entiéndase por "ejecución pública" no lo de tirar piedras. Por favor, somos el Primer Mundo y somos civilizados, moralmente superiores a los del Tercero, qué sí son unos bárbaros y unos salvajes. Nosotros no matamos; en un auge de hipertolerancia, lo que hacemos es escondernos detrás de una pantallita y empezar con ataques y amenazas. Incluso organizando boicots para que esa persona caiga en la ruina aunque, en el fondo, nos importe tres pollas lo que haya hecho o, como he mencionado arriba, nosotros, la masa anónima, también tengamos nuestra parte de culpa en eso de joder el planeta.
Somos tan asquerosamente superiores que nos ensañamos con el primero que sale por ahí haciendo alguna estupidez. No nos ensuciamos dándole de hostias o matándolo, para qué. No salimos de casa, nos despatarramos delante de nuestro sofá favorito y descargamos toda nuestra ira, nuestra rabia y nuestras frustraciones personales con esa persona, aun sin conocerla y sin saber nada, realmente. Algunos incluso cargan toda su envidia hacia el famoso o el rico y, deseando secretamente tener la misma vida de éxito, la revisten de un argumento moralista para machacarlo. Para así, por lo visto, recuperar un poco de esa dignidad que por lo visto merecen.
Es superdigno eso de hacer cyberbullying, oiga. Mañana, tal vez, estos mismos que están profiriendo insultos y amenazas de muerte, estos mismos que nos dicen a los demás cómo tenemos que posicionarnos ante la industria peletera (sin pensar que lo mismo ya estamos en contra de ella, solo que no necesitamos andar haciendo manifiestos todo el santo día) dirán que eso de atacar a nadie por las redes está mal. Que habría que encerrar al que lo hace.
Con dos cojones.
Puede que solo haga falta que algún día pase cualquier barbaridad. En el caso de Rosalía no lo creo, porque la moza ha soltado una respuesta que es para hacer facepalm (como digo, no escribo esto para defenderla a ella, sino para decirle a los que la atacan que se miren al espejo y no para hacerse selfies precisamente)... pero mañana a lo mejor cargan contra alguien menos arrogante. Contra alguien que se da cuenta de que no ha tenido la actitud que agrada a las masas (nótese cómo no he dicho "la actitud correcta"... porque parece ser que lo correcto y lo incorrecto lo están determinando las masas, de una forma totalmente arbitraria y, por qué no decirlo, tiránica y draconiana a más no poder) y, en lugar de lo que se espera (la pedida pública de perdón, como si la masa humana fuese algo a lo que rendir vasallaje y ante lo que justificarse a diario), se tire por un barranco o lo que sea. ¿Entonces qué?
Pues lo de siempre: la masa posiblemente se divida en dos. Por un lado, los que tendrán los santos cojones de negar los insultos y las amenazas que ellos mismos han proferido y empiecen con las velitas virtuales y las chapitas contra el bullying. Porque todo el mundo sabe que lo mejor para que la gente deje de faltar el respeto y de amenazar por la red es cambiar tu foto de perfil y pegarte una semana o dos poniendo hashtags del tipo #todossomosyonosequien o #nomasacoso. Porque así es como se hacen bien las cosas, qué coño. Así uno se da la palmadita en la espalda, se lava la puta conciencia y se olvida de lo cabronazo que ha sido. Y, para la próxima vez que otro la cague, ya tendrá su alma inmaculada de nuevo para volver a cagarse en sus muertos y amenazarlo de muerte.
De puta madre. Así es como se hace.
Por otro lado, tendremos a aquellos que encima se sentirán orgullosos de haber participado en la destrucción pública de una persona. Afianzándose en su Causita Superior, se verán reforzados y saldrán con mensajitos del tipo "Un hijoputa menos" o "Ahora a por vete tú a saber quién" y se sentirán poderosos en su política mierdera de matones. Matones con una causa noble que defender, a lo mejor, pero matones al fin y al cabo.
En resumidas cuentas, un panorama de lo más bonito y precioso, donde tendremos gente que se va a vanagloriar de ir por ahí pisoteando a los otros mientras que otros van a ir pisoteando a otros pero sin los cojones de admitirlo y fingiendo estar en contra de ese mismo pisoteo.
Esto es lo que pienso yo de unos y otros, y del puto pensamiento de ambos.
La cuestión que se desprende de todo esto es que llevamos ya unos cuantos años donde la masa parece haberse erigido en nuestra dueña y señora. Nos dice lo que tenemos que pensar, cuándo tenemos que pensarlo y nos obliga a ser lo más beligerantes posible a la hora de manifestarlo. Ahora ya no basta con pensar según un canon dominante (el Pensamiento Único orwelliano no era muy distinto de esto), sino que hay que ondearlo como una bandera en medio de un desfile. Ahora hay que entonar toda clase de consignas como mantras o himnos, sin darnos cuenta de que cuanto más los repetimos, menos sentido tienen por sí mismas. Simplemente son letanías que no interiorizamos, que no analizamos de forma objetiva...
... Porque no podemos cuestionar las consignas ni el pensamiento dominante.
"¿¿¿Pero tú qué haces cuestionándote las cosas, hijo de puta???"
Se nos dice cómo tenemos que vivir. A qué Nuevos Dioses rendir culto. A qué Nuevos Demonios tomar como enemigos. Se nos señala un objetivo con el dedo y nosotros mordemos, como una manada de perros cazadores. Y, al igual que ellos, mordemos a la presa pero no nos alimentamos de ella.
Disfrazados, se usan términos como lo que es "moral" o "inmoral". Se quema en una pira digital a aquellos que tienen conductas "inmorales" que, hace cuatrocientos años, habríamos tildado sin duda de "pecaminosas". Al mismo tiempo, surgen los colectivos de rebelditos que, de buenas a primeras, cogen las ideas más burras y extremas solo por hacerse los guais (tales como las de follarse caballos, por poner el primer ejemplo que me ha venido a la mente) y van de transgresores e incomprendidos, lloriqueando de una forma bastante hipócrita y cínica acerca lo injustas que son las imposiciones sociales, aunque estén hablando de promover abusos o de causar daños (físicos o no) a terceros.
Con el tema de los caballos, haré un breve paréntesis: mientras escribo sobre esto, me viene a la mente el documental Zoo que, honestamente, tuve que dejar a la mitad porque me estaba poniendo de mala leche el tono de "pobrecitos estos muchachos, que hacen fiestas para abusar sexualmente de caballos por turnos y nadie los entiende". Si en vez de caballos ponemos niños, posiblemente habría supuesto un auténtico escándalo. Pero parece ser que aquí había que pintar a unos putos degenerados (llamadme intolerante, pero el que viola a un humano o un animal para mí no tiene otro nombre) como si fueran unas víctimas de la sociedad, justificando todas y cada una de las cosas que hacen.
Y es que ahora todo el mundo es malote. Pero que muy malote, oiga. De unos meses para acá, ahora todo el mundo parece fantasear con el incesto. Con animales. Ahora a todo el mundo le ha dado por la dominación, la humillación, cuando hasta la fecha eran cosas más o menos minoritarias, más o menos marginales.
Ahora se han puesto de moda y la gente ya no te manda el mismo nivel de fotopollas de antes: te dice que fantasea con ser tu pagafantas y quiere pagarte una tarde de compras, pidiendo expresamente que te rías de ella en su puta cara. Ahora ya no te piden que le menees la chorra a uno en el baño de una discoteca. Ahora le tienes que meter la cabeza en el váter, un tacón por el culo y gritarle que es tu zorra mientras le escupes y le das de hostias.
Todos super extremos, super transgresores, cuando, insisto, hace menos de un año a prácticamente nadie le daba por estas movidas.
Más ovejitas para el rebaño.
Es decir, cuanto más beligerantes son unos imponiendo la moral, más extremos son otros haciendo gala de su perversidad, aunque sea solo por puro postureo. Nuevamente, son los extremos los que nos están definiendo y, nuevamente también, parece que si no tenemos una sociedad polarizada de una forma brutal, no somos nada. Todo debe convertirse en un exceso, en un espectáculo a ver quién alardea más, en quién tiene la idea más cafre y más sacada de quicio, tanto en un sentido como en otro.
Al mismo tiempo, vemos cómo se van creando castas ideológicas, donde unos se ven a sí mismos como "superiores" y, a los que no lo son, se ven con la misión de "concienciarlos" (antiguamente se llamaba "evangelizarlos") o atacarlos. Va, por cierto, en ambas direcciones: esto lo hacen los que van de adalides de la moral, pero es que también lo hacen los que van de malotes para hacerte ver que tu vida es vacía y sin sentido a menos que le metas un cepillo de dientes a alguien por el culo y luego se lo hagas comer. Que si vistes con pieles te tendrían que pegar un tiro en la cabeza, pero es que si eres de esos que no se follarían a su prima, eres un mariconazo (nótese lo homófobo de los que dicen esto, para venir de gente con una supuesta "mentalidad liberal") que no sabe nada de la vida.
"Conviértete o muere" era el lema de María Tudor, entre 1553 y 1558. No la llamaban María la Sanguinaria por ningún problema con la menstruación. La llamaron así porque era una jodida intolerante y una asesina que era capaz de matar a sangre fría a todo aquel que no tuviera sus mismas ideas.
Estamos viviendo, cada día más, en una época muy, muy oscura, donde aquellos que dicen luchar para salvar los problemas del mundo parecen más lobos que perros pastores. Seres cuya política, más que guiar a los demás por pastos más seguros, más bien parece que optan por tener atemorizados a los demás para que no se salgan del rebaño.
Llamadme pesimista, pero empiezo a pensar que la masa, que se supone que es la voz popular, es una déspota y una hija de la gran puta, por no mencionar que lo mismo está hasta dirigida por mentes más poderosas y ocultas de todas las miradas. Una masa formada por auténticos niños pequeños. Niños pequeños, crueles y retorcidos, que te silencian, te intimidan y te obligan a agachar la cabeza, amenazándote con ser el siguiente que caerá en esta Caza de Brujas moderna.
Aquellos que formáis parte de ella, reíd. Reíd mientras podáis. Mañana igual cometéis un error y esos que os apoyaban, que os daban palmaditas en la espalda y que os llenaban a laiks mañana podrían ser quienes os persigan. Los que os den caza. Los que os lleven al cadalso.
Los que os busquen la puta ruina.
Bienvenidos al futuro.












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