Como parece que esta sección tiene sus fans, es hora de ir intentando explicar otra de esas cosas putamente incalificables que me he comido últimamente. Hablo, como reza el título de este post, de The Black Room, de Rolfe Kanefsky. Por otra parte, os comento que tampoco es que haya supuesto una decepción ni nada por el estilo: la etiqueta nesflisera de la peli ya me la vendía como una peli de horror de serie-B. De esas que se supone que deben dar su dosis de susto, pero que en el fondo vas a ver para descojonarte.
Y oye, en eso no defrauda la peli.
Debo decir que del señor Kanefsky no había tenido el gusto de ver ningún trabajo, pero parece que el tío sabe lo que se hace: entre pelis de Emmanuelle y otras que también tienen pinta de ser serie-B, así que procuraré recordar el nombre, porque este tío promete. Antes de empezar a destripar esta cosa, debo advertiros, como siempre, que este post está hasta las trancas de SPOILERS, así que os hago desde ya mi habitual SPOILER ALERT, por si tenéis intención de verla antes de leer esto.
Vamos con la pinícula en sí, que da para bastante. La cosa empieza mostrándote una casa de estas americanas, de las que podrían salir en el programa de reformas de los dos gemelos cansinos esos de Divinity. Sí, esos que nada más verlos te da ganas de endiñarles contra una puta mesa isla de las que ponen en todas las putas cocinas de su programa.
Lo sé, los putos gemelos no venían al caso, pero por motivos personales tengo mucha rabia enconada contra ellos. Si alguno de vosotros piensa igual, poneos en contacto conmigo y formaremos un grupo de ayuda cuanto antes.
Gemelos Scott, go home.
Volvamos a la puta casa. Ya he dicho de qué tipo es, pero no os he contado que es de noche y la cámara se acerca como si fuera una go-pro encajada en la punta del cipote del prota de una peli porno. La música, muy de chan-chan, como debe ser en una peli de miedo. Y oye, no se parece en nada, pero yo como que escucho esto y le veo un rollo a lo Halloween, salvando las distancias. Salvándolas mucho.
Y yo soy de esos tíos raros a los que Halloween les pareció un mojón de peli.
Nos metemos en el chabolo y vemos a una cara conocida: la señora mayor que salía en las pelis de Insidious. La susodicha señora está ya en la cama y empieza a notar una presencia extraña y tal, que por lo visto ha emergido de una habitación que hay en el sótano. Vaya, tal y como pasaba en la saga Insidious... pero con una variante de lo más molona: aquí los fantasmas no le erizan los cuellos de la nuca, sino los del coño.
No bromeo, si no, preguntadle a la chorba que está, ejem, "durmiendo" en la habitación de al lado: clásica rubia con pinta de animadora de peli de miedo, a la que también parece que le están inspeccionando los bajos cosa mala.
Aquí podríamos decir "Hostia, como en El Ente, ¡qué horror¡ ¡Qué mal rollo!"
Es mi labor aquí recordaros esto: esta peli NO es El Ente. Con lo cual, a tomar por culo lo de la angustia sobrenatural porque una entidad proveniente de otro plano venga a chuparte la pelusa. Aquí la moza se abre de patas y, entre gemido y gemido, viene a decirle a su incorpóreo visitante "Tú me das más marcha que el Toño en el asiento de atrás de su Fiat Punto".
Quizás, ahora que lo pienso, es que lo único realmente malrollero de esto es que, mientras a la moza le están degustando la entrepata como el que está chupando un cono de straciatella (lo de los tropezones ya va a gusto del consumidor) es que, al mismo tiempo, LA ABUELA TAMBIÉN LO ESTÁ NOTANDO. Algo así como un cunnilingus conectado a la wifi de la casa.
Por todo lo demás, si esto es una casa encantada es la más puto genial que me he echado a los morros en mi vida.
La cosa es que la abuela se levanta con cara de "Oi, esto no puede ser, a dónde vamos a parar". No sé si es por lo sobrenatural, por la indecencia, porque le da mal rollo que le chupen el felpudo a su nieta (o sobrina, no es que me haya enterado muy bien con tanto gemido y tanta braga voladora) o porque la señora lo que quiere es gozarlo ella sola... pero coge y se levanta. Se va para la habitación de la chavala, cortándole todo el rollo, porque tenía pinta ya de estar a punto de convertir su potorro en un aspersor que ríete tú de los que usan para regar el parque de mi barrio.
Después del movidón que supone ver a su nieta con las bragas en los tobillos y el parrús más empapao que el ojete de Cthulhu, la señora coge la ensaladera y se va para el sótano. La chavala va detrás, no tengo muy claro si para ver qué está haciendo su abuela o para darle una hostia por amargarle la noche de esa manera. La chavala se da un garbeo por la zona, que parece que no ha pisado en su puta vida pese a vivir ahí. Se ve al fondo una pintada roja fosforescente que es un cruce entre glifo satánico, luz de discoteca y luminoso de puticlub de carretera comarcal. Trinca una cosa tirada en el suelo que parece un cruce entre una ensaladera y un disco de los Bee-Gees y se acerca, con todo su coño torero, al grafitti infernal, imagino que para deleitarse con las suaves pinceladas postmodernas del artista.
La ensaladera disco.
Aquí viene una de las grandes jugadas de la peli: la tía, en el plano general, no parece estar a menos de tres metros de la pared. Cuando ve que esto, más que pared es un trapo y alguien al otro lado está dándole manotazos, echa a correr y nos damos cuenta de que ahora la tía está a MENOS DE UN PUTO METRO de ella. Es evidente que, cuando quiere salir la mano, la trinca del tobillo al más puro estilo "¿A dónde vas tú?". No tardan en aparecer más manoplas infernales, con sus uñas largas y su pellejo rojo que, por un motivo que solo el bueno de Rolfe sabe, empiezan a magrear a la chorba.
Nada de cosas de pelis de terror clásicas, ¿vale?
Cuando hablo de magrear, me refiero a magrear.
Magreo de este de calentura del sábado por la noche en un parque o en el asiento de atrás del Fiat Punto del Toño. A ese nivel.
Toma magreo.
Las manos satánicas dicen que bueno, eso de los preámbulos está bien, pero aquí hay que pasar a mayores, así que arrastran a la tipa hacia lo que parece ser un portal satánico hacia una dimensión satánica, donde pasan cosas satánicas. Aquí la tía es arrastrada boca abajo. Podría describirlo, pero es que lo hemos visto en mogollón de pelis. Imaginad el arrastre ombliguero de toda la vida. Y la ensaladera no se le olvida. Supongo que hasta en el Infierno te podrás meter una César entre pecho y espalda de vez en cuando.
"Hostia, pedazo de graffiti tiene mi yaya en el sótano"
La visita al infierno dura bastante menos que una visita mía a un bar de reggaeton. La chavala vuelve a nuestro mundo, literalmente escupida por la puerta y cubierta de un ajopringue infernal que, por el bien de mi cordura, no me termino de decidir qué puede ser. Como cualquier moza horrorizada en una peli de horror, se levanta como puede y sale echando hostias de la habitación. El portal escupe también la ensaladera y la estampa contra la puerta, lo que me lleva a pensar dos cosas:
1) Que, después de todo, en el Infierno no se comen ensaladas, ni siquiera César.
2) Que el ajopringue igual es Super-Glue, considerando lo bien que se ha quedado pegada la ensaladera contra la puerta.
Pero la cosa no queda aquí. La chavala, que hace ya un buen rato que perdió a la abuela, se queda mirando a su alrededor, como si oliera a pedo. Y no es algo en absoluto desencaminado de lo que realmente sucede: un inteligentísimo travelling de cámara nos lleva por las tuberías de la calefacción hacia la caldera que, por algún motivo satánico, revienta en la cara de la moza.
Y aquí empieza la peli de verdad, porque esto era solo el prólogo: a ritmo de una música que suena a "Chan chan chanan chan chan" nos zampan unos créditos no aptos para epilépticos, con símbolos satánicos, llamaradas y símbolos absurdos (como el de la radiactividad) por todas partes. Todo como muy lisérgico, como si el que hubiera montado esta cosa se hubiera metido cinco tripis de LSD en medio de un fiestón rave y hubiera tenido la inspiración de su puta vida para montar semejante cosa.
Anda que no mola la puta ensaladera. Viene hasta con luz LED.
Pasan dos años (lo sabemos gracias al cartel de toda la vida de "Two years later") y acabamos ¡¡¡¡EN UN PROGRAMA DE REFORMAS DEL DIVINITY!!!!
Bueno, no, pero casi: tenemos a una señora que plantifica el cartel de "Vendido" en la casa. Los nuevos compradores resultan ser la rubia de Species (sí, esa que a finales de los 90 tenía costumbre de salir en tetas en casi cada peli que salía y luego acabó haciendo una cosa que parecía el live action de Totally Spies) y él (ni puta idea si lo he visto en alguna otra peli) parece sacado de una serie de hace 30 años. ¿Os acordáis, en pleno auge de la época noventera, cuando todas las putas series tenían a un fulano con cara de chuloputas, barbita de tres días y una melenita de capullo recogida en una cola de caballo? Pues este es igual, solo que la melenita la lleva suelta. Podría haber salido en Los Vigilantes de la Playa. En Tropical Heat. En la serie chapuza aquella de Los Inmortales. En cualquier truñaco televisivo que nos comiéramos por aquella época.
La vendedora, le cuenta con todo su flow y sin tapujo alguno, lo que pasó en la casa. Bueno, lo de que la caldera reventó, claro, y que se supone que las dos ocupantes que vivían en ella acabaron como relleno para una lasaña, pese a que no se encontró el cuerpo de la señora y, de la moza, se dice que acabó quemada, pero poco más. Al parecer, se fue y nadie reclamó nada. La especulación es así, explota una casa y ni investigación, ni mirar escrituras, ni hostias. Se pone eso a la venta, que hay clientes esperando, coño ya.
De todos modos los nuevos dueños ni se impresionan, aquí el fulano dice que para evitar sustos (así llama a una explosión que parece haberse llevao por delante a dos mujeres, pa cojones los suyos) se cambia la caldera y arreando.
—Pues eso, una chavala se achicharró y ni puta idea de a dónde se fue, pero la casa nos la quedamos nosotros y la ponemos a la venta.
—¿Y la abuela?
—Desapareció.
—Pero la casa sigue siendo suya, ¿no? Vamos, que las escrituras estarán a su nombre
—Caballero, no me toque el coño. He dicho que la casa nos la quedamos nosotros y hacemos con ella lo que nos salga del culo. ¿La quiere?
—Bueno, el barrio es bueno...
—¿LA QUIERE O SE LA VENDO AL PRIMER GILIPOLLAS QUE PREGUNTE POR ELLA?
—Pero si ya la he pagado...
—¡ME SUDA EL COÑO QUE LA HAYA PAGADO! ¡NO ME JODA O SE LA VENDO A OTRO!
Garbeo por la casa, en plan programa de reformas y estos dos acaban en el sótano, donde se encuentran a un señor llamado Oscar que, no solo parecía estar ahí por toda la cara, sino que ha surgido del rincón más puto oscuro de la habitación. Reconocemos a Oscar por un mono que lleva su nombre, así que ya tenemos claro que no es un psicópata sino el tío que arregla la caldera. Aparte de ello, el tío tiene bastante arte, porque nada más ver a la señora rubia empotrable, suelta chascarrillos del tipo "Estas guarras se ponen a cien" (refiriéndose a la caldera) y "Están que arden", entre otras lindezas que son, creedme, para enmarcarlas.
Este señor es Robert Donovan, que encarna a Oscar. Me parece PUTO INDIGNO que no haya una sola puta foto de él actuando en la peli y haya tropecientas de Augie Duke, cuando el personaje de Oscar es cien veces más puto grande.
Total, que estos dos dejan a Oscar currando en el sótano mientras ellos se van a hacer... Bueno, ni puta idea de lo que van a hacer realmente. Estos dos tienen pinta de no dar un palo al agua.
Oscar se pone a hacer sus cosas y acaba atrapado en la habitación negra. Eso de que haya una cosa que parezca un pene que palpita en la cerradura se la sopla. Es más, ni repara en ello. Lo que quiere es que lo saquen de ahí. Se pega dándole de hostias a la puerta un rato hasta que le cae encima una máscara satánica con cuernos, de esas que hay en el sótano de cualquier casa familiar. Eso le hace caer estúpidamente de espaldas y quedarse cual cucaracha tripa arriba. La puerta se abre y, como mola mucho más mirarle el culo a la rubia que pelearse con la caldera que está en la habitación de al lado, intenta salir, justificando la escenita que ha montado con unos gases en el sótano que le han hecho perder la cabeza. Nótese la seriedad de la escena al tener en cuenta que lo dice en voz alta y en medio del sótano, como si alguien le estuviera escuchando.
¿Un homenaje al Spiderman de Stan Lee y Steve Ditko, tal vez? En esa etapa, Spiderman se pasaba todo el rato hablando solo...
Digo que intenta salir porque nuestras amigas las manos satánicas de color chorizo parrillero le trincan por el tobillo. Nuevamente, otra escena de arrastre ombliguero, pero con la novedad de la mutilación gratuita de los dedos del pobre Oscar, que se desparraman por el sótano como si fuera un plato de salchichas Oscar... Mayer.
Lo siento, no he podido evitar hacer el chiste.
A lo que iba, que entenderéis que el pobre Oscar ahora será magreado hasta el fin de la eternidad por las manos de los primos de Hellboy mientras los dueños de la casa están a su santísimo rollo, sin preguntarse:
1) Qué coño eran los gritos y los porrazos que se escuchaban en el sótano.
2) Dónde coño ha ido el tío de la caldera, sin cobrarles siquiera la mano de obra.
Primer plano de las manos color chorizo parrillero.
De hecho, los nuevos dueños están más ocupados en hurgar en los armarios de la pobre señora que desapareció en la casa hace un par de años. La rubia macizorra encuentra un tablero de ouija de colorines que, os lo juro, cuando lo vi, me recordó más bien a un juego de la oca. El fulano noventero, sin echar más cuentas, tira el tablero a la basura y, cuando vuelve a casa, YA ES DE NOCHE. Igual esto no os parece raro, pero es que cuando subieron del sótano parecía ser mediodía. Estos cabrones han pasado como ocho horas dando vueltas absurdamente por la casa mientras un piso más abajo estaban resonando los berridos de dolor de Oscar al perder los dedos. Y lo único que han sacado en claro es un tablero que hay que tirar.
Y estos son los tíos que tienen un sueldo como para permitirse vivir en un barrio residencial de estatus medio-alto. Espero que no sean cirujanos, porque con semejante nivel de apamplamiento, ponerse en manos de cualquiera de estos dos es jugársela bien jugada.
—Noto una presencia demoníaca en este sótano.
—Nah, serán gases. Te tiras un par de peos y se te pasa.
Llega la hora de sobar y la señora rubia macizorra empotrable decide remojarse el pellejo en una bañera. Siempre me ha llamado la atención de las casas de estas pelis: ves una casa de puta madre, moderna que te cagas, con todas las comodidades. Que si aire acondicionado, que si lámparas de luz graduable, neveras donde podrías meter a un puto buey... y luego te metes en el baño y tienen una puta antigualla de bañera que parece del siglo diecinueve. En estas pelis nunca vas a ver un plato ducha, ni un jacuzzi. Ves una bañera de cerámica, con patas de bronce y todo, que ni siquiera tiene telefono-ducha para lavarte la cabeza, y vete tú a saber si las tuberías no están picadas.
¡HOSTIA, HOSTIA, HOSTIA!
¡HE ENCONTRADO UNA FOTO DEL PUTO OSCAR!
Pues ahí está la señora que, de buenas a primeras, empieza a gemir como pantera en celo... y, en el dormitorio, a menos de cinco metros, a su marido algo se le mete algo bajo las sábanas y empieza a chuparle el polo-flan hasta dejárselo como un tubo de pasta de dientes agotado. Lo que viene siendo una juerga sexual con seres satánicos incorpóreos de toda la vida.
La guasa de esto no es lo que pasa, sino el hecho de que, por algún motivo que mi limitada mente no llega a entender, cuando la tía vuelve del baño, él se cree que ha sido ella la que le ha aspirado el prepucio... y ella, que le cuenta que ha salido del baño como una puta moto, ni siquiera repara en el hecho de que algo sobrenatural ha estado mandándole energía sexual a su chirri como el que bombea petróleo por un oleoducto. Esto me lleva a pensar otro par de cosas:
Así le dejan la cuca al pobre fulano.
La guasa de esto no es lo que pasa, sino el hecho de que, por algún motivo que mi limitada mente no llega a entender, cuando la tía vuelve del baño, él se cree que ha sido ella la que le ha aspirado el prepucio... y ella, que le cuenta que ha salido del baño como una puta moto, ni siquiera repara en el hecho de que algo sobrenatural ha estado mandándole energía sexual a su chirri como el que bombea petróleo por un oleoducto. Esto me lleva a pensar otro par de cosas:
1) Que la tía, si no se extraña de cosas así y no se hace preguntas de ningún tipo y ni siquiera se asusta, una de dos: o le pasan más a menudo de lo que lo admite, o que le va la marcha cosa mala.
2) Que si el tío no se da cuenta de que la tía estaba a tres putos metros de él cuando le estaban limpiando el sable, que si no miró siquiera bajo la manta, y que encima ve que la tía está entrando en la habitación después de haberle dejado el rabo como un trozo de bacalao reseco, tiene un serio problema que debería hacerse mirar cuanto antes.
Y 3) Si al tío lo han dejado seco, esa sábana debería parecer pringada como si le hubiera caído un puto plato de natillas... y si no, es todavía más sospechoso porque le han sorbido el caldillo y nadie se pregunta dónde ha ido a parar.
Sea cual sea la explicación a lo absurdo de la escena, el resultado es que la rubia macizorra que, como he comentado, ha salido del baño con ganas de meneo, se ha encontrado que aquí la minga del fulano se ha quedado sin balas, de manera que se va a dormir con todo el rollo cortado, dejando a su chorbo con la cara partida, que todavía sigue sin explicarse qué carajo ha pasado.
La explicación, o presunta explicación viene de todo un clásico en cuanto a recursos argumentales en pelis de medio pelo: cómo no, hablo del colega del marido. Esta es una figura literaria que podría remontarse ya a Shakespeare, con Mercucio o Yago (en Romeo y Julieta y Otelo, respectivamente) como ejemplo. Haciendo honor a tan honorable tradición, Kanefsky nos plantea al amigo del fulano en una intemporal escena en que ambos amigos salen a correr por el barrio. El fulano le cuenta, sin machismo alguno, que su señora se ha convertido en una loca del coño desde que se han mudado y su colega le sugiere la brillantísima idea de hacer un intercambio de parejas. Lo que viene pasando todos los días, vaya. Después de una evidente amenaza de muerte, el amigo liberal del marido le viene a explicar que lo suyo es compensar a la señora por la cagada. Así que el fulano, que es un romántico, entiende que compensar a la señora es irse flechado para la casa y restregarle el cipote hasta que se quede satisfecha.
Pero así, sin preámbulos ni hostias. Aquí te pillo, aquí te enjuago.
La señora, por su parte, está en el sótano con la lavadora y, como la que no quiere la cosa, llevada por el irresistible soniquete del electrodoméstico, le da otro calentón de aquí te espero. Ya que está allí, plantifica las manos sobre la lavadora, se abre de patas y empieza a gemir como en la banda sonora de una peli porno. Esta vez la presencia que la acompaña no es incorpórea, sino que es nuestro amigo Oscar que, a juzgar por su aspecto de pollo pelado con mono de trabajo, parece haber perdido una mano de cartas contra los Cenobitas de Hellraiser. Eso sí, no tener pellejo no le baja la líbido a este pedazo de crack y le proporciona a la señora lo que podríamos llamar con todas las de la ley una soberana paja asistida. La escena termina de un modo realmente sutil, con la lavadora espurreando líquido, que viene a ser toda una metáfora visual del fin de fiesta.
Magistral aquí el amigo Rolfe.
El fulano llega a la casa, habiéndose pensado mejor lo del cipotazo apresurado y le trae a la señora unos cuantos capullos (de flores), lo que podría interpretarse como otra sutil metáfora visual. Ésta, por su parte, abre la puerta empapada (y no solo por abajo, mal pensaos): el chorrazo de la lavadora le ha hecho tal bukkake que parece que ha salido de un puto túnel de lavado. Aquí el bueno de Rolfe se ha contenido, debo decir: imagino que será por la censura y el puritanismo que están invadiendo la sociedad occidental en los últimos años, porque no me termina de entrar en la cabeza que un director de cine erótico, contándonos una historia de (ejem) terror tan tórrida y subida de tono de pronto pierda la oportunidad de ponernos a Natasha Henstridge marcando transparencias en una escena que podría ser del tipo "Hostia puta" (aunque dicha escena no culmine en amancebamiento del bueno)... se queda en una especie de chascarrillo y, de un modo más que decepcionante, la señora lleva sujetador bajo la camisa.
Si pensabais poneros cachondos con algo, tendréis que contentaros con la cara de gusto del Oscar pelado.
Llegados a este punto de la peli entra en escena un nuevo personaje: hablo de la hermana de la señora, que resulta ser una especie de cuñada gótica, cruce entre Christina Ricci y Fairuza Balk. Para más inri, incluye en su pack de topicazo con patas que es aficionada al ocultismo. Huelga decir que ella y el chuloputas del fulano se llevan a matar. Es una cuestión casi de ecología: los chuloputas de corte narcisista como que se ven en una posición social superior, de modo que no van a perder tiempo en (intentar zumbarse a) una hortera de esas que llevan de color negro hasta las cuerdecillas del tampax; y en cuanto a la gótica... es harto evidente que ve como enemigos naturales a gilipollas de tal calibre. Más cuando puedes oler su nivel de supina gilipollez a tres barrios de distancia. Esto implica el habitual intercambio de pullitas y borderías sutiles, o no tan sutiles: en un acto de educación extrema, el fulano responde a una bordería de la gótica abriéndole la calle e invitándola a tomar por culo. La señora, que se encuentra en medio de esta movida, en vez de pegarle un pellizco en los cojones al gilipollas de su marido por grosero, mantiene la corrección política y salva los muebles como puede, invitando a la hermana a dormir en una habitación contigua.
A lo largo de este ingenioso diálogo se nos ha contado, de paso, que los capullos en flor que trajo el fulano esa misma mañana se han convertido en un puñado de ripios resecos que agonizan sobre la mesa del recibidor. La explicación más probable, al parecer, es que la caldera se ha puesto caliente como una perra (cita de ese crack infravalorado que es Oscar) y está on fire emitiendo calor. Así que, después de que la señora se lleve a su hermana para sermonearla un rato, el fulano baja al sótano a echar un vistazo a la caldera. Y sí, a estas alturas de la peli, sigue sin preguntarse dónde coño fue el tío que se suponía que la estaba arreglando. Después de comprobar que hay un polvo blanco (que tiene un aspecto bastante sospechoso) y restregárselo por la sudadera como un auténtico guarro, habla un rato con las tuberías de las calderas y la luz roja del puticlub satánico del sótano empieza a brillar.
Al acercarse, un puñado de rayos eléctricos infernales empiezan a atravesar el cuerpazo serrano del fulano. ¿Habéis visto Los Inmortales? Pues algo así, pero en cutre. En una especie de flash alucinógeno, aparecen también un puñado de personas (entre ellas el puto Oscar, que no falte) contemplando la escena como el que contempla un partido de final de liga. A la mayoría no los hemos visto hasta ahora, lo que nos lleva a entender que ese sótano lleno de malignidad se ha llevado por delante ya a unos cuantos.
Pues nada, que el fulano sube reconvertido en un ser renovado. Su nivel de gilipollez y narcisismo barato ahora rezuman como un rollo mas high class. Si antes era del tipo "Eh, nena, yo fui el rey del baile del instituto y ahora soy un fulano cercano a la mediana edad al que deberías tirarte antes de morir", ahora es más "Oh, así que tienes vagina. Excelente, excelente...", con pose de frotarse la barbilla arqueando las cejas.
Sí, así de creepy.
Por si los espectadores menos avispados o aquellos que estaban mandando fotopollas por el móvil mientras estaban viendo la peli no se dieron cuenta, al fulano nos lo han cambiado y nos han metido aquí a vete tú a saber quién. Rolfe, plenamente concienciado con aquellos espectadores despistados o fans de las fotopollas, nos plantifica una escenita en que, con total discreción y sin descaro alguno, el fulano se coloca delante del espejo a mirar su nuevo rostro. Nuevamente, otro posible guiño a Hellraiser, pero potenciando el salchicherismo a la enésima potencia.
Después de este momentazo, nos vamos a dar cuenta de que la película a partir de este punto no puede sino mejorar.
Creedme, si hasta aquí os habíais reído, ahora os vais a partir el culo.
La pareja protagonista (o sea, la señora rubia macizorra y su fulano, ahora conocido como Fulano Satánico) se llevan a la cuñada gótica a cenar a un localeto pijo. Como suele pasar en estos tugurios, no hay mesa porque esas cosas hay que reservarlas.
Fulano Satánico como que se mosquea. Ahora que tiene un cuerpo físico el hambre le puede y le toca pelín los cojones eso de llegar a un sitio y que le miren con cara de "Haber reservado, pedazo de gilipollas, ¿o es que no sabes qué clase de local distinguido es este?"
Lo guapo aquí es que no es que no haya mesa, como podría pasar... es que le va a tocar esperar. Pese a todo, Fulano Satánico dice que por sus cojones se va a sentar ya y hace gala de sus poderes satánicos para conseguir lo que quiere. Porque es un ser infernal, qué coño va a ser este pitorreo, ¿estamos locos o qué?
Aquí entran en acción los poderes de Fulano Satánico que, si me lo permitís, me parecen los puto mejores poderes infernales que he visto en mucho tiempo. Olvidaos de eso del control mental; olvidaos de esa mierda del aura de miedo. Eso es para parguelas y mindundis: este te coge y, con la mirada, te puede poner las tetas en la espalda y dejarte en la caja torácica un par de pimientillos asados. O, con solo meter las pezuñas en una taza, provocar orgasmos a distancia, a una escala tan putamente épica que casi que te tienen que llevar a urgencias.
Ese es el nivelito.
A lo largo de la cena, la parte satánica de Fulano Satánico vuelve a hacer gala de una discreción y una sutileza acojonantes y se pone a hablar de las anteriores dueñas de la casa como si las hubiera parido. Empieza a dar detalles sobre fiestones con drogas en el sótano y rituales satánicos hippies (dirigidos por un energúmeno similar a un King Diamond con anemia que, por lo visto, se había colado en la fiesta con plena intención de invocar al Mal) con tal precisión que parece que estuvo allí y todo. Esto hace que las dos hermanas se queden con cara de haberse sentado sobre un carámbano de hielo, pero dura poco: en un alarde de ingenio sin precedentes, Fulano Satánico hace un par de chistes de dudosísimo gusto sobre la anciana de Insidious, les suelta el rollo de que eso se lo ha contado la tía de la inmobiliaria y ahí se queda la cosa. Nadie se pregunta nada, y ya está.
La sutileza continúa cuando en la conversación se menciona la palabra "íncubo", la gótica ocultista nos explica que es un demonio fucker, y Fulano Satánico se relame los morros con supuesta lascivia para dejar claro que él es un follador satánico del puto infierno.
A estas alturas de la peli ya parece más que evidente que todo Cristo sabe que el sótano contiene un portal al infierno del que de vez en cuando salen entidades que vienen a meterte el pito. Que Fulano Satánico, gracias a su nueva personalidad satánica ni le eche cuentas al asunto es casi lógico; lo que no lo es, es que su señora se quede tan pancha al enterarse de la movida y tras haber recibido la visita de un par de folladores espectrales de esos.
Lo que yo os diga, o esta señora está tocada del ala o le va la marcha, porque yo sigo sin explicarme esto... aunque también puede ser, oye, que la casa le saliera por un cojón y, con lo kuki que es y lo bien situada que está, le dé igual ocho que ochenta lo de tener un portal dimensional en el sótano, que ella de ahí no se menea.
Volvamos a Fulano Satánico, que está resultando ser la puta sensación de esta peli. Ya sabemos que el anteriormente conocido como fulano a secas ha sido poseído por alguna entidad ultraterrena con ganas de ir pegando morcillazos por aquí y por allá... y ya sabemos lo del portal infernal. Pues bien, en un alarde de epicidad, Fulano Satánico baja al sótano y se va para pegarle lametones al portal. ¿Por qué? Pues digo yo que porque mola.
Las manos satánicas color chorizo parrillero surgen y empieza una nueva sesión de magreo interdimensional. Debo remarcar aquí el impagable efecto de la banda sonora, que se aleja por completo del rollo de peli de terror y suena a auténtica peli porno. Si Rolfe me llega a meter la voz de Fulano Satánico diciendo "Oh, yeah" es que lo clava.
Después de esta escena tan puto gratuita, volvemos al piso de arriba: las dos hermanas están a sus historias, sin escuchar cómo Fulano Satánico gime de gusto cual marrano en una charca. Yo sigo pensando que aquí la gente está más sorda que yo, o es que el sótano infernal está mejor insonorizado que los estudios de grabación de Virgin Records.
En un momento dado, el amigo sube y se encuentra con su señora: le propone un cipotazo de los buenos y le comenta sobre el tema de la bañera y la lavadora (recordemos, cipotazos incorpóreos), diciendo que comparados con su Pinga Satánica, se quedan en petardillos de feria. Nótese cómo se supone que él no sabe nada de lo de la lavadora (porque, a menos que me haya perdido, su señora no le ha contado nada) pero alude a ello como si tuviera información privilegiada. Más genial es aún que la macizorra no caiga en la cuenta.
No dejo de preguntarme por qué esta señora no reacciona a cosas que ya no es que sean evidentes, es que están hasta demostradas. Si fuera lo típico de las pelis de miedo, donde el personaje te dice "Eso es imposible, yo no creo en eso" lo entendería... pero es que le cuentas las cosas y la tía directamente parece que te cambia de tema, o como si hubiera oído otra cosa por completo diferente. Algo así como:
—Oye, hay un portal satánico en el sótano, del que salen demonios que te van a chupar el parrús hasta matarte.
Y ella oyera:
—Oye, han rebajado los tomates en el Mercadona.
Pues así, tal cual. Os lo juro. La frialdad de esta señora ante estas cosas me deja con el ano torcido y haciendo remolinos, y no es coña: Fulano Satánico, tras la sutil oferta de pichazo diabólico, admite abiertamente que no es él y sugiere la idea de que otra entidad ha tomado su cuerpo... y ella, en vez de pensar que a su maridito le pasa algo porque desde luego que no se comporta de una manera normal, o incluso plantearse que sea cierto lo de que está poseído tras un par de orgasmos con entidades ultraterrenas en lo que lleva de peli, coge y lo manda a dormir al sofá.
Con todo su puto flow.
Por supuesto, Fulano Satánico está por encima de eso de dormir en el sofá. Qué coño, está por encima de eso de dormir, a secas. Es por eso que se va para el cuarto de la cuñada y, a su satánico modo, viene a decirle a ésta lo que podría decirle cualquier energúmeno en la barra de un antro de dudosa reputación o por un privado de Instagram.
Sí, hablo del clásico y todopoderoso "Hola, nena, ¿quieres polla?"
La cuñada gótica lo mira con cara de haber visto vomitar a una babosa y se queda pensando qué ha podido ver la lela de su hermana en semejante mongolo. La respuesta no se hace esperar y Fulano Satánico rubrica su sutil oferta con el equivalente de una fotopolla en los años 90.
Exacto: se saca la tranca ahí en medio y le muestra el género a la otra.
El Infierno no es tonto y sabe que con un rabo talla media o inferior no vas a ninguna parte, así que se nos cuenta que el nabo de Fulano Satánico ha sido especialmente tuneado para ser un auténtico Cipote Infernal. La gótica como que ni se impresiona con la oferta y le dice a Fulano Satánico que vaya a metérsela a un elefante, con la cosa de que a semejante ser no se le dice que no, como ya comprobamos en el restaurante. Se va para la gótica y, usando unos poderes de telekinesis, le arranca la ropa y le mete ese pedazo de pollón demoníaco hasta, literalmente, sacárselo por la boca.
Sí, tíos, así de grande la tiene.
Volvemos, una vez más, a otro episodio de sordera galopante, porque esto ya no ocurre en el sótano: ocurre en la puta habitación de al lado y la señora macizorra que sigue sin oír un carajo. Considerando que la vieja de Insidious podía oír a su nieta jadeando y las habitaciones son las mismas, es acústicamente imposible que esta tía sea incapaz de oír a su hermana chillando y aullando mientras una polla de un metro le atraviesa los órganos y le revienta la mandíbula.
Es más, llega la mañana siguiente y la tía encima tiene los santos ovarios de preguntar dónde está su hermana a Fulano Satánico: este le contesta que se fue temprano porque tenía que estudiar, y ella se contenta con eso (o con el lametón que le pega en el pescuezo por la puta cara, que la deja gimiendo como una perráncana en celo). Es decir, su chorbo satánico le dice que está poseído por un ser demoníaco y ella lo deja suelto por la casa; su hermana desaparece y el le cuenta eso... y ella se lo toma como lo más normal del mundo.
Fulano Satánico será satánico, pero es que lo de esta tía roza ya la psicopatía de manual.
Entra en acción otro personaje, que es un señor que ha venido a echarle un vistazo a la lavadora. Yo al verlo no pude evitar que me recordara a Pablo Iglesias, lo que hace que esto ya se convierta en un puto desmadre de película. Pablito baja al sótano y se encuentra con la gótica que, ¡oh, sorpresa! no se había ido, sino que estaba escondida en el sótano esperando a que bajara algún pobre desgraciado para chupetearle el pirulí. Esto es justo lo que la artista ahora conocida como Gótica Satánica le hace al pobre Pablito, pegándole el susto de su vida al mostrarse tal y como murió, con la mandíbula hecha un cristo (y encima hay que dar gracias a que no tiene la polla de Fulano Satánico colgando de la boca como si fuera una butifarra catalana).
El pobre Pablito diña de la que, podría decirse, es una de las formas más indignas de morir que he visto en mucho, mucho tiempo: Gótica Satánica le parte el coco golpeándolo repetidas veces con la puerta de la lavadora, en plan Kingpin pero en versión casera. Luego, para que la cosa quede un poco más terrorífica le corta la cabeza, sí, pero el daño ya está hecho y algo así de cutre no hay cojones ya de arreglarlo.
Después de esta escena, que podría interpretarse como una soberbia metáfora política en nuestro país, recuperamos a otro gran personaje de esta película, que es el amiguete de Fulano Satánico: sí, el vecino liberal, ese. El que propuso el intercambio de parejas. Fulano Satánico, al parecer también es liberal, así que le dice a su troncocolegui que oye, a ver si se pasan por casa. Y que se traiga a su señora también. Fulano Satánico habla y tiene la expresión de un extra de Los Ladrones de Cuerpos, pero su colegui tampoco parece darse cuenta de que actúa raro. ¿Es posible que cuando era un fulano a secas tuviese un comportamiento tan de cenutrio que ahora nadie note la diferencia? Es algo que, a estas alturas de la peli, me estoy planteando seriamente.
Llevamos ya algo más de una hora de película y es AHORA cuando la señora macizorra decide hacerse preguntas sobre eso del satanismo, los íncubos y demás seres que le meten mano en su casa. Se da un garbeo por la biblioteca del barrio que, casualmente, tiene una sección de ocultismo de lo más completa. Lo único que parece faltarles es el puto Necronomicón, oye. Y yo voy a la biblioteca de mi barrio y lo que me encuentro son libros de Ken Follet y de Tom Clancy.
Lo interesante de esta biblioteca, realmente, no son los libros. Una vez los abre, nos damos cuenta de que parecen más bien el manual de diseño de un tatuador que algo que tenga letras y explique una mierda, por lo que la decepción de la señora es evidente.
Y sí, podría decirse que "decepción" es la primera reacción LÓGICA que ha tenido esta señora ya en dos tercios de peli.
Lo bueno de los pueblos y los barrios residenciales es que todo el mundo acaba por conocerse. Te das un voltio por la sección de ocultismo y no tarda en aparecer alguien que te dice lo que tienes que hacer, o a dónde debes dirigirte para hallar las respuestas que estabas buscando. Aquí, la informadora de guardia es una especie de figura embutida en un burka de encaje fashion que, antes de hablar contigo, se da unos paseos fantasmales por la biblio.
Porque no basta con informarte, hay que hacerlo con puto estilo, joder.
La informadora en cuestión resulta ser la nieta de la abuela de Insidious, que lleva un rollito a lo Obi-Wan cruzado con Freddie Krueger: o sea, informadora sabia bajo una capucha con el pellejo en modo churrasco. Lo malo de esto es que la chica churruscada no nos cuenta nada que no sepamos ya: que el sótano es malo y que surgen folladores infernales que te matan de gusto. Bla, bla, bla.
La señora macizorra vuelve a su tónica habitual y, de buenas a primeras, pasa de buscar libros de ocultismo a dar a entender que no cree en esas cosas y que, bueno, el sótano da mal rollito pero poco más.
Ahora parece que encima cambia de opinión cada dos por tres. Lo de esta tía es de traca.
No lo digo de coña, porque vuelve a la casa y le canta las cuarenta a Fulano Satánico, argumentando POR FIN que ha cambiado de forma de ser desde que se mudaron. A este se le inflaman ya los cojones y le dice, a grandes rasgos, que se vaya ya al carajo. Luego, él también cambia de opinión y ¡SORPRESA! Aparecen los vecinos para la cena. Fulano Satánico se lleva a su amigo el liberal al sótano con la intención de enseñarle "una cosa". El vecino liberal ya está pensando en algo rollo Christian Grey. Yo, viendo la trayectoria que lleva su anfitrión, me huelo otro caso de "¿Quieres polla?". Al final, ni una cosa ni otra, lo mete en la habitación negra del sótano y arreando.
Trasladamos la acción a la señora del vecino liberal. Esta señora parece sufrir de algún tipo de trauma mental similar a la anorexia, solo que en vez de verse gorda, ve gordo a su marido, el cual por cierto está tirando a canijo. Una vez éste ha desaparecido en el sótano, a ella empieza a hervirle el coño. No es ninguna metáfora: su potorro empieza a echarle humo. Después del episodio, lo único que parece extrañarle es que se ha ido la luz, sin caer en la cuenta de que la han dejado sola. A ver, entiendo que Fulano Satánico lo haya hecho para hacer una de sus cosas satánicas, pero sigo sin explicarme qué coño está haciendo la rubia macizorra en esos momentos.
Un leve garbeo por la casa lleva a la vecina a encontrarse con Fulano Satánico, que aparece en un rincón enfocándose la jeta con una linterna. Debo decir que las entradas en escena de este tío son sublimes: lo mismo te entra así que aparece agachado en un rincón y poniéndose en pie de forma repentina. Como todo encuentro con este ser (si tienes toto, claro), acaba con una tía inconsciente y medio en pelotas. La vecina acaba así, sobre el suelo del sótano, mientras Fulano Satánico la mira con cara de "Ohhh, yeah...".
La señora macizorra aparece, también con una linterna y, en lugar de preguntarse qué coño ha pasado con los vecinos, considera que es el momento más oportuno para decirle a Fulano Satánico que ha estado hablando con la moza de la inmobiliaria y que ésta no le ha contado una mierda. El otro pone cara de "Bravo, ¿lo has descubierto tú solita o has seguido un tutorial de Youtube?" Viendo que, por descarado que sea, a su señora parece resbalarle todo, Fulano Satánico dice que, de perdidos al río y empieza a contarle todo el percal.
La señora al escuchar la movida, como que AHORA dice que se asusta: no cuando le han estado sobando el potorro cada dos por tres; no cuando ha visto a su marido transformarse en vete tú a saber qué; no cuando su hermana ha desaparecido, ni cuando una tipa quemada le ha dicho que ojocuidao con la casa. No. AHORA.
Fulano Satánico tiene un momento de megamalo y, en plena carcajada del tipo "MUA-JA-JA-JA" desaparece por el pasillo, dejando a su señora ahí con cara de "No me estoy enterando de un coño". Se le ocurre la brillantísima idea de que A LO MEJOR podría estar pasando algo en el sótano y se acerca. Se nos deleita con un escalofriante plano de un cesto lleno de calcetines sucios para llegar, por fin, al meollo de todo esto: la puta habitación negra de los cojones, causante de todos los problemas desde el minuto uno, pero a la que no se le habían echado ya demasiadas cuentas hasta que ya es evidente que ha desaparecido medio barrio cada vez que a alguno le ha dado por meter las narices en el sótano.
Una vez entra en la habitación, el espectáculo podría interpretarse como "La preternatural y primigenia visión de un escalofriante potorro primigenio visto desde su más abyecto e ignoto interior". Debo decir que, al pensar esto, dije de mí mismo "Joder, qué mente más puto sucia tengo"... pero es que cuando llega Fulano Satánico (que, al parecer, estaba dándose un paseo por ahí o algo), ahora reconvertido en Fulano Satánico Con Cara de Marrajo y Rajas en la Cara y explica que eso es un útero infernal donde una Entidad Satánica se alimenta de sus víctimas para dar a luz a una Creación Demoníaca llegué a la conclusión de que estoy tan jodido como el puto Rolfe Kanesky.
En fin.
En el interior del chumino infernal encontramos viejos conocidos. Entre ellos la yaya de Insidious, que parece haberse pegado como dos putos años metida en una especie de saco de dormir de carne, a la espera de que venga alguien a sacarla. Que oye, para llevar todo eso ahí, se la ve muy tranquila a la mujer.
También encontramos a la vecina en paños menores y con un rabo de carne enchufado al ombligo (¿¿¿???) que, según se nos dice, sirve para ir secando a sus víctimas y alimentar la maquinaria infernal. La rubia macizorra decide que, oye, igual es momento de ir haciendo algo, que la peli está terminando y no es plan de quedar como una pedazo de gandul. Tironea de la cosa y aparece Fulano Satánico Con Cara de Marrajo y Rajas en la cara cogiéndola de un puñao y diciendo que con la comida no se juega (sic.). De paso, nos explica que la energía sexual reprimida sirve como delicioso alimento para el toto infernal este. La yaya de Insidious contempla la escena de "Pues a mí nadie ha querido comerme en dos años" o "¿Cómo cojones habré acabado yo metida en este zurullo de película?"
El rabo de carne demoníaca sigue chupando a la vecina (tómese esto con el sentido que se quiera. Los gemidos de la susodicha dan para pensar mogollón de cosas) dejándole la barriga como si hubiera sido sometida a la madre de todas las liposucciones. Justo en ese momento y, contra todo pronóstico, la yaya de Insidious saca un brazo del saco de dormir de carne y, sin fuerza ni rapidez alguna, agarra del pescuezo a Fulano Satánico Con Cara De Marrajo y Rajas en la Cara. La escena, hay que decirlo, da puta risa: la señora tiene menos fuerza que el pedo de un mosquito y nuestro amigo el Fulano se ve claramente que, como poco, es bastante más grande que ella. Más que hacerle presa, casi se parece más al gesto que tendría si se hubiera puesto fina a base de tequilas y lo considerase su puto mejor amigo.
La señora macizorra dice "Esta es la mía" y se deja de ir para la vecina, a ver si por algún casual puede liberarla. Como ve que eso está más duro que el pene de un demonio (ejem) pues no se le ocurre otra idea mejor que endiñarle una dentellada. Arranca el rabo de carne y, atención, no sale sangre, como podríamos haber esperado: sale una especie de líquido blanco y espeso que empieza a chorrear por todas partes.
Sí, yo también hice una asociación bastante marrana al ver esto, pero es que no hay huevos de verlo de otra manera: parece lo que puto parece y no hay lectura menos inocente posible. Menos aún cuando esa cosa, todavía agarrada por la rubia, le chorrea por la cara y el pelo.
Este acto de eyac... digooo, de exorcismo, por algún motivo que ni puñetera idea de cuál puede ser, devuelve a la normalidad al fulano, que vuelve a ser el gilipollas que ha sido toda su vida. Todo empieza a temblar, y la yaya, que para algo está, nos explica que es porque ha llegado el momento del parto satánico. Ha llegado la hora de salir por patas, pero la puerta está cerrada. Usando la explicación más absurda que te podrías comer, incluso en una peli como esta ("Cuando estás de parto hay que empujar fuerte"), la rubia macizorra trinca el rabo de carne, todavía chorreante y lo enchufa a la puerta. Este empieza a chupar vete tú a saber qué de la susodicha puerta y, justo cuando sale un espantajo del escroto gigante que hay en el centro del potorro infernal este, revienta y pueden salir.
Y sí, a la yaya que le den por culo.
En medio del meneo, por alguna parte reaparece la superensaladera discotequera mágica. La macizorra la coge con cara de "¡Hostia, por esto me pueden dar una pasta en el mercadillo del domingo!" y echa a correr escaleras arriba. El Espantajo Satánico les persigue, usando el viejo truco de mover con la mente un mueblecillo para bloquearles la salida. El matrimonio protagonista se ve que es poco fitness y ni se le ocurre la idea de saltar el escaso medio metro de altura del mueble y se quedan con cara de "Oh, Dios, estamos jodidos". Si acaso lo esquivan un poco y llegan a la cocina, donde la señora se pertrecha con un cuchillo cebollero. El fulano le dice "Pero Toñi, ¿a dónde vas con esa mierda?" y ella le contesta algo en plan "mira, Paco, no me calientes el coño que llevo un día muy malo".
Considerando además que ha puesto de parto al puto Infierno solo de un bocado, casi que le sobra el cuchillo; más cuenta le trae enfrentarse al Espantajo con los piños.
En este momento se produce uno de esos grandes momentos que nos brindan las pelis de terror de los últimos años, que es la épica lucha entre el hombre y la puerta. Aquí tenemos a estos dos, que han salido literalmente del Infierno para pelearse con un puto picaporte que está atascado. Están en una planta baja, a pie de calle y hay ventanas a unos metros. Pero no, hay que salir por la puta puerta.
Espantajo Satánico ha cambiado de forma y ahora es Chorba Satánica: en cuestión de unos peldaños de escalera y unos metros de pasillo, lo que antes era un orco con el pellejo lleno de protuberancias y con una textura similar a la de un escroto purulento, ahora es una tía buena en pelotas de cuya rabadilla le cuelga un rabo muy parecido al apéndice pringoso que mordisqueó la señora macizorra. Usando voz de haber aspirado helio, se pega la vacilada de que está tope de follable y que no piensa dejar títere con cabeza sexualmente hablando. La tía viene con unas ínfulas que parece que se va a cepillar hasta a las piedras. Fijaos si viene caliente la tipa que se puede ver como su higo calienta el aire a una temperatura guapa guapa.
En medio del discurso de "Me voy a follar todo lo que se me ponga por delante", la macizorra le arrea una puñalada en el ombligo. Aquí es cuando me queda claro que lo que le pasa a la macizorra es que está más sorda que yo (que ya es decir): si le ha podido pegar la puñalada a Chorba Satánica es porque el discursito de calentura global no le ha llegado a los oídos.
Y justo aquí es cuando la macizorra me desmonta la teoría de la sordera, porque hace referencia a algo que se dijo en algún momento sobre eso de que el Mal sería humano por fuera. De nuevo, otra explicación cogida con pinzas ("ese es tu punto débil, que a los humanos se les puede matar"): todo el cirio que se ha montado, toda la gente muerta, todo el plan satánico... para que la demonia esta salga y te la puedas cargar de un puto navajazo en el ombligo. Así va a someter a la raza humana por mis cojones.
La Chorba Satánica se queda con cara de "Me cago en la puta, no había caído yo en ese detalle" mientras mira estúpidamente cómo tiene el cuchillo tuneándole las tripas. Fulano le pasa la ensaladera a su señora, que a estas alturas ya parece tener los ovarios mejor puestos que la teniente Ripley, y ésta se la enseña a la demonia. La demonia hace BAMF a lo Rondador Nocturno y se convierte en un pedo satánico (o en la nube de Perdidos) que empieza a revolotear por toda la casa, perseguido por la ensaladera. ¿Habéis visto pelis como Independence Day o Nuestros Maravillosos Aliados? Pues una mezcla de ambas cosas, cambiando platillos volantes por ensaladeras rococó.
Platillo y pedo satánico van al sótano (porque, ¿para qué salir a la puta calle?) donde este último se mete en la habitación negra y la cierra. La ensaladera se acopla a la puerta, y parece que toda la malignidad se va a tomar por culo con esto. Hasta la puta puerta de la casa se abre y todo.
La historia termina de la manera más lógica que podría terminar esta cosa. Ojo, no digo que sea lógica, sino que es la más lógica de acabar esto.
Sí, colegas, lo habéis adivinado.
Follando.
Fulano dice que ya está bien de hostias, que desde que se mudaron llevan ahí no se cuánto tiempo sin darle al tema y que hay que celebrar la expulsión del mal a golpe de puñalada de carne. Y además, resulta que conserva su megacipote infernal, de modo que todo son ventajas. Así que se ponen al tema, pero ojo... que la señora macizorra nos mira y tiene los ojos rojos. Ahora el mal es ella.
¿Qué sentido tiene esto?
¿Cómo coño es posible si el mal venía de la habitación y ha sido sellado definitivamente?
Pues quizás el final, como el resto de la peli, no tiene ni puto sentido, pero... ¿y las risas que has echado?
Como viene siendo de moda, hay una escena poscréditos, en la que se nos cuenta que, después de todo esto, la casa se ha vuelto a poner en venta. Posiblemente, la señora macizorra se ha comido al fulano y está por ahí comiéndose a más gente. Y los de la inmobiliaria ni preguntan: en ese puto barrio, si alguien deja una casa por más tiempo del previsto, les suda los huevos que haya sido comprada y que legalmente esté en propiedad de nadie. La venden y punto.
Y así termina esta maravilla.
Recordad, niños, lo que hemos aprendido con esta peli:
Si tienes un sótano maligno, con trincar una ensaladera, lo tienes a raya.
La represión sexual está mal.
Si te poseen, te crece el nabo.
En ese puto barrio no te vayas de vacaciones o venderán tu casa al primer gilipollas que pase por delante.
Sea cual sea la explicación a lo absurdo de la escena, el resultado es que la rubia macizorra que, como he comentado, ha salido del baño con ganas de meneo, se ha encontrado que aquí la minga del fulano se ha quedado sin balas, de manera que se va a dormir con todo el rollo cortado, dejando a su chorbo con la cara partida, que todavía sigue sin explicarse qué carajo ha pasado.
Esta cara se le queda a la señora.
La explicación, o presunta explicación viene de todo un clásico en cuanto a recursos argumentales en pelis de medio pelo: cómo no, hablo del colega del marido. Esta es una figura literaria que podría remontarse ya a Shakespeare, con Mercucio o Yago (en Romeo y Julieta y Otelo, respectivamente) como ejemplo. Haciendo honor a tan honorable tradición, Kanefsky nos plantea al amigo del fulano en una intemporal escena en que ambos amigos salen a correr por el barrio. El fulano le cuenta, sin machismo alguno, que su señora se ha convertido en una loca del coño desde que se han mudado y su colega le sugiere la brillantísima idea de hacer un intercambio de parejas. Lo que viene pasando todos los días, vaya. Después de una evidente amenaza de muerte, el amigo liberal del marido le viene a explicar que lo suyo es compensar a la señora por la cagada. Así que el fulano, que es un romántico, entiende que compensar a la señora es irse flechado para la casa y restregarle el cipote hasta que se quede satisfecha.
Pero así, sin preámbulos ni hostias. Aquí te pillo, aquí te enjuago.
Plano absurdo de la señora estirando el lomo en el balcón de su casa.
La señora, por su parte, está en el sótano con la lavadora y, como la que no quiere la cosa, llevada por el irresistible soniquete del electrodoméstico, le da otro calentón de aquí te espero. Ya que está allí, plantifica las manos sobre la lavadora, se abre de patas y empieza a gemir como en la banda sonora de una peli porno. Esta vez la presencia que la acompaña no es incorpórea, sino que es nuestro amigo Oscar que, a juzgar por su aspecto de pollo pelado con mono de trabajo, parece haber perdido una mano de cartas contra los Cenobitas de Hellraiser. Eso sí, no tener pellejo no le baja la líbido a este pedazo de crack y le proporciona a la señora lo que podríamos llamar con todas las de la ley una soberana paja asistida. La escena termina de un modo realmente sutil, con la lavadora espurreando líquido, que viene a ser toda una metáfora visual del fin de fiesta.
Magistral aquí el amigo Rolfe.
"Mi rabo es como er choriso de Moclinejo, las tres primeras rodajas sin pellejo"
El fulano llega a la casa, habiéndose pensado mejor lo del cipotazo apresurado y le trae a la señora unos cuantos capullos (de flores), lo que podría interpretarse como otra sutil metáfora visual. Ésta, por su parte, abre la puerta empapada (y no solo por abajo, mal pensaos): el chorrazo de la lavadora le ha hecho tal bukkake que parece que ha salido de un puto túnel de lavado. Aquí el bueno de Rolfe se ha contenido, debo decir: imagino que será por la censura y el puritanismo que están invadiendo la sociedad occidental en los últimos años, porque no me termina de entrar en la cabeza que un director de cine erótico, contándonos una historia de (ejem) terror tan tórrida y subida de tono de pronto pierda la oportunidad de ponernos a Natasha Henstridge marcando transparencias en una escena que podría ser del tipo "Hostia puta" (aunque dicha escena no culmine en amancebamiento del bueno)... se queda en una especie de chascarrillo y, de un modo más que decepcionante, la señora lleva sujetador bajo la camisa.
Si pensabais poneros cachondos con algo, tendréis que contentaros con la cara de gusto del Oscar pelado.
Va por ustedes.
Llegados a este punto de la peli entra en escena un nuevo personaje: hablo de la hermana de la señora, que resulta ser una especie de cuñada gótica, cruce entre Christina Ricci y Fairuza Balk. Para más inri, incluye en su pack de topicazo con patas que es aficionada al ocultismo. Huelga decir que ella y el chuloputas del fulano se llevan a matar. Es una cuestión casi de ecología: los chuloputas de corte narcisista como que se ven en una posición social superior, de modo que no van a perder tiempo en (intentar zumbarse a) una hortera de esas que llevan de color negro hasta las cuerdecillas del tampax; y en cuanto a la gótica... es harto evidente que ve como enemigos naturales a gilipollas de tal calibre. Más cuando puedes oler su nivel de supina gilipollez a tres barrios de distancia. Esto implica el habitual intercambio de pullitas y borderías sutiles, o no tan sutiles: en un acto de educación extrema, el fulano responde a una bordería de la gótica abriéndole la calle e invitándola a tomar por culo. La señora, que se encuentra en medio de esta movida, en vez de pegarle un pellizco en los cojones al gilipollas de su marido por grosero, mantiene la corrección política y salva los muebles como puede, invitando a la hermana a dormir en una habitación contigua.
—¿Tú es que no puedes decir cosas de cuñadas, como eso de que hay que quitar las autonomías?
—No, me mola más eso del rollo satánico.
A lo largo de este ingenioso diálogo se nos ha contado, de paso, que los capullos en flor que trajo el fulano esa misma mañana se han convertido en un puñado de ripios resecos que agonizan sobre la mesa del recibidor. La explicación más probable, al parecer, es que la caldera se ha puesto caliente como una perra (cita de ese crack infravalorado que es Oscar) y está on fire emitiendo calor. Así que, después de que la señora se lleve a su hermana para sermonearla un rato, el fulano baja al sótano a echar un vistazo a la caldera. Y sí, a estas alturas de la peli, sigue sin preguntarse dónde coño fue el tío que se suponía que la estaba arreglando. Después de comprobar que hay un polvo blanco (que tiene un aspecto bastante sospechoso) y restregárselo por la sudadera como un auténtico guarro, habla un rato con las tuberías de las calderas y la luz roja del puticlub satánico del sótano empieza a brillar.
No, no es la puerta del Sensaciones.
Es el portal al infierno que hay en el sótano de esta familia.
Al acercarse, un puñado de rayos eléctricos infernales empiezan a atravesar el cuerpazo serrano del fulano. ¿Habéis visto Los Inmortales? Pues algo así, pero en cutre. En una especie de flash alucinógeno, aparecen también un puñado de personas (entre ellas el puto Oscar, que no falte) contemplando la escena como el que contempla un partido de final de liga. A la mayoría no los hemos visto hasta ahora, lo que nos lleva a entender que ese sótano lleno de malignidad se ha llevado por delante ya a unos cuantos.
"Heeeere we aaaare, born to be kings, we're the Princes of the Uuuniveeeerse!!!
Heeeere we beloonng, fighting to survive
in a world with the darkest poooweeeers!!!"
Pues nada, que el fulano sube reconvertido en un ser renovado. Su nivel de gilipollez y narcisismo barato ahora rezuman como un rollo mas high class. Si antes era del tipo "Eh, nena, yo fui el rey del baile del instituto y ahora soy un fulano cercano a la mediana edad al que deberías tirarte antes de morir", ahora es más "Oh, así que tienes vagina. Excelente, excelente...", con pose de frotarse la barbilla arqueando las cejas.
Sí, así de creepy.
"¡Sooolo puede quedar uuunoooo!"
Por si los espectadores menos avispados o aquellos que estaban mandando fotopollas por el móvil mientras estaban viendo la peli no se dieron cuenta, al fulano nos lo han cambiado y nos han metido aquí a vete tú a saber quién. Rolfe, plenamente concienciado con aquellos espectadores despistados o fans de las fotopollas, nos plantifica una escenita en que, con total discreción y sin descaro alguno, el fulano se coloca delante del espejo a mirar su nuevo rostro. Nuevamente, otro posible guiño a Hellraiser, pero potenciando el salchicherismo a la enésima potencia.
"Pero qué putamente bueno que estoy, coño"
Después de este momentazo, nos vamos a dar cuenta de que la película a partir de este punto no puede sino mejorar.
Creedme, si hasta aquí os habíais reído, ahora os vais a partir el culo.
La pareja protagonista (o sea, la señora rubia macizorra y su fulano, ahora conocido como Fulano Satánico) se llevan a la cuñada gótica a cenar a un localeto pijo. Como suele pasar en estos tugurios, no hay mesa porque esas cosas hay que reservarlas.
Fulano Satánico como que se mosquea. Ahora que tiene un cuerpo físico el hambre le puede y le toca pelín los cojones eso de llegar a un sitio y que le miren con cara de "Haber reservado, pedazo de gilipollas, ¿o es que no sabes qué clase de local distinguido es este?"
Lo guapo aquí es que no es que no haya mesa, como podría pasar... es que le va a tocar esperar. Pese a todo, Fulano Satánico dice que por sus cojones se va a sentar ya y hace gala de sus poderes satánicos para conseguir lo que quiere. Porque es un ser infernal, qué coño va a ser este pitorreo, ¿estamos locos o qué?
"Soy maaaalooo... Soy lasciiivooo... soy perversióonnn..."
Aquí entran en acción los poderes de Fulano Satánico que, si me lo permitís, me parecen los puto mejores poderes infernales que he visto en mucho tiempo. Olvidaos de eso del control mental; olvidaos de esa mierda del aura de miedo. Eso es para parguelas y mindundis: este te coge y, con la mirada, te puede poner las tetas en la espalda y dejarte en la caja torácica un par de pimientillos asados. O, con solo meter las pezuñas en una taza, provocar orgasmos a distancia, a una escala tan putamente épica que casi que te tienen que llevar a urgencias.
Ese es el nivelito.
"¿Veis a esa del vestido negro? Pos se va a cagar"
A lo largo de la cena, la parte satánica de Fulano Satánico vuelve a hacer gala de una discreción y una sutileza acojonantes y se pone a hablar de las anteriores dueñas de la casa como si las hubiera parido. Empieza a dar detalles sobre fiestones con drogas en el sótano y rituales satánicos hippies (dirigidos por un energúmeno similar a un King Diamond con anemia que, por lo visto, se había colado en la fiesta con plena intención de invocar al Mal) con tal precisión que parece que estuvo allí y todo. Esto hace que las dos hermanas se queden con cara de haberse sentado sobre un carámbano de hielo, pero dura poco: en un alarde de ingenio sin precedentes, Fulano Satánico hace un par de chistes de dudosísimo gusto sobre la anciana de Insidious, les suelta el rollo de que eso se lo ha contado la tía de la inmobiliaria y ahí se queda la cosa. Nadie se pregunta nada, y ya está.
Cuando mezclas a King Diamond con el señor Cuesta sale esto. Y si no os lo creéis, mirad:
Aquí, King Diamond.
Y aquí, el señor Cuesta.
La sutileza continúa cuando en la conversación se menciona la palabra "íncubo", la gótica ocultista nos explica que es un demonio fucker, y Fulano Satánico se relame los morros con supuesta lascivia para dejar claro que él es un follador satánico del puto infierno.
En el flashback donde se cuenta el origen del portal infernal sale una versión satánica de Goku que es para no perdérsela.
A estas alturas de la peli ya parece más que evidente que todo Cristo sabe que el sótano contiene un portal al infierno del que de vez en cuando salen entidades que vienen a meterte el pito. Que Fulano Satánico, gracias a su nueva personalidad satánica ni le eche cuentas al asunto es casi lógico; lo que no lo es, es que su señora se quede tan pancha al enterarse de la movida y tras haber recibido la visita de un par de folladores espectrales de esos.
Lo que yo os diga, o esta señora está tocada del ala o le va la marcha, porque yo sigo sin explicarme esto... aunque también puede ser, oye, que la casa le saliera por un cojón y, con lo kuki que es y lo bien situada que está, le dé igual ocho que ochenta lo de tener un portal dimensional en el sótano, que ella de ahí no se menea.
—Han tenido que sacar del restaurante a esa señora porque estaba teniendo orgasmos a manta, ¿no te parece raro?
—Pues sí, porque yo he pedido lo mismo que ella y nada de nada.
Volvamos a Fulano Satánico, que está resultando ser la puta sensación de esta peli. Ya sabemos que el anteriormente conocido como fulano a secas ha sido poseído por alguna entidad ultraterrena con ganas de ir pegando morcillazos por aquí y por allá... y ya sabemos lo del portal infernal. Pues bien, en un alarde de epicidad, Fulano Satánico baja al sótano y se va para pegarle lametones al portal. ¿Por qué? Pues digo yo que porque mola.
Las manos satánicas color chorizo parrillero surgen y empieza una nueva sesión de magreo interdimensional. Debo remarcar aquí el impagable efecto de la banda sonora, que se aleja por completo del rollo de peli de terror y suena a auténtica peli porno. Si Rolfe me llega a meter la voz de Fulano Satánico diciendo "Oh, yeah" es que lo clava.
Y ya lo de los ojos color chorizo parrillero ni os cuento.
Después de esta escena tan puto gratuita, volvemos al piso de arriba: las dos hermanas están a sus historias, sin escuchar cómo Fulano Satánico gime de gusto cual marrano en una charca. Yo sigo pensando que aquí la gente está más sorda que yo, o es que el sótano infernal está mejor insonorizado que los estudios de grabación de Virgin Records.
En un momento dado, el amigo sube y se encuentra con su señora: le propone un cipotazo de los buenos y le comenta sobre el tema de la bañera y la lavadora (recordemos, cipotazos incorpóreos), diciendo que comparados con su Pinga Satánica, se quedan en petardillos de feria. Nótese cómo se supone que él no sabe nada de lo de la lavadora (porque, a menos que me haya perdido, su señora no le ha contado nada) pero alude a ello como si tuviera información privilegiada. Más genial es aún que la macizorra no caiga en la cuenta.
"Hostia, pos no había caío, no"
No dejo de preguntarme por qué esta señora no reacciona a cosas que ya no es que sean evidentes, es que están hasta demostradas. Si fuera lo típico de las pelis de miedo, donde el personaje te dice "Eso es imposible, yo no creo en eso" lo entendería... pero es que le cuentas las cosas y la tía directamente parece que te cambia de tema, o como si hubiera oído otra cosa por completo diferente. Algo así como:
—Oye, hay un portal satánico en el sótano, del que salen demonios que te van a chupar el parrús hasta matarte.
Y ella oyera:
—Oye, han rebajado los tomates en el Mercadona.
El Mal desatado.
Pues así, tal cual. Os lo juro. La frialdad de esta señora ante estas cosas me deja con el ano torcido y haciendo remolinos, y no es coña: Fulano Satánico, tras la sutil oferta de pichazo diabólico, admite abiertamente que no es él y sugiere la idea de que otra entidad ha tomado su cuerpo... y ella, en vez de pensar que a su maridito le pasa algo porque desde luego que no se comporta de una manera normal, o incluso plantearse que sea cierto lo de que está poseído tras un par de orgasmos con entidades ultraterrenas en lo que lleva de peli, coge y lo manda a dormir al sofá.
Con todo su puto flow.
Mi ano ya así.
Por supuesto, Fulano Satánico está por encima de eso de dormir en el sofá. Qué coño, está por encima de eso de dormir, a secas. Es por eso que se va para el cuarto de la cuñada y, a su satánico modo, viene a decirle a ésta lo que podría decirle cualquier energúmeno en la barra de un antro de dudosa reputación o por un privado de Instagram.
Sí, hablo del clásico y todopoderoso "Hola, nena, ¿quieres polla?"
La cuñada gótica lo mira con cara de haber visto vomitar a una babosa y se queda pensando qué ha podido ver la lela de su hermana en semejante mongolo. La respuesta no se hace esperar y Fulano Satánico rubrica su sutil oferta con el equivalente de una fotopolla en los años 90.
Exacto: se saca la tranca ahí en medio y le muestra el género a la otra.
"Hey, baby"
El Infierno no es tonto y sabe que con un rabo talla media o inferior no vas a ninguna parte, así que se nos cuenta que el nabo de Fulano Satánico ha sido especialmente tuneado para ser un auténtico Cipote Infernal. La gótica como que ni se impresiona con la oferta y le dice a Fulano Satánico que vaya a metérsela a un elefante, con la cosa de que a semejante ser no se le dice que no, como ya comprobamos en el restaurante. Se va para la gótica y, usando unos poderes de telekinesis, le arranca la ropa y le mete ese pedazo de pollón demoníaco hasta, literalmente, sacárselo por la boca.
Sí, tíos, así de grande la tiene.
"¡TOMA POLLA!"
Volvemos, una vez más, a otro episodio de sordera galopante, porque esto ya no ocurre en el sótano: ocurre en la puta habitación de al lado y la señora macizorra que sigue sin oír un carajo. Considerando que la vieja de Insidious podía oír a su nieta jadeando y las habitaciones son las mismas, es acústicamente imposible que esta tía sea incapaz de oír a su hermana chillando y aullando mientras una polla de un metro le atraviesa los órganos y le revienta la mandíbula.
Es más, llega la mañana siguiente y la tía encima tiene los santos ovarios de preguntar dónde está su hermana a Fulano Satánico: este le contesta que se fue temprano porque tenía que estudiar, y ella se contenta con eso (o con el lametón que le pega en el pescuezo por la puta cara, que la deja gimiendo como una perráncana en celo). Es decir, su chorbo satánico le dice que está poseído por un ser demoníaco y ella lo deja suelto por la casa; su hermana desaparece y el le cuenta eso... y ella se lo toma como lo más normal del mundo.
Fulano Satánico será satánico, pero es que lo de esta tía roza ya la psicopatía de manual.
"No sé quién eres, pero sé como localizarte. Si no me devuelves sana y salva a mi hermana la gótica, te encontraré y te mataré"
Entra en acción otro personaje, que es un señor que ha venido a echarle un vistazo a la lavadora. Yo al verlo no pude evitar que me recordara a Pablo Iglesias, lo que hace que esto ya se convierta en un puto desmadre de película. Pablito baja al sótano y se encuentra con la gótica que, ¡oh, sorpresa! no se había ido, sino que estaba escondida en el sótano esperando a que bajara algún pobre desgraciado para chupetearle el pirulí. Esto es justo lo que la artista ahora conocida como Gótica Satánica le hace al pobre Pablito, pegándole el susto de su vida al mostrarse tal y como murió, con la mandíbula hecha un cristo (y encima hay que dar gracias a que no tiene la polla de Fulano Satánico colgando de la boca como si fuera una butifarra catalana).
"¡Hay que acabar con la casta!"
El pobre Pablito diña de la que, podría decirse, es una de las formas más indignas de morir que he visto en mucho, mucho tiempo: Gótica Satánica le parte el coco golpeándolo repetidas veces con la puerta de la lavadora, en plan Kingpin pero en versión casera. Luego, para que la cosa quede un poco más terrorífica le corta la cabeza, sí, pero el daño ya está hecho y algo así de cutre no hay cojones ya de arreglarlo.
"¡Dame caña, Coleta!"
Después de esta escena, que podría interpretarse como una soberbia metáfora política en nuestro país, recuperamos a otro gran personaje de esta película, que es el amiguete de Fulano Satánico: sí, el vecino liberal, ese. El que propuso el intercambio de parejas. Fulano Satánico, al parecer también es liberal, así que le dice a su troncocolegui que oye, a ver si se pasan por casa. Y que se traiga a su señora también. Fulano Satánico habla y tiene la expresión de un extra de Los Ladrones de Cuerpos, pero su colegui tampoco parece darse cuenta de que actúa raro. ¿Es posible que cuando era un fulano a secas tuviese un comportamiento tan de cenutrio que ahora nadie note la diferencia? Es algo que, a estas alturas de la peli, me estoy planteando seriamente.
"He venido a repartir polla, ¿quién quiere?"
Llevamos ya algo más de una hora de película y es AHORA cuando la señora macizorra decide hacerse preguntas sobre eso del satanismo, los íncubos y demás seres que le meten mano en su casa. Se da un garbeo por la biblioteca del barrio que, casualmente, tiene una sección de ocultismo de lo más completa. Lo único que parece faltarles es el puto Necronomicón, oye. Y yo voy a la biblioteca de mi barrio y lo que me encuentro son libros de Ken Follet y de Tom Clancy.
Lo interesante de esta biblioteca, realmente, no son los libros. Una vez los abre, nos damos cuenta de que parecen más bien el manual de diseño de un tatuador que algo que tenga letras y explique una mierda, por lo que la decepción de la señora es evidente.
Y sí, podría decirse que "decepción" es la primera reacción LÓGICA que ha tenido esta señora ya en dos tercios de peli.
Huevona es un rato la tía, hay que decirlo.
Lo bueno de los pueblos y los barrios residenciales es que todo el mundo acaba por conocerse. Te das un voltio por la sección de ocultismo y no tarda en aparecer alguien que te dice lo que tienes que hacer, o a dónde debes dirigirte para hallar las respuestas que estabas buscando. Aquí, la informadora de guardia es una especie de figura embutida en un burka de encaje fashion que, antes de hablar contigo, se da unos paseos fantasmales por la biblio.
Porque no basta con informarte, hay que hacerlo con puto estilo, joder.
"¿A que te has cagao en las bragas con mi forma de entrar en escena?"
La informadora en cuestión resulta ser la nieta de la abuela de Insidious, que lleva un rollito a lo Obi-Wan cruzado con Freddie Krueger: o sea, informadora sabia bajo una capucha con el pellejo en modo churrasco. Lo malo de esto es que la chica churruscada no nos cuenta nada que no sepamos ya: que el sótano es malo y que surgen folladores infernales que te matan de gusto. Bla, bla, bla.
La señora macizorra vuelve a su tónica habitual y, de buenas a primeras, pasa de buscar libros de ocultismo a dar a entender que no cree en esas cosas y que, bueno, el sótano da mal rollito pero poco más.
Ahora parece que encima cambia de opinión cada dos por tres. Lo de esta tía es de traca.
"Emmm... no, yo solo venía a buscar el libro de El Secreto".
No lo digo de coña, porque vuelve a la casa y le canta las cuarenta a Fulano Satánico, argumentando POR FIN que ha cambiado de forma de ser desde que se mudaron. A este se le inflaman ya los cojones y le dice, a grandes rasgos, que se vaya ya al carajo. Luego, él también cambia de opinión y ¡SORPRESA! Aparecen los vecinos para la cena. Fulano Satánico se lleva a su amigo el liberal al sótano con la intención de enseñarle "una cosa". El vecino liberal ya está pensando en algo rollo Christian Grey. Yo, viendo la trayectoria que lleva su anfitrión, me huelo otro caso de "¿Quieres polla?". Al final, ni una cosa ni otra, lo mete en la habitación negra del sótano y arreando.
Trasladamos la acción a la señora del vecino liberal. Esta señora parece sufrir de algún tipo de trauma mental similar a la anorexia, solo que en vez de verse gorda, ve gordo a su marido, el cual por cierto está tirando a canijo. Una vez éste ha desaparecido en el sótano, a ella empieza a hervirle el coño. No es ninguna metáfora: su potorro empieza a echarle humo. Después del episodio, lo único que parece extrañarle es que se ha ido la luz, sin caer en la cuenta de que la han dejado sola. A ver, entiendo que Fulano Satánico lo haya hecho para hacer una de sus cosas satánicas, pero sigo sin explicarme qué coño está haciendo la rubia macizorra en esos momentos.
"¡QUE BOSHORNO, QUÉ BOSHORNO, QUE TENGO ER COÑO COMO UN HORNO"
Un leve garbeo por la casa lleva a la vecina a encontrarse con Fulano Satánico, que aparece en un rincón enfocándose la jeta con una linterna. Debo decir que las entradas en escena de este tío son sublimes: lo mismo te entra así que aparece agachado en un rincón y poniéndose en pie de forma repentina. Como todo encuentro con este ser (si tienes toto, claro), acaba con una tía inconsciente y medio en pelotas. La vecina acaba así, sobre el suelo del sótano, mientras Fulano Satánico la mira con cara de "Ohhh, yeah...".
Otra gran entrada en escena. Esta peli tiene mogollón de ellas.
La señora macizorra aparece, también con una linterna y, en lugar de preguntarse qué coño ha pasado con los vecinos, considera que es el momento más oportuno para decirle a Fulano Satánico que ha estado hablando con la moza de la inmobiliaria y que ésta no le ha contado una mierda. El otro pone cara de "Bravo, ¿lo has descubierto tú solita o has seguido un tutorial de Youtube?" Viendo que, por descarado que sea, a su señora parece resbalarle todo, Fulano Satánico dice que, de perdidos al río y empieza a contarle todo el percal.
La señora al escuchar la movida, como que AHORA dice que se asusta: no cuando le han estado sobando el potorro cada dos por tres; no cuando ha visto a su marido transformarse en vete tú a saber qué; no cuando su hermana ha desaparecido, ni cuando una tipa quemada le ha dicho que ojocuidao con la casa. No. AHORA.
Fulano Satánico tiene un momento de megamalo y, en plena carcajada del tipo "MUA-JA-JA-JA" desaparece por el pasillo, dejando a su señora ahí con cara de "No me estoy enterando de un coño". Se le ocurre la brillantísima idea de que A LO MEJOR podría estar pasando algo en el sótano y se acerca. Se nos deleita con un escalofriante plano de un cesto lleno de calcetines sucios para llegar, por fin, al meollo de todo esto: la puta habitación negra de los cojones, causante de todos los problemas desde el minuto uno, pero a la que no se le habían echado ya demasiadas cuentas hasta que ya es evidente que ha desaparecido medio barrio cada vez que a alguno le ha dado por meter las narices en el sótano.
Le funciona la linterna, pero baja al sótano a oscuras.
Porque pa qué hacerlo sin posibilidad de matarse por la escalera.
Una vez entra en la habitación, el espectáculo podría interpretarse como "La preternatural y primigenia visión de un escalofriante potorro primigenio visto desde su más abyecto e ignoto interior". Debo decir que, al pensar esto, dije de mí mismo "Joder, qué mente más puto sucia tengo"... pero es que cuando llega Fulano Satánico (que, al parecer, estaba dándose un paseo por ahí o algo), ahora reconvertido en Fulano Satánico Con Cara de Marrajo y Rajas en la Cara y explica que eso es un útero infernal donde una Entidad Satánica se alimenta de sus víctimas para dar a luz a una Creación Demoníaca llegué a la conclusión de que estoy tan jodido como el puto Rolfe Kanesky.
En fin.
The real Marrajo Face.
También encontramos a la vecina en paños menores y con un rabo de carne enchufado al ombligo (¿¿¿???) que, según se nos dice, sirve para ir secando a sus víctimas y alimentar la maquinaria infernal. La rubia macizorra decide que, oye, igual es momento de ir haciendo algo, que la peli está terminando y no es plan de quedar como una pedazo de gandul. Tironea de la cosa y aparece Fulano Satánico Con Cara de Marrajo y Rajas en la cara cogiéndola de un puñao y diciendo que con la comida no se juega (sic.). De paso, nos explica que la energía sexual reprimida sirve como delicioso alimento para el toto infernal este. La yaya de Insidious contempla la escena de "Pues a mí nadie ha querido comerme en dos años" o "¿Cómo cojones habré acabado yo metida en este zurullo de película?"
Atención al careto.
El rabo de carne demoníaca sigue chupando a la vecina (tómese esto con el sentido que se quiera. Los gemidos de la susodicha dan para pensar mogollón de cosas) dejándole la barriga como si hubiera sido sometida a la madre de todas las liposucciones. Justo en ese momento y, contra todo pronóstico, la yaya de Insidious saca un brazo del saco de dormir de carne y, sin fuerza ni rapidez alguna, agarra del pescuezo a Fulano Satánico Con Cara De Marrajo y Rajas en la Cara. La escena, hay que decirlo, da puta risa: la señora tiene menos fuerza que el pedo de un mosquito y nuestro amigo el Fulano se ve claramente que, como poco, es bastante más grande que ella. Más que hacerle presa, casi se parece más al gesto que tendría si se hubiera puesto fina a base de tequilas y lo considerase su puto mejor amigo.
Algo con esta misma fuerza.
La señora macizorra dice "Esta es la mía" y se deja de ir para la vecina, a ver si por algún casual puede liberarla. Como ve que eso está más duro que el pene de un demonio (ejem) pues no se le ocurre otra idea mejor que endiñarle una dentellada. Arranca el rabo de carne y, atención, no sale sangre, como podríamos haber esperado: sale una especie de líquido blanco y espeso que empieza a chorrear por todas partes.
Sí, yo también hice una asociación bastante marrana al ver esto, pero es que no hay huevos de verlo de otra manera: parece lo que puto parece y no hay lectura menos inocente posible. Menos aún cuando esa cosa, todavía agarrada por la rubia, le chorrea por la cara y el pelo.
Sin comentarios.
Este acto de eyac... digooo, de exorcismo, por algún motivo que ni puñetera idea de cuál puede ser, devuelve a la normalidad al fulano, que vuelve a ser el gilipollas que ha sido toda su vida. Todo empieza a temblar, y la yaya, que para algo está, nos explica que es porque ha llegado el momento del parto satánico. Ha llegado la hora de salir por patas, pero la puerta está cerrada. Usando la explicación más absurda que te podrías comer, incluso en una peli como esta ("Cuando estás de parto hay que empujar fuerte"), la rubia macizorra trinca el rabo de carne, todavía chorreante y lo enchufa a la puerta. Este empieza a chupar vete tú a saber qué de la susodicha puerta y, justo cuando sale un espantajo del escroto gigante que hay en el centro del potorro infernal este, revienta y pueden salir.
Y sí, a la yaya que le den por culo.
La tranca satánica esta no es ni medio normal.
En medio del meneo, por alguna parte reaparece la superensaladera discotequera mágica. La macizorra la coge con cara de "¡Hostia, por esto me pueden dar una pasta en el mercadillo del domingo!" y echa a correr escaleras arriba. El Espantajo Satánico les persigue, usando el viejo truco de mover con la mente un mueblecillo para bloquearles la salida. El matrimonio protagonista se ve que es poco fitness y ni se le ocurre la idea de saltar el escaso medio metro de altura del mueble y se quedan con cara de "Oh, Dios, estamos jodidos". Si acaso lo esquivan un poco y llegan a la cocina, donde la señora se pertrecha con un cuchillo cebollero. El fulano le dice "Pero Toñi, ¿a dónde vas con esa mierda?" y ella le contesta algo en plan "mira, Paco, no me calientes el coño que llevo un día muy malo".
Considerando además que ha puesto de parto al puto Infierno solo de un bocado, casi que le sobra el cuchillo; más cuenta le trae enfrentarse al Espantajo con los piños.
"Me parece que nos van a petar el cacas"
En este momento se produce uno de esos grandes momentos que nos brindan las pelis de terror de los últimos años, que es la épica lucha entre el hombre y la puerta. Aquí tenemos a estos dos, que han salido literalmente del Infierno para pelearse con un puto picaporte que está atascado. Están en una planta baja, a pie de calle y hay ventanas a unos metros. Pero no, hay que salir por la puta puerta.
Espantajo Satánico ha cambiado de forma y ahora es Chorba Satánica: en cuestión de unos peldaños de escalera y unos metros de pasillo, lo que antes era un orco con el pellejo lleno de protuberancias y con una textura similar a la de un escroto purulento, ahora es una tía buena en pelotas de cuya rabadilla le cuelga un rabo muy parecido al apéndice pringoso que mordisqueó la señora macizorra. Usando voz de haber aspirado helio, se pega la vacilada de que está tope de follable y que no piensa dejar títere con cabeza sexualmente hablando. La tía viene con unas ínfulas que parece que se va a cepillar hasta a las piedras. Fijaos si viene caliente la tipa que se puede ver como su higo calienta el aire a una temperatura guapa guapa.
La Chorba Satánica sí parece tener un culo fitness.
Si obvias el rabo gusarapero que le sale del espinazo, hasta puede molar mirarlo.
En medio del discurso de "Me voy a follar todo lo que se me ponga por delante", la macizorra le arrea una puñalada en el ombligo. Aquí es cuando me queda claro que lo que le pasa a la macizorra es que está más sorda que yo (que ya es decir): si le ha podido pegar la puñalada a Chorba Satánica es porque el discursito de calentura global no le ha llegado a los oídos.
Y justo aquí es cuando la macizorra me desmonta la teoría de la sordera, porque hace referencia a algo que se dijo en algún momento sobre eso de que el Mal sería humano por fuera. De nuevo, otra explicación cogida con pinzas ("ese es tu punto débil, que a los humanos se les puede matar"): todo el cirio que se ha montado, toda la gente muerta, todo el plan satánico... para que la demonia esta salga y te la puedas cargar de un puto navajazo en el ombligo. Así va a someter a la raza humana por mis cojones.
"Os voy a poner mirando pa Cuencaaa..."
La Chorba Satánica se queda con cara de "Me cago en la puta, no había caído yo en ese detalle" mientras mira estúpidamente cómo tiene el cuchillo tuneándole las tripas. Fulano le pasa la ensaladera a su señora, que a estas alturas ya parece tener los ovarios mejor puestos que la teniente Ripley, y ésta se la enseña a la demonia. La demonia hace BAMF a lo Rondador Nocturno y se convierte en un pedo satánico (o en la nube de Perdidos) que empieza a revolotear por toda la casa, perseguido por la ensaladera. ¿Habéis visto pelis como Independence Day o Nuestros Maravillosos Aliados? Pues una mezcla de ambas cosas, cambiando platillos volantes por ensaladeras rococó.
"¡¡¡WIIIIIIIIII!!!"
Platillo y pedo satánico van al sótano (porque, ¿para qué salir a la puta calle?) donde este último se mete en la habitación negra y la cierra. La ensaladera se acopla a la puerta, y parece que toda la malignidad se va a tomar por culo con esto. Hasta la puta puerta de la casa se abre y todo.
La historia termina de la manera más lógica que podría terminar esta cosa. Ojo, no digo que sea lógica, sino que es la más lógica de acabar esto.
Sí, colegas, lo habéis adivinado.
Follando.
Fulano dice que ya está bien de hostias, que desde que se mudaron llevan ahí no se cuánto tiempo sin darle al tema y que hay que celebrar la expulsión del mal a golpe de puñalada de carne. Y además, resulta que conserva su megacipote infernal, de modo que todo son ventajas. Así que se ponen al tema, pero ojo... que la señora macizorra nos mira y tiene los ojos rojos. Ahora el mal es ella.
¿Qué sentido tiene esto?
¿Cómo coño es posible si el mal venía de la habitación y ha sido sellado definitivamente?
Pues quizás el final, como el resto de la peli, no tiene ni puto sentido, pero... ¿y las risas que has echado?
Como viene siendo de moda, hay una escena poscréditos, en la que se nos cuenta que, después de todo esto, la casa se ha vuelto a poner en venta. Posiblemente, la señora macizorra se ha comido al fulano y está por ahí comiéndose a más gente. Y los de la inmobiliaria ni preguntan: en ese puto barrio, si alguien deja una casa por más tiempo del previsto, les suda los huevos que haya sido comprada y que legalmente esté en propiedad de nadie. La venden y punto.
"Hala, familia, a chorrarla"
Y así termina esta maravilla.
Recordad, niños, lo que hemos aprendido con esta peli:
Si tienes un sótano maligno, con trincar una ensaladera, lo tienes a raya.
La represión sexual está mal.
Si te poseen, te crece el nabo.
En ese puto barrio no te vayas de vacaciones o venderán tu casa al primer gilipollas que pase por delante.
























































No hay comentarios:
Publicar un comentario